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Un estudio internacional con participación de Perú sugiere que la forma de dirigirse a los niños pequeños tiene una función que ha evolucionado en común.
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Image by Jupi Lu from Pixabay
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Al cantar y hablar con bebés pequeños, las personas alteran sus voces de una manera que es consistente en todas las culturas, según un estudio publicado en Nature Human Behavior. Los hallazgos sugieren que la forma en que los humanos hablan y cantan a los bebés puede tener una función que ha evolucionado en común.
La evidencia de muchas especies animales muestra que las vocalizaciones a menudo tienen una función clara, como llamadas de alarma que alertan a otros sobre depredadores cercanos. Investigaciones anteriores en humanos han demostrado que tanto las canciones de cuna como la forma en que los padres les hablan a los niños tienen un efecto calmante en los bebés. Esto sugiere que estas vocalizaciones también pueden tener una función común, pero la evidencia transcultural de esto es limitada.
Courtney Hilton, Cody Moser y sus colegas, junto con un equipo de 40 colaboradores internacionales, recopilaron 1.615 grabaciones de habla y canto humano de 21 sociedades en 6 continentes y aplicaron análisis computacionales para estudiar las características acústicas que diferencian los sonidos de las vocalizaciones dirigidas a adultos y niños. Entre los investigadores, está Silvia Ccari Cutipa, de la Universidad Nacional del Altiplano Puno, en Perú.
Los autores encontraron que las características acústicas diferían consistentemente entre las grabaciones dirigidas a bebés y adultos. Por ejemplo, las grabaciones dirigidas a bebés tenían timbres más puros, las canciones eran más tenues y el habla tenía un tono más alto. Reprodujeron las grabaciones a 51.065 personas de 187 países, que hablaban una variedad de idiomas, y descubrieron que los oyentes podían adivinar cuándo las vocalizaciones se dirigían a los bebés con mayor precisión que por casualidad.
Los resultados se suman a nuestra comprensión del habla y el canto humanos, y sugieren que alteramos nuestras vocalizaciones hacia los bebés de una manera que sea consistente en todas las culturas y ampliamente reconocible, y que puede tener una función común.
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En fases embrionarias, los estímulos táctiles activan al mismo tiempo vías neuronales táctiles y visuales que, después de nacer, se dividen para procesar ambos sentidos por separado. Un estudio del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH), publicado en Science, señala que esta separación es posible gracias a ondas de actividad emitidas por la retina cerca del nacimiento.
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Un estudio liderado por Guillermina López-Bendito, investigadora en el Instituto de Neurociencias de Alicante, centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández, muestra en ratones que los circuitos del tacto y de la vista no son independientes en el embrión, sino que están entremezclados. Este estudio, publicado hoy en la revista Science, indica que es al nacer cuando estos circuitos se separan y las respuestas a los estímulos sensoriales pasan a ser independientes. Cualquier retraso en el desarrollo de esta separación provoca una organización incorrecta de los circuitos visuales que se mantiene en la vida adulta.
En un estudio previo, el laboratorio de López-Bendito demostró que los estímulos táctiles activan los circuitos cerebrales destinados a procesar este tipo de información antes del nacimiento. “Pero queríamos determinar si lo hacen de forma independiente o si se produce de forma temporal un solapamiento con otros sentidos. Este nuevo estudio arroja datos fascinantes de cómo los sentidos se segregan en los primeros días de vida”, señala Guillermina López-Bendito.
En este trabajo, cuya primera autora es Teresa Guillamón-Vivancos, han podido comprobar por primera vez in vivo en ratones que, durante el desarrollo embrionario, un estímulo táctil no sólo desencadena la respuesta esperada en la corteza somatosensorial primaria (una de las zonas del cerebro que se ocupa del sentido del tacto) sino que, sorprendentemente, también da lugar a una respuesta en la corteza visual primaria de ambos hemisferios.
“Esta respuesta multimodal (es decir, que abarca más de un sentido) se observó en embriones de ratón analizados en el último día de gestación, pero desapareció con el nacimiento. A continuación, comprobamos si la desaparición de esta respuesta multimodal podría estar relacionada con la llegada de señales de la retina a la corteza cerebral y otras estructuras del cerebro. Nuestros datos demuestran que los circuitos somatosensoriales y visuales no se segregan por defecto, sino que requieren la llegada de ondas de actividad desde la retina para hacerlo”, explica Teresa Guillamón-Vivancos.
Separación de circuitos sensoriales
Este proceso fundamental de separación de los circuitos sensoriales ocurre durante una ventana de tiempo cercana al nacimiento y en una estructura del cerebro denominada colículo superior. Haciendo un símil ferroviario, al nacer, en esta estructura los sentidos se separan siguiendo vías diferentes. El cambio de vía lo facilitan las ondas de actividad de la retina, que actúan como ferroviarios que dirigen los estímulos de cada modalidad sensorial a la corteza correspondiente, para que podamos percibirlos por separado.
De hecho, el bloqueo de estas ondas de la retina prolonga la configuración multimodal (entremezclada) de los sentidos en la vida posterior al nacimiento, con lo que el colículo superior conserva una identidad mixta táctil-visual y surgen defectos en la organización espacial del sistema visual.
Este trabajo amplía la comprensión de la función de las ondas de actividad de la retina al revelar su papel decisivo en la adquisición de la especificidad de la modalidad sensorial, que va más allá del papel clásico ya conocido en el refinamiento postnatal de los circuitos visuales.
Otra importante aportación de este trabajo es haber constatado la existencia de una ventana temporal limitada para la segregación de los sistemas visuales de los circuitos somatosensoriales. De forma que cualquier retraso en esta segregación provocará cambios duraderos en la organización de los circuitos visuales.
“Nuestros resultados destacan la perspectiva ontogenética, donde el colículo superior ejerce un control maestro durante las primeras etapas del desarrollo del organismo sobre la especificación cortical y la configuración de los circuitos visuales. Por lo tanto, creemos que una comprensión más profunda del desarrollo funcional de las estructuras filogenéticamente antiguas es crucial para entender cómo se forma la corteza cerebral y se especifican sus áreas funcionales”, destaca López-Bendito.
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Trabajo de referencia | Teresa Guillamón-Vivancos, Mar Aníbal-Martínez, Lorenzo Puche-Aroca, Juan Antonio Moreno-Bravo, Miguel Valdeolmillos, Francisco J. Martini, Guillermina López-Bendito. Input-dependent segregation of visual and somatosensory circuits in the mouse superior colliculus. Science. DOI: 10.1126/science.abq296
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En un estudio colaborativo realizado en el grupo Gogo Elebiduna de la UPV/EHU, han examinado los patrones de mirada espontánea de los bebés de 7 meses ante secuencias de tipo mosaico con una estructura simétrica y asimétrica. Los resultados muestran que estos bebés rápidamente detectan si un mosaico tiene una estructura simétrica, lo que sugiere una capacidad robusta y automática para extraer estructura de imágenes complejas.
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Los bebés de 7 meses tienen una capacidad robusta y automática de detectar estructuras simétricas
Foto: Irene de la Cruz-Pavía. UPV/EHU
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El grupo de investigación Gogo Elebiduna de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) es un grupo pionero en el ámbito de la psicolingüística, que realiza investigaciones de diversas características para obtener conocimiento de cómo se adquiere, representa y organiza la facultad del lenguaje en el cerebro de los hablantes, y cuáles son las características universales de la representación y procesamiento del lenguaje.
La investigadora Ikerbasque del grupo Irene de la Cruz-Pavía ha realizado un estudio recientemente publicado en la revista PLOS ONE, en colaboración con la investigadora de la Universidad de Padua Judit Gervain, en el que han investigado la capacidad de los bebés de 7 meses para percibir la simetría estructural en patrones visuales abstractos de tipo mosaico. Esta investigación se llevó acabo en la Universidad de París. “Hemos examinado los patrones de mirada espontánea de casi 100 bebés ante secuencias de tipo mosaico con estructuras simétricas y asimétricas”, explican las investigadoras.
Estos mosaicos estaban compuestos por baldosas cuadradas de dos categorías (A y B) que diferían en su paleta de color y su forma interna. Estas baldosas se ordenaban creando mosaicos con estructuras simétricas (p. ej. ABA, ABABA) o asimétricas (p. ej. AAB, AABBA). En el estudio han constatado que los bebés “discriminaron los mosaicos estructuralmente simétricos de los asimétricos, y que la longitud de la secuencia (3 o 5 baldosas) o el nivel de simetría no modulaban significativamente su comportamiento”. Estos resultados sugieren que los bebés rápidamente detectan la simetría estructural en patrones visuales complejos: “Los bebés de 7 meses tienen una capacidad robusta y automática de detectar que una estructura es simétrica. Esta habilidad coincide con las encontradas en estudios que hemos realizado con otros estímulos tales como la lengua de signos, o el habla, demostrando que los bebés son simplemente muy buenos en detectar estructuras y regularidades”, afirma la investigadora del Departamento de Lingüística y Estudios Vascos de la UPV/EHU.
La habilidad de los bebés para extraer estructura y reglas de distintos medios
“La gramática de una lengua es el conjunto de estructuras y reglas de una lengua. Quiero entender hasta qué punto las habilidades de los bebés para extraer estructuras, y detectar regularidades y aprender reglas, son específicas del lenguaje o si en cambio se encuentran en otras áreas —señala la investigadora Ikerbasque—. Hemos hecho este estudio con información que es visual pero que no es lenguaje. Con estos mosaicos, hemos podido ver la habilidad que tienen los bebés para extraer estructura de distintos medios”.
Las investigadoras destacan que este estudio les permite entender mejor “cuáles son las habilidades fundamentales de esos bebés, que les van a permitir empezar primero con ciertas partes más accesibles de la gramática e ir poco a poco construyendo hasta tener una cosa tan compleja como es la gramática de una lengua. Lo que nosotros queremos entender es cuáles son las habilidades fundamentales que tienen los bebés para detectar estructura”.
“Tenemos muchas más preguntas que responder —concluyen—. En este estudio hemos podido determinar que los bebés son capaces de detectar estructuras espontáneamente y rápidamente. Ahora queremos entender cuándo empieza esta habilidad, y entender hasta qué grado de detalle analizan esa estructura y qué aspectos de los mosaicos les permiten detecta su estructura (la forma, el color, ambos...)”.
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Trabajo de referencia | Irene de la Cruz-Pavía, Gesche Westphal-Fitch, W. Tecumseh Fitch, Judit Gervain
Seven-month-old infants detect symmetrical structures in multi-featured abstract visual patterns
PLOS ONE
DOI: 10.1371/journal.pone.0266938
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Según un estudio que demuestra cómo los seres humanos, ya desde pequeños, elegimos de quien preferimos aprender y con quien preferimos interactuar. Marc Colomer, Jesús Bas y Nuria Sebastián Gallés, investigadores del Centro de Cognición y Cerebro, son los autores de este trabajo que han publicado en el Journal of Experimental Child Psychology.
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Desde que nacemos, las personas adquirimos información y aprendemos a través de la interacción con otras personas; es por eso que es tan importante ser capaces de identificar los individuos más idóneos con quien interactuar. Para interactuar con los demás, es importante entender y predecir sus acciones. Se sabe que alrededor de los 6 meses los bebés ya entienden que las acciones se hacen para conseguir determinados objetivos, es decir, cuando alguien hace una acción lo hace para conseguir algo.
"Por ejemplo, si los bebés ven que una persona alarga el brazo hasta coger un vaso de agua, procesan el movimiento en relación al objetivo coger el vaso. Una vez han identificado el objetivo que motiva la acción, esperan que la persona actúe eficientemente para obtenerlo. Por ejemplo, si el vaso de agua está a dos metros de la persona, una acción racional sería levantarse de la silla, caminar un par de metros y finalmente alargar el brazo para coger el vaso. Si, en cambio, el vaso está a un palmo, la acción racional sería alargar directamente el brazo. Desde pequeños, los bebés ya se sorprenden si ven a alguien que realiza más acciones de las que toca, o pone más esfuerzo del que necesita", explica Marc Colomer, primer autor de un estudio publicado en la edición avanzada en línea del Journal of Experimental Child Psychology del 6 de marzo.
En base a esta idea, se ha propuesto que uno de los pilares básicos sobre el que se construye la cognición social es el principio de racionalidad: bajo el presupuesto de que los individuos intentan actuar de manera eficiente para lograr un objetivo, podemos determinar el objetivo que motiva sus acciones.
Este estudio, llevado a cabo por Marc Colomer con Jesús Bas y Núria Sebastián Gallés, investigadores del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), ha mostrado que, ya a los 15 meses, los bebés tienen en cuenta la eficiencia de las acciones de los demás con el fin de identificar quién es racional y quién no lo es.
"Nosotros, quisimos estudiar si la eficiencia de las acciones de los demás influencia las preferencias de los bebés. Nuestra hipótesis inicial era que el principio de racionalidad no sólo permitiría a los bebés predecir y entender las acciones de los demás, sino que también les permitiría identificar qué individuos actúan de manera racional y cuáles no y, por tanto, con quien tiene más sentido interactuar", explican Colomer y Bas, coautores del trabajo y doctorandos del grupo de investigación en Adquisición y Percepción del Habla, grupo que dirige Núria Sebastián Gallés.
Como explican os autores en su trabajo: "para responder a nuestra pregunta, diseñamos un estudio en el que participaron niños y niñas entre 14 y 15 meses. Los bebés vieron un vídeo con tres muñecos: uno amarillo, uno azul, uno de rojo. Primero, uno de los muñecos (p. ej. el amarillo) observaba como los otros dos muñecos (p. ej. el azul y el rojo) saltaban una valla para coger una pelota. A continuación, el mismo muñeco amarillo interactuaba con los otros dos muñecos por separado. Luego, en la valla se abría una puerta por donde se podía llegar más fácilmente al balón. En este nuevo escenario, uno de los muñecos pasaba en línea recta a través de la puerta para coger el balón (muñeco eficiente), mientras que el otro continuaba saltando la valla (muñeco ineficiente). Al final, a los bebés se les presentaba el test: el muñeco azul y el rojo iban a buscar al muñeco amarillo y este último tenía que decidir si interactuaba con quien había pasado a través de la puerta (Test eficiente), o bien con el que había saltado la valla, haciendo una ruta más larga de lo necesario (Test ineficiente)".
"Para saber si los bebés esperaban que el muñeco amarillo prefiere interactuar con el muñeco eficiente o ineficiente, utilizamos el paradigma Violación de la Expectación", explican los autores. Este paradigma se basa en el hecho de que los bebés miran más rato la pantalla cuando se les presenta un estímulo que no esperan y que, por tanto, les cuesta más tiempo a procesar. Todos los bebés vieron el Test eficiente y el Test ineficiente y nosotros medimos el tiempo que pasaban mirando en la pantalla después de cada test. Los resultados mostraron que en general todos miraban significativamente más tiempo el Test Ineficiente que el Eficiente. Es decir, se sorprendían cuando el muñeco amarillo interactuaba con el muñeco ineficiente en vez del eficiente".
Los bebés participantes preferían mirar al muñeco eficiente
"Además, medimos las preferencias visuales de los bebés cuando el muñeco azul y el rojo iban a buscar a la vez al muñeco amarillo. Esta información la adquirimos mediante Eye-tracker, una cámara que registra el comportamiento visual de los participantes. Con estos datos, encontramos que los participantes preferían mirar al muñeco eficiente", explica Jesús Bas, coautor del estudio.
Estos resultados muestran que ya a los 15 meses los bebés tienen en cuenta la eficiencia de las acciones de los demás con el fin de identificar quién es racional y quién no. Esta información la utilizan para predecir la preferencia de los demás e, incluso, modifica la atención que los mismos bebés ponen hacia los demás. Este enlace entre el principio de racionalidad y la preferencia social puede tener una gran relevancia en el momento de empezar a navegar por el mundo de manera selectiva desde pequeños, escogiendo de quien preferimos aprender y con quien preferimos interactuar. .
Trabajo de referencia | Marc Colomer, Jesús Bas y Núria Sebastián Gallés (2020), "Efficiency as a principle for social preferences in infancy", Journal of Experimental Child Psychology, edición avanzada en línea, 6 de marzo, https://doi.org/10.1016/j.jecp.2020.104823
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