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Superbacterias, la pandemia silenciosa

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Las bacterias resistentes a los antibióticos son especialmente preocupantes en los ámbitos clínicos porque la ineficacia de los antibióticos puede convertir cirugías menores en un riesgo mortal y pueden afectar a pacientes inmunodeprimidos o que están bajo tratamientos que reducen su sistema inmune.
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Placa de Petri con superbacterias 'Staphylococcus aureus' resistente a meticilina (MRSA). / Daniel López
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La resistencia a los antibióticos es uno de los grandes problemas globales en salud pública. El uso indiscriminado de estos fármacos, tanto en los seres humanos como en los animales, ha causado la proliferación de las denominadas superbacterias, cepas de bacterias con genes de resistencia a los fármacos. Según Naciones Unidas, este problema, que provoca que los antibióticos sean cada vez menos eficaces para atajar infecciones, podría llegar a causar diez millones de muertes al año en 2050 y convertirse en la primera causa de muerte en el mundo.

Las bacterias resistentes a los antibióticos son especialmente preocupantes en los ámbitos clínicos porque la ineficacia de los antibióticos puede convertir cirugías menores en un riesgo mortal y pueden afectar a pacientes inmunodeprimidos o que están bajo tratamientos que reducen su sistema inmune. Con el fin de desarrollar nuevas estrategias, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se está trabajando en diferentes líneas de investigación basándose en el concepto One health, que contempla que la salud humana y la sanidad animal son interdependientes y están vinculadas a los ecosistemas.

La institución ha creado el programa Cicerón, que trata de generar sinergias entre políticos, empresarios, periodistas y científicos en un mismo foro para dar a conocer sus investigaciones en torno a un desafío social. La primera jornada, dedicada la resistencia a los antibióticos, se ha celebrado este martes 14 de marzo.

El evento ha incluido una visita al Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí, la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, y el director del centro, Mario Mellado, han recibido a los visitantes entre los que se encontraban políticos como María Luisa Carcedo, diputada del Congreso de los Diputados; Ana Isabel Cremades, directora general de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid, y Bárbara Fernández-Revuelta, subdirectora general de Investigación de la Comunidad de Madrid.

También han acudido a la cita representantes de otras administraciones públicas como Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias del Ministerio de Sanidad; Cristina Teixeira y Laura Villar, del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, y Antonio Picón, coordinador técnico de Proyectos de Evaluación de Políticas Públicas de Salud de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. Asimismo, ha asistido una representación empresarial con Javier Urzay y Amelia Martín, de Farmaindustria; Fernando Méndez, de Pfizer; Joel Lelievre, de Global Health-GSK; Isabel Amat, de Reig Jofre; Cristina Nadal, de MSD Spain, y Marta Gutiérrez, de Atlántica Agrícola.

“Además de seguir financiando y manteniendo una apuesta por la ciencia básica, estamos apostando por la transferencia. Creemos que hay problemas, como el de la resistencia a los antibióticos, que no solo son problemas científicos importantes, sino que son un problema social de primera magnitud”, ha señalado la presidenta del CSIC. “Con esta jornada queremos plantear cómo podemos afrontar problemas como este y hacerlo con la imprescindible alianza de la investigación y la ciencia, la ciudadanía, las empresas y las administraciones, que tienen un papel regulatorio y financiador importantísimo”.

En el CNB los visitantes han podido conocer las sedes españolas de dos infraestructuras europeas radicadas en el instituto. El genetista Lluis Montoliu ha explicado cómo funciona la plataforma europea EMMA-Infrafrontier de criopreservación de embriones de ratón. Formada por 16 nodos repartidos por Europa, cuenta, en total, con 8.500 tipos de ratones, cada uno de ellos modelo de una enfermedad distinta. “Infrafrontier persigue generar, distribuir y archivar modelos animales de diferentes enfermedades que nos afectan a los humanos. Se emplean tanto para avanzar en el propio conocimiento de la enfermedad como en el desarrollo de terapias”, ha explicado Montoliu, director del nodo español.

La segunda sede es el Servicio de criomicroscopía electrónica, que dirige el científico José María Valpuesta. La infraestructura consiste en un criomicroscopio electrónico de transmisión, otro de barrido y otro confocal. “La criomicroscopia electrónica permite determinar estructuras de moléculas biológicas a altísima resolución. Es una técnica con aplicaciones en la biomedicina y la biotecnología que está revolucionando la biología estructural en el mundo”, señala Valpuesta.

Seis propuestas para abordar el problema

Como segunda parte de la jornada se ha celebrado una sesión de ponencias con seis expertos del CSIC en la Librería Científica de la institución, en su campus central en Madrid, moderada por Montoliu y la viróloga Margarita del Val.

En la primera ponencia, Daniel López, del CNB-CSIC, ha señalado cómo la búsqueda de nuevos antibióticos para curar estas infecciones de superbacterias no ha tenido mucho éxito. En vista de esta situación, en su equipo han optado por una estrategia alternativa. “Proponemos combinar los antibióticos que están en desuso con nuestras moléculas. Estas hacen que esos antibióticos vuelvan a funcionar al desactivar la resistencia y consiguen matar a esas bacterias. Esto permite tratar infecciones que no se podrían tratar con los antibióticos con los que disponemos”, ha señalado el científico. Puesto que muchos de estos grandes complejos proteicos juegan un papel importante en la resistencia a los antibióticos, cuando se altera la arquitectura de estas zonas, las superbacterias dejan de serlo y se convierten en cepas convencionales sensibles a los antibióticos más comunes.

Las consecuencias de la resistencia a los antibióticos tienen impacto, además, en el medioambiente. Un grupo de investigación liderado por Ana de la Torre en el Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA- CSIC) ha creado un mapa de vulnerabilidad de los suelos frente a la presencia de antibióticos y de biorresistencias. “La presencia de antibióticos en el medioambiente supone un problema porque actúa como un medio a través del cual pueden viajar esas resistencias, que pueden hacerlo del suelo a los cultivos y al final el cultivo es la base de alimentación de humanos y animales”, ha señalado De la Torre durante su intervención. Además, en su grupo han determinado las mejores especies de plantas centinela para vigilar la presencia de antibióticos en el medioambiente.

El laboratorio de Álvaro San Millán en el CNB-CSIC impulsa estudios sobre los plásmidos, unos elementos genéticos móviles responsables de que los mecanismos de resistencia se diseminen entre las bacterias. “Todos en nuestro organismo tenemos comunidades bacterianas, como la microbiota intestinal, que están formadas por muchas bacterias distintas. El objetivo último es encontrar mecanismos que nos permitan señalar en esas comunidades complejas solo aquellas bacterias que portan los mecanismos de resistencia y, de ese modo, poder combatir la evolución de la resistencia a los antibióticos pero sin afectar a las microbiotas, que tienen un papel muy importante en la salud humana”.

Por su parte, Victoria Moreno, investigadora del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC-UAM), estudia cómo los cambios en la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino, pueden relacionarse con enfermedades como la celiaquía y la enfermedad inflamatoria intestinal. “La microbiota tiene una función importantísima en nuestra respuesta inmune y en el desarrollo de distintas enfermedades”, ha comentado Moreno en la Librería Científica del CSIC. “Mejorando los factores que pueden influir en la microbiota somos capaces de prevenir algunas enfermedades”.

La nanomedicina es otra de las áreas en las que se trabaja desde el CSIC para proponer soluciones al reto de la resistencia de los antibióticos. El grupo que lidera Fernando Herranz en el Instituto de Química Médica (IQM-CSIC) investiga en terapias que emplean nanomedicina para entrenar a las defensas del organismo y mejorar con ello su respuesta ante bacterias resistentes, reduciendo así el uso de estos antibióticos. “La biopelícula es una protección que desarrollan muchas bacterias que favorece su virulencia y complica la acción de los antibióticos. Lo que intentamos con estas nanopartículas es solubilizar esa biopelícula, eliminarla, de forma que el sistema se pueda encargar de las bacterias”, apunta.

Pilar García, científica del CSIC en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA-CSIC), ha sido la encargada de cerrar las ponencias de la jornada. Su equipo de investigación emplea virus bacteriófagos para disminuir y controlar la dispersión de bacterias resistentes. “La terapia fágica -ha explicado- consiste en la utilización de bacteriófagos o proteínas codificadas por ellos para eliminar bacterias patógenas. Es una alternativa al uso de antibióticos o de antimicrobianos en general porque los bactertiófagos son los depredadores naturales de las bacterias. Y emplean un mecanismo totalmente diferente al de los antibióticos para infectarlas y eliminarlas”.
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Programa Cicerón

El CSIC quiere mostrar a través del programa Cicerón la ciencia que desarrolla en sus laboratorios para acercarla a los gestores políticos, las empresas, los periodistas y otros agentes sociales. Con este programa busca, a través de una serie de jornadas temáticas itinerantes, potenciar la contribución de la ciencia y la innovación a la resolución de desafíos como la creciente resistencia de las bacterias frente a los antibióticos, la gestión de los incendios forestales o la descarbonización de la industria, entre otras temáticas.

La Fundación General CSIC apoya y colabora en la organización de esta iniciativa.
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Bacterias resistentes a los antibióticos, ¿la próxima pandemia?

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Si bien la actual pandemia de COVID-19 ha concentrado toda la atención mediática y buena parte de los recursos de investigación médica, existen otros peligros y amenazas relacionados con la salud que hay que tener presentes.
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Photo by Adrian Lange on Unsplash
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Las bacterias son células procariontes que pueden actuar como agentes infecciosos que causan enfermedades transmisibles como el botulismo o el el cólera, entre otras, y que han convivido con la humanidad a lo largo de los siglos, siendo los antibióticos la principal herramienta que se tiene para mantener las bajo control eliminándolas o impidiendo su crecimiento.

Sin embargo el éxito de estas sustancias -producidas en su mayoría a partir de organismos como hongos, otras bacterias, o a través de procesos químicos- se encuentra en entredicho debido al surgimiento de microorganismos farmacoresistentes, lo que ha provocado un incremento de la mortalidad, y los costos médicos.

Esta era precisamente la prioridad número uno de la Organización Mundial de la Salud hasta el inicio de la pandemia por COVID-19 en Wuhan a fines del 2019, y volverá a serlo cuando pase la emergencia sanitaria, ya que las proyeciones son tales que para el 2050 estas enfermedades podrían causar más muertes que el cáncer a nivel mundial.

A pesar de que hoy en día existe una amplia gama de antibióticos conocidos, las bacterias son capaces de adaptarse a condiciones adversas de existencia en el planeta, como altas o bajas temperaturas en donde otras formas de vida como animales o plantas no pueden sobrevivir, lo que les estaría permitiendo adaptarse a la presencia de antibióticos.

Así lo explicó el Dr. Andrés Marcoleta, integrante del Grupo de Microbiología Integrativa y del Laboratorio de Biología Estructural y Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, quien recordó que durante los últimos años "hemos producido muchos antibióticos, no sólo para la medicina sino también para la ganadería o la acuicultura, entonces se vierten muchos al ambiente y en algún momento llegan a donde están habitando las bacterias naturalmente, lo que de alguna manera las obliga a hacerse resistentes o a perecer".

Estas bacterias sobrevivientes pueden traspasarle la información genética que contiene esta capacidad de resistencia a otras bacterias, difundiendo esta habilidad a organismos capaces de producir enfermedades.

Consultado sobre cómo poder enfrentar esta situación, el profesor Marcoleta aseguró que existen dos estrategias complementarias: "Por un lado se tienen que producir nuevos antibióticos que sean efectivos, pero esa es una solución temporal ya que en no más de 5 o 10 años aparecen bacterias resistentes, por lo que también se tiene que entender cómo las bacterias se hacen resistentes, investigando esa información genética, y desarrollar vacunas que permitan adelantarse y prevenir las infecciones".

En este sentido, el profesor Marcoleta destacó el trabajo que realizan junto a las Dras. Rosalba Lagos y Macarena Varas, también del Departamento de Biología, en el proyecto "Búsqueda y caracterización de compuestos antimicrobianos y determinantes de resistencia a antibióticos presentes en bacterias del suelo antártico", financiado por el Instituto Antártico Chileno, en el que evalúan la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en el continente blanco.

"Ya nos encontramos en la etapa final del proyecto, y es impresionante la cantidad de bacterias que hemos encontrado, en un lugar donde uno pensaría que por la baja presencia del ser humano no deberían ser resistentes a estos medicamentos, por lo que está lleno de información genética que en el futuro podría permitir la difusión de enfermedades, por lo que debemos adelantarnos", aseguró.

Finalmente, el académico alertó sobre los riesgos asociados a la automedicación y la presencia de estos productos médicos en el comercio informal. "Hay un comercio descontrolado, con muchos productos vendiéndose en ferias libres lo que produce un problema muy serio, porque hablamos de toneladas de antibióticos incluyendo algunos que deberían reservarse para casos complicados. Este mal uso de medicamentos nos jugará en contra y hará que aumente el riesgo", finalizó.
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ETIQUETAS • Investigación, Salud
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5.300 microorganismos distintos en el útero de las mujeres sanas

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Descrita la microbiota funcional (incluye virus, bacterias y hongos) que habita en el útero de mujeres sanas mediante el análisis de secuencias de ARN.
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El útero tiene su propia microbiota, funcional y activa / UGR
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Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Granada (UGR), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Hospital Virgen de las Nieves de Granada ha identificado más de 5.300 microorganismos distintos (virus, bacterias y hongos, entre otros) dentro del útero de las mujeres sanas.

Su trabajo, que publica Human Reproduction, una de las revistas más prestigiosas a nivel mundial en el campo de la reproducción humana, ha descrito y analizado la microbiota potencialmente funcional que habita en el útero de mujeres sanas mediante el análisis de secuencias de ARN.

Como explica Alberto Sola-Leyva, investigador predoctoral de la Universidad de Granada y primer autor del artículo, “pocos tejidos de nuestro cuerpo, si es que hay alguno, son totalmente estériles. La mayoría tienen una microbiota propia, es decir, una comunidad de microorganismos (bacterias, virus, hongos, entre otros) que habitan un sitio definido”.

La mayor parte de las comunidades bacterianas presentes en el ser humanos coexisten sin causar daño, sino más bien beneficio. Sin embargo, un desequilibrio en esta relación puede desembocar en una enfermedad. En el contexto de la reproducción/fertilidad humana, se conoce bastante que la vagina posee una microbiota altamente activa. Pero es que, hasta hace muy poco, se asumía que el útero humano era un medio completamente estéril.

Recientemente, el grupo de la Universidad de Granada, en colaboración con bioinformáticos del Instituto de Parasitología y Biomedicina "López-Neyra" (CSIC) y médicos de la Unidad de Reproducción del Hospital Virgen de las Nieves, ha publicado este trabajo interdisciplinar, en el que describen la composición de los microorganismos activos que habitan en el útero de mujeres sanas, y sugieren las rutas metabólicas donde podrían participar.

Además, los investigadores han determinado que la composición de estos microorganismos fluctúa a lo largo del ciclo menstrual. Este novedoso estudio ha sido liderado por Signe Altmäe, y cuenta con la colaboración de Eduardo Andrés-León.

Hasta ahora se sabía que el útero contiene secuencias de ADN bacteriano, pero se desconoce si estos trozos de material genético microbiano son restos de degradación o hay microbios funcionalmente activos.

La microbiota del endometrio en “acción”

“Gracias a este nuevo enfoque metodológico, hemos podido analizar la microbiota viva del endometrio de mujeres sanas, que en este caso está compuesta de más de 5300 microorganismos y difiere de la composición microbiana de la vagina”, señala Altmäe.

Entre las actividades que desempeñan los microorganismos dentro del útero, los resultados del estudio demuestran que, durante la fase menstrual en la que se implanta el embrión, están involucrados en la biosíntesis de prostanoides (derivados de ácidos grasos esenciales) y el metabolismo del L-triptófano, ambos cruciales para que se establezca el embarazo.

“El avance en el conocimiento del microbioma uterino puede suponer la identificación de biomarcadores microbianos mínimamente invasivos y una mejora en los tratamientos ginecológicos con implicaciones clínicas y terapéuticas a nivel uterino hoy desconocidas”, concluyen los autores.
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ETIQUETAS • Genética, Salud, Investigación
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Las bacterias pueden almacenar información de manera similar a como lo hacen nuestras neuronas

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Los investigadores muestran como las bacterias de la especie Bacillus subtilis tienen capacidad de memoria, es decir, pueden almacenar información sobre sus condiciones pasadas.
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Se utilizó la luz para marcar un patrón complejo con letras en una área más pequeña que el grosor de un cabello
en el biofilm, formado por centenares de bacterias. Fuente: UCSD i UPF.
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Investigadores de la Unversitat Pompeu Fabra (UPF) y de la Universidad de California en San Diego (UCSD) han descubierto que las comunidades de bacterias conocidas como biofilms tienen la capacidad de almacenar información.

Los biofilms son colonias de bacterias que cooperan para proteger a sus habitantes de amenazas externas (como los antibióticos). Los investigadores Gurol Süel, Jordi Garcia-Ojalvo y sus colegas, descubrieron en un estudio previo que las bacterias en los biofilms utilizan señales eléctricas para comunicarse, de forma muy similar a como lo hacen las neuronas en nuestro cerebro. Estas señales eléctricas consisten en átomos cargados (iones) que entran y salen de la célula, y su propagación permite la comunicación entre bacterias.

Ahora, en el nuevo trabajo publicado en la revista Cell Systems, Süel, Garcia Ojalvo y sus colaboradores muestran cómo las bacterias de la especie Bacillus subtilis tienen capacidad de memoria, es decir, pueden almacenar información sobre sus condiciones pasadas. “Mediante una combinación de experimentos y modelos matemáticos, hemos mostrado que las bacterias puedan almacenar información de un modo similar a como lo hacen las neuronas, es decir, controlando el flujo de iones a través de su membrana celular”, explica Jordi Garcia Ojalvo, catedrático de Biología de Sistemas de la UPF. Por lo tanto, el descubrimiento revela un paralelismo entre los organismos unicelulares y las neuronas que procesan la memoria en nuestro cerebro, mucho más complejas.

En este caso han utilizado la luz para variar este flujo de iones, lo que les ha permitido ver con una resolución de células individuales esta memoria. “Observamos que dos bacterias vecinas se comportan de forma diferente, dependiendo de si han recibido luz o no. Estas bacterias se siguen comportando de modo diferente incluso horas después de la iluminación”, añade Garcia-Ojalvo. Esta resolución del tamaño de una célula permite almacenar imágenes relativamente complejas, como los investigadores mostraron en sus experimentos.

Según indican los investigadores, el resultado principal puede inspirar nuevos enfoques en biología sintética. La capacidad de codificar la memoria en comunidades bacterianas puede ser muy relevante para el diseño de sistemas computacionales complejos con organismos vivos. El estudio proporciona además nuevas evidencias de los antecedentes evolutivos de la comunicación neuronal, y por lo tanto de la capacidad de nuestro cerebro para procesar información, en células mucho más simples.
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Trabajo de referencia | Chih-Yu Yang et al. Encoding Membrane-Potential-Based Memory within a Microbial Community. Cell Systems, April 2020. https://doi.org/10.1016/j.cels.2020.04.002.
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FUENTE • Unversitat Pompeu Fabra | UPF
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ETIQUETAS • Investigación, Neurología
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Desvelan uno de los grandes misterios de la Ciencia: la mayoría de los virus y bacterias caen desde el cielo


La Universidad de Granada lidera una investigación internacional que ha demostrado por primera vez que, cada día, casi un billón de virus y más de 20 millones de bacterias circulan por la atmósfera terrestre y se depositan en lugares de alta montaña. La investigación ha sido publicada en la prestigiosa revista “International Society for Microbial Ecology”, del grupo Nature.
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Imagen donde se aprecian los dos escenarios meteorológicos más frecuentes que depositan grandes cantidades de virus (borrascas procedentes del Atlántico) y bacterias (intrusiones de polvo Sahariano) en las altas montañas de Sierra Nevada (NASA Visible Earth)
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Científicos de la Universidad de Granada, en colaboración con la University of British Columbia (Canadá) y San Diego State University (Estados Unidos) han demostrado que un número impresionante de virus y de bacterias circulan por la atmósfera terrestre y, finalmente, se depositan tras largos recorridos en lugares tan prístinos (inalterados) como la alta montaña.

Los mecanismos de dispersión de los microorganismos a escala global son prácticamente desconocidos. En este trabajo, publicado en la prestigiosa revista “International Society for Microbial Ecology” del grupo Nature, los investigadores han cuantificado por primera vez la cantidad de virus y bacterias que se depositan tras viajar por la atmósfera miles de kilómetros, bien desde el Océano Atlántico o bien desde el desierto del Sahara, para depositarse en las altas cumbres de Sierra Nevada (Granada).

Cada día, casi un billón de virus y más de 20 millones de bacterias se depositan en cada metro cuadrado por encima de la capa de mezcla atmosférica en Sierra Nevada, es decir, por encima de los 2500-3000 metros de altitud.

Las tasas de deposición de virus obtenidas por los investigadores fueron entre 9 y 461 veces superiores a las tasas de deposición de bacterias. Los virus y las bacterias se depositan normalmente por el lavado atmosférico de la lluvia y por sedimentación por gravedad. Sin embargo, la lluvia parece ser menos eficiente retirando virus que bacterias. Este hecho parece estar relacionado con el tamaño de las partículas a las que preferencialmente se adhieren los virus y las bacterias.

“También hemos encontrado que la mayoría de los virus parecen tener una procedencia marina y suelen ser transportados asociados a partículas de naturaleza orgánicas de un tamaño menor que las partículas a las que se adhieren las bacterias”, explica la autora principal de este trabajo, la profesora del departamento de Ecología de la Universidad de Granada Isabel Reche.

Estas últimas se suelen adherir a partículas de naturaleza mineral, especialmente procedentes del suelo del desierto del Sahara. Dicho de otro modo, las bacterias y los virus generalmente se depositan de regreso a la Tierra a través de eventos de lluvia e intrusiones de polvo sahariano.

“Que el tamaño de las partículas a las que se adhieren preferencialmente los virus sea pequeño y la baja eficiencia de deposición asociada al lavado por lluvia hace que éstos puedan persistir durante más tiempo en la atmósfera y, consiguientemente, ser transportados a mayores distancias”, señala Reche.

Esta investigación, explican los autores, ayuda a explicar por qué desde hace 20 años se han encontrado virus genéticamente idénticos en lugares muy distantes del planeta y en ambientes muy dispares: los virus viajan por la atmósfera.

En el trabajo han participado también el profesor Curtis A. Suttle de la University of British Columbia (Canadá) y la profesora Natalie Mladenov, de la San Diego State University (Estados Unidos).
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Referencia bibliográfica | Deposition rates of viruses and bacteria above the atmospheric boundary layer. Isabel Reche, Gaetano D’Orta, Natalie Mladenov, Danielle M. Winget& Curtis A. Suttle. The ISME Journal (2018). doi:10.1038/s41396-017-0042-4
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