La cuarentena del coronavirus nos dejará recuerdos nítidos para toda la vida


¿Dónde estábamos cuando nos enteramos del estado de alarma? ¿Con quién estábamos? ¿Qué ropa llevábamos puesta?. Hay un tipo especial de recuerdos se construyen alrededor de acontecimientos únicos, sorprendentes y personalmente relevantes, como los que ahora vivimos.
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¿Cómo recordaremos estos días de confinamiento por la crisis del coronavirus dentro de unos años? Científicas de la Universidad de Granada señalan que en estos momentos estamos construyendo las denominadas “memorias de destello”, un tipo especial de recuerdos que suelen tener un carácter afectivo intenso y que se recuerdan con una gran nitidez.

Alejandra Marful, Daniela Paolieri y Teresa Bajo, investigadoras del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la UGR y expertas en aprendizaje y memoria, recuerdan que las memorias de destello se construyen alrededor de acontecimientos únicos, sorprendentes y personalmente relevantes, como los que ahora vivimos, “de forma que en el futuro tendremos memorias muy vívidas de ellos y podremos dar muchos detalles que en principio podrían parecer irrelevantes”.

¿Dónde estábamos cuando nos enteramos del estado de alarma? ¿Con quién estábamos? ¿Qué ropa llevábamos puesta? “Aunque no son los únicos recuerdos que perdurarán en nuestra memoria, lo que ahora vivimos lo recordaremos de forma persistente durante tiempo”.

Pero, ¿cómo registra nuestro cerebro estos acontecimientos? La evidencia científica muestra que las situaciones nuevas producen un aumento de la dopamina (un neurotransmisor) en el hipocampo del cerebro, y si estas situaciones además están asociadas a estrés social también hay un cambio en las conexiones entre el hipocampo y otras zonas del cerebro como la amígdala, el tálamo o la ínsula.

“El hipocampo es la zona del cerebro que interviene en fijar nuestros recuerdos, y este aumento en dopamina o en la fuerza de las conexiones con otras áreas, hace nuestros recuerdos más persistentes y emocionales”, explican las investigadoras de la UGR. Por esta razón, estas memorias de eventos únicos asociadas a estrés suelen tener alto contenido emocional, especialmente cuando los acontecimientos afectan a nuestra vida personal y a la de las personas que nos rodean.

Afortunadamente, nuestro cerebro es adaptativo y con el tiempo nuestro recuerdo se volverá más positivo. La investigación muestra que las personas mayores tienden a recordar eventos pasados de forma más positiva e incluir más detalles positivos que negativos. “De esta manera, a medida que pase el tiempo, el recuerdo de este período dará más importancia a momentos positivos: risas, mensajes, anécdotas en los balcones de nuestra casa, etc. Aunque no conocemos exactamente el mecanismo por el que esto sucede, hay evidencia que muestra que, al menos en parte, se produce porque los recuerdos positivos contribuyen a nuestro bienestar; de manera que los compartimos con más frecuencia con otras personas y esto tiene consecuencias a nivel cerebral”, indican las investigadoras.

Desde el Laboratorio Memoria y Lenguaje de la UGR, en el que trabajan Marful, Paolieri y Bajo, han hallado evidencias científicas que indican que cuando intentamos recordar parte de un acontecimiento que tiene diferentes facetas, los aspectos más intensos y fuertes competirán por el recuerdo, y la corteza prefrontal de nuestro cerebro se activará para bloquear los recuerdos que no deseamos y para facilitar la recuperación de los detalles que sí queremos recordar.

“Si, por ejemplo, queremos recordar una anécdota de una tarde en el balcón, nos vendrán a la memoria otros muchos aspectos asociados a este tiempo, y el esfuerzo por recordar esa anécdota concreta inhibirá el recuerdo de otros aspectos negativos de nuestro encierro y contribuirá a hacer más positivo nuestro recuerdo”, destacan Marful, Paolieri y Bajo.

Estas investigadoras de la UGR apuntan que muchos proyectos en marcha en distintos laboratorios del mundo trabajan para evaluar y extender esta capacidad de nuestro cerebro para olvidar recuerdos poco deseados y ayudar a personas que han sufrido eventos muy negativos.
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El bilingüismo actúa como factor de reserva cognitiva contra la demencia


Según un estudio publicado en enero en la revista Alzheimer's Research & Therapy y liderado conjuntamente por investigadores del grupo Producción del Habla y Bilingüismo, del Centro de Cognición y Cerebro de la UPF y por el grupo de investigación de Neuropsicología y Neuroimagen Funcional de la Universidad Jaume I de Castellón.
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Las conclusiones de un estudio publicado por un grupo de investigadores español en la revista Alzheimer's Research & Therapy el mes de enero, demuestran que el bilingüismo actúa como factor de reserva cognitiva contra la demencia, "porque aunque las personas bilingües enfermas muestran una mayor atrofia cerebral, el nivel cognitivo entre bilingües y monolingües es el mismo", explican los autores en su artículo, liderado conjuntamente por investigadores del grupo Producción del Habla y Bilingüismo del Centro de Cognición y Cerebro de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y por el grupo de investigación de Neuropsicología y Neuroimagen Funcional de la Universitat Jaume I de Castellón.

La investigación ha analizado un centenar de pacientes con deterioro cognitivo leve bilingües y monolingües con una media de edad en la franja de los 73 años. Se han considerado bilingües aquellas personas que usan alternativamente el valenciano y el castellano independientemente del registro, y monolingües (o bilingües pasivos) aquellas personas que, aunque conocen, entienden y pueden usar puntualmente el valenciano, no lo usan de forma indistinta. "El uso alternativo de estas dos lenguas (valenciano y castellano) en cualquier situación —explica César Ávila, director del grupo castellonense— es complejo a nivel cognitivo porque hay muchas similitudes entre ellas".

Los dos grupos de enfermos mostraban, al inicio del estudio, el mismo nivel de deterioro cognitivo (lenguaje, memoria, etc.), pero en el caso de los bilingües la atrofia cerebral era mayor que en el caso de los monolingües. Este hecho implica la necesidad de más carga de lesión cerebral para mostrar los mismos síntomas. Los investigadores han realizado un seguimiento de la evolución de los pacientes durante siete meses, en los que han podido observar que el grupo de bilingües ha tenido una menor pérdida de volumen cerebral y ha mantenido mejor sus capacidades cognitivas. "Esto nos explica —comentan— que existe una reserva cognitiva del bilingüismo". Los resultados son especialmente relevantes porque "se trataría de la primera evidencia longitudinal de este posible efecto protector del bilingüismo contra la demencia", indica Ávila.

Los datos previos del estudio, que se ha desarrollado con pacientes del Hospital General Universitario de Valencia y el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de similares características sociodemográficas y niveles educativos, ya indicaban que las personas bilingües (de cualquier lengua) tardan cinco años más en llegar a la demencia que las personas monolingües, pero una de las aportaciones de este estudio, además de comparar dos momentos diferentes en el tiempo, ha sido desvelar que el mecanismo que hace que sea así es la estimulación cognitiva favorecida por la alternancia en el uso entre una lengua y otra. Aunque es pronto para la aplicación de los resultados obtenidos en los tratamientos contra la demencia, "sí que tenemos constancia de que hay terapias de estimulación cognitiva que incluyen ejercicios prácticos de uso de distintas lenguas", explica el investigador Víctor Costumero.

Además del grupo castellonense, el estudio ha contado con la participación del Centro en Cognición y Cerebro de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; la ERI de Lectura de la Universitat de València; el Grupo Médico ERESA de València; el Departamento de Neurología del Hospital General de València; la Unidad de Neurología del Hospital Universitario y Politécnico La Fe; la Sección de Procesos Cognitivos del Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología Educacional de la Universitat de Barcelona; el Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica Bellvitge (IDIBELL) de L’Hospitalet de Llobregat y el Departamento de Ciencia de la Computación de la Universidad de Jaén.

Han intervenido Víctor Costumero, como primer autor, Marco Calabria y Albert Costa (fallecido en 2018), miembros del grupo Producción del Habla y Bilingüismo (SPB) del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la UPF, conjuntamente con investigadores de las Universidades de Jaime I, Valencia, Barcelona y Jaén; IDIBELL, Hospital La Fe (Valencia) y Grupo Médico ERESA (Valencia). El trabajo ha sido financiado por la Fundación La Marató de TV3.
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Referencia bibliográfica | Costumero, V., Marin-Marin, L., Calabria, M. et al. (2020), “A cross-sectional and longitudinal study on the protective effect of bilingualism against dementia using brain atrophy and cognitive measures”, Alz Res Therapy 12, 11 (2020). https://doi.org/10.1186/s13195-020-0581-1
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Dieta mediterranea y alimentos ricos en vitamina D, claves del menú de confinamiento


Planificar muy bien cada compra y respetar los horarios de comida permiten evitar déficits y no subir de peso. La fruta, los fermentados o los frutos secos son buenas opciones para combatir los bajones anímicos. Hay que compensar la falta de luz solar con alimentos ricos en vitamina D.
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Carla Nieto, UOC | La situación actual impuesta por la COVID-19 ha supuesto un cambio radical de los hábitos y las rutinas habituales. Y eso incluye la alimentación en todas sus vertientes: desde la lista de la compra (que debe adaptarse a nuevas circunstancias de disponibilidad y acceso) hasta el tipo de dieta que debemos seguir.

Hay que cuidar la alimentación no solo para mantenerse saludable y en un peso adecuado, sino también para paliar posibles déficits o estados que pueden darse como consecuencia de no salir a la calle.

Las profesoras de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Unversitat Oberta de Catalunya (UOC) Alicia Aguilar y Anna Bach, ambas también investigadoras del grupo FoodLab de la UOC, aportan una serie de recomendaciones que pueden tenerse en cuenta para gestionar los menús diarios y adaptarlos a las circunstancias actuales:

— Las restricciones y las nuevas pautas de adquisición de alimentos implican la necesidad de hacer una compra razonable y, sobre todo, responsable, que cubra todas las necesidades nutricionales a ser posible con el menor número de productos. Y, en este sentido, la opción más recomendable es la dieta mediterránea, ya que está basada en alimentos fáciles de conseguir en el supermercado y, además, aporta muchos de los nutrientes necesarios en un contexto de confinamiento. "Es variada, equilibrada y rica en frutas y verduras que pueden consumirse tanto crudas como cocinadas y combinadas con otros alimentos. Una de sus principales bazas es su elevado aporte de antioxidantes, indispensables para reforzar el sistema inmune, que es otra de las cuestiones que deben tenerse en cuenta en este momento, para prevenir contagios", señala Anna Bach. La profesora ofrece algunos ejemplos de los "básicos" de esta dieta que habría que incluir en la cesta de la compra: fresas y naranjas (ambos, productos de temporada), verduras de hoja verde (ricas en ß-caroteno, un antioxidante fundamental para la inmunidad de la piel y las mucosas), tomates (ricos en licopeno, un potente antioxidante), legumbres (frescas o envasadas), cereales (preferiblemente integrales), pescados (grasos y azules)…

— En cuanto a la logística de los menús, Anna Bach señala que, como hay que evitar salir innecesariamente, lo mejor es planificar compras en las que se prioricen los alimentos frescos, locales y de temporada combinados con otros menos perecederos, de los que siempre puede echarse mano en la despensa: conservas, legumbres, cereales o congelados. Esta recomendación está en línea con las pautas que acaba de publicar la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), en las que se recuerda que en estos momentos las compras deben ceñirse a los productos necesarios, evitando improvisar con alimentos más calóricos y también dejando de lado los ultraprocesados, que suelen ser menos perecederos.

— Una de las grandes "pérdidas" que experimenta el organismo como resultado de esta situación es la privación de la exposición a la luz solar, lo que tiene como efecto colateral el aumento del riesgo de presentar un déficit de vitamina D. Tal y como explica Anna Bach, esta vitamina actúa en el metabolismo permitiendo la absorción de calcio "y, para obtenerla de manera natural, se necesita la luz solar, ya que, cuando esta entra en contacto con la piel, genera esta vitamina mediante una serie de procesos metabólicos".

Para paliar en la medida de lo posible la ausencia de luz solar, la mejor opción es aumentar la ingesta de alimentos ricos en vitamina D: "Entre ellos destacan los pescados azules (pueden ser en lata o en conserva) como las sardinillas, los boquerones, las anchoas, el atún… También están los lácteos (algunos, además, vienen enriquecidos con vitamina D) o los huevos. Todos ellos, además de su fácil conservación y de que suelen ser del agrado de toda la familia, pueden consumirse solos o como parte de diversas recetas, combinados con otros alimentos, de modo que se contribuye a llevar una dieta más variada", señala Alicia Aguilar.

— Por otro lado, es normal que la sensación que produce el confinamiento unida a la preocupación, la incertidumbre y el estrés generado por la situación que estamos viviendo desencadenen de forma puntual o mantenida estados de ansiedad y tristeza, los cuales se asocian a la apetencia de alimentos que proporcionan una gratificación inmediata pero que suelen ser hipercalóricos, muy ricos en azúcares y escasamente nutritivos. "Hay que intentar, en la medida de lo posible, no buscar en la comida la solución a un bajo estado anímico y controlar el hambre emocional, que lleva a comer de manera impulsiva y a escoger alimentos ready to eat, tipo snacks, chocolate, bollería, etc., que no son los más recomendables desde el punto de vista nutricional", afirma Alicia Aguilar.

Lo ideal, por tanto, es intentar no adquirir este tipo de productos (o, como «mal menor», limitar su consumo) y optar por alimentos que, como explica Anna Bach, pueden tener un efecto positivo en el estado de ánimo: los pescados grasos, ricos en ácidos grasos omega-3 (asociados a un menor riesgo de depresión); el chocolate negro, con compuestos que activan la química cerebral relacionada con el bienestar, o el pescado azul y las semillas de lino, imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema nervioso central. "También son muy recomendables los alimentos fermentados (kéfir, yogur, kombucha, chucrut, kimchi…), pues son muy ricos en probióticos, garantes de una buena salud intestinal, un efecto muy importante teniendo en cuenta que hasta el 90 % de la serotonina (u hormona del bienestar) se produce en el intestino", afirma la profesora Bach.

Como "plan B" a los picoteos tipo aperitivo, Anna Bach recomienda frutas como los plátanos, «una estupenda fuente de azúcar natural, vitamina B6 y fibra prebiótica, nutrientes que trabajan de forma conjunta para mantener estables tanto los niveles de azúcar en la sangre como el ánimo». Las bayas, los arándanos y los frutos rojos (todos ellos ricos en antocianinas, antioxidantes que protegen el sistema nervioso) y los frutos secos (con moderación) son también buenas alternativas.

El confinamiento y la menor actividad física favorecen el aumento de peso. Para evitar que la báscula se dispare de forma proporcional a la duración del estado de alarma en el que estamos, Alicia Aguilar recomienda mantener unas ciertas rutinas o hábitos en la manera de comer: "Respetar el número de comidas habitual (desayuno-comida-cena), moderando un poco la cantidad, puesto que es probable que haya un menor gasto energético debido a la reducción de la movilidad. Debe evitarse la acumulación de refrescos, snacks o bollería y, en su lugar, optarse por alimentos que haya que cocinar (arroz, pasta, legumbres, verduras, conservas de pescado…). Una buena idea es compartir la preparación de una nueva receta (y no necesariamente un postre) con alguien de la familia".

Comprar alimentos de forma segura

En cuanto al momento de hacer la compra, el decreto que regula el estado de alarma establece unas normas a las que hay que unir las emitidas por las distintas cadenas alimenticias, dirigidas a sus usuarios.

Pero, además, es muy importante respetar y tener siempre en cuenta unas pautas de higiene, fundamentales en un escenario de pandemia, y que explica Laura Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y experta en seguridad alimentaria: "antes de salir de casa, desinfectarse las manos; una vez en el establecimiento, mantener una distancia de uno-dos metros entre los consumidores y los trabajadores; utilizar guantes de un solo uso (que debe proporcionar el establecimiento) para tocar alimentos frescos, como la fruta y la verdura. También es importante evitar la contaminación cruzada entre los alimentos y cualquier fuente contaminante potencial como las superficies, el dinero, los teléfonos móviles… Y hay que recordar siempre que, si se tocan los carros, los estantes, las neveras y congeladores, en definitiva, cualquier superficie o el dinero al pagar (la mayoría de los establecimientos ya solo permiten hacerlo con tarjeta), no hay que tocarse después la cara y, siempre, limpiarse las manos con gel desinfectante o agua y jabón al finalizar la compra".
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Así se ha reducido la contaminación del aire en España tras las medidas contra el COVID-19


Investigadores de la Universitat Politècnica de València estudian la caída en las concentraciones de dióxido de nitrógeno durante las últimas semanas en diferentes ciudades españolas.
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Datos de Satélite confirman una disminución en las emisiones de dióxido de nitrógeno
durante la pandemia COVID-19 en España
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Los niveles de concentración de dióxido de nitrógeno, uno de los principales responsables de la contaminación del aire, han disminuido una media del 64% en las principales ciudades españolas tras las medidas decretadas para la lucha contra el COVID-19. Donde más han bajado ha sido en Barcelona, con un 83%. En Madrid, la reducción ha sido de un 73% y en València de un 64%.

Estos son algunos de los resultados de un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV), pertenecientes al Centro de Tecnologías Físicas. Para ello, el equipo de la UPV ha analizado imágenes satelitales de la misión Sentinel-5P del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea (ESA), comparando datos de dos periodos: del 10 al 14 de marzo, por un lado, y del 15 al 20, por otro. A partir de estos datos, han generado una serie de mapas que muestran las concentraciones de dióxido de nitrógeno en algunas de las principales ciudades españolas.

Según destaca Elena Sánchez-García, investigadora del grupo Land and Atmosphere Remote Sensing (LARS-UPV) del Centro de Tecnologías Físicas de la UPV, el dióxido de nitrógeno es un importante indicador de la calidad del aire. “Altas concentraciones de este gas pueden afectar al sistema respiratorio y agravar ciertas patologías. Además, este gas está relacionado con la formación de lluvia ácida”, apunta.

Los óxidos de nitrógeno, como el NO2, en el aire urbano tienen su origen en las reacciones de combustión a altas temperaturas que se producen principalmente en los vehículos motorizados. El oxígeno y el nitrógeno se combinan dando lugar al óxido nítrico (NO) que posteriormente se oxida parcialmente originando el dióxido de nitrógeno.

“Tal y como se ha comprobado en el caso de Wuhan (China), o el Norte de Italia, nuestro estudio constata cómo las medidas de confinamiento y reducción de actividad económica se han traducido en una clara disminución de la contaminación atmosférica en todo el país”, añade Elena Sánchez-García.

Más datos

Además de València, Madrid y Barcelona, el estudio recoge datos también de otras siete ciudades. En la Comunidad Valenciana, donde más se han reducido los niveles de dióxido de nitrógeno ha sido en Castellón, con un 76% -de las ciudades analizadas, es la segunda con mayor descenso de la contaminación, solo por detrás de Barcelona; y en Alicante, la reducción se cifra en un 68%. Aunque la variabilidad atmosférica (vientos y precipitación) puede afectar los números calculados para cada ciudad, el efecto de la actual situación de confinamiento es dominante.

Del resto de ciudades estudiadas, en Bilbao la contaminación, comparando uno y otro periodo, ha bajado un 66%; en Gijón, un 65%; en Málaga, un 55%; en Zaragoza, un 52%; y en Sevilla, un 36%.

Este trabajo se enmarca dentro de la investigación llevada a cabo por el grupo LARS-UPV de la UPV, en la que participan los investigadores Elena Sánchez García, Itziar Irakulis Loitxate y Luis Guanter. Su trabajo se centra en el desarrollo de técnicas de teledetección para la monitorización global de emisiones de gases a la atmósfera.
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Descubren una estrella pulsante con forma de lágrima


Un equipo científico internacional, en el que participa el Instituto de Astrofísica de Canarias, halla por primera vez una inusual estrella que oscila en uno de sus lados debido a la atracción gravitatoria que ejerce otra estrella cercana. El estudio, que se publica en la revista Nature Astronomy, utiliza datos del satélite TESS de la NASA y ha contado con la colaboración de astrónomos amateurs.
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Recreación artística de una estrella pulsando en uno de sus hemisferios debido a la atracción gravitatoria
de una estrella compañera. Crédito: Gabriel Pérez (SMM-IAC)
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Hace tiempo que la Astronomía conoce la existencia de estrellas lejanas que pulsan de forma similar al Sol. Estas oscilaciones rítmicas, que tienen lugar en la superficie estelar, ocurren en estrellas de diferentes edades y periodos de pulsación, y pueden deberse a causas diversas. Sin embargo, todas estas estrellas pulsantes tenían hasta ahora algo en común: las oscilaciones eran siempre visibles en toda la superficie.

Una investigación internacional, con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), ha descubierto por primera vez una estrella que oscila en un solo hemisferio. Este objeto celeste forma parte de un sistema estelar binario, con un período orbital de menos de dos días, en el que la atracción gravitatoria de una compañera cercana arrastra las pulsaciones hacia uno de los lados, dándole forma ovoide o de lágrima.

La existencia de estrellas con oscilaciones modificadas por la fuerza gravitatoria de otro cuerpo cercano fue predicha teóricamente en la década de 1940, y hace más de 30 años que se formuló la idea de que el eje de pulsación de una estrella puede moverse a través de las fuerzas de marea que se generan por la interacción gravitatoria. Sin embargo, hasta ahora no se habían obtenido pruebas de este fenómeno a través de datos de observación. "Desde los años 80, hemos creído que sistemas como éste podían existir, pero es ahora cuando finalmente hemos encontrado uno", explica Don Kurtz, investigador de la Universidad Central de Lancashire (Reino Unido) y coautor del estudio.

Según Gerald Handler, investigador del Centro Astronómico Nicolás Copernicus (Polonia) y autor principal del trabajo, "los excelentes datos del satélite TESS de la NASA nos permitieron observar variaciones en el brillo debido tanto a la distorsión gravitatoria de la estrella como a las pulsaciones". Para su sorpresa, el equipo observó que la fuerza de las oscilaciones dependía del momento en que se observaba la estrella y que variaba con el mismo período que la órbita de la binaria.

"A medida que las estrellas binarias orbitan entre sí —añade David Jones, investigador del IAC y coautor del estudio—, vemos diferentes partes de la estrella pulsante; a veces, vemos el lado que apunta hacia la estrella compañera y, otras veces, vemos la cara externa". Así es como los astrónomos, además de observar leves fluctuaciones del brillo, tuvieron la certeza de que las pulsaciones sólo se encontraban en un lado de la estrella cuando el mismo hemisferio apuntaba hacia el telescopio.

La pista inicial que llevó al descubrimiento de esta inusual estrella vino de la mano de astrónomos amateurs que regularmente inspeccionan con detalle la enorme cantidad de datos que TESS suministra. Fueron ellos los que alertaron de este interesante fenómeno a Saul Rappaport, investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU) y coautor del estudio. "Más allá de sus pulsaciones —señala el científico—, no parece haber nada especial en este sistema, por lo que esperamos encontrar muchos más escondidos en los datos de TESS".
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Referencia | G. Handler et al. “Tidally Trapped Pulsations in a close binary star system discovered by TESS”. Nature Astronomy, Marzo 2020. DOI: 10.1038/s41550-020-1035-1
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En busca de los orígenes del virus que ha puesto en jaque a todo el planeta


El SARS-CoV-2 no ha sido fruto de una manipulación contra las grandes economías gestada en un laboratorio. Los científicos ya han comprobado que se originó por procesos naturales y probablemente se transmitió a las personas desde los murciélagos pasando por diferentes especies. Aún no saben si se convirtió en patógeno para los humanos después de habernos contagiado. Si ese paso sucedió antes, en un animal, la posibilidad de que se produzcan más brotes en el futuro aumentaría.
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Cuando el pasado 31 de diciembre se hicieron públicos los primeros casos de una extraña neumonía en Wuhan (China), la comunidad científica supo que se enfrentaba a un virus desconocido. Tras la secuenciación del genoma, los investigadores chinos dedujeron que se trataba de un nuevo coronavirus, en concreto el SARS-CoV-2, también llamado HCoV-19.

De los siete coronavirus que conocemos, el nuevo virus es, junto al SARS-CoV-1 (que causó una epidemia en 2003 en China) y MERS-CoV (que generó un brote en 2012 en Arabia saudí), uno de los más mortíferos causando problemas respiratorios graves, en especial a pacientes con patologías previas.

Hoy la enfermedad actual del COVID-19 ha alcanzado en tres meses a unas 220.000 personas en todo el mundo y ha provocado la muerte a unas 9.000 personas, sobre todo en China e Italia, lo que ha obligado a tomar medidas drásticas para frenar la pandemia.

Para los científicos es vital desentrañar el origen del virus, por eso trabajan desde el primer momento con los datos genómicos ya obtenidos. Un equipo del Scripps Research Translational Institute en La Jolla, EEUU, con el investigador Kristian G. Andersen a la cabeza, ha publicado en la revista Nature Medicine los probables escenarios por los cuales podría haber surgido y refuta las teorías conspirativas sobre su aparición.

“Nuestros análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito”, revelan en el trabajo los autores, que han analizado las principales características del virus comparando seis genomas: tres de murciélago, el SARS humano, el del pangolín y el SARS-CoV-2.

El equipo de Andersen, director de Genómica de Enfermedades Infecciosas, comparó los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, y determinó “firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales”, indica Andersen, referente mundial sobre epidemiología y evolución de los virus.

Un virus imperfecto

Al analizar el genoma de un virus que no ha ni evolucionado ni cambiado mucho desde que salió de Wuhan, los científicos se centraron, entre otros rasgos del virus, en las proteínas de espícula, unas armaduras en su exterior que le permiten agarrarse y penetrar las paredes exteriores de las células humanas y animales, y que están directamente implicadas en la penetración en la célula, a través de un receptor conocido como ACE2.

Pero se fijaron en especial en dos características importantes de esta proteína de espícula: el dominio de unión al receptor (RBD, por sus siglas en inglés), un tipo de gancho que se adhiere a las células huésped; y el lugar de escisión o transposición, una especie de abridor de latas molecular que permite que el virus abra y penetre las células anfitrionas.

En su estudio, el equipo quiso determinar la probabilidad de que la estructura de esta proteína del virus encajara en ese receptor. “Entonces observaron que esta encaja bastante bien, pero no es perfecta”, manifiesta a SINC Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universidad de Valencia e investigador de FISABIO.

Al analizar esa “construcción” dentro del virus constataron que tenía fallos. De ser manipulado genéticamente, esas estructuras deberían tener otras características para ser mucho mejores, pero el virus no las tiene. “Su diseño no es el que haría un ingeniero con el objetivo de crear un virus que provoque una pandemia”, indica González Candelas.

Un virus que hubiera sido creado en laboratorio no tendría los desajustes que se observan en SARS-CoV-2. “Partimos de la idea de que si haces una manipulación para conseguir un determinado objetivo lo que vas a intentar directamente, como todo buen ingeniero, es que tu producto sea el mejor posible”, explica el experto.

Además, la hipótesis de la evolución natural del virus fue respaldada por datos sobre la estructura molecular general del SARS-CoV-2, que de ser manipulada hubiera podido construirse a partir de la de otro virus que se sabe que causa enfermedades. Pero no fue así. Según el estudio, su estructura molecular difería sustancialmente de las de los coronavirus ya conocidos y se parecía más a la de virus relacionados que se encuentran en murciélagos y pangolines.

“Ha sido el proceso azaroso de la evolución que ha permitido al virus desarrollar una estructura de la espícula y de otras características que le permite invadir células humanas. Al estar en contacto con humanos ha provocado una infección y luego posteriores infecciones que han dado lugar a la epidemia”, subraya el investigador español.

¿De dónde viene el SARS-CoV-2?

“Cualquier patógeno viral para los humanos sale de la nada. En teoría, un virus antiguo de un reservorio natural se convertirá en patógeno viral para el ser humano a través de muchos huéspedes intermedios”, apunta a SINC Zhigang Zhang, investigador en el Laboratorio Estatal clave para la Conservación y Utilización de Recursos Biológicos en la Universidad de Yunnan (China) y autor de un estudio publicado en Current Biology.

Según Zhang, el salto directo de los anfitriones originales al humano rara vez ocurre. “Por lo tanto, encontrar el reservorio natural es de gran importancia para detener la propagación del virus”, constata el experto. “De hecho, los animales, incluidos los humanos, tienen muchos virus dentro de su cuerpo y la mayoría son inofensivos para sus anfitriones”, continúa.

La respuesta sobre el origen del virus es aún incierta y los científicos barajan varios escenarios. El primero de ellos es que el virus pudo evolucionar a través de la selección natural en un huésped no humano y luego saltó a estos, como ocurrió en otros brotes con las civetas para el SARS y los camellos para el MERS.

En el caso de SARS-CoV-2, como sucede con otros coronavirus, el reservorio más probable son los murciélagos (Rhinolophus affinis), por la similitud con los virus del propio animal. Pero no existen casos documentados de transmisión directa murciélago-humano. Ahí intervendría un huésped intermedio, que posiblemente estuvo relacionado con murciélago y humanos.

“El murciélago sería el huésped primario u original, por comparación con los coronavirus de murciélago ya conocidos y que estén emparentados con ellos”, recalca Fernando González Candelas de la UV. Para el científico, el nuevo virus es el que se parece más a los coronavirus de estos animales, aunque “aún no se haya aislado el virus más próximo a él”. Pero también aparecen diferencias.

Para entenderlo, el experto pone el ejemplo de una escalera. “Es como querer saltar un escalón de un metro y pensar que de un salto no puedes subirlo. Necesitas dos o tres escalones intermedios, difíciles cada uno, pero posibles. Es cuestión de tiempo que se consiga pasar de la base al escalón superior”, ilustra.

Escenario 1: el pangolín como salto intermedio

En esa etapa intermedia de murciélagos a humanos, el virus habría pasado por algún huésped, cuya selección natural le habría predispuesto a infectar a humanos, “simplemente porque los receptores son lo suficientemente parecidos como para que luego al saltar a humanos sea mucho más sencillo”, dice González.

En este escenario, las diferentes características del virus habrían evolucionado a su estado actual antes de penetrar en humanos. Como señalan en el estudio de Nature Medecine, la epidemia actual habría surgido en cuanto los humanos se habrían infectado. El virus convertido ya en patógeno habría estado listo para propagarse entre las personas.

En el trabajo de Zhang se plantea la posibilidad de que este huésped intermedio sea el pangolín por las muestras de pulmón analizadas y en las que se detectó por primera vez la existencia de un CoV similar al SARS-CoV, coincidiendo con el inicio de la epidemia. “Conjeturamos que los pangolines malayos muertos pueden llevar un nuevo CoV estrechamente relacionado con el SARS-CoV-2”, recalcan en el estudio de Current Biology.

Según detalla a SINC el investigador chino, el camino de la infección que ha provocado el brote sería el siguiente: en la base estaría el murciélago (con resistencia o levemente susceptible al virus), seguido de múltiples especies cruzadas, entre las cuales el pangolín podría ser una víctima y susceptible al virus, antes de llegar al humano, aún más susceptible al virus y en contacto con animales para la obtención de herramientas, alimentos, caza y otros usos, incluidos los comercios ilegales.

A pesar de los hallazgos, ante la imposibilidad de realizar más experimentos a falta de la muestra original, el equipo chino recalca que aún se debate si las especies de pangolín son buenas candidatas para el origen del SARS-CoV-2.

“Teniendo en cuenta la amplia propagación de SARS-CoV en reservorios naturales, como murciélagos, camellos y pangolines, nuestros hallazgos serían significativos para encontrar nuevos huéspedes intermedios de SARS-CoV-2 para bloquear la transmisión entre especies”, concluyen.

Según González Candelas, el virus va expandiéndose en todo tipo de organismos a los que puede infectar. “El pangolín sería otro, no solamente en la escalera que llega al humano, pero en una escalera colateral cuyo final no sabemos cuál es”, añade, teniendo en cuenta que "la evidencia que existe no es lo suficientemente fiable o robusta como para dar eso por aceptado".

Escenario 2: desarrollado en humanos

El otro escenario que explicaría el origen del SARS-CoV-2 es que, sin descartar los escalones intermedios, una versión no patógena del virus pudo saltar de un huésped animal a los humanos, pasando desapercibida, y evolucionar a su estado patógeno actual dentro de la población humana.

Así, para explicar por qué este virus funciona tan bien en humanos, el equipo de Kristian Andersen sugiere que el último paso sucede en nuestro organismo cuando la proteína de espícula evoluciona ya en un huésped humano. “La última fase, la que de verdad hace que este virus sea muy infectivo en humanos, habría permitido que el virus se haya adaptado a humanos en humanos primero”, declara González Candelas.

“A partir de ese momento, al pasar de humano a humano, el ajuste es mucho mejor”, señala el investigador español. De este modo, a las personas a las que les llega el virus todavía no muy bien adaptado a humanos no sufren demasiada enfermedad. “No tienen una sintomatología que llame la atención ni desarrollan neumonía, pero el virus en ellos se adapta”, indica el experto.

Una vez adaptado, con los mecanismos de infección que conocemos, puede haber pasado a otro humano. “En ese momento se iniciaría la cadena de transmisiones que da lugar a la epidemia”, dice González Candelas.

Pero para los científicos aún es difícil, si no imposible, saber cuál de los escenarios es el más probable en el caso del SARS-CoV-2. Lo que sí saben es que, si el virus llegó a los humanos en su forma de patógeno actual desde una fuente animal, la posibilidad de que se produzcan más brotes en el futuro aumentaría porque la cepa que causa la enfermedad podría seguir circulando entre los animales.

Sin embargo, según el coautor del estudio de Nature Medecine, Andrew Rambaut, de la Universidad de Edimburgo, las posibilidades de que se produzca otra epidemia disminuyen si un coronavirus no patógeno entra en la población humana y luego desarrolla propiedades similares al SARS-CoV-2.
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FUENTE | Agencia SINC
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Este es el tiempo que dura el SARS-CoV-2 en diversas superficies


Científicos de EE UU han analizado cuánto permanece el nuevo coronavirus en varios materiales de uso común. En los aerosoles del aire son estables hasta tres horas, cuatro horas en el cobre, un día entero en el cartón y hasta dos o tres días en el plástico y el acero inoxidable.
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Virus SARS-CoV-2 (en amarillo) emergiendo de células (rosadas y azules) cultivadas en el laboratorio.
Imagen vista con el microscopio electrónico de barrido y virus aislados de un paciente en EEUU. / NIAID-RML
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El virus que causa la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) es estable durante varias horas o días en aerosoles y diversas superficies, según el estudio que acaban de publicar en The New England Journal of Medicine un equipo de científicos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Princeton en EEUU.

Los autores han imitado lo que sucede cuando una persona infectada deposita el coronavirus sobre materiales cotidianos del hogar y los hospitales, como puede ocurrir al toser o tocar objetos. Para ello han utilizado muestras reales del patógeno.

Así han llegado a la conclusión de que SARS-CoV-2, responsable del síndrome respiratorio agudo grave, se detecta en aerosoles (las partículas en suspensión del aire) durante un tiempo máximo de tres horas, hasta cuatro horas en el cobre (presente en muchas monedas), hasta 24 horas en el cartón y hasta dos o tres días en el plástico y el acero inoxidable.

Estos resultados proporcionan información clave sobre la estabilidad del virus que está causando una pandemia, y confirma que las personas pueden adquirirlo a través del aire y después de tocar objetos contaminados.

Una estabilidad similar a SARS-CoV-1

Los científicos de los NIH, en las instalaciones del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Montana, compararon cómo el ambiente afecta a SARS-CoV-2 en relación a su antecesor el SARS-CoV-1, causante del SARS, empleando muestras de los dos tipos.

El SARS-CoV-1, al igual que su pariente actual, también surgió en China, e infectó a más de 8.000 personas entre 2002 y 2003. Sin embargo, fue erradicado en 2004 gracias al seguimiento intensivo de contactos y a las medidas de aislamiento de las personas contagiadas.

En el nuevo estudio de estabilidad, los dos coronavirus se comportaron de manera similar, lo que desafortunadamente no explica por qué COVID-19 se ha convertido en un brote mucho más grande.

Propagación asintomática del virus

Los autores también destacan otros aspectos de sus observaciones. Por ejemplo, se preguntan por qué hay más casos de SARS-CoV-2. Las evidencias sugieren que las personas infectadas ahora podrían estar propagando el virus sin reconocer, o incluso antes de reconocer, los síntomas. Esto haría que las medidas de control de enfermedades que fueron efectivas contra el SARS-CoV-1 lo sean menos contra su sucesor.

Además, a diferencia del SARS-CoV-1, la mayoría de los casos secundarios de transmisión de SARS-CoV-2 parecen estar ocurriendo en ambientes comunitarios en lugar de sanitarios. Sin embargo, los entornos hospitalarios también son vulnerables a la introducción y propagación del nuevo coronavirus, cuya estabilidad en aerosoles y superficies probablemente también contribuye aquí a su transmisión.

Por otra parte, el estudio reafirma las recomendaciones que dan los profesionales sanitarios ante la gripe y otros virus respiratorios. Aunque la población está cada vez más concienciada, se insiste en las medidas para prevenir la propagación del SARS-CoV-2: evitar el contacto cercano con personas infectadas; no tocarse los ojos, la nariz y la boca; quedarse en casa cuando estás enfermo (y ahora también cuando no); toser o estornudar en el codo y usar pañuelos desechables que se tiran a la basura; y limpiar y desinfectar objetos y superficies que se tocan con frecuencia.
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Referencia | N van Doremalen, et al. Aerosol and surface stability of HCoV-19 (SARS-CoV-2) compared to SARS-CoV-1. The New England Journal of Medicine. DOI: 10.1056/NEJMc2004973 (2020).
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FUENTE | Agencia SINC
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¿Cómo pueden combatir el confinamiento las personas mayores que viven solas?


El aislamiento puede favorecer estados depresivos y un aumento de la sensación de vulnerabilidad y miedo. Está bien mantenerse informado, pero también es necesario saber desconectar de las noticias.
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Anna Sánchez-Juárez, UOC | En España hay más de dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas. De estas, más de 850.000 tienen 80 años o más. El confinamiento por coronavirus puede provocar ansiedad y depresión a la población en general, pero de manera más significativa a personas mayores en hogares unipersonales. "La disminución significativa de las actividades y rutinas cotidianas, una baja estimulación sensorial y una disminución del contacto social pueden alterar su estado anímico", explica la profesora de psicología de la UOC Alba Pérez.

Los expertos alertan de que la situación excepcional por COVID-19 acentúa el aislamiento social de este colectivo. La soledad presenta sus propios riesgos para la salud. «Si la persona que vive sola solía salir y tener contacto social, el aislamiento puede influir negativamente en su estado de ánimo, favoreciendo ciertos estados depresivos», señala la experta en psicología y envejecimiento de la UOC Montserrat Lacalle. "No hay que olvidar –añade– que ser población de riesgo les puede llevar a tener una percepción más negativa de la situación, con un aumento de la sensación de vulnerabilidad y miedo".

Para gestionar el aislamiento y reducir la angustia, Lacalle recomienda a la gente mayor pensar que es una situación puntual que, a pesar de su importancia, pasará. Se trata de procurar mantener la paciencia y ver que es un hecho temporal. "Hay que poner el pensamiento en el mañana. A menudo, cuando la realidad del momento no es agradable, pensar en lo que encontraremos cuando termine nos puede ayudar", señala.

Mantener la comunicación con los familiares y amigos también es clave. "Deben evitar encerrarse en sí mismos y procurar un contacto regular con amigos y familiares ya sea por teléfono o videoconferencia", remarca Pérez. Hay una parte importante de la población mayor, casi el 50% de los mayores de 65 años, que ya se conecta a internet desde su casa y en la mayoría de los casos lo hacen a través de su móvil. En un colectivo para el que WhatsApp es la aplicación preferida, es importante que en situaciones excepcionales como esta se acentúe el uso de esa herramienta como canal de sociabilización.

Para aquellos que navegan por internet, es un buen momento para entrar en contacto con comunidades virtuales para compartir intereses: libros, cine, cocina, fotografía, etc. Y también es una oportunidad para aprender a hacer cosas nuevas a través de la red, por ejemplo, apuntarse a algún curso de pintura o de escritura.

"Un enemigo del aislamiento es la inactividad", advierte Lacalle. Por lo tanto también es clave planificar las tareas a realizar cada día, aunque muchas de ellas puedan ser a nivel doméstico. "Aunque sean actividades menores, el objetivo es evitar la inactividad que puede desembocar en un bajo estado de ánimo", añade. Como también apunta Pérez, se procurará seguir unas rutinas cada día: respetar el horario de levantarse, de irse a dormir, de las comidas, entre otras cuestiones.

Las tareas domésticas, más allá de ayudar a mantener la mente ocupada, también son una forma de ejercicio físico: hacen que las personas se muevan por casa y que circule la sangre. Para contribuir a mantener una salud general, Lacalle recomienda, además, pasear diariamente, en la medida de lo posible, por los diferentes espacios de la casa.

Y sobre todo, evitar la exposición excesiva a información sobre el coronavirus. "Está bien mantenerse informado, pero hay que elegir medios de comunicación contrastados y reservar unos momentos concretos para hacerlo. También es necesario saber desconectar de las noticias", concluye Pérez.
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Aislamiento en casa por coronavirus: cuanto más tiempo estemos ocupados, menos lo estaremos preocupados


Un catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid responde a las dudas sobre los efectos del confinamiento por COVID-19.
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Desde el miércoles es una realidad: el COVID-19 es una pandemia, según la Organización Mundial de la Salud. Las autoridades mundiales piden calma, pero también responsabilidad. Ante la amenaza de contagiarse o contagiar, muchas personas sienten malestar. ¿Puede catalogarse como estrés o ansiedad? Juan José Miguel Tobal, Catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, responde a esta cuestión y a otras como la gestión del aislamiento en casa, los efectos de la sobreinformación o las consecuencias en el estado de ánimo de la tercera edad.

¿Cuándo podemos decir que la crisis del coronavirus pasa de importarnos a generarnos estrés o ansiedad?

Ante una situación como la que estamos viviendo, se dan todos los componentes. Lo primero que hay que aclarar es si la ansiedad y el estrés son lo mismo. La ansiedad es una emoción normal, como la alegría o la tristeza, que todos sentimos a lo largo de la vida. ¿Cuándo se produce? Cuando percibimos un peligro o amenaza con independencia de que sea más o menos real. Las informaciones continuas sobre el coronavirus hacen que se esté percibiendo como una amenaza importante. Esto produce una reacción que tiene, por un lado, sentimientos subjetivos de aprensión y agobio y, por otro, un componente orgánico y fisiológico importante con síntomas vinculados a todos los sistemas: aceleración cardíaca, cambio de ritmo respiratorio, tensión muscular, problemas digestivos o dolor de cabeza, así como comportamientos desajustados y poco adaptativos.

¿Y el estrés?

Por su parte, el estrés se entiende como un síndrome que aparece cuando vemos que nuestra capacidad para adaptarnos a algo es inferior a lo que esperamos. Se puede dar en el trabajo cuando nos saturamos o en la vida cotidiana cuando se nos pide algo para lo que no estamos preparados, en todo caso cuando las demandas sobre la persona son superiores a su capacidad para hacerles frente. Comparte con la ansiedad elementos comunes como aceleración cardíaca, tensión muscular o problemas cardiorrespiratorios.

¿Están detrás de comportamientos como la compra compulsiva de productos?

Hay datos más que suficientes para que las personas perciban esta situación como una amenaza a su propia existencia y a la de su entorno. En las últimas décadas, la Psicología ha estudiado mucho qué sucede en situaciones de crisis, desde accidentes nucleares hasta atentados terroristas o catástrofes naturales. Se genera una aprensión importante y existe una tendencia a acaparar todo lo que sea necesario. Es lo que está sucediendo en los supermercados, a pesar de que tengamos la garantía de que va a haber productos suficientes. Esto alimenta más el temor. La ansiedad es muy similar al miedo. En estas situaciones de crisis los temores se disparan. ¿Qué pasará? ¿Y si enfermo? ¿Compro más cosas hoy por si mañana no puedo salir? También se conocen otras reacciones como el aumento de consumo de alcohol, tabaco o fármacos.

En los últimos días, principalmente en las zonas de riesgo como Madrid, se pide a los ciudadanos que eviten, en la medida de lo posible, salir de casa. ¿Algún consejo para abordar, desde la Psicología, ese aislamiento?

Sería importante establecer cuanto antes algún tipo de rutina que, en lo posible, sea satisfactoria. Conviene también la realización de actividades agradables como escuchar música, lectura, ver la televisión o dedicar tiempo a mejorar la comunicación con las personas con las que convivimos. Cuanto más tiempo estemos ocupados, menos tiempo estaremos preocupados.

Ese estrés y esa ansiedad se ven agravados, por ejemplo, en la conciliación en casa con el cierre de los colegios

Aquí hay una situación que tiene una doble lectura. Parecen evidentes las medidas que se han tomado para evitar contagios. Respecto a los centros escolares, el gran problema en una ciudad como Madrid es que, en la mayoría de los casos, ambos padres trabajan y no tienen a nadie para atender a los más pequeños. Una opción es la de los abuelos, pero en este caso se da un elemento un tanto perturbador: son justamente el colectivo más vulnerable.

¿Influirá también a la conciliación el teletrabajo?

Para algunos será algo favorable y para otros será un suplicio. Hay datos orientativos, aunque esto se conocerá cuando se hagan estudios de la situación dentro de un tiempo. Cuando las personas tienen que convivir más tiempo del habitual, a veces aumenta la conflictividad familiar y parece que hasta el número de divorcios, como sucede en las vacaciones de verano y en Navidad.

¿Cómo afecta al colectivo más vulnerable, las personas mayores, la restricción de visitas de sus seres queridos?

Las personas mayores con algún tipo de discapacidad suelen ser muy sensibles con el afecto que les trasmiten los suyos con las visitas y los acompañamientos. El reducir eso va a hacer que muchos se sientan un poco abandonados. Si la persona mayor depende de otros para la movilidad o padecen déficit cognitivo, muchas veces viven a la espera de esa visita. Y cuando no llegan un día, otro y otro, se convierte en una fuente importante de sufrimiento y pueden tender a la depresión.

En este escenario, ¿qué mensaje queréis transmitir los psicólogos?

Hay un mensaje que se está transmitiendo de manera continuada en los medios y es el de tratar de normalizar la situación. Es fácil decirlo, pero no tanto hacerlo. Ese mismo mensaje llega a personas que lo toman de forma coherente y responsable pero también a otras a las que les aparecen pensamientos como “no nos están diciendo toda la verdad”. Los “y si” son malos consejeros, detrás de uno aparece otro y lejos de tranquilizar, alteran más.

¿Cómo puede enfrentarse el individuo a la información constante que recibe sin alarmarse?

El problema no es que haya sobreinformación, sino discriminar la correcta de la no correcta. Esto ya pasaba antes del coronavirus. Las fake news pueden alcanzar una gran difusión y hasta hacer tambalear gobiernos. Una situación como esta, de alarma social, es un terreno abonado para todo este tipo de información. Cuanto más alarmista y preocupante sea lo que se cuenta, probablemente tendrá más difusión. Las redes sociales abren un territorio nuevo. Ahora mismo, sobre todo los más jóvenes, reciben la información a través de las redes y estas son absolutamente incontrolables. Las nuevas tecnologías tienen unas ventajas indudables, pero generan también daños colaterales aún no resueltos, en este ámbito y en otros.

En las redes también hay sitio para el humor. ¿Podríamos decir que es un mecanismo de defensa del ser humano ante la amenaza?

Es una manera de hacer menos ingrata la reacción de temor. El humor, especialmente en países mediterráneos como el nuestro, se utiliza mucho para combatir algo que nos genera malestar. Hacer chistes o bromas, en último extremo, puede servir para minimizar ese malestar.
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Científicos analizan cómo cambia nuestro cerebro la formación musical


Un estudio desarrollado por la Universidad de Granada, en el que participa la Universidad Politécnica de Madrid, evidencia diferencias en las áreas cerebrales que se activan en músicos frente a personas sin formación musical cuando realizan tareas de creatividad musical.
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Mucho se ha hablado de los beneficios de la música. Es buena para mejorar la atención y el aprendizaje, mejora el estado de ánimo, favorece la memoria e incluso mejora la coordinación. Pero, ¿te has planteado alguna vez que la formación musical podría modificar el funcionamiento de tu cerebro? Esa es la idea de la que partía y que ahora ha confirmado un trabajo de investigación realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Educación y del Centro de Investigación Mente y Cerebro (CIMCYC) de la Universidad de Granada, en el que ha participado el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

“Nuestra intención era comprender qué pasaba en el cerebro de los músicos cuando improvisan una pieza musical, por qué ellos pueden realizar con naturalidad esa tarea creativa que supone todo un desafío para el resto de las personas”, explica Juan Verdejo Román, investigador del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional, con sede en el CTB-UPM que ha participado en este estudio.

Para comprobarlo, los investigadores diseñaron un experimento en el que se pedía a personas con formación musical y sin ella que llevasen a cabo tareas de improvisación musical al tiempo que se utilizaba la resonancia magnética funcional para observar cuáles eran las regiones cerebrales que se activaban en cada una de ellas.

“Nuestro trabajo ha demostrado que los músicos, cuando realizan tareas de creatividad musical, muestran activaciones cerebrales diferentes que personas sin conocimientos musicales. Específicamente, presentan mayores activaciones de regiones motoras, prefrontales izquierdas, así como de la ínsula y la región parietal inferior. Al mismo tiempo muestran mayor desactivación de áreas del DMN (Default Mode Network)”, señala el investigador del Centro de Tecnología Biomédica.

Más tiempo de improvisación, más activación cerebral

El trabajo, que forma parte de la tesis doctoral de Marcela Pereira Barbosa, de la Universidad de Granada, señala, además, que las áreas cerebrales relacionadas con la improvisación musical son diferentes según la experiencia musical. “En el caso de los músicos, se ha encontrado una correlación entre el tiempo de improvisación y la activación del área suplementaria motora. Sin embargo, en los no músicos el tiempo de improvisación se asoció con la activación de la ínsula”, explica la investigadora de la UGR.

Estos resultados no solo demuestran que la actividad cerebral ante la tarea musical es distinta en función de la experiencia musical, sino también que el tiempo que se dedica a la improvisación musical influye en la activación de diferentes áreas cerebrales. “En los músicos se relaciona con regiones motoras responsables de la planificación motora y el control cognitivo, mientras que en los participantes sin experiencia musical se relaciona con la ínsula, una región implicada, entre otras funciones, en la integración multisensorial de la información y procesamiento emocional”, añade Purificación Pérez-García, directora de la tesis, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada y otra de las participantes en este trabajo junto con Miguel Pérez García, del CIMCYC.

La importancia de este trabajo, que ha sido publicado en Scientific Reports, radica en que se ha logrado diseñar una tarea específica para discriminar la creatividad musical, con la peculiaridad de que se puede realizar en un equipo de resonancia magnética, permitiendo registrar la actividad cerebral asociada. Esta tarea podrá ser utilizada en futuros estudios de neuroimagen para estudiar la activación cerebral asociada a la creatividad musical en músicos u otro tipo de población.

Asimismo, pone de manifiesto el modo en que la formación musical puede modular el funcionamiento del cerebro. “Consideramos que es importante que la sociedad conozca los beneficios psicológicos de la práctica musical y que dichos beneficios son el resultado de los cambios cerebrales que la música produce en el cerebro. Por tanto, este estudio ayudará, junto con otros, con resultados en la misma línea, a que la sociedad conozca los beneficios de la práctica musical”, concluye Purificación Pérez-García.
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Referencia bibliográfica | Aquino, M., Verdejo-Román, J., Pérez-García, M. & Pérez-García, P. (2019). Different role of the supplementary motor area and the insula between musicians and non-musicians in a controlled musical creativity task. Scientific Report, 9:13006. doi.org/10.1038/s41598-019-49405-5
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