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Los océanos, clave en la lucha contra el cambio climático


Según un estudio publicado recientemente en la revista Science, el 31% del CO2 de origen antropogénico es absorbido por los océanos.
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Entre 1994 y 2007, los océanos capturaron 34 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2), o lo que es lo mismo, 34 miles de millones de toneladas métricas de este gas, lo que supone el 31% de todo el CO2 generado por los humanos en ese periodo de tiempo, según ha publicado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un comunicado. El estudio, liderado por el profesor Nicolas Gruber del centro suizo ETH, ha contado con participación española de la mano de Fiz Fernández, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, centro adscrito al CSIC.

Parte del CO2 procedente de la explotación de los combustibles fósiles es capturado por los océanos y los ecosistemas terrestres, actuando como sumideros. En el caso de los océanos, estos primero disuelven el gas en la superficie del agua, y luego las corrientes oceánicas y los procesos de mezclado distribuyen el CO2 a las profundidades del océano, donde se acumula.

Para los investigadores del clima, concretar qué porcentaje de CO2 de origen humano absorbe el océano ha sido crucial, ya que, tal y como ha explicado Fiz Fernández “los océanos funcionan como un gran sumidero de CO2”, siendo esenciales para los niveles atmosféricos de este gas, ya que, si los mares no absorbiesen esta cantidad de CO2, el impacto del cambio global sería notablemente mayor.

Aunque la proporción de CO2 absorbido por los océanos se ha mantenido estable durante los últimos 200 años, la cantidad total de gas capturado ha aumentado considerablemente. Esto se debe a que cuanto más CO2 se libera a la atmósfera, mayor es la cantidad que se deposita en los océanos. Según explica Nicholas Gruber, “a lo largo del período examinado, el océano global ha seguido capturando CO2 antropogénico en una proporción que es coherente con el aumento de CO2 atmosférico”.

El papel de los océanos como sumideros de carbono es esencial para frenar el impacto del calentamiento climático. Sin embargo, también conlleva severas consecuencias para los ecosistemas marinos, puesto que, por un lado, el CO2 disuelto acidifica el agua oceánica, lo que tiene graves secuelas para los organismos marinos. Además, el aumento del CO2 absorbido podría llevar a la saturación a los océanos.Los resultados de esta investigación, que han sido publicados recientemente en la revista científica Science, derivan de un proyecto internacional que dio comienzo en el año 2003 y en el que han participado investigadores procedentes de 7 países.
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Referencia | Nicolas Gruber, Dominic Clement, Brendan R. Carter, Richard A. Feely, Steven van Heuven, Mario Hoppema, Masao Ishii, Robert M. Key, Alex Kozyr, Siv K. Lauvset, Claire Lo Monaco, Jeremy T. Mathis, Akihiko Murata, Are Olsen, Fiz F. Perez, Christopher L. Sabine, Toste Tanhua, Rik Wanninkhof. The oceanic sink for anthropogenic CO2 from 1994 to 2007. Science. DOI: 10.1126/science.aau5153
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ETIQUETASOcéanosCambio ClimáticoEcologíaContaminaciónMedio Ambiente

La sobrepesca y la pesca ilegal ponen en peligro el futuro de 800 millones de personas que dependen del océano


WWF ha analizado varios puntos clave para la salud de nuestros mares, como la sobrepesca, la pesca ilegal o el papel de los consumidores. La organización pide acciones urgentes contra el rápido descenso de las especies que amenaza el valor ecológico y económico de los océanos.
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la población de vertebrados marinos ha disminuido casi un 50% entre 1970 y 2012. La diversidad de bienes y servicios que proceden actualmente de los entornos marinos y costeros – el equivalente al PIB de un país – se puede estimar en 2,5 billones de dólares al año.

“Si el océano fuera un país, sería la séptima economía más importante del mundo. Deben tomarse medidas efectivas para frenar la destrucción de las pesquerías y para conservar las fuentes marinas de alimentación para más de 800 millones de personas en todo el mundo”, afirma José Luis García Varas, responsable del Programa marino de WWF España.

Combatir la sobrepesca

Con un 61% de las pesquerías mundiales plenamente explotadas, y un 28,8% de ellas sobreexplotadas, la sobrepesca supone una de las mayores amenazas para la salud de los océanos.

Para WWF la protección de los hábitats y una gestión efectiva de las pesquerías han de ir de la mano, con el objetivo de ser pesquerías sostenibles y recuperar las reservas de peces. Los países deben asumir su responsabilidad y llegar a un acuerdo para que, al menos, el 10% de las áreas costeras y marinas se protejan y gestionen en 2020, aumentando hasta el 30% en 2030. Y subraya García Varas: “Establecer redes de Áreas Marinas Protegidas es de máxima importancia para conseguir resultados positivos para la biodiversidad, seguridad alimentaria y modos de vida”.

La reciente creación el Parque Tun Mustapha (Malasia), el mayor parque marino del país, apunta en la buena dirección. No en vano, el nuevo parque ayudará a proteger casi un millón de hectáreas y alrededor de 250 especies de corales, 360 de peces, tortugas verdes en peligro de extinción, así como arrecifes de coral, manglares y lechos marinos, sosteniendo la seguridad alimentaria y el modo de vida de miles de personas.

Entra en vigor un acuerdo contra la pesca ilegal

La FAO informa de que la pesca ilegal, no registrada y no regulada (IUU por sus siglas en inglés) sigue teniendo un impacto devastador y su valor se estima entre 10 y 23 millones de dólares por año. La pesca ilegal pone en peligro los ecosistemas marinos, perjudica a los pescadores que respetan la ley y penaliza a los gobiernos, a los distribuidores y a los consumidores que siguen las normas. Además, combatir la pesca ilegal es clave para mejorar la salud de los océanos y la seguridad alimentaria en todo el mundo.

WWF celebra la reciente puesta en marcha, el 5 de junio, del acuerdo Port State Measures (PSMA, en inglés). Como primer acuerdo vinculante a nivel internacional, específicamente pensado para prevenir que la pesca ilegal llegue a los puertos de todo el mundo, es un gran paso en la lucha global para erradicar este problema.

“Es una manera eficaz de impulsar las fuerzas de mercado para que se cierren los puertos a las embarcaciones que sean sospechosas de realizar actividades ilegales. Con 60 países a bordo – incluyendo miembros de la UE – y más que se espera que se unan en los próximos meses, estamos siendo testigos de un movimiento global para cerrar todos los puertos en los que lleve a cabo la pesca ilegal. Al implementar el PSMA, los gobiernos están avisando a los criminales de que no son bienvenidos”, explica García Varas.

La responsabilidad de los consumidores

Europa es el mayor mercado de pescado y marisco y también el mayor importador a nivel mundial. De hecho, el 65% de las importaciones de la UE provienen de fuera.

El peso de España en el comercio global tiene un lugar destacado, ya que ocupa el tercer puesto en el consumo de pescado por persona y año, es el cuarto mayor importador y el noveno exportador del mundo. Por su parte, España cuenta con una gran flota pesquera que opera en todos los océanos del mundo. Estos motivos hacen que nuestro país sea clave a la hora de conseguir pesquerías sostenibles, tanto por la acción directa de su flota como por su importancia, en su gestión sostenible.

Por lo tanto, los consumidores tienen un importante papel a la hora de disminuir la presión sobre los océanos y apoyar la seguridad alimentaria global y los medios de vida.

“Una elección sostenible de pescado y marisco tiene impactos directos tanto en el mar como en el sustento de personas que dependen total o parcialmente de la pesca, acuicultura de sus industrias asociadas tanto de Europa y como del resto del mundo”, indica José Luis García Varas. WWF recomienda comprar pescado sostenible. Debido a la alta dependencia de los mercados europeos en las importaciones de pescado, en especial de los países en desarrollados, los productos con el sello MSC (productos procedentes de pesca extractiva) y ASC (para la acuicultura) son una elección responsable.

Proyecto Fish Forward

WWF ha iniciado una campaña de información y concienciación hacia los consumidores europeos, cofinanciada por la UE. Su objetivo es que los consumidores sean conscientes de la importancia de su decisión de compra en la conservación de nuestros océanos, en la sostenibilidad de los recursos marinos y en el sustento de millones de personas que depende de ellos en todo el Planeta. Se ha puesto en marcha en 2015, el Año Europeo del Desarrollo y a lo largo de 3 años ser dará información y se desarrollaran actividades dirigidas a los consumidores, empresas y autoridades. Participan las oficinas de WWF en 11 países: Alemania, Austria, Bulgaria, Croacia, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Italia, Portugal y Rumanía.
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FUENTE | WWF España
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¿Podrían tener los exoplanetas océanos como los de la Tierra?


En un artículo publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (Oxford University Press), el autor, Fergus Simpson, ha construido un modelo estadístico para predecir la división entre tierra y agua en exoplanetas habitables.
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En la investigación, Fergus Simpson ha construido un modelo estadístico para predecir la división entre tierra y agua en exoplanetas habitables. Imagen: Antartis / Depositphotos.com
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Para que la superficie de un planeta pueda tener áreas extensas tanto de tierra como de agua, es necesario un equilibrio delicado entre el volumen de agua que retiene y las dimensiones de las cuencas oceánicas. En el conjunto de planetas con agua, cada una de estas cantidades puede variar considerablemente. Aún se desconoce la razón por la que los valores de la Tierra se encuentran en pleno equilibrio. El investigador Fergus Simpson ha construido un modelo estadístico para predecir la división entre tierra y agua en exoplanetas habitables.

Este modelo, basado en el estadística bayesiana, predice que la mayoría de planetas habitables están dominados por océanos que cubrirían más del 90% de la superficie (intervalo de fiabilidad del 95%). Simpson ha llegado a esta conclusión porque la Tierra está cerca del límite de los llamados planetas acuáticos, un régimen en el que la existencia de nuestra especie ya no sería viable. "Un escenario en el que la Tierra tuviera menos agua que otros planetas habitables sería coherente con los resultados de las simulaciones, y podría explicar por qué algunos planetas son menos densos de lo que se esperaba", explica Simpson.

En este trabajo, Simpson, investigador del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona (ICCUB), aplica el principio de selección antrópica, una idea aplicada principalmente en el ámbito cosmológico y que defiende que cualquier teoría válida sobre el Universo debe ser coherente con la existencia del ser humano. "Basándonos en que los océanos cubren el 71% de la Tierra, encontramos bastantes pruebas para defender la hipótesis de que los efectos de la selección antrópica funcionan", explica Simpson.

Para realizar el experimento con el modelo estadístico, el investigador del ICCUB ha tenido en cuenta observaciones como por ejemplo el ciclo del agua o los procesos de la erosión y la deposición. También ha presentado una aproximación estadística para calcular el área habitable decreciente de los planetas con océanos más pequeños, ya que empiezan a estar dominados por los desiertos.

En este estudio, Simpson se centra en el efecto de la selección que incluye el área cubierta por los océanos. "Nos queda mucho para comprender la evolución de la vida, pero no debemos limitarnos a creer que todos los planetas habitables tienen la misma capacidad de tener vida inteligente", concluye.
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Referencia bibliográfica | Fergus Simpson. Bayesian evidence for the prevalence of waterworlds. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, abril de 2017. Doi: 10.1093/mnras/stx516
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ETIQUETASAstronomía

Evalúan los efectos del accidente de Fukushima en los océanos


Un equipo internacional de científicos, con participación del investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona Pere Masqué, ha presentado, en el congreso Goldschmidt 2016 en Yokohama (Japón), una revisión de los efectos en los océanos del accidente de la central de Fukushima, cinco años después.
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Según el estudio, los niveles de radiación están disminuyendo en toda la zona, excepto en el área portuaria cercana a la planta nuclear, donde continúan las fugas radiactivas. Entre las conclusiones destacan que los niveles máximos de radiación en el agua, dentro de unos márgenes que no suponen ningún peligro, llegarán este año a la costa de Norteamérica, y que el riesgo de la radiación en las personas es muy modesto. Los investigadores muestran preocupación por la falta de apoyo para continuar con el asesoramiento científico para evaluar los niveles de radiación, imprescindibles para entender cómo cambian los riesgos.

El estudio, presentado por los investigadores que conforman un Grupo de Trabajo del Comité Científico en Investigación Oceánica (SCOR), se publica también como trabajo de investigación en la revista Annual Review of Marine Science y presenta las siguientes conclusiones:

El accidente

El terremoto Tohoku y el posterior tsunami que tuvieron lugar el 11 de marzo de 2011 provocaron la pérdida de potencia y el sobrecalentamiento de las plantas nucleares de Fukushima Daiichi (FDNPP), causando la emisión de gases radiactivos, elementos volátiles y líquidos, en especial hacia la costa oceánica. La lluvia radiactiva en los suelos está bien documentada, pero la distribución de la radiactividad en el mar y hacia los océanos a gran escala es mucho más difícil de cuantificar, debido a la variabilidad en las corrientes oceánicas y las dificultades para tomar muestras.

Liberación inicial de material radiactivo

Aunque el accidente en la central FDNPP fue uno de los más grandes y sin precedentes en cuanto al impacto en los océanos, la cantidad de cesio-137 liberada era de aproximadamente una quincuagésima parte de la que se liberó globalmente en los ensayos nucleares de los años 60 y una quinta parte de la liberada debido al accidente de Chernóbil. Es similar, en magnitud, a las descargas de cesio-137 de la planta de reprocesamiento de combustible nuclear de Sellafield.

Lluvia radiactiva inicial

La liberación inicial de material radiactivo fue hacia la atmósfera. Algunos modelos sugieren que alrededor del 80% de la lluvia cayó en el océano, la mayor parte cerca de la central. Hubo aportación desde los terrenos cercanos al mar, con un máximo alrededor del 6 de abril de 2011. Se estima en entre 15 y 25 PetaBecquerels (1015 Becquerels, o desintegraciones nucleares por segundo) la cantidad de Cs-137 liberada al océano. También se liberaron otros radioisótopos, pero el interés se ha centrado en las formas radiactivas del cesio debido a sus largos períodos de semidesintegración, es decir, de permanecer muchos años como fuente de radiactividad (dos años para el cesio-134 y 30 años el cesio-137), así como por su abundancia en la fuente de emisión de las centrales.

Distribución en el agua

El cesio es muy soluble en agua, por lo que se dispersó rápidamente por el océano, con niveles más elevados en algunas zonas debido a la distribución de las corrientes marinas. En el máximo, en 2011, la señal del cesio-137 en la costa cercana a la central nuclear fue decenas de millones de veces más elevado que antes del accidente. Con el tiempo y a mayor distancia a Japón, los niveles disminuyen significativamente. En 2014, la señal de cesio-137 a 2.000 kilómetros al norte de Hawai era equivalente a unas seis veces la señal remanente debida a las pruebas nucleares de los años 60, y en la costa oeste de Norteamérica, la señal era entre dos y tres veces más elevada que los niveles previos al accidente. La mayor parte de la lluvia radiactiva se concentra en los primeros cientos de metros de la superficie marina.

Es probable que los niveles máximos de radiación lleguen a la costa de Norteamérica a lo largo de este año, para disminuir hasta los niveles de entre uno y dos bequerelios por metro cúbico en el 2020, comparables a los niveles debidos a los ensayos nucleares de los años 60. Los sedimentos del fondo marino contienen menos de un 1% del cesio-137 emitido por la central, aunque la contaminación aún es elevada en la zona más cercana a la central. La redistribución de los sedimentos por organismos que se alimentan en el fondo marino (más habituales cerca de la costa) y por las tormentas es muy compleja.

Efectos en la fauna marina

En el año 2011, aproximadamente la mitad de las muestras de peces en aguas costeras frente a Fukushima tenían niveles de cesio radiactivo por encima del límite de 100 Bq / kg establecido por las autoridades japonesas, pero en 2015 menos de un 1% de las muestras están por encima del límite. Todavía se encuentran niveles elevados en torno a la central. En abril de 2011 se detectaron niveles elevados de yodo 131, pero se trata de un elemento con una vida radiactiva muy corta, por lo que ahora se encuentra por debajo de los niveles detectables. En general, con la excepción de las especies más cercanas a la central, no parece haber efectos medibles en la fauna marina.

Riesgo para las personas

El riesgo de radiación para las personas es muy modesto en comparación con las 15.000 víctimas directas del terremoto y del tsunami. Hasta el momento, no ha habido ninguna muerte relacionada con la radiación. Las personas evacuadas de la central más expuestas recibieron una dosis total de 70 mSv, que incrementaría su riesgo de cáncer a lo largo de toda la vida de un 24% (el de la población general) a un 24,4%, tanto sólo 0,4 puntos. Sin embargo, aún hay más de 100.000 evacuados del área de Fukushima, y ​​muchas industrias como la del turismo y la de la pesca, han sido fuertemente golpeadas.
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Referencia | Buesseler, K.O., Dai, M., Aoyama, M., Benitez-Nelson, C., Charmasson, S., Higley, K., Maderich, V., Masque, P., Oughton, D. and Smith, J.N. 2017. Fukushima Daiichi-derived radionucleidos in the ocean: transport, fate, and impacts. Annu. Rev. Mar. Sci. 9: In press. doi: 10.1146 / annurev-marine-010816 a 060733
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ETIQUETAS | Sociedad | Salud |

Identificado un cambio climático que precedió a la extinción de los dinosaurios

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El rápido calentamiento global fue causado por las mega-erupciones del vulcanismo del Decán en la India. Este cambio climático cesó 100.000 años antes del límite Cretácico/Paleógeno, tiempo suficiente para que los ecosistemas se recuperaran antes de ser golpeados por el asteroide de Chicxulub.
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Los investigadores Vicente Gilabert, Ignacio Arenillas, José Antonio Arz, Daniel Ferrer (IUCA-Universidad de Zaragoza) y Stuart Alan Robinson (Universidad de Oxford) han identificado por primera vez en España (Caravaca, Murcia) evidencias del último gran episodio de calentamiento climático del periodo Cretácico: el Late Maastrichtian Warming Event (LMWE). Este calentamiento global de hasta 2-5ºC, junto con la acidificación de los océanos, han sido relacionados por los autores con intensas erupciones volcánicas que ocurrieron hace entre 66.3 y 66.1 millones de años en la India (los llamados Deccan Traps).

El trabajo ha sido publicado en la revista Cretaceous Research y forma parte de la tesis doctoral de Vicente Gilabert. Se aportan nuevos datos sobre cómo cambió el clima y la geoquímica de la superficie de los océanos a lo largo de los últimos 400.000 años del Cretácico, periodo geológico que concluyó con el evento de extinción en masa del límite Cretácico/Paleógeno.

Para reconstruir el clima y su influencia sobre el plancton marino, se analizó la evolución de los isótopos estables del carbono y del oxígeno,junto con los microfósiles del grupo de los foraminíferos planctónicos. Estos protozoos se caracterizan por tener rápidos cambios evolutivos, ser muy abundantes y reaccionar de manera marcada ante los cambios ambientales, lo que les convierte en excelentes herramientas tanto para datar rocas como para evaluar los cambios climáticos del pasado.

La expresión geoquímica del LMWE en Caravaca se traduce en una disminución importante de los valores del δ13C y del δ18O en las rocas, lo que se ha relacionado con una etapa de aguas más cálidas, como consecuencia de la acumulación en la atmósfera cretácica de gases invernadero como el CO2 y el metano exhalados por los volcanes. Otra consecuencia de esta importante actividad volcánica durante este periodo fue la producción de grandes cantidades de lluvia ácida, que aumentó el grado de disolución y fragmentación de las conchas carbonatadas de los foraminíferos acumuladas durante este evento en los sedimentos.

La respuesta biológica fue compleja, aunque significativamente no tuvo lugar la extinción de ninguna especie durante el LMWE. Esta respuesta incluye una sobreabundancia de especies de foraminíferos planctónicos generalistas, es decir, capaces de subsistir bajo condiciones ecológicas amplias y cambiantes. También abundan en Caravaca especies y géneros adaptados a condiciones de baja oxigenación de las aguas, lo que se ha interpretado como una respuesta al hecho bien conocido de que la solubilidad del oxígeno disminuye a medida que aumenta la temperatura del agua. Otra estrategia biológica importante ante el último calentamiento global del Cretácico fue el enanismo, es decir la anticipación de la madurez sexual para conseguir una reproducción más rápida. De este modo, algunas especies en Caravaca redujeron su tamaño hasta en un 35%, dentro del intervalo correspondiente al LMWE.

La coincidencia en el tiempo de este evento con el comienzo de la fase eruptiva principal del Decán ha permitido establecer una relación causa-efecto entre ambos. Sin embargo, aunque la influencia del vulcanismo del Decán en los océanos fue notable durante el LMWE, las asociaciones de foraminíferos planctónicos y los marcadores geoquímicos de Caravaca indican una muy rápida vuelta a las condiciones climáticas y paleoambientales previas al LMWE. Este trabajo confirma así que la principal causa de la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno fueron las perturbaciones paleoambientales desencadenadas tras el impacto meteorítico de Chicxulub en la península del Yucatán (México), y que el impacto ecológico de la fase eruptiva principal de los Deccan Traps fue mucho menor de lo estimado con anterioridad por otros autores.
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La expedición Malaspina confirma que la contaminación llega hasta las zonas más remotas del océano

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Cerca de 80 investigadores se reúnen en un congreso que pone fin al mayor proyecto de la historia sobre cambio global. Los científicos ya han demostrado que existen cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto.
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Tres años después de que el buque Hespérides regresara a España culminando la vuelta al mundo de la expedición Malaspina, los científicos tienen una idea cada vez más clara sobre cómo funciona el océano global y cuál es su estado de salud. En concreto, la entrada de contaminantes procedentes de la atmósfera no se limita a las zonas costeras, sino que se produce también en las zonas más remotas del planeta y ya ha empezado a afectar al ecosistema oceánico.

Esta y otras conclusiones se presentan esta semana en la Residencia de Investigadores del CSIC en Barcelona, en un congreso que pone fin al mayor proyecto interdisciplinar de la historia sobre cambio global. Cerca de 80 científicos participan en las ponencias, que profundizarán en el impacto del cambio global sobre el plancton marino, los efectos del aumento de la temperatura, la velocidad a la que se produce el transporte del calor o las consecuencias del aumento de la radiación ultravioleta.

La huella del cambio global

La expedición ha generado por primera vez una base de datos que recoge los niveles de contaminantes orgánicos en todos los océanos. Los investigadores han logrado determinar cómo se distribuyen globalmente las dioxinas, compuestos químicos generados durante la combustión de residuos orgánicos.

“Las concentraciones son mayores cerca de los continentes que en las zonas centrales de los océanos, una circunstancia que se explica por los procesos de degradación durante el transporte, ya que se depositan al océano directamente desde la atmósfera”, explica Jordi Dachs, investigador del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua y uno de los autores del trabajo, que también confirma que estos contaminantes han comenzado a afectar al fitoplancton y zooplancton.

“Hemos observado que los contaminantes entran directamente al océano a través de la atmósfera, llegando a las zonas más remotas del planeta, con aportes que ya están afectando al ecosistema oceánico”, explica el investigador del CSIC y coordinador de la expedición Malaspina Carlos Duarte.

Asimismo, durante el proyecto se ha generado la mayor base de datos de hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) en el océano. Los PAHs se encuentran como parte de los combustibles fósiles y también se generan durante la combustión de petróleo y carbón. “Hemos hallado que las concentraciones de PAHs son mayores cerca de los continentes que en las regiones oceánicas centrales y que se produce una entrada difusa de PAHs por deposición atmosférica. Esta entrada es mayor que la llegada de vertidos de petróleo al océano y se produce en todos los océanos, aunque su impacto todavía lo desconocemos”, asegura Dachs.

Los investigadores ya han demostrado, a partir de las muestras recogidas a bordo, que existen cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto, que coinciden con los cinco grandes giros de circulación de agua superficial oceánica. Según estos resultados, el problema de la contaminación por residuos plásticos tiene carácter planetario. “Sólo una expedición global como Malaspina podía obtener estos resultados y evaluar la abundancia global de contaminación por plásticos”, resalta Duarte.Comprensión del ecosistema oceánico

“La expedición Malaspina ha supuesto un salto adelante en la comprensión del ecosistema del océano global, particularmente de las aguas situadas por debajo de la capa expuesta a la luz solar, donde hemos descubierto una biomasa de peces hasta 10 veces mayor de la que se pensaba”, señala Duarte.

Los investigadores ya han comenzado a secuenciar el genoma del océano profundo global empleando más de 2.000 muestras de microorganismos recogidas en el Atlántico, el Índico y el Pacífico durante la expedición. Esta colección de genómica microbiana marina, la primera del mundo a escala global, aportará nuevas claves sobre un reservorio de biodiversidad aún por explorar, ya que podría suponer el hallazgo de decenas de millones de genes nuevos en los próximos años.

Los trabajos de secuenciación, enmarcados en el proyecto Malaspinomics, se centran en los virus, bacterias y protistas que pueblan el océano hasta los 4.000 metros de profundidad. Resultados preliminares de Malaspinomics revelan una cantidad ingente de especies desconocidas de microorganismos en el océano profundo. En concreto, el 60% de las especies bacterianas del océano profundo detectadas mediante técnicas de secuenciación masiva son desconocidas.

Una expedición irrepetible

“La oceanografía española nunca había liderado un proyecto con una dimensión internacional de este calibre, con más de 18 países implicados. Además de marcar un antes y un después por los avances científicos, ha conseguido romper las fronteras y recelos tradicionales entre grupos científicos. También ha sido capaz de hacer llegar la oceanografía española a la sociedad”, asegura el coordinador del proyecto.

El Hespérides, un barco de la Armada Española, partió el 15 de diciembre de 2010 de Cádiz, realizando paradas en Río de Janeiro (Brasil) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Tras Perth (Australia), pasó por Sídney (Australia), Auckland (Nueva Zelanda), Honolulú (Hawai), y Cartagena de Indias (Colombia). Otro buque, el Sarmiento de Gamboa, perteneciente al CSIC, regresó en abril de 2010 procedente de Santo Domingo (República Dominicana), donde llegó tras haber explorado el Atlántico durante casi dos meses.

La expedición Malaspina es un proyecto Consolider-Ingenio 2010 gestionado por el CSIC y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. Malaspina comprende cerca de 50 grupos de investigación, incluyendo 27 grupos de investigación españoles, del CSIC, el Instituto Español de Oceanografía, 16 universidades españolas, un museo, la fundación de investigación AZTI-Tecnalia, la Armada Española, y varias universidades españolas. La financiación total, en la que también han colaborado el CSIC, el IEO, la Fundación BBVA, AZTI-Tecnalia, varias universidades españolas y organismos públicos de investigación, ronda los 6 millones de euros.
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La pesca podría aliviar una emergencia alimentaria mundial en casos extremos

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Un estudio internacional liderado por el ICTA-UAB defiende que, si se gestiona de manera sostenible con anticipación, la pesca podría paliar situaciones de escasez alimentaria incluso tras un conflicto nuclear.
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Photo by Agustin Piñero from Pexels
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Durante el último medio siglo, el sistema mundial de producción de alimentos ha abastecido de manera estable a la población humana en rápido crecimiento. Pero eventos impredecibles como una guerra o erupciones volcánicas podrían interrumpir rápidamente la producción de alimentos y dejar vacíos los estantes de las tiendas de comestibles.

Un estudio internacional coliderado por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), proporciona las primeras estimaciones sobre cuál sería la situación de la pesca oceánica mundial después de un conflicto nuclear. El estudio cuenta con la participación de científicos de la Universidad McGill (Canadá), la Universidad de Colorado Boulder, Universidad de Texas Rio Grande Valley, el U.S. National Center for Atmospheric Research y la Universidad Rutgers (Estados Unidos).

Los investigadores aseguran que, aunque la pesca no podría compensar la gran pérdida de producción agrícola en tierra, sí tendría el potencial de amortiguar la situación, pero solo si las pesquerías se encontrasen en un estado saludable antes de que la crisis alimentaria tuviera lugar.

"Las simulaciones de modelos climáticos han demostrado que el polvo, producido por los incendios en una guerra nuclear, reduciría la producción agrícola mundial", explica la coautora principal Cheryl Harrison, profesora de la Universidad de Texas Rio Grande Valley. "Aquí mostramos que las poblaciones mundiales de peces también sufren un crecimiento reducido en estas condiciones, ya que los océanos se vuelven más fríos y oscuros". Estiman que una guerra nuclear podría reducir hasta en un 30% la cantidad de productos del mar capturados por los barcos pesqueros en todo el mundo.

“La parte positiva de nuestros resultados es que muestran los beneficios que se podrían obtener si dispusiéramos de pesquerías saludables antes de que una hipotética guerra nuclear tuviera lugar. Si los peces fueran abundantes como consecuencia de unas medidas contundentes y eficaces que evitasen la sobrepesca, los océanos podrían proporcionar un enorme suministro de alimentos de emergencia durante unos años”, indica Kim Scherrer, coautora principal e investigadora del ICTA-UAB.

Los resultados se basan en modelos informáticos de última generación que simulan cómo los efectos de una posible guerra nuclear se filtran a través del sistema terrestre. Un modelo oceánico global predice cambios en la temperatura del océano, las corrientes y la luz solar disponible, lo que determina la cantidad de alimento disponible para permitir el crecimiento de los peces. Por tanto, simula la respuesta de las flotas pesqueras del mundo tanto al cambio en el crecimiento de los peces como a los cambios en la demanda de pescado.

“Si las regulaciones son demasiado débiles para proteger las poblaciones de peces antes de una hipotética situación extrema, como una guerra, no se podría aliviar el impacto”, explica Scherrer. “No importaría cuán alto está el precio del pescado, porque simplemente no habría más pescado que capturar. Sin embargo, si las poblaciones de peces son abundantes, esto podría servir como reserva de alimento”. Calculan que la pesca podría reemplazar alrededor del 40% del resto de proteínas animales durante uno o dos años.

“Es más, debido a que en la actualidad muchas pesquerías están sobreexplotadas, la acumulación de poblaciones de peces podría tener lugar sin reducir las capturas previas a la guerra. Es una situación beneficiosa por partida doble", explica el coautor Ryan Heneghan, del ICTA-UAB.
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Trabajo de referencia | Scherrer, K., Harrison, C.S., Heneghan, R., Galbraith, E., et al. (2020). Marine wild-capture fisheries after nuclear war. PNAS. https://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.2008256117
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El aumento del nivel del mar se duplicará por el deshielo de la Antártida


Con el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, el hielo de la Antártida continuará derritiéndose por el incremento de las temperaturas y, en consecuencia, provocará un aumento del nivel del mar de un metro para el año 2100 y de hasta 15 metros para 2500, según un nuevo estudio. Estas estimaciones duplican las previsiones actuales del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático.
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La Antártida fue el principal causante del aumento del nivel del mar en el pasado y puede serlo también en el futuro. Gran parte del hielo del continente se encuentra sobre la superficie terrestre y, cuando se derrite, el incremento del volumen de los océanos es mayor que el que produce el hielo que flota sobre el agua, como sucede en el Ártico.

Un estudio, publicado en Nature, establece un nuevo modelo para calcular la elevación de los mares a partir de las recientes estimaciones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Los resultados reflejan que, en el peor de los escenarios manteniendo el ritmo actual de emisiones de CO2, el nivel del mar se duplicará en los próximos 100 años.

Según los científicos estadounidenses, el nivel de los océanos aumentará más de un metro en el año 2100 y hasta 15 metros en 2500 si las emisiones de gases de efecto invernadero no cesan.Para llegar a estas conclusiones, los investigadores aplicaron dos nuevos mecanismos de análisis al modelo habitual de estudio de la capa de hielo antártico.

"Hemos combinado modelos de estudio muy sofisticados sobre clima, océanos y plataformas de hielo para simular los cambios pasados y futuros en la capa helada de la Antártida”, explica a Sinc Robert DeConto, uno de los autores del trabajo y científico en la Universidad Amherst (EE UU). Según el modelo, las consecuencias más visibles afectarán a las ciudades de baja altitud, como Boston en EE UU.

Antes y después del deshielo de la Antártida

El equipo de científicos aplicó el modelo a los procesos de deshielo del Plioceno (hace unos tres millones de años) y del último período interglacial sucedido hace unos 125.000 años. Después se proyectaron los resultados en el futuro, observando que la capa de hielo del gélido continente es muy sensible al cambio climático.

"El calentamiento atmosférico será el factor más pernicioso para el hielo de la Antártida si se mantienen las altas emisiones de gases de efecto invernadero”, recalcan los autores. Pero van más allá: el calentamiento del océano retrasará la recuperación del hielo durante miles de años aunque se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero.

"El nivel del mar seguirá siendo muy alto mucho después de que las emisiones se reduzcan”, comenta a Sinc DeConto, situándose en el peor de los escenarios. Sin embargo, en un escenario de emisiones muy reducidas, "el deshielo de la Antártida contribuirá muy poco en el aumento del nivel del mar”, subraya el experto.

En la actualidad, según observan los autores, las grietas en las plataformas de hielo flotantes que se encuentran a baja altitud se están profundizando. Esto provoca que el agua salada entre en contacto con el agua dulce proveniente de las precipitaciones, cada vez más frecuentes por el calentamiento de las temperaturas del aire.

Además, una vez que el hielo flotante se derrite, el agua choca contra la superficie terrestre helada. Como los acantilados de la Antártida son tan altos, no pueden sostener su propio peso y terminan por derrumbarse. Surgen así más plataformas de hielo sobre el océano que terminarán erosionando el continente. Este fenómeno también se produce regularmente en algunos de los grandes glaciares de Groenlandia y la Antártida.
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Referencia bibliográfica | Robert DeConto y David Pollard. "Contribution of Antarctica to past and future sea-level rise". Nature 30 de marzo de 2016. DOI: 10.1038/nature17145
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FUENTE | Agencia SINC
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Nueva tecnología para la detección de eventos sísmicos submarinos


Un trabajo publicado en la revista ‘Nature Communications’ recoge los resultados de pruebas que se han llevado a cabo en el fondo del Mar del Norte.
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Image by Public Co from Pixabay
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Un equipo internacional de científicos de la Universidad de Alcalá y el Instituto Tecnológico de California (Caltech) acaba de publicar en la revista ‘Nature Communications’, el estudio ‘Detección distribuida de microseismos y teleseismos empleando fibra oscura submarina’, un trabajo que recoge los resultados de las pruebas que han llevado a cabo en el fondo del Mar del Norte. En ellas, han utilizado cables de comunicaciones de fibra óptica instalados a modo de una red sísmica gigante, con el fin de rastrear terremotos lejanos y olas oceánicas.

El proyecto fue, en parte, una prueba de concepto de una nueva tecnología desarrollada por la Universidad de Alcalá para la medida de eventos sísmicos. Los océanos cubren dos tercios de la superficie terrestre, pero colocar sismómetros permanentes bajo el mar es prohibitivamente caro. El grupo de la UAH ha desarrollado un nuevo sensor multipunto de eventos sísmicos empleando solamente cables de fibra óptica convencionales de comunicaciones, que son cada vez más comunes en el fondo del mar. Basta con conectar un equipo en el extremo de tierra de estos cables, y esta tecnología permite transformarlo en una potente matriz de sensores sísmicos. Aunque desarrollaron estos sensores fundamentalmente para aplicaciones energéticas, ahora han adaptado con éxito la tecnología a la sismología.

‘Los cables de comunicaciones de fibra óptica son cada vez más comunes en el fondo del mar. En lugar de colocar un dispositivo completamente nuevo, podemos aprovechar parte de esta fibra y comenzar a observar la sismicidad submarina de inmediato. Esto reduce los costes en órdenes de magnitud’, declaró Ethan Williams, sismólogo de Caltech y primer autor del estudio.

Los sensores desarrollados por la UAH disparan un haz de luz por un cable de fibra óptica. Las pequeñas imperfecciones en el cable reflejan cantidades minúsculas de luz, permitiendo localizarlas como ‘puntos de referencia’. A medida que la onda sísmica deforma mínimamente el cable de fibra (en torno a 1 nanometro por cada metro de cable), los puntos de referencia cambian de lugar, alterando muy ligeramente el tiempo de vuelo de las ondas de luz reflejadas por los puntos de referencia. La técnica desarrollada por la UAH permite medir de forma muy precisa esas deformaciones, presentando el récord de sensibilidad entre los sistemas de este tipo desarrollados hasta la fecha. Esto permite a los científicos rastrear la progresión de las ondas sísmicas con gran resolución.

‘La tecnología de sensado acústico distribuido en el fondo marino es una nueva frontera de la geofísica que puede proporcionar órdenes de magnitud más datos sísmicos submarinos y una nueva comprensión del interior de la Tierra profunda y las principales fallas’, según explica Zhongwen Zhan, profesor de geofísica en Caltech y coautor del estudio.

Debido a la gran sensibilidad de la técnica, las fibras instaladas en el Mar del Norte pudieron rastrear pequeños ruidos sísmicos no relacionados con terremotos (o microsismos) y encontró evidencias que respaldan una teoría de formación de estos microsismos de hace más de 60 años. En 1950, el matemático y oceanógrafo Michael Selwyn Longuet-Higgins teorizó que la interacción no lineal de las olas oceánicas podría ejercer una presión suficiente en el fondo del mar para generar las llamadas ondas Scholte, un tipo de onda sísmica que ocurre en la interfaz de un líquido y sólido. Al rastrear las olas oceánicas y los microsismos correspondientes, las fibras ópticas del Mar del Norte revelaron que los microsismos podrían ser el resultado de este tipo de estas interacciones de las olas oceánicas. Por otro lado, la red de fibra pudo detectar y registrar un terremoto de magnitud 8,2 ocurrido en Fiji (a más de 10.000 km de la red). Esto demostró claramente la capacidad de la tecnología de completar la información que falta en la red sísmica global, particularmente en las zonas submarinas donde prácticamente no hay estaciones sísmicas permanentes.
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ETIQUETASOcéanosMedio AmbienteInvestigación

Identifican los problemas que afectarán a los ecosistemas marinos en la próxima década

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Dos especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) formaron parte del equipo internacional que acaba de publicar la novedad en Nature Ecology & Evolution.
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Foto de Marek Okon en Unsplash
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Un estudio internacional, del que participaron dos especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), plantea una lista de quince problemas emergentes que tendrían un impacto en los ecosistemas marinos y costeros. Además de la sobreexplotación de recursos marinos, el cambio climático y la contaminación, el nuevo trabajo, publicado en Nature, Ecology & Evolution, destaca otros factores que ejercerán en el corto plazo un cambio significativo sobre la biodiversidad de esos hábitats.

“Confeccionamos un listado de problemas que en la actualidad no están recibiendo una atención adecuada o suficiente, pero que probablemente se vuelvan importantes para el cuidado de los ecosistemas marinos en la próxima década”, afirma Irene Schloss, investigadora del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), con sede en Ushuaia, Tierra del Fuego.

Irene Schloss y Alberto Piola, investigador del CONICET en el Servicio de Hidrografía Naval (SHN), participaron del nuevo estudio internacional junto a casi treinta investigadoras e investigadores del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia, Portugal, Uruguay y otros países.

En un principio, los autores del trabajo propusieron setenta y cinco temas emergentes que tendrán un impacto en la biodiversidad de los ecosistemas marinos. “Analizamos individualmente cada uno de los resúmenes y confeccionamos un ranking sobre la base de la significancia y novedad de cada tema propuesto. Del total, confeccionamos la lista final de los quince temas más votados por el grupo”, explica Piola.

Temas emergentes seleccionados

Así como en 2009 un equipo internacional de científicos había dado la advertencia temprana de que los microplásticos podrían convertirse en un problema importante en el medio ambiente marino, y hoy el tema está siendo estudiado en muchos mares, incluyendo el mar argentino y las aguas antárticas, las y los autores de este estudio destacan la importancia de considerar los efectos de los nuevos materiales biodegradables que pueden ser nocivos para la fauna, o los del litio de las baterías, así como también los impactos de los incendios forestales en los ecosistemas costeros.

“Las actividades humanas están produciendo el oscurecimiento de las áreas costeras debido al aumento de partículas en suspensión en respuesta a cambios en el uso de la tierra, el aumento de las precipitaciones, la inyección de material continental al océano y la erosión costera, entre otros. Hay evidencia que los incendios pueden inyectar nutrientes y metales solubles y disparar floraciones de microalgas y la mortalidad de otros organismos en el océano”, destaca Piola, oceanógrafo físico cuyo grupo investiga el impacto del cambio climático sobre el ecosistema marino.

Dicho oscurecimiento de las zonas costeras, afirma el investigador del CONICET, “puede conducir a cambios en la composición de las especies dominantes en el ambiente costero. Asimismo, el calentamiento del océano conduce al desplazamiento de especies hacia latitudes más altas, creando nuevos ambientes en regiones tropicales a los que nuevas especies tendrán que adaptarse”.

En el inventario de potenciales problemáticas, también se incluyeron otros temas emergentes como el aumento de la toxicidad de metales contaminantes debido a la acidificación de los océanos; la posible explotación de colágenos marinos de interés industrial; la extracción de litio en aguas marinas profundas; y la construcción de ciudades flotantes por el ascenso del nivel del mar y otros factores.

“Esperamos que la exposición de los temas emergentes aumente su visibilidad y que la misma contribuya a un mayor esfuerzo científico que promueva el avance del conocimiento necesario para evaluar sobre bases sólidas el impacto de cada uno de los mismos sobre los ecosistemas marinos”, señala Piola.

“Con nuestro trabajo pretendemos llamar la atención y crear conciencia acerca de los problemas emergentes identificados, alentar la inversión para su estudio e impulsar el cambio de políticas antes de que mañana estos temas tengan un impacto importante en la biodiversidad de los ecosistemas marinos”, agrega Schloss cuya línea de estudio abarca el cambio climático y su efecto sobre la ecología y dinámica del plancton en los ecosistemas marinos polares y subpolares.

Las Naciones Unidas han designado 2021-2030 como la “Década de las Naciones Unidas (ONU, según sus siglas en inglés) de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible”. “En este marco, el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de la ONU representa una oportunidad para que las cuestiones identificadas y relacionadas con los ambientes marinos en nuestro trabajo sean consideradas por su contribución a frenar e idealmente revertir los procesos que llevan a la pérdida de biodiversidad, estableciendo nuevas metas y con miras a que los resultados en cuanto a la diversidad sean positivos para 2050”, concluye Schloss, también investigadora del Instituto Antártico Argentino y docente de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
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Trabajo de referencia | Herbert-Read, J. E., Thornton, A., Amon, D. J., Birchenough, S. N., Côté, I. M., Dias, M. P., … & Sutherland, W. J. (2022). A global horizon scan of issues impacting marine and coastal biodiversity conservation. Nature Ecology & Evolution. DOI: 10.1038/s41559-022-01812-0
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ETIQUETAS • EcologíaNaturalezaMedio AmbienteOcéanosBiología.....
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Los bosques de kelp del Gran Arrecife Sur de Australia retroceden 100 kilómetros en cinco años


Un estudio con participación del CSIC analiza los efectos de la ola de calor de 2011 en la costa oeste australiana. La regresión de los boques de kelp supone una pérdida de más de 950 kilómetros cuadrados de este ecosistema marino. Los datos del trabajo, publicado en ‘Science’ muestran el proceso de tropicalización de los océanos.
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Los bosques de kelp, algas pardas de gran tamaño y valor ecológico, del Gran Arrecife Sur de Australia han retrocedido 100 kilómetros en los últimos cinco años. Es uno de los principales resultados de un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en el último número de la revista Science. El artículo, que analiza datos recogidos desde 2001 a lo largo de 2.000 kilómetros de costa australiana, muestra los efectos de la ola de calor que afectó a la región en 2011 combinada con dos décadas de progresivo calentamiento oceánico.

“El calentamiento de los océanos, y particularmente eventos puntuales como una ola de calor, puede provocar cambios importantes en los ecosistemas marinos de manera rápida e irreversible y romper barreras biogeográficas. En este caso, estamos viendo la pérdida de más de 950 kilómetros cuadrados de bosque de kelp, que en lugar de recuperarse tras el fin de la ola de calor, está adquiriendo características de regiones tropicales”, explica la investigadora del CSIC Julia Santana, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares).

Los resultados de este trabajo indican que, cinco años después de la ola de calor, las comunidades de peces, invertebrados y algas propios de estas regiones templadas han cambiado y cada vez se parecen más a comunidades más típicas de zonas tropicales, en las que una mayor presión de herbívoros impide el crecimiento de los bosques de algas y favorece el florecimiento de corales.

Latitud 29° Sur

El punto de no retorno para los bosques de kelp tras las temperaturas extremas de 2011, se localiza en el paralelo 29° Sur. Los bosques de kelp situados al norte de esa latitud no han podido recuperarse tras la ola de calor. Por el contrario, los investigadores no observaron cambios de esa magnitud al sur de ese punto, donde las temperaturas durante 2011 se mantuvieron mayoritariamente dentro de los rangos de tolerancia del kelp y una mayor distancia de las biozonas tropicales minimizó la llegada de nuevas especies.

La velocidad a la que se está produciendo el calentamiento oceánico está empujando los bosques de Kelp hacia el extremo sur de Australia, donde corren riesgo de desaparecer debido, entre otros factores, a las corrientes de superficie que llegan por el norte. Si esto llegase a ocurrir, miles de especies endémicas del Gran Arrecife Sur de Australia correrían un grave peligro y, al mismo tiempo, tendría importantes efectos negativos en la industria pesquera y en el turismo de la zona, con un valor de aproximadamente diez mil millones de dólares australianos al año”, comenta el investigador del CSIC Scott Bennett, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados.

En el trabajo, liderado desde la Universidad de Western Australia, también ha participado, entre otras instituciones, el Instituto Ecoaqua de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria.
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Referencia | Thomas Wernberg, Scott Bennett, Russell C. Babcock, Thibaut de Bettignies, Katherine Cure, Martial Depczynski, Francois Dufois, Jane Fromont, Christopher J. Fulton, Renae K. Hovey, Euan S. Harvey, Thomas H. Holmes, Gary A. Kendrick, Ben Radford, Julia Santana-Garcon, Benjamin J. Saunders, Dan A. Smale, Mads S. Thomsen, Chenae A. Tuckett, Fernando Tuya, Mathew A. Vanderklift, Shaun Wilson. Climate driven regime shift of a temperate marine ecosystem. Science. DOI: 10.1126/science.aad8745
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ETIQUETASCambio ClimáticoEcologíaCSIC

Los peces de aguas cálidas ganan terreno en el Cantábrico

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Científicos del Instituto Español de Oceanografía cuantifican, por primera vez, la velocidad a la que las comunidades de peces están cambiando a causa de la crisis climática. Han analizado su distribución en aguas del Cantábrico y Galicia, donde las especies de aguas más cálidas están ganando terreno y aquellas que prefieren aguas más frías retroceden.
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Barcos de pesca bajo un cielo nublado. / NOAA
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Un estudio, publicado recientemente en la revista Ecological Indicators, utiliza un índice basado en la temperatura preferente de las especies que relaciona los cambios en la distribución de las comunidades de peces de fondo con la temperatura de la columna de agua.

Los resultados de los datos analizados en aguas del Cantábrico y Galicia muestran cómo responde este índice a la distribución de la temperatura ambiental, tanto espacialmente como temporalmente.

El índice ha permitido clasificar las comunidades de peces de fondo en tres tipos: cálidas, templadas y frías; y hacer un análisis de cómo se distribuyen cada uno de los tipos en el espacio y en el tiempo.

Así, en el Cantábrico se puede observar que las comunidades con una temperatura más alta -comunidades cálidas- son principalmente litorales, mientras que las comunidades más frías están a mayor profundidad.

Esto no ocurre en aguas de Galicia, donde por el efecto del afloramiento no hay estratificación en la temperatura y no se han hallado estas diferencias en profundidad. Esta presencia del afloramiento de aguas frías en aguas gallegas determina, además, que en estas áreas las comunidades sean más frías que en el interior del Golfo de Vizcaya.

Asimismo, se ha podido estimar la velocidad a la que las comunidades están cambiando a lo largo del tiempo, detectando que las comunidades cálidas están expandiendo su área de distribución a una velocidad de 268,4 km2/año, mientras que las comunidades frías se han retraído a una velocidad de 155,4 km2/año.

Efectos en la explotación, sostenibilidad y gestión

En el año 2016 este equipo sacó a la luz que las comunidades de peces del Mar Cantábrico estaban sufriendo un proceso de meridionalización. Es decir, la abundancia de la mayoría de las especies templadas nativas del Mar Cantábrico y aguas de Galicia estaba aumentando.

“Estos cambios detectados en nuestras aguas conllevan cambios profundos en las comunidades de peces de fondo y se encuadran dentro de las consecuencias derivadas del cambio climático en la distribución de las especies”, explica Antonio Punzón, investigador del Centro Oceanográfico Santander del IEO y primer autor de los dos estudios.

“Se trata de procesos como la borealización, que consiste en que comunidades boreales expanden su distribución hacia el Ártico, o la tropicalización, que supone un aumento de la abundancia de especies tropicales o subtropicales no nativas”, apunta el científico.

El calentamiento global está modificando la distribución de especies a un ritmo sin precedentes en los ambientes marinos. Los resultados del nuevo trabajo servirán para explorar y anticipar los efectos del cambio climático en comunidades demersales bajo diferentes escenarios. Estas alteraciones en la distribución y abundancia de las especies y en las comunidades, tienen importantes consecuencias no solo a escala ecológica, si no que tienen efectos en la explotación, sostenibilidad y gestión de los principales recursos explotados.

Los próximos pasos del equipo de investigación irán encaminados a determinar los cambios de las comunidades en función de los distintos escenarios climáticos futuros, conocer cómo estos cambios se están traduciendo en la explotación pesquera, caracterizar cuáles son las principales vulnerabilidades, e identificar la existencia de oportunidades.

“Todo ello permitirá el diseño de una estrategia de adaptación y mitigación a los efectos del cambio climático sobre las actividades pesqueras”, concluye Punzón.
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Trabajo de referencia | Punzón, A. "Tracking the effect of temperature in marine demersal fish communities". Ecological Indicators
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FUENTE • Agencia SINC
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