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Un estudio arroja nueva luz sobre el origen de la civilización

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La investigación desafía la teoría convencional de que la transición del forrajeo a la agricultura impulsó el desarrollo de sociedades complejas y jerárquicas mediante la creación de excedentes agrícolas, y encuentra que la adopción de los cultivos de cereales es el factor clave.
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Universitat Pompeu Fabra | UPF
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Una investigación de la Universidad de Warwick, la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Universidad de Reichman, la Universidad Pompeu Fabra y la Barcelona School of Economics pone en entredicho la teoría convencional de que la transición del forrajeo a la agricultura impulsó el desarrollo de sociedades complejas y jerarquizadas al crear excedentes agrícolas en zonas de tierra fértil.

En El origen del Estado: ¿Productividad de la tierra o capacidad de apropiación?, publicado en el número de abril del Journal of Political Economy, una de las revistas más antiguas y prestigiosas de economía, los profesores Joram Mayshar, Omer Moav y Luigi Pascali demuestran que la elevada productividad de la tierra no conduce por sí sola al desarrollo de estados que recaudan impuestos.

La adopción de cultivos de cereales es el factor clave para la aparición de la jerarquía

Los autores teorizan que esto se debe a que la naturaleza de los cereales exige que se cosechen y almacenen en lugares accesibles, lo que hace que sean más fáciles de apropiar como impuesto que los cultivos de raíces, que permanecen en el suelo y son menos almacenables. Demuestran un efecto causal del cultivo de cereales en la aparición de la jerarquía utilizando pruebas empíricas extraídas de múltiples conjuntos de datos que abarcan varios milenios, y no encuentran un efecto similar para la productividad de la tierra.

Según el profesor Mayshar, investigador en la Universidad Hebrea de Jerusalén: "La teoría que vincula la productividad de la tierra y los excedentes con la aparición de la jerarquía se ha desarrollado a lo largo de algunos siglos y se ha convertido en algo convencional en miles de libros y artículos. Nosotros demostramos, tanto teórica como empíricamente, que esta teoría es errónea".

Para sustentar el estudio, Mayshar, Moav y Pascali desarrollaron y examinaron un gran número de conjuntos de datos que incluían el nivel de complejidad jerárquica de la sociedad; la distribución geográfica de parientes silvestres de las plantas domesticadas; y la idoneidad de la tierra para diversos cultivos para explorar por qué en algunas regiones, a pesar de miles de años de éxito agrícola, no surgieron estados que funcionaran bien, mientras que en otras surgieron estados que podían gravar con impuestos y proporcionar protección a las vidas y a la propiedad.

El profesor Pascali, investigador del Departamento de Economía y Empresa de la UPF i de la Barcelona School of Economics, explica que "gracias a estos nuevos datos, hemos podido demostrar que las jerarquías complejas, como las jefaturas y los estados complejos, surgieron en zonas en las que los cultivos de cereales, fáciles de gravar y expropiar, eran de facto los únicos disponibles. Paradójicamente, las tierras más productivas, aquellas en las que no sólo los cereales sino también las raíces y los tubérculos estaban disponibles y eran productivos, no experimentaron la misma evolución política".

También emplearon el experimento natural del Intercambio Colombino, el intercambio de cultivos entre el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo a finales del siglo XV que cambió radicalmente la productividad de la tierra y la ventaja productiva de los cereales sobre las raíces y los tubérculos en la mayoría de los países del mundo.

Pascali remarca que "la construcción de estos nuevos conjuntos de datos, la investigación de los estudios de caso y el desarrollo de la teoría y la estrategia empírica nos han llevado casi una década de duro trabajo. Estamos muy satisfechos de que el artículo se publique por fin en una revista con el prestigio de la JPE".

Por su parte, el profesor Moav, investigador en las universidades de Warwick y Reichman, afirma que "tras la transición del forrajeo a la agricultura, surgieron las sociedades jerárquicas y, finalmente, los estados tributarios. Estos estados desempeñaron un papel crucial en el desarrollo económico al proporcionar protección, ley y orden, lo que finalmente permitió la industrialización y el bienestar sin precedentes que se disfruta hoy en día en muchos países."

"La teoría convencional es que esta disparidad se debe a las diferencias en la productividad de la tierra. El argumento convencional es que hay que producir un excedente de alimentos antes de que un Estado pueda gravar las cosechas de los agricultores y, por tanto, que la alta productividad de la tierra desempeña el papel fundamental".

Mayshar añade que "hemos desafiado la teoría convencional de la productividad, sosteniendo que no fue un aumento de la producción de alimentos lo que condujo a jerarquías y estados complejos, sino la transición a la dependencia de los cereales apropiables que facilitan la tributación por parte de la élite emergente. Cuando se hizo posible la apropiación de los cultivos, surgió una élite tributaria que dio lugar al Estado”. "Sólo donde el clima y la geografía favorecían a los cereales, era probable que se desarrollara la jerarquía. Nuestros datos muestran que cuanto mayor es la ventaja productiva de los cereales sobre los tubérculos, mayor es la probabilidad de que surja la jerarquia”. Y remata: "La idoneidad de las raíces y los tubérculos altamente productivos es, de hecho, una maldición de la abundancia, que impidió la aparición de los estados e impidió el desarrollo económico".
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ETIQUETAS • Evolución • Paleontología • Sociedad • Nutrición • Agricultura • Ecología.....
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Los genes relacionados con la creatividad fueron ‘el arma secreta’ para la supervivencia del Homo Sapiens

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Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Granada (UGR), identifica por primera vez un conjunto de 267 genes relacionados con la creatividad y que diferencian al Homo Sapiens del Homo Neanderthalensis (Neandertal) y del chimpancé. La investigación apunta que estos genes supusieron su ‘arma secreta’ para evitar la extinción.
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La creatividad, el ‘arma secreta’ del Homo Sapiens, supuso una gran ventaja frente a los Neandertales jugando un papel importante en su supervivencia. Así lo considera un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Granada (UGR), que ha identificado por primera vez un conjunto formado por 267 genes que diferencian al Homo Sapiens del Neandertal.

Este importante hallazgo científico, publicado en la prestigiosa revista Molecular Psychiatry (Nature), apunta que estas diferencias genéticas relacionadas con la creatividad fueron las que permitieron a los Sapiens desplazar a los Neandertales en el pasado. Es la creatividad la que confirió al Homo Sapiens ventajas más allá de las puramente cognitivas, favoreciendo una mayor adaptación al medio que a los homínidos hoy extintos, al proporcionales una mayor resistencia al envejecimiento, las lesiones y las enfermedades.

Este hallazgo es el resultado de una investigación interdisciplinar que aúna la Inteligencia Artificial (IA), Genética Molecular, Neurociencias, Psicología y Antropología, y supone el quinto artículo consecutivo que publica este equipo de investigadores en una de las más prestigiosas revistas científicas del área describiendo la personalidad humana.

Los 267 genes identificados como exclusivos del Homo Sapiens por estos científicos forman parte de un grupo más grande de 972 relacionados con la personalidad en adultos sanos, descubiertos también por los mismos autores. En trabajos anteriores, demostraron que esos 972 genes están organizados en 3 redes casi disjuntas de características de la personalidad y que integran el aprendizaje y la memoria.

Evolución de las redes genéticas

“Estas redes han evolucionado de una manera escalonada. La más primitiva surgió en monos y simios hace unos 40 millones de años, y es responsable de la reactividad emocional, es decir, regula los impulsos, el aprendizaje de hábitos, el apego social y la resolución de conflictos”, explican los investigadores de la UGR. Hace menos de 2 millones de años surgió la segunda red, que regula el autocontrol intencional, es decir, la autodirección y cooperación para el beneficio mutuo. Por último, hace unos 100.000 años surgió la red de autoconciencia creativa.

El estudio que se publica esta semana puso de manifiesto que los genes de la red más antigua, la de reactividad emocional, eran casi idénticos en Sapiens, Neandertal y chimpancé. Sin embargo, los genes de autocontrol y autoconciencia de los neandertales estaban a medio camino entre los de los chimpancés y el Homo Sapiens.

La mayoría de estos 267 genes que distinguen a los humanos modernos de los Neandertales y chimpancés son genes reguladores de ARN y no genes codificadores de proteínas. Estos últimos son casi todos iguales en las tres especies y esta investigación pone de manifiesto que lo que las distingue es la regulación de la expresión de sus proteínas por los genes que se encuentran solo en humanos. Mediante el uso de marcadores genéticos, datos de expresión génica y de imágenes de resonancia magnética de cerebro integradas en base a técnicas de Inteligencia Artificial, los científicos pudieron identificar las regiones en las que esos genes y los genes con los que interaccionaban estaban sobreexpresados. Estas regiones están involucradas en la autoconciencia y la creatividad humanas, incluidas aquellas regiones fuertemente asociadas con el bienestar humano y de reciente aparición filogenética.

Una mejor resistencia

Además, “estos genes confirieron al Homo Sapiens una mayor aptitud física que a los homínidos hoy extintos, al proporcionales una mayor resistencia al envejecimiento, las lesiones y las enfermedades”, apuntan los autores. Con ayuda de datos genéticos, los investigadores pudieron estimar a partir de estos genes que la adaptabilidad y el bienestar de los Neandertales eran aproximadamente del 60 al 70% de los Sapiens, lo que significa que la diferencia de aptitud física entre ellos era grande.

Los hallazgos tienen amplias implicaciones para comprender qué permitió a los Sapiens desplazar a los Neandertales y otras especies en el pasado geológicamente reciente. Los autores lanzan como hipótesis que la creatividad puede haber proporcionado ventajas selectivas al Homo Sapiens más allá de sus ventajas puramente cognitivas.

“Vivir vidas más largas y saludables puede haber prolongado el período de aprendizaje juvenil y adolescente, que facilita y permite la acumulación de conocimiento. Esta es una característica notable de los humanos conductualmente modernos, y es un factor importante en el éxito económico y social”, destacan. La creatividad pudo haber alentado la cooperación entre individuos para promover el éxito de sus descendientes y su comunidad, permitiendo la innovación tecnológica, la flexibilidad de comportamiento y la disposición exploratoria necesarias para permitir que el Homo Sapiens se expandiera por todo el mundo con más éxito que otros linajes humanos.

En los cinco estudios publicados por estos investigadores en la misma revista de Nature se ha determinado y contrastado con múltiples fuentes de datos que el comportamiento humano no está solamente fijado ni determinado por nuestros genes, sino también por múltiples interacciones con el entorno. “Podemos aprender y adaptarnos según nuestra experiencia, incluso hasta el punto de modificar la expresión de nuestros genes. La creatividad humana, la prosocialidad y la longevidad saludable surgieron como respuesta a la necesidad de adaptarse a las duras y diversas condiciones que había entre hace 400.000 y 100.000 años”, destacan los científicos de la UGR.

Este trabajo es un ejemplo de cómo el uso de técnicas de IA y un tratamiento de los datos sin ningún tipo de sesgo puede ayudar a resolver incógnitas sobre la evolución del ser humano. Los resultados obtenidos abren la puerta al desarrollo de nuevas líneas de investigación para promover el bienestar humano, ayudándonos a adaptarnos creativamente a superar situaciones críticas.
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Trabajo de referencia | Zwir, C. Del-Val, M. Hintsanen, K.M. Cloninger, R. Romero-Zaliz, A. Mesa, J. Arnedo, R. Salas, G.F. Poblete, E. Raitoharju, O. Raitakari, L. Keltikangas-Järvinen, G. de Erausquin, I. Tattersall, T. Lehtimäki, C. R. Cloninger. Evolution of Genetic Networks for Human Creativity. Mol Psychiatry 2021, https://doi.org/10.1038/s41380-021-01097-y (in press).
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ETIQUETAS • Evolución • Paleontología • Sociedad • Genética
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Revelan que algunos dinosaurios carnívoros habrían tenido hábitos acuáticos

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El paleontólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Diego Pol participó del consorcio internacional que diseñó el método estadístico para inferir estas adaptaciones, publicada en la revista Nature.
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Ilustración: Davide Bonadonna
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A lo largo de la historia, diversos grupos de paleontólogos y paleontólogas hallaban restos de dinosaurios cerca de ríos y lagos, e inferían que, por ciertas características morfológicas, era posible que determinadas especies de dinosaurios hubiesen tenido hábitos acuáticos. Sin embargo, esa hipótesis nunca había podido ser corroborada de manera más o menos certera hasta ahora.

En un estudio publicado en Nature, del que participó el paleontólogo argentino Diego Pol, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, “se desarrolló un método que permite analizar a cientos de especies midiendo la densidad ósea de los huesos largos y de las costillas para inferir si un animal tuvo o no hábitos acuáticos. Los animales, cuando se sumergen, necesitan controlar su flotabilidad. Del mismo modo que los buzos se colocan un cinturón con peso llamado lastre para poder hundirse, el animal necesita incrementar la densidad de su esqueleto para facilitar el nado subacuático. Así, al medir ese dato, pudimos predecir este hábito en algunos dinosaurios con mucha certidumbre”, explica el científico.

Según se afirma en la publicación, se usa la densidad ósea como indicador confiable para inferir adaptaciones ecológicas, haciendo especial énfasis en los huesos del fémur y las costillas dorsales. Las y los palentólogos que participaron de este estudio estiman que este método estadístico tiene un 97 por ciento de efectividad.

“Hemos visto muchas veces el caso de animales terrestres que evolucionan en criaturas de hábitos acuáticos y un caso muy discutido era el de los dinosaurios. A pesar de que fueron muy diversos y vivieron por más de 150 millones de años, no se había determinado hasta ahora que algún grupo hubiese sido acuático, pero los Espinosaurios eran candidatos posibles. Tenían un gran hocico como el del cocodrilo y las proporciones de los miembros también eran parecidas”, asegura Pol.

En este sentido, los resultados de los análisis arrojaron que la densidad ósea de dos especies de la familia de Espinosaurios –spinosaurus y baryonyx– son muy similares a la de animales actuales de hábitos acuáticos como el caimán y el cocodrilo.

Para poner en contexto y destacar algunos de los cambios evolutivos que protagonizaron este grupo de dinosaurios, pero también una gran cantidad de seres vivos, el científico comenta que “hace unos 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior, ocurrieron una serie de cambios climáticos y ambientales en los ecosistemas terrestres y hubo una evolución acelerada en muchos grupos. Lo observamos en dinosaurios carnívoros y herbívoros. En esta época aparecen características cómo el híper-gigantismo. Es la época en la que emergen las plantas con flor que van a revolucionar los sistemas. Por diversas razones hay una aceleración de la evolución en muchos grupos y surgen nuevas formas de vida y adaptaciones. El caso de los Espinosaurios es un ejemplo más de nuevos tipos ecológicos que aparecen en esta época”, afirma Pol.

Para este estudio, investigadores e investigadoras de todas partes del mundo han reunido datos de más de 200 especies de animales vivientes “y la idea es hacer crecer esta base de datos para obtener más información, también de animales extintos. En el caso de los Espinosaurios, que han vivido en África, Europa y América del Sur, la expectativa es seguir colectando restos para tener cada vez más información sobre la biología y la ecología de estos dinosaurios tan fantásticos”, concluye el científico.
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ETIQUETAS • Evolución • Dinosaurios • Paleontología • CSIC.....
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Identificado un cambio climático que precedió a la extinción de los dinosaurios

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El rápido calentamiento global fue causado por las mega-erupciones del vulcanismo del Decán en la India. Este cambio climático cesó 100.000 años antes del límite Cretácico/Paleógeno, tiempo suficiente para que los ecosistemas se recuperaran antes de ser golpeados por el asteroide de Chicxulub.
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Image by enriquelopezgarre from Pixabay
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Los investigadores Vicente Gilabert, Ignacio Arenillas, José Antonio Arz, Daniel Ferrer (IUCA-Universidad de Zaragoza) y Stuart Alan Robinson (Universidad de Oxford) han identificado por primera vez en España (Caravaca, Murcia) evidencias del último gran episodio de calentamiento climático del periodo Cretácico: el Late Maastrichtian Warming Event (LMWE). Este calentamiento global de hasta 2-5ºC, junto con la acidificación de los océanos, han sido relacionados por los autores con intensas erupciones volcánicas que ocurrieron hace entre 66.3 y 66.1 millones de años en la India (los llamados Deccan Traps).

El trabajo ha sido publicado en la revista Cretaceous Research y forma parte de la tesis doctoral de Vicente Gilabert. Se aportan nuevos datos sobre cómo cambió el clima y la geoquímica de la superficie de los océanos a lo largo de los últimos 400.000 años del Cretácico, periodo geológico que concluyó con el evento de extinción en masa del límite Cretácico/Paleógeno.

Para reconstruir el clima y su influencia sobre el plancton marino, se analizó la evolución de los isótopos estables del carbono y del oxígeno,junto con los microfósiles del grupo de los foraminíferos planctónicos. Estos protozoos se caracterizan por tener rápidos cambios evolutivos, ser muy abundantes y reaccionar de manera marcada ante los cambios ambientales, lo que les convierte en excelentes herramientas tanto para datar rocas como para evaluar los cambios climáticos del pasado.

La expresión geoquímica del LMWE en Caravaca se traduce en una disminución importante de los valores del δ13C y del δ18O en las rocas, lo que se ha relacionado con una etapa de aguas más cálidas, como consecuencia de la acumulación en la atmósfera cretácica de gases invernadero como el CO2 y el metano exhalados por los volcanes. Otra consecuencia de esta importante actividad volcánica durante este periodo fue la producción de grandes cantidades de lluvia ácida, que aumentó el grado de disolución y fragmentación de las conchas carbonatadas de los foraminíferos acumuladas durante este evento en los sedimentos.

La respuesta biológica fue compleja, aunque significativamente no tuvo lugar la extinción de ninguna especie durante el LMWE. Esta respuesta incluye una sobreabundancia de especies de foraminíferos planctónicos generalistas, es decir, capaces de subsistir bajo condiciones ecológicas amplias y cambiantes. También abundan en Caravaca especies y géneros adaptados a condiciones de baja oxigenación de las aguas, lo que se ha interpretado como una respuesta al hecho bien conocido de que la solubilidad del oxígeno disminuye a medida que aumenta la temperatura del agua. Otra estrategia biológica importante ante el último calentamiento global del Cretácico fue el enanismo, es decir la anticipación de la madurez sexual para conseguir una reproducción más rápida. De este modo, algunas especies en Caravaca redujeron su tamaño hasta en un 35%, dentro del intervalo correspondiente al LMWE.

La coincidencia en el tiempo de este evento con el comienzo de la fase eruptiva principal del Decán ha permitido establecer una relación causa-efecto entre ambos. Sin embargo, aunque la influencia del vulcanismo del Decán en los océanos fue notable durante el LMWE, las asociaciones de foraminíferos planctónicos y los marcadores geoquímicos de Caravaca indican una muy rápida vuelta a las condiciones climáticas y paleoambientales previas al LMWE. Este trabajo confirma así que la principal causa de la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno fueron las perturbaciones paleoambientales desencadenadas tras el impacto meteorítico de Chicxulub en la península del Yucatán (México), y que el impacto ecológico de la fase eruptiva principal de los Deccan Traps fue mucho menor de lo estimado con anterioridad por otros autores.
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Descubren una nueva especie de mamífero de la 'Era de los dinosaurios'

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El hallazgo tuvo lugar en la Patagonia chilena y fue protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas del país transandino.
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Escultura de la reconstrucción en vida de 'Orretherium tzen' realizada por Marcelo Miñana/Fundación Azara.
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El hallazgo de restos fósiles de mamíferos la Era Mesozoica –lapso comenzado hace unos 250 millones de años (Ma) y culminado hace alrededor de 65 Ma–, también conocida como la “Era de los Dinosaurios”, no es algo que ocurra de forma frecuente. Si bien los primeros mamíferos aparecieron hace unos 180 Ma, durante la primera mitad del Mesozoico, sólo después de después de la extinción de los grandes reptiles, este grupo de animales pudo conquistar los más variados ecosistemas.

De esta forma, mientras se conocen restos dinosaurios de América del Sur desde fines del siglo XIX, los primeros fósiles de mamíferos de la era Mesozoica descubiertos en la región fueron encontrados a inicios de la década de 1980 en la Patagonia Argentina. Generalmente, los mamíferos de 'Era de los Dinosaurios' fueron de pequeño tamaño, menores a una zarigüeya y, por lo tanto, sus restos desperdigados pasan desapercibidos en los grandes afloramientos rocosos, en los que resulta más frecuente encontrar fósiles de dinosaurios o cocodrilos.

Del lado chileno de la cordillera de los Andes, la historia del descubrimiento de mamíferos de la Era Mesozoica es todavía mucho más reciente. Recién en 2020, se dio a conocer –a partir del descubrimiento de tres dientes molares y un diente incisivo– una especie bautizada como Magallanodon baikashkenke, un animal del Cretácico superior (período que se extiende desde hace unos 100 Ma hasta hace aproximadamente 66 Ma) de aspecto similar a un coipo y con dientes adaptados para la ingestión de vegetales duros.

Aquel descubrimiento, protagonizado por investigadores del CONICET y colegas chilenos, motivó que el grupo intensificara los trabajos de campo en las rocas las rocas cretácicas de la Formación Dorotea (Cuenca Magallanes) y encontraran nuevos y más completos restos de mamíferos. Uno de fósiles hallados –bautizado con el nombre de Orretherium tzen– fue recientemente publicado en la revista Scientific Reports.

Los restos encontrados de Orretherium tzen consisten en una mandíbula con cinco dientes y un diente molar del maxilar y, de acuerdo con dataciones radiométricas realizadas en el área del descubrimiento, tienen una antigüedad aproximada de entre 74 y 72 Ma.

“Contar con un material tan bien preservado de un mamífero del Periodo Cretácico es un privilegio y es fundamental para conocer mejor no solo a esta nueva especie mesozoica, sino también extrapolar su información para otros mamíferos encontrados en Argentina y en el resto de lo que fue el supercontinente Gondwana”, afirma Agustín Martinelli, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”” (MACNBR, CONICET) y primer autor del trabajo.

Orretherium posee una dentadura más simple que la de los marsupiales y placentarios (dos de los grandes grupos de mamíferos que existen en la actualidad, junto con los monotremas), y se lo clasifica como un mamífero meridioléstido de la familia Mesungulatidae. Está próximamente emparentado con Mesungulatum y Coloniatherium, géneros del Cretácico Superior encontrados en rocas de Río Negro y Chubut, respectivamente, y con Peligrotherium, género del período Paleoceno (el primero de la Era Cenozoica) descubierto en Chubut.

Hasta el momento, las especies del Cretácico de este grupo de mamíferos están representadas sólo por dientes aislados y/o mandíbulas que durante el proceso de fosilización perdieron la mayoría de sus dientes. Dentro de este panorama, el descubrimiento de Orretherium es de suma importancia porque la mandíbula preservada, de menos tres centímetros de largo, posee los cinco dientes en posición, lo que permite conocer la variación de la morfología dental en esta especie y ayuda a clasificar dientes que se encuentran aislados.

“A pesar de que los mesungulátidos fueron un grupo muy diversificado para el final de la Era Mesozoica aun necesitamos indagar más sobre sus relaciones de parentesco, su morfología y su rol paleoecológico dentro de los ecosistemas del Cretácico, que han sido extremadamente variados en su composición faunística y florística”, asegura Martinelli.

Durante fines de la Era Mesozoica los ecosistemas terrestres eran notoriamente diferentes a los actuales y los fósiles que se encuentran en rocas Cretácicas de la región de Magallanes develan una historia fascinante del momento anterior a la gran extinción de los grandes dinosaurios y otros reptiles, ocurrida hace unos 65 millones de años.

“Los fósiles encontrados en Chile son sumamente importantes para entender el rompecabezas de la historia evolutivas de los mamíferos durante la Era de los dinosaurios”, concluye Martinelli.
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Trabajo de referencia | Martinelli, A.G., Soto-Acuña, S., Goin, F.J. et al. New cladotherian mammal from southern Chile and the evolution of mesungulatid meridiolestidans at the dusk of the Mesozoic era. Sci Rep 11, 7594 (2021). https://doi.org/10.1038/s41598-021-87245-4
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ETIQUETAS • Evolución, Paleontología
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Un estudio revela que el 'Homo erectus' no era esbelto y ligero, sino compacto, achaparrado y robusto

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El trabajo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH) reconstruye en 3D el tórax del niño de Turkana, el esqueleto de H. erectus más completo, datado en 1,5 millones de años.
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Comparativa de las cajas torácicas de un ser humano moderno, un erectus y un neandertal / Markus Bastir
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Un estudio dirigido por investigadores españoles ha revelado que el Homo erectus, el primer ancestro humano que se extendió por el Viejo Mundo, desde África hasta el sureste asiático, y al que hasta ahora se consideraba esbelto y estilizado, en realidad era compacto, achaparrado y robusto.

Así lo revela un trabajo de paleoantropólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), que han reconstruido en 3D la forma de la caja torácica del ejemplar de Homo erectus conocido como el niño de Turkana, un esqueleto juvenil de 1,5 millones de años hallado en Kenia en 1984.

El estudio, co-liderado por Markus Bastir, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), y Daniel García Martínez, de CENIEH, se publica en la revista Nature Ecology and Evolution.

“Sorprendentemente, el niño de Turkana tenía un tórax más profundo, más ancho y más corto que el de los humanos modernos”, indica el investigador Markus Bastir. “Esto sugiere que el H. erectus tenía una construcción corporal más robusta de lo que se suponía, ya que hasta ahora se contemplaba la forma corporal de esta especie como esbelta o estilizada, lo que se asociaba con su habilidad para recorrer largas distancias”, añade.

“Por lo tanto, parece que la forma esbelta del cuerpo humano moderno, con un tórax y una pelvis estrecha, evolucionó más recientemente de lo que se pensaba. En lugar de aparecer tan tempranamente como la aparición del H. erectus, hace unos dos millones de años, habría aparecido con nuestra especie, H. sapiens”, explica García Martínez.

Una gran capacidad pulmonar

Los estudios sobre cómo este individuo H. erectus caminaba y corría se han limitado en gran medida a las piernas y la pelvis. Sin embargo, para la carrera de resistencia, sus capacidades respiratorias también habrían sido relevantes. “Hasta ahora, este aspecto no se había investigado en detalle, ya que evaluar el movimiento del tórax y la capacidad respiratoria en base a fósiles de costillas y vértebras fragmentados es difícil con los métodos convencionales”, explica Bastir. “Ahora, gracias a la introducción de técnicas de imagen virtual y de reconstrucción cada vez más sofisticadas, este estudio finalmente ha sido posible”, añade.

“En esta investigación, se ha podido reconstruir la caja torácica virtual en 3D del joven de Turkana, y se ha podido predecir su forma torácica adulta”, detalla García Martínez. “Además, la forma de su caja torácica se comparó con la de los humanos modernos y la de un individuo neandertal, para investigar el movimiento de su respiración mediante la animación virtual”, indica el investigador del CENIEH.

En este estudio también se aborda el hecho de que la forma de nuestro cuerpo moderno puede estar vinculada con una cinemática respiratoria optimizada para correr largas distancia, así como para otras actividades de resistencia. “El H. erectus tal vez no era el corredor delgado y atlético de larga distancia que imaginamos”, apunta Bastir. “De hecho, esto es coherente con algunas estimaciones de peso corporal del H. erectus, que proponen que esta especie era más pesada de lo que se creía. Este ancestro icónico probablemente se parecía un poco menos a nosotros de lo que lo retratamos a lo largo de los años”.

Una forma corporal adaptada al medio

La evolución de la forma corporal humana refleja el modo en el que los ancestros del ser humano se adaptaron al medio ambiente en el que vivían. Los humanos modernos, H. sapiens, tienen un cuerpo relativamente alto y esbelto que contrasta con la forma corporal de los neandertales, más bajos y achaparrados.

Los científicos han supuesto tradicionalmente que la forma corporal moderna se originó con los primeros representantes de H. erectus en el contexto de unos cambios climáticos relacionados con la recesión del bosque tropical africano, cerca de hace dos millones de años.

Fósiles individuales de costillas y vértebras del niño Turkanar
Reconstrucción virtual de la caja torácica. Fred Spoor
 
Los cuerpos modernos, altos y esbeltos, podrían ser evolutivamente ventajosos en el clima seco de sabana en el que África oriental comenzaba a convertirse. Esto es debido a que este cuerpo esbelto habría ayudado a evitar el sobrecalentamiento corporal, a la vez que habría servido para correr largas distancias sobre terreno abierto.

Según esta concepción, los fósiles atribuidos a H. erectus apuntaban hasta ahora a que esta especie ya tenía unas piernas más largas y unos brazos más cortos que sus antepasados Australopithecus, los cuales tenían una marcha bípeda bastante eficiente, pero que también poseían la habilidad de trepar a los árboles.

Algunas características de la modernidad que se observa actualmente en la especie humana, se podían ver en el H. erectus juvenil de 1.5 millones de años de Turkana (Kenia), que es el fósil de H. erectus más completo hallado hasta la fecha. Ahora, este nuevo estudio matiza esta concepción, al mostrar que los Homo erectus tenían un cuerpo más compacto y robusto de lo que se había pensado.
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Trabajo de referencia | Bastir et al. Rib cage anatomy in Homo erectus suggests a recent evolutionary origin of modern human body shape. Nature Ecology and Evolution. DOI: 10.1038/s41559-020-1240-4
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ETIQUETAS • Evolución, Paleontología, CSIC
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La baja diversidad genética de los neandertales pudo ser la principal causa de su extinción

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¿Qué provocó la desaparición del Homo neanderthalensis, una especie que, aparentemente, tenía tantas capacidades como Homo sapiens? Hay varias teorías que tratan de explicarlo: el clima, la competencia con Homo sapiens, la baja diversidad genética… Un estudio analiza la primera vértebra cervical de varios neandertales y confirma que la diversidad genética de la población era baja, lo que dificultó su capacidad de adaptación a posibles cambios del entorno y, por tanto, su supervivencia.
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Image by enriquelopezgarre from Pixabay
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En el estudio ha participado el profesor Juan Alberto Sanchis Gimeno, del Departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Facultat de Medicina i Odontologia de la Universitat de València; el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Se han analizado tres vértebras del yacimiento de Krapina (Croacia) y revisado el material de otros yacimientos.

Los neandertales habitaron el continente europeo hasta hace apenas 30.000 años y su desaparición continúa siendo un misterio. Para conocer su diversidad genética se ha trabajado descifrando su genoma, pero también analizando diferentes caracteres anatómicos del registro fósil de la especie. “En este estudio nos hemos centrado en las variantes anatómicas de la primera vértebra cervical, conocida como atlas. Las variantes anatómicas de esta vértebra tienen una alta relación con la diversidad genética: cuanto mayor es la prevalencia de este tipo de variantes anatómicas, menor es la diversidad genética poblacional”, explica el investigador del MNCN, Carlos A. Palancar.

En Homo sapiens las variantes anatómicas del atlas han sido ampliamente estudiadas en los últimos años. En el caso de los humanos modernos, el atlas muestra alguna de las distintas variantes anatómicas en casi el 30% de los casos. “Sin embargo, probablemente debido a la mala preservación que tiene esta vértebra cervical y el poco material recuperado en el registro fósil, los atlas de neandertales apenas se han observado bajo esta lupa”, aclara el investigador de la Universidad de Valencia Juan Alberto Sanchis Gimeno.

Recientemente, investigadores del Grupo de Paleonantropología del MNCN determinaron la presencia de diferentes variantes anatómicas en los atlas de los neandertales del yacimiento de El Sidrón (Asturias). Con el objetivo de confirmar la alta prevalencia de las variantes anatómicas de esta especie analizaron exhaustivamente los atlas fósiles de los neandertales del yacimiento de Krapina (Croacia). “Krapina es un yacimiento de alrededor de 130.000 años de antigüedad, frente a los cerca de 50.000 que tiene El Sidrón. Es el yacimiento del que se ha recuperado un mayor número de restos neandertales, lo que lo convierte en una muestra de especial interés en el análisis de la diversidad genética de esta especie ya que potencialmente todos los individuos pertenecían a una misma población”, apunta Daniel García-Martínez, investigador del CENIEH.

El estudio de la anatomía de los tres atlas recuperados en este yacimiento ha revelado la presencia de variantes anatómicas en dos de ellos (66%). Una de ellas, conocida como Unclosed Transverse Foramen, UTF, tiene una prevalencia de tan sólo un 10% en humanos modernos. “Comprobar la presencia de estas variantes anatómicas en Krapina, junto con la revisión de otros atlas presentados a la comunidad científica que hasta ahora no se han analizado bajo esta perspectiva y que arroja datos similares (más del 50%), sugieren que la cantidad de variantes en los neandertales es significativamente mayor que la de humanos actuales”, afirma Palancar.

“Estos datos apoyan la teoría de que su diversidad genética era muy baja y confirma que esta pudo ser una de las causas de su desaparición”, concluye el investigador del MNCN Markus Bastir.
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¿Hablaban realmente los neandertales?

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La respuesta a esta pregunta ha intrigado a los paleoantropólogos desde hace décadas. Pero gracias a la reconstrucción de las capacidades auditivas de fósiles neandertales, los científicos tienen ahora la prueba de que los humanos modernos no hemos sido los únicos en poder hablar.
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María Martinón-Torres, Agencia SINC | La danza del tigre es una novela prehistórica en la que el paleontólogo finlandés, Björn Kurtén, desarrolla una trama de intriga centrada en la interacción de Homo sapiens y Homo neanderthalensis. Los neandertales son descritos como “los blancos” por su piel clara, optimizada para absorber la radiación ultravioleta, tan escasa en las latitudes del norte en las que llevan viviendo cientos de miles de años.

Los humanos modernos, por el contrario, son retratados como “los negros”, por su origen africano y su piel oscura y, según Kurtén, son percibidos por los neandertales como “altos y elocuentes, con un discurso tan variado y flexible como el de los pájaros”.

Los neandertales sienten fascinación por el habla humana, exquisita y prolija en sonidos articulados que asemejan trinos y gorgoreos. Durante mucho tiempo no nos ha quedado más remedio que acudir a la ficción para poder indagar en cuestiones tan interesantes como el tipo de interacción que tuvieron neandertales y humanos modernos o, precisamente, la más emblemática y también esquiva de las grandes preguntas de la evolución humana: ¿Somos la única especie que puede hablar?

La ciencia ha venido a rescatarnos, y el estudio liderado por Mercedes Conde Valverde, de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de HM Hospitales y la Universidad de Alcalá, sacia nuestra curiosidad con evidencia paleontológica. La pregunta no era sencilla de responder, pues los órganos implicados en la fonación –la laringe, las cuerdas vocales, la lengua o la glotis– no fosilizan.

Sin embargo, los investigadores se han aproximado al estudio del lenguaje a través de la reconstrucción de las capacidades auditivas de una amplia muestra de fósiles neandertales y de sus antecesores de la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos).

Una prueba rigurosa y creativa

Mediante tomografía axial computarizada, una técnica de imagen de gran resolución, los paleoantropólogos han reconstruido las cavidades del oído externo y medio de estos fósiles y, aplicando un modelo biofísico del campo de la ingeniería de las telecomunicaciones, concluyen que los neandertales oían exactamente en el mismo rango de frecuencias que los humanos modernos.

Estas capacidades auditivas están estrechamente relacionadas con la producción del lenguaje, pues las especies están por lo general adaptadas para oír mejor precisamente las frecuencias que son capaces de producir y en las que se comunican. El ancho de banda de los neandertales es igual de amplio que el de los humanos modernos, y mucho más que el de los chimpancés, cuya comunicación se basa en un repertorio de sonidos mucho más pobre.

Cabe así inferir que los neandertales, como los humanos modernos, tenían la capacidad de oír y producir un lenguaje complejo, rico en consonantes y quién sabe si “variado y flexible como el de los pájaros” que imaginaba Kurtén.

Este estudio combina a partes iguales rigor y creatividad, pues los investigadores han encontrado una forma original y novedosa de, literalmente, hacer hablar a los muertos. Mercedes Conde y sus colegas han aportado evidencia científica en favor de una hipótesis que la mayoría de los científicos estábamos dispuestos a aceptar.

Es difícil concebir que una especie inteligente, con un cerebro tan grande o más que el de los humanos modernos, con un comportamiento complejo que incluye la capacidad de ornamentación personal, la disposición para el arte, la destreza en la caza de presas grandes y pequeñas, un historial extraordinario de supervivencia en las circunstancias climáticas más adversas, y la cabeza —y el corazón— para el comportamiento compasivo y las prácticas funerarias, no dispusiera de un sistema de comunicación complejo.

Y que fuera un sistema lo suficientemente rico para compartir con el prójimo los matices necesarios que cubren el amplísimo espectro de estados emocionales —alegría, preocupación, celos, miedo, duda, simpatía, ansiedad, envidia, soledad, compasión, duelo, amor, ilusión— que implica vivir.

Entre el recetario universal de consejos, todos conocemos el manido “Piensa antes de hablar”. Hoy lo podemos ratificar. Los neandertales hicieron las dos cosas: pensar y hablar. Esperemos que en ese orden.
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María Martinón-Torres es directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).
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FUENTE • Agencia SINC
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Las mujeres prehistóricas eran cazadoras habituales de grandes presas

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Los restos de una joven de 9.000 años de antigüedad, enterrada con herramientas de caza mayor en Perú, contradice la hipótesis de que la caza prehistórica era dominio exclusivo de los hombres.
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Reconstrucción artística de la caza de vicuñas en Wilamaya Patjxa (Perú). Matthew Verdolivo (Univ. de California en Davis)
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Un equipo de investigadores, liderados por la Universidad de California en Davis (EE UU) y el Instituto de Investigaciones Arqueológicas Collasuyo (Perú), en colaboración con la población local, descubrió los restos de dos cazadores prehistóricos en un yacimiento del Holoceno temprano en las tierras altas de Perú.

Los análisis de la estructura ósea y los péptidos dentales identificaron que se trataba de una cazadora de entre 17 y 19 años y un hombre de entre 25 y 30 años. Los restos de la joven se dataron en unos 9.000 años de antigüedad y aparecía enterrada con un juego de herramientas de caza mayor en el yacimiento Wilamaya Patjxa en Perú.

Según el análisis de 27 individuos en diferentes yacimientos asociados con herramientas de caza mayor, los científicos concluyeron que entre el 30% y el 50% de estos cazadores durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano en América pudieron haber sido mujeres. Este estudio sugiere, por tanto, que el esfuerzo fue más neutral en cuanto al género de lo que se suponía anteriormente.

“Entre los cazadores recolectores históricos y contemporáneos, casi siempre ocurre que los hombres son los cazadores y las mujeres las recolectoras. Debido a esto, y probablemente a suposiciones sexistas sobre la división del trabajo en la sociedad occidental, los hallazgos arqueológicos de mujeres con herramientas de caza simplemente no se ajustaban a las cosmovisiones predominantes. Se necesitó un caso sólido para ayudarnos a reconocer que el patrón arqueológico indicaba un comportamiento real de caza de mujeres”, apunta Randall Haas, autor principal del trabajo.

La sepultura de la joven consta de una amplia gama de herramientas de caza y procesamiento de animales, que dan un apoyo robusto a su condición de cazadora. Estos restos incluyen puntas de proyectil de piedra para animales grandes, un cuchillo, material para extraer órganos internos y herramientas para raspar.

Revisión de 107 yacimientos más

Para determinar si esta cazadora era una anomalía o una de muchas en su época, los investigadores llevaron a cabo una revisión de 429 individuos del Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano enterrados en 107 yacimientos. Los científicos hallaron que 16 de los individuos enterrados con caza mayor eran hombres y 11 mujeres.

Los investigadores contrastaron estos datos con modelos de división sexual del trabajo, que oscilaban entre el 0 % y el 100 % de participación femenina en la caza. Así, pudieron determinar que es muy improbable que las mujeres estén en una proporción tan grande en los entierros de los cazadores si no es porque las primeras mujeres participaron ampliamente en la caza.

“Nuestros hallazgos me han hecho reflexionar sobre la estructura organizativa más básica de los antiguos grupos de cazadores recolectores y, en general, sobre grupos humanos”, concluye Haas.
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Trabajo de referencia | Randall Haas et al. “Female hunters of the early Americas” Science Advances
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FUENTE • Agencia SINC
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El mestizaje entre humanos modernos y neandertales fue habitual, no excepcional

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El CENIEH participa en un artículo publicado en la revista Nature sobre los humanos modernos más antiguos de Europa que habitaron hace unos 45.000 años la cueva Bacho Kiro en Bulgaria y su mestizaje con neandertales.
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Recreación de una mujer neandertal en el Museo Arqueológico de Asturias / UCM
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Un equipo de investigación internacional, en el que participan científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), ha secuenciado los genomas de los humanos modernos más antiguos de Europa que ocuparon hace unos 45 000 años la cueva Bacho Kiro (Bulgaria), y ha descubierto que este primitivo grupo humano aportó sus genes a los actuales asiáticos orientales.

También se han identificado largos tramos de ADN de Homo neanderthalensis en los genomas de los habitantes de esta cueva búlgara, lo que demuestra que tenían ancestros neandertales de entre cinco y siete generaciones de antigüedad. Como explican los autores de este estudio que se acaba de publicar en la revista Nature: “Esto sugiere que, cuando los primeros humanos modernos llegaron a Europa, el mestizaje con neandertales era la norma, no la excepción”.

Esta investigación comienza cuando un equipo liderado por científicos del National Institute of Archaeology with Museum, en la Academia de Ciencias de Bulgaria, y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania descubrieron restos de humanos modernos en asociación directa con utensilios de piedra del Paleolítico superior inicial en el yacimiento de la cueva Bacho Kiro. La datación directa por radiocarbono de los restos más antiguos encontrados en la cueva arrojo una fecha de entre 43 000 y 46 000 años. Por tanto, se trata de la primera dispersión conocida de humanos modernos por las latitudes medias de Eurasia.

ADN neandertal

Los primeros habitantes de Bacho Kiro vivieron en una época en la que los neandertales aún estaban presentes. Por tanto, los investigadores escanearon sus genomas en busca de ADN neandertal. ”Descubrimos que los individuos de la cueva Bacho Kiro tenían mayores niveles de origen neandertal que casi cualquier otro humano primitivo, a excepción de un individuo de hace unos 40 000 años hallado en la cueva Pestera cu Oase, en Rumanía. La mayor parte de este ADN neandertal aparece en tramos extremadamente largos. Esto demuestra que, unas cinco o siete generaciones atrás, estos individuos tenían ancestros neandertales”, afirma Mateja Hajdinjak, principal autora de este trabajo.

Aunque solo se han recuperado unos pocos genomas de humanos modernos que vivieron en la misma época que algunos de los últimos neandertales en Eurasia, casi todos ellos tienen ancestros neandertales recientes.

“Los resultados apuntan a que los primeros humanos modernos que llegaron a Eurasia se mezclaron habitualmente con neandertales. Incluso puede que hubieran sido absorbidos por las poblaciones neandertales residentes. Solo que, posteriormente, llegaron grupos más grandes de humanos modernos y sustituyeron a los neandertales», explica Svante Pääbo, coordinador de la investigación genética.

Vínculo genético con Asia

Antes se pensaba que los humanos del Paleolítico superior inicial murieron sin haber contribuido al genoma de los humanos modernos. Sin embargo, ahora los investigadores han demostrado que los individuos más antiguos de la cueva Bacho Kiro, o los grupos más relacionados con dichos individuos, aportaron sus genes a los humanos actuales. “De manera sorprendente, este aporte se da sobre todo en Asia oriental y en América, más que en Europa, donde vivían los habitantes de la cueva Bacho Kiro”, señala Mateja Hajdinjak.

Este vínculo genético con Asia refleja las relaciones observadas entre las herramientas líticas y los ornamentos personales del Paleolítico superior inicial, hallados en esta cueva, y las herramientas y joyas encontradas en toda Eurasia. Y, lo más importante, el último individuo hallado (de unos 35 000 años de antigüedad) pertenecía a un grupo genéticamente distinto al de los anteriores habitantes de la cueva. Según los autores, esto demuestra que los primeros pasos de los humanos modernos de Europa fueron tumultuosos y estuvieron sometida a reemplazos de población.

Cueva de Pestera cu Oase

Antes de este estudio, los primeros humanos modernos de la cueva rumana Pestera cu Oase eran los que contaban con el mayor grado de mestizaje entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis hasta la fecha.

“Ahora vemos que no eran los únicos y que los avances realizados en los métodos de datación y en la investigación genética nos han permitido conocer la cronología y las dinámicas de los primeros humanos modernos hasta un nivel que, hace unos años, era inconcebible”, afirma el geocronólogo Silviu Constantin, geocronólogo del CENIEH, quien ha datado indirectamente los ejemplares rumanos mediante el método de series de uranio (U-Th), y ha dirigido la investigación geológica en Pestera cu Oase, empleada como material comparativo en este estudio.

Por su parte, Oana Teodora Moldovan, investigadora asociada al CENIEH, ha sido la primera en reconocer el valor de los especímenes humanos híbridos de este yacimiento de Rumanía y en realizar las excavaciones iniciales.
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ETIQUETAS • Evolución, Paleontología
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El dinosaurio que cojeaba hace 150 millones de años

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Othnielosaurus fue un pequeño dinosaurio bípedo de menos de dos metros de longitud y 15 kilos de peso que vivió a finales del Jurásico en lo que hoy es Norteamérica. Los fósiles de un individuo de esta especie, de hábitos vegetarianos, revelan que sufrió dos fracturas en su pie izquierdo, además de artritis, lo que le provocó una cojera que pudo acelerar su muerte.
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Reconstrucción de dos ejemplares de Othnielosaurus en su entorno en lo que hoy es América del Norte. Uno de ellos presenta una cojera debido a varias patologías que sufría en su pie izquierdo. / José Antonio Peñas (SINC)
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Adeline Marcos, Agencia SINC | Los fósiles de dinosaurios dicen mucho más sobre estos animales de lo que pensamos. No solo permiten identificar una especie o deducir su tamaño. A través de la paleopatología, los paleontólogos también pueden indicar qué enfermedades o dolencias pudieron padecer hace millones de años y si fueron estas las causantes de su muerte.

“El estudio de las patologías de los animales del pasado es una ventana abierta para conocer el comportamiento y la biología de organismos que vivieron hace muchos millones de años”, señala a SINC Penélope Cruzado-Caballero, científica del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología de la Universidad Nacional de Río Negro en Argentina.

Al analizar las fracturas de los fósiles, pueden aclarar si estas fueron provocadas por golpes fortuitos o por luchas en épocas de apareamiento, y sobre todo si sobrevivieron a ellas. En caso de hacerlo, esto mostraría cómo les afectó tener estas heridas o dolencias en su día a día.

En un estudio, publicado en la revista Historical Biology, la científica, junto al grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza, investigadores de la Universidad del País Vasco y otros centros estadounidenses, analizó los huesos del pie izquierdo (falanges) aparentemente dañado de un pequeño dinosaurio bípedo, llamado Othnielosaurus consors, hallado en el siglo XIX en la Formación de Morrison en el estado de Wyoming, al oeste de EE UU, que data de unos 150 millones de años de antigüedad. Los resultados confirman que este animal, de hábitos vegetarianos y de unos 15 kilos de peso, presentaba tres tipos de patologías en su pie izquierdo: una forma de artritis de origen metabólico, familiar o idiopático posiblemente, y dos fracturas –una de impacto y otra de pilón– que pudieron producirse por dos accidentes a lo largo de su vida.

“Ambas fracturas fueron probablemente bastante dolorosas y redujeron en cierto grado la actividad del animal. Hemos podido observar que las fracturas presentan cierto grado de curación, por lo que se puede pensar que Othnielosaurus sobrevivió con ellas durante un tiempo, aunque eso implicó dificultades para caminar y posiblemente le provocó una cojera”, comenta Cruzado-Caballero.

Un desenlace fatal

Según los investigadores, las patologías en este individuo le impidieron desplazarse normalmente, le limitaron a la hora de obtener alimentos y le ocasionaron un estado de salud más frágil. “Esto pudo debilitarlo y convertirlo en una presa fácil para los depredadores. La cojera y la malnutrición pudieron ser las causas últimas que llevaron a este Othnielosaurus a un desenlace fatal”, subraya la investigadora.

La supervivencia de este animal, también conocido como reptil de Marsh en honor a su descubridor en 1879, –el famoso paleontólogo estadounidense Othniel Charles Marsh que protagonizó la Guerra de los Huesos junto a su rival Edward Drinker Cope–, no debió durar mucho tiempo, dicen los autores. La prueba es que la fractura de impacto no estaba totalmente curada en el momento de su muerte.

Sin embargo, no queda del todo claro si estas dolencias contribuyeron directa o indirectamente a su fin, ya que el dinosaurio pudo eficazmente evitar a depredadores durante un tiempo. Lo que sí confirma el trabajo es que la presencia de patologías en los pies de dinosaurios y otros vertebrados terrestres del pasado “pudo condicionar la vida cotidiana de estos animales”, concluye Cruzado-Caballero.
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Trabajo de referencia | P. Cruzado-Caballero et al. “A limping dinosaur in the Late Jurassic: Pathologies in the pes of the neornithischian Othnielosaurus consors from the Morrison Formation (Upper Jurassic, USA)” Historial Biology febrero de 2020
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FUENTE • Agencia SINC
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La primera ciudad de la Península Ibérica se estableció en Almería hace 5.000 años

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Arqueólogos de la Universidad de Granada revelan que la necrópolis de Los Millares estuvo en uso durante casi un milenio y tuvo unas dimensiones desconocidas hasta entonces.
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Ilustración del poblado de Los Millares, la primera ciudad de la Península Ibérica. Autor: Iñaki Dieguez Uribeondo.
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Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que la primera ciudad (gran asentamiento de población) de la Prehistoria de la Península Ibérica se estableció hace más de 5.000 años junto a los monumentos funerarios de Los Millares, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Europa Occidental, ubicado en Santa Fe de Modújar (Almería), a escasos kilómetros de la costa mediterránea.

Su trabajo, publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, ha revelado que la necrópolis de Los Millares estuvo en uso durante casi un milenio, y que en torno a ella se estableció un poblado que alcanzó unas dimensiones, concentración poblacional y monumentalidad desconocidas hasta el momento en la Península Ibérica: la primera ciudad de la misma.

Como explica el investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada Gonzalo Aranda Jiménez, autor principal del estudio, la cronología es un aspecto clave en el estudio de las sociedades del pasado. “De cómo ordenemos temporalmente los eventos y acontecimientos depende nuestra capacidad de análisis y compresión de las dinámicas sociales y culturales. En Arqueología disponemos de un procedimiento conocido como ‘datación por Carbono 14’, que permite calcular la fecha de muerte de cualquier organismo vivo en los últimos cincuenta mil años”.

En el año 2012, un grupo de investigadores/as de la Universidad de Granada inició un programa de dataciones con el objetivo de estudiar la cronología de las construcciones megalíticas de sur peninsular. Este objetivo les condujo al estudio de Los Millares, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Europa Occidental.

El yacimiento de Los Millares puede considerarse como un yacimiento arqueológico único debido a cuatro características principales: su gran tamaño (con aproximadamente diecinueve hectáreas de extensión, de las cuales seis pertenecen al asentamiento y trece a la necrópolis); la riqueza de los ajuares funerarios (que incluyen objetos realizados en materias primas exóticas como el ámbar, la cáscara de huevo de avestruz y el marfil); la complejidad estructural del asentamiento (delimitado por cuatro recintos concéntricos interpretados como murallas y fortificaciones); y la presencia en el entorno del poblado de hasta trece pequeños asentamientos, también denominados “fortines”.

A partir de la fecha de muerte de los individuos depositados en el interior de las sepulturas, los científicos de la UGR han conseguido por primera vez una serie de dataciones absolutas que permiten situar cronológicamente la construcción, uso, reutilización y abandono de la necrópolis de Los Millares. Así, los primeros enterramientos se realizaron entre el 3220−3125 a. C., aproximadamente hace unos 5200 años, y los últimos entre el 2390−2295 a. C., hace unos 4300 años.

“Por tanto, podemos afirmar que la necrópolis de Los Millares estuvo en uso durante casi un milenio. Además, las diferentes tumbas datadas muestra que no todas fueron construidas a la vez y que, además, fueron utilizadas con diferentes intensidades”, señala Margarita Sánchez Romero, otra de las autoras del trabajo. Este aspecto es de enorme relevancia, dado que permite separar cronológicamente eventos rituales y funerarios que hasta este momento eran considerados como contemporáneos.

Un lugar con significado simbólico y sagrado

Los Millares fue en inicialmente un lugar sagrado formado por una necrópolis de sepulturas megalíticas. Las primeras evidencias de asentamiento se produjeron con dos siglos de diferencia respecto a la construcción de las primeras sepulturas. La anterioridad en el uso ritual y funerario de Los Millares sugiere que la localización del asentamiento podría haber estado determinada por el significado simbólico y sagrado del sitio. El poblado de Los Millares, su extensión y complejidad constructiva podrían explicarse como resultado de un proceso de concentración de diferentes grupos sociales atraídos por el carácter sagrado y por la especial significación del sitio.

La fundación del poblado de los Millares junto a la necrópolis se realizó en un corto intervalo temporal, de forma que hace unos 5000 años, el poblado alcanzó unas dimensiones, concentración poblacional y monumentalidad desconocidas hasta el momento en la Península Ibérica. Además, se desarrollaron innovaciones de enorme transcendencia cultural como la aparición los primeros objetos realizados en metal como punzones, puñales, escoplos, sierras o puntas de flecha en metal.

Será a mediados del tercer milenio a.C., hace unos 4500 años, cuando nuevos cambios transformaron el sitio de los Millares. Según las dataciones radiocarbónicas, la mayor parte de poblado fue abandonado en estos momentos, y solo el recinto interior también denominado como ciudadela permaneció ocupado.

Es en estos momentos cuando los pequeños asentamientos o “fortines” fueron construidos y habitados. El abandono tanto de la necrópolis, de la ciudadela como de los “fortines” se produciría hace unos 4100 años, coincidiendo con los cambios culturales que dieron origen al desarrollo de la Cultura de El Argar, señalan los autores.
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Trabajo de referencia | Aranda Jiménez, G., Díaz-Zorita Bonilla, M., Hamilton, D. et al. The radiocarbon chronology and temporality of the megalithic cemetery of Los Millares (Almería, Spain). Archaeol Anthropol Sci 12, 104 (2020). https://doi.org/10.1007/s12520-020-01057-7
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ETIQUETAS • Paleontología, Evolución
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