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Los ciudadanos eligen la jungla gris frente a los espacios de naturaleza abierta. Sin embargo, allí se encuentran con la contaminación aérea y acústica, el estrés y el aislamiento social, explican profesores de la Universidad Politécnica de Madrid.
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El proyecto de agrociudad Gagarine-Truillot propone transformar el distrito de Gagarine (en Ivry-sur-Seine) en un barrio dominado por la agricultura urbana. Archikubik
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Por Julián Briz, Isabel de Felipe y Teresa Briz
El horizonte urbanita está ensombrecido con nubarrones de pandemias, olas de calor, desabastecimiento alimentario y energético, cambio climático y pérdida de biodiversidad. Estas crisis recuperan el valor de las islas naturadas: las noches calurosas del verano obligan a abrir parques y jardines para esparcimiento, las pandemias revalorizan los balcones y terrazas durante el confinamiento y se impulsan huertos urbanos. Es la revolución silenciosa que la naturaleza viene imponiendo a la jungla de cemento y cristal.
La ciudad ha venido siendo un punto de atracción humana, como muestra su continuo crecimiento. Cerca del 60% de la población era urbana en el 2021. Las personas abandonan las áreas rurales atraídas por los servicios, facilidades y empleo que ofrecen las ciudades.
Los ciudadanos eligen la jungla gris frente a los espacios de naturaleza abierta. Sin embargo, allí se encuentran con la contaminación aérea y acústica, el estrés, el aislamiento social, la dependencia de recursos externos y con un balance energético negativo.
Déficit de naturaleza
Aunque no tiene una componente propiamente médico, se ha acuñado el término síndrome de déficit de naturaleza, que recoge el impacto en los urbanitas, especialmente en los más jóvenes, de vivir de espaldas a la naturaleza. La atracción de las nuevas tecnologías, por obligación o placer, hace que pasen horas ante pantallas, fomentando el aislamiento y la quiebra de relaciones sociales de proximidad.
Hemos de conseguir un entorno que permita de forma diaria mantener el contacto con la naturaleza. Es posible lograrlo con el impulso de la naturación urbana, con los parques tradicionales, cinturones verdes, árboles y parterres en las calles. Pero para que los urbanitas nos encontremos a menos de 300 metros de una zona naturada, como recomienda la Organización Mundial de la Salud, debemos recurrir también a las infraestructuras verdes en horizontal o vertical (cubiertas, fachadas, interiores).
No en vano, el proyecto agrociudad Gargarine Truillot, en Ivry-sur-Seine (Francia), ha ganado el Premio de Urbanismo Español 2021, otorgado por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España.
El objetivo no es tener jardines en la ciudad, sino tener la ciudad en un jardín, es decir, que se encuentre incrustada por todas partes en la naturaleza.
El tira y afloja urbanístico
Como suele ocurrir en las actividades humanas, la consecución de objetivos no se realiza de forma homogénea, sino a través de empujes y retrocesos. El acomodo a las circunstancias obliga a modificar las prioridades.
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Ilustración oficial del proyecto de reforma de la Puerta del Sol de Madrid. Ayuntamiento de Madrid |
En el entorno urbano existen debates por cuestiones urbanísticas y de estética. En el caso de Madrid, se solapan proyectos de enfoque verde, como es Madrid Nuevo Norte, con otros huérfanos de vegetación, como la Puerta del Sol. Pero sobran los enfrentamientos; hemos de buscar soluciones viables con los recursos disponibles.
Durante la Jornada sobre Infraestructuras Verdes y Bienestar Social organizada por la Fundación Foro Agrario el pasado 15 de junio, Francisco Muñoz, director de Gestión del Agua y Zonas Verdes del Ayuntamiento de Madrid, expuso algunos de los trabajos que están desarrollando para humanizar las infraestructuras verdes adaptándolas a las necesidades sociales.
En contacto con hospitales y centros sociales y de salud, se están diseñando circuitos para corredores, áreas infantiles, paseos para recuperaciones de cardiopatías y caminos para la tercera edad, con asientos y áreas de sombra. En otras palabras, la receta para los pacientes, además de ir a la farmacia, es desarrollar durante un tiempo determinado actividad en un circuito.
Hacia el sueño naturado
En España, el movimiento de estructuras verdes urbanas se ha venido desarrollando en oleadas.
La primera fase, la tradicional, se centraba en construcciones en el mundo rural y ciertas tradiciones, como los patios andaluces, jardines y edificios singulares.
La fase siguiente responde a las fuertes migraciones rurales de los años 60 y 70, que llevaron a la ciudad el espíritu agrario, con restricciones de espacio para los espacios verdes, y con fuerte expansión inmobiliaria.
El final del siglo anterior y el nuevo siglo XXI muestran una fuerte iniciativa innovadora, con participación pública y privada, con grandes planes urbanísticos en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Vitoria.
En una situación ideal, los ciudadanos deberían disponer de:
- Un entorno naturado, con flora y fauna amigables, con una buena calidad del aire y sin ruidos.
- Unos servicios de trabajo, sanidad y cultura asequibles en tiempo y distancia (ciudad de los 15 minutos).
- El reciclado de energía, calor y materia orgánica a través de huertos y jardines de proximidad, ubicados en interiores o cubiertas.
- Lugares de recreo y encuentro para socializar con los vecinos, en espacios naturados, compartiendo tareas comunitarias de jardinería, cultivos agroecológicos o actividades culturales.
- Responsabilidad política y socioeconómica para lograr un horizonte sostenible para los problemas a corto, medio y largo plazo con una dimensión de justicia social.
El ideal urbano es una ciudad naturada, inundada de parques y jardines, avenidas arboladas, edificios envueltos en fachadas verdes y azoteas con invernaderos y huertos que reciclan los gases y el calor de la calefacción.
La naturaleza puede llevarnos a superar el modelo urbano actual a través de soluciones basadas en la naturaleza como instrumentos para gestionar problemas rurbanos multidimensionales como el cambio climático, la calidad medioambiental, la gestión del agua y la seguridad alimentaria.
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Nuevos modelos de ciudad, en París, Barcelona o Suecia, evitan desplazamientos largos, ruidos o contaminación y buscan más convivencia en los barrios, movilidad sostenible y de proximidad y más espacios para la vida cotidiana.
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Ángela F. Casal | UOC......
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De veinte, quince y hasta de un minuto. Las cronociudades apuestan por que la ciudadanía tenga todos los servicios y necesidades cubiertas en un radio temporal y espacial de pocos minutos, evitando desplazamientos innecesarios, ganando tiempo personal y cuidando el medio ambiente. Pero también buscando cohesión social con los comerciantes o vecinos del barrio y ganando en conciliación familiar y laboral, una idea que no es nueva, pero que ha ganado peso tras el confinamiento, cuando, dicen los expertos, nos hemos parado a pensar en qué casas y ciudades vivimos y en cuáles querríamos vivir.
"No nos fijábamos en los balcones, la orientación del edificio, la ventilación… No apreciábamos esas características y ahora aparece esa preocupación por los espacios en los que nos hemos confinado", explica el profesor colaborador del máster universitario de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universitat Politèccnica de Catalunya (UPC), Miguel Mayorga, que también destaca lo que ocurrió en los primeros paseos y salidas que hicimos frente a la imposibilidad de salir de las ciudades: fue un "redescubrimiento de nuestros entornos próximos". Reflexionamos, apunta, "sobre nuestra calle, nuestros espacios públicos y sobre nuestras actividades cotidianas, como el comercio de proximidad, de ir a comprar a la tienda de la esquina". La pandemia ha puesto en el punto de mira proyectos que llevan años desarrollándose en distintas partes del mundo y también en España y que buscan retomar la vida de barrio.
Tal y como explica el docente en este artículo, existe la ciudad del cuarto de hora de París, reto que está basado en ofrecer todo lo que un ciudadano necesita a 15 minutos de su domicilio, pensando en la escuela, el trabajo, el mercado o el centro de salud como actividades básicas de la vida cotidiana. En Melbourne o en Portland pasan a 20 minutos el radio de acción de la cronociudad, y en Barcelona impulsan las supermanzanas como este ámbito de acción necesario para cada ciudadano. Milán o Nantes son otros de los ejemplos de iniciativas similares y en Suecia aún se acercan más al domicilio de las personas y hablan de las ciudades de un minuto. Uno de los proyectos implica a los vecinos en el diseño del espacio delante de los portales de sus casas, para colocar aparcamientos de bicicletas o patinetes eléctricos, bancos o una zona verde y mejorar así el entorno más inmediato en la salida de su vivienda. "La calidad de vida humana y urbana se mide también en tiempo", defiende Mayorga.
Adaptar cada ciudad
Pero los citados ejemplos no son los únicos, sino que el urbanista enumera casos "muy buenos", como el de Pontevedra o Vitoria, y considera que no debe haber una única tipología. "Hay que saber adaptar los objetivos porque cada realidad es distinta", explica, y advierte de que se necesita el apoyo ciudadano, técnico y político para llevarse a cabo. Pone como ejemplo de fracaso de una idea de este tipo la de Madrid Central, que considera "interesante" y que se disipó tras un cambio de gobierno. "Tenemos que cambiar de hábitos y la forma de pensar en los tres ámbitos", remarca.
Una de las claves, dice, es la educación y, en este caso, centrada en la concepción del entorno. "Sabemos que tenemos fiebre cuando tenemos de 38 grados para arriba, pero no sabemos que un ruido de 65 decibelios para arriba no hace bien a una persona", ejemplifica. Es por ello que expone la idea de que hay "ciudades y calles que enferman", pero también propone que hay otras "que curan". "Hay condiciones físicas que permiten que vivamos mejor y que nos cuidemos a nosotros mismos y a las personas de nuestro entorno", propone. Hasta ahora, relata, el urbanismo ha colocado la industria y el trabajo en un lugar, los equipamientos en otro, la vivienda o los estudios, en otro, y son los ciudadanos los que se desplazan. "En vez de movernos nosotros, ¿por qué no acercamos las actividades?", se pregunta en voz alta. De esta manera se gana tiempo; tiempo, dice, "para disfrutarlo", para conciliar vida laboral y familiar y para descansar. A lo largo de las décadas, repasa el docente, las ciudades se han modificado y, añade, "tendrán que cambiar más" pero no haciendo "borrón y cuenta nueva". "Tenemos que cambiar cosas y nutrirnos del espesor cultural urbanístico que tenemos del pasado", sugiere. Por eso, cree necesario un "urbanismo más ágil y dinámico", que entienda los cambios, pero también que los regule, que se adapte a las personas y deje de ser "estático".
La ciudad que cuida y que cura
Mayorga acuña el término de la ciudad que cura (o care city) como un espacio de oportunidad para mejorar la vida urbana, y centra la mirada en la ciudad, no como un ámbito al que se le contrapone como un lugar agresivo frente a las zonas rurales como lugares de protección y de calma. Pese a que el confinamiento ha provocado una nueva idea de huida hacia la vida en el campo, el profesor considera que la ciudad es "el problema, pero también la solución" solo hay que repensar muchas cosas en su concepción. "Hemos alimentado el urbanismo del progresismo, construcción y zonificación", lamenta, proponiendo que la urbe sea ese mejor lugar donde las propias viviendas "sean mejores", donde en la puerta de casa "en vez de coches haya muchas opciones públicas para moverse, por ejemplo" y que el traslado a cualquier otro punto sea a una "distancia caminable". Y es que una de las transformaciones, según él, necesarias, es la de entender los cambios en los hábitos tecnológicos, en las actividades y el tiempo, que están ligados a los medios de transporte. El transporte público, los dispositivos personales, pero sobre todo caminar, será la movilidad del futuro, dice, negando que peatonalizar una calle sea lo mismo que tener una ciudad caminable. "Si peatonalizo una calle y se vuelve estrictamente comercial, esta y las otras calles a su vez también pierden, en complejidad y vitalidad. En ese sentido no lo estamos haciendo bien. Lo mejor es garantizar una caminabilidad distribuida, para que nos beneficiemos todos", comenta.
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Un estudio con datos de 749 ciudades estima que cumplir con las recomendaciones de la OMS permitiría evitar más de 3.600 muertes por cardiopatía isquémica cada año.
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Image by Erdenebayar Bayansan from Pixabay
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Un estudio llevado a cabo por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por Fundación ”la Caixa”, ha evaluado los niveles de ruido procedentes del tráfico rodado en 749 ciudades europeas y su impacto en la salud. Los resultados, publicados en Environment International, muestran que cerca de 60 millones de personas adultas están sometidas a niveles de ruido generado por vehículos perjudiciales para la salud. Cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en materia de ruido permitiría evitar cada año más de 3.600 muertes por cardiopatía isquémica.
El tráfico rodado es la fuente principal de ruido ambiental. Estudios anteriores han relacionado el ruido ambiental con una serie de efectos perjudiciales para la salud: alteraciones del sueño, molestias, enfermedades cardiovasculares y metabólicas, efectos adversos al nacer, deterioro cognitivo, así como salud mental y bienestar pobres. La exposición prolongada al ruido del tráfico rodado puede provocar una reacción de estrés sostenido, que da lugar a la liberación de hormonas del estrés, al aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial y a la vasoconstricción, lo que puede acabar dando lugar a enfermedades crónicas, como las cardiovasculares o a trastornos de depresión y ansiedad.
Para elaborar este estudio se obtuvieron datos de ciudades europeas procedentes del conjunto de datos Urban Audit 2018. La exposición al ruido del tráfico rodado se estimó utilizando los mapas de ruido elaborados por los países y las ciudades en virtud de la legislación europea vigente (la Directiva sobre el ruido ambiental) o disponibles en fuentes locales (como los ayuntamientos y las instituciones de investigación). En aquellos casos en que las ciudades de un país carecían de datos, se desarrolló y aplicó un modelo predictivo para estimar la exposición al ruido del tráfico rodado. Los datos sobre mortalidad por distintas causas relativas al año 2015 se extrajeron de la base de datos Eurostat.
Los resultados muestran que más de un 48% de los 123 millones de personas adultas (20 años o más) incluidas en el estudio soportan niveles de ruido superiores a lo recomendado por la OMS. Cabe recordar que la OMS recomienda que el nivel de ruido medio registrado a lo largo de 24 h no sobrepase los 53 decibelios (o lo que es lo mismo, 53 db Lden). En lo que se refiere a las capitales de país, el porcentaje de población expuesta a niveles superiores a lo recomendado oscila entre el 29,8% de Berlín y el 86,5% de Viena, pasando por el 43,8% de Madrid o el 60,5% de Roma.
Muertes evitables y molestias
En base a estudios previos que establecieron asociaciones entre ruido y mortalidad por cardiopatía isquémica, el equipo de investigación estimó que cumplir con las recomendaciones de la OMS permitiría evitar más de 3.600 muertes cada año.
Asimismo, se estimó que más de 11 millones de personas adultas estarían sufriendo un elevado nivel de molestias como consecuencia del ruido del tráfico. Se entiende por molestias el resultado de la perturbación repetida de las actividades cotidianas, como comunicarse, leer, trabajar o dormir. Este tipo de molestias van más allá de meros inconvenientes, ya que pueden potenciar el estrés y, eventualmente, degenerar en problemas de salud diversos.
“Nuestros resultados ofrecen por primera vez una imagen de conjunto de las ciudades europeas y permiten entender con mayor claridad por qué el ruido generado por los medios de transporte es la segunda causa ambiental de efectos adversos para la salud en Europa occidental, tras las partículas contaminantes del aire”, explica Sasha Khomenko, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio. “Aun así, tenemos el convencimiento de que el verdadero impacto del ruido del tráfico sobre la salud es todavía mucho mayor, ya que la falta de datos a nivel de ciudad limita los efectos sobre la salud que podemos evaluar y, en consecuencia, lleva a una infraestimación del impacto. Además, los datos disponibles solo nos han permitido analizar la población expuesta a más de 55 dB Lden, cuando lo recomendado por la OMS son 53 dB Lden y tenemos la sospecha de que podrían producirse efectos adversos incluso con la exposición a niveles inferiores de ruido”, añade.
El equipo ha encontrado dificultades metodológicas debido a la heterogeneidad de los datos disponibles y de la calidad de los mismos. Cada uno de los mapas de ruido utilizados se sometió a una evaluación cualitativa, resultando que la mayoría de ellos se encuadraron en las categorías de baja o media calidad y menos del 17% fueron considerados de buena calidad.
“La directiva europea sobre ruido ambiental estableció la obligatoriedad de realizar mapas estratégicos, pero no fijó una metodología o unas directrices, por lo que los resultados han sido dispares. Desde enero de 2019 contamos con una metodología común para los estados miembros de la Unión Europea, por lo que cabe esperar que en los próximos años se pueda hacer evaluaciones del impacto del ruido del tráfico en la salud mucho más completas y precisas”, aclara Mark Nieuwenhuijsen, jefe del programa de Contaminación atmosférica y entorno construido de ISGlobal y autor sénior del estudio.
Datos de 749 ciudades
Este estudio se enmarca dentro del proyecto Carga de mortalidad en Europa, que hasta la fecha ha producido sendos rankings de mortalidad atribuible a contaminación atmosférica y a espacios verdes, respectivamente, en ciudades europeas. Sin embargo, debido a la disparidad de metodologías y de fuentes de procedencia de los datos de ruido del tráfico, se consideró que los resultados obtenidos para las distintas ciudades analizadas no son comparables entre sí. En consecuencia, en esta ocasión no se elaboró un ranking, aunque sí se han volcado todos los datos en la web del proyecto, donde es posible consultar los valores de las 749 ciudades analizadas.
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La exposición a las zonas verdes urbanas provoca mayores beneficios en la salud mental de las mujeres, aunque estas utilizan estos espacios con menor frecuencia por motivos relacionados principalmente con la seguridad.
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Esta es una de las conclusiones de un estudio liderado por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que analiza la relación entre la salud mental y la exposición a las zonas verdes de las ciudades con una mirada más profunda en las diferencias de resultados según el género y el sexo.
El estudio, publicado recientemente en la revista científica Health and Place, determina que los efectos del verde urbano en la salud mental se distribuyen de forma desigual en las mujeres y en los hombres. En concreto, los resultados apuntan a que las mujeres se benefician más del contacto con este tipo de zonas verdes de paseo y ocio, pero son menos propensas a utilizarlas que los hombres. Esto podría deberse a la preocupación entre las mujeres por la seguridad en estas áreas urbanas, así como a las normas de género y los roles sociales. “Esta circunstancia también podría explicarse por el hecho de que estos espacios, así como sus características y su calidad, no están diseñados y planificados para las mujeres del mismo modo que para los hombres”, explica Marta-Beatriz Fernández Núñez, investigadora del ICTA-UAB y primera autora del estudio.
El equipo investigador, entre los que se encuentran científicos del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC), destaca que, desde el punto de vista de las políticas de planificación, es necesario garantizar una mayor equidad y justicia de género en el acceso a las áreas verdes urbanas. Así pues, realizan un llamamiento a los planificadores y diseñadores de parques para que planifiquen cuidadosamente las nuevas áreas verdes teniendo en cuenta la opinión de las mujeres y los residentes, especialmente de los niños.
Los nuevos programas de planificación deben incluir diseños de elementos recreativos, naturales y de seguridad que respondan especialmente a sus necesidades y preferencias individuales y socioculturales. “Por ejemplo, abordar las indicaciones ambientales y sociales en los parques mediante un mejor diseño y mantenimiento podría ayudar a mitigar algunos de los problemas de seguridad más acuciantes para las mujeres”, comenta Fernández- Núñez. Además, los diseñadores y planificadores podrían incorporar caminos adaptados para el paso de los cochecitos de bebés y zonas de juego para los niños, de modo que tanto los niños como los padres puedan beneficiarse del verdor urbano al mismo tiempo. De lo contrario, las ciudades corren el riesgo de excluir a los residentes.
El estudio también pone de manifiesto que la literatura científica existente no utiliza adecuadamente la terminología relacionada con el sexo y el género en asociación con los resultados de la salud mental en un entorno de verdor urbano. Por ello consideran que los estudios futuros deben analizar en profundidad las diferencias sociales de género asociadas a la salud mental y el verdor urbano, y utilizar la terminología adecuada para asignar correctamente las características y los usos del verdor con los resultados de la salud mental y sus vías.
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Trabajo de referencia | Fernández Núñez, M-B., Campos Suzman, L., Maneja, R., Bach, A., Marquet, O., Anguelovski, I., Knobel, P. (2022). Gender and sex differences in urban greenness’ mental health benefits: A systematic review. Health & Place. https://doi.org/10.1016/j.healthplace.2022.102864
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Un equipo de investigación de las universidades de Sevilla y Almería aplica un sistema matemático para anticiparse a las consecuencias que se producirían en una catástrofe
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Un equipo de investigación de las universidades de Sevilla y Almería ha desarrollado un simulador de los daños que ocasionarían los movimientos sísmicos en los edificios de las ciudades. De esta manera, se podrá evaluar qué modelo de expansión urbana es la más segura para la población. Además, los investigadores confirman que las consecuencias negativas se minimizan si se refuerza la reforma de las construcciones, frente a la creación de nuevos núcleos de edificios.
La novedad del estudio radica en abordar la ciudad combinando la evaluación del riesgo sísmico de la zona y los modelos de autómatas celulares. Estos sistemas matemáticos simulan el desarrollo urbano y la distribución de los usos del suelo, con lo que son capaces de prever escenarios. Además, permiten comprender la evolución y proporcionar el conocimiento necesario a quienes toman las decisiones para anticipar nuevas posibilidades en el futuro.
El objetivo del estudio es evaluar cuál de los escenarios tras un seísmo tendría un menor riesgo para la población. En el artículo ‘Future urban seismic risk scenarios using a cellular automata model’ publicado en la revista European Planning Studies los expertos aplican al riesgo sísmico el modelo de autómatas celulares y así analizan las circunstancias de crecimiento urbano y su influencia en los daños con el fin de elaborar políticas más acertadas en la gestión del suelo.
Para conocer las consecuencias de un terremoto, la organización del territorio es, según los expertos, una de las variables más importantes para evaluar con más acierto los daños que pueden producirse. El modelo de autómatas celulares consiste en una cuadrícula con celdas, donde cada una tiene un estado y un conjunto de reglas y características que determinan la siguiente fase. Su evolución depende del comportamiento de las demás. De esta manera, se puede simular, por ejemplo, la pauta de un edificio con una ubicación, estructura, materiales y habitantes concretos ante diferentes situaciones incluyendo la influencia que tendrían sobre él las demás construcciones vecinas, cada una también con sus peculiaridades.
De esta manera, los expertos han configurado la ciudad como un sistema donde los procesos de expansión y renovación dependen de las interacciones de los componentes que afectan a la fragilidad de los edificios y la exposición de la población a lo largo del tiempo. “Con respecto a la gestión del riesgo sísmico, podríamos decir que los marcos que deben promoverse son aquellos en los que se renuevan las construcciones más vulnerables y se intensifica el desarrollo en áreas de baja peligrosidad”, afirma a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Sevilla Daniel Navarro, autor del artículo.
Conocer cómo crecer para no caer
El caso de estudio seleccionado ha sido Adra (Almería), donde existen dos zonas en las que se han obtenido intensidades símicas de 7 y 7.5 para un periodo de retorno de 475 años. Por otro lado, han caracterizado los edificios considerando cuatro clases de vulnerabilidad. Desde estructuras de mampostería, las más débiles, hasta las de hormigón armado, más fuertes. Además, la edad de un edificio determina cómo se construyó según las técnicas, los materiales y los códigos de construcción, que junto a una legislación más restrictiva, hace que los edificios más nuevos sean más resistentes que otros antiguos. Así, los edificios más vulnerables se concentran en la parte histórica de la ciudad, mientras que los más resistentes se encuentran en la periferia donde se levantan nuevos edificios.
Después de calcular el riesgo sísmico actual, se obtuvieron dos escenarios futuros diferentes con el modelo de autómata celular. El primero corresponde a una situación de ‘negocio como siempre’, es decir, lo que sucedería si el desarrollo urbano continuara como en años anteriores, considerando tasas similares de renovación urbana frente a la expansión y la misma cantidad de inversión. El segundo entorno corresponde a una situación de ‘apoyo a la renovación’. Este modelo considera una mayor preferencia por la construcción de edificios nuevos frente a la renovación de los antiguos que en el escenario anterior.
Tras los estudios, confirmaron que el riesgo medio en el segundo escenario es más bajo que en el primero, aunque las diferencias no son grandes debido al tamaño de la ciudad y la extensión temporal considerada. De estos resultados, se deduce que se debe promover la renovación urbana para reducir el impacto de un terremoto. Al aumentar la reforma de construcciones, los edificios con mayor vulnerabilidad son reemplazados por otros más resistentes y, al mismo tiempo, se reduce el crecimiento de la ciudad en las áreas con condiciones de suelo blando, siendo estas las de mayor peligrosidad durante un sismo.
Los investigadores plantean a partir de esta investigación la aplicación de esta metodología a una ciudad más grande con un mayor riesgo debido a una exposición y a un peligro diferente, como inundaciones u olas de calor, por un lado, y la elaboración de un modelo más sofisticado que simule cambios en la ubicación de la población, por otro.
Los trabajos se han financiado con fondos propios del grupo de investigación en Geofísica Aplicada de la Universidad de Almería y del equipo de Ordenación del Litoral y Tecnologías de Información Territorial de la Universidad de Sevilla.
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Trabajo de referencia | Daniel Navarro, Manuel Navarro e Ismael Vallejo. ‘Future urban seismic risk scenarios using a cellular automata model’. European Planning Studies.2019.
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La investigación, el mayor estudio realizado hasta la fecha, proporciona evidencia científica robusta para que las urbes estimen el impacto en la población de nuevas áreas verdes.
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Photo by Haseeb Jamil on Unsplash
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Las áreas verdes residenciales pueden proteger contra la mortalidad prematura por todas las causas, según una revisión sistemática y un meta-análisis realizados por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por ”la Caixa”, en colaboración con la Universidad de Colorado y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y publicado en la revista The Lancet Planetary Health.
El análisis, que incluyó nueve estudios longitudinales en siete países y más de ocho millones de personas, proporciona evidencia científica robusta sobre el impacto que tiene el incremento de las áreas verdes en las ciudades sobre la mortalidad prematura.
La mitad de la población mundial vive en ciudades, donde suele haber pocos espacios verdes. Muchos estudios indican que las áreas verdes en ciudades tienen un efecto positivo sobre la salud, incluyendo menos estrés, mejor salud mental, y menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y muerte prematura, entre otros. Sin embargo, muchos de estos estudios se fijan solo en un momento específico en el tiempo y usan diferentes maneras de medir la exposición a áreas verdes.
Por estas razones, el equipo investigador decidió centrarse en estudios longitudinales —es decir, que siguen a una cohorte de personas a lo largo de varios años— que, además, cumplían otros dos requisitos: usar una manera sencilla de medir la exposición a áreas verdes basada en imágenes de satélite —el NDVI o índice normalizado de diferencia en vegetación— y considerar la mortalidad como desenlace. Bajo estas premisas, se identificaron nueve estudios con más de ocho millones de personas en total, en siete países diferentes (Canadá, Estados Unidos, España, Italia, Australia, Suiza y China).
El meta-análisis de los estudios confirma que un incremento en áreas verdes alrededor de la vivienda se asocia de manera significativa con una reducción en la mortalidad prematura. Específicamente, el estudio proporciona una estimación del efecto protector: una reducción del 4% en la mortalidad por cada incremento de 0,1 en el índice de vegetación a 500 metros o menos de la residencia.
“Es la síntesis más grande y completa hasta la fecha sobre espacios verdes y mortalidad prematura y los resultados apoyan intervenciones y políticas que incrementen los espacios verdes como estrategia para mejorar la salud pública”, comenta David Rojas, investigador de ISGlobal y de la Universidad de Colorado y primer autor del trabajo. Además, el estudio proporciona “valiosa información que se podrá usar en estudios de evaluación de impacto en salud”, explica el investigador.
En efecto, Rojas y su equipo están aplicando los resultados de este meta-análisis para estimar el número de muertes prematuras que se podría evitar en ciudades de todo el mundo si se consiguiera la ambiciosa meta de aumentar la infraestructura verde.
“Los programas de incremento del verde urbano no solo son clave para promover la salud pública, sino que también aumentan la biodiversidad y mitigan los impactos del cambio climático, haciendo que nuestras ciudades sean más sostenibles y habitables”, concluye Mark Nieuwenhuijsen, director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal. .
Trabajo de referencia | Rojas-Rueda D, Nieuwenhuijsen M, Gascon M, Perez-Leon D, Mudu P. Green spaces and mortality: a systematic review and meta-analysis of cohort studies. The Lancet Planetary Health, November 2019; 3: 69–77. doi.org/10.1016/S2542-5196(19)30215-3
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El investigador del IFISC (CSIC-UIB) José Ramasco ha inaugurado el ciclo de conferencias "Movilidad urbana y Covid-19" del proyecto Mobility City de la Fundación Ibercaja. El científico afirma que las ciudades centralizadas se asocian a una mayor calidad de vida.
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Las fuentes de datos tienen mucho que decir sobre cómo están planteadas las ciudades / CSIC
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Observar la movilidad urbana en tiempo casi real permite analizar las ventajas e inconvenientes de los diferentes modelos de ciudad. Así se refirió el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) José Javier Ramasco a uno de los principales usos que tiene actualmente el estudio de las nuevas fuentes de datos. Lo hizo el pasado mayo en una conferencia que inauguraba el ciclo Movilidad y covid-19 de la Fundación Ibercaja, en el marco del proyecto Mobility City. El científico, que forma parte de la Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI) del CSIC Mobility 2030, ha profundizado en el uso de distintas fuentes de datos para llevar a cabo investigaciones sobre movilidad urbana.
Además de dar respuesta a las preguntas planteadas por la audiencia, durante la conferencia, titulada “La movilidad vista desde las nuevas fuentes de datos”, se abordó cómo, desde la ciencia y la tecnología interdisciplinar, es posible afrontar la compleja infraestructura de las ciudades, la distribución de la población y sus necesidades de movilidad en núcleos cada vez más concurridos. Todo ello sin perder de vista la necesidad de mejorar la calidad de vida y del aire de las urbes. En ello la gestión de los datos tiene mucho que aportar.
La movilidad de las ciudades
Hoy en día las tecnologías móviles aportan datos de movilidad urbana con una gran precisión y casi instantáneos. Ramasco es uno de esos científicos que diagnostican la movilidad urbana usando las fuentes de datos. El investigador del CSIC ha liderado un estudio sobre la movilidad de las ciudades más pobladas del mundo a partir de datos de localización de usuarios de Google de unos 300 millones de usuarios.
“Para llegar a la caracterización de la movilidad, se analizan diferentes plataformas de datos, como información proveniente de las redes sociales o los registros de telefonía móvil. En este último caso, los datos son recogidos por las empresas que participan en el proyecto y nunca se accede a información individual”, aclaró Ramasco.
Según el investigador del CSIC, “ciudades con una movilidad más jerarquizada, las monocéntricas como Zaragoza, donde las zonas más importantes se encuentran en el centro de la ciudad y la gente se mueve sobre todo entre ellas, se asocian con una mayor calidad de vida, con menos polución, mayor uso del transporte público y menor uso del automóvil”.
La PTI Mobility 2030
Durante la videoconferencia (ver aquí), presentada y moderada por Jaime Armengol, coordinador de Mobility City, también intervino Catalina Martínez, coordinadora de la PTI Mobility 2030 del CSIC. Martínez presentó las capacidades de los grupos que integran una de las Plataformas Temáticas Interdisciplinares del CSIC. Mobility 2030 tiene como objetivo lograr la movilidad urbana sostenible aportando soluciones para reducir las emisiones y mejorar la calidad del aire y la salud en las ciudades en la siguiente década. Cuenta con la colaboración de 19 grupos de investigación del CSIC centrados en disciplinas que abarcan desde la electroquímica, la física y la robótica hasta la demografía, pasando por la economía y la ciencia de datos. .
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Un trabajo de Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) analiza los potenciales impactos para la salud de los vehículos sin conductor, que representan la movilidad del futuro.
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Image by Daniel Reche from Pixabay
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¿Qué impacto tendrán los vehículos autónomos en la salud pública? El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por “la Caixa”, ha participado en un trabajo que analiza los potenciales riesgos y beneficios de los vehículos autónomos en la salud pública. Las conclusiones del estudio, publicado en el Annual Review of Public Health, indican que esta nueva movilidad podría favorecer a la salud publica si su implementación promueve vehículos eléctricos y de uso compartido.
Se espera que en el año 2020 el 5% de las ventas de automóviles sean de vehículos autónomos, cifra que podría aumentar hasta el 40% en 2030 (vehículos totalmente autónomos). La “tecnología autónoma” se refiere a la que tiene la capacidad de conducir un vehículo sin necesidad de un control físico activo o monitoreo por parte de una persona. Se clasifican según su nivel de autonomía, donde el nivel “0” es aquel en el que la persona conductora controla completamente el entorno de conducción, hasta el nivel “5” de autonomía donde el vehículo tiene un sistema de conducción automatizado completo.
David Rojas, investigador de ISGlobal y de la Universidad Estatal de Colorado, y primer autor del trabajo, explica que “a nivel internacional existe poca planificación o anticipación por parte de las autoridades sobre estas nuevas tecnologías de transporte, a pesar de que los vehículos autónomos tienen el potencial de cambiar nuestras ciudades de forma significativa y modificar la forma como viajamos. Los vehículos autónomos son una innovación tecnológica que también impactará la salud pública”.
A partir de investigaciones ya publicadas, el estudio sintetiza e identifica los posibles impactos directos e indirectos a la salud que estos vehículos podrían tener sobre la población y recoge una serie de recomendaciones para los decisores públicos, profesionales de la salud e investigadores del campo.
“Los vehículos autónomos pueden resultar en beneficios o riesgos para la salud, dependiendo de cómo se implementen, qué uso tengan, qué combustible y motor usen y cómo se integren con otros medios de transporte, entre otros”, detalla Rojas.
Los vehículos totalmente automatizados podrían reducir el número de accidentes de tráfico. Si el 90% de los automóviles de los Estados Unidos se volvieran autónomos, se podrían salvar aproximadamente 25.000 vidas cada año, con un ahorro económico anual estimado de más de 200 mil millones de dólares, según indica uno de los estudios recogidos en el trabajo.
Además de los beneficios esperados asociados con la seguridad vial, los vehículos autónomos podrían ofrecer grandes oportunidades para la salud pública cuando se implementen como vehículos eléctricos, en un formato de viaje compartido, e integrados con el transporte público, las y los ciclistas y peatones. Todas estas características podrían promover la actividad física, disminuir la contaminación atmosférica y acústica, y proporcionar más espacio público para apoyar un diseño urbano saludable.
Por otro lado, los vehículos autónomos también podrían resultar en posibles riesgos para la salud si se implementan para un uso individual y con motores de combustible fósil, ya que esto aumentaría el tráfico motorizado, lo que provocaría más sedentarismo y peor calidad del aire.
Mark J. Nieuwenhuijsen, autor del estudio y director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, concluye que “la implementación de los vehículos autónomos se debe planificar lo antes posible para minimizar sus riesgos y maximizar su beneficios para la salud, con el objetivo de apoyar el transporte público y activo, priorizando las comunidades más desfavorecidas y contribuyendo a la evolución de la planificación urbana y del transporte hacia un entorno urbano más saludable”..
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La tesis doctoral de Francesc Baró del ICTA-UAB cuantifica y cartografía los beneficios que aporta el verde urbano y periurbano de Barcelona. La investigación establece que sus efectos positivos sobre la calidad ambiental y el bienestar de las personas son todavía muy limitados.
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En un planeta cada vez más urbano, muchas ciudades y sus habitantes se enfrentan a múltiples y urgentes retos dentro de sus fronteras, incluyendo el estrés por exceso de calor, la contaminación del aire y la creciente desconexión con la biosfera. La mejora de la sostenibilidad, la resiliencia y la habitabilidad de las ciudades debe ser por tanto un objetivo de importancia primordial en la agenda política, desde las autoridades locales a las globales.
La aplicación del concepto de infraestructura verde como una red de espacios verdes planificada y diseñada para ofrecer múltiples beneficios, se considera, por parte de un creciente número de responsables políticos, profesionales y científicos, como el camino a seguir para hacer frente muchos de estos desafíos urbanos. Sin embargo, el grado en que la infraestructura verde urbana puede ofrecer soluciones adecuadas a estos retos es a menudo desconocido para quienes toman las decisiones.
La tesis doctoral de Francesc Baró del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) examina de forma crítica el efecto que tiene la infraestructura verde para hacer frente a los retos actuales de las ciudades, centrándose especialmente en el caso de Barcelona. Los resultados de la investigación indican que el impacto de la infraestructura verde urbana para hacer frente a los problemas urbanos es a menudo muy limitado en ciudades densas como Barcelona. Por ejemplo, la contribución del verde urbano de Barcelona en la mejora de la calidad del aire o la mitigación del cambio climático es inferior al 3%. Además, difícilmente se pueden optimizar todos los servicios ambientales que proporciona la infraestructura verde en una misma escala territorial y temporal.
El trabajo ha sido galardonado en los "Premios Ciencias Ambientales 2016" como la mejor actividad de investigación por el Colegio de Ambientólogos de Cataluña (COAMB) y laAsociación Catalana de Ciencias Ambientales (ACCA).
La tesis sugiere diversas acciones para planificar y gestionar la infraestructura verde de Barcelona tales como el desarrollo de nuevos espacios verdes en superficies construidas (ej. jardines y huertos en azoteas y cubiertas) y asegurar la conservación, así como el uso público, de espacios periurbanos como Collserola. Para ello es imprescindible una armonización de los instrumentos de planificación y gestión ambientales a diferentes escalas.
Los beneficios y soluciones que puede aportar la infraestructura verde urbana, incluyendo la de Barcelona, se continuarán estudiando a través de dos proyectos europeos de investigación concedidos recientemente en los que participa el ICTA-UAB: ENABLE (programa biodiversa) y NATURVATION (programa Horizon 2020)..
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Referencia de la tesis doctoral | (En inglés) Baró, F. 2016. Infraestructura verda urbana: modelització i cartografia de serveis dels ecosistemes per una planificació i gestió sostenibles de les ciutats i el seu entro. Tesi doctoral dirigida por el profesor Erik Gómez-Baggethun i Dagmar Haase. Disponible aquí: http://www.tdx.cat/handle/10803/399173 .
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La cultura tiene el poder de hacer las ciudades lugares más prósperos seguros y sostenibles, según el Informe Mundial Cultura: Futuro Urbano. El informe demuestra que la aplicación de políticas de desarrollo que tienen en cuenta la protección y la promoción de la cultura y el patrimonio, tal y como preconizan las convenciones de la UNESCO, beneficia a las ciudades.
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Francesco Bandarin, Subdirector General de Cultura en la UNESCO, presentó el Informe en un evento que tuvo lugar en la 3ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III).
La tendencia actual muestra que la urbanización del planeta continuará aumentando en escala y velocidad, en particular en África y Asia, que en 2050 tendrán respectivamente un 54 y un 64% de población urbana. Además, según las proyecciones más recientes, en 2030 habrá en el mundo 41 megaciudades con al menos diez millones de habitantes cada una. Esta urbanización rápida y masiva puede exacerbar algunas problemáticas urbanas, dando lugar a más barrios marginales y menos acceso a los espacios públicos, así como a un mayor impacto medioambiental negativo. Las consecuencias potenciales de este proceso son el desempleo, la desigualdad, la discriminación y la violencia.
Cultura: Futuro Urbano defiende la plena integración de la cultura en las políticas urbanas para garantizar que sean sostenibles y brinden más calidad de vida a sus residentes.
En palabras de Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, “la cultura ocupa un lugar central en la renovación y la innovación urbana. Este informe aporta un caudal de ideas y pruebas concretas que demuestran el poder de la cultura como recurso estratégico para la creación de ciudades más inclusivas, creativas y sostenibles.”
Adoptar políticas para fortalecer las ciudades es crucial en momentos en que las Naciones Unidas trabajan para hacer realidad la Agenda de Desarrollo Sostenible para 2030, en particular para cumplir el Objetivo número 11, que aboga por ciudades y asentamientos nclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
El informe analiza la situación, los problemas y las oportunidades en cada contexto regional y presenta un panorama mundial de la conservación y la salvaguardia del patrimonio material e inmaterial, así como de la promoción de las industrias culturales y creativas, como base del desarrollo urbano sostenible. Además, subraya los desafíos que pesan sobre las zonas urbanas inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial, es decir, más de un tercio de los 1.052 sitios inscritos, en particular en términos de conservación y de gestión de los flujos turísticos.
El Informe cita más de un centenar de estudios de caso y detalla el impacto de la cultura en las ciudades, incluyendo muchas en situación de conflicto y postconflicto. Así, a raíz de la destrucción de sitios emblemáticos como el templo de Al-Askari en la ciudad de Samarra (Iraq), perpetrada en 2006 o de los antiguos mausoleos de Tombuctú (Malí), en 2012, los esfuerzos de reconstrucción y rehabilitación demostraron la capacidad de la cultura para restaurar la cohesión entre comunidades y mejorar las condiciones de vida, abriendo al camino al diálogo y la reconciliación.
El informe identifica también algunas estrategias innovadoras utilizadas para promover la preservación de la vivienda en zonas históricas, esenciales para mantener la identidad y el bienestar de las comunidades. Por ejemplo, en Quito (Ecuador), se entregaron subsidios públicos a los habitantes de edificios residenciales del centro histórico con miras a restaurarlos, mantener a los residentes en sus vecindarios originales e impedir así la elitización residencial, o “gentifricación”.
El papel de las industrias creativas para impulsar el crecimiento económico a largo plazo figura también en el Informe, que lo ilustra con el caso de Shanghai (China), miembro de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO desde 2010. La ciudad es hoy uno de los mayores centros creativos del mundo, y más de 7,4% de sus habitantes trabajan en el sector de las industrias creativas.
Entre las principales recomendaciones del Informe figuran medidas encaminadas a: reconocer y promover la diversidad cultural de las ciudades, integrar la cultura en las estrategias para contrarrestar la violencia urbana, invertir para incluir la cultura en el planeamiento urbano e incluir el patrimonio cultural y la creatividad en el planteamiento urbano.
El Informe Mundial ha sido posible gracias a apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y del gobierno popular municipal de Hangzhou (China). .
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Un proyecto del ICTA-UAB analizará el proceso de “gentrificación verde” por el que la construcción de parques y zonas verdes en las ciudades tiende a atraer a las clases sociales más altas y excluye a los colectivos más vulnerables.
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Las ciudades que crean o restauran bienes o infraestructuras verdes contribuyen a medio y largo plazo a la exclusión de colectivos sociales más vulnerables. Así se desprende de un estudio realizado por un equipo de investigadores del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) liderado por la socióloga y geógrafa Isabelle Anguelovski que ha analizado cómo el perfil socioeconómico de los vecinos varía significativamente cuando su zona de residencia experimenta un proceso de “reverdecimiento” con la creación de parques, áreas verdes, o corredores ecológicos.
El estudio pone de manifiesto que los procesos por los cuales las ciudades potencian la construcción y recuperación de espacios naturales no benefician a todos los ciudadanos por igual. Se trata del proceso denominado como “gentrificación verde” por el que la población original de un barrio de clase media-baja o baja es desplazada por nuevos habitantes con mayor poder adquisitivo que llegan a la zona atraídos por la proximidad de nuevos parques y zonas verdes y por la oferta concurrente de viviendas mas atractivas. Como consecuencia, el precio del alquiler y de venta de las viviendas experimenta un incremento considerable, de manera que los colectivos más vulnerables no pueden hacer frente a los precios y tienen que acabar marchándose a vivir a otras zonas, menos atractivas y con una calidad de vida más baja.
“Nuestra hipótesis es que las ciudades más verdes se vuelven más desigualitarias e injustas” explica Isabelle Anguelovski, coordinadora de un proyecto científico que pretende profundizar sobre este tema y evaluar el impacto social que provoca la introducción de la naturaleza en los barrios. “Hay que mejorar la calidad ambiental de los barrios, verdificarlos, pero no a cualquier precio”, comenta Anguelovski quien incide en la necesidad de que este tipo de procesos se acompañe de políticas que controlen la especulación inmobiliaria en la zona, promuevan las promociones de vivienda social, limiten las licencias de alquiler de corto plazo o fomenten la creación de redes de apoyo entre los vecinos y entre comercios locales.
Para la realización de su proyecto Greenlulus (Green Locally Unwanted Land Uses), Anguelovski ha recibido una subvención de 1,5 millones de euros de la Unión Europea (Starting Grant del European Research Council). Durante los próximos cinco años, un amplio equipo coordinado por Anguelovski comparará la situación de 20 ciudades de Europa y otras 20 de Estados Unidos, con el objetivo de elaborar un ranking de las urbes ambientalmente más justas así como su impacto social y en la salud de los residentes.
Este proyecto cuenta ya con un estudio piloto realizado en la ciudad de Barcelona que evidencia la “gentrificación verde”. El estudio Evaluando los impactos de la gentrificación ambiental en los barrios históricamente vulnerables de Barcelona analizó cómo ha variado el perfil socioeconómico de las personas residentes junto a 18 parques y jardines creados en Barcelona entre 1992 y principios de la década del 2000, en Sant Andreu, Sant Martí, Nou Barris, Ciutat Vella y Horta-Guinardó. Los resultados muestran cómo en algunos barrios, la mejora ambiental del entorno ha provocado una revalorización de las viviendas que ha terminado por expulsar a las clases más vulnerables para dejar paso a ciudadanos con rentas más altas.
El estudio utiliza seis indicadores: inquilinos con título universitario; inmigrantes no comunitarios, inmigrantes procedentes de países del Norte; residentes mayores de 65 años solos; incremento de la renta de los habitantes y el valor de la vivienda. Los investigadores consideran que se produce “gentrificación verde” cuando se detectan tres de estos parámetros de forma simultánea. Así sucede en los parques de Poblenou y Nova Icària, ambos en Sant Martí, y en los jardines Príncep de Girona, en Horta.
Este fenómeno se nota de manera extraordinaria en la zona próxima al parque de Poblenou, donde los vecinos con un mínimo de una licenciatura que viven a menos de 100 metros de la zona verde han aumentado en un 689% frente al 139% de la media de Sant Martí. El incremento también fue significativo en los parques de las Cascades, Port Olímpic, Nova Icària y Carles I.
Los ingresos de las familias que residen en zonas cercanas a los parques crecieron considerablemente (20,5% en Poblenou) y la presencia de extranjeros de países del norte se disparó en algunos casos hasta el 3.791% en los alrededores del parque de Poblenou, frente al 228% de todo el conjunto de Sant Martí, mientras que la cifra de extranjeros procedentes de países del sur descendió. Por el contrario, en otras barriadas más estigmatizadas de Nou Barris o de Sant Andreu donde no se ha producido “verdificación” se ha incrementado el porcentaje de familias de colectivos más vulnerables, con la hipótesis de que proceden de los barrios que se han aburguesado como consecuencia de las mejoras ambientales. Si bien estas zonas se benefician de nuevos espacios verdes, algunas son también zonas donde sigue faltando dinamizar el tejido comercial local, mejorar la calidad de las escuelas, y crear nuevos motores de actividad económica para los vecinos más vulnerables..
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