La depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial 1 billón de dólares al año; los países y los asociados para el desarrollo han discutido el camino a seguir durante los eventos que celebrados en el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud el 13 y el 14 de abril.
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Cada dolar invertido en la ampliación del tratamiento de la depresión y la ansiedad rinde cuatro en mejora de la salud y la capacidad de trabajo, según un nuevo estudio dirigido por la OMS en el que se estiman por primera vez los beneficios tanto sanitarios como económicos de la inversión en el tratamiento de las enfermedades mentales más frecuentes en el mundo. El estudio, publicado en The Lancet Psychiatry, aporta argumentos sólidos para aumentar las inversiones en servicios de salud mental en todos los países, independientemente de su nivel de ingresos.
«Sabemos que el tratamiento de la depresión y la ansiedad tiene sentido desde el punto de vista de la salud y el bienestar, pero este nuevo estudio confirma que también lo tiene desde una perspectiva económica», dijo la Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). «Tenemos que encontrar formas de asegurarnos de que el acceso a los servicios de salud mental se convierte en una realidad para todos los hombres, mujeres y niños, vivan donde vivan.»
La depresión y la ansiedad están en aumento
Los trastornos mentales comunes están en aumento en todo el mundo. Entre 1990 y 2013, el número de personas con depresión o ansiedad ha aumentado en cerca de un 50%, de 416 millones a 615 millones. Cerca de un 10% de la población mundial está afectado, y los trastornos mentales representan un 30% de la carga mundial de enfermedad no mortal. Las emergencias humanitarias y los conflictos aumentan la necesidad de ampliar las opciones terapéuticas. La OMS estima que durante las emergencias 1 de cada 5 personas se ve afectada por la depresión y la ansiedad.
El rendimiento de las inversiones en tratamientos supera ampliamente los costos
El nuevo estudio calcula los costos y los resultados sanitarios en 36 países de ingresos bajos, medios y altos en los 15 años que van de 2016 a 2030. Los costos estimados de la ampliación del tratamiento, principalmente el asesoramiento psicosocial y los medicamentos antidepresivos, se elevan a 147.000 millones de dólares. Sin embargo, los beneficios superan ampliamente los costos. Se calcula que la mejora de la participación y la productividad laboral en un 5% supone un beneficio de 399.000 millones de dólares, y la mejora de la salud otros 310.000 millones.
Pese a ello, las inversiones actuales en servicios de salud mental son muy inferiores a lo necesario. Según la encuesta para el Atlas de Salud Mental de la OMS 2014, los gobiernos gastan por término medio un 3% de sus presupuestos sanitarios en salud mental, cifra que oscila entre menos de un 1% en los países de ingresos bajos y un 5% en los de ingresos altos.
«Pese a que en el mundo hay cientos de millones de personas con trastornos mentales, la salud mental ha permanecido en la sombra», dijo Jim Yong Kim, Presidente del Grupo del Banco Mundial. «No se trata de una cuestión únicamente de salud pública, sino también de desarrollo. Tenemos que actuar ya porque la pérdida de productividad es algo que la economía mundial no se puede permitir.»
«La salud mental tiene que ser una prioridad mundial en el ámbito del desarrollo y de las actividades humanitarias, y una prioridad en todos los países», dijo Arthur Kleinman, Profesor de Antropología Médica y Psiquiatría en la Universidad de Harvard, y experto en salud mental mundial. «Tenemos que proporcionar tratamiento a quienes más lo necesitan, y hacerlo en las comunidades donde viven. Mientras no lo hagamos, las enfermedades mentales seguirán eclipsando el potencial de las personas y las economías.»
La expansión de los servicios de salud mental contribuirá a lograr una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015: «De aquí a 2030, reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar»..
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La exposición a ríos o costas se asocia con un impacto positivo en la salud mental y en la promoción de la actividad física.
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¿Tiene beneficios para la salud la exposición a espacios azules como fuentes, lagos, ríos o mares? Un equipo de ISGlobal, centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”, ha realizado la primera revisión internacional que existe hasta la fecha de 35 estudios cuantitativos sobre espacios azules y salud. Las conclusiones muestran que la exposición es beneficiosa, en especial para la salud mental y el bienestar, así como para la promoción del ejercicio físico.
La revisión de literatura científica, publicada en la revista International Journal of Hygiene and Environmental Health y que incluye 35 estudios en total, destaca que la evidencia científica hasta el momento indica que los niveles de actividad física aumentan cuando las personas viven cerca de espacios azules. Por otro lado, la revisión también concluye que hay evidencia de los beneficios de los espacios azules para la salud mental, en especial para la reducción del estrés, y el bienestar autopercibido.
La evidencia científica fue menos consistente en cuanto a la asociación entre espacios azules y la salud en general, la reducción de la obesidad y la salud cardiovascular. Las principales limitaciones son que en estos casos existen menos estudios y hay más heterogeneidad en los resultados. La mayoría de los estudios -todos menos cuatro- se realizaron en países de renta alta y la mayoría se centraron en la exposición a espacios azules cerca del lugar de residencia.
Mireia Gascon, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio, explica que “se trata de un tema de estudio emergente, ya que la mayoría de los trabajos se han realizado en los últimos cinco años”. “Las conclusiones sugieren potenciales beneficios de los espacios azules al aire libre para la salud, principalmente con respecto a la salud mental y el bienestar y la promoción de la actividad física”, comenta Gascon.
Por su parte, Mark Nieuwenhuijsen, coordinador del estudio y director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, valora que “aunque los resultados son alentadores, hay relativamente pocos estudios y un alto grado de heterogeneidad en la metodología de las investigaciones, por lo que se necesita realizar más trabajos”. A pesar de estas limitaciones, el investigador destaca que “la evidencia científica actual apoya la promoción y recuperación de espacios azules al aire libre dentro de la planificación urbana como una estrategia interesante para la promoción de la salud y el bienestar”.
ISGlobal participa en el proyecto europeo BlueHealth, que se inició el 2016 para estudiar la relación entre espacios azules y salud. En concreto, el centro impulsa tres estudios: la evaluación de los niveles de actividad física antes y después de las mejoras de accesibilidad al río Besós (Montcada i Reixac); el estudio WOW con trabajadores de oficina en Barcelona; y la restauración de la fuente de Can Moritz de Rubí..
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Un trabajo de Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) analiza los potenciales impactos para la salud de los vehículos sin conductor, que representan la movilidad del futuro.
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Image by Daniel Reche from Pixabay
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¿Qué impacto tendrán los vehículos autónomos en la salud pública? El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por “la Caixa”, ha participado en un trabajo que analiza los potenciales riesgos y beneficios de los vehículos autónomos en la salud pública. Las conclusiones del estudio, publicado en el Annual Review of Public Health, indican que esta nueva movilidad podría favorecer a la salud publica si su implementación promueve vehículos eléctricos y de uso compartido.
Se espera que en el año 2020 el 5% de las ventas de automóviles sean de vehículos autónomos, cifra que podría aumentar hasta el 40% en 2030 (vehículos totalmente autónomos). La “tecnología autónoma” se refiere a la que tiene la capacidad de conducir un vehículo sin necesidad de un control físico activo o monitoreo por parte de una persona. Se clasifican según su nivel de autonomía, donde el nivel “0” es aquel en el que la persona conductora controla completamente el entorno de conducción, hasta el nivel “5” de autonomía donde el vehículo tiene un sistema de conducción automatizado completo.
David Rojas, investigador de ISGlobal y de la Universidad Estatal de Colorado, y primer autor del trabajo, explica que “a nivel internacional existe poca planificación o anticipación por parte de las autoridades sobre estas nuevas tecnologías de transporte, a pesar de que los vehículos autónomos tienen el potencial de cambiar nuestras ciudades de forma significativa y modificar la forma como viajamos. Los vehículos autónomos son una innovación tecnológica que también impactará la salud pública”.
A partir de investigaciones ya publicadas, el estudio sintetiza e identifica los posibles impactos directos e indirectos a la salud que estos vehículos podrían tener sobre la población y recoge una serie de recomendaciones para los decisores públicos, profesionales de la salud e investigadores del campo.
“Los vehículos autónomos pueden resultar en beneficios o riesgos para la salud, dependiendo de cómo se implementen, qué uso tengan, qué combustible y motor usen y cómo se integren con otros medios de transporte, entre otros”, detalla Rojas.
Los vehículos totalmente automatizados podrían reducir el número de accidentes de tráfico. Si el 90% de los automóviles de los Estados Unidos se volvieran autónomos, se podrían salvar aproximadamente 25.000 vidas cada año, con un ahorro económico anual estimado de más de 200 mil millones de dólares, según indica uno de los estudios recogidos en el trabajo.
Además de los beneficios esperados asociados con la seguridad vial, los vehículos autónomos podrían ofrecer grandes oportunidades para la salud pública cuando se implementen como vehículos eléctricos, en un formato de viaje compartido, e integrados con el transporte público, las y los ciclistas y peatones. Todas estas características podrían promover la actividad física, disminuir la contaminación atmosférica y acústica, y proporcionar más espacio público para apoyar un diseño urbano saludable.
Por otro lado, los vehículos autónomos también podrían resultar en posibles riesgos para la salud si se implementan para un uso individual y con motores de combustible fósil, ya que esto aumentaría el tráfico motorizado, lo que provocaría más sedentarismo y peor calidad del aire.
Mark J. Nieuwenhuijsen, autor del estudio y director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, concluye que “la implementación de los vehículos autónomos se debe planificar lo antes posible para minimizar sus riesgos y maximizar su beneficios para la salud, con el objetivo de apoyar el transporte público y activo, priorizando las comunidades más desfavorecidas y contribuyendo a la evolución de la planificación urbana y del transporte hacia un entorno urbano más saludable”..
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Las políticas para promover el transporte activo puede producir beneficios para la salud, pero estas dependen de las características actuales de las ciudades. El aumento de la colaboración entre los diferentes profesionales de la salud, los especialistas en transporte y los planificadores urbanos ayudará a introducir la perspectiva de la salud en las políticas de transporte y promover el transporte activo.
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Las políticas que estimulan el transporte activo (a pie y en bicicleta) se han relacionado con beneficios para la salud. Este estudio, liderado por investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), centro aliado de ISGlobal y publicado en Plos One, ha tenido como objetivo evaluar los posibles riesgos y beneficios para la salud de la promoción del transporte activo para ir al trabajo en la población de grupos de edad comprendidos entre los 16 y los 64 años en seis ciudades europeas. Los investigadores han llevado a cabo una evaluación del impacto en la salud en dos escenarios: el aumento del uso de la bicicleta y caminar más.
Lo que se estimó fue la mortalidad por cualquier causa relacionada con los cambios en el nivel de actividad física, la exposición a la contaminación atmosférica por material particulado fino con un diámetro inferior a las 2,5 micras, así como las muertes de tráfico en las ciudades de Barcelona, Basilea, Copenhague, París, Praga y Varsovia. Ambos escenarios analizados produjeron beneficios para la salud en las seis ciudades. Los investigadores hallaron que un aumento del uso de la bicicleta de un 35% de todos los viajes (como en Copenhague) producía los beneficios más altos entre los diferentes escenarios analizados en Varsovia con una media de 113 muertes anuales evitadas, 61 en Praga, 37 en Barcelona y París y unas 5 en Basilea. “Un aumento en viajes a pie al 50% en todos los viajes (como en París) dio como resultado 19 muertes de media evitadas anualmente en Varsovia, 11 en Praga, 6 en Basilea, 3 en Copenhague y Barcelona. Los escenarios estudiados también mostraron una reducción en las emisiones de dióxido de carbono en las seis ciudades de 1.139 a 26.423 toneladas por año”, explica David Rojas, investigador de CREAL e ISGlobal y primer autor de este estudio.
Este estudio pone de relieve la importancia de las características existentes en las ciudades en la determinación de los impactos sobre la salud de las políticas de transporte activo. Características tales como los niveles de actividad física de base en la población, la seguridad del tráfico o la calidad del aire, puede aumentar o disminuir los beneficios asociados con las políticas de transporte activo. “Estas políticas producirán mayores beneficios para la salud cuando se centran en la población más sedentaria o en los modos de transporte más sedentarios. Es decir, los automóviles”, comenta Mark Nieuwenhuijsen, coordinador del estudio TAPAS.
“La aplicación de las políticas de transporte activo con una mejora en la seguridad del tráfico, particularmente para los modos de transporte activo, dará lugar a mayores beneficios netos para la salud. Y la mejora de la calidad del aire junto a la implementación de una política de transporte activo también reducirá los riesgos para los ciclistas y peatones, así como para todos los demás ciudadanos, y aumentará los beneficios de las intervenciones para la salud”, especifica Rojas. Según los investigadores estas características deben ser tomadas en cuenta por los creadores de políticas, ONGs, ciudadanos y los evaluadores de riesgos en la elaboración de políticas.
Las políticas de transporte activo pueden resultar en beneficios para la salud. No obstante, estas políticas deben considerar en primer lugar los actuales niveles de seguridad de tráfico en la ciudad y diseñar intervenciones apropiadas de seguridad para ciclistas y peatones para que produzcan los mayores beneficios netos para la salud. “Se necesita aplicar unas políticas de transporte que integren una perspectiva de salud en los entornos urbanos. Para lograr esto, se necesita una colaboración estrecha y fuerte entre los profesionales de la salud, los especialistas en transporte y los planificadores urbanos en las ciudades”, concluye Nieuwenhuijsen..
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La sensación de soledad tiene más consecuencias negativas para la salud que tener una red social pequeña, un escaso contacto con los miembros de la red o unas relaciones poco cercanas, según un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid.
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La diferencia entre sentirse solo y estar solo es que la soledad es un sentimiento subjetivo donde la persona experimenta la ausencia de relaciones personales satisfactorias. En cambio, estar solo es una medida objetiva del número de contactos o relaciones que una persona tiene en su red social. En este sentido, una persona puede sentirse sola estando rodeada de su pareja, familiares y amigos; y otra persona puede no sentirse sola aun teniendo una red social reducida.
Investigadores del departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en un trabajo publicado en la revista PLOS ONE, han evaluado la conexión existente entre la red social de una persona y el sentimiento de soledad, y la salud.
El equipo en el que participa Laura Rico, investigadora principal del estudio, ha observado que sentirse solo está más relacionado con la salud que tener una red social pequeña, un escaso contacto con los miembros de la red o unas relaciones poco cercanas.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores llevaron a cabo un estudio en el que entrevistaron a 10.800 adultos de España, Finlandia y Polonia. Para ello, utilizaron, por un lado, la escala de soledad de la Universidad de California, Los Ángeles, con la finalidad de evaluar los sentimientos de soledad. Y, por otro lado, y con la intención de medir la red social de los entrevistados, realizaron diversas preguntas relacionadas con el número total de personas con las que la persona entrevistada podía contar, cuál era la frecuencia con la que se veían y el nivel de cercanía de la relación.
Se hallaron pequeñas diferencias entre las puntuaciones acerca de la soledad obtenidas entre los distintos países, siendo Polonia el que más personas afirmaban sentirse solas, seguido por España y Finlandia.
“Esta diferencia podría deberse a características culturales. Por ejemplo, en los países más individualistas, como los nórdicos, se ha observado una falta de expectativas en cuanto a las interacciones sociales y una baja probabilidad de decepción ante las relaciones”, afirma Laura Rico, autora principal del trabajo.
También se apreció que son las personas mayores las que reportan más sentimientos de soledad que los jóvenes. “Esto puede ser debido a que, según van pasando los años, la probabilidad de vivir eventos que favorecen la aparición de estos sentimientos es mayor; como por ejemplo, la jubilación, la pérdida de seres queridos o los cambios de residencia a centros de cuidados”, afirma la autora.
Frecuencia del contacto
Por otra parte, cuando los investigadores analizaron los tres componentes de la red social, constataron que la frecuencia del contacto entre sus integrantes tenía una implicación significativa en la salud de las personas. Es decir, ver frecuentemente, cara a cara, a amigos, familiares y vecinos está más asociado a poseer buena salud que tener un gran número de personas con las que se pueda contar o que nuestra relación con esas personas sea muy cercana.
Este es uno de los primeros trabajos que se hace con un número tan elevado de participantes representando a la población adulta de países de diferentes regiones de Europa; países que cuentan con sistemas sociales y socioeconómicos distintos, y que poseen características relativas a la salud dispares.
Además, este estudio es uno de los primeros que desgrana y analiza, individualmente, los componentes de la red social de una persona con la intención de comprobar su relación con la salud y, a su vez, observar la conexión con la soledad y la salud.
Los resultados de esta investigación destacan la importancia que tienen la soledad y las redes sociales en la salud pública. Por eso, no debemos olvidar que prevenir, evaluar y/o enseñar estrategias que favorezcan el manejo de la soledad puede tener igual o mayor beneficio que fortalecer la red social de una persona con el fin de mejorar su salud.
En el trabajo también han participado investigadores de otros países europeos, del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y de la Organización Mundial de la Salud..
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Referencia bibliográfica | Rico, L.A.; Caballero, F.F.; Olaya, B.; Tobiasz, B.; Koskinen, S.; Leonardi, M.; Haro, J.M.; Chatterji, S.; Ayuso, J.L. & Miret, M. (2016). “Loneliness, Social Networks, and Health: A Cross-Sectional Study in Three Countries”. PLoS ONE. Doi: 10.1371/journal. pone.0145264 .
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En Europa, en 2013, las centrales de carbón causaron 22.900 muertes prematuras y unos costes de salud de 62.300 millones de euros. Las centrales españolas provocan en toda Europa 1.530 muertes prematuras.
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Central térmica de carbón en Reino Unido. © Global Warming Images / WWF
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La contaminación procedente de las centrales térmicas de carbón y sus impactos sobre la salud no conocen fronteras. Solo eliminando completamente el carbón se evitaría la muerte prematura de miles de personas en Europa. Así lo afirma el nuevo informe ‘La nube negra sobre Europa: efectos de la quema de carbón sobre la salud y la economía de la UE’, publicado por WWF junto a la Alianza para la Salud y el Medio Ambiente (HEAL) y la Red de Acción por el Clima en Europa (CAN). Las centrales europeas y nacionales causan en España 1.170 muertes prematuras, comparables con las 1.128 muertes en accidente de tráfico en el mismo año de referencia 2013.
El informe “La nube negra sobre Europa: efectos de la quema de carbón sobre la salud y la economía de la UE” analiza los impactos sobre la salud provenientes de la contaminación del aire de todas las plantas de carbón de las que se tienen datos (257 de las 280). Este informe revela que en 2013 las emisiones provenientes del carbón en toda Europa fueron responsables de más de 22.900 muertes prematuras (comparables con las 26.000 muertes en accidente de tráfico en el mismo año en Unión Europea), decenas de miles de casos de mala salud por enfermedades del corazón o bronquitis, y un gasto de hasta 62.300 millones de euros en costes sanitarios. Por primera vez, el informe analiza cómo viaja el polvo nocivo producido por estas centrales a través de las fronteras europeas, y el efecto que tiene dentro y fuera.
Los cinco países que más muertes provocan fuera y dentro de su territorio son Polonia (5.830 muertes prematuras), Alemania (4.350), Reino Unido (2.870). Rumanía (2.170) y Bulgaria (1.570). España es el sexto país responsable en muertes prematuras causadas por las plantas de carbón, con un total de 1.530 en 2013, de las cuales 840 se producen en nuestro país. Es decir, las centrales españolas de carbón provocaron en 2013, fuera de sus fronteras, 690 muertes prematuras. En España, la central que más muertes prematuras genera es la de “Andorra”, en Teruel; y las que más contaminan son las de ‘Aboño’, en Asturias, ‘As Pontes’, en Galicia y ‘Litoral’, en Almería.
Por su parte, los peores impactos sobre la salud debido a la quema de carbón los sufren los ciudadanos de Alemania, con 3.630 muertes prematuras provocadas por las centrales europeas (incluyendo las del propio país), seguida de Reino Unido (2.100), Polonia (1.860), Italia (1.610), Francia (1.380), Rumanía (1.280) y España (1.170).
Además de las muertes prematuras, los contaminantes también causan otras enfermedades, como cerca de 11.800 nuevos casos de bronquitis crónicas y 538.000 millones de ataques de asma en niños. Aproximadamente 21.000 ingresos hospitalarios y 6,6 millones de pérdidas de días de trabajo están relacionados con las emisiones de las centrales de carbón en Europa.
Los impactos del carbón en la salud, junto con la reducción de la productividad causada por la abstención en el trabajo, están generando un gran impacto económico: entre 32.400 y 62.300 millones de euros en 2013. Estos costes no están cubiertos por el sector del carbón sino que los asume la sociedad, incluyendo los costes directos e indirectos en la salud que recaen sobre los presupuestos nacionales en sanidad, costes soportados a través de tratamientos individuales para la gente afectada y pérdidas económicas asociadas a la reducción en la productividad.
Según Raquel García, técnico del programa de clima y energía de WWF España: ‘El cierre de las centrales térmicas de carbón es imprescindible para cumplir con el acuerdo de París, en el que se acordó entre todos los países asistentes limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 1,5ºC y el 18% de las emisiones de efecto invernadero de Europa proceden de las 280 centrales de carbón’. Y añade: ‘En España, pedimos el fin de las subvenciones al carbón en 2018 y el cierre de las centrales de carbón en 2025, con una transición justa para el sector minero. El objetivo final es un modelo 100% renovable para España en 2050’.
La nota positiva del informe es que ya hay siete países de la Unión Europea que no queman carbón: Bélgica, Chipre, Estonia, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. Portugal también se ha comprometido a dejar el carbón para 2020, y Reino Unido reducirá gradualmente el carbón para 2025. En Austria, las empresas que tienen sus propias centrales de carbón anunciaron que podían desmantelarlas todas para 2025.
La OMS apoya el informe “La nube negra sobre Europa”
“La contaminación del aire es responsable de millones de muertes en todo el mundo. El incremento de las temperaturas, consecuencia del cambio climático, sólo empeorarán el problema. Las buena noticia es que reducir nuestro uso de combustibles fósiles – incluyendo las nocivas emisiones del carbón – ofrece una oportunidad única para mejorar la calidad del aire y mitigar el cambio climático, y por consiguiente proteger la salud es el gran reto de salud pública de este siglo”, sostiene el doctor Roberto Bertollini, científico jefe y representante de la Organización Mundial de la Salud en la Unión Europea..
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Los niños que han estado expuestos a altos niveles de contaminación del aire corren también más riesgo de contraer afecciones crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, en etapas posteriores de su vida.
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Todos los días, cerca del 93% de los niños y niñas del mundo menores de 15 años (es decir, 1.800 millones de niños y niñas) respiran aire tan contaminado que pone en grave peligro su salud y su crecimiento. Desgraciadamente, muchos de ellos acaban falleciendo: de acuerdo con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 600.000 niños murieron en 2016 a causa de infecciones respiratorias agudas de las vías respiratorias bajas causadas por el aire contaminado.
En el nuevo informe de la OMS Contaminación del aire y salud infantil: prescribimos aire limpio se examina el alto costo de la contaminación del aire en el entorno exterior y en los hogares para la salud de los niños y niñas del mundo, sobre todo en los países de ingresos medianos y bajos. El informe se presenta en vísperas de la primera Conferencia Mundial de la OMS sobre Contaminación del Aire y Salud.
De acuerdo con este informe, la exposición al aire contaminado puede dar lugar a que las embarazadas den a luz prematuramente y a que los recién nacidos sean más pequeño y de bajo peso. Además, esta contaminación afecta al desarrollo neurológico y la capacidad cognitiva de los niños y puede causarles asma y cáncer. Los niños que han estado expuestos a altos niveles de contaminación del aire corren también más riesgo de contraer afecciones crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, en etapas posteriores de su vida.
El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, explica: «El aire contaminado envenena a millones de niños y está arruinando sus vidas. No podemos permitirlo. Todos los niños deberían respirar aire limpio para crecer y desarrollarse plenamente».
Una de las razones por las que los niños sufren más los efectos de la contaminación del aire es que, al respirar más rápido que los adultos, absorben más contaminantes.
Además, viven más cerca del suelo, donde algunos contaminantes alcanzan concentraciones máximas, en un momento en que su cuerpo y su cerebro aún se están desarrollando.
Los recién nacidos y los niños pequeños también son más vulnerables al aire contaminado en los hogares donde se utilizan habitualmente combustibles y tecnologías contaminantes para la cocina, la calefacción y la iluminación domésticas.
De acuerdo con la Dra. María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS, "la contaminación del aire impide que el niño se desarrolle normalmente y tiene más efectos en su salud que los que sospechábamos. Afortunadamente, disponemos de varias medidas muy sencillas para reducir las emisiones de contaminantes peligrosos".
La Dra. Neira explica que "la OMS está ayudando a aplicar políticas en favor de la salud, como el fomento de la adopción de combustibles y tecnologías no contaminantes para cocinar y calentar los hogares, la promoción de medios de transporte menos contaminantes, la eficiencia energética de las viviendas y la planificación urbana. Estamos preparando el terreno para generar energía con menos emisiones, usar tecnologías industriales más seguras y menos contaminantes y gestionar mejor los desechos urbanos".
Estas son las principales conclusiones del informe:
• La contaminación del aire afecta el desarrollo neurológico, como indican los resultados en las pruebas cognitivas, y dificulta el desarrollo psíquico y motor.
• La contaminación del aire perjudica la función pulmonar de los niños, incluso a niveles bajos de exposición.
• El 93% de los niños del mundo menores de 18 años —entre ellos, 630 millones de niños menores de 5 años y 1800 millones de niños menores de 15 años— están expuestos a niveles de partículas finas del entorno (PM2,5) superiores a los fijados en las directrices sobre la calidad del aire de la OMS.
• En los países de ingresos medianos y bajos de todo el mundo, el 98% de los niños menores de 5 años respiran aire con niveles de PM2,5 superiores a los establecidos en dichas directrices, mientras que ese porcentaje es del 52% en los países de altos ingresos.
• Más del 40% de la población mundial —lo cual incluye a 1000 millones de niños menores de 15 años— está expuesta a niveles elevados de contaminación del aire en su hogar debido, principalmente, al uso de tecnologías y combustibles contaminantes para cocinar.
• En 2016, alrededor de 600 000 niños menores de 15 años fallecieron por la suma de los efectos de la contaminación del aire ambiental y doméstico.
• En conjunto, la contaminación del aire de los hogares ocasionada por los combustibles usados para cocinar y la contaminación del aire del entorno exterior causan más del 50% de las infecciones agudas de las vías respiratorias bajas en los niños menores de 5 años que viven en países de ingresos medianos y bajos.
• La contaminación del aire es una de las principales amenazas para la salud infantil y causa casi 1 de cada 10 defunciones de niños menores de cinco años.
La primera Conferencia Mundial de la OMS sobre la Contaminación del Aire y Salud, que se inaugurará en Ginebra el martes 30 de octubre, brindará la oportunidad de comprometerse a actuar contra este problema a dirigentes mundiales; ministros de salud, energía y medio ambiente; alcaldes; directores de organizaciones intergubernamentales; científicos, y otros interesados. Las medidas que se pueden adoptar contra esta grave amenaza para la salud, que acorta la vida de unos 7 millones de personas cada año, son las siguientes:
• En el sector de la salud: informar y educar a los profesionales sanitarios, ofrecerles recursos y darles voz para formular políticas intersectoriales.
• Aplicar políticas para reducir la contaminación del aire: todos los países deben tratar de cumplir las directrices mundiales de la OMS sobre la calidad del aire para proteger a los niños y mejorar su salud. Con ese fin, los gobiernos deben adoptar varias medidas, entre ellas reducir la excesiva dependencia del conjunto de fuentes energéticas en los combustibles fósiles, invertir en la mejora de la eficiencia energética y facilitar la adopción de fuentes de energía renovables. Además, se pueden eliminar mejor los desechos y reducir su quema en las comunidades para mejorar la salubridad del aire. El uso exclusivo de tecnologías y combustibles no contaminantes para la cocina, la calefacción y la iluminación domésticas puede mejorar drásticamente la calidad del aire dentro de los hogares y en el entorno circundante.
• A fin de reducir la exposición de los niños al aire contaminado, las escuelas y los patios de recreo se deben ubicar lejos de las principales fuentes de contaminación del aire, como las carreteras, las fábricas y las centrales eléctricas.
Campaña «Respira la vida» (BreatheLife) contra la contaminación del aire: el objetivo de esta campaña, una colaboración de la OMS, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio para Reducir los Contaminantes del Clima de Corta Vida, es concienciar a los gobiernos y las personas e incitarles a actuar contra la contaminación del aires..
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De acuerdo con dos nuevos informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de una cuarta parte de las defunciones de niños menores de cinco años son consecuencia de la contaminación ambiental.
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Cada año, las condiciones insalubres del entorno, tales como la contaminación del aire en espacios cerrados y en el exterior, la exposición al humo de tabaco ajeno, la insalubridad del agua, la falta de saneamiento y la higiene inadecuada, causan la muerte de 1,7 millones de niños menores de cinco años.
En el primer informe, titulado La herencia de un mundo sostenible: Atlas sobre Salud Infantil y Medio Ambiente, se indica que una gran parte de las enfermedades que se encuentran entre las principales causas de muerte de los niños de un mes a 5 años —como las enfermedades diarreicas, el paludismo y las neumonías— pueden prevenirse mediante intervenciones que reducen los riesgos ambientales, tales como el acceso al agua potable y el uso de combustibles menos contaminantes para cocinar.
La Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que «la insalubridad del medio ambiente puede ser letal, especialmente para los niños pequeños, que son especialmente vulnerables a la contaminación del aire y el agua debido a que sus órganos y su sistema inmunitario se están desarrollando y a que todo su cuerpo, en especial sus vías respiratorias, es más pequeño».
La exposición a sustancias peligrosas en el embarazo aumenta el riesgo de prematuridad. Además, la contaminación del aire en espacios cerrados y en el exterior y la exposición al humo de tabaco ajeno aumenta el riesgo que corren los bebés y niños en edad preescolar de contraer neumonías en su infancia y enfermedades respiratorias crónicas (por ejemplo, asma) durante toda la vida. La contaminación del aire también puede aumentar el riesgo de sufrir cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y cáncer a lo largo del ciclo de vida.
Las cinco principales causas de muerte en los niños menores de cinco años guardan relación con el medio ambiente
En el otro informe, titulado ¡No contamines mi futuro! El impacto de los factores medioambientales en la salud infantil, se ofrece un panorama general de las consecuencias de la contaminación del medio ambiente en la salud de los niños, aportando datos que ilustran la magnitud del problema. Cada año:
► 570 000 niños menores de cinco años fallecen como consecuencia de infecciones respiratorias (entre ellas las neumonías) causadas por la contaminación del aire en espacios cerrados y en el exterior y la exposición al humo de tabaco ajeno.
► 361 000 niños menores de cinco años fallecen a causa de enfermedades diarreicas debidas al acceso insuficiente a agua salubre, saneamiento e higiene.
► 270 000 niños fallecen en el transcurso del primer mes posterior al parto por diversas causas —entre ellas la prematuridad— que podrían prevenirse proporcionando acceso a agua potable y a instalaciones de saneamiento e higiene en los centros de salud, y reduciendo la contaminación del aire.
► 200 000 defunciones por paludismo de niños menores de cinco años podrían evitarse actuando sobre el medio ambiente, por ejemplo, reduciendo el número de criaderos de mosquitos o cubriendo los depósitos de agua.
► 200 000 niños menores de cinco años mueren a causa de lesiones o traumatismos involuntarios relacionados con el medio ambiente, como envenenamientos, caídas y ahogamientos.
Factores de riesgo ambientales actuales y emergentes para la salud infantil
La Dra. Maria Neira, Directora del Departamento de Salud Pública y Determinantes Medioambientales y Sociales de la Salud de la OMS, señala que "la contaminación del medio ambiente tiene un altísimo costo para la salud de nuestros hijos. Toda inversión encaminada a eliminar los riesgos relacionados con el entorno, como la mejora de la calidad del agua o el empleo de combustibles menos contaminantes, reportará mejoras importantes para su salud".
Un ejemplo de riesgo emergente son los residuos eléctricos y electrónicos (por ejemplo, los teléfonos móviles usados) que, al no ser reciclados adecuadamente, exponen a los niños a toxinas que pueden afectar a sus aptitudes cognitivas y causar déficits de atención, lesiones pulmonares y cáncer. Se ha estimado que, entre 2014 y 2018, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos se incrementarán en un 19% y alcanzarán los 50 millones de toneladas.
Debido al cambio climático, están aumentando las temperaturas y las concentraciones de dióxido de carbono, factores que favorecen la producción de polen, que se ha asociado a un incremento de las tasas de asma en los niños. Entre un 11% y un 14% de los niños de cinco años presentan síntomas de asma, y se estima que el 44% de esos síntomas guardan relación con la exposición a riesgos ambientales. La contaminación del aire, la exposición al humo de tabaco ajeno, y el moho y la humedad de los espacios interiores agravan el asma en los niños.
En los hogares que no tienen acceso a servicios básicos, como el agua potable y el saneamiento, o en los que se respira el humo de combustibles contaminantes, como el carbón o el estiércol utilizados para la cocina y la calefacción, los niños corren un mayor riesgo de contraer enfermedades diarreicas y neumonías.
Los niños también están expuestos a productos químicos nocivos contenidos en los alimentos, el agua, el aire y otros productos de su entorno. Los productos químicos, como los fluoruros, los plaguicidas que contienen plomo y mercurio, los contaminantes orgánicos persistentes y otras sustancias presentes en productos manufacturados pueden acabar entrando en la cadena alimentaria. Asimismo, aunque la gasolina con plomo se ha eliminado casi por completo en todos los países, muchas pinturas contienen este metal y pueden afectar al desarrollo del cerebro.
Medidas para que los niños vivan en entornos saludables
La reducción de la contaminación atmosférica dentro y fuera de los hogares, el acceso a agua potable, el saneamiento y la desinfección (en especial en los paritorios), la protección de las embarazadas frente al humo de tabaco ajeno y las medidas de higiene del entorno pueden prevenir muchas muertes y enfermedades infantiles.
Es necesario el trabajo conjunto de varios sectores gubernamentales, que pueden trabajar juntos para aplicar las siguientes medidas:
► Hogares: usar combustibles no contaminantes para la cocina y la calefacción, sin mohos ni plagas, y eliminar los materiales de construcción contaminantes y las pinturas que contienen plomo.
► Escuelas: garantizar el saneamiento y la higiene, crear entornos sin ruido ni contaminación y promover una buena nutrición.
► Centros de salud: garantizar el abastecimiento de agua potable, el saneamiento, la higiene y el suministro eléctrico sin cortes.
► Urbanismo: crear más zonas verdes y espacios seguros para los peatones y los ciclistas.
► Transporte: reducir las emisiones y ampliar el transporte público.
► Agricultura: reducir el uso de plaguicidas peligrosos y erradicar el trabajo infantil.
► Industria: eliminar adecuadamente los residuos peligrosos y recortar el uso de productos químicos nocivos.
► Sector de la salud: hacer un seguimiento de los resultados sanitarios y educar a la población sobre los efectos de la salud ambiental y la importancia de la prevención.
En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los países están trabajando para alcanzar una serie de metas que pueden orientar las intervenciones en materia de higiene del entorno en que viven los niños y poner fin a las muertes prevenibles de los recién nacidos y los niños menores de cinco años de aquí a 2030. Además del SDG 3 («Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades»), el logro de otros ODS permitirá mejorar el acceso a agua salubre, el saneamiento y la higiene; llevar a cabo la transición a energías no contaminantes para mejorar la salubridad del aire, y revertir el cambio climático, unas metas que, sin duda, tendrán efectos positivos en la salud de los niños..
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Los pacientes que realizaron el programa de prevención predictD consiguieron evitar el inicio de episodios de depresión en un 23% y de ansiedad en un 21%, respecto a aquellos otros que siguieron sus cuidados habituales en el centro de salud.
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El 5% de las personas sufren depresión. Además de ser frecuente, la depresión también es una causa importante de sufrimiento humano, para la propia persona y su familia. En este sentido, en el año 2010 la depresión ocupó el 4º puesto en el ranking mundial de carga de enfermedad (suma de años vividos con mala calidad de vida) en el mundo occidental y se calcula que para el año 2030 ocupará el primer puesto. Al sufrimiento humano hay que añadirle los enormes costes, para los servicios de salud y para la sociedad en general, que la depresión produce. Alrededor del 70% de estos costes son atribuibles a la falta de productividad en el trabajo y las bajas laborales.
Actualmente existen tratamientos para la depresión que son razonablemente eficaces. Sin embargo, estos tratamientos sólo consiguen reducir la carga de enfermedad en un 20-30%, porque no todos los casos de depresión son diagnosticados en las consultas; cuando son diagnosticados, no todos reciben el tratamiento adecuado y cuando lo reciben, muchos pacientes no siguen los tratamientos. Por eso, si se consiguiera impedir que los episodios de depresión ni siquiera comenzaran, se podría evitar gran parte del sufrimiento y de los costes que produce esta cruel enfermedad. La forma de conseguirlo es mediante la prevención.
En el estudio que se ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Annals of Internal Medicine se investigó si una sencilla intervención de prevención, la “intervención predictD”, facilitada por los médicos de familia en los centros de salud, podría activar y empoderar a las personas de tal forma que éstas evitaran la aparición de la depresión en sus vidas.
El Dr. Juan Bellón, coordinador del estudio, explica cómo funciona esta intervención: “nosotros previamente desarrollamos y validamos un sistema de predicción de la depresión, el “algoritmo de riesgo predictD”, el cual nos permite conocer la probabilidad de deprimirse en el próximo año en una determinada persona”.
En la intervención los pacientes contestan a algunas preguntas sobre factores de riesgo de la depresión: edad; sexo; calidad de vida mental; calidad de vida física; antecedentes de haber padecido depresión a lo largo de la vida; haber sufrido abusos físicos en la infancia; estar tomando actualmente alguna medicación para la ansiedad, estrés o depresión; insatisfacción con la convivencia en el hogar e insatisfacción con el trabajo no remunerado (trabajo en el hogar básicamente). A partir de las contestaciones una "calculadora" situada en la web hace los cálculos matemáticos y le da al paciente una probabilidad del inicio de un episodio de depresión mayor en el próximo año. Por tanto, se trataría de una predicción muy parecida a las que se hace por ejemplo para saber si un determinado día va a llover o si te va a dar un infarto al corazón en los próximos 10 años. “Nuestro grupo de investigación” explica el Dr. Bellón “fuimos los primeros en el mundo en desarrollar y validar un algoritmo de riesgo para predecir la depresión y su validez es tan buena o incluso un poquito mejor que los que usamos habitualmente en las consultas de atención primaria para predecir las enfermedades cardio-vasculares”.
Una vez se le comunicaba al paciente su probabilidad de riesgo de depresión, se debatía con él sobre aquellos factores de riesgo que en su caso particular podrían afectarle sobre esa probabilidad, intentando que el paciente entienda y asimile la información adecuadamente, además se procura estimular el descubrimiento y uso de los propios recursos del paciente y su entorno para prevenir la depresión. La gran novedad, destaca el Dr. Juan Bellón es que “el médico de familia tiene por tanto un papel facilitador, mientras que el paciente es el verdadero protagonista de su salud, activándose y empoderándose para prevenir la depresión”. Estos encuentros médico-paciente se repitieron cada 6 meses durante los 18 meses que duró el estudio y es el núcleo de la intervención predictD para prevenir la depresión.
Los pacientes que realizaron el programa de prevención predictD consiguieron evitar el inicio de episodios de depresión en un 23% y de ansiedad en un 21%, respecto a aquellos otros que siguieron sus cuidados habituales en el centro de salud. “Esta reducción es modesta”, según señala el propio Dr. Bellón , aunque del mismo tamaño que el promedio de las intervenciones para prevenir la depresión que se han estudiado hasta ahora. “Sin embargo”, continua “lo destacable es que la intervención predictD aporta una forma de prevenir la depresión completamente diferente de lo investigado hasta ahora”. Y concluye“el programa de prevención de la depresión predictD es una intervención muy sencilla y prometedora que previene la depresión y la ansiedad”.
El programa de prevención predictD es muy sencillo y aprovecha los recursos que los médicos de familia y los pacientes ya tienen. Los médicos de familia apenas necesitan un breve taller de formación y los pacientes sólo deben realizar una visita de 10 minutos con su médico de familia cada 6 meses; mientras que los programas de prevención evaluados hasta ahora los suelen llevar a cabo especialistas en salud mental, implicando una mayor complejidad y duración (6-12 sesiones semanales de 45-60 minutos).
El hecho de que la prevención se haga en atención primaria aprovecha la buena relación que en general los pacientes tienen con sus médicos de familia. Además, el conocimiento previo que el médico de familia tiene de la salud y de la vida del paciente y su familia puede ahorrar tiempo a la hora de entender y hablar sobre los factores de riesgo de depresión de cada paciente. Otra ventaja es que el médico de familia puede abordar directamente aquellos factores de la salud física de cada paciente que pudieran contribuir a incrementar su riesgo de depresión (bronquitis crónica, diabetes, infarto cerebral o al corazón, dolor crónico, etc.), lo cual no es posible desde un enfoque exclusivamente psicológico.
El programa de prevención predictD tuvo muy buena aceptación y adherencia tanto por parte de los pacientes, como de los médicos de familia que lo implementaron que también se mostraron muy satisfechos.
La investigación que se ha publicado en Annals of Internal Medicine es sólo el primero del conjunto de ensayos clínicos que se necesitan para generalizar este tipo programas de prevención a la población. Los investigadores siguen trabajando en esta intervención predictD analizando sus áreas de mejora y su coste-efectividad y este mismo año se comenzará un nuevo ensayo clínico con una nueva versión mejorada del programa de prevención de la depresión.
En este estudio han participado investigadores españoles de la Red de Investigación en Actividades Preventivas y de Promoción de la salud (redIAPP), de la UCL del Reino Unido y de la Universidad de Sydney. Este proyecto (el proyecto predictD-CCRT) está liderado por un grupo de investigación de la redIAPP de Málaga, cuyo coordinador es el doctor Juan Bellón, médico de familia del centro de salud El Palo de Málaga y responsable del grupo de investigación Salud Mental, Servicios y Atención Primaria-SAMSERAP del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA). El proyecto predictD-CCRT fue financiado por el ISCIII, los Fondos FEDER Europeos, la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y la redIAPP. El estudio se llevó a cabo en 70 centros de salud de Málaga, Granada, Jaén, Barcelona, Zaragoza, Bilbao y Valladolid, participando 140 médicos de familia y 3.326 pacientes de atención primaria..
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Tras la resaca de la Navidad y el comienzo de año, llega el momento de los buenos propósitos. Entre ellos suele estar hacer deporte y tener hábitos más saludables. Hemos hablado con varios expertos sobre los últimos estudios de consumo de alcohol y su impacto en la salud, ya que cada vez más gente en España cree que tiene algún beneficio, cuando no es real.
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Son las 9 de la mañana, y el laboratorio está en absoluto silencio. Rudolph Schutte prepara una solución de etanol al 70% para desinfectar los equipos cuando, de buenas a primeras, levanta la vista de los instrumentos y suelta una sonora carcajada. “Es asombroso, absolutamente increíble, que consumamos por diversión la misma sustancia que usamos para matar bacterias y virus”, dice para sus adentros este experto en fisiología cardiovascular y epidemiología de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido).
La anécdota nos la cuenta al preguntarle por sus últimos estudios acerca de los efectos del consumo de alcohol sobre la salud y los mitos acerca de la protección cardiovascular entorno a esta sustancia. “El gel hidroalcohólico que empleamos desde que empezó la pandemia de covid-19 para desinfectar las manos es precisamente eso, alcohol, etanol”, puntualiza. Y ese etanol no solo destruye microorganismos: destruye en general a las células. “Está claro que nos han tenido que lavar muy bien el cerebro para que nos hayamos creído que consumir alcohol podría tener algún beneficio para la salud, ¿no le parece?”, continúa.
No le faltan razones para estar asombrado. Para empezar, porque el alcohol se relaciona de manera causal con más de 200 enfermedades y con 6 tipos de cáncer. Pero también porque, a escala global, es el tercer factor de riesgo relacionado con los estilos de vida con mayor carga de enfermedad. Y sin embargo, la última encuesta de consumo de drogas realizada en España por el Ministerio de Sanidad indica que cada vez más gente cree que beber alcohol es saludable o forma parte de una dieta equilibrada.
Estudios fallidos por mala praxis
Uno de los motivos por los que hasta ahora los estudios arrojaban datos confusos sobre los verdaderos efectos del alcohol, opina Schutte, es que las comparaciones se hacían entre abstemios y bebedores. “Eso suponía un problema, porque un largo porcentaje de abstemios lo es por problemas de salud, lo que implica que en realidad son un grupo de alto riesgo, y no un adecuado grupo de control”, aclara. La buena noticia es que este aspecto de los estudios ha cambiado y se suele calcular el riesgo (o beneficio) del consumo de alcohol comparando a los bebedores ocasionales con los consumidores moderados. “Y ahí ya se está viendo claramente que la relación entre consumo de alcohol y salud es lineal”, avanza Schutte.
Otra mala praxis que enmascaraba el perjuicio que supone el consumo de alcohol era mezclar todo tipo de bebidas alcohólicas en los estudios epidemiológicos. “Se ha hecho aun sabiendo que el efecto perjudicial del vino es mucho menor que el de la cerveza y otras bebidas espiritosas”, lamenta el investigador, que no es nada partidario de meterlas a todas en el mismo saco.
A esto se le suma que, en lo que a salud cardiovascular se refiere, hasta hace poco el foco de atención se centraba en los efectos de la bebida sobre la incidencia de enfermedades de las arterias coronarias y de infarto de miocardio. Si se amplía a otras patologías vasculares, los posibles efectos protectores del alcohol desaparecen.
“Existe una asociación favorable entre el alcohol procedente del consumo de vino y la salud coronaria, que por cierto aún no sé explicar, quizás se deba al popular el revesratol”, apunta el científico. “Pero el consumo de otras bebidas alcohólicas tiene el efecto contario: hace que aumenten las cardiopatías”.
Mejor no consumir, y si se hace, lo mínimo
La conclusión de Schutte es rotunda: la cantidad recomendada de alcohol debería ser cero. “Mis investigaciones indican que incluso una o dos pintas de cerveza al día pueden perjudicar a la salud”, justifica en alusión al estudio que acaba de publicar en la revista científica Journal of Hyperthension basado en el seguimiento a 500.000 pacientes durante siete años.
Rosario Ortolá, investigadora en el departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, es de la misma opinión. “Venimos de unos años de mensajes confusos a la población basados en algunos estudios epidemiológicos que afirmaban que beber una o dos bebidas alcohólicas al día mejoraba la salud cardiovascular, incluso se empezó a recomendar una copita de vino diaria como hábito saludable, pero los estudios tenían déficits metodológicos importantes”, corrobora. En efecto, una vez que se han corregido, hemos visto que el consumo de alcohol es dañino incluso en cantidades pequeñas.
“Lo que decimos en Salud Pública ahora mismo es que no hay evidencia científica alguna de que para mejorar la salud haya que recomendar beber alcohol y que, aunque los riesgos de beber un vaso de alcohol al día son ínfimos, está demostrado que aumenta riesgo de cáncer, mama, colon y estómago”. Razones de sobra, subraya, para que sea mejor evitarlo. “No consumir alcohol, y si se consume, cuanto menos mejor: ese es el mensaje”, resume. Aunque es consciente de que la misión de la Salud Púbica nos es prohibir sino informar sobre los riesgos “para que cada persona tome una decisión con conocimiento de causa”.
Ortolá es partidaria de desterrar la expresión “consumo moderado” y reemplazarla por “consumo de bajo riesgo”. “Es lo que se está empezando a hacer en los círculos epidemiológicos, y esa nueva terminología implica que asumimos que el riesgo cero no existe cuando consumimos alcohol”, matiza.
El caso particular del vino
¿Y el resveratrol? ¿Ha dejado de ser la panacea este polifenol, antioxidante natural, presente en los arándanos, la uva y el vino tinto? Pues no está tan claro y, aunque lo fuera, “querer consumir este polifenol antioxidante tan potente nunca puede ser una justificación para beber alcohol, porque está presente también en muchas frutas”.
Puesta a desterrar mitos, Ortolá también pone en duda que los beneficios del vino sean tan distintos a las del resto de bebidas. “Posiblemente es una ilusión óptica, una mala interpretación de los datos: obviamos que las personas que consumen vino suelen tener mayor nivel socioeconómico, siguen dietas más saludables y practican más ejercicio físico”.
Maira Bes Rastrollo, profesora de medicina preventiva y salud pública en la Universidad de Navarra, incorpora algunos matices. “Aunque como experta en salud pública soy partidaria del alcohol cero, basándonos estrictamente en las evidencias no podemos simplificar tanto el mensaje”. Está claro que no se debe fomentar que quien no consume alcohol empiece a hacerlo. Pero, ¿qué pasa con las personas que ya beben y quieren seguir haciéndolo? “Pues todo depende de la edad: en menores de 30 años, la tolerancia con el alcohol debe ser cero, ninguna persona debería beber; pero a partir de los 40 la cosa cambia un poco”, le explica a SINC.
Lo hace poniendo sobre la mesa datos del último informe sobre la Carga Mundial de las Enfermedades (Global Burden of Disease, en inglés), publicados por la revista The Lancet hace pocos meses. Los análisis indican que el 59,1% de los adultos jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 39 años están consumiendo cantidades de alcohol que ponen en riesgo su salud. Y si nos fijamos solo en los hombres se eleva hasta el 76,7%. Preocupante, no cabe duda.
Sin embargo, y aquí viene la polémica, los datos indican también que a partir de los cuarenta “un consumo muy, muy moderado puede tener cierto efecto protector frente a enfermedades cardiovasculares y diabetes”. En esos casos, en lugar de indicarle al paciente tajantemente “deje usted de beber”, se le puede recomendar “mantener un consumo muy moderado, optando preferentemente por vino tinto, sin llegar jamás a emborracharse, repartido a lo largo de toda la semana y acompañando siempre a las comidas”, relata la investigadora. Es decir, lo que los expertos denominan un patrón mediterráneo del consumo de alcohol.
Informar en el etiquetado como con el tabaco
Bes está implicada en un proyecto llamado Nameti que aspira a ser el primer estudio en medir de manera objetiva la influencia que la bebida tiene en nuestro organismo, con un ensayo aleatorizado y sin influencia de la industria. Para despejar las dudas sobre los efectos del alcohol de una vez por todas.
Sea cual sea el resultado, si algo tiene claro Maira Bes es que “si alguien bebe mucho alcohol, la recomendación será siempre que disminuya el consumo, aunque cuánto exactamente dependerá de su edad”. Pero “bajo ningún concepto los expertos en salud podemos recomendarle a un paciente que empiece a beber como medida protectora, eso es una aberración”, insiste la investigadora navarra.
Esto se explica no solo por las implicaciones fisiológicas directas, sino porque el alcohol dispara el riesgo de accidentes de tráfico, pérdida de autocontrol y depresión. Además de que se le atribuyen el 22% de las muertes con violencia interpersonal, aumenta el riesgo de contraer tuberculosis y sida.
Parecen motivos de sobra para que la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) reclame que se obligue por ley a incorporar en las bebidas alcohólicas un etiquetado con información nutricional y advertencias sobre los daños que produce el consumo de alcohol, de forma similar a lo establecido con los envases de tabaco, como ya han hecho varios países europeos.
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