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Para los perros, las caras no son tan importantes

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Se han descubierto notables semejanzas y diferencias entre cómo el cerebro de perros y humanos procesa información visual sobre los otros. ¿El cerebro de los perros estará tan especializado para procesar las caras como lo está el cerebro de los humanos?
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Image by Nikki Luijpers from Pixabay
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En una colaboración internacional entre el Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd en Budapest, Hungría y del Instituto de Neurobiología de la UNAM en Querétaro, México, investigadores descubrieron notables semejanzas y diferencias entre cómo el cerebro de perros y humanos procesa información visual sobre los otros. El estudio ha sido publicado en The Journal of Neuroscience.

Para los humanos, las caras son fundamentales en la comunicación visual. En humanos existe una red neural especializada en el procesamiento de las caras. Los perros también prestan atención a las caras, las observan para establecer contacto visual y para leer las emociones, pero para comunicarse, los perros también prestan atención a señales corporales. ¿El cerebro de los perros estará tan especializado para procesar las caras como lo está el cerebro de los humanos?

Para explorar las semejanzas y diferencias entre la respuesta del cerebro de los perros y de los humanos hacia información visual, investigadores compararon la respuesta cerebral en veinte perros y treinta humanos en exactamente el mismo experimento realizado mediante Imagenología por Resonancia Magnética funcional (IRMf). Los perros y los humanos vieron pequeños videos de caras de perros y de humanos y, para comparar, nucas de perros y de humanos. Esta es la primera investigación con neuroimagen que directamente comparó la respuesta cerebral a estímulos visuales entre una especie no primate y una especie primate de forma no invasiva.

Investigadores de dos de los pocos laboratorios del mundo capaces de escanear cerebros de perros despiertos y sin restricciones (después de un intenso entrenamiento) ubicados en el Departamento de Etología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Eötvös Loránd en Budapest, y en el Instituto de Neurobiología de la UNAM en Querétaro, unieron esfuerzos para recopilar datos sobre la respuesta cerebral de los perros al observar videos. Gracias a esta colaboración internacional, se logró tener la participación de más perros de los que habitualmente participan en este tipo de estudios.

Con respecto a las semejanzas, el estudio identificó regiones cerebrales tanto en perros como en humanos que categorizaron los videos dependiendo de si se mostraba su propia especie o no. "De hecho, en estudio previos, nuestro grupo de investigación ya había demostrado una respuesta similar entre los cerebros de perros y de humanos para procesar vocalizaciones de su propia especie. Ahora, en este estudio vemos que la sensibilidad a la especie es un principio importante de organización en el cerebro de los mamíferos cuando procesan estímulos sociales, en ambas modalidades, visual y auditiva", explica Attila Andics supervisor del estudio.

Con respecto a las diferencias, el estudio no encontró regiones cerebrales en los perros que procesaran si el video presentaba una cara o una nuca -esto es una distinción importante en el cerebro humano. "Un análisis de preferencia de los patrones de respuesta cerebral confirmó que, en los perros, la preferencia a sus conspecíficos es primaria sobre la preferencia a las caras, mientras que, en los humanos, la preferencia a las caras es primaria sobre la preferencia a sus conspecíficos. Esta es una diferencia esencial. Demuestra la existencia de diferencias importantes en la especialización cortical para percepción de caras entre los mamíferos. De hecho, estos resultados dan una nueva perspectiva a otros estudios de IRMf en perros que consideran haber encontrado "áreas de las caras"; lo que creemos es que, en esos estudios, la mayor actividad hacia las caras de perros en realidad indicaba una preferencia hacia imágenes de perros más que áreas cerebrales que prefieren caras". Explica Nóra Bunford, co-primera autora del estudio, quien coordinó la adquisición de los datos en Hungría.

Los investigadores también identificaron regiones cerebrales en los perros y en los humanos que mostraban un patrón de actividad similar en respuesta a los videos: "Utilizando un análisis de similitud representacional es posible comparar directamente los patrones de actividad cerebral entre especies. Fue interesante encontrar que las semejanzas entre los cerebros de los perros y de los humanos en sus patrones de actividad fue mayor cuando hicimos un emparejamiento funcional (esto es, comparar la actividad para caras de perros en el cerebro del perro y con caras humanas en el cerebro de los humanos) que cuando hicimos un emparejamiento físico (esto es, comparar la actividad para caras de perros en ambos, en el cerebro del perro y del humano). Esto nos muestra que, tanto en perros como en humanos, los patrones de actividad cerebral que encontramos están relacionados al procesamiento categórico -de alto nivel- de la información social y no al procesamiento visual de bajo nivel,". Explica Raúl Hernández-Pérez, co-primer autor del estudio, quien coordinó la adquisición de los datos en México.

"Tanto las semejanzas en la sensibilidad hacia las especies, como las diferencias en la sensibilidad hacia las caras sugieren tanto analogías funcionales como diferencias en los principios organizativos del procesamiento visual de estímulos sociales entre perros y humanos. Este es otro ejemplo de cómo la neuroimagen comparativa entre especies de mamíferos filogenéticamente distantes puede hacer avanzar nuestra compresión de cómo se organizan y cómo evolucionaron las funciones sociales del cerebro" sintetiza Andics.
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El rostro revela si somos confiables o podemos hacer daño

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Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participan en el estudio más ambicioso del mundo sobre el comportamiento humano.
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Rostros humanos.
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De forma instintiva los seres humanos, sin importar su lugar de origen, pueden reconocer cuando alguien es confiable o podría hacerles daño, reveló un estudio internacional en el que participaron expertos del Posgrado de Psicología de la UNAM.

Isaac González Santoyo, investigador de la Facultad de Psicología, precisó que posiblemente esta capacidad ayudó a los primeros humanos en las interacciones sociales entre los miembros de un grupo. “De manera innata, independientemente del contexto sociocultural donde el individuo nace, tenemos la capacidad de juzgar de manera subjetiva la confiabilidad o la intención de dañarte, lo que pudo favorecer la supervivencia y, posiblemente, la reproducción del individuo”, comentó el doctor en Ciencias Biomédicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Si una persona percibe que el rostro de otra es dominante, será más cautelosa al interactuar con ella; en cambio, si percibe que puede confiar se favorecerán más las colaboraciones sociales.

Labor internacional

El estudio publicado en la revista Nature Human Behavior surgió como parte de una red internacional llamada Psychological Science Accelerator (PSA) y en la que participan expertos de todos los continentes, con el objetivo de luchar contra un problema inminente en la psicología: la falta de replicabilidad en investigaciones que han tenido gran impacto en el área..

“Con 41 países hicimos la muestra más grande que se ha realizado de cualquier estudio que evalúa conductas humanas, con 11.570 participantes de 11 regiones del mundo”, explicó. El experto detalló que este tipo de investigaciones se realizaban usualmente en caucásicos o grupos culturales de altos ingresos socioeconómicos, en los cuales se revisaba la percepción facial, pero existía la duda de si estos resultados se podían replicar en otras poblaciones del mundo.

Para ello, cada uno de los investigadores presentó imágenes de 120 rostros (60 hombres y 60 mujeres) de cuatro grupos étnicos para que las personas evaluaran qué tan atractivas parecen, dominantes, inteligentes, confiables, agresivas, malos, responsables, sociales, infelices o lucían extraños. Lo que revelaron es que en el mundo los seres humanos, independientemente de si nacieron en África, Europa o América Latina, juzgan de forma similar las imágenes o el rostro de otros en dos dimensiones, principalmente: confiabilidad y probabilidad de ser dañado.

En este trabajo, además de González Santoyo, colaboraron Anabel De la Rosa, Alan Barba-Sánchez, de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala; Elliott Kruse, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, además de Nadia Corral Frías y Martha Frías Armenta, de la Universidad de Sonora.

Más allá de lo innato

A pesar de esta consistencia en la percepción de confiabilidad, este grupo internacional encontró que con el uso de una estrategia de análisis alternativa se observa mucho más variabilidad en la percepción facial entre países, para dimensiones sociales muy importantes como el atractivo, la inteligencia o la responsabilidad.

Por lo anterior, el equipo de González Santoyo expandió sus estudios porque encontró que el mexicano modifica su percepción de acuerdo con otra característica facial: el tono de piel.

Esto llevó al investigador universitario a indagar cuáles son las características de la forma del rostro que serían determinantes para emitir juicios de forma innata como especie, y cuáles son los otros componentes, como el tono de piel, que han sido aprendidos como favorables socialmente por los miembros de un país debido a procesos históricos determinantes, como una historia de conquista.

“Evaluamos si el cambio en la coloración de la piel asociada a características caucásicas aprendidas a mejor jerarquía social, está asociada a la percepción subjetiva que tenemos de los individuos o si esta percepción se relaciona con la forma del rostro, independientemente del tono de piel”, subrayó el investigador.

Se espera que los resultados de esta nueva etapa de la investigación se publiquen hacia finales de 2021 o en 2022.
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