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Los bosques tropicales pueden aguantar el calor, hasta cierto punto

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Un estudio internacional ha analizado medio millón de árboles en 813 bosques tropicales del mundo. Para calcular los cambios en el almacenamiento de carbono fue necesario identificar cerca de 10.000 especies de árboles y más de dos millones de mediciones de diámetro de los árboles, en 24 países tropicales.
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Los bosques tropicales enfrentan un futuro incierto debido al cambio climático, pero una nueva investigación publicada en Science sugiere que en un mundo más cálido pueden continuar almacenando grandes cantidades de carbono, si los países limitan las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los árboles de los bosques tropicales del mundo almacenan una cantidad de carbono equivalente a un cuarto de siglo de emisiones por combustibles fósiles. Se teme que el calentamiento global pueda reducir este almacenamiento si el crecimiento de los árboles se reduce o su muerte aumenta, lo que aceleraría el cambio climático.

Un equipo internacional de investigadores midió más de medio millón de árboles en 813 bosques tropicales de todo el mundo, para evaluar cuánto carbono almacenan los bosques que crecen en diferentes condiciones climáticas.

El equipo revela que a altas temperaturas los bosques tropicales continúan almacenando altos niveles de carbono, lo que demuestra que a largo plazo estos bosques podrán aguantar el aumento de calor hasta un umbral de 32 grados centígrados de temperaturas diurnas.

Sin embargo, este hallazgo positivo solo es posible si los bosques tienen tiempo para adaptarse, permanecen intactos y si el calentamiento global se limita para evitar llevar las temperaturas globales a condiciones más allá de este crítico umbral.

El autor principal, Martin Sullivan, de la Universidad de Leeds y de la Universidad Metropolitana de Manchester, asegura que el análisis "revela que hasta cierto punto de calentamiento, los bosques tropicales son sorprendentemente resistentes a pequeñas diferencias de temperatura". "Si limitamos el cambio climático, pueden continuar almacenando una gran cantidad de carbono en un mundo más cálido", agrega. No obstante , "el umbral de 32 grados destaca la extrema importancia de reducir urgentemente nuestras emisiones para evitar empujar demasiados bosques más allá de la zona de seguridad."

"Por ejemplo, si limitamos el aumento de las temperaturas promedio globales a solo 2°C por encima de los niveles preindustriales, esto empujaría a casi tres cuartos de los bosques tropicales por encima del umbral de calor que identificamos. Cualquier aumento de temperatura adicional conducirá a pérdidas rápidas de carbono forestal", continúa.

Los bosques liberan dióxido de carbono a la atmósfera cuando la cantidad de carbono almacenada durante el crecimiento de los árboles es menor que la perdida por la mortalidad y la descomposición de los árboles.

El estudio es el primero en analizar la sensibilidad climática a largo plazo basada en la observación directa de bosques enteros a través de los trópicos. La investigación sugiere que, a largo plazo, la temperatura tiene el mayor efecto en las reservas forestales de carbono, al reducir el crecimiento; la sequía es el segundo factor clave al matar árboles. Los investigadores concluyen que los bosques tropicales tienen una capacidad para adaptarse a algunos cambios climáticos a largo plazo, en parte debido a su alta biodiversidad, ya que las especies arbóreas más capaces de tolerar nuevas condiciones climáticas crecen bien y a largo plazo pueden reemplazar especies menos adaptadas. Pero maximizar esta potencial resiliencia climática depende de mantener los bosques intactos.

Proteger y conectar los bosques

La profesora Beatriz Marimon, de la Universidad Estatal de Mato Grosso en Brasil, coautora del artículo, estudia algunos de los bosques tropicales más cálidos del mundo situados en el centro de Brasil. Ella señaló: "Nuestros resultados sugieren que los bosques intactos pueden resistir algunos cambios climáticos. Sin embargo, estos árboles tolerantes al calor también enfrentan amenazas inmediatas de incendios y fragmentación". "Para lograr la adaptación climática, es necesario proteger y conectar los bosques que quedan", concluye.

Los conocimientos sobre cómo los bosques tropicales del mundo responden al clima solo fueron posibles con décadas de cuidadoso trabajo de campo, a menudo en lugares remotos. El equipo global de 225 investigadores combinó observaciones forestales en América del Sur (RAINFOR), África (AfriTRON) y Asia (T-FORCES). En cada parcela de monitoreo, se usó el diámetro de cada árbol y su altura para calcular cuánto carbono almacenaban. Las parcelas se revisitaron cada pocos años para ver cuánto carbono se estaba absorbiendo y cuánto tiempo se almacenaba antes de que los árboles murieran.
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Mirando los bosques lluviosos tropicales con nuevos ojos


Un nuevo estudio utiliza sensores en aeroplanos para cuantificar los rasgos químicos de las plantas y mejorar los modelos de ciclo del carbono en los bosques tropicales.
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Un equipo internacional de científicos dirigido por la Universidad de Arizona utilizó tecnología punta en teledetección para medir la biodiversidad de árboles desde la cuenca baja del Amazonas hasta las montañas de los Andes en Perú para entender cómo los bosques tropicales responderán al cambio climático.

Los investigadores utilizaron los mapas realizados por el Observatorio Global de la Universidad Estatal de Arizona o GAO para demostrar que, al combinar las mediciones tradicionales de carbono en terreno con las mediciones de teledetección de los rasgos de las plantas, es posible predecir el papel que juegan los bosques tropicales en el ciclo del carbono.

"Este trabajo es importante porque es difícil obtener mediciones en algunos de estos lugares remotos", dijo Sandra Durán, investigadora postdoctoral en la Universidad de Arizona y autora principal del artículo publicado en Science Advances. "Existe un interés muy alto en predecir cuánto carbono puede ser capturado por los bosques tropicales. En nuestro estudio mostramos que estas mediciones de teledetección de los rasgos de las plantas tienen el potencial de predecir los flujos de carbono en uno de los bosques más diversos del mundo".

La capacidad de un árbol para crecer y sobrevivir se ve afectada por rasgos como la concentración de nutrientes y las defensas en sus hojas. Si bien los investigadores han medido estos rasgos en bosques alrededor del mundo, existe poca información de rasgos químicos de plantas en áreas tan diversas como los bosques altoandinos. Como consecuencia se tiene poca información del efecto de la diversidad de árboles en el funcionamiento de los bosques tropicales.

Durán y sus colaboradores utilizaron mapas GAO de los rasgos de las plantas para cuantificar la diversidad de la química de las plantas, o la diversidad funcional, que no es visible a simple vista. Estas mediciones les permitieron ver cómo la diversidad funcional puede predecir las tasas de captura de carbono en los bosques tropicales a lo largo de un gradiente amplio de temperaturas y elevaciones.

"Esta nueva tecnología de teledetección nos permite ver el funcionamiento del bosque bajo una nueva luz", dijo Brian Enquist, profesor de ecología y biología evolutiva de la Universidad de Arizona. "Estos sensores crean un mapa continuo de la variación química de las plantas, incluso en áreas muy remotas donde sería casi imposible obtener información usando protocolos tradicionales de terreno. Estos mapas permiten mejorar los modelos actuales de cómo los árboles tropicales responderán a cambios ambientales en áreas desde pequeñas parcelas hasta regiones muy grandes en el piedemonte Amazónico".

Greg Asner, co-autor e investigador principal de GAO, dijo: "Nuestros mapas de rasgos químicos del dosel de los bosques tropicales se han utilizado para muchos propósitos en los últimos 10 años, pero esta aplicación reciente, es nueva y no sólo nos permite entender los factores responsables del ciclo de carbono en bosques, sino que también nos abre las puertas para evaluar el uso de nuestro enfoque para mapear los bosques tropicales del mundo".

Otros autores que hacen parte del estudio son Yavinder Malhi de la Universidad de Oxford en Inglaterra, Roberta Martin de la Universidad Estatal de Arizona e investigadores de otras instituciones como la Universidad de Wake Forest, la Universidad Católica del Perú, Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de California en Los Ángeles.
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ETIQUETASClimaCambio ClimáticoEcologíaContaminaciónMedio Ambiente

Los bosques europeos son cada vez más vulnerables a los vientos, incendios y plagas de insectos

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Un equipo internacional de investigadores ha identificado los principales factores de vulnerabilidad a la crisis climática de los bosques europeos. Los datos aportados por los algoritmos contribuyen a mejorar la gestión de dichos ecosistemas naturales.
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El Joint Research Center (JRC, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea lidera una investigación –que cuenta con la participación del Max Planck Institute, la Universidad de Florencia, la Universidad de Helsinki y la Universidad de Valencia– que aborda los crecientes riesgos relacionados con el clima en los bosques europeos.

El trabajo explota un gran volumen de datos satelitales y ambientales y, con la ayuda del aprendizaje automático, identifica los principales factores que aumentan la vulnerabilidad al calentamiento global de los bosques europeos.

Los algoritmos muestran que el 60 % de los bosques europeos son cada vez más vulnerables al efecto de los vientos, los incendios y las plagas de insectos. Los algoritmos también dan muestra de las características que hacen a cada tipo de bosque más o menos resiliente, lo que podría contribuir a una mejor gestión de estos ecosistemas naturales de cara a mejorar su capacidad de resistencia.

Más de la mitad de la biomasa forestal de Europa podría perderse en pocas décadas debido a perturbaciones naturales provocadas por el clima, como incendios o brotes de insectos, según informa el estudio publicado en Nature Communications.

Los bosques siempre se han visto afectados por perturbaciones como incendios, vientos fuertes y brotes de plagas naturales, pero el cambio climático y la transformación en los usos del suelo pueden incrementar estas amenazas. De aquí la importancia de cuantificar la vulnerabilidad de los bosques a tales perturbaciones, así como sus tendencias a lo largo del tiempo y sobre grandes escalas geográficas como el continente europeo.

Algoritmos, datos de satélite y perturbaciones

El estudio cuantifica y mapea la vulnerabilidad de los bosques europeos a estas tres perturbaciones –fuego, viento y brotes de plagas de insectos–, entre 1979 y 2018, mediante la integración de datos de perturbaciones y observaciones satelitales y el uso extensivo de algoritmos de aprendizaje automático (machine learning). Se calcula la vulnerabilidad en base a la cantidad de biomasa forestal que se pierde después de una perturbación determinada.

Los autores estiman que casi el 60 % de la biomasa forestal europea –más de 33 mil millones de toneladas– es muy sensible a las ráfagas de viento intenso, incendios, brotes de insectos o una combinación de estos.

En particular, la vulnerabilidad a los brotes de insectos ha aumentado en las últimas décadas, y lo ha hecho especialmente en los bosques del norte que se calientan más rápidamente, como en partes de Escandinavia y Rusia, que han experimentado aumentos en la vulnerabilidad a los insectos de alrededor del 2% por década.

La metodología propuesta parte de un enfoque de aprendizaje automático basado exclusivamente en datos –observaciones de la Tierra, variables climáticas, y base de datos de perturbaciones forestales– y, por lo tanto, es reproducible y aplicable a gran escala.

“El aprendizaje automático ha jugado un papel importante en este estudio”, comenta Gustau Camps-Valls, coordinador del grupo Image and Signal Processing (ISP), en el IPL de la Universidad de Valencia, premiado con dos proyectos ERC en este campo.

“Entrenamos algoritmos con cantidades masivas de datos para predecir las vulnerabilidades forestales en Europa durante los últimos 40 años. Esto no se podría haber hecho con los enfoques estadísticos tradicionales, o al menos con esa precisión. Y después analizamos e interpretamos estos datos para responder a por qué y cuándo los bosques se vuelven más vulnerables”, señala Camps.

“Lo hicimos mediante una estrategia novedosa para clasificar esos impactos en espacio y tiempo, de modo que obtuvimos medidas robustas de la relevancia relativa de cada variable”, añade.

Vulnerabilidad por tipo de bosque

El estudio identifica las propiedades estructurales de cada bosque según el clima local y las condiciones topográficas, factores que influyen en la vulnerabilidad de las masas forestales a las perturbaciones.

Concluye, por ejemplo, que los rodales con árboles más altos y viejos tienden a sufrir daños por insectos, especialmente durante las sequías. Los bosques de climas fríos de Finlandia, el norte de Europa de Rusia y los Alpes (Italia, Francia, Suiza, Austria) y, en cierta medida, los bosques cálidos y secos del interior de la Península (España, Portugal) fueron identificados como los ecosistemas particularmente frágiles; se caracterizan por una alta vulnerabilidad general a las perturbaciones naturales y una intensificación progresiva debido a los cambios climáticos.

Estos resultados permiten caracterizar las vulnerabilidades de cada tipo de bosque, así como los factores más impactantes para su salud. Los resultados podrían ayudar a mejorar las prácticas de gestión del territorio, de forma que los bosques europeos adquieran una mayor resistencia ante el actual escenario de cambio global.
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Trabajo de referencia | Forzieri, G. et al. “Emergent vulnerability to climate-driven disturbances in European forests”. Nature Communications
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Los bosques necesitan varios años para recuperarse del impacto de las sequías


El crecimiento de los árboles tras periodos de escasez de lluvias es menor al predicho por modelos de clima y vegetación. Existe un legado posterior a la sequía que reduce la capacidad de los bosques para recuperarse y almacenar carbono.
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El impacto de las sequías en los bosques es objeto constante de estudio, ya que estos ecosistemas captan grandes cantidades de carbono en forma de madera y las almacenan durante décadas. Los modelos de predicción de clima y vegetación empleados hasta el momento asumen una rápida recuperación del crecimiento después de una sequía. Sin embargo, un trabajo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que los árboles necesitan una media de dos a cuatro años para recuperar sus tasas de crecimiento tras sequías severas. El estudio se publica en la revista Science.

“El legado posterior a la sequía que hemos detectado no está recogido por los modelos globales de clima y vegetación, lo que implica que el efecto real de las sequías sobre el ciclo de carbono y sobre su regulación por parte de los bosques se subestima”, explica Jesús Julio Camarero, investigador del CSIC en el Instituto Pirenaico de Ecología. Los bosques juegan un papel fundamental en la modulación del impacto del cambio climático sobre la biosfera, puesto que retienen gran parte de las emisiones de dióxido de carbono originadas por actividades humanas mediante la fotosíntesis, y transforman y almacenan parte de ese carbono sintetizado en forma de madera. “Esta regulación del ciclo global de carbono es, por tanto, esencial para el planeta”, apunta Camarero.

Dado que se desconoce la tasa de recuperación ante una sequía en la gran mayoría de las especies arbóreas y tipos de bosques, los científicos recurrieron a una base de datos global de crecimiento radial de los árboles, el International Tree Ring Data Bank. Los anillos de los árboles permiten reconstruir su crecimiento y tener una idea de la forma en que los bosques convierten el carbono en madera a lo largo del tiempo. Recopilaron datos históricos de crecimiento y formación de madera de una selección de más de 1.300 árboles, la mayoría de ellos situados en zonas de Europa y Norteamérica. Mediante dendrocronología, la ciencia que estudia los anillos de crecimiento, los investigadores determinaron el tiempo que habían necesitado los árboles para recuperar su crecimiento tras varias sequías observadas desde mediados del siglo XX.

El estudio muestra que en la mayoría de los bosques del mundo, los árboles han tardado varios años en recobrarse después de una sequía aunque en algunos bosques de California y la región mediterránea se ha producido un crecimiento mayor de lo previsto después de que remitiese la escasez de agua. Hasta dos años después de la sequía, el crecimiento registrado es en torno a un 5% menor de lo que apuntaban modelos de clima y vegetación. Este legado posterior a la sequía puede provocar un descenso del 3% en la capacidad de fijar carbono de los bosques a lo largo del siglo XXI, afectando especialmente a bosques de pinos situados en zonas semiáridas.

“El estudio -añade Camarero- sugiere que nuestros bosques son capaces de almacenar menos carbono del que se había calculado con los modelos de clima y vegetación. Esto implica que el cambio climático puede ser también más rápido de lo que se pensaba”.
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Referencia | W. R. L. Anderegg, C. Schwalm, F. Biondi, J. J. Camarero et al. Pervasive drought legacies in forest ecosystems and their implications for carbon cycle models. Science. DOI: 10.1126/science.aab1833
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El aumento de la masa forestal se percibe como un factor negativo en las zonas rurales, pese a los beneficios que aporta

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La expansión de los bosques es una oportunidad para restaurar ecosistemas, mitigar el cambio climático y analizar la contribución de la naturaleza en nuestro bienestar La despoblación de los paisajes rurales y la migración hacia el entorno urbano está transformando el paisaje.
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La aparición de nuevas masas boscosas y el aumento de la cobertura vegetal son beneficiosos para mitigar el cambio climático ya que los bosques ayudan a retener CO2 y restaurar los ecosistemas. Sin embargo, tras un análisis de cómo nos beneficia la expansión natural del bosque y de la percepción social de estos cambios en el paisaje, Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) entre otras instituciones, han detectado que, en zonas rurales, este cambio se percibe como algo negativo mientras que en las áreas más urbanas la percepción es positiva.

Las tierras que se cultivaban en la década de 1950 han sido invadidas en los últimos años por un crecimiento espontáneo de los bosques. ¿Cuál es el motivo principal? Tanto la despoblación y la migración de personas hacia las áreas urbanas, como la política agraria de la Unión Europea han tenido un fuerte impacto en los ecosistemas naturales y en las personas que dependen de ellos. En este trabajo se ha evaluado, por un lado, la expansión forestal en antiguas tierras de cultivo y, por otro lado, la densificación forestal en los bosques desde 1950.

El artículo describe los efectos del crecimiento espontáneo de los bosques en cuatro áreas repartidos entre dos zonas rurales y dos zonas periurbanas de España y Francia. “En España, nos hemos centrado en las zonas rurales del Parque Natural del Alto Tajo y el pre-pirineo catalán y, en el caso de las zonas periurbanas, en el área metropolitana de Barcelona y en la zona entre la ciudad de Burdeos y la cuenca de Arcachon, en Francia”, contextualiza el investigador del MNCN, Andrés Bravo. Cada caso incluye un conjunto de arboledas en crecimiento establecidas espontáneamente y dominadas por una especie arbórea concreta.

“Para realizar el análisis de los cambios ocasionados por este crecimiento de los bosques, hemos usado 10 de las 18 variables incluidas dentro del listado de los beneficios que la naturaleza aporta a las personas (NCP por sus siglas en inglés)”, explica Bravo. Los NCP incluyen todas las contribuciones, tanto positivas como negativas, que la naturaleza proporciona y que están asociadas a nuestra calidad de vida. Estas variables las establece la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

El crecimiento forestal es una realidad para muchas comunidades

Estas transformaciones paisajísticas han beneficiado la provisión de energía y la regulación del clima, pues los bosques funcionan como sumideros de carbono, sobre todo en el caso de los bosques nuevos que han crecido en antiguas tierras de cultivo. Sin embargo, la acumulación de biomasa ha sido vista como un factor de riesgo de incendios entre las partes interesadas a las que se ha entrevistado.

Los NCP inmateriales, es decir, aquellos relacionados con aspectos subjetivos, dependen del contexto en el que nos encontremos, por lo que se aprecian diferencias entre las áreas rurales y periurbanas. En las primeras, la densificación se percibe negativamente entre el sector agrícola y forestal porque es el reflejo del problema social que supone la despoblación en las áreas rurales que se asocia con la pérdida de identidad y herencia cultural, mientras que, en las segundas, se percibió un aumento de las experiencias físicas y psicológicas positivas.

A la vista de estos resultados, el crecimiento espontáneo de los bosques es importante para la regulación climática aunque existe disparidad en la valoración y percepción de otros beneficios entre distintos sectores de la población. Raquel Alfaro-Sánchez y Josep Maria Espelta investigadores del Centro de investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) apuntan que este es el punto de partida y que queda mucho por estudiar y profundizar en el tema. Es imprescindible aumentar la comunicación con la población que está más en contacto con la naturaleza para mostrarle las mejoras que supone un aumento de la masa forestal y que su percepción sea más positiva, a la vez que se conciencia en áreas urbanas de la importancia que tiene para la sociedad mantener los paisajes rurales.

“La ciudadanía debe conocer las funciones ecológicas del crecimiento forestal y su potencial para proporcionar NCP así como integrar a las partes interesadas y a la población en la gobernanza del paisaje local”, concluyen Irene Martín-Forés y Fernando Valladares coordinadores del estudio en el MNCN.
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Trabajo de referencia | I. Martín-Forés, S. Magro, A. Bravo-Oviedo, R. Alfaro-Sánchez, J.M. Espelta, T. Frei, E. Valdés-Correcher, C. Rodríguez Fernández-Blanco, G. Winkel, G. Gerzabek, S.C. González-Martínez, A. Hampe, F. Valladares (2020) Spontaneous forest regrowth in South-West Europe: consequences for nature’s contributions to people. People and Nature DOI: https://doi.org/10.1002/pan3.10161 https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/pan3.10161
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La FAO presenta un estudio detallado de los árboles, bosques y el uso de la tierra en las zonas áridas del planeta


Se trata de una valiosa herramienta para las políticas e inversiones orientadas al desarrollo sostenible y frente al cambio climático.
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Un nuevo estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ayuda a subsanar una notable carencia de información relativa a la presencia y extensión de los bosques y los árboles en las zonas áridas del mundo, donde la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas, ya de por sí precarias, se ven cada vez más amenazados por el cambio climático.

Los resultados preliminares del estudio –que se completará a finales de este año- publicado hoy indican que existen árboles en densidades muy variables en casi un tercio de los 6.100 millones de hectáreas de tierras áridas que hay en el mundo. Se trata de un área de más del doble del tamaño de África, y casi el 18 por ciento de esta superficie está cubierta de bosques.

Se estima que en las zonas áridas viven cerca de 2.000 millones de personas, el 90 por ciento de los cuales se encuentran en los países en desarrollo. Estudios recientes han indicado la necesidad de restaurar estas áreas para hacer frente a los efectos de la sequía, la desertificación y la degradación de la tierra.

En particular, se espera que la disponibilidad de agua en las tierras áridas disminuya aún más debido a los cambios en el clima y el uso del suelo. Las personas pobres que viven en zonas rurales remotas serán las más vulnerables a la escasez de alimentos que, combinada con la violencia y la agitación social, son ya factores importantes que fuerzan a la migración en las regiones áridas de África y Asia occidental.

Hasta ahora existía poca información estadística sobre los árboles en las zonas áridas –en particular los que crecen fuera de los bosques- a pesar de su importancia vital para los seres humanos y el medio ambiente.

Las hojas y los frutos de los árboles son una fuente de alimento para las personas y de forraje para los animales; su madera proporciona combustible para cocinar y calentar y puede ser una fuente de ingresos para los hogares pobres; los árboles protegen los suelos, los cultivos y los animales del sol y el viento, mientras que los bosques albergan a menudo una rica biodiversidad.

Las nuevas tecnologías permiten un estudio a gran escala en un tiempo récord

Como primera evaluación basada en el muestreo estadístico del uso de la tierra en zonas áridas del mundo, el estudio de la FAO permite contar con una base para monitorear los cambios en los bosques, la cubierta arbórea (con su densidad) y el uso de la tierra en las zonas áridas. Ofrece a los gobiernos, donantes y otras partes interesadas en el desarrollo sostenible una valiosa herramienta para orientar la formulación de políticas y las inversiones.

Mediante el uso de imágenes de satélite disponibles para el público a través de Google Earth Engine, Bing Maps y otras fuentes, el estudio de la FAO cuenta con información de una muestra de más de 200 000 parcelas de unas dimensiones aproximadas de 0,5 hectáreas. El error de muestreo para la estimación de la superficie forestal total de todas las tierras áridas se calcula en aproximadamente +/- 1 por ciento.

Las imágenes de satélite se han interpretado utilizando Collect Earth, una herramienta de Foris, el software gratuito de código abierto desarrollado por el Departamento Forestal de la FAO para facilitar a expertos de todo el mundo el recopilar, analizar, informar y compartir datos.

Zonas Áridas del mundo
La FAO ha subrayado el carácter participativo de la evaluación, que se llevó a cabo en una serie de cursos de capacitación a nivel regional, y con talleres de recopilación de datos organizados en colaboración con diversos socios como universidades, institutos de investigación, gobiernos y organizaciones no gubernamentales en todo el mundo. Este enfoque, junto con el uso del nuevo software desarrollado por la FAO, Collect Earth, ha permitido un estudio en profundidad que se completará en menos de un año, algo que antes resultaba impensable.

Las tierras áridas se dividen en cuatro zonas de distinta aridez (véase el mapa): la zona subhúmeda seca –la menos árida de las cuatro zonas- que consiste sobre todo en la sabana sudanesa; los bosques y pastizales de América del Sur, las estepas de Europa oriental y el sur de Siberia, y las praderas de Canadá. La mayoría de los bosques en las tierras áridas aparecen en esta región, al igual que algunas grandes superficies de agricultura intensiva de regadío, a lo largo de los ríos perennes. En el otro extremo, la zona hiperárida es la más seca y está dominada por el desierto, con el Sahara que por sí solo representando el 45 por ciento, y destacando también por su tamaño el desierto de Arabia.

El estudio indica que los pastizales constituye el 31 por ciento del uso de la tierra en las zonas áridas, los bosques el 18 por ciento, el 14 por ciento son tierras de cultivo, el 2 por ciento humedales y los asentamientos humanos representan el 1 por ciento. La parte más extensa –un 34 por ciento- viene clasificada como "otras tierras" y consiste sobre todo en suelo desnudo y roca.

Mientras que el nuevo estudio presenta conclusiones a nivel mundial y regional, la FAO quiere ayudar a adaptar la metodología para evaluaciones a nivel de país, bajo petición. Estas pueden mejorar la capacidad de los gobiernos para realizar un seguimiento de los progresos realizados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular, el ODS 15, centrado en la gestión sostenible de los bosques, combatir la desertificación, detener y revertir la degradación del suelo y frenar la pérdida de biodiversidad.

Restaurar los ecosistemas frágiles en las tierras áridas

La metodología del estudio ya está siendo utilizado para la evaluación y el seguimiento de base en el proyecto implementado por la FAO, "Acción contra la desertificación", una iniciativa del Grupo de Estados de África, del Caribe y del Pacífico (ACP).

Durante cuatro años, y hasta 2019, el grupo ACP, la Unión Europea, la FAO, la Comisión de la Unión Africana y otros socios apoyarán a seis países africanos -Burkina Faso, Etiopía, Gambia, Níger, Nigeria y Senegal-, así como a Fiji y Haití a mejorar las condiciones y la productividad de las tierras afectadas por la degradación, la sequía y la desertificación.
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Datos básicos

Un vistazo a algunas de las conclusiones preliminares de la Evaluación mundial de las zonas áridas de la FAO:

• Las zonas áridas del mundo comprenden 1.110 millones de hectáreas de bosques, lo que supone el 27 por ciento de la superficie forestal mundial, estimada en aproximadamente 4 000 millones de hectáreas.

• Dos tercios de la superficie forestal de las tierras áridas pueden definirse como densas, lo que significa que tienen una canopia cerrada (es decir, una cubierta de copas superior al 40 por ciento).

• Los pastizales ocupan la segunda posición en el uso de la tierra en las zonas áridas (31 por ciento), seguidos por los bosques (18 por ciento) y tierras de cultivo (14 por ciento). La categoría “otras tierras” supone un 34 por ciento.

• Las zonas menos áridas poseen la mayor parte de los bosques. La proporción de tierras forestales es de 51 por ciento en la zona subhúmeda seca, un 41 por ciento en la zona semiárida, un 7 por ciento en la zona árida y 0,5 por ciento en la zona hiperárida. La densidad media de cubierta de copas es diez veces mayor en la zona subhúmeda seca que en la zona hiperárida.

• Los árboles fuera del bosque están presentes en 1 900 millones de hectáreas de zonas áridas (un 31 por ciento del total), si se incluye toda la tierra con cobertura de copas superior al 0 por ciento. El treinta por ciento de las tierras de cultivo y pastizales tienen al menos algo de cobertura de copas, al igual que el 60 por ciento de las tierras clasificadas como asentamientos humanos.
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Un equipo de científicos determina cuánto calor combinado con sequía es demasiado para los bosques

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Un estudio ha compilado la primera base de datos global de eventos de mortalidad forestal inducidos por el clima, desde 1970 hasta 2018, en 675 ubicaciones. Los autores concluyen que limitar el calentamiento de la Tierra determinará la supervivencia de muchos de sus bosques.
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¿Qué tan caliente es demasiado caliente y qué tan seco es demasiado seco para los bosques de la Tierra? Un estudio de un equipo internacional de investigadores encontró las respuestas al observar durante décadas árboles en proceso de morir.

Publicado en la revista científica Nature Communications, el estudio compila la primera base de datos global de eventos de mortandad de bosques, georreferenciados con precisión, en 675 lugares que datan desde 1970. El trabajo, que abarca todos los continentes arbolados, compara esa información con los datos climáticos existentes para determinar las condiciones climáticas de calor y sequía que han causado estos episodios documentados de mortalidad de árboles.

“En este estudio, estamos dejando que los bosques de la Tierra hablen”, afirma William Hammond, ecofisiólogo de plantas de la Universidad de Florida, quien dirige el estudio. “Recopilamos datos de estudios anteriores que documentan dónde y cuándo murieron los árboles, y luego analizamos cuál era el clima durante los eventos de mortalidad, en comparación con las condiciones a largo plazo”. Después de realizar el análisis climático de los años relacionados a los eventos de mortalidad forestal observados, señalan los autores, fue evidente un patrón.

“Lo que descubrimos fue que, a escala global, existe un patrón consistentemente más cálido y seco, lo que llamamos una huella inconfundible (como una “huella digital”) de sequías más calientes, que puede mostrarnos cuán inusualmente cálido o seco tiene que ser para que los bosques estén en riesgo de muerte”, describe Hammond.

La huella inconfundible que dejan estos eventos de mortalidad, dice, muestra que ocurrieron consistentemente cuando los meses típicamente más cálidos y secos del año se volvían aún más cálidos y secos.

“Nuestra huella inconfundible de sequías más cálidas reveló que la mortalidad forestal global está relacionada con extremos climáticos intensificados”, subrayan los autores. “Usando los datos del modelo climático, estimamos la frecuencia con la que ocurrirán estas condiciones climáticas letales en un escenario de un mayor calentamiento, en comparación con el clima de la era preindustrial: desde 22% más frecuentes si hay un incremento de 2°C, hasta 140% más frecuente si el incremento es de 4°C. Esas temperaturas más altas duplicarían con creces la frecuencia con la que los bosques de todo el mundo experimentan sequías letales para los árboles", agrega.

“Las plantas hacen un trabajo fenomenal al capturar y secuestrar carbono”, añade Hammond. “Pero la muerte de las plantas no sólo impide que realicen esta función crítica de captura de carbono, sino que las plantas también comienzan a liberar carbono a medida que se descomponen”.

Los investigadores dicen que depender, en parte, de los árboles y otras plantas para capturar y secuestrar carbono, como sugieren algunas soluciones climáticas propuestas, hace que sea fundamental comprender qué tan caliente es 'demasiado caliente' y qué tan seco es 'demasiado seco': “De lo contrario, los eventos de mortalidad, como los incluidos en nuestra base de datos, pueden acabar con las ganancias de captura de carbono proyectadas”.

El papel del calentamiento en la mortalidad forestal

En el estudio “Observaciones de mortalidad forestal a lo largo del globo revelan la huella que dejan episodios de sequía más cálidos en los bosques de la Tierra” (Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests) participa también Rosana López, del Departamento de Sistemas y Recursos Naturales de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid.

Los bosques y montes de la Península Ibérica son particularmente vulnerables al cambio global, como atestiguan los cada vez más frecuentes eventos de mortalidad que observamos en extensos pinares de Pinus pinaster en la meseta castellana, Pinus sylvestris en los pre Pirineos y Pinus halepensis en el sudeste peninsular. Ni siquiera el pino canario (Pinus canariensis), gran superviviente a las erupciones volcánicas, como la ocurrida el año pasado en La Palma, y que es una de las pocas especies de pino con capacidad de rebrotar, es ajeno.

Los espectaculares pinares de la corona forestal que rodea al Teide experimentan desde hace unos años un fenómeno de decaimiento generalizado. Para paliar estos efectos y a falta de medidas más contundentes que frenen el calentamiento global, la “gestión forestal adaptativa se presenta como una herramienta fundamental para el futuro de nuestros bosques”, afirma la investigadora de la UPM.

Otro de los coautores del trabajo, Cuauhtémoc Sáenz-Romero de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en México, ofrece un ejemplo de cómo los patrones climáticos recientes están afectando un bosque templado mexicano. “En los últimos años, la temporada seca y cálida de marzo a mayo es aún más seca de lo habitual, pero también más cálida que nunca”, dijo. “Esta combinación está generando mucho estrés en los árboles antes de la llegada de la próxima temporada de lluvias de junio a octubre. Por ejemplo, en 2021, más de 8000 árboles maduros fueron muertos por escarabajos descortezadores en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en el centro de México. El efecto de la corriente del Océano Pacífico de La Niña resultó en condiciones más secas y cálidas; una combinación mortal que favoreció los brotes de plagas”.

Hammond también ha desarrollado una aplicación interactiva en el sitio web de la Red Internacional de Mortalidad de Árboles (International Tree Mortality Network) para alojar la base de datos en línea y permitir que otros usuarios incorporen observaciones adicionales de mortalidad forestal a la base de datos.

La organización, fundada y coordinada por el coautor Henrik Hartmann del Instituto Max Planck en Alemania, entre otros, es un esfuerzo de colaboración entre científicos de todos los continentes arbolados y tiene como objetivo coordinar los esfuerzos de investigación internacional sobre eventos de extinción forestal. Hammond es el líder del grupo de gestión de datos de la red.

“Esperamos que este documento genere un poco de urgencia en torno a la necesidad de comprender el papel del calentamiento en la mortalidad forestal”, señalan los autores. “Además, esperamos que nuestra base de datos de acceso abierto permita estudios adicionales, incluidas otras huellas inconfundibles climáticas desde escalas locales a regionales. Las comunidades actuales de investigación de modelos climáticos y sensores remotos necesitan conjuntos de datos verificados en el terreno para validar sus predicciones de procesos importantes como la mortalidad forestal. Uno de los elementos realmente importantes de este estudio fue reunir todos estos datos por primera vez, para que podamos hacer una pregunta como ésta a escala planetaria”.
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Trabajo de referencia | “Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests” nature.com/articles/s41467-022-29289-2. Además de Hammond, Sáenz-Romero y Hartmann, también es coautor A. Park Williams, Universidad de California, Los Ángeles; John Abatzoglou, Universidad de California, Merced; Henry D. Adams, Universidad Estatal de Washington; Tamir Klein, Instituto de Ciencias Weizmann; Rosana López, Universidad Politécnica de Madrid, España; David D. Breshears, Universidad de Arizona; y Craig D. Allen, Universidad de Nuevo México.
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En los trópicos caen más de 100 millones de rayos al año

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Los científicos creen que alterarán radicalmente los bosques y otros ecosistemas en la región entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio
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Investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) en Panamá han publicado en Global Change Biology impresionantes mapas que muestran la ubicación de impactos de rayos en los trópicos. Basado en datos de tierra y satélite, estiman que más de 100 millones de estos impactos en tierra al año alterarán radicalmente los bosques y otros ecosistemas en la región entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio.

"Los rayos influyen en la capacidad de los bosques para almacenar biomasa y, por lo tanto, carbono, porque tienden a impactar los árboles más grandes", comentó Evan Gora, becario postdoctoral en STRI que recientemente terminó su doctorado en la Universidad de Louisville. "Y los rayos también pueden ser muy importantes en los ecosistemas de sabana".

Debido a que los rayos son tan difíciles de estudiar, se han pasado por alto como agentes de cambio en los bosques tropicales, donde los investigadores enfocan su energía en perturbaciones más obvias como sequías, incendios y fuertes vientos.

En un estudio anterior, el primero en examinar los efectos de los rayos en un paisaje de bosque tropical, el mismo equipo descubrió que en un bosque panameño, los rayos probablemente matan a la mitad de los árboles más grandes. El ecologista tropical Steve Yanoviak, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Louisville que estudiaba hormigas en el dosel del bosque tropical, y a menudo pensaba en el papel de los rayos mientras trepaba árboles, invitó a los investigadores de rayos Jeffrey Burchfield y Phillip Bitzer de la Universidad de Alabama en Huntsville a instalar detectores de rayos en la Estación de Investigación de STRI en Isla Barro Colorado.

"Descubrimos que, en promedio, un rayo impacta un total de 23.6 árboles y mata a 5.5 de estos árboles en un año", comentó Yanoviak.

Ahora el equipo se pregunta cómo los rayos afectan los ecosistemas tropicales en todas partes. Gora dirigió el esfuerzo de mapear los recuentos de rayos basados en imágenes de la Red Global de Rayos de Earth Networks (ENGLN) en un mapa de ecosistemas tropicales creado usando categorías de cobertura terrestre del Programa Internacional de Geosfera-Biosfera y el Espectro-radiómetro de Resolución Moderada (MODIS) de modelado climático.

Basado en datos satelitales sobre las ubicaciones de los impactos y los efectos sobre el terreno alrededor de 92 rayos, incluidos muchos del estudio anterior, Gora y sus colegas estimaron que los rayos dañan aproximadamente 832 millones de árboles tropicales cada año. Aproximadamente una cuarta parte de los árboles probablemente mueren a causa de sus afectaciones. Gora y sus colegas luego se preguntaron si había una conexión entre la cantidad de rayos y el tipo de ecosistema, su biomasa y las variables climáticas como la lluvia y la temperatura. Descubrieron que los rayos eran más frecuentes en bosques, sabanas y áreas urbanas que en pastizales, matorrales y tierras de cultivo.

Los bosques que experimentan más rayos cada año tienen menos árboles grandes por hectárea, tal vez porque los árboles grandes individuales en estos bosques se destacan más, tienen tasas más altas de rotación de biomasa leñosa (más biomasa arbórea muere cada año) y menos biomasa aérea total. Pero quedan más interrogantes candentes. Nadie sabe por qué algunos árboles sobreviven a los rayos mientras otros mueren, aunque es probable que los árboles hayan desarrollado formas de hacer frente a una amenaza tan común. Y, a medida que el cambio climático se acelera, el aire contaminado y caliente sobre las ciudades también puede aumentar el número de rayos allí. ¿Cuáles serán los efectos sobre la vegetación en las zonas urbanas?

"Esta es la mejor evidencia hasta la fecha de que los rayos son una perturbación importante que influye en la dinámica y estructura de los bosques tropicales", comentó la científica de STRI y coautora del estudio, Helene Muller-Landau, "Sospechamos que nuestro estudio subestima enormemente el efecto total de los rayos. Los rayos pueden desempeñar un papel importante en el ciclo de la biomasa forestal/carbono, no solo en los bosques tropicales sino también en otros ecosistemas tropicales".
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FUENTE • STRI / DICYT
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Los bosques más diversos son más resistentes a la sequía


Un trabajo liderado por el CSIC relaciona biodiversidad con la capacidad de afrontar los efectos del cambio climático. En los bosques tropicales, las plantas de una especie sufren más estrés hídrico porque la competencia por el agua es mayor.
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Un trabajo llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con científicos del Danum Valley Field Centre y el Forest Research Centre (Malasia), así como de la Universidad de Oxford (Reino Unido), muestra que los bosques más diversos son más resistentes al estrés hídrico causado por la sequía. Los resultados del estudio, que relacionan biodiversidad con una mejor capacidad de afrontar los efectos del cambio climático, aparecen publicados en el último número de la revista Nature Ecology & Evolution.

Los científicos han empleado plántulas de árboles tropicales, en mezclas y en monocultivo (de una sola especie), procedentes de Borneo (Malasia), y láminas de plástico para excluir la lluvia y simular eventos de sequía similares a los causados por el fenómeno climático de El Niño. El objetivo era alterar la cantidad de lluvia y, al mismo tiempo, la diversidad de las plántulas para probar la relación entre la diversidad y la sequía.

“Las plántulas respondieron a la sequía severa en todas las situaciones, pero, cuando la diversidad era más alta, se reducía el estrés hídrico en comparación con las plántulas en monocultivo”, explica el investigador del CSIC Michael O’Brien, que trabaja en la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC).

Dinámica de los bosques tropicales

La menor competencia de las plantas más diversas por el agua permite que se mantenga su crecimiento durante episodios de sequía, mientras que, en el caso de los grupos de la misma especie, la competencia es mayor y, por tanto, el crecimiento se resiente. “La complementariedad entre especies retrasa el punto en el cual el agua se muestra limitante para el crecimiento”, agrega el investigador del CSIC.

Las conclusiones del estudio ahondan en la comprensión de la dinámica de los bosques tropicales. Por un lado, la diversidad promueve la resistencia de las distintas especies de árboles a la sequía, un dato a tener en cuenta cuando las sequías sean más frecuentes según los escenarios de cambio climático previstos para los próximos años. Por otro lado, el hecho de que las plántulas en monocultivo estén más afectadas por la escasez de agua sugiere que la sequía tiene un papel en el mantenimiento de la diversidad en bosques tropicales.

“Hemos demostrado que existe una retroalimentación por la cual la sequía fomenta la diversidad, al tiempo que los bosques más diversos son más resistentes. Las estrategias de gestión y restauración son, por tanto, clave para mejorar la resistencia de los bosques al cambio climático”, concluye O’Brien.
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Referencia | Michael J. O’Brien, Glen Reynolds, Robert Ong y Andy Hector. Resistance of tropical seedlings to drought is mediated by neighborhood diversity. Nature Ecology & Evolution. DOI: 10.1038/s41559-017-0326-0
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Los bosques juegan un papel fundamental en el ciclo ecológico del agua


Son los bosques quienes filtran el agua de la lluvia, protegen el nacimiento y las cuencas de los ríos, evitan la erosión y pérdida de tierra fértil, evitan que los embalses se aneguen de tierra procedente de la erosión y protegen poblaciones, terrenos agrícolas y formas de vida de las catástrofes naturales como grandes avenidas e inundaciones.
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Diversos estudios en distintos países demuestran que por cada euro invertido en la protección mediante vegetación de una cuenca fluvial la sociedad se ahorra de diez a cincuenta veces el gasto en plantas de tratamientos de agua y filtración.

En España la inversión en restauración hidrológica forestal ha descendido más de un 50% en las últimas décadas, según datos del estudio "La restauración hidrológica forestal: pasado presente y futuro", presentado por el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales en el Congreso Nacional de Medio Ambiente. En la década 1990-1999 el Estado invirtió 1.440 millones de euros en restauración hidrológica forestal.

En la política hidrológica no se tienen en cuenta los bosques ni su papel regulador del ciclo del agua y a la gestión forestal no se le da la importancia que merece en los planes de cuenca hidrológicos, recientemente aprobados por el Gobierno.

Según la FAO, un roble de grandes dimensiones puede transpirar 151.000 litros en un año. Aproximadamente, el 40 por ciento de las precipitaciones sobre la tierra se origina de la evapotranspiración de las plantas. En algunas zonas la cantidad es aún mayor. Por ejemplo, más del 70 por ciento de las precipitaciones en la cuenca del Río de la Plata se origina de la evapotranspiración de la selva amazónica.

El cambio climático y la sequía puede convertir a parte de los bosques españoles en la segunda mitad de este siglo en emisores de CO2 en vez de sumideros de carbono. La gestión forestal es una poderosa herramienta para luchar contra el cambio climático, fijar CO2, aumentar las precipitaciones y proteger el ciclo del agua.

En España, a lo largo de su historia, se pueden observar numerosos ejemplos de restauración forestal de las áreas de montaña. Desde las correcciones pirenaicas en las cuencas de los torrentes de cabecera de los ríos Aragón, Gallego, Noguera Ribagorzana, Noguera Pallaresa, etc, hasta las cuencas de los torrentes-ramblas levantinos, pasando por innumerables actuaciones en otros paisajes forestales como el Valle del Lozoya, las cuencas de los ríos Jalón y Jiloca, Sierra Espuña y Sierra Nevada, por poner algunos ejemplos. Sin estas actuaciones forestales numerosas poblaciones y propiedades privadas habrían sufrido inundaciones y catástrofes naturales con numerosas pérdidas materiales, económicas y posiblemente humanas.

Conclusiones

Conseguir la sostenibilidad de los recursos hídricos obliga a:

- Incorporar en la gestión forestal criterios hidrológicos que optimicen el papel de los bosques en la regulación hídrica, en el mantenimiento de la calidad de las aguas y de los ecosistemas acuáticos.

- Incorporar obligatoriamente en la gestión hidrológica la gestión forestal al ser una insustituible herramienta de gestión del agua y de los ecosistemas que ésta soporta, con criterios específicos vinculados con su influencia en el régimen y calidad de los recursos hídricos.

- Es imprescindible mantener y potenciar el papel tradicional de protección y control de la erosión de los bosques y ponerlo al mismo nivel de exigencia y rigor que la conservación de la biodiversidad, a la que está inexorablemente unido.

- Estos criterios, además de materializarse técnicamente en los Planes de Ordenación de los Recursos Forestales, deben recogerse y ponerse en marcha en los Planes Hidrológicos de las Demarcaciones Hidrográficas como un instrumento imprescindible para ayudar a alcanzar los objetivos fijados por la Directiva Marco del Agua.

- Cumplir con la Directiva Marco del Agua para conseguir "el buen estado ecológico" de nuestras aguas exige invertir en gestión forestal como la herramienta más natural, económica y sostenible que existe.

- En resumen, es imprescindible que las administraciones públicas coordinen sus políticas hidrológicas y forestales y no actúen como departamentos estancos. Bosques y agua van unidos y deben gestionarse coordinadamente.

- Es muy necesario recuperar la inversión pública en restauración hidrológica forestal de la década de 1990.
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Pinares menos densos para adaptarse al cambio global


Investigadores de la Universidad de Córdoba relacionan la mortandad en dos especies de pino en Almería con el cambio climático y la reducción de la disponibilidad hídrica en masas artificiales.
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Los bosques de pinos del Mediterráneo están adaptados a condiciones de aridez fuertes. Soportan largos periodos de sequía y una fuerte radiación. El cambio global está modificando esta dieta básica de luz y agua, más del primer ingrediente en detrimento del segundo. Investigadores de la Universidad de Córdoba han estudiado los efectos de sucesivas sequías en masas forestales de dos especies de pino de repoblación en Almería y han encontrado que el decaimiento y la mortandad de estas coníferas están muy relacionadas con la competencia por el agua entre los árboles. Para evitar que los pinares desaparezcan, los científicos proponen tratamientos de silvicultura adaptativa, que pasan por reducir la espesura de la masa boscosa en zonas con pocos recursos hídricos.

Una parte importante de los pinares en la península ibérica son resultado de las repoblaciones de especies de pinos autóctonos efectuadas en España mayoritariamente entre 1950 y 1980. La recuperación de estos bosques supuso ganar ecosistemas en zonas que habían perdido sus masas forestales (por ejemplo, por aprovechamientos inadecuados). A favor de las especies de pino, respecto a otras especies, juega su vertiginoso crecimiento. Sin embargo, las masas creadas requieren una silvicultura que Rafael Navarro, director del laboratorio de silvicultura y cambio climático de la UCO, considera debe basarse en nuevos criterios: “Antes se partía de la estabilidad de las masas, esto es, con mantener el bosque con una estructura adecuada era suficiente para asegurar la funcionalidad de los sistemas forestales. Ahora sabemos que el cambio climático afecta con rapidez a los recursos forestales y su impacto es visible en periodos cortos, incluso de cinco años”. Por ello, el equipo de investigación del que es titular propone una gestión silvícola “adaptativa”, esto es, con evaluaciones del estado de vigor del arbolado cada poco tiempo, y con la toma de decisiones de forma rápida para asegurar la estabilidad de las masas a corto y medio plazo.

Para comprobar cómo de veloz está afectando el incremento de temperaturas y el descenso de precipitaciones a las masas forestales, los investigadores del Departamento de Ingeniería Forestal han evaluado la situación de los pinares más al sur de Europa, los que se encuentran en la provincia de Almería. En la sierra de los Filabres, colindante con la provincia de Granada, existen bosques de pino silvestre (Pinus sylvestris) y pino salgareño (Pinus nigra). Ser el lugar más meridional del continente en la distribución natural de ambas especies supone también que es un punto clave en la incidencia del cambio climático y su oleada de aridez. “La primera línea de batalla”, lo define Navarro.

A partir de mediciones en los anillos de los árboles y otras técnicas, los científicos identificaron el comportamiento de estas coníferas en periodos de sequía importante. En el interior de los troncos se conservaban, como tatuajes, los efectos de la ausencia de lluvias de 1994 y 1995, 1999 y 2005. Cuando faltaba el agua, la competencia entre los individuos era feroz por el recurso más limitante, el agua. Todos iniciaban una pugna por este recurso fundamental. Como consecuencia de la falta de agua y de la lucha por el recurso, los árboles decaían y morían. Los estudios han sido publicados en la revista científica Frontiers in Plant Science.

“En estos casos, es más recomendable realizar un control de la espesura del bosque”, explica el experto. La espesura mide la distribución de los árboles en un espacio determinado. Un mayor número de ejemplares da como resultado un bosque con mayor competencia entre los árboles. Dado que los recursos hídricos se van a reducir por efecto del cambio global, los árboles se verán más obligados a competir por ellos, lo que les afecta en conjunto. “Más que un ejército de árboles, como son planteados ahora los bosques, en estos casos necesitaremos crear comandos de árboles”, resume el investigador principal.

Entre las propuestas para una silvicultura adaptativa, Navarro sugiere organizar revisiones y planes de actuación cada decenio, realizar evaluaciones tempranas de los bosques para ver si se está produciendo la mortalidad de sus componentes y otras medidas de carácter preventivo. “El bosque ya ha perdido el punto de equilibrio que se suponía con la silvicultura convencional, por lo que es necesario adaptar la gestión de estos recursos forestales a una situación dinámica”, resume. De manera mayoritaria en España, esta labor recae fundamentalmente en manos de la Administración.
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Referencia | Guillermo Guada, J. Julio Camarero, Raúl Sánchez-Salguero and Rafael M. Navarro Cerrillo. ‘Limited Growth Recovery after Drought-Induced Forest Dieback in Very Defoliated Trees of Two Pine Species’. Front. Plant Sci., 01 April 2016 | http://dx.doi.org/10.3389/fpls.2016.00418
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