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El 38% de la Amazonia sufre degradación provocada por la actividad humana

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En una proyección para 2050, factores de degradación de la selva amazónica, como incendios y tala ilegal, seguirán figurando entre las principales fuentes de emisiones de carbono si no se toman medidas urgentes. Así lo evidencia un estudio, cuyos resultados publica hoy en la revista Science, firmado por 35 autores de instituciones nacionales e internacionales, entre ellas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
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Imagen de luis deltreehd en Pixabay
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En una proyección para 2050, factores de degradación de la selva amazónica, como incendios y tala ilegal, seguirán figurando entre las principales fuentes de emisiones de carbono si no se toman medidas urgentes. Así lo evidencia un estudio, cuyos resultados han sido publicados en la revista Science, firmado por 35 autores de instituciones nacionales e internacionales, entre ellas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

El trabajo es fruto del proyecto Análisis, Integración y Modelización del Sistema Tierra (Aimes), vinculado a la iniciativa internacional Future Earth, que reúne a científicos e investigadores que estudian la sostenibilidad.

En el artículo se señala que por lo menos 2.5 millones de kilómetros cuadrados del bosque amazónico están siendo degradados en toda la cuenca debido a los incendios forestales, los efectos de borde (los cambios que se producen en zonas forestales próximas a otras deforestadas), las talas selectivas (como las ilegales) y las sequías extremas -causas que, además, interactúan entre ellas-, y su impacto en las dimensiones, ecológicas, ambientales, sociales y económicas. Esto representa el 38% de los bosques remanentes en la región.

Dicha situación genera tantas o más emisiones de carbono como la deforestación. Con respecto a este tema, la bióloga Dolors Armenteras Pascual, directora del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod), de la Facultad de Ciencias de la UNAL, anota que cuantificar la degradación es una tarea muy compleja porque aparentemente ese ecosistema sigue siendo un bosque.

Expresa que, “el trabajo mide por primera vez las emisiones de carbono por degradación, que totalizan 0.2 gigatoneladas de carbono (GtC) por año, una cifra que tiene implicaciones muy grandes en términos de biodiversidad y funcionamiento de la cuenca”.

En el caso de una región tan grande como la cuenca amazónica cuantificar y mapear estas perturbaciones es algo muy difícil. “Dicho estudio avanza en ello y lo pone de nuevo en la mira internacional”, afirma la investigadora, quien formó parte del grupo de científicos que lo desarrollaron.

Sobre los aspectos que influyen en la degradación en la Amazonia colombiana, manifiesta: “los causantes degradación coinciden con los motores que se mencionan en el estudio: extracción de madera, incendios que penetran en el bosque causando unos impactos tremendos y efectos de borde cuando se fragmenta el bosque, factores que suelen estar asociados a su conversión en pasturas”.

La experta destaca que, “los efectos de estas perturbaciones exacerban la vulnerabilidad de las comunidades locales, que ven disminuida la disponibilidad de especies comestibles (por ejemplo, los peces), afectando su seguridad alimenticia, o especies de uso tradicional de donde extraen aceites y otros productos medicinales; además, se facilita la transmisión de enfermedades transmitidas por vectores, ya que, al deteriorarse la calidad del bosque, se dispersan con mayor facilidad”.

Bosques inteligentes

El trabajo es el resultado de una revisión analítica de datos científicos previamente publicados, basados en imágenes de satélite combinados con datos sobre los cambios en la región amazónica entre 2001 y 2018.

Para esto se consideraron cuatro motores principales de la degradación: los incendios forestales, los efectos de borde (los cambios que se producen en zonas forestales próximas a otras deforestadas), las talas selectivas (como las ilegales) y las sequías extremas.

Las distintas zonas forestales pueden verse afectadas por uno o varios de estos factores, que tienen orígenes diferentes. "A pesar de la incertidumbre sobre el efecto total de estas perturbaciones, está claro que el efecto total puede ser tan importante como el efecto de la deforestación tanto para las emisiones de carbono como para la pérdida de biodiversidad", afirma Jos Barlow, investigador de la Universidad de Lancaster (Inglaterra) y coautor del estudio.

En una proyección realizada a 2050, los cuatro factores de degradación seguirán siendo las principales fuentes de emisión de carbono a la atmósfera, independientemente del aumento o cese de la deforestación.

Los autores proponen la creación de un sistema de vigilancia de la degradación, así como la prevención y el freno de la tala ilegal y el control del uso del fuego. En su opinión, podría aplicarse el concepto de "bosques inteligentes" que, al igual que la idea de "ciudades inteligentes", utilizarían distintos tipos de tecnologías y sensores para recoger datos útiles con el fin de mejorar la calidad del medio ambiente.

Valioso aporte desde Colombia

En relación con la contribución de la UNAL al estudio, la investigadora Armenteras Pascual destaca que, “nos invitaron porque somos referencia internacional en incendios y deforestación amazónica, además de contar con una experiencia de más de dos décadas con publicaciones científicas, en muchos casos con estudios realizados desde y con las condiciones que tenemos en Colombia donde los recursos para investigación son mínimos y a veces invertidos en el lugar equivocado”.

En Ecolmod, se han publicado estudios arbitrados en revistas científicas sobre principalmente dos de los cuatro motores que aparecen en el artículo de Science, identificados como causantes de degradación: incendios forestales y efecto de borde.

“Articularnos con este grupo de investigadores fue clave para aportar el conocimiento que hemos construido desde Colombia sobre la degradación de nuestros bosques, y aunque siempre hay algunas diferencias locales, la tendencia para toda la región es la misma”, concluye la profesora Armenteras Pascual.
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El petróleo pone en peligro la biodiversidad del Amazonas


En la actualidad, un 30% de la Amazonía ecuatoriana está concesionada a empresas petrolíferas para su explotación, pero se podría llegar en un futuro a casi el 70%. Un estudio en el que trabajan los investigadores del Real Jardín Botánico-CSIC Jesús Muñoz y Javier Fajardo advierte del peligro que amenaza esta zona del planeta y propone algunas alternativas de conservación.
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Extracción de petróleo en la selva amazónica. Fotografía: Jaime Culebras.
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Bajo la selva Amazónica de Ecuador hay petróleo. El titular no es nuevo porque, de hecho, fue en la década de los años setenta cuando se descubrió su existencia y comenzaba la extracción. En la actualidad, el 30% de la Amazonía está incluido en bloques petroleros que han sido concesionados a empresas petrolíferas, siendo Ecuador el país con más superficie concesionada para la extracción de crudo de todos los países amazónicos, pese a ser uno de los más pequeños de la zona.

Sin embargo, la noticia está en que este porcentaje concesionado del 30%, que ya es importante en la zona mundial más rica en biodiversidad, parece haberse quedado corto. En septiembre de 2015 el presidente de Ecuador, Rafael Correa, admitía por primera vez que el crecimiento del país comenzaba a estancarse e, incluso, podría decrecer en los meses siguientes. ¿Culpables? La caída del precio del petróleo. El país, cuya economía depende de la producción de petróleo, recortaba su presupuesto en 2.000 millones de dólares por culpa de la bajada del crudo y había que buscar alguna solución.

De este modo, el Gobierno ecuatoriano ya ha movido ficha económica. Ahora tiene planes de extender la cobertura de los campos de petróleo en otro 30% de la Amazonía, por lo que si la subasta que se ha abierto consigue asignar los nuevos bloques en oferta, sumando los distintos porcentajes casi un 70% en la zona ecuatoriana estará concesionado a la industria petrolera en los próximos años.

Un estudio internacional en el que participan los investigadores españoles del Real Jardín Botánico-CSIC Jesús Muñoz y Javier Fajardo, que acaba de ser publicado en la revista científica Ecology and Evolution advierte del peligro que para la Amazonía puede suponer esta ampliación en la extracción de petróleo y propone algunas alternativas de conservación para evitar futuros desastres ecológicos irremediables.

25 ecosistemas y 745 especies únicas en peligro

"Al menos 25 ecosistemas y 745 especies únicas e insustituibles están en peligro con el nuevo esquema de explotación petrolífera que se propone en el sur de la Amazonía, una región especialmente vulnerable a la pérdida de biodiversidad y cuya cobertura de protección es insuficiente para afrontar nuevas extracciones de petróleo", señala el investigador científico Jesús Muñoz, uno de los firmantes del artículo y actual director del Real Jardín Botánico de Madrid. "Por tanto, su preservación se convierte en esencial para mejorar la protección de la biodiversidad amazónica en Ecuador", añade.

El gobierno del Presidente Correa, consciente de la importancia ecológica de algunas de las zonas más biodiversas de Ecuador, que coinciden con bloques petroleros, lanzó en 2007 la Iniciativa Yasuní-ITT. Su objetivo era promover un modelo de desarrollo diferente al que solo considera la explotación no sostenible de recursos. En concreto, la Iniciativa Yasuní-ITT proponía dejar de explotar determinados bloques petrolíferos recibiendo contraprestaciones económicas de la comunidad internacional vinculada al mercado de carbono. Lamentablemente, la iniciativa no tuvo el eco internacional necesario y Ecuador la dio por terminada en 2013.

Un historial ecológico manchado de negro

El historial de explotación de petróleo en la Amazonía está manchado por numerosos desastres ambientales y sociales en zonas donde viven numerosos pueblos indígenas, algunos de los cuales, denominados 'pueblos en aislamiento voluntario', no han contactado nunca con la sociedad occidental. Por ejemplo, en julio de 2014 se produjo en la zona de la Amazonía ecuatoriana un derrame de petróleo que afectó al Lago Agriío. Se recolectaron unos 1.700 barriles. Y, de manera más reciente, en enero de este año y en otro punto, en la región Amazonas de Perú, se producía el derramamiento de unos 2.000 barriles en el río Chiriaco, afluente del Marañón. En ambos casos, además del desastre ecológico, los pueblos indígenas de las respectivas zonas vieron como su principal fuente de agua se contaminaba.

En este contexto, y con estos antecedentes, en el trabajo se exploran alternativas de conservación para la Amazonía ecuatoriana. "En nuestras conclusiones ponemos el acento en que la ampliación del mapa petrolífero pone en serio compromiso una parte importante de la biodiversidad amazónica y, como sugerencias para su salvaguardia, proponemos aumentar el nivel de protección de determinadas áreas claves por su composición biológica, ofrecemos una categorización de los bloques petroleros en base a su importancia para la conservación y resaltamos la necesidad de utilizar tecnología punta en la extracción del petróleo para reducir los impactos ambientales", explica el investigador Javier Fajardo.

El estudio, que junto a los investigadores españoles también firman Janeth Lessmann, del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile, y Elisa Bonaccorso, de la Universidad Tecnológica Indoamérica de Ecuador, presenta una visión actualizada del mapa petrolero de la Amazonía y una perspectiva de futuro partiendo del aumento de extracción de petróleo que no solo afectará a Ecuador, el país en el que se centra este estudio, sino también a otros países como Colombia, Perú o Bolivia.

Además, se da la curiosa circunstancia que los cuatro investigadores, Muñoz y Bonaccorso, como profesores, y Fajardo y Lessmann, como alumnos, coincidieron en un Máster sobre "Biodiversidad de Áreas Tropicales y su conservación" que el CSIC y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo desarrolló en Ecuador hasta 2014.

Por último, el estudio ahora publicado apunta que el Gobierno de Ecuador debe, en efecto, encontrar soluciones para satisfacer las necesidades económicas del país, pero no por ello permitiendo una extracción incontrolada en zonas protegidas y afectando a las comunidades indígenas y recuerda que, mientras el precio del petróleo disminuye de manera notable, el impacto ambiental en zonas sensibles aumenta de forma alarmante al mismo ritmo.
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Referencia | Janeth Lessmann, Javier Fajardo, Jesús Muñoz y Elisa Bonaccorso. 2016. "Large expansion of oil industry in the Ecuadorian Amazon: biodiversity vulnerabiliy and conservation alternatives" Ecology and Evolution. doi: 10.1002/ece3.2099
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ETIQUETASMedio AmbienteContaminaciónSostenibilidadEnergíaContaminación

Greenpeace denuncia los graves riesgos de inundar la Amazonia con mega proyectos hidroeléctricos

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Un informe muestra los problemas financieros, medioambientales y sociales que conllevarían estos proyectos. El proyecto de la presa de São Luiz do Tapajós en Brasil supondría repetir un error como el que fue la de Bello Monte. Si las presas se llevan a acabo se inundaría el territorio de la tribu indígena Mundurukú que lleva siglos habitando la zona.
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Greenpeace ha publicado ‘Inundando el corazón de la Amazonia. Los riesgos financieros del negocio hidroeléctrico en la Amazonia’ en el que denuncia los graves riesgos de los planes del Gobierno brasileño de construir grandes proyectos hidroeléctricos en la región Amazónica. Estos planes incluyen grandes y pequeñas presas hidroeléctricas, hasta más de 40, en el corazón de la selva amazónica.

De manera especial, denuncia el proyecto hidroeléctrico de São Luiz do Tapajós, que tendría un muro de presa de 7,6 kilómetros y un embalse que ocuparía una superficie similar a la ciudad de Nueva York, inundaría también parte del territorio indígena Munduruku, tribu que ha vivido en esta región durante siglos. Este proyecto faraónico no sólo amenaza a las comunidades y los ecosistemas locales, también perjudica el clima. La construcción de la presa produciría sustanciales cantidades de gases de efecto invernadero, producto de la descomposición de la vegetación de la selva inundada y el suelo.

Los principales afectados, la tribu indígena de los Mundurukú, llevan habitando la cuenca del río Tapajós desde hace miles de años y todavía viven en la región más de 12.000 miembros, la mayoría asentados en las riberas del río. Sus comunidades dependen del río para su alimentación, como medio de transporte y como forma de expresión cultural y espiritual. La pérdida del río supondrá el fin de su forma de vida.

“Greenpeace está colaborando con el pueblo Mundurukú en su lucha para proteger el río Tapajós, sus bosques y su gente”, ha afirmado Miguel Ángel Soto, responsable de la Campaña de Bosques de Greenpeace España. “Si se construye esta presa, sus promotores serán responsables de aumentar la deforestación, incrementar la pérdida de biodiversidad y poner en riesgo la supervivencia cultural de los pueblos indígenas Mundurukú de la región de Tapajós.”

El informe documenta cómo uno de estos proyectos, la presa de São Luiz do Tapajós, está atrayendo el interés de un buen número de empresas brasileñas y extranjeras del sector de la energía, ingeniería, aseguradoras, entidades financieras, etc. Algunas de ellas con experiencia en otros proyectos hidroeléctricos en la región. Empresas como General Electric, Voith Hydro, Siemens y Andritz podrían participar en este proyecto, pero también empresas españolas como Iberdrola (a través de su socio brasileño Neoenergía) y la aseguradora Mapfre (con su socio Banco do Brasil).

Hasta la fecha, ninguna de estas grandes empresas ha anunciado públicamente sus intenciones sobre este proyecto. Pero otros, como la empresa energética europea Enel, han dado un paso al frente y han anunciado públicamente que no van a participar.

En el caso de las españolas Iberdrola y Mapfre, Greenpeace se ha reunido con representantes de ambas empresas recientemente. De hecho, un miembro de Greenpeace intervino en la Junta de Accionistas de 2016, celebrada el pasado 8 de abril de 2016, y solicitó al Presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, una declaración pública de desvinculación del proyecto hidroeléctrico de São Luiz do Tapajós. La respuesta del Presidente fue “esto es una sociedad participada (en relación a su socio Neoenergia); ni gestionamos ni pintamos nada en ese tema, por tanto, son temas de los brasileños que seguro que lo están haciendo de acuerdo con las leyes brasileñas y yo no puedo decir nada más”.

La respuesta de Mapfre ha sido igualmente decepcionante. En una reunión con responsables de Mapfre mantenida en marzo de 2016, la empresa comunicó que necesitan tiempo para analizar los riesgos asociados con el proyecto de São Luiz do Tapajós y que la decisión final se tomará conjuntamente con su socio el Banco do Brasil.

“Detrás de estos megaproyectos hidroeléctricos se encuentran los mismos intereses políticos que trabajan para satisfacer la avaricia de las grandes corporaciones, alimentando el círculo vicioso de la corrupción y el mal uso del dinero público”, ha comentado Soto. "Pero hay una alternativa a este modelo: energías renovables, como la solar y eólica, podrían satisfacer las necesidades de abastecimiento de todos los brasileños, sin destruir la biodiversidad y la forma de vida de las comunidades locales."

La Amazonia es la mayor región tropical del planeta, pero la alta deforestación está provocando la desaparición de esta selva tropical, que cada día se hace más pequeña. Más de 750.000 km² de selva tropical del Amazonas (una superficie similar a Francia) ya ha sido destruida por la agricultura industrial, la ganadería, la tala ilegal, la minería y los grandes proyectos de infraestructuras.
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ETIQUETASMedio AmbienteSostenibilidad