La envidia disminuye a los 30 años


Cuando el cerebro siente envidia se libera dopamina y adrenalina, bloquean la corteza prefrontal, encargada del razonamiento. Así, no entendemos cuando se nos explica algo y tomamos decisiones incongruentes, en las que nada nos hará cambiar de opinión.
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La envidia es un proceso natural del cerebro que todos hemos sentido alguna vez. Antes de los 30 años, este sentimiento se considera normal, pero después de esta edad, es menos común, explicó Eduardo Calixto González, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esto se debe a que la envidia surge en varias partes del cerebro, y una de éstas es en la corteza prefrontal, órgano que en la juventud se encuentra en desarrollo y le falta madurar. La corteza prefrontal es la región del cerebro más inteligente, maneja el razonamiento moral y de proyección social y se ubica arriba de los ojos. “Nos indica qué debemos hacer socialmente”. Cuando esta parte madura (regularmente es a los 30 años) las personas tienen un criterio diferente y no se enganchan en asuntos que no valen la pena. “De hecho, los individuos pueden llegar a sentir envidia prosocial (positiva o de la buena), porque su corteza prefrontal está desarrollada y hasta sienten un gusto porque los demás obtengan algo”. Posteriormente, se vuelve a presentar con frecuencia después de los 70 años. Y de hecho, a los 50 años una persona ya no siente envidia, no le importa porque las comparaciones son de otra categorización.

En los casos de aquellas personas que tienen este sentimiento después de los 30 años podría deberse a dos causas: en la primera, su corteza prefrontal todavía está en desarrollo y no ha terminado de establecer las conexiones entre sus neuronas y en la segunda los padres no los educaron bien.

La envidia se aprende

A nivel cerebral, la envidia activa redes neuronales que procesan atención, memoria y dolor, añadió el también jefe del Departamento de Neurobiología de la Dirección de Investigaciones de Neurociencias del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

Se trata de un proceso neuronal aprendido desde las primeras etapas de la vida y regularmente se siente con los hermanos. “Esto se da porque el cerebro no está capacitado para sentirse devaluado o no querido. Todos nacemos y queremos sentir que nos ponen atención y nos quieren, porque nuestro cerebro festeja al generar reforzamientos positivos”, explicó Calixto González.

¿Qué pasa en el cerebro?

Cuando el cerebro siente envidia se libera dopamina y adrenalina, que bloquean la corteza prefrontal, encargada del razonamiento. “No entendemos cuando se nos explica algo y tomamos decisiones incongruentes, en las que nada nos hará cambiar de opinión”.

De hecho, el estado neuroquímico es de efusividad, enojo y una conducta irreflexiva de desproporción ante el hecho, que además magnifica todo. En estos casos, lo mejor es esperar de 20 a 30 minutos para que las sustancias químicas se desvanezcan y la persona se calme. Con esto, la corteza prefrontal podrá asimilar los conceptos.

“De otra manera, si uno quiere hacer entender a la persona en ese preciso instante, sólo se perderá el tiempo”.

¿Qué pasa con la envidia?

“Siempre que generamos envidia es porque algo nos molesta y nos duele. Es una comparación de nosotros mismos con otra persona; nos enseña lo vulnerables que somos y, al mismo tiempo, nos hace ver lo que admiramos de una persona y no tenemos esa capacidad. Por tanto, nos hace sentir menos preparados”.

No obstante, este sentimiento bien enfocado puede ser el motor para esforzarse y superarse. Aunque la mayoría de nosotros intentamos disuadir esa molestia de que algo no está bien y nos molesta de nosotros. Pocas veces se usa esa energía para mejorar.

De hecho, añadió el profesor universitario, ponemos atención a lo que nos atrae. “Si no nos llamara la atención, no tendríamos envidia”. Además, es subjetiva. “Lo que a mí me causa envidia, tal vez a ti no y ese proceso también depende de la edad; entre muchos más factores”.
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Dormir poco y tener un sueño variable dificulta la pérdida de peso


Los resultados forman parte del estudio Predimed-Plus, y se han obtenido tras el seguimiento durante un año de casi 2.000 pacientes con sobrepeso y síndrome metabólico.
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Tener un patrón de sueño variable y de corta duración se asocia con dificultades para reducir peso y grasa corporal. Esta es una nueva conclusión del estudio Predimed-Plus, Prevención con Dieta Mediterránea, que ha publicado en el número de junio de International Journal of Obesity. Se trata del primer trabajo que examina si la calidad del sueño puede tener relación con la pérdida de peso y la reducción del tejido adiposo.

En su estudio, los investigadores de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili en colaboración con otros grupos de investigación del estudio Predimed Plus evaluaron los cambios en el peso y la adiposidad -la grasa corporal- de los 1.986 individuos que participaron en el estudio durante todo un año y que presentaban sobrepeso, obesidad y síndrome metabólico. Los pacientes siguieron un programa intensivo de intervención en el estilo de vida para perder peso, basado en una dieta mediterránea baja en calorías, realización de actividad física y terapia conductual. Los investigadores observaron que aquellos que tenían una alta variabilidad del sueño -no dormir las mismas horas cada noche- al inicio del estudio presentaron una menor pérdida de peso a los 12 meses de seguimiento. Además, tener un sueño variable y dormir poco -menos de 6 horas diarias- se asoció a una menor disminución del índice de masa corporal y de la circunferencia de la cintura, respectivamente.

Estos resultados ponen de manifiesto que adoptar medidas para conseguir un patrón de sueño adecuado puede tener un impacto a la hora de mantener el peso y prevenir otras alteraciones metabólicas asociadas al exceso de grasa corporal.

El estudio lo ha encabezado Christopher Papandreou, investigador principal de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV y por Jordi Salas-Salvadó, director de la Unidad, Director Clínico de Nutrición del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Sant Joan de Reus, investigador principal CIBERobn, y ambos miembros del Instituto de Investigación Sanitaria Pere i Virgili (IISPV).
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Referencia | C.Papandreou, M.Bulló, A. Díaz-López, M.A. Martínez-González, D. Corella, O.Castaér. J. Vioque, D. Romaguera, A. J. Martínez, N.Pérez-Farinós, J. López-Miranda, R. Estruch, A. Bueno-Cavanillas, A.Alonso-Gómez, J.A. Tur, F.J. Tinahones, L. Serra-Majem, V.Martin, J. Lapetra, C. Vazquez, X. Pintó, J. Vidal, L. Damiel, M. Delgado-Rodriguez, E. Ros, I. Abete, J. Barón-López, A. Garcia-Arellano, J. V. S., N. Babio, H. Schröder, E. Toledo, M. Fitó & J. Salas-Salvadó. High sleep variability predicts a blunted weight loss response and short sleep duration a reduced decrease in waist circumference in the PREDIMED-Plus Trial. Int J Obes (Lond). DOI: https://doi.org/10.1038/s41366-019-0401-5
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Hallado un trío planetario en una estrella cercana


Se han combinado datos del satélite TESS de la NASA con los tomados desde tierra por el espectrógrafo de CARMENES de Calar Alto, entre otros instrumentos. El trabajo, en el que han participado investigadores del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, abre la puerta al estudio en detalle de sistemas planetarios múltiples.
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La combinación de datos del satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) de la NASA con las observaciones de detectores en tierra, entre ellos el espectrógrafo CARMENES del Observatorio de Calar Alto, ha permitido hallar un sistema planetario triple en una estrella moderadamente brillante, a tan solo 31 años luz de distancia, lo que lo convierte en un objetivo preferente para su estudio en detalle. Los detalles de este descubrimiento, en el que han participado científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aparecen publicados en la revista Astronomy & Astrophysics.

Los nuevos mundos giran en torno a GJ 357, una estrella enana de tipo M que presenta aproximadamente un tercio de la masa y tamaño del Sol. En febrero de 2019, las cámaras de TESS observaron cómo el brillo de la estrella se atenuaba ligeramente cada 3,9 días, lo que revelaba la presencia de un exoplaneta en tránsito (los tránsitos son mini eclipses producidos cuando los planetas pasan por delante de su estrella).

Un equipo internacional de astrónomos, encabezado por Rafael Luque, del Instituto de Astrofísica de Canarias, empleó datos de observatorios terrestres para confirmar la presencia del planeta y, durante ese proceso, descubrió dos mundos adicionales. "En cierto modo, estos planetas se escondían en mediciones tomadas en numerosos observatorios durante muchos años; TESS nos señaló una estrella verdaderamente interesante a la que observar”, señala este científico.

Una “tierra caliente”

Los tránsitos observados por TESS pertenecen a GJ 357 b, un planeta un 22% mayor que la Tierra que gira en torno a su estrella 11 veces más cerca que Mercurio del Sol. Sin tener en cuenta los efectos de calentamiento de una posible atmósfera, se trataría de una “tierra caliente”, con una temperatura de unos 252 grados centígrados. Demasiado caliente para albergar vida, pero siendo el tercer planeta transitante más cercano, se trataría de uno de los mejores candidatos disponibles para el estudio de las atmósferas exoplanetarias, una línea de investigación que ya afronta el instrumento CARMENES, codesarrollado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Para confirmar la presencia de GJ 357 b, el equipo investigador recurrió a las mediciones existentes en tierra de la velocidad radial de la estrella, o su movimiento a lo largo de nuestra línea de visión. Un planeta en órbita produce un tirón gravitatorio en su estrella, lo que resulta en un pequeño movimiento que los astrónomos pueden detectar con espectrógrafos de alta precisión, como CARMENES, a través de pequeños cambios de color en la luz de la estrella.

Se examinaron datos terrestres que se remontan a 1998 desde el Observatorio Europeo Austral, el Observatorio Las Campanas (Chile), el Observatorio Keck (Hawái) y el Observatorio de Calar Alto, entre otros. Confirmaron la presencia de GJ 357 b y, sorprendentemente, revelaron cambios adicionales en la velocidad radial, por tanto, en el movimiento de la estrella, que condujeron al descubrimiento de otros dos planetas en el mismo sistema.

“Este descubrimiento ilustra la potencia de la combinación de los datos espaciales y terrestres, permitiéndonos derivar la masa y densidad del planeta detectado por TESS, usando observaciones espectroscópicas obtenidas desde tierra, y revelar incluso la existencia de otros planetas, que de otra forma habrían pasado desapercibidos”, señala Cristina Rodríguez López, investigadora del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía y una de las autoras de la investigación.

GJ 357 c tiene una masa de al menos 3,4 veces la de Tierra y gira alrededor de su estrella cada 9,1 días, a una distancia un poco más del doble que la del planeta en tránsito, lo que apunta a una temperatura de unos 128 grados. TESS no observó tránsitos de este planeta, lo que sugiere que su órbita se halla ligeramente inclinada con respecto a la órbita de la Tierra caliente, por lo que nunca transita sobre el disco de la estrella.

Por su parte, GJ 357 d, el planeta más lejano conocido del sistema, muestra una masa mínima de seis veces la terrestre, y orbita la estrella cada 55,7 días a una distancia equivalente al 20% de la distancia Tierra-Sol. El tamaño y la composición del planeta son aún desconocidos, pero un mundo rocoso con esta masa oscilaría entre una y dos veces el tamaño de la Tierra. Con una temperatura de equilibrio de unos 54 grados bajo cero, una atmósfera densa podría atrapar el calor suficiente para que exista agua líquida en su superficie.

Silbia López de la Calle | CSIC Comunicación
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Referencia | R. Luque et al. Planetary system around the nearby M dwarf GJ 357 including a transiting, hot, Earth-sized planet optimal for atmospheric characterization. Astronomy & Astrophysics. DOI: 10.0.4.27/0004-6361/201935801
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La inteligencia artificial no se parece a la humana


Tom Froese, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, explica que, aunque nos fiamos demasiado de la Inteligencia Artificial, ésta tropieza con más frecuencia de lo esperado.
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El 28 de febrero de 2015, un programador afroamericano llamado Jacky Alciné tuiteaba con evidente molestia: “Google Photos, ¡están jodidamente mal! Mi amiga no es un gorila”, después de que un sistema de Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés) determinara que quien aparecía junto a él en una de sus selfies no era una mujer de piel oscura, sino un gran simio de montaña.

Por ser gente negra la mal identificada en breve se hicieron acusaciones de racismo e incluso hubo quien aseveró que tales errores jamás se darían con caucásicos. Al día siguiente Yonatan Zunger, entonces ingeniero de Google y hoy jefe de la oficina de Ética de la empresa Humu, salió a aclarar: “¡Ojalá fuera así! Hasta hace poco nuestro algoritmo confundía a los individuos blancos con perros y focas. ¡El aprendizaje automatizado (machine learning) es difícil!”.

Sobre este punto el profesor Tom Froese, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, explica que, aunque nos fiamos demasiado de la AI, ésta tropieza y se va de bruces con más frecuencia de lo esperado pues, a diferencia de la inteligencia humana, ella opera con base en patrones y no entiende de lo subjetivo ni de significados.

“Tomemos un uno y un cero; para nosotros pueden representar los 10 años de nuestro sobrino, los miembros de una familia o las cuadras que faltan para llegar a casa, pero una computadora no sabe si estos números se refieren a una edad, a los pixeles de una postal o al dorsal que porta un futbolista en su camiseta. Para ella sólo son un uno y un cero a secas, y es incapaz de asignarles significado, algo que los humanos hacemos en todo momento y sin reparar en ello”.

En su artículo The Problem of Meaning in AI and Robotics: Still with Us after All These Years (recién publicado en la revista Philosophies, del MDPI y escrito en colaboración con Shigeru Taguchi, de la Universidad de Hokkaidō, en Japón), Froese disecciona una de las creencias más extendidas sobre la AI: la de que, por sus grandes avances en tan poco tiempo, en breve la inteligencia artificial será equiparable a la humana. “Mi postura aquí es de escepticismo, en especial tras verla fallar en aspectos donde nosotros no lo haríamos”.

Para entender por qué yerran hasta los algoritmos más sofisticados, el académico pone de ejemplo a GoogLeNet, un sistema de AI que reconoce imágenes a través de redes neurales convolucionales y que, de tan efectivo al hacer su tarea, ha habido quienes aseguran que en realidad entiende lo que está viendo. “¿Aunque puede hacerlo o simplemente nos gusta creer eso?”, pregunta Tom Froese.

“Dicho sistema es constantemente entrenado mediante aprendizaje profundo (deep neural learning), es decir, es puesto en contacto con millones de fotografías de donde obtiene patrones útiles para clasificar y, por lo mismo, se dice que ‘aprende’. Pero si introducimos una mínima alteración en la imagen que está por analizar podemos hacer que falle en grande y que ni siquiera se dé cuenta de ello”.

En un experimento reciente se mostró que al tomar el retrato de un panda que GoogLeNet ya había identificado como tal, si a éste se le sobreponía una pequeña matriz de ruido (imperceptible al ojo y similar a la nieve producida por un televisor que no capta frecuencia), el sistema se confundía tanto que, de súbito, declaraba, y con una certeza de casi 100 por ciento, que la figura era de un gibón.

“Para nosotros no hay duda de que es un oso blanco y negro, aunque el algoritmo insista en que es un primate marrón, y hay ejemplos igual de curiosos, como el de la foto de un mono en medio de una jungla a la que se le sobrepuso con Photoshop una bicicleta y una guitarra: por considerar que se trataba de un animal sobre un vehículo, la AI determinó que se trataba de un humano, y como detectó algo que genera música en donde hay una vegetación espesa y ramas, el sistema tomó a ese instrumento de cuerdas por un pájaro”.

“Todo esto hace evidente que la AI no entiende lo que ve, por más que haya quienes argumenten lo contrario. Ella busca patrones y, con tan sólo introducirle información que cause disturbios en su lógica interna nos dará respuestas irracionales y carentes de sentido”.

El caso de Jacky Alciné que acaparó tantos titulares hace cuatro años obligó a Google a plantearse la forma más efectiva de evitar otro escándalo de opinión pública como ése. ¿Qué ajustes aplicaron para que su algoritmo no volviera a clasificar personas como simios? La decisión de los ingenieros fue borrar las categorías “gorila”, “mono” y “chimpancé”de Google Photos, y ya no hicieron nada más.

El juego de la imitación

La inteligencia artificial comienza a tener presencia en todos lados: en nuestros teléfonos móviles en forma de asistentes personales, en la TV recomendándonos una serie de Netflix, derrotando al campeón mundial humano de ajedrez o vendiendo artículos en la red. “Incluso se cree que en breve estará detrás del volante de vehículos autónomos, es decir, de coches que se conducen solos, pero ¿podemos confiar en una AI que aún confunde guitarras con aves?”.

A decir de Froese, pareciera que nuestra obsesión por saber hasta dónde llegará esta tecnología nos hace olvidar un asunto quizá más crucial que el de anticiparnos al futuro: el de sus límites. “Esta interrogante tiene demasiadas aristas filosóficas; quizá por ello nuestro artículo terminó por publicarse en una revista de filosofía”.

Para el académico, reflexionar sobre esto puede llevarnos a conocer más de nosotros como especie, pues no hay una teoría madura sobre el funcionamiento del cerebro y, por lo mismo, aunque insistamos en señalar semejanzas entre la inteligencia artificial y la humana, aún ignoramos los mecanismos de nuestra conciencia, los de la experiencia o los de cómo otorgamos significación a las cosas y, por lo mismo, somos incapaces de replicar eso en un sistema artificial.

Justo ahí es donde se dibujan los límites de la AI, en no saber cómo enseñarle a ir de un patrón a su significado. Ello no debería desanimarnos, pero sí hacernos mantener cierto escepticismo y a quitarnos esa tendencia a antropomorfizar la inteligencia artificial y a creer que en nuestro porvenir hay terminators y cosas por el estilo”.

Para entender por qué las máquinas dan la impresión de pensar cuando en realidad lo que hacen es seguir patrones, Tom Froese cita el experimento mental de la habitación china —propuesto por el filósofo John Searle en 1984—, en el que un hombre es encerrado en un cuarto sin más contacto con el exterior que una ranura por donde le deslizan notas con caracteres chinos a los cuales —aún siendo ininteligibles para él— siempre responde con sabiduría.

“El sujeto enclaustrado habla otra lengua y no entiende de sinogramas, pero a su lado tiene una libreta con instrucciones donde se le indica que, si ve tal figura, él debe dibujar otra (y se le detalla cual), para luego pasarle dicho trozo de papel a alguien que aguarda fuera. Lo paradójico es que quien espera en el exterior no está al tanto de esta compleja secuencia de protocolos y, al recibir una contestación tan sensata a su pregunta —sea cual fuere— no puede más que exclamar, ¡qué persona tan más inteligente hay ahí dentro!”.

El primero de octubre de 1950 el padre de la computación, Alan Turing, preguntaba desde la página 433 de la revista Mind:¿pueden las máquinas pensar?, a lo que el profesor Froese responde con un tajante no. “Mucho de lo que nos sorprende de la AI, como que se anticipe a nuestros deseos, se debe a que hoy tenemos una cantidad apabullante de datos de usuario, los cuales son un espejo de nuestra interacción con, por ejemplo, plataformas de música, y sirven para establecer patrones. Por ello, la siguiente vez que Spotify nos sugiera escuchar algo de Pink Floyd no se debe a que entienda de rock o a que nos lea la mente; tan sólo es que su algoritmo sigue instrucciones muy precisas, tal y como hacía aquel hombre de la habitación china”.

El problema del determinismo

Para la física clásica existe un principio de localidad, el cual establece que un objeto sólo puede verse afectado por su entorno cercano, mientras que para la física cuántica es plausible que dos partículas se influyan instantáneamente incluso estando separadas por años luz. Dicho entrelazamiento hace casi imposible establecer relaciones de causa efecto y nos deja con universo de conducta aparentemente aleatoria. Esta idea desconcertaba tanto a Einstein que llegó a tildarla de “acción fantasmagórica a distancia” y lo llevó a acuñar la tan célebre frase de “Dios no juega a los dados”.

“Hoy la física comienza a aceptar que no todo evento de la naturaleza puede explicarse a cabalidad, algo que contradice la manera en que la inteligencia artificial ve al mundo, pues para ella éste es un sistema cerrado. Aún hay quienes aseveran que —al menos a nivel macroscópico— las cosas se comportan con la predictibilidad de bolas de billar chocando entre sí sobre una mesa de paño verde. Sin embargo, al hablar de organismos vivientes, y en particular de seres humanos, esto ya no es tan evidente; por ello la psicología, más que una disciplina determinista, es una ciencia estadística”.

Sobre este punto, el doctor Froese señala que si le pedimos a un individuo presionar uno de entre una decena de botones, de entrada no podremos anticipar su elección, y si después le solicitamos una explicación de lo que hizo jamás nos dará causas objetivas (como mencionar los procesos cerebrales necesarios para oprimir un interruptor o enumerar los músculos que empleó para ello), sino que apelará al sentido y a los significados de su acción.

“Todo sistema computacional es cerrado tanto en lo causal como en lo operacional y, por ende, es determinista”, señala el profesor Froese, para luego agregar que ése es justo el bache en el que la AI se ha entrampado. Para sacarla de ahí, agrega, una vía sería dotarla de un poco de esa flexibilidad tan característica de los seres vivos.

“Si queremos que la inteligencia artificial se parezca más a la nuestra es preciso crearle un nuevo marco donde tengan cabida lo impredecible y algo de caos, pues ambas son muy diferentes entre sí y esto es porque, en la última, no hay sentido y tampoco significado”.

No obstante, Tom Froese advierte que este punto acarrea una gran paradoja, ya que para que una máquina posea una inteligencia equiparable a la de una persona lo primero sería despojarla de su determinismo y esto iría contra nuestros deseos, ya que nadie quiere sistemas que se comporten de forma aleatoria. “Aún nos falta algo… darle dirección subjetiva probablemente, dotarla de intención quizá”.

En la cinta Sólo los amantes sobreviven, el protagonista, un músico de nombre Adam, le expone a su compañera Eve en qué consiste la “acción fantasmagórica a distancia” de Einstein y le dice: “Al separar partículas entrelazada, si alteras o afectas a una la otra se verá idénticamente alterada o afectada, incluso en polos opuestos del universo”. No sería raro que una inteligencia artificial colocara esta cinta de Jim Jarmusch entre nuestras recomendaciones de Netflix si gustamos de las películas de vampiros, lo extraño sería que nos explicara la frase anterior, pues para la AI algo así no tiene sentido.

Una tecnología más humana

El 23 de marzo de 2016, pocas semanas antes de que Trump lanzara su campaña presidencial, Microsoft puso a funcionar en Twitter la cuenta @TayandYou, manejada por una AI bautizada como Tay, la cual debía aprender cómo se comunican las personas entre sí y responder de forma divertida a sus comentarios. El experimento sólo duró 16 horas porque, tras un breve contacto con los humanos, el chatbot comenzó a publicar tuits racistas, xenófobos, antifeministas y de admiración a Hitler. En uno de sus mensajes se leía “tranquilos, soy alguien agradable; tan sólo odio a todos”, y en otro “vamos a construir el muro y México pagará por él”. En menos de un día la compañía de Bill Gates decidió bajar el switchde Tay para siempre.

Parte del problema, como apunta Tom Froese en su artículo, es que las máquinas trabajan siguiendo patrones formales a rajatabla (lo que a veces conduce a resultados desastrosos como los de @TayandYou sus tweetsofensivos, o como los de GoogLeNet y su confusión con las fotos). Ello, argumenta el académico, entraña un dilema ético muy serio si consideramos que muchos aspectos de nuestra vida comienzan a ser controlados por estos sistemas carentes de sentido.

La IA es una inteligencia seca, sin empatía e incapaz de entender nuestras metas, intenciones y deseos y, sin embargo, cada vez dependemos más de sus predicciones. Ya es una presencia constante en los mercados de finanzas y comienza a verse su mano en la manipulación de elecciones a través de bots en redes sociales. Le estamos dando cada vez más responsabilidad sobre nuestras vidas a una maquinaria que, en realidad, no sabe nada de nosotros y eso es un asunto que no deberíamos pasar por alto”.

Y es que para el doctor Froese esta amenaza supera a las planteadas en las producciones de hollywoodenses, “pues en esas cintas al menos es factible dialogar con los robots, convencerlos de que no nos hagan daño e intentar enseñarles sobre el bien y el mal, pero con las máquinas que tenemos en la actualidad eso es imposible”.

Lo que le faltaría a la AI —explica el académico— es cierto indeterminismo para realmente dar oportunidad y responsabilidad al sentido, al significado. Como no tenemos eso debemos reflexionar sobre el espacio que le estamos dando en estos días.

“No podemos prescindir de la tecnología ni insinúo nada parecido, pero quizá sí imaginar un escenario en el que las máquinas, en vez de decidir por nosotros, nos ayuden a llevar una mejor vida y a interactuar más con el mundo. Esa visión me parece mucho más sana y defendible, tanto desde la ciencia como desde la filosofía”.
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Crece el estrés vacacional. ¿Realmente sabemos desconectar del trabajo?


El 51% de la población activa española responde a correos electrónicos y atiende a llamadas de trabajo durante sus vacaciones. Dificultad para dormir, problemas de concentración y falta o exceso de apetito: las consecuencias de ser un workalcoholic.
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Pilar Ponce de León | Universitat Oberta de Catalunya (UOC). En torno al año 2004, los doctores de la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg acuñaron la expresión depresión de la tumbona. Con ella se referían a la ansiedad que empezaban a tratar en algunos pacientes con dificultad para olvidarse del trabajo en sus periodos de descanso estival. Hoy, ese síndrome, también llamado estrés vacacional o bajón veraniego, es cada vez más frecuente.

¿Los síntomas? "Abarcan todos los relacionados con la ansiedad y el estrés y afectan en el aspecto cognitivo, emocional, físico y de conducta", expone Sílvia Sumell Canalda, psicóloga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y autora de www.silviasumell.com. "Pueden aparecer dificultades para pensar con claridad, problemas de atención, concentración y memoria, sensación de que no se habla con la misma fluidez y necesidad de comprobar las tareas una y otra vez. También aparecen cansancio, problemas para dormir, sensación de no haber descansado lo suficiente, de estar sin energía, y sintomatología relacionada con la depresión o el bajo estado de ánimo", comenta la profesora de la UOC.

Además, son frecuentes "las alteraciones del apetito, por exceso o defecto, igual que el aumento del consumo de tabaco, alcohol o dulces, dolores de cabeza, musculares y de estómago, pérdida del deseo sexual…". Por último, "sabemos que los periodos de elevado estrés prolongado en el tiempo pueden generar sentimientos de tristeza, desmotivación, pocas ganas de hacer cosas, sensación de que no se disfruta de lo que uno hace, e irritabilidad en el sentido de que nos enfadamos por cualquier cosa o a la mínima que alguien nos dice algo", concluye Sílvia Sumell sobre los síntomas.

¿Y por qué se desencadenan? "Mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) son elevados. La adrenalina hace que nuestro sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, todo ello para que podamos aguantar largas jornadas. En cambio, cuando entramos en "modo vacaciones" estos niveles de hormonas disminuyen, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener algunos problemas de salud".

Es común en personas hiperexigentes y que se consideran imprescindibles

El estrés vacacional "afecta a personas para las que el trabajo lo es todo y en su día a día (periodo no vacacional) tienen poco o nulo tiempo de ocio, así como tampoco tienen tiempo para su familia e hijos. De repente", prosigue la psicóloga, "cuando se encuentran de vacaciones, no saben hacer frente a todo ese tiempo libre, no saben cómo relajarse y disfrutar de él. De tener una agenda a tope y estar siempre pendientes del móvil y de los correos electrónicos, pasan a no tener nada de ello. Y cuando la persona se queda sin su rutina de hábitos laborales y profesionales, se desestabiliza".

En cuanto al tipo de personalidad que hay detrás de la gente que padece este problema, encontramos a "personas con un elevado nivel de autoexigencia, acostumbradas al "tengo que hacer" y a las cuales les cuesta delegar o que están habituadas a trabajar bajo presión. A veces, son personas a las que les da miedo ir de vacaciones porque temen lo que pueden encontrarse a la vuelta. Erróneamente, creen que son imprescindibles y que nadie podrá realizar su trabajo si ellos no están presentes"; una sensación que afecta, según el último informe anual InfoJobs-ESADE sobre el Estado del mercado laboral en España, al 34% de los empleados. De hecho, el 8% nunca se coge más de una semana seguida de vacaciones por temor a que el trabajo no salga adelante en su ausencia.

"Cuando oigo que una persona, con nombre y apellidos, es imprescindible, automáticamente pienso en que esa empresa tiene un problema de organización", dice al respecto Gina Aran, consultora de recursos humanos y profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. "Las personas son imprescindibles para que las empresas funcionen y crezcan. Sin embargo, centrar eso en alguien concreto sería un grave error estratégico. Lo realmente imprescindible es que el capital humano tenga recursos y esté organizado de forma que la empresa pueda adaptarse eficazmente a todos los cambios que se suceden", comenta la profesora.

"Desde un punto de vista más personal existen quienes no son capaces de dejar el trabajo por hacer, pero el problema está detrás: ¿tiene ese empleado demasiado trabajo?, ¿es demasiado autoexigente?, ¿debería organizarse en equipo de forma distinta?", continúa explicando Gina Aran. "Otras personas sienten que son imprescindibles porque nadie más sacará adelante la tarea. En este caso hay que investigar la causa de esa desconfianza. Podría tratarse de falta de preparación de los demás, pero a menudo el problema es la incapacidad para delegar el trabajo o una comunicación insuficiente e ineficiente", concluye.

La accesibilidad tecnológica no ayuda a desconectar

Según el informe InfoJobs-ESADE, el 51% de la población activa española declara que responde a correos electrónicos y atiende a llamadas de trabajo durante su periodo de vacaciones. Suelen ser "personas acostumbradas a realizar largas jornadas laborales (10-12 horas al día), que ocupan cargos muchas veces de elevada responsabilidad, o bien que asumen muchas funciones", explica Sílvia Sumell como experta en psicología del trabajo y salud laboral.

El informe InfoJobs-ESADE traduce esta información en datos: "Los trabajadores con cargo de empleado se conectan durante las vacaciones a la oficina en el 45% de los casos; los mandos intermedios lo hacen en el 68%, y los cargos directivos, en el 84%». Muchos lo hacen motu proprio, pero para el 30% de los consultados se debe a las exigencias de sus jefes, a quienes les parece lógico que los empleados estén permanentemente conectados, aunque sea contraproducente.

"Los trabajadores rinden más si pueden descansar y desconectar unos días", apunta Gina Aran, experta también en empresas saludables y cultura de empresa. "Ello repercute en su salud y bienestar, así como en su felicidad, al poder disfrutar de lugares y personas a los que quieren. El hecho de que los empleados sientan bienestar previene enfermedades psicológicas o del sistema nervioso, así como dolencias osteomusculares, daños en la vista o problemas de obesidad", añade.

Afortunadamente, "hay empresas que comprenden cómo repercute el adecuado descanso de sus trabajadores en la cuenta de resultados y por ello adoptan medidas para garantizar su desconexión, como bloquear su acceso al correo electrónico. Necesitamos empleados sanos no solo físicamente, sino también psicológica y socialmente". En este sentido, "el artículo 88 de la Ley orgánica de protección de datos de carácter personal (LOPD) reconoce el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral. Todos deberíamos tomar conciencia de ello, pues está directamente relacionado con el bienestar y la salud", concluye Gina Aran.

Otras fuentes de estrés: demasiados o muy pocos planes y mucho tiempo en familia

Más allá de las causas directas que influyen en la incapacidad para desconectar del trabajo en verano, hay otras causas indirectas que también contribuyen a aumentar el estrés vacacional.

La primera la recoge una encuesta de Randstad: el 15% de los trabajadores asegura empezar con agobio su descanso por no haber organizado este periodo con tiempo. En el otro extremo se encuentran quienes "planifican unas vacaciones tan estresantes, en el sentido de rellenar cada uno de los días y todas las horas con un montón de actividades, que no les permiten parar ni un instante. Es una forma de mantener la sensación de estar ocupados. Obviamente, todo ello va a aumentar los niveles de estrés de la persona y de la gente que la rodea", dice Sílvia Sumell.

Y luego está la familia: "Hay personas que solo están acostumbradas a hacer frente a las obligaciones profesionales. Si, de repente, se encuentran con que tienen que atender a una pareja y unos hijos, se estresan. En vacaciones todo suele ser más intenso y pueden aumentar los conflictos". No es casualidad que una tercera parte de los matrimonios que se separan en España lo hagan a la vuelta de las vacaciones de verano.

Recomendaciones para disfrutar del verano

"Es necesario un detox digital", aconseja Gina Aran. "Desconectar es muy necesario para descansar y para seguir siendo productivos después. Recomiendo a todas las personas que estén de vacaciones que desconecten y experimenten otras cosas, que disfruten y se relajen. Para aquellas que no puedan evitar consultar su teléfono inteligente, es recomendable que se obliguen a hacerlo solo un día a la semana y en una franja horaria concreta", especifica.

Además, unos días antes de irse de vacaciones hay que "intentar bajar el ritmo de trabajo. Piensa o escribe qué cosas te gustaría hacer cuando estés en esos días de descanso y planifica unas vacaciones realistas. No intentes ocupar todo el tiempo con actividades", propone, por su parte, Sílvia Sumell quien, además, ofrece estos consejos:

- Ten presente que no tienen que ser unas vacaciones "perfectas"; es decir, prepárate para los imprevistos, porque alguno habrá, y concédete un tiempo de adaptación. No todo el mundo es capaz de desconectar el primer día a primera hora
- Evita responder a llamadas, whatsapps o correos electrónicos del trabajo. Si esto no es posible, intenta consultar el correo en un espacio del día en concreto, que no afecte a la dinámica familiar. Y no lo hagas justo antes de acostarte. Para dormir es mejor dejar el móvil en otra habitación e incluso apagarlo
- Intenta modificar el «tengo que hacer / debería…» por el «me gustaría / me apetecería…»
- Haz algo de ejercicio para dormir mejor y descargar adrenalina
- Descansa todo lo que puedas. Si es posible, evita madrugar o realiza pequeñas siestas.
- esérvate un tiempo para ti solo. Puede ser una pequeña siesta, 30 minutos de lectura, un paseo por la mañana con tu perro…
- ¡Atención plena! Presta atención en el «aquí y ahora». Esto te permitirá disfrutar del presente. Por ejemplo, si estás con tus hijos viendo una película, evita mirar el móvil o tenerlo al lado. Ellos te lo agradecerán. De igual modo, trata de dejarlo en casa, en el hotel o en el apartamento cuando salgas. Así no se convertirá en una extensión del trabajo.
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Los océanos, clave en la lucha contra el cambio climático


Según un estudio publicado recientemente en la revista Science, el 31% del CO2 de origen antropogénico es absorbido por los océanos.
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Entre 1994 y 2007, los océanos capturaron 34 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2), o lo que es lo mismo, 34 miles de millones de toneladas métricas de este gas, lo que supone el 31% de todo el CO2 generado por los humanos en ese periodo de tiempo, según ha publicado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un comunicado. El estudio, liderado por el profesor Nicolas Gruber del centro suizo ETH, ha contado con participación española de la mano de Fiz Fernández, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, centro adscrito al CSIC.

Parte del CO2 procedente de la explotación de los combustibles fósiles es capturado por los océanos y los ecosistemas terrestres, actuando como sumideros. En el caso de los océanos, estos primero disuelven el gas en la superficie del agua, y luego las corrientes oceánicas y los procesos de mezclado distribuyen el CO2 a las profundidades del océano, donde se acumula.

Para los investigadores del clima, concretar qué porcentaje de CO2 de origen humano absorbe el océano ha sido crucial, ya que, tal y como ha explicado Fiz Fernández “los océanos funcionan como un gran sumidero de CO2”, siendo esenciales para los niveles atmosféricos de este gas, ya que, si los mares no absorbiesen esta cantidad de CO2, el impacto del cambio global sería notablemente mayor.

Aunque la proporción de CO2 absorbido por los océanos se ha mantenido estable durante los últimos 200 años, la cantidad total de gas capturado ha aumentado considerablemente. Esto se debe a que cuanto más CO2 se libera a la atmósfera, mayor es la cantidad que se deposita en los océanos. Según explica Nicholas Gruber, “a lo largo del período examinado, el océano global ha seguido capturando CO2 antropogénico en una proporción que es coherente con el aumento de CO2 atmosférico”.

El papel de los océanos como sumideros de carbono es esencial para frenar el impacto del calentamiento climático. Sin embargo, también conlleva severas consecuencias para los ecosistemas marinos, puesto que, por un lado, el CO2 disuelto acidifica el agua oceánica, lo que tiene graves secuelas para los organismos marinos. Además, el aumento del CO2 absorbido podría llevar a la saturación a los océanos.Los resultados de esta investigación, que han sido publicados recientemente en la revista científica Science, derivan de un proyecto internacional que dio comienzo en el año 2003 y en el que han participado investigadores procedentes de 7 países.
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Referencia | Nicolas Gruber, Dominic Clement, Brendan R. Carter, Richard A. Feely, Steven van Heuven, Mario Hoppema, Masao Ishii, Robert M. Key, Alex Kozyr, Siv K. Lauvset, Claire Lo Monaco, Jeremy T. Mathis, Akihiko Murata, Are Olsen, Fiz F. Perez, Christopher L. Sabine, Toste Tanhua, Rik Wanninkhof. The oceanic sink for anthropogenic CO2 from 1994 to 2007. Science. DOI: 10.1126/science.aau5153
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ETIQUETASOcéanosCambio ClimáticoEcologíaContaminaciónMedio Ambiente

Viaje al Big Bang a través del litio de una estrella de la Vía Láctea


Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Universidad de Cambridge detectan litio en una estrella primitiva de nuestra galaxia. Estas observaciones se han realizado con el telescopio VLT en el Observatorio de Paranal, de ESO, en Chile.
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En Astrofísica, cualquier elemento más pesado que el hidrógeno y el helio es considerado un metal y, entre esos metales, podemos encontrar el litio. Un grupo de investigadores ha logrado detectar este metal en una estrella primitiva. Se trata de la estrella enana J0023+0307, descubierta hace un año por el mismo equipo de científicos con el Gran Telescopio Canarias (GTC) y el Telescopio William Herschel (WHT), del Observatorio del Roque de los Muchachos.

Este descubrimiento podría aportar información crucial sobre el proceso de creación de núcleos atómicos (nucleosíntesis) que se produjo tras el Big Bang. “Esta estrella primitiva nos sorprende de nuevo con su alto contenido en litio y su posible relación con el litio primordial del Big Bang”, señala David Aguado, investigador asociado de la Universidad de Cambridge y anteriormente doctorando del IAC/ULL, que lidera este artículo.

Este astro es similar a nuestro Sol, pero con un contenido en metales muy pobre, menor que una millonésima parte de su contenido. Esta composición tan primitiva implica que se trata de un cuerpo celeste originado en los primeros 300 millones de años del Universo, justo después de las supernovas de las primeras estrellas masivas de la nuestra galaxia.

“El contenido en litio de esta primitiva estrella se asemeja al de otras estrellas pobres en metales del halo de nuestra galaxia y definen aproximadamente un valor constante e independiente del contenido en metales de la estrella” explica Jonay González Hernández, investigador Ramón y Cajal del IAC y coautor de este artículo.

El litio, sintetizado durante el Big Bang, es un metal muy frágil que se destruye con facilidad en el interior de las estrellas por las reacciones nucleares a una temperatura de 2.5 millones de grados. Debido a que la base de las atmósferas de estas estrellas pobres en metales no alcanza esa temperatura, el litio permanece en ellas durante prácticamente toda su vida.

J0023+0307 se encuentra aún en la Secuencia Principal, etapa en la que se mantienen las estrellas durante la mayor parte de su vida, y posee una edad prácticamente similar a la del Universo. “Nuestra estrella J0023+0307 retiene esa cantidad constante de litio con un contenido en metales mucho más bajo y, por tanto, se entiende que se formó en una etapa más temprana en la evolución del Universo”, añade Carlos Allende, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), y otro coautor del artículo.

Instrumentación

Estas mediciones han sido posibles gracias a las observaciones con espectroscopía de alta resolución en el Very Large Telescope (VLT), de 8,2m, situado en el Observatorio de Paranal de ESO en Chile.

El descubrimiento de la estrella se produjo mediante espectroscopía obtenida con los instrumentos ISIS del WHT (de 4,2m de diámetro) y OSIRIS del GTC (de 10,4m de diámetro). Ambos telescopios se sitúan en el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafía, La Palma).

El Gran Telescopio Canarias (GTC) y los Observatorios de Canarias forman parte de la red de Infraestructuras Científicas y Técnicas Singulares (ICTS) de España.
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Referencia | Aguado et al. Back to the lithium plateau with the [Fe/H] < -6 STAR J0023+0307. 2019, ApJL, 874, L21. DOI: 10.3847/2041-8213/ab1076. URL: https://iopscience.iop.org/article/10.3847/2041-8213/ab1076
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ETIQUETASAstronomíaTecnología

El entrenamiento musical mejora la capacidad de atención


Los músicos pueden responder y centrarse con mayor rapidez y precisión y filtrar de manera más efectiva los estímulos irrelevantes. Los hallazgos del estudio también demostraron una correlación entre las redes de alerta y orientación en los músicos en relación a los no músicos, lo que posiblemente refleja una relación funcional entre estas redes de atención derivadas de la práctica musical.
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El entrenamiento musical produce mejoras duraderas en un mecanismo cognitivo que ayuda a las personas a estar más atentas y a distraerse menos con estímulos irrelevantes mientras realizan tareas exigentes. Según un estudio publicado en la revista ‘Heliyon’, los músicos demuestran un mayor control ejecutivo de la atención (un componente principal del sistema de atención) que los no músicos. En particular, cuantos más años de entrenamiento tienen los músicos, más eficientemente controlan su atención.

“Investigamos los efectos del entrenamiento musical en los principales componentes del sistema de atención. Nuestros hallazgos demuestran una mayor capacidad de control de la atención inhibitoria en los músicos que en los no músicos. Los músicos profesionales pueden responder y centrarse con mayor rapidez y precisión en lo que es importante para realizar una tarea, y filtrar de manera más efectiva los estímulos incongruentes e irrelevantes que los no músicos. Además, las ventajas se incrementan con los años de capacitación”, explicó el investigador principal, Paulo Barraza, de la Universidad de Chile.

El sistema de atención consta de tres subsistemas que están mediados por redes neuronales anatómicamente distintas: alerta, orientación y redes de control ejecutivo. La función de alerta está asociada con el mantenimiento de los estados de preparación para la acción. La función de orientación está vinculada a la selección de información sensorial y al cambio de enfoque atencional. La función de control ejecutivo está involucrada tanto en la supresión de estímulos irrelevantes y que distraen como en el control de la atención de arriba a abajo. Los hallazgos del estudio también demostraron una correlación entre las redes de alerta y orientación en los músicos en relación a los no músicos, lo que posiblemente refleja una relación funcional entre estas redes de atención derivadas de la práctica musical.

Los investigadores registraron el comportamiento de 18 pianistas profesionales y un grupo combinado de 18 adultos no músicos que participaron en una prueba de redes de atención. El grupo de músicos estaba formado por estudiantes de conservatorio a tiempo completo o graduados de los Conservatorios de la Universidad de Chile, la Universidad Mayor de Chile y la Universidad Austral de Chile, con un promedio de más de 12 años de práctica. Los "no músicos" eran estudiantes universitarios o graduados que no habían recibido clases formales de música y no podían tocar ni leer música.

Los participantes vieron y proporcionaron feedback inmediatamente sobre variaciones de imágenes presentadas rápidamente para probar la eficiencia de su comportamiento reactivo. Las puntuaciones medias de las redes de alerta, orientación y ejecutivas para el grupo de músicos fueron de 43.84 milisegundos (ms), 43.70 ms y 53.83 ms; y de 41.98 ms, 51.56 ms y 87.19 ms, respectivamente para el grupo de no músicos. Las puntuaciones más altas muestran un control de atención inhibitoria menos eficiente.

Habilidades cognitivas extra-musicales

Investigaciones anteriores habían demostrado que el entrenamiento musical sistemático produce cambios en el cerebro que se correlacionan con la mejora de algunas habilidades musicales específicas. Sin embargo, el entrenamiento musical no solo mejora la percepción auditiva musical, sino que también parece tener un impacto en el procesamiento de las habilidades cognitivas extra-musicales (por ejemplo, la memoria de trabajo). Según los investigadores, este es el primer estudio que prueba el efecto del entrenamiento musical en las redes de atención, lo que se suma a investigaciones anteriores sobre el efecto potencial de la práctica musical en el desarrollo de habilidades cognitivas extra-musicales.

“Nuestros hallazgos en torno a la relación entre entrenamiento musical y mejora de las habilidades de atención podrían ser útiles en campos clínicos o educativos, por ejemplo, para fortalecer la capacidad de las personas con TDAH para manejar las distracciones o el desarrollo de programas escolares que fomenten el desarrollo de habilidades cognitivas a través de la práctica musical. Investigaciones longitudinales futuras deberían abordar directamente estas interpretaciones”, señala el investigador David Medina, de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
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El lenguaje da la felicidad


Saber nombrar con precisión lo que sentimos ayuda al cerebro a generar emociones más dosificadas y una respuesta emocional más adaptada.
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Núria Bigas Formatjé | Según el último informe mundial sobre la felicidad, el World Happiness Report 2018, Finlandia es el país más feliz del mundo. En esta lista, España se sitúa en la 36.ª posición. El estudio recoge varios indicadores para "explicar" la felicidad: la renta per cápita, la libertad para poder elegir un estilo de vida, la generosidad o las percepciones sobre la corrupción, etc. La receta de la felicidad es y ha sido uno de los grandes misterios de la humanidad. Más allá de la esperanza de vida o el sistema sanitario, algunos expertos consideran que "el secreto de la felicidad reside en la capacidad que tenemos de expresarla en palabras o, dicho de otro modo, en la habilidad para dar sentido a las emociones por medio del lenguaje", explica Amàlia Creus, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

"El habla sirve para expresar nuestra experiencia de vida, las palabras que usamos dan forma a lo que pensamos, sentimos y al contenido de lo que vivimos", explica Francesc Núñez, sociólogo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC. "Los humanos poseen la habilidad de poder compartir las emociones por medio del lenguaje y experimentar una gran diversidad", añade Creus. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley asegura que existen 27 categorías emocionales, lejos de las 6-8 que diferentes escuelas de la psicología hasta ahora habían afirmado que existían. "Actualmente se habla de muchas emociones, pues esta combinación es la interpretación que elabora el cerebro de lo que es el sentimiento. Sin embargo, existen múltiples factores que intervienen, no solo la parte de la respuesta, sino también la parte social y del contexto cultural, y aquí las combinaciones son muy variadas", afirma Diego Redolar, neurocientífico y profesor de Salud de la UOC.

La granularidad emocional, clave para la felicidad

Algunos expertos afirman que la capacidad para traducir en palabras experiencias emocionales puede ser positiva y generar beneficios personales. Saber distinguir y nombrar con precisión lo que sentimos en un determinado momento, detallarlo y matizarlo más allá de las emociones básicas (bien-mal, triste-feliz, nervioso-tranquilo, etc.) es lo que se conoce como granularidad emocional. "Para una persona con una granularidad alta no es lo mismo sentirse fastidiado que enfadado, indignado o nervioso, es capaz de matizar sus emociones", ejemplifica Creus. "Si las palabras se empobrecen, se empobrece la experiencia del mundo, y al reducir las palabras para definir y matizar la felicidad también se reduce lo que dicen vivir como “felicidad”", explica Núñez, sociólogo de las emociones.

"La granularidad emocional ayuda nuestro cerebro a generar emociones más específicas y dosificadas, lo que resulta en una reacción más adaptada a una situación y a la respuesta emocional que nos provoca", afirma la experta. Así pues, con menos granularidad el individuo consigue menos adaptación emocional. "El tener un lenguaje menos rico para etiquetar las emociones hará que la percepción subjetiva del individuo sea muy distinta a la de otra persona que cuenta con un uso del lenguaje mucho más rico en relación con el etiquetado y la identificación de las emociones", afirma Redolar.

Ampliar el vocabulario puede hacernos más felices

"La granularidad emocional se ha usado como una herramienta terapéutica para mejorar la capacidad de regulación emocional", explica Creus. El proyecto Positive Lexicography recoge una colección de palabras de varios idiomas dedicada a describir sentimientos positivos desde diferentes ópticas culturales. En total se incorporan palabras provenientes de 132 lenguas del mundo que son "intraducibles" y que están relacionadas con el bienestar y las buenas sensaciones. Para el español aparecen empalagar, fiesta, estrenar o gula, entre otras. Según Núñez, depende de la riqueza del lenguaje, de nuestra conversación y de nuestros interlocutores que la felicidad tenga una u otra dimensión, sea más o menos rica.

"El lenguaje nos permite tener nuevos sentimientos, más intensos y refinados, y al hablar de ellos, los transformamos y modulamos", explica el sociólogo, que añade que "el dibujo que creamos de la felicidad, qué decimos y cómo hablamos de ella, condiciona completamente lo que hacemos para conseguirla o lo que decimos que sentimos cuando creemos que la tenemos", concluye.
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Un estudio demuestra el nacimiento de nuevas neuronas hasta los 90 años en humanos


Este mecanismo, denominado neurogénesis hipocampal adulta, se encuentra dañado en pacientes con Alzheimer. El estudio demuestra el nacimiento de nuevas neuronas en la región del giro dentado durante toda la vida adulta.
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Un estudio en el que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CISC) ha demostrado que una región del cerebro humano, conocida como giro dentado, produce nuevas neuronas hasta la novena década de vida. Este mecanismo, denominado neurogénesis hipocampal adulta, se encuentra dañado en pacientes con enfermedad de Alzheimer. Los resultados del trabajo han sido publicados en la revista Nature Medicine.

“A pesar de producirse una ligera reducción en la cantidad de neuronas generadas durante el envejecimiento, un gran número de estas neuronas se encuentra aún presente en el giro dentado de individuos que no padecen ninguna enfermedad neurológica al menos hasta los 87 años de edad”, explica la coordinadora del estudio María Llorens-Martín, investigadora en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid).

El nacimiento de nuevas neuronas en el cerebro humano adulto posee una gran importancia para la medicina moderna, ya que este tipo especial de neuronas generado en el hipocampo participa en la adquisición de nuevos recuerdos y en el aprendizaje en ratones. Resultados recientes han vuelto a abrir el debate en este campo al no detectar la presencia de estas células en el cerebro humano. Este trabajo analiza en profundidad las causas de la obtención de posibles resultados contradictorios encontrados por distintos grupos de investigación.

El estudio demuestra que los tratamientos químicos a los que es necesario someter las muestras de tejido cerebral humano para su posterior estudio afectan de manera crítica a la detección de la presencia de las neuronas inmaduras. Los investigadores demostraron que, tras someter muestras obtenidas de los mismos sujetos a distintos tratamientos químicos, se observaban números de células muy diferentes. Además, cuando dichos tratamientos eran más agresivos o prolongados en el tiempo, la señal emitida por las nuevas neuronas desaparecía completamente.

“Nuestro trabajo identifica una combinación de métodos que permite visualizar el nacimiento de nuevas neuronas en el giro dentado humano adulto. Esta metodología nos ha permitido conocer, por primera vez, datos únicos acerca de la maduración de las nuevas neuronas generadas en esta región del cerebro. Así, hemos podido estudiar en profundidad las etapas que atraviesan las nuevas neuronas antes de madurar totalmente, qué proteínas sintetizan, y cómo van cambiando de forma y de posición dentro del giro dentado. Ese proceso de maduración comparte varias características con las descritas en otras especies de mamíferos”, añade Llorens-Martín.

Alzheimer

El estudio también analiza de manera comparada el proceso de neurogénesis hipocampal adulta en un grupo de 13 individuos sanos y 45 pacientes de la enfermedad de Alzheimer. Los autores han descubierto que el número de nuevas neuronas disminuye de manera drástica en los estadíos iniciales de la enfermedad para continuar decreciendo progresivamente a medida que avanza la dolencia. Además, estas células encuentran problemas en distintas etapas del proceso madurativo de las neuronas. Como consecuencia de este bloqueo, el número de neuronas generadas que finalmente alcanza la maduración total es mucho menor en estos pacientes.

“Estos hallazgos poseen una gran importancia en el estudio de las enfermedades neurodegenerativas y concretamente en el estudio de la enfermedad de Alzheimer. En este sentido, la detección precoz de una disminución en la generación de nuevas neuronas podría ser un marcador temprano de la enfermedad. Por otra parte, si fuera posible incrementar el nacimiento y maduración de las nuevas neuronas de una manera similar a como se hace en los ratones de laboratorio, podrían abrirse nuevas posibilidades terapéuticas que podrían ser útiles para paliar o ralentizar el avance de esta enfermedad”, concluye la investigadora.

Este estudio es el resultado de la colaboración de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, el CSIC, el Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), la Fundación CIEN y la Universidad Europea de Madrid.
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Referencia | E. P. Moreno-Jiménez*, M. Flor-García*, J. Terreros-Roncal*, A. Rábano, F. Cafini, N. Pallas-Bazarra, J. Ávila and M. Llorens-Martín. Adult hippocampal neurogenesis is abundant in neurologically healthy subjects and drops sharply in patients with Alzheimer’s disease. Nature Medicine. DOI: 10.1038/s41591-019-0375-9
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ETIQUETASNeurologíaInvestigaciónCSIC