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Un estudio ha compilado la primera base de datos global de eventos de mortalidad forestal inducidos por el clima, desde 1970 hasta 2018, en 675 ubicaciones. Los autores concluyen que limitar el calentamiento de la Tierra determinará la supervivencia de muchos de sus bosques.
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¿Qué tan caliente es demasiado caliente y qué tan seco es demasiado seco para los bosques de la Tierra? Un estudio de un equipo internacional de investigadores encontró las respuestas al observar durante décadas árboles en proceso de morir.
Publicado en la revista científica Nature Communications, el estudio compila la primera base de datos global de eventos de mortandad de bosques, georreferenciados con precisión, en 675 lugares que datan desde 1970. El trabajo, que abarca todos los continentes arbolados, compara esa información con los datos climáticos existentes para determinar las condiciones climáticas de calor y sequía que han causado estos episodios documentados de mortalidad de árboles.
“En este estudio, estamos dejando que los bosques de la Tierra hablen”, afirma William Hammond, ecofisiólogo de plantas de la Universidad de Florida, quien dirige el estudio. “Recopilamos datos de estudios anteriores que documentan dónde y cuándo murieron los árboles, y luego analizamos cuál era el clima durante los eventos de mortalidad, en comparación con las condiciones a largo plazo”. Después de realizar el análisis climático de los años relacionados a los eventos de mortalidad forestal observados, señalan los autores, fue evidente un patrón.
“Lo que descubrimos fue que, a escala global, existe un patrón consistentemente más cálido y seco, lo que llamamos una huella inconfundible (como una “huella digital”) de sequías más calientes, que puede mostrarnos cuán inusualmente cálido o seco tiene que ser para que los bosques estén en riesgo de muerte”, describe Hammond.
La huella inconfundible que dejan estos eventos de mortalidad, dice, muestra que ocurrieron consistentemente cuando los meses típicamente más cálidos y secos del año se volvían aún más cálidos y secos.
“Nuestra huella inconfundible de sequías más cálidas reveló que la mortalidad forestal global está relacionada con extremos climáticos intensificados”, subrayan los autores. “Usando los datos del modelo climático, estimamos la frecuencia con la que ocurrirán estas condiciones climáticas letales en un escenario de un mayor calentamiento, en comparación con el clima de la era preindustrial: desde 22% más frecuentes si hay un incremento de 2°C, hasta 140% más frecuente si el incremento es de 4°C. Esas temperaturas más altas duplicarían con creces la frecuencia con la que los bosques de todo el mundo experimentan sequías letales para los árboles", agrega.
“Las plantas hacen un trabajo fenomenal al capturar y secuestrar carbono”, añade Hammond. “Pero la muerte de las plantas no sólo impide que realicen esta función crítica de captura de carbono, sino que las plantas también comienzan a liberar carbono a medida que se descomponen”.
Los investigadores dicen que depender, en parte, de los árboles y otras plantas para capturar y secuestrar carbono, como sugieren algunas soluciones climáticas propuestas, hace que sea fundamental comprender qué tan caliente es 'demasiado caliente' y qué tan seco es 'demasiado seco': “De lo contrario, los eventos de mortalidad, como los incluidos en nuestra base de datos, pueden acabar con las ganancias de captura de carbono proyectadas”.
El papel del calentamiento en la mortalidad forestal
En el estudio “Observaciones de mortalidad forestal a lo largo del globo revelan la huella que dejan episodios de sequía más cálidos en los bosques de la Tierra” (Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests) participa también Rosana López, del Departamento de Sistemas y Recursos Naturales de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid.
Los bosques y montes de la Península Ibérica son particularmente vulnerables al cambio global, como atestiguan los cada vez más frecuentes eventos de mortalidad que observamos en extensos pinares de Pinus pinaster en la meseta castellana, Pinus sylvestris en los pre Pirineos y Pinus halepensis en el sudeste peninsular. Ni siquiera el pino canario (Pinus canariensis), gran superviviente a las erupciones volcánicas, como la ocurrida el año pasado en La Palma, y que es una de las pocas especies de pino con capacidad de rebrotar, es ajeno.
Los espectaculares pinares de la corona forestal que rodea al Teide experimentan desde hace unos años un fenómeno de decaimiento generalizado. Para paliar estos efectos y a falta de medidas más contundentes que frenen el calentamiento global, la “gestión forestal adaptativa se presenta como una herramienta fundamental para el futuro de nuestros bosques”, afirma la investigadora de la UPM.
Otro de los coautores del trabajo, Cuauhtémoc Sáenz-Romero de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en México, ofrece un ejemplo de cómo los patrones climáticos recientes están afectando un bosque templado mexicano. “En los últimos años, la temporada seca y cálida de marzo a mayo es aún más seca de lo habitual, pero también más cálida que nunca”, dijo. “Esta combinación está generando mucho estrés en los árboles antes de la llegada de la próxima temporada de lluvias de junio a octubre. Por ejemplo, en 2021, más de 8000 árboles maduros fueron muertos por escarabajos descortezadores en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en el centro de México. El efecto de la corriente del Océano Pacífico de La Niña resultó en condiciones más secas y cálidas; una combinación mortal que favoreció los brotes de plagas”.
Hammond también ha desarrollado una aplicación interactiva en el sitio web de la Red Internacional de Mortalidad de Árboles (International Tree Mortality Network) para alojar la base de datos en línea y permitir que otros usuarios incorporen observaciones adicionales de mortalidad forestal a la base de datos.
La organización, fundada y coordinada por el coautor Henrik Hartmann del Instituto Max Planck en Alemania, entre otros, es un esfuerzo de colaboración entre científicos de todos los continentes arbolados y tiene como objetivo coordinar los esfuerzos de investigación internacional sobre eventos de extinción forestal. Hammond es el líder del grupo de gestión de datos de la red.
“Esperamos que este documento genere un poco de urgencia en torno a la necesidad de comprender el papel del calentamiento en la mortalidad forestal”, señalan los autores. “Además, esperamos que nuestra base de datos de acceso abierto permita estudios adicionales, incluidas otras huellas inconfundibles climáticas desde escalas locales a regionales. Las comunidades actuales de investigación de modelos climáticos y sensores remotos necesitan conjuntos de datos verificados en el terreno para validar sus predicciones de procesos importantes como la mortalidad forestal. Uno de los elementos realmente importantes de este estudio fue reunir todos estos datos por primera vez, para que podamos hacer una pregunta como ésta a escala planetaria”.
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Trabajo de referencia | “Global field observations of tree die-off reveal hotter-drought fingerprint for Earth’s forests” nature.com/articles/s41467-022-29289-2. Además de Hammond, Sáenz-Romero y Hartmann, también es coautor A. Park Williams, Universidad de California, Los Ángeles; John Abatzoglou, Universidad de California, Merced; Henry D. Adams, Universidad Estatal de Washington; Tamir Klein, Instituto de Ciencias Weizmann; Rosana López, Universidad Politécnica de Madrid, España; David D. Breshears, Universidad de Arizona; y Craig D. Allen, Universidad de Nuevo México.
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Presentado el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad.
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El cambio climático inducido por el ser humano está causando una perturbación peligrosa y generalizada en la naturaleza y afecta a la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Las personas y los ecosistemas con menor capacidad para hacer frente a la situación son ya los más afectados, según afirma la comunidad científica en un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). La comunidad científica alerta de que el mundo se enfrenta a múltiples riesgos climáticos que viviremos durante las dos próximas décadas y que en el Mediterráneo han comportado a día de hoy un calentamiento de 1,5°C (por encima de la media global, 1,1°C).
Si no se reducen las emisiones en las próximas décadas y se supera temporalmente el nivel de calentamiento establecido en el Acuerdo de París (1,5°C), habrá graves impactos, algunos de los cuales serán irreversibles. El nuevo informe, elaborado por el Grupo de Trabajo II del IPCC, se ha centrado en analizar el impacto del cambio climático en los ecosistemas naturales y los sistemas socioeconómicos, así como la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación de estos. También ha evaluado las mejores estrategias para reducir el impacto del cambio global a diferentes escalas. En este equipo internacional de expertos, participa Jofre Carnicer, profesor de ecología de la Facultad de Biología, el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que es el único experto de toda Cataluña —y uno de los pocos investigadores de todo el Estado— que ha formado parte de él. El documento lo han aprobado el domingo 27 de febrero de 2022 los 195 gobiernos miembros del IPCC en una sesión de aprobación virtual que se ha prolongado dos semanas, del 14 de febrero al 27 de febrero. El informe final es la segunda entrega del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC, que se completará este año.
Según la comunidad científica, entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en un contexto muy vulnerable al cambio climático, casi la mitad de la humanidad. A nivel global, las zonas más vulnerables son África central, el sudeste asiático y América central, mientras que, en el caso del continente europeo, la región más amenazada es el área del Mediterráneo. En este sentido, el nuevo informe es contundente: para evitar la pérdida creciente de vidas, de biodiversidad y de infraestructuras, es necesario adoptar rápidamente medidas ambiciosas para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. A pesar de los avances constantes en experiencias locales que estudian cómo reducir los efectos negativos del cambio climático en diferentes sectores (adaptación), el informe revela que todavía existe una distancia entre las necesidades totales y las acciones pioneras que se están implementando progresivamente. Las consecuencias del cambio climático son más graves entre las poblaciones con menores ingresos y en determinadas zonas geográficas del planeta más vulnerables. Además, también se modulan en función de la edad y el género. El estudio destaca que el desarrollo económico actual es insostenible, y que es esencial considerar la participación inclusiva de todos los actores sociales, así como la equidad y la justicia climática, para desarrollar acciones de mitigación y adaptación transformadoras, encaminadas a un modelo de desarrollo sostenible y resiliente a los impactos del clima.
"Este informe es una advertencia terrible sobre las consecuencias que puede tener no actuar", alerta Hoesung Lee, presidente del IPCC. "Muestra que el cambio climático es una amenaza grave y creciente para nuestro bienestar y para mantener un planeta sano. Nuestras acciones de hoy determinarán la forma en que las personas se acabarán adaptando y cómo la naturaleza responderá a los riesgos climáticos crecientes", afirma.
Jofre Carnicer, autor principal de los capítulos de Europa y el Mediterráneo en el IPCC, es contundente: "El coste ambiental de la inacción es muy elevado, y el informe concluye que es necesario actuar antes de que se cierre la ventana de oportunidad que tenemos, que es de solo de dos o tres décadas. Cada acción es relevante, ya sea en el ámbito gubernamental e internacional, como en industrias y actividades sectoriales, o en cambios del estilo de vida de los ciudadanos, y estas acciones pueden contribuir progresivamente a reducir el calentamiento y los impactos en las próximas décadas y para las futuras generaciones". Por ello, el estudio remarca la necesidad de introducir urgentemente cambios profundos y transformadores en todos los sectores de la sociedad y, en especial, en todas las actividades económicas que generan emisiones. "Los costes de adaptación a los impactos del cambio climático serán mucho más altos si no implementamos drásticamente una reducción de emisiones decidida en las dos próximas décadas que nos acerque a una trayectoria de calentamiento inferior a 2°C", advierte Jofre Carnicer.
La biodiversidad, al límite
El resumen del informe del IPCC considera que la vulnerabilidad humana y la de los ecosistemas son interdependientes. Por eso, pone el acento en los efectos actuales y futuros del cambio climático en la biodiversidad. Para ello, se han utilizado más de 40.000 estudios que examinan los sistemas marinos y terrestres de todo el planeta. La ciencia afirma que el aumento de las oleadas de calor, las sequías y las inundaciones ya supera los umbrales de tolerancia de muchas plantas y animales, lo que ha provocado, por una parte, extinciones locales de poblaciones de algunas especies sensibles a la temperatura o con poca movilidad, como son las especies endémicas o más especialistas; por otra, mortalidades masivas de especies en hábitats más vulnerables al estrés térmico, como las praderas submarinas o los arrecifes coralinos. El informe tiene en cuenta estudios científicos que advierten que más del 50% de las especies del planeta se han desplazado en los últimos años, o hacia latitudes más al norte, o hacia zonas de mayor altitud, para huir del aumento de temperaturas.
Asimismo, el documento ha analizado el riesgo de extinción de más de 100.000 especies sobre las que se dispone documentación científica. Los resultados son preocupantes: "Podemos comprobar que en trayectorias de calentamiento por encima de los 1,5 °C, es decir, sin una reducción drástica de emisiones en las próximas dos décadas, el riesgo de extinción aumenta en muchos grupos taxonómicos, a menudo por encima del 10 % de las especies", asegura Jofre Carnicer. El informe no incluye resultados o información de especies a escala local, porque cada especie tiene una ecología única y cada patrón es extremadamente complejo, pero sí se hace eco de la primera extinción documentada de una especie de mamífero. Se trata del ratón con cola de mosaico (Melomys rubicola), originario de un islote tropical de baja altitud (Bramble Cay) cerca de Papúa Nueva Guinea, y que se ha extinguido después de que se redujera drásticamente su hábitat por impactos climáticos extremos y por la subida del nivel del mar.
Las medidas de adaptación para mantener la biodiversidad, de cuyos servicios dependemos absolutamente como sociedad, pasan por la restauración de los ecosistemas, la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza y el aumento del territorio protegido. "Hay que proteger de forma más consistente las áreas naturales del planeta, porque somos muy dependientes de los servicios ecosistémicos para mantener la seguridad climática en el planeta. Los océanos y bosques absorben el 50% de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y contribuyen a regular la temperatura del planeta. El informe confirma que un aumento de los impactos climáticos puede causar declives en la eficiencia de absorción global del CO2 por parte de los ecosistemas y retroalimentar así positivamente el calentamiento", sostiene Jofre Carnicer. Para ello, el informe apuesta por pasar del 16% de áreas protegidas en el mundo —un dato pactado en los convenios mundiales sobre biodiversidad— al 30% o al 50% en 2030. "Las soluciones que consisten en proteger la naturaleza o restaurarla son importantes, pero es necesario que vayan acompañadas en primer lugar de reducciones drásticas de emisiones de gases en múltiples sectores durante las dos próximas décadas", puntualiza Carnicer.
Un Mediterráneo en riesgo asimétrico
Mediterráneo se calienta más rápidamente que la mayoría de zonas del mundo este ambiente ya ha aumentado la temperatura en 1,5°C, mientras que la media mundial se mantiene cerca de los 1,1°C. Hay consenso en que la sequía será un riesgo muy relevante en el Mediterráneo. En este sentido, las previsiones apuntan a un aumento considerable de las sequías: por cada grado que aumente la temperatura, veremos reducidas las lluvias en un 4 %, por lo que se prevé una disminución de entre un 5% y un 20%, según sea nuestra capacidad de reducir emisiones.
En el Mediterráneo, es clave abordar el uso del agua en la agricultura para tratar de adaptarse a esta sequía y al aumento de temperaturas. A su vez, es necesario promover otros métodos de agricultura que sean más eficientes y mantengan mejor la humedad del suelo, como la agricultura regenerativa, que mantiene el suelo más fértil y rico en materia orgánica.
Además, en la cuenca del Mediterráneo la vulnerabilidad al cambio climático es muy asimétrica. El informe revisa los objetivos de desarrollo sostenible en esta zona y revela que los indicadores son extremadamente diferentes entre la orilla sur y el norte de la cuenca mediterránea. La orilla sur registra índices de pobreza, seguridad alimentaria, acceso a las energías renovables, al agua, a la educación o a la salud más reducidos. Esto expone aún más a la población de esta zona a efectos del cambio climático porque, por ejemplo, disponen de menos recursos para adaptarse a los impactos futuros. "Un ejemplo muy claro de esa mayor vulnerabilidad al cambio climático en la orilla sur del Mediterráneo es el incremento del nivel del mar en Egipto, un país con 103 millones de habitantes. Solo en el delta del Nilo se espera que más de 6,3 millones de personas puedan quedar seriamente afectadas si el nivel del mar sube por encima de los 80 cm, una hipótesis de escenario planteada según las tendencias de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos hoy", explica Carnicer.
Seguridad alimentaria
En Europa, la agricultura será un foco decisivo de impactos y adaptaciones al cambio climático. La ciencia ya tiene constancia de que en los últimos cincuenta años se han triplicado las pérdidas de los cultivos europeos a causa de la sequía. En todo el mundo también se han observado caídas de producción de hasta el 5 % en los tres cultivos principales: maíz, trigo y arroz. En cuanto al futuro, en la región mediterránea se espera un descenso de hasta el 17% de productividad en los peores escenarios. Por otra parte, a escala mundial se estima que cerca del 10% de la superficie cultivable no podrá dedicarse a la agricultura por culpa del cambio climático en escenarios de alto calentamiento. Además, las personas que trabajan en el campo podrían estar sometidas a 250 días de mucho calor por año.
Aunque en la agricultura ya se toman medidas de adaptación, como los cambios en el calendario de los cultivos, los cambios de zonas de cultivos en áreas más altas, o el uso de especies más resistentes a la salinidad o a la carencia de agua, el informe documenta que en escenarios de elevado calentamiento (>2°C) algunas medidas de adaptación pueden dejar de ser efectivas y no podrán mantener la producción actual de alimentos.
Desarrollo resiliente en el clima
El informe actual reconoce que el desarrollo humano actual no es sostenible ni resiliente al cambio climático. En este contexto, el estudio destaca la necesidad de acciones transformadoras, que mitiguen drásticamente las emisiones y los efectos del cambio climático y que permitan adaptarse al territorio y las personas, con especial énfasis en la urgencia de desplegar opciones inclusivas y equitativas. El trabajo destaca así la necesidad de esquemas de gobernanza justos e inclusivos, en los que las medidas de adaptación se tomen teniendo en cuenta la voz de todos los actores y facilitando actividades de cocreación de las soluciones en los distintos ámbitos. Así, por ejemplo, se tiene en cuenta el conocimiento de las poblaciones locales e indígenas del mismo modo que los conocimientos más científicos. Por último, la comunidad científica remarca en el informe la necesidad de cooperación internacional y la colaboración de los gobiernos a todos los niveles con las comunidades, los grupos socialmente más desfavorecidos, la sociedad civil, los organismos educativos, las instituciones científicas y de otros tipos, los medios de comunicación, y los inversores y empresas para facilitar actividades más sostenibles y resilientes al cambio climático.
IPCC: ciencia internacional en beneficio de las políticas medioambientales
Los informes del IPCC proporcionan a los gobiernos datos del máximo interés científico que pueden utilizar para diseñar las políticas climáticas. También constituyen una contribución fundamental a las negociaciones internacionales para hacer frente al cambio climático en el marco de la Convención Marco sobre el Cambio Climático o Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (MNUCC).
En concreto, el IPCC comprende tres grupos de trabajo: el Grupo de Trabajo I, que analiza las bases físicas del cambio climático; el Grupo de Trabajo II, que estudia el impacto, la adaptación y la vulnerabilidad, y el Grupo de Trabajo III, centrado en la mitigación del cambio climático. Ahora, el nuevo informe del Grupo de Trabajo II amplía el marco de conocimientos sobre el cambio climático que hizo público el Grupo de Trabajo I en agosto de 2021, dentro del marco del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC.
Para elaborar el nuevo informe, un equipo científico internacional de cerca de doscientos expertos —designados por el gobierno de cada país— ha trabajado de forma coordinada durante los últimos siete años para recopilar el máximo de información científica —más de 40.000 publicaciones— sobre la problemática del cambio climático. Posteriormente, todo el conocimiento adquirido lo han revisado en diferentes fases los principales expertos de todo el mundo, así como los interlocutores gubernamentales que elaboran las políticas públicas relacionadas con el cambio climático. Por último, se elabora el informe que reúne las conclusiones más destacadas y se presenta de forma pública y abierta a toda la sociedad.
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Un equipo internacional de biólogos investigó las relaciones de parentesco entre las especies de cactus columnares del género Eulychnia, endémicos de los desiertos de Chile y Perú, estableciendo el tiempo y las posibles causas de su diversificación.
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En un reciente estudio publicado en el 'American Journal of Botany', un equipo internacional de biólogos investigó las relaciones de parentesco entre las especies de cactus columnares del género Eulychnia, endémicos de los desiertos de Chile y Perú, estableciendo el tiempo y las posibles causas de su diversificación.
La investigación fue liderada por Felix F. Merklinger, del Nees Institute for Biodiversity of Plants, University of Bonn (Alemania), y contó con la participación de Mónica Arakaki, investigadora del Museo de Historia Natural y docente de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UNMSM.
La investigación parte de la premisa de que las Cactaceae (cactus) son una familia de plantas restringidas casi en su totalidad a América y que se diversificaron reciente y rápidamente con la apertura de ambientes áridos. El género Eulychnia cuenta con ocho especies reconocidas, distribuidas en el desierto de Atacama al norte de Chile, el lugar más seco del planeta, y en el sur de Perú, ambos separados geográficamente por cerca de 1.000 kilómetros.
Para investigar la historia biogeográfica de este género y su diversificación, estimando el tiempo en el que se separó de su género hermano Austrocactus y su relación con el inicio de la aridez del desierto de Atacama; los investigadores desarrollaron una filogenia bien resuelta de Eulychnia esclareciendo los procesos de diversificación dentro del género.
A través de un amplio muestreo en el campo y el empleo de técnicas de secuenciación de segunda generación, se determinó que la escisión de Austrocactus se produjo a finales del Mioceno, y Eulychnia se diversificó durante el Cuaternario temprano.
Se obtuvieron tres linajes: Eulychnia ritteri de Perú es hermana de todas las especies chilenas, que a su vez se dividen en dos clados o grupos hermanos de cuatro y tres especies respectivamente. El grupo A, conformado por E. breviflora, E. iquiquensis, E. taltalensis y E. barquitensis; y el grupo B, por E. acida, E. vallenarensis y E. castanea. La diversificación en los grupos chilenos comenzó a principios del Pleistoceno, y la separación de E. ritteri peruana se dio en el Pleistoceno medio y superior.
El estudio concluyó que la diversificación de Eulychnia durante el Pleistoceno coincide con largos períodos de hiperaridez alternados con fases pluviales en el desierto de Atacama. La hiperaridez provocó la fragmentación del hábitat lo que finalmente llevó a la generación de nuevas especies, causando posiblemente la separación de la E. ritteri peruana de los congéneres chilenos.
Los otros miembros del equipo de investigación pertenecen también al Nees Institute for Biodiversity of Plants, University of Bonn, Alemania, y son: Tim Böhnert, Maximilian Weigend, Dietmar Quandt, quien, además, pertenece al Leibniz Institute of Plant Genetics and Crop Plant Research, y Federico Luebert, quien también es miembro del Departamento de Silvicultura y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.
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Trabajo de referencia | Merklinger, F. F., Böhnert, T., Arakaki, M., Weigend, M., Quandt, D., y Luebert, F. (2021). Quaternary diversification of a columnar cactus in the driest place on earth. American Journal of Botany 108(2): 184– 199. DOI: https://doi.org/10.1002/ajb2.1608.
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Investigadores del I2SysBio (CSIC-UV) comprueban que un virus que afecta a una planta crucífera reduce su virulencia en condiciones de sequía. El estudio demuestra que la relación entre un virus y su huésped puede evolucionar en función del medio ambiente.
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Planta ‘Arabidopsis thaliana’ plantada en el laboratorio | Wikipedia
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Un equipo de investigación del Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat de València (UV), ha observado que un virus que afecta a una planta herbácea de la familia de las crucíferas puede evolucionar para reducir su virulencia en su organismo huésped. Los investigadores han observado que, en condiciones de sequía para la planta, el virus evoluciona su genoma de manera que es capaz de alterar el reloj circadiano de su huésped, evitando que pierda agua y favoreciendo su supervivencia hasta un 25% más. Es la primera vez que se documenta cómo la selección natural puede cambiar la relación entre virus y huésped en función del medio ambiente, un estudio que aparece publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
El trabajo se ha llevado a cabo inoculando un virus del género Potyvirus, el virus del mosaico del nabo (TuMV, por sus siglas en inglés), en Arabidopsis thaliana, una planta herbácea de la familia de las crucíferas (como el brócoli o la coliflor) muy utilizada como modelo de estudio. El equipo de investigación estudió la evolución del virus en plantas con condiciones normales y en situación de sequía, caracterizando los cambios (mutaciones) que acontecían en sus genes. En los virus evolucionados en plantas con sequía observaron que las mutaciones se concentraban en la proteína VPg, que juega un papel determinante en la relación del virus con su huésped.
“En condiciones normales, el virus muestra su visión clásica como un patógeno, matando a las plantas regadas. Sin embargo, las plantas infectadas que estaban sometidas a condiciones de estrés por sequía se mantenían vivas”, explica Santiago Elena, profesor de investigación del CSIC en el I2SysBio y autor principal del estudio.
Por su parte, las plantas infectadas con el virus evolucionado en sequía mostraron una serie de cambios en los genes asociados a su reloj circadiano, el sistema que controla procesos biológicos de las plantas como su respuesta a la falta de agua.
Atenuar un virus
Posteriormente, utilizaron variantes del virus evolucionadas en plantas sometidas a sequía para infectar a individuos sanos y a otros sometidos a estrés hídrico. Comparando ambos, el equipo de investigación comprobó que los cambios genéticos eran más acusados en los individuos con sequía. “Las variantes del virus que evolucionaron en condiciones normales regadío siguen matando a la planta, mientras que las que evolucionaron en plantas con sequía no lo hacen, incluso cuando se inoculan en plantas sanas y bien irrigadas”, asegura Elena. Esto sugiere que los virus adaptados a plantas en condiciones de sequía provocan cambios en la transcripción de los genes de su huésped que pueden ser beneficiosos.
Según el estudio, las plantas infectadas con el virus evolucionado en condiciones de sequía tienen un 25% más de probabilidades de sobrevivir a situaciones de estrés hídrico. Esto revela que, bajo estreses medioambientales, se puede hacer evolucionar un virus para pasar de una relación de parasitismo a una mutualista, donde el huésped también tenga beneficios (el beneficio del virus es asegurar su transmisión). “Es la primera vez que se demuestra que se puede atenuar un virus y obtener beneficios para su hospedador”, resume el investigador del CSIC. Se abre la puerta a utilizar virus modificados para lograr plantas más resistentes a la sequía.
El equipo de investigación, integrado también por científicos del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de València y el Departamento de Ciencias Agrarias y del Medio Natural de la Universitat Jaume I de Castellón, quiere ahora continuar este estudio con un modelo animal utilizando el nematodo Caenorhabditis elegans. Quieren comprobar también si las variantes de los virus mutualistas no revierten a su forma más virulenta, o si estos cambios afectan a las propiedades de las plantas desde el punto de vista del consumo.
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Trabajo de referencia | Rubén González, Anamarija Butkovic, Francisco J. Escaray, Javier Martínez-Latorre, Ízan Melero, Enric Pèrez-Parets, Aurelio Gómez-Cadenas, Pedro Carrasco, Santiago F. Elena, Plant virus evolution under strong drought conditions results in a transition from parasitism to mutualism. PNAS. DOI: 10.1073/pnas.2020990118
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Un estudio realizado por un equipo científico del área de Biodiversidad y Conservación de la URJC ha comprobado cómo algunas especies de plantas son capaces de adecuarse a las limitaciones de agua. Los resultados obtenidos podrían ser útiles para desarrollar programas de mejora de las variedades cultivadas ante el aumento de la aridez asociado al cambio climático.
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Las poblaciones de una misma especie suelen presentar diferentes valores en sus características según el ambiente en el que viven. Estas diferencias pueden deberse a su genética, a su plasticidad fenotípica, es decir, a cómo se expresan los genes de forma diferente según el ambiente, o una combinación de ambas. Analizar esta variación y sus causas es particularmente interesante para los parientes silvestres de cultivos, que son aquellas plantas emparentadas con especies que tienen una importancia socio-económica directa para el ser humano. En este sentido, investigadores del área de Biodiversidad y Conservación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), pertenecientes a los grupos AdAptA y Gypsevol, a cargo de José María Iriondo y Silvia Matesanz respectivamente, han estudiado poblaciones silvestres de altramuz azul (Lupinus angustifolius L.), cuya variedad cultivada se originó a partir de unas pocas poblaciones naturales y tiene por tanto baja diversidad genética. “En nuestro estudio hemos examinado la respuesta de esta especie a la sequía para conocer si hay características diferentes entre individuos que crecen sin limitación de agua e individuos que crecen en condiciones de sequía”, explica Silvia Matesanz, autora principal del estudio. Además, en este trabajo, publicado recientemente en un número especial de la revista científica AoB PLANTS, han analizado si existe variación genética en esta especie según la región de la que proceda un individuo.
Los resultados obtenidos muestran que las plantas en condiciones de sequía mostraron valores de rasgos típicos de la limitación de agua: crecieron menos, tuvieron una actividad fotosintética menor, produjeron hojas más pequeñas y gruesas, se reprodujeron antes y formaron semillas de mayor tamaño. Además, los investigadores han observado que los valores de los rasgos de las plantas estresadas fueron similares a los de las plantas de las poblaciones del sur. “Esto significa que la plasticidad presente en nuestra especie tiene un valor adaptativo, es decir, contribuye a asegurar la supervivencia y reproducción de las plantas tanto si están expuestas a un ambiente húmedo como a uno seco”, subraya la investigadora del grupo Gypsevol de la URJC.
Programas de mejora de las variedades cultivadas
Para llevar a cabo este estudio, los investigadores han recolectado semillas de dos poblaciones situadas en el norte de Salamanca, donde el clima es más frío y húmedo, y dos poblaciones del sur de Badajoz, donde el clima es más cálido y seco. Las cuatro poblaciones fueron sembradas en las instalaciones de la URJC en el Campus de Móstoles. “Este tipo de experimento, en el que plantas de distintas poblaciones se cultivan bajo unas mismas condiciones ambientales, se conoce como jardín común y es muy útil para detectar diferencias genéticas y fenotípicas”, expone Silvia Matesanz. Durante el tiempo que duró el experimento, la mitad de las plantas recibieron riego suficiente para mantener el suelo siempre húmedo, mientras que para la otra mitad se simularon condiciones de sequía que podrían sufrir en una localidad cálida como Badajoz. Finalmente, se hicieron distintas mediciones sobre las variables de crecimiento, actividad fotosintética, forma de las hojas, floración y producción de frutos.
“Nuestros resultados demuestran que en L. angustifolius, tanto la variación genética como la plasticidad fenotípica, son mecanismos complementarios que ayudan a los individuos a enfrentarse a situaciones de sequía”, apunta la investigadora de la URJC. Esta conclusión principal abre la posibilidad de desarrollar programas de mejora de las variedades cultivadas a partir de las poblaciones del sur, ya que aumentarían su diversidad genética y su capacidad para producir buenas cosechas tanto en años húmedos como secos, lo que es especialmente importante ante el aumento de la aridez asociado al cambio climático.
(Texto: Irene Vega | URJC).
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Los datos obtenidos podrían ayudar a la mejora de procesos defensivos de las plantas en situaciones de escasez de agua. Los resultados se publican en la revista ‘The Plant Cell’
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Dos trabajos liderados por el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de València) desvelan los mecanismos moleculares que ayudan a las plantas a sobrevivir ante las sequías. Los estudios, que se publican en la revista The Plant Cell, podrían ayudar en la mejora de los procesos defensivos de las plantas en situaciones de escasez de agua.
La respuesta de las plantas ante la sequía depende de un delicado equilibrio entre los frenos y los activadores de la señalización hormonal. Los frenos deben estar activos cuando no hay estrés mientras que los activadores han de funcionar cuando hay situaciones de estrés ambiental transitorias o sostenidas.
Muchas de las proteínas de las plantas sirven para degradar los represores de sus respuestas adaptativas. En la naturaleza, las plantas encuentran diferentes situaciones de estrés ambiental y por ello necesitan un doble mecanismo, de inhibición y degradación, que permita eliminar el freno a la respuesta adaptativa, proporcionándoles mayor versatilidad.
Uno de los trabajos desarrollados por los investigadores ha identificado dos proteínas que intervienen en la degradación de varios represores de la ruta de señalización del ácido abscísico, una hormona clave para que las plantas afronten las situaciones de sequía. Consiste en disminuir la vida media de un freno para responder a la sequía. “Nuestro grupo de investigación ya había participado en la identificación de los receptores que inhiben la función de las fosfatasas represoras de la ruta de señalización celular del ácido abscísico. Ahora, hemos identificado las proteínas RGLG1 y RGLG5, que son enzimas que facilitan la degradación de las fosfatasas. Con ello se completa un doble mecanismo para eliminar el ‘freno’ de las fosfatasas y permitir así activar la ruta de señalización de la hormona para afrontar la sequía”, explica Pedro L. Rodríguez, científico del CSIC en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas y coordinador de ambos trabajos.
Aumentar la vida de los receptores
La actividad de las rutas de señalización celular está determinada por la vida media de ciertas proteínas clave. Precisamente, el otro estudio liderado por científicos del CSIC ha descubierto una nueva ruta de degradación de los receptores del ácido abscísico. Esta ruta regula el recambio de los receptores y, por tanto, la señalización del ácido abscísico, responsable de la reacción de las plantas al estrés ambiental. Si se ralentiza esta ruta se aumenta la vida media de los receptores, es decir, en este caso se aumenta la vida media de un activador para responder a la sequía.
“Los receptores que ejercen su función en el citosol o en el núcleo de las células se suelen degradar en el proteasoma, un complejo proteico. Pero hemos observado que existe una segunda vía de degradación para los receptores de ácido abscísico que actúan en la membrana celular, los cuales viajan a través del sistema endosomal y alcanzan la vacuola, donde también se degradan las proteínas. Ralentizar esta vía nos permite aumentar la vida media de los receptores y, por ejemplo, disminuir la transpiración de la planta”, añade el investigador del CSIC.
El primero de los estudios ha contado con la colaboración de expertos de la Universidad de Pekín (China) mientras que en el segundo han participado científicos de la Universidad de Guelph (Canadá), la Universidad de Hong Kong (China) y la Universidad de Gante (Bélgica). .
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Referencia | Wu,Q., Zhang,X., Peirats-Llobet,M., Belda-Palazon,B., Wang,X., Cui,S., Yu,X., Rodriguez,P.L. y An,C. Ubiquitin Ligases RGLG1 and RGLG5 Regulate Abscisic Acid Signaling by Controlling the Turnover of Phosphatase PP2CA. Plant Cell. DOI: 10.1105/tpc.16.00364
Belda-Palazon,B. et al. FYVE1/FREE1 Interacts with the PYL4 ABA Receptor and Mediates its Delivery to the Vacuolar Degradation Pathway. Plant Cell. DOI: 10.1105/tpc.16.00178
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Se trata de una valiosa herramienta para las políticas e inversiones orientadas al desarrollo sostenible y frente al cambio climático.
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Un nuevo estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ayuda a subsanar una notable carencia de información relativa a la presencia y extensión de los bosques y los árboles en las zonas áridas del mundo, donde la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas, ya de por sí precarias, se ven cada vez más amenazados por el cambio climático.
Los resultados preliminares del estudio –que se completará a finales de este año- publicado hoy indican que existen árboles en densidades muy variables en casi un tercio de los 6.100 millones de hectáreas de tierras áridas que hay en el mundo. Se trata de un área de más del doble del tamaño de África, y casi el 18 por ciento de esta superficie está cubierta de bosques.
Se estima que en las zonas áridas viven cerca de 2.000 millones de personas, el 90 por ciento de los cuales se encuentran en los países en desarrollo. Estudios recientes han indicado la necesidad de restaurar estas áreas para hacer frente a los efectos de la sequía, la desertificación y la degradación de la tierra.
En particular, se espera que la disponibilidad de agua en las tierras áridas disminuya aún más debido a los cambios en el clima y el uso del suelo. Las personas pobres que viven en zonas rurales remotas serán las más vulnerables a la escasez de alimentos que, combinada con la violencia y la agitación social, son ya factores importantes que fuerzan a la migración en las regiones áridas de África y Asia occidental.
Hasta ahora existía poca información estadística sobre los árboles en las zonas áridas –en particular los que crecen fuera de los bosques- a pesar de su importancia vital para los seres humanos y el medio ambiente.
Las hojas y los frutos de los árboles son una fuente de alimento para las personas y de forraje para los animales; su madera proporciona combustible para cocinar y calentar y puede ser una fuente de ingresos para los hogares pobres; los árboles protegen los suelos, los cultivos y los animales del sol y el viento, mientras que los bosques albergan a menudo una rica biodiversidad.
Las nuevas tecnologías permiten un estudio a gran escala en un tiempo récord
Como primera evaluación basada en el muestreo estadístico del uso de la tierra en zonas áridas del mundo, el estudio de la FAO permite contar con una base para monitorear los cambios en los bosques, la cubierta arbórea (con su densidad) y el uso de la tierra en las zonas áridas. Ofrece a los gobiernos, donantes y otras partes interesadas en el desarrollo sostenible una valiosa herramienta para orientar la formulación de políticas y las inversiones.
Mediante el uso de imágenes de satélite disponibles para el público a través de Google Earth Engine, Bing Maps y otras fuentes, el estudio de la FAO cuenta con información de una muestra de más de 200 000 parcelas de unas dimensiones aproximadas de 0,5 hectáreas. El error de muestreo para la estimación de la superficie forestal total de todas las tierras áridas se calcula en aproximadamente +/- 1 por ciento.
Las imágenes de satélite se han interpretado utilizando Collect Earth, una herramienta de Foris, el software gratuito de código abierto desarrollado por el Departamento Forestal de la FAO para facilitar a expertos de todo el mundo el recopilar, analizar, informar y compartir datos.
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| Zonas Áridas del mundo |
La FAO ha subrayado el carácter participativo de la evaluación, que se llevó a cabo en una serie de cursos de capacitación a nivel regional, y con talleres de recopilación de datos organizados en colaboración con diversos socios como universidades, institutos de investigación, gobiernos y organizaciones no gubernamentales en todo el mundo. Este enfoque, junto con el uso del nuevo software desarrollado por la FAO, Collect Earth, ha permitido un estudio en profundidad que se completará en menos de un año, algo que antes resultaba impensable.
Las tierras áridas se dividen en cuatro zonas de distinta aridez (véase el mapa): la zona subhúmeda seca –la menos árida de las cuatro zonas- que consiste sobre todo en la sabana sudanesa; los bosques y pastizales de América del Sur, las estepas de Europa oriental y el sur de Siberia, y las praderas de Canadá. La mayoría de los bosques en las tierras áridas aparecen en esta región, al igual que algunas grandes superficies de agricultura intensiva de regadío, a lo largo de los ríos perennes. En el otro extremo, la zona hiperárida es la más seca y está dominada por el desierto, con el Sahara que por sí solo representando el 45 por ciento, y destacando también por su tamaño el desierto de Arabia.
El estudio indica que los pastizales constituye el 31 por ciento del uso de la tierra en las zonas áridas, los bosques el 18 por ciento, el 14 por ciento son tierras de cultivo, el 2 por ciento humedales y los asentamientos humanos representan el 1 por ciento. La parte más extensa –un 34 por ciento- viene clasificada como "otras tierras" y consiste sobre todo en suelo desnudo y roca.
Mientras que el nuevo estudio presenta conclusiones a nivel mundial y regional, la FAO quiere ayudar a adaptar la metodología para evaluaciones a nivel de país, bajo petición. Estas pueden mejorar la capacidad de los gobiernos para realizar un seguimiento de los progresos realizados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular, el ODS 15, centrado en la gestión sostenible de los bosques, combatir la desertificación, detener y revertir la degradación del suelo y frenar la pérdida de biodiversidad.
Restaurar los ecosistemas frágiles en las tierras áridas
La metodología del estudio ya está siendo utilizado para la evaluación y el seguimiento de base en el proyecto implementado por la FAO, "Acción contra la desertificación", una iniciativa del Grupo de Estados de África, del Caribe y del Pacífico (ACP).
Durante cuatro años, y hasta 2019, el grupo ACP, la Unión Europea, la FAO, la Comisión de la Unión Africana y otros socios apoyarán a seis países africanos -Burkina Faso, Etiopía, Gambia, Níger, Nigeria y Senegal-, así como a Fiji y Haití a mejorar las condiciones y la productividad de las tierras afectadas por la degradación, la sequía y la desertificación..
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Datos básicos
Un vistazo a algunas de las conclusiones preliminares de la Evaluación mundial de las zonas áridas de la FAO:
• Las zonas áridas del mundo comprenden 1.110 millones de hectáreas de bosques, lo que supone el 27 por ciento de la superficie forestal mundial, estimada en aproximadamente 4 000 millones de hectáreas.
• Dos tercios de la superficie forestal de las tierras áridas pueden definirse como densas, lo que significa que tienen una canopia cerrada (es decir, una cubierta de copas superior al 40 por ciento).
• Los pastizales ocupan la segunda posición en el uso de la tierra en las zonas áridas (31 por ciento), seguidos por los bosques (18 por ciento) y tierras de cultivo (14 por ciento). La categoría “otras tierras” supone un 34 por ciento.
• Las zonas menos áridas poseen la mayor parte de los bosques. La proporción de tierras forestales es de 51 por ciento en la zona subhúmeda seca, un 41 por ciento en la zona semiárida, un 7 por ciento en la zona árida y 0,5 por ciento en la zona hiperárida. La densidad media de cubierta de copas es diez veces mayor en la zona subhúmeda seca que en la zona hiperárida.
• Los árboles fuera del bosque están presentes en 1 900 millones de hectáreas de zonas áridas (un 31 por ciento del total), si se incluye toda la tierra con cobertura de copas superior al 0 por ciento. El treinta por ciento de las tierras de cultivo y pastizales tienen al menos algo de cobertura de copas, al igual que el 60 por ciento de las tierras clasificadas como asentamientos humanos.
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Investigadores de la UAM diseñan fertilizantes de micronutrientes “todo en uno” más eficaces y sostenibles con el medio ambiente. Utilizando dos nuevos agentes quelantes, o,p-EDDHA y EDDS, junto con hierro, manganeso, zinc y cobre, han conseguido mejorar las deficiencias de cultivos establecidos en medios con alto pH.
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Aspecto visual de plantas de judía antes de la aplicación de los tratamientos.
El tono amarillento de las hojas muestra los síntomas derivados de la deficiencia de hierro, manganeso y zinc | UAM Gazette
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Las plantas, al igual que los seres humanos, precisan ciertos nutrientes para su correcto desarrollo. Entre ellos, están los micronutrientes, elementos esenciales cuya concentración en planta es, normalmente, inferior a 0,1% en peso, como el hierro, el manganeso, el zinc y el cobre. A pesar de ser requeridos en pequeñas cantidades, las deficiencias de estos micronutrientes son muy frecuentes en suelos calizos y en cultivos sin suelo desarrollados frecuentemente en zonas de aguas con pH básico. Estos dos tipos representan más de la mitad de los suelos agrícolas en España, además de en otras áreas del mundo.
La práctica agrícola más extendida para paliar este problema es la aplicación de fertilizantes mediante el riego (denominado fertirrigación); así, los nutrientes que contiene el riego son puestos a disposición de los cultivos. A pesar de que las deficiencias de estos elementos presentan causas comunes, es bastante frecuente la aplicación de fertilizantes de manera separada para cada nutriente; de esta forma, se evitan efectos adversos de competencia o reactividad entre ellos. Existen pocos estudios que evalúen formulaciones fertilizantes mixtas para ser aplicadas conjuntamente, reduciendo así su coste. Por eso, es fundamental encontrar nuevas fórmulas “todo en uno” que faciliten la labor de los agricultores, sean efectivas, sostenibles para el medio ambiente y reduzcan costes.
En este sentido, el grupo de micronutrientes de la Universidad Autónoma de Madrid ha desarrollado varios experimentos para evaluar la eficacia de nuevos fertilizantes, más respetuosos con el entorno, aplicados en forma de formulaciones mixtas a plantas de soja y judía en medios de cultivo con elevado pH.
Hasta el momento, los fertilizantes de micronutrientes más empleados, junto con las sales inorgánicas, eran los quelatos. Éstos contienen una molécula orgánica denominada agente quelante, que se une a los elementos citados (hierro, zinc, manganeso o cobre), estabilizándolos en mayor o menor medida y poniéndolos a disposición de la planta. Los agentes quelantes más utilizados son el ácido etilendiaminotetraacético (EDTA), el ácido hidroxietilendiaminotriacético (HEEDTA) y el ácido dietilentriaminopentaacético (DTPA). Sin embargo, estos agentes tienen un elevado efecto recalcitrante en el suelo. Por ello, desde la UAM se está trabajando con dos nuevos agentes quelates: el ácido etilen-diamino di-orto-hidroxi-fenil-acético (o,p-EDDHA) y el ácido etilendiaminodisuccínico (EDDS), que suponen dos alternativas más sostenibles con el medio ambiente y con similar o mayor efectividad.
Fertilizantes más baratos, eficaces y respetuosos con el medio ambiente
El o,p-EDDHA es un producto secundario derivado de la síntesis de su isómero, o,o-EDDHA, que, actualmente, es el agente quelante de referencia para la fertilización de hierro. El EDDS es un derivado del ácido ascórbico, un aminoácido esencial, y uno de los pocos agentes quelantes biodegradables que se conocen. No obstante, la eficacia de formulaciones mixtas de hierro en forma de o,o-EDDHA y zinc, manganeso y cobre con estos nuevos agentes quelantes ha sido, hasta el momento, desconocida.
Los resultados obtenidos por la Dra. Sandra López Rayo en el grupo de investigación dirigido por el Prof. Juan José Lucena indican que el agente quelante o,p-EDDHA es más efectivo que los quelatos tradicionales o las sales para aportar manganeso y zinc a las plantas en formulaciones mixtas. En el caso del EDDS han obtenido buenos resultados para el aporte de zinc.
“Estos resultados nos han permitido, por lo tanto, diseñar un fertilizante combinado de hierro, manganeso, zinc y cobre adecuado para condiciones de cultivos con pH básicos”, explica la Dra. Sandra López Rayo, coautora del artículo.
“Además, el hecho de que o,p-EDDHA sea un producto secundario de la síntesis de o,o-EDDHA hace que la combinación hierro-o,o-EDDHA y manganeso, zinc, cobre-o,p-EDDHA represente un mejor aprovechamiento de estos fertilizantes, reduciendo así costes de producción y dando un valor añadido a los productos que actualmente sólo contienen hierro. El EDDS, por su parte, dado su carácter biodegradable, representa la opción más medioambientalmente sostenible para la formulación de productos mixtos”, concluye la investigadora..
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Referencia | López-Rayo, S.; Nadal, P. & Lucena, J. J. Novel chelating agents for iron, manganese, zinc, and copper mixed fertilisation in high pH soil-less cultures. Journal of the Science of Food and Agriculture. DOI: 10.1002/jsfa.7183
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La agricultura es el sector más vulnerable al carácter estacional de la sequía. La región ya sufre episodios anuales similares a la sequía y, a menudo, la baja disponibilidad de agua impacta la agricultura y los recursos hídricos, generando además un número significativo de incendios forestales.
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Se espera que el cambio climático aumente la intensidad y frecuencia de las sequías en el Caribe, por lo que los países deben mejorar sus capacidades para hacer frente a este y otros problemas relacionados con el clima para garantizar la seguridad alimentaria y la erradicación del hambre, señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El Caribe se enfrenta a importantes desafíos en términos de sequía, según un nuevo estudio de la FAO. La región ya sufre episodios anuales similares a la sequía y, a menudo, la baja disponibilidad de agua impacta la agricultura y los recursos hídricos, generando además un número significativo de incendios forestales.
El Caribe también experimenta estaciones secas intensas, especialmente en años con El Niño. Aunque sus impactos son generalmente compensados por la siguiente temporada de lluvias, las estaciones húmedas a menudo terminan temprano y las estaciones secas duran más, con el resultado de que la precipitación anual es menor a la esperada.
Siete de los 36 países con mayor escasez de agua del mundo son parte del Caribe, y Barbados está entre los diez que la sufren de forma más acusada. La FAO define países como “escasos de agua” a Barbados, Antigua y Barbuda y Saint Kitts y Nevis, ya que tienen menos de 1000 m3 recursos de agua dulce per cápita. "La sequía es la causa más común de la escasez grave de alimentos en los países en desarrollo, por lo que esta es una cuestión clave para la seguridad alimentaria del Caribe", dijo Deep Ford, Coordinador Regional de la FAO en el Caribe.
Los impactos de la sequía sobre la agricultura y la seguridad alimentaria
Con las sequías volviéndose cada vez más estacionales en el Caribe, la agricultura es el sector que se verá más afectado, con graves consecuencias económicas y sociales. Esto es particularmente importante, ya que la mayoría de la agricultura del Caribe es de secano. Con el uso cada vez más generalizado del riego en el Caribe, el suministro de agua dulce de los países será cada vez más importante.
La sequía puede afectar al sector agrícola de varias maneras, mediante la reducción de los rendimientos de los cultivos y la productividad, o causando la muerte prematura de ganado y aves de corral. Un período de sequía de tan sólo 7-10 días puede resultar en una reducción de rendimientos, influyendo las condiciones de vida de los agricultores.
Los agricultores, y en particular los pequeños agricultores, son vulnerables a la sequía. La falta de precipitaciones amenaza sus medios de vida si sus cultivos son de secano, mientras que los bajos niveles de agua aumentan sus costos de producción debido a que tienen que aumentar la irrigación. La sequía afecta el valor nutricional de las zonas de pastoreo de ganado, ya que especies tolerantes a la sequía, de menor calidad, empiezan a dominar aumentando la vulnerabilidad del ganado. La sequía también incrementando el riesgo de enfermedades del ganado.
Los pobres son vulnerables ya que a menudo las sequías se asocian a aumentos de los precios de los alimentos. El agua desalinizada, más cara, se vuelve una fuente de suministro de agua cada vez más importante en el Caribe, y representa hasta el 70% del suministro en Antigua y Barbuda, lo que puede afectar significativamente a los pobres. Las comunidades rurales son vulnerables ya que sus redes de agua son golpeadas de manera más fuerte durante la sequía, mientras que los niños están en mayor riesgo de abastecimiento inadecuado de agua en episodios de sequía.
El cambio climático genera nuevos retos
Los desastres naturales que ocurren con mayor frecuencia en el Caribe están relacionados con el clima y sus efectos pueden aumentar debido al cambio climático. La vulnerabilidad de la región a los peligros relacionados con el clima se manifiesta en la pérdida de vidas y las pérdidas económicas y financieras anuales producto de fuertes vientos, inundaciones y sequías.
Entre 1970 y 2000, el Caribe sufrió pérdidas directas e indirectas estimadas entre 700 y 3 300 millones de dólares EE UU debido a desastres naturales asociados con fenómenos meteorológicos y climáticos.
Hasta el momento, el Caribe ha centrado su atención principalmente en inundaciones y tormentas, por lo que actualmente carece de una gobernanza efectiva, recursos humanos y financiación necesarias para abordar con eficacia los problemas de sequía.
También sufre deficiencias en su coordinación a nivel nacional en la formulación y planificación de políticas. Si bien muchos programas regionales y nacionales han iniciado respuestas para aumentar la resiliencia frente a los efectos de la sequía, muchos de estos se encuentran aún en borrador, requieren revisión o están siendo mal implementados.
Sin embargo, fue la gravedad de la sequía de 2009-2010 la que obligó a la región a reaccionar. La peor sequía en más de 40 años, dio lugar a una significativa escasez de agua a lo largo de la región, generando pérdidas en la agricultura y otros sectores económicos clave, afectando muchos medios de vida. Dicho evento obligó a la región a reconsiderar, particularmente a la luz del cambio climático, un Caribe más seco de aquí a final de año como un desastre que requiere planificación y que debe ser manejado de manera más estratégica.
Los marcos regionales son un primer paso necesario
Tres marcos muy relevantes para la gestión de la sequía en la región son el Marco Estratégico de Gestión Integral de Desastres, el Marco Regional de la CARICOM para el Logro de un Desarrollo Resiliente al Cambio Climático 2011-2021; y la Iniciativa Jagdeo. Además, la Red de Monitoreo de la Sequía y Precipitación del Caribe (CDPMN, por sus siglas en inglés) se estableció en 2009, después de la sequía de dicho año.
Sin embargo, la necesidad más urgente es que los países desarrollen fuertes iniciativas nacionales. De acuerdo con el informe de la FAO, actualmente la formulación de políticas y la planificación en relación con la sequía se ve obstaculizada por una gobernanza débil, falta de financiación y una gestión de la tierra mal coordinada.
"Sin embargo, estos problemas pueden ser superados por una fuerte voluntad política que anima a la participación de todos los actores sociales en los procesos políticos y de planificación, lo que permite el desarrollo sostenible de los suministros de agua para enfrentar los desafíos venideros", dijo Ford..
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