La pesca podría aliviar una emergencia alimentaria mundial en casos extremos

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Un estudio internacional liderado por el ICTA-UAB defiende que, si se gestiona de manera sostenible con anticipación, la pesca podría paliar situaciones de escasez alimentaria incluso tras un conflicto nuclear.
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Durante el último medio siglo, el sistema mundial de producción de alimentos ha abastecido de manera estable a la población humana en rápido crecimiento. Pero eventos impredecibles como una guerra o erupciones volcánicas podrían interrumpir rápidamente la producción de alimentos y dejar vacíos los estantes de las tiendas de comestibles.

Un estudio internacional coliderado por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), proporciona las primeras estimaciones sobre cuál sería la situación de la pesca oceánica mundial después de un conflicto nuclear. El estudio cuenta con la participación de científicos de la Universidad McGill (Canadá), la Universidad de Colorado Boulder, Universidad de Texas Rio Grande Valley, el U.S. National Center for Atmospheric Research y la Universidad Rutgers (Estados Unidos).

Los investigadores aseguran que, aunque la pesca no podría compensar la gran pérdida de producción agrícola en tierra, sí tendría el potencial de amortiguar la situación, pero solo si las pesquerías se encontrasen en un estado saludable antes de que la crisis alimentaria tuviera lugar.

"Las simulaciones de modelos climáticos han demostrado que el polvo, producido por los incendios en una guerra nuclear, reduciría la producción agrícola mundial", explica la coautora principal Cheryl Harrison, profesora de la Universidad de Texas Rio Grande Valley. "Aquí mostramos que las poblaciones mundiales de peces también sufren un crecimiento reducido en estas condiciones, ya que los océanos se vuelven más fríos y oscuros". Estiman que una guerra nuclear podría reducir hasta en un 30% la cantidad de productos del mar capturados por los barcos pesqueros en todo el mundo.

“La parte positiva de nuestros resultados es que muestran los beneficios que se podrían obtener si dispusiéramos de pesquerías saludables antes de que una hipotética guerra nuclear tuviera lugar. Si los peces fueran abundantes como consecuencia de unas medidas contundentes y eficaces que evitasen la sobrepesca, los océanos podrían proporcionar un enorme suministro de alimentos de emergencia durante unos años”, indica Kim Scherrer, coautora principal e investigadora del ICTA-UAB.

Los resultados se basan en modelos informáticos de última generación que simulan cómo los efectos de una posible guerra nuclear se filtran a través del sistema terrestre. Un modelo oceánico global predice cambios en la temperatura del océano, las corrientes y la luz solar disponible, lo que determina la cantidad de alimento disponible para permitir el crecimiento de los peces. Por tanto, simula la respuesta de las flotas pesqueras del mundo tanto al cambio en el crecimiento de los peces como a los cambios en la demanda de pescado.

“Si las regulaciones son demasiado débiles para proteger las poblaciones de peces antes de una hipotética situación extrema, como una guerra, no se podría aliviar el impacto”, explica Scherrer. “No importaría cuán alto está el precio del pescado, porque simplemente no habría más pescado que capturar. Sin embargo, si las poblaciones de peces son abundantes, esto podría servir como reserva de alimento”. Calculan que la pesca podría reemplazar alrededor del 40% del resto de proteínas animales durante uno o dos años.

“Es más, debido a que en la actualidad muchas pesquerías están sobreexplotadas, la acumulación de poblaciones de peces podría tener lugar sin reducir las capturas previas a la guerra. Es una situación beneficiosa por partida doble", explica el coautor Ryan Heneghan, del ICTA-UAB.
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Trabajo de referencia | Scherrer, K., Harrison, C.S., Heneghan, R., Galbraith, E., et al. (2020). Marine wild-capture fisheries after nuclear war. PNAS. https://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.2008256117
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Identifican las claves del éxito evolutivo de las ardillas ante el cambio climático

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¿Por qué hay tantas especies de ardillas? Una investigación liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto de Geociencias (UCM-CSIC) encuentra respuestas analizando sus características.
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Fotografía | José Antonio Montero
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El grado de especialización ecológica -su capacidad de habitar muchos o pocos ambientes- es el factor más relevante para el éxito evolutivo de las ardillas ante el cambio climático, según una investigación liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto de Geociencias (UCM-CSIC).

“Las especies más restringidas climáticamente, es decir, las que están presentes solo en un ambiente muy determinado, tienen más posibilidades de extinguirse por destrucción de su hábitat”, comenta Iris Menéndez, investigadora del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM.

Pero por la misma razón, añade la primera autora del artículo publicado en Mammal Review, tienen más posibilidades de generar nuevas especies: “Al fragmentarse su hábitat debido a los cambios climáticos, sus poblaciones se dividen y, si logran sobrevivir suficiente tiempo, el aislamiento continuado favorece la especiación”.

Sin embargo, las especies que son capaces de habitar en climas muy distintos tienen menos dependencia de su entorno y los cambios climáticos les afectan menos. Por ello, “esas especies son más longevas, y pueden perdurar durante millones de años sin cambios sustanciales”, señala Menéndez.

Más evolución en montañosas y terrestres

En este estudio, en el que también participa la Universidad de Alcalá de Henares, se comprueba que las especies presentes en zonas montañosas también tienen más probabilidad de generar especies nuevas. Durante los ciclos cálidos, diferentes poblaciones pueden quedar aisladas en las zonas altas, convirtiéndose finalmente en especies distintas si esta situación se prolonga suficiente tiempo.

Pero también hay otros factores que pueden afectar a la respuesta de las ardillas frente a los cambios en el ambiente. Por ejemplo, en su origen, todas las ardillas eran arborícolas. Posteriormente, algunos linajes se adaptaron a la vida terrestre, lo que les permitió ocupar nuevos ambientes.

El área con mayor número de especies de ardillas es la región Indomalaya, con unas 117 especies distintas. Sin embargo, los análisis muestran que las ardillas terrestres norteamericanas son las que más especies han generado en un periodo más corto de tiempo. “Allí encontramos todas las ardillas listadas (chipmunks en inglés), perritos de las praderas y marmotas, que se extendieron por Norteamérica ocupando sus praderas. Podemos explicar esto ya que ser terrestres les permitió explotar recursos nuevos y adaptarse a estas nuevas situaciones”, explica la investigadora de la UCM.

El estudio de cómo han afectado los cambios climáticos a la evolución de las ardillas nos permite entender las posibles consecuencias del cambio climático que vivimos en la actualidad. El estudio revela que las especies de ardillas más especializadas en un tipo de ambiente son las más propensas a extinguirse.

En particular, para este grupo de pequeños mamíferos, si el cambio climático se combina con otros factores, como la deforestación, las consecuencias podrían ser incluso más graves. “Podría suponer la pérdida de gran parte de la diversidad de la familia de las ardillas” concluye la autora.
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Confirmada la existencia de agua en la Luna

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Aunque ya se había detectado agua en lugares muy sombríos de la Luna, un Boeing 747 reconvertido en observatorio estratosférico de la NASA la ha descubierto en la superficie iluminada por el Sol. El hallazgo puede ser relevante para las futuras misiones tripuladas a nuestro satélite.
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El Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja de la NASA (SOFIA, por sus siglas en inglés) ha confirmado, por primera vez, la presencia de agua en la parte de la superficie de la Luna iluminada por el sol. Este descubrimiento indica que el agua puede estar distribuida por la superficie lunar y que no se limita a lugares fríos y sombreados.

SOFIA ha detectado moléculas de agua (H2O) en el cráter Clavius, uno de los más grandes visibles desde la Tierra, ubicado en el hemisferio sur de la Luna. Observaciones anteriores de la superficie de la Luna detectaron alguna forma de hidrógeno, pero no pudieron distinguir entre el agua y su pariente químico cercano, el hidroxilo (OH). Mediciones de esta ubicación revelan agua en concentraciones de 100 a 412 partes por millón, aproximadamente equivalente a una botella de agua de 350 ml atrapada en un metro cúbico de suelo esparcido por la superficie lunar. Los resultados se publican en el último número de revista Nature Astronomy.

“Teníamos indicios de que H2O, la forma familiar del agua que conocemos, podría estar presente en el lado de la Luna iluminado por el Sol”, explica Paul Hertz, director de la División de Astrofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. “Ahora sabemos que está ahí. Este descubrimiento desafía nuestra comprensión de la superficie lunar y plantea preguntas intrigantes sobre recursos relevantes para la exploración del espacio profundo".

Como comparación, el desierto del Sahara tiene 100 veces la cantidad de agua que SOFIA detectó en el suelo lunar. Pese a que se trata de una cantidad pequeña, el descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre cómo se crea y persiste el agua en la dura superficie lunar sin aire.

El agua es un recurso de gran valor en el espacio profundo y un ingrediente esencial para la vida tal como la conocemos. Queda por determinar si el agua que SOFIA encontró sería fácilmente accesible para su uso como recurso. Dentro del programa Artemis de la NASA, la agencia está deseosa de aprender todo lo que pueda sobre la presencia de agua en la Luna antes de enviar a la primera mujer y al siguiente hombre a la superficie lunar en 2024 y establecer allí una presencia humana sostenible para finales de la década.

Los resultados de SOFIA se basan en años de investigaciones previas que examinan la presencia de agua en la Luna. Cuando los astronautas del Apolo regresaron por primera vez de la Luna en 1969, se creía que nuestro satélite natural estaba completamente seco. Misiones orbitales y de impacto durante los últimos 20 años, como el satélite de observación y detección de cráteres lunares de la NASA, confirmaron la presencia de hielo en cráteres permanentemente a la sombra ubicados alrededor de los polos de la Luna. Mientras tanto, varias naves espaciales, incluida la misión Cassini y la misión Deep Impact a un cometa, así como la misión Chandrayaan-1 de la Agencia India de Investigación Espacial, y la Instalación del Telescopio Infrarrojo en tierra de la NASA, examinaron la superficie lunar y encontraron evidencia de hidratación en lugares más soleados. Sin embargo, esas misiones no pudieron distinguir definitivamente la forma en que estaba presente: H2O u OH.

“Antes de las observaciones de SOFIA, sabíamos que había algún tipo de hidratación”, comenta Casey Honniball, la autora principal, quien publicó los resultados iniciales de este trabajo en su tesis presentada en la Universidad de Hawái (EE UU). "Pero no sabíamos cuánta de esta hidratación era en realidad moléculas de agua, como la que bebemos todos los días, o algo más parecido a un limpiador de desagües".

SOFIA ha proporcionado una nueva manera de observar la Luna. Volando a altitudes de hasta 13,7 kilómetros, este avión de pasajeros Boeing 747SP modificado con un telescopio de 2,7 metrosde diámetro vuela por encima de más del 99 % del vapor de agua de la atmósfera de la Tierra para obtener una vista más clara del universo infrarrojo.

Usando su Cámara infrarroja de Objeto Tenue para el Telescopio SOFIA (FORCAST, por sus siglas en inglés), este observatorio pudo captar la longitud de onda específica única de las moléculas de agua, a 6,1 micras, y descubrió una concentración de estas moléculas relativamente sorprendente en el soleado cráter Clavius.

"Sin la protección de una densa atmósfera, el agua en la zona de la superficie lunar iluminada por el Sol debería perderse en el espacio", señala Honniball, que ahora es becaria postdoctoral en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. “Sin embargo, de alguna manera lo estamos viendo. Algo está generando el agua y algo debe estar atrapándolo allí ".

Posibles fuentes del agua

Varios elementos podrían contribuir al suministro o creación de esta agua. Los micrometeoritos que caen sobre la superficie lunar transportando pequeñas cantidades de agua podrían depositarla en el suelo lunar tras el impacto. Otra posibilidad es que podría haber un proceso de dos etapas mediante el cual el viento solar aporta hidrógeno a la superficie lunar y provoca una reacción química con minerales en el suelo que contienen oxígeno, creando hidroxilo. Mientras tanto, la radiación proveniente del bombardeo de micrometeoritos podría transformar ese hidroxilo en agua.

La manera en que el agua se almacena y acumula también plantea algunas preguntas intrigantes. El agua podría quedar atrapada en pequeñas estructuras en el suelo, en forma de cuentas de collar, formadas a partir del alto calor generado por los impactos de los micrometeoritos. Otra posibilidad es que pueda estar escondida entre los granos de suelo lunar y protegida de la luz solar, lo que la haría un poco más accesible que si estuviera atrapada en estructuras en forma de cuentas.

Para una misión en principio diseñada para observar objetos distantes y tenues como agujeros negros, cúmulos de estrellas y galaxias, focalizar SOFIA hacia el vecino más cercano y brillante de la Tierra supuso un cambio significativo. Los operadores del telescopio suelen utilizar una cámara guía para rastrear estrellas, manteniendo el telescopio fijo en su objetivo de observación. Pero la Luna está tan cerca y es tan brillante que llena todo el campo de visión de la cámara guía. Sin estrellas visibles, no estaba claro si el telescopio podría rastrear la Luna de manera fiable. Para determinar esto, en agosto de 2018, los operadores decidieron hacer una observación de prueba.

"Fue la primera vez que SOFIA miraba la Luna y ni siquiera estábamos completamente seguros de si obtendríamos datos fiables, pero las preguntas sobre el agua de la Luna nos hicieron intentarlo", recuerda Naseem Rangwala, científico del proyecto SOFIA en el Centro de Investigación Ames de la NASA. "Es increíble que este descubrimiento surgiera de lo que esencialmente era una prueba. Ahora que sabemos que podemos hacerlo, estamos planeando más vuelos para realizar más observaciones".

Los vuelos de seguimiento de SOFIA buscarán agua en lugares adicionales iluminados por el Sol y durante diferentes fases lunares para aprender más sobre cómo se produce, almacena y transporta esta sustancia por la Luna. Los datos se sumarán al trabajo de futuras misiones a la Luna, como el vehículo explorador polar de exploración de volátiles (VIPER, por sus siglas en inglés) de la NASA, para crear los primeros mapas de recursos hídricos de nuestro satélite para la futura exploración espacial humana.

En el mismo número de Nature Astronomy, los científicos han publicado otro artículo utilizando modelos teóricos y datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar, señalando que el agua podría quedar atrapada en pequeñas sombras, donde las temperaturas se mantienen por debajo del punto de congelación, en una mayor área de la Luna de lo que se cree actualmente.

"El agua es un recurso valioso, tanto para fines científicos como para el uso de nuestros exploradores espaciales", destaca Jacob Bleacher, científico jefe de exploración de la Dirección de Misión de Operaciones y Exploración Humana de la NASA. "Si podemos utilizar los recursos de la Luna, entonces podemos transportar menos agua y más equipos para ayudar a permitir nuevos descubrimientos científicos".

SOFIA es un proyecto conjunto de la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán. Ames gestiona el programa SOFIA, la investigación científica y las operaciones de la misión en cooperación con la Asociación de Investigación Espacial de Universidades (EE.UU.) y el Instituto SOFIA alemán de la Universidad de Stuttgart. La aeronave es mantenida y operada desde el Centro de Investigaciones de Vuelo Armstrong de la NASA en California.
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ETIQUETAS • Astronomía
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Una herramienta de análisis muestra que la estructura del relato onírico varía según el estadio del sueño

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Investigadores brasileños y sudafricanos comprueban mediante un estudio de grafos que la narración referente a la fase REM tiende a ser más compleja y conectada que la de la etapa no REM.
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Existen sueños que, al ser tan vívidos, pueden narrarse al modo de un guion cinematográfico, pues perduran en su plenitud de conexiones, con comienzo, medio y fin. En tanto, otros se asemejan a los GIF de WhatsApp, o a lo sumo a un guion de un video corto, al estilo de la red social china TikTok. Si bien pueden ser impactantes y estar repletos de significados, exhiben una estructura mucho más sencilla que la descripción onírica al estilo “largometraje”.

Esta analogía sobre las diferentes formas de relatos oníricos es de la neurocientífica Natalia Mota, investigadora del Instituto del Cerebro de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), en Brasil, una de las autoras del estudio publicado en PLOS One en el cual se confirmó que los relatos de los sueños acaecidos durante la fase REM tienden a ser más complejos y más conectados que los del sueño no REM, o NREM.

Cabe recordar que el sueño se divide básicamente en cuatro estadios. Los dos primeros (N1 y N2) ocurren cuando la persona está saliendo del estado de vigilia y generalmente tiene entonces sueños cortos, aunque muchas veces son intensos durante esta transición al dormir. El estadio siguiente es el denominado sueño de ondas lentas (N3), cuando prácticamente no se sueña. En tanto, durante el estadio N4 –también conocido como sueño REM o MOR, las siglas en inglés o en español que lo caracterizan por sus movimientos oculares rápidos y repetitivos–, el sueño tiende a ser más expresivo, con conexiones y comienzo, nudo y desenlace.

“Existe todo un conocimiento sobre la ciencia de los sueños que se basa en herramientas objetivas en las cuales evaluadores humanos se capacitaban para leer relatos oníricos y analizar cuán complejos, bizarros o conectados eran los mismos. Se sabe que los sueños del estadio REM son más largos e incluso que parecen más bien películas.

Al automatizar este proceso de análisis, tal como lo hicimos en este estudio, pudimos efectuar por primera vez una evaluación cuantitativa de esa diferencia estructural. Desarrollamos una herramienta con capacidad para analizar un gran volumen de datos rápidamente, sin sesgos subjetivos o incluso de lenguaje, pues puede utilizársela en cualquier idioma”, dice el neurocientífico Sidarta Ribeiro, quien integra el Centro de Investigación, Innovación y Difusión en Neuromatemática (NeuroMat), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) apoyado por la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo - FAPESP con sede en la Universidad de São Paulo (USP).

En el estudio, los investigadores analizaron los relatos oníricos palabra por palabra valiéndose de la teoría de grafos, un campo de la matemática que estudia las relaciones entre los objetos de un determinado conjunto.

“No se trata de un análisis semántico, de significado de las palabras. No estamos trabajando con lo que se dijo, sino con la manera como se lo dijo. Esto permite una infinidad de análisis futuros sobre la comprensión del sueño en distintas culturas y países”, afirma Mota.

A través de la teoría de grafos, los investigadores analizaron 133 relatos de sueños de 20 voluntarios a quienes se los despertó en distintas etapas del sueño, fundamentalmente durante el sueño REM, cuando se registran más sueños, y en el estadio N2 (no REM), que no produce tantos relatos oníricos. Al despertarse, los participantes en el estudio narraron sus sueños, y los archivos de audio se analizaron palabra por palabra mediante el método de análisis de grafos.

“Este estudio es el primero que muestra mediante la teoría de grafos que los relatos de los sueños REM poseen una conexión estructural mayor en comparación con los del sueño no REM (N2). Al analizar los grafos, puede verse que los sueños más complejos están asociados a una mayor conectividad y a estructuras de gráficos menos aleatorias.

Sin dejar de lado la importancia de los métodos tradicionales de análisis, estos resultados son importantes, pues indican que los métodos computacionales pueden aplicarse a los estudios del estado onírico”, dice Joshua Martin, primer autor del artículo, quien llevó a cabo su investigación durante la elaboración de su tesina de maestría, defendida en el programa de Psicobiología de la UFRN.

Martin contó durante su estudio con la dirección de Sidarta Ribeiro y de Mark Solms, investigador de la Universidad de Ciudad del Cabo (en Sudáfrica) y el primero que demostró en estudios anteriores que los sueños no se producen únicamente durante la fase MOR o REM.

“Hasta comienzos del siglo XXI, prevalecía la premisa de que los sueños se elaboran únicamente durante el sueño REM, y que no era necesario estudiar los sueños: se estudiaba el sueño REM y listo. Hoy en día se sabe que soñamos por las noches tanto durante los estadios REM como en los NREM, aunque en grados variables”, observa Ribeiro.

Un dato importante del estudio es el que consigna que, al tratarse de una colaboración internacional, los relatos de voluntarios de Sudáfrica se analizaron en Brasil, lo que refuerza el alcance global de aplicación de esta herramienta a los estudios sobre los sueños.

“Los resultados apuntan que esta herramienta logra identificar esa diferencia de complejidad entre las fases del sueño en términos de calidad de los sueños. No son diferencias que dependen del significado, sino que se trata de diferencias en la forma de comunicarse de las personas. Esto es sumamente importante para salir del sesgo del idioma”, explica Mota.

La investigadora explica que la variación se encuentra en la organización de habla. “Lo que nos lleva a un cuestionamiento que se extiende más allá del significado de las palabras. Por más que el sueño sea bizarro, que tenga contenido o que carezca del mismo, lo que importa es el modo de organización de esa memoria de quien la relata. Lo que vimos es que la forma narrativa de un sueño de sueño REM es mucho más compleja y rica en informaciones conectadas”, sostiene.

Los investigadores afirman que esta herramienta surge como una alternativa prometedora con miras a expandir el conocimiento que poseemos sobre los sueños. “Puede ser sumamente útil para realizar un análisis amplio de los relatos de sueños en todo el mundo, como los que se encuentran en el repositorio digital Dream Bank, por ejemplo, que actualmente contiene más de 20 mil relatos”, dice Martin.
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Trabajo de referencia | Puede leerse el artículo titulado Structural differences between REM and non-REM drean reports assessed by graph analysis (doi: 10.1371/journal.pone.0228903), de Joshua M. Martin, Danyal Wainstein Andriano, Natalia B. Mota, Sergio A. Mota-Rolim, John Fontenele Araújo, Mark Solms y Sidarta Ribeiro, en el siguiente enlace: journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0228903.
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Pandemias extraterrestres

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¿Puede un organismo extraterrestre producir una pandemia catastrófica en nuestro planeta? Tales preguntas surgen cada vez que planteamos traer a la Tierra muestras de otros mundos del Sistema Solar.
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Mars Rover. Image by skeeze from Pixabay
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¿Puede un organismo extraterrestre producir una pandemia catastrófica en nuestro planeta? Tales preguntas surgen cada vez que planteamos traer a la Tierra muestras de otros mundos del Sistema Solar y, en un contexto como el de la actual COVID-19, que demuestra lo difícil que es contener un patógeno, hace que próximas misiones como la Mars Sample Return enciendan una brillante luz roja en más de uno. ¿Podría una muestra marciana traer «inquilinos» que fueran un riesgo biológico?

La respuesta breve es «no se descarta», y por eso se intenta desarrollar sistemas seguros que rompan la cadena de contacto entre la nave espacial que regresa y las muestras de rocas de Marte, con técnicas de sellado y soldadura para crear tres o cuatro niveles de contención y esterilización mediante radiaciones y altas temperaturas del exterior del contenedor y la propia nave (con el riesgo de que este proceso altere la muestra sellada). El segundo problema es cómo recoger la muestra con seguridad (¿imaginan si se estrella la sonda durante su regreso a la Tierra?), y el tercero, disponer de un laboratorio dedicado a tratar la muestra marciana (tal laboratorio aún no existe).

¿Podría el equivalente marciano de un virus suponer un peligro? La buena noticia es que muy probablemente no. En la Tierra los virus «funcionan» porque están basados en la maquinaria común a todos los organismos terrestres, que utilizan en su beneficio, pues en el fondo son cadenas de ADN o ARN como las que ya tenemos en nuestro cuerpo. Es difícil que, de haber el equivalente a un virus marciano, pueda provocar ninguna infección en un organismo terrestre; si me permiten la comparación, es como si un iPad pillara un virus de Windows. A no ser que en el remoto pasado hubiera habido contaminación cruzada entre Marte y la Tierra, y la vida en ambos planetas tuviera un origen común (algo que no es posible descartar).

Más peligrosos serían organismos sofisticados, similares a bacterias. La patogenicidad de muchas bacterias terrestres no viene de que su «maquinaria interna» coincida con la nuestra, sino de que pueden encontrar nutritivos nuestros tejidos y, al consumirlos y reproducirse, dañar estos tejidos o interferir en su funcionamiento, o resultarnos tóxicas sus excreciones. Supongamos, por ejemplo, organismos marcianos comedores de hierro que obtengan su fuente de energía de oxidar hierro ferroso (Fe2+) a férrico (Fe3+); tales organismos podrían encontrar sumamente nutritiva nuestra hemoglobina. O un «vegetal» marciano, que sintetice sus componentes a partir de la radiación solar y el escaso dióxido de carbono de Marte; para este, la Tierra sería un paraíso por la abundancia de ambos elementos y podría reproducirse a gran velocidad. Imagínense si encontrara atractivo vivir en nuestras fosas nasales…

Con todo, probablemente a la vida marciana no le iría bien la competición con los organismos terrestres. En Marte, si hay vida, a duras penas subsiste en el límite de la supervivencia en un entorno altamente hostil. En cambio, en la Tierra, donde ha habido una larguísima carrera armamentística de unos seres contra otros, la vida es la norma; el lugar con los organismos más agresivos, peligrosos, venenosos o patógenos es la Tierra. Pero, ojo, creer que si un organismo ha evolucionado en la Tierra está por ese motivo mejor adaptado a este entorno es un error, como nos lo demuestran los problemas asociados a especies invasoras.

En general la comunidad científica comparte la creencia de que la posibilidad de que las rocas de Marte contengan formas de vida que puedan infectar la Tierra es extremadamente baja. Además, es posible que ya haya llegado vida marciana a bordo de meteoritos originados en aquel planeta, y esto no parece que haya ocasionado una catástrofe pandémica… Bueno, al menos que nos conste.

Artículo escrito por Fernando Ballesteros y publicado en la web de la Revista Mètode.
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El vuelo de las lechuzas inspira a la industria aeronáutica para proyectar aviones más silenciosos

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Científicos brasileños estudiaron la morfología de las alas de estas aves para identificar las características que las hacen ejecutar un vuelo sin ruido.
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La industria aeronáutica ha venido siendo presionada por las agencias reguladoras de la aviación a disminuir los niveles sonoros que generan las aeronaves que fabrican, de manera tal que para el año 2030 no sea más posible oír fuera del perímetro aeroportuario el ruido de un avión al despegar o aterrizar. Una de las soluciones para este problema fue la que hallaron científicos de la Universidad de Campinas (Unicamp), en Brasil, en las alas de lechuzas y los búhos (Strigiformes).

Al estudiar la aerodinámica del vuelo de estas aves, considerado como el más silencioso, los investigadores del Laboratorio de Ciencias Aeronáuticas de la Facultad de Ingeniería Mecánica (FEM) de la Unicamp, en colaboración con sus pares del Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), con sede en la localidad de São José dos Campos, y de la Universidad Lehigh, en Estados Unidos, identificaron características en sus alas que, al mimetizárselas en las alas de los aviones, permiten proyectar aeronaves más silenciosas.

“Desarrollamos un modelo numérico matemático para simular algunas características de las alas de las lechuzas y los búhos en las alas de los aviones y comprobamos mediante experimentos que esto permite proyectar aeronaves más silenciosas”, dice William Wolf, docente de la FEM-Unicamp y uno de los responsables del proyecto en su brazo brasileño.

De acuerdo con el investigador, los aviones tienen diversas fuentes de ruidos aerodinámicos que se generan debido a la turbulencia en el escurrimiento de aire que pasa alrededor de sus alas. Esta turbulencia genera perturbaciones que convierten a la energía de la velocidad del aire en ondas acústicas.

En el despegue, cuando las aeronaves deben desarrollar su potencia máxima para alzar vuelo, la mayor parte del ruido la genera el motor. En tanto durante el aterrizaje, cuando la potencia del motor disminuye, las principales fuentes de ruidos aerodinámicos pasan a ser el tren de aterrizaje y las superficies hipersustentadoras, compuestas por las alas, los flaps y los slats, que son dispositivos móviles situados en las alas cuya función consiste en expandir la superficie y aumentar la sustentación de las aeronaves. “El ruido aerodinámico es provocado por la turbulencia en esos puntos de la aeronave”, explica Wolf.

En los últimos años, los nuevos motores aeronáuticos se han vuelto más eficientes y también mayores, por eso deben estar más cerca de las alas de las aeronaves para apartarse del suelo. Esta aproximación genera una interacción entre el ruido provocado por el motor y los bordes de fuga –la parte posterior de las alas–, que causa una dispersión acústica y aumenta el ruido de las nuevas aeronaves, explica Wolf.

Con el fin de hallarle una solución a este problema, los investigadores estudiaron la morfología de las alas de las lechuzas y los búhos para identificar las características que hacen que el vuelo de estas aves sea silencioso, a los efectos de reducir el ruido.

Los científicos observaron que las alas de las lechuzas y los búhos poseen plumas aterciopeladas, con franjas elásticas y porosas tanto en la zona frontal como en la parte posterior –los bordes de ataque y de fuga–, que rompen las estructuras de turbulencia en partes menores y disminuyen el ruido. Asimismo, los bordes de fuga son ligeramente serrados, lo que también contribuye para reducir el ruido durante el vuelo.

“Todos estos elementos encontrados en las alas de las lechuzas y los búhos actúan de manera tal de reducir el ruido que producen estas aves”, afirma Wolf.

Con base en estas constataciones, los investigadores desarrollaron un sistema de alas con flecha de la zona posterior, cuando la inclinación se orienta hacia la parte frontal de la aeronave. Esta alteración permitió reducir la dispersión del ruido del motor en el borde de fuga, modificando la difracción acústica y disminuyendo la generación de ruido.

Esta investigación, apoyada por la FAPESP, resultó en el depósito de patentes en Europa y en Estados Unidos sobre este nuevo concepto de proyecto de alas silenciosas. Los estudios se concretaron en colaboración con científicos del ITA, de la Universidad de Poitiers, en la Francia, y de Airbus.

El ruido en los trenes de aterrizaje

Los investigadores de la Unicamp también han desarrollado proyectos en esta área de investigación denominada aeroacústica en asociación con Boeing. En colaboración con ingenieros de la empresa aeroespacial estadounidense, evaluaron los efectos de la turbulencia en el tren de aterrizaje de una aeronave modelo 777 de la compañía, mediante simulaciones computacionales y técnicas estadísticas.

Los análisis indicaron que las principales fuentes de ruido en ese componente está constituida por las cavidades existentes en las ruedas y en el fuselaje de las aeronaves, empleadas para replegar el tren de aterrizaje durante el vuelo.

“Descubrimos que, a determinadas frecuencias excitadas por el escurrimiento turbulento, algunas de esas cavidades exhiben efectos de resonancia que generan un ruido muy intenso y que puede ser extremadamente perturbador para los oídos humanos”, dice Wolf.

Para efectuar las simulaciones, que demandaron 7,5 millones de horas de computación procesando los datos durante seis meses seguidos, se empleó una supercomputadora en Estados Unidos con 3.200 mil núcleos de procesamiento en simultaneidad.

“Fue una de las mayores simulaciones computacionales realizadas por Boeing. Una simulación por sí sola generó 50 terabytes de datos”, afirma Wolf.

Las aplicaciones en otras áreas

Los descubrimientos realizados en estudios de aeroacústica se han aplicado en otras áreas, como en la industria automotriz y en la de ventilación industrial, y en proyectos de turbinas eólicas.

A ejemplo de las alas de aviones, los álabes o paletas de las turbinas eólicas y los ventiladores industriales también se ven directamente afectados por la turbulencia, tanto en la parte frontal como en la parte posterior. En este caso, los bordes de ataque y de fuga generan ruido, según las observaciones de los investigadores en proyectos desarrollados en asociación con General Electric (GE), en el caso de los aerogeneradores, y con la empresa FanTR, fabricante de ventiladores industriales.

En tanto, en los automóviles, la turbulencia provoca tanto el aumento del consumo de combustible, en razón del aumento del arrastre, como de la generación de ruido, que les causa molestias al conductor y a quienes van junto con él.

Este último problema tiende a volverse aún más notorio en los próximos años, con el desarrollo de los vehículos eléctricos, autónomos y voladores. Por eso ha empezado a ser objeto de una mayor atención en la industria automotriz y, en el caso de los coches voladores, también de la industria aeronáutica, apunta Wolf.

Con el avance de los vehículos eléctricos, que generan menos ruido, la industria automotora deberá redoblar sus esfuerzos con miras a disminuir el ruido de otras fuentes en los automóviles. En tanto, en el caso de los coches autónomos, con la menor necesidad de prestarle atención a la conducción, los pasajeros podrán interactuar más en el interior del vehículo y dedicarse a otras actividades. “Pasarán estar más sensibles ante los ruidos externos generados por la turbulencia”, estima el investigador.

A su vez, los vehículos voladores, con despegue vertical, exhibirán altos niveles de ruido. “Si los drones pequeños ya muestran un alto nivel de ruido actualmente, cabe imaginar lo que será con diversos coches voladores transportando gente en una ciudad como São Paulo”, ejemplifica Wolf.
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ETIQUETAS • Tecnología, Investigación
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Una nueva cinta flexible permite almacenar información en dispositivos portátiles

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Está hecha de un material antiferromagnético y ofrece una alternativa más robusta para codificar la información digital. El diseño podría integrarse en dispositivos flexibles, como las tarjetas de crédito o identificación.
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Las nuevas cintas antiferromagnéticas podrían integrarse en tarjetas de crédito e identificación / ICMAB
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Investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con el Sincrotrón ALBA, han diseñado unas nuevas cintas flexibles y cristalinas hechas con materiales antiferromagnéticos. Esta innovación, que aparece detallada en la revista Applied Materials & Interfaces, permite la grabación de información magnética de manera más segura y robusta, y podría integrarse en dispositivos flexibles o portátiles, como las tarjetas de crédito o de identificación.

Los materiales antiferromagnéticos son una alternativa más robusta para almacenar información que los ferromagnéticos (los más usados en la actualidad para codificar los bits de información digital, por ejemplo, en las tarjetas magnéticas).

“Los ferromagnetos se conocen desde hace miles de años y su comportamiento ha sido extensamente estudiado. Los antiferromagnéticos, en los que los momentos magnéticos de los átomos se alinean espontáneamente en forma antiparalela a los momentos de los átomos vecinos, pueden utilizarse para almacenar información, siguiendo determinados protocolos, proporcionando una mayor seguridad que los ferromagnetos”, explica Ignasi Fina, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona y primer autor del artículo.

La aleación hierro-rodio (FeRh) es uno de los materiales antiferromagnéticos que puede mostrar estas características. Además, es especialmente fácil de manipular su ordenamiento antiferromagnético gracias a que presenta una transición de antiferromagneto a ferromagneto a una temperatura cercana a temperatura ambiente. Hasta ahora el FeRh no se había integrado en los dispositivos flexibles convencionales (crecidos sobre sustratos poliméricos), porque necesita mostrar una buena cristalinidad (átomos dispuestos en un cierto orden) que permite estabilizar el ordenamiento antiferromagnético. La aleación FeRh normalmente se prepara en sustratos cristalinos individuales, lo que los hace rígidos y potencialmente frágiles.

Un material flexible de estructura cristalina

"Es especialmente difícil obtener un material flexible con una estructura cristalina. Dado que las propiedades de los materiales dependen totalmente de su estructura, es muy importante obtener una buena cristalinidad, que es lo que da a este material antiferromagnético sus propiedades únicas para almacenar información", añade Fina.

El estudio demuestra la robustez de las propiedades magnéticas del material cuando éste se dobla, así como el almacenamiento de la información en las cintas, que podrían fabricarse de varios metros de largo. Su escalabilidad es, por tanto, factible.

“Estas cintas antiferromagnéticas flexibles tienen múltiples aplicaciones en la grabación de información magnética de manera segura y robusta, y podrían integrarse en dispositivos reales flexibles o portátiles, como tarjetas de crédito o de identificación, donde la seguridad y la robustez contra la radiación electromagnética, por ejemplo, la procedente de los teléfonos móviles, es extremadamente importante. Probablemente surja otro posible nicho de aplicaciones cuando se disponga de los prototipos adecuados”, concluye el investigador del CSIC.

El equipo de investigadores seguirá trabajando en esta idea en el marco de un proyecto AGAUR/FEDER/GenCat concedido en la convocatoria LLAVOR 2019.
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Trabajo de referencia | Ignasi Fina, Nico Dix, Enric Menéndez, Anna Crespi, Michael Foerster, Lucia Aballe, Florencio Sánchez, Josep Fontcuberta. Flexible Antiferromagnetic FeRh Tapes as Memory Elements. ACS Appl. Mater. DOI: 10.1021/acsami.0c00704
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Muerte por espaguetificación: los últimos momentos de una estrella devorada por un agujero negro

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Un equipo de astrónomos ha detectado una rara explosión de luz proveniente de una estrella desgarrada por un agujero negro supermasivo. El fenómeno, conocido como evento de disrupción de marea, es el más cercano de este tipo registrado hasta la fecha, a una distancia de poco más de 215 millones de años luz de la Tierra, y ha sido estudiado con un detalle sin precedentes.
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Representación artística de una estrella con efecto de disrupción de marea provocado por un agujero negro supermasivo.
Crédito: ESO/M. Kornmesser
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“La idea de un agujero negro 'succionando' a una estrella cercana suena como a ciencia ficción. Pero es exactamente lo que sucede en un evento de disrupción de marea”, declara Matt Nicholl, profesor e investigador de la Real Sociedad Astronómica en la Universidad de Birmingham, Reino Unido, y autor principal del nuevo estudio. Pero estos eventos de disrupción de marea, donde una estrella experimenta lo que se conoce como espaguetificación al ser absorbido por un agujero negro, son poco comunes y no siempre son fáciles de estudiar. Con el fin de estudiar en detalle lo que sucede cuando una estrella es devorada por un monstruo de este tipo, el equipo de investigación apuntó al VLT (Very Large Telescope) y al NTT (New Technology Telescope) de ESO hacia un nuevo destello de luz que tuvo lugar el año pasado cerca de un agujero negro supermasivo.

Los astrónomos saben lo que debería pasar en teoría. "Cuando una desafortunada estrella vaga demasiado cerca de un agujero negro supermasivo del centro de una galaxia, el tirón gravitacional extremo del agujero negro desgarra a la estrella, arrancándole finas corrientes de material", explica el autor del estudio, Thomas Wevers, un investigador postdoctoral de ESO (“ESO Fellow”) en Santiago de Chile que se encontraba en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) cuando dirigió este trabajo. A medida que algunas de las finas hebras de materia estelar caen en el agujero negro durante este proceso de espaguetificación, se libera una brillante llamarada de energía que los astrónomos pueden detectar.

Aunque potente y brillante, hasta ahora los astrónomos han tenido problemas para investigar estas ráfagas de luz que a menudo se ven oscurecidas por una cortina de polvo y escombros: ahora han sido capaces de arrojar luz sobre el origen de esta cortina.

“Descubrimos que, cuando un agujero negro devora una estrella, puede lanzar una poderosa explosión de materia hacia afuera que obstruye nuestra vista”, explica Samantha Oates, también de la Universidad de Birmingham. Esto sucede porque la energía liberada cuando el agujero negro se alimenta del material estelar impulsa los escombros de la estrella hacia afuera.

El descubrimiento fue posible porque el evento de disrupción de marea que el equipo estudió, AT2019qiz, se detectó poco tiempo después de que la estrella fuera destrozada. “En realidad, gracias a que lo detectamos pronto, pudimos ver la cortina de polvo y escombros formándose a medida que el agujero negro lanzaba un potente chorro de material con velocidades de hasta 10 000 km/s”, afirma Kate Alexander, investigadora postdoctoral (NASA Einstein Fellow) en la Universidad de Northwestern (Estados Unidos). “Este 'vistazo tras el telón' fue nuestra primera oportunidad para identificar el origen del material que oscurece y seguir en tiempo real cómo envuelve al agujero negro”.

Durante un período de 6 meses, a lo largo de los cuales la llamarada creció en luminosidad y luego se desvaneció, el equipo llevó a cabo observaciones de AT2019qiz, ubicada en una galaxia espiral, en la constelación de Eridanus. “Varios sondeos detectaron la emisión del nuevo evento de disrupción de marea muy poco tiempo después de que la estrella fuera destrozada", declara Wevers. "Inmediatamente apuntamos un conjunto de telescopios terrestres y espaciales en esa dirección para ver cómo se producía la luz”.

En los meses sucesivos se llevaron a cabo múltiples observaciones del evento con instalaciones que incluyeron a X-shooter y EFOSC2, potentes instrumentos instalados en el VLT y el NTT de ESO, en Chile. La celeridad y las extensas observaciones en luz ultravioleta, rango óptico, rayos X y ondas de radio, revelaron, por primera vez, una conexión directa entre el material que fluye de la estrella y el brillante destello emitido a medida que es devorada por el agujero negro. “Las observaciones mostraron que la estrella tenía aproximadamente la misma masa que nuestro propio Sol y que el monstruoso agujero negro, que es más de un millón de veces más masivo, le había hecho perder aproximadamente la mitad de esa masa”, afirma Nicholl, que también es investigador visitante en la Universidad de Edimburgo.

Esta investigación nos ayuda a entender mejor los agujeros negros supermasivos y cómo se comporta la materia en los entornos de gravedad extrema que los rodean. El equipo dice que AT2019qiz podría incluso actuar como una "piedra Rosetta" para interpretar futuras observaciones de eventos de disrupción de marea. El ELT (Extremely Large Telescope) de ESO, cuyo inicio de operaciones se prevé para esta década, permitirá a los investigadores detectar eventos de disrupción de marea cada vez más débiles y de evolución más rápida con el fin de resolver más misterios de la física de los agujeros negros.
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La baja diversidad genética de los neandertales fue la principal causa de su extinción

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¿Qué provocó la desaparición de Homo neanderthalensis, una especie que, aparentemente, tenía tantas capacidades como Homo sapiens? Hay varias teorías que tratan de explicarlo: el clima, la competencia con Homo sapiens, la baja diversidad genética… Un estudio en el que participa la Universitat de València analiza la primera vértebra cervical de varios neandertales y confirma que la diversidad genética de la población era baja, lo que dificultó su capacidad de adaptación a posibles cambios del entorno y, por tanto, su supervivencia.
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Image by David Mark from Pixabay
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En el estudio ha participado el profesor Juan Alberto Sanchis Gimeno, del Departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Facultat de Medicina i Odontologia de la Universitat de València; el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Se han analizado tres vértebras del yacimiento de Krapina (Croacia) y revisado el material de otros yacimientos.

Los neandertales habitaron el continente europeo hasta hace apenas 30.000 años y su desaparición continúa siendo un misterio. Para conocer su diversidad genética se ha trabajado descifrando su genoma, pero también analizando diferentes caracteres anatómicos del registro fósil de la especie. “En este estudio nos hemos centrado en las variantes anatómicas de la primera vértebra cervical, conocida como atlas. Las variantes anatómicas de esta vértebra tienen una alta relación con la diversidad genética: cuanto mayor es la prevalencia de este tipo de variantes anatómicas, menor es la diversidad genética poblacional”, explica el investigador del MNCN, Carlos A. Palancar.

En Homo sapiens las variantes anatómicas del atlas han sido ampliamente estudiadas en los últimos años. En el caso de los humanos modernos, el atlas muestra alguna de las distintas variantes anatómicas en casi el 30% de los casos. “Sin embargo, probablemente debido a la mala preservación que tiene esta vértebra cervical y el poco material recuperado en el registro fósil, los atlas de neandertales apenas se han observado bajo esta lupa”, aclara el investigador de la Universidad de Valencia Juan Alberto Sanchis Gimeno.

Recientemente, investigadores del Grupo de Paleonantropología del MNCN determinaron la presencia de diferentes variantes anatómicas en los atlas de los neandertales del yacimiento de El Sidrón (Asturias). Con el objetivo de confirmar la alta prevalencia de las variantes anatómicas de esta especie analizaron exhaustivamente los atlas fósiles de los neandertales del yacimiento de Krapina (Croacia). “Krapina es un yacimiento de alrededor de 130.000 años de antigüedad, frente a los cerca de 50.000 que tiene El Sidrón. Es el yacimiento del que se ha recuperado un mayor número de restos neandertales, lo que lo convierte en una muestra de especial interés en el análisis de la diversidad genética de esta especie ya que potencialmente todos los individuos pertenecían a una misma población”, apunta Daniel García-Martínez, investigador del CENIEH.

El estudio de la anatomía de los tres atlas recuperados en este yacimiento ha revelado la presencia de variantes anatómicas en dos de ellos (66%). Una de ellas, conocida como Unclosed Transverse Foramen, UTF, tiene una prevalencia de tan sólo un 10% en humanos modernos. “Comprobar la presencia de estas variantes anatómicas en Krapina, junto con la revisión de otros atlas presentados a la comunidad científica que hasta ahora no se han analizado bajo esta perspectiva y que arroja datos similares (más del 50%), sugieren que la cantidad de variantes en los neandertales es significativamente mayor que la de humanos actuales”, afirma Palancar.

“Estos datos apoyan la teoría de que su diversidad genética era muy baja y confirma que esta pudo ser una de las causas de su desaparición”, concluye el investigador del MNCN Markus Bastir.
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La vida tardó ‘solo’ 700.000 años en recuperarse en el lugar donde impactó el asteroide que acabó con los dinosaurios

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La productividad biológica fue clave en la rápida diversificación y estabilización de las comunidades tras el evento de extinción del final del Cretácico, según un estudio internacional en el que participa la Universidad de Granada.
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Cráter de Chicxulub. Imagen: Agencia Espacial Mexicana.
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Una investigación internacional que publica esta semana la revista Geology (la primera a nivel mundial en el área de Geología) y en la que participa la Universidad de Granada (UGR) ha aportado nuevos datos sobre cómo y por qué se recuperó tan rápidamente la vida en la zona donde impactó el asteroide que acabó con los dinosaurios (Chicxulub, en la Península de Yucatán, México).

Este trabajo ha puesto de manifiesto la rápida diversificación y estabilización de la comunidad bentónica (esto es, la comunidad formada por los organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos) tras el impacto del asteroide que ocasionó la extinción en masa de final del Cretácico (K-Pg).

La investigación ha revelado que, tras la rápida recuperación inicial de algunos organismos, ocurrida en el rango de las pocas decenas de años, la vida en el fondo marino del cráter volvió a niveles de abundancia y diversidad similares a los previos al impacto en solo 700.000 años, un tiempo significativamente rápido a escala geológica.

El impacto del asteroide tuvo lugar hace unos 66 millones de años, y ocasionó una de las cinco grandes (Big Five) extinciones en masa del Fanerozoico, la correspondiente al límite Cretácico/Paleógeno que provocó la desaparición de los dinosaurios de la faz de la Tierra.

Se trata de un cráter de 180 kilómetros de diámetro provocado por este asteroide, cuya violencia ha sido comparada con la de mil millones de bombas atómicas. El impacto alteró significativamente el medio a nivel global, produciendo grandes terremotos de magnitud superior a 11 en la Escala de Richter, tsunamis de entre 100 y 300 metros de altura, aumentos de temperatura, fuegos a distancias de entre 1.500 y 4.000 kilómetros del cráter, y lluvias ácidas, entre otras catástrofes. Como consecuencia, se extinguieron alrededor del 70% de las especies marinas y continentales que vivían en ese período, lo que supuso un gran cambio en la evolución de la vida sobre la Tierra, con importancia sobre las especies que habitan en la actualidad.

El catedrático del departamento de Estratigrafía y Paleontología de la UGR Francisco Javier Rodríguez-Tovar ha participado en esta investigación. Previos análisis icnológicos (publicados en la revista Nature en 2018), realizados por el Dr. Rodríguez-Tovar en el cráter del impacto en Chicxulub, ya pusieron de manifiesto la sorprendentemente rápida recuperación inicial de la comunidad tras el impacto.

Sobre esta base han continuado las investigaciones icnológicas en el marco de la Expedición 364 del International Ocean Discovery Program (IODP) “Chicxulub: drilling the K-Pg impact crater” de la que forma parte el investigador de la UGR.

El objetivo de la nueva investigación era evaluar las distintas fases de la evolución tras el impacto del asteroide, y calibrar cuándo tuvo lugar la completa recuperación de la comunidad bentónica, alcanzando niveles de diversidad y abundancia similares a los previos al impacto.

La importancia de la productividad biológica

Los resultados obtenidos por Rodríguez-Tovar revelan que, aproximadamente a los 700.000 años tras el impacto (un tiempo significativamente rápido a escala geológica), la comunidad de organismos generadores de trazas se había recuperado completamente, como lo atestigua el abundante registro de Chondrites, Palaeophycus, Planolites y Zoophycos.

“Sin embargo, esa recuperación no fue brusca, sino producto de distintas fases de diversificación, estabilización y consolidación. De acuerdo con las características de las trazas y los organismos que las generaron se confirma la importancia de la productividad biológica como el factor clave de esta rápida recuperación”, apunta el catedrático de la UGR.

El trabajo compara, además, los datos obtenidos con los procedentes de otras grandes extinciones del Fanerozoico, como la correspondiente al final del Pérmico, revelando patrones similares en la recuperación tras el evento de extinción en masa, pero con una gran diferencia en lo que se refiere al tiempo implicado en esta recuperación, que fue mucho menor tras la extinción del final del Cretácico.

Los resultados y conclusiones abren una nueva línea de estudio de las extinciones en masa, de gran importancia en la evolución de la vida sobre nuestro planeta y su recuperación tras cambios ambientales extremos.
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Trabajo de referencia | Rapid macrobenthic diversification and stabilization after the end-Cretaceous mass extinction event. Francisco J. Rodríguez-Tovar; Christopher M. Lowery; Timothy J. Bralower; Sean P.S. Gulick; Heather L. Jones. Geology (2020). https://doi.org/10.1130/G47589.1
https://pubs.geoscienceworld.org/gsa/geology/article/doi/10.1130/G47589.1/588088/Rapid-macrobenthic-diversification-and
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