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El lado oscuro de las bebidas energéticas en los exámenes: ¿ayuda o riesgo para la salud?

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Profesores de la Facultad de Ciencias de la Salud y la ESCET alertan de los peligros que puede tener para los estudiantes el consumo de bebidas energéticas.
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A día de hoy, son pocos los estudios que analizan el consumo de bebidas energéticas en el ámbito universitario y los factores de riesgo asociados a su ingesta.

En este contexto, una investigación desarrollada por profesores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) se sitúa entre los pocos trabajos que abordan, desde una perspectiva epidemiológica, los hábitos de consumo de estas bebidas durante los periodos de mayor estrés —como la época de exámenes— y a lo largo del curso académico.

Los resultados muestran que el 81% de los estudiantes encuestados consume bebidas energéticas para mantenerse despiertos y concentrados, mientras que un 65% considera insuficientes las campañas de prevención e información sobre sus efectos. Aunque no es el foco principal del estudio, los investigadores también apuntan a la presencia de un fenómeno preocupante: la mezcla de bebidas energéticas con alcohol, una combinación que puede enmascarar los efectos del alcohol y aumentar los riesgos para la salud.

El trabajo fue presentado en el XV Congreso Internacional de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI). El equipo está liderado por Yolanda Valcárcel, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública, junto con los profesores Gema Vera, Nancy Paniagua y Miguel Martínez, del área de Farmacología, y Yolanda Segura, del área de Ingeniería Química. Todos ellos integran el grupo ApSUM.

En el proyecto también participaron Pablo Palomares, estudiante del Grado en Enfermería y fisioterapeuta, y las alumnas del Grado en Farmacia Lady E. Vera e Irene Moreno.

“La colaboración de los alumnos ha sido fundamental para comprender cómo viven los estudiantes las situaciones de estrés o ansiedad, cada vez más frecuentes”, destaca la profesora Valcárcel.

La investigación ha sido financiada por el Observatorio del Estudiante de la URJC y abre la puerta a futuras iniciativas orientadas a la promoción de la salud y la prevención del consumo de bebidas energéticas entre la comunidad universitaria.
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ETIQUETAS • Sociedad • Cerebro • Consumo • Salud • Alcohol.....
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La carga emocional de las palabras no se entiende del mismo modo por todas las personas

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Un estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV) revela que la personalidad, la edad y el género influyen en la manera como procesamos palabras con carga emocional.
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Por qué no todos sentimos lo mismo al leer una misma palabra

¿Por qué una misma palabra puede generar emociones muy distintas según quien la lea? Un estudio liderado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en colaboración con la Universidad Complutense y la Universidad Nebrija de Madrid, aporta nueva luz sobre esta pregunta. Publicado en la revista Scientific Reports, el trabajo muestra que la personalidad, la edad y el género influyen en cómo percibimos palabras que expresan emociones como miedo, tristeza, asco, alegría o ira.

El estudio utilizó la “Tarea de decisión léxica” (Lexical Decision Task), en la que más de 900 participantes debían decidir rápidamente si una cadena de letras era una palabra real o no. Se analizaron 7.500 palabras en español, muchas de ellas con claras connotaciones emocionales. Durante la prueba se registraron los tiempos de reconocimiento y se recopilaron datos de personalidad (siguiendo el modelo de los cinco grandes rasgos: extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad, responsabilidad y estabilidad emocional), además de edad y género de los participantes.

Los resultados mostraron que la “valencia emocional” —el valor afectivo de una palabra— influye en su reconocimiento: palabras positivas como amor se identifican más rápido que las neutras (tecla), mientras que las negativas (pena) tardan más. Sin embargo, la “activación” (la intensidad emocional que provoca la palabra) matiza este efecto: palabras negativas muy intensas como asesinar se reconocen más rápido que otras negativas menos activas, como aburrimiento. En palabras positivas, una activación elevada (euforia) puede incluso ralentizar su procesamiento respecto a las de baja activación (dormir).

Uno de los hallazgos más relevantes es que no todas las personas procesan igual las palabras cargadas de emoción. Por ejemplo, los hombres reconocieron más rápido que las mujeres palabras asociadas al miedo, como bomba o matar, probablemente porque el miedo activa respuestas rápidas ante amenazas. En cambio, en las mujeres este efecto no se observó, posiblemente debido a diferencias en socialización y estrategias de afrontamiento.

La tristeza también mostró patrones distintos: los hombres tardaban más en procesar palabras como desamor o depresión, mientras que las mujeres no presentaban esta dificultad. Esto podría reflejar menor familiaridad con el lenguaje de la tristeza en los hombres.

Respecto al asco, personas con baja amabilidad, baja apertura a la experiencia o alta responsabilidad tardaban más en reconocer palabras como vomitar o pus, lo que sugiere que estas emociones captan más su atención y ralentizan el procesamiento.

En el caso de la alegría, el patrón fue más complejo. Palabras como fiesta se reconocían más rápido en mujeres y jóvenes, mientras que los hombres y personas mayores mostraban más dificultad. Esto podría deberse a que, con la edad, el vocabulario positivo se amplía y aumenta la competencia léxica, haciendo que el reconocimiento sea más costoso. Las diferencias de género podrían reflejar que, según estudios previos, las mujeres experimentan alegría con mayor frecuencia que los hombres.

"Estos resultados muestran que no existe una manera universal de entender las palabras emocionales: cómo las percibimos depende de la historia y características de cada persona", explica Juan Haro, investigador del Departamento de Psicología de la URV. "Esto tiene implicaciones importantes para la psicología, la publicidad, la educación y la comunicación, ya que subraya la necesidad de adaptar los mensajes emocionales al público”, añade Pilar Ferré, también participante en el estudio.
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Trabajo de referencia | Haro, J., Hinojosa, J. A., & Ferré, P. (2025). The influence of individual differences in the processing of words expressing discrete emotions: Data from a large-scale study. Scientific Reports, 15, 25036. https://doi.org/10.1038/s41598-025-10310-9
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ETIQUETAS • Lenguaje • Sociedad • Comunicación.....
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El alcohol daña el cerebro incluso después de dejar de beber y perpetúa la adicción

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Un estudio del CSIC muestra que la bebida aumenta su capacidad adictiva cambiando la geometría del cerebro y que las alteraciones que provoca permanecen durante las seis primeras semanas de abstinencia.
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El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en España, según la encuesta sobre alcohol y drogas en España (Edades 2019/2020) realizada entre los 15 y 64 años. Afecta el funcionamiento del sistema nervioso y provoca cambios en el estado de ánimo, la percepción, los pensamientos, los sentimientos o el comportamiento. Sin embargo, la percepción de riesgo por quienes lo consumen, en especial entre los jóvenes, es baja pese a las más de 200 enfermedades asociadas a su ingesta, que causa cada año unos tres millones de muertes en el mundo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en el cerebro son ampliamente conocidos, pero los cambios estructurales observados son muy heterogéneos. Además, faltan marcadores de diagnóstico para caracterizar el daño cerebral inducido por el alcohol, especialmente en los inicios de la abstinencia, un periodo crítico por la alta tasa de recaída que presenta.

Sin embargo, en 2019 un trabajo conjunto del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH), en Alicante, y del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, marcó un hito en este campo al detectar, mediante una resonancia magnética, que los daños que produce el alcohol en el cerebro no se detienen al dejar de beber, como hasta entonces se pensaba. Por el contrario siguen progresando al menos durante las seis primeras semanas de abstinencia de alcohol. Un efecto retardado que hasta entonces ni se había imaginado.

“Antes de nuestra investigación nadie podía creer que durante la abstinencia del alcohol el daño en el cerebro progresara. Aunque la toxicidad directa del alcohol cesa al dejar de beber, vimos que los cambios en el cerebro provocados por el alcohol siguen progresando”, explica el investigador del CSIC Santiago Canals, responsable del grupo de Plasticidad de las Redes Neuronales del Instituto de Neurociencias, que lideró la investigación.

La investigación, que se publicó en la revista JAMA Psychiatry, mostró que a las seis semanas de haber abandonado el consumo de alcohol aún seguían produciéndose cambios en la sustancia blanca del cerebro en una muestra de 91 pacientes voluntarios, con una edad media de 46 años hospitalizados en Alemania para su tratamiento de rehabilitación a causa de un trastorno por consumo de alcohol. Para comparar las resonancias magnéticas cerebrales de estos pacientes se utilizó un grupo control sin problemas de bebida, compuesto por 36 varones con una edad media de 41 años.

“Un aspecto importante del trabajo es que este grupo de pacientes participaba en un programa de desintoxicación, y se les controlaba el consumo de sustancias adictivas, lo que garantizaba la ausencia de consumo de alcohol. Por tanto, se puede hacer un seguimiento fiel de la fase de abstinencia, un periodo crítico, porque las recaídas llevan a cronificar el consumo de alcohol”, indica Canals. Más recientemente, este equipo de investigadores han podido reproducir estos resultados en una cohorte independiente de pacientes, lo que valida los resultados obtenidos en 2019.

Otra característica diferencial de este estudio es que se llevó a cabo paralelamente en un modelo con ratas Marchigian Sardinian con preferencia por el alcohol. Por un lado esto permite asignar al consumo de alcohol un papel causal en el deterioro de la sustancia blanca, frente a estudios sólo con pacientes, que suelen ser confusos debido a las comorbilidades asociadas a la enfermedad, como el consumo de otras sustancias y la propia medicación de los pacientes, que dificultan el establecimiento de relaciones causa-efecto, detalla la investigadora del CSIC en el Instituto de Neurociencias Silvia De Santis, primera firmante del artículo.

Por otro lado, los estudios con modelos animales permiten monitorizar la transición desde un estado normal, saludable, a la dependencia de alcohol en el cerebro, “un proceso que no es posible ver en humanos, porque en los estudios participan voluntarios sanos y personas que ya tienen un trastorno por abuso de alcohol”, explica De Santis. En este caso, añade, “los mismos patrones de alteraciones observadas en humanos pudimos reproducirlos en ratas a través de la sola ingesta de alcohol, lo cual soporta el papel causal del alcohol en las alteraciones observadas”.

La hipótesis que barajaban los investigadores era que la progresión de los daños se mantiene porque se pone en marcha un proceso inflamatorio en el cerebro que avanza incluso en ausencia de alcohol. “Creemos que esto está relacionado también con la facilidad de recaída que se produce después de dejar de beber, durante el periodo crítico de la abstinencia”, avanzaba Canals.

El sistema inmune puede favorecer la recaída

Esa suposición de partida se demostró que era correcta. En junio de 2020, otra investigación del grupo de Canals, esta vez publicada en Science Advances, sorprendió de nuevo a la comunidad científica: el alcohol aumenta su capacidad adictiva cambiando la geometría del cerebro, concretamente de la materia gris. El nuevo trabajo, proponía un mecanismo de adicción al alcohol totalmente nuevo y desconocido hasta entonces.

La sustancia gris está formada por los cuerpos de las neuronas y conforma la corteza cerebral, el cerebelo y la médula espinal. La materia gris está involucrada en el control muscular y la percepción sensorial, como la vista y el oído, la memoria, las emociones, el habla, la toma de decisiones y el autocontrol, funciones que se ven alteradas por la ingesta del alcohol.

Las responsables del cambio de geometría de la sustancia gris son las células del sistema inmune que residen en el cerebro, denominadas microglía, como demostró el segundo trabajo de los grupos de Canals y Santis. El alcohol, como cualquier otra sustancia dañina, provoca la activación defensiva de la microglía que conduce a un cambio de sus características bioquímicas y también de su forma. Este cambio de forma remodela el espacio extracelular y habilita rutas de difusión de sustancias que en ausencia de alcohol estarían limitadas.

El espacio extracelular está formado por los huecos y canales que dejan libres los cuerpos celulares y sus densas ramificaciones citoplasmáticas, como las dendritas y los axones de las neuronas y otras células gliales, y está ocupado por líquido y proteínas. En el líquido extracelular circulan sustancias fundamentales para muchos procesos fisiológicos, como los neurotransmisores.

“Lo que nosotros vimos en este trabajo fue que la reactivación de la microglía eliminaba barreras para la difusión en el espacio extracelular, o lo que es lo mismo, habilitaba rutas que en ausencia de alcohol estaban bloqueadas. Y propusimos, apoyados en los resultados de un modelo matemático que simula la difusión en el cerebro alcohólico, que este cambio facilita la difusión de neurotransmisores como la dopamina, implicada en la motivación y las adicciones, lo que aumenta el poder adictivo del alcohol”.

Este estudio traslacional de nuevo se llevó a cabo en ratas y humanos y estuvo coordinado, como el anterior, por los doctores Santiago Canals, del Instituto de Neurociencias, y Wolfgang Sommer, del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg (Alemania).

“El siguiente paso en nuestra investigación será averiguar si este efecto es producido directamente por la acción del alcohol sobre la microglía, o lo hace de forma indirecta, a través de intermediarios, como el hígado o la microbiota intestinal”, concluye el doctor Canals.
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ETIQUETAS • Sociedad • Salud • Cerebro.....
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¿Por qué ellas viven más? Las raíces evolutivas de una diferencia fascinante

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Un estudio internacional que analizó más de mil especies de mamíferos y aves revela que factores como la selección sexual, el cuidado parental y la genética determinan las diferencias en esperanza de vida entre machos y hembras.
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Una pareja de babuinos (Papio anubis) en el bosque impenetrable de Bwindi, Uganda. / Martha Robbins
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En prácticamente todas las sociedades y épocas, las mujeres han vivido más tiempo que los hombres. Una investigación liderada por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), publicada en Science Advances, aporta nuevas claves para entender por qué esta diferencia se mantiene con tanta persistencia: sus orígenes se encuentran en la evolución y no son exclusivos de nuestra especie. El estudio, que contó con la participación de 15 equipos internacionales, analizó datos de longevidad de 1.176 especies de mamíferos y aves mantenidas en zoológicos de todo el mundo. Los resultados revelan que, en promedio, las hembras de mamíferos viven un 13% más que los machos. En las aves, en cambio, sucede lo contrario: los machos superan a las hembras en un 5%.

“Algunas especies muestran patrones opuestos a lo esperado”, explica Johanna Stärk, primera autora del estudio. “En muchas rapaces, por ejemplo, las hembras no solo alcanzan un mayor tamaño, sino también una mayor longevidad. Los cromosomas sexuales aportan parte de la explicación, aunque no toda la historia”.

Selección sexual y estrategias reproductivas

Más allá de los factores genéticos, la investigación subraya el papel de la selección sexual y las dinámicas reproductivas. En especies polígamas con intensa competencia —frecuente entre mamíferos—, los machos tienden a morir antes. En aves, mayoritariamente monógamas, la presión competitiva es menor y los machos suelen vivir más.

El cuidado parental también desempeña un papel decisivo. En la mayoría de mamíferos, las hembras invierten más tiempo y energía en la crianza, lo que no solo prolonga su propia vida, sino que incrementa las probabilidades de que sus crías alcancen la madurez. Aunque la vida en cautividad reduce las diferencias —al proteger a los animales de depredadores, enfermedades y condiciones ambientales extremas—, estas no desaparecen del todo. Este patrón recuerda al caso humano: los avances médicos y sociales han acortado la brecha de longevidad entre hombres y mujeres, pero no han logrado eliminarla.

En conjunto, los resultados apuntan a que la diferencia en longevidad entre sexos está profundamente enraizada en la historia evolutiva y modulada por la selección sexual, el cuidado parental y los cromosomas sexuales. Los factores ambientales pueden atenuar su impacto, pero no borrarlo por completo.
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Trabajo de referencia | Johanna Stärk et al, “Sexual selection drives sex difference in adult life expectancy across mammals and birds”, Science Advances, 2025.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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ETIQUETAS • Genética • Evolución • Sociedad • Envejecimiento.....
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¿Por qué nos creemos las mentiras?

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Creer en las mentiras puede ser más fácil si vienen con beneficios… y de un amigo.
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Un estudio publicado en la revista JNeurosci revela que las personas son más propensas a creer una mentira cuando esta se presenta en un contexto de ganancia, sobre todo si quien la dice es un amigo.

La investigación, liderada por Yingjie Liu en la North China University of Science and Technology, analizó mediante neuroimagen la actividad cerebral de 66 voluntarios durante interacciones cara a cara a través de pantallas. Los científicos observaron que, en escenarios de ganancia, los participantes mostraban mayor credulidad y una intensa actividad en zonas del cerebro vinculadas con la recompensa y la interpretación de intenciones.

El efecto fue aún más marcado entre amigos: sus cerebros se sincronizaban en áreas relacionadas con la recompensa cuando la mentira implicaba beneficios, y en regiones de evaluación del riesgo cuando la situación era de pérdida. Esa “actividad compartida” incluso permitió predecir si alguien sería engañado con éxito.

Según los autores, la combinación de confianza y búsqueda de beneficios puede disminuir nuestra capacidad para detectar engaños, lo que explicaría por qué somos más vulnerables a las mentiras de quienes más queremos.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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ETIQUETAS • Psicología • Investigación • Sociedad • Lenguaje.....
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Físicos chilenos anuncian una inminente geotormenta capaz de apagar redes eléctricas y telecomunicaciones

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Una llamarada solar tan intensa que golpeará el campo magnético terrestre, sacudiendo el planeta y provocando la caída abrupta de la electricidad, Internet y las redes de telefonía durante varios días. Esto es lo que advierte una investigación de tres físicos de la Universidad de Chile publicada en la revista científica Space Weather, donde ha destacado como el estudio más leído y descargado del año. El fenómeno, conocido como geotormenta o tormenta geomagnética, afecta también la navegación y la aeronáutica, pues altera las brújulas.
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Pasar días sin luz, Internet, televisión, celular, ni teléfono son algunas de las consecuencias del fenómeno climático espacial llamado geotormenta o tormenta geomagnética, una reacción de nuestro planeta al impacto de una poderosa eyección de energía que sale desde el Sol hacia el espacio. Si el evento es muy intenso, podría tener efecto en las comunicaciones, en distintas tecnologías y en las redes de transmisión de electricidad. Estamos en el ciclo solar número 25 y el próximo evento es inminente, a fin de año, revela el estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Chile.

“Un evento grande podría ser potencialmente muy perjudicial”, dice el profesor Pablo Moya, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, quien se especializó en clima espacial trabajando en la NASA. El investigador es uno de los autores del artículo que anuncia una inminente geotormenta tan intensa que provocaría un apagón comunicacional de varios días de extensión.

La investigación, titulada “Ocurrencia de Tormentas Geomagnéticas y su Relación con las Fases de los Ciclos Solares”, publicada por la prestigiosa revista Space Weather, una de las más importantes del área, fue destacada recientemente por ser el artículo científico más leído y descargado durante el 2021. La publicación fue realizada por el profesor Pablo Moya junto a la investigadora de la Universidad de Chile, Paula Reyes, egresada de la Facultad de Ciencias, quien cursó el magíster en la misma unidad, y Víctor Pinto, egresado de la Casa de Bello y hoy profesor de la Universidad de Santiago de Chile.

“Las llamaradas solares, popularmente conocidas como tsunamis o tormentas solares, producen una radiación que se propaga desde el Sol hacia el espacio y golpea el campo magnético terrestre, el que reacciona provocando una tormenta geomagnética o geotormenta, que son eyecciones poderosas de energía. Si el evento es muy intenso podría tener efecto en las comunicaciones, en distintas tecnologías de comunicación, de transmisión de electricidad, etcétera”, explica el Dr. Moya.

En el estudio, los físicos chilenos muestran los resultados de un estudio sobre una serie de tormentas geomagnéticas ocurridas entre 1957 y 2019, a partir del cual identifican la probabilidad de ocurrencia de estos eventos y saber si serán moderados, intensos o severos. Su ocurrencia depende de la fuerza del ciclo solar (de aproximadamente 11 años de duración) y de las diferentes fases de este. “Nuestros resultados sugieren que el ciclo solar 25, que acaba de comenzar y que terminaría en 2034, aproximadamente, debería ser más fuerte que el ciclo actual. El máximo debería ocurrir entre este año y el próximo. El pico debería venir pronto”, advierte el investigador.

Una tormenta grande dura aproximadamente una semana desde que comienza hasta que termina. Podríamos tener problemas de comunicación durante varios días. Este impacto en la vida cotidiana fue una de las inspiraciones de Paula Reyes. “Está relacionado con fenómenos que ocurren en los alrededores de nuestro planeta, cuya fuente proviene del Sol, y que impactan directamente a nuestro diario vivir, principalmente por nuestra dependencia al uso de tecnologías”, dice.

En el mundo exterior, en tanto, también hay consecuencias, pues dañan los satélites, afectando así la exploración espacial y la tecnología que periódicamente lanzamos al espacio. “Este tipo de investigación también ayuda a tener una estimación de la obsolescencia de los satélites, e implementar mejoras en sus materiales de fabricación, ya que tormentas severas pueden producir sobrecargas y daños en ellos que sean irreversibles”, agrega la investigadora.

Por ejemplo, a principios del año pasado, SpaceX lanzó una flota de satélites a la alta atmósfera y una eyección de masa coronal que ocurrió días antes, al alcanzar la Tierra, desencadenó una tormenta geomagnética que produjo cambios en la atmósfera y resultó en una pérdida de alrededor del 80% de los satélites de la flota. “Además, dependiendo de la intensidad de la tormenta, pueden producirse sobrecargas en nuestros sistemas eléctricos, problemas en las órbitas de los satélites y -en general. en los sistemas de comunicación”, detalla la científica chilena.

Tormentas extremas: ¿Se puede predecir con certeza cuándo se registrará una?

El último gran evento se registró el 2003 en el Hemisferio Norte y provocó un apagón de Internet de varios días. Un hecho casi anecdótico en un mundo prácticamente análogo en ese entonces, que hoy, veinte años después, cuando toda la sociedad depende de la conexión a Internet, la electricidad y las comunicaciones, podría ser catastrófico. “Un evento realmente grande podría producir muchas pérdidas y muchos problemas de comunicación”, sostiene el profesor Moya.

Esos campos magnéticos pueden perturbar a cualquier material conductor, ya sea una línea de alta tensión, un tubo grande para transportar petróleo o una central eléctrica. “Además, perturba el campo magnético que mide las brújulas. Así que también tienen efecto en la navegación, en la aeronáutica”, precisa el especialista de la Universidad de Chile.

En esta línea, relata que en 1989 se registró una tormenta geomagnética muy grande, bautizada como “El evento de Halloween", que produjo apagones por la explosión de transformadores, centrales eléctricas y líneas de transmisión debido a los efectos electromagnéticos en la superficie terrestre.

El primer evento registrado fue hace como 150 años y se conoce como “Evento de Carrington”. La historia dice que saltaban chispas de los telégrafos. “Ese evento fue tan grande, tan grande, que la aurora se vio en Chile. Hay reportes de que se podía leer el diario de noche solamente con la luz de la aurora y todas las líneas de telégrafo se echaron a perder, los operarios veían que saltaban chispas de las líneas del telégrafo, así que las desconectaron de la corriente, pero la corriente inducida por la aurora las hacían funcionar igual y podían igual comunicarse solamente por la inducción del campo magnético de la aurora”, señala el profesor.

“Si eso pasara hoy día, sería mucho más complicado porque fallaría Internet, fallarían los satélites, fallarían las comunicaciones, fallan los GPS… Se apagaría Internet y habría múltiples fallas en centrales eléctricas que en 1859 no existían”, afirma. “Un evento como ese no ha sucedido más hasta el día de hoy. Entonces, una de las preguntas es ¿qué tan probable es que esto ocurra mañana? Y, por lo tanto, nuestro trabajo tenía que ver con eso. Tenemos los datos y podemos hacer una relación estadística para predecir qué tan probable es que haya un evento extremo pronto”, asegura el investigador.

Coincide con esta visión su alumna de tesis. “Si una tormenta de ese tipo ocurriese el día de hoy, es probable que se produzcan cortes de electricidad por varias horas debido a la sobrecarga del tendido eléctrico por la corriente eléctrica inducida. También cortes en las comunicaciones y televisión, lo que resultaría en pérdidas económicas significativas”, indica Paula. Sin embargo, plantea la científica, "no podemos olvidar que estamos frente a fenómenos naturales y que, a pesar de los fallos que se producirían, tendríamos la oportunidad de presenciar un espectáculo fascinante en nuestros cielos, ya que las auroras podrían observarse en latitudes mucho más alejadas de los polos”.

¿Estamos preparados?

El clima espacial es de vital importancia, ya que puede incidir en múltiples aspectos de nuestra vida como sociedad, desde las comunicaciones hasta asuntos geopolíticos, particularmente hoy, que dependemos en nuestro día a día de diversas tecnologías, como los satélites. “O sea, para países como Chile, imagina que mañana hay un terremoto y al mismo tiempo una tormenta geomagnética. Entonces, tenemos a la gente aislada que más encima no puede comunicarse. Eso sería una de las peores cosas que podría pasar”, sostiene Moya.

Existe una oficina en las Naciones Unidas que se preocupa del clima espacial y financia gran parte de las investigaciones en temas de plasmas en el espacio para entender la física del Sol, el espacio y la Tierra. Este trabajo tiene como propósito "ojalá algún día tener capacidad predictiva, de la misma forma que la meteorología, ya que con los datos que se saben de presión, temperatura y el viento y las nubes, uno puede decir con cierta, seguridad si mañana hay un 80% de probabilidad de que llueva, por ejemplo. Y el objetivo a mediano plazo es ojalá hacer eso con el Sol. Ya existe un monitoreo constante de la actividad del Sol de las agencias espaciales desde telescopios y satélites".

“El tema es que ahora un evento grande podría ser potencialmente muy, muy, muy perjudicial. Claro, y eso al final es lo que motiva a la Agencia Espacial de las Naciones Unidas a meterle recursos a este tipo de investigación. Y hace que exista una parte de la comunidad científica que le interesa este tipo de revista”, indica el físico de la Universidad de Chile.

¿Hace daño a las personas? “Si estás en el espacio sí te puedes irradiar”, dice el profesor Moya. En la Estación Espacial Internacional, cuando hay eventos intensos, tienen protocolos de protección, de entrar en salones especiales para minimizar la radiación. Porque claro, se produce mucha radiación en el espacio, pero no llega a la Tierra de forma dañina para el ser humano. No más que exponerse al Sol.

Estudio más leído

Respecto al hecho de haber sido el estudio más leído de 2021 en la revista Space Weather, el profesor Moya comenta que “fue una buena y linda noticia porque es un trabajo que hicimos con Paula y Víctor al que le dimos mucho cariño. Nos alegra, creo que el trabajo quedó lindo, claro y atractivo. Es un estudio hacia atrás en el tiempo, pero permite esbozar una predicción de lo que va a pasar de ahora en adelante. Entonces, esas dos cosas hacen que el trabajo sea en el fondo atractivo para las personas que estudian datos, pero también para la gente que está interesada en hacer predicciones de qué tan intenso va a ser el ciclo solar actual”, dice el profesor Moya.
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FUENTE • Universidad de Chile.....
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¿Abrazar la tradición frente a los peligros?

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Los resultados de esta investigación, liderada por la UCLA (Universidad de California) y en la que participa la Universidad de Sevilla, podrían ser útiles para la comunicación sobre medidas de salud ante próximas pandemias.
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Un estudio realizado en 27 países, liderado desde el departamento de Antropología de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y en el que participa la Universidad de Sevilla, sugiere que durante los primeros años de la pandemia de COVID-19 el tradicionalismo ha estado asociado con el apoyo a conductas de protección más estrictas frente a esta epidemia.

La investigación, publicada recientemente en la revista Nature Scientific Reports, ha revelado que las personas que están más de acuerdo con afirmaciones como “Las tradiciones son el fundamento de una sociedad sana y deben ser respetadas” también tienden a apoyar un patrón más estricto de conductas de protección personal frente a la pandemia.

Ya en investigaciones previas se ha apuntado a una asociación entre un mayor tradicionalismo y una mayor atención a la posibilidad de amenazas externas. En estos estudios, el tradicionalismo psicológico fue medido por los investigadores como una variable agregada a partir de las respuestas de los participantes a una serie de preguntas sobre su valoración de las tradiciones o su negativa a mostrar acuerdo ante afirmaciones del tipo “La gente debería desafiar las tradiciones sociales con el fin de hacer avanzar a la sociedad”. Es decir, se mostraban a favor de la tradición por encima de otros valores.

La desconfianza hacia la ciencia tapaba el efecto

Los recientes resultados del estudio internacional, al apuntar a una asociación entre tradicionalismo y medidas de precaución frente a la pandemia, pueden parecer contraintuitivos. Después de todo, en varios casos muy mediáticos, las comunidades más reacias a la hora de seguir las recomendaciones de salud pública eran precisamente comunidades muy tradicionalistas o conservadoras (como en Estados-Unidos, o algunas comunidades religiosas ultra-ortodoxas). El estudio también evidencia que en ocasiones el tradicionalismo suele ir acompañado de desconfianza hacia la ciencia o bien de una orientación diferente sobre las prioridades económicas y sociales.

Sin embargo, cuando se tienen en cuentan estas dinámicas, reflejadas en los datos de la investigación y comparadas en los 27 países, el efecto del tradicionalismo sobre las conductas de protección se muestra mayor: A idénticas actitudes sobre la ciencia o sobre las prioridades económicas, una persona tradicionalista suele mostrar claramente más apoyo a las medidas de protección frente a amenazas como la COVID. Lo que sucede es que en algunos casos más llamativos la desconfianza ante la ciencia o la actitud ante la economía “tapaban” este efecto.

Investigación fundamental, también aplicada

El profesor del departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, Hugo Viciana, ha llevado a cabo la parte del trabajo realizado desde España.

Hugo Viciana destaca que “los datos que emergen de esta comparativa son fascinantes ya que arrojan luz sobre una dimensión antropológica del ser humano tan relevante como la naturaleza del apego a las tradiciones.”

Además, afirma que las “investigaciones como esta pueden ayudar a diseñar la comunicación de medidas de salud pública al revelar detalles que antes se habían pasado por alto.”
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Trabajo de referencia | Samore, T., Fessler, D.M.T., Sparks, A.M. et al. Greater traditionalism predicts COVID-19 precautionary behaviors across 27 societies. Sci Rep 13, 4969 (2023). https://doi.org/10.1038/s41598-023-29655-0
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ETIQUETAS • Sociedad • Covid-19 • Pandemia • Investigación • Salud.....
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La pandemia ha consolidado el modelo de turismo cerca de casa

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Una investigación de la URV analiza las redes sociales y las búsquedas en Internet y concluye que la COVID-19 hace renacer un término nuevo, staycation, que describe un viejo concepto de comportamiento turístico que ya apareció durante la crisis de 2008.
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Un equipo investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la Universitat Rovira i Virgili (URV) está trabajando en torno a la reaparición del staycation, un fenómeno que apareció por primera vez durante la crisis financiera de 2008 y que volvió a ser de uso común durante la pandemia de la COVID-19. Staycation es un neologismo, una expresión derivada de la combinación de estancia y vacaciones (stay y vacation, en inglés). La definición de este término, que todavía no está bien desarrollado en la literatura científica, impulsó a los investigadores a proponer algunas claves para entenderlo mejor.

"La pandemia provocó un fuerte resurgimiento de las staycations, ya que obligó a muchas personas a pasar sus vacaciones en casa o cerca de casa a causa de las restricciones de movilidad". Esta evidencia explicada por el investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la URV, Babajide Muritala, es el punto de partida de su último artículo. El fenómeno del staycation se generalizó por primera vez en 2008, cuando la economía mundial entró en una profunda recesión acompañada de una fuerte subida de los precios del combustible. Esto supuso que la población dispusiera de menos ingresos para gastar en viajes de ocio y turismo y dio lugar a la sustitución de los viajes de ocio internacionales por actividades de turismo nacional.

Durante la primera parte de la pandemia, en 2020, la principal medida preventiva implementada por los gobiernos para frenar la propagación del nuevo virus SARS-CoV-2, antes de que se desarrollaran vacunas y nuevos medicamentos, fueron acciones de intervención no-farmacéutica. Éstas incluían la obligatoriedad de quedarse en casa, confinamientos y restricciones de movilidad. Esto provocó que, en términos de turismo, la población optara por el turismo nacional y las staycations, mientras que el turismo internacional se detuvo casi por completo. Según los principales estudios, en abril de 2020, los viajes internacionales habían caído hasta un 97% en todo el mundo.

En su último estudio, los investigadores proporcionan una imagen completa del crecimiento y la práctica de las staycations durante los dos primeros años de la pandemia, mediante el análisis de datos de redes sociales y búsquedas en Internet. Para realizar este análisis, hicieron una modelización de datos en Twitter mediante la técnica conocida como Asignación Latente de Dirichlet, un método analítico de texto utilizado para extraer los principales temas de un gran cuerpo de texto sin etiquetar. En paralelo, utilizaron datos de Google Trends para identificar patrones globales de búsqueda en Internet sobre las staycations, incluida una comparación de búsquedas relacionadas para los años 2020 y 2021.

Los resultados de su análisis mostraron que, aunque la población optase por destinos cercanos a su lugar de residencia o incluso en su propio municipio, intentaban conseguir una distancia psicológica, eligiendo por ejemplo alojamiento en hoteles. Con esta decisión evitaban la cotidianidad, las rutinas y las tareas habituales del hogar, de forma similar a la sensación de estar en entornos más alejados. Una evidencia que demuestra este fenómeno es la gran cantidad de temas y búsquedas en internet relacionados con hoteles.

Su estudio también ofrece un análisis del concepto staycation, que ha ido creciendo constantemente desde su generalización durante la crisis financiera y que ahora se ha acelerado, y se espera que siga siendo popular en los próximos años. Este término proporciona una visión crítica para las empresas de hostelería y los responsables políticos en materia turística sobre cómo aumentar los ingresos y promover un turismo de proximidad. Los autores, además, ofrecen una serie de recomendaciones al sector, entre las que se encuentran, por ejemplo, que los hoteles ofrezcan y comercialicen paquetes de estancias, especialmente durante la temporada baja, para el turismo internacional. Asimismo, se recomienda a los responsables políticos el suministro de vales de estancia o planes de crédito y la promoción del turismo local y sostenible.

El artículo, publicado en la revista científica Heliyon, ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea a través de las Acciones Marie Skłodowska-Curie y de la URV.
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Trabajo de referencia | Babajide Abubakr Muritala, Ana-Beatriz Hernández-Lara, Maria-Victoria Sánchez-Rebull. COVID-19 staycations and the implications for leisure travel. Heliyon 8 (2022) e10867. DOI 10.1016/j.heliyon.2022.e10867.
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ETIQUETAS • Sociedad • Covid-19 • Salud • Turismo.....
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Cómo tener una dieta saludable y a la vez cuidar del planeta

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Elegir alimentos con criterio de sostenibilidad es bueno para la salud humana y para el medio ambiente. Así lo propone la nueva guía saludable de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que también busca promover la actividad física de todas las personas.
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Con el objetivo conjunto de promover la salud ciudadana y la del planeta, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha presentado recientemente la campaña ‘Come sano, muévete y cuida tu planeta’ y la actualización de sus consejos sobre dieta y ejercicio teniendo en cuenta, por primera vez, el criterio de sostenibilidad.

En un documento divulgativo titulado Recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles complementadas con recomendaciones de actividad física para la población española, esta agencia del Ministerio de Consumo detalla numerosas propuestas prácticas para mantener una alimentación sana, una vida activa y promover un modelo de consumo más respetuoso con el medio ambiente.

La nueva guía ha sido elaborada teniendo en cuenta la investigación científica más actualizada por el Comité Científico de la AESAN, un panel muy diverso que incluye, entre otros, a expertos en epidemiología y salud pública, en ciencia y tecnología de los alimentos, en seguridad alimentaria o en veterinaria, como destaca a SINC Esther López-García, coordinadora del mismo y catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Autónoma de Madrid.

Aunque ya sabíamos que mantener hábitos saludables es determinante para prevenir las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, “ahora hay una gran corriente de pensamiento que aboga por que la alimentación, además de sana, también deba ser sostenible”, subraya esta experta en nutrición. Con ese fin, estas nuevas recomendaciones nacen del marco planteado por la Comisión EAT-Lancet para una dieta saludable dentro de los límites planetarios publicado en 2019 en The Lancet, aclara López-García.

El propósito de ese nutrido grupo de expertos internacionales se antojaba ambicioso: lograr alimentar con una dieta sana a los casi 10.000 millones de pobladores que se estima tenga la Tierra en 2050.

La necesaria “transformación global del sistema alimentario”

La creciente población mundial —8.000 millones de habitantes en la actualidad— y el impacto que los sistemas alimentarios tienen sobre la salud humana y la del planeta plantean retos crecientes sobre la forma en la que obtenemos y consumimos nuestros alimentos. Según la web Our World In Data de la Universidad de Oxford, la producción de alimentos representa más de una cuarta parte (26 %) de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y la mitad de la tierra habitable y el 70 % de la extracción mundial de agua dulce se destinan a la agricultura.

Por otro lado, un amplio análisis de los riesgos alimentarios en 195 países durante el periodo entre 1990 y 2017, también publicado en The Lancet en 2019, estimó que 11 millones de muertes y 255 millones de AVAD (Años de Vida Ajustados por Discapacidad, que expresan el número de años perdidos debido a enfermedad, discapacidad o muerte prematura) fueron atribuibles a factores de riesgo alimentarios.

Los principales, la ingesta elevada de sodio (sal) y la baja ingesta de cereales integrales o frutas. Según especialistas en nutrición y epidemiología de la Universidad de Harvard, “los factores que influyen en que las personas consuman una dieta de baja calidad son múltiples e incluyen la falta de conocimientos, la falta de disponibilidad, el elevado coste, la escasez de tiempo, las normas sociales y culturales, la comercialización y promoción de alimentos de baja calidad y la palatabilidad”.

Por todo ello, los expertos de la Comisión EAT-Lancet citados por López-García urgían a “una transformación global del sistema alimentario”. “Los alimentos que comemos y cómo los producimos determinarán la salud de las personas y del planeta, y deben introducirse cambios importantes para evitar tanto la reducción de la esperanza de vida, como la continua degradación del medio ambiente”, advertían.

Dieta mediterránea: equilibrada y sostenible

Las nuevas recomendaciones de la AESAN buscan promover un patrón de dieta equilibrada con predominio de alimentos de origen vegetal sobre los de origen animal, “en línea con el patrón de dieta mediterránea, que a su vez contribuye a reducir el impacto medioambiental del sistema alimentario”. Según López-García, “la dieta mediterránea es un ejemplo de dieta basada en plantas porque la mayoría de los alimentos son de origen vegetal, cumple casi todas las recomendaciones que hacemos y es culturalmente aceptable”.

La guía recomienda, por ejemplo, “comprar productos frescos de temporada, proximidad y mínimamente procesados (como los congelados) y productos a granel o en envases reciclables”. También aconseja, siempre que se pueda, preparaciones caseras y, en caso de consumir alimentos procesados, elegir los que tengan menos sal, azúcar y grasas que no sean aceite de oliva.

Sobre las frutas y hortalizas, aconseja consumir “también aquellas con defectos estéticos, pues conservan todas sus propiedades nutritivas” y limita el desperdicio de alimentos. En relación con las legumbres —que tienen poco impacto ambiental, un precio asequible y son ricas en proteínas y otros nutrientes—, la guía recomienda cocinarlas en grandes cantidades y congelarlas, así como triturar las sobras de las ya cocinadas para preparar hamburguesas, albóndigas o purés.

Acerca de los cereales, cuyo impacto ambiental es bajo, “se aconseja priorizar los de grano entero y productos integrales, minimizando el consumo de alimentos elaborados con harinas refinadas”, remacha López García.

En relación con los frutos secos, se recomiendan entre 3 raciones semanales y hasta una diaria (consideradas como un puñado que permita cerrar la mano), teniendo en cuenta que en menores de 5 años no se aconsejan enteros por el riesgo de asfixia. “Su impacto ambiental es variable, ya que algunos métodos de cultivo son poco respetuosos con el medioambiente, como el caso de las almendras”, advierte la guía.

Según López García, las patatas y otros tubérculos deben separarse de los grupos anteriores por sus diferentes propiedades nutricionales, en especial su alto índice glucémico. “Aunque las patatas son de los alimentos con menor impacto ambiental, se recomienda su consumo moderado, priorizando los cereales de grano entero y las legumbres como fuentes de hidratos de carbono de digestión lenta”, subraya esta experta.

Menos carne y mejor si es blanca

“El consumo de proteína vegetal debería ocupar una de las raciones proteicas de las dos comidas principales diarias; la otra se puede destinar a pescado, huevos, lácteos o carne”, indica López García. Sobre la carne, la guía recomienda reducir su consumo a entre nada en absoluto y 3 raciones semanales que fuesen, preferentemente, de carne blanca, así como minimizar el consumo de carne procesada.

El consumo de carne y en especial el de carne roja se ha vinculado a problemas de salud y su producción tiene un mayor impacto ambiental que la de otros alimentos, sobre todo la de vaca y cordero. Al tiempo, habría que aumentar el consumo de otras fuentes de proteína, como las legumbres, los frutos secos o los huevos. Estos últimos tienen alto valor nutricional y un impacto ambiental relativamente bajo.

“Si puedes, elige productos procedentes de ganaderías donde la cría de animales cumpla con los más altos estándares de bienestar animal y consume todas las partes del animal (incluyendo cortes grasos y casquería) para evitar el desperdicio”, señala la guía, aunque recomienda elegir cortes magros si se necesita controlar las calorías.

En cuanto al pescado, “se recomiendan 3 o más raciones a la semana, priorizando el azul (sardinas, boquerones, caballa, chicharro, etc.) sobre el blanco y las especies con menor impacto ambiental”, sugiere López García.

Para la leche y los lácteos, muy nutritivos, se recomienda no superar 3 raciones al día, “evitando aquellos con azúcares añadidos y alto contenido en sal”, aconseja esta catedrática. “Sin embargo, debido su elevado impacto ambiental, se sugiere reducir las raciones diarias de lácteos si se consumen otros alimentos de origen animal”, matiza.

Además, las recomendaciones tienen en cuenta las necesidades nutricionales particulares de las personas mayores (el 20% del total de la población española) y aquellas situaciones en las que se necesita reducir calorías para mantener un peso saludable porque más de la mitad de la población de nuestro país presenta exceso de peso.

Por otro lado, durante situaciones con una demanda nutricional elevada, como el embarazo, la lactancia o con la falta de apetito asociada al envejecimiento, la guía recomienda tomar alimentos de alto aporte nutricional y facilidad de consumo, como lácteos (mejor sin azúcares añadidos) y huevos (idealmente, de gallinas criadas en libertad o camperas para contribuir al bienestar animal).

El aceite de oliva virgen es el aceite ideal para todas las comidas por su contenido en sustancias beneficiosas, como los flavonoides, y su mayor calidad organoléptica. Por último, se recomienda el agua como bebida de elección en una dieta saludable. “Tanta como sea necesaria y, siempre que sea posible, del grifo o corriente, de menor impacto ambiental”, recuerda López García.

Mejor cuanta más actividad física y menos tiempo sentados y ante pantallas

La AESAN complementa los consejos dietéticos con recomendaciones de actividad física por grupos de edad (desde niños menores de un año, hasta adultos mayores de 65) que pueden integrarse en el trabajo, los desplazamientos y las tareas cotidianas. “La actividad física es buena para corazón, cuerpo y mente”, señala a SINC Susana Aznar Laín, catedrática en actividad física y salud en la Universidad de Castilla La Mancha y que también ha asesorado a la agencia. “Cualquier tipo de actividad es mejor que ninguna y cuanta más, mejor”, añade.

Como explica esta especialista, que también es ciclista federada, alpinista y esquiadora, “cuando una persona piensa en actividad física, quizás tiene una idea prefijada de una instalación deportiva, de una ropa específica, etc. La industria nos vende muchos mensajes, pero lo importante es dejar claro que toda actividad cuenta, ya sea de transporte, recreativa, deportiva, de actividades domésticas, subir escaleras o ir andando al trabajo: todo sirve”. Además, “todo el mundo puede beneficiarse”, insiste. “Todos los grupos de edad, las mujeres embarazadas o durante el puerperio, las personas con afecciones crónicas o discapacidad, etc.”

Asimismo, esta experta hace hincapié en el fortalecimiento muscular: “es muy importante trabajar la fuerza, sobre todo en niños y adolescentes, en los que ayuda a que la musculatura y la masa ósea se consoliden bien, y en las personas mayores, para favorecer la independencia, prevenir caídas y la osteoporosis”.

En definitiva, “hay que intentar realizar tres estrategias: sentarse menos, moverse más de la forma que sea y hacer ejercicio”. Incluso hay esperanza para quienes pasan la jornada frente a un escritorio porque “8 horas de estar sentado se pueden compensar con entre una hora y 75 minutos de actividad moderada al día”, apunta Aznar Laín. ¿Y qué entendemos por moderada? “Lo mejor es el test del habla”, aclara: “una intensidad es moderada para alguien cuando mientras hace una actividad pueda hablar, pero le cuesta un poquito”.

Para quienes usan podómetros de pulsera, esta especialista alude a la conocida recomendación de caminar 10.000 pasos diarios, popularizada por la estadounidenses Catrine Tudor-Locke, decana de la Facultad de Salud y Servicios Humanos de la Universidad de Nuevo Hampshire. En 2012, ella y David R. Bassett, catedrático y jefe de Fisiología del Ejercicio en la Universidad de Tennessee, también en EE UU, firmaron un artículo titulado “¿Cuántos pasos al día son suficientes?” en Sports Medicine en el que consideraban que, a partir de esa cifra de pasos, se podría considerar a los individuos como "activos".

No obstante, hoy sabemos que “cuantos más pasos, mejor”, sostiene Aznar Laín. “Las últimas evidencias científicas indican que un aumento de 1000 pasos al día se asocia con una reducción significativa de la mortalidad”. Así lo constata, de hecho, una reciente revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health: “los beneficios para la mortalidad, en particular para los adultos mayores, pueden observarse a niveles inferiores a la referencia popular de 10.000 pasos al día”, concluían sus autores. La AESAN recomienda alcanzar al menos 7.000-8.000 pasos (unos 6 kilómetros).

A la inversa que con los pasos, sobre el tiempo de exposición en la infancia y la adolescencia a pantallas (teléfono móvil, máquinas de juegos, tabletas, televisión, etc.), esta agencia aconseja que sea “cuanto menos, mejor”, en especial para los más pequeños: nada en los menores de 1 año y 1 hora al día como máximo para niñas y niños de 1 a 2 años. “Hay que huir un poco de las pantallas”, advierte Aznar Laín.
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Ideas prácticas destacadas:

• Al comprar: prepara una lista y lleva tu bolsa o cesta de la compra, mejor de tela o de malla. Compra a granel y si usas envases, que sean reciclables. Mejor, alimentos de cercanía y de temporada, consultando la información nutricional del etiquetado. El sistema Nutri-Score refleja la calidad nutricional global: de mayor (letra A y color verde) a menor (letra E y color naranja fuerte). Se recomiendan elegir productos con letra A o B. Diferencia también entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente.

• Al cocinar: planifica los menús semanales, cocina al vapor —mantiene sus propiedades nutricionales—, cocina varios alimentos a la vez cuando uses el horno y congela antes de desperdiciar.

• Al comer: mejor alimentos frescos no procesados o mínimamente procesados, consume preferentemente piezas enteras de frutas y hortalizas de temporada y proximidad y de distintas variedades y colores, come más legumbres (en verano, puedes prepararlas en ensalada) y no favorezcas alimentos dulces (con azúcar o edulcorantes) o salados para no acostumbrar el paladar, especialmente en la infancia. Un ejemplo de plato saludable constaría de un 50 % de frutas y verduras, un 25 % de cereales integrales y de un 25 % de proteínas saludables. Come con tranquilidad y, si puede ser en compañía, mejor.

• Muévete más y siéntate menos: aprovecha las actividades cotidianas (anda, aunque sea trayectos cortos, sube escaleras, pasea en la pausa del café en lugar de sentarte), usa las instalaciones deportivas de tu ayuntamiento (parques o polideportivos) y, si cuentas los pasos diarios, haz al menos 7.000-8.000 (unos 6 kilómetros).
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Recomendaciones de un vistazo:

• Hortalizas: al menos 3 raciones al día. Por ejemplo, un plato de ensalada, de hortalizas cocidas o una crema.

• Frutas: al menos de 2-3 raciones diarias. Mejor si se cultivan en la región o el país. “El consumo de zumos de frutas no es un sustituto de las frutas enteras”, advierte López-García.

• Cereales: entre 3 y 6 raciones al día, dependiendo de si se lleva una vida más o menos activa. Lo ideal, integrales y de distintos tipos, incluyendo los menos habituales (sorgo, mijo, trigo, espelta o trigo sarraceno) para fomentar la diversidad de cultivos.

• Legumbres: entre 4 raciones a la semana, e incluso a diario. “Son los alimentos de origen vegetal con menor impacto ambiental y son asequibles”, recalca López García.

• Proteínas: cada semana, al menos 4 raciones de legumbres, 3 de frutos secos (mejor crudos, sin sal, ni grasas o azúcar), 3 de pescado (mejor azul que blanco) y hasta 4 huevos. Además, no más de 3 lácteos al día sin azúcares añadidos. En cuanto a la carne, reduce su consumo.

• Aceite de oliva: ideal en todas las comidas. Su consumo favorece la conservación del olivo y el valor paisajístico de la zona mediterránea.

• Agua: es la bebida de elección en una dieta saludable. Mejor del grifo siempre que sea posible, mucho más barata que la embotellada y no genera residuos plásticos. Hay que beberla siempre que se tenga sed. Tanto el consumo de alcohol, como el de bebidas azucaradas o edulcoradas se han relacionado con diversas enfermedades.

• Sal: no se deben superar los 5 g al día entre la añadida y la presente en los alimentos. La sal de mesa tiene que ser yodada (lo que se puede comprobar en el envase) y, como alternativa, se pueden usar hierbas aromáticas y condimentos, como el orégano, el tomillo o el pimentón.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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Diseñan un método para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas en aeropuertos

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Investigadores del CSIC lideran el desarrollo de un modelo matemático que identifica las zonas con mayor riesgo de contagio en medios de transporte. Implementar medidas de desinfección en zonas concurridas de los aeropuertos, como bares o restaurantes, podría reducir el riesgo de propagación de virus como el SARS-CoV-2.
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Más de 50 millones de personas visitaron el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas durante el año pasado. / Pixabay
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En 2022, más de 61 millones de personas transitaron por el aeropuerto más concurrido de Europa: Londres-Heathrow. Ello supone que, cada día, más de 160.000 personas de diferentes partes del mundo compartieron el mismo espacio. Para evitar que los primeros casos no detectados de virus como el SARS-CoV-2 o la gripe H1N1 deriven en un problema epidemiológico, un estudio liderado por el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB) plantea un modelo matemático que identifica las zonas con mayor riesgo de contagio en medios de transporte, y recoge recomendaciones para evitar su expansión. Lo resultados se publican en la revista Nature Communications.

Cuando una persona tose, habla, e incluso respira, emite pequeñas gotas respiratorias al aire circundante. Estas partículas suspendidas en el aire, conocidas como aerosoles, pueden portar partículas virales de una persona contagiada. Por ello, la relación entre el número de personas y el espacio disponible es fundamental a la hora de frenar la propagación de enfermedades contagiosas. “Las interacciones sociales cercanas son fundamentales en la transmisión de patologías infecciosas, por lo que las aglomeraciones y multitudes son un riesgo serio para desencadenar eventos de súper-propagación. Hay ocasiones en las que mantener la distancia interpersonal puede ser un desafío, como, por ejemplo, en los centros de transporte”, destaca José Javier Ramasco, investigador del CSIC que ha participado en el estudio.

Tal y como señala el investigador, “estos lugares se diseñan para optimizar la eficiencia logística, no para reducir la aglomeración”, por lo que identificar las zonas más concurridas puede ser clave para atenuar el riesgo de propagación de nuevas enfermedades infecciosas. Según el estudio, este objetivo se consigue a través de un modelo matemático capaz de detectar aquellos espacios, dentro del aeropuerto, con más probabilidades para la transmisión de enfermedades.

Los investigadores aplicaron el nuevo sistema para estudiar cómo se expanden virus como la gripe H1N1, el SARS-CoV-1 y el SARS-CoV-2, causante de la pandemia de covid-19. Mediante el análisis de los itinerarios de más de 200.000 individuos anónimos, recogidos en el aeropuerto londinense de Heathrow entre febrero y agosto de 2017, determinaron las zonas con mayor riesgo de contagio: zonas de aglomeración de pasajeros como salas con servicios (por ejemplo, tiendas, bares y restaurantes) o de control. Ello se produce al conectar a muchas personas, en un mismo lugar y durante largos periodos de tiempo. “La peligrosidad de las zonas para el contagio surge como un balance entre el número de personas que pasan por allí y el tiempo que permanecen juntas. No siempre esos lugares son los más concurridos, sino que se necesita un tiempo en los contactos para transmitir la enfermedad”, explica Ramasco.

Una vez identificados los puntos calientes de contagio, es posible elaborar una política de inmunización espacial para evitar o reducir el riesgo de que el patógeno se extienda más allá de los primeros casos no detectados. Ello se conseguiría a través del uso de rayos ultravioleta, desinfección de superficies o el filtrado del aire. Además, los investigadores señalan que el método puede aplicarse para controlar cualquier otro patógeno no caracterizado (enfermedades emergentes) y que es generalizable a otros medios de transporte. “Se puede utilizar en las estaciones de tren, de metro, de bus u otros lugares concurridos en las que no es posible mantener distancias interpersonales como los centros comerciales o los centros de convenciones”, remarca.

“La implementando de medidas de inmunización espacial en las zonas de mayor riesgo ayudaría a contener y/o retrasar la expansión de agentes infecciosos en aeropuertos de todo el mundo, siendo de especial utilidad en fases iniciales de una pandemia, cuando todavía no se han desarrollado fármacos”, concluyen los investigadores.
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Trabajo de referencia | Mattia Mazzoli et all. Spatial immunization to abate disease spreading in transportation hubs. Nature Communications. DOI: doi.org/10.1038/s41467-023-36985-0
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