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El cambio climático aumentará los incendios forestales producidos por rayos de tormenta

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El Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) encabeza un estudio que concluye que los rayos podrían aumentar un 40% antes del fin de este siglo. El trabajo apunta a un gran aumento de los incendios forestales en la cuenca mediterránea, además de en el centro y en la costa occidental de Norteamérica.
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El cambio climático aumentará los incendios forestales producidos por rayos de tormenta
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Los rayos son la principal causa de incendios naturales en el mundo, que pueden propagarse rápidamente en función de las condiciones meteorológicas y del combustible disponible, liberando a la atmósfera cantidades considerables de carbono, óxidos de nitrógeno y otros gases que intervienen en la crisis climática. Distintos estudios han sugerido que la frecuencia y distribución de los rayos puede cambiar en el futuro, y un estudio encabezado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y publicado en Nature Communications muestra un aumento de más del 40% en los rayos totales, lo que aumenta a su vez el riesgo de incendios forestales.

“Este trabajo pretende explorar la variación de los rayos para predecir patrones futuros de incendios forestales, y para ello hemos combinado las mediciones de rayos proporcionadas por el instrumento GLM, a bordo del satélite GOES-R, con la base de datos de incendios forestales proporcionada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Nuestra investigación indica que los rayos con corrientes continuas tienen una mayor probabilidad de provocar incendios forestales en comparación con aquellos sin corrientes continuas”, apunta Francisco J. Pérez-Invernón, investigador del IAA-CSIC con una beca de posdoctorado de la Fundación “la Caixa” que lidera el estudio.

Los rayos con corriente continua, que constituyen en torno al 10% del total de los rayos que se producen, son un tipo específico de rayo que presenta una descarga de muy larga duración (decenas o centenares de milisegundos), que suministra más energía a la vegetación y aumenta la probabilidad de incendio.

“Simulamos la década de 2090 bajo el escenario de la Trayectoria de Concentración Representativa 6.0 (RCP6.0), uno de los escenarios de estabilización de las emisiones definidos en el quinto informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Nuestros resultados mostraron un aumento del 43% y del 41% en los rayos totales y de larga duración a nivel mundial, respectivamente. En particular, se observó un aumento del 47% de los rayos de larga duración sobre la tierra, lo que podría aumentar el riesgo de incendios forestales inducidos por rayos en el futuro”, señala Francisco J. Pérez-Invernón (IAA-CSIC / Fundación La Caixa).

Los resultados predicen una disminución del riesgo de incendios forestales provocados por rayos en las regiones polares en la década de 2090, excepto en algunas pequeñas áreas de Escandinavia, Alaska y Siberia, donde el riesgo podría ser elevado debido a un aumento de los rayos de corriente prolongada. Por otro lado, apuntan a un mayor riesgo de incendios forestales provocados por rayos en el Sudeste Asiático, Sudamérica, África y Australia, y un cambio notable en los patrones regionales en Norteamérica y Europa. En concreto, estiman un gran aumento de los incendios forestales provocados por rayos a lo largo de la cuenca mediterránea y en las costas occidental y central de Norteamérica en la década de 2090.

“Además, hemos visto que el aumento de temperatura y de la probabilidad de que se produzcan tormentas secas en la cuenca mediterránea aumentarán la probabilidad de que los rayos produzcan incendios. Las tormentas secas son aquellas en las que la alta temperatura en niveles cercanos al suelo favorece que las gotas de lluvia se sequen antes de llegar a la superficie, aumentando así la probabilidad de que un rayo produzca un incendio y de que el mismo se extienda”, añade el investigador.

Este estudio no ha podido ofrecer resultados concluyentes en otras áreas de la península, un vacío que cubrirá un satélite geoestacionario recientemente lanzado por Europa. Denominado Meteosat Third Generation, incorpora un instrumento óptico capaz de observar, de forma continua y por primera vez en Europa y África, la ocurrencia de rayos y su posible descarga continua. “Sin duda, los datos que nos proporcionará este instrumento y el uso de modelos regionales podrán ayudarnos a predecir mejor la variación futura en el riesgo de incendio por rayo en la Península Ibérica”, concluye Pérez-Invernón (IAA-CSIC / La Caixa).
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Trabajo de referencia | F. J. Pérez-Invernón et al. "Variations of lightning-ignited wildfire patterns under climate change". Nature Communications, Feb. 2023. https://www.nature.com/articles/s41467-023-36500-5
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Un equipo de científicos determina cuánto calor combinado con sequía es demasiado para los bosques

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Un estudio ha compilado la primera base de datos global de eventos de mortalidad forestal inducidos por el clima, desde 1970 hasta 2018, en 675 ubicaciones. Los autores concluyen que limitar el calentamiento de la Tierra determinará la supervivencia de muchos de sus bosques.
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Imagen de Mandy Fontana en Pixabay
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¿Qué tan caliente es demasiado caliente y qué tan seco es demasiado seco para los bosques de la Tierra? Un estudio de un equipo internacional de investigadores encontró las respuestas al observar durante décadas árboles en proceso de morir.

Publicado en la revista científica Nature Communications, el estudio compila la primera base de datos global de eventos de mortandad de bosques, georreferenciados con precisión, en 675 lugares que datan desde 1970. El trabajo, que abarca todos los continentes arbolados, compara esa información con los datos climáticos existentes para determinar las condiciones climáticas de calor y sequía que han causado estos episodios documentados de mortalidad de árboles.

“En este estudio, estamos dejando que los bosques de la Tierra hablen”, afirma William Hammond, ecofisiólogo de plantas de la Universidad de Florida, quien dirige el estudio. “Recopilamos datos de estudios anteriores que documentan dónde y cuándo murieron los árboles, y luego analizamos cuál era el clima durante los eventos de mortalidad, en comparación con las condiciones a largo plazo”. Después de realizar el análisis climático de los años relacionados a los eventos de mortalidad forestal observados, señalan los autores, fue evidente un patrón.

“Lo que descubrimos fue que, a escala global, existe un patrón consistentemente más cálido y seco, lo que llamamos una huella inconfundible (como una “huella digital”) de sequías más calientes, que puede mostrarnos cuán inusualmente cálido o seco tiene que ser para que los bosques estén en riesgo de muerte”, describe Hammond.

La huella inconfundible que dejan estos eventos de mortalidad, dice, muestra que ocurrieron consistentemente cuando los meses típicamente más cálidos y secos del año se volvían aún más cálidos y secos.

“Nuestra huella inconfundible de sequías más cálidas reveló que la mortalidad forestal global está relacionada con extremos climáticos intensificados”, subrayan los autores. “Usando los datos del modelo climático, estimamos la frecuencia con la que ocurrirán estas condiciones climáticas letales en un escenario de un mayor calentamiento, en comparación con el clima de la era preindustrial: desde 22% más frecuentes si hay un incremento de 2°C, hasta 140% más frecuente si el incremento es de 4°C. Esas temperaturas más altas duplicarían con creces la frecuencia con la que los bosques de todo el mundo experimentan sequías letales para los árboles", agrega.

“Las plantas hacen un trabajo fenomenal al capturar y secuestrar carbono”, añade Hammond. “Pero la muerte de las plantas no sólo impide que realicen esta función crítica de captura de carbono, sino que las plantas también comienzan a liberar carbono a medida que se descomponen”.

Los investigadores dicen que depender, en parte, de los árboles y otras plantas para capturar y secuestrar carbono, como sugieren algunas soluciones climáticas propuestas, hace que sea fundamental comprender qué tan caliente es 'demasiado caliente' y qué tan seco es 'demasiado seco': “De lo contrario, los eventos de mortalidad, como los incluidos en nuestra base de datos, pueden acabar con las ganancias de captura de carbono proyectadas”.

El papel del calentamiento en la mortalidad forestal

En el estudio “Observaciones de mortalidad forestal a lo largo del globo revelan la huella que dejan episodios de sequía más cálidos en los bosques de la Tierra” (Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests) participa también Rosana López, del Departamento de Sistemas y Recursos Naturales de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid.

Los bosques y montes de la Península Ibérica son particularmente vulnerables al cambio global, como atestiguan los cada vez más frecuentes eventos de mortalidad que observamos en extensos pinares de Pinus pinaster en la meseta castellana, Pinus sylvestris en los pre Pirineos y Pinus halepensis en el sudeste peninsular. Ni siquiera el pino canario (Pinus canariensis), gran superviviente a las erupciones volcánicas, como la ocurrida el año pasado en La Palma, y que es una de las pocas especies de pino con capacidad de rebrotar, es ajeno.

Los espectaculares pinares de la corona forestal que rodea al Teide experimentan desde hace unos años un fenómeno de decaimiento generalizado. Para paliar estos efectos y a falta de medidas más contundentes que frenen el calentamiento global, la “gestión forestal adaptativa se presenta como una herramienta fundamental para el futuro de nuestros bosques”, afirma la investigadora de la UPM.

Otro de los coautores del trabajo, Cuauhtémoc Sáenz-Romero de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en México, ofrece un ejemplo de cómo los patrones climáticos recientes están afectando un bosque templado mexicano. “En los últimos años, la temporada seca y cálida de marzo a mayo es aún más seca de lo habitual, pero también más cálida que nunca”, dijo. “Esta combinación está generando mucho estrés en los árboles antes de la llegada de la próxima temporada de lluvias de junio a octubre. Por ejemplo, en 2021, más de 8000 árboles maduros fueron muertos por escarabajos descortezadores en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en el centro de México. El efecto de la corriente del Océano Pacífico de La Niña resultó en condiciones más secas y cálidas; una combinación mortal que favoreció los brotes de plagas”.

Hammond también ha desarrollado una aplicación interactiva en el sitio web de la Red Internacional de Mortalidad de Árboles (International Tree Mortality Network) para alojar la base de datos en línea y permitir que otros usuarios incorporen observaciones adicionales de mortalidad forestal a la base de datos.

La organización, fundada y coordinada por el coautor Henrik Hartmann del Instituto Max Planck en Alemania, entre otros, es un esfuerzo de colaboración entre científicos de todos los continentes arbolados y tiene como objetivo coordinar los esfuerzos de investigación internacional sobre eventos de extinción forestal. Hammond es el líder del grupo de gestión de datos de la red.

“Esperamos que este documento genere un poco de urgencia en torno a la necesidad de comprender el papel del calentamiento en la mortalidad forestal”, señalan los autores. “Además, esperamos que nuestra base de datos de acceso abierto permita estudios adicionales, incluidas otras huellas inconfundibles climáticas desde escalas locales a regionales. Las comunidades actuales de investigación de modelos climáticos y sensores remotos necesitan conjuntos de datos verificados en el terreno para validar sus predicciones de procesos importantes como la mortalidad forestal. Uno de los elementos realmente importantes de este estudio fue reunir todos estos datos por primera vez, para que podamos hacer una pregunta como ésta a escala planetaria”.
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Trabajo de referencia | “Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests” nature.com/articles/s41467-022-29289-2. Además de Hammond, Sáenz-Romero y Hartmann, también es coautor A. Park Williams, Universidad de California, Los Ángeles; John Abatzoglou, Universidad de California, Merced; Henry D. Adams, Universidad Estatal de Washington; Tamir Klein, Instituto de Ciencias Weizmann; Rosana López, Universidad Politécnica de Madrid, España; David D. Breshears, Universidad de Arizona; y Craig D. Allen, Universidad de Nuevo México.
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El calentamiento global ya es responsable de una de cada tres muertes relacionadas con el calor

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Un estudio con participación del CSIC ha analizado la mortalidad en más de 700 ciudades de todo el mundo a lo largo de 30 años y su relación con el cambio climático. Un 30% de las muertes relacionadas con el calor en España se atribuyen al cambio climático derivado de la actividad humana.
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Image by Hernán Morales Carrizo from Pixabay
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Un estudio internacional con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) muestra por primera vez la contribución real del cambio climático provocado por el hombre en el aumento de los riesgos de mortalidad debido al calor. Entre 1991 y 2018 más de un tercio de todas las muertes en las que influyó el calor fueron atribuibles al calentamiento global. El estudio, el más amplio de este tipo hasta la fecha, ha utilizado datos de 732 ciudades en 43 países de todo el mundo. Los resultados se han publicado en el último número de la revista Nature Climate Change.

El calentamiento global está afectando a la salud humana de varias maneras, y una de ellas es el aumento de la mortalidad y la morbilidad asociadas con el calor. Las condiciones climáticas futuras predicen un aumento sustancial de las temperaturas medias y la aparición de fenómenos extremos como olas de calor, lo que conducirá a un aumento de la carga sanitaria relacionada. Sin embargo, hasta ahora, ningún estudio ha evaluado si este impacto ya se ha producido en las últimas décadas y en qué medida.

Este estudio internacional, coordinado por la Universidad de Berna (Suiza), la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido) con la participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), muestra que el 37% de las muertes relacionadas con el calor entre 1991 y 2018 se pueden atribuir a cambios en el clima relacionados con las actividades humanas.

“España es uno de los países del sur de Europa donde más calentamiento se ha observado. En términos relativos y durante el periodo estudiado, España tuvo un 30% de muertes relacionadas con el calor atribuidas al cambio climático inducido por el ser humano”, indica el investigador del CSIC y autor del estudio Aurelio Tobías. “El número de muertes por calor relacionado con el cambio climático es de 704 por año en el período de verano en las capitales de provincia de España, en concreto, 177 en Madrid, 94 en Barcelona y 39 en Sevilla”, especifica Tobías.

Cuanto más calentamiento global, más muertes

La investigación epidemiológica puso el foco en el calentamiento global provocado por el ser humano, en un estudio denominado de "detección y atribución" ya que identifica y atribuye los fenómenos observados a cambios en el clima y el tiempo. Específicamente, los investigadores examinaron las condiciones climáticas pasadas proyectadas en escenarios con y sin emisiones antropogénicas, por lo que pudieron separar el calentamiento y el impacto en la salud relacionado con la actividad humana de las tendencias naturales.

"Prevemos que la proporción de muertes relacionadas con el calor continúe creciendo si no hacemos algo para parar el cambio climático o no nos adaptamos", indica Ana M. Vicedo-Cabrera, investigadora de la Universidad de Berna (Suiza) y primera autora del estudio. "Hasta ahora, la temperatura global media solo ha aumentado alrededor de un grado centígrado, que es una fracción de lo que podríamos enfrentar si las emisiones continúan aumentando sin control".

Aunque en promedio más de un tercio de las muertes relacionadas con el calor se deben al cambio climático inducido por el hombre, el impacto varía sustancialmente entre regiones, desde unas pocas docenas hasta varios cientos de muertes cada año, según los cambios locales del clima y la vulnerabilidad de su población. Curiosamente, las poblaciones que viven en países de ingresos bajos y medianos, que son responsables de una pequeña parte de las emisiones antropogénicas en el pasado, son las más afectadas, con una proporción de mortalidad más alta en América Central y Sur, y Sur-Este de Asia.

“Este es el mayor estudio de detección y atribución sobre los riesgos actuales del cambio climático para la salud”, dice Antonio Gasparrini, autor principal del artículo. “El mensaje es claro: el cambio climático no solo tendrá impactos devastadores en el futuro, sino que ya estamos experimentando las nefastas consecuencias de las actividades humanas en nuestro planeta”, advierte este investigador.
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Referencia científica | A. M. Vicedo-Cabrera, N. Scovronick , F. Sera, D. Royé , R. Schneider, A. Tobias, et al. The burden of heat-related mortality attributable to recent human-induced climate change. Nature Climate Change. DOI: 10.1038/s41558-021-01058-x
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Los mamíferos terrestres generalistas resisten mejor las alteraciones climáticas

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Una investigación internacional liderada por la Universidad Complutense de Madrid demuestra que la relación entre evolución y cambio climático depende de la especialización ecológica de las especies.
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Image by Vincent Boulanger from Pixabay
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La capacidad de habitar muchos ambientes –especies generalistas– o pocos –especialistas– es el factor más importante en la adaptación de las diferentes familias de mamíferos terrestres y su evolución frente a los efectos del cambio climático, según una investigación internacional liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

El estudio, publicado en Historical Biology, parte de la hipótesis de los años 80 de la paleontóloga Elisabeth S. Vrba sobre la especialización ambiental de las especies como elemento crucial a la hora de entender la evolución y diversificación de las especies.

“Ya habíamos analizado algunos grupos en anteriores trabajos, pero esta es la primera vez que incluimos información de todas las especies de mamíferos terrestres, más de 5000 repartidas en 153 familias, para examinar esta cuestión” destaca Manuel Hernández Fernández, investigador del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM y del IGEO.

Los biomas son grandes unidades ecológicas definidas por sus condiciones ambientales; algunos ejemplos incluyen el bosque caducifolio o el matorral esclerófilo.

Las especies capaces de ocupar distintos biomas (generalistas) sufren menos las alteraciones debidas a cambios climáticos, ya que son capaces de aprovechar recursos con distinto origen, y pueden mantenerse sin cambios durante largos periodos de tiempo.

Por su parte, las especies que sólo pueden vivir en un bioma (especialistas) se ven muy afectadas por cambios climáticos que pueden fragmentar sus poblaciones y se diversificarán más.

“Si esta fragmentación se mantiene suficiente tiempo como para que el flujo genético se interrumpa entre ellas, puede dar lugar a la diferenciación de una especie distinta en cada uno de esos fragmentos poblacionales. Esto se refleja en una sobreabundancia de especies especialistas sobre las generalistas”, explica Hernández Fernández.

No obstante, añade, esta mayor capacidad de diversificación tiene la contrapartida de una mayor vulnerabilidad ante los cambios climáticos.

Biomas extremos, más favorables a la diversificación

Para llevar a cabo el estudio, se han recogido datos de distribución de cada especie, considerando qué biomas habitan. Esto ha permitido, además de corroborar la hipótesis, establecer que ciertos biomas representan lugares especialmente favorables para la diversificación de especies especialistas.

“Se trataría de los biomas que se sitúan en los extremos climáticos de nuestro planeta, que sufren mayores alteraciones a causa de las variaciones en el clima terrestre”, indica el paleontólogo de la UCM, que los enumera: las selvas ecuatoriales (extremo cálido-húmedo), los desiertos subtropicales (cálido-seco), las estepas (frío-seco) y las tundras (frío-húmedo)”.

También se ha observado una gran variabilidad entre las distintas familias y biomas, asociada a la heterogeneidad ambiental de estos, así como a la historia evolutiva y las diferencias fisiológicas de cada familia, que condicionan la capacidad de sus especies para sobrevivir o colonizar un nuevo bioma.

“Esto se debe a que además de la especialización ecológica, los procesos de diversificación asociada a los cambios climáticos también deben verse afectados por otros factores, los cuales todavía estamos lejos de entender plenamente”, añade Emilia Galli, coautora del trabajo y también investigadora de la UCM.
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Científicos de 27 instituciones abogan por nuevo modelo de gestión de los datos forestales compartidos

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Investigadores advierten sobre la necesidad de reducir las desigualdades y mejorar las condiciones de trabajo del personal que recolecta información de campo.
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Gestión de datos forestales. Eduardo Cesar / Pesquisa FAPESP
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Los datos forestales abiertos son considerados fundamentales para el monitoreo y el diseño de políticas de preservación de la biodiversidad, por ello requieren de un “acuerdo radicalmente nuevo” entre originadores, usuarios y financiadores. Este es uno de los principales puntos que se debaten en un artículo de opinión publicado en la revista Nature Ecology and Evolution y firmado por 25 científicos de 27 instituciones y universidades de diversos países, entre ellas cuatro brasileñas.

El grupo, encabezado por los científicos Renato Augusto Ferreira de Lima, del Instituto de Biociencias de la https://www5.usp.br (IB-USP, Brasil), y Oliver L. Phillips, de la Universidad de Leeds (UoL, Reino Unido), coincide en la necesidad de que los datos sean abiertos, pero plantea que la desigualdad de condiciones de trabajo entre generadores y usuarios de la información constituye un argumento para sopesar de qué forma y cuándo debe abrírselos, y aboga por un proceso más “justo y equitativo”.

“Los científicos tropicales de campo conocen bien esa realidad. Con el debate que traemos a la luz pretendemos llegar a las instituciones financiadoras, a los usuarios que desean acoplar datos forestales a la información satelital y a las casas editoriales, que en ocasiones exigen la apertura de los datos. Esta es una forma de advertir que las condiciones de trabajo para la generación de esa información no son iguales para todos”, afirma Ferreira de Lima.

Las diferentes condiciones de trabajo, de infraestructura, de capacitación y de financiación de las investigaciones se encuentran en la lista de las causas para lo que el grupo de científicos denomina como “un abismo” entre los profesionales y las instituciones que miden los bosques en campo y los que utilizan los datos recabados para elaborar síntesis a escalas regionales y globales.

“En el artículo demostramos que los generadores de datos biológicos en las zonas tropicales –entre ellos botánicos, ecólogos, ingenieros forestales, técnicos y comunidades locales– no disponen de acceso a la misma capacitación, infraestructura y recursos. Y esto termina siendo oneroso para quienes tienen la responsabilidad de recolectar los datos y que a menudo necesitan una inversión continua para poder monitorear la biodiversidad”, dice Ferreira de Lima.

El acceso a datos sin restricciones y con posibilidades de compartición ha venido siendo considerado fundamental para atender la creciente demanda de información forestal, ya sea para la realización de investigaciones, el monitoreo o la formulación de políticas públicas.

Sucede que los bosques tropicales –la selva amazónica, por ejemplo– son tenidos como punto central de un abordaje de sistemas integrados con miras a afrontar las crisis globales relacionadas con los cambios climáticos y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) postulados por las Naciones Unidas en la Agenda 2030.

Estos sistemas son responsables de servicios ambientales cruciales tales como la absorción de gases de efecto invernadero, el equilibrio hídrico y la biodiversidad. Así y todo, se encuentran bajo las constantes amenazas de la deforestación, los incendios y otras.

Ferreira Lima fue el primer autor de un estudio que contó con el apoyo de la FAPESP y que salió publicado en 2020, en el cual se demuestra que la acción humana ha causado –directa o indirectamente– la pérdida de biodiversidad y de biomasa en más de un 80 % de los fragmentos forestales remanentes del Bosque Atlántico (lea más en: https://agencia.fapesp.br/35261).

Por otra parte, la recolección y la generación de datos forestales a largo plazo implica medir físicamente árboles in situ de diversas especies e identificarlos. Este trabajo requiere actualizaciones y un monitoreo constante para registrar los cambios en el transcurso de los años, lo cual al tratarse de bosques puede representar décadas de financiación y carreras enteras de investigadores.

Sugerencias

Para asegurar los beneficios de los flujos de datos forestales a largo plazo, el grupo de científicos plantea en el artículo ocho recomendaciones basadas en lo que caracterizan como “un modelo alternativo”, concentrado en las necesidades de los originadores, que garantiza que los usuarios y los financiadores contribuyan adecuadamente.

“Un abordaje justo y sostenible empieza por reconocer el desafío humano inherente a las mediciones forestales a largo plazo. El mismo debe poner a la gente y no los datos en primer lugar. Esto significa asumir los verdaderos costos de financiación, profesionales y personales de la realización de estas mediciones”, escribe el grupo científicos con una gran experiencia en ecología de bosques tropicales, que representan, además de a Brasil, a Perú, Colombia, Argentina, Camerún, Congo, Vietnam, Estados Unidos y países europeos.

En las recomendaciones, los investigadores sugieren la financiación de los costos directos e indirectos en: 1) trabajo de campo y laboratorios, incluido el apoyo a los herbarios; 2) la capacitación y las condiciones seguras de trabajo de los profesionales que producen los datos forestales, y 3) los gastos generales de las instituciones responsables del suministro de la información.

Asimismo, destacan que esencial invertir en la gestión de los datos mediante la implementación bancos como el que existe actualmente para los registros y las secuencias de ADN de las especies, pero evalúan que es necesario cubrir los costos de curaduría y estandarizar su infraestructura.

Con relación a los periódicos científicos, el grupo sugiere que los mismos apoyen a los investigadores de campo mediante la adopción de definiciones holísticas de autoría, a los efectos de incluir a todos los implicados en la recolección y asegurar que los resultados se difundan en el idioma de los creadores. “Esto significa reconocer los verdaderos costos de la capacitación de las instituciones tropicales. Para terminar, aunque no por ello es menos importante, resulta esencial implementar colaboraciones a largo plazo y equitativas, que deben constituir el objetivo declarado de financiadores, productores y usuarios por igual”, culminan.

En diciembre de 2020, en un artículo publicado en Scientific Data, los investigadores Jingjing Liang, de la Universidad Purdue (Estados Unidos), y Javier Gamarra, del equipo del National Forest Monitoring (NFM), sostenían que, pese a los avances, la cantidad de datos forestales compartidos in situ no contemplaba la urgencia de crisis globales como las políticas de combate contra las pandemias y las acciones de mitigación de los cambios climáticos.

En Brasil, el Instituto de Manejo y Certificación Forestal y Agrícola (Imaflora) publicó ese mismo año una investigación que apuntó a entender las características y el modo en que 11 iniciativas de diversos sectores forestales utilizaban los datos abiertos en acciones orientadas hacia la prevención, el monitoreo y el control del desmonte.

De acuerdo con los testimonios de los representantes de las iniciativas analizadas, los principales problemas de las bases empleadas residían en la existencia datos de baja calidad, incompletos y desactualizados, amén de la falta de integración o centralización de las mismas.
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Trabajo de referencia | Making forest data fair and open https://doi.org/10.1038/s41559-022-01738-7.
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FUENTE • Agencia FAPESP.....
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Un estudio revela un cambio sin precedentes en el régimen de incendios del continente europeo

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Los patrones detectados por el estudio perfilan un cambio en una tendencia histórica de más de cincuenta años (1950-2000). Durante ese periodo, los servicios de vigilancia y extinción de incendios habían logrado una reducción o estabilización del área quemada y de las emisiones de CO2 causadas por el fuego en muchas áreas de la cuenca mediterránea. Esta dinámica se ha alterado con la llegada del cambio climático.
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Un estudio revela un cambio sin precedentes en el régimen de incendios del continente europeo relacionado con el cambio climático. Las zonas afectadas se encuentran en el sur, centro y norte del continente, pero este cambio histórico en el régimen de incendios de Europa es más intenso en el área del Mediterráneo. El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, está dirigido por Jofre Carnicer, profesor de ecología de la Facultad de Biología, el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universitat de Barcelona y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

El estudio ha detectado veranos y primaveras con valores de riesgo de incendio sin precedentes durante los últimos años, por lo que muchas zonas de Europa meridional y del Mediterráneo alcanzan condiciones extremas y propicias al fuego. Estas condiciones adversas son cada vez más frecuentes debido al aumento de las olas de calor y la sequía hidrológica.

"Este aumento del riesgo extremo es bastante reciente y en momentos críticos supera la capacidad de extinción del fuego de las sociedades europeas, provocando mayores emisiones de CO2 asociadas al fuego en veranos extremadamente cálidos y secos", puntualiza Jofre Carnicer, primer autor del trabajo y miembro del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB.

Los bosques y los sumideros de carbono, amenazados

Por primera vez, el trabajo vincula el aumento del riesgo de incendio con un mayor número de emisiones de CO2 causadas por el fuego y medidas en observaciones de satélite por todo el continente europeo. Este fenómeno se da en la Europa mediterránea, pero también en la Europa más fría, septentrional y boreal, que posee importantes reservorios de carbono en la tundra y los bosques boreales.

Las estimaciones del riesgo de incendio basadas en datos meteorológicos y de detección por satélite de los impactos del fuego han cambiado en los últimos años. Se detecta por primera vez que el reciente aumento del riesgo de incendio por las condiciones meteorológicas se traduce en un aumento muy significativo de las emisiones de CO2 asociadas al fuego en periodos de extremo calor y riesgo de incendio en verano.

"Las zonas boscosas y montañosas del sur y centro de Europa son las áreas donde se detectan los mayores aumentos del riesgo de incendio", apunta Jofre Carnicer. "Estas zonas son grandes reservorios de carbono que estarían amenazados por el fuego, como la cordillera de los Pirineos, los macizos Ibérico y Cantábrico en España, los Alpes, el macizo central francés, los Apeninos italianos en Europa central, y las montañas de los Cárpatos, los Balcanes, el Cáucaso y el Póntico en el sureste de Europa".

El estudio proporciona también mapas continentales de riesgo de incendio actuales y predice la evolución de dicho riesgo en Europa hasta el año 2100, teniendo en cuenta la posibilidad de diferentes trayectorias de cambio climático (2º C, 4º C) y de reducción de las emisiones de CO2.

"Las conclusiones apuntan a que los regímenes de incendios pueden cambiar rápidamente en regiones de la Tierra afectadas por el cambio climático, como las zonas mediterráneas, eurosiberianas y boreales de Europa", indica Carnicer.

Claves para regular el clima

"Los aumentos más significativos del riesgo de incendio afectarán a zonas del sur de Europa que tienen bosques y sumideros de carbono que son claves para la regulación del clima", continúa el investigador. "Los bosques del continente europeo absorben anualmente cerca del 10% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. En concreto, captan unos 360 millones de toneladas de CO2 al año, una cantidad superior a las emisiones de un país como España, con un valor de alrededor de 214 millones de toneladas".

El aumento del riesgo de incendio descrito en el estudio supone un reto para el desarrollo y la aplicación de la nueva Estrategia forestal europea, que propone mantener una reducción anual de al menos 310 millones de toneladas de CO2 por parte del sector forestal y agrícola en 2030 en Europa. Como consecuencia, "el aumento detectado del riesgo de incendios podría poner en peligro las estrategias de descarbonización basadas en los usos del bosque y el territorio agrícola si no se adoptan estrategias de gestión forestal efectivas que disminuyan el riesgo de incendio", destaca Jofre Carnicer.

"Además, el aumento del riesgo de incendio podría constituir un mecanismo de retroalimentación positiva del cambio climático, en ciclos progresivos de calentamiento, aumento del riesgo de incendio y de mayores emisiones de CO2 causadas por el fuego. En este contexto, reducir las emisiones de CO2 de forma drástica en las próximas dos décadas (2030-2040) es clave para alcanzar un menor riesgo de incendios en el futuro en Europa y globalmente", concluye el experto.

Jofre Carnicer forma parte del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y del Consejo Nacional del Clima en España. Es uno de los autores del Sexto informe de evaluación del Grupo de Trabajo II del IPCC presentado en febrero de 2022, que revelaba los impactos del cambio climático en los ecosistemas y las sociedades a escala global, los riesgos ambientales y sociales previstos para las próximas décadas y las opciones de adaptación disponibles para reducir las consecuencias del cambio climático.
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Trabajo de referencia | Carnicer, J.; Alegria, A.; Giannakopoulos, C.; Di Giuseppe, F.; Karali, A.; Koutsias, N.; Lionello, P.; Parrington, M.; Vitolo, C. "Global warming is shifting the relationships between fire weather and realized fire-induced CO2 emissions in Europe". Scientific Report, junio de 2022. Doi: 10.1038/s41598-022-14480-8
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El deshielo en los mares antárticos favorece la formación de nubes

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Un estudio muestra que en la atmósfera antártica se forman partículas provenientes de los gases liberados por los microorganismos del hielo marino y las aguas que lo rodean. El deshielo aumenta estas partículas que favorecen la formación de nubes, lo que puede ayudar a reducir la radiación solar que recibe la región.
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Antártida / CSIC
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Un nuevo estudio liderado por el Instituto de Ciencias del Mar del Consejo superior de Investigaciones Científicas (ICM-CSIC) y la Universidad de Birmingham (Reino Unido) ha revelado que el deshielo de la Antártida refuerza la formación de aerosoles en la atmósfera, favoreciendo a su vez la formación de nubes en verano, lo que podría ayudar a reducir la radiación solar que recibe la región y tener importantes consecuencias en el clima.

Las nubes juegan un papel clave en la regulación de la temperatura del planeta, ya que reflejan y filtran la radiación solar y sin ellas el clima sería mucho más cálido. Sin embargo, en la actualidad se sabe muy poco sobre cómo se forman, y esto limita la precisión de las proyecciones climáticas.

Lo que sí que se sabe es que la formación de nubes requiere la presencia de pequeñas partículas atmosféricas llamadas aerosoles que permiten que el agua se condense y se formen gotas. Muchos de estos aerosoles provienen de la actividad humana, pero en las regiones remotas del planeta se originan mayoritariamente en procesos naturales como el levantamiento, a causa del viento, de sal marina y gases de origen biológico en el océano.

Para la elaboración del trabajo, publicado en la revista Nature Geoscience, el equipo investigador ha utilizado datos recopilados durante la campaña antártica PI-ICE 2019, liderada por el investigador del ICM Manuel Dall’Osto. En el marco de esta campaña, que duró más de tres meses, un equipo internacional de investigadores analizó las partículas suspendidas en el aire en la región que rodea la península Antártica.

Gracias a ello, los investigadores advirtieron que cuando las masas de aire provienen de la zona del margen del hielo marino los episodios de formación de aerosoles son más frecuentes. Según el trabajo, estas masas de aire contienen concentraciones elevadas de ácido sulfúrico y aminas, que son compuestos de origen biológico que interaccionan entre ellos para transformarse de gases a partículas.

Aunque el protagonismo del ácido sulfúrico en la formación de aerosoles polares ya era conocido, este es el primer estudio que demuestra el papel clave de las aminas, unos compuestos orgánicos que contienen nitrógeno y que se producen por la degradación de la materia orgánica de los microorganismos que habitan el hielo marino. Ello confirma que las emisiones del plancton marino y del deshielo del mar desempeñan una función crucial en la regulación del clima antártico.

“Ya conocíamos la importancia del nitrógeno orgánico para la formación de aerosoles y nubes en ambientes terrestres templados, pero durante la expedición PI-ICE del 2019 pudimos utilizar instrumentos que nos han permitido demostrar la importancia de este proceso en la Antártida”, apunta Dall’Osto, que añade que “este descubrimiento obligará a revisar los modelos del efecto de la vida marina en la regulación del clima”.

“En una expedición precedente (PEGASO 2015) ya habíamos observado la emisión de aminas por parte del hielo marino, pero hasta ahora no habíamos demostrado que estas sustancias permiten la formación de nuevos aerosoles en una región tan alejada de cualquier actividad humana y con una atmósfera tan limpia”, expone por su parte otro de los autores del estudio, el investigador del ICM Rafel Simó, que se encuentra ahora inmerso en la preparación, junto a Dall’Osto, de una nueva campaña que tendrá lugar en 2023 e intentará ahondar en la compleja maquinaria del clima que resulta de las interacciones entre el océano, el hielo, la vida y la atmósfera.

En la actualidad, la Antártida está experimentando un cambio climático drástico que es difícil de predecir, entre otras razones, porque existe un gran desconocimiento sobre las consecuencias que tendrán los cambios en el ecosistema sobre la formación de aerosoles y nubes.

Los modelos climáticos actuales subestiman la abundancia de nubes sobre el océano Antártico y, por lo tanto, sobreestiman la radiación solar que llega a esas aguas frías. Por ello, la publicación de estudios como éste es clave para mejorar las proyecciones futuras.
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El agua de lluvia de todo el planeta está contaminada por 'sustancias químicas para siempre'

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Incluso en lugares remotos, como la Antártida o la meseta del Tíbet, llueve agua contaminada por agentes químicos sintéticos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados (PFAS). Un equipo de investigación europeo asegura que se ha superado su límite planetario, teniendo en cuenta que son compuestos tóxicos persistentes y se propagan por la atmosfera.
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Foto de Trent Haaland en Unsplash
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Existen una serie de contaminantes que el hombre ha producido en grandes cantidades, como los compuestos polifluoroalquilados y perfluoroalquilados (PFAS, por sus siglas en inglés). Estos agentes químicos, conocidos como ‘sustancias químicas para siempre’, se pueden encontrar desde en textiles, pinturas, cajas de pizza o productos de limpieza hasta en la espuma para combatir los incendios.

Son peligrosas para la salud humana y los ecosistemas, porque su toxicidad es persistente, se extiende por la atmósfera y pueden encontrarse en el agua de lluvia y nieve de las regiones más recónditas del planeta. Además, si el cuerpo humano los absorbe a través de los alimentos o el agua, este los acumula.

Si bien es cierto que en los últimos veinte años los valores de PFAS en el agua potable, las aguas superficiales y los suelos han disminuido drásticamente, debido a su prohibición y legislación sobre su uso al conocer su alta toxicidad, un estudio apunta que se ha superado el límite planetario de los niveles establecidos.

"El nivel general de conocimiento de los efectos en la salud humana de la exposición a los PFAS es desigual según el país o la región. En general es bajo y se podría hacer más para comunicar el problema. Necesitamos que la gente tenga un nivel de concienciación similar al de la contaminación por plásticos", dice a SINC Ian Cousins, autor principal del trabajo sobre la presencia y el transporte atmosférico de PFAS durante la última década.

Cousins, profesor del departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Estocolmo (Suecia), junto a su equipo y científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), han publicado los resultados de la investigación de laboratorio y de campo en la revista Environmental Science & Technology.

"Se ha producido un asombroso descenso de los valores guía para los PFAS en el agua potable. Por ejemplo, el valor de referencia del agua potable para una sustancia muy conocida de la clase de los PFAS, el ácido perfluorooctanoico (PFOA, por sus siglas en inglés), que puede provocar cáncer, ha disminuido en 37,5 millones de veces en los EE UU", añade Cousins.

Algunas legislaciones sobre estos compuestos no los prohíben totalmente, si no que restringen su uso y contemplan excepciones. "Tendría que referirse a algo esencial para la salud y la seguridad, o crítico para el funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, la protección contra fluidos biológicos en las batas médicas para los profesionales que trabajan en los quirófanos. Pero incluso para estos usos esenciales puede haber alternativas o la innovación debería llevar al desarrollo de alternativas. Personalmente, creo que los usos esenciales son pocos", argumenta el experto.

Agua de lluvia no potable

Los PFAS son muy persistentes, pero su presencia continuada se debe también a sus propiedades y a los procesos naturales que los devuelven continuamente a la atmósfera desde el medio ambiente.

"Según las últimas directrices estadounidenses sobre el PFOA en el agua potable, el agua de lluvia de todo el mundo se consideraría insegura para beber. Aunque en el mundo industrializado no solemos beber agua de lluvia, mucha gente del planeta espera que sea segura para beber y abastece a muchas de nuestras fuentes de agua potable", señala el investigador.

Uno de los procesos naturales más importantes del ciclo de los PFAS es el transporte del agua de mar al aire marino por medio de los aerosoles, que es otra área de investigación activa para el equipo de la universidad sueca.

"Debido a la propagación mundial de los PFAS, el medioambiente de todas partes superará las directrices de calidad ambiental diseñadas para proteger la salud humana y podremos hacer muy poco para reducir su contaminación. En otras palabras, tiene sentido definir un límite planetario específico para los PFAS y, como concluimos en el documento, este límite ya se ha superado", afirma Martin Scheringer, coautor del estudio y científico del ETH suizo y de RECETOX, de la Universidad de Masaryk (República Checa).

Sustancias químicas para siempre

Los PFAS son un nombre colectivo con el que se ha englobado a las sustancias altamente fluoradas que tienen una estructura química similar. Todos ellos son extremadamente persistentes en el medio ambiente o se descomponen en otros de este grupo extremadamente persistentes, de ahí les viene el apodo de ‘sustancias químicas para siempre’.

Estos compuestos se han asociado a una amplia gama de daños graves para la salud, como: cáncer, problemas de aprendizaje y comportamiento en los niños, infertilidad, complicaciones en el embarazo, aumento del colesterol y los problemas del sistema inmunitario.

"Los que viven cerca de los puntos calientes de contaminación son los que más sufren, por supuesto, como cerca de las fábricas o de las bases militares o donde se utilizan espumas contra incendios. Los alimentos y el agua allí están muy contaminados y aquellos que consumen productos locales están muy expuestos", enfatiza el investigador de la universidad sueca.

Jane Muncke, directora general de la Fundación del Foro de Envasado de Alimentos de Zúrich (Suiza), que no ha participado en el trabajo, señala: "No puede ser que unos pocos se beneficien económicamente, mientras contaminan el agua potable de otros millones de personas y provocan graves problemas de salud. Las enormes cantidades que costará reducir los PFAS en el agua potable a niveles seguros, según los conocimientos científicos actuales, deben ser pagadas por la industria que produce y utiliza estas sustancias químicas tóxicas. El momento de actuar es ahora".

Cousins también se muestra favorable a esta idea, pero es consciente de que la legislación actual no lo hace posible fácilmente. "El principio de 'quien contamina paga' significa que los usuarios de las sustancias químicas son los responsables, no el fabricante. Por ejemplo, en el caso de la contaminación por PFAS de las espumas contra incendios, los responsables suelen ser los departamentos de defensa y, en última instancia, quien paga es el contribuyente", concluye.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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La sequía y la subida del nivel del mar son los impactos del cambio climático que más afectarán a la cuenca mediterránea

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Presentado el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad.
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Sequía
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El cambio climático inducido por el ser humano está causando una perturbación peligrosa y generalizada en la naturaleza y afecta a la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Las personas y los ecosistemas con menor capacidad para hacer frente a la situación son ya los más afectados, según afirma la comunidad científica en un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). La comunidad científica alerta de que el mundo se enfrenta a múltiples riesgos climáticos que viviremos durante las dos próximas décadas y que en el Mediterráneo han comportado a día de hoy un calentamiento de 1,5°C (por encima de la media global, 1,1°C).

Si no se reducen las emisiones en las próximas décadas y se supera temporalmente el nivel de calentamiento establecido en el Acuerdo de París (1,5°C), habrá graves impactos, algunos de los cuales serán irreversibles. El nuevo informe, elaborado por el Grupo de Trabajo II del IPCC, se ha centrado en analizar el impacto del cambio climático en los ecosistemas naturales y los sistemas socioeconómicos, así como la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación de estos. También ha evaluado las mejores estrategias para reducir el impacto del cambio global a diferentes escalas. En este equipo internacional de expertos, participa Jofre Carnicer, profesor de ecología de la Facultad de Biología, el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que es el único experto de toda Cataluña —y uno de los pocos investigadores de todo el Estado— que ha formado parte de él. El documento lo han aprobado el domingo 27 de febrero de 2022 los 195 gobiernos miembros del IPCC en una sesión de aprobación virtual que se ha prolongado dos semanas, del 14 de febrero al 27 de febrero. El informe final es la segunda entrega del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC, que se completará este año.

Según la comunidad científica, entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en un contexto muy vulnerable al cambio climático, casi la mitad de la humanidad. A nivel global, las zonas más vulnerables son África central, el sudeste asiático y América central, mientras que, en el caso del continente europeo, la región más amenazada es el área del Mediterráneo. En este sentido, el nuevo informe es contundente: para evitar la pérdida creciente de vidas, de biodiversidad y de infraestructuras, es necesario adoptar rápidamente medidas ambiciosas para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. A pesar de los avances constantes en experiencias locales que estudian cómo reducir los efectos negativos del cambio climático en diferentes sectores (adaptación), el informe revela que todavía existe una distancia entre las necesidades totales y las acciones pioneras que se están implementando progresivamente. Las consecuencias del cambio climático son más graves entre las poblaciones con menores ingresos y en determinadas zonas geográficas del planeta más vulnerables. Además, también se modulan en función de la edad y el género. El estudio destaca que el desarrollo económico actual es insostenible, y que es esencial considerar la participación inclusiva de todos los actores sociales, así como la equidad y la justicia climática, para desarrollar acciones de mitigación y adaptación transformadoras, encaminadas a un modelo de desarrollo sostenible y resiliente a los impactos del clima.

"Este informe es una advertencia terrible sobre las consecuencias que puede tener no actuar", alerta Hoesung Lee, presidente del IPCC. "Muestra que el cambio climático es una amenaza grave y creciente para nuestro bienestar y para mantener un planeta sano. Nuestras acciones de hoy determinarán la forma en que las personas se acabarán adaptando y cómo la naturaleza responderá a los riesgos climáticos crecientes", afirma.

Jofre Carnicer, autor principal de los capítulos de Europa y el Mediterráneo en el IPCC, es contundente: "El coste ambiental de la inacción es muy elevado, y el informe concluye que es necesario actuar antes de que se cierre la ventana de oportunidad que tenemos, que es de solo de dos o tres décadas. Cada acción es relevante, ya sea en el ámbito gubernamental e internacional, como en industrias y actividades sectoriales, o en cambios del estilo de vida de los ciudadanos, y estas acciones pueden contribuir progresivamente a reducir el calentamiento y los impactos en las próximas décadas y para las futuras generaciones". Por ello, el estudio remarca la necesidad de introducir urgentemente cambios profundos y transformadores en todos los sectores de la sociedad y, en especial, en todas las actividades económicas que generan emisiones. "Los costes de adaptación a los impactos del cambio climático serán mucho más altos si no implementamos drásticamente una reducción de emisiones decidida en las dos próximas décadas que nos acerque a una trayectoria de calentamiento inferior a 2°C", advierte Jofre Carnicer.

La biodiversidad, al límite

El resumen del informe del IPCC considera que la vulnerabilidad humana y la de los ecosistemas son interdependientes. Por eso, pone el acento en los efectos actuales y futuros del cambio climático en la biodiversidad. Para ello, se han utilizado más de 40.000 estudios que examinan los sistemas marinos y terrestres de todo el planeta. La ciencia afirma que el aumento de las oleadas de calor, las sequías y las inundaciones ya supera los umbrales de tolerancia de muchas plantas y animales, lo que ha provocado, por una parte, extinciones locales de poblaciones de algunas especies sensibles a la temperatura o con poca movilidad, como son las especies endémicas o más especialistas; por otra, mortalidades masivas de especies en hábitats más vulnerables al estrés térmico, como las praderas submarinas o los arrecifes coralinos. El informe tiene en cuenta estudios científicos que advierten que más del 50% de las especies del planeta se han desplazado en los últimos años, o hacia latitudes más al norte, o hacia zonas de mayor altitud, para huir del aumento de temperaturas.

Asimismo, el documento ha analizado el riesgo de extinción de más de 100.000 especies sobre las que se dispone documentación científica. Los resultados son preocupantes: "Podemos comprobar que en trayectorias de calentamiento por encima de los 1,5 °C, es decir, sin una reducción drástica de emisiones en las próximas dos décadas, el riesgo de extinción aumenta en muchos grupos taxonómicos, a menudo por encima del 10 % de las especies", asegura Jofre Carnicer. El informe no incluye resultados o información de especies a escala local, porque cada especie tiene una ecología única y cada patrón es extremadamente complejo, pero sí se hace eco de la primera extinción documentada de una especie de mamífero. Se trata del ratón con cola de mosaico (Melomys rubicola), originario de un islote tropical de baja altitud (Bramble Cay) cerca de Papúa Nueva Guinea, y que se ha extinguido después de que se redujera drásticamente su hábitat por impactos climáticos extremos y por la subida del nivel del mar.

Las medidas de adaptación para mantener la biodiversidad, de cuyos servicios dependemos absolutamente como sociedad, pasan por la restauración de los ecosistemas, la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza y el aumento del territorio protegido. "Hay que proteger de forma más consistente las áreas naturales del planeta, porque somos muy dependientes de los servicios ecosistémicos para mantener la seguridad climática en el planeta. Los océanos y bosques absorben el 50% de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y contribuyen a regular la temperatura del planeta. El informe confirma que un aumento de los impactos climáticos puede causar declives en la eficiencia de absorción global del CO2 por parte de los ecosistemas y retroalimentar así positivamente el calentamiento", sostiene Jofre Carnicer. Para ello, el informe apuesta por pasar del 16% de áreas protegidas en el mundo —un dato pactado en los convenios mundiales sobre biodiversidad— al 30% o al 50% en 2030. "Las soluciones que consisten en proteger la naturaleza o restaurarla son importantes, pero es necesario que vayan acompañadas en primer lugar de reducciones drásticas de emisiones de gases en múltiples sectores durante las dos próximas décadas", puntualiza Carnicer.

Un Mediterráneo en riesgo asimétrico

Mediterráneo se calienta más rápidamente que la mayoría de zonas del mundo este ambiente ya ha aumentado la temperatura en 1,5°C, mientras que la media mundial se mantiene cerca de los 1,1°C. Hay consenso en que la sequía será un riesgo muy relevante en el Mediterráneo. En este sentido, las previsiones apuntan a un aumento considerable de las sequías: por cada grado que aumente la temperatura, veremos reducidas las lluvias en un 4 %, por lo que se prevé una disminución de entre un 5% y un 20%, según sea nuestra capacidad de reducir emisiones.

En el Mediterráneo, es clave abordar el uso del agua en la agricultura para tratar de adaptarse a esta sequía y al aumento de temperaturas. A su vez, es necesario promover otros métodos de agricultura que sean más eficientes y mantengan mejor la humedad del suelo, como la agricultura regenerativa, que mantiene el suelo más fértil y rico en materia orgánica.

Además, en la cuenca del Mediterráneo la vulnerabilidad al cambio climático es muy asimétrica. El informe revisa los objetivos de desarrollo sostenible en esta zona y revela que los indicadores son extremadamente diferentes entre la orilla sur y el norte de la cuenca mediterránea. La orilla sur registra índices de pobreza, seguridad alimentaria, acceso a las energías renovables, al agua, a la educación o a la salud más reducidos. Esto expone aún más a la población de esta zona a efectos del cambio climático porque, por ejemplo, disponen de menos recursos para adaptarse a los impactos futuros. "Un ejemplo muy claro de esa mayor vulnerabilidad al cambio climático en la orilla sur del Mediterráneo es el incremento del nivel del mar en Egipto, un país con 103 millones de habitantes. Solo en el delta del Nilo se espera que más de 6,3 millones de personas puedan quedar seriamente afectadas si el nivel del mar sube por encima de los 80 cm, una hipótesis de escenario planteada según las tendencias de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos hoy", explica Carnicer.

Seguridad alimentaria

En Europa, la agricultura será un foco decisivo de impactos y adaptaciones al cambio climático. La ciencia ya tiene constancia de que en los últimos cincuenta años se han triplicado las pérdidas de los cultivos europeos a causa de la sequía. En todo el mundo también se han observado caídas de producción de hasta el 5 % en los tres cultivos principales: maíz, trigo y arroz. En cuanto al futuro, en la región mediterránea se espera un descenso de hasta el 17% de productividad en los peores escenarios. Por otra parte, a escala mundial se estima que cerca del 10% de la superficie cultivable no podrá dedicarse a la agricultura por culpa del cambio climático en escenarios de alto calentamiento. Además, las personas que trabajan en el campo podrían estar sometidas a 250 días de mucho calor por año.

Aunque en la agricultura ya se toman medidas de adaptación, como los cambios en el calendario de los cultivos, los cambios de zonas de cultivos en áreas más altas, o el uso de especies más resistentes a la salinidad o a la carencia de agua, el informe documenta que en escenarios de elevado calentamiento (>2°C) algunas medidas de adaptación pueden dejar de ser efectivas y no podrán mantener la producción actual de alimentos.

Desarrollo resiliente en el clima

El informe actual reconoce que el desarrollo humano actual no es sostenible ni resiliente al cambio climático. En este contexto, el estudio destaca la necesidad de acciones transformadoras, que mitiguen drásticamente las emisiones y los efectos del cambio climático y que permitan adaptarse al territorio y las personas, con especial énfasis en la urgencia de desplegar opciones inclusivas y equitativas. El trabajo destaca así la necesidad de esquemas de gobernanza justos e inclusivos, en los que las medidas de adaptación se tomen teniendo en cuenta la voz de todos los actores y facilitando actividades de cocreación de las soluciones en los distintos ámbitos. Así, por ejemplo, se tiene en cuenta el conocimiento de las poblaciones locales e indígenas del mismo modo que los conocimientos más científicos. Por último, la comunidad científica remarca en el informe la necesidad de cooperación internacional y la colaboración de los gobiernos a todos los niveles con las comunidades, los grupos socialmente más desfavorecidos, la sociedad civil, los organismos educativos, las instituciones científicas y de otros tipos, los medios de comunicación, y los inversores y empresas para facilitar actividades más sostenibles y resilientes al cambio climático.

IPCC: ciencia internacional en beneficio de las políticas medioambientales

Los informes del IPCC proporcionan a los gobiernos datos del máximo interés científico que pueden utilizar para diseñar las políticas climáticas. También constituyen una contribución fundamental a las negociaciones internacionales para hacer frente al cambio climático en el marco de la Convención Marco sobre el Cambio Climático o Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (MNUCC).

En concreto, el IPCC comprende tres grupos de trabajo: el Grupo de Trabajo I, que analiza las bases físicas del cambio climático; el Grupo de Trabajo II, que estudia el impacto, la adaptación y la vulnerabilidad, y el Grupo de Trabajo III, centrado en la mitigación del cambio climático. Ahora, el nuevo informe del Grupo de Trabajo II amplía el marco de conocimientos sobre el cambio climático que hizo público el Grupo de Trabajo I en agosto de 2021, dentro del marco del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC.

Para elaborar el nuevo informe, un equipo científico internacional de cerca de doscientos expertos —designados por el gobierno de cada país— ha trabajado de forma coordinada durante los últimos siete años para recopilar el máximo de información científica —más de 40.000 publicaciones— sobre la problemática del cambio climático. Posteriormente, todo el conocimiento adquirido lo han revisado en diferentes fases los principales expertos de todo el mundo, así como los interlocutores gubernamentales que elaboran las políticas públicas relacionadas con el cambio climático. Por último, se elabora el informe que reúne las conclusiones más destacadas y se presenta de forma pública y abierta a toda la sociedad.
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