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La forma de mutar del virus del Covid-19 ha variado con el tiempo

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Al principio, en cada persona infectada había muchas versiones ligeramente distintas del virus (nubes mutantes), pero en las variantes recientes esa diversidad se ha reducido.
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Virus del Covid-19 (el Sars-CoV-2) / Pixabay
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El Covid-19 cambia por dentro: el virus ha perdido diversidad genética al adaptarse a los humanos

Desde su aparición en 2019, el SARS-CoV-2 —el virus que causa la COVID-19— no ha dejado de evolucionar. Variantes como Delta y Ómicron aparecieron con mutaciones que aumentaron su capacidad para transmitirse y esquivar la respuesta del sistema inmunitario. Pero ahora, un nuevo estudio liderado por el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM, CSIC-UAM) revela un cambio más sutil, aunque igualmente importante: el virus ha reducido su diversidad genética interna dentro de las personas infectadas a medida que se ha ido adaptando a la población humana.

Este hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ofrece una nueva forma de entender cómo ha cambiado el comportamiento del virus a lo largo de la pandemia. El trabajo ha sido coordinado por la Dra. Celia Perales, el Dr. Esteban Domingo y el Dr. Ignacio Gadea, con la colaboración de la Fundación Jiménez Díaz, la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Northwestern (EE. UU.).

Muchas versiones del mismo virus

Los virus de ARN, como el SARS-CoV-2, no son idénticos entre sí. Cada vez que se multiplican, generan pequeñas variaciones genéticas, formando lo que los científicos llaman una “nube de mutantes”. En otras palabras, dentro de cada persona infectada no hay una única versión del virus, sino muchas versiones ligeramente diferentes. Esa diversidad interna le da al virus una gran ventaja: le permite adaptarse mejor a los cambios en su entorno, como la respuesta del sistema inmunitario o los tratamientos.

Menos diversidad con el paso del tiempo

El estudio del CBM muestra que en las primeras olas de la pandemia estas “nubes” eran muy amplias y variadas. Sin embargo, con variantes más recientes como Ómicron, se han vuelto mucho más limitadas. “Nuestro trabajo demuestra que la diversidad interna del virus también evoluciona, y que este cambio puede influir en su capacidad de transmisión o en cómo responde al sistema inmunitario”, explica Celia Perales. “Vigilar esta dinámica es clave para anticipar su comportamiento”.

Un virus más adaptado

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron muestras de pacientes de Madrid entre 2020 y 2022, cubriendo desde la primera hasta la séptima ola. Observaron que, con el paso del tiempo, la variedad de mutaciones dentro de cada persona infectada disminuía.

Esto no significa que el virus haya dejado de mutar. De hecho, sigue acumulando cambios importantes, sobre todo en la proteína S (Spike), la “llave” que utiliza para entrar en las células humanas. Estas mutaciones han favorecido que se transmita con más facilidad y esquive mejor la inmunidad generada por infecciones previas o por la vacuna.

Lo que cambia, según los autores, es la forma en que el virus genera y mantiene su diversidad. Para comprobarlo, replicaron en laboratorio virus de diferentes olas y vieron que su capacidad de mutar no había variado. Esto sugiere que la reducción observada se debe a su adaptación al cuerpo humano, quizá por los órganos donde se multiplica o por la presión del sistema inmunitario.

Por qué es importante

Comprender esta evolución “interna” del virus ayuda a conectar lo que ocurre dentro del cuerpo con lo que se observa a nivel global. Esta relación entre la biología molecular y la epidemiología puede servir para mejorar las estrategias de prevención y vigilancia.

Los investigadores destacan que no basta con seguir las mutaciones más conocidas, como las que cambian la proteína Spike: también hay que observar cómo evoluciona el conjunto genético del virus. Esta información puede ayudar a anticipar posibles cambios que afecten la eficacia de las vacunas o de los tratamientos.

En definitiva, este trabajo muestra que el SARS-CoV-2 sigue adaptándose, no solo a nivel de variantes visibles, sino también en su forma de comportarse dentro de cada persona. Entender esa evolución es fundamental para seguir protegiendo a la población.
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Trabajo de referencia | Martínez-González B, et al. SARS-CoV-2 mutant spectrum complexity is an epidemiologically evolvable trait. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), (2025). https://doi.org/10.1073/pnas.2515706122
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¿Abrazar la tradición frente a los peligros?

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Los resultados de esta investigación, liderada por la UCLA (Universidad de California) y en la que participa la Universidad de Sevilla, podrían ser útiles para la comunicación sobre medidas de salud ante próximas pandemias.
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Imagen de wal_172619 en Pixabay
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Un estudio realizado en 27 países, liderado desde el departamento de Antropología de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y en el que participa la Universidad de Sevilla, sugiere que durante los primeros años de la pandemia de COVID-19 el tradicionalismo ha estado asociado con el apoyo a conductas de protección más estrictas frente a esta epidemia.

La investigación, publicada recientemente en la revista Nature Scientific Reports, ha revelado que las personas que están más de acuerdo con afirmaciones como “Las tradiciones son el fundamento de una sociedad sana y deben ser respetadas” también tienden a apoyar un patrón más estricto de conductas de protección personal frente a la pandemia.

Ya en investigaciones previas se ha apuntado a una asociación entre un mayor tradicionalismo y una mayor atención a la posibilidad de amenazas externas. En estos estudios, el tradicionalismo psicológico fue medido por los investigadores como una variable agregada a partir de las respuestas de los participantes a una serie de preguntas sobre su valoración de las tradiciones o su negativa a mostrar acuerdo ante afirmaciones del tipo “La gente debería desafiar las tradiciones sociales con el fin de hacer avanzar a la sociedad”. Es decir, se mostraban a favor de la tradición por encima de otros valores.

La desconfianza hacia la ciencia tapaba el efecto

Los recientes resultados del estudio internacional, al apuntar a una asociación entre tradicionalismo y medidas de precaución frente a la pandemia, pueden parecer contraintuitivos. Después de todo, en varios casos muy mediáticos, las comunidades más reacias a la hora de seguir las recomendaciones de salud pública eran precisamente comunidades muy tradicionalistas o conservadoras (como en Estados-Unidos, o algunas comunidades religiosas ultra-ortodoxas). El estudio también evidencia que en ocasiones el tradicionalismo suele ir acompañado de desconfianza hacia la ciencia o bien de una orientación diferente sobre las prioridades económicas y sociales.

Sin embargo, cuando se tienen en cuentan estas dinámicas, reflejadas en los datos de la investigación y comparadas en los 27 países, el efecto del tradicionalismo sobre las conductas de protección se muestra mayor: A idénticas actitudes sobre la ciencia o sobre las prioridades económicas, una persona tradicionalista suele mostrar claramente más apoyo a las medidas de protección frente a amenazas como la COVID. Lo que sucede es que en algunos casos más llamativos la desconfianza ante la ciencia o la actitud ante la economía “tapaban” este efecto.

Investigación fundamental, también aplicada

El profesor del departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, Hugo Viciana, ha llevado a cabo la parte del trabajo realizado desde España.

Hugo Viciana destaca que “los datos que emergen de esta comparativa son fascinantes ya que arrojan luz sobre una dimensión antropológica del ser humano tan relevante como la naturaleza del apego a las tradiciones.”

Además, afirma que las “investigaciones como esta pueden ayudar a diseñar la comunicación de medidas de salud pública al revelar detalles que antes se habían pasado por alto.”
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Trabajo de referencia | Samore, T., Fessler, D.M.T., Sparks, A.M. et al. Greater traditionalism predicts COVID-19 precautionary behaviors across 27 societies. Sci Rep 13, 4969 (2023). https://doi.org/10.1038/s41598-023-29655-0
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La pandemia ha consolidado el modelo de turismo cerca de casa

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Una investigación de la URV analiza las redes sociales y las búsquedas en Internet y concluye que la COVID-19 hace renacer un término nuevo, staycation, que describe un viejo concepto de comportamiento turístico que ya apareció durante la crisis de 2008.
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Un equipo investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la Universitat Rovira i Virgili (URV) está trabajando en torno a la reaparición del staycation, un fenómeno que apareció por primera vez durante la crisis financiera de 2008 y que volvió a ser de uso común durante la pandemia de la COVID-19. Staycation es un neologismo, una expresión derivada de la combinación de estancia y vacaciones (stay y vacation, en inglés). La definición de este término, que todavía no está bien desarrollado en la literatura científica, impulsó a los investigadores a proponer algunas claves para entenderlo mejor.

"La pandemia provocó un fuerte resurgimiento de las staycations, ya que obligó a muchas personas a pasar sus vacaciones en casa o cerca de casa a causa de las restricciones de movilidad". Esta evidencia explicada por el investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la URV, Babajide Muritala, es el punto de partida de su último artículo. El fenómeno del staycation se generalizó por primera vez en 2008, cuando la economía mundial entró en una profunda recesión acompañada de una fuerte subida de los precios del combustible. Esto supuso que la población dispusiera de menos ingresos para gastar en viajes de ocio y turismo y dio lugar a la sustitución de los viajes de ocio internacionales por actividades de turismo nacional.

Durante la primera parte de la pandemia, en 2020, la principal medida preventiva implementada por los gobiernos para frenar la propagación del nuevo virus SARS-CoV-2, antes de que se desarrollaran vacunas y nuevos medicamentos, fueron acciones de intervención no-farmacéutica. Éstas incluían la obligatoriedad de quedarse en casa, confinamientos y restricciones de movilidad. Esto provocó que, en términos de turismo, la población optara por el turismo nacional y las staycations, mientras que el turismo internacional se detuvo casi por completo. Según los principales estudios, en abril de 2020, los viajes internacionales habían caído hasta un 97% en todo el mundo.

En su último estudio, los investigadores proporcionan una imagen completa del crecimiento y la práctica de las staycations durante los dos primeros años de la pandemia, mediante el análisis de datos de redes sociales y búsquedas en Internet. Para realizar este análisis, hicieron una modelización de datos en Twitter mediante la técnica conocida como Asignación Latente de Dirichlet, un método analítico de texto utilizado para extraer los principales temas de un gran cuerpo de texto sin etiquetar. En paralelo, utilizaron datos de Google Trends para identificar patrones globales de búsqueda en Internet sobre las staycations, incluida una comparación de búsquedas relacionadas para los años 2020 y 2021.

Los resultados de su análisis mostraron que, aunque la población optase por destinos cercanos a su lugar de residencia o incluso en su propio municipio, intentaban conseguir una distancia psicológica, eligiendo por ejemplo alojamiento en hoteles. Con esta decisión evitaban la cotidianidad, las rutinas y las tareas habituales del hogar, de forma similar a la sensación de estar en entornos más alejados. Una evidencia que demuestra este fenómeno es la gran cantidad de temas y búsquedas en internet relacionados con hoteles.

Su estudio también ofrece un análisis del concepto staycation, que ha ido creciendo constantemente desde su generalización durante la crisis financiera y que ahora se ha acelerado, y se espera que siga siendo popular en los próximos años. Este término proporciona una visión crítica para las empresas de hostelería y los responsables políticos en materia turística sobre cómo aumentar los ingresos y promover un turismo de proximidad. Los autores, además, ofrecen una serie de recomendaciones al sector, entre las que se encuentran, por ejemplo, que los hoteles ofrezcan y comercialicen paquetes de estancias, especialmente durante la temporada baja, para el turismo internacional. Asimismo, se recomienda a los responsables políticos el suministro de vales de estancia o planes de crédito y la promoción del turismo local y sostenible.

El artículo, publicado en la revista científica Heliyon, ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea a través de las Acciones Marie Skłodowska-Curie y de la URV.
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Trabajo de referencia | Babajide Abubakr Muritala, Ana-Beatriz Hernández-Lara, Maria-Victoria Sánchez-Rebull. COVID-19 staycations and the implications for leisure travel. Heliyon 8 (2022) e10867. DOI 10.1016/j.heliyon.2022.e10867.
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Diseñan un método para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas en aeropuertos

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Investigadores del CSIC lideran el desarrollo de un modelo matemático que identifica las zonas con mayor riesgo de contagio en medios de transporte. Implementar medidas de desinfección en zonas concurridas de los aeropuertos, como bares o restaurantes, podría reducir el riesgo de propagación de virus como el SARS-CoV-2.
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Más de 50 millones de personas visitaron el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas durante el año pasado. / Pixabay
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En 2022, más de 61 millones de personas transitaron por el aeropuerto más concurrido de Europa: Londres-Heathrow. Ello supone que, cada día, más de 160.000 personas de diferentes partes del mundo compartieron el mismo espacio. Para evitar que los primeros casos no detectados de virus como el SARS-CoV-2 o la gripe H1N1 deriven en un problema epidemiológico, un estudio liderado por el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB) plantea un modelo matemático que identifica las zonas con mayor riesgo de contagio en medios de transporte, y recoge recomendaciones para evitar su expansión. Lo resultados se publican en la revista Nature Communications.

Cuando una persona tose, habla, e incluso respira, emite pequeñas gotas respiratorias al aire circundante. Estas partículas suspendidas en el aire, conocidas como aerosoles, pueden portar partículas virales de una persona contagiada. Por ello, la relación entre el número de personas y el espacio disponible es fundamental a la hora de frenar la propagación de enfermedades contagiosas. “Las interacciones sociales cercanas son fundamentales en la transmisión de patologías infecciosas, por lo que las aglomeraciones y multitudes son un riesgo serio para desencadenar eventos de súper-propagación. Hay ocasiones en las que mantener la distancia interpersonal puede ser un desafío, como, por ejemplo, en los centros de transporte”, destaca José Javier Ramasco, investigador del CSIC que ha participado en el estudio.

Tal y como señala el investigador, “estos lugares se diseñan para optimizar la eficiencia logística, no para reducir la aglomeración”, por lo que identificar las zonas más concurridas puede ser clave para atenuar el riesgo de propagación de nuevas enfermedades infecciosas. Según el estudio, este objetivo se consigue a través de un modelo matemático capaz de detectar aquellos espacios, dentro del aeropuerto, con más probabilidades para la transmisión de enfermedades.

Los investigadores aplicaron el nuevo sistema para estudiar cómo se expanden virus como la gripe H1N1, el SARS-CoV-1 y el SARS-CoV-2, causante de la pandemia de covid-19. Mediante el análisis de los itinerarios de más de 200.000 individuos anónimos, recogidos en el aeropuerto londinense de Heathrow entre febrero y agosto de 2017, determinaron las zonas con mayor riesgo de contagio: zonas de aglomeración de pasajeros como salas con servicios (por ejemplo, tiendas, bares y restaurantes) o de control. Ello se produce al conectar a muchas personas, en un mismo lugar y durante largos periodos de tiempo. “La peligrosidad de las zonas para el contagio surge como un balance entre el número de personas que pasan por allí y el tiempo que permanecen juntas. No siempre esos lugares son los más concurridos, sino que se necesita un tiempo en los contactos para transmitir la enfermedad”, explica Ramasco.

Una vez identificados los puntos calientes de contagio, es posible elaborar una política de inmunización espacial para evitar o reducir el riesgo de que el patógeno se extienda más allá de los primeros casos no detectados. Ello se conseguiría a través del uso de rayos ultravioleta, desinfección de superficies o el filtrado del aire. Además, los investigadores señalan que el método puede aplicarse para controlar cualquier otro patógeno no caracterizado (enfermedades emergentes) y que es generalizable a otros medios de transporte. “Se puede utilizar en las estaciones de tren, de metro, de bus u otros lugares concurridos en las que no es posible mantener distancias interpersonales como los centros comerciales o los centros de convenciones”, remarca.

“La implementando de medidas de inmunización espacial en las zonas de mayor riesgo ayudaría a contener y/o retrasar la expansión de agentes infecciosos en aeropuertos de todo el mundo, siendo de especial utilidad en fases iniciales de una pandemia, cuando todavía no se han desarrollado fármacos”, concluyen los investigadores.
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Trabajo de referencia | Mattia Mazzoli et all. Spatial immunization to abate disease spreading in transportation hubs. Nature Communications. DOI: doi.org/10.1038/s41467-023-36985-0
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La pandemia y el aislamiento social alteraron la forma de percibir el tiempo

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La pandemia de COVID-19 alteró el modo en que las personas perciben el paso del tiempo, según se señala en un estudio brasileño publicado en la revista Science Advances.
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Karina Toledo | Agência FAPESP

Al final del primer mes de aislamiento social, en mayo de 2020, los participantes en su mayoría (un 65%) informaron sentir que las horas se arrastraban más lentamente, un fenómeno al que los investigadores caracterizan como una “expansión temporal”, que se mostró asociado a la sensación de soledad y a la falta de experiencias positivas durante ese lapso de tiempo.

Para el 75% disminuyó la sensación de “presión temporal”, cuando el reloj parece andar rápido y falta tiempo para dar cuenta de las demandas cotidianas y para el esparcimiento. Los entrevistados en su mayor parte (el 90%) afirmaron estar cumpliendo el aislamiento social en aquel momento.

“Realizamos el seguimiento de los voluntarios durante cinco meses para ver si esa ‘fotografía’ del comienzo de la pandemia cambiaría en el transcurso del tiempo. Observamos que esa sensación de expansión temporal fue disminuyendo con el correr de las semanas. Pero no notamos diferencias significativas con relación a la presión temporal”, le comenta a Agência FAPESP André Cravo, docente de la Universidad Federal del ABC y primer autor del artículo.

La investigación se puso en marcha el día 6 de mayo, cuando 3.855 voluntarios convocados a través de los medios sociales contestaron un cuestionario online con diez preguntas y cumplieron una pequeña tarea cuyo objetivo consistió en evaluar la habilidad de estimar pequeños intervalos temporales: cosas como apretar un botón para indicar que habían pasado 30 o 60 segundos. Luego se les preguntaba a los participantes al respecto de sus rutinas de la semana anterior (si habían cumplido las tareas necesarias y cuánto tiempo le habían dedicado al ocio) y cómo se estaban sintiendo (si estaban contentos o tristes, o si se sentían solos, etc.).

“A todos se los invitó a que regresaran semanalmente para someterse a una nueva evaluación, pero no todos adhirieron. Para el análisis final, tuvimos en cuenta los datos de 900 participantes que contestaron el cuestionario durante al menos cuatro semanas, no necesariamente seguidas”, informa Cravo.

Al aplicar escalas estándar para investigaciones de esta índole, que varían de cero a cien puntos, los científicos analizaban las respuestas y calculaban semanalmente si había un aumento o una disminución en los dos parámetros evaluados: la expansión y la presión temporal.

“Aparte de ese aumento o de esa disminución en las escalas, pretendíamos descubrir qué factores aparecían aparejados a esos cambios. Y en el transcurso de los cinco meses, observamos un patrón parecido: en las semanas en que la persona se sentía más sola y vivenciaba menos afectos positivos, también sentía que el tiempo transcurría más despacio. En tanto, en situaciones con alto nivel de estrés, sentía que el tiempo pasaba más rápido”, informa Cravo.

En la primera evaluación, a los participantes también se les preguntó cómo percibían el paso del tiempo antes de la pandemia. Y al comparar las respuestas con las referentes al primer mes de la cuarentena, fue posible observar un aumento promedio de 20 puntos en la expansión temporal y una disminución de 30 puntos en la presión temporal, según comenta Raymundo Machado, investigador del Instituto del Cerebro del Hospital Israelita Albert Einstein y coautor del artículo. “Pero, por supuesto, existe un sesgo de memoria en esos resultados, pues no se habían efectuado mediciones así antes de la pandemia”, comenta el investigador.

Según los datos descritos en el artículo, los jóvenes fueron los que más sintieron que el tiempo se estancaba al comienzo de la pandemia, el período de mayor adhesión a las medidas de distanciamiento social. A excepción de la edad, los factores demográficos –entre ellos la cantidad de personas dentro de la residencia, la profesión y el género– no tuvieron influencia sobre los resultados.

Para los autores, este puede ser un fecto del perfil de la muestra, compuesta fundamentalmente por personas de la región sudeste de Brasil (el 80,5%), mujeres (el 74,32 %), con alta escolaridad (el 71,78% con educación superior), de clase media alta (el 33,08%) y de trabajadores de los sectores de la educación (19,43%) y la salud (15,36%).

“Esta es una característica que suele ser común en muchos estudios realizados online en Brasil: una mayor participación de mujeres de la región sudeste del país y con alta escolaridad. Es posible que tuviésemos una muestra más representativa de la población brasileña lográsemos ver la influencia de factores demográficos”, sostiene Machado.

El reloj interior

Si bien la pandemia modificó a forma en que los participantes en la investigación sentían el paso del tiempo, parece no haber afectado su habilidad de estimar pequeños lapsos temporales (medida a través de la tarea de pulsar el botón).

“Todos poseemos la habilidad de estimar el tiempo a intervalos cortos. Lo que nosotros hicimos fue tomar los resultados de ese test de estimación del tiempo [cuánto sobrestimaban o subestimaban el lapso propuesto en la tarea] y compararlos con las escalas de percepción. Y observamos que una cosa no se relaciona con la otra”, comenta Machado.

Según Cravo, las evidencias que constan en la literatura científica indican que la sensación de que el tiempo pasa más de prisa o más despacio parece recibir el influjo fundamentalmente de dos factores: la relevancia del tiempo en un determinado contexto y la imprevisibilidad.

“Si se nos hizo tarde para ir al trabajo, por ejemplo [lo que vuelve al tiempo relevante en ese contexto], y debemos esperar que el ómnibus llegue a la parada [algo incierto], tenemos la percepción extrema de que los minutos no pasan. En tanto, cuando estamos viajando y divirtiéndonos, no le damos relevancia al tiempo y este parece pasar volando”, dice.

Tal como lo destaca el investigador, esta percepción suele cambiar cuando nos acordamos de estas mismas situaciones ocurridas en el pasado.

“Cuando recordamos todo lo que hicimos en las vacaciones, parece que ese tiempo duró más. Es lo contrario a lo que sucede cuando estamos en la cola del banco: en ese momento, el tiempo parece que se arrastra, pero cuando nos acordamos de esa situación al cabo de un lapso de tiempo, parece que todo fue muy rápido”, comenta.

En el caso de la pandemia de COVID-19, dice Cravo, sigue siendo un misterio cómo nos acordaremos del paso del tiempo durante la fase en que perduraron las medidas de distanciamiento social. “Diversos marcadores temporales, tales como el carnaval, las fiestas de los santos de junio y los cumpleaños se perdieron durante los últimos dos años. Por ende, esta es una pregunta que permanece sin respuesta aún.”
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Trabajo de referencia | Time experience during social distancing: A longitudinal study during the first months of COVID-19 pandemic in Brazil en el siguiente enlace: www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abj7205.
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FUENTE • Agência FAPESP.....
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La fatiga es el síntoma persistente de COVID-19 más común en diferentes variantes del virus

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Un estudio de las universidades Rey Juan Carlos y Complutense de Madrid ha comparado los síntomas durante la fase aguda y a los seis meses de la infección de las variantes Wuhan, alfa y delta del SARS-CoV-2.
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La fatiga es el síntoma persistente de COVID-19 más común en diferentes variantes del virus
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Por primera vez, un grupo de investigación liderado por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha comparado los síntomas al inicio y seis meses después de tres grupos de pacientes infectados con diferentes variantes (Wuhan, alfa y delta) del SARS-CoV-2 que requirieron hospitalización.

Una de las conclusiones principales, publicada en Pathogens, es que la fatiga es un síntoma que afecta en proporción similar a los pacientes independientemente de la variante del virus.

“Al mantenerse constante a través de las variantes, puede ser uno de los criterios clínicos clave para la definición de esta enfermedad”, indica César Fernández de las Peñas, Catedrático del Departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física de la URJC. No obstante, la gran cantidad de síntomas asociados con el SARS-CoV-2 “complica establecer un único criterio diagnóstico”, añade.

Según el estudio, los pacientes infectados con la variante de Wuhan tuvieron de media más síntomas en la fase aguda de la enfermedad que el resto de variantes, siendo fiebre, disnea -dificultad para respirar- y síntomas gastrointestinales los más comunes, mientras que con la variante delta había más cefalea y anosmia –pérdida de olfato-. Según Fernández de las Peñas, “la presencia de anosmia en la variante delta determina que no se debería hablar de una gripalización del SARS-CoV-2”.

“Estas diferencias se han ido observando en la clínica a lo largo de las diferentes olas, pero hemos sido los primeros en compararlos de forma sistemática” en un estudio científico, destaca el Dr. Fernández de las Peñas.

Seguimiento telefónico seis meses después

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores revisaron los datos de los 200 pacientes durante su hospitalización. A los 6 meses del cuadro agudo, se realizaron entrevistas telefónicas para conocer la situación y sintomatología de esas personas tras la hospitalización. La fatiga tuvo una persistencia similar en los tres grupos de pacientes, aunque existieron múltiples síntomas con todas las variantes del virus.

Aquellos infectados con la variante de Wuhan, tenían un mayor número de síntomas persistentes (3 frente a 2 del resto de variantes) y la disnea fue el más frecuente. Los pacientes con delta reportaron más alopecia.

“Parece que la incidencia de COVID persistente puede ser menor conforme pasa el tiempo y ante la presencia de nuevas variantes como ómicron, probablemente condicionado por la vacunación, pero sigue siendo un problema grave dado el gran número de contagios que ocurren”, indica Juan Torres Macho, investigador del Departamento de Medicina de la UCM y coautor del trabajo.
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Trabajo de referencia | Fernández-de-las-Peñas, C.; Cancela-Cilleruelo, I.; Rodríguez-Jiménez, J.; Gómez-Mayordomo, V.; Pellicer-Valero, O.J.; Martín-Guerrero, J.D.; Hernández-Barrera, V.; Arendt-Nielsen, L.; Torres-Macho, J. “Associated-Onset Symptoms and Post-COVID-19 Symptoms in Hospitalized COVID-19 Survivors Infected with Wuhan, Alpha or Delta SARS-CoV-2 Variant”. Pathogens 2022, 11, 725. DOI: 10.3390/pathogens11070725.
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Halladas 11 nuevas regiones genéticas implicadas en la gravedad de la covid-19

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Un estudio internacional analiza 125.584 casos de infección en 25 países para localizar determinantes genéticos de la respuesta al SARS-CoV-2. Este conocimiento es clave para conocer los mecanismos del coronavirus, encontrar tratamientos y proteger a las personas potencialmente más vulnerables.
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Recreación artística del virus SARS-CoV-2, causante de la covid-19. / Freepik
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Un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha localizado 11 nuevas posiciones en los cromosomas implicadas en la susceptibilidad a la infección por el SARS-CoV-2 y en la gravedad clínica de la Covid-19. El trabajo se ha publicado en la revista Nature.

La identificación de estos determinantes genéticos implicados en la respuesta al virus es fundamental para conocer los mecanismos biológicos que subyacen a la enfermedad, encontrar tratamientos eficaces y proteger a las personas potencialmente más vulnerables. Entre los hallazgos, cabe destacar ciertos genes codificantes de surfactantes pulmonares, con un papel clave en la respiración.

“La susceptibilidad y la respuesta a las infecciones víricas varía entre las persona. Factores ambientales y sociales contribuyen al riesgo de contraer la infección, mientras que el sexo masculino, la edad avanzada y la presencia de otras enfermedades contribuyen al riesgo de desarrollar una covid-19 grave”, explica Anna Planas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC).

“No obstante, ciertos factores genéticos también aumentan la probabilidad de contraer la infección, de necesitar hospitalización o de desarrollar Covid-19 crítico”, añade.

Evidencias procedentes de miles de personas

Los resultados obtenidos son fruto del consorcio internacional COVID Host Genetics Initiative, encargado de buscar variantes genéticas comunes en la población que puedan aumentar el riesgo de infección o de desarrollar Covid-19 grave. Para ello, el grupo lleva a cabo estudios en miles de pacientes.

El presente trabajo es una actualización con más pacientes de un artículo que este consorcio publicó en julio de 2021. Ahora presenta un metaanálisis de estudios de asociación de todo el genoma (GWAS) de 125.584 casos de infección y más de 2,5 millones de controles recogidos en 25 países a través de 60 estudios diferentes.

La participación de España

El CSIC ha aportado datos genéticos de 236 pacientes y 654 controles. El análisis de datos de esta cohorte ha sido liderado por Israel Fernández Cadenas, del Instituto de Investigación del Hospital de Sant Pau (IIB Sant Pau).

“En este nuevo trabajo ampliamos el mapa que empezamos el año pasado y casi duplicamos el número de regiones y cromosomas estudiados pasando de 13 a 23. Además, se han incluido muestras de todo el mundo mejorando el conocimiento que tenemos de los procesos biológicos que causan los síntomas severos de Covid-19”, afirma Fernández-Cadenas.

Entre estos estudios se encuentra el proyecto InmunGen-CoV2, incluido en la plataforma Salud Global del CSIC, y que agrupa a investigadores de diversos institutos de la entidad española.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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El efecto amigo-escudo y la percepción del riesgo de infección por covid

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Una investigación publicada por investigadoras de la Universidad Carlos III de Madrid muestra que los individuos perciben menos el riesgo de infección por covid-19 y adoptan menos conductas de protección de la salud cuando asocian el riesgo con amigos cercanos, un fenómeno denominado "efecto amigo-escudo".
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Fotografía | Audience de Pixabay
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Durante la pandemia, la gente tiene en cuenta el riesgo de infección que corre al exponerse a otras personas a la hora de decidir cuántos productos de protección sanitaria va a comprar o si va a cenar en el interior de un restaurante o en una cafetería. Al hacer esto, según muestra la investigación, los individuos perciben menos riesgo de infección por Covid-19 y adoptan menos comportamientos de protección de la salud cuando su mente hace algún tipo de asociación con sus amigos cercanos, un fenómeno denominado "efecto amigo-escudo".

Este estudio surge de experiencias personales que ambas hemos tenido. Nos dimos cuenta de que nos sentíamos más o menos vulnerables a la infección por covid-19 en función de las personas con las que estábamos, es decir, que probablemente nos sentíamos más seguras con los amigos íntimos. Nos fascinó este sesgo aparentemente irracional y quisimos estudiar en qué contexto se manifestaba ese sesgo de protección de los amigos.

Utilizando un estudio de campo y cuatro experimentos, descubrimos que esto ocurre en una amplia gama de contextos: cuando se piensa en un amigo mientras se leen noticias relacionadas con la covid-19, cuando se percibe a un amigo como la fuente de una infección previa por covid-19 y cuando se observa la presencia de amigos durante una posible exposición a la covid-19 en lugares cerrados.

En concreto, los individuos que pensaron en un amigo antes de leer noticias relacionadas con la covid-19 decidieron después comprar una cantidad sustancialmente menor de artículos de protección sanitaria en una tienda web, como mascarillas y desinfectantes para las manos, en comparación con los que pensaron en un conocido. Este comportamiento señala que, en presencia de multitudes, los individuos se relajan más con las medidas de protección de la salud cuando asocian los riesgos de la covid-19 con los amigos.

Del mismo modo, en otro estudio, los participantes que atribuyeron su infección previa por covid-19 a un amigo planeaban gastar menos de la mitad en artículos de protección de la salud que los que asociaban la covid-19 con un conocido o un desconocido. Además, cuando preguntamos a los individuos que contemplaran una visita próxima a una cafetería interior con un amigo, anticiparon un riesgo de infección significativamente menor e incluso anticiparon que la cafetería estaría menos concurrida (es decir, sería menos arriesgada) que cuando contemplaban una visita con un conocido.

Recogimos nuestros datos entre abril de 2020 y febrero de 2021, el primer año de la pandemia. Como había varias restricciones, tuvimos que realizar nuestros estudios en línea, por lo que nos centramos en las percepciones de riesgo, que suelen ser predictores fiables de los comportamientos.

Nuestro efecto amigo-escudo se basa en la sensación de seguridad que se siente con los amigos cercanos, que es un fenómeno universalmente compartido en todas las culturas. Por lo tanto, aunque los experimentos se hayan realizado con individuos de Estados Unidos, creemos que el efecto se replicará en España.

Es importante destacar que encontramos que el efecto amigo-escudo es más prominente entre las personas que perciben una mayor brecha entre aquellos con los que se sienten cercanos (el llamado grupo interno) y con los que se sienten distantes (grupo externo). Esperamos que esto sea así tanto en Estados Unidos como en España. Sin embargo, en EE.UU., los conservadores tienden a tener unos límites más claros entre el grupo interno y el externo que los liberales, y por esta razón encontramos que los conservadores mostraron un efecto amigo-escudo más fuerte que los liberales. Se necesitan estudios futuros para abordar cómo se relaciona el efecto amigo-escudo con las orientaciones políticas en España.

Limitar las interacciones a los amigos íntimos y a los miembros de la familia ha sido una medida de protección comúnmente recomendada para reducir la transmisión de la covid-19 durante la pandemia. Sin embargo, nuestros hallazgos demuestran que estas burbujas sociales tan estrechas pueden crear involuntariamente otros problemas en la práctica, ya que las personas tienden a percibir menores riesgos de infección y a adoptar comportamientos sanitarios menos protectores. Es decir, acostumbrar a las personas a pasar la mayor parte de su tiempo con su círculo social más cercano puede resultar contraproducente e intensificar una falsa sensación de seguridad e invulnerabilidad ante posibles (futuros) riesgos de infección.

Por lo tanto, insistimos en que los responsables de la seguridad deberían hacer un mayor esfuerzo para informar al público sobre los sesgos psicológicos, concretamente sobre el irracional y potencialmente peligroso efecto amigo-escudo. Asimismo, los responsables de las políticas públicas podrían considerar el diseño de campañas sanitarias más específicas para las personas más propensas a un efecto amigo-escudo más fuerte.

Aumentar la conciencia de este fenómeno podría ayudar a las personas a reconocer y contrarrestar proactivamente su tendencia a minimizar el riesgo de infección y a adoptar un comportamiento menos protector de la salud en presencia de amigos durante las pandemias. Después de todo, por muy cariñosos e íntimos que sean, los amigos y la familia no pueden proteger a alguien de contraer y sufrir un virus transmitido por una amplia gama de otras personas.
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Trabajo de referencia

Eline de Vries es profesora titular de Marketing en el Departamento de Administración de Empresas de la Universidad Carlos III de Madrid.
Hyunjung Crystal Lee es profesora adjunta de Marketing en el Departamento de Administración de Empresas de la Universidad Carlos III de Madrid.
Este texto se publicó originalmente en el Science Media Centre España, en su sección Voces expertas
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FUENTE • Agencia SINC.....
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ETIQUETAS • Covid-19CoronavirusSociedad.....
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El aislamiento social afecta a la capacidad funcional de las personas

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La Universidad de Sevilla coordina un estudio internacional que ha seguido durante 10 años a más de 13.000 personas para analizar las consecuencias del aislamiento.
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Photo by Warren Wong on Unsplash
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La Universidad de Sevilla ha liderado un estudio pionero a nivel mundial que ha confirmado que el aislamiento social tiene un alto impacto en la capacidad funcional de las personas, es decir, su habilidad para desarrollar las actividades de la vida diaria. Estos efectos son de especial interés en población adulta-mayor y en pacientes de Covid-19, que han sufrido especialmente el aislamiento en el último año y que pueden experimentar sus consecuencias a largo plazo.

Los resultados del estudio confirman y demuestran las consecuencias negativas del aislamiento social, específicamente en la aceleración de trayectorias del deterioro del envejecimiento en el funcionamiento físico. Además, dadas las tendencias mundiales en el envejecimiento de la población y la aparición de la Covid-19, es probable que el aislamiento social se convierta en un problema social más prevalente en la población adulta mayor en los próximos años.

Investigadores de España, Australia y Dinamarca, liderados por el profesor Jesús del Pozo-Cruz (investigador principal del grupo ‘Epidemiology of Physical activity and Fitness Across Lifespan (EPAFit)’, de la Universidad de Sevilla (departamento de Educación Física y Deporte y departamento de Motricidad Humana y Rendimiento Deportivo), han seguido durante 10 años a más de 13.000 personas para estudiar las consecuencias del aislamiento social. Se sabe que los individuos que lo padecen en mayor medida son proclives a exhibir problemas mentales y desarrollar demencia. Todo ello se asocia igualmente a mayor mortalidad. Los problemas de este tipo se están incrementando con el paso de los años y se han agudizado en el momento actual debido a la pandemia.

Los resultados del estudio también aconsejan que las intervenciones en materia de salud pública deberían centrar su atención en los entornos sociales en los que están integrados los mayores, en particular los que están en riesgo de aislamiento. En este sentido, por ejemplo, los autores instan a crear soluciones políticas que promuevan contacto y relaciones sociales de calidad entre las personas adultas y mayores, que deberían tener además éxito en mejorar la función física de éstas.

Por último, los autores enfatizan que es particularmente importante reducir los niveles de aislamiento social que experimentan los ancianos, ya que este aislamiento tiene consecuencias más graves sobre su función física que en las personas más jóvenes. Además, se sabe que el declive de la función física conlleva un mayor riesgo de fragilidad en las personas adultas y mayores, por lo que tras este estudio se puede afirmar que evitando el aislamiento social se favorece en cierta medida la prevención de la fragilidad, al preservar la capacidad funcional de las personas. Impulsar, además, programas encaminados al mantenimiento de la función física en adultos y mayores y dirigidos por educadores físico deportivos puede jugar un papel clave en la sociedad del futuro.
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FUENTE • Universidad de Sevilla.....
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ETIQUETAS • Sociedad, Psicología, Investigación.....
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La pandemia en los ojos de la Filosofía

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La pandemia por COVID-19 ha dado un vuelco a nuestros hábitos cotidianos y también está transformando nuestra sociedad. Cuatro profesores e investigadores de la Universidad de Valladolid (UVa) desentrañan esta situación desde puntos de vista diferentes.
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En el último año, la pandemia de COVID-19 ha transformado nuestras vidas, trastocando cada una de nuestras rutinas y actividades familiares, laborales y de ocio. De igual forma nos ha sacudido como sociedad, y no solo a nivel sanitario. En los ámbitos económico y político, entre otros muchos, los estragos del virus son evidentes. Todo ello nos marcará para siempre y hablaremos de un antes y después de la pandemia.

Todo ha ocurrido muy rápido y un fenómeno de estas dimensiones, con tanta afectación, requiere una profunda reflexión. Para salir reforzados y para extraer lecciones valiosas de lo sucedido. La Filosofía ejerce aquí un papel clave, como disciplina que invita precisamente a la reflexión.

¿Qué lugar está teniendo el conocimiento científico y cuál debería tener en la gestión de la pandemia? ¿Qué expectativas tiene la sociedad respecto al papel de la Ciencia ante una situación como esta? ¿En qué medida los gobiernos deben recurrir a los expertos? ¿Cómo puede afectar la pandemia a la democracia? ¿Y a otros ámbitos diferentes, como la creación artística?

La Filosofía puede ofrecer respuestas desde diversos ángulos a estas preguntas complejas que requieren de un análisis pausado. Así lo aseveran los distintos equipos e investigadores que integran el Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid (UVa). Cada uno, desde su área, tiene mucho que aportar a este análisis de plena actualidad.

¿Qué hay detrás de las cifras de fallecidos?

María Caamaño Alegre es una de las investigadoras del Área de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UVa. Junto con Adán Sus, organiza cada año el festival de filosofía ‘Valladolid Piensa’, que trata de llevar a la calle precisamente la reflexión filosófica y el diálogo sobre asuntos de actualidad. En el Área se investiga, entre otras líneas, el paradigma del conocimiento científico en la sociedad actual, la interpretación de las teorías científicas o la relevancia social de la Ciencia.

Caamaño Alegre examina una cuestión clave desde el inicio de la pandemia: cómo se realiza el cómputo de fallecimientos por COVID-19 y las implicaciones que conlleva la elección y el diseño de un método.

“La muerte en principio es un dato cuantificable. Pero los datos con los que se opera en ciencia no son brutos, siempre hay que fijar un procedimiento para obtenerlos", explica. “Un procedimiento certero y directo es disponer de una prueba de COVID positiva una vez se ha certificado una muerte. Eso demuestra la relación causal, pero este procedimiento tuvo un alcance muy limitado sobre todo en la etapa inicial y más cruenta de la pandemia, cuando no había suficientes test. El dato que se obtuvo de esta forma fue permanentemente una infraestimación, junto con otros factores como los retrasos en la certificación de muertes o los problemas en la transmisión de los datos de fallecidos", continúa.

La investigadora de la UVa alude a otro de los procedimientos aplicados, el llamado exceso de muertes. “Consiste en hacer una comparativa entre el promedio de muertes en un periodo determinado durante de varios años junto con otros factores, como la reducción de las muertes por accidente de tráfico debido al confinamiento, y obtener la diferencia con los datos de la pandemia, entendiendo como hipótesis más simple que esa diferencia se debe a la incidencia del COVID-19". Aunque es un procedimiento indirecto porque no hay una constatación de que ese exceso de fallecidos haya estado infectado, añade, “tiene un mayor alcance porque recoge los casos que se escapan con el otro método".

Así, apuesta por conjugar los distintos procedimientos disponibles para alcanzar una mayor precisión. “Hasta donde se pueda, es interesante combinar distintos procedimientos y cruzar los datos. Esa posible triangulación redunda claramente en un incremento de la calidad de los datos y de la evidencia", aduce.

El triunfo de la tecnocracia

José Manuel Chillón trabaja en el ámbito de la Historia de la Filosofía. Un marco que invita a considerar la actualidad desde diversos ángulos. “No solo hay una manera de ver la realidad, no solo hay una verdad", apunta el también profesor e investigador de la UVa. “A lo largo de la Historia de la Filosofía ha habido precisamente un trabajo muy importante por reclamar otra forma de conocimiento, otro modo de acceso a la realidad al margen de ese prioritario y absoluto como es el científico", recuerda, y en este sentido reflexiona sobre el papel de los expertos en la gestión de la pandemia.

“Está muy bien la Democracia, pero ahora que estamos en un momento crítico parece que ha triunfado la tecnocracia, el discurso de que solo los que saben, solo los expertos, son los que pueden gobernar. Esto siempre es peligroso por lo que la tecnocracia tiene de aristocracia", subraya.

Una crisis de liderazgo en la que acudir a los expertos, a su juicio, se “vende" como recurrir al sentido común. “Creo que es un atentado contra el pensamiento y contra la propia esencia de la Democracia, la pluralidad y la diversidad de voces de lo público", advierte Chillón, quien incide en que si solo se confía en la Ciencia “al final se crean modos de vida totalitarios, que en el fondo es lo que hay detrás de la reclamación crítica de la Democracia".

La pandemia desnuda la crisis de representatividad

En el Área de Filosofía Moral y Política de la UVa se trabaja en dos líneas muy potentes, como son los estudios de género y el análisis del poder. En este último campo, Fernando Longás Uranga indaga precisamente en el agotamiento de la Democracia representativa y las amenazas que se ciernen sobre ella.

“La pandemia no ha hecho más que sintomatizar esa crisis de la Democracia", recalca. “La política de partidos y de Gobierno hace aguas en una situación como esta. La crisis está ahí y me da la impresión de que los políticos no tienen elementos teóricos e ideológicos para enfrentar este tipo de dificultades", agrega.

En su opinión, un síntoma claro de esta situación ha sido el modo en que los políticos “se han refugiado permanentemente en la literatura científica, en tomar las decisiones que los técnicos les dicen, en hacer caso a la Ciencia", abunda. “¿A qué se refieren con eso, acaso no se pueden tomar decisiones políticas sobre una pandemia como ésta?", cuestiona. Una situación que pone al descubierto “algo que ya estaba de antes, una crisis de representatividad".

¿Cómo se integrará la pandemia en las Artes?

Desde hace dos décadas, el Área de Estética y Teoría de las Artes de la UVa analiza conceptos como arte o belleza. Qué caracteriza al arte, cómo se define una obra o un objeto artístico o en qué se diferencia, por ejemplo, de uno artesanal, son algunas de las cuestiones que han abordado, junto a la propia historia del pensamiento estético. Y prestando una especial atención al teatro, un elemento menos común en este ámbito de estudio.

“Ahora estamos a la expectativa de cómo los artistas van a integrar la incertidumbre que acabamos de descubrir con la pandemia. Si van a lanzar un mensaje de esperanza, si por el contrario van a representarlo en términos de tragedia o de catástrofe, o si nos van a interpelar como sujetos que hemos vivido junto a ellos una situación traumática", plantea Adrián Pradier.

El profesor e investigador de la UVa detalla que los primeros que han empezado a afrontar la situación, y además con mucha virulencia, “de una manera muy cruda y al mismo tiempo con mucha autenticidad", han sido los artistas grafiteros.

En cambio, en la práctica escénica y audiovisual se está viviendo una especie de “paréntesis", quizás motivado en que los proyectos que se están llevando ahora a cabo fueron concebidos antes de la pandemia. “No sabemos aún si se afrontará la pandemia desde el arte y la producción audiovisual o si se establecerá un antes y un después y habrá un vacío en medio, ya que por el momento se está hablando poco o nada de ella. En mi opinión, el arte tiene que ayudarnos a asumir lo que hemos vivido y lo que nos va a tocar vivir", valora Pradier.

El relato de estos cuatro investigadores ejemplifica cómo la Filosofía es clave para interpretar y mejorar nuestra comprensión sobre la realidad de la pandemia. Una realidad que no tiene un único enfoque y que solo desde el pensamiento y la diversidad de voces se puede llegar a desentrañar.
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Bacterias resistentes a los antibióticos, ¿la próxima pandemia?

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Si bien la actual pandemia de COVID-19 ha concentrado toda la atención mediática y buena parte de los recursos de investigación médica, existen otros peligros y amenazas relacionados con la salud que hay que tener presentes.
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Photo by Adrian Lange on Unsplash
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Las bacterias son células procariontes que pueden actuar como agentes infecciosos que causan enfermedades transmisibles como el botulismo o el el cólera, entre otras, y que han convivido con la humanidad a lo largo de los siglos, siendo los antibióticos la principal herramienta que se tiene para mantener las bajo control eliminándolas o impidiendo su crecimiento.

Sin embargo el éxito de estas sustancias -producidas en su mayoría a partir de organismos como hongos, otras bacterias, o a través de procesos químicos- se encuentra en entredicho debido al surgimiento de microorganismos farmacoresistentes, lo que ha provocado un incremento de la mortalidad, y los costos médicos.

Esta era precisamente la prioridad número uno de la Organización Mundial de la Salud hasta el inicio de la pandemia por COVID-19 en Wuhan a fines del 2019, y volverá a serlo cuando pase la emergencia sanitaria, ya que las proyeciones son tales que para el 2050 estas enfermedades podrían causar más muertes que el cáncer a nivel mundial.

A pesar de que hoy en día existe una amplia gama de antibióticos conocidos, las bacterias son capaces de adaptarse a condiciones adversas de existencia en el planeta, como altas o bajas temperaturas en donde otras formas de vida como animales o plantas no pueden sobrevivir, lo que les estaría permitiendo adaptarse a la presencia de antibióticos.

Así lo explicó el Dr. Andrés Marcoleta, integrante del Grupo de Microbiología Integrativa y del Laboratorio de Biología Estructural y Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, quien recordó que durante los últimos años "hemos producido muchos antibióticos, no sólo para la medicina sino también para la ganadería o la acuicultura, entonces se vierten muchos al ambiente y en algún momento llegan a donde están habitando las bacterias naturalmente, lo que de alguna manera las obliga a hacerse resistentes o a perecer".

Estas bacterias sobrevivientes pueden traspasarle la información genética que contiene esta capacidad de resistencia a otras bacterias, difundiendo esta habilidad a organismos capaces de producir enfermedades.

Consultado sobre cómo poder enfrentar esta situación, el profesor Marcoleta aseguró que existen dos estrategias complementarias: "Por un lado se tienen que producir nuevos antibióticos que sean efectivos, pero esa es una solución temporal ya que en no más de 5 o 10 años aparecen bacterias resistentes, por lo que también se tiene que entender cómo las bacterias se hacen resistentes, investigando esa información genética, y desarrollar vacunas que permitan adelantarse y prevenir las infecciones".

En este sentido, el profesor Marcoleta destacó el trabajo que realizan junto a las Dras. Rosalba Lagos y Macarena Varas, también del Departamento de Biología, en el proyecto "Búsqueda y caracterización de compuestos antimicrobianos y determinantes de resistencia a antibióticos presentes en bacterias del suelo antártico", financiado por el Instituto Antártico Chileno, en el que evalúan la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en el continente blanco.

"Ya nos encontramos en la etapa final del proyecto, y es impresionante la cantidad de bacterias que hemos encontrado, en un lugar donde uno pensaría que por la baja presencia del ser humano no deberían ser resistentes a estos medicamentos, por lo que está lleno de información genética que en el futuro podría permitir la difusión de enfermedades, por lo que debemos adelantarnos", aseguró.

Finalmente, el académico alertó sobre los riesgos asociados a la automedicación y la presencia de estos productos médicos en el comercio informal. "Hay un comercio descontrolado, con muchos productos vendiéndose en ferias libres lo que produce un problema muy serio, porque hablamos de toneladas de antibióticos incluyendo algunos que deberían reservarse para casos complicados. Este mal uso de medicamentos nos jugará en contra y hará que aumente el riesgo", finalizó.
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ETIQUETAS • Investigación, Salud
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