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Identifican los problemas que afectarán a los ecosistemas marinos en la próxima década

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Dos especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) formaron parte del equipo internacional que acaba de publicar la novedad en Nature Ecology & Evolution.
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Foto de Marek Okon en Unsplash
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Un estudio internacional, del que participaron dos especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), plantea una lista de quince problemas emergentes que tendrían un impacto en los ecosistemas marinos y costeros. Además de la sobreexplotación de recursos marinos, el cambio climático y la contaminación, el nuevo trabajo, publicado en Nature, Ecology & Evolution, destaca otros factores que ejercerán en el corto plazo un cambio significativo sobre la biodiversidad de esos hábitats.

“Confeccionamos un listado de problemas que en la actualidad no están recibiendo una atención adecuada o suficiente, pero que probablemente se vuelvan importantes para el cuidado de los ecosistemas marinos en la próxima década”, afirma Irene Schloss, investigadora del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), con sede en Ushuaia, Tierra del Fuego.

Irene Schloss y Alberto Piola, investigador del CONICET en el Servicio de Hidrografía Naval (SHN), participaron del nuevo estudio internacional junto a casi treinta investigadoras e investigadores del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia, Portugal, Uruguay y otros países.

En un principio, los autores del trabajo propusieron setenta y cinco temas emergentes que tendrán un impacto en la biodiversidad de los ecosistemas marinos. “Analizamos individualmente cada uno de los resúmenes y confeccionamos un ranking sobre la base de la significancia y novedad de cada tema propuesto. Del total, confeccionamos la lista final de los quince temas más votados por el grupo”, explica Piola.

Temas emergentes seleccionados

Así como en 2009 un equipo internacional de científicos había dado la advertencia temprana de que los microplásticos podrían convertirse en un problema importante en el medio ambiente marino, y hoy el tema está siendo estudiado en muchos mares, incluyendo el mar argentino y las aguas antárticas, las y los autores de este estudio destacan la importancia de considerar los efectos de los nuevos materiales biodegradables que pueden ser nocivos para la fauna, o los del litio de las baterías, así como también los impactos de los incendios forestales en los ecosistemas costeros.

“Las actividades humanas están produciendo el oscurecimiento de las áreas costeras debido al aumento de partículas en suspensión en respuesta a cambios en el uso de la tierra, el aumento de las precipitaciones, la inyección de material continental al océano y la erosión costera, entre otros. Hay evidencia que los incendios pueden inyectar nutrientes y metales solubles y disparar floraciones de microalgas y la mortalidad de otros organismos en el océano”, destaca Piola, oceanógrafo físico cuyo grupo investiga el impacto del cambio climático sobre el ecosistema marino.

Dicho oscurecimiento de las zonas costeras, afirma el investigador del CONICET, “puede conducir a cambios en la composición de las especies dominantes en el ambiente costero. Asimismo, el calentamiento del océano conduce al desplazamiento de especies hacia latitudes más altas, creando nuevos ambientes en regiones tropicales a los que nuevas especies tendrán que adaptarse”.

En el inventario de potenciales problemáticas, también se incluyeron otros temas emergentes como el aumento de la toxicidad de metales contaminantes debido a la acidificación de los océanos; la posible explotación de colágenos marinos de interés industrial; la extracción de litio en aguas marinas profundas; y la construcción de ciudades flotantes por el ascenso del nivel del mar y otros factores.

“Esperamos que la exposición de los temas emergentes aumente su visibilidad y que la misma contribuya a un mayor esfuerzo científico que promueva el avance del conocimiento necesario para evaluar sobre bases sólidas el impacto de cada uno de los mismos sobre los ecosistemas marinos”, señala Piola.

“Con nuestro trabajo pretendemos llamar la atención y crear conciencia acerca de los problemas emergentes identificados, alentar la inversión para su estudio e impulsar el cambio de políticas antes de que mañana estos temas tengan un impacto importante en la biodiversidad de los ecosistemas marinos”, agrega Schloss cuya línea de estudio abarca el cambio climático y su efecto sobre la ecología y dinámica del plancton en los ecosistemas marinos polares y subpolares.

Las Naciones Unidas han designado 2021-2030 como la “Década de las Naciones Unidas (ONU, según sus siglas en inglés) de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible”. “En este marco, el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de la ONU representa una oportunidad para que las cuestiones identificadas y relacionadas con los ambientes marinos en nuestro trabajo sean consideradas por su contribución a frenar e idealmente revertir los procesos que llevan a la pérdida de biodiversidad, estableciendo nuevas metas y con miras a que los resultados en cuanto a la diversidad sean positivos para 2050”, concluye Schloss, también investigadora del Instituto Antártico Argentino y docente de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
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Trabajo de referencia | Herbert-Read, J. E., Thornton, A., Amon, D. J., Birchenough, S. N., Côté, I. M., Dias, M. P., … & Sutherland, W. J. (2022). A global horizon scan of issues impacting marine and coastal biodiversity conservation. Nature Ecology & Evolution. DOI: 10.1038/s41559-022-01812-0
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Las ballenas sobrevivieron a siglos de caza indiscriminada

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Una investigación publicada en la revista Scientific Reports revela la dinámica poblacional de la ballena franca a través de la historia.
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Ballena Franca Austral en Puerto Madryn. Fuente: Laboratorio de Mamíferos Marinos CESIMAR-CONICET
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“A finales del siglo XVII, estimamos que había cincuenta y ocho mil ballenas en el Atlántico sudoccidental; hoy, que la población se está recuperando, hay cerca de cinco mil, lo que representa menos del diez por ciento del total estimado previo a la remoción por caza. En 1830, por ejemplo, llegó a haber menos de dos mil”, comenta Alejandra Romero, investigadora adjunta del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos “Almirante Storni” (CIMAS-CONICET). Romero forma parte de un grupo que dirige el investigador del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), Enrique Crespo, y que tiene por objetivo conocer la historia de explotación de distintos organismos marinos que habitan la Patagonia y estudiar los mecanismos de recuperación que permitieron que estos animales sigan presentes.

Para poder realizar este estudio, publicado en la revista Scientific Reports, Romero debió recabar información de distintas fuentes y entrevistar a varios referentes para poder reconstruir, en números, que cantidad de ballenas capturaban las embarcaciones de distintos países en esta región del mundo.

“Recopilamos una gran cantidad de información y hoy hemos reconstruido la serie de capturas históricas de ballenas desde el siglo XVII hasta la actualidad. Revisar todos esos datos fue un arduo trabajo. Por ejemplo, obtuvimos el acceso a los libros aduaneros del Reino Unido. Ahí se encuentran los registros, escritos a mano, de todo lo que importaron durante el siglo XIX desde diferentes regiones del mundo. Me insumió alrededor de cuatro meses discriminar los datos de la cantidad de ballenas capturadas en el Atlántico Sur y que llegaron al Reino Unido”, describe la Romero.

En la investigación se explica además que la ballena y otros animales marinos, como lobos y elefantes, eran explotados porque su grasa tenía un alto interés comercial. “Los primeros que comenzaron a capturar ballenas fueron los vascos. Empezaron en el siglo VI y la actividad más importante fue entre el siglo XIII y el XVIII. Se iban desde el Golfo de Vizcaya hasta Terranova y la península de Labrador y ahí tenían bases donde pasaban el invierno y luego volvían con la grasa fundida y otros subproductos de la ballena. La grasa, entre otras cosas, se usaba en lámparas de aceite. Durante la Edad meda, con la grasa de estos animales se iluminó toda Europa”, agrega Crespo.

También, según Crespo, es importante destacar que en los inicios la captura de ballena se trataba de una actividad que se desarrollaba de manera manual. “Se las cazaba con arpón de mano desde pequeñas embarcaciones a remo y los vascos capturaban unas cincuenta ballenas por año. Era una actividad sumamente riesgosa y quienes cazaban corrían mucho riesgo de sufrir heridas, congelamiento de miembros y amputaciones”, aclara.

Con el paso de los años y a medida que la tecnología y las artes de pesca fueron mejorando, la cantidad de ballenas capturadas fue incrementándose. A tal punto que en diferentes épocas, distintas especies de ballena estuvieron al borde de la extinción.

“En el caso de la caza de la ballena franca en el Atlántico sudoccidental, los primeros registros de capturas datan de 1602 y fueron llevadas a cabo por la corona portuguesa. Posteriormente se sumaron barcos balleneros de bandera americana, británica, francesa y española. Estimamos que en total se removieron alrededor de cincuenta mil ballenas entre los siglos XVII y XX”, menciona Romero. En 1935, la ballena franca austral fue protegida por leyes internacionales, “pero en 1962, por ejemplo, fueron capturadas ilegalmente por embarcaciones soviéticas, 1335 ballenas en aguas internacionales”, advierte Crespo.

Las políticas de moratoria en la caza implementadas en 1986 por la Comisión Ballenera Internacional permitieron a todas las especies de ballenas recuperar en mayor o menor grado sus poblaciones. “En la actualidad, la tasa de crecimiento poblacional de las ballenas que habitan el Atlántico sudoccidental es positiva, y nuestro estudio proyecta que para el 2030 habrá cerca de cinco mil quinientos individuos. Y aunque aún está lejos del número máximo de su población original, la comprensión de la dinámica de las poblaciones de ballenas resulta fundamental para gestionar y diagramar estrategias de conservación”, concluye Romero.
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Los peces de aguas cálidas ganan terreno en el Cantábrico

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Científicos del Instituto Español de Oceanografía cuantifican, por primera vez, la velocidad a la que las comunidades de peces están cambiando a causa de la crisis climática. Han analizado su distribución en aguas del Cantábrico y Galicia, donde las especies de aguas más cálidas están ganando terreno y aquellas que prefieren aguas más frías retroceden.
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Barcos de pesca bajo un cielo nublado. / NOAA
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Un estudio, publicado recientemente en la revista Ecological Indicators, utiliza un índice basado en la temperatura preferente de las especies que relaciona los cambios en la distribución de las comunidades de peces de fondo con la temperatura de la columna de agua.

Los resultados de los datos analizados en aguas del Cantábrico y Galicia muestran cómo responde este índice a la distribución de la temperatura ambiental, tanto espacialmente como temporalmente.

El índice ha permitido clasificar las comunidades de peces de fondo en tres tipos: cálidas, templadas y frías; y hacer un análisis de cómo se distribuyen cada uno de los tipos en el espacio y en el tiempo.

Así, en el Cantábrico se puede observar que las comunidades con una temperatura más alta -comunidades cálidas- son principalmente litorales, mientras que las comunidades más frías están a mayor profundidad.

Esto no ocurre en aguas de Galicia, donde por el efecto del afloramiento no hay estratificación en la temperatura y no se han hallado estas diferencias en profundidad. Esta presencia del afloramiento de aguas frías en aguas gallegas determina, además, que en estas áreas las comunidades sean más frías que en el interior del Golfo de Vizcaya.

Asimismo, se ha podido estimar la velocidad a la que las comunidades están cambiando a lo largo del tiempo, detectando que las comunidades cálidas están expandiendo su área de distribución a una velocidad de 268,4 km2/año, mientras que las comunidades frías se han retraído a una velocidad de 155,4 km2/año.

Efectos en la explotación, sostenibilidad y gestión

En el año 2016 este equipo sacó a la luz que las comunidades de peces del Mar Cantábrico estaban sufriendo un proceso de meridionalización. Es decir, la abundancia de la mayoría de las especies templadas nativas del Mar Cantábrico y aguas de Galicia estaba aumentando.

“Estos cambios detectados en nuestras aguas conllevan cambios profundos en las comunidades de peces de fondo y se encuadran dentro de las consecuencias derivadas del cambio climático en la distribución de las especies”, explica Antonio Punzón, investigador del Centro Oceanográfico Santander del IEO y primer autor de los dos estudios.

“Se trata de procesos como la borealización, que consiste en que comunidades boreales expanden su distribución hacia el Ártico, o la tropicalización, que supone un aumento de la abundancia de especies tropicales o subtropicales no nativas”, apunta el científico.

El calentamiento global está modificando la distribución de especies a un ritmo sin precedentes en los ambientes marinos. Los resultados del nuevo trabajo servirán para explorar y anticipar los efectos del cambio climático en comunidades demersales bajo diferentes escenarios. Estas alteraciones en la distribución y abundancia de las especies y en las comunidades, tienen importantes consecuencias no solo a escala ecológica, si no que tienen efectos en la explotación, sostenibilidad y gestión de los principales recursos explotados.

Los próximos pasos del equipo de investigación irán encaminados a determinar los cambios de las comunidades en función de los distintos escenarios climáticos futuros, conocer cómo estos cambios se están traduciendo en la explotación pesquera, caracterizar cuáles son las principales vulnerabilidades, e identificar la existencia de oportunidades.

“Todo ello permitirá el diseño de una estrategia de adaptación y mitigación a los efectos del cambio climático sobre las actividades pesqueras”, concluye Punzón.
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Trabajo de referencia | Punzón, A. "Tracking the effect of temperature in marine demersal fish communities". Ecological Indicators
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FUENTE • Agencia SINC
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La huella de la contaminación alcanza el fondo marino de la Antártida


Científicos del CSIC han hallado indicios de contaminantes en sedimentos obtenidos a cientos de metros de profundidad. Han cultivado células en extractos de sedimentos antárticos y han observado toxicidad en ellas.
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La actividad industrial genera sustancias nocivas que pueden llegar a los lugares más remotos del planeta, transportadas por vientos y corrientes oceánicas. Un nuevo estudio realizado por científicos del Instituto de Ciencias del Mar y el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha detectado toxicidad celular producida por compuestos de origen antropogénico en el fondo marino de la Antártida. Las muestras de sedimentos antárticos proceden de varias estaciones a lo largo de más de 4.000 kilómetros del Mar de Weddell y frente a las costas de la Península Antártica.

En el estudio, dirigido por el investigador del CSIC Enrique Isla, del Instituto de Ciencias del Mar, los científicos han trabajado con muestras obtenidas durante varias campañas a bordo del rompehielos alemán Polarstern. “Posteriormente, en los laboratorios, hemos expuesto cultivos de células a los compuestos extraídos del sedimento y hemos observado que se da toxicidad celular y que se activa el metabolismo celular de detoxificación de contaminantes, lo que permite deducir que hay presencia de contaminantes en las muestras”, ha destacado Isla.

Los extractos de sedimento con mayor respuesta citotóxica coinciden con los lugares que tienen mayor presencia humana, como la Península Antártica, donde se encuentra la mayoría de bases científicas y el tráfico marítimo es frecuente. Sin embargo, según este estudio, los extractos de sedimentos de la zona este del Mar de Weddell no generaron respuestas tóxicas significativas, lo que coincide con zonas que están menos expuestas a la contaminación.

Asimismo, se ha detectado actividad citotóxica en sedimentos marinos de zonas a más de 1.000 metros de profundidad. “A grandes profundidades, las bajas temperaturas y la ausencia de luz limitan la degradación de los contaminantes. Además, ahí no hay forma de aislarlos o limpiarlos. Su destino es acumularse en el fondo marino antártico, donde viven muchos organismos”, comenta el investigador del CSIC.

Los organismos acuáticos y, en este caso, los que habitan en el fondo marino, podrían estar expuestos a compuestos de origen humano persistentes que se han detectado en el sedimento y que podrían incorporarse a la cadena trófica.

Impacto similar al del Mediterráneo

El actual estudio no precisa las fuentes de contaminación ni su origen cronológico. Para ello, se requerirá realizar análisis más precisos. Los investigadores sí encuentran similitudes de las zonas con más impacto de la Antártida con algunas regiones costeras del Mediterráneo.

No obstante, dado el tráfico marítimo de estas zonas, una gran parte de los compuestos responsables de la toxicidad podría ser hidrocarburos policíclicos aromáticos (conocidos como PAH por sus siglas en inglés), que proceden de la combustión incompleta de materia orgánica, como la que puede ocurrir en incineradores o motores de barco.

Las muestras de sedimento antártico fueron obtenidas en cooperación con el Instituto alemán Alfred Wegener de Investigación Marina y Polar de Bremehaven.
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Referencia bibliográfica | Enrique Isla, Elisabet Pérez-Albaladejo, Cinta Porte. Scientific Reports. Toxic anthropogenic signature in Antarctic continental shelf and deep sea sediments. DOI: 10.1038/s41598-018-27375-4
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El aumento de la temperatura del mar tiene consecuencias duraderas para la biología de los peces


Una subida de 2°C altera la metilación del ADN y la expresión de genes claves para la supervivencia y el desarrollo. Este estudio ofrece una nueva visión sobre las consecuencias del cambio climático en los peces a través de modificaciones epigenéticas en todo el genoma.
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Las temperaturas elevadas asociadas con el calentamiento global pueden resultar en cambios en una variedad de rasgos fenotípicos en los peces. Ahora un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) muestra, por primera vez en peces, que temperaturas ligeramente elevadas (+2°C) y constantes o cambios de temperatura tras la aclimatación, todas ellas dentro del rango predicho por los últimos modelos de calentamiento global (+2-4°C), resultan en diferencias en la metilación global del ADN y la expresión de genes claves para la supervivencia, desarrollo y crecimiento de los peces. El estudio, cuyo primer autor es la investigadora Dani Anastasiadi, y que se publica en la revista Scientific Reports, contribuye a conocer mejor el futuro impacto del cambio global en los peces a través de modificaciones epigenéticas en todo el genoma.

“La forma en que las señales ambientales son percibidas e integradas en el genoma es todavía poco comprendida y constituye un tema central en el estudio de la biología del desarrollo en un contexto ecológico. En los últimos años se están acumulando evidencias sobre el impacto de los factores ambientales en los mecanismos epigenéticos que regulan directamente la expresión génica y conducen a consecuencias fenotípicas duraderas. También es cada vez más evidente que los cambios epigenéticos contribuyen a la plasticidad fenotípica”, explica el director del estudio, Francesc Piferrer, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar.

En animales poiquilotermos acuáticos -como los analizados en el estudio-, la temperatura tiene efectos sobre la metilación global del ADN. La metilación del ADN es un cambio químico singular previo al proceso de silenciación o expresión de un gen. Es un mecanismo de los denominados “epigenéticos”: modulan la expresión de los genes sin modificar su secuencia nucleotídica, y pueden verse influidos por factores ambientales.

Piferrer explica: “Nuestro estudio muestra que temperaturas elevadas y constantes o cambios de temperatura tras la aclimatación, todas ellas dentro del rango predicho por los últimos modelos de calentamiento global (de 2 a 4°C), causan diferencias en la metilación global del ADN y en la expresión de genes relacionados con la respuesta al estrés, el crecimiento de los músculos y con la formación de órganos, entre otros. Todos ellos son esenciales para la supervivencia y el desarrollo”.

“Es importante destacar que estos efectos dependen del estadio de desarrollo del pez, ya que son evidentes en larvas pero no en juveniles. Sin embargo, los efectos en los juveniles también podrían ocurrir con mayores tiempos de exposición o temperaturas más altas”, señala Piferrer.

Tal como defienden los autores, los estudios futuros sobre las posibles consecuencias del cambio climático en los ecosistemas marinos en general, y en los peces en particular, también deberían considerar la existencia de este tipo de alteraciones epigenéticas. Asimismo, “los muestreos de campo para determinar efectos del cambio climático deberían tener en cuenta la existencia de periodos sensibles durante el desarrollo temprano”, concluye Piferrer.
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Referencia | Anastasiadi, D., Díaz, N., Piferrer, F. Small ocean temperature increases elicit stage-dependent changes in DNA methylation and gene expression in a fish, the European sea bass. Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-017-10861-6
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Rastrear el pescado desde el mar hasta la mesa para frenar las capturas ilegales


La adopción de directrices internacionales sobre los sistemas de documentación de las capturas entra en su recta final. Las directrices actuarán como una “regla de oro” reconocida a nivel internacional por los gobiernos y empresas que buscan establecer sistemas que puedan rastrear los peces desde su punto de captura a través de toda la cadena de suministro, “desde el mar hasta la mesa”, con el fin de impedir la llegada al mercado de pescado capturado ilegalmente.
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La iniciativa liderada por la FAO para establecer normas acordadas a nivel internacional para el desarrollo de sistemas de documentación de las capturas ha logrado dar un paso importante, acercándose a su objetivo de mantener los pescados capturados ilegalmente lejos de los estantes de los comercios y las mesas de los consumidores.

Un proyecto de Directrices voluntarias sobre sistemas de documentación de las capturas fue aprobado por unanimidad por una consulta técnica que puso fin a una negociación que ha durado 5 años, y se encuentra ahora listo para ser adoptado por todos los miembros de la FAO durante la Conferencia bianual que tendrá lugar en Roma (3-8 de julio de 2017).

Una vez aprobadas por la Conferencia, las directrices actuarán como una “regla de oro” reconocida a nivel internacional por los gobiernos y empresas que buscan establecer sistemas que puedan rastrear los peces desde su punto de captura a través de toda la cadena de suministro, “desde el mar hasta la mesa”, con el fin de impedir la llegada al mercado de pescado capturado ilegalmente.

A nivel mundial, se capturan cada año entre 91 y 93 millones de toneladas de pescado, y los del mar se encuentran entre los productos alimentarios más comercializados del mundo, con un valor de exportación que en 2016 alcanzó los 142 000 millones de dólares EEUU.

Además, se estima que la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) detrae cada año de los océanos hasta 26 millones de toneladas adicionales de peces, dañando los ecosistemas marinos y saboteando los esfuerzos para gestionar la pesca de manera sostenible.

Los sistemas de documentación de las capturas (SDC) ofrecen una forma de limitar el comercio de pescado ilegal. Su concepto básico: los envíos de pescado son certificados por las autoridades nacionales como capturados legalmente y de acuerdo con las mejores prácticas; la documentación impresa que lo certifica acompaña al pescado que se procesa y comercializa a nivel nacional o internacional. Sólo los pescados con documentación válida pueden ser exportados o comercializados a mercados donde exista el requisito del SDC.

Hasta hace poco, sólo se habían establecido algunos sistemas de este tipo, y en su mayoría se centraban en especies de alto valor cuya sobreexplotación suscitaba especial preocupación, como la lubina chilena obtenida en las aguas antárticas o el atún rojo del Atlántico y del Sur.

Pero con el comercio de productos pesqueros en niveles récord y la demanda de los consumidores en aumento, los sistemas de documentación de las capturas se ven cada vez más como una herramienta que podría aplicarse de forma más amplia. De hecho, desde 2010 la Unión Europea ha utilizado un SDC que comprende todos los envíos de pescado importados a desde ultramar; y en 2016, los Estados Unidos anunciaron la creación de su propio Programa de seguimiento de las importaciones pesqueras (“Seafood Import Monitoring Program”).

Aceptación a nivel internacional

Uno de los desafíos que presenta un mayor uso del SDC se relaciona con la logística de asegurar que un certificado de papel llegue de forma segura desde un puerto pesquero en un país a un centro de inspección en otro. Las nuevas directrices recomiendan ir más allá de la documentación en papel, de modo que la información sobre los envíos de pescado se registre preferentemente en un sistema digital que puede consultarse en cualquier punto de la cadena de valor, reduciendo la carga administrativa y a la vez las oportunidades de fraude.

Para ser eficaces, los SDC deben ser relativamente sencillos y adaptables a las diferentes circunstancias pesqueras, de modo que los diversos actores de la cadena de suministro los encuentren útiles y fáciles de usar, un requisito que incluyen las nuevas directrices.

“El SDC sólo tendrá éxito si existe una sólida coordinación internacional”, explicó Audun Lem, Director Adjunto de la División de Políticas y Recursos de la Pesca y la Acuicultura y actual Secretario del Subcomité de Comercio Pesquero de la FAO.

“Aunque son voluntarias –añadió Lem- el proceso de negociación que llevó a las nuevas directrices significa que disfrutan de un alto nivel de aceptación por parte de los gobiernos, mientras que su aprobación en la Conferencia de la FAO enviará una clara señal en el compromiso para lograr adhesiones. Por lo tanto, en el futuro, los nuevos sistemas de documentación de las capturas establecidos a nivel nacional, regional o internacional estarán sincronizados, reduciendo las barreras para poder extender su uso”.

Añadió que, dado que las directrices exigen a los países que cumplan con las leyes internacionales vigentes, así como con los acuerdos establecidos en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los países podrán evitar conflictos comerciales indeseados.

Nuevas herramientas frente a un viejo problema

Pescar sin autorización, superar las cuotas de capturas, capturar especies protegidas y utilizar tipos de artes prohibidos figuran entre los delitos más comunes dentro de la pesca INDNR.

Tales prácticas no sólo socavan la industria pesquera mundial en su conjunto, sino que pueden resultar especialmente devastadoras para los millones de personas en todo el mundo que dependen de la pesca para su sustento y como fuente vital de proteínas y vitaminas.

La creciente conciencia internacional de los problemas vinculados a la pesca INDNR ha ayudado a impulsar los esfuerzos internacionales para combatirla, como las nuevas directrices sobre la declaración de las capturas.

Otro ejemplo es el Acuerdo sobre Medidas del Estado rector del puerto de la FAO, que entró en vigor el año pasado, convirtiendo la historia en el primer tratado internacional diseñado específicamente para impedir que los buques pesqueros que participan en actividades de pesca INDNR entren en los puertos, utilicen instalaciones portuarias y desembarquen sus capturas.
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ETIQUETASPescaOcéanosAlimentaciónSostenibilidadConsumoComercio

Los bosques de kelp del Gran Arrecife Sur de Australia retroceden 100 kilómetros en cinco años


Un estudio con participación del CSIC analiza los efectos de la ola de calor de 2011 en la costa oeste australiana. La regresión de los boques de kelp supone una pérdida de más de 950 kilómetros cuadrados de este ecosistema marino. Los datos del trabajo, publicado en ‘Science’ muestran el proceso de tropicalización de los océanos.
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Los bosques de kelp, algas pardas de gran tamaño y valor ecológico, del Gran Arrecife Sur de Australia han retrocedido 100 kilómetros en los últimos cinco años. Es uno de los principales resultados de un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en el último número de la revista Science. El artículo, que analiza datos recogidos desde 2001 a lo largo de 2.000 kilómetros de costa australiana, muestra los efectos de la ola de calor que afectó a la región en 2011 combinada con dos décadas de progresivo calentamiento oceánico.

“El calentamiento de los océanos, y particularmente eventos puntuales como una ola de calor, puede provocar cambios importantes en los ecosistemas marinos de manera rápida e irreversible y romper barreras biogeográficas. En este caso, estamos viendo la pérdida de más de 950 kilómetros cuadrados de bosque de kelp, que en lugar de recuperarse tras el fin de la ola de calor, está adquiriendo características de regiones tropicales”, explica la investigadora del CSIC Julia Santana, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares).

Los resultados de este trabajo indican que, cinco años después de la ola de calor, las comunidades de peces, invertebrados y algas propios de estas regiones templadas han cambiado y cada vez se parecen más a comunidades más típicas de zonas tropicales, en las que una mayor presión de herbívoros impide el crecimiento de los bosques de algas y favorece el florecimiento de corales.

Latitud 29° Sur

El punto de no retorno para los bosques de kelp tras las temperaturas extremas de 2011, se localiza en el paralelo 29° Sur. Los bosques de kelp situados al norte de esa latitud no han podido recuperarse tras la ola de calor. Por el contrario, los investigadores no observaron cambios de esa magnitud al sur de ese punto, donde las temperaturas durante 2011 se mantuvieron mayoritariamente dentro de los rangos de tolerancia del kelp y una mayor distancia de las biozonas tropicales minimizó la llegada de nuevas especies.

La velocidad a la que se está produciendo el calentamiento oceánico está empujando los bosques de Kelp hacia el extremo sur de Australia, donde corren riesgo de desaparecer debido, entre otros factores, a las corrientes de superficie que llegan por el norte. Si esto llegase a ocurrir, miles de especies endémicas del Gran Arrecife Sur de Australia correrían un grave peligro y, al mismo tiempo, tendría importantes efectos negativos en la industria pesquera y en el turismo de la zona, con un valor de aproximadamente diez mil millones de dólares australianos al año”, comenta el investigador del CSIC Scott Bennett, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados.

En el trabajo, liderado desde la Universidad de Western Australia, también ha participado, entre otras instituciones, el Instituto Ecoaqua de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria.
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Referencia | Thomas Wernberg, Scott Bennett, Russell C. Babcock, Thibaut de Bettignies, Katherine Cure, Martial Depczynski, Francois Dufois, Jane Fromont, Christopher J. Fulton, Renae K. Hovey, Euan S. Harvey, Thomas H. Holmes, Gary A. Kendrick, Ben Radford, Julia Santana-Garcon, Benjamin J. Saunders, Dan A. Smale, Mads S. Thomsen, Chenae A. Tuckett, Fernando Tuya, Mathew A. Vanderklift, Shaun Wilson. Climate driven regime shift of a temperate marine ecosystem. Science. DOI: 10.1126/science.aad8745
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ETIQUETASCambio ClimáticoEcologíaCSIC

El consumo mundial de pescado per cápita supera por primera vez los 20 kilogramos anuales


El nuevo informe de la FAO “El estado mundial de la pesca y la acuicultura” insta a un mayor esfuerzo para frenar la sobrepesca.
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El consumo mundial de pescado per cápita ha superado por primera vez los 20 kilogramos anuales, gracias a los mayores suministros procedentes de la acuicultura y a la fortaleza de la demanda, las capturas récord de algunas especies clave y la reducción de los desperdicios, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Sin embargo, a pesar del avance significativo en algunas zonas, el estado de los recursos marinos mundiales no ha mejorado; la última edición de “El estado mundial de la pesca y la acuicultura” (SOFIA, por sus siglas en inglés) sostiene que casi un tercio de las poblaciones de peces con valor comercial se capturan hoy a un nivel biológicamente insostenible: el triple del que existía en 1974.

La producción mundial total de la pesca de captura en 2014 ascendió a 93,4 millones de toneladas, incluyendo las capturas en aguas continentales, un volumen ligeramente superior al de los dos años anteriores. El colín de Alaska fue la especie más capturada, sustituyendo a la anchoveta por primera vez desde 1998, y demostrando que las prácticas efectivas de gestión de recursos han dado sus frutos. En 2014 se registraron capturas récord de cuatro grupos de gran valor: atunes, langostas, camarones y cefalópodos.

En 2014 había unos 4,6 millones de buques pesqueros en todo el mundo, el 90 por ciento de los cuales se encontraban en Asia y África, y de ellos tan sólo 64 000 superaban los 24 metros de eslora, según el SOFIA.

A nivel mundial, el pescado proporcionó el 6,7 por ciento de todas las proteínas consumidas por los seres humanos, además de ofrecer una fuente abundante de ácidos grasos omega 3 de cadena larga, vitaminas, calcio, zinc y hierro. Unos 57 millones de personas trabajaban en el sector primario pesquero, un tercio de las cuales en la acuicultura.

Los productos pesqueros representaron el uno por ciento del valor del comercio mundial de mercancías, y más del nueve por ciento de las exportaciones agrícolas totales. El valor de las exportaciones mundiales ascendió a 148 000 millones de dólares EEUU en 2014, frente a los 8 000 millones de 1976. Los países en desarrollo exportaron pescado por valor de 80 000 millones de dólares, lo que supuso ingresos comerciales netos más elevados que los de la carne, tabaco, arroz y azúcar en conjunto.

"La vida marina, que la Agenda para el Desarrollo Sostenible nos encomienda conservar, es un aliado importante en nuestro esfuerzo para afrontar diversos desafíos, desde la seguridad alimentaria al cambio climático", afirmó el Director General de la FAO, José Graziano da Silva. "Este informe –añadió- demuestra que la pesca de captura se puede gestionar de forma sostenible, a la vez que destaca el enorme y creciente potencial de la acuicultura para mejorar la nutrición humana y contribuir a los medios de subsistencia con empleos productivos".

Acuicultura

El hecho de que el suministro mundial de pescado para consumo humano haya superado el crecimiento demográfico en las últimas cinco décadas -las primeras estimaciones sugieren ingestas per cápita superiores a 20 kilogramos por habitante, el doble que en la década de 1960- se debe en gran medida al crecimiento de la acuicultura.

La producción mundial del sector ascendió a 73,8 millones de toneladas en 2014. Un tercio de este volumen corresponde a moluscos, crustáceos y otros animales distintos de los peces. Es importante destacar que, en lo que respecta a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad medioambiental, cerca de la mitad de la producción acuícola mundial de animales –a menudo mariscos y carpas- y plantas -incluyendo algas y microalgas– procede de especies no alimentadas.

Mientras que China continúa siendo de lejos el principal productor acuícola, la acuicultura está creciendo aún más rápido en otros lugares, señala el informe. En Nigeria, la producción acuícola se ha multiplicado casi por 20 en las últimas dos décadas, y todo el África subsahariana ha experimentado también un crecimiento sustancial. Chile e Indonesia también han registrado un incremento notable, al igual que Noruega y Viet Nam: actualmente el segundo y tercer exportador de pescado del mundo respectivamente.

Las ventajas y los desafíos de la acuicultura también están influyendo en qué especies acaban en nuestros platos. El informe demuestra que, en términos de valor y a nivel porcentual del comercio mundial, el salmón y la trucha son los principales productos básicos a nivel individual, lugar honorífico que ocuparon durante décadas a los camarones.

El estado de la sostenibilidad

En torno al 31,4 por ciento de las poblaciones de peces naturales con valor comercial sometidas habitualmente a seguimiento por la FAO resultaron sobreexplotadas en 2013, un nivel que se ha mantenido estable desde 2007.

La metodología de la FAO es coherente con los acuerdos internacionales, que estipulan que las poblaciones de peces deben mantenerse o recuperarse hasta alcanzar un tamaño que permita alcanzar el rendimiento máximo sostenible (RMS). Por tanto, las poblaciones se consideran capturadas con una intensidad biológicamente insostenible –y, por consiguiente, sobreexplotadas- cuando su abundancia está por debajo del nivel que permite producir el rendimiento máximo sostenible.

Se ha observado que los desembarques de pescado han descendido en algunas regiones debido a la implementación de normativas eficaces de gestión, como en el Atlántico noroccidental, donde la captura anual es ahora inferior a la mitad de la registrada a principios de la década de 1970. Las poblaciones de halibut, platija y eglefino en esta zona están mostrando signos de recuperación, no así el bacalao. Las medidas de gestión también parecen estar dando sus frutos para la cotizadísima astromerluza negra –una variedad de pescado blanco de la Antártida que se suele comercializar (en los restaurantes estadounidenses) como lubina chilena- ya que la captura de este pescado en las aguas antárticas se ha mantenido estable desde 2005. Las capturas del krill antártico, que se alimenta directamente del fitoplancton, aumentaron significativamente hasta alcanzar volúmenes inéditos desde principios de la década de 1990, manteniéndose en niveles sostenibles.

El informe describe la situación en el Mediterráneo y el Mar Negro -donde el 59% de las poblaciones evaluadas se capturan con intensidad biológicamente insostenible- como "alarmante". Esto resulta especialmente cierto para las especies de mayor tamaño, como la merluza, la liza, el lenguado y los espárridos. En el Mediterráneo oriental, preocupa el posible aumento del número de especies ícticas invasoras asociadas al cambio climático.

La FAO sigue trabajando con todos los países para mejorar la calidad y la fiabilidad de las cifras anuales de desembarques. Que desde 1996 se haya duplicado el número de especies existentes en la base de datos de la FAO –que asciende actualmente a 2 033 especies- indica una mejora general en la calidad de los datos recopilados, según el SOFIA.

La mayor eficiencia de la cadena de suministro y otras mejoras también han aumentado la proporción de producción mundial de pescado destinada al consumo humano directo hasta el 87 por ciento (146 millones de toneladas) en 2016, señala el informe. Ello supone un incremento respecto a la proporción del 85 por ciento (136 millones de toneladas) en 2014.

El sector en auge del procesado del pescado ofrece también oportunidades para mejorar la sostenibilidad de la cadena de suministro, ya que diversos subproductos tienen múltiples usos potenciales y reales: desde la harina de pescado para la acuicultura, al colágeno para la industria cosmética, o las espinas de pequeño tamaño que pueden consumirse como aperitivo.
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Evalúan los efectos del accidente de Fukushima en los océanos


Un equipo internacional de científicos, con participación del investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona Pere Masqué, ha presentado, en el congreso Goldschmidt 2016 en Yokohama (Japón), una revisión de los efectos en los océanos del accidente de la central de Fukushima, cinco años después.
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Según el estudio, los niveles de radiación están disminuyendo en toda la zona, excepto en el área portuaria cercana a la planta nuclear, donde continúan las fugas radiactivas. Entre las conclusiones destacan que los niveles máximos de radiación en el agua, dentro de unos márgenes que no suponen ningún peligro, llegarán este año a la costa de Norteamérica, y que el riesgo de la radiación en las personas es muy modesto. Los investigadores muestran preocupación por la falta de apoyo para continuar con el asesoramiento científico para evaluar los niveles de radiación, imprescindibles para entender cómo cambian los riesgos.

El estudio, presentado por los investigadores que conforman un Grupo de Trabajo del Comité Científico en Investigación Oceánica (SCOR), se publica también como trabajo de investigación en la revista Annual Review of Marine Science y presenta las siguientes conclusiones:

El accidente

El terremoto Tohoku y el posterior tsunami que tuvieron lugar el 11 de marzo de 2011 provocaron la pérdida de potencia y el sobrecalentamiento de las plantas nucleares de Fukushima Daiichi (FDNPP), causando la emisión de gases radiactivos, elementos volátiles y líquidos, en especial hacia la costa oceánica. La lluvia radiactiva en los suelos está bien documentada, pero la distribución de la radiactividad en el mar y hacia los océanos a gran escala es mucho más difícil de cuantificar, debido a la variabilidad en las corrientes oceánicas y las dificultades para tomar muestras.

Liberación inicial de material radiactivo

Aunque el accidente en la central FDNPP fue uno de los más grandes y sin precedentes en cuanto al impacto en los océanos, la cantidad de cesio-137 liberada era de aproximadamente una quincuagésima parte de la que se liberó globalmente en los ensayos nucleares de los años 60 y una quinta parte de la liberada debido al accidente de Chernóbil. Es similar, en magnitud, a las descargas de cesio-137 de la planta de reprocesamiento de combustible nuclear de Sellafield.

Lluvia radiactiva inicial

La liberación inicial de material radiactivo fue hacia la atmósfera. Algunos modelos sugieren que alrededor del 80% de la lluvia cayó en el océano, la mayor parte cerca de la central. Hubo aportación desde los terrenos cercanos al mar, con un máximo alrededor del 6 de abril de 2011. Se estima en entre 15 y 25 PetaBecquerels (1015 Becquerels, o desintegraciones nucleares por segundo) la cantidad de Cs-137 liberada al océano. También se liberaron otros radioisótopos, pero el interés se ha centrado en las formas radiactivas del cesio debido a sus largos períodos de semidesintegración, es decir, de permanecer muchos años como fuente de radiactividad (dos años para el cesio-134 y 30 años el cesio-137), así como por su abundancia en la fuente de emisión de las centrales.

Distribución en el agua

El cesio es muy soluble en agua, por lo que se dispersó rápidamente por el océano, con niveles más elevados en algunas zonas debido a la distribución de las corrientes marinas. En el máximo, en 2011, la señal del cesio-137 en la costa cercana a la central nuclear fue decenas de millones de veces más elevado que antes del accidente. Con el tiempo y a mayor distancia a Japón, los niveles disminuyen significativamente. En 2014, la señal de cesio-137 a 2.000 kilómetros al norte de Hawai era equivalente a unas seis veces la señal remanente debida a las pruebas nucleares de los años 60, y en la costa oeste de Norteamérica, la señal era entre dos y tres veces más elevada que los niveles previos al accidente. La mayor parte de la lluvia radiactiva se concentra en los primeros cientos de metros de la superficie marina.

Es probable que los niveles máximos de radiación lleguen a la costa de Norteamérica a lo largo de este año, para disminuir hasta los niveles de entre uno y dos bequerelios por metro cúbico en el 2020, comparables a los niveles debidos a los ensayos nucleares de los años 60. Los sedimentos del fondo marino contienen menos de un 1% del cesio-137 emitido por la central, aunque la contaminación aún es elevada en la zona más cercana a la central. La redistribución de los sedimentos por organismos que se alimentan en el fondo marino (más habituales cerca de la costa) y por las tormentas es muy compleja.

Efectos en la fauna marina

En el año 2011, aproximadamente la mitad de las muestras de peces en aguas costeras frente a Fukushima tenían niveles de cesio radiactivo por encima del límite de 100 Bq / kg establecido por las autoridades japonesas, pero en 2015 menos de un 1% de las muestras están por encima del límite. Todavía se encuentran niveles elevados en torno a la central. En abril de 2011 se detectaron niveles elevados de yodo 131, pero se trata de un elemento con una vida radiactiva muy corta, por lo que ahora se encuentra por debajo de los niveles detectables. En general, con la excepción de las especies más cercanas a la central, no parece haber efectos medibles en la fauna marina.

Riesgo para las personas

El riesgo de radiación para las personas es muy modesto en comparación con las 15.000 víctimas directas del terremoto y del tsunami. Hasta el momento, no ha habido ninguna muerte relacionada con la radiación. Las personas evacuadas de la central más expuestas recibieron una dosis total de 70 mSv, que incrementaría su riesgo de cáncer a lo largo de toda la vida de un 24% (el de la población general) a un 24,4%, tanto sólo 0,4 puntos. Sin embargo, aún hay más de 100.000 evacuados del área de Fukushima, y ​​muchas industrias como la del turismo y la de la pesca, han sido fuertemente golpeadas.
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Referencia | Buesseler, K.O., Dai, M., Aoyama, M., Benitez-Nelson, C., Charmasson, S., Higley, K., Maderich, V., Masque, P., Oughton, D. and Smith, J.N. 2017. Fukushima Daiichi-derived radionucleidos in the ocean: transport, fate, and impacts. Annu. Rev. Mar. Sci. 9: In press. doi: 10.1146 / annurev-marine-010816 a 060733
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ETIQUETAS | Sociedad | Salud |