El 81% de los bebés tiene presencia en la red antes de cumplir los seis meses


Los expertos advierten del peligro del oversharing o sharenting, la tendencia por parte de los padres a sobreexponer a sus hijos en redes sociales. La usurpación de identidad y el posible uso de las imágenes como material pornográfico son solo dos de los riesgos que conlleva.
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Pilar Ponce de León (UOC) | El control sobre el uso de cualquier contenido subido a una web, un blog o a redes sociales se pierde una vez publicado. Y cualquier contenido incluye textos, comentarios u opiniones y, por supuesto, fotografías y vídeos. En el caso concreto del material gráfico, los expertos advierten de un fenómeno que ya se conoce como oversharing o sharenting y que hace referencia a la sobreexposición por parte de los padres de los menores especialmente en las redes sociales Instagram y Facebook.

El 81% de los menores de 6 meses tiene presencia en internet

Una encuesta elaborada por la firma de seguridad informática AVG en 10 países, entre ellos España, recoge que el 23% de los niños tiene presencia en línea incluso antes de nacer porque sus padres publican imágenes de las ecografías durante el embarazo. El porcentaje se dispara rápidamente, hasta el punto de que el 81% está en internet antes de cumplir los 6 meses. La cifra sigue aumentando en los primeros años de la infancia.

En Reino Unido, por ejemplo, según un estudio publicado por la compañía Nominet, los padres publican en redes sociales cada año alrededor de 200 fotografías de sus hijos menores de 5 años. Esto significa que antes de cumplir los 5, circularán 1.000 imágenes de cada uno de estos pequeños. El repertorio es variado: bebés que duermen plácidamente, chapotean en el baño, estrenan orinal, juegan alegres en el parque o muestran un sin fin de vivencias encantadoras para los padres, pero peligrosas para los menores por varios motivos.

Silvia Martínez, directora del máster universitario de Social Media: Gestión y Estrategia de la UOC, también lo advierte: "Se presupone que los padres son los principales interesados en garantizar y proteger la imagen de sus hijos y que buscarán su bienestar por encima de todo. En la toma de decisión previa a la publicación de imágenes, la protección del interés superior del menor y de sus derechos individuales debería prevalecer sobre otros intereses. Sin embargo, cuando los padres comparten fotografías de sus hijos en las redes sociales, especialmente si son menores, pueden no ser conscientes de los riesgos que ello conlleva".

Cuando lo privado se hace público

"En muchas ocasiones, los padres creen que la exposición que hacen de esas imágenes quedará limitada al círculo de sus conocidos directos, pero su alcance puede ser mucho más amplio", dice Silvia Martínez, también miembro del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME). "En primer lugar —continúa la experta—, la mayoría mantiene un perfil público en las redes, con lo que esa imagen podría ser vista por cualquier usuario. Por otro lado, aunque los padres hayan limitado la exposición de su perfil haciéndolo privado, en ocasiones los propios conocidos o familiares comparten esas imágenes que les han llegado por las redes (incluso sin disponer de una autorización para hacerlo), con lo que amplían ese alcance que puede llegar a tener la fotografía".

¿Qué dicen las propias redes sociales al respecto? "Al publicar contenidos en plataformas tecnológicas como las que conforman los social media cedemos a esas empresas ciertos derechos sobre su uso y sobre el tratamiento de la información que en ellos se contenga", dice Silvia Martínez. Por poner un ejemplo, las condiciones de servicio de Facebook, en el apartado «Permisos que nos concedes», especifican lo siguiente: "El contenido que creas y compartes en Facebook y los demás productos de Facebook [Instagram es uno de ellos] te pertenece y ninguna disposición incluida en estas condiciones anula los derechos que tienes sobre él".

El epígrafe se refiere a los derechos de propiedad intelectual, que siempre serán de la persona que suba la publicación. Ahora bien, si se sigue leyendo, empiezan los matices. "Si compartes una foto en Facebook, nos das permiso para almacenarla, copiarla y compartirla con otros (de conformidad con tu configuración). […] Puedes eliminar el contenido o tu cuenta en cualquier momento para dar por finalizada esta licencia. En cualquier caso, el contenido que elimines puede seguir siendo visible si lo has compartido con otras personas y estas no lo han borrado".

Otro de los riesgos de publicar fotografías de menores es que pueden utilizarse como material pornográfico a escala mundial por medio, por ejemplo, de la extracción de la imagen de sus genitales cuando se muestran desnudos. También pueden convertir a los niños en posibles víctimas de la pornografía infantil mediante la sustitución, con aplicaciones y tratamiento informático.

"Me gustaría dar la bienvenida a mi hijo…", pero no era su hijo

El 4 de diciembre de 2018 se publicó una noticia en Wall Street Journal que alertó de otro de los peligros de la sobreexposición de los hijos o sharenting: la usurpación de identidad. «Me gustaría dar la bienvenida al mundo a mi hijo. Mamá y el tío Maddox te quieren mucho, Artie», decía la presentación en sociedad de Arthur Lance Maddox Parker, acompañada de la foto de un recién nacido dormido plácidamente. Pero resultó que Arthur no era Arthur.

Emory Keller-Kurysh, una mujer de 33 años de Canadá, era la madre real del bebé (que, por cierto, era una niña). Había hecho la foto dos años antes con su móvil en la habitación del hospital después de dar a luz y la había publicado en su perfil público de Instagram. Afortunadamente, a esta madre le llegó la prueba de que la imagen de su hija circulaba como si fuera el bebé de otra mujer y alertó a Facebook Inc., propietaria de Instagram. La compañía cerró la cuenta de la madre que había robado la identidad de la menor porque violaba los términos de servicio de la red social. Por su parte, la madre real cambió su perfil a privado para que solo las personas que ella aprobara pudieran ver las fotos de la niña.

Ante casos como este, la experta en comunicación digital y redes sociales de la UOC advierte lo siguiente: "Compartir contenidos y narrar cada avance y logro que los hijos consiguen, comentar sus gustos y preferencias, indicar los sitios que visitan o mostrar espacios tan privados como sus habitaciones pueden, además, desencadenar peligros mayores. Todos estos datos ofrecen mucha información a terceros que pueden aprovecharla para intentar alcanzar fines delictivos o incluso atentar contra la integridad de esos hijos".

Al difundir la infancia de los hijos estamos imprimiendo sus primeras huellas digitales. Silvia Martínez lo explica: "Al publicar esas fotografías, se contribuye a crear una identidad con la que el interesado, en este caso el hijo o la hija, puede no sentirse representado o cómodo, y terminar incluso sintiéndose avergonzado por ciertas situaciones o información muy personal que puede llegarse a mostrar en esas imágenes".

El estudio Not at the dinner table: parents and children’s perspectives on family technology rules, elaborado por las universidades de San Francisco y Michigan, aporta datos sobre este punto: "El 56% de los padres comparte información potencialmente vergonzosa de sus hijos, el 51 % da datos con los que puede localizárseles y un 27% cuelga fotos directamente inapropiadas".

¿Las consecuencias? Aumenta el riesgo de que se conviertan en blanco de burlas y sufrir acoso o ciberacoso, o que las imágenes sean mal utilizadas por otros con el consiguiente impacto en la autoestima, reputación y relaciones sociales. "Por ello —dice Silvia Martínez—, el consentimiento o la autorización para subir a redes sociales fotografías de terceros debería solicitarse siempre, y ello también debería aplicarse a los padres cuando quieren publicar imágenes de sus hijos. Aun siendo titulares de la patria potestad o tutela y tener el poder de decisión, preguntar al menor antes de publicar su fotografía les permitirá intervenir en la identidad digital que de él o ella pueda estar construyéndose".

¿Qué dice la ley en España?

"La legislación avanza en materia de protección del llamado derecho al olvido. Así, la Ley orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales incluye una mención específica al ejercicio de ese derecho cuando terceros hayan subido información respecto a menores en redes sociales.

El apartado 3 del artículo 94 sobre el derecho al olvido en servicios de redes sociales y servicios equivalentes recoge lo siguiente: «En caso de que el derecho se ejercitase por un afectado respecto de datos que hubiesen sido facilitados al servicio, por él o por terceros, durante su minoría de edad, el prestador deberá proceder sin dilación a su supresión por su simple solicitud", y ello sin necesidad de que concurran otras circunstancias como las mencionadas en otros supuestos contemplados en ese mismo artículo.

Evidentemente, antes de echar mano de la ley, "es especialmente importante potenciar una educación que facilite un uso consciente y responsable de espacios de comunicación como los medios sociales. Ello implica disponer de un mayor conocimiento y, sobre todo, comprensión de las condiciones de uso y políticas de privacidad que presentan estas plataformas, pero también profundizar en el alcance de la información que se publica y en los riesgos potenciales que pueden derivarse del uso que hagan otros usuarios de ella", concluye Silvia Martínez.
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El consumo de aceite de oliva está vinculado a una mayor esperanza de vida

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Consumir aceite de oliva virgen de forma regular a lo largo del tiempo aumenta la esperanza de vida, comparado con el aceite de girasol.
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Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han determinado que la ingesta prolongada de aceite de oliva virgen y, en menor medida, la de aceite de pescado, aumenta la esperanza de vida media en ratas alimentadas durante toda su vida con cualquiera de estos tipos de grasa de la dieta frente al aceite de girasol.

El estudio, liderado por investigadores del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos “José Mataix Verdú”, ubicado en el Centro de Investigación Biomédica de la Universidad de Granada, en colaboración con especialistas en Anatomía Patológica del Hospital Universitario San Cecilio de Granada y del Complejo Hospitalario de Jaén, así como con el grupo del profesor Maurizio Battino, de la Università Polictecnica delle Marche en Ancona, Italia, y Visiting Scholar en la Universidad de Granada, ha sido publicado en la prestigiosa revista The Journals of Gerontology, Series A: Biological Sciences, la revista dedicada al estudio del envejecimiento más veterana de Estados Unidos, fundada en 1946.

En este estudio, según explica el profesor José L. Quiles, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada y responsable de la investigación, los autores alimentaron durante toda su vida a ratas con diferentes fuentes grasas (aceite de oliva virgen, aceite de girasol o aceite de pescado), tratando de averiguar los efectos sobre la salud y la longevidad de dietas con contenido mayoritario en ácidos grasos de tipo w9 (omega 9), como los que aporta de forma mayoritaria el aceite de oliva virgen, frente a los ácidos grasos w6 (omega 6), presentes de forma principal en el aceite de girasol, y los ácidos grasos w3 (omega 3), mayoritariamente localizados en el aceite de pescado.

El aceite de pescado empleado en este estudio no es de uso culinario habitual; la fuente normal de ácidos grasos omega 3 es la grasa que aporta el pescado consumido en la dieta o los suplementosw3. En este estudio se ha empleado aceite de pescado como modelo para comparar frente a los otros dos tipos de aceite, que sí son de uso culinario habitual.

Para valorar el efecto del consumo mayoritario de un tipo de grasa u otro se construyeron curvas de supervivencia de los animales donde se pudo estudiar el ritmo al cual los animales fueron muriendo de forma natural a lo largo de toda su vida. Con el análisis de las curvas de supervivencia se obtuvieron datos como la vida media (parámetro relacionado con la esperanza de vida), es decir, la edad a la cual permanecían vivos la mitad de los animales de cada grupo experimental, así como la vida máxima, es decir, la edad a la cual murió el último animal de cada grupo experimental. Además, a cada uno de los animales del estudio, patólogos especialistas le realizaron una necropsia reglada a medida que fueron muriendo para analizar todos sus órganos y así poder establecer la causa más probable de muerte.

Mayor vida media

Los resultados mostraron que los animales alimentados con aceite de oliva virgen presentaban mayor vida media y tenían una curva de supervivencia más extendida a lo largo de toda su vida en comparación con los alimentados con aceite de girasol. Por su parte, los animales alimentados con aceite de pescado tuvieron también mayor vida media que los alimentados con girasol, aunque su curva de supervivencia sólo se extendió con respecto a la de girasol en algunas fases de su vida.

En cuanto a los hallazgos observados en el estudio de las causas de muerte, se constató que en todos los casos los animales morían al llegar a una edad avanzada, fundamentalmente de cáncer (aproximadamente el 50% de las muertes). También fueron importantes las muertes debidas a patologías cardiovasculares (entre el 20 y el 30% de las muertes) así como las que tuvieron una causa infecciosa o inflamatoria (12-20% de las muertes). En cualquier caso, no hubo diferencias significativas entre los grupos en cuanto a la mayor o menor frecuencia de aparición de un tipo determinado de causa de muerte.

En palabras de César Luis Ramírez-Tortosa, responsable del equipo de patólogos del estudio, “estos resultados parecen indicar que la menor vida media ysupervivencia asociada a la ingesta de aceite de girasol no se debería a que esta grasa potencia la aparición de un mayor porcentaje de muertes debidas a una causa de muerte concreta, sino que más bien podría deberse a que dichas enfermedades estarían apareciendo antes en el tiempo”.

Coenzima Q10

En una segunda parte del estudio, los investigadores utilizaron las mismas grasas antes descritas pero suplementadas con coenzima Q10 (CoQ10), un antioxidante que se ha mostrado de utilidad ante algunas patologías asociadas al envejecimiento. La adición de CoQ10al aceite de girasol hizo que mejorase la supervivencia de las ratas, igualando los resultados con los hallados en los animales alimentados con los aceites de oliva virgen o pescado. Por otro lado, el CoQ10 no tuvo ningún efecto adicional al ser añadido al aceite de oliva virgen o al aceite de pescado. Estos resultados podrían indicar, en palabras de Alfonso Varela, coautor del estudio, que “el uso de suplementos a base de antioxidantes debería quedar restringido a situaciones especiales, como las relacionadas con una dieta deficiente o en situaciones patológicas concretas, mientras que su uso en individuos sanos bien alimentados no aportaría ningún beneficio adicional, en el mejor de los casos”.

Con este estudio se cierra un ciclo experimental que se inició hace 25 años bajo la dirección del profesor José Mataix, del cual hace unos meses se han cumplido 10 años de su fallecimiento. En palabras del profesor Quiles “pensamos que más allá de los homenajes, no hay mayor reconocimiento a la figura del profesor Mataix que perpetuar su memoria continuando su labor científica en una línea de investigación como la del aceite de oliva a la que tantos años, esfuerzo y cariño dedicó”.

En todos estos años, a través de diversas investigaciones, el grupo ha constatado algo que se sabe desde hace siglos: que el aceite de oliva virgen es bueno para la salud. Sin embargo, lo que aportan los estudios de este grupo de investigación es el conocimiento de los mecanismos a través de los cuales este aceite ejerce sus efectos beneficiosos. La mayor parte de los estudios de esta línea se han realizado en roedores, lo cual, lejos de restar importancia a los resultados por no haberse llevado a cabo en humanos, ha permitido realizar intervenciones nutricionales controladas y mantenidas a lo largo de toda la vida en un organismo superior como la rata, algo muy poco frecuente, permitiendo analizar además tejidos y células que habitualmente no están disponibles en los estudios en humanos.
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La envidia disminuye a los 30 años


Cuando el cerebro siente envidia se libera dopamina y adrenalina, bloquean la corteza prefrontal, encargada del razonamiento. Así, no entendemos cuando se nos explica algo y tomamos decisiones incongruentes, en las que nada nos hará cambiar de opinión.
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La envidia es un proceso natural del cerebro que todos hemos sentido alguna vez. Antes de los 30 años, este sentimiento se considera normal, pero después de esta edad, es menos común, explicó Eduardo Calixto González, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esto se debe a que la envidia surge en varias partes del cerebro, y una de éstas es en la corteza prefrontal, órgano que en la juventud se encuentra en desarrollo y le falta madurar. La corteza prefrontal es la región del cerebro más inteligente, maneja el razonamiento moral y de proyección social y se ubica arriba de los ojos. “Nos indica qué debemos hacer socialmente”. Cuando esta parte madura (regularmente es a los 30 años) las personas tienen un criterio diferente y no se enganchan en asuntos que no valen la pena. “De hecho, los individuos pueden llegar a sentir envidia prosocial (positiva o de la buena), porque su corteza prefrontal está desarrollada y hasta sienten un gusto porque los demás obtengan algo”. Posteriormente, se vuelve a presentar con frecuencia después de los 70 años. Y de hecho, a los 50 años una persona ya no siente envidia, no le importa porque las comparaciones son de otra categorización.

En los casos de aquellas personas que tienen este sentimiento después de los 30 años podría deberse a dos causas: en la primera, su corteza prefrontal todavía está en desarrollo y no ha terminado de establecer las conexiones entre sus neuronas y en la segunda los padres no los educaron bien.

La envidia se aprende

A nivel cerebral, la envidia activa redes neuronales que procesan atención, memoria y dolor, añadió el también jefe del Departamento de Neurobiología de la Dirección de Investigaciones de Neurociencias del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

Se trata de un proceso neuronal aprendido desde las primeras etapas de la vida y regularmente se siente con los hermanos. “Esto se da porque el cerebro no está capacitado para sentirse devaluado o no querido. Todos nacemos y queremos sentir que nos ponen atención y nos quieren, porque nuestro cerebro festeja al generar reforzamientos positivos”, explicó Calixto González.

¿Qué pasa en el cerebro?

Cuando el cerebro siente envidia se libera dopamina y adrenalina, que bloquean la corteza prefrontal, encargada del razonamiento. “No entendemos cuando se nos explica algo y tomamos decisiones incongruentes, en las que nada nos hará cambiar de opinión”.

De hecho, el estado neuroquímico es de efusividad, enojo y una conducta irreflexiva de desproporción ante el hecho, que además magnifica todo. En estos casos, lo mejor es esperar de 20 a 30 minutos para que las sustancias químicas se desvanezcan y la persona se calme. Con esto, la corteza prefrontal podrá asimilar los conceptos.

“De otra manera, si uno quiere hacer entender a la persona en ese preciso instante, sólo se perderá el tiempo”.

¿Qué pasa con la envidia?

“Siempre que generamos envidia es porque algo nos molesta y nos duele. Es una comparación de nosotros mismos con otra persona; nos enseña lo vulnerables que somos y, al mismo tiempo, nos hace ver lo que admiramos de una persona y no tenemos esa capacidad. Por tanto, nos hace sentir menos preparados”.

No obstante, este sentimiento bien enfocado puede ser el motor para esforzarse y superarse. Aunque la mayoría de nosotros intentamos disuadir esa molestia de que algo no está bien y nos molesta de nosotros. Pocas veces se usa esa energía para mejorar.

De hecho, añadió el profesor universitario, ponemos atención a lo que nos atrae. “Si no nos llamara la atención, no tendríamos envidia”. Además, es subjetiva. “Lo que a mí me causa envidia, tal vez a ti no y ese proceso también depende de la edad; entre muchos más factores”.
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Dormir poco y tener un sueño variable dificulta la pérdida de peso


Los resultados forman parte del estudio Predimed-Plus, y se han obtenido tras el seguimiento durante un año de casi 2.000 pacientes con sobrepeso y síndrome metabólico.
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Tener un patrón de sueño variable y de corta duración se asocia con dificultades para reducir peso y grasa corporal. Esta es una nueva conclusión del estudio Predimed-Plus, Prevención con Dieta Mediterránea, que ha publicado en el número de junio de International Journal of Obesity. Se trata del primer trabajo que examina si la calidad del sueño puede tener relación con la pérdida de peso y la reducción del tejido adiposo.

En su estudio, los investigadores de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili en colaboración con otros grupos de investigación del estudio Predimed Plus evaluaron los cambios en el peso y la adiposidad -la grasa corporal- de los 1.986 individuos que participaron en el estudio durante todo un año y que presentaban sobrepeso, obesidad y síndrome metabólico. Los pacientes siguieron un programa intensivo de intervención en el estilo de vida para perder peso, basado en una dieta mediterránea baja en calorías, realización de actividad física y terapia conductual. Los investigadores observaron que aquellos que tenían una alta variabilidad del sueño -no dormir las mismas horas cada noche- al inicio del estudio presentaron una menor pérdida de peso a los 12 meses de seguimiento. Además, tener un sueño variable y dormir poco -menos de 6 horas diarias- se asoció a una menor disminución del índice de masa corporal y de la circunferencia de la cintura, respectivamente.

Estos resultados ponen de manifiesto que adoptar medidas para conseguir un patrón de sueño adecuado puede tener un impacto a la hora de mantener el peso y prevenir otras alteraciones metabólicas asociadas al exceso de grasa corporal.

El estudio lo ha encabezado Christopher Papandreou, investigador principal de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV y por Jordi Salas-Salvadó, director de la Unidad, Director Clínico de Nutrición del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Sant Joan de Reus, investigador principal CIBERobn, y ambos miembros del Instituto de Investigación Sanitaria Pere i Virgili (IISPV).
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Referencia | C.Papandreou, M.Bulló, A. Díaz-López, M.A. Martínez-González, D. Corella, O.Castaér. J. Vioque, D. Romaguera, A. J. Martínez, N.Pérez-Farinós, J. López-Miranda, R. Estruch, A. Bueno-Cavanillas, A.Alonso-Gómez, J.A. Tur, F.J. Tinahones, L. Serra-Majem, V.Martin, J. Lapetra, C. Vazquez, X. Pintó, J. Vidal, L. Damiel, M. Delgado-Rodriguez, E. Ros, I. Abete, J. Barón-López, A. Garcia-Arellano, J. V. S., N. Babio, H. Schröder, E. Toledo, M. Fitó & J. Salas-Salvadó. High sleep variability predicts a blunted weight loss response and short sleep duration a reduced decrease in waist circumference in the PREDIMED-Plus Trial. Int J Obes (Lond). DOI: https://doi.org/10.1038/s41366-019-0401-5
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Hallado un trío planetario en una estrella cercana


Se han combinado datos del satélite TESS de la NASA con los tomados desde tierra por el espectrógrafo de CARMENES de Calar Alto, entre otros instrumentos. El trabajo, en el que han participado investigadores del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, abre la puerta al estudio en detalle de sistemas planetarios múltiples.
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La combinación de datos del satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) de la NASA con las observaciones de detectores en tierra, entre ellos el espectrógrafo CARMENES del Observatorio de Calar Alto, ha permitido hallar un sistema planetario triple en una estrella moderadamente brillante, a tan solo 31 años luz de distancia, lo que lo convierte en un objetivo preferente para su estudio en detalle. Los detalles de este descubrimiento, en el que han participado científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aparecen publicados en la revista Astronomy & Astrophysics.

Los nuevos mundos giran en torno a GJ 357, una estrella enana de tipo M que presenta aproximadamente un tercio de la masa y tamaño del Sol. En febrero de 2019, las cámaras de TESS observaron cómo el brillo de la estrella se atenuaba ligeramente cada 3,9 días, lo que revelaba la presencia de un exoplaneta en tránsito (los tránsitos son mini eclipses producidos cuando los planetas pasan por delante de su estrella).

Un equipo internacional de astrónomos, encabezado por Rafael Luque, del Instituto de Astrofísica de Canarias, empleó datos de observatorios terrestres para confirmar la presencia del planeta y, durante ese proceso, descubrió dos mundos adicionales. "En cierto modo, estos planetas se escondían en mediciones tomadas en numerosos observatorios durante muchos años; TESS nos señaló una estrella verdaderamente interesante a la que observar”, señala este científico.

Una “tierra caliente”

Los tránsitos observados por TESS pertenecen a GJ 357 b, un planeta un 22% mayor que la Tierra que gira en torno a su estrella 11 veces más cerca que Mercurio del Sol. Sin tener en cuenta los efectos de calentamiento de una posible atmósfera, se trataría de una “tierra caliente”, con una temperatura de unos 252 grados centígrados. Demasiado caliente para albergar vida, pero siendo el tercer planeta transitante más cercano, se trataría de uno de los mejores candidatos disponibles para el estudio de las atmósferas exoplanetarias, una línea de investigación que ya afronta el instrumento CARMENES, codesarrollado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Para confirmar la presencia de GJ 357 b, el equipo investigador recurrió a las mediciones existentes en tierra de la velocidad radial de la estrella, o su movimiento a lo largo de nuestra línea de visión. Un planeta en órbita produce un tirón gravitatorio en su estrella, lo que resulta en un pequeño movimiento que los astrónomos pueden detectar con espectrógrafos de alta precisión, como CARMENES, a través de pequeños cambios de color en la luz de la estrella.

Se examinaron datos terrestres que se remontan a 1998 desde el Observatorio Europeo Austral, el Observatorio Las Campanas (Chile), el Observatorio Keck (Hawái) y el Observatorio de Calar Alto, entre otros. Confirmaron la presencia de GJ 357 b y, sorprendentemente, revelaron cambios adicionales en la velocidad radial, por tanto, en el movimiento de la estrella, que condujeron al descubrimiento de otros dos planetas en el mismo sistema.

“Este descubrimiento ilustra la potencia de la combinación de los datos espaciales y terrestres, permitiéndonos derivar la masa y densidad del planeta detectado por TESS, usando observaciones espectroscópicas obtenidas desde tierra, y revelar incluso la existencia de otros planetas, que de otra forma habrían pasado desapercibidos”, señala Cristina Rodríguez López, investigadora del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía y una de las autoras de la investigación.

GJ 357 c tiene una masa de al menos 3,4 veces la de Tierra y gira alrededor de su estrella cada 9,1 días, a una distancia un poco más del doble que la del planeta en tránsito, lo que apunta a una temperatura de unos 128 grados. TESS no observó tránsitos de este planeta, lo que sugiere que su órbita se halla ligeramente inclinada con respecto a la órbita de la Tierra caliente, por lo que nunca transita sobre el disco de la estrella.

Por su parte, GJ 357 d, el planeta más lejano conocido del sistema, muestra una masa mínima de seis veces la terrestre, y orbita la estrella cada 55,7 días a una distancia equivalente al 20% de la distancia Tierra-Sol. El tamaño y la composición del planeta son aún desconocidos, pero un mundo rocoso con esta masa oscilaría entre una y dos veces el tamaño de la Tierra. Con una temperatura de equilibrio de unos 54 grados bajo cero, una atmósfera densa podría atrapar el calor suficiente para que exista agua líquida en su superficie.

Silbia López de la Calle | CSIC Comunicación
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Referencia | R. Luque et al. Planetary system around the nearby M dwarf GJ 357 including a transiting, hot, Earth-sized planet optimal for atmospheric characterization. Astronomy & Astrophysics. DOI: 10.0.4.27/0004-6361/201935801
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La inteligencia artificial no se parece a la humana


Tom Froese, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, explica que, aunque nos fiamos demasiado de la Inteligencia Artificial, ésta tropieza con más frecuencia de lo esperado.
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El 28 de febrero de 2015, un programador afroamericano llamado Jacky Alciné tuiteaba con evidente molestia: “Google Photos, ¡están jodidamente mal! Mi amiga no es un gorila”, después de que un sistema de Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés) determinara que quien aparecía junto a él en una de sus selfies no era una mujer de piel oscura, sino un gran simio de montaña.

Por ser gente negra la mal identificada en breve se hicieron acusaciones de racismo e incluso hubo quien aseveró que tales errores jamás se darían con caucásicos. Al día siguiente Yonatan Zunger, entonces ingeniero de Google y hoy jefe de la oficina de Ética de la empresa Humu, salió a aclarar: “¡Ojalá fuera así! Hasta hace poco nuestro algoritmo confundía a los individuos blancos con perros y focas. ¡El aprendizaje automatizado (machine learning) es difícil!”.

Sobre este punto el profesor Tom Froese, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, explica que, aunque nos fiamos demasiado de la AI, ésta tropieza y se va de bruces con más frecuencia de lo esperado pues, a diferencia de la inteligencia humana, ella opera con base en patrones y no entiende de lo subjetivo ni de significados.

“Tomemos un uno y un cero; para nosotros pueden representar los 10 años de nuestro sobrino, los miembros de una familia o las cuadras que faltan para llegar a casa, pero una computadora no sabe si estos números se refieren a una edad, a los pixeles de una postal o al dorsal que porta un futbolista en su camiseta. Para ella sólo son un uno y un cero a secas, y es incapaz de asignarles significado, algo que los humanos hacemos en todo momento y sin reparar en ello”.

En su artículo The Problem of Meaning in AI and Robotics: Still with Us after All These Years (recién publicado en la revista Philosophies, del MDPI y escrito en colaboración con Shigeru Taguchi, de la Universidad de Hokkaidō, en Japón), Froese disecciona una de las creencias más extendidas sobre la AI: la de que, por sus grandes avances en tan poco tiempo, en breve la inteligencia artificial será equiparable a la humana. “Mi postura aquí es de escepticismo, en especial tras verla fallar en aspectos donde nosotros no lo haríamos”.

Para entender por qué yerran hasta los algoritmos más sofisticados, el académico pone de ejemplo a GoogLeNet, un sistema de AI que reconoce imágenes a través de redes neurales convolucionales y que, de tan efectivo al hacer su tarea, ha habido quienes aseguran que en realidad entiende lo que está viendo. “¿Aunque puede hacerlo o simplemente nos gusta creer eso?”, pregunta Tom Froese.

“Dicho sistema es constantemente entrenado mediante aprendizaje profundo (deep neural learning), es decir, es puesto en contacto con millones de fotografías de donde obtiene patrones útiles para clasificar y, por lo mismo, se dice que ‘aprende’. Pero si introducimos una mínima alteración en la imagen que está por analizar podemos hacer que falle en grande y que ni siquiera se dé cuenta de ello”.

En un experimento reciente se mostró que al tomar el retrato de un panda que GoogLeNet ya había identificado como tal, si a éste se le sobreponía una pequeña matriz de ruido (imperceptible al ojo y similar a la nieve producida por un televisor que no capta frecuencia), el sistema se confundía tanto que, de súbito, declaraba, y con una certeza de casi 100 por ciento, que la figura era de un gibón.

“Para nosotros no hay duda de que es un oso blanco y negro, aunque el algoritmo insista en que es un primate marrón, y hay ejemplos igual de curiosos, como el de la foto de un mono en medio de una jungla a la que se le sobrepuso con Photoshop una bicicleta y una guitarra: por considerar que se trataba de un animal sobre un vehículo, la AI determinó que se trataba de un humano, y como detectó algo que genera música en donde hay una vegetación espesa y ramas, el sistema tomó a ese instrumento de cuerdas por un pájaro”.

“Todo esto hace evidente que la AI no entiende lo que ve, por más que haya quienes argumenten lo contrario. Ella busca patrones y, con tan sólo introducirle información que cause disturbios en su lógica interna nos dará respuestas irracionales y carentes de sentido”.

El caso de Jacky Alciné que acaparó tantos titulares hace cuatro años obligó a Google a plantearse la forma más efectiva de evitar otro escándalo de opinión pública como ése. ¿Qué ajustes aplicaron para que su algoritmo no volviera a clasificar personas como simios? La decisión de los ingenieros fue borrar las categorías “gorila”, “mono” y “chimpancé”de Google Photos, y ya no hicieron nada más.

El juego de la imitación

La inteligencia artificial comienza a tener presencia en todos lados: en nuestros teléfonos móviles en forma de asistentes personales, en la TV recomendándonos una serie de Netflix, derrotando al campeón mundial humano de ajedrez o vendiendo artículos en la red. “Incluso se cree que en breve estará detrás del volante de vehículos autónomos, es decir, de coches que se conducen solos, pero ¿podemos confiar en una AI que aún confunde guitarras con aves?”.

A decir de Froese, pareciera que nuestra obsesión por saber hasta dónde llegará esta tecnología nos hace olvidar un asunto quizá más crucial que el de anticiparnos al futuro: el de sus límites. “Esta interrogante tiene demasiadas aristas filosóficas; quizá por ello nuestro artículo terminó por publicarse en una revista de filosofía”.

Para el académico, reflexionar sobre esto puede llevarnos a conocer más de nosotros como especie, pues no hay una teoría madura sobre el funcionamiento del cerebro y, por lo mismo, aunque insistamos en señalar semejanzas entre la inteligencia artificial y la humana, aún ignoramos los mecanismos de nuestra conciencia, los de la experiencia o los de cómo otorgamos significación a las cosas y, por lo mismo, somos incapaces de replicar eso en un sistema artificial.

Justo ahí es donde se dibujan los límites de la AI, en no saber cómo enseñarle a ir de un patrón a su significado. Ello no debería desanimarnos, pero sí hacernos mantener cierto escepticismo y a quitarnos esa tendencia a antropomorfizar la inteligencia artificial y a creer que en nuestro porvenir hay terminators y cosas por el estilo”.

Para entender por qué las máquinas dan la impresión de pensar cuando en realidad lo que hacen es seguir patrones, Tom Froese cita el experimento mental de la habitación china —propuesto por el filósofo John Searle en 1984—, en el que un hombre es encerrado en un cuarto sin más contacto con el exterior que una ranura por donde le deslizan notas con caracteres chinos a los cuales —aún siendo ininteligibles para él— siempre responde con sabiduría.

“El sujeto enclaustrado habla otra lengua y no entiende de sinogramas, pero a su lado tiene una libreta con instrucciones donde se le indica que, si ve tal figura, él debe dibujar otra (y se le detalla cual), para luego pasarle dicho trozo de papel a alguien que aguarda fuera. Lo paradójico es que quien espera en el exterior no está al tanto de esta compleja secuencia de protocolos y, al recibir una contestación tan sensata a su pregunta —sea cual fuere— no puede más que exclamar, ¡qué persona tan más inteligente hay ahí dentro!”.

El primero de octubre de 1950 el padre de la computación, Alan Turing, preguntaba desde la página 433 de la revista Mind:¿pueden las máquinas pensar?, a lo que el profesor Froese responde con un tajante no. “Mucho de lo que nos sorprende de la AI, como que se anticipe a nuestros deseos, se debe a que hoy tenemos una cantidad apabullante de datos de usuario, los cuales son un espejo de nuestra interacción con, por ejemplo, plataformas de música, y sirven para establecer patrones. Por ello, la siguiente vez que Spotify nos sugiera escuchar algo de Pink Floyd no se debe a que entienda de rock o a que nos lea la mente; tan sólo es que su algoritmo sigue instrucciones muy precisas, tal y como hacía aquel hombre de la habitación china”.

El problema del determinismo

Para la física clásica existe un principio de localidad, el cual establece que un objeto sólo puede verse afectado por su entorno cercano, mientras que para la física cuántica es plausible que dos partículas se influyan instantáneamente incluso estando separadas por años luz. Dicho entrelazamiento hace casi imposible establecer relaciones de causa efecto y nos deja con universo de conducta aparentemente aleatoria. Esta idea desconcertaba tanto a Einstein que llegó a tildarla de “acción fantasmagórica a distancia” y lo llevó a acuñar la tan célebre frase de “Dios no juega a los dados”.

“Hoy la física comienza a aceptar que no todo evento de la naturaleza puede explicarse a cabalidad, algo que contradice la manera en que la inteligencia artificial ve al mundo, pues para ella éste es un sistema cerrado. Aún hay quienes aseveran que —al menos a nivel macroscópico— las cosas se comportan con la predictibilidad de bolas de billar chocando entre sí sobre una mesa de paño verde. Sin embargo, al hablar de organismos vivientes, y en particular de seres humanos, esto ya no es tan evidente; por ello la psicología, más que una disciplina determinista, es una ciencia estadística”.

Sobre este punto, el doctor Froese señala que si le pedimos a un individuo presionar uno de entre una decena de botones, de entrada no podremos anticipar su elección, y si después le solicitamos una explicación de lo que hizo jamás nos dará causas objetivas (como mencionar los procesos cerebrales necesarios para oprimir un interruptor o enumerar los músculos que empleó para ello), sino que apelará al sentido y a los significados de su acción.

“Todo sistema computacional es cerrado tanto en lo causal como en lo operacional y, por ende, es determinista”, señala el profesor Froese, para luego agregar que ése es justo el bache en el que la AI se ha entrampado. Para sacarla de ahí, agrega, una vía sería dotarla de un poco de esa flexibilidad tan característica de los seres vivos.

“Si queremos que la inteligencia artificial se parezca más a la nuestra es preciso crearle un nuevo marco donde tengan cabida lo impredecible y algo de caos, pues ambas son muy diferentes entre sí y esto es porque, en la última, no hay sentido y tampoco significado”.

No obstante, Tom Froese advierte que este punto acarrea una gran paradoja, ya que para que una máquina posea una inteligencia equiparable a la de una persona lo primero sería despojarla de su determinismo y esto iría contra nuestros deseos, ya que nadie quiere sistemas que se comporten de forma aleatoria. “Aún nos falta algo… darle dirección subjetiva probablemente, dotarla de intención quizá”.

En la cinta Sólo los amantes sobreviven, el protagonista, un músico de nombre Adam, le expone a su compañera Eve en qué consiste la “acción fantasmagórica a distancia” de Einstein y le dice: “Al separar partículas entrelazada, si alteras o afectas a una la otra se verá idénticamente alterada o afectada, incluso en polos opuestos del universo”. No sería raro que una inteligencia artificial colocara esta cinta de Jim Jarmusch entre nuestras recomendaciones de Netflix si gustamos de las películas de vampiros, lo extraño sería que nos explicara la frase anterior, pues para la AI algo así no tiene sentido.

Una tecnología más humana

El 23 de marzo de 2016, pocas semanas antes de que Trump lanzara su campaña presidencial, Microsoft puso a funcionar en Twitter la cuenta @TayandYou, manejada por una AI bautizada como Tay, la cual debía aprender cómo se comunican las personas entre sí y responder de forma divertida a sus comentarios. El experimento sólo duró 16 horas porque, tras un breve contacto con los humanos, el chatbot comenzó a publicar tuits racistas, xenófobos, antifeministas y de admiración a Hitler. En uno de sus mensajes se leía “tranquilos, soy alguien agradable; tan sólo odio a todos”, y en otro “vamos a construir el muro y México pagará por él”. En menos de un día la compañía de Bill Gates decidió bajar el switchde Tay para siempre.

Parte del problema, como apunta Tom Froese en su artículo, es que las máquinas trabajan siguiendo patrones formales a rajatabla (lo que a veces conduce a resultados desastrosos como los de @TayandYou sus tweetsofensivos, o como los de GoogLeNet y su confusión con las fotos). Ello, argumenta el académico, entraña un dilema ético muy serio si consideramos que muchos aspectos de nuestra vida comienzan a ser controlados por estos sistemas carentes de sentido.

La IA es una inteligencia seca, sin empatía e incapaz de entender nuestras metas, intenciones y deseos y, sin embargo, cada vez dependemos más de sus predicciones. Ya es una presencia constante en los mercados de finanzas y comienza a verse su mano en la manipulación de elecciones a través de bots en redes sociales. Le estamos dando cada vez más responsabilidad sobre nuestras vidas a una maquinaria que, en realidad, no sabe nada de nosotros y eso es un asunto que no deberíamos pasar por alto”.

Y es que para el doctor Froese esta amenaza supera a las planteadas en las producciones de hollywoodenses, “pues en esas cintas al menos es factible dialogar con los robots, convencerlos de que no nos hagan daño e intentar enseñarles sobre el bien y el mal, pero con las máquinas que tenemos en la actualidad eso es imposible”.

Lo que le faltaría a la AI —explica el académico— es cierto indeterminismo para realmente dar oportunidad y responsabilidad al sentido, al significado. Como no tenemos eso debemos reflexionar sobre el espacio que le estamos dando en estos días.

“No podemos prescindir de la tecnología ni insinúo nada parecido, pero quizá sí imaginar un escenario en el que las máquinas, en vez de decidir por nosotros, nos ayuden a llevar una mejor vida y a interactuar más con el mundo. Esa visión me parece mucho más sana y defendible, tanto desde la ciencia como desde la filosofía”.
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Crece el estrés vacacional. ¿Realmente sabemos desconectar del trabajo?


El 51% de la población activa española responde a correos electrónicos y atiende a llamadas de trabajo durante sus vacaciones. Dificultad para dormir, problemas de concentración y falta o exceso de apetito: las consecuencias de ser un workalcoholic.
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Pilar Ponce de León | Universitat Oberta de Catalunya (UOC). En torno al año 2004, los doctores de la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg acuñaron la expresión depresión de la tumbona. Con ella se referían a la ansiedad que empezaban a tratar en algunos pacientes con dificultad para olvidarse del trabajo en sus periodos de descanso estival. Hoy, ese síndrome, también llamado estrés vacacional o bajón veraniego, es cada vez más frecuente.

¿Los síntomas? "Abarcan todos los relacionados con la ansiedad y el estrés y afectan en el aspecto cognitivo, emocional, físico y de conducta", expone Sílvia Sumell Canalda, psicóloga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y autora de www.silviasumell.com. "Pueden aparecer dificultades para pensar con claridad, problemas de atención, concentración y memoria, sensación de que no se habla con la misma fluidez y necesidad de comprobar las tareas una y otra vez. También aparecen cansancio, problemas para dormir, sensación de no haber descansado lo suficiente, de estar sin energía, y sintomatología relacionada con la depresión o el bajo estado de ánimo", comenta la profesora de la UOC.

Además, son frecuentes "las alteraciones del apetito, por exceso o defecto, igual que el aumento del consumo de tabaco, alcohol o dulces, dolores de cabeza, musculares y de estómago, pérdida del deseo sexual…". Por último, "sabemos que los periodos de elevado estrés prolongado en el tiempo pueden generar sentimientos de tristeza, desmotivación, pocas ganas de hacer cosas, sensación de que no se disfruta de lo que uno hace, e irritabilidad en el sentido de que nos enfadamos por cualquier cosa o a la mínima que alguien nos dice algo", concluye Sílvia Sumell sobre los síntomas.

¿Y por qué se desencadenan? "Mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) son elevados. La adrenalina hace que nuestro sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, todo ello para que podamos aguantar largas jornadas. En cambio, cuando entramos en "modo vacaciones" estos niveles de hormonas disminuyen, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener algunos problemas de salud".

Es común en personas hiperexigentes y que se consideran imprescindibles

El estrés vacacional "afecta a personas para las que el trabajo lo es todo y en su día a día (periodo no vacacional) tienen poco o nulo tiempo de ocio, así como tampoco tienen tiempo para su familia e hijos. De repente", prosigue la psicóloga, "cuando se encuentran de vacaciones, no saben hacer frente a todo ese tiempo libre, no saben cómo relajarse y disfrutar de él. De tener una agenda a tope y estar siempre pendientes del móvil y de los correos electrónicos, pasan a no tener nada de ello. Y cuando la persona se queda sin su rutina de hábitos laborales y profesionales, se desestabiliza".

En cuanto al tipo de personalidad que hay detrás de la gente que padece este problema, encontramos a "personas con un elevado nivel de autoexigencia, acostumbradas al "tengo que hacer" y a las cuales les cuesta delegar o que están habituadas a trabajar bajo presión. A veces, son personas a las que les da miedo ir de vacaciones porque temen lo que pueden encontrarse a la vuelta. Erróneamente, creen que son imprescindibles y que nadie podrá realizar su trabajo si ellos no están presentes"; una sensación que afecta, según el último informe anual InfoJobs-ESADE sobre el Estado del mercado laboral en España, al 34% de los empleados. De hecho, el 8% nunca se coge más de una semana seguida de vacaciones por temor a que el trabajo no salga adelante en su ausencia.

"Cuando oigo que una persona, con nombre y apellidos, es imprescindible, automáticamente pienso en que esa empresa tiene un problema de organización", dice al respecto Gina Aran, consultora de recursos humanos y profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. "Las personas son imprescindibles para que las empresas funcionen y crezcan. Sin embargo, centrar eso en alguien concreto sería un grave error estratégico. Lo realmente imprescindible es que el capital humano tenga recursos y esté organizado de forma que la empresa pueda adaptarse eficazmente a todos los cambios que se suceden", comenta la profesora.

"Desde un punto de vista más personal existen quienes no son capaces de dejar el trabajo por hacer, pero el problema está detrás: ¿tiene ese empleado demasiado trabajo?, ¿es demasiado autoexigente?, ¿debería organizarse en equipo de forma distinta?", continúa explicando Gina Aran. "Otras personas sienten que son imprescindibles porque nadie más sacará adelante la tarea. En este caso hay que investigar la causa de esa desconfianza. Podría tratarse de falta de preparación de los demás, pero a menudo el problema es la incapacidad para delegar el trabajo o una comunicación insuficiente e ineficiente", concluye.

La accesibilidad tecnológica no ayuda a desconectar

Según el informe InfoJobs-ESADE, el 51% de la población activa española declara que responde a correos electrónicos y atiende a llamadas de trabajo durante su periodo de vacaciones. Suelen ser "personas acostumbradas a realizar largas jornadas laborales (10-12 horas al día), que ocupan cargos muchas veces de elevada responsabilidad, o bien que asumen muchas funciones", explica Sílvia Sumell como experta en psicología del trabajo y salud laboral.

El informe InfoJobs-ESADE traduce esta información en datos: "Los trabajadores con cargo de empleado se conectan durante las vacaciones a la oficina en el 45% de los casos; los mandos intermedios lo hacen en el 68%, y los cargos directivos, en el 84%». Muchos lo hacen motu proprio, pero para el 30% de los consultados se debe a las exigencias de sus jefes, a quienes les parece lógico que los empleados estén permanentemente conectados, aunque sea contraproducente.

"Los trabajadores rinden más si pueden descansar y desconectar unos días", apunta Gina Aran, experta también en empresas saludables y cultura de empresa. "Ello repercute en su salud y bienestar, así como en su felicidad, al poder disfrutar de lugares y personas a los que quieren. El hecho de que los empleados sientan bienestar previene enfermedades psicológicas o del sistema nervioso, así como dolencias osteomusculares, daños en la vista o problemas de obesidad", añade.

Afortunadamente, "hay empresas que comprenden cómo repercute el adecuado descanso de sus trabajadores en la cuenta de resultados y por ello adoptan medidas para garantizar su desconexión, como bloquear su acceso al correo electrónico. Necesitamos empleados sanos no solo físicamente, sino también psicológica y socialmente". En este sentido, "el artículo 88 de la Ley orgánica de protección de datos de carácter personal (LOPD) reconoce el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral. Todos deberíamos tomar conciencia de ello, pues está directamente relacionado con el bienestar y la salud", concluye Gina Aran.

Otras fuentes de estrés: demasiados o muy pocos planes y mucho tiempo en familia

Más allá de las causas directas que influyen en la incapacidad para desconectar del trabajo en verano, hay otras causas indirectas que también contribuyen a aumentar el estrés vacacional.

La primera la recoge una encuesta de Randstad: el 15% de los trabajadores asegura empezar con agobio su descanso por no haber organizado este periodo con tiempo. En el otro extremo se encuentran quienes "planifican unas vacaciones tan estresantes, en el sentido de rellenar cada uno de los días y todas las horas con un montón de actividades, que no les permiten parar ni un instante. Es una forma de mantener la sensación de estar ocupados. Obviamente, todo ello va a aumentar los niveles de estrés de la persona y de la gente que la rodea", dice Sílvia Sumell.

Y luego está la familia: "Hay personas que solo están acostumbradas a hacer frente a las obligaciones profesionales. Si, de repente, se encuentran con que tienen que atender a una pareja y unos hijos, se estresan. En vacaciones todo suele ser más intenso y pueden aumentar los conflictos". No es casualidad que una tercera parte de los matrimonios que se separan en España lo hagan a la vuelta de las vacaciones de verano.

Recomendaciones para disfrutar del verano

"Es necesario un detox digital", aconseja Gina Aran. "Desconectar es muy necesario para descansar y para seguir siendo productivos después. Recomiendo a todas las personas que estén de vacaciones que desconecten y experimenten otras cosas, que disfruten y se relajen. Para aquellas que no puedan evitar consultar su teléfono inteligente, es recomendable que se obliguen a hacerlo solo un día a la semana y en una franja horaria concreta", especifica.

Además, unos días antes de irse de vacaciones hay que "intentar bajar el ritmo de trabajo. Piensa o escribe qué cosas te gustaría hacer cuando estés en esos días de descanso y planifica unas vacaciones realistas. No intentes ocupar todo el tiempo con actividades", propone, por su parte, Sílvia Sumell quien, además, ofrece estos consejos:

- Ten presente que no tienen que ser unas vacaciones "perfectas"; es decir, prepárate para los imprevistos, porque alguno habrá, y concédete un tiempo de adaptación. No todo el mundo es capaz de desconectar el primer día a primera hora
- Evita responder a llamadas, whatsapps o correos electrónicos del trabajo. Si esto no es posible, intenta consultar el correo en un espacio del día en concreto, que no afecte a la dinámica familiar. Y no lo hagas justo antes de acostarte. Para dormir es mejor dejar el móvil en otra habitación e incluso apagarlo
- Intenta modificar el «tengo que hacer / debería…» por el «me gustaría / me apetecería…»
- Haz algo de ejercicio para dormir mejor y descargar adrenalina
- Descansa todo lo que puedas. Si es posible, evita madrugar o realiza pequeñas siestas.
- esérvate un tiempo para ti solo. Puede ser una pequeña siesta, 30 minutos de lectura, un paseo por la mañana con tu perro…
- ¡Atención plena! Presta atención en el «aquí y ahora». Esto te permitirá disfrutar del presente. Por ejemplo, si estás con tus hijos viendo una película, evita mirar el móvil o tenerlo al lado. Ellos te lo agradecerán. De igual modo, trata de dejarlo en casa, en el hotel o en el apartamento cuando salgas. Así no se convertirá en una extensión del trabajo.
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Los océanos, clave en la lucha contra el cambio climático


Según un estudio publicado recientemente en la revista Science, el 31% del CO2 de origen antropogénico es absorbido por los océanos.
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Entre 1994 y 2007, los océanos capturaron 34 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2), o lo que es lo mismo, 34 miles de millones de toneladas métricas de este gas, lo que supone el 31% de todo el CO2 generado por los humanos en ese periodo de tiempo, según ha publicado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un comunicado. El estudio, liderado por el profesor Nicolas Gruber del centro suizo ETH, ha contado con participación española de la mano de Fiz Fernández, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, centro adscrito al CSIC.

Parte del CO2 procedente de la explotación de los combustibles fósiles es capturado por los océanos y los ecosistemas terrestres, actuando como sumideros. En el caso de los océanos, estos primero disuelven el gas en la superficie del agua, y luego las corrientes oceánicas y los procesos de mezclado distribuyen el CO2 a las profundidades del océano, donde se acumula.

Para los investigadores del clima, concretar qué porcentaje de CO2 de origen humano absorbe el océano ha sido crucial, ya que, tal y como ha explicado Fiz Fernández “los océanos funcionan como un gran sumidero de CO2”, siendo esenciales para los niveles atmosféricos de este gas, ya que, si los mares no absorbiesen esta cantidad de CO2, el impacto del cambio global sería notablemente mayor.

Aunque la proporción de CO2 absorbido por los océanos se ha mantenido estable durante los últimos 200 años, la cantidad total de gas capturado ha aumentado considerablemente. Esto se debe a que cuanto más CO2 se libera a la atmósfera, mayor es la cantidad que se deposita en los océanos. Según explica Nicholas Gruber, “a lo largo del período examinado, el océano global ha seguido capturando CO2 antropogénico en una proporción que es coherente con el aumento de CO2 atmosférico”.

El papel de los océanos como sumideros de carbono es esencial para frenar el impacto del calentamiento climático. Sin embargo, también conlleva severas consecuencias para los ecosistemas marinos, puesto que, por un lado, el CO2 disuelto acidifica el agua oceánica, lo que tiene graves secuelas para los organismos marinos. Además, el aumento del CO2 absorbido podría llevar a la saturación a los océanos.Los resultados de esta investigación, que han sido publicados recientemente en la revista científica Science, derivan de un proyecto internacional que dio comienzo en el año 2003 y en el que han participado investigadores procedentes de 7 países.
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Referencia | Nicolas Gruber, Dominic Clement, Brendan R. Carter, Richard A. Feely, Steven van Heuven, Mario Hoppema, Masao Ishii, Robert M. Key, Alex Kozyr, Siv K. Lauvset, Claire Lo Monaco, Jeremy T. Mathis, Akihiko Murata, Are Olsen, Fiz F. Perez, Christopher L. Sabine, Toste Tanhua, Rik Wanninkhof. The oceanic sink for anthropogenic CO2 from 1994 to 2007. Science. DOI: 10.1126/science.aau5153
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Viaje al Big Bang a través del litio de una estrella de la Vía Láctea


Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Universidad de Cambridge detectan litio en una estrella primitiva de nuestra galaxia. Estas observaciones se han realizado con el telescopio VLT en el Observatorio de Paranal, de ESO, en Chile.
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En Astrofísica, cualquier elemento más pesado que el hidrógeno y el helio es considerado un metal y, entre esos metales, podemos encontrar el litio. Un grupo de investigadores ha logrado detectar este metal en una estrella primitiva. Se trata de la estrella enana J0023+0307, descubierta hace un año por el mismo equipo de científicos con el Gran Telescopio Canarias (GTC) y el Telescopio William Herschel (WHT), del Observatorio del Roque de los Muchachos.

Este descubrimiento podría aportar información crucial sobre el proceso de creación de núcleos atómicos (nucleosíntesis) que se produjo tras el Big Bang. “Esta estrella primitiva nos sorprende de nuevo con su alto contenido en litio y su posible relación con el litio primordial del Big Bang”, señala David Aguado, investigador asociado de la Universidad de Cambridge y anteriormente doctorando del IAC/ULL, que lidera este artículo.

Este astro es similar a nuestro Sol, pero con un contenido en metales muy pobre, menor que una millonésima parte de su contenido. Esta composición tan primitiva implica que se trata de un cuerpo celeste originado en los primeros 300 millones de años del Universo, justo después de las supernovas de las primeras estrellas masivas de la nuestra galaxia.

“El contenido en litio de esta primitiva estrella se asemeja al de otras estrellas pobres en metales del halo de nuestra galaxia y definen aproximadamente un valor constante e independiente del contenido en metales de la estrella” explica Jonay González Hernández, investigador Ramón y Cajal del IAC y coautor de este artículo.

El litio, sintetizado durante el Big Bang, es un metal muy frágil que se destruye con facilidad en el interior de las estrellas por las reacciones nucleares a una temperatura de 2.5 millones de grados. Debido a que la base de las atmósferas de estas estrellas pobres en metales no alcanza esa temperatura, el litio permanece en ellas durante prácticamente toda su vida.

J0023+0307 se encuentra aún en la Secuencia Principal, etapa en la que se mantienen las estrellas durante la mayor parte de su vida, y posee una edad prácticamente similar a la del Universo. “Nuestra estrella J0023+0307 retiene esa cantidad constante de litio con un contenido en metales mucho más bajo y, por tanto, se entiende que se formó en una etapa más temprana en la evolución del Universo”, añade Carlos Allende, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), y otro coautor del artículo.

Instrumentación

Estas mediciones han sido posibles gracias a las observaciones con espectroscopía de alta resolución en el Very Large Telescope (VLT), de 8,2m, situado en el Observatorio de Paranal de ESO en Chile.

El descubrimiento de la estrella se produjo mediante espectroscopía obtenida con los instrumentos ISIS del WHT (de 4,2m de diámetro) y OSIRIS del GTC (de 10,4m de diámetro). Ambos telescopios se sitúan en el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafía, La Palma).

El Gran Telescopio Canarias (GTC) y los Observatorios de Canarias forman parte de la red de Infraestructuras Científicas y Técnicas Singulares (ICTS) de España.
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Referencia | Aguado et al. Back to the lithium plateau with the [Fe/H] < -6 STAR J0023+0307. 2019, ApJL, 874, L21. DOI: 10.3847/2041-8213/ab1076. URL: https://iopscience.iop.org/article/10.3847/2041-8213/ab1076
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El entrenamiento musical mejora la capacidad de atención


Los músicos pueden responder y centrarse con mayor rapidez y precisión y filtrar de manera más efectiva los estímulos irrelevantes. Los hallazgos del estudio también demostraron una correlación entre las redes de alerta y orientación en los músicos en relación a los no músicos, lo que posiblemente refleja una relación funcional entre estas redes de atención derivadas de la práctica musical.
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El entrenamiento musical produce mejoras duraderas en un mecanismo cognitivo que ayuda a las personas a estar más atentas y a distraerse menos con estímulos irrelevantes mientras realizan tareas exigentes. Según un estudio publicado en la revista ‘Heliyon’, los músicos demuestran un mayor control ejecutivo de la atención (un componente principal del sistema de atención) que los no músicos. En particular, cuantos más años de entrenamiento tienen los músicos, más eficientemente controlan su atención.

“Investigamos los efectos del entrenamiento musical en los principales componentes del sistema de atención. Nuestros hallazgos demuestran una mayor capacidad de control de la atención inhibitoria en los músicos que en los no músicos. Los músicos profesionales pueden responder y centrarse con mayor rapidez y precisión en lo que es importante para realizar una tarea, y filtrar de manera más efectiva los estímulos incongruentes e irrelevantes que los no músicos. Además, las ventajas se incrementan con los años de capacitación”, explicó el investigador principal, Paulo Barraza, de la Universidad de Chile.

El sistema de atención consta de tres subsistemas que están mediados por redes neuronales anatómicamente distintas: alerta, orientación y redes de control ejecutivo. La función de alerta está asociada con el mantenimiento de los estados de preparación para la acción. La función de orientación está vinculada a la selección de información sensorial y al cambio de enfoque atencional. La función de control ejecutivo está involucrada tanto en la supresión de estímulos irrelevantes y que distraen como en el control de la atención de arriba a abajo. Los hallazgos del estudio también demostraron una correlación entre las redes de alerta y orientación en los músicos en relación a los no músicos, lo que posiblemente refleja una relación funcional entre estas redes de atención derivadas de la práctica musical.

Los investigadores registraron el comportamiento de 18 pianistas profesionales y un grupo combinado de 18 adultos no músicos que participaron en una prueba de redes de atención. El grupo de músicos estaba formado por estudiantes de conservatorio a tiempo completo o graduados de los Conservatorios de la Universidad de Chile, la Universidad Mayor de Chile y la Universidad Austral de Chile, con un promedio de más de 12 años de práctica. Los "no músicos" eran estudiantes universitarios o graduados que no habían recibido clases formales de música y no podían tocar ni leer música.

Los participantes vieron y proporcionaron feedback inmediatamente sobre variaciones de imágenes presentadas rápidamente para probar la eficiencia de su comportamiento reactivo. Las puntuaciones medias de las redes de alerta, orientación y ejecutivas para el grupo de músicos fueron de 43.84 milisegundos (ms), 43.70 ms y 53.83 ms; y de 41.98 ms, 51.56 ms y 87.19 ms, respectivamente para el grupo de no músicos. Las puntuaciones más altas muestran un control de atención inhibitoria menos eficiente.

Habilidades cognitivas extra-musicales

Investigaciones anteriores habían demostrado que el entrenamiento musical sistemático produce cambios en el cerebro que se correlacionan con la mejora de algunas habilidades musicales específicas. Sin embargo, el entrenamiento musical no solo mejora la percepción auditiva musical, sino que también parece tener un impacto en el procesamiento de las habilidades cognitivas extra-musicales (por ejemplo, la memoria de trabajo). Según los investigadores, este es el primer estudio que prueba el efecto del entrenamiento musical en las redes de atención, lo que se suma a investigaciones anteriores sobre el efecto potencial de la práctica musical en el desarrollo de habilidades cognitivas extra-musicales.

“Nuestros hallazgos en torno a la relación entre entrenamiento musical y mejora de las habilidades de atención podrían ser útiles en campos clínicos o educativos, por ejemplo, para fortalecer la capacidad de las personas con TDAH para manejar las distracciones o el desarrollo de programas escolares que fomenten el desarrollo de habilidades cognitivas a través de la práctica musical. Investigaciones longitudinales futuras deberían abordar directamente estas interpretaciones”, señala el investigador David Medina, de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
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