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Miden potentes vientos estratosféricos en Júpiter por primera vez

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El planeta es famoso por sus distintivas bandas rojas y blancas: nubes arremolinadas de gas en movimiento que los astrónomos utilizan tradicionalmente para rastrear los vientos de SU atmósfera inferior.
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Esta imagen es una representación artística de los vientos en la estratosfera de Júpiter cerca del polo sur del planeta.
ESO / L. Calçada & NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS
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Utilizando el conjunto ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), un equipo de astrónomos ha medido por primera vez, de forma directa, los vientos de la atmósfera media de Júpiter. Al analizar las secuelas de una colisión de cometas que tuvo lugar en la década de 1990, los investigadores han revelado que, cerca de los polos de Júpiter, se desencadenaron vientos de una enorme potencia, con velocidades de hasta 1450 kilómetros por hora. Podrían representar lo que el equipo ha descrito como una "bestia meteorológica única en nuestro Sistema Solar".

Júpiter es famoso por sus distintivas bandas rojas y blancas: nubes arremolinadas de gas en movimiento que los astrónomos utilizan tradicionalmente para rastrear los vientos de la atmósfera inferior de Júpiter. Los astrónomos también han visto, cerca de los polos de Júpiter, los vívidos resplandores conocidos como auroras, que parecen estar asociados con fuertes vientos en la atmósfera superior del planeta. Pero, hasta ahora, los investigadores nunca habían podido medir de forma directa los patrones de los vientos que tienen lugar entre estas dos capas atmosféricas, en la estratosfera.

Medir las velocidades del viento en la estratosfera de Júpiter utilizando técnicas de seguimiento de nubes es imposible debido a la ausencia de nubes en esta parte de la atmósfera. Sin embargo, los astrónomos obtuvieron una ayuda alternativa para poder llevar a cabo estas mediciones: el cometa Shoemaker-Levy 9, que colisionó con el gigante gaseoso de manera espectacular en 1994. Este impacto produjo nuevas moléculas en la estratosfera de Júpiter, donde se han estado moviendo con los vientos desde entonces.

Un equipo de astrónomos, dirigido por Thibault Cavalié, del Laboratorio de Astrofísica de Burdeos (Francia), ha rastreado una de estas moléculas – cianuro de hidrógeno – para medir directamente los "chorros" estratosféricos en Júpiter. Los científicos usan la palabra "chorros" para referirse a bandas estrechas de viento en la atmósfera, como las corrientes de chorro de la Tierra.

“El resultado más espectacular es la presencia de fuertes chorros, con velocidades de hasta 400 metros por segundo, que se encuentran bajo la aurora, cerca de los polos”, afirma Cavalié. Estas velocidades de viento, equivalentes a unos 1450 kilómetros por hora, son más del doble de las velocidades máximas de tormenta alcanzadas en la Gran Mancha Roja de Júpiter y más del triple de la velocidad del viento medida en los tornados más fuertes de la Tierra.

“Nuestra detección indica que estos chorros podrían comportarse como un vórtice gigante con un diámetro de hasta cuatro veces el de la Tierra y unos 900 kilómetros de altura”, explica el coautor, Bilal Benmahi, también del Laboratorio de Astrofísica de Burdeos. “Un vórtice de este tamaño sería una bestia meteorológica única en nuestro Sistema Solar”,añade Cavalié.

Los astrónomos conocían los fuertes vientos que hay cerca de los polos de Júpiter, pero en una parte mucho más alta de la atmósfera, cientos de kilómetros por encima del área en la que se centra el nuevo estudio, que se publica hoy en la revista Astronomy & Astrophysics. Estudios previos predijeron que estos vientos de la atmósfera superior disminuirían en velocidad y desaparecerían mucho antes de llegar a una zona tan profunda como la estratosfera. Según Cavalié, “Los nuevos datos de ALMA nos dicen lo contrario”, y añade que encontrar estos fuertes vientos estratosféricos cerca de los polos de Júpiter fue una "verdadera sorpresa".

El equipo utilizó 42 de las 66 antenas de alta precisión de ALMA, ubicadas en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, para analizar las moléculas de cianuro de hidrógeno que se han estado moviendo en la estratosfera de Júpiter desde el impacto de Shoemaker-Levy 9. Los datos de ALMA les permitieron medir el efecto Doppler —pequeños cambios en la frecuencia de la radiación emitida por las moléculas— causado por los vientos en esta región del planeta. “Al medir este cambio, pudimos deducir la velocidad de los vientos de manera muy similar a como se hace para deducir la velocidad de un tren que pasa por el cambio en la frecuencia del silbato del tren”, explica el coautor del estudio, Vincent Hue, científico planetario del Instituto de Investigación Southwest, en Estados Unidos.

Además de los sorprendentes vientos polares, el equipo utilizó ALMA para confirmar, también por primera vez, la existencia de fuertes vientos estratosféricos alrededor del ecuador del planeta midiendo directamente su velocidad. Los chorros detectados en esta parte del planeta tienen velocidades medias de unos 600 kilómetros por hora.

El tiempo de telescopio empleado por ALMA para llevar a cabo las observaciones con las que se rastrearon los vientos estratosféricos, tanto en los polos como en el ecuador de Júpiter, fue de menos de 30 minutos. “Los altos niveles de detalle que logramos en este corto espacio de tiempo demuestran realmente la capacidad de las observaciones de ALMA”, dice Thomas Greathouse, científico del Instituto de Investigación Southwest (EE.UU.) y coautor del estudio. “Para mí es asombroso poder ver la primera medición directa de estos vientos”.

“Estos resultados de ALMA abren una nueva ventana para el estudio de las regiones de Júpiter con auroras, algo realmente inesperado hace tan solo unos meses”, afirma Cavalié. “También preparan el escenario para mediciones similares, pero más extensas, que realizarán la misión JUICE y su instrumento de ondas submilimétricas”, añade Greathouse, refiriéndose al JUpiter ICy moons Explorer (explorador de las lunas heladas de Júpiter) de la Agencia Espacial Europea, que se espera se lance al espacio el próximo año.

El Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de ESO, basado en tierra y que verá su primera luz a finales de esta década, también explorará Júpiter. El ELT será capaz de hacer observaciones muy detalladas de las auroras del planeta, dándonos más información sobre su atmósfera.
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Descubren un enorme disco giratorio en el Universo primitivo


La galaxia DLA0817g, apodada Disco Wolfe en homenaje al astrónomo Arthur M. Wolfe, es la galaxia espiral giratoria más distante observada a la fecha. El hallazgo pone en entredicho los modelos tradicionales de formación de las galaxias.
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Representación artística del Disco Wolfe (NRAO/AUI/NSF, S. Dagnello)
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En nuestro Universo de 13.800 millones de años, la mayoría de las galaxias como nuestra Vía Láctea se forman gradualmente y se vuelven masivas relativamente tarde. Sin embargo, un nuevo hallazgo del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), que observó una galaxia espiral en una región donde el Universo tenía solo un 10 por ciento de su edad actual, pone en entredicho los modelos tradicionales de formación de las galaxias. Los resultados de este estudio se publicaron en la revista Nature.

La galaxia DLA0817g, apodada Disco Wolfe en homenaje al astrónomo Arthur M. Wolfe, es la galaxia espiral giratoria más distante observada a la fecha. La capacidad sin parangón de ALMA permitió observarla girando a 272 kilómetros por segundo, una velocidad similar a la de nuestra Vía Láctea.

“Aunque otros estudios ya habían revelado indicios de la existencia de estas galaxias espirales giratorias llenas de gas, gracias a ALMA ahora tenemos pruebas fehacientes de que ya existían tan solo unos 1.500 millones de años después del Big Bang”, señala el autor principal del artículo, Marcel Neeleman, del Instituto Max Planck de Astronomía de Heidelberg (Alemania).

¿Cómo se formó el Disco Wolfe?

El descubrimiento del Disco Wolfe contradice muchas simulaciones de formación galáctica según las cuales las galaxias masivas en ese momento de la evolución del cosmos son el resultado de numerosas fusiones entre galaxias más pequeñas y bolsas de gas caliente.

“La mayoría de las galaxias observadas en los albores del Universo tienen un aspecto caótico porque sufrieron fusiones reiteradas y muchas veces violentas”, explica Neeleman. “Estos procesos de fusión calientes dificultan la formación de discos giratorios fríos y ordenados como los que se ven en el Universo actual”.

En la mayoría de los modelos de formación galáctica, las galaxias solo empiezan a parecer discos bien formados cerca de unos 6.000 millones de años después del Big Bang. El hecho de que los astrónomos hayan observado una galaxia espiral donde el Universo tenía solo un 10% de su edad actual significa que deben haber prevalecido otros procesos de formación.

“Creemos que el Disco Wolfe se formó principalmente mediante una acreción constante de gas frío”, propone el coautor del artículo J. Xavier Prochaska, de la Universidad de California en Santa Cruz (EE. UU.). “Aún queda por explicar cómo se acumula una masa de gas tan grande mientras se mantiene un disco giratorio relativamente estable”.

Formación estelar

El equipo usó el Karl G. Jansky Very Large Array (VLA) de la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos y el telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA para estudiar los procesos de formación estelar en el Disco Wolfe. Se usaron longitudes de onda de radio para observar los movimientos de la galaxia y la masa de polvo y gas atómicos con ALMA y medir la cantidad de masa molecular (que alimenta la formación de las estrellas) con el VLA. En tanto, el telescopio Hubble observó estrellas masivas en luz UV. “La tasa de formación estelar en el Disco Wolfe es al menos 10 veces superior a la de nuestra galaxia”, explica Prochaska. “Debe ser una de las galaxias espirales más productivas del Universo primitivo”.

Una galaxia “normal”

El Disco Wolfe fue descubierto por ALMA en 2017. Neeleman y su equipo descubrieron la galaxia mientras estudiaban la luz de un cuásar más distante. La luz del cuásar era absorbida al pasar a través de una enorme bolsa de gas de hidrógeno que rodeaba la galaxia, y que en última instancia delató su presencia. En vez de observar la luz directa de galaxias más raras pero extremadamente brillantes, los astrónomos usaron este método de absorción para detectar galaxias más tenues y “normales” en el Universo primitivo.

“El hecho de que hayamos encontrado el Disco Wolfe usando este método es un indicio de que forma parte de la población normal de galaxias presentes al comienzo del Universo”, afirma Neeleman. “Cuando nuestras observaciones más recientes con ALMA revelaron, para nuestra sorpresa, que estaba girando, nos dimos cuenta de que las galaxias espirales giratorias no son tan escasas en el Universo primitivo como pensábamos, y que debe haber muchas más”. “Esta observación muestra a la perfección cómo nuestros conocimientos del Universo aumentan con la gran sensibilidad que ALMA aporta a la radioastronomía”, comenta Joe Pesce, director del programa de astronomía de la Fundación Nacional de Ciencia de EE. UU., que financia el telescopio. “ALMA nos permite realizar hallazgos inesperados prácticamente en cada observación”.
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Trabajo de referencia | “A Cold, Massive, Rotating Disk 1.5 Billion Years after the Big Bang” (‘Un disco giratorio frío y masivo 1.500 millones de años después del Big Bang’), de Marcel Neeleman & J. Xavier Prochaska et al., publicado en la revista Nature. DOI: 10.1038/s41586-020-2276-y
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ETIQUETASAstronomíaInvestigación
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Las extrañas órbitas de los discos planetarios de ‘Tatooine’


Gracias gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) se observan órbitas sorprendentes en discos protoplanetarios alrededor de estrellas binarias. Estos sistemas pueden ayudar a entender mejor cómo se forman los planetas en entornos complejos.
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Discos protoplanetarios alrededor de estrellas binarias.
Créditos: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), I. Czekala y G. Kennedy; NRAO/AUI/NSF, S. Dagnello.
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Un equipo de astrónomos ha descubierto, gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), órbitas sorprendentes en discos protoplanetarios alrededor de estrellas binarias. Mientras los discos que giran alrededor de sistemas binarios compactos comparten el mismo plano, aquellos que rodean sistemas binarios más extensos presentan planos orbitales considerablemente inclinados. Estos sistemas pueden ayudarnos a entender mejor cómo se forman los planetas en entornos complejos.

En las últimas dos décadas, se han detectado miles de planetas que orbitan estrellas distintas de nuestro Sol. Algunos de ellos orbitan alrededor de dos estrellas, al igual que Tatooine, el hogar de Luke Skywalker. Los planetas se forman dentro de discos protoplanetarios (gracias a ALMA tenemos imágenes espectaculares de estos discos), pero la mayoría de los discos estudiados hasta ahora orbitan alrededor de estrellas solitarias. Los exoplanetas como Tatooine, en cambio, se forman en discos que rodean estrellas binarias, por lo que se conocen como discos circumbinarios.

El estudio de los lugares donde se forman planetas como Tatooine brinda una oportunidad única para entender cómo se forman los planetas en distintos entornos. Los astrónomos ya sabían que las órbitas de las estrellas binarias podían deformar e inclinar los discos que las rodean y producir discos circumbinarios desalineados con respecto al plano orbital de sus estrellas centrales. Por ejemplo, en un estudio realizado en 2019 por Grant Kennedy, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), ALMA descubrió un sorprendente disco circumbinario en una configuración polar.

“Con nuestro estudio, queríamos conocer mejor las geometrías típicas de los discos circumbinarios”, cuenta Ian Czekala, astrónomo de la Universidad de California en Berkeley. Czekala y su equipo utilizaron datos de ALMA para determinar el grado de alineación de 19 discos protoplanetarios que giran alrededor de estrellas binarias. “Los datos de alta resolución obtenidos con ALMA fueron cruciales para estudiar algunos de los discos circumbinarios más pequeños y tenues observados a la fecha», explica Czekala.

Los astrónomos compararon los datos de ALMA con una docena de planetas similares a Tatooine descubiertos con el telescopio espacial Kepler. Para su sorpresa, el grado de desalineación entre las estrellas binarias y sus discos circumbinarios depende en gran medida del período orbital de las estrellas. Mientras menor sea el período orbital de la estrella binaria, mayor es la probabilidad de que tenga un disco alineado con su órbita. En tanto, las estrellas binarias con períodos superiores a un mes suelen tener discos desalineados.

“Se observa una clara superposición entre los discos pequeños, que orbitan binarias compactas, y los planetas circumbinarios observados por la misión Kepler”, señala Czekala. Debido a que la primera misión del telescopio Kepler duró cuatro años, los astrónomos solo pudieron descubrir planetas alrededor de estrellas binarias con órbitas mutuas de menos de 40 días. Todos ellos estaban alineados con las órbitas de sus estrellas anfitrionas. Quedó por determinar, pues, si había muchos planetas desalineados que el telescopio Kepler no logró encontrar. “Gracias a nuestro estudio, ahora sabemos que difícilmente pudo haber muchos planetas desalineados que se le escaparon al telescopio Kepler, puesto que los discos circumbinarios presentes alrededor de las estrellas binarias compactas generalmente también están alineados con dichas estrellas”, agrega Czekala.

Así y todo, sobre la base de estos hallazgos, los astrónomos consideran que los planetas que orbitan de forma desalineada alrededor de sistemas binarios extensos no escasean y que vale la pena seguir buscándolos con otros métodos de estudio de exoplanetas, como las imágenes directas y los microlentes. (La misión Kepler de la NASA usó el método del tránsito, comúnmente usado para buscar planetas.)

Ahora, Czekala quiere entender por qué hay una correlación tan fuerte entre la (des)alineación del disco y el período orbital de la estrella binaria. “Queremos usar instrumentos existentes y en construcción como ALMA y el Next Generation Very Large Array para estudiar la estructura de los discos con increíbles niveles de precisión, y tratar de entender cómo los discos deformados o inclinados afectan el entorno donde se forman los planetas y cómo esto podría influir en la población de planetas que se forman dentro de estos discos”, explica.

“Esta investigación es un gran ejemplo de cómo se hacen nuevos hallazgos a partir de observaciones anteriores”, celebra Joe Pesce, director de programa de la Fundación Nacional de Ciencia de EE.UU. para el Observatorio Radioastronómico Nacional de Estados Unidos (NRAO, en su sigla en inglés) y ALMA. “Si se pudo definir tendencias en la población de discos circumbinarios fue gracias a la existencia de archivos de observaciones realizadas por la comunidad astronómica que usó ALMA en ciclos anteriores”.
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ETIQUETASAstronomía