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Cenar antes y desayunar temprano podría ayudar a mantener un índice de masa corporal más bajo

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Un estudio reciente sugiere que los momentos del día en que comemos podrían desempeñar un papel importante en nuestro peso corporal. Según los resultados, mantener horarios más regulares y adelantar las comidas principales podría estar relacionado con un mejor equilibrio metabólico y un menor riesgo de aumento de peso.
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Comer antes y ayunar más tiempo por la noche podría favorecer un peso corporal saludable

Mantener el peso bajo control no depende solo de qué comemos, sino también de cuándo lo hacemos. Así lo indica un estudio publicado en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, que apunta a dos hábitos asociados con un menor índice de masa corporal (IMC) a largo plazo: prolongar el ayuno nocturno y desayunar temprano.

La investigación ha sido liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación "la Caixa".

El trabajo contó con la participación de más de 7.000 personas de entre 40 y 65 años pertenecientes a la cohorte GCAT | Genomes for Life, un proyecto dirigido por el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP). En 2018, las y los participantes completaron cuestionarios sobre su peso, altura, hábitos alimenticios —incluidas las horas de las comidas—, estilo de vida y posición socioeconómica. Cinco años después, en 2023, más de 3.000 de ellos participaron en un seguimiento en el que se repitieron las mediciones y cuestionarios.

Ritmos circadianos y control del peso

“Nuestros resultados, en línea con otros estudios recientes, sugieren que alargar el ayuno nocturno podría ayudar a mantener un peso saludable, siempre que se acompañe de una cena y un desayuno tempranos”, explica Luciana Pons-Muzzo, investigadora de ISGlobal durante el estudio y actualmente en IESE Business School. “Creemos que esto se debe a que comer más temprano durante el día se ajusta mejor a los ritmos circadianos, lo que permite un mejor aprovechamiento de la energía y una regulación más eficaz del apetito. No obstante, todavía es pronto para sacar conclusiones firmes; harán falta más estudios antes de emitir recomendaciones”, añade.

El análisis por sexo reveló que las mujeres, en comparación con los hombres, presentaban un IMC más bajo, mayor adherencia a la dieta mediterránea, menor consumo de alcohol, peor salud mental y más responsabilidades domésticas o familiares.

Para profundizar en los datos, el equipo utilizó un análisis por clúster, una técnica estadística que agrupa a individuos con características similares. Este método permitió identificar un pequeño grupo de hombres cuya primera comida del día era pasada las 14:00 horas, lo que suponía un ayuno de unas 17 horas. Este grupo presentaba hábitos menos saludables —mayor consumo de alcohol y tabaco, menor actividad física, peor dieta mediterránea— y un nivel educativo y laboral inferior. Curiosamente, este patrón no se observó en mujeres.

El papel del ayuno intermitente

El estudio también abordó la práctica del ayuno intermitente, especialmente su versión nocturna. “Existen diferentes formas de ayuno intermitente, y la nuestra se relaciona con la que ocurre durante la noche. Observamos que en un subgrupo de hombres que ayunan saltándose el desayuno, esta práctica no tiene efectos sobre el peso corporal”, señala Camille Lassale, investigadora de ISGlobal y coautora sénior del estudio. “De hecho, otros ensayos en personas con obesidad muestran que no es más eficaz que simplemente reducir la ingesta calórica.”

La crononutrición, un campo en crecimiento

“Nuestra investigación forma parte de un ámbito emergente conocido como crononutrición”, explica Anna Palomar-Cros, investigadora de ISGlobal en el momento del estudio y actualmente en IDIAP Jordi Gol. “Este campo no solo analiza qué comemos, sino también cuándo y con qué frecuencia lo hacemos. Sabemos que los patrones alimentarios irregulares pueden entrar en conflicto con el sistema circadiano, el conjunto de relojes biológicos que regulan los ciclos de día y noche y los procesos fisiológicos asociados”, añade.

Este trabajo amplía la línea de investigación sobre crononutrición desarrollada por ISGlobal en los últimos años. Estudios anteriores ya habían observado que cenar y desayunar temprano se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, reforzando la idea de que el horario de las comidas puede ser un aliado clave para la salud metabólica.
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Trabajo de referencia | Luciana Pons-Muzzo, Rafael de Cid, Mireia Obón-Santacana, Kurt Straif, Kyriaki Papantoniou, Isabel Santonja, Manolis Kogevinas, Anna Palomar-Cros & Camille Lassale. Sex-specific chrono-nutritional patterns and association with body weight in a general population in Spain (GCAT study). Int J Behav Nutr Phys Act 21, 102 (2024). https://doi.org/10.1186/s12966-024-01639-x
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ETIQUETAS • Salud • Alimentación • Nutrición.....
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Nuevas recomendaciones contra la diabetes resaltan el papel clave de la dieta mediterránea

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La guía, elaborada con la colaboración del catedrático de Nutrición de la URV Jordi Salas-Salvadó, recomienda que los profesionales de la salud prioricen ayudar al paciente a alcanzar un peso y unos hábitos alimentarios saludables, antes de recurrir a tratamientos farmacológicos sin haber promovido previamente cambios en su estilo de vida.
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La Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD, por sus siglas en inglés) ha publicado recientemente nuevas recomendaciones en materia de dietética y nutrición dirigidas a profesionales de la salud, con el objetivo de prevenir y controlar la diabetes. En un contexto social “frenético y globalizado”, en el que con frecuencia se recurre de forma rápida a los fármacos, la guía propone priorizar cambios en el estilo de vida antes que la prescripción médica cuando esta no sea estrictamente necesaria. La estrategia se centra en alcanzar un peso saludable y seguir patrones alimentarios “prácticos, sostenibles y basados en alimentos”, inspirados en modelos como la dieta mediterránea, la nórdica o la vegetariana. En muchos casos —aunque no en todos—, estas modificaciones pueden lograr un control efectivo de la enfermedad sin necesidad de medicación.

Las nuevas recomendaciones han sido publicadas en la revista Diabetologia en nombre de la EASD, tras el trabajo del Diabetes and Nutrition Study Group, un grupo multidisciplinar y multinacional en el que participa Jordi Salas-Salvadó, catedrático de Nutrición de la Universitat Rovira i Virgili, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgilii (IISPV), miembro de ICREA Academia y coordinador del CIBERobn del Instituto Carlos III. Salas-Salvadó es, además, el único representante español en estas recomendaciones desde su inicio hace ocho años.

En la actualidad se distinguen dos tipos principales de diabetes. La diabetes tipo 1, de origen autoinmune, provoca un déficit de insulina y afecta a unas 90.000 personas en España. Por otro lado, la diabetes tipo 2, vinculada sobre todo al exceso de peso en personas con predisposición —por ejemplo, por antecedentes familiares—, afecta a más de cinco millones de personas en el país y requiere un control estricto de la alimentación y el uso de fármacos orales para regular la glucemia y frenar la progresión de la enfermedad. Las novedades de la EASD se centran, principalmente, en este segundo tipo, basándose en una exhaustiva revisión de la evidencia científica disponible.

Uno de los mensajes clave de la guía es la importancia de lograr una pérdida de peso significativa (entre 10 y 15 kilos en personas con exceso), ya que este cambio puede tener un impacto comparable al de varios tratamientos farmacológicos: mejora la glucemia, la secreción de insulina y la presión arterial, y en muchos casos incluso permite la remisión de la enfermedad sin necesidad de medicación. Para conseguirlo, se recomienda adoptar un estilo de vida saludable, que incluya dejar de fumar, aumentar la actividad física y seguir una dieta hipocalórica equilibrada.

En cuanto a la alimentación, se aconsejan patrones basados en alimentos vegetales mínimamente procesados: cereales integrales, verduras enteras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas y aceites vegetales no tropicales ni hidrogenados. Se recomienda, además, reducir al mínimo el consumo de carnes —especialmente roja y procesada—, bebidas azucaradas, dulces y productos refinados. Este enfoque coincide con los principios de las dietas mediterránea, nórdica y vegetariana, que han demostrado mejorar la glucemia y diversos factores de riesgo cardiometabólico, además de asociarse —en el caso de la mediterránea— con un menor riesgo cardiovascular y una reducción de la mortalidad por todas las causas.

La guía desaconseja las dietas muy bajas en hidratos de carbono, y prioriza aquellas ricas en fibra, con un mínimo diario de 35 gramos. Si no se alcanza esta cantidad con la alimentación, se recomienda el uso de alimentos enriquecidos o suplementos. También se sugiere que menos del 10% de la energía diaria provenga de azúcares, que pueden sustituirse por edulcorantes. En cuanto a las grasas, estas deberían proceder principalmente de fuentes vegetales ricas en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, como frutos secos, semillas y aceites vegetales saludables.
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Trabajo de referencia | The Diabetes and Nutrition Study Group (DNSG) of the European Association for the Study of Diabetes (EASD). Evidence-based European recommendations for the dietary management of diabetes. Diabetologia Abril 2023. https://diabetologia-journal.org
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ETIQUETAS • Salud • Alimentación • Dieta Mediterránea • Nutrición.....
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La mayoría de los productos alimentarios y bebidas publicitados bajo el concepto 'mediterráneo' no están incluidos en la dieta mediterránea

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Una investigación de la Univeristat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat Pompeu Fabra (UPF) revela que solo el 13,6% de los productos de los anuncios analizados tienen un valor nutricional alto.
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No todos los productos alimentarios y bebidas que se publicitan como mediterráneos en alusión a un estilo de vida saludable lo son en realidad, al menos no la mayoría. Así lo revela un estudio elaborado por las investigadoras Mireia Montaña, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Mònika Jiménez, profesora del Departamento de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que concluye que la mayoría de los productos alimentarios y bebidas publicitados bajo el concepto "mediterráneo" no están incluidos en la pirámide nutricional de la dieta mediterránea.

En la investigación se analizaron 1.219 anuncios de alimentos de 103 productos y 541 anuncios de bebidas de 109 productos, correspondientes a publicidad difundida en diferentes tipos de medios de comunicación en España (periódicos, revistas, televisión, radio, internet, etc.) entre 2011 y 2020. Los resultados mostraron que solo el 13,59% de los productos publicitados bajo el reclamo "mediterráneo" tenían un valor nutricional alto, según su valor Nutri-Score. En cuanto al resto, otro 13,59% tenía un valor nutricional muy bajo y un 29,13%, bajo; un 25,27% obtuvo un valor nutricional medio, y un 19,42% tenía un valor nutricional medio-alto.

Como explica Mireia Montaña, llevaban tiempo analizando el contenido de la publicidad de productos de alimentación, sobre todo aquellos destinados a niños y niñas, cuando, al analizar las palabras clave más utilizadas en los anuncios, se dieron cuenta de que muchos de esos productos se vinculan a la dieta mediterránea y eso crea la falsa sensación de que son saludables. De ahí que, aunque no sea estrictamente publicidad engañosa, ambas investigadoras crean necesaria una regulación más estricta.

"Según la legislación española aplicada a la publicidad, no es estrictamente publicidad engañosa. Pero la ley de la publicidad data de los años ochenta y tiene grandes imprecisiones, además de ser muy vaga en ciertos aspectos", señala Mònika Jiménez. "Por eso, aunque algunos de los componentes de estos productos están amparados en el concepto de dieta mediterránea, en realidad se trata de publicidad engañosa, ya que tienen solo algún componente que forma parte de la pirámide nutricional de la dieta mediterránea. Si analizas el etiquetado, no tienen mucho de producto saludable. Es decir, no se mira el producto completo", añade.

Concretamente, los productos alimentarios que más recurren al reclamo de "mediterráneo" son el tomate frito y las salsas, seguidos de sopas y comida precocinada. En cuanto a las bebidas, el 89 % de las bebidas que lo utilizan en el periodo estudiado son alcohólicas. Y se trata de una tendencia que crece cada año. "De 6 productos alimentarios que utilizaban el reclamo 'mediterráneo' en 2011 pasamos a 20 en 2020. Además, este último año solo un 30 % de los productos se consideran de valor nutricional alto o medio-alto. En bebidas, la tendencia también es la misma: pasamos de 8 bebidas que usaban ese reclamo en 2011 a 16 en 2020", señala Mireia Montaña. "Desafortunadamente, encontraremos cada vez más este tipo de reclamos publicitarios con una base incierta porque es algo que vende. Todo lo natural vende", añade Mònika Jiménez.

Un reclamo que puede dañar la salud

Una de las principales razones para fomentar una alimentación saludable basada en la dieta mediterránea es combatir la obesidad. Como llevan años advirtiendo los expertos, la obesidad se ha convertido en una "epidemia" en la sociedad actual. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 44% de las personas adultas de 18 años o más tienen sobrepeso o son obesas. Y el panorama no es distinto en España: la Encuesta Europea de Salud en España del año 2020 reveló que un 16,5% de hombres de 18 años o más y un 15,5% de mujeres padecen obesidad. La principal causa de esta situación es una dieta basada en productos de nivel nutricional bajo que, a su vez, son ricos en grasa, sal o azúcares.

"La dieta mediterránea ha sido reconocida como un patrón dietético que tiene múltiples beneficios para la salud y contribuye a muchos otros objetivos de desarrollo sostenible propuestos por las Naciones Unidas", recuerda la profesora Mireia Montaña, también investigadora del Grupo de Aprendizajes, Medios de Comunicación y Entretenimiento (GAME) de la UOC. "Consciente de esos beneficios, la publicidad lo utiliza como reclamo para llegar a los consumidores, pero el lenguaje engañoso puede dañar la salud de los consumidores", indica la profesora de la UOC.

Además de una regulación más rigurosa, las investigadoras concluyen que también es necesario formar al consumidor para que entienda las etiquetas nutricionales. "Al fin y al cabo estamos hablando de alimentos y, por lo tanto, de salud. Pero en nutrición todo es muy laxo, y no debería ser así porque una mala alimentación se traduce en camas de hospital, obesidad y enfermedad", afirma Jiménez.
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Trabajo de referencia | Jiménez-Morales, M.; Montaña Blasco, M. (2021). "Presence and strategic use of the Mediterranean Diet in food marketing: Analysis and association of nutritional values and advertising claims from 2011 to 2020". NFS Journal.https://doi.org/10.1016/j.nfs.2021.04.003
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Relacionan hábitos de vida saludable y síndrome metabólico en los trastornos psicóticos

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Una investigación representa un hito significativo para el tratamiento del trastorno psicótico, que se ve acompañado del riesgo de síndrome metabólico.
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Llevar un estilo de vida saludable es clave para las personas con un trastorno psicótico incipiente. En este sentido, un estudio ha constatado que los hábitos de vida saludables juegan un papel capital para minimizar el riesgo de síndrome metabólico, con una alta prevalencia entre estos pacientes.

“El síndrome metabólico es un conjunto de parámetros que engloban los factores de riesgo de ataque cardíaco más peligrosos”, explican Yolanda Alonso y Lourdes Martorell, investigadoras del proyecto y profesionales del Hospital Universitari Institut Pere Mata de Reus, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV)-BUSCA, del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), y de la Universitat Rovira i Virgili (URV).

Este síndrome se diagnostica teniendo en cuenta un conjunto de parámetros que incluyen los factores de riesgo de infarto más peligrosos y que están asociados a una mayor mortalidad. Estos factores son 5: elevado perímetro de la cintura, elevada presión arterial, elevados niveles en sangre de glucosa y triglicéridos, y niveles bajos de colesterol HDL (el colesterol “bueno”).

El estudio, publicado en Scientific Reports, ha identificado que, en el inicio de los trastornos psicóticos, el perímetro de la cintura y el nivel de triglicéridos son más altos en las personas con un trastorno psicótico incipiente que en las personas sanas. Este trabajo también ha identificado que el sexo, la edad, el índice de masa corporal, la dieta, la actividad física, el consumo de tabaco y de cannabis y la medicación antipsicótica contribuyen a empeorar estos factores de riesgo.

Estudiando los pacientes después de un año de ser atendidos en la Unidad de Intervención Precoz del Hospital Universitari Institut Pere Mata, también se ha encontrado que si bien estas personas presentaban una mejora clínica muy significativa, el perímetro abdominal, los niveles de glucosa y los niveles de colesterol HDL habían empeorado.

Este trabajo demuestra la efectividad de la intervención precoz en la mejora clínica de las personas con un trastorno psicótico, pero también pone en evidencia la necesidad de mejorar su estilo de vida para evitar el empeoramiento de los factores de riesgo metabólico y, así, poder prevenir el riesgo cardiovascular.
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ETIQUETAS • Psicología • Salud • Dieta Mediterránea • Deporte • Sociedad.....
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Los compuestos que dan color a la piel del tomate los protegen del calor y la radiación

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Demuestran que la acumulación en la epidermis de fenoles, sustancias que dan olor y color al fruto, lo protege frente a daños como el agrietado, así como de las altas temperaturas y los rayos ultravioletas.
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Un equipo multidisciplinar formado por expertos del Instituto de Ciencias Materiales de Sevilla (ICMS-CSIC) y los departamentos de Biología Molecular y Bioquímica y de Mejora Genética y Biotecnología del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM-CSIC) ha comprobado que ciertos compuestos orgánicos de la piel del tomate intervienen en la resistencia al agrietado y la protección frente a la temperatura y la luz ultravioleta. En concreto, la capacidad de resguardo del calor y los rayos del sol varía según la modificación del grosor de la cutícula y de la acumulación de fenoles, compuestos orgánicos que determinan el color y aroma del fruto de tomate.

Tras realizar pruebas físicas y mecánicas, los expertos han concluido que el bloqueo de la parte más dañina de la radiación ultravioleta, denominada UV-B, es casi del 100% en cualquier estado de maduración. La origina la presencia de derivados del ácido cinámico, un componente natural presente de la pigmentación de la piel del tomate.

Por otro lado, la protección frente a la fracción UV-A, la menos perjudicial y responsable entre otras del bronceado de la piel humana, crece con el desarrollo del fruto y alcanza prácticamente el 100% cuando está maduro. En este caso intervienen tanto el aumento de grosor de la cutícula como la acumulación de un pigmento denominado flavona chalconaringenina, que además, robustece la piel del fruto.

En este estudio titulado ‘The Response of Tomato Fruit Cuticle Membranes Against Heat and Light’ y publicado en la revista Frontiers in Plant Science, los expertos realzan el papel de la cutícula, la parte más externa de la piel del tomate, como agente protector frente a estreses ambientales como la radiación nociva, el daño térmico y mecánico y la pérdida de agua.

Además, ayuda a regular la transferencia de calor con el medio. “La acumulación de fenoles es una herramienta muy eficaz para modular la cantidad de radiación ultravioleta que llega a los tejidos internos y constituye una estrategia de las plantas para adaptarse a los niveles ambientales de luz solar”, explica a la Fundación Descubre José Jesús Benítez, investigador del Instituto de Ciencias Materiales de Sevilla y uno de los autores de este trabajo.

La acumulación de compuestos fenólicos también controla otros parámetros físicos de la cutícula de tomate, como, por ejemplo, la temperatura de transición vítrea. Se produce cuando el material pasa de un estado rígido a otro de mayor fluidez estructural y condiciona el paso de moléculas de agua y gases desde y hacia el exterior del fruto. “Del mismo modo que la piel controla la integridad del fruto, también regula el intercambio de agua y gases. La clave es conocer los mecanismos que lo controlan y diseñar las estrategias para evitar el deterioro de calidad del fruto”, detalla Benítez.

Para obtener estos resultados, los expertos han trabajado con plántulas de tomate de la especie Solanum lycopersicum L. ‘Cascada’ cultivadas sobre sustrato de fibra de coco en un invernadero a prueba de insectos. En concreto, aislaron esta capa de los frutos y la sometieron a ensayos mecánicos y térmicos para determinar su elasticidad y respuesta a la temperatura. Comprobaron que el comportamiento mecánico y térmico de la cutícula depende directamente del contenido en fenoles. Con ello, se abren nuevas vías de estudio para determinar qué genes determinan los mecanismos de control de la calidad del fruto.
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FUENTE • Fundación Descubre.....
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El estilo de vida mediterráneo favorece el envejecimiento saludable

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Un estudio demuestra que el estilo de vida mediterráneo podría reducir en casi un 60% el riesgo del síndrome de fragilidad en personas mayores.
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Una dieta saludable de tipo mediterráneo junto con una vida activa, suficiente descanso y alto grado de interacción social caracterizan la forma de vida mediterránea. Aunque se conocen las bondades de la dieta mediterránea, un estudio de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid en el CIBERESP y el IMDEA de Alimentación ha mostrado que seguir un estilo de vida mediterráneo completo se asocia con menor riesgo de desarrollar fragilidad en los adultos mayores.

El síndrome de fragilidad es una condición frecuente en las personas mayores, afectando al 10% de la población mayor de 60 años. “La fragilidad resulta de la pérdida de reservas biológicas en muchos sistemas y órganos, que aumentan la vulnerabilidad incluso ante pequeños estresores, como una infección urinaria o un período de confinamiento. En las personas frágiles, esos estresores hacen más probable la hospitalización, la institucionalización o la muerte” - explica Javier Maroto-Rodríguez, uno de los autores principales del estudio - “Dado que la fragilidad es frecuente y tiene graves consecuencias, es importante identificar estilos de vida que puedan contribuir a su prevención”.

El equipo analizó los datos de una corte de 1.880 personas de 60 y más años participantes en el estudio ENRICA. Para analizar el estilo de vida mediterráneo utilizaron el instrumento MEDLIFE, un índice compuesto de 27 puntos que analiza la adherencia al estilo de vida mediterráneo. La fragilidad se diagnosticó a partir de la presencia de al menos tres de los siguientes cinco criterios: debilidad muscular, lentitud de la marcha, fatiga, baja actividad física, y pérdida no intencional de peso. Los investigadores encontraron que las personas con una puntuación mayor (aquellas que seguían más fielmente el estilo de vida mediterráneo) desarrollaban con menor frecuencia el síndrome de fragilidad cuatro años después. “Esto es de vital importancia. Ya sabíamos que la dieta o la actividad física son factores muy importantes en el envejecimiento saludable, pero con esto demostramos que un enfoque integral puede disminuir el riesgo de fragilidad más que mejorando componentes del estilo de vida por separado” - continuaba Maroto-Rodríguez- “Los hábitos típicos de la cultura mediterránea, como una dieta rica en frutas y verduras, frutos secos, cereales integrales y pescado, el uso del aceite de oliva, evitar el picoteo entre horas, las actividades deportivas en grupo, comer con la familia y descansar adecuadamente, todo cuenta aquí. El efecto del conjunto es la clave”.

Según Mercedes Sotos-Prieto, que dirigió la investigación, “Los componentes del estilo de vida han sido ampliamente estudiados en la comunidad científica, pero se ignoraba si tenían un efecto sinérgico sobre la fragilidad; es decir, no se sabía si varios comportamientos saludables a la vez tenían un beneficio mayor que el que se espera de cada uno de ellos por separado”. Sotos-Prieto también menciona cómo esto puede trasladarse a la práctica: “Con esta información se puede abordar la prevención de la fragilidad de una forma más eficiente y sencilla, ya que es más fácil recomendar a un paciente algunos estilos de vida saludables a la vez, en lugar de centrar todos los esfuerzos en un elemento específico que tendrá menos impacto sobre su salud”.

El estudio ha sido publicado en la revista Journals of Gertontology Series A: Medical Sciences. A pesar de que no incluye a población mayor institucionalizada, los autores creen que es importante utilizar un enfoque integral de los estilos de vida en todos los ámbitos. Además, los siguientes estudios deberían valorar este enfoque en poblaciones diferentes a la mediterránea.
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La mayoría de los productos alimentarios y bebidas publicitados bajo el concepto 'mediterráneo' no están incluidos en la dieta mediterránea

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Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat Pompeu Fabra (UPF) revela que solo el 13,6% de los productos de los anuncios analizados tienen un valor nutricional alto.
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No todos los productos alimentarios y bebidas que se publicitan como mediterráneos en alusión a un estilo de vida saludable lo son en realidad, al menos no la mayoría. Así lo revela un estudio elaborado por las investigadoras Mireia Montaña, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Mònika Jiménez, profesora del Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), que concluye que la mayoría de los productos alimentarios y bebidas publicitados bajo el concepto "mediterráneo" no están incluidos en la pirámide nutricional de la dieta mediterránea.

En la investigación se analizaron 1.219 anuncios de alimentos de 103 productos y 541 anuncios de bebidas de 109 productos, correspondientes a publicidad difundida en diferentes tipos de medios de comunicación en España (periódicos, revistas, televisión, radio, internet, etc.) entre 2011 y 2020. Los resultados mostraron que solo el 13,59% de los productos publicitados bajo el reclamo "mediterráneo" tenían un valor nutricional alto, según su valor Nutri-Score. En cuanto al resto, otro 13,59% tenía un valor nutricional muy bajo y un 29,13%, bajo; un 25,27% obtuvo un valor nutricional medio, y un 19,42% tenía un valor nutricional medio-alto.

Como explica Mireia Montaña, llevaban tiempo analizando el contenido de la publicidad de productos de alimentación, sobre todo aquellos destinados a niños y niñas, cuando, al analizar las palabras clave más utilizadas en los anuncios, se dieron cuenta de que muchos de esos productos se vinculan a la dieta mediterránea y eso crea la falsa sensación de que son saludables. De ahí que, aunque no sea estrictamente publicidad engañosa, ambas investigadoras crean necesaria una regulación más estricta.

"Según la legislación española aplicada a la publicidad, no es estrictamente publicidad engañosa. Pero la ley de la publicidad data de los años ochenta y tiene grandes imprecisiones, además de ser muy vaga en ciertos aspectos", señala Mònika Jiménez. "Por eso, aunque algunos de los componentes de estos productos están amparados en el concepto de dieta mediterránea, en realidad se trata de publicidad engañosa, ya que tienen solo algún componente que forma parte de la pirámide nutricional de la dieta mediterránea. Si analizas el etiquetado, no tienen mucho de producto saludable. Es decir, no se mira el producto completo", añade.

Concretamente, los productos alimentarios que más recurren al reclamo de "mediterráneo" son el tomate frito y las salsas, seguidos de sopas y comida precocinada. En cuanto a las bebidas, el 89% de las bebidas que lo utilizan en el periodo estudiado son alcohólicas. Y se trata de una tendencia que crece cada año. "De 6 productos alimentarios que utilizaban el reclamo 'mediterráneo' en 2011 pasamos a 20 en 2020. Además, este último año solo un 30% de los productos se consideran de valor nutricional alto o medio-alto. En bebidas, la tendencia también es la misma: pasamos de 8 bebidas que usaban ese reclamo en 2011 a 16 en 2020", señala Mireia Montaña. "Desafortunadamente, encontraremos cada vez más este tipo de reclamos publicitarios con una base incierta porque es algo que vende. Todo lo natural vende", añade Mònika Jiménez.

Un reclamo que puede dañar la salud

Una de las principales razones para fomentar una alimentación saludable basada en la dieta mediterránea es combatir la obesidad. Como llevan años advirtiendo los expertos, la obesidad se ha convertido en una "epidemia" en la sociedad actual. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 44% de las personas adultas de 18 años o más tienen sobrepeso o son obesas. Y el panorama no es distinto en España: la Encuesta Europea de Salud en España del año 2020 reveló que un 16,5% de hombres de 18 años o más y un 15,5% de mujeres padecen obesidad. La principal causa de esta situación es una dieta basada en productos de nivel nutricional bajo que, a su vez, son ricos en grasa, sal o azúcares.

"La dieta mediterránea ha sido reconocida como un patrón dietético que tiene múltiples beneficios para la salud y contribuye a muchos otros objetivos de desarrollo sostenible propuestos por las Naciones Unidas", recuerda la profesora Mireia Montaña, también investigadora del Grupo de Aprendizajes, Medios de Comunicación y Entretenimiento (GAME) de la UOC. "Consciente de esos beneficios, la publicidad lo utiliza como reclamo para llegar a los consumidores, pero el lenguaje engañoso puede dañar la salud de los consumidores", indica la profesora de la UOC.

Además de una regulación más rigurosa, las investigadoras concluyen que también es necesario formar al consumidor para que entienda las etiquetas nutricionales. "Al fin y al cabo estamos hablando de alimentos y, por lo tanto, de salud. Pero en nutrición todo es muy laxo, y no debería ser así porque una mala alimentación se traduce en camas de hospital, obesidad y enfermedad", afirma Jiménez.

Esta investigación favorece el objetivo de desarrollo sostenible (ODS) 3, de salud y bienestar.
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Trabajo de referencia | Jiménez-Morales, M.; Montaña Blasco, M. (2021). "Presence and strategic use of the Mediterranean Diet in food marketing: Analysis and association of nutritional values and advertising claims from 2011 to 2020". NFS Journal. https://doi.org/10.1016/j.nfs.2021.04.003
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El cerebro de las personas obesas funciona frente a la comida de forma diferente al de quienes tienen un peso saludable

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Perder menos peso tras una dieta en la adolescencia está relacionado con que las áreas cerebrales de la motivación por comer y del efecto recompensante de la comida mantengan una conexión mayor, según un trabajo publicado recientemente.
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Un grupo de investigación del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada (UGR) lleva años estudiando el exceso de peso desde una perspectiva neurocientífica, investigando qué papel juega exactamente el cerebro en ellos.

En un estudio recientemente publicado en la revista International Journal of Obesity, fruto de la tesis doctoral de Cristina Martín con adolescentes con exceso de peso, los investigadores de la UGR han revelado que perder menospeso tras una dieta en la adolescencia está relacionado con que las áreas cerebrales de la motivación por comer y del efecto recompensante de la comida mantengan una conexión mayor.

Este hallazgo se suma a los anteriormente obtenidos por el grupo Neuropsicología y Psiconeuroinmunología Aplicadas en su línea de investigación en adolescentes y adultos/as para mostrar cómo el cerebro de las personas con exceso de peso funciona de manera diferente al de las personas con peso saludable en todo lo relacionado con la alimentación.

“Ante comida altamente apetitosa y cuando las personas obesas tienen que tomar decisiones relacionadas con qué alimentos comer, a nivel cerebral se activan más los circuitos de la impulsividad y menos los de la reflexión”, explica Raquel Vilar López, investigadora del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UGR y una de las autoras de este trabajo.

Diferente grosor en la corteza cerebral

Además de estas diferencias en activación cerebral, varias zonas del cerebro de las personas con exceso de peso se diferencian en cómo se conectan y en el grosor de la corteza cerebral. Estas diferencias, que podrían estar relacionadas con una alimentación muy elevada en grasas, tienen relación con la dificultad para seguir una dieta y realizar ejercicio físico, y por tanto con la pérdida de peso.

En base a estos hallazgos, los investigadores Raquel Vilar y Alfonso Caracuel (departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación), en colaboración con dos grupos internacionales, han iniciado recientemente un proyecto para intervenir contra el exceso de peso.

Para ello combinan entrenamientos que, por separado, han mostrado eficacia para modificar aspectos alterados del funcionamiento de los circuitos cerebrales implicados en el sobrepeso y la obesidad, y que además, se pueden aplicar de forma online o presencial.
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Trabajo de referencia | Martín-Pérez, C., Contreras-Rodríguez, O., Verdejo-Román, J., Vilar-López, R., González-Pérez, R., & Verdejo-García, A. (2020). Stressing diets? Amygdala networks, cumulative cortisol, and weight loss in adolescents with excess weight. International Journal of Obesity, 44(10), 2001–2010. https://doi.org/10.1038/s41366-020-0633-4
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Una dieta rica en fibras y verduras afecta positivamente al bienestar y estado emocional de los jóvenes

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La ingesta de glúcidos complejos presentes en alimentos como las legumbres, hortalizas, frutas y alimentos integrales ayuda a prevenir la depresión y a mejorar el estado de ánimo en la juventud.
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Alimentos saludables
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La depresión es uno de los problemas de salud más común en la adolescencia y la etapa universitaria, afectando a un 30% de la población joven, lo que conlleva entre otras consecuencias un deterioro de la cognición social, entendida esta como la forma en que las personas interpretan, analizan, recuerdan y emplean la información sobre el mundo que les rodea.

Salvo algunos casos de depresión asociada a enfermedades del organismo, existen muchos factores que influyen en el desarrollo de esta enfermedad como la genética, las hormonas o eventos estresantes. Recientes estudios han señalado a los patrones dietéticos como posibles moduladores de la cognición social y por tanto relacionados con la depresión.

El grupo de investigación de la Universidad de Extremadura “Neuroinmunofisiología y Crononutrición” ha llevado a cabo un estudio piloto con 117 participantes, publicado en la revista Food & Function, en el cual ha evaluado la relación entre los macronutrientes dietéticos y el procesamiento de información social y afectiva. Así, tal y como explican los investigadores Lierni Ugartemendia y Rafael Bravo, “la dieta puede influir en algunas variables relacionadas con la cognición social y el estado de ánimo, y para comprobarlo hemos analizado los nutrientes por componentes principales dividiéndolos en lípidos, carbohidratos y proteínas.”

Tras los análisis los investigadores afirman que “pudimos observar cómo los individuos que mayores cantidades de carbohidratos complejos ingerían presentaban un factor de riesgo menor a la hora de sufrir depresión. Lo mismo ocurría con aquellas personas que mantenían una dieta baja en colesterol, rica en fibra, y proteínas de origen vegetal”, añaden los investigadores.

Por el contrario, los individuos cuya dieta estaba constituida por proteínas de origen animal, harinas blancas y un alto porcentaje de colesterol tenían más probabilidades de sufrir depresión.

Para realizar el estudio los participantes completaron un registro dietético y una serie de cuestionarios psicológicos, validados previamente por un grupo de psicólogos pertenecientes a la Universidad de Extremadura y a la Universidad de Heidelberg en Alemania, en los cuales se hacían preguntas referentes al estado de ánimo de cada participante (cómo se encuentran, si se ponen tristes ante ciertas situaciones, si le dan muchas vueltas a los problemas, etc. ) y por otro lado, cuestiones de cognición social (si empatizan con las emociones de los que les rodean, cómo responden ante las situaciones sociales, etc).

Ventajas de la dieta rica en carbohidratos complejos

Los carbohidratos complejos son macromoléculas (oligosacáridos y polisacáridos) conformadas a partir de moléculas de azúcares más sencillas, su absorción es más lenta y la energía que aportan es gradual, por eso sacian más, retrasan la sensación de hambre y ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre. Además, los alimentos que los contienen son ricos en fibra, vitaminas y minerales fundamentales para el correcto funcionamiento del cuerpo y del cerebro.

El grupo de alimentos rico en carbohidratos complejos está formado por: harinas integrales (sobre todo las elaboradas a partir de granos enteros), legumbres, tubérculos y raíces, verduras, y frutas, entre otros.
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Trabajo de referencia | Ugartemendia L, Bravo R, Castaño MY, Cubero J, Zamoscik V, Kirsch P, Rodríguez AB, Reuter M (2020). Influence of diet on mood and social cognition: a pilot study. Food & Function, 11: 8320-8330. https://doi.org/10.1039/D0FO00620C
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ETIQUETAS • Alimentación, Salud
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Identifican la «huella metabólica» de la dieta mediterránea que permite prever la aparición de enfermedades cardiovasculares

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Investigadores de Harvard, de la Universidad Rovira i Virgili y de la Universidad de Navarra han identificado por primera vez los metabolitos que prevén la aparición de infarto de miocardio e ictus, en población de España y Estados Unidos.
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Investigadores de la Universidad Rovira i Virgili-IIPSV, liderados por el catedrático Jordi Salas-Salvadó, de la Universidad de Navarra, con Miguel Ángel Martínez-González al frente y el consorcio PREDIMED, en colaboración con la Universidad de Harvard y el Instituto Broad de Estados Unidos, han identificado por primera vez una huella metabolómica (consistente en varios metabolitos que circulan por la sangre), relacionada con la adherencia a la dieta mediterránea. Esta huella metabolómica predice la aparición de infarto de miocardio e ictus. El trabajo se ha publicado en la revista de la Sociedad Europea de Cardiología.

El equipo de investigación, compuesto por expertos internacionales en nutrición y metabolismo, determinó más de 300 metabolitos en muestras de sangre de 1.859 participantes del estudio multicéntrico español PREDIMED, realizado en pacientes de alto riesgo cardiovascular que recibieron un seguimiento durante una media de 5 años, y 6.868 participantes de tres grandes estudios en Estados Unidos realizados en población sanitaria (estudio de las enfermeras y estudio de los profesionales de la salud) con un seguimiento de más de 15 años.

En estos participantes se conocía, a través de cuestionarios dietéticos (escala de adherencia), su nivel de cumplimiento con el patrón dietético tradicional mediterráneo. La innovación del estudio consistió en identificar un conjunto de metabolitos, denominados «huella metabólica» que se asociaron con la escala de adherencia a la dieta mediterránea. Para esta identificación se utilizaron algoritmos de inteligencia artificial que identificaron 67 metabolitos. Esta huella metabolómica se identificó en población española del estudio PREDIMED y se validó en población de Estados Unidos. La huella metabolómica de la dieta mediterránea incluye tanto metabolitos marcadores de ingesta como de efecto de la misma.

Esta huella metabolómica es un indicador más objetivo de la dieta mediterránea, y cuando se comparó con la escala de adherencia a la dieta mediterránea obtenida solo mediante cuestionario, la huella metabolómica en sangre predecía mucho mejor la presencia de diabetes o los niveles de algunos factores de riesgo cardiovascular, en comparación a la adherencia determinada a través de cuestionarios dietéticos.

Lo más relevante es que esta huella metabolómica de la dieta mediterránea predijo en gran medida la posibilidad de que un individuo desarrollara con el paso del tiempo un infarto de miocardio o un ictus, tanto en los participantes del estudio PREDIMED como en los participantes de los tres estudios americanos.

Es la primera vez que se determina la huella de metabolitos relacionada con la adherencia a un patrón dietético como el mediterráneo. Esto abre grandes puertas a la hora de vislumbrar posibles vías metabólicas que expliquen los beneficios observados de la dieta mediterránea sobre la salud y la enfermedad en muchos estudios. Además, la huella metabolómica identificada promete evaluar de forma más objetiva y comprensible la adherencia y respuesta metabólica a la dieta, pudiendo ser útil en el futuro para individualizar mejor la dieta a seguir para la prevención de la enfermedad.

Dos proyectos financiados por el National Institutes of Health del Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos han permitido este importante hallazgo entre los múltiples descubrimientos reportados en los cinco últimos años en relación con diferentes estudios sobre metabolómica, enfermedad cardiovascular y diabetes que se están desarrollando en colaboración por investigadores del estudio PREDIMED pertenecientes a CIBERobn, diferentes universidades españolas y centros de investigación de nuestro país con investigadores de EE.UU.
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Trabajo de referencia | Jun Li et al. “The Mediterranean diet, plasma AQ3 metabolome, and cardiovascular disease risk” European Heart Journal (2020) 00, 1–13 Clinical Research. doi:10.1093/eurheartj/ehaa209
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El confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles coman de una forma más saludable


El grupo de investigación de la Universidad de Granada muestra cómo el confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles vuelvan a poner la dieta mediterránea en sus mesas. Contra todo pronóstico, durante las primeras semanas del confinamiento hemos aumentado el consumo de vegetales, legumbres y frutas y disminuido la ingesta de fritos, comida rápida, bebidas carbonatadas y carnes rojas.
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Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y publicado en la revista Nutrients señala que, contra todo pronóstico, el confinamiento debido a la COVID-19 ha hecho que los españoles coman de una forma más saludable, y vuelvan a poner la dieta mediterránea en sus mesas.

Para llevar a cabo el proyecto COVIDiet, los investigadores, pertenecientes al grupo de investigación Alimentación, Nutrición y Salud (AGR-141) del departamento de Nutrición y Bromatología de la UGR, lanzaron una encuesta online el 20 de marzo (una semana después de la declaración del Estado de Alarma) destinada a la población adulta española, en la que se incluían preguntas relacionadas con la adherencia a la Dieta Mediterránea y cambios en el comportamiento alimentario referente al consumo de productos procesados, fritos, aperitivos, alcohol o tipo de cocinado, además de cambios en la actividad física y en el peso corporal, entre otras.

La encuesta tuvo una buena acogida y fue contestada por un total de 7.514 participantes de todo el territorio nacional, de los que en su mayoría (el 70%) fueron mujeres, personas mayores de 35 años y con estudios superiores.

La juventud opta por la dieta mediterránea

Los resultados del estudio muestran cómo la adherencia a la Dieta Mediterránea se incrementó de manera global durante el confinamiento. La Dieta Mediterránea está considerada como patrón de dieta saludable en la que destaca la presencia de aceite de oliva, frutas, verduras, nueces, vino tinto y pescado. Sorprendentemente, este cambio fue mayor en los participantes más jóvenes (18 a 35 años). Esta mejora se asoció con un menor consumo de repostería, carnes rojas y bebidas edulcoradas o carbonatadas y un mayor consumo de vegetales, frutas y aceite de oliva durante el confinamiento comparado con su ingesta habitual.

Resulta interesante también el hecho de que algo más de la mitad de los participantes (57,3%) declararon haber disminuido la ingesta de alcohol, aunque también su actividad física (59,6%). Además, durante las primeras etapas del confinamiento, la mayoría de los participantes afirmaron no haber experimentado cambios en la frecuencia del cocinado o en el consumo de aperitivos y comida rápida, y el 63,7% de los participantes declararon no estar comiendo más durante el confinamiento.

Hay que señalar también que, a pesar de la falta de suministros de alimentos al inicio del confinamiento, tan solo un 28% de los participantes experimentó alguna dificultad a la hora de encontrar algunos alimentos, siendo la carne (23.83%), las verduras (13,8%) y el pescado (12,1%) los mayoritarios.

COVIDiet es un proyecto con proyección internacional, liderado por la investigadora Celia Rodríguez Pérez, del departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada, en el que han participado investigadores de prestigio de 16 países: España, Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, Croacia, Dinamarca, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Polonia, Serbia, Eslovenia, Montenegro, Alemania y Turquía.

Tras evaluar el comportamiento alimentario de parte de la población española durante el confinamiento, el siguiente paso del proyecto COVIDiet es conocer y comparar de qué manera el confinamiento debido al COVID-19 ha influido en el comportamiento alimentario de la población de los diferentes países implicados en el estudio.

“Aunque la adherencia a la Dieta Mediterránea durante en confinamiento ha aumentado, lo españoles estamos todavía lejos de llevar una buena alimentación en cuanto a Dieta Mediterránea se refiere. Por ello, debemos mantener los comportamientos saludables adquiridos durante este período para lograr que se conviertan en hábitos. Sólo así podremos conseguir un estado de salud óptimo que tenga un impacto positivo en la prevención de enfermedades crónicas, así como en las complicaciones derivadas del COVID-19”, señalan los autores.
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Trabajo de referencia | Celia Rodríguez-Pérez, Esther Molina-Montes, Vito Verardo, Reyes Artacho, Belén García-Villanova, Eduardo Jesús Guerra-Hernández and María Dolores Ruíz-López. Changes in Dietary Behaviours during the COVID-19 Outbreak Confinement in the Spanish COVIDiet Study. Nutrients 2020, 12(6), 1730; https://doi.org/10.3390/nu12061730. Available online on: https://www.mdpi.com/2072-6643/12/6/1730/htm
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• ETIQUETAS • Alimentación • Dieta Mediterránea • COVID-19 • Coronavirus • Salud • Sociedad • Consumo •
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Una dieta saludable ralentiza el envejecimiento celular


Un patrón dietético rico en frutas y vegetales como la dieta Mediterránea previene el natural acortamiento de unas secuencias de ADN llamadas telómeros, que se produce por el envejecimiento.
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Uno de los principales enfoques de las investigaciones científicas sobre el envejecimiento es la posibilidad de alargar la esperanza de vida con calidad. Una manera de contribuir a ello es proteger el proceso de envejecimiento celular modulando la longitud de los telómeros, cuyo descubrimiento mereció el Premio Nobel de Medicina en 2009. Se trata de largas secuencias de ADN repetidas que protegen las extremidades de los cromosomas de su natural acortamiento y pueden considerarse como el reloj biológico de la vida celular, ya que su longitud disminuye a medida que envejecemos. Ahora, un grupo investigador de la Unidad de Nutrición Humana de la URV ha realizado una revisión de estudios científicos previos y ha determinado que este acortamiento natural de los telómeros se puede prevenir siguiendo un patrón dietético rico en frutas y verduras como la dieta mediterránea.

Como afirma la Premio Nobel Elizabeth Blackburn, al comparar los telómeros con los refuerzos que se ponen en el extremo de los cordones de los zapatos, “cuanto más largos son estos refuerzos, menos probabilidades habrá de que el cordón se deshile. En cuanto a los cromosomas, cuanto más largos son los telómeros, menos probabilidades habrá de que salten las alarmas en las células”. Factores genéticos y ambientales (como la dieta, entre otros) pueden modular este natural acortamiento. Numerosos ensayos clínicos en humanos han demostrado el papel importante de la dieta y del estilo de vida y la salud de los telómeros. Sin embargo, las conclusiones realizadas en estos estudios son muchas veces heterogéneas y poco concluyentes, ya que tienen en consideración múltiples factores que interaccionan entre ellos.

Ahora, investigadores de la Unidad de Nutrición Humana han publicado un estudio en la revista científica Advances of Nutrition en que se analizan todas las investigaciones epidemiológicas y los ensayos clínicos en humanos presentes en la literatura científica hasta la fecha, y han valorado la relación entre el consumo de determinados alimentos, nutrientes o la dieta global y la longitud de los telómeros. Esta investigación ha sido liderada por las investigadoras Sílvia Canudas y Serena Galié, ambas integrantes del equipo de Jordi Salas-Salvadó, investigador del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universidad Rovira i Virgili, investigador principal CIBERobn, y todos miembros del Instituto de Investigación Sanitaria Pere i Virgili (IISPV).

La revisión incluye 59 estudios observacionales y 11 ensayos clínicos, seleccionados a partir de una búsqueda bibliográfica llevada a cabo de manera metódica y organizada para poder identificar, por separado, la relación de cada grupo de alimento, nutrientes y diferentes patrones dietética con la salud telomérica.

Diferentes estudios clínicos de suplementación multi-vitamínico han indagado el papel de estos compuestos en la longitud de los telómeros, pero no llegaron a establecer una clara función protectora, aunque, entre los estudios revisados por los investigadores, la vitamina C parece tener un mayor impacto entre los micro-nutrientes evaluados.

El consumo de alimentos con un elevado contenido de antioxidantes, como por ejemplo los frutos secos y el café, se ha asociado a telómeros más largos. Por el contrario, un alto consumo en carne procesada y bebidas azucaradas parece estar relacionado con telómeros más cortos. Cuando se analizaron los resultados de los estudios que valoraron el patrón global de la dieta se observó que dietas saludables, las que incluyen alto contenido en frutas, verduras, frutos secos, entre otros alimentos, fuente de antioxidantes, se asociaron a menor acortamiento telomérico. Por lo tanto, esto sugiere que una dieta saludable ayudaría a ralentizar el envejecimiento de nuestras células.

La salud de telómeros y la consecuente prevención del envejecimiento celular implica un proceso multifactorial en el que entran en juego diferentes factores. Controlar estos factores dietéticos repercute en beneficio de la salud humana, previniendo las enfermedades asociadas a la edad como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, así como enfermedades neuro-degenerativas.
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Referencia bibliográfica | Galiè S, Canudas S, Muralidharan J, García-Gavilán J, Bulló M, Salas-Salvadó J. Impact of Nutrition on Telomere Health: Systematic Review of Observational Cohort Studies and Randomized Clinical Trials. Adv Nutr. 2019 Nov 5.
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• ETIQUETAS • Alimentación • Dieta Mediterránea • Consumo • Salud •