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¿Por qué cuesta hacer amigos a partir de los 30?


El aumento de la exigencia y de las responsabilidades laborales y familiares son dos de los motivos que dificultan crear vínculos afectivos.
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Anna Sánchez-Juárez (UOC) | Un estudio de la Universidad Aalto en Finlandia y de la Universidad de Oxford en el Reino Unido revela que es a la edad de los 25 años cuando se llega al máximo número de conexiones sociales. Los investigadores, que han analizado los datos de 3 millones de usuarios de teléfono móvil de varios países europeos —para identificar sus patrones de comportamiento en las llamadas (frecuencia y duración) y en las redes sociales—, explican que los jóvenes no paran de hacer amistades hasta esa edad, pero que luego las empiezan a perder rápidamente.

Las mujeres, según la investigación, suelen perderlas más rápidamente que los hombres, pero pasados los años, hacia los cuarenta, ellos acaban con un total de amistades menor que el de ellas. Estos investigadores creen que las mujeres invierten más esfuerzos antes que ellos para encontrar o mantener las amistades que responden al ideal de "mejor amiga o amigo". Una vez creen que las han encontrado, invierten más tiempo a nutrir estas relaciones y pierden otras menos valiosas para ellas.

Para el profesor de psicología de la UOC Adrián Montesano, otro factor que puede desencadenar este fenómeno es que alrededor de la treintena las personas ya tienen sus intereses vitales más definidos, y muchas veces el "grupo de iguales" de la adolescencia y de la primera juventud deja de ser una referencia fundamental para construir la propia identidad.

Como apunta el sociólogo Francesc Núñez, investigador en emociones de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), los criterios de selección y la capacidad de crear vínculos afectivos se hacen más restrictivos. "Cuando eres joven, lo que tienes por delante es un potencial indefinido muy grande, no has definido tu vida, ni tus gustos, ni tus criterios de elección. A medida que te haces mayor te vas definiendo, y como la amistad normalmente funciona entre iguales, cada vez son menos los 'iguales' que encuentras en el mundo", añade.

Además, en esta nueva etapa vital, explica también Natàlia Cantó, investigadora en emociones y socióloga de la UOC, muchas personas adquieren responsabilidades laborales y familiares (pareja, hijos, etc.) que absorben gran parte de su actividad diaria, dejando poco margen para cultivar la esfera social. "Las personas no se conocen en cinco minutos, y en estas circunstancias, algunos nuevos espacios donde pasar suficiente tiempo para conocer gente pueden ser los grupos de padres", apunta Cantó.

Hoy en día, muchas parejas que se separan a los treinta o los cuarenta tienen dificultades para encontrar amigos para quedar. "Esto puede ocurrir porque la pareja comparte el círculo de amistades y, tras la separación, uno de ellos se queda fuera de él, o porque la pareja estaba tan fusionada, que ha olvidado dedicar tiempo a la red individual de amistades", argumenta Montesano. Para evitarlo, Núñez recomienda que, si la vida lo permite, se cultiven siempre las amistades con encuentros, aunque sea con más o menos intensidad. "De todos modos, una buena amistad el tiempo no la deteriora", advierten los tres expertos de la UOC.

Consejos para hacer nuevas amistades

Para hacer nuevas amistades en edad adulta, Cantó aconseja aprender a ser receptivo con los demás, ser tolerante, compartir y entender que los amigos no tienen que sentir y pensar igual. Montesano, por su parte, recomienda viajar para conocerse a uno mismo y conocer a otras personas, perder el miedo a hablar con desconocidos y conectar con comunidades a las que les guste hacer las mismas cosas, como, por ejemplo, deporte. Y Núñez remarca la importancia de tener la voluntad de construir una amistad y ser capaz de generar encuentros sin juzgarlos en términos de beneficio-coste.

Para los millennials que viajan a menudo o que cambian con frecuencia de ciudad de residencia y para los que les resulta difícil encontrar nuevas amistades, en los últimos años han aparecido en todo el mundo aplicaciones para conocer gente. Es el caso de la conocida Meetup, con 32 millones de miembros activos en 182 países y con una media de 15.000 reuniones diarias en el mundo, que ofrece a los usuarios la posibilidad de asistir a actividades vinculadas a grupos unidos por un interés común (cultura, senderismo, fotografía, etc.).

Otros dos ejemplos de aplicaciones que declaran que huyen del concepto de plataforma para ligar son Pattook, con el lema «The Strictly Platonic Friend Making App», y HeyVINA, una aplicación que se describe como un Tinder para mujeres que viajan o se han ido a vivir a otra ciudad y desean hacer amigas.

Para otros tres expertos de la UOC, este tipo de aplicaciones son útiles porque pueden ahorrar muchos pasos, como descubrir quién está en una situación similar o quién está receptivo a conocer gente, y así hacer una primera criba. Ahora bien, como subrayan, una buena amistad requiere tiempo y esfuerzo.

Amigos para combatir la depresión

Algunas investigaciones internacionales recuerdan que es importante mantener las amistades porque son beneficiosas para la salud mental —para combatir, por ejemplo, la depresión— o para la salud física. En este último caso, hay estudios que conectan el aislamiento social con el riesgo cardiovascular.
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Tener amigos en el trabajo mejora la productividad y reduce el estrés


Varios estudios señalan que las relaciones positivas en el entorno laboral también fomentan la creatividad y la satisfacción de los empleados.
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Cuando suena el despertador bien temprano por la mañana para ir al trabajo, algunos lo desactivan con menos enfado porque saben que, cuando lleguen a la oficina, les espera un puñado de amigos. Su jornada será un poco más agradable, pues trabajarán con gente con quien tienen sintonía. Un estudio de LinkedIn elaborado en 2014 indica que el 46% de los empleados que tienen amigos en el trabajo se sienten más felices, una cifra que sube hasta el 57% en el caso de los trabajadores más jóvenes, entre 18 y 24 años. Los expertos aseguran que si con las personas que forman parte de nuestro entorno laboral nos une también una relación de amistad, esto redunda en beneficio de las tareas que realizamos y resulta positivo para la empresa, aunque, a veces, también se pueden producir algunas disfunciones.

"Cuando hay relaciones más estrechas y positivas entre los trabajadores, también hay más tendencia a colaborar, los equipos son más eficaces y, en general, hay un sentimiento de confort y apoyo que contribuye a construir un buen clima de trabajo", indica Gina Aran, profesora colaboradora del máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Por su parte, Mar Sabadell, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experta en prevención de riesgos laborales, asegura que las relaciones dentro del trabajo son importantes porque contribuyen a una mejor comprensión del puesto de trabajo y permiten compartir información relevante de la organización y de las personas.

Varios estudios han constatado las ventajas que comporta la amistad con los colegas en el trabajo; por ejemplo, ayuda a reducir y gestionar mejor las situaciones de estrés; el trabajador se siente escuchado, comprendido y ayudado por ese colega que es a la vez su amigo. Además, estas relaciones positivas también fomentan la creatividad y hacen que los empleados sean más productivos. "En la medida en que los trabajadores, entre ellos, se proporcionan apoyo social en el puesto de trabajo, la experiencia de trabajo puede ser más gratificante, reduciendo la tensión psicológica y mejorando los niveles de bienestar de la persona", apunta Sabadell. Además de apoyo emocional, esta experta también recalca que los trabajadores reciben apoyo informativo e instrumental de los compañeros con quienes tienen buena sintonía.

Menos rotación

La profesora de los Estudios de Economía y Empresa añade que si bien "el grado de sintonía con los compañeros no es constante", cuando hay un buen clima se mejora la consecución de las tareas y hay una rotación menor de personas en la empresa, que estabiliza y consolida el equipo de trabajo. Por el contrario, si dos amigos se pelean en un determinado momento, esto, de rebote, puede afectar negativamente al trabajo. En este sentido, Aran afirma que dos personas que están peleadas no pueden trabajar conjuntamente de manera eficiente. Cosas como dificultar el trabajo del compañero, no responderle los correos o no hablarle ponen en entredicho el trabajo en equipo.

El apoyo por parte de los colegas y del jefe es habitual en el trabajo. Así lo indica la encuesta europea de condiciones de trabajo de 2015. Según este estudio, el 72% de los trabajadores asegura que recibe apoyo social de sus compañeros, mientras que un 59% asegura que sus superiores le apoyan. Las cifras son más altas en el caso de los empleados jóvenes y descienden en el caso de los operarios de mayor edad, a partir de los cincuenta años. "Más que ser amigos, interesa que los trabajadores se respeten, se comuniquen y colaboren, porque redunda en una mayor productividad", explica Aran. "El apoyo social tiene una influencia directa positiva sobre la salud y el bienestar y, a su vez, reduce o amortigua el estrés", añade Sabadell.

Grupos cerrados y exceso de confianza

Aunque a menudo los lazos de amistad redundan en beneficio del trabajo y de la empresa, a veces también se pueden producir algunos efectos negativos. "En algunos casos, se puede llegar a extremos en que las personas amigas se aíslan como grupo y forman un reino de taifas, que resulta perjudicial para las relaciones y los procesos de trabajo", indica la profesora del máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la UOC. Por su parte, Sabadell afirma que también se pueden producir disfunciones como por ejemplo un "exceso de confianza", el hecho de entregar el trabajo tarde o peor acabado porque un amigo no se quejará. Para las dos expertas, sin embargo, lo más negativo es la falta de apoyo por parte de los demás y del jefe: "Algunos estudios han observado una conexión entre la falta de apoyo social y el malestar musculoesquelético", afirma la profesora Mar Sabadell.

Si las relaciones de amistad entre los compañeros son, en general, positivas; ¿qué pasa cuando el amigo es el jefe? ¿Es compatible tener un amigo que, al mismo tiempo, sea un superior en el trabajo? "Puede pasar que nos encontremos ante un conflicto de inter-roles, es decir, situaciones en las que nuestro comportamiento requiere actuar en roles incompatibles", explica Sabadell. Aran coincide en la dificultad de mantener una relación de amistad saludable con un superior: "Esta relación de amistad es complicada, tanto por la falta de objetividad en momentos concretos, como por el recelo de quienes no son amigos. En caso de existir amistad entre el jefe y el empleado, es imprescindible que desde el primer momento ambos consensuen los roles de cada cual y queden claras sus atribuciones".
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