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Cuatro países europeos se encuentran en riesgo medio:
Ucrania, Bosnia, Bélgica y Bulgaria. China, Mozambique, Senegal y Afganistán son los países con mayor contaminación química producida por las basuras.
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Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han identificado la lista de los países que presentan un riesgo más alto de saturar su capacidad de gestionar la basura. El artículo, publicado en Nature Communications y elaborado por un equipo del Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC, centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares) liderado por el investigador Ernesto Estrada, ha descrito la world-wide waste web, un conjunto de redes globales de intercambio entre países que importan y exportan basura. Según el estudio, China, Mozambique, Senegal y Afganistán son los países con mayor contaminación química producida por las basuras. Cuatro países europeos se encuentran en riesgo medio: Ucrania, Bosnia, Bélgica y Bulgaria.
Los investigadores definieron una red distinta para cada uno de los tipos de desechos analizados utilizando datos de la base de datos en línea de la BaC (Basel Convention on the Control of Transboundary Movement of Hazardous Wastes and their Disposal) y la cotejaron con la capacidad individual de cada país para gestionar esos residuos entre 2001 y 2019.
Anualmente se producen entre 7 y 10 millardos de toneladas de basura en todo el mundo. Dentro de estos se incluyen entre 300 y 500 millones de toneladas de desechos peligrosos, ya sea por su carácter corrosivo, inflamable o tóxico. Una parte de estos restos no se queda en su país de origen y viaja a través de la world-wide waste web para ser procesada en otro sitio.
Esto se hace, por una parte, para deshacerse de los restos de forma más económica en el caso de los países exportadores de basura, y por otra, tener fácil acceso a materiales recolectados mediante el reciclaje de esos desechos, en el caso de los países importadores. Es por eso que la world-wide waste web es una red direccional y ponderada, es decir, los residuos viajan de un país A a un país B, pero no necesariamente al revés ni en la misma cantidad que de A a C, por ejemplo”, explica Estrada. Esta característica queda patente en la gran asimetría existente a la hora de importar y exportar residuos peligrosos entre países desarrollados y en vías de desarrollo, donde los países desarrollados exportan a los menos desarrollados más de lo que importan de ellos.
Sin embargo, la capacidad de procesar estos restos no es igual para todos los países, y muchos de ellos corren el riesgo de congestionarse, es decir, importar más cantidad de desechos de la que son capaces de gestionar sin comprometer el medio ambiente. Para cuantificar esto, los investigadores utilizaron el EPI (de las siglas en inglés Enviromental Performance Index), una clasificación que indica qué países están abordando mejor los retos medioambientales a los que se enfrenta cada nación y que proporciona información sobre capacidad de gestionar distintos tipos de residuos.
Este índice, junto a la estructura de la world-wide waste web, permite identificar aquellos países con un alto riesgo de gestionar incorrectamente los residuos si su nivel de congestión es alto y su EPI no revela una gestión adecuada del medioambiente. De los 57 países que están en esa situación de riesgo, 29 de ellos están en África, 16 en Asia, 5 en América, 4 en Europa y 3 en Oceanía. Entre ellos el estudio se enfoca en los 28 países con el riesgo más alto de impacto medioambiental. El impacto de estos países en alto riesgo de congestión puede comprobarse mediante el análisis de huellas químicas o chemical fingerprints, compuestos químicos generados por los residuos que dejan restos cuantificables en el medio ambiente y/o en animales y personas en forma de metales pesados, compuestos orgánicos volátiles o contaminantes orgánicos persistentes.
“España está en la zona de seguridad, al igual que la mayoría de los países europeos, ya que sus capacidades de infraestructura y trayectoria medioambiental hacen que el flujo de residuos que entra y sale de ellos no represente un alto riesgo de impacto medioambiental. El hecho de estar en dicha zona no significa que un país no pueda pasar a alto riesgo si sus importaciones de residuos se incrementan más allá de sus capacidades de procesamiento”, añade el investigador del IFISC.
Entre los 28 países de mayor riesgo no hay ninguno de Europa. Sin embargo, cuatro países europeos sí se encuentran en situación de riesgo medio: Ucrania (el periodo estudiado no incluye el impacto de la guerra), Bosnia y, aunque en menor medida, Bélgica y Bulgaria.
En cuanto a la estructura de la world-wide waste web, el estudio afirma que la densidad de conexiones ha disminuido entre 2001 y 2019, además de observar que muchos países se están convirtiendo o bien en exclusivamente importadores de residuos (como México), o bien en exclusivamente exportadores (como China).
Los autores concluyen que este estudio abre la puerta a una gestión de los residuos peligrosos más eficiente y que permita la implementación de medidas que garanticen un mejor control de estos.
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Trabajo de referencia | Johann H. Martínez, Sergi Romero, José J. Ramasco, and Ernesto Estrada. The world-wide waste web. Nat. Comm. TBD. DOI: 10.1038/s41467-022-28810-x
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El desperdicio alimentario en las agrotiendas, cooperativas agrarias y paradas de agricultores es de entre el 1% y el 2%, un porcentaje muy inferior al de los supermercados, donde del 5% al 10% de las frutas y hortalizas acaban en la basura.
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Image by Michi-Nordlicht from Pixabay
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Así se desprende de un estudio del Institut de Ciència i Tecnología Ambientales de la Universidad Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) desarrollado en el marco de un proyecto que pretende contribuir a la creación de municipios resilientes que puedan hacer frente a situaciones de vulnerabilidad en materia alimentaria como la generada por la pandemia de Covid19.
El 80% de los alimentos mundiales se consumen en las ciudades, donde también se concentra el 70% de la generación de residuos. El proyecto PANDÈMIES - “Municipios resilientes a las pandemias mediante el nexo de agricultura de proximidad, energía, agua y residuos. Del piloto al municipio” pretende reducir el desperdicio alimentario, acercar la producción sostenible a los consumidores en las ciudades y concienciar a la población sobre este problema global.
El estudio compara el nivel de desperdicio alimentario de frutas y verduras en los establecimientos de cadena de distribución larga (supermercado, hipermercado) que suministran al 81% de la población, con los de cadena corta (agrotiendas, cooperativas agrarias y venta directa del agricultor), que abastecen al 19% de la población.
El desperdicio en agrotiendas y cooperativas es hasta un 80% menor que en los supermercados debido a que, en este tipo de establecimientos, se establece una mayor relación entre el comprador y el vendedor, que fomenta el consumo de alimentos más variados y de temporada. Asimismo, los clientes suelen tener una mayor conciencia ambiental y tienden a adquirir productos más “feos” estéticamente, la mayoría de los cuales no llegan a los supermercados. Según Pietro Tonini, investigador del ICTA-UAB responsable de este estudio, “entre un 10 y un 15% de lo que se cultiva se queda en el campo debido a exigencias estéticas, a la saturación del mercado o a precios demasiado bajos, unas cifras que no se contabilizan como desperdicio alimentario”.
El estudio, realizado con la colaboración del Ayuntamiento de Sabadell a partir de datos del Parc Agrari de Sabadell y de la cooperativa El Rodal, pone de manifiesto que quienes compran en supermercados/hipermercados suelen hacer un consumo más elevado de productos ultraprocesados, un tipo de alimentos que ha aumentado tras la pandemia. Por el contrario, los clientes de agrotiendas y cooperativas consumen más cantidad de productos frescos, dedican más tiempo a cocinar, y tienen una mayor conciencia ambiental y sobre la alimentación saludable.
Se estima que la distribución de cadena larga desperdicia 60 millones de toneladas de productos alimentarios cada año en Europa, es decir, entre 35 y 38 kilogramos por persona y año. “Esto significa que más de una tercera parte de lo que producimos se desperdicia: un dato terrible”, explica Pietro Tonini quien destaca que, por fortuna, la cadena corta de distribución está creciendo en los países del Mediterráneo.
El objetivo del proyecto es concienciar y promover entre la producción alimentaria sostenible entre la población, acercando la producción al consumidor. “En la actualidad, los mayoristas importan los productos de lejos, de manera que estamos rompiendo el sistema que hay en torno a las ciudades”, concluye Pietro Tonini.
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Una comparativa entre ingresos económicos y consumo de energía en 86 países muestra las grandes desigualdades que existen, tanto dentro de las naciones como a escala mundial. Las diferencias son exageradas en aspectos como el uso de vehículos, ya que el 10 % de los que más ingresan gastan 187 veces más energía en este concepto que el 10 % que menos gana.
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Un nuevo estudio ha analizado la desigualdad energética para distintos rangos de ingresos en 86 países, desde los altamente industrializados hasta los más empobrecidos, revelando una disparidad extrema en las huellas energéticas, tanto escala nacional como global.
En el primer trabajo de este tipo, investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido) han combinado datos de la Unión Europea y el Banco Mundial para calcular la distribución de estas huellas energéticas, así como en qué bienes y servicios con un importante consumo energético tienden a gastar su dinero los diferentes grupos según sus ingresos.
Los resultados, publicados en le mes de marzo en la revista Nature Energy, muestran que la huella crece con el gasto y, como consecuencia, se distribuye de manera desigual. Entre todos los países y clases de ingresos analizados, el 10% superior consume aproximadamente 20 veces más energía que el 10% inferior.
Además, a medida que aumentan los ingresos, las personas gastan más en bienes que consumen mucha energía, como paquetes de vacaciones o automóviles, lo que genera una gran desigualdad energética. De hecho, los investigadores descubrieron que los consumidores de la franja 10% superior gastan 187 veces más energía relacionada con el combustible del vehículo en comparación con el 10% inferior.
Desigualdad energética extrema en el transporte
El transporte mostró una de las mayores desigualdades, ya que el 10% de los mayores consumidores empleó más de la mitad de la energía relacionada con la movilidad, la gran mayoría basada en combustibles fósiles.
En contraste, los combustibles para casa, como los que se usan para cocinar y calentar, así como la electricidad se distribuyen de manera mucho más equitativa, con el 10% de los que más consumen gastando ‘solo’ aproximadamente un tercio del total.
Los resultados muestran lo variados que son los bienes y servicios en términos de distribución y requisitos energéticos. Además, los investigadores también identificaron áreas clave donde se debe reducir el consumo.
El autor principal, Yannick Oswald, señala: "Encontramos que ninguna de las categorías de energía establecidas está libre de desigualdad o beneficia a las poblaciones en igual grado. Las categorías de consumo relacionadas con el transporte se encuentran entre las menos equitativas”.
“Sin reducir la demanda de energía de estos servicios –añade–, ya sea a través de gravámenes para viajeros frecuentes, promoviendo el transporte público y limitando el uso de vehículos privados o tecnología alternativa como los vehículos eléctricos, el estudio apunta que según mejoren los ingresos y la riqueza, nuestro consumo de combustibles fósiles en el transporte se disparará".
Desigualdad energética entre países
Los resultados también destacan la distribución desigual de las huellas energéticas entre países, con un 20% de ciudadanos del Reino Unido dentro del 5% de los principales consumidores de energía, junto con un 40% de ciudadanos alemanes y un 100% de la población de Luxemburgo.
Mientras tanto, solo el 2% de la población de China se encuentra en el 5% superior de los consumidores energéticos, y solo el 0,02% de la población india.
Aun así, el 20% más pobre de la población del Reino Unido consume más de cinco veces energía por persona que el 84% más pobre de la India, un grupo de aproximadamente mil millones de personas.
La coautora del estudio, Anne Owen, señala: "Nuestros resultados demuestran que podemos medir y comparar las huellas energéticas de todo tipo de bienes y servicios en todo el mundo. Este tipo de investigación es muy prometedor para modelar las futuras implicaciones distributivas de las políticas climáticas y energéticas”.
"El crecimiento y el aumento del consumo continúan siendo los objetivos centrales de la política y la economía actuales –explica–. La transición hacia una energía cero en carbono se facilitará mediante la reducción de la demanda, lo que significa que los principales consumidores desempeñarán un papel importante en la reducción de su consumo energético excesivo".
Los autores advierten que sin reducciones en el consumo e intervenciones políticas significativas, en 2050 las huellas energéticas podrían duplicarse respecto a 2011, incluso aunque mejore la eficiencia energética.
Teniendo en cuenta las categorías de consumo examinadas, podría haber un aumento del 31% atribuible solo al combustible de los vehículos y otro 33% a la calefacción y la electricidad. Si el transporte continúa dependiendo de los combustibles fósiles, este incremento sería desastroso para el clima.
Sin embargo, el estudio sugiere que la desigualdad persistente se puede prevenir mediante una intervención adecuada. Las diferentes categorías requieren diferentes formas de acción: consumos intensivos de energía como volar y conducir, principalmente al alcance de los que tienen ingresos altos, se podrían regular a través de impuestos energéticos, por ejemplo, mientras que la huella energética de la calefacción y la electricidad se puede reducir con programas de inversión pública para modernizar las viviendas.
Otra de las coautoras del estudio, Julia Steinberger, líder del proyecto Living Well Within Limits y profesora también en Leeds, subraya: "Se debe considerar seriamente cómo cambiar la distribución enormemente desigual del consumo mundial de energía para hacer frente al dilema de proporcionar una vida digna para todos al tiempo que se protege el clima y los ecosistemas"..
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Referencia bibliográfica | Yannick Oswald et al. “Large inequality in international and intranational energy footprints between income groups and across consumption categories”. Nature Energy, 16 March 2020. DOI: 10.1038/s41560-020-0579-8
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El insecto es capaz de biodegradar rápidamente polietileno, el plástico de las bolsas de la compra y los envases alimenticios. Los científicos quieren detectar la enzima que usa el gusano para eliminar el plástico y producirla a escala industrial. Al año se producen en el mundo 80 millones de toneladas de polietileno, material que tarda más de 100 años en degradarse.
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El gusano de la cera (Galleria mellonella) es capaz de degradar plástico. Fotografía: César Hernández/CSIC
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La investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Federica Bertocchini ha descubierto que los gusanos de la cera (Galleria mellonella), que habitualmente se alimentan de miel y cera de los panales de las abejas, son capaces de degradar plástico. Este gusano es capaz de biodegradar polietileno, uno de los materiales plásticos más resistentes que existen, con el que se fabrican bolsas de la compra y envases alimenticios, entre otros objetos. El descubrimiento ha sido patentado por los investigadores.
La investigadora del CSIC ha trabajado en esta investigación junto a Paolo Bombelli y Chris Howe de la Universidad de Cambridge. El trabajo será publicado en el próximo número de Current Biology.
Cada año se producen en todo el mundo cerca de 80 millones de toneladas de polietileno, un material difícil de degradar y muy resistente. Las bolsas de plástico, por ejemplo, que están fabricadas con polietileno de baja densidad, tardan cerca de 100 años en descomponerse totalmente; las más densas y resistentes pueden llegar a tardar hasta 400 años en degradarse. De media, cada persona utiliza anualmente más de 230 bolsas de plástico, lo que genera más de 100.000 toneladas de este tipo de residuos.
En la actualidad, los procesos de degradación química son muy largos y pueden prolongarse varios meses, además de que para ello se necesita utilizar líquidos corrosivos como el ácido nítrico. Es la primera vez que un equipo de investigación encuentra algo en la naturaleza capaz de degradar este material. “El plástico es un problema mundial. Hoy en día pueden encontrarse residuos por todas partes; incluidos los ríos y los océanos. El polietileno, en concreto, es muy resistente, por lo que es muy difícil que se degrade de forma natural”, detalla la investigadora del CSIC, que desarrolla su trabajo en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria, IBBTEC (CSIC, Universidad de Cantabria, SODERCAN), ubicado en Santander.
“Hemos realizado muchos experimentos para comprobar la eficacia de estos gusanos biodegradando el polietileno. 100 gusanos de la cera son capaces de biodegradar 92 miligramos de polietileno en 12 horas, es realmente muy rápido”, destaca Bertocchini. Tras dejar la fase de larva, el gusano se envuelve en un capullo o crisálida, de color blanquecino. Los investigadores han descubierto además que el contacto del capullo con el polietileno es suficiente para que este plástico se biodegrade.
La composición de la cera es similar a la del polietileno. Según los investigadores del estudio, éste puede ser el motivo por el que el gusano ha desarrollado un mecanismo para poder deshacerse de este plástico. “Aún desconocemos los detalles de cómo se produce la biodegración, pero existe la posibilidad de que lo haga una enzima. El siguiente paso es detectarla, aislarla, y producirla in vitro a escala industrial. Así podremos empezar a eliminar de forma eficaz este material tan resistente”, detalla Bertocchini.
Un descubrimiento casual
La investigadora, una apicultora aficionada, descubrió esta cualidad de los gusanos de la cera por casualidad. La investigadora del CSIC descubrió un día que los panales almacenados en su casa estaban llenos de gusanos, que habían empezado a alimentarse de los restos de miel y cera de sus abejas.
“Decidí retirar los gusanos y dejarlos en una bolsa de plástico mientras limpiaba los panales. Tras tenerlo todo listo, volví a la habitación donde estaban los gusanos y vi que estaban por todas partes, que se habían escapado de la bolsa a pesar de seguir cerrada. Así comprobé que la bolsa estaba llena de agujeros. Solo había una explicación: los gusanos habían hecho los agujeros y se habían escapado por ahí. En ese momento empezó este proyecto”, relata la científica del CSIC.
El gusano de la cera
El gusano de la cera, también conocido como gusano de la miel, es un insecto lepidóptero que puede encontrarse en cualquier lugar del mundo, y que puede llegar a medir tres centímetros de longitud en su fase larvaria. Se alimentan de la miel y la cera de las colmenas de las abejas, donde además encuentran una buena temperatura para su desarrollo.
Las larvas de este gusano tienen una expectativa de vida de entre seis y siete semanas con una temperatura óptima de crecimiento de entre 28 y 34 grados centígrados. Las larvas son capaces de producir seda y realizar el capullo en el que realizarán la última metamorfosis; su conversión en polillas..
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Referencia bibliográfica | Paolo Bombelli, Christopher J. Howe and Federica Bertocchini. Polyethylene bio-degradation by caterpillars of the wax moth Galleria mellonella. Current Biology.
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El 62,5% de la población encuestada en Colombia desecha los medicamentos caducados en la basura corriente, el 7,4% en el desagüe de los baños, y solo el 6,6% los arroja en un sitio especializado.
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Así lo evidenció Diego Quijano Prieto, estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), tras realizar encuentas a 385 personas en un hospital de primer nivel de complejidad en Bogotá.
Actualmente las normas colombianas indican que los medicamentos sobrantes se deben depositar en “puntos azules”, los cuales están a cargo de entidades que los llevan hasta sitios especializados para su posterior incineración. “Encontramos que la mayoría de los pacientes no conoce los puntos azules, pero cuando se les pregunta si desechar los medicamentos vencidos en el desagüe o en los basureros puede ser perjudicial para el medioambiente o para las personas, sí considera que puede afectar a cualquiera de los dos”, comenta el estudiante Quijano.
En cuanto a los medicamentos sin utilizar que no están vencidos, la encuesta también mostró que el 64% de las personas los arrojan a la basura, el 8% en el desagüe y solo el 3,1% en un sitio especializado. Al preguntarles a los pacientes por qué desechaban medicamentos que aún no estaban caducados, el 40% respondió que mejoraron antes de terminar el tratamiento y el 17% reconoció que les recetaron más de lo necesario.
“Vale la pena cuestionarnos si las personas están siendo bien recetadas, si están teniendo adherencia al tratamiento y si les están dando un uso correcto de los medicamentos”, agregó el investigador Quijano.
Se requiere ecofarmacovigilancia
Por su parte, José Orozco y Esperanza Holguín, docentes de Farmacología de la U.N., explican que incluso muchos laboratorios farmacéuticos producen más medicamentos de los que logran vender, dejando remanentes. “Muchos principios activos de los medicamentos llegan al medioambiente y se mantienen allí. En el agua de consumo humano también se han encontrado en cantidades muy bajas. Varios estudios indican que esas cantidades tan pequeñas de medicamentos logran producir efectos importantes en algunas especies distintas a los humanos, como los microorganismos y peces”, agregó el docente Orozco.
Este se ha convertido en un tema de interés para la comunidad científica que ha venido utilizando el término “ecofarmacovigilancia” haciendo referencia a la necesidad de vigilar los efectos adversos de los medicamentos en el ambiente..
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La Fundació Residus i Consum, Amigos de la Tierra y Surfrider Foundation Europe reclaman la prohibición de la distribución de las bolsas gratuitas de un solo uso. Los países de la Unión Europea tienen sobre la mesa a lo largo de este año la transposición de la Directiva en la que se han de incluir medidas para reducir el consumo de estas bolsas de usar y tirar.
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Los estados miembros de la UE, España incluida, solo tienen 4 meses para aprobar la transposición de la Directiva (UE) 2015/720, del Parlamento Europeo y del Consejo, aprobada el 29 de abril de 2015, para la reducción de las bolsas de plástico de un solo uso. Noviembre es el mes en el que España tendrá que definir objetivos y medidas para la reducción, y posible prohibición, de este objeto de consumo cotidiano: la bolsa de plástico de un solo uso. Sin embargo, se acercan los plazos y todavía no se ha tomado ninguna medida, mientras algunos países vecinos ya se han puesto en marcha, como Italia o Francia.
Anualmente en Europa se utilizan más de 100 mil millones de bolsas de plástico; se considera que en los últimos 10 años el consumo de este objeto se ha incrementado en un 47%. Según los últimos datos disponibles de Cicloplast, en España, cada ciudadano consume de media al año 238 bolsas de plástico: más de 97.000 toneladas, de las que apenas se recicla el 10%. De hecho, la mayoría de las bolsas terminan en vertederos, incineradoras o como residuos en el medio acuático. Las bolsas son objetos de uso cotidiano con una vida útil media muy reducida estimada en unos 12 minutos. Sin embargo, su coste ambiental es muy elevado: es un derivado del petróleo, se consume agua y energía para su producción y distribución y permanece en el entorno durante siglos. Sin olvidar los efectos directos sobre la fauna marina: se estima que son causa de muerte de unos 100.000 mamíferos marinos cada año.
Con ocasión del Día Internacional sin bolsas de plástico, celebración promovida por la Fundació Residus i Consum, los colectivos ecologistas solicitan una legislación incisiva, como la prohibición de la distribución gratuita de las bolsas de plástico de un solo uso a nivel nacional y la puesta en marcha de acciones autonómicas contundentes para reducir de forma efectiva las bolsas de plástico de un solo uso. Sin ir más lejos, en Marruecos y Francia, ya cuentan con una ley para prohibir las bolsas de plástico que ha entrado en vigor el 1 de julio de este año.
En la actualidad, el Programa Estatal de Prevención de Residuos se limita a recomendar a las administraciones locales realizar acuerdos voluntarios y acciones de sensibilización ciudadana. Por otro lado, el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos hace referencia a la transposición de la Directiva europea, 2015/720 todavía en proceso de elaboración. A nivel autonómico en Catalunya está en trámite una ley que prohibirá la distribución gratuita de bolsas de plástico a todos los establecimientos de cualquier actividad. La prohibición de la distribución gratuita es la medida más efectiva para cumplir con los objetivos de la Directiva Europea para la reducción de las bolsas de plástico de un solo uso. Además se deben implantar otras medidas complementarias como: políticas de apoyo a los comerciantes para facilitar y premiar el buen hacer, fomento del uso de bolsas reutilizables, preferiblemente de tela orgánica y eliminación de las bolsas de plástico en grandes superficies para la adquisición de fruta y la verdura entre otras.
Con el fin de dar visibilidad a la problemática e incrementar la sensibilidad ciudadana en el territorio español tendrán lugar acciones en varias comunidades autónomas de impulso y apoyo a las políticas de mitigación de este impacto. Surfrider España en el marco de los eventos de San Sebastián 2016 Ciudad Europea de la Cultura y su campaña europea ban the bag propondrá una pesca de residuos en un antiguo atunero y un workshop con un artista de vasco, que realizará una instalación sobre el impacto de la basura marina en un mamífero: la ballena. Fundació Prevenció de Residus i Consum organiza una acción en un mercado de Barcelona que ha conseguido reducir las bolsas en más de un 50% a través de una campaña en la que se han dejado de dar gratis. Se fotografiará a consumidores y comerciantes que usen alternativas reutilizables a la bolsa de plástico. Y se facilitarán bolsas reutilizables sin asas ideales para substituir las bolsas de plástico pequeñas que tanto se usan en frutas y verduras, otro de los retos para eliminar de nuestras vidas el plástico de usar y tirar..
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El consumo de agua embotellada, un hábito cada vez más extendido en el Planeta, conlleva impactos pocas veces advertidos. La dilapidación de recursos en la producción, en el transporte y, sobre todo, en el destino de los recipientes plásticos en los que se comercializa, que en una elevada proporción termina en los vertederos y en el mar, son algunos de ellos. Además, el agua envasada no tiene por qué ser más sana que la del grifo, a pesar de que su coste llega a ser mil veces superior.
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Uno de los símbolos de una vida saludable para muchas personas es, hoy por hoy, un icono de hábitos no sostenibles en muchos lugares, entre ellos universidades de todo el mundo. Es por ello que Joserra Díez, Arantza Rico e Iñaki Antigüedad plantearon un proyecto con el objetivo de obtener una visión nítida sobre el consumo de agua embotellada y sobre la accesibilidad al agua de grifo en la Universidad del País Vasco.
Esta investigación ha constado de tres etapas. En la primera se realizó una encuesta on line para conocer los hábitos de la comunidad universitaria en su conjunto y sus percepciones sobre el impacto generado. La segunda etapa consistió en la realización de una estimación aproximada sobre el volumen de compra-venta de agua embotellada en el recinto universitario (restaurantes, cafeterías, vending…). Y en la tercera se analizó la accesibilidad al agua de grifo en cada centro.
"Dado que la calidad del agua es excelente en la CAPV, una vez realizado el diagnóstico, el objetivo último que persigue este estudio es proporcionar un Plan de Trabajo a las autoridades universitarias, con una hoja de ruta progresiva para su implementación efectiva mediante el desarrollo de medidas activas que minimicen y/o erradiquen el consumo de agua embotellada en aras de un futuro más sostenible", explican los investigadores.
El consumo de agua embotellada en el estado español asciende a 5.647 millones de litros (ANEABE, 2008). En los últimos años, a nivel mundial, se ha advertido una tendencia contraria al crecimiento espectacular registrado en las décadas anteriores, si bien la Agencia Internacional de Aguas Embotelladas atribuye esta caída a la recesión económica, más que a la labor realizada por grupos de presión e instituciones concienciadas a favor del consumo de agua de grifo. De forma incipiente, en unas pocas facultades y establecimientos hosteleros de la propia UPV/EHU en el campus de Gipuzkoa ya se han adoptando medidas para favorecer el consumo de agua de grifo y evitar el uso del agua embotellada. De hecho, cada vez son más las voces en muchos lugares del mundo que reivindican el consumo de agua de grifo por ser más eficiente desde el punto de vista energético (producción, transporte, reparto…) y más sostenible desde numerosas perspectivas.
Plan de trabajo
Tras el estudio, proponen algunos de los pasos posibles a realizar:
- Instalación de al menos un grifo de suficiente altura que facilite el rellenado de las botellas reutilizables en cada baño de cada facultad o centro.
- Instalación de fuentes de agua en lugares comunes de campus y pasillos de facultades.
- Proporcionar a cada miembro de la comunidad universitaria un recipiente de material reciclado para su uso en el día a día, mediante su rellenado.
- Proporcionar a todas las cafeterías y restaurantes agua de grifo en jarras de cristal corporativas, como ya se ha realizado en el campus de Gipuzkoa.
- Eliminación de dispensadores de agua refrigerada. Aunque estos contenedores son presumiblemente reciclados, el transporte de agua desde puntos lejanos, el gasto de energía eléctrica para su refrigeración y el dispendio de vasos de plástico de un solo uso para su consumo convierten a estos dispensadores en el primer objetivo a eliminar.
- Eliminación de aquellas máquinas de vending que suministren únicamente agua embotellada..
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