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El mundo podría tener unas 18.000 especies de aves


Siempre se ha considerado que las aves son uno de los grupos animales mejor estudiados pero quizá no sea tan cierto. En el mundo podrían existir en torno a 18.000 especies de aves. Casi 7.000 más de las que se reconocen ahora y casi el doble de lo que se reconocía hace apenas un año. Un nuevo estudio, publicado en la revista científica PLoS ONE, llama la atención sobre la gran y oculta diversidad de la avifauna.
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De hecho, el camino ya ha empezado. Impulsado por Birdlife Internacional, se ha desarrollado una amplia revisión taxonómica de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN que ha elevado el número de especies conocidas, por primera vez, por encima de las 11.000 especies. En el último mes, se ha anunciado la incorporación de 742 especies nuevas y, entre ellas, una en España: el pinzón azul de Gran Canaria, hasta ahora considerada una subespecie del pinzón azul de Canarias. Se trata de una especie que incluso ‘nace’ ya amenazada: su estado de conservación se considera ‘En peligro’.

Los autores del artículo, liderado por investigadores Museo Americano de Historia Natural, quieren dar un paso más. En la actualidad, el número de aves se calcula a partir de un concepto puramente biológico, que define las especies respondiendo a esta pregunta: ¿qué animales pueden reproducirse entre sí? Partir de esta premisa es, sin embargo, un concepto un tanto desfasado y apenas se emplea en taxonomía fuera del mundo de las aves.

La investigación ha examinado 200 especies de aves al azar empleando una aproximación morfológica, el estudio de las características físicas como el patrón de plumaje o el color que pueden emplearse para separar la historia evolutiva entre especies. Los científicos determinaron que casi salían dos especies nuevas de cada especie investigada.

También se han analizado estudios genéticos, otra fórmula para poder distinguir unas aves de otras. A partir de esta aproximación, los autores estimaron que el número total de aves llegaría hasta las 20.000, aunque una segunda revisión de esta potencial variabilidad genética reveló que la cifra podría estar sobreestimada.

“Lo que resulta claro es que en el mundo hay mayor diversidad de aves de la que considerábamos hasta ahora. Idealmente, en el futuro, la taxonomía de las aves debería emplear ambos métodos, el morfológico y el genético. Es así como hemos conseguido determinar que el pinzón azul de Gran Canaria es una especie. Ahora nos toca realizar mayores esfuerzos en su conservación para reducir sus amenazas”, explica el biólogo de SEO/Birdlife, Nicolás López.
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Referencia | George F. Barrowclough, Joel Cracraft, John Klicka, Robert M. Zink How Many Kinds of Birds Are There and Why Does It Matter? PLoS ONE 11(11): e0166307. doi:10.1371/journal.pone.0166307
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FUENTE | SEO Birdlife
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ETIQUETASMedio AmbienteEcología

Las aves migratorias contribuyen a regular los ciclos de energía de los ecosistemas


Las aves migratorias adaptan su viaje a los recursos alimenticios que detectan en su ruta. Las proyecciones climáticas apuntan a que, para final de siglo, encontrar alimento será muy complicado para esas aves.
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Un equipo internacional de investigadores con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha comprobado que la duración y la dirección de los movimientos de las aves migratorias están íntimamente ligados a la disponibilidad de alimento que detectan en los diferentes ecosistemas por los que pasan. El artículo, publicado en Sciences Advances, revela que la producción media anual de los ecosistemas es consumida principalmente por la biodiversidad residente, mientras que las especies migrantes suelen aparecer cuando hay picos de productividad contribuyendo a la regulación de los ciclos de energía.

Utilizando telemetría por satélite y microtransmisores han seguido detalladamente los movimientos de 38 aves de tres especies cuyas rutas migratorias cubren gran parte de Europa y África: el cuco común, Cuculus canorus, el alcaudón dorsirrojo, Lanius collurio, y el ruiseñor, Luscinia luscinia. Los cucos buscan ecosistemas con niveles altos de productividad continua mientras a los alcaudones y los ruiseñores les valen los picos puntuales de productividad.

"Hemos comprobado que las tres especies cruzan ambos continentes buscando las zonas donde la oferta de recursos es mayor. Lo que tenemos que investigar ahora es cómo detectan dónde hay más alimentos y cómo ajustan su patrón de migración", explica el investigador del MNCN Miguel B. Araújo.

El estudio revela algunos de los procesos de regulación de la biosfera. "Nuestros resultados apuntan a que la productividad media anual generada por los ecosistemas es consumida, primordialmente, por la biodiversidad residente, mientras las especies migrantes aparecen cuando hay picos de productividad que las especies locales no consiguen consumir, es decir, las migraciones contribuyen a regular los ciclos de energía", comenta el investigador.

Los científicos han comparado las rutas migratorias con la disponibilidad de alimentos que proyectan los modelos climáticos para 2080 y los resultados muestran una clara descompensación entre los recursos estacionales y la presencia de aves. "Todo apunta a que, para final de este siglo, tanto las alteraciones climáticas como otros impactos sobre las fuentes de alimento como los cambios en el uso del suelo, reducirán mucho las oportunidades de las aves para encontrar alimentos", concluye Araújo.
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Referencia | K. Thorup, A.P. Tøttrup, M. Willemoes, R.H.G. Klaassen, R. Strandberg, M. Lomas Vega, H.P. Dasari, M.B. Araújo, M. Wikelski and C. Rahbek (2017) Resource tracking within and across continents in long-distance bird migrants. Science Advances. DOI: 10.1126/sciadv.1601360
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ETIQUETASMedio AmbienteEcología

Plásticos en el mar: otra amenaza para las aves marinas


05.08.2014 | Los plásticos que flotan en la superficie del mar pueden causar ahogamiento, úlceras, infecciones y muerte a la fauna marina. A menudo son ingeridos por error porque se confunden con alimentos, y en otros casos, se encuentran en el estómago de las presas capturadas por los pájaros marinos.
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Cerca del 94% de las pardelas cenicientas del litoral catalán contienen piezas de plástico en el estómago, según un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin por un equipo que lidera el profesor Jacob González-Solís, del Departamento de Biología Animal y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio). En el caso de la pardela mediterránea y la balear, el 70% de las aves estudiadas también habían ingerido plásticos, según las conclusiones del artículo firmado también por Marina Codina García, Teresa Militão y Javier Moreno (UB-IRBio).

La contaminación por plásticos es una amenaza conocida —pero no muy estudiada— en ecosistemas oceánicos de todo el mundo. Tal como explica Jacob González-Solís, «este es el primer estudio que cuantifica la ingestión de plásticos en aves marinas en el Mediterráneo, un ecosistema frágil, con costas industrializadas, un intenso tráfico marítimo y una gran densidad de plásticos acumulados».

Especies en peligro en el Mediterráneo

El trabajo científico se basa en el estudio de 171 aves marinas capturadas accidentalmente por la flota palangrera en el litoral catalán de 2003 a 2010. El equipo de la UB ha estudiado la ingestión de plásticos en aves marinas especialmente amenazadas o en peligro, como son la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), la pardela mediterránea (Puffinus yelkouan), la pardela balear (Puffinus mauretanicus), el alcatraz (Morus bassanus), la gaviota de Audouin (Ichthyaetus audouinii), la gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus), la gaviota de patas amarillas (Larus michahellis), la gaviota tridáctila (Rissa tridactyla) y el págalo grande (Catharacta skua).

De la civilización al estómago de los pájaros marinos

Los plásticos que flotan en la superficie del mar pueden causar ahogamiento, úlceras, infecciones y muerte a la fauna marina. A menudo son ingeridos por error porque se confunden con alimentos (consumo primario), y en otros casos, se encuentran en el estómago de las presas capturadas por los pájaros marinos (consumo secundario). Los plásticos ingeridos suelen ser trozos de filamentos, esferas, láminas o pellets industriales.

Según el estudio, el 66% de las aves marinas habían ingerido al menos una pieza de plástico. En el caso de la pardela cenicienta, el 94% de los ejemplares contenían plásticos (con una media de quince fragmentos por individuo). En cuanto a la pardela balear y la mediterránea, el porcentaje de aves afectadas es del 70%.

«Estos resultados son preocupantes», alerta González-Solís. «Las tres especies de pardelas más afectadas son particularmente frágiles, en especial la balear, clasificada en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Es una especie endémica de Baleares, y solo hay unas 3.000 parejas reproductoras en todo el mundo. No sabemos qué impacto puede tener, pero habría que estudiar si está afectando negativamente a la población».

Los polluelos, los más vulnerables

Los polluelos de aves marinas son los más vulnerables a la ingesta de plásticos, ya que no pueden regurgitar alimentos como hacen los adultos. Las gaviotas, con más facilidad para regurgitar comida, acumulan menos cantidad de plásticos que las pardelas. El estudio muestra que los plásticos —la mayoría procedentes de actividades recreativas en el mar— llegan a la cadena trófica de los océanos y pueden convertirse en una nueva amenaza para las aves y otros organismos marinos. Ante este escenario, los pájaros marinos, especialmente afectados por esta amenaza, podrían ser unos buenos bioindicadores en estudios científicos sobre la polución marina por plásticos en los sistemas oceánicos.

El mar no es un vertedero

La ingestión accidental de plásticos es un problema global que afecta a especies de latitudes tan diferentes como el albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis), en el archipiélago de las islas Hawái en el océano Pacífico, o el fulmar boreal (Fulmarus glacialis rodgersii).

«Los plástiscos flotan y son difíciles de degradar», alerta González-Solís. «Todos los contaminantes que no son destruidos en el suelo acaban por llegar al mar con el tiempo. Y el mar —subraya— no es un vertedero. Quizás ha mejorado el nivel de control en fabricación y transporte de plásticos a escala industrial, pero habría que establecer un mayor control del vertido de plásticos y no tolerar que los barcos tiren directamente la basura en el mar».

González-Solís también es coautor de un estudio recientemente publicado en la revista PLOS ONE sobre la distribución de flavivirus —unos virus responsables de diversas enfermedades infecciosas en el hombre y otras especies— en la población de aves marinas del Mediterráneo occidental. El trabajo destaca que las gaviotas de patas amarillas (Larus michahellis), ampliamente distribuidas en las costas del litoral mediterráneo, pueden ser potenciales reservorios de estos agentes patógenos, por lo que habría que impulsar la vigilancia sanitaria sobre estas poblaciones de aves marinas.
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El cambio climático amenaza a la mitad de las aves de Norteamérica


16.09.2014 | Según el último estudio de Audubon, el cambio climático es la principal amenaza para la supervivencia de casi la mitad de las especies de aves en el territorio continental de Estados Unidos y Canadá, incluyendo su símbolo nacional: el águila calva (Haliaeetus leucocephalus).
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De las 588 especies de aves examinadas en esta investigación, que ha durado siete años, 314 especies están en riesgo; y de ellas 126 podrían sufrir una disminución severa (entre el 50%-100% de su hábitat) hacia el año 2050, asegura el estudio.

En este sentdido, Gary Langham, Jefe Científico de Audubon, que dirigió la investigación, destaca: “desde 1600, sólo alrededor de nueve especies de aves se han extinguido en América del Norte continental; pero estamos viendo que la mitad de las especies de aves de América del Norte estarán en riesgo de extinción hacia fines de este siglo“.

En declaraciones para la agencia Efe, Langham destacó la importancia de que el informe identifique los efectos del calentamiento global sobre especies que se encuentran en “nuestros vecindarios, no en un lugar remoto del Ártico”.

Águila calva bajo amenaza

Muchas de las especies amenazadas son aves emblemáticas de Estados Unidos y Canadá como el bribón común, icono del norte de EE.UU.; el oriol de Baltimore; el pelícano pardo de Luisiana; el tordo eremita de Vermont; o el azulejo de las montañas de Idaho y Montana.

Incluso el símbolo nacional de los Estados Unidos, el águila calva, podría disminuir su población en casi un 75% en los próximos 65 años.

“El estudio ha identificado las variables climáticas que determinan donde viven las aves norteamericanas hoy (…) y utiliza las proyecciones para averiguar donde pudieran sobrevivir en el futuro. Todos veremos los efectos del cambio climático”, ha indicado Terry Root, profesor de la Universidad de Stanford, miembro de la directiva de Audubon y científico del clima ganador del Premio Nobel. Asimismo, Root, ha mostrado su preocupación: “Es imposible ignorar una alarma tan grave”.

El informe prevé que aunque se expandan las áreas de invernada para muchas especies en los Estados Unidos, habrá pérdidas drásticas de los ciclos de reproducción de verano que reducirán el tamaño de población si el calentamiento global continúa sin controlarse.

Para llegar a estas conclusiones, Langham y otros ornitólogos de Audubon analizaron más de 30 años de datos históricos del clima de América del Norte y decenas de miles de registros históricos de aves del Sondeo de Aves en Reproducción de Norteamérica en Estados Unidos.
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Las aves se alimentan peor cuando aumenta el volumen del ruido


Ante el ruido de los aviones, los carboneros prolongan los periodos de vigilancia visual y disminuyen su alimentación. El estudio, llevado a cabo en el aeropuerto de Madrid, es una prueba de cómo los organismos flexibilizan su comportamiento.
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Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han comprobado cómo afecta la contaminación acústica al comportamiento de las poblaciones de carboneros comunes, Parus major. Con el ruido, las aves prolongan su estado de vigilancia en detrimento de su alimentación. Los resultados muestran cómo las aves se sobreponen al ruido adaptando sus conductas.

El ruido, como otras actividades humanas, modifica el medio ambiente y el comportamiento de los animales. La contaminación acústica interfiere directamente con la comunicación animal reduciendo el alcance del canto de las aves o dificultando la petición de comida por parte de los pollos.

Para este estudio, llevado a cabo en las inmediaciones del aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas, los investigadores instalaron cámaras en comederos para analizar cómo las aves reaccionan al ruido de los aviones. "Cuando hay mucho ruido se reduce la utilidad del canal acústico, lo que disminuye la capacidad de detectar posibles depredadores y de comunicarse. Es como si las aves se quedaran momentáneamente sordas", apunta Diego Gil, investigador del MNCN.

Al no oír, los carboneros compensan esa pérdida aumentando la vigilancia visual. "Con esta investigación hemos registrado cómo el tiempo de vigilancia visual de los carboneros comunes se dispara al despegar los aviones, al mismo tiempo que la actividad alimenticia se ve relegada ante este estado de alerta", explica el investigador del MNCN. "Nuestro estudio muestra cómo los organismos pueden flexibilizar su comportamiento para adaptarse a nuevas situaciones y hábitats impuestos por el hombre", continúa.

Aún es pronto para conocer cómo flexibilizar su comportamiento puede afectar a las aves a la hora de afrontar el riesgo de depredación y las alteraciones en su alimentación pero "los datos de este estudio nos ayudan a entender la manera en que los organismos responden y actúan cuando están expuestos a situaciones adversas, como el cambio global provocado por el hombre", termina Diego Gil.

El estudio es una colaboración del MNCN e Ignacio Pavón, del Grupo de Investigación en Instrumentación y Acústica Aplicada de la Universidad Politécnica de Madrid.
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Referencia bibliográfica | Klett-Mingo, J.I., Pavón, I., y Gil, D. (2016) Great tits, Parus major, increase vigilance time and reduce feeding effort during peaks of aircraft noise. Animal Behaviour. DOI: 10.1016/j.anbehav.2016.02.021
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ETIQUETASEcologíaContaminaciónMedio Ambiente

Las aves habitan menos los pinares reforestados que los naturales

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Se han estudiado las especies de aves en 3.950 cuadrículas de 100 km2 con pinares naturales o plantados. La península ibérica es una de las áreas mediterráneas donde más bosques se han reforestado en los últimos años.
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Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han colaborado en el análisis de la diversidad de aves que se establecen en los pinares reforestados frente a las que viven en pinares naturales. Entre las conclusiones extraídas señalan que los actuales sistemas de reforestación pueden tener efectos positivos sobre las aves, pero son menores que el que produce mantener los bosques naturales, donde el número de especies de aves forestales es mayor.

"Además de que en la adaptación de las comunidades de aves influye el tamaño de los árboles y la vegetación arbustiva, hemos comprobado que, aunque se intente imitar la estructura del bosque original, la contribución de la reforestación a la biodiversidad es sólo parcial. Esto parece que se debe al tiempo que necesitan las especies para instalarse en los nuevos bosques", contextualiza Mario Díaz, investigador del MNCN. La península ibérica es la zona del área mediterránea en la que más superficie boscosa se ha replantado.

El objetivo del estudio es comprobar si la contribución de la repoblación a gran escala crea en realidad el mismo entorno para las especies de aves que habitaban el bosque original. "El aumento de la repoblación forestal está originando plantaciones cada vez más complejas, que pueden favorecer la biodiversidad regional si están bien planificadas. Lo que demuestra esta investigación es que, tanto los grandes pinares como los de reducido tamaño empeoran las condiciones ambientales para las aves, por eso habría que evitar la homogeneización del paisaje y la fragmentación. La prioridad debería ser conservar los pinares naturales frente a plantar nuevos bosques", explica Díaz.

Los datos, recabados en 3.950 parcelas de 100 km2, apuntan a que el número de especies es mayor al norte y al este, mientras que según nos desplazamos al oeste los datos empeoran, posiblemente debido a la diferencia en las temperaturas y precipitaciones.

En La investigación han trabajado conjuntamente la Universidad de Valladolid y el Centro Internacional de Investigación Forestal (CIFOR) perteneciente al Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA).
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Referencia bibliográfica | M. Martínez-Jáuregui, M. Díaz, D. Sánchez de Ron, M. Soliño (2016) Plantation or natural recovery? Relative contribution of planted and natural pine forests to the maintenance of regional bird diversity along ecological gradients in Southern Europe. El Sevier, Forest Ecology and Management.
DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.foreco.2016.06.021
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El cambio climático avanza más rápido que la adaptación de los animales


Un equipo internacional de investigadores en el que participa la UEx ha analizado más de 10.000 estudios científicos sobre animales para evaluar los cambios en sus rasgos fenológicos en respuesta al cambio climático. Los resultados apuntan a que dichos cambios son, en general, insuficientes para hacer frente al ritmo acelerado del aumento de las temperaturas.
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Image by David Mark from Pixabay
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El cambio climático puede amenazar a las especies y causar posibles extinciones que suponen un impacto en la salud de los ecosistemas. Por lo tanto, es de vital importancia evaluar en qué medida los animales responden a las condiciones ambientales cambiantes, por ejemplo, modificando la fecha de reproducción, y si estos cambios ayudan a la persistencia de las poblaciones a largo plazo.

Para responder a estas preguntas, un equipo internacional de 64 investigadores en el que participa la investigadora de la Universidad de Extremadura, Deseada Parejo, y liderado por Viktoriia Radchuk, Alexandre Courtiol y Stephanie Kramer-Schadt del Leibniz Institute for Zoo and Wild Life Research (Leibniz-IZW), ha evaluado más de 10.000 estudios científicos publicados. Los resultados de su análisis, publicados en la revista científica Nature Communications, son preocupantes. Aunque los animales responden habitualmente al cambio climático, estas respuestas resultan, en general, insuficientes para hacer frente al ritmo acelerado del aumento de las temperaturas y, en ocasiones, van en direcciones equivocadas.

En la fauna silvestre, la respuesta más frecuente al cambio climático es una alteración en el tiempo de los eventos biológicos, como la hibernación, la reproducción o la migración (rasgos fenológicos). Los cambios en el tamaño corporal, la masa corporal u otros rasgos morfológicos también se han asociado con el cambio climático, pero, como lo confirma este estudio, no muestran un patrón sistemático. Los investigadores han extraído información relevante de la literatura científica para relacionar los cambios en el clima a lo largo de los años con los posibles cambios en los rasgos fenológicos y morfológicos. A continuación, han evaluado si los cambios en los rasgos observados estaban asociados con una mayor supervivencia o un mayor número de descendientes. "Nuestra investigación se centró en las aves porque los datos completos sobre otros grupos eran escasos", declara la autora principal Viktoriia Radchuk (Leibniz-IZW), que afirma que “hemos demostrado que en las regiones templadas, las temperaturas en aumento están asociadas con el cambio en el tiempo de los eventos biológicos a fechas más tempranas".

El caso de la carraca y el autillo

El estudio ha analizado los cambios fenotípicos, es decir, los cambios en rasgos morfológicos y de historia vital como son la fecha de puesta o el número de huevos, en respuesta al cambio climático en un set de datos completos sobre 17 especies de aves en distintas zonas geográficas. “Los investigadores hemos analizado en cada zona de estudio tres cuestiones fundamentales: el aumento de la temperatura, los cambios adaptativos en respuesta al calentamiento y si dichos cambios reportan a las aves algún beneficio en términos de eficacia biológica, por ejemplo, teniendo mayor descendencia, lo que podría considerarse como adaptativo”, explica la investigadora de la UEx, Deseada Parejo. “En esta investigación hemos comprobado que no todas las aves han experimentado cambios, y cuando sí los hay, éstos no son perfectos en el sentido de que nos les proporcionan beneficios en términos de eficacia biológica, es decir, no son adaptativos”,

El equipo de la UEx ha contribuido a esta investigación internacional con el estudio de dos especies de aves, la carraca (Coracias garrulus) y el autillo (Otus scops), en la zona de Guadix-Baza en la provincia de Granada. “Lo primero que hemos constatado en nuestra zona de estudio es que la temperatura no ha aumentado de manera significativa. Sin embargo, sí hemos observado que las dos aves han avanzado su fecha de puesta, cada año ponen los huevos antes”, matiza Deseada Parejo.

Este adelantamiento de la fecha de puesta no conlleva beneficios al autillo porque no tiene mayor descendencia cuando crían más pronto, mientras que las carracas sí tienen más pollos al adelantar la reproducción. ”No obstante, no podemos hablar tampoco de cambio adaptativo, ya que no hay un aumento de temperatura significativo en la zona concreta de estudio y porque además, según nuestros modelos matemáticos de persistencia de las especies realizados en función de parámetros poblacionales, la carraca puede estar en riesgo de extinción local”, advierte la investigadora de la UEx.

El cambio adaptativo no es suficientemente rápido

Los autores del estudio sugieren que las especies podrían permanecer en sus cada vez más calientes hábitats, siempre y cuando cambien lo suficientemente rápido para hacer frente al cambio climático. Pero alertan de que las poblaciones que están experimentando un cambio adaptativo lo hacen a un ritmo que no garantiza su persistencia.

Aún más preocupante es el hecho de que los datos analizados incluyen especies en su mayoría comunes y abundantes, como el carbonero común (Parus major), el Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) o la urraca común (Pica pica), que se sabe que enfrentan el cambio climático relativamente bien. “Las respuestas adaptativas entre especies raras o en peligro de extinción aún no se han analizado. Tememos que los pronósticos de persistencia de población para tales especies de interés para la conservación sean aún más pesimistas”, concluye Stephanie Kramer-Schadt (Jefe del Departamento de Dinámica Ecológica, Leibniz-IZW). Los científicos esperan que su análisis y los conjuntos de datos reunidos estimulen la investigación sobre la resiliencia de las poblaciones animales frente al cambio global y contribuyan a un mejor marco predictivo para ayudar a futuras acciones de gestión de la conservación.
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La lenta desaparición del gorrión, otra consecuencia de la despoblación rural


Las poblaciones de gorrión común y gorrión molinero, especies vinculadas a la actividad humana, pierden efectivos desde 1998. El gorrión alpino, el único de los cinco gorriones de la península que vive en alta montaña, está amenazado por el cambio climático.
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Gorrión alpino | SEO BirdLife
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Hay menos gorriones. Es una tendencia evidente en las ciudades pero también en el campo, donde la despoblación rural está pasando factura a dos de las cinco especies que habitan en la península, según los datos del programa de seguimiento de aves comunes en primavera de SEO/BirdLife. Se trata del gorrión común, con un declive global de su población por encima del 15% desde 1998; y del gorrión molinero, que presenta una caída del 6%. La ONG ambiental llama la atención sobre el impacto que el abandono del campo tiene sobre la biodiversidad.

Tanto el gorrión común como el molinero, una especie de menor tamaño y aspecto delicado, guardan una estrecha relación con la actividad humana, hasta el punto de que anidan en edificios y otras construcciones. A menudo, cuando el ser humano abandona un espacio, estas aves siguen su camino aunque hay otros factores que están contribuyendo a su declive. Entre ellos, la intensificación agraria, que también puede derivar en menos gente en campo; y el uso de pesticidas. En la ciudad, se suman cuestiones como la escasez de alimento, la contaminación atmosférica o la ausencia de lugares de nidificación.

No corren tan mala suerte otras dos especies de gorriones –chillón y moruno–, cuyas poblaciones han aumentado desde 1998 gracias a su expansión por diferentes zonas de la península. En ambos casos, su dependencia de la actividad humana es menor.

La última de las cinco especies de gorriones que habitan la península ibérica es el gorrión alpino, propio de cumbres montañosas donde existen neveros. De todos, es el que más afectado por el progresivo calentamiento del planeta debido al cambio climático.
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(*) Los datos sobre el estado del gorrión se recaban gracias a la información que generan miles de voluntarios que participan en los programas de seguimiento de SEO/BirdLife. De forma sistemática y siguiendo una metodología científica, los participantes comunican sus observaciones a los técnicos de la ONG, donde la información es analizada. La organización ambiental también aprovecha los datos que miles de aficionados a la ornitología suben a la app móvil e-bird.
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ENLACES
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FUENTE | SEO/BirdLife
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ETIQUETASEcologíaMedio Ambiente

ONG ambientales consideran un despropósito la DIA positiva a las prospecciones de petróleo en Canarias


03.06.2014 | Se acaba de conocer la decisión del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de conceder una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) positiva a las prospecciones previstas por Repsol en aguas del archipiélago canario. Para las ONG de defensa ambiental se trata de un acto injustificable, que pone en grave riesgo tanto al medio ambiente como a la principal actividad económica de las islas.
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Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF manifiestan que las exploraciones marinas en busca de petróleo suponen reforzar el actual modelo energético dependiente de los combustibles fósiles, un modelo insostenible que está creando gran cantidad de problemas ligados al cambio climático. Y precisamente cuando todos los informes científicos apuntan a que la única forma de limitar los negativos efectos del cambio climático es dejar bajo tierra la mayor parte de las reservas, el Ministerio toma esta decisión que abre la puerta a graves impactos, vertidos, daños a las poblaciones de cetáceos, a la actividad turística en la que se basa la economía canaria, etc.

Efectivamente, las exploraciones suponen una fortísima afección sobre la fauna marina protegida (cetáceos, tortugas) y sobre los recursos pesqueros. Pero también da lugar a graves riesgos de vertidos por las explotaciones petrolíferas a gran profundidad, como ya han puesto en evidencia trágicos y catastróficos sucesos como el del Golfo de Méjico y la plataforma Deep Water Horizon.

Resulta chocante que esta decisión tan impopular se tome justo ahora, una vez pasadas las elecciones al Parlamento Europeo. Pero para las organizaciones ambientales resulta aún más injustificable el hecho de que no se haya esperado a la próxima sentencia del Tribunal Supremo, que previsiblemente se iba a pronunciar sobre el recurso presentado por las administraciones canarias en menos de dos semanas.

Efectivamente, la Sala Tercera de lo contencioso administrativo del Tribunal Supremo había fijado para el 10 de junio la votación y fallo de los siete recursos interpuesto por administraciones públicas Canarias, así como organizaciones ecologistas y movimientos sociales, contra las autorizaciones del Gobierno de España a las multinacionales Repsol, RWE y Woodside para realizar perforaciones petrolíferas frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote.

Las organizaciones ecologistas quieren dejar claro que el Estudio de Impacto Ambiental ha estado lleno de irregularidades y que ni siquiera se había concluido, ya que había documentos que aún estaban sometidos a información pública. Por eso denuncian que las prisas por sacar ahora la DIA puedan ser una forma de presionar al Supremo sobre el sentido de su decisión.

Por otro lado, las prisas para aprobar estas prospecciones contrastan llamativamente con el retraso que ha sufrido la declaración de la zona de la Red Natura 2000 que linda con los terrenos a prospectar, que ha sido manifiestamente demorada en su tramitación a pesar de sus grandes valores ambientales, mientras que se aprobaban el resto de zonas marinas.

También es obvio que esta decisión ministerial se toma en contra de la mayor parte de la población de las Islas Canarias, que se ha mostrado contundente y clara en su oposición firme a estas explotaciones que, lejos de suponerles beneficios, serán un estigma y una espada de Damocles sobre su principal actividad económica, el turismo.

Las organizaciones ambientales reiteran su rotundo rechazo a esta declaración de impacto ambiental, y afirman que tratarán de impedir por todos los medios legales posibles la realización de las prospecciones, recurriendo a todas las instancias europeas y estatales.

Importancia para las aves

SEO/BirdLife recuerda que las islas Canarias se encuentran en un Área de Endemismo para las Aves (EBA), por su alto grado de especies endémicas (es decir, exclusivas del archipiélago). Entre sus valores destacados se encuentran las aves marinas pelágicas (Procelariformes), consideradas las más amenazadas a nivel global. Petreles, pardelas y paíños crían en islotes y acantilados del archipiélago y se alimentan en aguas oceánicas, o bien en las ricas aguas de la cercana plataforma continental africana, visitando de forma recurrente el área prevista para las prospecciones. La zona es también un importante corredor migratorio para aves marinas, acuáticas y terrestres que se desplazan desde Europa hacia África.

Estos valores han contribuido a la designación de la mayor parte de las islas del archipiélago como Reservas de la Biosfera, entre ellas Fuerteventura y Lanzarote. Asimismo, el creciente volumen de información sobre el medio marino ha llevado a proponer varias zonas del archipiélago canario como Áreas Importantes para la Conservación de las Aves (IBA) marinas, especialmente en el sector oriental (Banco de la Concepción, Islotes de Lanzarote y Estrecho de la Bocaina). Este inventario, elaborado por SEO/BirdLife, se ha reforzado durante el Proyecto LIFE+ INDEMARES (2009-2014) y se suma a otros valores por hábitats, tortugas marinas y cetáceos.
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Las aves migratorias pagan el precio del calentamiento del Ártico


Los investigadores han seguido la pista del correlimos gordo, una de las aves migratoria que crían más al norte del planeta.
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Para las aves el diseño del pico es un asunto de gran trascendencia. El tamaño y la forma del mismo responde a un tipo específico de alimentación. Por eso, el correlimos gordo (Calidris canutus), un ave limícola especializada en la alimentación de bivalvos en su época migratoria, se enfrenta a un grave problema, según publica la revista Science. Los ejemplares de esta especie ahora nacen con un menor volumen corporal y por tanto con un pico más corto como consecuencia del calentamiento del Ártico.

El estudio lo llevó a cabo un equipo internacional de investigadores procedentes del Real Instituto de Investigación Marina de Holanda (NIOZ) y la Universidad de Groningen en los Países Bajos, la Universidad de Deakin (Australia), el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, la Universidad de Gdansk (Polonia) y la Universidad de Moscú.

A través de imágenes obtenidas por satélite, los investigadores han seguido la pista de esta especie, una de las aves migratoria que crían más al norte del planeta. Lo más dificultoso de esta investigación fue que las consecuencias del acortamiento del pico no se aprecian hasta la juventud del pájaro, pues es al llegar en su migración al oeste de África cuando el ave padece las consecuencias de este “desajuste morfológico”.

Durante el verano Ártico estas limícolas se alimentan de insectos, por lo que el tamaño del pico no les afecta. Pero cuando en invierno viajan a las costas de Áfica occidental, la necesidad de un pico largo es fundamental: su alimento más importante es un mejillón que vive entre las rocas y los ejemplares de mayor calidad y más nutritivos son los que están escondidos en las grietas más angostas.

De esta manera, el correlimos gordo debe conformarse con comer los peores mejillones y depende cada vez más de los insectos como alimento alternativo, pero los ciclos en los que estos aparecen no siempre coinciden con sus necesidades alimenticias durante su estancia en África.

A partir de ahí, el corremolinos entra en una espiral: como es más pequeño, no alcanza la comida, y como no puede acceder ella, no crece lo suficiente y la malnutrición lo debilita.

Un deshielo avanzado

Durante los 33 años del seguimiento de esta especie, los científicos han observado que la nieve se deshiela cada vez más temprano en las tierras donde se reproduce, a un ritmo de medio día antes por cada año que pasa. Esto significa que este año la nieve se deshizo dos semanas antes de lo que sucedía tres décadas atrás, un ritmo tan acelerado que ha alterado la vida del correlimos gordo.

Para explicar la mengua de tamaño del pájaro basta entender que un cuerpo de menor volumen tiene más sencilla la tarea de ventilarse y desprenderse del calor corporal bajo temperaturas más cálidas. El detonante que pone en peligro la supervivencia del correlimos gordo es que al menguar respecto de las dimensiones originales de la especie, el pico también se va haciendo, en proporción, cada vez más pequeño.

La prueba de que esta alteración no es natural es la dinámica poblacional negativa del corremolinos, que decrece en las épocas más cálidas, cada vez más frecuentes, según los investigadores. Así, la malnutrición los debilita, reduce su natalidad y algunos ni siquiera llegan a la edad adulta.

A la luz de estos resultados, los científicos piden que el calentamiento del planeta se considere “una alarma ecológica global”, por sus efectos negativos en la fauna. De la misma manera, los investigadores alertan de otras especies migratorias que sufren las consecuencias del deshielo del Ártico, que en ocasiones se manifiestan a miles de kilómetros de distancia.
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FUENTE | SEO/BirdLife
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El calentamiento global desplaza las zonas de invernada de las aves migratorias


En el caso del ganso común, su área de invernada en el sur de Europa se está desplazando hacia regiones más al norte, cerca de sus zonas de reproducción. La disponibilidad de alimentos en latitudes septentrionales, debido a la disminución de las heladas, está detrás de este cambio migratorio.
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Fotografías | Rubén Rodríguez
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El calentamiento global es evidente, la temperatura de la Tierra ha aumentado casi un grado desde 1880 y sus efectos se hacen sentir especialmente en nuestros ecosistemas, en su biodiversidad y fauna.

Así, y en el caso de las aves migratorias, un estudio de la Universidad de Extremadura, en colaboración con otros centros de investigación de España, Suecia, Francia y Chile, y coordinado desde la Estación Biológica de Doñana - CSIC, y publicado en la revista PLoS ONE, ha constatado que el Ánsar común (Anser anser) está ocupando nuevos hábitats durante la invernada, lo que indica un cambio en las estrategias migratorias. Una primera conclusión de esta investigación apunta a que el rango de distribución geográfica en las especies migratorias de larga distancia se está desplazando hacia el norte.

El Ánsar común es un ave migratoria cuyas poblaciones se reproducen en Noruega, el sur de Suecia, Dinamarca, y el norte de Alemania, Holanda y Bélgica, y que en invierno se desplazan hacia zonas más cálidas del sur y suroeste de Europa.

La invernada de las poblaciones de este ganso ha sido controlada durante décadas en toda Europa. Hasta la década de los años 80 del pasado siglo, en España, los gansos invernaban en el Parque Nacional de Doñana. Pero hoy, la situación ha cambiado. “Los gansos pasan el inverno no solo en Doñana sino también en Extremadura, Francia, Holanda e incluso en Suecia, cada vez más cerca de las zonas de reproducción”, señala José Antonio Masero, investigador del Grupo Biología de la Conservación de la Universidad de Extremadura. Así, en el año 2009, más de la mitad de la población invernante estaba en los Países Bajos, un 20% en España y el resto repartida entre Dinamarca, Alemania, Suecia, Francia y Bélgica.

Cambios en las zonas de invernada del ganso

“La cuestión es ahora comprobar cuáles son los factores que influyen en este cambio del centro de gravedad hacia latitudes más al norte. Es decir, si se debe a cambios en el uso del suelo o al aumento de las temperaturas”, explica Masero. En este sentido, los investigadores han hallado evidencias científicas de que este aumento de la población de gansos en esas zonas está relacionado con el incremento de las temperaturas, porque ahora hay acceso a recursos de alimentación en sitios que tradicionalmente no estaban disponibles debido a las heladas.

En Suecia, Dinamarca y Alemania las temperaturas, por lo general, descienden por debajo de 0°C en enero. Sin embargo, en las últimas décadas, los países del norte han experimentado inviernos más cálidos. Según este estudio, en el sur de Suecia, las proporciones de las noches y los días que cayeron por debajo de 0°C en invierno mostraron una disminución sustancial de 5-10% y 5-15%, respectivamente, entre 1950 y 2011. Por lo tanto, el calentamiento en lugares de Europa del norte, proporciona nuevos sitios a los gansos para invernar gracias a la disponibilidad continua de alimentos.

Estos hallazgos permitirán formular predicciones de las consecuencias a largo plazo del calentamiento global sobre el tamaño de las poblaciones invernantes de las aves migratorias en diferentes sitios de Europa. El cambio en la fenología de la migración en el extremo sur de la ruta de vuelo sugiere que el límite meridional del área de invernada comenzará a contraerse dentro de las próximas décadas. Teniendo en cuenta que las temperaturas continúan aumentando durante este siglo, se espera una disminución en el número de ánsares comunes que pasan el invierno en sitios del sur históricos, como el Parque Nacional de Doñana, y una mayor expansión hacia el norte del área de invernada. Cambios en la distribución geográfica y en la abundancia de aves, una consecuencia más demostrada del calentamiento global.
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Referencia | Cristina Ramo, Juan A. Amat, Leif Nilsson, Vincent Schricke, Mariano Rodríguez-Alonso, Enrique Gómez-Crespo, Fernando Jubete, Juan G. Navedo, José A. Masero, Jesús Palacios, Mathieu Boos, Andy J. Green. “Latitudinal-Related Variation in Wintering Population Trends of Greylag Geese (Anser Anser) along the Atlantic Flyway: A Response to Climate Change?”. PLoS ONE, October 14, 2015DOI: 10.1371/journal.pone.0140181
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Proponen un método para evaluar el impacto de las infraestructuras humanas sobre la fauna


Al ritmo actual, dentro de 15 años nuestro planeta tendrá más kilómetros de carreteras asfaltadas que los que nos separan de Marte. El método podría aplicarse en países con ecosistemas menos fraccionados donde se prevé que aumente el número de infraestructuras.
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Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de la Concordia University of Montreal han colaborado en un estudio en el que analizan los efectos que provocan las infraestructuras humanas sobre aves y mamíferos. En el estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, proponen un método para poder evaluar dichos impactos y tratar de reducirlos en el futuro.

Las carreteras y zonas urbanas fragmentan el medio natural impidiendo que muchas especies animales dispongan de las áreas que necesitan para sobrevivir. La expansión de estas infraestructuras avanza a una velocidad que esas especies no son capaces de asimilar. La mayor parte del desarrollo urbano que se prevé para 2050 todavía no está construido, y para entonces, al ritmo actual, nuestro planeta tendrá más kilómetros de carreteras asfaltadas que los que nos separan del planeta Marte.

"Tras cartografiar el entramado de infraestructuras de transporte de Europa, hemos observado que la mitad de la superficie no urbanizada se encuentra a menos de 1,5 km de alguna carretera o vía férrea, y casi el 100% a menos de 10 km, y eso siendo conservadores", explica Aurora Torres, la autora principal del estudio, que forma parte de su tesis doctoral. "Este aumento del número de infraestructuras implica que los animales no tienen muchas posibilidades de vivir alejados de la influencia humana", continúa.

"La aproximación para estimar y predecir el impacto de las infraestructuras propuesta en este estudio puede ayudar a evitar las pérdidas de biodiversidad que se han producido históricamente en zonas urbanizadas", comenta Juan C. Alonso, investigador del MNCN y director de la tesis.

Los autores proponen que esta investigación sirva como herramienta para evaluar los efectos de futuros desarrollos de infraestructuras en distintos escenarios. "Este trabajo puede ser el punto de partida para coordinar una red internacional de investigadores que evalúen el impacto global de las infraestructuras humanas sobre la fauna, aportando ideas y soluciones innovadoras" apunta Torres. En concreto, se plantea optimizar el método propuesto en PNAS para aplicarlo en países en vías de desarrollo, con ecosistemas menos fragmentados y todavía ricos en biodiversidad, donde es previsible que se construya el 90% de las carreteras en los próximos 40 años.

La situación de España

El estudio, que abarca todo el continente europeo, analiza con más detalle la situación de España donde, junto a países escandinavos y bálticos, todavía encontramos grandes zonas alejadas de la presencia humana. Sin embargo, la región mediterránea es, de entre las de mayor biodiversidad del planeta, la que más desarrollo urbano ha experimentado en los últimos años.

Una primera exploración muestra la clara influencia de las infraestructuras sobre la distribución de especies emblemáticas de la península ibérica. "Especies como el lince ibérico, el oso pardo o el águila imperial muestran una mayor prevalencia en zonas alejadas del hombre, de ahí la importancia de conservar estas zonas con escasa influencia de infraestructuras. Posiblemente no se trate solo de una preferencia de estos animales por dichas zonas, sino además, de la elevada presión cinegética que sufrieron en épocas pasadas", aclara Alonso.

Aplicando complejas técnicas de análisis espacial a alta resolución y funciones que describen cómo se reduce la densidad de aves y mamíferos cerca de las infraestructuras, los autores del estudio estiman que el impacto de éstas se extiende sobre el 55% de la superficie de nuestro país en el caso de las aves, y llega alcanzar valores del 98% en el caso de los mamíferos. Los modelos predicen una disminución demográfica global de un 22% para las aves y un 47% para los mamíferos con respecto a lo que ocurriría en una situación ideal, sin infraestructuras. En el caso de mamíferos de gran tamaño, la ausencia de zonas sin infraestructuras en el mundo más desarrollado podría pronto impedir a los científicos medir la magnitud real de estos impactos.

Los medios agrícolas son los más perjudicados, lo que representa un problema para la conservación de la abundante biodiversidad que todavía albergan. Es muy probable que la desaparición de especies en estos medios sea muy rápida en un futuro próximo, al verse agravada por la intensificación agrícola y el cambio climático.
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Referencia bibliográfica | Torres, A., Jaeger, J.A.G. & Alonso, Juan C. (2016) "Assessing large-scale wildlife responses to human infrastructure development". Proceedings of the National Academy of Sciences.
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ETIQUETASContaminaciónMedio AmbienteSostenibilidadSociedad

La extinción de especies en las urbes es fruto de su falta de adaptación


18.08.2014 | Un estudio ofrece nuevas claves para comprender el impacto del proceso de urbanización sobre la biodiversidad. Este trabajo, publicado en ‘Ecology Letters’, puede contribuir a mejorar la planificación de las ciudades del futuro para convertirlas en entornos más habitables para las especies
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La urbanización es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad que se conocen, si bien las causas que subyacen son poco conocidas. Para comprender este fenómeno, un equipo internacional liderado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha recopilado datos de aves que habitan en 22 regiones del mundo y ha aportado evidencias claras de que las especies que toleran bien la urbanización son aquellas que poseen ciertas adaptaciones, como la de distribuir su esfuerzo reproductor en diferentes eventos en vez de poner “todos sus huevos en una única cesta”.

Los científicos de este trabajo, publicado en la revista científica Ecology Letters, se han basado en las aves puesto que estos animales colonizan con frecuencia las áreas urbanas y existe, además, extensa documentación sobre sus hábitos. En este deseo por comprender el impacto que produce la urbanización, los científicos han recogido datos en Barcelona, Bristol, Madrid, Toronto, Santiago de Chile… dividiendo cada una de estas regiones en tres tipos de hábitats: urbanos (muy urbanizadas), suburbios (zonas residenciales) y alrededores (zonas menos urbanizadas). Esta división les ha permitido comprobar que la mayor pérdida de biodiversidad se produce cuando la urbanización es intensa.

De los resultados se desprende que los límites de tolerancia de muchas variedades de aves se ven superados en ambientes urbanizados. Así, especies muy abundantes en hábitats naturales reducen su presencia e incluso desaparecen en las ciudades. Y es que como consecuencia de la urbanización se suelen producir alteraciones ambientales “drásticas y rápidas, incluyendo el reemplazo de vegetación natural por estructuras humanas y el aumento de la perturbación de los seres humanos y sus mascotas”. Sin embargo, según este estudio, no todas las especies toleran mal el proceso de urbanización, algunas parecen percibir estas alteraciones como oportunidades ecológicas y se convierten en animales comunes en las urbes.

“Teniendo en cuenta que se prevé un aumento de la ocupación del suelo urbano de 1,2 millones de km2 en los primeros 30 años del siglo XXI, comprender el impacto del proceso de urbanización sobre la biodiversidad e identificar las especies que se verán más afectadas es una de las prioridades para conservar los ecosistemas”, explica Daniel Sol, investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, en Cataluña.

Añade Sol que “este tipo de estudios pueden ser útiles en políticas ambientales futuras. Por ejemplo, en la planificación urbana se deberían tener en cuenta las razones que hacen que los entornos urbanizados sean inhóspitos para la mayoría de las especies y preservar los elementos de los hábitats naturales que, cuando se alteran, actúan como filtros ambientales para la mayoría de las especies”. Aunque el investigador apunta que lograrlo es difícil en zonas que ya están muy urbanizadas, puede ser más sencillo en el diseño de nuevos asentamientos urbanos en los que se prevea una rápida expansión de suelo.

El siguiente paso para comprender esta destrucción de biodiversidad en las urbes, apuntan los investigadores, es comprender por qué las especies exóticas invasoras se asientan con éxito en las ciudades mientras que las autóctonas tienen importantes dificultades.
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