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Uno de cada cinco casos de depresión es atribuible al estrés laboral

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Una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.
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Image by Natálie Šteyerová from Pixabay
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Un estudio internacional liderado por investigadores del IDIBAPS y CIBERSAM, la Universidad de Linköping (Suecia) y del King's College London demuestra y cuantifica que una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.

Los trastornos mentales son multifactoriales, esto es, dependen de la combinación de múltiples factores: genéticos, biológicos, psicológicos o ambientales. Aparte de las causas no modificables en las personas que tienen un trastorno, varios estudios han identificado numerosos factores de riesgo modificables involucrados en su aparición, como por ejemplo asociados al estilo de vida o la sociedad. Pero no se sabe cuántos trastornos podrían prevenirse modificando estos factores de riesgo.

“En muchos aspectos, vivimos en una sociedad de bienestar. Pero a pesar de esta aparente bonanza, en torno a una de cada cinco personas tiene actualmente un trastorno mental”, explica Joaquim Raduà. "La pregunta es si habría menos trastornos mentales, si mejoráramos la sociedad y estilo de vida", añade.

Esta cuestión es la que quiere responder al estudio publicado en Molecular Psychiatry. Los autores del estudio buscaron los factores de riesgo ambiental con mayor nivel de evidencia prospectiva para calcular la fracción atribuible poblacional, que mide qué porcentaje de los casos de un trastorno pueden atribuirse a un factor de riesgo concreto.

Los resultados son claros. Reduciendo las adversidades infantiles podrían evitarse uno de cada tres casos de esquizofrenia y reduciendo los abusos infantiles se podrían evitar uno de cada seis casos de depresión. Una reducción del estrés laboral permitiría evitar uno de cada cinco casos de depresión. Y respecto al estilo de vida, el hecho de hacer más ejercicio físico podría evitar uno de cada seis casos de Alzheimer; disminuir los factores de riesgo metabólico, como el exceso de grasas en sangre, podría evitar uno de cada diez casos de depresión; y evitando el sobrepeso antes o durante el embarazo se podría evitar uno de cada quince casos de autismo en los hijos.

Por tanto, reduciendo las adversidades y abusos infantiles, reduciendo el estrés laboral, y mejorando el ejercicio físico, dieta y peso, se podrían evitar una parte muy importante de los trastornos mentales. “Eso significa que podríamos evitar que millones de personas desarrollen trastornos mentales. Pero también significa que muchos trastornos, probablemente la mayoría, seguirían ahí. Por eso es tan importante dedicar más recursos a la investigación en salud mental para crear tratamientos que mejoren de forma más efecitva la calidad de vida de las personas con uno de estos trastornos”, concluyen los autores.

El estudio, publicado en Molecular Psychiatry, lo han coordinado Joaquim Raduà, jefe del grupo Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad (IMARD) del IDIBAPS e investigador del CIBERSAM, Elena Dragioti de la Universidad de Linköping, y Paolo Fusar-Pol, del King's College London. También ha participado Celso Arango, del Hospital Gregorio Marañón y del CIBERSAM.
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ETIQUETAS • TrabajoSaludPsicologíaEstrésSociedad.....
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Distintos olores pueden influir sobre la percepción visual de las emociones

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En este estudio fue posible verificar que los olores influyen sobre la identificación de las expresiones faciales, así como estas influyen también sobre la reacción emocional al olor.
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Los olores influyen sobre la habilidad humana de percibir visualmente y juzgar correctamente las emociones de otras personas, aun cuando el afectado por una exhalación no tenga conciencia de su presencia. Fruto de la investigación de maestría de Matheus Henrique Ferreira, actualmente doctorando en el Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (IP-USP), en Brasil, un artículo con mediciones detalladas de este efecto salió publicado en la revista PLOS ONE.

“Si estoy sintiendo un aroma agradable, mi percepción de la emoción agradable mejora”, dice Mirella Gualtieri, doctora en neurociencias y conducta y docente de psicología experimental del IP-USP. “Lo propio sucede con los olores desagradables, que mejoran el discernimiento del miedo y del asco”, dice la científica, directora de tesis de Ferreira.

El equipo de investigación partió de la premisa de que el estímulo del olfato tiene la característica peculiar de que casi siempre está conectado a un juicio de agradabilidad. “Podemos depararnos con muchas escenas visuales que no necesariamente calificaremos como algo que nos gusta o no nos gusta ver, pero a menudo lo único que un individuo logra describir sobre un olor es si es agradable o desagradable”, explica Gualtieri, quien desarrolla una investigación aplicada en psicología sensorial.

Con esa premisa, el grupo detalló su diseño experimental con el objetivo de evaluar de qué manera el hecho de someterse a un ambiente en donde existe un olor agradable o desagradable puede afectar la forma en que una persona analiza las emociones que ve en las otras. Gualtieri hace la salvedad de que no se trata de un experimento inédito: “El análisis de expresiones emocionales faciales de las personas es algo de larga data. Lo interesante de lo que hemos hecho nosotros, y que pocos estudios lo tienen, reside en que no utilizamos expresiones de emociones muy fuertes. En esta área generalmente se trabaja con facciones que no son muy comunes cotidianamente. La alegría, la tristeza y la rabia se retratan de manera casi estereotipada o caricaturesca y no es así que se transmiten las emociones en el cotidiano.”

Trabajando entonces con una gradación de emociones basada en los rostros caricaturales (a los que el grupo clasificó como gradiente 100%), en el experimento se fueron mezclando (morphing) la imagen (que expresaba alegría o tristeza extrema, por ejemplo) con una cara neutra. De este modo, se crearon gradaciones de 10% en 10% de un determinado contenido emocional. Posteriormente se efectuó un seguimiento de cómo analizaban o juzgaban las personas aquella emoción, al observar el rostro en el dibujo y decir si expresaba alegría, tristeza, rabia, asco o miedo.

“Observamos en qué medida la intensidad de esa expresión sería el mínimo para que la persona empiece a acertar al respecto de la emoción que estaba presente allí –sabemos que no requiere ser 100%, pero pretendíamos saber cuál era el valor mínimo–, y vimos que se ubicaba generalmente entre el 20% y el 30% del tenor total de aquella emoción”, comenta Gualtieri.

Una vez determinado el umbral de intensidad de una emoción que las personas requerían para discriminarla, se evaluó la velocidad (el tiempo de reacción) con el que efectuaban ese juicio. Por último, se observó de qué manera todo esto podría modificarse en presencia de olores malos o buenos.

“Nuestro aporte consiste en demostrar de qué manera transcurre este efecto entre las modalidades sensoriales. Tenemos nuestros cinco sentidos, pero para adaptarnos al medio, para comunicarnos y lograr vivir, es necesario que esos sentidos interactúen. Lo que demostramos en ese artículo es cómo esto puede suceder mediante un ejemplo”, dice Gualtieri. “La presencia de un olor –y no se necesita estar consciente de que está allí– puede afectar mi procesamiento visual, o la manera en que le atribuyo emociones al estímulo visual.”

Otra impronta de este experimento reside en que la determinación de la calificación de un olor como bueno o malo quedó a cargo de cada participante, en lugar de adoptarse convenciones predefinidas. “Muchos trabajos se valen de una calificación categórica, esto es, las personas necesariamente considerarán que el olor de las fresas es apetecible y el de los pies es feo. Esas etiquetas listas existen, pero sabemos por experiencia que con los olores la cosa es complicada: no siempre funcionan. Lo que estaba orientando nuestro trabajo es lo que la persona juzgó, si era agradable o desagradable para ella, y esto modificó mucho nuestro proceso de análisis en comparación con cuando rotulamos y asumimos que cierto olor era siempre malo. Esta elección modificó nuestros resultados en forma sumamente importante, por eso optamos de allí en adelante por basarnos en el juicio de agradabilidad que las propias personas efectuaban.”

Los participantes –35 personas, de las cuales 20 eran mujeres y 15 varones– no sabían que el experimento era sobre el olfato: solamente se les informaba que se mediría su rapidez para detectar qué emociones apuntaban determinadas expresiones faciales. “No sabían que existía un olor: se sentaban frente a la pantalla, y en la gomaespuma de los auriculares que utilizaban les poníamos una cantidad ínfima de alguna sustancia (ácido butírico, con olor a manteca agria, acetato de isoamilo, con un olor fuerte similar al de las bananas, o hierba limón). Los participantes realizaban toda la sesión experimental, identificaban las emociones y nosotros verificábamos el índice de aciertos y los tiempos de reacción.”

Solamente cuando culminaban esa parte, el equipo les explicaba que el objetivo consistía en verificar si el hecho de llegar olores a la nariz en simultáneo con el juicio de la emoción afectaba el discernimiento. En ese momento, los participantes apuntaban en una escala, mediante un dial, y mostraban en qué medida les gustaba o no el olor en cuestión.

El artículo lleva también las firmas de Patricia Renovato Tobo, gerenta científica de Natura Inovação e Tecnologia de Produtos, subsidiaria de Natura Cosméticos, y Carla Regina Barrichello, también de Natura.

“Si bien en estudios anteriores ya se había puesto de relieve el papel de la valencia hedónica de los olores en el procesamiento emocional de los estímulos visuales, existen otros diversos factores que posiblemente están implicados. Este artículo demuestra que existe un efecto bilateral importante implicado entre los estímulos olfativos y visuales. En este estudio fue posible verificar que los olores influyen sobre la identificación de las expresiones faciales, así como estas influyen también sobre la reacción emocional al olor”, comenta Tobo.
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ETIQUETAS • NeurologíaEmociónPsicologíaInvestigaciónSociedad.....
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Relacionan hábitos de vida saludable y síndrome metabólico en los trastornos psicóticos

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Una investigación representa un hito significativo para el tratamiento del trastorno psicótico, que se ve acompañado del riesgo de síndrome metabólico.
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Llevar un estilo de vida saludable es clave para las personas con un trastorno psicótico incipiente. En este sentido, un estudio ha constatado que los hábitos de vida saludables juegan un papel capital para minimizar el riesgo de síndrome metabólico, con una alta prevalencia entre estos pacientes.

“El síndrome metabólico es un conjunto de parámetros que engloban los factores de riesgo de ataque cardíaco más peligrosos”, explican Yolanda Alonso y Lourdes Martorell, investigadoras del proyecto y profesionales del Hospital Universitari Institut Pere Mata de Reus, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV)-BUSCA, del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), y de la Universitat Rovira i Virgili (URV).

Este síndrome se diagnostica teniendo en cuenta un conjunto de parámetros que incluyen los factores de riesgo de infarto más peligrosos y que están asociados a una mayor mortalidad. Estos factores son 5: elevado perímetro de la cintura, elevada presión arterial, elevados niveles en sangre de glucosa y triglicéridos, y niveles bajos de colesterol HDL (el colesterol “bueno”).

El estudio, publicado en Scientific Reports, ha identificado que, en el inicio de los trastornos psicóticos, el perímetro de la cintura y el nivel de triglicéridos son más altos en las personas con un trastorno psicótico incipiente que en las personas sanas. Este trabajo también ha identificado que el sexo, la edad, el índice de masa corporal, la dieta, la actividad física, el consumo de tabaco y de cannabis y la medicación antipsicótica contribuyen a empeorar estos factores de riesgo.

Estudiando los pacientes después de un año de ser atendidos en la Unidad de Intervención Precoz del Hospital Universitari Institut Pere Mata, también se ha encontrado que si bien estas personas presentaban una mejora clínica muy significativa, el perímetro abdominal, los niveles de glucosa y los niveles de colesterol HDL habían empeorado.

Este trabajo demuestra la efectividad de la intervención precoz en la mejora clínica de las personas con un trastorno psicótico, pero también pone en evidencia la necesidad de mejorar su estilo de vida para evitar el empeoramiento de los factores de riesgo metabólico y, así, poder prevenir el riesgo cardiovascular.
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ETIQUETAS • PsicologíaSaludDieta MediterráneaDeporteSociedad.....
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Las garras desgarran, las uñas arañan, ¿y las pezuñas?

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La punta de los dedos de muchos animales está cubierta por una estructura de queratina con diversas y curiosas funciones. Los estudios de los fósiles de mamíferos registran que la estructura más antigua presente son las garras.
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Alina Gabriela Monroy-Gamboa y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda | DiCYT......
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La punta de los dedos de reptiles, aves y mamíferos está cubierta por una estructura de queratina que conocemos como garras, pezuñas o uñas. Aunque en todos estos animales, estas estructuras están formadas por el mismo “componente”, se diferencian en su origen: las garras de los reptiles y las aves, en realidad, son escamas modificadas, mientras que en los mamíferos surgen de una capa especializada en la piel, llamada germinal.

El crecimiento y la forma también son diferentes. En los reptiles (por ejemplo, en los cocodrilos) y las aves, las denominadas garras son como dedales cónicos que cubren y protegen las puntas de los dedos, a diferencia de los mamíferos que solamente tapan la porción anterior y lateral de los dedos. Los estudios de los fósiles de mamíferos registran que la estructura más antigua presente son las garras, incluso, presente en los mamíferos herbívoros ─como el Agriochoerus─ originarios de Norteamérica y del tamaño de una oveja que vivieron entre el Eoceno y el Oligoceno.

Las garras son estructuras flexibles y sirven, esencialmente, para evitar que la piel de las almohadillas o yemas de los dedos retroceda, además de que ayudan para agarrar y manipular objetos; las garras se han adaptado y diversificado a través del tiempo, dependiendo de los hábitos alimenticios y de forrajeo de las especies, pero también de su tipo de hábitat, debido a que, al estar en los dedos, sirven para los diferentes tipos de locomoción.

Entre los mamíferos se pueden encontrar a los unguiculados (tienen garras y uñas) y los ungulados (tienen pezuñas). Una garra típica de mamífero cubre la parte distal superior y los lados del dedo con queratina cornificada (dura). Por lo general, tiene una terminación afilada y curva que se extiende por delante de la última falange del dedo; se comprime de manera lateral por lo que queda un espacio o ranura entre el dedo y la garra, el cual está relleno de tejido menos cornificado (más suave) llamado subunguis. La raíz está resguardada por un tejido protector (eponychium), y formada por dos capas: la más superficial, que es delgada y la queratina acomodada en láminas horizontales, y en la gruesa y profunda están de modo vertical.

Esta característica estructural de las garras les da una mayor fuerza y resistencia al desgaste, por lo que algunos carnívoros como los felinos las usan como armas para cazar. El caso de los felinos es especial debido a que, a diferencia de otros mamíferos, tienen un ligamento en la estructura de la última falange que hace posible que las garras sean retráctiles: así solo “habilitan” sus garras cuando voluntariamente las necesitan para atacar, comenzar a correr, tener más tracción en las pisadas o trepar en los árboles.

La capacidad de retraer las garras les permite un menor desgaste y que puedan ser utilizadas como “armas” para la captura de presas. La retracción de las garras sucede en el cacomixtle norteño, las suricatas, martas y otras pocas especies; generalmente de hábitos arborícolas, las retraen para moverse sobre rocas y extraen para trepar a los árboles.

La forma de las garras varía, dependiendo de cómo son usadas las extremidades: las hay alargadas y fuertes, que son utilizadas como palas para excavar como en los armadillos y topos; largas, curvas que sobresalen de la falange, como en los perezosos y en los murciélagos, que son manejadas como ganchos para colgarse boca abajo, diseño que les permite sujetarse de las ramas de los árboles sin tener que emplear fuerza muscular. Las nutrias, focas, los lobos, leones y elefantes marinos tienen pequeñas garras que apenas sobresalen de las falanges y les sirven para incrementar el agarre en superficies lisas y resbaladizas.

Una de las modificaciones de las garras son las uñas que se diferencian de las primeras al solo contar con una capa delgada y superficial y tener una matriz ancha, redondeada y visible a simple vista. Las uñas solamente están presentes en los primates; en los humanos, la matriz es la porción blanca llamada lúnula; además, sobresalen muy poco de la almohadilla de la falange (huella digital) y no son afiladas. Algunos primates como los lémures y titíes tienen uñas que se asemejan más a las garras; les ayudan a sostenerse de árboles verticales, en vez de solo usar las ramas. Los changos de América, como el mono araña o el mono aullador, tienen las denominadas tegulas que son equivalentes a uñas curveadas longitudinalmente y comprimidas lateralmente, consideradas como estructura intermedia entre garras y uñas.

El término úngula o unguis significa plano, y se usa para nombrar a la otra modificación de las garras conocidas como pezuñas. Estas estructuras son las más cortas y anchas y forman una cubierta cilíndrica incompleta que cubre la porción distal del dedo; es por ello que los animales que poseen pezuñas se les denomina ungulados; en ellos, las pezuñas están formadas por láminas de queratina y tienen túbulos que contribuyen a la dureza, por lo que pueden soportar grandes cargas de compresión e impacto. Su forma y consistencia ayudan a que los animales que las poseen puedan asirse de sustratos casi lisos como las cabras de monte o tengan mejor tracción si son digitígrados (que caminan solo apoyando los dedos).
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Autores | El doctor en Ciencias Sergio Ticul Álvarez Castañeda es investigador titular E, adscrito al Programa de Planeación Ambiental y Conservación en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR). La doctora Alina Gabriela Monroy-Gamboa es posdoctorante en el mismo Programa del CIBNOR (correo: beu_ribetzin@hotmail.com).
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ETIQUETAS • Medio AmbienteNaturalezaEvolución.....
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Proponen bioconstrucciones próximas al río Tinto como modelos para futuros hallazgos en Marte

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El Río Tintillo conforma un ecosistema único y su aplicación en la astrobiología sirve para obtener escenarios comunes que ayuden en la descripción y estudio de nuevos descubrimientos en otros planetas.
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Vista general del Tintillo donde se observa los estromatolitos de hierro ya formados en el cauce del río. Foto: Eduardo Mayoral
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Un equipo multidisciplinar de expertos de las universidades de Huelva, Politécnica de Madrid, Autónoma de Nuevo León en México y de Aveiro en Portugal ha caracterizado el sedimento de origen orgánico del río Tintillo, caracterizado por drenaje ácido de minas y situado en el municipio de Minas del Río Tinto en Huelva. Estas bioconstrucciones pueden servir dentro del campo de la Astrobiología como referencia para interpretar vestigios de vida en futuros hallazgos en planetas como Marte, con unas condiciones extremas que podrían ser similares a los de esta zona minera y, por ende, a las existentes en los inicios de la Tierra cuando surgieron las primeras formas de vida.

La caracterización de estos compuestos, denominados estromatolitos, en ambientes sedimentarios extremos se pueden utilizar como ejemplos modernos para estudiar las interacciones ocurridas hace millones de años entre los primeros organismos vivos y el medio en el que se desarrollaron. Concretamente durante el Precámbrico, período geológico en el que aparecieron las primeras formas de vida en la Tierra.

En el caso de los estromatolitos de hierro formados en el cauce del río Tintillo, uno de los pocos del planeta donde se forman, lo hacen en forma de extensas terrazas, es decir, laminaciones planas de forma escalonada. Están compuestos en su mayoría de algas verdes-azules y diatomeas, considerados como uno de los primeros organismos vivos del planeta. Además, aparecen en estrecha asociación con precipitados minerales y sustancias de consistencia viscosa producida por las comunidades microbianas que los forman, creando así su disposición en capas.

Al igual que los estromatolitos del Precámbrico, los del Tintillo son estructuras de origen orgánico formados por la actividad de microorganismos que atrapan y fijan el sedimento o producen la precipitación de minerales, tal y como recoge el estudio titulado ‘Acid Mine Drainage as Energizing Microbial Niches for the Formation of Iron Stromatolites: The Tintillo River in Southwest Spain’ y publicado en la revista Astrobiology.

Otra particularidad de estas bioconstrucciones del río Tintillo la marca su color marrón rojizo debido a su alto contenido en hierro. “ Los metales solubles resultantes del drenaje ácido de minas como consecuencia de la oxidación de los minerales de sulfuro de hierro (como la pirita) interaccionan con las comunidades microbianas y forman aglomerados con laminaciones alternas que se consolidan y originan escalones a diferentes alturas. El resultado son estas bioconstrucciones que denominamos estromatolitos”, explica a la Fundación Descubre la paleontóloga de la Universidad de Huelva Ana Santos, una de las autoras de este trabajo que cuenta también con la participación de especialistas en geología, biología, química e ingeniería de minas.

Elementos limitados

La presencia de estromatolitos actuales es muy limitada. Actualmente se localizan en Australia, Bahamas, EEUU, México, Chile, Argentina, Brasil, Mar Rojo y, tras la catalogación liderada por el grupo ‘Geociencias Aplicadas’ de la Universidad onubense, también se encuentran en la Faja pirítica del sur de la Península Ibérica, que abarca las provincias andaluzas de Huelva, Sevilla, y las portuguesas de Algarve y Alentejo.

Estas estructuras adoptan una gran variedad de morfologías. El crecimiento de los estromatolitos se produce debido a la petrificación y el crecimiento por adición de estos biofilms microbianos a lo largo del tiempo. Aunque la gran mayoría de los estromatolitos modernos y fósiles están compuestos de carbonato cálcico, también los hay de naturaleza silícea, de manganeso o de hierro, entre otros, como es el caso de los localizados en este enclave minero. “Alrededor de 2.000 a 3.500 millones de años, estas bioconstrucciones cubrían todas las aguas poco profundas del océano y producían oxígeno a escala industrial. Podríamos considerarlos como una especie de árboles submarinos que proporcionaron las condiciones idóneas para el desarrollo de formas de vida más eficientes antes de que existieran los árboles terrestres”, compara Santos.

Río Tintillo, un espejo al pasado y al futuro

El estudio de las bioconstrucciones presentes en este río, hermano menor del Tinto y afluente del Odiel, se enmarca en el ámbito de la astrobiología. “El río Tintillo es un espejo de lo que puede haber ocurrido en el pasado, un espacio clave para entender las condiciones que, pensamos, debieran darse para originar la vida en la Tierra. Al mismo tiempo, puede arrojar pistas sobre el futuro de la exploración de planetas extraterrestres, como Marte, ya que la exploración espacial moderna se basa en el reconocimiento de biomarcadores morfológicos. Si tras el amartizaje localizan estructuras similares morfológicamente a estas estudiadas, se podría inferir eventualmente vida extraterrestre ya que éstas requieren agentes biológicos para su formación”, compara esta científica.

Para realizar este estudio, los expertos analizaron muestras de estos sedimentos y agua procedentes del Tintillo, también conocido como río agrio por la acidez de sus aguas que concentran altos niveles de minerales sulfurosos, como la pirita, debido a la acción minera. “Utilizamos este río menor como laboratorio natural porque presenta grandes concentraciones de metales y un pH muy bajo y por tanto, niveles de acidez muy elevados. En él viven organismos extremófilos, que toleran notables condiciones de estrés en situaciones ambientales muy extremas parecidas a los ambientes arcaicos de la Tierra, y a posibles ambientes extraterrestres”, justifica la investigadora.

Además del análisis químico de la composición del agua y sedimento, examinaron al microscópico láminas delgadas de estromatolitos para caracterizar sus distintas partes e identificar los diferentes microorganismos que lo componen. “Al evaluar las distintas laminaciones del estromatolito hemos intentado comprender los mecanismos de crecimiento y aprender un poco más sobre la complejidad de estas estructuras”, matiza Santos.
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ETIQUETAS • MarteSistema SolarBiologíaAstronomía.....
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El cerebro tiene información de primera mano

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En los mamíferos la médula espinal se encuentra protegida por la columna vertebral y de ahí se conecta diferentes partes del cuerpo, es la súper carretera de la información neuronal.
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Fotografía | Hainguyenrp de Pixabay
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El cerebro tiene un sistema privado de comunicación y recepción de información vital de los organismos que varía entre grupos según las necesidades y no se mezcla con el resto del sistema nervioso. Se le ha llamado arcos pares o nervios craneales, aunque no todos estén en el cráneo.

Un típico sistema nervioso consiste en dos estructuras principales, el encéfalo y la médula espinal (sistema nervioso central) y de allí se ramifican a diversas partes del cuerpo (sistema nervioso periférico). El sistema nervioso está presente en todos los animales a excepción de las esponjas. En los mamíferos la médula espinal se encuentra protegida por la columna vertebral y de ahí se conecta diferentes partes del cuerpo, es la súper carretera de la información neuronal.

El encéfalo necesita tener centros de información y respuesta que sean lo más directos posible, es decir, con la mínima cantidad de intermediarios. El grupo de los pares craneales recibe este nombre porque en sus primeras descripciones se asociaron a perforaciones en el cráneo (forámenes, hendiduras o fisuras) por donde conectan un área específica de la cabeza con el cerebro. De esta manera y dependiendo del grupo evolutivo de vertebrados, pueden tener hasta doce vías de comunicación llamados pares o nervios craneales. Estas 12 vías tienen funciones diferentes. Los pares I, II y VII son para recibir únicamente información (aferentes). Los III, IV y VI controlan movimientos (eferentes). El XI y XII están asociados directamente a músculos. Los V, VII, IX y X son considerados mixtos reciben información e inervan músculos. Adicionalmente, los pares III, VII, IX y X están conectados al sistema nervioso parasimpático, lo que implica que los movimientos no son voluntarios.

Los pares que se asocian únicamente con la información son el I llamado Olfatorio: trasmite los impulsos olfativos de las mucosas nasales que se encuentran en la lámina cribosa del etmoides dentro a la nariz con el bulbo olfatorio. II el Óptico: transmite los impulsos de la retina del ojo al tálamo y al mesencéfalo. VIII Vestíbulo estatoacústico: transmite los impulsos auditivos desde el canal auditivo interno del brazo coclear. También está asociado con el control del equilibrio y la posición tridimensional.

Los que controlan únicamente movimiento son el III Óculo motor: conectan a todos los músculos del ojo (recto superior, oblicuo inferior, recto medial, ciliares y elevador del párpado) con el mesencéfalo y para el sistema parasimpático al esfínter de la púpila. IV Troclear: conecta con el músculo oblicuo superior del ojo, es el que deprime y rota al ojo y se conecta con el mesencéfalo. VI Abductor: conecta al músculo recto lateral del ojo, para que pueda moverse al lado contrario de la nariz con el cuarto ventrículo del cerebro.

Los nervios que están asociados directamente a músculos son el XI Accesorio: conecta a los músculos esternocleidomastoideo, trapecio, de la faringe y laringe, es decir, del cuello y hombros con el bulbo raquídeo y el XII Hipogloso: conecta a la lengua con en el bulbo raquídeo.

Los mixtos son el V Trigémino: recibe la información sensorial del rostro incluyendo la córnea, cuero cabelludo, paladar, dientes, boca y lengua. Conectan a los músculos masticadores. VII Facial: reciben la información sensorial las papilas gustativas ubicadas en los dos tercios anteriores de la lengua y conecta a diversos músculos faciales para que el rostro pueda tener expresiones y a las glándulas salivales con la protuberancia anular. IX Glosofaríngeo: reciben la información del tercio posterior de la lengua, mucosa de la faringe y termina en el bulbo raquídeo. Conecta a la glándula salival parótida y músculos ubicados en la faringe. X Vago: recibe la información del sentido del gusto en la epiglotis y conecta a varios de los músculos laríngeos y a todos los faríngeos. En referencia al parasimpático conecta a la faringe, tracto respiratorio, corazón, estómago, ambos intestinos, entre otros con el bulbo raquídeo.

Algunos autores han propuesto un par craneal denominado cero, el que se asocia con el olfatorio y está encargado de generar la gonadotropina (hormonas secretadas por la glándula hipófisis que interviene en el ciclo reproductivo).

Los pares craneales resultan el medio de comunicación ideal y exclusiva para funciones determinadas que el cuerpo necesita realizar para su correcto funcionamiento.
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ETIQUETAS • InvestigaciónSalud.....
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Por qué todavía no hemos contactado civilizaciones extraterrestres

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Ese interrogante es el que intenta develar un estudio de astrobiología impulsado por investigadores del Observatorio de Córdoba de la UNC y la Universidad Católica de Córdoba.
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Desde tiempos inmemoriales, la pregunta sobre si los seres humanos están solos en el universo ha permanecido abierta. Distintas hipótesis han ofrecido respuestas, pero ninguna ha podido ser verificada aún. Si acaso existieran civilizaciones en planetas distantes, ¿qué probabilidades habría de establecer algún contacto con ellas?.

Un estudio reciente del Observatorio Astronómico de Córdoba (OAC) y la Universidad Católica de Córdoba (UCC) evaluó más de 150 mil simulaciones, que incluyeron 5204 escenarios posibles, con el propósito de determinar, en un análisis probabilístico, qué parámetros deberían cumplirse para favorecer una comunicación con seres inteligentes extraterrestres.

Recurrieron para ello a un método estadístico de simulaciones denominado “Montecarlo”. La metodología consiste en generar una gran cantidad de escenarios (conjuntos de parámetros a los que se les van asignando distintos valores), y realizar con ellos simulaciones numéricas.

Con esa herramienta estimaron la probabilidad de contactos causales con otras civilizaciones, siempre dentro de la Vía Láctea. Concluyeron que la ausencia de detección de señales inteligentes extraterrestres podría explicarse en función de fenómenos astrofísicos, las grandes distancias en la galaxia y la vida limitada de las civilizaciones, por lo que no sería raro que en un período de tiempo corto –como por ejemplo, 100 años– no haya detecciones.

En todas las alternativas analizadas, las posibilidades de comunicación son bajas, excepto para un escenario donde la galaxia está densamente poblada y las civilizaciones son muy antiguas. Esas chances aumentan significativamente a medida que crece el número de civilizaciones activas, si la mismas ya hubieran descubierto o desarrollado la tecnología necesaria.

Cabe destacar que si bien en la investigación se piensa el problema en términos de civilizaciones, lo que en realidad analiza son contactos causales restringidos entre nodos.

El estudio fue realizado por Marcelo Lares y Luciana Gramajo, ambos del Observatorio Astronómico de Córdoba, y José Funes, de la Universidad Católica de Córdoba.

En rigor, el estudio no realiza ninguna suposición sobre el origen o la evolución de la vida inteligente extraterrestre. Es un experimento teórico que consiste en estimar la probabilidad de contacto entre ellos, si su distribución en el tiempo y espacio fuera de cierta forma.

En este esquema, la evolución tecnológica juega un papel fundamental, ya que en función de los avances actuales es posible inferir que cualquier comunicación dentro de la galaxia se realizaría mediante ondas electromagnéticas, es decir, ondas de radio. No obstante, esto podría cambiar en el futuro, con el desarrollo de nuevas tecnologías.

Así, por ejemplo, si la Vía Láctea estuviera poblada de civilizaciones con un desarrollo equivalente al que poseía la Tierra hace diez mil años, la comunicación sería imposible. Simplemente carecerían de la tecnología necesaria para entablar cualquier contacto entre ellas.

Otra variable crucial es la densidad poblacional de los nodos y las distancias que los separan entre sí. Para comprender esto hay que considerar que la Vía Láctea tiene una extensión de 100 mil años luz. Si existieran dos civilizaciones en los márgenes opuestos, cualquier señal demoraría 200 mil años en ir de una a otra y retornar.

“Uno de los problemas al plantear las posibilidades de comunicación entre civilizaciones inteligentes, es que tanto el mensaje como el canal de comunicación deben buscarse sin un acuerdo previo. Es posible que existan dos entidades que utilizan diferentes tecnologías y entonces el contacto no sucederá”, explica Lares, investigador del OAC y autor principal del trabajo publicado.

“Otra posibilidad es que la diferencia entre sus tecnologías se deba al grado de avance. Por ejemplo, si llegara un mensaje a través de ondas gravitacionales –esto es muy especulativo, pero sirve para ilustrar la idea–, solo podríamos detectarlo una vez que contemos con esa tecnología, que fue adquirida mucho después que la tecnología para detectar ondas de radio”, completa Lares.

Según explica el astrónomo, el relevamiento del cielo y la búsqueda de las nuevas tecnologías se irá dando de manera independiente, con lo cual quizás en un futuro se consigan nuevos canales de comunicación.

“Otra idea personal, es que a pesar de que la probabilidad de éxito sea muy baja, el ‘premio’ es muy alto y podría tener un impacto muy fuerte en nuestra civilización. Por lo que en este caso, conviene intentar.” completa el astrónomo.

Otros mundos, Tierra, Humanidad y Espacio Remoto (OTHER) es un laboratorio de ideas que propone un enfoque multidisciplinar en la búsqueda de otros mundos habitados. Es un grupo conformado por investigadores en astronomía, biología, teología y filosofía, entre otras disciplinas.

Entre los temas que aborda, se encuentra la discusión sobre el impacto que tendría un eventual descubrimiento de una civilización extraterrestre en la concepción filosófica, social y religiosa de nuestra propia civilización. Para ello, revisan conceptos acerca de la naturaleza, la vida, la inteligencia y la espiritualidad, al tiempo que consideran las posibles escalas y alcance de las civilizaciones en la Vía Láctea.

Una de las principales propuestas que plantea la comunidad de búsqueda de vida extraterrestre es la exploración de nuevas estrategias de exploración, alternativas al tradicional enfoque de la radioastronomía.

Ello requiere comprender la situación en las que nos encontramos en cuanto a las limitaciones tecnológicas y físicas, y tratar de cuantificar las probabilidades de éxito inherentes a cada estrategia.

Una de las líneas de trabajo que derivaron de estas discusiones es la que utiliza métodos numéricos y modelos estadísticos para analizar diferentes escenarios de las redes de comunicación en la galaxia.
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ETIQUETAS • Astronomía
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La deforestación está estresando a los mamíferos

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Un estudio encuentra niveles más altos de hormonas vinculadas al estrés en roedores y marsupiales que habitan pequeñas parcelas en áreas deforestadas del Bosque Atlántico.
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Zarigüeya ratón (Gracilinanus agilis) de un área deforestada del Bosque Atlántico, al este de Paraguay. © Noé U. de la Sancha, Museo Field
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Muchos de nosotros nos sentimos bastante ansiosos por la destrucción del mundo natural. Pero los humanos no son los únicos que se estresan: al analizar las hormonas que se acumulan en el pelaje, un grupo de investigadores ha descubierto que los roedores y marsupiales que viven en parcelas pequeñas del Bosque Atlántico de América del Sur sufren más estrés que los que viven en bosques más grandes e intactos.

"Sospechábamos que los animales que habitan áreas deforestadas mostrarían niveles más altos de estrés que los animales de bosques más prístinos, y encontramos evidencia de que esto es cierto", asegura Noé de la Sancha, investigador del Field Museum de Chicago y profesor en la Universidad Estatal de la misma ciudad, coautor del estudio publicado en ‘Scientific Reports’.

"Muchas especies en todo el mundo, pero especialmente en los trópicos, están poco estudiadas", recuerda Sarah Boyle, del Rhodes College y autora principal del estudio. Concretamente, el Bosque Atlántico a menudo se ve ensombrecido por su vecino Amazonas, pese a ser el segundo bosque más grande de América del Sur, al extenderse desde el noreste de Brasil hacia el sur a lo largo de la costa brasileña, hasta el noroeste de Argentina y el este de Paraguay.

Desde la llegada de los colonos portugueses hace 500 años, partes de este bosque han sido destruidas para dar paso a tierras de cultivo y áreas urbanas. Hoy, queda menos de un tercio del bosque original. La destrucción del hábitat de un animal puede cambiar drásticamente su vida. Hay menos comida y territorio para todos, y el animal puede encontrarse en contacto más frecuente con depredadores o en una mayor competencia con otros animales por los escasos recursos. Estas circunstancias pueden motivar estrés a largo plazo.

Pero el estrés no es algo malo en sí mismo. En pequeñas dosis, el estrés puede salvar vidas. "Si algo te perturba y puede causar que te lastimes o mueras, la respuesta al estrés moviliza energía para lidiar con esa situación y devolver las cosas a un estado normal. Te permite sobrevivir", asegura David Kabelik, también del Rhodes College. Por ejemplo, si un animal se encuentra con un depredador, una avalancha de hormonas del estrés puede darle la energía que necesita para huir, y luego esos niveles hormonales vuelven a la normalidad. Pero a largo plazo, el estrés puede generar problemas.

En este caso, los investigadores centraron su foco en parcelas de bosque en el este de Paraguay, que se han visto particularmente afectadas en el último siglo debido a que la región fue talada para obtener leña, ganadería y soja. Para estudiar los efectos de esta deforestación, los investigadores capturaron 106 mamíferos de áreas que van desde 2 a 1.200 hectáreas. Los ejemplares que analizaron incluían cinco especies de roedores y dos especies de marsupiales.

Los investigadores tomaron muestras del pelaje, ya que las hormonas se acumulan en el pelo durante períodos de varios días o semanas, y podrían presentar una imagen más clara de los niveles de estrés típicos de los animales más que las hormonas presentes en una muestra de sangre. "Las hormonas cambian en la sangre minuto a minuto, así que eso no refleja excatamente estrés a largo plazo", apunta Kabelik.

De vuelta en el laboratorio, los investigadores pulverizaron el pelaje y analizaron los niveles de hormonas mediante un inmunoensayo enzimático. El equipo descubrió que los animales de parcelas más pequeñas de bosque tenían niveles más altos de hormonas que los animales procedentes de áreas de bosque más grandes.

“En particular, estos hallazgos son de gran relevancia para países como Paraguay que actualmente muestran una tasa acelerada de cambio en los paisajes naturales. En Paraguay, apenas estamos comenzando a documentar cómo se distribuye la diversidad de especies que se están perdiendo”, advierte Pastor Pérez, biólogo de la Universidad Nacional de Asunción y otro de los autores del artículo. "Sin embargo, este documento muestra que también tenemos mucho que aprender sobre cómo estas especies interactúan en estos entornos".

Puntos críticos de transmisión de enfermedades a humanos

Según la información del Field Museum recogida por DiCYT, los resultados de este estudio van mucho más allá del Bosque Atlántico de América del Sur. "Podría aplicarse al resto de bosques del mundo", afirma De la Sancha.

El estudio no solo arroja luz sobre cómo los animales responden a la deforestación, sino que también podría conducir a una mejor comprensión de las circunstancias en las que los animales pueden transmitir enfermedades a los humanos. "Si hay muchos mamíferos estresados, pueden albergar virus y otras enfermedades, y cada vez hay más personas que viven cerca de estas áreas deforestados que potencialmente podrían estar en contacto con estos animales", dice De la Sancha. "Al destruir los hábitats naturales, estamos potencialmente creando puntos críticos para los brotes de enfermedades zoonóticas".
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ETIQUETAS • Clima, Ecología, Medio Ambiente
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