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Las emociones negativas y la introversión son los principales rasgos de personalidad entre quien ha sufrido un trastorno psicótico recientemente

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Son resultados de un equipo investigador en el que ha participado la URV, que señala la importancia de evaluar la personalidad ya en las primeras etapas del trastorno para mejorar las intervenciones terapéuticas.
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Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay
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En personas con un trastorno psicótico, los rasgos de personalidad que dificultan la adaptación a la vida diaria son más prominentes que en la población general. Ésta es la conclusión principal de un estudio impulsado por el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virvili-CERCA, el Hospital Universitario Institut Pere Mata, la Universidad Rovira i Virgili, la Universidad Pompeu Fabra y el Ciber en Salud Mental (CIBERSAM). Según esta investigación, destaca la presencia de frecuentes e intensas emociones negativas ya en el inicio del trastorno psicótico, así como una mayor tendencia a la introversión y a evitar las experiencias sociales. Este último aspecto puede comportar que estas personas tengan una red social reducida y que, por tanto, el apoyo social y emocional que reciben también sea limitado. Todo esto repercute negativamente en este factor, que es considerado fundamental para proteger la salud mental.

Por este motivo, el estudio señala la importancia de tener en cuenta estos aspectos evaluando la personalidad ya en las primeras etapas del trastorno y realizando intervenciones psicoterapéuticas de alta intensidad, más específicas y personalizadas. Hasta ahora, la relación existente entre estas características de la personalidad y los trastornos psicóticos de inicio reciente ha sido poco estudiada, a pesar de la importancia que puede tener a la hora de desarrollar estrategias de prevención y de intervención precoz.

Para realizar el estudio, el equipo investigador ha comparado las características de personalidad entre 102 personas que habían presentado recientemente un trastorno psicótico (y que habían sido tratadas en la Unidad de Psicosis Incipiente del Hospital Universitario Institut Pere Mata de Reus) y 116 personas de la población general. Hay que tener en cuenta que 1 de cada 100 personas presenta un trastorno psicótico, según datos del Ministerio de Sanidad de 2021.

Carmen Miralles, psicóloga clínica que está llevando a cabo la tesis doctoral en este ámbito y primera autora del trabajo, explica que “la personalidad es el conjunto de comportamientos, pensamientos y emociones característico de cada persona que configura su forma de ser, y en su formación intervienen tanto factores biológicos como ambientales”. Asimismo, remarca la importancia de estudiar la personalidad, porque se conoce la estabilidad de los rasgos de personalidad a lo largo del tiempo, desde las primeras fases de la psicosis.
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Trabajo de referencia | Miralles C, Alonso Y, Algora MJ, López-Sánchez L, Sánchez-Gistau V, Vilella E, Baillès E, Gutiérrez-Zotes A, Martorell L. Maladaptive personality traits in patients with recent-onset psychosis: A case-control study using the Personality Inventory for the DSM-5 (PID-5) SchizophrRes2023 Feb; 252: 216-224 DOI: 10.1016/j.schres.2023.01.015. PMID: 36669345.
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ETIQUETAS • PsicologíaNeurologíaSaludEstrés.....
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¿Por qué nos creemos las mentiras?

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Creer en las mentiras puede ser más fácil si vienen con beneficios… y de un amigo.
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Un estudio publicado en la revista JNeurosci revela que las personas son más propensas a creer una mentira cuando esta se presenta en un contexto de ganancia, sobre todo si quien la dice es un amigo.

La investigación, liderada por Yingjie Liu en la North China University of Science and Technology, analizó mediante neuroimagen la actividad cerebral de 66 voluntarios durante interacciones cara a cara a través de pantallas. Los científicos observaron que, en escenarios de ganancia, los participantes mostraban mayor credulidad y una intensa actividad en zonas del cerebro vinculadas con la recompensa y la interpretación de intenciones.

El efecto fue aún más marcado entre amigos: sus cerebros se sincronizaban en áreas relacionadas con la recompensa cuando la mentira implicaba beneficios, y en regiones de evaluación del riesgo cuando la situación era de pérdida. Esa “actividad compartida” incluso permitió predecir si alguien sería engañado con éxito.

Según los autores, la combinación de confianza y búsqueda de beneficios puede disminuir nuestra capacidad para detectar engaños, lo que explicaría por qué somos más vulnerables a las mentiras de quienes más queremos.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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ETIQUETAS • PsicologíaInvestigaciónSociedadLenguaje.....
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Un estudio desvela los secretos de la experiencia del orgasmo

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Esta investigación pionera ha tenido en cuenta a hombres y mujeres heterosexuales, bisexuales y gais y lesbianas. Para su realización se ha contado con más de 4.200 personas adultas de la población española.
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Investigadores del Laboratorio de Sexualidad Humana de la Universidad de Granada (UGR) han estudiado las diferentes dimensiones de la experiencia subjetiva del orgasmo, tanto en el contexto de las relaciones sexuales como en el de la masturbación en solitario. Los resultados muestran que en las relaciones sexuales es más intensa la percepción de los aspectos afectivos, sensoriales e íntimos del orgasmo. Sin embargo, este es más reconfortante en la masturbación en solitario.

Laura Elvira Muñoz García, Carmen Gómez Berrocal y Juan Carlos Sierra, pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada, han desarrollado esta investigación que ha tenido en cuenta a hombres y mujeres heterosexuales, bisexuales y gais y lesbianas. El estudio se ha publicado en la revista Archives of Sexual Behavior y para su realización se ha contado con más de 4.200 adultos de la población española.

El trabajo se apoya en el instrumento conocido como Orgasm Rating Scale, que fue diseñado para evaluar cuatro dimensiones de la experiencia subjetiva del orgasmo: Afectiva (emociones experimentadas durante el orgasmo), Sensorial (percepción de los cambios fisiológicos experimentados durante el orgasmo), Íntima (aspecto íntimo de la experiencia) y Recompensa (efecto reforzante del orgasmo).

Los resultados se mantienen similares en hombres y en mujeres, así como en personas heterosexuales, bisexuales y gais y lesbianas. Solamente en las relaciones sexuales se ha descubierto un patrón diferencial entre hombres y mujeres heterosexuales: las mujeres perciben el orgasmo más afectivo, sensorial e íntimo que los hombres, mientras que estos tienen una percepción del orgasmo más relajante que las mujeres.

Con respecto a la orientación sexual, las personas heterosexuales, bisexuales y gais y lesbianas reportan diferencias entre sí en las emociones y sensaciones fisiológicas asociadas al orgasmo de la masturbación en solitario y en las sensaciones fisiológicas y el efecto recompensante del orgasmo de las relaciones sexuales.

En ambas dimensiones, la percepción de la experiencia subjetiva del orgasmo es más intensa en personas heterosexuales que en personas gais o lesbianas. Además, las personas bisexuales comunican una experiencia orgásmica subjetiva similar a la de las personas heterosexuales. “Esto quiere decir que reportan una mayor intensidad que las personas gais o lesbianas en las emociones y sensaciones fisiológicas asociadas al orgasmo de la masturbación en solitario y de las relaciones sexuales”, detalla la investigadora Laura Elvira Muñoz. El efecto recompensante del orgasmo en las relaciones sexuales lo perciben con más intensidad las personas heterosexuales que las personas bisexuales y gais y lesbianas, según el estudio.

El orgasmo y sus dimensiones

El orgasmo se describe como una sensación de placer intenso que produce una alteración de la consciencia combinada con cambios en la musculatura pélvica y la resolución de la vasocongestión sexual, generalmente acompañado de una sensación de bienestar y satisfacción. La experiencia subjetiva del orgasmo es la valoración subjetiva de las sensaciones asociadas a una experiencia orgásmica.

Estudios previos han señalado que la experiencia subjetiva del orgasmo presenta diferencia por sexo, de manera que las mujeres reportan una experiencia más intensa que los hombres. Por otra parte, la orientación sexual parece ser otra variable asociada de forma diferencial. Concretamente, explican las investigaciones, en las relaciones de pareja se ha constatado que la percepción del orgasmo es más recompensante para los hombres heterosexuales que para los hombres gais y, en dicho marco, el orgasmo lo perciben como más íntimo las mujeres lesbianas que las mujeres heterosexuales. Sin embargo, ningún estudio previo había analizado esta experiencia orgásmica en el contexto de la masturbación, teniendo en cuenta la orientación sexual. La mayoría de las investigaciones han trabajado la experiencia subjetiva del orgasmo en las relaciones sexuales, pero pocas se han centrado en la masturbación.

En conclusión, la investigación resalta la importancia de tener en cuenta, a la hora de estudiar y comprender el orgasmo, el diferenciar el contexto de las relaciones sexuales y el de la masturbación en solitario, así como la necesidad de abordar su estudio desde una perspectiva de género y desde la diversidad sexual.
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Trabajo de referencia | Muñoz-García, L. E., Gómez-Berrocal, C. y Sierra, J. C. (2022). Evaluating the Subjective Orgasm Experience Through Sexual Context, Gender, and Sexual Orientation. Archives of Sexual Behavior. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1007/s10508-022-02493-3
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ETIQUETAS • PsicologíaSexualidadSociedad.....
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La pandemia y el aislamiento social alteraron la forma de percibir el tiempo

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La pandemia de COVID-19 alteró el modo en que las personas perciben el paso del tiempo, según se señala en un estudio brasileño publicado en la revista Science Advances.
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Karina Toledo | Agência FAPESP

Al final del primer mes de aislamiento social, en mayo de 2020, los participantes en su mayoría (un 65%) informaron sentir que las horas se arrastraban más lentamente, un fenómeno al que los investigadores caracterizan como una “expansión temporal”, que se mostró asociado a la sensación de soledad y a la falta de experiencias positivas durante ese lapso de tiempo.

Para el 75% disminuyó la sensación de “presión temporal”, cuando el reloj parece andar rápido y falta tiempo para dar cuenta de las demandas cotidianas y para el esparcimiento. Los entrevistados en su mayor parte (el 90%) afirmaron estar cumpliendo el aislamiento social en aquel momento.

“Realizamos el seguimiento de los voluntarios durante cinco meses para ver si esa ‘fotografía’ del comienzo de la pandemia cambiaría en el transcurso del tiempo. Observamos que esa sensación de expansión temporal fue disminuyendo con el correr de las semanas. Pero no notamos diferencias significativas con relación a la presión temporal”, le comenta a Agência FAPESP André Cravo, docente de la Universidad Federal del ABC y primer autor del artículo.

La investigación se puso en marcha el día 6 de mayo, cuando 3.855 voluntarios convocados a través de los medios sociales contestaron un cuestionario online con diez preguntas y cumplieron una pequeña tarea cuyo objetivo consistió en evaluar la habilidad de estimar pequeños intervalos temporales: cosas como apretar un botón para indicar que habían pasado 30 o 60 segundos. Luego se les preguntaba a los participantes al respecto de sus rutinas de la semana anterior (si habían cumplido las tareas necesarias y cuánto tiempo le habían dedicado al ocio) y cómo se estaban sintiendo (si estaban contentos o tristes, o si se sentían solos, etc.).

“A todos se los invitó a que regresaran semanalmente para someterse a una nueva evaluación, pero no todos adhirieron. Para el análisis final, tuvimos en cuenta los datos de 900 participantes que contestaron el cuestionario durante al menos cuatro semanas, no necesariamente seguidas”, informa Cravo.

Al aplicar escalas estándar para investigaciones de esta índole, que varían de cero a cien puntos, los científicos analizaban las respuestas y calculaban semanalmente si había un aumento o una disminución en los dos parámetros evaluados: la expansión y la presión temporal.

“Aparte de ese aumento o de esa disminución en las escalas, pretendíamos descubrir qué factores aparecían aparejados a esos cambios. Y en el transcurso de los cinco meses, observamos un patrón parecido: en las semanas en que la persona se sentía más sola y vivenciaba menos afectos positivos, también sentía que el tiempo transcurría más despacio. En tanto, en situaciones con alto nivel de estrés, sentía que el tiempo pasaba más rápido”, informa Cravo.

En la primera evaluación, a los participantes también se les preguntó cómo percibían el paso del tiempo antes de la pandemia. Y al comparar las respuestas con las referentes al primer mes de la cuarentena, fue posible observar un aumento promedio de 20 puntos en la expansión temporal y una disminución de 30 puntos en la presión temporal, según comenta Raymundo Machado, investigador del Instituto del Cerebro del Hospital Israelita Albert Einstein y coautor del artículo. “Pero, por supuesto, existe un sesgo de memoria en esos resultados, pues no se habían efectuado mediciones así antes de la pandemia”, comenta el investigador.

Según los datos descritos en el artículo, los jóvenes fueron los que más sintieron que el tiempo se estancaba al comienzo de la pandemia, el período de mayor adhesión a las medidas de distanciamiento social. A excepción de la edad, los factores demográficos –entre ellos la cantidad de personas dentro de la residencia, la profesión y el género– no tuvieron influencia sobre los resultados.

Para los autores, este puede ser un fecto del perfil de la muestra, compuesta fundamentalmente por personas de la región sudeste de Brasil (el 80,5%), mujeres (el 74,32 %), con alta escolaridad (el 71,78% con educación superior), de clase media alta (el 33,08%) y de trabajadores de los sectores de la educación (19,43%) y la salud (15,36%).

“Esta es una característica que suele ser común en muchos estudios realizados online en Brasil: una mayor participación de mujeres de la región sudeste del país y con alta escolaridad. Es posible que tuviésemos una muestra más representativa de la población brasileña lográsemos ver la influencia de factores demográficos”, sostiene Machado.

El reloj interior

Si bien la pandemia modificó a forma en que los participantes en la investigación sentían el paso del tiempo, parece no haber afectado su habilidad de estimar pequeños lapsos temporales (medida a través de la tarea de pulsar el botón).

“Todos poseemos la habilidad de estimar el tiempo a intervalos cortos. Lo que nosotros hicimos fue tomar los resultados de ese test de estimación del tiempo [cuánto sobrestimaban o subestimaban el lapso propuesto en la tarea] y compararlos con las escalas de percepción. Y observamos que una cosa no se relaciona con la otra”, comenta Machado.

Según Cravo, las evidencias que constan en la literatura científica indican que la sensación de que el tiempo pasa más de prisa o más despacio parece recibir el influjo fundamentalmente de dos factores: la relevancia del tiempo en un determinado contexto y la imprevisibilidad.

“Si se nos hizo tarde para ir al trabajo, por ejemplo [lo que vuelve al tiempo relevante en ese contexto], y debemos esperar que el ómnibus llegue a la parada [algo incierto], tenemos la percepción extrema de que los minutos no pasan. En tanto, cuando estamos viajando y divirtiéndonos, no le damos relevancia al tiempo y este parece pasar volando”, dice.

Tal como lo destaca el investigador, esta percepción suele cambiar cuando nos acordamos de estas mismas situaciones ocurridas en el pasado.

“Cuando recordamos todo lo que hicimos en las vacaciones, parece que ese tiempo duró más. Es lo contrario a lo que sucede cuando estamos en la cola del banco: en ese momento, el tiempo parece que se arrastra, pero cuando nos acordamos de esa situación al cabo de un lapso de tiempo, parece que todo fue muy rápido”, comenta.

En el caso de la pandemia de COVID-19, dice Cravo, sigue siendo un misterio cómo nos acordaremos del paso del tiempo durante la fase en que perduraron las medidas de distanciamiento social. “Diversos marcadores temporales, tales como el carnaval, las fiestas de los santos de junio y los cumpleaños se perdieron durante los últimos dos años. Por ende, esta es una pregunta que permanece sin respuesta aún.”
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Trabajo de referencia | Time experience during social distancing: A longitudinal study during the first months of COVID-19 pandemic in Brazil en el siguiente enlace: www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abj7205.
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FUENTE • Agência FAPESP.....
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El cerebro, una radio que sintoniza mejor con las emisoras que conoce

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Un nuevo estudio del BCBL concluye que la sincronización entre las regiones auditivas de la corteza cerebral y la señal sonora del habla mejora cuanto más elevada sea la competencia lingüística. Comprender los mecanismos cognitivos involucrados en el procesamiento de un idioma puede ayudar a entender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia.
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Al igual que una radio sintoniza con una emisora para escuchar una frecuencia determinada, nuestro cerebro también es capaz de sincronizarse con las ondas sonoras emitidas por el hablante para extraer la información lingüística. Este mecanismo cerebral, que varía según las palabras, sílabas o frases que empleamos, nos permite interactuar con otras personas y extraer los datos necesarios para comunicarnos. Sin embargo, hasta el momento se desconocía si esta sincronización dependía también del conocimiento del idioma en el que hablábamos.

Para dar respuesta a esta pregunta, el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) puso en marcha un estudio que ha durado cinco años y ha sido publicado este 2021 en la prestigiosa revista neurocientífica Cerebral Cortex. Su objetivo ha sido determinar si la sincronización entre el habla y la actividad cerebral depende del nivel de aprendizaje de un idioma.

“La actividad neuronal en regiones auditivas es capaz de sincronizarse con el habla para extraer la información de la señal, de la misma forma que una radio se sincroniza con las ondas para escuchar la frecuencia que marcamos”, explica Mikel Lizarazu, experto del BCBL que ha trabajado en el proyecto.

Para averiguar si existía una relación entre la sincronización de la señal del habla en nuestro cerebro y el nivel de comprensión del idioma del hablante, el centro vasco reclutó a diferentes participantes bilingües; personas hablantes nativas de castellano que estaban aprendiendo euskera en tres niveles diferentes del Euskaltegi BAI&BY: principiante, intermedio y avanzado. Mediante técnicas de neuroimagen, los responsables de la investigación analizaron cómo varía la sincronización entre habla y cerebro con el aprendizaje de un segundo idioma, en este caso el euskera, escogido por sus semejanzas fonológicas con el castellano.

“Utilizamos la técnica de la magnetoencefalografía (MEG) para registrar la actividad cerebral de los participantes mientras escuchaban hablar en castellano y euskera”, añade Mikel Lizarazu. Estos estímulos orales se grabaron previamente y los participantes los escucharon en la prueba de MEG a través de altavoces. “Las palabras eran de la misma persona, con una competencia alta en ambos idiomas. Esto es importante para que el tono en las dos lenguas sea parecido”, comenta el investigador del BCBL.

Con el apoyo de los algoritmos

Los investigadores consiguieron en total datos cerebrales de 13 participantes por cada nivel de aprendizaje. Mediante algoritmos avanzados, calcularon el nivel de sincronización entre la señal del habla y la actividad cerebral de los estudiantes para cada idioma. Después compararon los valores de sincronización entre los diferentes lenguajes y niveles de comprensión de los estudiantes.

“Observamos que los valores de sincronización en las regiones auditivas eran mayores para el castellano en general. También vimos que la sincronización era más fuerte para los estudiantes de mayor nivel en el caso del euskera, mientras que en el castellano no se apreciaban esas variaciones”, recuerda el experto.

Estas evidencias indicaron a los investigadores que la comprensión de un segundo idioma, en este caso el euskera, está relacionada con el grado de sincronización entre la señal del habla en esa lengua y la actividad cerebral. “Vimos diferencias cuando los participantes escuchaban hablar euskera. Al subir la competencia del idioma, la sincronización del cerebro con el euskera también mejoraba”, precisa el experto.

Por último, averiguaron que las regiones de las áreas temporales, frontales y motoras del cerebro controlaban y modulaban la sincronización al habla en las regiones auditivas. “Cuanto mayor era la conectividad entre estas regiones y la corteza auditiva, mayor era la sincronización entre habla y cerebro en las regiones auditivas”, precisa Mikel Lizarazu.

Conocer cómo funcionan estos mecanismos cerebrales involucrados en el procesamiento y el aprendizaje de un idioma es básico para llegar a comprender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia. Por ejemplo, otros estudios del equipo del BCBL han demostrado que en niños y adultos con dislexia la sincronización entre el habla y la actividad cerebral es menor comparada a la de lectores sin este trastorno.

Además, estos conocimientos pueden ayudar a desarrollar tratamientos no invasivos que permitan entrenar el cerebro para mejorar el aprendizaje de una lengua y evitar este tipo de trastornos. Para ello, el BCBL colabora activamente con la clínica vasca Neure, con la idea de trasladar a la sociedad parte del conocimiento generado en estos desarrollos científicos.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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ETIQUETAS • BCBLLenguajeSociedadPsicologíaNeurología.....
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Todas las culturas alteran la voz de manera similar para comunicarse con los bebés

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Un estudio internacional con participación de Perú sugiere que la forma de dirigirse a los niños pequeños tiene una función que ha evolucionado en común.
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Al cantar y hablar con bebés pequeños, las personas alteran sus voces de una manera que es consistente en todas las culturas, según un estudio publicado en Nature Human Behavior. Los hallazgos sugieren que la forma en que los humanos hablan y cantan a los bebés puede tener una función que ha evolucionado en común.

La evidencia de muchas especies animales muestra que las vocalizaciones a menudo tienen una función clara, como llamadas de alarma que alertan a otros sobre depredadores cercanos. Investigaciones anteriores en humanos han demostrado que tanto las canciones de cuna como la forma en que los padres les hablan a los niños tienen un efecto calmante en los bebés. Esto sugiere que estas vocalizaciones también pueden tener una función común, pero la evidencia transcultural de esto es limitada.

Courtney Hilton, Cody Moser y sus colegas, junto con un equipo de 40 colaboradores internacionales, recopilaron 1.615 grabaciones de habla y canto humano de 21 sociedades en 6 continentes y aplicaron análisis computacionales para estudiar las características acústicas que diferencian los sonidos de las vocalizaciones dirigidas a adultos y niños. Entre los investigadores, está Silvia Ccari Cutipa, de la Universidad Nacional del Altiplano Puno, en Perú.

Los autores encontraron que las características acústicas diferían consistentemente entre las grabaciones dirigidas a bebés y adultos. Por ejemplo, las grabaciones dirigidas a bebés tenían timbres más puros, las canciones eran más tenues y el habla tenía un tono más alto. Reprodujeron las grabaciones a 51.065 personas de 187 países, que hablaban una variedad de idiomas, y descubrieron que los oyentes podían adivinar cuándo las vocalizaciones se dirigían a los bebés con mayor precisión que por casualidad.

Los resultados se suman a nuestra comprensión del habla y el canto humanos, y sugieren que alteramos nuestras vocalizaciones hacia los bebés de una manera que sea consistente en todas las culturas y ampliamente reconocible, y que puede tener una función común.
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ETIQUETAS • SociedadPsicologíaInfanciaComunicación.....
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Uno de cada cinco casos de depresión es atribuible al estrés laboral

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Una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.
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Un estudio internacional liderado por investigadores del IDIBAPS y CIBERSAM, la Universidad de Linköping (Suecia) y del King's College London demuestra y cuantifica que una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.

Los trastornos mentales son multifactoriales, esto es, dependen de la combinación de múltiples factores: genéticos, biológicos, psicológicos o ambientales. Aparte de las causas no modificables en las personas que tienen un trastorno, varios estudios han identificado numerosos factores de riesgo modificables involucrados en su aparición, como por ejemplo asociados al estilo de vida o la sociedad. Pero no se sabe cuántos trastornos podrían prevenirse modificando estos factores de riesgo.

“En muchos aspectos, vivimos en una sociedad de bienestar. Pero a pesar de esta aparente bonanza, en torno a una de cada cinco personas tiene actualmente un trastorno mental”, explica Joaquim Raduà. "La pregunta es si habría menos trastornos mentales, si mejoráramos la sociedad y estilo de vida", añade.

Esta cuestión es la que quiere responder al estudio publicado en Molecular Psychiatry. Los autores del estudio buscaron los factores de riesgo ambiental con mayor nivel de evidencia prospectiva para calcular la fracción atribuible poblacional, que mide qué porcentaje de los casos de un trastorno pueden atribuirse a un factor de riesgo concreto.

Los resultados son claros. Reduciendo las adversidades infantiles podrían evitarse uno de cada tres casos de esquizofrenia y reduciendo los abusos infantiles se podrían evitar uno de cada seis casos de depresión. Una reducción del estrés laboral permitiría evitar uno de cada cinco casos de depresión. Y respecto al estilo de vida, el hecho de hacer más ejercicio físico podría evitar uno de cada seis casos de Alzheimer; disminuir los factores de riesgo metabólico, como el exceso de grasas en sangre, podría evitar uno de cada diez casos de depresión; y evitando el sobrepeso antes o durante el embarazo se podría evitar uno de cada quince casos de autismo en los hijos.

Por tanto, reduciendo las adversidades y abusos infantiles, reduciendo el estrés laboral, y mejorando el ejercicio físico, dieta y peso, se podrían evitar una parte muy importante de los trastornos mentales. “Eso significa que podríamos evitar que millones de personas desarrollen trastornos mentales. Pero también significa que muchos trastornos, probablemente la mayoría, seguirían ahí. Por eso es tan importante dedicar más recursos a la investigación en salud mental para crear tratamientos que mejoren de forma más efecitva la calidad de vida de las personas con uno de estos trastornos”, concluyen los autores.

El estudio, publicado en Molecular Psychiatry, lo han coordinado Joaquim Raduà, jefe del grupo Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad (IMARD) del IDIBAPS e investigador del CIBERSAM, Elena Dragioti de la Universidad de Linköping, y Paolo Fusar-Pol, del King's College London. También ha participado Celso Arango, del Hospital Gregorio Marañón y del CIBERSAM.
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ETIQUETAS • TrabajoSaludPsicologíaEstrésSociedad.....
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La exposición al verde urbano tiene efectos desiguales en la salud mental de hombres y mujeres

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La exposición a las zonas verdes urbanas provoca mayores beneficios en la salud mental de las mujeres, aunque estas utilizan estos espacios con menor frecuencia por motivos relacionados principalmente con la seguridad.
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Esta es una de las conclusiones de un estudio liderado por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que analiza la relación entre la salud mental y la exposición a las zonas verdes de las ciudades con una mirada más profunda en las diferencias de resultados según el género y el sexo.

El estudio, publicado recientemente en la revista científica Health and Place, determina que los efectos del verde urbano en la salud mental se distribuyen de forma desigual en las mujeres y en los hombres. En concreto, los resultados apuntan a que las mujeres se benefician más del contacto con este tipo de zonas verdes de paseo y ocio, pero son menos propensas a utilizarlas que los hombres. Esto podría deberse a la preocupación entre las mujeres por la seguridad en estas áreas urbanas, así como a las normas de género y los roles sociales. “Esta circunstancia también podría explicarse por el hecho de que estos espacios, así como sus características y su calidad, no están diseñados y planificados para las mujeres del mismo modo que para los hombres”, explica Marta-Beatriz Fernández Núñez, investigadora del ICTA-UAB y primera autora del estudio.

El equipo investigador, entre los que se encuentran científicos del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC), destaca que, desde el punto de vista de las políticas de planificación, es necesario garantizar una mayor equidad y justicia de género en el acceso a las áreas verdes urbanas. Así pues, realizan un llamamiento a los planificadores y diseñadores de parques para que planifiquen cuidadosamente las nuevas áreas verdes teniendo en cuenta la opinión de las mujeres y los residentes, especialmente de los niños.

Los nuevos programas de planificación deben incluir diseños de elementos recreativos, naturales y de seguridad que respondan especialmente a sus necesidades y preferencias individuales y socioculturales. “Por ejemplo, abordar las indicaciones ambientales y sociales en los parques mediante un mejor diseño y mantenimiento podría ayudar a mitigar algunos de los problemas de seguridad más acuciantes para las mujeres”, comenta Fernández- Núñez. Además, los diseñadores y planificadores podrían incorporar caminos adaptados para el paso de los cochecitos de bebés y zonas de juego para los niños, de modo que tanto los niños como los padres puedan beneficiarse del verdor urbano al mismo tiempo. De lo contrario, las ciudades corren el riesgo de excluir a los residentes.

El estudio también pone de manifiesto que la literatura científica existente no utiliza adecuadamente la terminología relacionada con el sexo y el género en asociación con los resultados de la salud mental en un entorno de verdor urbano. Por ello consideran que los estudios futuros deben analizar en profundidad las diferencias sociales de género asociadas a la salud mental y el verdor urbano, y utilizar la terminología adecuada para asignar correctamente las características y los usos del verdor con los resultados de la salud mental y sus vías.
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Trabajo de referencia | Fernández Núñez, M-B., Campos Suzman, L., Maneja, R., Bach, A., Marquet, O., Anguelovski, I., Knobel, P. (2022). Gender and sex differences in urban greenness’ mental health benefits: A systematic review. Health & Place. https://doi.org/10.1016/j.healthplace.2022.102864
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La fatiga es el síntoma persistente de COVID-19 más común en diferentes variantes del virus

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Un estudio de las universidades Rey Juan Carlos y Complutense de Madrid ha comparado los síntomas durante la fase aguda y a los seis meses de la infección de las variantes Wuhan, alfa y delta del SARS-CoV-2.
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La fatiga es el síntoma persistente de COVID-19 más común en diferentes variantes del virus
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Por primera vez, un grupo de investigación liderado por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha comparado los síntomas al inicio y seis meses después de tres grupos de pacientes infectados con diferentes variantes (Wuhan, alfa y delta) del SARS-CoV-2 que requirieron hospitalización.

Una de las conclusiones principales, publicada en Pathogens, es que la fatiga es un síntoma que afecta en proporción similar a los pacientes independientemente de la variante del virus.

“Al mantenerse constante a través de las variantes, puede ser uno de los criterios clínicos clave para la definición de esta enfermedad”, indica César Fernández de las Peñas, Catedrático del Departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física de la URJC. No obstante, la gran cantidad de síntomas asociados con el SARS-CoV-2 “complica establecer un único criterio diagnóstico”, añade.

Según el estudio, los pacientes infectados con la variante de Wuhan tuvieron de media más síntomas en la fase aguda de la enfermedad que el resto de variantes, siendo fiebre, disnea -dificultad para respirar- y síntomas gastrointestinales los más comunes, mientras que con la variante delta había más cefalea y anosmia –pérdida de olfato-. Según Fernández de las Peñas, “la presencia de anosmia en la variante delta determina que no se debería hablar de una gripalización del SARS-CoV-2”.

“Estas diferencias se han ido observando en la clínica a lo largo de las diferentes olas, pero hemos sido los primeros en compararlos de forma sistemática” en un estudio científico, destaca el Dr. Fernández de las Peñas.

Seguimiento telefónico seis meses después

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores revisaron los datos de los 200 pacientes durante su hospitalización. A los 6 meses del cuadro agudo, se realizaron entrevistas telefónicas para conocer la situación y sintomatología de esas personas tras la hospitalización. La fatiga tuvo una persistencia similar en los tres grupos de pacientes, aunque existieron múltiples síntomas con todas las variantes del virus.

Aquellos infectados con la variante de Wuhan, tenían un mayor número de síntomas persistentes (3 frente a 2 del resto de variantes) y la disnea fue el más frecuente. Los pacientes con delta reportaron más alopecia.

“Parece que la incidencia de COVID persistente puede ser menor conforme pasa el tiempo y ante la presencia de nuevas variantes como ómicron, probablemente condicionado por la vacunación, pero sigue siendo un problema grave dado el gran número de contagios que ocurren”, indica Juan Torres Macho, investigador del Departamento de Medicina de la UCM y coautor del trabajo.
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Trabajo de referencia | Fernández-de-las-Peñas, C.; Cancela-Cilleruelo, I.; Rodríguez-Jiménez, J.; Gómez-Mayordomo, V.; Pellicer-Valero, O.J.; Martín-Guerrero, J.D.; Hernández-Barrera, V.; Arendt-Nielsen, L.; Torres-Macho, J. “Associated-Onset Symptoms and Post-COVID-19 Symptoms in Hospitalized COVID-19 Survivors Infected with Wuhan, Alpha or Delta SARS-CoV-2 Variant”. Pathogens 2022, 11, 725. DOI: 10.3390/pathogens11070725.
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ETIQUETAS • SaludPsicologíaCoronavirusCovid-19Sociedad.....
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A vueltas con el bilingüismo, ¿supone una protección frente al deterioro cognitivo?

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El BCBL lidera una investigación que busca demostrar si el conocimiento de varias lenguas mejora las funciones ejecutivas del cerebro y puede servir como protección ante el deterioro causado por la edad o las enfermedades neurodegenerativas. La principal novedad de este estudio es un enfoque centrado en múltiples variables, ya que los participantes contarán con distinto nivel formativo y se enfrentarán a tareas visuales y auditivas de diferente grado de dificultad.
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Foto de Brooke Cagle en Unsplash
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Las funciones ejecutivas del cerebro como la toma de decisiones, la memoria de trabajo o la planificación son vitales para el desarrollo de tareas básicas del día a día, pero empeoran de forma significativa con el paso de los años. Este fenómeno se agudiza en las personas que sufren enfermedades neurodegenerativas. Por eso, identificar los factores que pueden reducir el deterioro de las habilidades cognitivas resulta clave para el conocimiento científico y para la mejora de la calidad de vida de las personas.

El centro de investigación Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) lidera un estudio que busca demostrar si el bilingüismo supone una ventaja para el cerebro y puede servir como protección ante el impacto negativo causado por el envejecimiento o las enfermedades neurodegenerativas.

La principal novedad de esta investigación con respecto a otros estudios previos centrados en el bilingüismo es que parte de un enfoque centrado en el análisis de múltiples variables, es decir, los participantes se enfrentarán a tareas que revistan diferentes grados de dificultad y se someterán a estímulos procedentes tanto de fuentes sonoras como visuales.

Además, las personas que participen en el estudio también tendrán diferentes grados de formación académica y trayectorias profesionales diversas, que incluyan profesiones con diferentes grados de cualificación y dificultad técnica. De esta manera se busca tener en cuenta todas las variables que podrían modificar las funciones cognitivas para elevar la consistencia de los resultados.

“El estudio del bilingüismo en los últimos años ha mostrado dos tendencias aparentemente contradictorias. Por un lado, las investigaciones realizadas entre 2005 y 2015 concluían que el conocimiento de más de una lengua aportaba ventajas cognitivas, mientras que algunos de los estudios posteriores indican que no hay diferencias entre los cerebros bilingües y los monolingües. Nuestra hipótesis es que esas contradicciones pueden deberse a que no se han tenido en cuenta determinadas variables. Nuestra investigación busca esclarecer el escenario incluyendo al estudio factores como la dificultad de las tareas, la naturaleza del estímulo y la formación de los participantes”, precisa el responsable del estudio, Jesús Cespón.

De acuerdo con el experto, el hecho de que en algunas investigaciones no se aprecien diferencias entre monolingües y bilingües puede deberse a que las tareas cognitivas a las que son sometidos los participantes son demasiado sencillas o al hecho de que su nivel cultural sea muy elevado y este bagaje educativo pueda ejercer alguna compensación frente al deterioro cognitivo.

Cespón lo explica con una analogía: “Una persona que juega al fútbol tiene mejores condiciones físicas que una persona sedentaria, pero sus condiciones no tienen porque ser superiores a las de una persona que juega al baloncesto. Si a ambos se les somete a una prueba física probablemente la realicen sin problema. Eso no significa que jugar al fútbol no tenga beneficios sobre el organismo, sino que el fútbol no es la única vía para estar en forma. De la misma manera, si comparamos a personas monolingües con mucha formación con personas bilingües que no estén tan formadas podemos no detectar diferencias, pero eso no significa que el bilingüismo no aporte ventajas, sino que hay otros entrenamientos que también son útiles para el cerebro. Nuestro objetivo es incluir todas las variables para poder determinar si verdaderamente el bilingüismo supone una ventaja cognitiva”.

Con la ayuda de los impulsos eléctricos

Además de la variedad de pruebas y la diversidad en las características de los participantes, otro de los rasgos distintivos de la investigación del BCBL es que usará técnicas de registro de la actividad eléctrica cerebral a través de electroencefalograma (EEG).

“Este sistema proporciona información mucho más sensible que la obtenida a través del análisis de la conducta, gracias a que se trata de mediciones directas de la actividad eléctrica cerebral. El EEG nos hará posible detectar cambios o diferencias que no son apreciables mediante el análisis de las medidas conductuales”, razona el investigador.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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Distintos olores pueden influir sobre la percepción visual de las emociones

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En este estudio fue posible verificar que los olores influyen sobre la identificación de las expresiones faciales, así como estas influyen también sobre la reacción emocional al olor.
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Los olores influyen sobre la habilidad humana de percibir visualmente y juzgar correctamente las emociones de otras personas, aun cuando el afectado por una exhalación no tenga conciencia de su presencia. Fruto de la investigación de maestría de Matheus Henrique Ferreira, actualmente doctorando en el Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (IP-USP), en Brasil, un artículo con mediciones detalladas de este efecto salió publicado en la revista PLOS ONE.

“Si estoy sintiendo un aroma agradable, mi percepción de la emoción agradable mejora”, dice Mirella Gualtieri, doctora en neurociencias y conducta y docente de psicología experimental del IP-USP. “Lo propio sucede con los olores desagradables, que mejoran el discernimiento del miedo y del asco”, dice la científica, directora de tesis de Ferreira.

El equipo de investigación partió de la premisa de que el estímulo del olfato tiene la característica peculiar de que casi siempre está conectado a un juicio de agradabilidad. “Podemos depararnos con muchas escenas visuales que no necesariamente calificaremos como algo que nos gusta o no nos gusta ver, pero a menudo lo único que un individuo logra describir sobre un olor es si es agradable o desagradable”, explica Gualtieri, quien desarrolla una investigación aplicada en psicología sensorial.

Con esa premisa, el grupo detalló su diseño experimental con el objetivo de evaluar de qué manera el hecho de someterse a un ambiente en donde existe un olor agradable o desagradable puede afectar la forma en que una persona analiza las emociones que ve en las otras. Gualtieri hace la salvedad de que no se trata de un experimento inédito: “El análisis de expresiones emocionales faciales de las personas es algo de larga data. Lo interesante de lo que hemos hecho nosotros, y que pocos estudios lo tienen, reside en que no utilizamos expresiones de emociones muy fuertes. En esta área generalmente se trabaja con facciones que no son muy comunes cotidianamente. La alegría, la tristeza y la rabia se retratan de manera casi estereotipada o caricaturesca y no es así que se transmiten las emociones en el cotidiano.”

Trabajando entonces con una gradación de emociones basada en los rostros caricaturales (a los que el grupo clasificó como gradiente 100%), en el experimento se fueron mezclando (morphing) la imagen (que expresaba alegría o tristeza extrema, por ejemplo) con una cara neutra. De este modo, se crearon gradaciones de 10% en 10% de un determinado contenido emocional. Posteriormente se efectuó un seguimiento de cómo analizaban o juzgaban las personas aquella emoción, al observar el rostro en el dibujo y decir si expresaba alegría, tristeza, rabia, asco o miedo.

“Observamos en qué medida la intensidad de esa expresión sería el mínimo para que la persona empiece a acertar al respecto de la emoción que estaba presente allí –sabemos que no requiere ser 100%, pero pretendíamos saber cuál era el valor mínimo–, y vimos que se ubicaba generalmente entre el 20% y el 30% del tenor total de aquella emoción”, comenta Gualtieri.

Una vez determinado el umbral de intensidad de una emoción que las personas requerían para discriminarla, se evaluó la velocidad (el tiempo de reacción) con el que efectuaban ese juicio. Por último, se observó de qué manera todo esto podría modificarse en presencia de olores malos o buenos.

“Nuestro aporte consiste en demostrar de qué manera transcurre este efecto entre las modalidades sensoriales. Tenemos nuestros cinco sentidos, pero para adaptarnos al medio, para comunicarnos y lograr vivir, es necesario que esos sentidos interactúen. Lo que demostramos en ese artículo es cómo esto puede suceder mediante un ejemplo”, dice Gualtieri. “La presencia de un olor –y no se necesita estar consciente de que está allí– puede afectar mi procesamiento visual, o la manera en que le atribuyo emociones al estímulo visual.”

Otra impronta de este experimento reside en que la determinación de la calificación de un olor como bueno o malo quedó a cargo de cada participante, en lugar de adoptarse convenciones predefinidas. “Muchos trabajos se valen de una calificación categórica, esto es, las personas necesariamente considerarán que el olor de las fresas es apetecible y el de los pies es feo. Esas etiquetas listas existen, pero sabemos por experiencia que con los olores la cosa es complicada: no siempre funcionan. Lo que estaba orientando nuestro trabajo es lo que la persona juzgó, si era agradable o desagradable para ella, y esto modificó mucho nuestro proceso de análisis en comparación con cuando rotulamos y asumimos que cierto olor era siempre malo. Esta elección modificó nuestros resultados en forma sumamente importante, por eso optamos de allí en adelante por basarnos en el juicio de agradabilidad que las propias personas efectuaban.”

Los participantes –35 personas, de las cuales 20 eran mujeres y 15 varones– no sabían que el experimento era sobre el olfato: solamente se les informaba que se mediría su rapidez para detectar qué emociones apuntaban determinadas expresiones faciales. “No sabían que existía un olor: se sentaban frente a la pantalla, y en la gomaespuma de los auriculares que utilizaban les poníamos una cantidad ínfima de alguna sustancia (ácido butírico, con olor a manteca agria, acetato de isoamilo, con un olor fuerte similar al de las bananas, o hierba limón). Los participantes realizaban toda la sesión experimental, identificaban las emociones y nosotros verificábamos el índice de aciertos y los tiempos de reacción.”

Solamente cuando culminaban esa parte, el equipo les explicaba que el objetivo consistía en verificar si el hecho de llegar olores a la nariz en simultáneo con el juicio de la emoción afectaba el discernimiento. En ese momento, los participantes apuntaban en una escala, mediante un dial, y mostraban en qué medida les gustaba o no el olor en cuestión.

El artículo lleva también las firmas de Patricia Renovato Tobo, gerenta científica de Natura Inovação e Tecnologia de Produtos, subsidiaria de Natura Cosméticos, y Carla Regina Barrichello, también de Natura.

“Si bien en estudios anteriores ya se había puesto de relieve el papel de la valencia hedónica de los olores en el procesamiento emocional de los estímulos visuales, existen otros diversos factores que posiblemente están implicados. Este artículo demuestra que existe un efecto bilateral importante implicado entre los estímulos olfativos y visuales. En este estudio fue posible verificar que los olores influyen sobre la identificación de las expresiones faciales, así como estas influyen también sobre la reacción emocional al olor”, comenta Tobo.
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Relacionan hábitos de vida saludable y síndrome metabólico en los trastornos psicóticos

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Una investigación representa un hito significativo para el tratamiento del trastorno psicótico, que se ve acompañado del riesgo de síndrome metabólico.
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Llevar un estilo de vida saludable es clave para las personas con un trastorno psicótico incipiente. En este sentido, un estudio ha constatado que los hábitos de vida saludables juegan un papel capital para minimizar el riesgo de síndrome metabólico, con una alta prevalencia entre estos pacientes.

“El síndrome metabólico es un conjunto de parámetros que engloban los factores de riesgo de ataque cardíaco más peligrosos”, explican Yolanda Alonso y Lourdes Martorell, investigadoras del proyecto y profesionales del Hospital Universitari Institut Pere Mata de Reus, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV)-BUSCA, del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), y de la Universitat Rovira i Virgili (URV).

Este síndrome se diagnostica teniendo en cuenta un conjunto de parámetros que incluyen los factores de riesgo de infarto más peligrosos y que están asociados a una mayor mortalidad. Estos factores son 5: elevado perímetro de la cintura, elevada presión arterial, elevados niveles en sangre de glucosa y triglicéridos, y niveles bajos de colesterol HDL (el colesterol “bueno”).

El estudio, publicado en Scientific Reports, ha identificado que, en el inicio de los trastornos psicóticos, el perímetro de la cintura y el nivel de triglicéridos son más altos en las personas con un trastorno psicótico incipiente que en las personas sanas. Este trabajo también ha identificado que el sexo, la edad, el índice de masa corporal, la dieta, la actividad física, el consumo de tabaco y de cannabis y la medicación antipsicótica contribuyen a empeorar estos factores de riesgo.

Estudiando los pacientes después de un año de ser atendidos en la Unidad de Intervención Precoz del Hospital Universitari Institut Pere Mata, también se ha encontrado que si bien estas personas presentaban una mejora clínica muy significativa, el perímetro abdominal, los niveles de glucosa y los niveles de colesterol HDL habían empeorado.

Este trabajo demuestra la efectividad de la intervención precoz en la mejora clínica de las personas con un trastorno psicótico, pero también pone en evidencia la necesidad de mejorar su estilo de vida para evitar el empeoramiento de los factores de riesgo metabólico y, así, poder prevenir el riesgo cardiovascular.
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