El 33% de los casos nuevos de asma infantil en Europa son atribuibles a la contaminación atmosférica


Un estudio realizado en 18 países europeos sugiere que las recomendaciones actuales de la OMS relativas a los niveles de NO2 no protegen suficientemente a niños y niñas.
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Hasta un 11% de los casos nuevos de asma infantil podrían ser prevenidos cada año si los países europeos cumplieran con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) relativos a los niveles de partículas contaminantes PM2,5. Si la reducción de la contaminación atmosférica por PM2,5 se ampliase hasta alcanzar los niveles más bajos registrados en la literatura científica, el porcentaje de casos nuevos prevenibles por año ascendería al 33%. Estas son las conclusiones de un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por ”la Caixa”, y publicado en European Respiratory Journal.

El asma es la enfermedad crónica más común en la infancia. Existe evidencia emergente que sugiere que la exposición a la contaminación atmosférica podría incrementar el riesgo de desarrollar esta enfermedad respiratoria durante la infancia. Este estudio ha estimado la carga de asma infantil en 18 países europeos y con más de 63,4 millones de niños y niñas y ha llegado a la conclusión de que un número elevado de casos son atribuibles a la exposición a la contaminación atmosférica. El porcentaje de casos nuevos anuales atribuible a la contaminación atmosférica varía en función de cada uno de los tres contaminantes estudiados: 33% en el caso de las partículas PM2,5, 23% para NO2 y 15% para carbono negro (BC).

La investigación partió de datos del censo de población de 18 países europeos y obtuvo las tasas de incidencia de asma en niños y niñas de la base de datos del estudio de la Carga de Enfermedad Global (Global Burden of Disease). La exposición a los diferentes contaminantes se calculó utilizando un modelo estadístico europeo armonizado (regresión de uso del suelo o LUR) basado en múltiples medidas reales realizadas en el continente. Para estimar la carga de enfermedad del asma infantil, el equipo científico planteó dos escenarios diferentes: el primero se basaba en los niveles máximos de contaminación atmosférica contemplados en las recomendaciones de la OMS. El segundo tomaba como referencia los niveles más bajos de contaminación del aire detectados en una revisión de 41 estudios científicos anteriores.

El análisis del primer escenario sugirió que 66.600 casos de asma infantil (el 11% del total de casos incidentes) podrían ser prevenidos cada año si los 18 países estudiados cumplieran con las recomendaciones de la OMS sobre los niveles de partículas PM2,5. Así mismo, las estimaciones indican que cumplir con los niveles recomendados de NO2 permitiría prevenir 2.400 casos de asma infantil al año (el 0,4% del total de casos incidentes).

“El análisis mostró que, si bien cumplir con las recomendaciones de la OMS para PM2,5 implicaría una reducción significativa de casos de asma infantil por año, ese no es el caso con NO2, donde solo un 0,4% de los casos podrían ser prevenidos. En consecuencia, nuestras estimaciones indican que las recomendaciones actuales de la OMS sobre los niveles máximos de NO2 parecen proporcionar mucha menos protección que las de PM2,5. Proponemos que estos valores sean revisados a la baja para hacerlos más apropiados para la protección de la salud de niñas y niños”, sostiene David Rojas-Rueda, uno de los científicos que lideró el estudio en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

En lo que se refiere a los resultados del segundo de los escenarios, si los 18 países fuesen capaces de reducir las concentraciones de PM2,5 hasta los niveles más bajos registrados en estudios anteriores, cada año se podría prevenir más de 190.000 casos (o el 33% de los casos incidentes). El número de casos que podrían ser evitados cada año si se alcanzasen los niveles más bajos de NO2 y carbono negro sería de 135.000 (o el 23%) y de 89.000 (o el 15% de los casos incidentes), respectivamente.

En general, estas estimaciones se encuentran en la misma línea que las de dos estudios anteriores llevados a cabo en el Reino Unido, los cuales concluyeron que el 22% de los casos incidentes de asma infantil se podrían atribuir a la contaminación atmosférica. Otro estudio estimó que cada año 4 millones de nuevos casos de asma pediátrico podrían ser atribuibles a la contaminación atmosférica por NO2 en todo el mundo y que el 64% de ellos se producen en centros urbanos.

Haneen Khreis, primera autora del estudio e investigadora asociada al Centro para el Avance de la Investigación en Emisiones del Transporte, Energía y Salud del Isntituto A&M del Transporte de Texas, considera que este nuevo análisis es “una llamada a la acción urgente”. “Solo en los dos últimos años, han surgido diversos análisis sobre contaminación atmosférica y la aparición del asma infantil, lo cual refuerza la hipótesis de diversos grupos de investigación que sostienen que la contaminación atmosférica contribuye de manera sustancial a la carga de enfermedad del asma pediátrico. En gran medida, estos impactos en la salud se pueden prevenir y existen numerosas intervenciones que pueden reducir los niveles ambientales de contaminación del aire y la exposición de niños y niñas. Podemos y debemos hacer alguna cosa al respecto”, añade Khreis.

Los 18 países cubiertos en el estudio son Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Lituania, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza.
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Referencia bibliográfica | Haneen Khreis, Marta Cirach, Natalie Mueller, Kees de Hoogh, Gerard Hoek, Mark J Nieuwenhuijsen and David Rojas-Rueda. Outdoor Air Pollution and the Burden of Childhood Asthma across Europe. Eur Respir J 2019; in press https://doi.org/10.1183/13993003.02194-2018
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La práctica de actividad física en el tiempo libre se relaciona con niveles más altos de inteligencia emocional


Un estudio en el que participa la Universidad Politécnica de Madrid pone de manifiesto que realizar actividad física en el tiempo libre se relaciona con niveles más altos de inteligencia emocional y revela diferencias entre hombres y mujeres en las habilidades más beneficiadas.
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La inteligencia emocional es uno de los aspectos más valorados por los profesionales de la psicología a la hora afrontar los problemas y lograr el bienestar mental. Pero, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestra inteligencia emocional? ¿Pueden prácticas tan habituales como el deporte o el ejercicio físico favorecer el desarrollo de esta habilidad? Un estudio en el que han participado la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid pone de manifiesto que la práctica de actividad física en el tiempo libre se relaciona con mayores niveles de inteligencia emocional.

“Es bien conocida la relación de la actividad física y deportiva con beneficios físicos, sociales o psicológicos. La inteligencia emocional es un concepto relativamente novedoso, una habilidad a la que se le atribuyen numerosas ventajas y que se ha relacionado con éxito profesional y mejor salud psicológica, entre otros”, explica Gabriel Rodríguez, investigador del Departamento de Deportes de INEF y uno de los autores de este trabajo en el que también participaron Jorge Acebes, de la Universidad Francisco de Vitoria e Ignacio Díez Vega de la Universidad Europea.

Para comprobar si existe una relación entre la práctica de la actividad física y una mejora de la inteligencia emocional, los investigadores llevaron a cabo diferentes estudios tanto entre estudiantes de grado, como con alumnos que estaban cursando la secundaria en la Comunidad de Madrid, con una muestra de más de 3.000 estudiantes en total. A todos ellos se les pidió que participasen en una encuesta sobre sus hábitos de actividad física y deportivos, que incluía también 24 ítems relacionados con la inteligencia emocional.

Tras analizar los resultados de las encuestas, los investigadores constataron que aquellos estudiantes que realizaban actividad física en su tiempo libre (la que no se realiza en el tiempo de trabajo o estudio ni en los desplazamientos habituales), presentaban mejores resultados en el test de inteligencia emocional que contemplaba variables como la atención, claridad y reparación emocional.

“Las actividades físico deportivas presentan el contexto idóneo para plantear la percepción y expresión de emociones, favorecen la comprensión emocional y recrean situaciones en las que se hace necesario regular las emociones”, explica Gabriel Rodríguez. “Nuestros trabajos demostraron que los estudiantes que hacían más actividad física en el tiempo libre, tenían mayores niveles de atención y reparación emocional”.

Diferencias por sexos

Pese a que esa relación se manifestaba en todos los casos analizados, por sexos, “los hombres que realizaban más actividad física en el tiempo libre mostraban mayores niveles de claridad emocional y reparación emocional, mientras que, en las mujeres, la variable más desarrollada era la atención emocional”, explica el investigador de INEF-UPM.

“El hecho de relacionar las experiencias que se viven durante la práctica de actividad física (sobre todo en la realizada de manera voluntaria en el tiempo libre), con la inteligencia emocional, dota a la actividad física de un nuevo argumento para su práctica. No obstante, son necesarias futuras investigaciones para seguir ahondando en estas relaciones y en los mecanismos que las desarrollan”, concluye Gabriel Rodríguez.
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Trabajo de referencia | Acebes-Sánchez, J., Diez-Vega, I., Esteban-Gonzalo, S. y Rodríguez-Romo, G. (2019). Physical activity and emotional intelligence among undergraduate students: a correlational study. BMC Public Health, 19, 1241. DOI: https://doi.org/10.1186/s12889-019-7576-5.
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Los paisajes agrícolas con parcelas pequeñas y variadas fomentan la biodiversidad


Los resultados del estudio podrían ayudar a hacer frente a la pérdida de espacios naturales entre los cultivos. El trabajo ha sido publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)’
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Paisaje agrícola | CSIC
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Una investigación internacional en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado por primera vez, y a una gran escala geográfica, que crear un paisaje agrícola con parcelas pequeñas y diferentes tipos de cultivo, favorece la biodiversidad de plantas y animales. Los resultados del trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) indican que esta podría ser una medida alternativa para hacer frente a la pérdida de espacios naturales o semi naturales entre los cultivos.

El trabajo, liderado por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA) y el Centro Nacional para la Investigación francés (CNRS por sus siglas en francés), ha contado con la participación de Lluís Brotons, CSIC y miembro de la unidad mixta Inforest (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales [CREAF] - Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña [CTFC]); los investigadores David Giralt, Gerard Bota y Assu Gil Tena del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña; los investigadores de la Universitat de Lleida (UdL) Jordi Recasens, Xavier O. Solé-Senan e Irene Robleño; de Jordi Bosch, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales; y de José Antonio Barrientos, catedrático de zoología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). También de las universidades de Alicante, Murcia y Rey Juan Carlos, así como de otros centros de investigación de Canadá, Alemania, Suiza, Hungría, Suecia y el Reino Unido.

Para potenciar la biodiversidad de animales y plantas, los autores proponen fomentar las políticas agrícolas que favorezcan disminuir el tamaño de las parcelas de cultivo y diversificar los cultivos en el paisaje. Un mosaico complejo favorece la biodiversidad, a la vez que se mantiene la superficie en producción y, además, permite recuperar paisajes productivos mucho más resilientes. Además, mantener dentro del paisaje zonas naturales y semi naturales complementa el efecto del mosaico complejo y es una medida también útil para promover la biodiversidad. "Por ejemplo, reducir el tamaño de las parcelas de 5 a 2,8 hectáreas tiene el mismo beneficio que aumentar la proporción de hábitats semi naturales del 0.5 al 11%", afirma Lluís Brotons.

Por otra parte, el estudio demuestra que las decisiones que se toman a la hora de gestionar los campos, dentro de las cooperativas y entre los agricultores del entorno inmediato, tienen una repercusión muy importante sobre la biodiversidad. "Una parte muy importante de la variación en los niveles de biodiversidad que se han observado durante el estudio tenía mucho que ver con la heterogeneidad a nivel más local", puntualiza David Giralt.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigación internacional ha coordinado un estudio a gran escala con más de 30 laboratorios. Esta investigación se ha llevado a cabo con un enfoque empírico único que ha cubierto ocho regiones de Europa y Canadá. Lluís Brotons ha sido el coordinador del equipo responsable de una de estas zonas de estudio situada en los secanos de la plana de Lleida. Sumando las regiones implicadas, se ha realizado el seguimiento de 1.305 parcelas cultivadas en 435 paisajes agrícolas de 1x1 kilómetros y se han identificado más de 167.000 individuos de 2.795 especies pertenecientes a siete grupos taxonómicos (aves, mariposas, abejas, sírfidos, arañas, cucarachas y plantas arvenses). Con toda esta información han calculado un índice sintético que agrupaba la información de estos 7 grupos taxonómicos para estimar la biodiversidad agrícola de cada uno de los 435 paisajes estudiados.

Lleida, un mosaico agrícola de parcelas pequeñas y poco diversas

"Comparado con las zonas agrícolas de otras partes del mundo, los campos de cultivo en Cataluña son relativamente pequeños y la variedad de especies cultivadas es relativamente baja. Si queremos favorecer la biodiversidad es muy importante evitar los grandes monocultivos y promover la coexistencia de diferentes cultivos en el paisaje", comenta Jordi Bosch.

Los paisajes catalanes que han contribuido al estudio, situados en los secanos de la plana de Lleida, son justamente los que respondían mejor a esta premisa: donde había campos más pequeños y variados es donde se observaba más biodiversidad. Por ello, según Gerard Bota, "hay que tener presente que simplificar los paisajes agrícolas en esta zona de Cataluña tendría un impacto potencial mucho más negativo al ser zonas con una elevada biodiversidad singular y con un gran número de especies amenazadas. A modo de ejemplo, durante la realización de este estudio se han detectado especies de arañas que nunca antes se habían citado en Cataluña".

De hecho, este estudio pone en valor las parcelas pequeñas de cultivos. Su efecto positivo en la biodiversidad agrícola se mantiene, incluso, en ausencia de vegetación semi natural entre parcelas (como, por ejemplo, manchas de matorral, márgenes anchos o hileras de árboles). "Tener un collage de cultivos bien variado también potencia la biodiversidad agrícola porque los diferentes tipos de cultivos a menudo albergan diferentes especies, pero también porque proporcionan recursos complementarios y necesarios para mantener estas especies", afirma Jordi Recasens.

Xavier O. Solé-Senan afirma que un mosaico complejo favorece esta biodiversidad, manteniendo al mismo tiempo la superficie en producción. De hecho, los paisajes catalanes que han contribuido al estudio, situados en los secanos de la plana de Lleida – Urgell , Segarra y Garrigues – , son justamente los que responden mejor a la premisa de mayor biodiversidad en campos más pequeños y variados. "La diversificación de cultivos es especialmente beneficiosa en paisajes agrícolas que contienen una proporción de hábitats semi naturales superiores al 11%, lo que representa la mitad de los paisajes agrícolas muestreados en este estudio", asegura Irene Robleño.
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Trabajo de referencia | Sirami et. al (2019). Increasing crop heterogeneity enhances multitrophic diversity across agricultural regions. PNAS. DOI:10.1073/pnas.1906419116
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ETIQUETASEcologíaMedio AmbienteSostenibilidadCSIC
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¿Qué comían los primeros homínidos?


Hasta ahora, se pensaba que, por sus adaptaciones craneodentales, la dieta de los primeros homínidos como el Homo erectus estaba compuesta por alimentos duros, como semillas o nueces. Ahora, un nuevo estudio, que ha utilizado modelos computacionales, confirma la hipótesis contraria: estos primeros humanos tenían una dieta basada en alimentos blandos como frutas y bayas.
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Ilustración de una mujer Homo erectus | José Antonio Peñas (SINC)
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Hasta el año 2010, todos los estudios parecían apuntar que los homininos arcaicos y los primeros representantes del género Homo tenían una dieta basada en alimentos duros, que podían incluir nueces, semillas u otros frutos con una cáscara más o menos rígida. Pero investigaciones más recientes empezaron a plantear dudas sobre esta hipótesis.

“De hecho, los últimos estudios que se habían llevado a cabo mediante el análisis del rastro que dejan los alimentos sobre los dientes y estudios realizados con isótopos mostraban todo lo contrario”, comenta Jordi Marcé-Nogué, profesor de la departamento de Ingeniería Mecánica de la Universitat Rovira i Virgili (URV) e investigador asociado al Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP).

Para cerrar el debate, el equipo de Marcé-Nogué durante su etapa como investigador en la Universidad de Hamburgo (Alemania), abordó el tema desde una perspectiva completamente diferente. Decidieron estudiar la morfología de la mandíbula y de la biomecánica de su aparato masticador.

Para ello, el grupo comparó datos de geometría morfométrica y biomecánicas de análisis de elementos finitos de 30 especies de primates actuales y ocho especies fósiles de homininos (Australopithecus afarensis, A. africanus, A. sediba, Paranthropus robustus y P. boisei, Homo rudolfensis y Homo erectus).

“El nombre de estas técnicas es enrevesado, pero básicamente consisten en estudiar la diferencia entre la geometría y el comportamiento biomecánico de distintas mandíbulas utilizando métodos computacionales que nos permiten analizar una gran cantidad de datos”, dice el investigador.

El resultado, publicado en la revista Scientific Reports, apoya la hipótesis de que los homininos como los australopitecos, los parántropos u Homo erectus –el primer representante del género Homo– consumían mayoritariamente alimentos blandos, como frutos con cubiertas blandas (frutas y bayas).

“Estos resultados son coherentes con los últimos estudios que se han hecho utilizando otras aproximaciones y que supusieron un cambio radical en el conocimiento que teníamos de nuestros ancestros”, señala el experto.

Lo que la dieta nos enseña

La dieta es uno de los elementos clave para estudiar las diferencias ecológicas y de comportamiento en los primates actuales y extintos.

Las técnicas de geometría morfométrica y de análisis de elementos finitos no se habían aplicado nunca hasta ahora en este campo en combinación con técnicas de aprendizaje automático (machine learning).

“El hecho de poder disponer de tantos datos del comportamiento biomecánico de los primates actuales nos ha permitido utilizarlas para entrenar el ordenador con suficiente exactitud y que después, este haga predicciones con fiabilidad utilizando técnicas de aprendizaje automático”, explica el investigador.

En la actualidad, el equipo con el que trabaja Marcé-Nogué es el único que actualmente está utilizando la combinación de estas innovadoras técnicas para estudiar el registro fósil.
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Trabajo de referencia | Marcé-Nogué, J, Püschel, T.A., Daasch, A., Kaiser, T.M. “Broad-scale morpho-functional traits of the mandible suggest no hard food adaptation in the hominin lineage” Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-020-63739-5
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FUENTE | Agencia SINC
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ETIQUETASEvoluciónPaleontologíaAlimentaciónEcología
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El confinamiento de los insectos. La biodiversidad y su conexión con el ser humano


La mayoría de los insectos son magníficos sensores de alarma y excelentes bioindicadores del estado de salud ambiental de cada ecosistema. Si un simple virus ha sido capaz de cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo, la desaparición de los insectos puede acarrear la extinción del Homo sapiens de la Tierra.
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Los Artrópodos constituyen aproximadamente el 80% de las especies de organismos vivos que se conocen y cerca del 90% de los animales. Entre ellos, los insectos, con más de un millón de especies, supone que más de la mitad de todos los seres vivos conocidos (animales y vegetales) son insectos. En España se calcula que esta cifra se sitúa por encima de las 45.000 especies. Tan solo el orden Coleoptera (escarabajos) cuenta con unas 370.000 especies. Cifras apabullantes si hablamos de biodiversidad y si las comparamos con las 44.000 especies de vertebrados donde se incluyen mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces. Por tanto, los insectos son los animales con más éxito sobre la Tierra, y a la vez los más sensibles a cualquier cambio que afecte al medio natural en el que se desenvuelven.

La enorme diversidad de especies diferentes les proporciona uno de los estatus más relevantes en el reino animal, por lo que desempeñan un papel esencial en todos y cada uno de los ecosistemas del planeta. El mayor beneficio que prestan los insectos es su encomiable labor de mantener el equilibrio necesario en cada ambiente, y sobre todo, el sostenimiento de las cadenas alimenticias y polinización vegetal llevadas a cabo por estos animales; y este servicio a la naturaleza y al sostenimiento de la vida los hacen totalmente gratis. Su pequeño tamaño y capacidad de volar les permite acceder a casi todos los hábitats y microhábitats terrestres y acuáticos que se conocen.

La mayoría de los insectos son magníficos sensores de alarma y excelentes bioindicadores del estado de salud ambiental de cada ecosistema. Su estudio, catalogación y seguimiento de sus poblaciones, desde un punto de vista tanto cualitativo como cuantitativo, aporta a los científicos los datos necesarios para desarrollar distintos modelos de seguimiento ecológico de cada hábitat. Aun así, en estos últimos 35 años, su dominio en cuanto al número de especies y sobre todo en el número de individuos que conforman sus poblaciones se han disuelto como un azucarillo en un vaso de agua hirviendo. El número de mariposas, polillas, abejas, grillos, saltamontes, escarabajos, hormigas, avispas, moscas, cigarras, luciérnagas, chinches, tijeretas, libélulas, caballitos del diablo…, se ha reducido de forma alarmante en todo el mundo. Casi un tercio de las especies de saltamontes, grillos y chicharras están amenazadas, muchas de ellas en peligro de extinción. Esto mismo sucede de con el resto de órdenes y familias que conforma la Clase Insecta.

Los ciclos biológicos de la mayoría de los insectos son muy sensibles a cualquier cambio. La revista científica Science publicó los escalofriantes datos de la Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, que ha constatado que la biomasa de insectos ha disminuido en este país un 80% desde 1989. En Cataluña se sabe que tres cuartas partes de las mariposas están en declive, datos que perfectamente pueden ser extrapolables al resto de España. La reducción de insectos es alarmante y crece cada año.

La riqueza en especies de insectos depende del estado de conservación de las formaciones vegetales, y no solo del tipo de bosque o de matorral considerado. Su diversidad aumenta con la heterogeneidad estructural vegetal y su conservación depende en buena medida de la conservación del medio natural. La transformación y destrucción de los hábitats, proliferación de las carreteras y vías rápidas, el incremento exponencial de piscinas en zonas urbanas, uso indiscriminado de insecticidas (neonicotinoides) y cambio climático son, entre otras muchas, las causas más importantes del declive de esta Clase Zoológica.

La Sociedad Española de Ciencias Forestales asegura que la falta de gestión forestal sostenible está relacionada con el origen de pandemias como la actual de la Covid-19 y que la deforestación es una de las causas de pérdida de hábitats naturales de especies que entran en contacto con seres humanos y pueden transmitir zoonosis que son el origen de pandemias como la actual. Muchos procesos de deforestación se dan actualmente en bosques tropicales para satisfacer las necesidades de alimentos y materias primas y que una adecuada racionalización del consumo de recursos naturales y una mayor tasa de aprovechamiento forestal sostenible en nuestros bosques reduciría la presión sobre los bosques tropicales y por ende reduciría las pérdidas de hábitats de especies capaces de transmitir estas zoonosis.

Ni siquiera el confinamiento humano en estos meses ha hecho reactivar las poblaciones de insectos. Si un simple virus ha sido capaz de cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo, la extinción de los insectos puede acarrear la desaparición de los humanos de la Tierra. Tan solo las abejas polinizan el 30% de las flores; que sumados a las mariposas, escarabajos y resto de insectos llegan a polinizar más del 90%; por tanto casi todo el Reino Vegetal, unas 270.000 especies, dependen de ellos para perpetuarse. Sin ellos no habría fruta que comer.
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Dos rutas migratorias del sur de Europa expandieron la tecnología de la agricultura hace 9.000 años


Un estudio de la Institución Milà i Fontanals remonta las vías de comunicación del Mediterráneo mediante el estudio de las primeras hoces de siega neolíticas. Una ruta marítima iba desde los Balcanes hasta el sur de la península Ibérica y la otra, terrestre, pasaba por el norte de Italia y el sur de Francia hacia el Atlántico. El estudio ha analizado 50.000 piezas líticas de 80 yacimientos de Grecia, Italia, Francia, España y Portugal, datados entre los años 7000 y 5000 a.C.
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Reproducción de una hoz neolítica con dientes de sílex insertos en un mango de madera. / Niccolò Mazzuco
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Mercè Fernàndez Via, CSIC | Hace cerca de 9.000 años había dos grandes rutas migratorias en el sur de Europa, a través de las cuales se expandieron las nuevas tecnologías vinculadas a la agricultura. Así lo revela una investigación liderada por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en la Institución Milà i Fontanals (IMF-CSIC), en Barcelona, y publicada en la revista Píos One. El trabajo reconstruye las rutas de migración del Mediterráneo gracias al estudio de las primeras hoces de siega neolíticas.

Los resultados aportan nueva luz sobre la difusión del Neolítico y de las primeras técnicas agrícolas a lo largo del Mediterráneo, desde el Mar Egeo hasta las costas atlánticas portuguesas. Este período, en el que tuvo lugar la aparición de la agricultura y la ganadería, está considerado como el más revolucionario de la historia de la humanidad.

Liderado por los arqueólogos de la IMF-CSIC Niccolò Mazzucco y Juan F. Gibaja, el estudio identifica una primera ruta marítima por el Mediterráneo, que va desde los Balcanes hasta la península Ibérica, y por la que se movían grupos de población desde el 6700 a.C, y otra menos conocida y más septentrional a través del Adriático, por la que empezaron a migrar en el 5500 a.C. “Al migrar”, explican los autores, “esos pobladores llevaban consigo nuevas tecnologías y nuevas ideas”. En el trabajo también participan científicos del CNRS, de la Universidad Libre de Bruselas y del Museo della Civiltà de Roma.

Dos rutas, dos tipos de hoces

“La ruta marítima iba desde los Balcanes, pasaba por el sur de Italia y el golfo de León, y llegaba hasta el sur de la península Ibérica hacia el 5300 a.C. En esta vía, los grupos de agricultores tenían unas hoces curvas, con pequeños dientes de sílex insertados en un mango de madera, que se iban sustituyendo con el uso y formaban un filo dentado”, explica Mazzucco.

La segunda ruta, hasta ahora muy poco conocida, salía de los Balcanes y pasaba sucesivamente por el Adriático, el norte de Italia y el sur de Francia, hasta llegar a la península Ibérica, especialmente a lo largo de toda la parte septentrional, hacia el 5200 a.C. “En esta segunda vía”, añade Mazzucco, “los útiles de siega que se difundieron se caracterizaban por tener láminas de sílex más anchas y largas que las de las primeras hoces. Este tipo de láminas se producían a través de procesos de manufactura más complejos y, a medida que se desgastaban, se afilaban con pequeños golpes”.

50.000 piezas de 80 yacimientos

El trabajo es el resultado de más de diez años de investigación y del estudio de cerca de 50.000 piezas líticas de 80 yacimientos de países europeos como Grecia, Italia, Francia, España y Portugal, datados entre los años 7000 y 5000 a.C. Entre ellos hay yacimientos emblemáticos como el de Knosos, en Creta, del que se han estudiado las primeras fases de ocupación “mucho antes de la construcción del palacio minoico”, el asentamiento lacustre de La Draga, en Banyoles (Girona), y el subacuático de la Marmotta (Roma).

Las condiciones excepcionales de conservación de estos dos últimos yacimientos han permitido la preservación de útiles completos, en los que se han podido analizar las partes de madera e incluso las resinas empleadas para fijar las piezas líticas. En el resto de yacimientos, el estudio se ha focalizado sobre aquellas piezas de piedra, más de 1.500, que formaron parte de hoces neolíticas. El análisis de las huellas microscópicas documentadas en estas hoces ha permitido descubrir de qué forma fueron elaboradas y utilizadas, así como la gestión de la siega en relación a la madurez de los cereales o el uso que iba a hacerse de las semillas y los tallos.

El trabajo revela cuáles fueron las primeras hoces que los colonos neolíticos difundieron en el Mediterráneo, su distribución geográfica y cómo evolucionaron a lo largo del tiempo, como resultado de las adaptaciones de los grupos de migrantes a los territorios recientemente ocupados. “A partir de una pieza lítica, podemos reconstruir cómo eran, qué forma tenían, cómo habían sido usadas y para qué tipo de cultivo, normalmente trigo o cebada”, detalla Juan Gibaja.

“Generalmente el estudio de la difusión de la agricultura se ha abordado a través del análisis de las semillas de los cereales cultivado, puesto que en los yacimientos arqueológicos se recupera una amplia variedad de semillas de cereales. Pero esta gran variabilidad es producto de factores muy diversos, como las condiciones ambientales y la adaptación del cereal cultivado a una zona climática, por lo que resulta más difícil identificar rutas de dispersión a partir de su estudio. En cambio, el análisis de las piezas líticas permite aportar nueva información, dado que, por su naturaleza mineral, estas piezas suelen conservarse mejor y habitualmente son fáciles de encontrar y detectar en una excavación arqueológica. Su estudio nos ha permitido seguir el camino de las comunidades neolíticas desde una perspectiva diferente”, añade Gibaja.
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Trabajo de referencia | Mazzucco N, Ibáñez JJ, Capuzzo G, Gassin B, Mineo M, Gibaja JF. Migration, adaptation, innovation: the spread of Neolithic harvesting technologies in the Mediterranean. PLOS ONE. 10.1371/journal.pone.0232455
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ETIQUETASCSICEvoluciónPaleontologíaAgricultura
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Una investigación avanza hacia la conexión entre máquinas y humanos


La posibilidad de realizar prótesis e implantes “inteligentes», es solo una de las aplicaciones que implica una investigación sobre moléculas en superficies metálicas.
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Tras estudiar el comportamiento de moléculas sobre superficies metálicas, un equipo de científicos logró establecer los principios que permitirían construir futuras conexiones entre organismos biológicos y dispositivos electrónicos, lo que tendría interesantes implicaciones para la medicina y la informática.

De acuerdo a Eduardo Cisternas, Director del Departamento de Ciencias Físicas de la Universidad de La Frontera e investigador del Núcleo Milenio de Nanotecnología MultiMat, su trabajo consistió en “un análisis estadístico y cálculos computacionales que muestran la auto-organización de moléculas, es decir, cómo éstas se mueven, agrupan y comportan al ser depositadas sobre superficies metálicas. Este es el primer paso para construir un interfaz orgánico-metálico”, señala.

Por su parte, Marcos Flores, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y también investigador de MultiMat, indica que en esta etapa del trabajo “buscamos determinar la forma en que las moléculas se auto-organizan, minimizando la energía y optimizando el espacio disponible”.

Las proyecciones futuras de este trabajo van desde generar nuevos sensores biológicos que pueden efectuar integración con los sentidos (vista, oído), hasta traducir señales cerebrales en estímulos eléctricos que activan luego prótesis, dispositivos biónicos o implantes.

Un proceso fascinante

“La auto-organización de moléculas sobre superficies – en este caso se hizo sobre oro- es un proceso fascinante, en él las moléculas interactúan tanto con la superficie como entre ellas mismas y en la dinámica inciden variables como la temperatura y el número o concentración de moléculas”, explica Cisternas.

La fase experimental estuvo a cargo del Doctor Marcos Flores, y la fase de los cálculos computacionales, llevados a cabo sobre supercomputadores en Chile y Argentina, fue liderado el académico de la Universidad de la Frontera, quien además efectuó el análisis matemático para determinar tanto la interacción de las moléculas entre ellas y de ellas con la superficie.

El siguiente paso del equipo será “Aplicar la metodología hacia otras moléculas de interés y analizar transiciones de fase relacionadas al proceso de autoorganización”, señaló el Doctor Flores.

El resto del equipo científico estuvo compuesto por Eugenio Vogel, de la Universidad de La Frontera y en la contraparte argentina se sumaron Gonzalo dos Santos, de la Universidad de Mendoza y Antonio Ramírez-Pastor, de la Universidad de San Luis.
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Trabajo de referencia | El trabajo titulado “Self-assembled monolayer formation of pentamers-like molecules onto FCC(111) surfaces: the case of curcuminoids onto Au(111) surface (“Formación monocapa autoensamblada de moléculas similares a pentámeros en superficies FCC (111): el caso de los curcuminoides en la superficie Au (111)”), apareció en la revista NanoExpress: https://iopscience.iop.org/article/10.1088/2632-959X/ab8961
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ETIQUETASTecnologíaInvestigación
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El confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles coman de una forma más saludable


El grupo de investigación de la Universidad de Granada muestra cómo el confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles vuelvan a poner la dieta mediterránea en sus mesas. Contra todo pronóstico, durante las primeras semanas del confinamiento hemos aumentado el consumo de vegetales, legumbres y frutas y disminuido la ingesta de fritos, comida rápida, bebidas carbonatadas y carnes rojas.
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Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y publicado en la revista Nutrients señala que, contra todo pronóstico, el confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles coman de una forma más saludable, y vuelvan a poner la dieta mediterránea en sus mesas.

Para llevar a cabo el proyecto COVIDiet, los investigadores, pertenecientes al grupo de investigación Alimentación, Nutrición y Salud (AGR-141) del departamento de Nutrición y Bromatología de la UGR, lanzaron una encuesta online el 20 de marzo (una semana después de la declaración del Estado de Alarma) destinada a la población adulta española, en la que se incluían preguntas relacionadas con la adherencia a la Dieta Mediterránea y cambios en el comportamiento alimentario referente al consumo de productos procesados, fritos, aperitivos, alcohol o tipo de cocinado, además de cambios en la actividad física y en el peso corporal, entre otras.

La encuesta tuvo una buena acogida y fue contestada por un total de 7.514 participantes de todo el territorio nacional, de los que en su mayoría (el 70%) fueron mujeres, personas mayores de 35 años y con estudios superiores.

La juventud opta por la dieta mediterránea

Los resultados del estudio muestran cómo la adherencia a la Dieta Mediterránea se incrementó de manera global durante el confinamiento. La Dieta Mediterránea está considerada como patrón de dieta saludable en la que destaca la presencia de aceite de oliva, frutas, verduras, nueces, vino tinto y pescado. Sorprendentemente, este cambio fue mayor en los participantes más jóvenes (18 a 35 años). Esta mejora se asoció con un menor consumo de repostería, carnes rojas y bebidas edulcoradas o carbonatadas y un mayor consumo de vegetales, frutas y aceite de oliva durante el confinamiento comparado con su ingesta habitual.

Resulta interesante también el hecho de que algo más de la mitad de los participantes (57,3%) declararon haber disminuido la ingesta de alcohol, aunque también su actividad física (59,6%). Además, durante las primeras etapas del confinamiento, la mayoría de los participantes afirmaron no haber experimentado cambios en la frecuencia del cocinado o en el consumo de aperitivos y comida rápida, y el 63,7% de los participantes declararon no estar comiendo más durante el confinamiento.

Hay que señalar también que, a pesar de la falta de suministros de alimentos al inicio del confinamiento, tan solo un 28% de los participantes experimentó alguna dificultad a la hora de encontrar algunos alimentos, siendo la carne (23.83%), las verduras (13,8%) y el pescado (12,1%) los mayoritarios.

COVIDiet es un proyecto con proyección internacional, liderado por la investigadora Celia Rodríguez Pérez, del departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada, en el que han participado investigadores de prestigio de 16 países: España, Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, Croacia, Dinamarca, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Polonia, Serbia, Eslovenia, Montenegro, Alemania y Turquía.

Tras evaluar el comportamiento alimentario de parte de la población española durante el confinamiento, el siguiente paso del proyecto COVIDiet es conocer y comparar de qué manera el confinamiento debido al COVID-19 ha influido en el comportamiento alimentario de la población de los diferentes países implicados en el estudio.

“Aunque la adherencia a la Dieta Mediterránea durante en confinamiento ha aumentado, lo españoles estamos todavía lejos de llevar una buena alimentación en cuanto a Dieta Mediterránea se refiere. Por ello, debemos mantener los comportamientos saludables adquiridos durante este período para lograr que se conviertan en hábitos. Sólo así podremos conseguir un estado de salud óptimo que tenga un impacto positivo en la prevención de enfermedades crónicas, así como en las complicaciones derivadas del COVID-19”, señalan los autores.
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Trabajo de referencia | Celia Rodríguez-Pérez, Esther Molina-Montes, Vito Verardo, Reyes Artacho, Belén García-Villanova, Eduardo Jesús Guerra-Hernández and María Dolores Ruíz-López. Changes in Dietary Behaviours during the COVID-19 Outbreak Confinement in the Spanish COVIDiet Study. Nutrients 2020, 12(6), 1730; https://doi.org/10.3390/nu12061730. Available online on: https://www.mdpi.com/2072-6643/12/6/1730/htm
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ETIQUETASAlimentaciónDieta MediterráneaCOVID-19CoronavirusSaludSociedadConsumo
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Descubiertas dos supertierras alrededor de la enana roja más brillante del vecindario solar


Un equipo internacional de astrónomos ha encontrado el sistema planetario múltiple más cercano conocido. En torno a su estrella, localizada a unos 10,7 años luz, giran dos planetas más masivos que la Tierra, pero podría haber un tercero, que de confirmarse, estaría dentro de la zona de habitabilidad. La proximidad de este sistema facilitará el estudio de atmósferas exoplanetarias e incluso la búsqueda de indicios de vida.
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Ilustración del sistema multiplanetario de al menos dos supertierras orbitando alrededor de la estrella enana roja GJ 887 / Mark Garlick
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Desde el hallazgo en 1995 del primer planeta fuera de nuestro sistema solar, ya se han detectado más de 4.000 exoplanetas. Actualmente el desafío consiste en caracterizarlos y en explorar las posibilidades de que contengan agua o, incluso, alguna forma de vida, un escenario en el que los más cercanos resultan idóneos.

Ahora, un trabajo publicado esta semana en la revista Science, anuncia el descubrimiento de dos supertierras y un posible tercer planeta en torno a una estrella vecina, conformando el sistema planetario compacto más cercano conocido.

“Estos planetas proporcionarán las mejores oportunidades para estudios más detallados, incluida la búsqueda de vida fuera de nuestro sistema solar”, destaca la autora principal, Sandra Jeffers, investigadora en el Instituto de Astrofísica de la Universidad de Gotinga (Alemania).

La estrella es una enana roja, el tipo más común en la Vía Láctea, llamada Gliese 887 o GJ887. Se sitúa a unos 10,7 años luz (la duodécima estrella más cercana), presenta una masa equivalente a la mitad de la de nuestro Sol y una temperatura de unos 3.400 grados (2.100 grados más fría que nuestra estrella).

“Hemos hallado dos supertierras, o planetas más masivos que la Tierra, en torno a GJ887”, señala Eloy Rodríguez, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) que ha participado en el hallazgo.

“Los planetas, denominados GJ887b y GJ887c, presentan respectivamente una masa mínima de unas cuatro y siete veces la terrestre –añade–, y ambos giran alrededor de su estrella a una distancia menor que la zona de habitabilidad, o región en la que sería posible la existencia de agua líquida en superficie. Sin embargo, el segundo orbita muy cerca del borde interno de esa zona. Además, hemos encontrado indicios de la existencia de una tercera supertierra que, de confirmarse, se hallaría dentro de la zona de habitabilidad”.

GJ887 se convierte así en uno de los sistemas multiplanetarios más cercanos conocidos, solo por detrás de los de Próxima Centauri y Wolf359, situados a 4,2 y 7,9 años luz de distancia y con dos planetas detectados en cada uno de ellos. El nuevo sistema constituye el más compacto, con sus dos planetas girando en torno a la estrella cada 9,3 y 21,8 días, y el tercer candidato cada 51 días.

“Dada su masa mínima, en principio podrían ser supertierras rocosas, pero esto no lo sabemos con seguridad”, apunta Pedro J. Amado, también coautor e investigador del IAA-CSIC. “A falta de una medida del radio, que no tenemos porque los planetas no transitan, no podemos determinar su densidad media. Además, dependiendo de la inclinación de la órbita con respecto a nosotros, las masas podrían ser mucho mayores y pasar al rango de los minineptunos, con mayor contenido de agua en su estructura”.

Una enana roja particularmente 'tranquila'

Las estrellas enanas rojas muestran, no obstante, una característica que podría dificultar la presencia de vida en los planetas que las rodean: se trata de estrellas que muestran una actividad superficial mucho mayor que las de tipo solar, con fulguraciones magnéticas relativamente frecuentes.

En este sentido, GJ887 puede resultar especialmente interesante. A diferencia de Próxima Centauri y de Wolf359, que presentan gran actividad magnética en sus superficies, parece tratarse de una estrella muy tranquila. Ha sido observada durante tres meses con el espectrógrafo HARPS, unos de los instrumentos cazaplanetas más precisos, y se han empleado datos de archivo de varios espectrógrafos que abarcan más de veinte años, además de observaciones fotométricas desde tierra y desde el espacio.

“Con todos estos datos no hemos detectado fulguraciones –apunta Rodríguez–. Incluso la detección fotométrica de actividad magnética superficial es muy débil, lo que hace de este sistema planetario un candidato muy interesante para investigar la existencia de planetas rocosos susceptibles de albergar vida”.

A la alta estabilidad de GJ887 se suman su proximidad y su alto brillo aparente, ya que se trata de la enana roja más masiva del entorno solar y, por tanto, la de mayor radio. Esto hace que sus planetas constituyan candidatos ideales para investigar la posible presencia de atmósferas y moléculas concretas con instrumentación de nueva generación, como el telescopio espacial James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para marzo de 2021.

Colaboración RedDots y efecto Doppler

Estos exoplanetas se han hallado en el marco de la colaboración internacional RedDots (Puntos rojos) gracias a la técnica Doppler, que permite medir las pequeñas oscilaciones de la estrella causadas por la atracción gravitacional de los planetas mientras giran en torno a ella.

En este estudio, desde España participan, además del IAA-CSIC, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE, CSIC-IEEC).

“Como Gliese 887 es aproximadamente la mitad del tamaño de nuestro Sol significa que la zona habitable está más cerca de la enana roja que la distancia de la Tierra al Sol”, declara Enric Pallé, investigador del IAC y coautor del trabajo, quien destaca dos de los descubrimientos de RedDots.

El primero es que Gliese 887 tiene muy pocas manchas estelares. Si fuera tan activa como nuestro Sol, es probable que un fuerte viento estelar (que desplaza material que puede erosionar la atmósfera de un planeta) barriera las atmósferas de los planetas. Por tanto, los descubiertos ahora podrían haber retenido sus atmósferas originales, o tener atmósferas más densas que la Tierra y, potencialmente, albergar vida, a pesar de que GJ 887 recibe más luz que la Tierra.

“La otra característica es que el brillo de Gliese 887 es casi constante. Por lo tanto, será relativamente fácil detectar las atmósferas de los planetas de este sistema de supertierras, y por eso se convierte en un objetivo principal para el telescopio James Webb, sucesor del Hubble”, apunta el coautor Rafael Luque, vinculado al IAC y la Universidad de La Laguna.

"Si alguien tuviera que vivir alrededor de una enana roja, elegiría una estrella tranquila como GJ 887", valora en un artículo paralelo en Science el astrónomo Melvyn Davies de la Universidad de Lund (Suecia), que concluye: "Si otras observaciones confirman la presencia del tercer planeta en la zona habitable, entonces este sistema planetario podría convertirse en uno de los más estudiados del vecindario solar".
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Trabajo de referencia | S. V. Jeffers et al. "A multiple planet system of super-Earths orbiting the brightest red dwarf star GJ887". Science, junio de 2020.
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En 2016, el equipo de Astronomía de RedDots encontró el exoplaneta más cercano al Sol, que posee aproximadamente la misma masa que la Tierra y orbita en torno a Proxima Centauri. Le siguió en 2018 el anuncio de una supertierra en órbita alrededor de la estrella de Barnard, la segunda estrella más cercana al Sol. El equipo también anunció en 2019 un sistema de tres planetas que orbitan alrededor de la estrella enana roja GJ 1061, un poco más lejana que GJ 887.

Red Dots fue iniciada por el investigador del IEEC Guillem Anglada-Escudé, y todavía participa como coinvestigador principal junto con Sandra Jeffers de la Universidad de Göttingen. El investigador Ignasi Ribas del ICE (CSIC-Institut d'Estudis Espacials de Catalunya o IEEC) también es coautor de este artículo.
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ETIQUETASAstronomíaCSIC
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Los espacios verdes en las ciudades pueden evitar muertes prematuras


La investigación, el mayor estudio realizado hasta la fecha, proporciona evidencia científica robusta para que las urbes estimen el impacto en la población de nuevas áreas verdes.
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Las áreas verdes residenciales pueden proteger contra la mortalidad prematura por todas las causas, según una revisión sistemática y un meta-análisis realizados por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por ”la Caixa”, en colaboración con la Universidad de Colorado y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y publicado en la revista The Lancet Planetary Health.

El análisis, que incluyó nueve estudios longitudinales en siete países y más de ocho millones de personas, proporciona evidencia científica robusta sobre el impacto que tiene el incremento de las áreas verdes en las ciudades sobre la mortalidad prematura.

La mitad de la población mundial vive en ciudades, donde suele haber pocos espacios verdes. Muchos estudios indican que las áreas verdes en ciudades tienen un efecto positivo sobre la salud, incluyendo menos estrés, mejor salud mental, y menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y muerte prematura, entre otros. Sin embargo, muchos de estos estudios se fijan solo en un momento específico en el tiempo y usan diferentes maneras de medir la exposición a áreas verdes.

Por estas razones, el equipo investigador decidió centrarse en estudios longitudinales —es decir, que siguen a una cohorte de personas a lo largo de varios años— que, además, cumplían otros dos requisitos: usar una manera sencilla de medir la exposición a áreas verdes basada en imágenes de satélite —el NDVI o índice normalizado de diferencia en vegetación— y considerar la mortalidad como desenlace. Bajo estas premisas, se identificaron nueve estudios con más de ocho millones de personas en total, en siete países diferentes (Canadá, Estados Unidos, España, Italia, Australia, Suiza y China).

El meta-análisis de los estudios confirma que un incremento en áreas verdes alrededor de la vivienda se asocia de manera significativa con una reducción en la mortalidad prematura. Específicamente, el estudio proporciona una estimación del efecto protector: una reducción del 4% en la mortalidad por cada incremento de 0,1 en el índice de vegetación a 500 metros o menos de la residencia.

“Es la síntesis más grande y completa hasta la fecha sobre espacios verdes y mortalidad prematura y los resultados apoyan intervenciones y políticas que incrementen los espacios verdes como estrategia para mejorar la salud pública”, comenta David Rojas, investigador de ISGlobal y de la Universidad de Colorado y primer autor del trabajo. Además, el estudio proporciona “valiosa información que se podrá usar en estudios de evaluación de impacto en salud”, explica el investigador.

En efecto, Rojas y su equipo están aplicando los resultados de este meta-análisis para estimar el número de muertes prematuras que se podría evitar en ciudades de todo el mundo si se consiguiera la ambiciosa meta de aumentar la infraestructura verde.

“Los programas de incremento del verde urbano no solo son clave para promover la salud pública, sino que también aumentan la biodiversidad y mitigan los impactos del cambio climático, haciendo que nuestras ciudades sean más sostenibles y habitables”, concluye Mark Nieuwenhuijsen, director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal.
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Trabajo de referencia | Rojas-Rueda D, Nieuwenhuijsen M, Gascon M, Perez-Leon D, Mudu P. Green spaces and mortality: a systematic review and meta-analysis of cohort studies. The Lancet Planetary Health, November 2019; 3: 69–77. doi.org/10.1016/S2542-5196(19)30215-3
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