El alcohol en la adolescencia altera zonas cerebrales relacionadas con el comportamiento emocional

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Un equipo del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) ha comprobado en ensayos con ratas jóvenes cómo influye la ingesta de etanol.
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Un equipo de expertos del grupo de Neuropsicofarmacología del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), en colaboración con el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, han determinado que el consumo de alcohol en ratas jóvenes afecta a sistemas de señalización en determinadas regiones del cerebro, alterando la respuesta emocional en edad adulta.

En concreto, el consumo voluntario de alcohol durante la adolescencia afecta la expresión del sistema endocannabinoide principalmente en dos regiones cerebrales – el hipocampo y la corteza cerebral – que se asocian con el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones. Estas zonas cerebrales resultan clave en el desarrollo de la adicción por formar parte del principal circuito de recompensa. La alteración de este sistema en estos puntos concretos podría estar relacionada con la aparición de signos de ansiedad y el estado emocional negativo producido por la abstinencia. Al mismo tiempo, los investigadores indican que esta ingesta temprana de alcohol también produce alteraciones más a largo plazo en las respuestas emocionales inespecíficas en edad adulta.

Como recoge el estudio titulado ‘Impact of intermittent voluntary ethanol consumption during adolescence on the expression of endocannabinoid system and neuroinflammatory mediators’ y publicado en la revista European Neuropsychopharmacology, el objetivo de esta investigación básica se ha centrado en definir la influencia de la ingesta de etanol en una etapa temprana, como es la adolescencia, sobre la respuesta cerebral a nivel emocional en edad adulta y que se relaciona con la aparición de trastornos como la ansiedad y la depresión.

Para ello, los expertos han caracterizado la expresión genética del sistema endocannabinoide en ratas adultas expuestas a alcohol durante la adolescencia. Se trata de un sistema de señalización lipídico muy relevante implicado en la modulación de numerosos procesos fisiológicos a nivel central y periférico que permiten mantener el estado de equilibrio necesario para que el organismo funcione correctamente, también conocido como homeostasis. Además, los investigadores han definido marcadores inflamatorios que evidencian el consumo de etanol.

Ensayos durante la adolescencia

Los expertos del IBIMA se han centrado en la adolescencia, un periodo clave y extremadamente sensible en la transición hacia la etapa adulta y la consolidación de las respuestas cerebrales. “Estudiamos esta etapa porque en ella la capacidad de decisión y control de los actos suele ser más vulnerable y porque aún hay órganos del cuerpo, como el cerebro, en fase de maduración que son especialmente susceptibles a las acciones de sustancias de abuso como el alcohol y la forma de consumirlo. De hecho, el patrón de consumo más habitual entre jóvenes y adolescentes suele ser de borrachera o atracón, y estas cantidades excesivas de alcohol en un corto período de tiempo se ha vinculado con la aparición de alteraciones emocionales y déficit cognitivo en etapas posteriores”, explica a la Fundación Descubre la investigadora Antonia Serrano, autora del estudio y del IBIMA.

En el laboratorio, los investigadores trabajaron con dos grupos de ratas Wistar de entre 21 a 50 días de vida, que equivale a la etapa adolescente en estos animales. Divididas en jaulas, un grupo de ratas dispuso en todo momento de alcohol y agua, mientras que el otro grupo sólo disponía de agua. “Colocamos dos botellas en cada jaula, una rellena con una solución de etanol y otra que contenía agua, en el caso del grupo alcohol, y que intercambiábamos de posición diariamente. De esta forma, tenían la oportunidad de elegir libremente si beber de ambas, de una u otra botella”, detalla la autora del estudio.

Para realizar el experimento, las botellas se mantuvieron cuatro días por semana durante un mes. Tras este periodo, al grupo de ratas que disponía de alcohol y agua en la jaula se le sustituyó la botella de alcohol por otra de agua. “La fase de abstinencia se inicia en el momento que se le retira la botella de alcohol a los animales. Esta fase se caracteriza por la aparición de un estado afectivo negativo, mostrando ansiedad, estrés e incluso depresión. Las evaluaciones que realizamos indicaron que a las dos semanas después de haber interrumpido el consumo de alcohol, no se observan síntomas físicos, pero sí había alteraciones a nivel emocional”, afirma Serrano.

Estudio de cerebro y plasma

La evaluación de la conducta emocional por medio de respuestas locomotoras y exploratorias, y cognición de los animales se realizó con una batería de pruebas de comportamiento. Junto con ellas, los expertos realizaron un estudio postmortem a las ratas en edad adulta, extrayendo partes del cerebro y plasma de la sangre. Concretamente, tres regiones cerebrales – corteza prefrontal, amígdala e hipocampo – que forman parte del circuito cerebral de recompensa fueron seleccionadas para examinar la expresión genética del sistema endocannabinoide y de algunas proteínas inflamatorias mediante la técnica de PCR a tiempo real. Al mismo tiempo, analizaron el plasma sanguíneo para medir los niveles de endocannabinoides circulantes que actúan como marcadores o sensores de lo que sucede en el cerebro.

“Con estos análisis observamos que las ratas que habían consumido alcohol en edad adolescente presentaban cambios importantes en la expresión del sistema endocannabinoide en la corteza prefrontal y el hipocampo. Estos cambios podrían estar detrás del estado emocional negativo que se produce durante la abstinencia, con la aparición de síntomas de ansiedad. Además de los cambios en el cerebro también pudimos observar cambios en los niveles de estas señales en el plasma”, argumenta la científica.
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ETIQUETAS • Salud, Psicología, Consumo, Sociedad
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La colonización humana provoca cambios en la vegetación de las islas once veces más intensos que el clima

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Un estudio con participación del CSIC en ‘Science’ detalla el impacto de la llegada del hombre a 27 islas de todo el mundo. Es una de las primeras veces que se cuantifican las consecuencias de la presencia humana sobre un paisaje, en este caso, gracias al estudio de polen de hace 5.000 años.
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En Islandia, la actividad de los primeros pobladores aceleró cambios en la vegetación, intensificó la erosión
y destruyó bosques a favor de los pastos. / Pexels
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Islandia fue colonizada hace unos 1.000 años por los vikingos, un pueblo nórdico navegante con un marcado carácter negociador. Las materias primas y los recursos que ofrecía la remota isla del Atlántico norte despertaron un fuerte interés de los recién llegados, que dieron la vuelta para siempre a la economía de la zona, del norte de Europa y de casi todo el mundo. Pero los vikingos dejaron una huella en el entorno natural que nunca más se borraría, al igual que muchos otros pueblos que han colonizado islas en todo el mundo. En Islandia, si bien la vegetación muestra cambios en el clima previos a la llegada humana, a partir del año 920 la actividad de los primeros pobladores aceleró cambios en la vegetación, intensificó la erosión y destruyó bosques a favor de los pastos. La madera necesaria para construir embarcaciones, la piedra y el metal de una isla tan rica en recursos fueron recursos saqueados durante años.

Ahora una investigación con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicada en la revista Science indica que los cambios en la vida vegetal del ecosistema de una isla producidos por la colonización humana son once veces más intensos que los debidos al clima o a efectos como erupciones volcánicas previas. La investigación, liderada por un equipo internacional integrado por científicos del CSIC, se ha llevado a cabo en 27 islas de todo el mundo. Se trata de una de las primeras veces que se ha cuantificado el impacto humano en un paisaje; en este caso, gracias al análisis de muestras de polen de hace 5.000 años.

La mayoría de islas habitadas del mundo han experimentado al menos dos oleadas de asentamientos diferentes, cada una con cambios característicos y con legados cada vez más complejos. Esto se debe, indica esta investigación, a la “condición irreversible” de los cambios que se han producido, que cada vez son más rápidos. Esta modificación se reproduce además de manera constante, incluso siglos después de la colonización por parte del hombre.

Las islas, laboratorios ideales

El estudio constituye una de las primeras veces que se puede cuantificar el impacto humano en un paisaje, ya que hasta ahora en las masas continentales era difícil separar los efectos del clima y otros impactos ambientales de los provocados por los primeros humanos. El equipo de investigación ha estudiado polen fosilizado de hace 5.000 años, extraído de sedimentos de las 27 islas, que ha permitido entender la composición de la vegetación de cada una y cómo cambió desde las muestras de polen más antiguas hasta a las más recientes.

"Las islas son laboratorios ideales para medir el impacto humano", apunta Sandra Nogué, investigadora de la Universidad de Southhampton (Reino Unido) y primera autora del artículo. "La mayoría fueron colonizadas a lo largo de los últimos 3.000 años, cuando los climas eran similares a los actuales. Saber cuándo se colonizó un territorio aislado facilita estudiar científicamente los cambios de la composición de su ecosistema en años anteriores y posteriores, y aporta una dimensión de su magnitud", recalca.

Por eso ha sido clave conocer que la población de las islas de la Polinesia llegó hace 3.000 años a zonas remotas como Poor Knight (Nueva Zelanda, Océano Pacífico Sur) y también a Fiji (Pacífico Sur); que hace 2.800 que llegaron a Nueva Caledonia (Pacífico), y 370 años que los europeos desembarcaron en Cabo Verde (Atlántico Norte), considerada la primera colonia europea tropical del Atlántico. Y, por ejemplo, a algunas islas del archipiélago de las Canarias (Atlántico) la población europea llegó hace entre 1.800 y 2.000 años, mientras que en las Islas Mauricio (Océano Índico) sólo hace 302 años de la llegada de los colonizadores europeos.

"El medio ambiente de las que fueron colonizadas por poblaciones más modernas, como las Galápagos (Ecuador, Océano Pacífico, habitadas por primera vez en el siglo XVI) o la neozelandesa Poor Knight, recibieron más impacto", explica Nogué. "En cambio, las ocupadas previamente recibieron poblaciones más primitivas, que desarrollaron una vida más ligada al ritmo natural y más sostenible y, por tanto, el territorio fue más resiliente a la colonización". Por ejemplo, el estudio evidencia que las islas a las que llegaron los humanos hace más de 1.500 años, como Fiji y Nueva Caledonia, experimentaron un ritmo de cambio más lento.

"Esta diferencia en el cambio podría significar que las islas pobladas antes fueron más resistentes a la llegada de los humanos. Pero es más probable que las prácticas de uso de la tierra, la tecnología y las especies introducidas por los últimos pobladores fueran más transformadoras que las de los primeros", explica la investigadora.

Si bien no se puede esperar que los ecosistemas recuperen la situación anterior a los asentamientos, el trabajo puede ayudar a "orientar los esfuerzos de restauración y entender la capacidad de respuesta del territorio al cambio", en palabras de otro de los autores del trabajo, el investigador del CSIC Josep Peñuelas, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

De las Fiji a Cabo Verde

Las tendencias se observaron en ubicaciones geográficas y climas tan diversos como los del océano Pacífico sur, el Índico, el Atlántico sur o el océano Ártico, entre otros. Los cambios en los ecosistemas también pueden ser debidos a varios factores naturales, tales como terremotos, erupciones volcánicas, condiciones meteorológicas extremas y cambios en el nivel de mar. Sin embargo, el equipo de investigación ha comprobado que las perturbaciones causadas por el hombre superan todos estos fenómenos y el cambio suele ser irreversible. Por ello, aconsejan que las estrategias de conservación tengan en cuenta el impacto a largo plazo de los humanos y el grado en que los cambios ecológicos actuales difieren de los de la época pre humana.

Los resultados muestran pocos indicios de que los ecosistemas afectados por el hombre se parezcan a las dinámicas presentes antes de su llegada. Por lo tanto, los impactos antropogénicos en las islas son componentes duraderos de estos sistemas que suelen implicar una limpieza inicial (por ejemplo, mediante el uso de fuego), y se ven agravados por la introducción de una serie de especies y la extinción de endémicas, además de perturbaciones continuas.
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Adriana Clivillé / CREAF Comunicación / CSIC Comunicación

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Más de 80 millones de personas viven por encima de 2.500 metros de altitud en todo el mundo

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Un nuevo estudio ha estimado a qué altura viven los habitantes del planeta. Según sus autores, estos datos podrían ayudar a comprender cómo se adapta el cuerpo humano a entornos en los que hay menos oxígeno.
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Agencia SINC | Hasta la fecha, el conocimiento sobre la altitud a la que habita la población mundial era bastante limitado. Las estimaciones existentes procedían de conjeturas o se basaban en relaciones entre censo y altura.

Un nuevo estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), comparte los datos de la primera estimación poblacional a escala mundial en función de la altura a la que habitan. Según sus registros, alrededor de 81,6 millones de personas viven a 2.500 metros sobre el nivel del mar.

“Es necesario saber cuántas personas viven a gran altura y dónde para comprender el impacto en la fisiología, la adaptación, la salud y las enfermedades humanas”, expresa Joshua Tremblay, investigador en la Facultad de Ciencias de la Salud y el Ejercicio de la Universidad de Columbia Británica en Okanagan (Canadá) y autor del estudio.

Para llegar a obtener esta cifra, Tremblay y su compañero Philip N. Ainslie, ambos científicos de la misma universidad, combinaron datos de población y elevación georreferenciados para crear estimaciones a escala mundial. Posteriormente clasificaron los datos obtenidos en intervalos de 500 metros. De esta forma, obtuvieron que 500,3 millones de humanos viven a partir de los 1.500 metros de altitud, 81,6 millones a más de 2.500 metros y 14,4 millones a más 3.500 metros.

El país que más habitantes tiene en altitudes comprendidas entre los 1.500 y los 2.500 metros es Etiopía, mientras que en China es donde más personas viven a altitudes muy altas, por encima de los 3.500 metros. En relación a su población total, Bolivia es la nación con más residentes comprendidos entre los 2.500 y los 3.500 metros.

En el caso de España, y de acuerdo con sus estimaciones, 46.984 personas vivirían a más de 1.500 metros de altura. De ellas, 197 lo harían en altitudes comprendidas entre los 2.500 y los 3.000 metros, y 8 personas entre 3.000 y 3.500 metros.

Adaptación a la altura

Para los autores de este estudio, conocer la ubicación y el tamaño de las poblaciones que viven a gran altura es un paso fundamental para comprender cómo se adapta el cuerpo humano al entorno. Según explican, vivir a una altitud demasiado alta puede propiciar el estrés fisiológico. Un ejemplo de ello es la dificultad para que el oxígeno acceda a los sistemas vasculares de las personas.

“La mayor parte de la investigación a gran altitud se basa en habitantes de tierras bajas de países occidentales industrializados, ricos y democráticos, que ascienden a grandes alturas para realizar sus investigaciones”, indica Tremblay. “Sin embargo, hay poblaciones que han vivido con éxito en altitudes elevadas durante miles de años y que se enfrentan a presiones cada vez mayores”, añade.

Para comprender a qué se refiere exactamente, Tremblay expone el siguiente ejemplo: “Cuando los habitantes de tierras bajas viajan a grandes altitudes, nuestros cuerpos desarrollan respuestas fisiológicas ineficientes, lo que conocemos como mal de altura”, expone. “Sin embargo, las personas que estudiamos han adquirido la capacidad de prosperar en altitudes extremadamente elevadas. Sus experiencias pueden aportar información al diagnóstico y al tratamiento de enfermedades para todos los seres humanos, al mismo tiempo que nos ayudan a comprender cómo mejorar la salud y el bienestar de las altitudes elevadas”, continúa.

Además, el impacto de la crisis climática sobre los entornos y las condiciones de vida de las personas incrementan la necesidad de continuar con trabajos de este tipo. “Tendemos a pensar en el cambio climático como un problema para las poblaciones costeras de baja altitud, pero el derretimiento de la nieve, los glaciares y los fenómenos meteorológicos extremos limitan los recursos hídricos y agrícolas. Los residentes de gran altitud están en primera línea de este problema. Necesitamos ampliar esta investigación para comprender sus efectos”, concluye Tremblay.
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Trabajo de referencia | Tremblay, Joshua C, Ainslie, Philip N. “Global and country-level estimates of human population at high altitude”. PNAS (2021)
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FUENTE • Agencia SINC
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ETIQUETAS • Sociedad, Clima, Medio Ambiente
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Identificado un cambio climático que precedió a la extinción de los dinosaurios

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El rápido calentamiento global fue causado por las mega-erupciones del vulcanismo del Decán en la India. Este cambio climático cesó 100.000 años antes del límite Cretácico/Paleógeno, tiempo suficiente para que los ecosistemas se recuperaran antes de ser golpeados por el asteroide de Chicxulub.
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Los investigadores Vicente Gilabert, Ignacio Arenillas, José Antonio Arz, Daniel Ferrer (IUCA-Universidad de Zaragoza) y Stuart Alan Robinson (Universidad de Oxford) han identificado por primera vez en España (Caravaca, Murcia) evidencias del último gran episodio de calentamiento climático del periodo Cretácico: el Late Maastrichtian Warming Event (LMWE). Este calentamiento global de hasta 2-5ºC, junto con la acidificación de los océanos, han sido relacionados por los autores con intensas erupciones volcánicas que ocurrieron hace entre 66.3 y 66.1 millones de años en la India (los llamados Deccan Traps).

El trabajo ha sido publicado en la revista Cretaceous Research y forma parte de la tesis doctoral de Vicente Gilabert. Se aportan nuevos datos sobre cómo cambió el clima y la geoquímica de la superficie de los océanos a lo largo de los últimos 400.000 años del Cretácico, periodo geológico que concluyó con el evento de extinción en masa del límite Cretácico/Paleógeno.

Para reconstruir el clima y su influencia sobre el plancton marino, se analizó la evolución de los isótopos estables del carbono y del oxígeno,junto con los microfósiles del grupo de los foraminíferos planctónicos. Estos protozoos se caracterizan por tener rápidos cambios evolutivos, ser muy abundantes y reaccionar de manera marcada ante los cambios ambientales, lo que les convierte en excelentes herramientas tanto para datar rocas como para evaluar los cambios climáticos del pasado.

La expresión geoquímica del LMWE en Caravaca se traduce en una disminución importante de los valores del δ13C y del δ18O en las rocas, lo que se ha relacionado con una etapa de aguas más cálidas, como consecuencia de la acumulación en la atmósfera cretácica de gases invernadero como el CO2 y el metano exhalados por los volcanes. Otra consecuencia de esta importante actividad volcánica durante este periodo fue la producción de grandes cantidades de lluvia ácida, que aumentó el grado de disolución y fragmentación de las conchas carbonatadas de los foraminíferos acumuladas durante este evento en los sedimentos.

La respuesta biológica fue compleja, aunque significativamente no tuvo lugar la extinción de ninguna especie durante el LMWE. Esta respuesta incluye una sobreabundancia de especies de foraminíferos planctónicos generalistas, es decir, capaces de subsistir bajo condiciones ecológicas amplias y cambiantes. También abundan en Caravaca especies y géneros adaptados a condiciones de baja oxigenación de las aguas, lo que se ha interpretado como una respuesta al hecho bien conocido de que la solubilidad del oxígeno disminuye a medida que aumenta la temperatura del agua. Otra estrategia biológica importante ante el último calentamiento global del Cretácico fue el enanismo, es decir la anticipación de la madurez sexual para conseguir una reproducción más rápida. De este modo, algunas especies en Caravaca redujeron su tamaño hasta en un 35%, dentro del intervalo correspondiente al LMWE.

La coincidencia en el tiempo de este evento con el comienzo de la fase eruptiva principal del Decán ha permitido establecer una relación causa-efecto entre ambos. Sin embargo, aunque la influencia del vulcanismo del Decán en los océanos fue notable durante el LMWE, las asociaciones de foraminíferos planctónicos y los marcadores geoquímicos de Caravaca indican una muy rápida vuelta a las condiciones climáticas y paleoambientales previas al LMWE. Este trabajo confirma así que la principal causa de la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno fueron las perturbaciones paleoambientales desencadenadas tras el impacto meteorítico de Chicxulub en la península del Yucatán (México), y que el impacto ecológico de la fase eruptiva principal de los Deccan Traps fue mucho menor de lo estimado con anterioridad por otros autores.
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El nivel de satisfacción con la vida en España está marcado por la capacidad económica del hogar

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Un estudio realizado por Jordi Gumà (UPF) y Bruno Arpino (Universidad de Florencia) analiza cómo la revolución de género afecta al bienestar individual de mujeres y hombres que conviven en pareja en el Estado. El objetivo de la investigación es analizar si la desigual participación en cuanto a la provisión de recursos económicos y la realización de tareas domésticas en el hogar se asocia con diferencias en los niveles de satisfacción vital.
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Durante las últimas décadas, España ha experimentado cambios sociales acelerados en materia de igualdad de género, aunque partía de una situación más atrasada que la mayoría de países europeos, como consecuencia de la dictadura franquista. Este proceso se frena por la recesión económica iniciada en 2008, lo que subraya la importancia que tiene el contexto económico en la evolución de los niveles de desigualdad de género. En el ámbito académico se ha prestado poca atención sobre cómo esta revolución de género se asocia con factores relacionados con el bienestar individual.

Un estudio de Jordi Gumà, investigador del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales y miembro del Grupo de Investigación en Sociodemografía (DEMOSOC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), junto con Bruno Arpino, investigador de la Universidad de Florencia (Italia), explora la asociación entre el nivel de satisfacción subjetivo con la vida y el grado de participación relativa de mujeres y hombres dentro del hogar con respecto a la provisión de recursos económicos y la realización de las tareas domésticas entre la población española adulta que convive en pareja.

A raíz de su investigación, publicada en la Revista Internacional de Sociología, los investigadores (que han separado los análisis de la esfera pública y de la esfera privada para captar los efectos de manera diferenciada) llegan a la conclusión de que el nivel de satisfacción con la vida está marcado en gran parte por la capacidad económica del hogar: "Cuando no se declara tener dificultades económicas, parece que los comportamientos de género en el ámbito del hogar tienen una menor influencia sobre los niveles de satisfacción con la vida por parte de los individuos, sean mujeres u hombres, que en los hogares con problemas económicos", afirman los investigadores.

Asimismo, los resultados ponen de manifiesto que habría una situación de tensión entre el contexto social y los valores heredados (con un desequilibrio entre los valores de género, mucho más igualitarios, y las prácticas finales observadas) que afectaría los niveles de bienestar individuales.

La metodología de la investigación analiza muestras españolas por la Encuesta Social Europea (ESS) de 2004 y 2010 conjuntamente, años en los que se introdujeron las preguntas sobre familia, trabajo y bienestar. Los diferentes análisis las han llevado a cabo de manera independiente según el sexo, para poder identificar posibles diferencias entre mujeres y hombres. La muestra se ha restringido a las personas que declararon convivir en pareja, con edades comprendidas dentro de la franja entre 25 a 59 años.

Los investigadores afirman que la contribución relativa a los ingresos del hogar y la realización de las tareas del hogar "tiene un efecto significativo sobre la satisfacción con la vida en el caso específico de las personas con dificultades económicas". Este efecto muestra que los hogares que declaran tener dificultades económicas tienen un perfil de género mucho más cercano al tradicional. Sin embargo, han encontrado diferencias notables entre hombres y mujeres.

La situación global del hogar determina la satisfacción de las mujeres

En cuanto a las mujeres, los investigadores han determinado que "su satisfacción con la vida está definida, sobre todo, por la situación global del hogar, más allá de su situación particular en cuanto a su contribución relativa a los ingresos y al tiempo relativo dedicado a las tareas domésticas”. Así, es su posicionamiento dentro de lo esfera privada el que marca las diferencias en los valores de satisfacción vital en cuanto a las mujeres en España.

Entre las mujeres que declaran no tener dificultades económicas (llegan a fin de mes de manera suficiente o cómoda), los autores observan una relación positiva entre sus niveles de satisfacción y el tiempo dedicado a las tareas del hogar: cuanto mayor es la su dedicación, mayor es su nivel de satisfacción. Este patrón es exactamente lo contrario en el caso de las mujeres que declaran tener dificultades económicas, entre las que cuanto mayor es su dedicación a las tareas del hogar, menor su satisfacción.

Según los investigadores, una explicación posible es que aquellos hogares con más poder económico tendrían una mayor capacidad de contratar servicios remunerados para realizar las tareas del hogar, por lo que, aunque estas mujeres dedican más tiempo a las tareas del hogar que las sus parejas, el número absoluto de horas destinadas puede ser menor que las que declaran tener dificultades económicas, y tampoco supone que haya paridad con el hombre. De hecho, si nos fijamos en la media de horas dedicadas a las tareas, este valor es significativamente inferior entre las mujeres con más poder económico.

La satisfacción de los hombres con la vida viene marcada por su situación individual

En el caso de los hombres, los autores han detectado diferencias significativas en su nivel de satisfacción en relación con su contribución relativa al presupuesto familiar. En el contexto de hogares con dificultades económicas, los hombres que declaran ser los que más contribuyen al total de los ingresos familiares muestran mayores niveles de satisfacción respecto a los que declaran contribuir menos que sus parejas.

Según los investigadores, "el hecho de ser el proveedor principal de recursos materiales dentro del hogar está asociado con los valores de satisfacción en el grupo de hombres en hogares con dificultades económicas, mientras que entre aquellos hombres que declaran no tener problemas económicos, el hecho de ser los máximos proveedores no parece dar un impulso extra a sus niveles de satisfacción ".

Lo mismo ocurre en el caso de la participación en las tareas del hogar, en que únicamente han observado diferencias significativas de nuevo en los hombres con dificultades económicas, entre los que demuestran que dedicar menos tiempo que sus parejas a las tareas del hogar es una situación asociada a mayores niveles de satisfacción.

Consecuentemente, según los investigadores, al contrario que en el caso femenino, la satisfacción con la vida de los hombres españoles adultos viene determinada, en mayor medida, a partir de su situación individual, más allá de las características del conjunto del hogar. Esto apunta a que, en este grupo concreto de hombres, su posición dentro de la esfera pública sigue marcando su percepción sobre la satisfacción con la vida.

Este artículo se enmarca en el proyecto “Prevention is better than cure when ageing is behind the door: interplay between social determinants of health in Spain" (INTERSOC-HEALTH), del cual Jordi Gumà es investigador principal, financiado por los Fondos FEDER de la UE, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad de España y la Agencia Estatal de Investigación.
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Trabajo de referencia | Gumà, J., Arpino, B. “Satisfacción con la vida según la contribución a la esfera pública y privada en las parejas españolas adultas”. Revista Internacional de Sociología, vol. 79, núm 1 (2021). DOI: https://doi.org/10.3989/ris.2021.79.1.19.045
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ETIQUETAS • Sociedad
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Identifican los factores que mejoran la resiliencia laboral en las ciudades norteamericanas

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La “conectividad laboral” es clave para recuperar las economías locales. La investigación contempla los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.
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La “conectividad laboral” (la posibilidad de encontrar trabajos parecidos) es un factor determinante clave de la capacidad de recuperación de las economías locales frente a situaciones de crisis, según un estudio publicado recientemente en Nature Communications por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Sociedad Max Planck y de la Universidad de Pittsburgh. Para llegar a esta conclusión se han basado en investigaciones de modelado de redes y han mapeado el paisaje laboral de las ciudades de Estados Unidos durante crisis económicas.

Conocer los factores que contribuyen a la salud de los mercados laborales resulta interesante porque puede ayudar a promover una recuperación más rápida después de una crisis, como puede ser una recesión económica importante o la pandemia de COVID actual. Los estudios tradicionales conciben al trabajador como alguien ligado a un puesto de trabajo específico de un sector, pero en la vida real a menudo los profesionales terminan trabajando en otros sectores que requieren habilidades similares. En este sentido, los investigadores contemplan los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.

En este contexto, un mercado laboral eficiente depende de muchas cosas, como la diversidad y el número de ofertas de trabajo o las oportunidades de formación que tienen los trabajadores para adquirir nuevas competencias, por ejemplo. En este estudio científico los investigadores han comprobado que incluso ciudades en las que todos estos factores son muy similares responden de manera diferente en relación a la recuperación de crisis económicas. ¿Por qué? “Hemos descubierto que parte de la diferencia proviene del ‘mapa’ de los trabajos, una red que nos dice cómo están relacionados los trabajos dentro de una ciudad de acuerdo con la similitud de las competencias requeridas para realizar esos trabajos”, explica el profesor del departamento de Matemáticas de la UC3M y coautor del estudio, Esteban Moro, actualmente profesor visitante en el Media Lab del MIT.

“Cuando ese mapa es muy limitado, es decir, cuando hay muy pocas posibilidades de buscar otro empleo parecido (lo que nosotros llamamos “conectividad laboral”), las ciudades están peor preparadas para una crisis laboral. En cambio, cuando ese mapa ofrece muchas posibilidades de ir de un trabajo a otro similar, la ciudad está mejor preparada. Y también tiene un efecto sobre el salario de los trabajadores: en una misma ocupación se cobra más en una ciudad que tiene una red más diversa que en otra que sea más limitada”, añade Esteban Moro.

Ecología, redes complejas y conectividad laboral

En ecología y otros dominios donde existen redes complejas, la resiliencia ha estado estrechamente vinculada a la “conectividad” de las redes. En la naturaleza, por ejemplo, los ecosistemas con muchas conexiones han demostrado ser más resistentes a determinados choques (como los cambios en la acidez o en la temperatura) que aquellos con menos conexiones. Inspirados en esta idea y basándose en trabajos previos de modelado de redes, los autores del estudio modelaron las relaciones existentes entre los trabajos en varias ciudades de Estados Unidos. Así como la conectividad en la naturaleza fomenta la resiliencia, predijeron que a las ciudades con trabajos conectados por habilidades y geografía superpuestas les iría mejor frente al impacto económico que aquellas sin tales redes.

Para validar esto, los investigadores examinaron datos de la Oficina de Estadísticas Laborales para todas las áreas metropolitanas de EEUU desde el inicio hasta el final de la Gran Recesión (del 2008 al 2014). Con ello, crearon mapas del panorama laboral para cada área, incluyendo el número de trabajos específicos, su distribución geográfica y el grado en que las habilidades que necesitaban se superponían con otros trabajos en el área. El tamaño de una ciudad determinada, así como su diversidad de empleos, desempeñaron un papel en la resiliencia, y las ciudades más grandes y diversas obtuvieron mejores resultados que las más pequeñas y menos diversas. Sin embargo, al controlar el tamaño y la diversidad, al tener en cuenta la conectividad laboral, se mejoraron significativamente las predicciones de las tasas máximas de desempleo durante la recesión. Es decir, las ciudades donde la conectividad laboral era más alta antes del colapso fueron significativamente más resistentes y se recuperaron más rápido que aquellas con mercados menos conectados.

Incluso en ausencia de crisis temporales como la Gran Recesión o la pandemia de COVID, fenómenos como la automatización pueden cambiar radicalmente el panorama laboral de muchas áreas en los próximos años. ¿Cómo pueden prepararse las ciudades para esta disrupción? Los investigadores de este estudio ampliaron su modelo para predecir cómo se comportarían los mercados laborales al enfrentarse a la pérdida de empleo debido a la automatización. Descubrieron que si bien las ciudades de tamaños similares se verían afectadas de manera similar en las fases iniciales de los choques de automatización, aquellas con redes de trabajo bien conectadas brindarían mejores oportunidades para que los trabajadores desplazados encuentren otros trabajos. Esto proporciona un amortiguador contra el desempleo generalizado y, en algunos casos, incluso conduce a la creación de más puestos de trabajo como consecuencia del impacto inicial de la automatización.

Los hallazgos del estudio sugieren que los responsables de la formulación de políticas deberían considerar la conectividad laboral al planificar el futuro del trabajo en sus regiones, especialmente donde se espera que la automatización reemplace una gran cantidad de puestos de trabajo. Además, el aumento de la conectividad no solo da como resultado un menor desempleo, sino que también contribuye a un aumento de los salarios generales. Estos resultados ofrecen una nueva perspectiva en torno a los debates sobre el futuro del trabajo y pueden ayudar a orientar y complementar las decisiones actuales sobre dónde invertir en la creación de empleo y los programas de formación, según los investigadores.
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ETIQUETAS • Sociedad, Economía, Trabajo
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Anglada-Escudé: 'Un asentamiento en Marte nos daría soluciones a muchos problemas de la Tierra'

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El investigador del ICE y descubridor de Proxima b explica el diseño de una ciudad sostenible en Marte y habla de la necesidad de generar una economía espacial.
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Guillem Anglada-Escudé es doctor en astrofísica e investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE- CSIC) con un contrato Ramón y Cajal desde 2019. Es experto en exoplanetas, análisis de datos y exploración planetaria. Ha liderado el equipo de la red internacional Sustainable Offworld Network (SONet), que ha diseñado el proyecto Nüwa: un modelo de desarrollo sostenible en Marte que quedó entre los 10 finalistas del concurso convocado por la organización The Mars Society el año pasado. Se puede conocer más sobre este proyecto en la exposición “Marte. El espejo rojo” del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), abierta hasta el 11 de julio, en la que Anglada-Escudé ha participado activamente.

Anglada-Escudé también es el investigador principal del equipo que descubrió el exoplaneta más cercano a la Tierra en 2016: Proxima b. Lidera el equipo del proyecto Red Dots, centrado en la detección de los planetas terrestres más cercanos al Sol, y es miembro del consorcio CARMENES. En los últimos años, ha trabajado como investigador posdoctoral en Carnegie Insitution for Science en Estados Unidos, en la Universidad de Göttingen, en Alemania, y como profesor en la Universidad Queen Mary de Londres, en Reino Unido.

El astrofísico Carl Sagan dejó un mensaje para los y las astronautas que vayan a Marte en el futuro, en el que decía que no sabía por qué queremos ir a Marte, pero que se alegraba de que estuvieran ahí. ¿Por qué queremos ir a Marte?

Queremos investigar Marte, igual que queremos investigar la Antártida o cómo funciona la Tierra, y Marte tiene elementos muy peculiares en el sistema solar. Básicamente es ver si la vida puede iniciarse en otro sitio que no sea la Tierra. Si la respuesta fuera afirmativa y encontráramos registro fósil de alguna forma de vida, eso indicaría que el Universo probablemente esté lleno de vida. Esto puede ser en Marte o en las lunas de Júpiter. Si había vida en Marte con las condiciones que hubo, que se parecen a las de la Tierra, significaría que la vida es un fenómeno ubicuo y que, por lo tanto, no estamos solos.

En Marte encontramos dos cosas: por un lado, el origen de la vida; y, por otro lado, el hecho de intentar vivir en sitios distintos, intentar salir del planeta, ver si se puede vivir fuera de la Tierra. Hay quien piensa que Marte sirve como bote salvavidas por si algo ocurre en la Tierra, pero no creo que sea un bote salvavidas. La exploración planetaria –no la espacial– nos fuerza a salir de nuestra zona de confort, tomar perspectiva y reformular cosas muy fundamentales. Eventualmente, establecer un nuevo asentamiento o una nueva sociedad en Marte probablemente nos daría las soluciones a muchos problemas que tenemos en la Tierra también.

¿Qué le diría a alguien que le preguntara qué beneficios puede aportar la exploración espacial en el contexto actual de pandemia?

Esta es la pregunta que tiene que responder toda la ciencia básica. ¿Qué necesidad hay de estudiar física cuántica, cómo se comportan las partículas o ciertos animales? Al final, es conocimiento que se acumula y se entrelaza y ayuda a progresar. El progreso real no ocurre centrándose en un área especializada, sino cuando se integra lo que se aprende de Marte con lo que se aprende en física cuántica y lo que se aprende en biología. Es uno de los terrenos fértiles para desarrollar conceptos nuevos.

Nos dirán que el espacio es muy caro, pero esto es muy falaz: no es cierto que sea caro. Hay un problema de percepción y comunicación. Se percibe que son unas cantidades enormes de dinero, pero porque es [un gasto] muy puntual: va condensado en una misión o en un instrumento. El progreso viene de entrelazar conocimiento de varias ramas. La exploración espacial, sobre todo la humana, parece más cara. Poner el factor humano hace una ciencia más humana también, más con la cultura, con el sitio, con experimentar. Invita a que el resto de la población, como sociedad, contribuya. No es ciencia solo, es exploración.

Colidera la inciativa Sustainable Offworld Network (SONet), que investiga el asentamiento humano en otros mundos, en especial la Luna y Marte. ¿Nos espera un futuro multiplanetario y sostenible? ¿Cómo se puede lograr la creación de asentamientos sostenibles en otros planetas sin caer en la depredación?

El tema de sostenibilidad en SONet viene dado por dos aspectos. Uno es querer establecer una base en Marte para que sea independiente y pueda operar y crecer; y, el otro, la sostenibilidad de la Tierra. Lo que no se puede hacer es conquistar el sistema solar y continuar gastando recursos. Esto es a lo que vamos: a generar una economía que no dependa de la Tierra, que no sea continuamente alimentada a base de depredar más la Tierra, sino que llegue un momento en el que contribuya positivamente. Se puede llegar a esto de muchas formas.

Podemos empezar a limpiar la superficie del planeta de ciertas infraestructuras que hemos estado usando por cuestiones históricas. La producción de energía podría hacerse en el espacio: tenemos toda la energía del Sol para lo que queramos. No estoy hablando de dentro de 10 años, igual estoy hablando de dentro de un siglo. A largo plazo es una solución de civilización. Hay espacio de sobra en millones y millones de kilómetros cuadrados para placas solares, y todo sin tocar la Tierra para empezar a descargarla de muchas cosas. Esa es un poco la visión de sostenibilidad a largo plazo.

¿Qué otras actividades económicas pueden hacerse en el espacio que liberen a la Tierra de esas cargas?

Podríamos hacerlas todas eventualmente. Por ejemplo, la manufactura de semiconductores, que se necesitan para hacer placas solares y para toda la tecnología, en principio. O las comunicaciones, básicamente todas: se pueden tener estaciones grandes de telecomunicaciones desde el espacio y liberar la Tierra. En el espacio, hay ciertas ventajas. Ahora mismo no compensan los contras, porque no tenemos infraestructura en el espacio; pero cuando estamos en el espacio, estamos en un vacío muy alto, no hay una atmósfera que se contamina y se pueden tener las cosas mucho más controladas.

¿Puede contribuir SONet a mitigar el cambio climático en la Tierra?

Directamente no, porque no es nuestro objetivo como organización, pero uno de los objetivos de SONet a medio plazo es hacer demostradores de ciudades marcianas donde se implementen formas de operar que sean directamente sostenibles. Se utiliza lo que hay: dióxido de carbono para condensarlo en material orgánico, para empezar manufacturas... Esto necesita desarrollarse. Me dirán que esto lo podemos hacer aquí en la Tierra sin la excusa de Marte y no me lo creo, porque llevamos 2.000 años de civilización y como sociedad no nos hemos puesto nunca a hacer esta inversión.

Tenemos otro proyecto, muy preliminar, en el Ártico. Estamos debatiendo con una universidad para ver si podemos utilizar técnicas de construcción en el Ártico y a la vez proporcionar lo que se sabe de cómo operar en otros planetas, como usar nuevos minerales de forma que no se necesite carbón para hacer una implementación de una vivienda. Es un ejemplo del tipo de cosas que queremos hacer de cara al cambio climático y eso nos inspira para implementar soluciones aquí en la Tierra.

¿Cómo sería Nüwa, el proyecto de ciudad sostenible en Marte?

Hay aspectos muy particulares, pero, por ejemplo, se usarían los recursos tal cual están allí. Marte tiene dificultades porque tiene baja presión y problemas de radiación, así que usaríamos sus montañas, sus acantilados y su roca para construir dentro. La ciudad está insertada en la roca, no está en la superficie. El recurso no es el petróleo o el agua: el ambiente en sí es un recurso que se puede usar. Si la ponemos en el acantilado, tiene luz natural que puede entrar por los laterales y en la roca, y te da la verticalidad de una ciudad que está condensada.

Es una ciudad: no es una base científica o una base militar. Cuando la dimensionamos, contamos con que tiene que haber infraestructuras, transporte, un número de metros cuadrados, de volúmenes y de comida por persona para que puedan tener una vida confortable. Trabajamos con un despacho de arquitectos que se llama ABIBOO Studio, que se dedica a diseñar ciudades en India y en Estados Unidos. No se trata de mandar a gente allí a que sufran, sino que gente decida ir allí porque es una forma distinta de vivir. Y después, cómo se organicen culturalmente dependerá mucho del modelo de inmigración.

Al final, la única preocupación que queda es el consumo de energía y de trabajo: se necesitan unas 10 veces más energía para mantener a gente viva y que la ciudad se desarrolle que la que se necesita en la Tierra. Un factor 10 es grande, pero no es un factor 1.000 ni 1.000.000, sino que está en el orden de magnitud. La idea es que esa carga extra la hicieran las máquinas: inteligencia artificial, estandarización industrial, etc.

Se han enviado rovers a Marte a lo largo de los últimos 20 años, pero todavía no se ha enviado ninguna misión tripulada. La NASA tiene como objetivo hacerlo a lo largo de la década de 2030. En caso de disponer de la tecnología y los recursos, ¿cuándo se podría establecer esta ciudad sostenible en Marte?

Esa es la predicción que haría un economista de cómo funcionaría la próxima década o dos, pero eso deja de funcionar cuando suceden eventos disruptivos. Yo creo que es plausible cuando tengamos naves de alto tonelaje. Cuando SpaceX o la Agencia Espacial China tengan estas naves para cargar 20 o 30 toneladas a la superficie de Marte, va a ser automático, va a empezar el proceso de construcción de bases en la Luna y en Marte. Y cuando eso ocurra, todos estos planes a 10 años van a dejar de tener sentido.

Físicamente y tecnológicamente estamos listos para hacerlo, es una cuestión de si queremos hacerlo o no. Me gustaría que entendiéramos todos con el ejercicio de Marte que con que un 10% de los países se organizara, sería suficiente para empezar ese esfuerzo. No es barato, pero es económicamente factible si una fracción de la población no muy grande del mundo se coordina.

Yo no me aventuraría a decir que dentro de 10 años vamos a estar trayendo rocas de vuelta desde Marte. Puede que en 10 años tengamos bases permanentes en la Luna y estemos haciendo manufactura en la Luna, y esto cambie completamente la economía. En este sentido, quiero ser más optimista. El futuro guarda más sorpresas de las que esperamos; si no, sería muy aburrido.

Fue el investigador principal del equipo que descubrió el exoplaneta más cercano que se conoce: Proxima b. ¿Qué tienen de especial Proxima b y su estrella Proxima Centauri?

Si hay vida más allá de la Tierra y queremos ser capaces de reconocerla, la forma más fácil es intentar buscar planetas parecidos al nuestro. Si buscas planetas en enanas rojas, que son estrellas unas 10 veces más pequeñas que el Sol, esos planetas son más fáciles de detectar. Tenemos las técnicas y desarrollamos la metodología para encontrar ese tipo de planetas, y esa metodología la aplicamos a la estrella más cercana al Sol, que es Proxima Centauri. Estas enanas rojas son las estrellas más comunes en el Universo y cada vez está más claro que prácticamente todas tienen planetas terrestres, pero entonces no lo sabíamos. ¿Por qué es relevante comparado con otros? Porque es la estrella más cercana al Sol.

Proxima b y otros están definiendo cómo va a ser la instrumentación de la próxima década. Lo que queremos ver ahora es si estos planetas pueden albergar vida o si hay evidencia de actividad biológica o química exótica en su superficie y de aquí la relevancia en que está convergiendo todo. Son sitios donde es plausible que haya vida de alguna forma y tenemos la capacidad tecnológica –o podemos desarrollarla ya– como para explorar, espectroscópicamente al menos, sus atmósferas y ver si hay señales de cosas peculiares.

Descubrir Proxima b lo situó en la lista de los diez científicos más relevantes de 2016, según la revista Nature. ¿Qué supone un reconocimiento así en el campo de la astrofísica?

Científicamente, mucho menos de lo que la gente se piensa. Eso te da visibilidad, pero no tanto en la ciencia, sino fuera de ella. Me ha permitido hablar con gente a la que no hubiera tenido nunca acceso: políticos, periodistas, pensadores, ingenieros, empresarios, innovadores, gente a la que los científicos normalmente no vemos.

Tengo la espina clavada porque yo tenía la idea de que podía pedir financiación para continuar una investigación, pero eso no ocurrió. Me di de bruces con la realidad. No me abrió muchas puertas científicamente. Sin embargo, entré en contacto con gente que incluso ves que lo que deciden mueve el mundo.

También ha liderado el equipo del proyecto Red Dots, para la detección de planetas terrestres más cercanos al Sol. ¿En qué fase se encuentra el proyecto ahora?

Red Dots es peculiar. Funciona muy bien, ahora científicamente más que comunicativamente, pero tiene un problema muy importante. Es una continuación de Pale Red Dot, el proyecto de Proxima Centauri, entonces siempre está a la sombra. Encontrar Proxima b tendría que haber sido la culminación y fue el principio. Red Dots continúa funcionando, es muy eficiente, es un gran proyecto y continúo involucrado. Como quería empezar a trabajar en otras cosas, como lo de Marte, he pasado la supervisión y dirección a Sandra Jeffers, que trabaja en el Instituto Max Planck para la Exploración del Sistema Solar en Göttingen.

Es la misma campaña, las herramientas que desarrollamos para Proxima Centauri ahora las estamos aplicando sistemáticamente a unas pocas estrellas y vamos barriendo el entorno del sistema solar inmediato para detectar estos planetas más cercanos y que pueden ser más fácilmente caracterizables, pero es un ejercicio de detección. En materia de exoplanetas, el siguiente gran paso va a ser la caracterización de los mismos.

¿Esto va a llegar antes que Marte o no? Creo que nos saldría más a cuenta desarrollar la infraestructura para poder manufacturar desde el espacio antes de meternos a hacer estas megamisiones. Yo estoy muy emocionado con los planetas terrestres cercanos, pero no sé si va a repercutir lo suficiente en la sociedad como para justificar el gasto que supondría. En cambio, veo muy claro que con una base en Marte o en la Luna, donde se desarrolla, se hace ciencia in situ, la gente va y lo experimenta, puede haber un avance mucho más significativo en la sociedad.

Ha participado en el consorcio CARMENES, del que forman parte científicos y científicas de 11 instituciones españolas y alemanas. ¿Cómo es este tipo de trabajo con equipos internacionales multidisciplinares? ¿Ha cambiado con la pandemia?

No ha cambiado mucho, de hecho. Las colaboraciones que hemos hecho son puntuales. El tipo de colaboraciones como Red Dots o proyectos como SONet, en vez de tener recurso líquido, consiste en buscar colaboradores que sean expertos en otros temas para poder operar. Mi especialidad aquí es coordinar y organizarnos con herramientas multimedia, ver cómo repartir el trabajo, crear grupos... En CARMENES estoy como participante de consorcio, junto con 200 personas más. Es una colaboración distinta, más rígida en sus objetivos. Voy colaborando, participando en los artículos, pero también tiene que extenderse mucho más en el tiempo.

Personalmente, puedo hacer proyectos como el de Marte una vez cada año como máximo porque me consumen mucho personalmente, e incluso con las colaboraciones se crean fricciones y hay que gestionar los grupos. Esta es la dificultad más grande: encontrar el punto justo donde un número mínimo de gente esté incentivada para participar y lo quieran hacer no porque les pagues, sino porque también ellos aprenden y les sirve para su desarrollo.

Aparte del proyecto Pale Red Dot, que tenía como objetivo comunicar el proceso de búsqueda de Proxima b, ha participado en otras iniciativas de divulgación científica. ¿Cómo cree que se puede mejorar la comunicación con el público general para acercar el trabajo científico?

Lo primero: tener muy claro qué quieres hacer y a quién quieres llegar. Cuando diseñas un ejercicio de comunicación en divulgación para público general, luego es difícil medir si ha funcionado o no. Ahora se puede cuantificar con redes sociales, pero antes era complicadísimo. Que quieres mejorar la percepción de la ciencia en tu pueblo, ¿cómo lo vas a cuantificar? Que quieres que los políticos sean más sensibles con algo, igual deberías diseñar tu campaña para los políticos, las instituciones o los gobiernos. Yo conozco científicos que han sido invitados al Congreso de Estados Unidos para hablar sobre exoplanetas, y los congresistas les preguntaron directamente sobre si vamos a encontrar vida y si tiene implicaciones para la gente en su día a día. Aquí nos falta un poco de esa interacción.

¿Qué proyectos están en su horizonte? ¿Hacia dónde le gustaría orientar su carrera científica en el futuro?

Ahora estoy muy involucrado en SONet, en hacerla crecer. También en exoplanetas, siguiendo las cosas que se desarrollan, como usar métodos de inteligencia artificial para el análisis de datos de exoplanetas o hacer investigación básica con métodos de machine learning (aprendizaje automático). Continúo trabajando en CARMENES y contribuyo en la misión CHEOPS de la Agencia Espacial Europea (ESA), en el equipo científico. Mirando hacia el futuro, aparte de SONet y el desarrollo de la economía espacial, científicamente, también estamos mirando un consorcio europeo llamado LIFE para hacer un interferómetro desde el espacio para hacer imagen directa de exoplanetas cercanos.

¿Qué le llevó a estudiar astrofísica y dedicarse a la investigación? Entre 2002 y 2004 fue concejal. ¿Fue difícil elegir entre todos sus intereses?

Fui concejal en el ayuntamiento de Ullastrell, pero nací en Terrassa (Barcelona). Quería estudiar ciencias, lo tenía bastante claro, estaba muy aficionado a la ciencia ficción, a películas como Star Wars, y acabé leyendo un libro de Kim Stanley Robinson: Marte Rojo. Eso fue lo que me hizo decantarme por la exploración del espacio. Me daba igual qué tipo de astronomía fuera, pero lo que quería hacer era ciencias planetarias, astrofísica…

También estaba metido en asociacionismo juvenil en mi pueblo y me puse en el Ayuntamiento para intentar reforzar el tejido asociativo, que se estaba destruyendo. Estaba a media tesis cuando fui concejal y tuve que escoger, porque era demasiado las dos cosas a la vez. Escogí la investigación porque me llenaba más en ese momento y me parecía que era la forma de hacer del mundo un sitio mejor. No sé si hoy habría tomado la misma decisión, pero creo que fue la adecuada. Opté por trabajar y ser experto en algo y si quiero dedicarme a la política en el futuro, que no lo he descartado, poder contribuir como experto de manera más positiva.

¿Qué le diría a aquellos y aquellas jóvenes que quieran dedicarse a la astrofísica?

Primero, que la astrofísica, las ciencias del espacio o las ingenierías no se estudian solamente para ser académicos. Cuando uno ha estudiado Física, Ingeniería o Matemáticas, ya es un científico, tenga un doctorado o no, trabaje de lo que trabaje después. Tiene una forma mental diferente de enfocar los problemas.

Uno necesita una motivación: ir a Marte, ser astronauta, desarrollar la vacuna contra el sida… Pero pocos van a hacerlo directamente con sus manos. La ciencia no es solo esa gente que lo hace con sus manos, sino las instituciones, las empresas, toda la sociedad, y podemos contribuir mucho fuera de lo que es el camino académico clásico. Mi sueño es que haya más permeabilidad, es decir, que la gente pueda estudiar, trabajar unos años en la empresa, volver a la academia, desarrollar su tesis doctoral y, con ese bagaje, volver a la empresa o al sistema académico de forma no precaria. Esa permeabilidad creo que es una tendencia que tendrá que ir ganando terreno.

Entrevista realizada por Alba Calejero del departamento de comunicación del Institute of Space Sciences (IEEC-CSIC).
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ETIQUETAS • Astronomía, CSIC
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Descubren una nueva especie de mamífero de la 'Era de los dinosaurios'

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El hallazgo tuvo lugar en la Patagonia chilena y fue protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas del país transandino.
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Escultura de la reconstrucción en vida de 'Orretherium tzen' realizada por Marcelo Miñana/Fundación Azara.
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El hallazgo de restos fósiles de mamíferos la Era Mesozoica –lapso comenzado hace unos 250 millones de años (Ma) y culminado hace alrededor de 65 Ma–, también conocida como la “Era de los Dinosaurios”, no es algo que ocurra de forma frecuente. Si bien los primeros mamíferos aparecieron hace unos 180 Ma, durante la primera mitad del Mesozoico, sólo después de después de la extinción de los grandes reptiles, este grupo de animales pudo conquistar los más variados ecosistemas.

De esta forma, mientras se conocen restos dinosaurios de América del Sur desde fines del siglo XIX, los primeros fósiles de mamíferos de la era Mesozoica descubiertos en la región fueron encontrados a inicios de la década de 1980 en la Patagonia Argentina. Generalmente, los mamíferos de 'Era de los Dinosaurios' fueron de pequeño tamaño, menores a una zarigüeya y, por lo tanto, sus restos desperdigados pasan desapercibidos en los grandes afloramientos rocosos, en los que resulta más frecuente encontrar fósiles de dinosaurios o cocodrilos.

Del lado chileno de la cordillera de los Andes, la historia del descubrimiento de mamíferos de la Era Mesozoica es todavía mucho más reciente. Recién en 2020, se dio a conocer –a partir del descubrimiento de tres dientes molares y un diente incisivo– una especie bautizada como Magallanodon baikashkenke, un animal del Cretácico superior (período que se extiende desde hace unos 100 Ma hasta hace aproximadamente 66 Ma) de aspecto similar a un coipo y con dientes adaptados para la ingestión de vegetales duros.

Aquel descubrimiento, protagonizado por investigadores del CONICET y colegas chilenos, motivó que el grupo intensificara los trabajos de campo en las rocas las rocas cretácicas de la Formación Dorotea (Cuenca Magallanes) y encontraran nuevos y más completos restos de mamíferos. Uno de fósiles hallados –bautizado con el nombre de Orretherium tzen– fue recientemente publicado en la revista Scientific Reports.

Los restos encontrados de Orretherium tzen consisten en una mandíbula con cinco dientes y un diente molar del maxilar y, de acuerdo con dataciones radiométricas realizadas en el área del descubrimiento, tienen una antigüedad aproximada de entre 74 y 72 Ma.

“Contar con un material tan bien preservado de un mamífero del Periodo Cretácico es un privilegio y es fundamental para conocer mejor no solo a esta nueva especie mesozoica, sino también extrapolar su información para otros mamíferos encontrados en Argentina y en el resto de lo que fue el supercontinente Gondwana”, afirma Agustín Martinelli, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”” (MACNBR, CONICET) y primer autor del trabajo.

Orretherium posee una dentadura más simple que la de los marsupiales y placentarios (dos de los grandes grupos de mamíferos que existen en la actualidad, junto con los monotremas), y se lo clasifica como un mamífero meridioléstido de la familia Mesungulatidae. Está próximamente emparentado con Mesungulatum y Coloniatherium, géneros del Cretácico Superior encontrados en rocas de Río Negro y Chubut, respectivamente, y con Peligrotherium, género del período Paleoceno (el primero de la Era Cenozoica) descubierto en Chubut.

Hasta el momento, las especies del Cretácico de este grupo de mamíferos están representadas sólo por dientes aislados y/o mandíbulas que durante el proceso de fosilización perdieron la mayoría de sus dientes. Dentro de este panorama, el descubrimiento de Orretherium es de suma importancia porque la mandíbula preservada, de menos tres centímetros de largo, posee los cinco dientes en posición, lo que permite conocer la variación de la morfología dental en esta especie y ayuda a clasificar dientes que se encuentran aislados.

“A pesar de que los mesungulátidos fueron un grupo muy diversificado para el final de la Era Mesozoica aun necesitamos indagar más sobre sus relaciones de parentesco, su morfología y su rol paleoecológico dentro de los ecosistemas del Cretácico, que han sido extremadamente variados en su composición faunística y florística”, asegura Martinelli.

Durante fines de la Era Mesozoica los ecosistemas terrestres eran notoriamente diferentes a los actuales y los fósiles que se encuentran en rocas Cretácicas de la región de Magallanes develan una historia fascinante del momento anterior a la gran extinción de los grandes dinosaurios y otros reptiles, ocurrida hace unos 65 millones de años.

“Los fósiles encontrados en Chile son sumamente importantes para entender el rompecabezas de la historia evolutivas de los mamíferos durante la Era de los dinosaurios”, concluye Martinelli.
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Trabajo de referencia | Martinelli, A.G., Soto-Acuña, S., Goin, F.J. et al. New cladotherian mammal from southern Chile and the evolution of mesungulatid meridiolestidans at the dusk of the Mesozoic era. Sci Rep 11, 7594 (2021). https://doi.org/10.1038/s41598-021-87245-4
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ETIQUETAS • Evolución, Paleontología
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Descubierto el cuásar más antiguo y lejano

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Astrónomos de la Universidad de Arizona han encontrado un cuásar a una distancia récord: unos 13.030 millones de años-luz de la Tierra. Se formó solo 670 millones de años después del Big Bang y alberga un desafiante agujero negro supermasivo con una masa equivalente a 1.600 millones de soles.
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Ilustración de cuásar J0313-1806, con su agujero negro supermasivo central. NOIRLab/NSF/AURA/J. da Silva
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Un cuásar (acrónimo de fuente de radio CUASistelAR) es un núcleo galáctico extremadamente luminoso con un agujero negro supermasivo en su interior rodeado de un disco de acreción gaseoso. A medida que el gas cae hacia el agujero, se libera gran cantidad de energía en forma de radiación, observable en todo el espectro electromagnético.

Los cuásares se encuentran entre las fuentes más brillantes del cosmos, a menudo eclipsando a sus propias galaxias anfitrionas. Para calcular su distancia, los astrónomos se fijan en el llamado desplazamiento al rojo dentro del espectro, lo que permite mirar atrás en el tiempo para ver cuántos años después del Big Bang se formaron.

Hasta ahora el récord lo ostentaba el cuásar J1342 + 0928, con un corrimiento al rojo de 7,54, lo se corresponde a cuando el universo tenía 690 millones de años, pero ahora científicos de la Universidad de Arizona (EE UU) ha observado otro cuásar, llamado J0313-1806, que nació unos 20 millones de años antes, cuando el universo tenía casi un 5% de su edad actual.

“El cuásar J0313-1806 tiene un corrimiento al rojo de 7,642, que corresponde a solo 670 millones de años después del Big Bang”, explica a Sinc el autor principal del estudio, Feige Wang, investigador en el Observatorio Steward de la Universidad de Arizona. Es, por tanto, el más antiguo conocido, y por extensión el más distante. Se sitúa a unos 13.030 millones de años-luz de la Tierra.

El equipo descubridor publicará sus hallazgos en el Astrophysical Journal Letters pero esta semana ya los ha presentado en la 237ª Reunión de la Sociedad Astronómica Americana, que en esta ocasión se celebra de forma virtual.

Un agujero negro que desafía las teorías

Además de ser el más lejano, Wang destaca los otros tres puntos clave de este cuásar: su agujero negro supermasivo (también el más antiguo o distante conocido), el chorro de 'viento' que emite y la alta tasa de formación de estrellas en su galaxia. “Lo primero –aclara–, es que alberga un agujero negro supermasivo (SMBH en inglés) con un tamaño de 1.600 millones de masas solares, unas dos veces más masivo que J1342 + 0928. La existencia de este SMBH tan masivo requiere un agujero negro semilla con más de 10.000 masas solares, y esto desafía las teorías de la formación de estos objetos”, aunque su hallazgo ayuda a restringir las posibilidades contempladas hasta ahora.

Otro de los autores, el profesor Xiaohui Fan, explica: "Pensamos que existe un mecanismo que involucra enormes cantidades de gas de hidrógeno frío primordial colapsando directamente en el agujero negro semilla, que no requiere de estrellas completas como materia prima (como indicaban algunos modelos). Esto es lo único que permitiría que el agujero negro supermasivo del cuásar J0313-1806 crezca hasta los 1.600 millones de masas solares en un momento tan temprano del universo, y esto es lo que hace que el nuevo récord del cuásar sea tan valioso".

Viento a enormes velocidades

"Otro punto clave es que tiene un chorro (de gas y plasma supercalientes) saliendo extremadamente rápido, emanando del cuásar en forma de un viento que viaja al 20 % de la velocidad de la luz, la primera evidencia de este 'feedback' en un cuásar en etapas tan tempranas del universo", apunta Wang.

Midiendo la luminosidad de J0313-1806, su equipo calculó que el gran agujero negro de su centro está ingiriendo el equivalente a unos 25 soles cada año, y esta sería la principal razón del viento de plasma caliente que sopla en la galaxia de su alrededor a una velocidad relativista. Por comparar, el agujero negro del centro de la Vía Láctea está casi inactivo.

Alta tasa de formación de estrellas

Por último, la galaxia que aloja el cuásar también tiene una característica relevante: está formando nuevas estrellas a un ritmo 200 veces superior al de nuestra Vía Láctea, mil veces menos luminosa y que genera aproximadamente una masa solar cada año. "Esa tasa de formación estelar relativamente alta, similar a la observada en otros cuásares de edad similar, nos dice que la galaxia anfitriona está creciendo muy rápido", señala Wang.

Además, estos cuásares presumiblemente están todavía en el proceso de construcción de sus agujeros negros supermasivos", añade Fan. "Con el tiempo, el chorro de salida del cuásar se calienta y empuja todo el gas hacia fuera de la galaxia. Entonces el agujero negro ya no tiene nada con lo que seguir alimentándose y dejará de crecer. Esta es la evidencia de cómo crecen estas primeras galaxias masivas y sus cuásares".

Los investigadores esperan encontrar algunos cuásares más del mismo período de tiempo, incluyendo potenciales nuevos récords, adelanta el coautor Jinyi Yang, también del Observatorio Steward. Yang y Fan estaban observando en el telescopio terrestre Magellan Baade de 6,5 metros en el Observatorio de Las Campanas en Chile la noche en que se descubrió J0313-1806.

El equipo de astrónomos seguirá realizando nuevas observaciones y espera descubrir más secretos del nuevo cuásar con el futuro telescopio espacial James Webb de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto a finales de este 2021.
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FUENTE • Agencia SINC
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ETIQUETAS • Astronomía
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