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La facultad de comunicarnos mediante una lengua es única de los seres humanos, pero no solo de los Homo sapiens; seguramente también la tuvieron los neandertales. Desde hace medio siglo, la neurobiología trata de desentrañar cómo son las operaciones mentales que configuran el mosaico lingüístico.
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Laura Chaparro, Agencia SINC | Para uno de los iconos de la generación del 98, el escritor Miguel de Unamuno (1864-1936), “la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo”. Una idea que compartía otro escritor coetáneo, el austríaco Karl Kraus (1864-1936): “El lenguaje no es aya, sino madre del pensamiento”.
Esta capacidad es típicamente humana, pero posiblemente no haya sido única de nuestra especie. Recientemente, un equipo de investigadores españoles presentaron evidencias de que nuestros ‘primos’ los neandertales también podían hablar. “Los neandertales tenían las mismas capacidades auditivas relacionadas con el lenguaje que nuestra propia especie, lo que supone la primera prueba paleontológica sólida de que también tenían lenguaje”, asegura Mercedes Conde Valverde, autora principal del artículo.
Desde hace siglos, el lenguaje ha sido objeto de reflexión y estudio por parte de filósofos y escritores. Aristóteles en el siglo IV a. C. ya se refería al lenguaje en su tratado Sobre la interpretación. En las últimas décadas y en paralelo al trabajo de los lingüistas y los paleoantropólogos, los neurocientíficos y biolingüistas se han unido al reto de desentrañar sus misterios.
“Los lingüistas llevan más de 50 años de trabajo firme, dando detalles sobre cómo podrían ser las operaciones mentales necesarias para el lenguaje, pero la forma en que se implementan en las neuronas sigue siendo un gran enigma”, afirma a SINC Cedric Boeckx, director del grupo Biología Cognitiva del Lenguaje de la Universidad de Barcelona e investigador ICREA.
Un editorial publicado en la revista Science coincidiendo con un especial sobre lenguaje y cerebro destacaba que las lenguas son distintivamente humanas y que el lenguaje es una cuestión “importante y difícil en neurociencia”. Aunque en el pasado se tratara como una parte separada del cerebro, “mucho trabajo empírico moderno ha demostrado que el lenguaje está integrado y en constante interacción con una increíble variedad de procesos neuronales”, señala el texto que firmó Lera Boroditsky, profesora en el departamento de Ciencia Cognitiva de la Universidad de California (EE UU).
A diferencia de otras áreas de la neurociencia, como la visión o las acciones motoras, con las que los científicos han podido utilizar técnicas invasivas en modelos animales, el estudio del lenguaje carece de estos modelos, lo que dificulta su estudio.
En el epicentro del cerebro
“El lenguaje juega un papel central en el cerebro humano, desde cómo procesamos el color hasta cómo hacemos juicios morales”, recogía el editorial de Science. Así, esta capacidad influye en multitud de tareas sin que nos demos cuenta, desde recuerdos, codificación de olores y notas musicales, orientación, razonamiento, toma de decisiones o incluso expresión de emociones.
Diferentes investigaciones han demostrado que las personas que no pudieron expresarse con ningún lenguaje cuando eran niños (como las personas sordas que no podían comunicarse con otros usando lenguas de signos) presentan patrones de conexiones neuronales muy diferentes de aquellos que sí tuvieron una exposición temprana al lenguaje.
Además, los hablantes de diferentes idiomas desarrollan distintas habilidades cognitivas según la estructura y los patrones de sus lenguas, algo que también incluye a las lenguas de signos. Sus hablantes desarrollan diferentes habilidades de atención visoespacial comparados con quienes usan el lenguaje hablado.
En cuanto al lenguaje escrito, también reestructura el cerebro. “Incluso las propiedades aparentemente superficiales como la dirección de la escritura tienen profundas consecuencias sobre cómo las personas atienden, imaginan y organizan la información”, apunta el editorial.
Chomsky y la mutación repentina
Aunque son muchos los investigadores que están contribuyendo a aclarar los interrogantes de esta capacidad humana, si hay un nombre conocido por buena parte de la población es el de Noam Chomsky (1928). El filósofo, politólogo y también lingüista sostiene que el lenguaje surgió de forma súbita por una mutación genética, algo que ponen en duda diferentes investigaciones.
En un artículo publicado en la revista PLOS Biology el neurobiólogo Boeckx y Pedro Tiago Martins, investigador de su mismo equipo, cuestionan esta hipótesis y mantienen que la capacidad para el lenguaje fue fruto de una evolución gradual.
Durante décadas, Chomsky y otros académicos han propuesto que los humanos modernos estamos genéticamente equipados con el mecanismo de ensamble, una capacidad cognitiva sobre la que se basa nuestra habilidad para representar gramáticas complejas de una manera que solo los humanos sabemos utilizar, a diferencia de otras especies.
Quienes defienden la hipótesis del gen único aseguran que el ensamble, al ser una operación simple, tuvo que ser el resultado de una mutación genética que dotó a un humano del equipamiento biológico necesario para el lenguaje. ¿Por qué? Porque esta capacidad cognitiva no tendría niveles intermedios, es decir, se tiene o no se tiene, y antes de la mutación, a su juicio, no existía pero después sí.
Sin embargo, el estudio de Boeckx y Martins afirma que, aunque el ensamble no se manifieste en fases intermedias, su evolución sí puede haber sido gradual. “Reconocemos la importancia de la contribución de Chomsky. De hecho, sin él el estudio del lenguaje como capacidad biológica probablemente no existiría, pero reconocemos también que es necesario no asumir que todo lo que diga Chomsky sobre cualquier aspecto del lenguaje es cierto o tiene sentido biológicamente”, indica Martins a SINC.
Un mosaico de áreas cerebrales
Como hemos visto, el lenguaje está relacionado con un gran número de funciones cognitivas como la atención, la orientación o la memoria. Por eso mismo, las habilidades lingüísticas no se localizan en un área cerebral concreta sino en muchas de ellas. Tradicionalmente se había atribuido al área de Broca (situada en el lóbulo frontal izquierdo) y al área de Wernicke (en el lóbulo parietal izquierdo) la producción y procesamiento del lenguaje, pero hoy los científicos saben que están involucradas muchas más regiones.
Como explica a SINC Manuel Carreiras, director científico del Basque Center on Cognition Brain and Language (BCBL), el lenguaje es un sistema muy complejo que tiene varios niveles: fonología, sintaxis, léxico y semántica. Para comprender un mensaje, por ejemplo, hacemos multitud de acciones: desciframos significados por medio de operaciones complejas que realizamos a partir de la recepción de una cadena de sonidos, lo segmentamos en fonemas y palabras reconocibles y lo vamos ensamblando en frases hasta lograr descifrar el significado de ese mensaje.
Además, a partir de una idea llegamos a producir una cadena de sonidos, pero antes seleccionamos las palabras que vamos a utilizar y las ordenamos siguiendo unas reglas gramaticales. Después seleccionamos los fonemas y enviamos las órdenes precisas a los músculos del aparato fonador (del que forman parte las cuerdas vocales, la lengua o el paladar) para generar la cadena de sonidos.
“Todas estas funciones cognitivas están sustentadas por circuitos cerebrales que se activan durante la comprensión y la producción del lenguaje. Estos circuitos cerebrales reclutan distintas áreas de materia gris de la corteza cerebral y subcorticales, así como tractos de materia blanca que conectan distintas áreas de materia gris”, describe Carreiras.
Una revisión de estudios publicada en Science ha descrito cómo nuestros cerebros decodifican el lenguaje para extraer un significado casi ilimitado de un conjunto relativamente limitado de palabras. Analizando frases cortas, la investigación concluyó que el lóbulo temporal anterior izquierdo y la corteza media prefrontal estaban relacionadas con la compresión, la producción, el lenguaje hablado y las señas.
“Hay áreas del cerebro que, indudablemente, están relacionadas con el lenguaje pero lo importante es abandonar la idea de que hay un área cerebral que es la responsable”, mantiene Martins.
Gracias a los avances de la neurociencia y de la tecnología, hoy es posible analizar las áreas cerebrales que se activan en determinas tareas lingüísticas por medio de imágenes por resonancia magnética funcionales, pero falta mucho por saber.
“A medida que ampliamos el modelo clásico para incluir más regiones cerebrales implicadas en el lenguaje nos estamos acercando a responder la pregunta “dónde” pero aún estamos lejos de saber “cómo” realiza el cerebro las operaciones mentales necesarias para el lenguaje”, concluye Boeckx.
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Los sonidos de los primates
Aunque el lenguaje sea una capacidad únicamente humana, los científicos estudian las formas de comunicación de otros animales. Los primates no humanos tienen una boca más larga y una faringe más corta que nosotros, puesto que su laringe no ha descendido como la nuestra. Es lo que se conoce como “descenso laríngeo” y que durante décadas se ha considerado como el primer paso para la aparición del habla.
Una revisión de estudios publicada en la revista ScienceAdvances concluye que, contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora, este descenso laríngeo no es exclusivamente humano ni necesario para producir frecuencias durante la vocalización.
“La revisión muestra claramente que, según el contexto social, varios tipos de monos (babuinos, macacos, dianas o lémures) son capaces de modificar la forma de su tracto vocal para producir diferentes cualidades vocales similares a las nuestras”, declara a SINC Louis-Jean Boë, investigador de la Universidad de Grenoble (Francia) y autor principal del estudio.
Este hallazgo implicaría que el descenso laríngeo no es imprescindible para desarrollar el lenguaje, tampoco en los humanos, por lo que, según los autores, sus orígenes se podrían remontar a unos 20 millones de años, en lugar de los 200.000 considerados hasta ahora.
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Saber nombrar con precisión lo que sentimos ayuda al cerebro a generar emociones más dosificadas y una respuesta emocional más adaptada.
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Núria Bigas Formatjé | Según el último informe mundial sobre la felicidad, el World Happiness Report 2018, Finlandia es el país más feliz del mundo. En esta lista, España se sitúa en la 36.ª posición. El estudio recoge varios indicadores para "explicar" la felicidad: la renta per cápita, la libertad para poder elegir un estilo de vida, la generosidad o las percepciones sobre la corrupción, etc. La receta de la felicidad es y ha sido uno de los grandes misterios de la humanidad. Más allá de la esperanza de vida o el sistema sanitario, algunos expertos consideran que "el secreto de la felicidad reside en la capacidad que tenemos de expresarla en palabras o, dicho de otro modo, en la habilidad para dar sentido a las emociones por medio del lenguaje", explica Amàlia Creus, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.
"El habla sirve para expresar nuestra experiencia de vida, las palabras que usamos dan forma a lo que pensamos, sentimos y al contenido de lo que vivimos", explica Francesc Núñez, sociólogo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC. "Los humanos poseen la habilidad de poder compartir las emociones por medio del lenguaje y experimentar una gran diversidad", añade Creus. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley asegura que existen 27 categorías emocionales, lejos de las 6-8 que diferentes escuelas de la psicología hasta ahora habían afirmado que existían. "Actualmente se habla de muchas emociones, pues esta combinación es la interpretación que elabora el cerebro de lo que es el sentimiento. Sin embargo, existen múltiples factores que intervienen, no solo la parte de la respuesta, sino también la parte social y del contexto cultural, y aquí las combinaciones son muy variadas", afirma Diego Redolar, neurocientífico y profesor de Salud de la UOC.
La granularidad emocional, clave para la felicidad
Algunos expertos afirman que la capacidad para traducir en palabras experiencias emocionales puede ser positiva y generar beneficios personales. Saber distinguir y nombrar con precisión lo que sentimos en un determinado momento, detallarlo y matizarlo más allá de las emociones básicas (bien-mal, triste-feliz, nervioso-tranquilo, etc.) es lo que se conoce como granularidad emocional. "Para una persona con una granularidad alta no es lo mismo sentirse fastidiado que enfadado, indignado o nervioso, es capaz de matizar sus emociones", ejemplifica Creus. "Si las palabras se empobrecen, se empobrece la experiencia del mundo, y al reducir las palabras para definir y matizar la felicidad también se reduce lo que dicen vivir como “felicidad”", explica Núñez, sociólogo de las emociones.
"La granularidad emocional ayuda nuestro cerebro a generar emociones más específicas y dosificadas, lo que resulta en una reacción más adaptada a una situación y a la respuesta emocional que nos provoca", afirma la experta. Así pues, con menos granularidad el individuo consigue menos adaptación emocional. "El tener un lenguaje menos rico para etiquetar las emociones hará que la percepción subjetiva del individuo sea muy distinta a la de otra persona que cuenta con un uso del lenguaje mucho más rico en relación con el etiquetado y la identificación de las emociones", afirma Redolar.
Ampliar el vocabulario puede hacernos más felices
"La granularidad emocional se ha usado como una herramienta terapéutica para mejorar la capacidad de regulación emocional", explica Creus. El proyecto Positive Lexicography recoge una colección de palabras de varios idiomas dedicada a describir sentimientos positivos desde diferentes ópticas culturales. En total se incorporan palabras provenientes de 132 lenguas del mundo que son "intraducibles" y que están relacionadas con el bienestar y las buenas sensaciones. Para el español aparecen empalagar, fiesta, estrenar o gula, entre otras. Según Núñez, depende de la riqueza del lenguaje, de nuestra conversación y de nuestros interlocutores que la felicidad tenga una u otra dimensión, sea más o menos rica.
"El lenguaje nos permite tener nuevos sentimientos, más intensos y refinados, y al hablar de ellos, los transformamos y modulamos", explica el sociólogo, que añade que "el dibujo que creamos de la felicidad, qué decimos y cómo hablamos de ella, condiciona completamente lo que hacemos para conseguirla o lo que decimos que sentimos cuando creemos que la tenemos", concluye. .
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Un estudio internacional en el que ha participado BCBL demuestra que, tanto al descifrar el lenguaje oral como el escrito, en nuestro cerebro se activan áreas comunes. Este fenómeno se ha observado en hablantes de chino, hebreo, inglés y español, cuatro lenguas muy diferentes entre sí.
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El inglés y el hebreo son lenguas opacas, en las que no se lee igual que se escribe. El castellano es justo lo contrario, porque cada letra tiene un único sonido. Y el chino tiene un alfabeto logográfico, en el que cada signo representa una palabra. Son idiomas muy diferentes entre sí que se escriben, se leen y se hablan de maneras muy distintas. Sin embargo, en los cerebros de sus hablantes se activan áreas comunes tanto para descifrar el lenguaje escrito como el oral.
Los datos de una investigación que han llevado a cabo conjuntamente el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), la Universidad de Yale (EE.UU.), la Hebrew University de Jerusalén (Israel) y la National Yang-Ming University de Taipei (Taiwan), sugieren “que se trata de un principio universal de organización cerebral”, en palabras del investigador del centro vasco y autor del estudio Kepa Paz-Alonso.
Se ha demostrado que tanto al leer como al escuchar palabras se activan áreas cerebrales comunes. Pese a que cuando leemos un texto o escuchamos una voz percibimos esos estímulos a través de sentidos distintos (la vista y el oído, respectivamente), hay zonas de nuestro cerebro que se activan cuando llevamos a cabo cualquiera de esas dos tareas. Ese solapamiento entre las redes neuronales de lectura y comprensión de la lengua se ha observado en los cerebros de los hablantes de las cuatro lenguas analizadas, por lo cual los investigadores consideran que se trata de un principio universal.
En este trabajo, publicado en la prestigiosa revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los investigadores han estudiado los cerebros de 84 voluntarios, 21 por idioma. Mientras se les hacía leer o escuchar diversas palabras, se estudió su actividad cerebral mediante una técnica conocida como resonancia magnética funcional, gracias a la cual se pueden observar las regiones cerebrales implicadas en una tarea determinada.
“Escogimos unos idiomas tan diferentes entre sí porque de este modo podíamos observar mejor si la manera en que se lee y se comprende el lenguaje oral en cada idioma tiene más o menos similitudes en términos de las redes cerebrales encargadas de procesar esa información” explica Paz-Alonso.
“Dado que el español se lee igual que se escribe y en inglés o en hebreo no, se podría pensar que en un hablante de estas últimas lenguas se deberían activar redes cerebrales diferentes, y sin embargo no es así: se activan las mismas regiones en todos los idiomas, también en el chino, que sigue un sistema totalmente diferente”, añade.
Convergencia entre redes neuronales
Los investigadores interpretan que el proceso natural del aprendizaje nos lleva a desarrollar, a partir de los primeros meses de vida, la red neuronal encargada de comprender el lenguaje oral, y que sobre ella se apoya la red que se ocupa de descifrar el lenguaje escrito cuando aprendemos a leer, hacia el final de la primera infancia.
Así, se produce una convergencia entre ambas redes, ya que la red cerebral dedicada a la comprensión de la lengua hablada sirve como andamio para la lectura. Dado que este fenómeno se ha observado en los hablantes de lenguas tan dispares como las citadas, los investigadores creen que han descubierto “un principio universal de organización cerebral del lenguaje”, en palabras de Paz-Alonso.
“Esto implica una cierta economía en la organización cerebral: seguramente sería poco eficiente tener dos sistemas de lenguaje totalmente separados o con poca convergencia entre sí para la comprensión y la lectura, especialmente cuando uno de ellos se ha desarrollado previamente”, explica.
A raíz de estos hallazgos, a los investigadores se les plantean nuevas cuestiones. Por ejemplo, si pese a que en los distintos idiomas se activan zonas cerebrales comunes, estas se comunican de manera similar o diferente, o en qué medida afecta a la capacidad de lectura la manera en que esté establecida la red cerebral dedicada a la comprensión, la cual se establece antes en el desarrollo del lenguaje..
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Los resultados de la investigación ratifican que las habilidades de los recién nacidos para codificar neuronalmente el tono de la voz son comparables a las habilidades que ya exhiben los adultos tras varios años de exposición al lenguaje.
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La capacidad de las personas para percibir los sonidos del habla se ha estudiado en profundidad, especialmente durante el primer año de vida, ¿pero qué ocurre durante las primeras horas después del nacimiento? Investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universitat de Barcelona (UBNeuro) y del Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD) se han preguntado si los bebés nacen ya con capacidades innatas para percibir los sonidos del lenguaje o si, por el contrario, los procesos de codificación neuronal necesitan madurar todavía durante algún tiempo. Para tratar de contestar a esta pregunta básica sobre el desarrollo humano, han creado una nueva metodología que se ha descrito en la revista de acceso abierto Scientific Reports, del grupo Nature.
Los resultados de la investigación ratifican que las habilidades de los recién nacidos para codificar neuronalmente el tono de la voz son comparables a las habilidades que ya exhiben los adultos tras varios años de exposición al lenguaje. Sin embargo, se han encontrado diferencias en cuanto a la percepción de la estructura espectro-temporal fina de los sonidos, que consiste en la capacidad de diferenciar entre distintos sonidos vocálicos, como por ejemplo entre la /o/ y la /a/. Por tanto, según los autores, la codificación neuronal de este aspecto del sonido, registrada por primera vez en este estudio, no se halla todavía totalmente madura al nacer, sino que requeriría de cierta exposición al lenguaje, así como de estimulación y tiempo para seguir desarrollándose.
Según los investigadores, conocer el nivel de desarrollo típico de estos procesos de codificación neuronal desde el nacimiento permitirá detectar "de forma precoz cualquier deficiencia, lo que facilitará una intervención o estimulación tempranas que reduzcan al mínimo sus consecuencias negativas en el futuro".
El estudio está liderado por Carles Escera, catedrático de Neurociencia Cognitiva del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la UB, y se ha realizado en el IRSJD, en colaboración con María Dolores Gómez Roig, jefa del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Sant Joan de Déu. También firman el trabajo Sonia Arenillas Alcón, primera autora del artículo, Jordi Costa Faidella y Teresa Ribas Prats, todos ellos miembros del Grupo de Investigación de Neurociencia Cognitiva (Brainlab) de la UB.
Descifrando la estructura espectro-temporal fina del sonido
Para poder discernir la respuesta neuronal a los estímulos del habla en los recién nacidos, uno de los retos más importantes ha sido registrar, a partir del electroencefalograma del bebé, una respuesta cerebral específica: la respuesta de seguimiento de frecuencia (RSF, o frequency-following response, FFR, en inglés). La RSF aporta información sobre la codificación neuronal de dos características específicas del sonido: la frecuencia fundamental, responsable de la percepción del tono de la voz (por ejemplo, agudo o grave), y la estructura espectro-temporal fina. La codificación precisa de ambas características es, en palabras de los autores del estudio, "fundamental para la correcta percepción del habla, requisito indispensable en la adquisición futura del lenguaje".
Hasta la fecha, los instrumentos disponibles para estudiar esta codificación neuronal solo permitían determinar si el cerebro del recién nacido era capaz de codificar inflexiones en el contorno del tono de la voz, pero no en cuanto a la estructura espectro-temporal fina del sonido. "Las inflexiones del contorno de voz son muy importantes, especialmente en lenguas tonales como el mandarín, y también para percibir la prosodia del habla que transmite el contenido emocional de lo que se dice. En cambio, la estructura espectro-temporal fina del sonido es el aspecto más relevante para la adquisición del lenguaje en lenguas no tonales como la nuestra, y los pocos estudios que existen al respecto no nos informan sobre la precisión con la que el cerebro de un recién nacido la codifica", destacan los autores.
La causa principal de esta carencia de estudios es la limitación técnica provocada por el tipo de sonidos utilizados para realizar las pruebas, por lo que los autores han desarrollado un nuevo estímulo (/oa/) cuya estructura interna (cambio ascendente en el tono de la voz, dos vocales diferentes) permite evaluar la precisión de la codificación neuronal de las dos características del sonido de forma simultánea a través del análisis de la RSF.
Una prueba adaptada a las limitaciones del entorno hospitalario
Uno de los aspectos más destacados de la investigación es que el estímulo y la metodología desarrollada es compatible con las limitaciones típicas del entorno hospitalario en el que se realizan las pruebas. "El tiempo es fundamental en la investigación de la RSF con recién nacidos. Por un lado, porque las limitaciones de tiempo de registro determinan qué estímulos se pueden registrar, y por otro lado, por las propias condiciones que impone la situación de los recién nacidos en el hospital, donde hay un acceso frecuente y continuo al bebé y a la madre para atenderlos y realizar evaluaciones y pruebas de rutina que descarten problemas de salud", destacan. Teniendo en cuenta estas restricciones, las respuestas de los 34 recién nacidos que han formado parte del estudio fueron registradas en sesiones de entre veinte y treinta minutos, casi la mitad del tiempo empleado en las sesiones habituales de los estudios de discriminación de los sonidos del habla. Un potencial biomarcador de déficits de aprendizaje.
Tras este estudio, el objetivo de los investigadores es caracterizar el desarrollo de la codificación neuronal de la estructura espectro-temporal fina de los sonidos del habla a lo largo del tiempo. Para ello, en la actualidad están registrando la respuesta del seguimiento de frecuencia en los bebés que participaron en el presente estudio y que ahora ya tienen 21 meses de edad. "Dado que los dos primeros años de vida suponen un período crítico de estimulación para la adquisición del lenguaje, esta evaluación longitudinal del desarrollo nos permitirá disponer de una visión global sobre cómo estas habilidades de codificación maduran durante los primeros meses de vida", explican.
El objetivo es ratificar si las alteraciones observadas justo tras el nacimiento en la codificación neuronal de los sonidos se confirman con la aparición de déficits observables en el desarrollo del lenguaje de los niños. De ocurrir así, "esa respuesta neuronal podría considerarse ciertamente como un biomarcador útil en la detección precoz de dificultades de alfabetización futuras, de tal forma que alteraciones detectadas en el recién nacido podrían predecir en cierta medida la aparición de retrasos en el desarrollo del lenguaje. Este es el objetivo del proyecto ONA, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación", concluyen.
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Trabajo de referencia | Arenillas-Alcón, S., Costa-Faidella, J., Ribas-Prats, T. et al. «Neural encoding of voice pitch and formant structure at birth as revealed by frequency-following responses». Scientific Reports, 2021. Doi: https://doi.org/10.1038/s41598-021-85799-x
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Una investigación del BCBL demuestra que, al conversar entre ellas, dos personas establecen un vínculo único entre sus cerebros. El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, sugiere que esta sincronía intercerebral puede ser un factor clave para la comprensión del lenguaje y de la comunicación interpersonal.
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Feeling, química o empatía. O simplemente lenguaje. Cuando comenzamos a intercambiar las primeras palabras con alguien es cuando realmente surge la magia entre dos personas. Es precisamente el lenguaje lo que hace que los cerebros de dos individuos se sincronicen de tal manera que se establezca un vínculo único entre ambos.
Algo tan sencillo como una conversación cotidiana provoca que los cerebros de dos personas comiencen a trabajar de forma simultánea. Así lo ha descrito un estudio realizado por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) y publicado recientemente en la revista científica Scientific Reports del grupo Nature.
En el ámbito de la neurociencia, las investigaciones más tradicionales habían planteado hasta el momento la teoría científica de que el cerebro se sincroniza en función de lo que escucha, ajustando así sus ritmos a los estímulos auditivos. Los investigadores del centro neurocientífico donostiarra han ido un paso más allá y han analizado simultáneamente la compleja actividad neuronal de dos personas desconocidas que entablan una conversación por primera vez.
La investigación, liderada por los investigadores del BCBL Alejandro Pérez, Manuel Carreiras y Jon Andoni Duñabeitia, ha comprobado mediante el uso de la electroencefalografía que la actividad neuronal de dos personas implicadas en un acto comunicativo se sincroniza para dar paso a una conexión especial entre ambos sujetos. Se trata de una comunión intercerebral que va más allá del propio lenguaje y que puede constituir un factor clave en las relaciones interpersonales y en la comprensión del lenguaje.
De esta manera, en una conversación, el ritmo de las ondas cerebrales del emisor y del receptor se ajusta a las propiedades físicas del sonido del mensaje emitido verbalmente, generando así una conexión entre los dos cerebros que comienzan a trabajar de manera conjunta con un mismo fin: la comunicación.
“Los cerebros de dos personas se acercan gracias al lenguaje, y la comunicación crea entre ellas vínculos que van mucho más allá de lo que se puede percibir desde el exterior”, explica Jon Andoni Duñabeitia, investigador del centro vasco. “Gracias a estas técnicas podemos saber si dos personas están conversando entre ellas únicamente analizando sus ondas cerebrales”, añade Duñabeitia.
El experimento
Para la realización del estudio, los investigadores del BCBL situaron, separadas por un biombo, a parejas de personas del mismo sexo que no se conocían entre sí, asegurándose así que la conexión generada fuera realmente gracias a la comunicación establecida.
Siguiendo un guion, las parejas entablaban una conversación de temática general y, por turnos, los protagonistas se intercambiaban el papel de emisor y receptor.
A través de la electroencefalografía (EEG), una prueba no invasiva que analiza la actividad eléctrica del cerebro, los científicos midieron la actividad de las ondas cerebrales simultáneamente, comprobando que las oscilaciones de las mismas tenían lugar al mismo tiempo.
Implicaciones
“Ser capaces de saber si dos personas están hablando entre sí, y tal vez incluso saber de qué están hablando, únicamente viendo su actividad cerebral es algo maravilloso. Ahora podemos comenzar a explorar nuevas aplicaciones de estos descubrimientos que pueden resultar de gran utilidad en contextos comunicativos especiales, como en el caso de personas con dificultades para comunicarse”, explica Duñabeitia.
En un futuro, el conocimiento de esta interacción entre dos cerebros podría permitir comprender y analizar aspectos muy complejos en el ámbito de la psicología, la sociología, la psiquiatría o la educación, empleando las neuroimágenes dentro de un contexto realista o ecológico.
“Demostrar la existencia de una sincronía neural entre personas conversando ha sido solo un primer paso”, indica el investigador Alejandro Pérez. “Nos quedan por delante muchos interrogantes y retos que resolver. Además, el potencial práctico es enorme: los problemas de comunicación ocurren cada día. Ahora lo que planeamos es incrementar o potenciar ese acoplamiento intercerebral que hemos descrito, con el fin de mejorar la comunicación”, añade Pérez.
¿Cómo se vinculan los cerebros entre sí cuando se experimenta un sentimiento de equipo? ¿Podemos saber si las personas en estado grave de pérdida de conciencia comprenden las conversaciones de su alrededor? ¿Son los patrones anormales de acoplamiento cerebral la base de los problemas de comunicación en los trastornos psiquiátricos? Sin duda, son múltiples y excitantes las posibilidades que abre esta investigación y es por ello que ha despertado mucha atención en el campo científico, donde ha tenido amplia aceptación. De momento, el próximo paso para los investigadores del BCBL será comprobar, empleando la misma técnica y dinámica de parejas, si los cerebros de dos personas se sincronizan de la misma manera cuando la conversación tiene lugar en una lengua no nativa..
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El BCBL ha comenzado a trabajar en un estudio que analizará la red neuronal implicada en la capacidad de hablar y entender el lenguaje. En la mayoría de las personas, la parte principal de esta red está situada en el hemisferio cerebral izquierdo, lo que se conoce como lateralización. Para llevar a cabo la investigación, el centro donostiarra busca voluntarios zurdos, de entre 18 y 36 años y bilingües castellano-euskera.
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¿Cómo funciona en las personas zurdas la red neuronal implicada en la capacidad de hablar y entender el lenguaje? En la mayoría de las personas, la parte principal de la red dedicada al procesamiento de estímulos lingüísticos está en el hemisferio cerebral izquierdo. Pero, ¿qué ocurre en los cerebros de personas zurdas bilingües?
Estas son precisamente algunas de las incógnitas que tratarán de despejar investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language en el estudio denominado “Multi-Lateral”, una de las líneas de investigación del macroproyecto europeo Human Brain Project, nacido en 2013 y orientado a profundizar en el conocimiento del cerebro.
En concreto, el grupo de científicos del centro vasco analizará a fondo y en distintos sujetos la red neuronal dedicada al procesamiento de los estímulos lingüísticos. Según explican investigadores del BCBL, aunque en la mayoría de las personas la parte principal de esta red está ubicada en el hemisferio cerebral izquierdo, la adquisición de más de una lengua o el hecho de ser zurdo o diestro puede cambiar “sorprendentemente” este principio organizador del cerebro conocido como lateralización.
La ausencia de lateralización cerebral, según la cual determinadas funciones se encuentran agrupadas en un mismo hemisferio del cerebro, se asocia con una menor habilidad para el lenguaje y también con una mayor susceptibilidad de padecer trastornos del lenguaje, dislexia, autismo o esquizofrenia, entre otras alteraciones neurocognitivas.
En busca de zurdos bilingües
Con el principal objetivo de analizar a fondo la estructura y la funcionalidad cerebral de diestros y zurdos, y comprobar si la lateralización del cerebro y el lenguaje es diferente entre ambos grupos, el BCBL se sumergirá en los cerebros de 100 zurdos y 100 diestros, bilingües euskera-castellano y de entre 18 y 36 años de edad.
Para ello, el centro donostiarra está actualmente buscando voluntarios zurdos con estas características dispuestos a participar en el estudio y someterse a una resonancia magnética. Los interesados deberán ponerse en contacto con el centro en el teléfono 943 30 93 00 (ext. 500), a través del correo electrónico j.izurieta@bcbl.eu o en las propias instalaciones del BCBL, ubicadas en el Parque Tecnológico de Miramón. .
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Revela un estudio publicado el 21 de mayo en Child Development, llevado a cabo por Ingrid Vilà-Giménez y Pilar Prieto (ICREA), miembros del Grupo de Estudios de Prosodia, conjuntamente con investigadoras de las universidades estadounidenses de Chicago y Iowa.
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Un estudio publicado en Child Development muestra que la producción temprana de gestos rítmicos con las manos (es decir, gestos que normalmente se asocian con funciones de énfasis y que no representan el contenido semántico del discurso) por parte de niños durante los 14 a 58 meses de edad en las interacciones naturales con sus cuidadores predice que estos niños y niñas, más tarde en el desarrollo, hacia los 5 años de edad, obtengan mejores resultados en la medida de sus habilidades narrativas orales.
En cambio, en el estudio no se encontraron estos mismos efectos cuando los niños y niñas producían otros tipos de gestos, como los gestos icónicos (gestos que representan visualmente el contenido semántico del discurso, como mover las manos en forma de balón para expresar "balón") y los gestos de volteo de las manos (gestos realizados girando la muñeca de la mano, por ejemplo para expresar con incertidumbre "no lo sé", al tiempo que se levantan los hombros hacia arriba).
El estudio es fruto de una colaboración entre el Grupo de Estudios de Prosodia (GrEP) del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y el Goldin-Meadow Lab de la Universidad de Chicago (Illinois, EE.UU.). Una investigación que han llevado a cabo Ingrid Vilà-Giménez (UPF y UdG) y Pilar Prieto (ICREA, UPF) con las investigadoras Natalie Dowling y Susan Goldin-Meadow (Universidad de Chicago, EE.UU.) y Ö. Ece Demir-Lira (Universidad de Iowa).
Se ha empleado una base de datos longitudinal sobre desarrollo del lenguaje
A través de una metodología longitudinal, el estudio analizó datos en diferentes puntos del desarrollo de los niños. Los datos analizados forman parte de una gran base de datos longitudinal sobre desarrollo del lenguaje de la Universidad de Chicago. Las investigadoras hicieron un análisis del habla y de la producción de tres tipos de gesto de 45 niños, desde los 14 hasta los 58 meses de edad, durante las interacciones con sus cuidadores durante la hora de comer, o bien mientras hacían sesiones de juego u otras actividades como la lectura de libros. Concretamente, se analizó el valor predictivo de los gestos rítmicos, en comparación con los gestos de volteo de las manos y los gestos icónicos. A los 5 años de edad, los mismos niños y niñas participaron en una tarea narrativa en la que tenían que contar una historia sobre unos dibujos animados sin sonido.
Los resultados demostraron que los gestos rítmicos que producen los niños y niñas desde los 14 hasta los 58 meses de edad tienen un papel muy importante en el desarrollo narrativo en etapas posteriores, ya que pueden predecir mejoras en las habilidades orales de los niños al cabo de unos años. Aunque los resultados del estudio no den evidencias empíricas sobre si producir este tipo de gesto rítmico simplemente refleja que el niño/a tiene la habilidad de estructurar el discurso o bien marcar de forma multimodal elementos del discurso que se asocian con una prominencia del habla (es decir, para marcar énfasis), las investigadoras argumentan que este tipo de gesto tiene un papel pragmático muy relevante en el discurso temprano de los niños.
Cabe destacar que estas funciones pragmáticas de los gestos rítmicos tienen que ver con la función de estructurar el discurso narrativo. Por lo tanto, tal como sugieren los resultados del estudio, las autoras resaltan que se puede afirmar que las funciones pragmáticas que tienen los gestos rítmicos en los discursos narrativos iniciales que hacen los niños y niñas pueden ser muy importantes para el desarrollo de su discurso inicial, así como para el desarrollo de sus habilidades narrativas orales en edades posteriores.
Este estudio contribuye de manera relevante a consolidar la evidencia empírica previa que ya han publicado algunas de las mismas investigadoras sobre los beneficios que tiene una intervención corta en la mejora de las habilidades orales de niños y niñas de 5 y 6 años de edad, en la que se les pide que observen o produzcan estos gestos rítmicos (Vilà-Giménez et al., 2019; Vilà-Giménez y Prieto, 2020; véase también Vilà-Giménez y Prieto, 2021). Del mismo modo, otros estudios complementarios también han demostrado el impacto positivo de estos gestos en otras habilidades lingüísticas más complejas de los niños y niñas, como la comprensión de narraciones (Llanes-Coromina et al., 2018).
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Trabajo de referencia | Ingrid Vilà-Giménez, Natalie Dowling, Ö. Ece Demir-Lira, Pilar Prieto, Susan Goldin-Meadow (2021), “The predictive value of non-referential beat gestures: Early use in parent-child interactions predicts narrative abilities at 5 years of age”, Child Development, 21 de mayo, https://doi.org/10.1111/cdev.13583
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El estudio se basa en evidencias de campos tan diversos como la arqueología, la genómica evolutiva, la neurobiología, el comportamiento animal y la investigación clínica sobre trastornos neuropsiquiátricos. A partir de ellas, señala que la reducción de la agresión reactiva, resultado de la evolución y el proceso de autodomesticación de nuestra especie, podría haber llevado a un aumento en la complejidad del habla.
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Capuchino del Japón domesticado / UB
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El lenguaje es una de las capacidades más notables que posee el ser humano. Nos permite expresar significados complejos y transmitir conocimientos de generación en generación. Cómo llegó a desarrollarse esta capacidad es una cuestión importante de la biología humana que investigadores de las universidades de Barcelona, Colonia y Tokio han abordado en un artículo reciente. Publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences, en él participan los expertos del Instituto de Sistemas Complejos de la Universitat de Barcelona (UBICS) Thomas O’Rourke y Pedro Tiago Martins, liderados por el profesor ICREA de investigación Cedric Boeckx. Según el nuevo trabajo, la evolución del lenguaje puede estar relacionada con otra característica notable del Homo sapiens: la tolerancia y la cooperación humana.
El estudio se basa en evidencias de campos tan diversos como la arqueología, la genómica evolutiva, la neurobiología, el comportamiento animal y la investigación clínica sobre trastornos neuropsiquiátricos. A partir de ellas, señala que la reducción de la agresión reactiva, resultado de la evolución y el proceso de autodomesticación de nuestra especie, podría haber llevado a un aumento en la complejidad del habla. Según los autores, probablemente este desarrollo fue provocado por el menor impacto en las redes cerebrales de las hormonas del estrés, neurotransmisores que se activan en las situaciones agresivas y que serían cruciales para aprender a hablar. Para mostrar esta interacción, los investigadores han analizado también las diferencias genómicas, neurobiológicas y del tipo de canto entre el capuchino del Japón domesticado y su pariente salvaje más cercano.
Buscando las claves de la evolución del lenguaje humano en el canto de los pájaros
Un aspecto central del enfoque de los autores sobre la evolución del lenguaje es que se pueden dilucidar los aspectos que lo hacen especial comparándolo con los sistemas de comunicación de otros animales. "Tomemos, por ejemplo, cómo los niños aprenden a hablar y cómo los pájaros aprenden a cantar: a diferencia de la mayoría de los sistemas de comunicación animal, el canto de los pájaros juveniles y el habla de los niños solo se desarrollan adecuadamente en presencia de tutores adultos. Sin el aporte vocal de los adultos, el gran repertorio de sonidos que suelen estar disponibles para los humanos y los pájaros cantores no se desarrolla adecuadamente", explican los investigadores.
Además, a pesar de que el habla y el canto de los pájaros evolucionaron de forma independiente, los autores señalan que ambos sistemas de comunicación están asociados con patrones similares en la conectividad cerebral y se ven afectados negativamente por el estrés: "Las aves sometidas regularmente a estrés durante su desarrollo cantan una canción más estereotipada cuando son adultas, mientras que los niños que padecen problemas crónicos de estrés son más susceptibles a desarrollar tics repetitivos, incluidas las vocalizaciones en el caso del síndrome de Tourette".
En este contexto, Kazuo Okanoya, uno de los autores del artículo, lleva años estudiando el capuchino del Japón (Lonchura striata domestica), un pájaro cantor domesticado que tiene un canto más variado y complejo que su ancestro salvaje (Lonchura striata). En el artículo se muestra cómo, igual que otras especies domesticadas, el capuchino del Japón tiene una respuesta debilitada al estrés y es menos agresivo que su pariente salvaje. De hecho, según los autores, cada vez hay "más evidencias de que múltiples especies domesticadas han alterado los repertorios vocales en comparación con sus contrapartes silvestres".
El impacto de la domesticación en el estrés y la agresividad
Para los investigadores, estas diferencias entre animales domésticos y salvajes son otra de las «piezas centrales en el rompecabezas de la evolución del lenguaje humano», ya que nuestra especie comparte con otros animales domésticos curiosos cambios físicos respecto a las especies salvajes relacionadas más cercanas. Los humanos modernos tienen una cara aplanada, un cráneo redondeado y un tamaño de dientes reducido en comparación con sus parientes arcaicos extintos, los neandertales. Por su parte, los animales domésticos han experimentado cambios comparables en la estructura ósea facial y craneal, a menudo acompañados del desarrollo de otros rasgos como la despigmentación cutánea, las orejas caídas y las colas rizadas. Por último, los seres humanos modernos tienen marcadas reducciones en las medidas de respuesta al estrés y agresión reactiva en comparación con otros simios vivos.
Estas similitudes no se detienen en los rasgos físicos ya que, según los investigadores, los genomas de los humanos modernos y de múltiples especies domesticadas presentan cambios centrados en los mismos genes. En especial, es posible que un número desproporcionado de estos genes regule negativamente la actividad del sistema neurotransmisor del glutamato, que impulsa la respuesta del cerebro a las experiencias estresantes. "El glutamato, el principal neurotransmisor excitador del cerebro, también interactúa con otro neurotransmisor, la dopamina, en el aprendizaje del canto de los pájaros, en las conductas agresivas y en los tics vocales repetitivos del síndrome de Tourette", destacan.
Alteraciones en el equilibrio de las hormonas del estrés en el cuerpo estriado
En el estudio, los autores muestran cómo la actividad del glutamato tiende a promover la liberación de dopamina en el cuerpo estriado, una estructura cerebral evolutivamente antigua que es importante para el aprendizaje basado en recompensas y las actividades motoras: "En los pájaros cantores adultos, el aumento en la liberación de dopamina en esta área estriatal se correlaciona con el aprendizaje de un canto más restringido, que reemplaza las vocalizaciones experimentales típicas de las aves más jóvenes".
"En cuanto a los seres humanos y otros mamíferos —continúan—, la liberación de dopamina en el estriado dorsal impulsa actividades motoras restringidas y repetitivas, como son las vocalizaciones, mientras que los comportamientos más experimentales y exploratorios están respaldados por la actividad dopaminérgica en el estriado ventral".
Según el estudio, muchos de los genes implicados en la activación glutamatérgica que han cambiado en la evolución humana reciente codifican la señalización de receptores que reducen la excitación del cuerpo estriado dorsal. Es decir, que disminuyen la liberación de dopamina en esta zona. Mientras tanto, estos receptores tienden a no reducir, o incluso promover, la liberación de dopamina en las regiones estriatales ventrales.
Los autores del artículo argumentan que estas alteraciones en el equilibrio de las hormonas del estrés en el cuerpo estriado fueron un paso importante en la evolución del aprendizaje vocal en el linaje humano moderno. "Estos resultados sugieren que el sistema del glutamato y sus interacciones con la dopamina están implicados en el proceso en el que los humanos adquirieron su variada y flexible habilidad para hablar. Por tanto, la selección natural contra la agresión reactiva que ha tenido lugar en nuestra especie habría alterado la interacción de estos neurotransmisores, impulsando nuestras habilidades comunicativas. Estos hallazgos abren nuevas vías para la investigación biológica comparativa sobre la capacidad humana del lenguaje", concluyen los investigadores.
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Trabajo de referencia | Thomas O’Rourke, Pedro Tiago Martins, Rie Asano, Ryosuke O. Tachibana, Kazuo Okanoya, Cedric Boeckx. «Capturing the effects of domestication on vocal learning complexity», Trends in Cognitive Science, marzo de 2021. Doi: https://doi.org/10.1016/j.tics.2021.03.007.
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Algunos trabajos recientes sugieren que el cerebro bilingüe y el monolingüe podrían diferir en su estructura subcortical. Miguel Burgaleta y Núria Sebastián son coautores de un trabajo que ha tenido como objetivo poner a prueba esta posibilidad y que presenta sus resultados en un artículo publicado en la revista NeuroImage.
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Hasta ahora la investigación se había centrado sobre todo en los efectos del bilingüismo en la estructura de la corteza cerebral, en parte debido a que se comprende mejor su relevancia en el lenguaje y también a causa de limitaciones técnicas que, hasta ahora, impedían estudiar adecuadamente otras regiones cerebrales más profundas. Sin embargo, en la última década se ha visto que, precisamente esas estructuras profundas del cerebro (que forman la llamada "materia gris subcortical") son más importantes de lo que se creía a la hora de aprender, producir y percibir un lenguaje.
Un estudio que han llevado a cabo investigadores del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la Universitat Pompeu Fabra, conjuntamente con investigadores de la Universidad Jaume I de Castellón de la Plana y de la Universitat de València, así como con el Centro de Neuroimagen de la Welcome Trust Centre del University College of London (Reino Unido).
Un método de análisis anatómico permitió establecer diferencias con precisión
Los autores del trabajo partieron de la base de que el cerebro es un órgano plástico que adapta su función y estructura según la experiencia. Varios trabajos anteriores habían apuntado a que el cerebro de las personas bilingües presentaba ciertas peculiaridades como respuesta plástica a la experiencia lingüística. Es decir, habían sugerido que la forma de nuestro cerebro cambia en función del número de idiomas en que podamos comunicarnos.
Burgaleta, primer autor del artículo explica, “utilizamos la técnica de resonancia magnética para obtener imágenes estructurales del cerebro de personas bilingües (catalán y español) y monolingües (español) y posteriormente investigamos sus diferencias”.
Para que los dos grupos fueran comparables, los investigadores seleccionaron participantes con un perfil socioeconómico y educativo equivalente. De este modo, las diferencias observadas se pudieron atribuir exclusivamente al uso del lenguaje y no a otras variables. “A continuación aplicamos un método novedoso de análisis que nos permitió estimar, con alto nivel de precisión anatómica, dónde y en qué medida personas bilingües y monolingües difieren en su morfología subcortical”, ha añadido Burgaleta.
Los resultados de este estudio han puesto de manifiesto que los participantes bilingües muestran una expansión significativa en diversas estructuras subcorticales (ganglios basales y tálamo). Sin embargo, no se han encontrado regiones más expandidas en personas monolingües que en bilingües.
Burgaleta analiza este hallazgo como, “los resultados sugieren que estas estructuras podrían sufrir modificaciones a lo largo de la vida en base a nuestro uso del lenguaje, desarrollándose más a medida que nuestro repertorio lingüístico (más sonidos, vocabulario, gramática, etc.) se vuelve más complejo, como ocurre en el caso de las personas bilingües estudiadas en esta investigación”.
Este trabajo supone un avance significativo del conocimiento existente hasta la fecha acerca de la plasticidad cerebral y de las bases neuroanatómicas del lenguaje, y hace que la comunidad científica comprenda mejor los efectos del bilingüismo en el cerebro humano..
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Un nuevo estudio del BCBL concluye que la sincronización entre las regiones auditivas de la corteza cerebral y la señal sonora del habla mejora cuanto más elevada sea la competencia lingüística. Comprender los mecanismos cognitivos involucrados en el procesamiento de un idioma puede ayudar a entender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia.
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Al igual que una radio sintoniza con una emisora para escuchar una frecuencia determinada, nuestro cerebro también es capaz de sincronizarse con las ondas sonoras emitidas por el hablante para extraer la información lingüística. Este mecanismo cerebral, que varía según las palabras, sílabas o frases que empleamos, nos permite interactuar con otras personas y extraer los datos necesarios para comunicarnos. Sin embargo, hasta el momento se desconocía si esta sincronización dependía también del conocimiento del idioma en el que hablábamos.
Para dar respuesta a esta pregunta, el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) puso en marcha un estudio que ha durado cinco años y ha sido publicado este 2021 en la prestigiosa revista neurocientífica Cerebral Cortex. Su objetivo ha sido determinar si la sincronización entre el habla y la actividad cerebral depende del nivel de aprendizaje de un idioma.
“La actividad neuronal en regiones auditivas es capaz de sincronizarse con el habla para extraer la información de la señal, de la misma forma que una radio se sincroniza con las ondas para escuchar la frecuencia que marcamos”, explica Mikel Lizarazu, experto del BCBL que ha trabajado en el proyecto.
Para averiguar si existía una relación entre la sincronización de la señal del habla en nuestro cerebro y el nivel de comprensión del idioma del hablante, el centro vasco reclutó a diferentes participantes bilingües; personas hablantes nativas de castellano que estaban aprendiendo euskera en tres niveles diferentes del Euskaltegi BAI&BY: principiante, intermedio y avanzado. Mediante técnicas de neuroimagen, los responsables de la investigación analizaron cómo varía la sincronización entre habla y cerebro con el aprendizaje de un segundo idioma, en este caso el euskera, escogido por sus semejanzas fonológicas con el castellano.
“Utilizamos la técnica de la magnetoencefalografía (MEG) para registrar la actividad cerebral de los participantes mientras escuchaban hablar en castellano y euskera”, añade Mikel Lizarazu. Estos estímulos orales se grabaron previamente y los participantes los escucharon en la prueba de MEG a través de altavoces. “Las palabras eran de la misma persona, con una competencia alta en ambos idiomas. Esto es importante para que el tono en las dos lenguas sea parecido”, comenta el investigador del BCBL.
Con el apoyo de los algoritmos
Los investigadores consiguieron en total datos cerebrales de 13 participantes por cada nivel de aprendizaje. Mediante algoritmos avanzados, calcularon el nivel de sincronización entre la señal del habla y la actividad cerebral de los estudiantes para cada idioma. Después compararon los valores de sincronización entre los diferentes lenguajes y niveles de comprensión de los estudiantes.
“Observamos que los valores de sincronización en las regiones auditivas eran mayores para el castellano en general. También vimos que la sincronización era más fuerte para los estudiantes de mayor nivel en el caso del euskera, mientras que en el castellano no se apreciaban esas variaciones”, recuerda el experto.
Estas evidencias indicaron a los investigadores que la comprensión de un segundo idioma, en este caso el euskera, está relacionada con el grado de sincronización entre la señal del habla en esa lengua y la actividad cerebral. “Vimos diferencias cuando los participantes escuchaban hablar euskera. Al subir la competencia del idioma, la sincronización del cerebro con el euskera también mejoraba”, precisa el experto.
Por último, averiguaron que las regiones de las áreas temporales, frontales y motoras del cerebro controlaban y modulaban la sincronización al habla en las regiones auditivas. “Cuanto mayor era la conectividad entre estas regiones y la corteza auditiva, mayor era la sincronización entre habla y cerebro en las regiones auditivas”, precisa Mikel Lizarazu.
Conocer cómo funcionan estos mecanismos cerebrales involucrados en el procesamiento y el aprendizaje de un idioma es básico para llegar a comprender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia. Por ejemplo, otros estudios del equipo del BCBL han demostrado que en niños y adultos con dislexia la sincronización entre el habla y la actividad cerebral es menor comparada a la de lectores sin este trastorno.
Además, estos conocimientos pueden ayudar a desarrollar tratamientos no invasivos que permitan entrenar el cerebro para mejorar el aprendizaje de una lengua y evitar este tipo de trastornos. Para ello, el BCBL colabora activamente con la clínica vasca Neure, con la idea de trasladar a la sociedad parte del conocimiento generado en estos desarrollos científicos.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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