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Agrotiendas y cooperativas desperdician hasta un 80% menos fruta y verdura que los supermercados

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El desperdicio alimentario en las agrotiendas, cooperativas agrarias y paradas de agricultores es de entre el 1% y el 2%, un porcentaje muy inferior al de los supermercados, donde del 5% al 10% de las frutas y hortalizas acaban en la basura.
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Así se desprende de un estudio del Institut de Ciència i Tecnología Ambientales de la Universidad Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) desarrollado en el marco de un proyecto que pretende contribuir a la creación de municipios resilientes que puedan hacer frente a situaciones de vulnerabilidad en materia alimentaria como la generada por la pandemia de Covid19.

El 80% de los alimentos mundiales se consumen en las ciudades, donde también se concentra el 70% de la generación de residuos. El proyecto PANDÈMIES - “Municipios resilientes a las pandemias mediante el nexo de agricultura de proximidad, energía, agua y residuos. Del piloto al municipio” pretende reducir el desperdicio alimentario, acercar la producción sostenible a los consumidores en las ciudades y concienciar a la población sobre este problema global.

El estudio compara el nivel de desperdicio alimentario de frutas y verduras en los establecimientos de cadena de distribución larga (supermercado, hipermercado) que suministran al 81% de la población, con los de cadena corta (agrotiendas, cooperativas agrarias y venta directa del agricultor), que abastecen al 19% de la población.

El desperdicio en agrotiendas y cooperativas es hasta un 80% menor que en los supermercados debido a que, en este tipo de establecimientos, se establece una mayor relación entre el comprador y el vendedor, que fomenta el consumo de alimentos más variados y de temporada. Asimismo, los clientes suelen tener una mayor conciencia ambiental y tienden a adquirir productos más “feos” estéticamente, la mayoría de los cuales no llegan a los supermercados. Según Pietro Tonini, investigador del ICTA-UAB responsable de este estudio, “entre un 10 y un 15% de lo que se cultiva se queda en el campo debido a exigencias estéticas, a la saturación del mercado o a precios demasiado bajos, unas cifras que no se contabilizan como desperdicio alimentario”.

El estudio, realizado con la colaboración del Ayuntamiento de Sabadell a partir de datos del Parc Agrari de Sabadell y de la cooperativa El Rodal, pone de manifiesto que quienes compran en supermercados/hipermercados suelen hacer un consumo más elevado de productos ultraprocesados, un tipo de alimentos que ha aumentado tras la pandemia. Por el contrario, los clientes de agrotiendas y cooperativas consumen más cantidad de productos frescos, dedican más tiempo a cocinar, y tienen una mayor conciencia ambiental y sobre la alimentación saludable.

Se estima que la distribución de cadena larga desperdicia 60 millones de toneladas de productos alimentarios cada año en Europa, es decir, entre 35 y 38 kilogramos por persona y año. “Esto significa que más de una tercera parte de lo que producimos se desperdicia: un dato terrible”, explica Pietro Tonini quien destaca que, por fortuna, la cadena corta de distribución está creciendo en los países del Mediterráneo.

El objetivo del proyecto es concienciar y promover entre la producción alimentaria sostenible entre la población, acercando la producción al consumidor. “En la actualidad, los mayoristas importan los productos de lejos, de manera que estamos rompiendo el sistema que hay en torno a las ciudades”, concluye Pietro Tonini.
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El 'efecto acopio', la compra emocional ante el miedo

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El 23% de los españoles afirma haber hecho acopio de alimentos por si acaso desde el inicio de la guerra. Según los expertos, limitar el número de productos aumenta la sensación de pánico e inseguridad en el consumidor y lo incita a un mayor aprovisionamiento.
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Fotografía | ElasticComputeFarm de Pixabay
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Núria Bigas Formatjé | UOC

El consumo de aceite de girasol que tiene un español durante todo un año es de 4 litros; desde el inicio de la guerra en Ucrania, el gasto que están haciendo algunos consumidores es de 5 litros al mes. Esta reacción es lo que los expertos consideran "efecto acopio". "Es la acción que realiza un consumidor al comprar más productos de los que realmente va a consumir en un período corto de tiempo para tenerlos como reserva en sus despensas. Se trata de un comportamiento que normalmente se produce debido a la falsa sensación de desabastecimiento de ciertos productos o por el anuncio de un encarecimiento de la materia prima que le lleva a comprar el producto en este momento y en mayor cantidad, antes de que suba de precio", explica Cristian Castillo, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Crece la incertidumbre, sube la compra emocional, el acopio

La guerra en Ucrania y los posibles problemas económicos y de suministro derivados de este conflicto han hecho que crezca la incertidumbre en los consumidores. Según el observatorio de 40dB de abril de 2022, el 92% de los españoles cree que la guerra entre Rusia y Ucrania afecta negativamente a la economía española y solo un 3% niega que sea así. "En época de crisis económica, o cuando se producen situaciones que generan incertidumbre sobre el tiempo que pueden prolongarse y la posibilidad de que se agraven, el consumidor tiene una sensación de pérdida de seguridad y desarrolla un comportamiento de compra compulsiva (emocional)", explica Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. En esta misma línea, Juan Carlos Gázquez-Abad, también profesor colaborador de estos Estudios, afirma que "efectivamente, por una parte, lo emocional derivado de una situación extrema y complicada hace que los consumidores se vuelvan más sensibles a todo lo relacionado con el entorno e intenten maximizar su sensación de seguridad. Pero, por otra parte, lo racional hace al consumidor intentar reducir los gastos lo máximo posible, incrementar el ahorro y sentir que la situación está 'bajo control'".

Limitar la compra aumenta el pánico y la inseguridad

El efecto acopio explica, en parte, las imágenes de estantes vacíos de algunos productos en muchos supermercados, sobre todo aceite de girasol y leche. Según el barómetro de abril de 40dB, casi el 23% de los españoles afirma haber hecho acopio de alimentos "por si acaso" desde el inicio de la guerra y un 25% no lo ha hecho pero se lo ha planteado. "Una situación como la actual, de incertidumbre económica, en la que la ciudadanía recibe constantemente noticias sobre 'lo que se nos viene encima', o sobre 'el posible desabastecimiento de ciertos productos', provoca una reacción totalmente emocional de protección que impulsa a la compra de más productos de los necesarios… todo bajo la premisa del 'por si acaso'", detalla Castillo, también investigador del grupo Sustainability and Management Research Group.

Para controlar este acopio, algunos grandes almacenes pusieron límite a las compras de ciertos productos y, recientemente, el gobierno ha optado por limitarlas, modificando la Ley de Comercio Minorista y permitiendo el racionamiento "ante circunstancias extraordinarias o de fuerza mayor". "Estas decisiones aumentan la sensación de desabastecimiento en los consumidores y provocan también un aumento del 'pánico' y de la inseguridad sobre lo que va a pasar en el futuro que, a su vez, conducen a un mayor acopio de productos", advierte Gázquez-Abad. Soler añade que otra consecuencia negativa es que el aumento de la demanda favorece que suban los precios. "Cuando el producto escasea y mucha gente quiere conseguirlo, se está más predispuesto a pagar un precio más caro".

La pandemia no ayudó

Ya pasó con el papel higiénico, y es que la pandemia aumentó la compra emocional de este producto en tiempos de inestabilidad. "Cuando las experiencias que hemos vivido anteriormente han dejado un poso de intranquilidad en nosotros (con la pandemia aprendimos que la sensación de estar seguros se puede ver alterada en cualquier momento), ante una nueva situación excepcional o diferente se nos puede disparar enseguida la alarma, haciendo que reaccionemos de una forma exagerada", afirma Soler. En España, esta vez ha sido el aceite de girasol aunque, precisamente, es el principal productor mundial (30% del total mundial y el 41% en la Unión Europea). "Sin ninguna duda, ha sido una compra totalmente irracional, porque su suministro estaba totalmente garantizado. Es difícil explicar la causa de las compras masivas de aceite de girasol, porque fueron totalmente irracionales y, por lo tanto, de difícil explicación", comenta Castillo.

A pesar del miedo, existe una situación de desabastecimiento real provocado principalmente por "la pandemia, la guerra de Ucrania, la huelga de transportistas y el consumo irracional", explica Castillo, que añade que "es cierto que algunos productos pueden tener problemas de suministro puntuales, pero no es motivo de preocupación. Lo que sí es una realidad, es que los precios de los productos pueden continuar subiendo como consecuencia de la situación global". Algunos expertos aseguran que el desabastecimiento puede ser muy grave durante el mes de abril. "Si esta situación continúa como hasta ahora, en la que arrastramos las consecuencias de una huelga de transportistas y consumos irracionales de productos, la respuesta es sí. Efectivamente, podemos encontrarnos ante una situación muy complicada, especialmente para adquirir productos perecederos como la leche, la frutas o la verdura", concluye Castillo.
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¿Cómo son las personas que consumen falsificaciones?

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Casi la mitad de los jóvenes de la UE considera que adquirir réplicas es una compra inteligente o un acto de protesta. Existen tres tipos de consumidores de copias: el que busca la aceptación social, el "antimarca" y el ignorante. Uno de cada ocho españoles afirma haber sido engañado al comprar falsificaciones.
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Fotografía | StockSnap de Pixabay
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Núria Bigas Formatjé | UOC

Imitación, reproducción, plagio, copia o réplica son algunos de los eufemismos que los productos falsificados tienen. Este problema supone al comercio y a los fabricantes de España pérdidas de un 10,6 % del volumen total de sus ventas, lo que se traduce en 6.766 millones de euros anuales, según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). "Tenemos una necesidad de reconocimiento social de proyección de nuestro prestigio y las marcas de lujo son una herramienta para lograrlo", afirma Ana Jiménez-Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Y es que la propiedad intelectual no parece ser un problema social y económico muy importante, sobre todo para los más jóvenes (de 15 a 24 años). Según el estudio Los ciudadanos europeos y la propiedad intelectual: percepción, concienciación y conducta, el 49% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) de esta edad coincide en que la adquisición de falsificaciones es "un acto de protesta" y el 52%, en que es "una compra inteligente". "Consideran que es una acción de protesta porque creen que el precio es un abuso por parte de las empresas, y que el producto no se democratiza, reservándose para una sola parte de público o élite", afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. "Por otro lado, entienden que la falsificación es una compra inteligente porque, si reproduce el modelo original de forma fiel, el consumidor consigue aparentar que el producto es original, habiéndolo adquirido a un precio más económico", añade.

Más jóvenes menos preocupados

La edad aparece como una variable que tener en cuenta: cuanto más jóvenes, más proclives se muestran los ciudadanos de la UE a respaldar tales afirmaciones. "Son quienes menos capacidad de compra tienen, pero en muchas ocasiones también quienes más siguen la moda y las tendencias, y pueden sentirse presionados por la influencia de su círculo social, que puede llevarles a mantener un ritmo determinado de consumo y a tener que aparentar que pueden llevarlo", explica Soler.

Por otro lado, según Soler, las generaciones jóvenes son las que más adoptan una actitud activa contra las desigualdades e injusticias, y la falsificación es uno de los medios que pueden utilizar para "castigar" a las empresas que, en su opinión, fomentan la desigualdad entre personas o cometen esas injusticias. La variable del sexo no aparece como determinante en el consumo de falsificaciones; el consumo de este tipo de productos es muy similar entre hombres y mujeres de esta edad.

En general, conseguir el objeto deseado por mucho menos es un deseo que comparten el 34% de los ciudadanos de la UE, y si además permite ganar reputación social, mejor. "El consumidor entiende que está consiguiendo los dos objetivos, la función básica que es el objeto necesario, junto con la necesidad social y hedónica, que es la proyección social y satisfacción personal que ese objeto le atribuye", detalla Jiménez-Zarco, también investigadora del grupo i2TIC (Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre las TIC). En esta línea, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados reafirma la tesis: este tipo de consumidor experimenta sentimientos de orgullo (del tipo narcisista) ante una compra de producto falsificado y puede llegar a ser un prescriptor de este tipo de productos cuando relata su experiencia.

Tres tipos de consumidores de falsificaciones

Comprar réplicas para adaptarse a un grupo social es una de las razones por las que algunos consumidores se acercan a las falsificaciones. "Los productos cada vez buscan satisfacer un mayor nivel de necesidades (aquellas que responden a requisitos de ámbito social o personal). Por lo tanto, llevar una marca con un prestigio alto, con una reputación de marca exclusiva y socialmente exitosa proyecta una imagen en la persona que la consume que responde a necesidades de carácter social como la aceptación social: yo lo merezco, yo me siento bien si llevo esta marca, la gente creerá que soy una persona exclusiva, que tengo un buen estatus económico o que me muevo en cierto ambiente", puntualiza Jiménez-Zarco.

Por otro lado, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados afirma que, además del consumidor que persigue la aceptación social, hay el "antimarca" y el consumidor que ignora que compra un producto falsificado. Por consumidor antimarca o detractor, entendemos aquel que "considera que lo que puede aportar una marca no solo no está justificado por el precio, sino que además genera un perjuicio: perjuicio social, al crear desigualdad y discriminar a las personas; perjuicio económico, si la persona siente la necesidad de adquirir esa marca, pero debe realizar un gran esfuerzo para hacerlo; perjuicio medioambiental, si el enfoque que la marca le da al producto es lucrativo únicamente, sin importar otros aspectos relevantes, como el cuidado del planeta; perjuicio moral o ético, cuando la marca no genera un valor diferencial realmente, pero lo comunica al público como si lo tuviera", explica Soler.

El consumidor de falsificaciones engañado, cada vez más común en el medio en línea

Finalmente, el perfil con menos conocimiento es el que compra productos falsificados, en ocasiones, no teniendo mucha consciencia de que lo son, ya que el lugar donde los compra resulta lícito. De hecho, uno de cada ocho españoles confiesa haber sido engañado al comprar falsificaciones. "Y ello es debido, efectivamente, a que pueden encontrarse tiendas lícitas que venden productos falsificados, ya que el comercio electrónico se ha convertido en el principal canal para la distribución de estos productos", afirma Soler. Según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2021), el medio en línea concentra el 82% del valor total de las falsificaciones. Entre los países desde donde más se comercializa este tipo de falsificaciones, en primer lugar está China, con más del 75% de las incautaciones de productos falsificados, seguida de Hong Kong, con un 5,7%, Turquía, con un 5,6%, y Singapur, con un 3,3%. En conjunto, el valor de las pérdidas anuales en ventas en España equivale a 146 euros por ciudadano.

En general, el consumidor de falsificaciones no repara en las consecuencias de su conducta sobre los otros, y relativiza y justifica sus acciones y responsabilidades. En esta línea, Jiménez-Zarco afirma que no es consciente ni se plantea el perjuicio económico ni social que está creando. "No piensa ni en la empresa ni el diseño, ni en la propiedad intelectual, solo busca su satisfacción personal. También parte de la premisa de que la marca se está llevando un margen de beneficio brutal y, por lo tanto, considera que puede permitirse el lujo de que ciertos clientes no le compren, y además puede pensar que con su compra le está haciendo publicidad", concluye Jiménez-Zarco.
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Un 'Delorean' para el transporte del futuro con drones

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La UPV participa en un proyecto europeo que acerca el uso de drones para el reparto de mercancías y el transporte de personas. 'Delorean' es un proyecto de la Agencia Europea del Sistema Global de Navegación por Satélite (GSA). En él participan también otros siete socios, coordinados por PildoLabs.
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Fotografía | Universitat Politècnica de València.
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La Universitat Politècnica de València (UPV) es uno de los socios de 'Delorean', un proyecto de la GSA -Agencia Europea del Sistema Global de Navegación por Satélite-, que busca sentar las bases para el transporte del aéreo del futuro, con los drones como principales protagonistas. El proyecto, coordinado por PildoLabs, tiene como principal objetivo contribuir a acercar a toda la sociedad el uso de drones en entornos urbanos complejos, tales como el transporte de personas –los llamados taxis aéreos- así como para el reparto de paquetes o mercancías.

Los dos pilares principales de 'Delorean' son la movilidad y el reparto aéreos urbano -Urban Air Mobility UAM) y Urban Air Delivery (UAD)-. “Combinar los medios de transporte convencionales con los drones no solo s factible, sino que es la forma de avanzar hacia ciudades más sostenibles y amigables, es la alternativa dónea a la congestión del tráfico. Los drones harán posible el transporte de mercancías y personas de forma ápida, económica, sin contacto y libre de emisiones de gases de efecto invernadero”, destaca Israel Quintanilla, profesor de Ingeniería Aeroespacial de la Universitat Politècnica de València y presidente de la Comisión de drones (COSIDANT) de esta institución.

El proyecto fue adjudicado por la GSA dentro del programa marco de la Unión Europea Horizon 2020. Los socios del proyecto, entre ellos la UPV, trabajan en el desarrollo de soluciones innovadoras basadas en el sistema de navegación europea EGNOS que sean capaces de responder a esas crecientes necesidades de movilidad de servicios aéreos.

Pruebas en Benidorm

Con sus altos rascacielos, la ciudad de Benidorm (España) ofrece condiciones óptimas para emular las densas zonas urbanas en las que se espera que se desplieguen los servicios de movilidad aérea urbana. "Se ha definido una red de rutas en lo que hemos denominado Laboratorio de Movilidad Aérea Urbana Galileo", dice Santiago Soley, director general de PildoLabs. Soley añade que el vuelo sobre las ciudades debe basarse en sistemas muy robustos y resistentes. “Los vuelos y los datos recogidos durante las pruebas ayudarán a demostrar cómo Galileo y EGNOS pueden contribuir a ello", apunta. En este sentido, Galileo propone conceptos innovadores para mitigar los riesgos asociados a las interferencias de la señal y la ocultación de los satélites.

“Las pruebas de vuelo en 'Delorean' representan un hito importante en el desarrollo de soluciones de Movilidad Aerea Urbana. Estos vuelos demuestran que Galileo y EGNOS contribuyen de forma sustancial a la navegación robusta de estas nuevas plataformas que abrirán nuevas posibilidades de movilidad eficiente y sostenible en nuestras ciudades”, añade Carmen Aguilera, Project Officer de 'Delorean'.

Transporte rápido, limpio y asequible

Mientras, Miguel Ángel Vilaplana responsable de AirBus en el proyecto 'Delorean', incide en que “el cielo urbano aún está inexplorado y, a medida que la tecnología avanza y se van desarrollando los marcos regulatorios, los servicios de reparto y transporte aéreo urbano con drones se convertirán en una realidad que podría brindar esos servicios de entrega no solo más rápidos, sino más limpios”. Y en ello trabajan todos los socios de este ambicioso proyecto, entre los que se encuentra también Correos, referente nacional en los ámbitos de la logística y reparto de mercancías.

“Nuestro objetivo es hacerlos asequibles y eficaces en cualquier escenario; en definitiva, abrir las vías para que el uso de los drones en aplicaciones que hace años ni nos imaginábamos, sea una realidad cada vez más cercana”, concluye Antidio Viguria responsable del proyecto en la Fundación Andaluza para el Desarrollo Aeroespacial (FADA-CATEC).

El proyecto 'Delorean' se desarrollará hasta mediados de 2022. En él articipan también EUROCONTROL, EC, Bauhaus Luftfahrt EV y GeoNumerics. Y cuenta además con el apoyo de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), el Ayuntamiento de Benidorm y Aeroports de Catalunya.
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Cuatro estrategias de los supermercados en línea para seducir a los consumidores


Un estudio revela por primera vez los aspectos que más valoran los usuarios para la compra en línea de alimentos. Una variedad excesiva de productos empuja a los usuarios a abandonar las plataformas de gran consumo.
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Anna Sánchez-Juárez, UOC | El auge del comercio electrónico en España es imparable. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de los supermercados en línea queda todavía atrás. Este tipo de comercio representa en el Estado una cuota de mercado del 1,2%, lejos del 6,3% del Reino Unido o del 6,1% de Francia. Una de las principales causas de ello es la aplicación tardía de estrategias de marketing digital adaptadas a los hábitos de consumo de las nuevas generaciones. Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) aporta por primera vez cuáles son los aspectos clave que deben reunir estas plataformas para garantizar una experiencia de consumo satisfactoria y así incentivar la compra. Entre los factores más valorados por los usuarios están una oferta adecuada de variedades de productos y la seguridad que ofrecen estos sitios.

Garantizar una navegación fluida y óptima del consumidor por las webs de los comercios de gran consumo es estratégico para el negocio del sector. "Es importante que, como se dice en la psicología motivacional, el usuario entre en flujo, es decir, esté implicado en la actividad que realiza, perdiendo la noción del tiempo e, incluso, disfrutando de la navegación y del consumo", explica la investigadora del estudio Doris Morales-Solana. Se ha comprobado científicamente que el consumidor que entra en flujo en entornos digitales suele permanecer más tiempo en la web, repite la visita más veces y tiene mayor intención de comprar. Además, suele tener una actitud más favorable hacia la marca, la web y la organización.

En su tesis, Flujo y comportamiento del consumidor en los supermercados en línea, Morales-Solana revela el primer modelo integral de variables que es necesario tener en cuenta para que los usuarios se sientan a gusto cuando transitan por estos comercios electrónicos. Los cuatro factores esenciales que deben tener en cuenta estas plataformas para que los usuarios tengan una experiencia en línea satisfactoria son los siguientes:

1 | Evitar un exceso de variedad de productos

La percepción de la variedad de surtido de productos tiene un efecto sobre la navegación. Una gran variedad puede empujar a los usuarios a abandonar la compra de alimentos en línea. "El consumidor debe percibir que las páginas web por las que navega no contienen una gran variedad de productos (marcas, formatos, sucedáneos, etc.), porque si no, siente que pierde mucho tiempo para realizar una tarea rutinaria y acaba abandonando el carrito de la compra que había comenzado", explica la autora de la investigación. Hay estudios que apuntan que, al cabo de 40 minutos de comprar, el usuario empieza a sentir aburrimiento y cansancio.

La investigación, en este sentido, ha podido confirmar el efecto directo de esta percepción sobre la lealtad del usuario hacia el comercio. "De este modo, cuanto mejor se adapta la variedad del surtido a las necesidades del consumidor, más veces irá este al minorista en línea y repetirá el comportamiento de compra", remarca la experta.

2 | Seguridad en la navegación y la compra

El estudio también constata la importancia de que el usuario se sienta seguro mientras navega y consume en la web. En cuanto al pago de las transacciones, y según datos del Estudio anual eCommerce 2016, de IAB Spain, los clientes digitales prefieren utilizar PayPal (62%) como medio de pago por la seguridad que les ofrece, seguido de las tarjetas de crédito y de débito (29%), por la comodidad que suponen. Además, el 69% de los usuarios valora la confianza en la web como uno de los aspectos más importantes para comprar en línea.

Los datos del estudio de IAB Spain también apuntan que el 49% de los usuarios digitales se informa leyendo blogs y foros en los que otros compradores relatan sus experiencias y su grado de satisfacción, y el 48% lo hace mediante el boca a boca (word of mouth, WOM) con los amigos, método que es determinante para el 14% de los clientes digitales en el momento de elegir un comercio electrónico.

Para Morales, la disposición a comprar en los supermercados en línea está inversamente relacionada con la cantidad de riesgo que se percibe. "Si el usuario percibe riesgo, tiende a inhibirse en la navegación por las emociones negativas que le genera", señala.

3 | Personalización: una plataforma al gusto del consumidor

La capacidad que tiene la plataforma en línea para adaptarse al usuario en cuanto a la apariencia, la funcionalidad y la emisión de la publicidad también es una condición básica para la satisfacción del consumidor. "Es un elemento clave que estas plataformas, por ejemplo, permitan al consumidor estructurar el contenido a partir de sus necesidades y que pueda eliminar de la búsqueda todo lo que no le interese, que pueda guardar una lista de la compra semanal o mensual o que pueda decidir qué productos desea ver", afirma Doris-Morales. "Cuanto más percibe el usuario que la web se adapta a sus necesidades, más probabilidades hay de que experimente flujo y, en consecuencia, disfrute de la actividad y termine comprando productos", añade.

Tal como demuestra un estudio de Accenture Strategy, la personalización bien realizada puede ser muy efectiva. El 44% de los consumidores asegura que es más probable que compre en las compañías que ofrecen experiencias personalizadas y el 34% encuentra valor en los servicios que aprenden de las necesidades del cliente para ofrecer una atención personalizada.

4 | Un buen diseño web para facilitar la concentración del usuario

La concentración o atención focalizada es una condición básica para que el consumidor entre en flujo. "Aspectos como el diseño y la apariencia de las webs ayudan a que la persona, cuando entra en contacto con la tecnología, se sienta más cómoda e inmersa en la experiencia", apunta la investigadora. En concreto, el diseño gráfico, el diseño visual, la presentación de la arquitectura de la información, las posibilidades de interacción y un sistema web que permita consultar la información con la máxima eficiencia, sin que tarden en cargarse los textos y las imágenes, son los principales factores que revierten en los sentimientos del comprador cuando navega por estas plataformas.

Metodología

En primer lugar, se ha realizado un estudio cualitativo de los elementos relacionados con el estado de flujo en el área de los supermercados en línea, dada la ausencia de literatura científica relacionada con este tema; en concreto, se han realizado cinco entrevistas en profundidad a expertos en supermercados en línea. Y en segundo lugar, se ha llevado a cabo una investigación cuantitativa mediante un cuestionario estructurado distribuido por internet a un universo de 7.000 consumidores digitales; la investigación ha contado con una muestra de 651 consumidores con experiencia en compras en supermercados en línea.
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¿Cómo será el consumidor pospandemia?

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El nuevo consumidor tendrá menos miedo a la compra en línea, será sensible a las marcas blancas, se alejará de los hipermercados y pagará con tarjeta. La crisis de la COVID-19 ha impulsado el comercio electrónico y el comercio automático, según los expertos.
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Desde papel higiénico en los inicios de la pandemia hasta tinte, pasando por la harina, durante esta crisis el consumidor ha modificado su consumo y también su modo de hacer la compra. Pero ¿cómo será el consumidor de después de la pandemia? "Es evidente que muchos consumidores han tenido que probar el canal en línea como consecuencia de esta crisis, y se han dado cuenta de lo cómodo y seguro que es para ellos. Esta experiencia incrementará la cuota en línea de cada cliente", afirma Juan Carlos Gázquez-Abad, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. De hecho, este mes de abril en España, el canal en línea de gran consumo ha conseguido de promedio un 40% más de compradores que en 2019.

"El confinamiento ha hecho que el segmento de la población que menos compraba por internet, los mayores de 55-60 años, ahora es el que más ha necesitado hacerlo, sobre todo los mayores de 70 años, que son los más vulnerables a la enfermedad y los que, por tanto, más confinados deben estar y sin ayuda de sus familiares", afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. Según datos de Kantar, cada semana se ha ido incrementando el tamaño de las cestas de compra, y han ganado peso todos los perfiles de edad e incluso las categorías de productos frescos, que hasta ahora eran la asignatura pendiente de la compra por internet. "En el sector de la alimentación, la venta en línea de productos frescos no acababa de cuajar. El consumidor prefería comprar este tipo de producto presencialmente, pero el confinamiento la está favoreciendo; si el consumidor comprueba que el producto que recibe en casa cumple sus expectativas, es muy probable que después de la crisis siga haciéndolo así", explica Soler.

Pero, pasada la cuarentena, ¿los consumidores volverán a su rutina o serán fieles a estos nuevos hábitos? "Muy probablemente, este consumidor sénior continuará comprando por internet porque ha perdido el miedo a hacerlo; las personas mayores han superado la inseguridad y la desconfianza que el comercio electrónico les generaba y han podido comprobar la comodidad que representa", responde Soler.

Crece el a-commerce, la compra en línea programada y automática

Pero no solo el comercio electrónico (e-commerce) ha ganado adeptos durante el confinamiento. "La situación de la COVID-19 ha impulsado el comercio electrónico, pero lo mismo está sucediendo con el comercio automatizado (a-commerce), sobre todo por la comodidad que significa para el consumidor", afirma Xavier García, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. El comercio automatizado (a-commerce o automated commerce) es una forma de comprar en la que el cliente programa una determinada compra y automatiza el proceso sin necesidad de participar nuevamente en él. Normalmente se usa para productos recurrentes o que se consumen de forma habitual. "Hay productos de poco valor que necesitamos en nuestro día a día pero que solo nos acordamos de comprar cuando faltan (productos de limpieza, aseo personal, determinados alimentos…). Si llegan a nuestro domicilio sin tener que pedirlos, con la periodicidad adecuada, es un ahorro de tiempo y de problemas", afirma García. El experto añade que, si los grandes operadores de comercio automatizado consiguen afinar sus algoritmos, se implantará en muchos más hogares. "Además, los operadores, al poder prever el volumen de compras de un producto por parte de cada consumidor, pueden ofrecer precios mucho más competitivos", señala.

Pero el consumidor de después de la pandemia no solo comprará por internet: los expertos coinciden en que tendrá una vertiente dual, en línea y presencial. "Se continuará comprando en línea porque hay mucha gente que tiene miedo a ir a las grandes superficies. Posiblemente esto empujará al pequeño comercio de proximidad, que ofrece un producto de calidad y a un buen precio y que no presenta las aglomeraciones de gente que pueden presentar las grandes superficies", explica Ana Isabel Jiménez Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. En esta línea, según datos de Kantar, los supermercados de barrio o regionales y las cadenas con más presencia en barrios —como DIA o Eroski— han ganado cuota en el mercado de gran consumo frente a los grandes hipermercados.

Volverá a la marca blanca y estará más atento a promociones y ofertas

La grave crisis económica que deja esta pandemia implica directamente una pérdida de capacidad económica de los consumidores. "Probablemente apostarán por productos más básicos y baratos y racionalizarán su compra, de forma similar a lo que sucedió en la crisis del 2008", afirma Gázquez-Abad. Para el experto, asistiremos a una nueva reducción de la oferta de muchas cadenas –no tan acentuada como en la crisis anterior- a fin de poder ofrecer una cesta de la compra más barata sin que deje de ser completa. Un consumidor con pérdida de capacidad económica será un cliente más atento a las ofertas y promociones. "Incrementará la sensibilidad al precio del consumidor y, por lo tanto, su sensibilidad a las promociones. Es probable que asistamos a un incremento de la presión promocional en muchas cadenas y marcas", explica Gázquez-Abad.

"En este contexto, muchas de las marcas de distribuidor o marcas blancas se van a ver beneficiadas, ya que una mayor racionalización, fruto de una menor capacidad económica, llevará al consumidor a valorar más aquellas marcas con mejor relación calidad-precio", añade Gázquez-Abad. Aunque vaticina un incremento de las marcas blancas, el experto afirma que será leve, lejos del crecimiento del 10% de cuota de mercado que se produjo entre los años 2007 y 2013, por ejemplo.

"La forma de consumir será más controlada porque las economías domésticas se verán perjudicadas. La tendencia ecológica de los últimos años dependerá del poder adquisitivo de cada familia: el producto ecológico suele ser más caro y, por tanto, puede convertirse en el "lujo" de las economías altas", afirma Soler. Además, la experta añade que, "aunque las marcas blancas han introducido cada vez más el producto ecológico en sus gamas, y dado que la crisis económica que sufrimos ahora disparará el consumo de marcas blancas (como ocurrió en la última crisis), si los precios son asequibles, podría ser que el consumidor consuma marca blanca, pero también producto ecológico", añade la experta.

El consumidor paga con tarjeta por miedo al contagio

Según datos del banco móvil N26, la retirada de efectivo en España cayó un 68% durante el mes de marzo, en el inicio del confinamiento. De hecho, esta es la primera crisis en la que la demanda de efectivo disminuye en lugar de aumentar. Así, el pago con tarjeta será la modalidad preferida de los consumidores, y eso es una buena noticia para los vendedores. "Como consecuencia del miedo al contagio, es casi seguro que el consumidor utilizará menos efectivo para realizar sus compras en supermercados (y, en general, en los comercios minoristas) e incrementará el uso de la tarjeta y de medios de pago móvil", afirma Gázquez-Abad. Además, añade que "eso beneficia también a las tiendas, ya que está demostrado que el uso de tarjeta —en lugar de efectivo— incrementa el nivel de impulsividad de las compras y aumenta el gasto medio por cada ocasión de compra". Este factor puede incrementar el número de acciones promocionales en los puntos de venta para estimular las compras impulsivas y no planificadas.

El consumidor de moda, ¿cambiará?

Y el consumidor de moda, ¿modificará su patrón de consumo en detrimento de la moda rápida (fast fashion) o saldrá a comprar masivamente? "Mucha gente aprovechará la apertura de las tiendas físicas como una forma de salir y disfrutar del desconfinamiento. Aparte de la compra de productos de moda y complementos, el consumidor utiliza la visita a las tiendas como una manera de obtener un valor no funcional sino más bien relacional, hedónico o de distracción", señala Jiménez Zarco.

En esta línea, Neus Soler concluye que aunque la gente haya adoptado ya una conciencia medioambiental, si pasa dificultades económicas hará pasar el interés individual por encima del colectivo o comunitario. De modo que si su economía no les permite comprar un producto ecológico o producido de forma sostenible por ejemplo, por buena voluntad que tenga, no podrá colaborar con el medio ambiente.
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El verano de la Covid-19, un turismo interno y sin turistas extranjeros


Los expertos afirman que a corto y medio plazo los viajes de larga distancia se reducirán después del coronavirus. Ante medidas estrictas de control el consumidor turístico será prudente y optará por destinos de proximidad y con vehículo privado.
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Photo by Anastasia Shuraeva from Pexels
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Núria Bigas Formatjé, UOC | Ir a la playa por turnos, viajar en medios de transporte al 30% de su capacidad y cerrar fronteras tanto de entrada como de salida son algunas de las medidas que baraja el Gobierno español para este verano. "Si el consumidor turístico tiene que moverse en medio de estrictas medidas de control, será prudente", advierte Joan Miquel Gomis, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Además, añade que "si el escenario que se plantea es este, significa que estamos muy lejos de una situación de normalidad y que, por lo tanto, en este contexto, la reactivación de la demanda no tendrá el efecto rebote acelerado del que se habla".

Pablo Díaz, también profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, sitúa la mejora a finales de verano, momento en el que algunos países europeos abrirán fronteras. "Todo dependerá de la evolución de la pandemia y de la posible política común europea: las políticas descoordinadas llevarán a un retraso en la apertura de fronteras por la desconfianza mutua y las medidas desiguales tomadas en cada país", afirma Díaz. Eso sí, se espera que las fronteras continentales sean el último paso, una vez la situación de las europeas esté normalizada.

El turismo cae, la economía se desinfla

Este pasado 2019, el sector turístico aportó el 15% del PIB nacional español. Para este 2020, en cambio, se prevén datos fatídicos. "El grado de reactivación turística dependerá de la flexibilización progresiva de las normas de control sanitario, que probablemente se irán implementando por áreas geográficas nacionales e internacionales", afirma Gomis.

En un año en el que el país batió por séptimo año consecutivo su récord histórico en llegadas de turistas internacionales, habiendo alcanzado los 83,7 millones de visitantes, queda claro que si las fronteras están cerradas, una parte muy significativa de estos turistas no podrá volver y "habrá que ver si el turismo interior puede sustituir la demanda", considera Gomis, director del programa de Turismo de la UOC.

Turismo de proximidad más económico y con aires de los setenta

Pero si el turismo nacional es la única opción viable para hacer vacaciones en este singular verano, ¿podría ser que los precios se incrementaran? "No es previsible un aumento de precios", considera Gomis. En la misma línea, Díaz afirma que los precios en general no subirán, al contrario: "para empezar a atraer a la demanda, significativamente menor que la de años anteriores, tenderán a la baja".

Habrá una demanda baja, debido a una crisis sanitaria que conlleva una crisis económica, con pérdidas millonarias en empleos. Según el Ministerio de Trabajo, son 888.597 los empleos destruidos en España desde el 12 de marzo como consecuencia de la crisis del coronavirus. A escala mundial, en el sector del turismo, las estimaciones del Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC) hacen referencia a 50 millones de empleos perdidos. "Estamos ante un entorno en el que muchos colectivos y personas están teniendo problemas económicos graves y en el que el nivel adquisitivo de las familias bajará; se trata, por tanto, de indicadores que no juegan a favor de un incremento de precios", añade Gomis.

Lo que sí que se prevé es que el precio de algunos transportes suba. "Ya no se van a ver, al menos inicialmente, los precios de oferta de, por ejemplo, las compañías aéreas de bajo coste anteriores a la crisis, porque sería insostenible des del punto de vista económico", afirma Díaz. Según el experto, el turismo volverá a un escenario similar al de los años setenta, "cuando las familias se desplazaban en sus propios automóviles y mayormente a apartamentos veraniegos".

La confianza del turista lo llevará cerca

En cualquier caso, parece que la COVID-19 tendrá consecuencias en la confianza de los turistas. "La experiencia de esta situación sanitaria actual es tan traumática que puede provocar un cambio en el orden de prioridades en la vida de muchas personas. Y entre estos cambios de prioridades, es previsible que figuren también los hábitos en turismo, hecho que condicionará la oferta", explica Gomis. Según el experto, es previsible que a corto y medio plazo los viajes de larga distancia se reduzcan después de la COVID-19. Algo similar ocurrió tras los atentados del 11-S, cuando se redujeron drásticamente los viajes en avión y hubo una recuperación de los destinos de proximidad y en vehículo privado. "Los viajes de proximidad generan mayor confianza psicológica, más sensación de control y menos gasto entre los viajeros y, por tanto, pueden recuperarse antes", añade Gomis.

Díaz es más optimista en cuanto a la previsión a medio plazo. "Hay muchos intereses y toda una industria dispuesta a ser reactivada; había —y probablemente se reafirmará— una demanda mundial creciente que será convenientemente impulsada por campañas promocionales masivas", afirma.

Italia, China, Estados Unidos o España son los países más afectados por esta crisis, pero también son los estados más receptores de turistas del mundo. ¿La situación puede afectar negativamente a la imagen y al futuro del turismo? "La pandemia está tan generalizada geográficamente que difícilmente van a quedar solo unos países como señalados", afirma Díaz, pero añade que otros destinos pueden verse favorecidos. "Si han tenido poca incidencia de la COVID-19 y tienen datos fiables, pueden ser percibidos como seguros por el turista internacional", afirma.

El pasaporte vírico, ¿una opción para volar?

Aún hay muchas dudas sobre el futuro del sector aéreo posterior a la crisis: medidas de distanciamiento entre asientos, aeronaves operando con menos pasajeros, desinfección de cabinas después de cada vuelo… El pasaporte víricotambién es una de las opciones que está a debate. Según Díaz, es un tema cuestionable porque promovería un pasaporte de movimiento incluso dentro de un mismo país y podría servir para establecer condiciones de confinamiento más duras para aquellos que no lo tengan. Por otro lado, añade que "sería un primer paso para permitir el turismo internacional, pero a la larga podría convertirse en una traba si su requerimiento se alarga mucho en el tiempo". Salvador Macip, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, duda de su posible efectividad ante los datos que tenemos actualmente. "Aún no entendemos bien cómo funciona esta inmunidad que, en teoría, provoca el virus. No sabemos en qué medida es efectiva (hay algunos casos de posibles reinfecciones que tienen que investigarse a fondo) ni cuánto duraría", afirma.

El mundo cambia, ¿el turismo también?

De las consecuencias de la crisis podemos sacar lecciones y podemos cambiar la mentalidad hacia un debate que tenga más en cuenta la sostenibilidad, la ecología y el respeto a las sociedades locales y que piense menos en la masificación y en un sistema aéreo poco implicado en el medioambiente. "Ya se identificaba una tendencia hacia un turismo más responsable y puede que el escenario posterior a la pandemia acelere la regulación de las administraciones y la presión de la demanda en este sentido", afirma Gomis. "Las consecuencias de las decisiones que se tomen en el ámbito de la gestión pública en los próximos meses reconfigurarán la estructura de las condiciones de la oferta y de las expectativas de la demanda", concluye.
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La Covid-19 y el lado oscuro de la promiscuidad de la vida


Juli Peretó, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de València y vicedirector del Instituto de Biología Integrativa de Sistemas I2SysBio, escribe en el ESPECIAL COVID-19 de Mètode sobre la coexistencia de los humanos con el resto de la naturaleza y qué podemos aprender de la pandemia para futuras ocasiones.
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Hace unos 4.000 millones de años apareció la vida. Quizás en un charco de aguas templadas, como soñó Charles Darwin, unas burbujas moleculares empezaron a hacer copias de sí mismas. Así emergía una continuidad histórica, una transmisión vertical de padres a hijos, de las instrucciones genéticas de estos sistemas primitivos. Pero pronto existieron intercambios de información entre diferentes linajes, transmisiones horizontales de genes.

Las transmisiones genéticas vertical y horizontal son dos caras de la misma evolución. La vertical es un pilar fundamental de la teoría propuesta por Darwin, lo que él denominó «principio de divergencia». Esta transferencia genealógica de información genética es la base de la relación arborescente de los seres vivos entre sí: cualquier linaje evolutivo está emparentado con otro a través de un antepasado común situado en el punto de divergencia de las dos ramas que llevan a ellos. Gracias a las técnicas de secuenciación y análisis computacional de genes y genomas podemos ir mucho más allá que Darwin. Hoy extendemos esta biología comparada a cualquier ser vivo, incluyendo los organismos unicelulares más simples o procariontes (arqueas y bacterias). La gran conjetura de Darwin queda confirmada a través de la lectura filogenética de los genomas: toda la vida terrestre comparte un antepasado común universal o LUCA (por las siglas en inglés).

La transferencia horizontal de genes y genomas forma parte de la naturaleza de las cosas y, como no podría ser de otra manera, del canon contemporáneo de la biología evolutiva. Lynn Margulis contribuyó, en la segunda mitad de siglo pasado, a que aceptemos con naturalidad que además de la transferencia vertical de información genética, la vida es promiscua y, con mucha soltura, intercambia información entre linajes. A veces, esto pasa entre organismos muy alejados evolutivamente, como en el origen de las células complejas con núcleo, o eucariontes, cuando una bacteria y una arquea unieron sus destinos y generaron una diversidad de seres complejos que incluyen, entre otros muchos, los hongos, las plantas y los animales.

Desde la profundidad de los tiempos geológicos, toda esta evolución celular, procariótica y después eucariótica, ha sido acompañada por los virus, un universo de entidades evolutivas con la habilidad de entrar en las células, parasitar su maquinaria metabólica y hacer copias de sí mismas. Quizás desde LUCA, si no antes, este intercambio de genes a través de virus acompañó la evolución celular: se conocen virus de arqueas, bacterias o eucariontes y constituyen una diversidad fabulosa (la virosfera o el viroma) todavía muy poco explorada.

Los virus han tenido un papel crucial en la evolución, como atestiguan las improntas que han dejado incrustadas en los genomas celulares. El genoma humano contiene tres veces más de secuencias de origen vírico que de genes humanos. Pero también queremos saber de los virus como causantes de enfermedades, en humanos y en muchos organismos que nos interesan, como son las plantas y los animales domesticados. Si hay algo que tienen en común los virus es una extraordinaria capacidad de mutar. Los virus acumulan cambios genéticos a gran velocidad, a veces moviéndose al filo de su extinción. En esta exploración de diversidad, los virus pueden «aprender» a saltar de una especie a otra. Para eso, tiene que coincidir que el virus acumule mutaciones que le permitan reconocer las células de otra especie, pero, obviamente, que haya también un contacto físico entre individuos de las diferentes especies. En el caso de los humanos, se habla de zoonosis cuando se produce el salto desde otra especie animal a la nuestra, lo que da lugar a la emergencia de una nueva enfermedad humana. Esta enfermedad emergente puede adquirir proporciones epidémicas si el virus también consigue una buena transmisión entre humanos.

Del mismo modo que en la década de 1960 se erradicaron en Nueva Guinea las prácticas endocaníbales responsables de la transmisión de una enfermedad infecciosa neurológica grave transmitida por unas proteínas llamadas priones (el kuru), nos podemos preguntar si la promiscuidad humana con animales salvajes, asociada a determinadas costumbres o con la depredación de los ecosistemas, se podría eliminar para reducir el riesgo de zoonosis. La convivencia de humanos con aves en el sudeste asiático, el mercadeo de primates no humanos en el África tropical o el tráfico de una diversidad enorme de animales salvajes asociados a las tradiciones culinarias y médicas asiáticas son el escenario de zoonosis descritas en las últimas décadas. Un estudio reciente muestra la correlación entre la sobreexplotación de los ecosistemas, con la consiguiente pérdida de biodiversidad, y la emergencia de nuevas enfermedades virales (Johnson et al., 2020). Y está muy demostrado el origen zoonótico de muchos virus, como el causante del sida, el virus del Ébola, o los que provocan dolencias respiratorias, como el síndrome respiratorio agudo grave (SARS).

El nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), causante de la pandemia de COVID-19, es el resultado de la evolución natural a partir de coronavirus presentes en la fauna salvaje, como muestra el estudio detallado de su genoma, que deja como una opción muy improbable que sea el resultado de experimentos de laboratorio (Andersen, Rambaut, Lipkin, Holmes y Harry, 2020). A pesar de las dudas que todavía existen, las pistas científicas actuales señalan el mercado de marisco de Huanan, en Wuhan, como el foco de las primeras infecciones: dos tercios de los primeros 41 pacientes hospitalizados habían estado en el mercado. En este mercado, la amalgama de humanos y animales salvajes era espectacular. El SARS-CoV-2 está emparentado con coronavirus de murciélagos, pero su salto desde el pangolín malayo está bajo sospecha. Varias especies de pangolín están amenazadas y son objeto del mayor tráfico ilegal de animales en Asia. Los murciélagos, por su parte, hace tiempo que se han reconocido como grandes reservorios de virus zoonóticos, y en particular de coronavirus, en varias partes del planeta (Calisher, Childs, Field, Holmes y Schountz, 2006).

El Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF) ha reclamado el cierre de todos los mercados que se nutren del tráfico ilegal de animales salvajes. El 24 de febrero de 2020 el gobierno chino anunció la prohibición del consumo de animales salvajes no acuáticos para la alimentación (la gastronomía Ye wei, un esnobismo entre la pujante clase mediana-alta china). Sin embargo, todavía se permite su comercio relacionado con la medicina tradicional, una ventana a través de la cual quizás se cuele alguna otra pandemia del futuro. Por supuesto, el uso presuntamente «medicinal» de las escamas de pangolín o de los excrementos de murciélago no ayudarán a evitarlo.

La humanidad del Antropoceno afronta retos fabulosos, como la crisis climática o la emergencia de nuevas enfermedades que, embarcadas en aviones, se globalizan rápidamente. Cómo afirma Sir Martin Rees (2018), no tenemos dónde escondernos si hay una pandemia o un colapso económico o del suministro de alimentos. Para afrontar estos retos es necesario repensar muchos aspectos de nuestra vida cotidiana, de nuestras escalas de valores, de nuestras prácticas económicas y culturales, en fin, de nuestra coexistencia con el resto de la naturaleza y, especialmente, de nuestro respeto por los animales no humanos. La vida es promiscua y esto ha modelado la biodiversidad a lo largo de la evolución, incluyendo a los humanos. Pero nuestra responsabilidad como especie consciente es evitar que el lado oscuro de esta promiscuidad provoque daños y dolores evitables. Aprendamos de la pandemia de COVID-19 para anticiparnos a la próxima zoonosis que, quién sabe, puede ser todavía más devastadora.
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El tráfico ilegal de animales salvajes, una bomba sanitaria que ha estallado con el coronavirus


Pangolines, civetas y otras especies son cazadas ilegalmente en sus hábitats naturales hasta llegar a los mercados asiáticos. Esta es una de las principales vías de contagio de virus de animales silvestres a humanos. Los científicos reclaman la eliminación de este comercio no solo para proteger la biodiversidad, sino también para reducir el riesgo de una nueva epidemia.
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Adeline Marcos, Agencia SINC | A las pocas semanas de iniciarse la epidemia de SARS-CoV-2 en China, el país prohibió en febrero el comercio de animales salvajes para consumo humano en sus populares mercados. El veto impedía la venta de ejemplares procedentes de granjas de especies exóticas y del tráfico ilegal, uno de los negocios ilícitos más lucrativos de esta región del mundo.

Al país asiático se unía Vietnam, tras el envío de una carta abierta al primer ministro por parte de una decena de asociaciones ecologistas como WWF. “Parece claro que la transmisión se ha producido a través del contacto próximo entre humanos y animales salvajes a través del comercio ilegal de vida silvestre que se está produciendo”, constataban.

Pero, tras el fin de la cuarentena de dos meses, los mercados chinos parecen volver a operar a pesar de las advertencias de la comunidad científica desde hace años: el comercio ilegal de especies salvajes se ha convertido en una amenaza masiva para la salud pública.

“No me sorprende en absoluto que haya surgido el SARS-CoV-2. Sabemos que los animales salvajes tienen una gran variedad de virus y que algunos pueden propagarse en los humanos. Muchas personas hemos estado advirtiendo sobre esto durante años. No podemos fallar de nuevo”, manifiesta a SINC Edward Holmes, virólogo evolutivo en la Universidad de Sídney, Australia.

Como ya ocurrió con las epidemias en China (SARS, 2003) y Arabia Saudí (MERS, 2012) –relacionadas con el consumo de civetas y camellos, respectivamente–, era cuestión de tiempo que otro virus pasara de un animal a una persona y desencadenara infecciones entre humanos.

Desde el inicio del brote, Holmes ha trabajado estrechamente con los científicos de China y otras partes del mundo para desvelar el código genético del coronavirus actual, comprender sus orígenes y ayudar a encontrar una vacuna. Formó parte del equipo que realizó las primeras descripciones del virus publicadas en Nature y The Lancet. Su trabajo permitirá monitorizar y prevenir la aparición de otros virus que podrían transferirse desde los animales silvestres a los humanos, generando lo que se conoce como enfermedades zoonóticas.

De la selva al plato

“El brote se originó sin lugar a dudas en un mercado húmedo [con la mayoría de animales aún vivos] en Wuhan en China. Son muy antihigiénicos e insalubres con cajas de diferentes animales apiladas las unas encima de las otras”, ilustra a SINC Simon Evans, experto en comercio ilegal de especies de la Universidad de Anglia Ruskin en Reino Unido.

Aunque es aún difícil asegurar cuál es el origen del SARS-CoV-2, los científicos apuntan al murciélago como primer transmisor del virus, que habría llegado al ser humano a través de una o varias especies intermedias. En este sentido, numerosos estudios señalan al pangolín, uno de los animales más traficados del mundo.

La carne de este pequeño mamífero, cuyos virus contienen regiones genómicas relacionadas con las de los virus humanos, es consumida por las personas y sus escamas son utilizadas en la medicina tradicional. Casi un millón de ejemplares vivos, congelados, enteros o fraccionados han sido incautados en los últimos 20 años en puertos de África, Asia, Europa y EE UU.

De 2017 a 2019 se decomisaron, además, 96.000 kilogramos de escamas sobre todo de pangolines africanos en Malasia, Singapur y Vietnam, lo que representaba cerca del 94 % de la cantidad total confiscada en el sudeste asiático, según un informe publicado en febrero por la ONG Traffic. La organización ecologista apunta a diez países de esta región como el corazón del comercio de especies salvajes.

“Lo aterrador es que el virus puede mutar debido a la mezcla de virus de más de una especie”, recalca Evans. Pero ¿cómo pudo transmitirse hasta llegar a las personas?

Transporte y consumo: así se transmite

Según Jonathan Sleeman, director del Centro Nacional de Salud de la Vida Salvaje de la agencia estadounidense USGS, los animales silvestres son transportados largas distancias y muchos de ellos son traficados ilegalmente sin supervisión.

“Estos animales se mezclan con múltiples especies diferentes en condiciones insalubres, creando un ambiente perfecto para que los patógenos que transportan salten de una especie a otra”, revela a SINC.

A través del manejo, la carnicería y el consumo humano, estos patógenos se terminan propagando a las personas. “Los eventos de transmisión entre especies crean oportunidades para que el virus mute y se adapte a nuevos hospedadores, lo que da como resultado nuevos patógenos que pueden transmitirse de persona a persona”, añade.

A esto se añade una arraigada cultura popular asiática que promueve el uso de animales silvestres cada vez más solicitados. “El valor de ciertos animales por su rareza, la capacidad financiera de adquirir estos productos, las creencias en los beneficios medicinales y valores hedónicos, dan como resultado una alta demanda”, dice a SINC Alegría Olmedo, del departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

La vida silvestre representa una fuente importante de alimentos para muchas comunidades. Un estudio en la revista Science of the Total Environment demostraba que se venden al menos 10 kilos de carne procedente de animales salvajes por puesto y hora en los mercados de la República Democrática Popular Lao, más conocida como Laos. Además, cada animal recibe un promedio de siete contactos por hora.

“Los datos sociodemográficos indican que el consumo de carne de animales silvestres en las zonas urbanas no es para subsistencia, sino que está más bien impulsado por la preferencia y la tradición dietética”, señala el equipo internacional liderado por la Wildlife Conservation Society.

Para los expertos es necesario establecer normas internacionales sobre el tráfico y comercio de la vida silvestre que prevengan la transmisión de enfermedades. Habría que mejorar la gobernanza, la supervisión, la evaluación de riesgos y la monitorización de las enfermedades procedentes de la vida silvestre, así como el control, saneamiento y comunicación de riesgos de enfermedades en los propios mercados. Además, debería considerarse si el consumo de ciertas especies como los murciélagos, roedores y primates es demasiado arriesgado.

Pero a pesar de que los conservacionistas llevan años pidiendo la prohibición de estos puntos de venta en el este asiático, la toma de esta decisión es lenta. “Muchos productos procedentes de la vida silvestre se han convertido en símbolos, por lo que los mercados han evolucionado en función de los ingresos”, lamenta Evans.

Adiós a los mercados ilegales para evitar epidemias

Para confirmar la asociación del contagio con los mercados húmedos, el profesor Edward Holmes, junto con el investigador Yong-Zhen Zhang del Centro Clínico de Salud Pública de Shanghai en China, expusieron lo que se sabe y lo que no sobre los datos genómicos del virus, en un comentario publicado la semana pasada en la revista Cell.

Otros grupos de investigación ya habían tomado muestras ambientales del mercado húmedo de Wuhan donde se cree que se originó el virus y habían obtenido secuencias genómicas de las superficies del mercado. El análisis filogenético reveló que están muy relacionadas con los virus muestreados de los primeros pacientes de Wuhan.

Sin embargo, Holmes y Zhang señalan que no todos los primeros casos de COVID-19 están asociados al mercado, por lo que “es posible que la historia sea más complicada de lo que se sospechaba”.

Ante la capacidad de traspasar los límites biológicos de diferentes especies y adaptarse a nuevos huéspedes, los investigadores sugieren medidas para evitar nuevos peligros.

Entre ellas destacan no solo vigilar los coronavirus animales en mamíferos e incrementar la acción contra el comercio ilegal de vida silvestre, sino también retirar mamíferos y “quizás” aves de los mercados húmedos.

“Hay que cerrar los mercados de animales salvajes. Son como un accidente que puede suceder en cualquier momento. El SARS en 2003 fue una gran advertencia. Ahora ha vuelto a pasar”, subraya a SINC Holmes.

La opción de regularlos sería complicada: “En la actualidad existen mercados paralelos para productos legales e ilegales, dependiendo de si una especie está amenazada o no. Y, cuando se trata de productos ilegales, estos pueden ser fáciles de blanquear en los mercados legales”, detalla Simon Evans.

Por otra parte, el tráfico de vida silvestre es una industria multimillonaria, pero el coste de no actuar y de lidiar con una pandemia que afecta a 180 países asciende a miles de millones de dólares. “Incluso sin considerar el horrendo sufrimiento humano que ha provocado la pandemia, esta es una razón de peso para poner fin a este comercio en todas sus formas”, recalca Evans.

Este veto también “ayudaría a la conservación de los animales, lo cual es muy importante”, añade el virólogo australiano.

Los virus que circulan entre nosotros

“Las lecciones del SARS y ahora de la COVID-19 son claras: los nuevos virus continuarán pasando de la vida silvestre a las personas mientras continúen el comercio ilegal y el consumo de vida silvestre”, señalaban en su carta abierta los ecologistas al gobierno vietnamita.

En un estudio publicado en la revista Transboundary Emerging Diseases, Jonathan Sleeman analizó junto a investigadores de la República de Corea el riesgo de enfermedades transmitidas de animales a humanos en ese país a través de una encuesta nacional a expertos. El trabajo pretendía ser un modelo para otros países.

“Descubrimos que había una variedad de enfermedades, como la peste porcina africana, la influenza aviar y el virus del Nilo occidental, que se consideran de alto a mediano riesgo de introducción y propagación en la República de Corea”, explica a SINC Sleeman. Las enfermedades asociadas con el jabalí y los carnívoros salvajes se consideraron de mayor riesgo.

Además, “aunque nuestro estudio no incluyó agentes patógenos desconocidos, los expertos sí mencionaron que los coronavirus emergentes eran una preocupación”, añade el investigador.

Según la encuesta en la República de Corea, las principales rutas de introducción de patógenos en este país son la migración de la vida silvestre, el movimiento humano internacional y la importación ilegal de vida silvestre.

En este sentido, un trabajo publicado en la revista PLoS ONE señalaba que el aeropuerto de Ámsterdam-Shiphol en los Países Bajos –uno de los más importantes de Europa– es uno de los epicentros de la importación legal e ilegal de animales exóticos en el continente. Al evaluar los riesgos zoonóticos de animales importados, los científicos recopilaron una lista de 143 patógenos “potencialmente” relevantes.

El equipo liderado por el Centro para el Control de Enfermedades Infecciosas de los Países Bajos identificó 18 combinaciones de patógeno-huésped que podrían representar un riesgo para la salud pública a través de esta vía. Encabezaban la lista la Salmonella spp., el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, el virus del Nilo occidental, la bacteria Yersinia pestis y el arenavirus.

Aunque en general el riesgo para la salud se consideró bajo, los expertos indican que puede aumentar en las personas que gestionan el transporte, los minoristas y los aficionados. “Esta evaluación de riesgos requiere una actualización periódica”, apuntaban.

Los investigadores sugieren aprender de la experiencia de manera colectiva: “En la era actual, las enfermedades en un país pronto pueden propagarse a escala mundial”, dice Simon Evans. La monitorización y el establecimiento de regulaciones internacionales más estrictas podrían limitar nuestra exposición a los potenciales virus.

“Lo que necesitamos aprender es que, una vez que los patógenos pasan a los humanos, la solución no es rápida. Si aprendemos la lección, disminuiremos las posibilidades de nuevos brotes, y posiblemente más peligrosos, en el futuro”, concluye.
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FUENTE | Agencia SINC
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