Una herramienta de análisis muestra que la estructura del relato onírico varía según el estadio del sueño

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Investigadores brasileños y sudafricanos comprueban mediante un estudio de grafos que la narración referente a la fase REM tiende a ser más compleja y conectada que la de la etapa no REM.
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Existen sueños que, al ser tan vívidos, pueden narrarse al modo de un guion cinematográfico, pues perduran en su plenitud de conexiones, con comienzo, medio y fin. En tanto, otros se asemejan a los GIF de WhatsApp, o a lo sumo a un guion de un video corto, al estilo de la red social china TikTok. Si bien pueden ser impactantes y estar repletos de significados, exhiben una estructura mucho más sencilla que la descripción onírica al estilo “largometraje”.

Esta analogía sobre las diferentes formas de relatos oníricos es de la neurocientífica Natalia Mota, investigadora del Instituto del Cerebro de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), en Brasil, una de las autoras del estudio publicado en PLOS One en el cual se confirmó que los relatos de los sueños acaecidos durante la fase REM tienden a ser más complejos y más conectados que los del sueño no REM, o NREM.

Cabe recordar que el sueño se divide básicamente en cuatro estadios. Los dos primeros (N1 y N2) ocurren cuando la persona está saliendo del estado de vigilia y generalmente tiene entonces sueños cortos, aunque muchas veces son intensos durante esta transición al dormir. El estadio siguiente es el denominado sueño de ondas lentas (N3), cuando prácticamente no se sueña. En tanto, durante el estadio N4 –también conocido como sueño REM o MOR, las siglas en inglés o en español que lo caracterizan por sus movimientos oculares rápidos y repetitivos–, el sueño tiende a ser más expresivo, con conexiones y comienzo, nudo y desenlace.

“Existe todo un conocimiento sobre la ciencia de los sueños que se basa en herramientas objetivas en las cuales evaluadores humanos se capacitaban para leer relatos oníricos y analizar cuán complejos, bizarros o conectados eran los mismos. Se sabe que los sueños del estadio REM son más largos e incluso que parecen más bien películas.

Al automatizar este proceso de análisis, tal como lo hicimos en este estudio, pudimos efectuar por primera vez una evaluación cuantitativa de esa diferencia estructural. Desarrollamos una herramienta con capacidad para analizar un gran volumen de datos rápidamente, sin sesgos subjetivos o incluso de lenguaje, pues puede utilizársela en cualquier idioma”, dice el neurocientífico Sidarta Ribeiro, quien integra el Centro de Investigación, Innovación y Difusión en Neuromatemática (NeuroMat), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) apoyado por la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo - FAPESP con sede en la Universidad de São Paulo (USP).

En el estudio, los investigadores analizaron los relatos oníricos palabra por palabra valiéndose de la teoría de grafos, un campo de la matemática que estudia las relaciones entre los objetos de un determinado conjunto.

“No se trata de un análisis semántico, de significado de las palabras. No estamos trabajando con lo que se dijo, sino con la manera como se lo dijo. Esto permite una infinidad de análisis futuros sobre la comprensión del sueño en distintas culturas y países”, afirma Mota.

A través de la teoría de grafos, los investigadores analizaron 133 relatos de sueños de 20 voluntarios a quienes se los despertó en distintas etapas del sueño, fundamentalmente durante el sueño REM, cuando se registran más sueños, y en el estadio N2 (no REM), que no produce tantos relatos oníricos. Al despertarse, los participantes en el estudio narraron sus sueños, y los archivos de audio se analizaron palabra por palabra mediante el método de análisis de grafos.

“Este estudio es el primero que muestra mediante la teoría de grafos que los relatos de los sueños REM poseen una conexión estructural mayor en comparación con los del sueño no REM (N2). Al analizar los grafos, puede verse que los sueños más complejos están asociados a una mayor conectividad y a estructuras de gráficos menos aleatorias.

Sin dejar de lado la importancia de los métodos tradicionales de análisis, estos resultados son importantes, pues indican que los métodos computacionales pueden aplicarse a los estudios del estado onírico”, dice Joshua Martin, primer autor del artículo, quien llevó a cabo su investigación durante la elaboración de su tesina de maestría, defendida en el programa de Psicobiología de la UFRN.

Martin contó durante su estudio con la dirección de Sidarta Ribeiro y de Mark Solms, investigador de la Universidad de Ciudad del Cabo (en Sudáfrica) y el primero que demostró en estudios anteriores que los sueños no se producen únicamente durante la fase MOR o REM.

“Hasta comienzos del siglo XXI, prevalecía la premisa de que los sueños se elaboran únicamente durante el sueño REM, y que no era necesario estudiar los sueños: se estudiaba el sueño REM y listo. Hoy en día se sabe que soñamos por las noches tanto durante los estadios REM como en los NREM, aunque en grados variables”, observa Ribeiro.

Un dato importante del estudio es el que consigna que, al tratarse de una colaboración internacional, los relatos de voluntarios de Sudáfrica se analizaron en Brasil, lo que refuerza el alcance global de aplicación de esta herramienta a los estudios sobre los sueños.

“Los resultados apuntan que esta herramienta logra identificar esa diferencia de complejidad entre las fases del sueño en términos de calidad de los sueños. No son diferencias que dependen del significado, sino que se trata de diferencias en la forma de comunicarse de las personas. Esto es sumamente importante para salir del sesgo del idioma”, explica Mota.

La investigadora explica que la variación se encuentra en la organización de habla. “Lo que nos lleva a un cuestionamiento que se extiende más allá del significado de las palabras. Por más que el sueño sea bizarro, que tenga contenido o que carezca del mismo, lo que importa es el modo de organización de esa memoria de quien la relata. Lo que vimos es que la forma narrativa de un sueño de sueño REM es mucho más compleja y rica en informaciones conectadas”, sostiene.

Los investigadores afirman que esta herramienta surge como una alternativa prometedora con miras a expandir el conocimiento que poseemos sobre los sueños. “Puede ser sumamente útil para realizar un análisis amplio de los relatos de sueños en todo el mundo, como los que se encuentran en el repositorio digital Dream Bank, por ejemplo, que actualmente contiene más de 20 mil relatos”, dice Martin.
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Trabajo de referencia | Puede leerse el artículo titulado Structural differences between REM and non-REM drean reports assessed by graph analysis (doi: 10.1371/journal.pone.0228903), de Joshua M. Martin, Danyal Wainstein Andriano, Natalia B. Mota, Sergio A. Mota-Rolim, John Fontenele Araújo, Mark Solms y Sidarta Ribeiro, en el siguiente enlace: journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0228903.
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Pandemias extraterrestres

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¿Puede un organismo extraterrestre producir una pandemia catastrófica en nuestro planeta? Tales preguntas surgen cada vez que planteamos traer a la Tierra muestras de otros mundos del Sistema Solar.
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Mars Rover. Image by skeeze from Pixabay
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¿Puede un organismo extraterrestre producir una pandemia catastrófica en nuestro planeta? Tales preguntas surgen cada vez que planteamos traer a la Tierra muestras de otros mundos del Sistema Solar y, en un contexto como el de la actual COVID-19, que demuestra lo difícil que es contener un patógeno, hace que próximas misiones como la Mars Sample Return enciendan una brillante luz roja en más de uno. ¿Podría una muestra marciana traer «inquilinos» que fueran un riesgo biológico?

La respuesta breve es «no se descarta», y por eso se intenta desarrollar sistemas seguros que rompan la cadena de contacto entre la nave espacial que regresa y las muestras de rocas de Marte, con técnicas de sellado y soldadura para crear tres o cuatro niveles de contención y esterilización mediante radiaciones y altas temperaturas del exterior del contenedor y la propia nave (con el riesgo de que este proceso altere la muestra sellada). El segundo problema es cómo recoger la muestra con seguridad (¿imaginan si se estrella la sonda durante su regreso a la Tierra?), y el tercero, disponer de un laboratorio dedicado a tratar la muestra marciana (tal laboratorio aún no existe).

¿Podría el equivalente marciano de un virus suponer un peligro? La buena noticia es que muy probablemente no. En la Tierra los virus «funcionan» porque están basados en la maquinaria común a todos los organismos terrestres, que utilizan en su beneficio, pues en el fondo son cadenas de ADN o ARN como las que ya tenemos en nuestro cuerpo. Es difícil que, de haber el equivalente a un virus marciano, pueda provocar ninguna infección en un organismo terrestre; si me permiten la comparación, es como si un iPad pillara un virus de Windows. A no ser que en el remoto pasado hubiera habido contaminación cruzada entre Marte y la Tierra, y la vida en ambos planetas tuviera un origen común (algo que no es posible descartar).

Más peligrosos serían organismos sofisticados, similares a bacterias. La patogenicidad de muchas bacterias terrestres no viene de que su «maquinaria interna» coincida con la nuestra, sino de que pueden encontrar nutritivos nuestros tejidos y, al consumirlos y reproducirse, dañar estos tejidos o interferir en su funcionamiento, o resultarnos tóxicas sus excreciones. Supongamos, por ejemplo, organismos marcianos comedores de hierro que obtengan su fuente de energía de oxidar hierro ferroso (Fe2+) a férrico (Fe3+); tales organismos podrían encontrar sumamente nutritiva nuestra hemoglobina. O un «vegetal» marciano, que sintetice sus componentes a partir de la radiación solar y el escaso dióxido de carbono de Marte; para este, la Tierra sería un paraíso por la abundancia de ambos elementos y podría reproducirse a gran velocidad. Imagínense si encontrara atractivo vivir en nuestras fosas nasales…

Con todo, probablemente a la vida marciana no le iría bien la competición con los organismos terrestres. En Marte, si hay vida, a duras penas subsiste en el límite de la supervivencia en un entorno altamente hostil. En cambio, en la Tierra, donde ha habido una larguísima carrera armamentística de unos seres contra otros, la vida es la norma; el lugar con los organismos más agresivos, peligrosos, venenosos o patógenos es la Tierra. Pero, ojo, creer que si un organismo ha evolucionado en la Tierra está por ese motivo mejor adaptado a este entorno es un error, como nos lo demuestran los problemas asociados a especies invasoras.

En general la comunidad científica comparte la creencia de que la posibilidad de que las rocas de Marte contengan formas de vida que puedan infectar la Tierra es extremadamente baja. Además, es posible que ya haya llegado vida marciana a bordo de meteoritos originados en aquel planeta, y esto no parece que haya ocasionado una catástrofe pandémica… Bueno, al menos que nos conste.

Artículo escrito por Fernando Ballesteros y publicado en la web de la Revista Mètode.
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El vuelo de las lechuzas inspira a la industria aeronáutica para proyectar aviones más silenciosos

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Científicos brasileños estudiaron la morfología de las alas de estas aves para identificar las características que las hacen ejecutar un vuelo sin ruido.
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La industria aeronáutica ha venido siendo presionada por las agencias reguladoras de la aviación a disminuir los niveles sonoros que generan las aeronaves que fabrican, de manera tal que para el año 2030 no sea más posible oír fuera del perímetro aeroportuario el ruido de un avión al despegar o aterrizar. Una de las soluciones para este problema fue la que hallaron científicos de la Universidad de Campinas (Unicamp), en Brasil, en las alas de lechuzas y los búhos (Strigiformes).

Al estudiar la aerodinámica del vuelo de estas aves, considerado como el más silencioso, los investigadores del Laboratorio de Ciencias Aeronáuticas de la Facultad de Ingeniería Mecánica (FEM) de la Unicamp, en colaboración con sus pares del Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), con sede en la localidad de São José dos Campos, y de la Universidad Lehigh, en Estados Unidos, identificaron características en sus alas que, al mimetizárselas en las alas de los aviones, permiten proyectar aeronaves más silenciosas.

“Desarrollamos un modelo numérico matemático para simular algunas características de las alas de las lechuzas y los búhos en las alas de los aviones y comprobamos mediante experimentos que esto permite proyectar aeronaves más silenciosas”, dice William Wolf, docente de la FEM-Unicamp y uno de los responsables del proyecto en su brazo brasileño.

De acuerdo con el investigador, los aviones tienen diversas fuentes de ruidos aerodinámicos que se generan debido a la turbulencia en el escurrimiento de aire que pasa alrededor de sus alas. Esta turbulencia genera perturbaciones que convierten a la energía de la velocidad del aire en ondas acústicas.

En el despegue, cuando las aeronaves deben desarrollar su potencia máxima para alzar vuelo, la mayor parte del ruido la genera el motor. En tanto durante el aterrizaje, cuando la potencia del motor disminuye, las principales fuentes de ruidos aerodinámicos pasan a ser el tren de aterrizaje y las superficies hipersustentadoras, compuestas por las alas, los flaps y los slats, que son dispositivos móviles situados en las alas cuya función consiste en expandir la superficie y aumentar la sustentación de las aeronaves. “El ruido aerodinámico es provocado por la turbulencia en esos puntos de la aeronave”, explica Wolf.

En los últimos años, los nuevos motores aeronáuticos se han vuelto más eficientes y también mayores, por eso deben estar más cerca de las alas de las aeronaves para apartarse del suelo. Esta aproximación genera una interacción entre el ruido provocado por el motor y los bordes de fuga –la parte posterior de las alas–, que causa una dispersión acústica y aumenta el ruido de las nuevas aeronaves, explica Wolf.

Con el fin de hallarle una solución a este problema, los investigadores estudiaron la morfología de las alas de las lechuzas y los búhos para identificar las características que hacen que el vuelo de estas aves sea silencioso, a los efectos de reducir el ruido.

Los científicos observaron que las alas de las lechuzas y los búhos poseen plumas aterciopeladas, con franjas elásticas y porosas tanto en la zona frontal como en la parte posterior –los bordes de ataque y de fuga–, que rompen las estructuras de turbulencia en partes menores y disminuyen el ruido. Asimismo, los bordes de fuga son ligeramente serrados, lo que también contribuye para reducir el ruido durante el vuelo.

“Todos estos elementos encontrados en las alas de las lechuzas y los búhos actúan de manera tal de reducir el ruido que producen estas aves”, afirma Wolf.

Con base en estas constataciones, los investigadores desarrollaron un sistema de alas con flecha de la zona posterior, cuando la inclinación se orienta hacia la parte frontal de la aeronave. Esta alteración permitió reducir la dispersión del ruido del motor en el borde de fuga, modificando la difracción acústica y disminuyendo la generación de ruido.

Esta investigación, apoyada por la FAPESP, resultó en el depósito de patentes en Europa y en Estados Unidos sobre este nuevo concepto de proyecto de alas silenciosas. Los estudios se concretaron en colaboración con científicos del ITA, de la Universidad de Poitiers, en la Francia, y de Airbus.

El ruido en los trenes de aterrizaje

Los investigadores de la Unicamp también han desarrollado proyectos en esta área de investigación denominada aeroacústica en asociación con Boeing. En colaboración con ingenieros de la empresa aeroespacial estadounidense, evaluaron los efectos de la turbulencia en el tren de aterrizaje de una aeronave modelo 777 de la compañía, mediante simulaciones computacionales y técnicas estadísticas.

Los análisis indicaron que las principales fuentes de ruido en ese componente está constituida por las cavidades existentes en las ruedas y en el fuselaje de las aeronaves, empleadas para replegar el tren de aterrizaje durante el vuelo.

“Descubrimos que, a determinadas frecuencias excitadas por el escurrimiento turbulento, algunas de esas cavidades exhiben efectos de resonancia que generan un ruido muy intenso y que puede ser extremadamente perturbador para los oídos humanos”, dice Wolf.

Para efectuar las simulaciones, que demandaron 7,5 millones de horas de computación procesando los datos durante seis meses seguidos, se empleó una supercomputadora en Estados Unidos con 3.200 mil núcleos de procesamiento en simultaneidad.

“Fue una de las mayores simulaciones computacionales realizadas por Boeing. Una simulación por sí sola generó 50 terabytes de datos”, afirma Wolf.

Las aplicaciones en otras áreas

Los descubrimientos realizados en estudios de aeroacústica se han aplicado en otras áreas, como en la industria automotriz y en la de ventilación industrial, y en proyectos de turbinas eólicas.

A ejemplo de las alas de aviones, los álabes o paletas de las turbinas eólicas y los ventiladores industriales también se ven directamente afectados por la turbulencia, tanto en la parte frontal como en la parte posterior. En este caso, los bordes de ataque y de fuga generan ruido, según las observaciones de los investigadores en proyectos desarrollados en asociación con General Electric (GE), en el caso de los aerogeneradores, y con la empresa FanTR, fabricante de ventiladores industriales.

En tanto, en los automóviles, la turbulencia provoca tanto el aumento del consumo de combustible, en razón del aumento del arrastre, como de la generación de ruido, que les causa molestias al conductor y a quienes van junto con él.

Este último problema tiende a volverse aún más notorio en los próximos años, con el desarrollo de los vehículos eléctricos, autónomos y voladores. Por eso ha empezado a ser objeto de una mayor atención en la industria automotriz y, en el caso de los coches voladores, también de la industria aeronáutica, apunta Wolf.

Con el avance de los vehículos eléctricos, que generan menos ruido, la industria automotora deberá redoblar sus esfuerzos con miras a disminuir el ruido de otras fuentes en los automóviles. En tanto, en el caso de los coches autónomos, con la menor necesidad de prestarle atención a la conducción, los pasajeros podrán interactuar más en el interior del vehículo y dedicarse a otras actividades. “Pasarán estar más sensibles ante los ruidos externos generados por la turbulencia”, estima el investigador.

A su vez, los vehículos voladores, con despegue vertical, exhibirán altos niveles de ruido. “Si los drones pequeños ya muestran un alto nivel de ruido actualmente, cabe imaginar lo que será con diversos coches voladores transportando gente en una ciudad como São Paulo”, ejemplifica Wolf.
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ETIQUETAS • Tecnología, Investigación
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Una nueva cinta flexible permite almacenar información en dispositivos portátiles

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Está hecha de un material antiferromagnético y ofrece una alternativa más robusta para codificar la información digital. El diseño podría integrarse en dispositivos flexibles, como las tarjetas de crédito o identificación.
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Las nuevas cintas antiferromagnéticas podrían integrarse en tarjetas de crédito e identificación / ICMAB
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Investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con el Sincrotrón ALBA, han diseñado unas nuevas cintas flexibles y cristalinas hechas con materiales antiferromagnéticos. Esta innovación, que aparece detallada en la revista Applied Materials & Interfaces, permite la grabación de información magnética de manera más segura y robusta, y podría integrarse en dispositivos flexibles o portátiles, como las tarjetas de crédito o de identificación.

Los materiales antiferromagnéticos son una alternativa más robusta para almacenar información que los ferromagnéticos (los más usados en la actualidad para codificar los bits de información digital, por ejemplo, en las tarjetas magnéticas).

“Los ferromagnetos se conocen desde hace miles de años y su comportamiento ha sido extensamente estudiado. Los antiferromagnéticos, en los que los momentos magnéticos de los átomos se alinean espontáneamente en forma antiparalela a los momentos de los átomos vecinos, pueden utilizarse para almacenar información, siguiendo determinados protocolos, proporcionando una mayor seguridad que los ferromagnetos”, explica Ignasi Fina, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona y primer autor del artículo.

La aleación hierro-rodio (FeRh) es uno de los materiales antiferromagnéticos que puede mostrar estas características. Además, es especialmente fácil de manipular su ordenamiento antiferromagnético gracias a que presenta una transición de antiferromagneto a ferromagneto a una temperatura cercana a temperatura ambiente. Hasta ahora el FeRh no se había integrado en los dispositivos flexibles convencionales (crecidos sobre sustratos poliméricos), porque necesita mostrar una buena cristalinidad (átomos dispuestos en un cierto orden) que permite estabilizar el ordenamiento antiferromagnético. La aleación FeRh normalmente se prepara en sustratos cristalinos individuales, lo que los hace rígidos y potencialmente frágiles.

Un material flexible de estructura cristalina

"Es especialmente difícil obtener un material flexible con una estructura cristalina. Dado que las propiedades de los materiales dependen totalmente de su estructura, es muy importante obtener una buena cristalinidad, que es lo que da a este material antiferromagnético sus propiedades únicas para almacenar información", añade Fina.

El estudio demuestra la robustez de las propiedades magnéticas del material cuando éste se dobla, así como el almacenamiento de la información en las cintas, que podrían fabricarse de varios metros de largo. Su escalabilidad es, por tanto, factible.

“Estas cintas antiferromagnéticas flexibles tienen múltiples aplicaciones en la grabación de información magnética de manera segura y robusta, y podrían integrarse en dispositivos reales flexibles o portátiles, como tarjetas de crédito o de identificación, donde la seguridad y la robustez contra la radiación electromagnética, por ejemplo, la procedente de los teléfonos móviles, es extremadamente importante. Probablemente surja otro posible nicho de aplicaciones cuando se disponga de los prototipos adecuados”, concluye el investigador del CSIC.

El equipo de investigadores seguirá trabajando en esta idea en el marco de un proyecto AGAUR/FEDER/GenCat concedido en la convocatoria LLAVOR 2019.
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Trabajo de referencia | Ignasi Fina, Nico Dix, Enric Menéndez, Anna Crespi, Michael Foerster, Lucia Aballe, Florencio Sánchez, Josep Fontcuberta. Flexible Antiferromagnetic FeRh Tapes as Memory Elements. ACS Appl. Mater. DOI: 10.1021/acsami.0c00704
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Muerte por espaguetificación: los últimos momentos de una estrella devorada por un agujero negro

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Un equipo de astrónomos ha detectado una rara explosión de luz proveniente de una estrella desgarrada por un agujero negro supermasivo. El fenómeno, conocido como evento de disrupción de marea, es el más cercano de este tipo registrado hasta la fecha, a una distancia de poco más de 215 millones de años luz de la Tierra, y ha sido estudiado con un detalle sin precedentes.
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Representación artística de una estrella con efecto de disrupción de marea provocado por un agujero negro supermasivo.
Crédito: ESO/M. Kornmesser
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“La idea de un agujero negro 'succionando' a una estrella cercana suena como a ciencia ficción. Pero es exactamente lo que sucede en un evento de disrupción de marea”, declara Matt Nicholl, profesor e investigador de la Real Sociedad Astronómica en la Universidad de Birmingham, Reino Unido, y autor principal del nuevo estudio. Pero estos eventos de disrupción de marea, donde una estrella experimenta lo que se conoce como espaguetificación al ser absorbido por un agujero negro, son poco comunes y no siempre son fáciles de estudiar. Con el fin de estudiar en detalle lo que sucede cuando una estrella es devorada por un monstruo de este tipo, el equipo de investigación apuntó al VLT (Very Large Telescope) y al NTT (New Technology Telescope) de ESO hacia un nuevo destello de luz que tuvo lugar el año pasado cerca de un agujero negro supermasivo.

Los astrónomos saben lo que debería pasar en teoría. "Cuando una desafortunada estrella vaga demasiado cerca de un agujero negro supermasivo del centro de una galaxia, el tirón gravitacional extremo del agujero negro desgarra a la estrella, arrancándole finas corrientes de material", explica el autor del estudio, Thomas Wevers, un investigador postdoctoral de ESO (“ESO Fellow”) en Santiago de Chile que se encontraba en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) cuando dirigió este trabajo. A medida que algunas de las finas hebras de materia estelar caen en el agujero negro durante este proceso de espaguetificación, se libera una brillante llamarada de energía que los astrónomos pueden detectar.

Aunque potente y brillante, hasta ahora los astrónomos han tenido problemas para investigar estas ráfagas de luz que a menudo se ven oscurecidas por una cortina de polvo y escombros: ahora han sido capaces de arrojar luz sobre el origen de esta cortina.

“Descubrimos que, cuando un agujero negro devora una estrella, puede lanzar una poderosa explosión de materia hacia afuera que obstruye nuestra vista”, explica Samantha Oates, también de la Universidad de Birmingham. Esto sucede porque la energía liberada cuando el agujero negro se alimenta del material estelar impulsa los escombros de la estrella hacia afuera.

El descubrimiento fue posible porque el evento de disrupción de marea que el equipo estudió, AT2019qiz, se detectó poco tiempo después de que la estrella fuera destrozada. “En realidad, gracias a que lo detectamos pronto, pudimos ver la cortina de polvo y escombros formándose a medida que el agujero negro lanzaba un potente chorro de material con velocidades de hasta 10 000 km/s”, afirma Kate Alexander, investigadora postdoctoral (NASA Einstein Fellow) en la Universidad de Northwestern (Estados Unidos). “Este 'vistazo tras el telón' fue nuestra primera oportunidad para identificar el origen del material que oscurece y seguir en tiempo real cómo envuelve al agujero negro”.

Durante un período de 6 meses, a lo largo de los cuales la llamarada creció en luminosidad y luego se desvaneció, el equipo llevó a cabo observaciones de AT2019qiz, ubicada en una galaxia espiral, en la constelación de Eridanus. “Varios sondeos detectaron la emisión del nuevo evento de disrupción de marea muy poco tiempo después de que la estrella fuera destrozada", declara Wevers. "Inmediatamente apuntamos un conjunto de telescopios terrestres y espaciales en esa dirección para ver cómo se producía la luz”.

En los meses sucesivos se llevaron a cabo múltiples observaciones del evento con instalaciones que incluyeron a X-shooter y EFOSC2, potentes instrumentos instalados en el VLT y el NTT de ESO, en Chile. La celeridad y las extensas observaciones en luz ultravioleta, rango óptico, rayos X y ondas de radio, revelaron, por primera vez, una conexión directa entre el material que fluye de la estrella y el brillante destello emitido a medida que es devorada por el agujero negro. “Las observaciones mostraron que la estrella tenía aproximadamente la misma masa que nuestro propio Sol y que el monstruoso agujero negro, que es más de un millón de veces más masivo, le había hecho perder aproximadamente la mitad de esa masa”, afirma Nicholl, que también es investigador visitante en la Universidad de Edimburgo.

Esta investigación nos ayuda a entender mejor los agujeros negros supermasivos y cómo se comporta la materia en los entornos de gravedad extrema que los rodean. El equipo dice que AT2019qiz podría incluso actuar como una "piedra Rosetta" para interpretar futuras observaciones de eventos de disrupción de marea. El ELT (Extremely Large Telescope) de ESO, cuyo inicio de operaciones se prevé para esta década, permitirá a los investigadores detectar eventos de disrupción de marea cada vez más débiles y de evolución más rápida con el fin de resolver más misterios de la física de los agujeros negros.
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La vida tardó ‘solo’ 700.000 años en recuperarse en el lugar donde impactó el asteroide que acabó con los dinosaurios

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La productividad biológica fue clave en la rápida diversificación y estabilización de las comunidades tras el evento de extinción del final del Cretácico, según un estudio internacional en el que participa la Universidad de Granada.
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Cráter de Chicxulub. Imagen: Agencia Espacial Mexicana.
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Una investigación internacional que publica esta semana la revista Geology (la primera a nivel mundial en el área de Geología) y en la que participa la Universidad de Granada (UGR) ha aportado nuevos datos sobre cómo y por qué se recuperó tan rápidamente la vida en la zona donde impactó el asteroide que acabó con los dinosaurios (Chicxulub, en la Península de Yucatán, México).

Este trabajo ha puesto de manifiesto la rápida diversificación y estabilización de la comunidad bentónica (esto es, la comunidad formada por los organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos) tras el impacto del asteroide que ocasionó la extinción en masa de final del Cretácico (K-Pg).

La investigación ha revelado que, tras la rápida recuperación inicial de algunos organismos, ocurrida en el rango de las pocas decenas de años, la vida en el fondo marino del cráter volvió a niveles de abundancia y diversidad similares a los previos al impacto en solo 700.000 años, un tiempo significativamente rápido a escala geológica.

El impacto del asteroide tuvo lugar hace unos 66 millones de años, y ocasionó una de las cinco grandes (Big Five) extinciones en masa del Fanerozoico, la correspondiente al límite Cretácico/Paleógeno que provocó la desaparición de los dinosaurios de la faz de la Tierra.

Se trata de un cráter de 180 kilómetros de diámetro provocado por este asteroide, cuya violencia ha sido comparada con la de mil millones de bombas atómicas. El impacto alteró significativamente el medio a nivel global, produciendo grandes terremotos de magnitud superior a 11 en la Escala de Richter, tsunamis de entre 100 y 300 metros de altura, aumentos de temperatura, fuegos a distancias de entre 1.500 y 4.000 kilómetros del cráter, y lluvias ácidas, entre otras catástrofes. Como consecuencia, se extinguieron alrededor del 70% de las especies marinas y continentales que vivían en ese período, lo que supuso un gran cambio en la evolución de la vida sobre la Tierra, con importancia sobre las especies que habitan en la actualidad.

El catedrático del departamento de Estratigrafía y Paleontología de la UGR Francisco Javier Rodríguez-Tovar ha participado en esta investigación. Previos análisis icnológicos (publicados en la revista Nature en 2018), realizados por el Dr. Rodríguez-Tovar en el cráter del impacto en Chicxulub, ya pusieron de manifiesto la sorprendentemente rápida recuperación inicial de la comunidad tras el impacto.

Sobre esta base han continuado las investigaciones icnológicas en el marco de la Expedición 364 del International Ocean Discovery Program (IODP) “Chicxulub: drilling the K-Pg impact crater” de la que forma parte el investigador de la UGR.

El objetivo de la nueva investigación era evaluar las distintas fases de la evolución tras el impacto del asteroide, y calibrar cuándo tuvo lugar la completa recuperación de la comunidad bentónica, alcanzando niveles de diversidad y abundancia similares a los previos al impacto.

La importancia de la productividad biológica

Los resultados obtenidos por Rodríguez-Tovar revelan que, aproximadamente a los 700.000 años tras el impacto (un tiempo significativamente rápido a escala geológica), la comunidad de organismos generadores de trazas se había recuperado completamente, como lo atestigua el abundante registro de Chondrites, Palaeophycus, Planolites y Zoophycos.

“Sin embargo, esa recuperación no fue brusca, sino producto de distintas fases de diversificación, estabilización y consolidación. De acuerdo con las características de las trazas y los organismos que las generaron se confirma la importancia de la productividad biológica como el factor clave de esta rápida recuperación”, apunta el catedrático de la UGR.

El trabajo compara, además, los datos obtenidos con los procedentes de otras grandes extinciones del Fanerozoico, como la correspondiente al final del Pérmico, revelando patrones similares en la recuperación tras el evento de extinción en masa, pero con una gran diferencia en lo que se refiere al tiempo implicado en esta recuperación, que fue mucho menor tras la extinción del final del Cretácico.

Los resultados y conclusiones abren una nueva línea de estudio de las extinciones en masa, de gran importancia en la evolución de la vida sobre nuestro planeta y su recuperación tras cambios ambientales extremos.
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Trabajo de referencia | Rapid macrobenthic diversification and stabilization after the end-Cretaceous mass extinction event. Francisco J. Rodríguez-Tovar; Christopher M. Lowery; Timothy J. Bralower; Sean P.S. Gulick; Heather L. Jones. Geology (2020). https://doi.org/10.1130/G47589.1
https://pubs.geoscienceworld.org/gsa/geology/article/doi/10.1130/G47589.1/588088/Rapid-macrobenthic-diversification-and
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El incremento de ozono en la atmósfera amenaza la biodiversidad global

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Un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alerta del riesgo que sufrirán las regiones con más especies endémicas, como el Mediterráneo, Japón o África ecuatorial. Este gas altera el funcionamiento de los ecosistemas terrestres, afecta a las plantas, insectos y microorganismos.
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Abejorro polinizando una flor. Imagen: José Luis Ordoñez (CREAF)
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Un estudio con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alerta de que el ozono, un gas invisible muy oxidante, puede alterar la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y amenazar la biodiversidad de plantas, insectos y microorganismos del suelo en muchas partes del mundo. La investigación, publicada en la revista Science Advances, concluye que, en el año 2100, las zonas del mundo con más endemismos, como la cuenca mediterránea, las islas del Atlántico del hemisferio norte, Etiopía, África ecuatorial, la costa de la India, el Himalaya, el sur de Asia y Japón, serán las zonas que más sufrirán los efectos de este contaminante oxidante.

Para entender las consecuencias que el ozono puede provocar en plantas, insectos y microorganismos, los equipos de investigación han hecho una revisión de los artículos más relevantes en estos ámbitos y los han complementado con experimentos reales, sometiendo organismos vivos a diferentes concentraciones de ozono.

Los resultados han demostrado que cada planta tiene una tolerancia diferente a este gas y que, debido a esto, cuando una zona se expone a altas concentraciones de ozono, la composición de plantas cambia porque algunas se debilitan y son desplazadas, otros mueren y otros resisten y de vuelven predominantes. Asimismo, el estudio recalca que las plantas en general sufren cambios en la química de las hojas, en los compuestos olorosos que segregan, en su crecimiento y vigorosidad y en su valor nutricional, entre otros. Cambios con consecuencias en cascada para los insectos y la vida bajo tierra, que dependen de estas fragancias para comunicarse y que necesitan vegetación con una buena calidad nutricional para alimentarse o reproducirse.

El ozono transforma la química natural

Los resultados coinciden y demuestran que este gas altera la química de las hojas y modifica los compuestos químicos o fragancias que segregan los seres vivos para comunicarse. Por un lado, esto hace disminuir la producción de hojas y su calidad o tamaño. Por otra, el ozono provoca confusión entre los insectos que buscan plantas polinizadoras para alimentarse u hojas donde poner los huevos, y esto baja su éxito reproductivo y su masa corporal. Igualmente, modifica las relaciones entre las plantas y los herbívoros, o destruye los avisos que emiten las plantas para comunicarse entre ellas ante un patógeno, dejándolas más expuestas ante su ataque, por poner algunos ejemplos.

“La química de la vida es tan imperceptible como relevante, y así nos lo demuestra un gas oxidante como el ozono, capaz de provocar cambios en la abundancia y diversidad de algunos insectos y plantas, alterar toda una comunidad y hacerlo sólo mediante reacciones químicas, de forma silenciosa e invisible“, comenta Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF, CSIC-Generalitat de Cataluña-UAB-UB-IRTA-IEC).

El estudio demuestra, por lo tanto, que la contaminación por ozono no sólo cambia la composición de plantas, sino que también modifica las comunidades de insectos porque hace variar la abundancia de ciertas especies y poner en riesgo su diversidad.

Enemigo invisible también bajo tierra

Por otra parte, el estudio ha comprobado que una concentración de ozono elevada es capaz de empobrecer las comunidades de microorganismos que viven bajo tierra, con ello se perjudica el reciclaje de nutrientes, la retroalimentación entre el suelo y las plantas y los ciclos globales del carbono o del nitrógeno.

“Su efecto comienza acelerando el proceso de envejecimiento de la hoja, que hace disminuir la calidad, la cantidad y los momentos en que hay hojarasca en el suelo, pero también perjudica a la robustez de las raíces y en conjunto hace que el proceso de descomposición sea peor y que la biomasa microbiana sea más pequeña”, destaca Peñuelas.

A nivel molecular, el estudio recopila estudios que demuestran que el ozono cambia la expresión de los genes microbianos que participan en el ciclo del carbono, o disminuye la capacidad de fijar nitrógeno en cultivos de plantas leguminosas, por ejemplo.
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Trabajo de referencia | Agathokleous, E., Feng, Z., Oksanen, E., Sicard, P., Wang, Q., Saitanis, C. J., & Domingos, M. Ozone affects plant, insect, and soil microbial communities: A threat to terrestrial ecosystems and biodiversity. Science Advances. DOI: 10.1126/sciadv.abc1176
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El cerebro congela el tiempo para tomar decisiones rápidas

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Ante situaciones imprevistas que requieren decidir de forma inmediata y eficaz, el cerebro convierte esa escena dinámica en un fotograma, una imagen estática que le permite entender la realidad cambiante, eliminando el tiempo y dejando solo el espacio. Una investigación liderada desde la Universidad Complutense de Madrid lo ha comprobado con la ayuda de más de 400 voluntarios y un juego de ordenador.
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El cerebro convierte escenas como las muchedumbres en una imagen fija para actuar. Imagen: Ralph Chang
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Existen numerosas situaciones en las que el ser humano se ve obligado a pensar y a actuar de forma rápida y efectiva: en carretera cuando surge algo inesperado, en la calle en medio de una muchedumbre o en un combate.

Para afrontar estas situaciones, el cerebro las transforma en una imagen estática, congelando el tiempo y manteniendo solo el espacio, lo que facilita la comprensión de la cambiante realidad. Es lo que afirma el estudio publicado en el Journal of Advanced Research por un equipo de investigación liderado desde la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

El mismo equipo ya propuso hace diez años la llamada hipótesis de la compactación del tiempo, por la que el cerebro convierte el tiempo en espacio, simplificando la situación y pudiendo actuar de forma inmediata. Con sus nuevos resultados experimentales consideran que la han demostrado.

Según su teoría, cuando una persona está en una situación dinámica, por ejemplo caminando entre una multitud, su cerebro transforma la situación en una ‘foto’ que contiene toda la información necesaria para realizar movimientos: por dónde puede y no puede pasar, qué caminos seguir para no chocar, etc.

“Es como si nuestro cerebro convirtiese una película entera en un solo fotograma que, al verlo, permitiese entender toda la película”, destaca Valeri Makarov, investigador del Instituto de Matemática Interdisciplinar de la UCM, quien ha colaborado con otros colegas de esta universidad, la UNED y la Universidad Estatal de Nizhni Nóvgorod (Rusia).

Experimento con un juego de ordenador

Aunque el equipo propuso la hipótesis de la compactación del tiempo hace una década, hasta ahora no encontraba la manera de avalarla o desmentirla de forma definitiva a través de un experimento, pero ahora lo han conseguido.

Más de 400 voluntarios de varias universidades nacionales y extranjeras han participado en un juego de ordenador que prueba la capacidad de aprendizaje en diferentes situaciones dinámicas. Según los autores, estas se representan internamente como un mapa estático, denominado representación interna compacta (CIR, por sus siglas en inglés).

En el juego, explica Makarov, debían deducir una regla (“pulso tal o cual tecla si me aparece tal o cual cosa en la pantalla”), de forma que el número de intentos que necesitaban para aprender la regla variaba dependiendo si el voluntario empleaba o no la compactación del tiempo.

En un grupo de voluntarios el aprendizaje ha sido más rápido gracias a la compactación del tiempo y en el otro más lento cuando el usuario estaba forzado a no emplear la compactación (algo que se podía controlar mediante estímulos visuales).

El análisis matemático de los resultados obtenidos ha confirmado la hipótesis, descartando a la vez otras explicaciones posibles, destacan los investigadores.

“Nuestros resultados van más allá al demostrar que el cerebro puede eliminar el tiempo convirtiéndolo en espacio (de película a foto). Esto explicaría cómo somos capaces de tomar decisiones eficaces de forma inmediata en situaciones complejas que cambian con el tiempo, desde conducir o practicar ciertos deportes, hasta luchar, huir o cazar, habilidades clave para sobrevivir durante nuestra evolución como especie”, subraya Makarov.

Aplicaciones en robots e inteligencia artificial

Según los autores, estos resultados tienen doble relevancia. Por un lado, desde el punto de vista teórico o neurofisiológico para explicar el proceso involucrado en la cognición espacio-temporal y, por el otro, para aplicaciones en inteligencia artificial.

“Si sabemos cómo lo hace el cerebro, podemos reproducirlo en robots para que puedan emplear la representación estática, es decir, reemplazar película por foto, de una situación que cambia en el tiempo para entenderla y actuar inmediatamente de forma versátil, compleja y efectiva”, concluye el matemático.
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Trabajo de referencia | Villacorta-Atienza1 J.A., Calvo Tapia C., Diez-Hermano S., Sanchez-Jimenez A., Lobov S., Krilova N., Murciano A., Lopez-Tolsa G., Pellon R., and Makarov V.A. “Static internal representation of dynamic situations reveals time compaction in human cognition,” Journal of Advanced Research, 2020; DOI: https://doi.org/10.1016/j.jare.2020.08.008.
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FUENTE • Agencia Sinc
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¿'Parque Jurásico' convertido en realidad? Científicos recuperan el ADN de insectos atrapados en resina

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El estudio de la Universitat de Barcelona abre nuevos horizontes en el estudio de la evolución temporal de la degradación del ADN y del tiempo máximo durante el que una resina puede conservar en su interior el ADN de los organismos del pasado.
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Las muestras se extrayeron directamente de los árboles en hábitats boscosos malgaches. Imagen: Xavier Delclòs, UB-IRBio
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Un equipo internacional ha recuperado el ADN de escarabajos atrapados en muestras de resina recogidas de 2013 a 2017 en bosques de Madagascar, según anuncia un trabajo publicado en la revista PLOS ONE. En el estudio, que explora nuevos límites de la conservación del material genético en muestras resiníferas, participa Xavier Delclòs, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Tierra y miembro del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la UB.

El trabajo está liderado por los expertos David Peris —doctorado en la UB bajo la dirección de Xavier Delclòs— y Kathrin Janssen, ambos de la Universidad de Bonn (Alemania). También está firmado por Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), y Mónica M. Solórzano Kraemer, del Instituto de Investigación Senckenberg de Frankfurt (Alemania), entre otros expertos.

Ciencia o ficción: recuperar ADN de organismos atrapados en ámbar

Recuperar material genético de muestras conservadas en resinas fósiles de hace millones de años es uno de los grandes desafíos del mundo de la paleontología. Hasta ahora habían resultado infructuosas todas las iniciativas de la comunidad científica para recuperar el ADN de seres vivos atrapados en copal o ámbar hace miles o millones de años.

Tal como explica Xavier Delclòs, la roca de origen orgánico que mejor conserva los organismos del pasado es el ámbar: "Si observas los restos de organismos dentro de las resinas o el ámbar, puedes ver los cuerpos en tres dimensiones y con todos los caracteres conservados. En especial, la resina conserva muy bien los exoesqueletos de los artrópodos —formados sobre todo por quitina— o las hojas de los árboles productores. Ahora bien, los órganos blandos internos suelen descomponerse cuando el organismo ha quedado atrapado en una resina. Si una molécula tan lábil como el ADN se pudiera conservar en el tiempo, el contenedor que la preservara debería ser el ámbar. Por eso ha habido tanta controversia respecto a intentar extraer material genético de dinosaurio —pensemos en Parque Jurásico— contenido en el ADN preservado en los apéndices chupadores de sangre de algunos mosquitos del Cretáceo".

¿Cuánto tiempo se podría conservar el material genético en la resina?

En este estudio, el equipo ha establecido un protocolo estricto para garantizar la corrección de los resultados y así eliminar posibles errores que han sido motivo de polémica científica respecto a estudios anteriores. Esta metodología ha permitido recuperar el ADN de escarabajos ambrosia —o barrenadores de la madera— atrapados en muestras de resina de Hymenaea verrucosa. Dichas muestras se extrayeron directamente de los árboles en hábitats boscosos malgaches en el marco de diferentes expediciones que tuvieron lugar en 2013 y 2015 para estudiar cómo los árboles resiníferos podían originar yacimientos de ámbar con abundancia de insectos atrapados.

A pesar de la fragilidad del material genético, los expertos pudieron detectar el perteneciente a los escarabajos conservados en la resina —del género mitosoma— mediante la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Como explica David Peris, "esta técnica nos permitió mucha plasticidad para hacer comprobaciones cruzadas y constatar que, si detectábamos ADN en nuestros experimentos, era de los escarabajos conservados en la resina".

En ese sentido, Enrique Peñalver precisa que "la seguridad de este positivo es completa, ya que se usaron unos cebadores (primers) que únicamente inician la secuenciación en masa de material genético si en la muestra hay algún material genético específico de este tipo de escarabajos".

El estudio abre nuevos horizontes en el estudio de la evolución temporal de la degradación del ADN y del tiempo máximo durante el que una resina puede conservar en su interior el ADN de los organismos del pasado. Como señala Delclòs, "el trabajo constata que la degradación es muy rápida, en pocos años, y que hay contenedores en el registro fósil que permiten conservar el ADN con mucha más facilidad que las resinas, a diferencia de lo que se pensaba".

"Habrá que ir haciendo nuevos análisis con resinas cada vez más antiguas —y quizás con nuevas técnicas— para poder establecer el límite temporal de la conservación de una molécula tan lábil como el ADN. Así pues, es posible afirmar que la novela de Michael Crichton o la película Parque Jurásico todavía son material de ficción", concluye Xavier Delclòs.
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En los trópicos caen más de 100 millones de rayos al año

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Los científicos creen que alterarán radicalmente los bosques y otros ecosistemas en la región entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio
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Investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) en Panamá han publicado en Global Change Biology impresionantes mapas que muestran la ubicación de impactos de rayos en los trópicos. Basado en datos de tierra y satélite, estiman que más de 100 millones de estos impactos en tierra al año alterarán radicalmente los bosques y otros ecosistemas en la región entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio.

"Los rayos influyen en la capacidad de los bosques para almacenar biomasa y, por lo tanto, carbono, porque tienden a impactar los árboles más grandes", comentó Evan Gora, becario postdoctoral en STRI que recientemente terminó su doctorado en la Universidad de Louisville. "Y los rayos también pueden ser muy importantes en los ecosistemas de sabana".

Debido a que los rayos son tan difíciles de estudiar, se han pasado por alto como agentes de cambio en los bosques tropicales, donde los investigadores enfocan su energía en perturbaciones más obvias como sequías, incendios y fuertes vientos.

En un estudio anterior, el primero en examinar los efectos de los rayos en un paisaje de bosque tropical, el mismo equipo descubrió que en un bosque panameño, los rayos probablemente matan a la mitad de los árboles más grandes. El ecologista tropical Steve Yanoviak, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Louisville que estudiaba hormigas en el dosel del bosque tropical, y a menudo pensaba en el papel de los rayos mientras trepaba árboles, invitó a los investigadores de rayos Jeffrey Burchfield y Phillip Bitzer de la Universidad de Alabama en Huntsville a instalar detectores de rayos en la Estación de Investigación de STRI en Isla Barro Colorado.

"Descubrimos que, en promedio, un rayo impacta un total de 23.6 árboles y mata a 5.5 de estos árboles en un año", comentó Yanoviak.

Ahora el equipo se pregunta cómo los rayos afectan los ecosistemas tropicales en todas partes. Gora dirigió el esfuerzo de mapear los recuentos de rayos basados en imágenes de la Red Global de Rayos de Earth Networks (ENGLN) en un mapa de ecosistemas tropicales creado usando categorías de cobertura terrestre del Programa Internacional de Geosfera-Biosfera y el Espectro-radiómetro de Resolución Moderada (MODIS) de modelado climático.

Basado en datos satelitales sobre las ubicaciones de los impactos y los efectos sobre el terreno alrededor de 92 rayos, incluidos muchos del estudio anterior, Gora y sus colegas estimaron que los rayos dañan aproximadamente 832 millones de árboles tropicales cada año. Aproximadamente una cuarta parte de los árboles probablemente mueren a causa de sus afectaciones. Gora y sus colegas luego se preguntaron si había una conexión entre la cantidad de rayos y el tipo de ecosistema, su biomasa y las variables climáticas como la lluvia y la temperatura. Descubrieron que los rayos eran más frecuentes en bosques, sabanas y áreas urbanas que en pastizales, matorrales y tierras de cultivo.

Los bosques que experimentan más rayos cada año tienen menos árboles grandes por hectárea, tal vez porque los árboles grandes individuales en estos bosques se destacan más, tienen tasas más altas de rotación de biomasa leñosa (más biomasa arbórea muere cada año) y menos biomasa aérea total. Pero quedan más interrogantes candentes. Nadie sabe por qué algunos árboles sobreviven a los rayos mientras otros mueren, aunque es probable que los árboles hayan desarrollado formas de hacer frente a una amenaza tan común. Y, a medida que el cambio climático se acelera, el aire contaminado y caliente sobre las ciudades también puede aumentar el número de rayos allí. ¿Cuáles serán los efectos sobre la vegetación en las zonas urbanas?

"Esta es la mejor evidencia hasta la fecha de que los rayos son una perturbación importante que influye en la dinámica y estructura de los bosques tropicales", comentó la científica de STRI y coautora del estudio, Helene Muller-Landau, "Sospechamos que nuestro estudio subestima enormemente el efecto total de los rayos. Los rayos pueden desempeñar un papel importante en el ciclo de la biomasa forestal/carbono, no solo en los bosques tropicales sino también en otros ecosistemas tropicales".
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FUENTE • STRI / DICYT
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