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El alcohol daña el cerebro incluso después de dejar de beber y perpetúa la adicción

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Un estudio del CSIC muestra que la bebida aumenta su capacidad adictiva cambiando la geometría del cerebro y que las alteraciones que provoca permanecen durante las seis primeras semanas de abstinencia.
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El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en España, según la encuesta sobre alcohol y drogas en España (Edades 2019/2020) realizada entre los 15 y 64 años. Afecta el funcionamiento del sistema nervioso y provoca cambios en el estado de ánimo, la percepción, los pensamientos, los sentimientos o el comportamiento. Sin embargo, la percepción de riesgo por quienes lo consumen, en especial entre los jóvenes, es baja pese a las más de 200 enfermedades asociadas a su ingesta, que causa cada año unos tres millones de muertes en el mundo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en el cerebro son ampliamente conocidos, pero los cambios estructurales observados son muy heterogéneos. Además, faltan marcadores de diagnóstico para caracterizar el daño cerebral inducido por el alcohol, especialmente en los inicios de la abstinencia, un periodo crítico por la alta tasa de recaída que presenta.

Sin embargo, en 2019 un trabajo conjunto del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH), en Alicante, y del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, marcó un hito en este campo al detectar, mediante una resonancia magnética, que los daños que produce el alcohol en el cerebro no se detienen al dejar de beber, como hasta entonces se pensaba. Por el contrario siguen progresando al menos durante las seis primeras semanas de abstinencia de alcohol. Un efecto retardado que hasta entonces ni se había imaginado.

“Antes de nuestra investigación nadie podía creer que durante la abstinencia del alcohol el daño en el cerebro progresara. Aunque la toxicidad directa del alcohol cesa al dejar de beber, vimos que los cambios en el cerebro provocados por el alcohol siguen progresando”, explica el investigador del CSIC Santiago Canals, responsable del grupo de Plasticidad de las Redes Neuronales del Instituto de Neurociencias, que lideró la investigación.

La investigación, que se publicó en la revista JAMA Psychiatry, mostró que a las seis semanas de haber abandonado el consumo de alcohol aún seguían produciéndose cambios en la sustancia blanca del cerebro en una muestra de 91 pacientes voluntarios, con una edad media de 46 años hospitalizados en Alemania para su tratamiento de rehabilitación a causa de un trastorno por consumo de alcohol. Para comparar las resonancias magnéticas cerebrales de estos pacientes se utilizó un grupo control sin problemas de bebida, compuesto por 36 varones con una edad media de 41 años.

“Un aspecto importante del trabajo es que este grupo de pacientes participaba en un programa de desintoxicación, y se les controlaba el consumo de sustancias adictivas, lo que garantizaba la ausencia de consumo de alcohol. Por tanto, se puede hacer un seguimiento fiel de la fase de abstinencia, un periodo crítico, porque las recaídas llevan a cronificar el consumo de alcohol”, indica Canals. Más recientemente, este equipo de investigadores han podido reproducir estos resultados en una cohorte independiente de pacientes, lo que valida los resultados obtenidos en 2019.

Otra característica diferencial de este estudio es que se llevó a cabo paralelamente en un modelo con ratas Marchigian Sardinian con preferencia por el alcohol. Por un lado esto permite asignar al consumo de alcohol un papel causal en el deterioro de la sustancia blanca, frente a estudios sólo con pacientes, que suelen ser confusos debido a las comorbilidades asociadas a la enfermedad, como el consumo de otras sustancias y la propia medicación de los pacientes, que dificultan el establecimiento de relaciones causa-efecto, detalla la investigadora del CSIC en el Instituto de Neurociencias Silvia De Santis, primera firmante del artículo.

Por otro lado, los estudios con modelos animales permiten monitorizar la transición desde un estado normal, saludable, a la dependencia de alcohol en el cerebro, “un proceso que no es posible ver en humanos, porque en los estudios participan voluntarios sanos y personas que ya tienen un trastorno por abuso de alcohol”, explica De Santis. En este caso, añade, “los mismos patrones de alteraciones observadas en humanos pudimos reproducirlos en ratas a través de la sola ingesta de alcohol, lo cual soporta el papel causal del alcohol en las alteraciones observadas”.

La hipótesis que barajaban los investigadores era que la progresión de los daños se mantiene porque se pone en marcha un proceso inflamatorio en el cerebro que avanza incluso en ausencia de alcohol. “Creemos que esto está relacionado también con la facilidad de recaída que se produce después de dejar de beber, durante el periodo crítico de la abstinencia”, avanzaba Canals.

El sistema inmune puede favorecer la recaída

Esa suposición de partida se demostró que era correcta. En junio de 2020, otra investigación del grupo de Canals, esta vez publicada en Science Advances, sorprendió de nuevo a la comunidad científica: el alcohol aumenta su capacidad adictiva cambiando la geometría del cerebro, concretamente de la materia gris. El nuevo trabajo, proponía un mecanismo de adicción al alcohol totalmente nuevo y desconocido hasta entonces.

La sustancia gris está formada por los cuerpos de las neuronas y conforma la corteza cerebral, el cerebelo y la médula espinal. La materia gris está involucrada en el control muscular y la percepción sensorial, como la vista y el oído, la memoria, las emociones, el habla, la toma de decisiones y el autocontrol, funciones que se ven alteradas por la ingesta del alcohol.

Las responsables del cambio de geometría de la sustancia gris son las células del sistema inmune que residen en el cerebro, denominadas microglía, como demostró el segundo trabajo de los grupos de Canals y Santis. El alcohol, como cualquier otra sustancia dañina, provoca la activación defensiva de la microglía que conduce a un cambio de sus características bioquímicas y también de su forma. Este cambio de forma remodela el espacio extracelular y habilita rutas de difusión de sustancias que en ausencia de alcohol estarían limitadas.

El espacio extracelular está formado por los huecos y canales que dejan libres los cuerpos celulares y sus densas ramificaciones citoplasmáticas, como las dendritas y los axones de las neuronas y otras células gliales, y está ocupado por líquido y proteínas. En el líquido extracelular circulan sustancias fundamentales para muchos procesos fisiológicos, como los neurotransmisores.

“Lo que nosotros vimos en este trabajo fue que la reactivación de la microglía eliminaba barreras para la difusión en el espacio extracelular, o lo que es lo mismo, habilitaba rutas que en ausencia de alcohol estaban bloqueadas. Y propusimos, apoyados en los resultados de un modelo matemático que simula la difusión en el cerebro alcohólico, que este cambio facilita la difusión de neurotransmisores como la dopamina, implicada en la motivación y las adicciones, lo que aumenta el poder adictivo del alcohol”.

Este estudio traslacional de nuevo se llevó a cabo en ratas y humanos y estuvo coordinado, como el anterior, por los doctores Santiago Canals, del Instituto de Neurociencias, y Wolfgang Sommer, del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg (Alemania).

“El siguiente paso en nuestra investigación será averiguar si este efecto es producido directamente por la acción del alcohol sobre la microglía, o lo hace de forma indirecta, a través de intermediarios, como el hígado o la microbiota intestinal”, concluye el doctor Canals.
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¿Y si tu perro pudiera vivir cien años?

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El Dog Aging Project es la ambiciosa iniciativa que busca desentrañar los misterios del envejecimiento canino. A través de análisis genéticos y el seguimiento a decenas de miles de estos animales domésticos, pretende ayudar a las mascotas a tener vidas más largas y saludables.
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Imagen de Karen Warfel en Pixabay
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El 30 de junio de 2022 el genetista Daniel Promislow compartió la mala noticia. “Frisbee, nuestra querida perra, murió ayer. La extrañamos profundamente”, expresó en su cuenta de Twitter este investigador de la Universidad de Washington, Estados Unidos.

Durante 16 años, esta perra —mezcla entre pastor alemán, chow chow y cocker spaniel— brindó compañía y alegría a su familia. En los últimos tiempos, desarrolló ciertas complicaciones propias de su edad: ojos nublados por las cataratas, articulaciones rígidas y artríticas y problemas digestivos causados por un mal funcionamiento del páncreas.

“Solía llevarla a dar paseos y un día dejé de poder hacerlo”, recuerda Promislow. “Entonces, contacté con veterinarios para crear una dieta especial de pollo molido, batatas, avena y croquetas”.

Pese a estos inconvenientes, durante su larga vida —al menos, en términos caninos— Frisbee fue un increíble ejemplo de envejecimiento saludable y también una inspiración para lo que finalmente se convirtió en el Dog Aging Project, la iniciativa más ambiciosa sobre biología canina que busca desentrañar los misterios del paso del tiempo y descubrir formas de ayudar a los perros a tener vidas más largas y plenas.

“El proyecto busca entender los determinantes ambientales y genéticos del envejecimiento saludable en perros”, cuenta a SINC Promislow, codirector de este megaestudio interdisciplinario a largo plazo que involucra a 20 instituciones académicas en EE UU. Ya sigue a más de 36.000 perros de compañía y planea rastrearlos durante el resto de sus vidas. “Permitirá mejorar los diagnósticos y desarrollar terapias más precisas y efectivas. Pero también ayudará a comprender mejor los factores que influyen en la morbilidad y mortalidad en los humanos”.

La idea surgió en 2007 cuando este genetista vio la portada de la revista Science. “Era una fotografía de un gran danés y un chihuahua caminando. El artículo trataba sobre la genética del tamaño. Contaba cómo unos científicos habían descubierto un gen muy importante llamado IGF-1 que regula el tamaño en perros. Y pensé: '¡Esto es muy guay! Quizás también podría estar asociado con el envejecimiento canino”.

Entonces, este investigador se puso en contacto con la veterinaria Kate Creevy y el biogerentólogo Matt Kaeberlein y unieron fuerzas para dar forma a este proyecto de Big Science que hoy involucra a más de cien profesionales. “Hasta ahora nunca se ha hecho un estudio similar en esta escala”, indica Creevy, investigadora de la Universidad de Texas A&M. “La mejor manera de comprender la salud de los perros es seguirlos en la diversidad de sus experiencias naturales. Anteriores estudios se realizaron en espacios controlados como laboratorios y hospitales”.

Perros supercentenarios

Nadie sabe exactamente cuándo y dónde fueron domesticados los perros, es decir, en qué momento comenzó su camino de transformación a través de la selección artificial de Canis lupus (lobo gris) a Canis familiaris. La evidencia arqueológica de ejemplares enterrados junto a humanos en Medio Oriente, China, Alemania, Escandinavia y América del Norte sugiere que pudo haber sido entre hace diez mil a catorce mil años y en más de un lugar.

Debido a la cría selectiva, la apariencia, comportamiento y preferencias de estos animales cambiaron profundamente. Sin embargo, el desarrollo de la mayoría de las razas actuales tuvo lugar recién hace poco más de 150 años en lo que se conoce como ‘la explosión victoriana’, como recuerdan los historiadores Michael Worboys, Julie-Marie Strange y Neil Pemberton en su libro The Invention of the Modern Dog: Breed and Blood in Victorian Britain.

Aprovechando la experiencia de los ganaderos, en la Inglaterra del siglo XIX se comenzó a experimentar con el diseño de perros. Hoy estos animales se encuentran entre las especies de mamíferos más variables en términos de morfología: la Federación Canina Mundial reconoce 355 razas —sin contar todas las mezclas posibles— y se estima que hay alrededor de 900 millones de ejemplares en todo el mundo.

Aun así, se desconoce por qué los perros grandes tienen una esperanza de vida más corta que los pequeños y por qué las diversas razas están predispuestas a diferentes enfermedades: los golden retrievers son propensos al cáncer; los pastores alemanes a menudo desarrollan displasia de cadera; los dóberman pinschers tienen una alta prevalencia de enfermedades del corazón; las razas más grandes, como el rottweiler, gran danés y rhodesian ridgeback, tienen un mayor riesgo de osteosarcoma (cáncer de hueso) que las razas más pequeñas…

Promislow, Creevy y Kaeberlein se propusieron averiguarlo. Tras recibir financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., en noviembre de 2019 comenzaron a reclutar participantes: perros de todas las razas (tanto de raza pura como de raza mixta), edades, tamaños y sexos. Una vez anotados, los dueños de las mascotas deben completar año tras año un cuestionario de 116 páginas sobre la dieta, movilidad, temperamento y estado de salud del animal.

Hasta agosto de este año se habían inscrito 36.159 perros. Una rama del Dog Aging Project realiza análisis genéticos de las muestras de sangre, orina, heces, cabello y de ADN mediante raspado bucal enviadas por correo una vez por año. “En los laboratorios en Texas aislamos el plasma y con eso estudiamos lo que se conoce como el metaboloma para predecir si un perro tiene el riesgo de desarrollar tal o cual enfermedad”, explica Promislow.

Otros investigadores del proyecto, como el genetista Joshua Akey de Universidad de Princeton, se centran en los perros ‘supercentenarios’, es decir, los 300 perros voluntarios más viejos para encontrar en su ADN las claves de su longevidad.

“Sabremos más sobre la biología y la fisiología de los perros de lo que probablemente nadie haya sabido antes”, dice Kaeberlein, codirector de la iniciativa.

Y un tercer grupo de científicos están realizando un ensayo clínico en 500 perros voluntarios para analizar los efectos de un fármaco llamado rapamicina. En humanos, este medicamento se emplea en personas para combatir el rechazo de órganos trasplantados o médula ósea y para tratar el cáncer.

Pero también ha demostrado en dosis bajas prolongar la vida de levaduras, gusanos, moscas de la fruta y ratones, así como retrasa el deterioro cognitivo en estos mamíferos. Un estudio en 24 perros realizado en 2017 por Kaeberlein arrojó que aquellos animales que habían recibido rapamicina mejoraron la función cardíaca en comparación con los perros que tomaron un placebo.

Hallazgos pioneros con implicaciones humanas

Nunca nadie ha investigado una cantidad tan grande de perros durante un período de tiempo tan largo. Hasta el momento, lo que abundaban eran datos anecdóticos y mitos. Por ejemplo, el que indica que un año de perro equivale a siete años humanos.

“En realidad, depende del tipo de perro”, dice Promislow. “Los perros de distintas razas envejecen a diferente velocidad. Un gran danés es considerado geriátrico a los 7 años. Mientras que un chihuahua es considerado viejo a los 12 o 14 años. Y puede vivir hasta los 18 o 19 años. Es cierto que el perro promedio puede llegar a vivir 12 años, pero hay muchas variaciones”.

Los hallazgos de este megaproyecto —que, advierten los investigadores, estarán disponibles para cualquier científico en el mundo— también podrían ser relevantes para prolongar el envejecimiento saludable en humanos. Al fin y al cabo, los perros domésticos no solo comparten nuestros hogares y entornos. También respiran el mismo aire y sufren muchas dolencias similares, como obesidad, artritis, hipotiroidismo y diabetes.

De hecho, tanto en humanos como en perros el cáncer es una de las principales causas de muerte. Y estos animales experimentan casi todos los mismos deterioros funcionales del envejecimiento que las personas.

Gran parte de lo que se conoce de la biología del envejecimiento proviene de estudios de especies de laboratorio como levaduras, gusanos, moscas y ratones. De ahí que el perro doméstico sea un poderoso modelo animal para estudiar este gran misterio. Además, envejece más rápido que los humanos, lo que permite un estudio longitudinal e intervencionista en un período de solo unos años.

El avance de la ciencia canina

En lo que va de siglo XXI, se han realizado grandes avances en el conocimiento de la biología canina, impulsados por proyectos de menor escala como el Golden Retriever Lifetime Study —que desde 2012 estudia los genes de esta raza de perros para entender por qué el 60% de estos animales se ven afectados por el cáncer—; Darwin's Ark (el proyecto hermano e internacional del Dog Aging Project); el Clever Dog Lab de la Universidad de Viena —en donde se busca entender cómo los perros aprenden y resuelven problemas— y el Family Dog Project, en la Universidad Eötvös Loránd en Budapest. Allí, desde 1994 se estudian los aspectos conductuales y cognitivos de la relación perro-humano.

Gracias a estas iniciativas se sabe, por ejemplo, que las personalidades de los perros cambian con el tiempo. En Reino Unido encontraron que estos animales atraviesan una montaña rusa emocional propia de la adolescencia alrededor de los ocho meses de edad. Y un estudio de la Universidad de Emory identificó que los perros tienen una comprensión básica de las palabras.

También pueden ser entrenados para detectar enfermedades como diabetes, cáncer de pulmón o incluso covid-19; son capaces de distinguir entre idiomas y recientemente se descubrió que su sentido del olfato está integrado a escala cerebral con su visión, algo que aún no se ha encontrado en ninguna otra especie.

Además, estos animales podrían tener el secreto para comprender las enfermedades neurodegenerativas. Como parte del Dog Aging Project, un equipo de la Universidad de Cornell y la Universidad de Washington busca averiguar si un tipo de demencia canina progresiva —denominada disfunción cognitiva canina o CCD— es similar a nivel molecular al alzhéimer. Los investigadores están identificando perros con este trastorno y, cuando fallezcan, examinarán sus cerebros en busca de biomarcadores moleculares que puedan comparar con casos en humanos.

Por otra parte, han surgido todo tipo de start-ups que buscan vencer el deterioro canino que viene acompañado con los años. Una de ellas es Rejuvenate Bio, cofundada por el genetista George Church de la Escuela de Medicina de Harvard, que planea rejuvenecer perros usando terapia génica. Otra empresa de biotecnología dedicada a extender la vida de los perros es Loyal, en San Francisco.

“Si podemos entender la biología del envejecimiento y sus características a escala celular, molecular y genético, entonces tal vez sea factible realizar ciertas intervenciones”, dice Creevy, directora veterinaria del Dog Aging Project. “Por ejemplo, implementar estrategias nutricionales”.

Uno de los primeros grandes resultados de este proyecto de ciencia abierta y comunitaria está relacionado justamente con la alimentación. “Encontramos que alimentar a los perros una vez al día en lugar de varias veces se asocia con una mejor salud”, cuentan los investigadores de este consorcio en un paper publicado en la revista GeroScience.

“Muestran menos probabilidades de tener problemas gastrointestinales, dentales, ortopédicos, renales/urinarios y trastornos del hígado/páncreas”.

Con sus hallazgos, los científicos del Dog Aging Project esperan revolucionar las ciencias veterinarias e impulsar la medicina de precisión para perros. “Me imagino en el futuro una especie de máquina en una clínica veterinaria donde insertar una muestra de sangre y que me diga qué enfermedades desarrollará el animal”, pronostica Promislow. “Estamos a muchos años de esa tecnología, pero creo que estamos en camino”.

Por eso, el reclutamiento continúa. “Esperamos en algún momento extender nuestro estudio a todo el mundo. Nuestra intención es que el proyecto continúe por tiempo indefinido y examine a generaciones de perros. El proyecto cambiará nuestras vidas y las de nuestros compañeros animales”, concluye Creevy.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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ETIQUETAS • Investigación • ADN • Genética • Biología.....
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¿Por qué ellas viven más? Las raíces evolutivas de una diferencia fascinante

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Un estudio internacional que analizó más de mil especies de mamíferos y aves revela que factores como la selección sexual, el cuidado parental y la genética determinan las diferencias en esperanza de vida entre machos y hembras.
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Una pareja de babuinos (Papio anubis) en el bosque impenetrable de Bwindi, Uganda. / Martha Robbins
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En prácticamente todas las sociedades y épocas, las mujeres han vivido más tiempo que los hombres. Una investigación liderada por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), publicada en Science Advances, aporta nuevas claves para entender por qué esta diferencia se mantiene con tanta persistencia: sus orígenes se encuentran en la evolución y no son exclusivos de nuestra especie. El estudio, que contó con la participación de 15 equipos internacionales, analizó datos de longevidad de 1.176 especies de mamíferos y aves mantenidas en zoológicos de todo el mundo. Los resultados revelan que, en promedio, las hembras de mamíferos viven un 13% más que los machos. En las aves, en cambio, sucede lo contrario: los machos superan a las hembras en un 5%.

“Algunas especies muestran patrones opuestos a lo esperado”, explica Johanna Stärk, primera autora del estudio. “En muchas rapaces, por ejemplo, las hembras no solo alcanzan un mayor tamaño, sino también una mayor longevidad. Los cromosomas sexuales aportan parte de la explicación, aunque no toda la historia”.

Selección sexual y estrategias reproductivas

Más allá de los factores genéticos, la investigación subraya el papel de la selección sexual y las dinámicas reproductivas. En especies polígamas con intensa competencia —frecuente entre mamíferos—, los machos tienden a morir antes. En aves, mayoritariamente monógamas, la presión competitiva es menor y los machos suelen vivir más.

El cuidado parental también desempeña un papel decisivo. En la mayoría de mamíferos, las hembras invierten más tiempo y energía en la crianza, lo que no solo prolonga su propia vida, sino que incrementa las probabilidades de que sus crías alcancen la madurez. Aunque la vida en cautividad reduce las diferencias —al proteger a los animales de depredadores, enfermedades y condiciones ambientales extremas—, estas no desaparecen del todo. Este patrón recuerda al caso humano: los avances médicos y sociales han acortado la brecha de longevidad entre hombres y mujeres, pero no han logrado eliminarla.

En conjunto, los resultados apuntan a que la diferencia en longevidad entre sexos está profundamente enraizada en la historia evolutiva y modulada por la selección sexual, el cuidado parental y los cromosomas sexuales. Los factores ambientales pueden atenuar su impacto, pero no borrarlo por completo.
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Trabajo de referencia | Johanna Stärk et al, “Sexual selection drives sex difference in adult life expectancy across mammals and birds”, Science Advances, 2025.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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Cómo tener una dieta saludable y a la vez cuidar del planeta

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Elegir alimentos con criterio de sostenibilidad es bueno para la salud humana y para el medio ambiente. Así lo propone la nueva guía saludable de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que también busca promover la actividad física de todas las personas.
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Con el objetivo conjunto de promover la salud ciudadana y la del planeta, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha presentado recientemente la campaña ‘Come sano, muévete y cuida tu planeta’ y la actualización de sus consejos sobre dieta y ejercicio teniendo en cuenta, por primera vez, el criterio de sostenibilidad.

En un documento divulgativo titulado Recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles complementadas con recomendaciones de actividad física para la población española, esta agencia del Ministerio de Consumo detalla numerosas propuestas prácticas para mantener una alimentación sana, una vida activa y promover un modelo de consumo más respetuoso con el medio ambiente.

La nueva guía ha sido elaborada teniendo en cuenta la investigación científica más actualizada por el Comité Científico de la AESAN, un panel muy diverso que incluye, entre otros, a expertos en epidemiología y salud pública, en ciencia y tecnología de los alimentos, en seguridad alimentaria o en veterinaria, como destaca a SINC Esther López-García, coordinadora del mismo y catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Autónoma de Madrid.

Aunque ya sabíamos que mantener hábitos saludables es determinante para prevenir las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, “ahora hay una gran corriente de pensamiento que aboga por que la alimentación, además de sana, también deba ser sostenible”, subraya esta experta en nutrición. Con ese fin, estas nuevas recomendaciones nacen del marco planteado por la Comisión EAT-Lancet para una dieta saludable dentro de los límites planetarios publicado en 2019 en The Lancet, aclara López-García.

El propósito de ese nutrido grupo de expertos internacionales se antojaba ambicioso: lograr alimentar con una dieta sana a los casi 10.000 millones de pobladores que se estima tenga la Tierra en 2050.

La necesaria “transformación global del sistema alimentario”

La creciente población mundial —8.000 millones de habitantes en la actualidad— y el impacto que los sistemas alimentarios tienen sobre la salud humana y la del planeta plantean retos crecientes sobre la forma en la que obtenemos y consumimos nuestros alimentos. Según la web Our World In Data de la Universidad de Oxford, la producción de alimentos representa más de una cuarta parte (26 %) de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y la mitad de la tierra habitable y el 70 % de la extracción mundial de agua dulce se destinan a la agricultura.

Por otro lado, un amplio análisis de los riesgos alimentarios en 195 países durante el periodo entre 1990 y 2017, también publicado en The Lancet en 2019, estimó que 11 millones de muertes y 255 millones de AVAD (Años de Vida Ajustados por Discapacidad, que expresan el número de años perdidos debido a enfermedad, discapacidad o muerte prematura) fueron atribuibles a factores de riesgo alimentarios.

Los principales, la ingesta elevada de sodio (sal) y la baja ingesta de cereales integrales o frutas. Según especialistas en nutrición y epidemiología de la Universidad de Harvard, “los factores que influyen en que las personas consuman una dieta de baja calidad son múltiples e incluyen la falta de conocimientos, la falta de disponibilidad, el elevado coste, la escasez de tiempo, las normas sociales y culturales, la comercialización y promoción de alimentos de baja calidad y la palatabilidad”.

Por todo ello, los expertos de la Comisión EAT-Lancet citados por López-García urgían a “una transformación global del sistema alimentario”. “Los alimentos que comemos y cómo los producimos determinarán la salud de las personas y del planeta, y deben introducirse cambios importantes para evitar tanto la reducción de la esperanza de vida, como la continua degradación del medio ambiente”, advertían.

Dieta mediterránea: equilibrada y sostenible

Las nuevas recomendaciones de la AESAN buscan promover un patrón de dieta equilibrada con predominio de alimentos de origen vegetal sobre los de origen animal, “en línea con el patrón de dieta mediterránea, que a su vez contribuye a reducir el impacto medioambiental del sistema alimentario”. Según López-García, “la dieta mediterránea es un ejemplo de dieta basada en plantas porque la mayoría de los alimentos son de origen vegetal, cumple casi todas las recomendaciones que hacemos y es culturalmente aceptable”.

La guía recomienda, por ejemplo, “comprar productos frescos de temporada, proximidad y mínimamente procesados (como los congelados) y productos a granel o en envases reciclables”. También aconseja, siempre que se pueda, preparaciones caseras y, en caso de consumir alimentos procesados, elegir los que tengan menos sal, azúcar y grasas que no sean aceite de oliva.

Sobre las frutas y hortalizas, aconseja consumir “también aquellas con defectos estéticos, pues conservan todas sus propiedades nutritivas” y limita el desperdicio de alimentos. En relación con las legumbres —que tienen poco impacto ambiental, un precio asequible y son ricas en proteínas y otros nutrientes—, la guía recomienda cocinarlas en grandes cantidades y congelarlas, así como triturar las sobras de las ya cocinadas para preparar hamburguesas, albóndigas o purés.

Acerca de los cereales, cuyo impacto ambiental es bajo, “se aconseja priorizar los de grano entero y productos integrales, minimizando el consumo de alimentos elaborados con harinas refinadas”, remacha López García.

En relación con los frutos secos, se recomiendan entre 3 raciones semanales y hasta una diaria (consideradas como un puñado que permita cerrar la mano), teniendo en cuenta que en menores de 5 años no se aconsejan enteros por el riesgo de asfixia. “Su impacto ambiental es variable, ya que algunos métodos de cultivo son poco respetuosos con el medioambiente, como el caso de las almendras”, advierte la guía.

Según López García, las patatas y otros tubérculos deben separarse de los grupos anteriores por sus diferentes propiedades nutricionales, en especial su alto índice glucémico. “Aunque las patatas son de los alimentos con menor impacto ambiental, se recomienda su consumo moderado, priorizando los cereales de grano entero y las legumbres como fuentes de hidratos de carbono de digestión lenta”, subraya esta experta.

Menos carne y mejor si es blanca

“El consumo de proteína vegetal debería ocupar una de las raciones proteicas de las dos comidas principales diarias; la otra se puede destinar a pescado, huevos, lácteos o carne”, indica López García. Sobre la carne, la guía recomienda reducir su consumo a entre nada en absoluto y 3 raciones semanales que fuesen, preferentemente, de carne blanca, así como minimizar el consumo de carne procesada.

El consumo de carne y en especial el de carne roja se ha vinculado a problemas de salud y su producción tiene un mayor impacto ambiental que la de otros alimentos, sobre todo la de vaca y cordero. Al tiempo, habría que aumentar el consumo de otras fuentes de proteína, como las legumbres, los frutos secos o los huevos. Estos últimos tienen alto valor nutricional y un impacto ambiental relativamente bajo.

“Si puedes, elige productos procedentes de ganaderías donde la cría de animales cumpla con los más altos estándares de bienestar animal y consume todas las partes del animal (incluyendo cortes grasos y casquería) para evitar el desperdicio”, señala la guía, aunque recomienda elegir cortes magros si se necesita controlar las calorías.

En cuanto al pescado, “se recomiendan 3 o más raciones a la semana, priorizando el azul (sardinas, boquerones, caballa, chicharro, etc.) sobre el blanco y las especies con menor impacto ambiental”, sugiere López García.

Para la leche y los lácteos, muy nutritivos, se recomienda no superar 3 raciones al día, “evitando aquellos con azúcares añadidos y alto contenido en sal”, aconseja esta catedrática. “Sin embargo, debido su elevado impacto ambiental, se sugiere reducir las raciones diarias de lácteos si se consumen otros alimentos de origen animal”, matiza.

Además, las recomendaciones tienen en cuenta las necesidades nutricionales particulares de las personas mayores (el 20% del total de la población española) y aquellas situaciones en las que se necesita reducir calorías para mantener un peso saludable porque más de la mitad de la población de nuestro país presenta exceso de peso.

Por otro lado, durante situaciones con una demanda nutricional elevada, como el embarazo, la lactancia o con la falta de apetito asociada al envejecimiento, la guía recomienda tomar alimentos de alto aporte nutricional y facilidad de consumo, como lácteos (mejor sin azúcares añadidos) y huevos (idealmente, de gallinas criadas en libertad o camperas para contribuir al bienestar animal).

El aceite de oliva virgen es el aceite ideal para todas las comidas por su contenido en sustancias beneficiosas, como los flavonoides, y su mayor calidad organoléptica. Por último, se recomienda el agua como bebida de elección en una dieta saludable. “Tanta como sea necesaria y, siempre que sea posible, del grifo o corriente, de menor impacto ambiental”, recuerda López García.

Mejor cuanta más actividad física y menos tiempo sentados y ante pantallas

La AESAN complementa los consejos dietéticos con recomendaciones de actividad física por grupos de edad (desde niños menores de un año, hasta adultos mayores de 65) que pueden integrarse en el trabajo, los desplazamientos y las tareas cotidianas. “La actividad física es buena para corazón, cuerpo y mente”, señala a SINC Susana Aznar Laín, catedrática en actividad física y salud en la Universidad de Castilla La Mancha y que también ha asesorado a la agencia. “Cualquier tipo de actividad es mejor que ninguna y cuanta más, mejor”, añade.

Como explica esta especialista, que también es ciclista federada, alpinista y esquiadora, “cuando una persona piensa en actividad física, quizás tiene una idea prefijada de una instalación deportiva, de una ropa específica, etc. La industria nos vende muchos mensajes, pero lo importante es dejar claro que toda actividad cuenta, ya sea de transporte, recreativa, deportiva, de actividades domésticas, subir escaleras o ir andando al trabajo: todo sirve”. Además, “todo el mundo puede beneficiarse”, insiste. “Todos los grupos de edad, las mujeres embarazadas o durante el puerperio, las personas con afecciones crónicas o discapacidad, etc.”

Asimismo, esta experta hace hincapié en el fortalecimiento muscular: “es muy importante trabajar la fuerza, sobre todo en niños y adolescentes, en los que ayuda a que la musculatura y la masa ósea se consoliden bien, y en las personas mayores, para favorecer la independencia, prevenir caídas y la osteoporosis”.

En definitiva, “hay que intentar realizar tres estrategias: sentarse menos, moverse más de la forma que sea y hacer ejercicio”. Incluso hay esperanza para quienes pasan la jornada frente a un escritorio porque “8 horas de estar sentado se pueden compensar con entre una hora y 75 minutos de actividad moderada al día”, apunta Aznar Laín. ¿Y qué entendemos por moderada? “Lo mejor es el test del habla”, aclara: “una intensidad es moderada para alguien cuando mientras hace una actividad pueda hablar, pero le cuesta un poquito”.

Para quienes usan podómetros de pulsera, esta especialista alude a la conocida recomendación de caminar 10.000 pasos diarios, popularizada por la estadounidenses Catrine Tudor-Locke, decana de la Facultad de Salud y Servicios Humanos de la Universidad de Nuevo Hampshire. En 2012, ella y David R. Bassett, catedrático y jefe de Fisiología del Ejercicio en la Universidad de Tennessee, también en EE UU, firmaron un artículo titulado “¿Cuántos pasos al día son suficientes?” en Sports Medicine en el que consideraban que, a partir de esa cifra de pasos, se podría considerar a los individuos como "activos".

No obstante, hoy sabemos que “cuantos más pasos, mejor”, sostiene Aznar Laín. “Las últimas evidencias científicas indican que un aumento de 1000 pasos al día se asocia con una reducción significativa de la mortalidad”. Así lo constata, de hecho, una reciente revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health: “los beneficios para la mortalidad, en particular para los adultos mayores, pueden observarse a niveles inferiores a la referencia popular de 10.000 pasos al día”, concluían sus autores. La AESAN recomienda alcanzar al menos 7.000-8.000 pasos (unos 6 kilómetros).

A la inversa que con los pasos, sobre el tiempo de exposición en la infancia y la adolescencia a pantallas (teléfono móvil, máquinas de juegos, tabletas, televisión, etc.), esta agencia aconseja que sea “cuanto menos, mejor”, en especial para los más pequeños: nada en los menores de 1 año y 1 hora al día como máximo para niñas y niños de 1 a 2 años. “Hay que huir un poco de las pantallas”, advierte Aznar Laín.
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Ideas prácticas destacadas:

• Al comprar: prepara una lista y lleva tu bolsa o cesta de la compra, mejor de tela o de malla. Compra a granel y si usas envases, que sean reciclables. Mejor, alimentos de cercanía y de temporada, consultando la información nutricional del etiquetado. El sistema Nutri-Score refleja la calidad nutricional global: de mayor (letra A y color verde) a menor (letra E y color naranja fuerte). Se recomiendan elegir productos con letra A o B. Diferencia también entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente.

• Al cocinar: planifica los menús semanales, cocina al vapor —mantiene sus propiedades nutricionales—, cocina varios alimentos a la vez cuando uses el horno y congela antes de desperdiciar.

• Al comer: mejor alimentos frescos no procesados o mínimamente procesados, consume preferentemente piezas enteras de frutas y hortalizas de temporada y proximidad y de distintas variedades y colores, come más legumbres (en verano, puedes prepararlas en ensalada) y no favorezcas alimentos dulces (con azúcar o edulcorantes) o salados para no acostumbrar el paladar, especialmente en la infancia. Un ejemplo de plato saludable constaría de un 50 % de frutas y verduras, un 25 % de cereales integrales y de un 25 % de proteínas saludables. Come con tranquilidad y, si puede ser en compañía, mejor.

• Muévete más y siéntate menos: aprovecha las actividades cotidianas (anda, aunque sea trayectos cortos, sube escaleras, pasea en la pausa del café en lugar de sentarte), usa las instalaciones deportivas de tu ayuntamiento (parques o polideportivos) y, si cuentas los pasos diarios, haz al menos 7.000-8.000 (unos 6 kilómetros).
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Recomendaciones de un vistazo:

• Hortalizas: al menos 3 raciones al día. Por ejemplo, un plato de ensalada, de hortalizas cocidas o una crema.

• Frutas: al menos de 2-3 raciones diarias. Mejor si se cultivan en la región o el país. “El consumo de zumos de frutas no es un sustituto de las frutas enteras”, advierte López-García.

• Cereales: entre 3 y 6 raciones al día, dependiendo de si se lleva una vida más o menos activa. Lo ideal, integrales y de distintos tipos, incluyendo los menos habituales (sorgo, mijo, trigo, espelta o trigo sarraceno) para fomentar la diversidad de cultivos.

• Legumbres: entre 4 raciones a la semana, e incluso a diario. “Son los alimentos de origen vegetal con menor impacto ambiental y son asequibles”, recalca López García.

• Proteínas: cada semana, al menos 4 raciones de legumbres, 3 de frutos secos (mejor crudos, sin sal, ni grasas o azúcar), 3 de pescado (mejor azul que blanco) y hasta 4 huevos. Además, no más de 3 lácteos al día sin azúcares añadidos. En cuanto a la carne, reduce su consumo.

• Aceite de oliva: ideal en todas las comidas. Su consumo favorece la conservación del olivo y el valor paisajístico de la zona mediterránea.

• Agua: es la bebida de elección en una dieta saludable. Mejor del grifo siempre que sea posible, mucho más barata que la embotellada y no genera residuos plásticos. Hay que beberla siempre que se tenga sed. Tanto el consumo de alcohol, como el de bebidas azucaradas o edulcoradas se han relacionado con diversas enfermedades.

• Sal: no se deben superar los 5 g al día entre la añadida y la presente en los alimentos. La sal de mesa tiene que ser yodada (lo que se puede comprobar en el envase) y, como alternativa, se pueden usar hierbas aromáticas y condimentos, como el orégano, el tomillo o el pimentón.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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Superbacterias, la pandemia silenciosa

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Las bacterias resistentes a los antibióticos son especialmente preocupantes en los ámbitos clínicos porque la ineficacia de los antibióticos puede convertir cirugías menores en un riesgo mortal y pueden afectar a pacientes inmunodeprimidos o que están bajo tratamientos que reducen su sistema inmune.
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Placa de Petri con superbacterias 'Staphylococcus aureus' resistente a meticilina (MRSA). / Daniel López
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La resistencia a los antibióticos es uno de los grandes problemas globales en salud pública. El uso indiscriminado de estos fármacos, tanto en los seres humanos como en los animales, ha causado la proliferación de las denominadas superbacterias, cepas de bacterias con genes de resistencia a los fármacos. Según Naciones Unidas, este problema, que provoca que los antibióticos sean cada vez menos eficaces para atajar infecciones, podría llegar a causar diez millones de muertes al año en 2050 y convertirse en la primera causa de muerte en el mundo.

Las bacterias resistentes a los antibióticos son especialmente preocupantes en los ámbitos clínicos porque la ineficacia de los antibióticos puede convertir cirugías menores en un riesgo mortal y pueden afectar a pacientes inmunodeprimidos o que están bajo tratamientos que reducen su sistema inmune. Con el fin de desarrollar nuevas estrategias, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se está trabajando en diferentes líneas de investigación basándose en el concepto One health, que contempla que la salud humana y la sanidad animal son interdependientes y están vinculadas a los ecosistemas.

La institución ha creado el programa Cicerón, que trata de generar sinergias entre políticos, empresarios, periodistas y científicos en un mismo foro para dar a conocer sus investigaciones en torno a un desafío social. La primera jornada, dedicada la resistencia a los antibióticos, se ha celebrado este martes 14 de marzo.

El evento ha incluido una visita al Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí, la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, y el director del centro, Mario Mellado, han recibido a los visitantes entre los que se encontraban políticos como María Luisa Carcedo, diputada del Congreso de los Diputados; Ana Isabel Cremades, directora general de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid, y Bárbara Fernández-Revuelta, subdirectora general de Investigación de la Comunidad de Madrid.

También han acudido a la cita representantes de otras administraciones públicas como Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias del Ministerio de Sanidad; Cristina Teixeira y Laura Villar, del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, y Antonio Picón, coordinador técnico de Proyectos de Evaluación de Políticas Públicas de Salud de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. Asimismo, ha asistido una representación empresarial con Javier Urzay y Amelia Martín, de Farmaindustria; Fernando Méndez, de Pfizer; Joel Lelievre, de Global Health-GSK; Isabel Amat, de Reig Jofre; Cristina Nadal, de MSD Spain, y Marta Gutiérrez, de Atlántica Agrícola.

“Además de seguir financiando y manteniendo una apuesta por la ciencia básica, estamos apostando por la transferencia. Creemos que hay problemas, como el de la resistencia a los antibióticos, que no solo son problemas científicos importantes, sino que son un problema social de primera magnitud”, ha señalado la presidenta del CSIC. “Con esta jornada queremos plantear cómo podemos afrontar problemas como este y hacerlo con la imprescindible alianza de la investigación y la ciencia, la ciudadanía, las empresas y las administraciones, que tienen un papel regulatorio y financiador importantísimo”.

En el CNB los visitantes han podido conocer las sedes españolas de dos infraestructuras europeas radicadas en el instituto. El genetista Lluis Montoliu ha explicado cómo funciona la plataforma europea EMMA-Infrafrontier de criopreservación de embriones de ratón. Formada por 16 nodos repartidos por Europa, cuenta, en total, con 8.500 tipos de ratones, cada uno de ellos modelo de una enfermedad distinta. “Infrafrontier persigue generar, distribuir y archivar modelos animales de diferentes enfermedades que nos afectan a los humanos. Se emplean tanto para avanzar en el propio conocimiento de la enfermedad como en el desarrollo de terapias”, ha explicado Montoliu, director del nodo español.

La segunda sede es el Servicio de criomicroscopía electrónica, que dirige el científico José María Valpuesta. La infraestructura consiste en un criomicroscopio electrónico de transmisión, otro de barrido y otro confocal. “La criomicroscopia electrónica permite determinar estructuras de moléculas biológicas a altísima resolución. Es una técnica con aplicaciones en la biomedicina y la biotecnología que está revolucionando la biología estructural en el mundo”, señala Valpuesta.

Seis propuestas para abordar el problema

Como segunda parte de la jornada se ha celebrado una sesión de ponencias con seis expertos del CSIC en la Librería Científica de la institución, en su campus central en Madrid, moderada por Montoliu y la viróloga Margarita del Val.

En la primera ponencia, Daniel López, del CNB-CSIC, ha señalado cómo la búsqueda de nuevos antibióticos para curar estas infecciones de superbacterias no ha tenido mucho éxito. En vista de esta situación, en su equipo han optado por una estrategia alternativa. “Proponemos combinar los antibióticos que están en desuso con nuestras moléculas. Estas hacen que esos antibióticos vuelvan a funcionar al desactivar la resistencia y consiguen matar a esas bacterias. Esto permite tratar infecciones que no se podrían tratar con los antibióticos con los que disponemos”, ha señalado el científico. Puesto que muchos de estos grandes complejos proteicos juegan un papel importante en la resistencia a los antibióticos, cuando se altera la arquitectura de estas zonas, las superbacterias dejan de serlo y se convierten en cepas convencionales sensibles a los antibióticos más comunes.

Las consecuencias de la resistencia a los antibióticos tienen impacto, además, en el medioambiente. Un grupo de investigación liderado por Ana de la Torre en el Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA- CSIC) ha creado un mapa de vulnerabilidad de los suelos frente a la presencia de antibióticos y de biorresistencias. “La presencia de antibióticos en el medioambiente supone un problema porque actúa como un medio a través del cual pueden viajar esas resistencias, que pueden hacerlo del suelo a los cultivos y al final el cultivo es la base de alimentación de humanos y animales”, ha señalado De la Torre durante su intervención. Además, en su grupo han determinado las mejores especies de plantas centinela para vigilar la presencia de antibióticos en el medioambiente.

El laboratorio de Álvaro San Millán en el CNB-CSIC impulsa estudios sobre los plásmidos, unos elementos genéticos móviles responsables de que los mecanismos de resistencia se diseminen entre las bacterias. “Todos en nuestro organismo tenemos comunidades bacterianas, como la microbiota intestinal, que están formadas por muchas bacterias distintas. El objetivo último es encontrar mecanismos que nos permitan señalar en esas comunidades complejas solo aquellas bacterias que portan los mecanismos de resistencia y, de ese modo, poder combatir la evolución de la resistencia a los antibióticos pero sin afectar a las microbiotas, que tienen un papel muy importante en la salud humana”.

Por su parte, Victoria Moreno, investigadora del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC-UAM), estudia cómo los cambios en la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino, pueden relacionarse con enfermedades como la celiaquía y la enfermedad inflamatoria intestinal. “La microbiota tiene una función importantísima en nuestra respuesta inmune y en el desarrollo de distintas enfermedades”, ha comentado Moreno en la Librería Científica del CSIC. “Mejorando los factores que pueden influir en la microbiota somos capaces de prevenir algunas enfermedades”.

La nanomedicina es otra de las áreas en las que se trabaja desde el CSIC para proponer soluciones al reto de la resistencia de los antibióticos. El grupo que lidera Fernando Herranz en el Instituto de Química Médica (IQM-CSIC) investiga en terapias que emplean nanomedicina para entrenar a las defensas del organismo y mejorar con ello su respuesta ante bacterias resistentes, reduciendo así el uso de estos antibióticos. “La biopelícula es una protección que desarrollan muchas bacterias que favorece su virulencia y complica la acción de los antibióticos. Lo que intentamos con estas nanopartículas es solubilizar esa biopelícula, eliminarla, de forma que el sistema se pueda encargar de las bacterias”, apunta.

Pilar García, científica del CSIC en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA-CSIC), ha sido la encargada de cerrar las ponencias de la jornada. Su equipo de investigación emplea virus bacteriófagos para disminuir y controlar la dispersión de bacterias resistentes. “La terapia fágica -ha explicado- consiste en la utilización de bacteriófagos o proteínas codificadas por ellos para eliminar bacterias patógenas. Es una alternativa al uso de antibióticos o de antimicrobianos en general porque los bactertiófagos son los depredadores naturales de las bacterias. Y emplean un mecanismo totalmente diferente al de los antibióticos para infectarlas y eliminarlas”.
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Programa Cicerón

El CSIC quiere mostrar a través del programa Cicerón la ciencia que desarrolla en sus laboratorios para acercarla a los gestores políticos, las empresas, los periodistas y otros agentes sociales. Con este programa busca, a través de una serie de jornadas temáticas itinerantes, potenciar la contribución de la ciencia y la innovación a la resolución de desafíos como la creciente resistencia de las bacterias frente a los antibióticos, la gestión de los incendios forestales o la descarbonización de la industria, entre otras temáticas.

La Fundación General CSIC apoya y colabora en la organización de esta iniciativa.
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ETIQUETAS • Salud • Investigación • Pandemia • Cuerpo Humano • Bacterias • CSIC • Biología.....
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Los diferentes modelos de cámaras fotográficas incluidas en nosotros

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Muchos dispositivos electrónicos poseen cámaras fotográficas de diferentes tamaños y modelos. Los mamíferos contamos en nuestro cuerpo con dos, nuestros ojos.
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Imagen de Pexels en Pixabay
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Alina Gabriela Monroy-Gamboa y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda | CIBNOR
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Las cámaras fotográficas funcionan de manera similar a los ojos de los mamíferos, captan imágenes por medio de lentes que pueden ajustarse y también presentamos diferentes modelos (tamaños, colores y posiciones). Las diferencias en las capacidades de análisis de los ojos están en función de su uso y comportamiento de las diferentes especies. Por ejemplo, un herbívoro debe de tener un campo de visión amplia para observar a los depredadores, pero la profundidad de campo no es importante, mientras que en un depredador la visión debe de ser estereoscópica, poco amplia pero con mucha perspectiva para tener una clara profundidad de campo. Pero en esencia, las estructuras que los conforman son las mismas para todos los mamíferos.

El sentido de la vista cuenta con varias estructuras para realizar su función. Todas las estructuras se concentran en los ojos, ya que a través de ellos es que podemos captar las imágenes. Aunque en realidad, lo que estos órganos captan es específicamente la luz que posteriormente nuestro cerebro traduce como imágenes a través de diferentes estructuras. Al tener dos ojos el campo visual aumenta, lo que nos ayuda a realizar nuestras actividades diarias. Estas esferas se componen principalmente de tres capas o túnicas, que de alguna manera son las estructuras visibles de estos órganos.

La capa más externa es fibrosa. En la parte anterior se ubica la córnea que es una estructura incolora debido a que no cuenta con vasos sanguíneos, su forma es de disco abombado y su función es ser el primer lente que recibe la luz que penetrará en las demás capas. En la parte posterior se encuentra la esclerótica o esclera, esta membrana da al ojo su característico color blanco, es gruesa y muy resistente gracias a que posee muchas fibras de colágeno por lo que también es flexible; debido a que envuelve por completo al ojo, desde la córnea hasta la parte más interna, en el nervio óptico, también es la responsable de darle forma. Existen algunas variaciones en las especies de mamíferos, en los ornitorrincos que son los considerados como mamíferos primitivos, la esclerótica es una cúpula cartilaginosa. En los mamíferos marinos, la esclerótica es mucho más gruesa en comparación con otros mamíferos.

En la capa de en medio también llamada uveal, se encuentra una membrana cuya parte anterior es conocida comúnmente como iris y corresponde a la parte de color. El iris puede presentar diferentes coloraciones, hay especies en las que todos los individuos presentan la misma coloración, es decir, es un rasgo fijo que no varía de generación en generación. También se da el caso en que individuos de la misma especie pueden presentar diferentes colores, como es el caso de los humanos, los gatos y perros; incluso se dan casos en los que un mismo individuo presenta distinta coloración en cada ojo. El iris es en realidad un diafragma biológico que tiene la capacidad de dilatarse y contraerse para dejar pasar la cantidad de luz necesaria y con ello se puedan analizar las imágenes en la retina. El orificio central se llama pupila, al expandirse o contraerse puede verse de diferentes tamaños, por ejemplo, cuando en el ambiente hay poca luz, se expande lo más posible, para el ingreso de una mayor cantidad de luz, si por el contrario hay mucha luminosidad, se contrae. Además de poder cambiar de tamaño, puede variar en su forma dependiendo de la especie. En el caso del ojo humano su forma es circular, la de los gatos de una hendidura vertical, mientras que en las cabras es una hendidura horizontal. Atrás del iris se encuentra el cuerpo ciliar que es el encargado de producir el humor vítreo u acuoso, además posee un músculo que ayuda a cambiar de forma al cristalino. Después se ubica una membrana oscura debido a que posee muchos vasos sanguíneos y melanina, se llama coroides que es la encargada de nutrir a las estructuras internas que componen el ojo.

Seguramente has notado cómo brillan los ojos de algunos mamíferos en la noche, esto debe a la denominada tapetum lucidum, que es una capa que poseen que hace el efecto de un espejo y les ayuda a ver mejor en la oscuridad. En los mamíferos de hábitos diurnos como nosotros los humanos, ardillas y cerdos el tapetum lucidum está ausente. Esta capa puede ubicarse en la retina o en la coroides que es la estructura que se encuentra detrás de la retina.

La capa más interna se le conoce como retina, su función es principalmente nerviosa debido a que es donde se albergan las células fotorreceptoras denominadas conos y bastones. Los conos se encuentran en una depresión llamada fóvea central en la mácula lútea, zona central posterior de la retina. La ubicación de la mácula lútea permite que los conos se encuentren más expuestos, lo que contribuye a que el cerebro capte con nitidez las imágenes que se forman en esa área.

Los ojos son órganos que se presentan diversos modelos, tamaños, posiciones y colores, sin embargo, su función es la misma, captar la luz que ayudará a formar imágenes, al igual que lo hace una cámara fotográfica.
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Autores | Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S. C. Instituto Politécnico Nacional 195, CP. 23205, La Paz, Baja California Sur, México. Email beu_ribetzin@hotmail.com (AGM-G), sticul@cibnor.mx (STA-C).
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La historia de vida de los perros y las características de sus tutores influyen sobre su agresividad

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Los investigadores de la Universidad de São Paulo, en Brasil, estudiaron de qué manera los factores morfológicos, ambientales y sociales modulan la violencia de estos animales.
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Imagen de Adriana Morales en Pixabay
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Los perros que pasean diariamente con sus dueños son menos agresivos. Y los canes con mujeres tutoras supuestamente ladran menos ante la presencia de extraños. En tanto, las mascotas caninas más pesadas tienden a ser menos insolentes con sus dueños que las pertenecientes a la categoría ligeros. Los pugs, también llamados carlinos o doguillos, los bulldogs, los shih-tzus y otros animales con sus hocicos achatados pueden ser más agresivos con los humanos que los perros de hocico mediano y largo, como en los casos del golden retriever y del popular mestizo o paria marrón claro.

Fue lo que demostró un estudio a cargo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, con 665 mascotas caninas de distintas razas, incluidos perros mestizos (sin una raza definida). En dicha investigación, publicada en la revista Applied Animal Behaviour Science, se relacionaron factores morfológicos, ambientales y sociales con los perfiles de agresividad de los canes domésticos. El cruzamiento de datos demostró que no solamente cuestiones tales como el peso, la altura y el tamaño del hocico se encuentran asociadas a la mayor o menor incidencia de agresividad, sino también otras relacionadas con las historias de vida de los animales y las características de sus tutores.

De acuerdo con el referido artículo científico, estos resultados confirman la hipótesis de que la conducta de los perros no es algo que queda definido únicamente a través del aprendizaje, ni es tampoco únicamente genética. Se trata del efecto de una interacción constante con todo lo que rodea la vida de los animales. El estudio contó con el apoyo de la FAPESP en el marco de un proyecto sobre el abordaje etológico de la comunicación social entre diversas especies, entre ellas la humana (lea más en: agencia.fapesp.br/37334).

“Estos resultados ponen de relieve algo que estamos estudiando desde hace algún tiempo: el comportamiento emerge de la interacción de los canes con su contexto, es decir, con el ambiente y en función de la convivencia con sus tutores, por ejemplo, además de su morfología, por supuesto. Todos estos factores tienen impacto sobre la forma de interacción de los perros con el ambiente y también sobre la manera en que interactuamos con ellos”, explica Briseida de Resende, docente del Instituto de Psicología (IP-USP) y coautora del artículo.

En el estudio, realizado durante la pandemia de Covid-19, 665 tutores de perros contestaron tres cuestionarios online, que suministraban información sobre las características de los animales, su ambiente, sus tutores y sus conductas agresivas, tales como ladrarles a extraños e incluso atacar. Al cruzar esta información con el grado de agresividad de los canes, los investigadores detectaron algunos patrones interesantes. El desarrollo de los cuestionarios estuvo a cargo de la investigadora del IP-USP Natália Albuquerque y de la profesora Carine Savalli, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). “Únicamente el género del tutor apareció como un factor capaz de predecir la conducta ante extraños: la ausencia de agresividad fue una característica un 73% más frecuente entre los perros de mujeres”, comenta Flávio Ayrosa, autor principal del artículo.

El sexo de los animales también parece tener influjo sobre su grado de agresividad. “Las posibilidades de que un animal sea hostil con su dueño fueron un 40% menores en las hembras que en los machos”, dice el autor. “Pero en la comparación referente al tamaño del hocico encontramos una diferencia más significativa: las posibilidades de que surja una conducta agresiva contra el dueño tienden a ser un 79% mayores entre los perros braquicefálicos [de hocico achatado] que entre los mesocefálicos”, afirma. Por otra parte, cuanto más pesado era el perro, menor era la posibilidad de que fuese agresivo contra su tutor. Al cruzar los datos, los investigadores detectaron que las posibilidades de conductas agresivas disminuyeron un 3% por cada kilo extra de masa corporal.

Pero Ayrosa remarca que los hallazgos asociados al perfil del tutor no constituyen una relación de causa y efecto. “Encontramos una relación, pero no es posible decir qué viene primero. Póngase como ejemplo el factor ‘pasear con los perros’: puede ser que las personas paseasen menos con los perros porque se trataba de animales agresivos, o que los perros se hubieran vuelto más agresivos porque sus tutores no los sacaban a pasear”, afirma. “Características tales como el peso, la altura, la morfología del cráneo, el sexo y la edad influyen sobre la interacción entre los perros y su ambiente. Esto puede hacer que los animales pasen más tiempo en casa, por ejemplo”, completa.

Históricamente, la agresividad de los perros ha sido asociada pura y exclusivamente al tema de la raza. Pero este paradigma ha empezado a cambiar en los últimos diez años, cuando fueron surgiendo los primeros estudios que relacionaban los perfiles conductuales con factores tales como la edad del perro, el sexo, cuestiones metabólicas y diferencias hormonales. En Brasil, la investigación coordinada por el grupo del IP-USP fue la primera en evaluar cuestiones morfológicas y conductuales, entre ellas la agresividad, en animales sin raza definida.

“Solo más recientemente los estudios pasaron la investigar la influencia de factores relacionados con la morfología, las historias de vida de los animales, las características de los tutores y el origen [comprado o adoptado], como en el caso de nuestro estudio”, dice Ayrosa.
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FUENTE • AGENCIA FAPESP / DICYT.....
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ETIQUETAS • Sociedad • Perros • Animales • Violencia • Educación.....
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Los elefantes más ancianos y sabios calman a los jóvenes

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Los machos más viejos suelen ser objeto de la caza furtiva. Cuando faltan en el grupo, el resto de machos es más propenso a volverse agresivo, incluso contra objetivos como ganado, vehículos y otras especies. La razón, según un nuevo estudio, es que los ejemplares más experimentados, tranquilizan a los machos más jóvenes e inseguros.
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Imagen de Dan Sudermann en Pixabay
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La ausencia de elefantes adultos, debido a la caza ilegal en busca del marfil, genera un problema que repercute no solo en el propio grupo de estos animales, sino también en otras especies, incluidos los humanos.

Según un nuevo estudio, liderado por la Universidad de Exeter en Reino Unido, en colaboración con Elephants For Africa, sin los ejemplares más sabios y viejos aumentan los conflictos entre las personas y la fauna salvaje. La razón es que los elefantes más jóvenes se vuelven más agresivos cuando faltan los mayores, hasta el punto de atacar vehículos y otros animales. Por eso, los autores sugieren que son los individuos más experimentados los que tranquilizan al grupo.

“Parece que la presencia de elefantes más expertos y viejos en los grupos puede desempeñar un papel clave a la hora de mantener tranquilos a los machos más jóvenes y menos experimentados y de reducir su percepción del nivel de amenaza actual, lo que significa que hay menos riesgo de agresión hacia los humanos y otras especies”, recalca la autora principal, Connie Allen, del Centro de Investigación en Comportamiento Animal de Exeter.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo examinó el comportamiento de 281 elefantes machos en una zona exclusivamente masculina del Parque Nacional de Makgadikgadi Pans (Botsuana) durante un periodo de tres años. Los elefantes se dividieron en cuatro grupos de edad, adolescentes (10-15 y 16-20 años) y adultos (21-25 y más de 26 años).

Los resultados revelaron que, al haber menos elefantes macho viejos, el resto del grupo era más propenso a ser agresivos con objetivos no elefantes, como vehículos, ganado y otras especies. Fueron los elefantes adolescentes, en particular, los que se mostraban más temerosos con estos objetivos cuando estaban solos en comparación con otros machos. Esto indica que los adolescentes socialmente aislados también pueden constituir una mayor amenaza para las personas.

“Nuestra investigación llama la atención sobre lo que suele ser un área bastante olvidada en el comportamiento animal: las complejas relaciones y conexiones que se dan entre los machos en las sociedades exclusivamente masculinas que no se reproducen”, señala Allen.

Reducir los conflictos con humanos

Los autores indican que, alternativamente, los machos más viejos pueden vigilar que otros más jóvenes ataquen a las personas u otros objetivos. Entender estas causas de agresividad es esencial para evitar los conflictos entre humanos y elefantes, apunta el profesor Darren Croft, de la universidad británica.

Contrariamente a lo que se piensa, los machos ancianos, que se convierten en trofeos de caza, desempeñan un papel importante en la formación del comportamiento de los más jóvenes. “Estos resultados proporcionan un mensaje importante para los gestores de la vida silvestre y sugieren que la eliminación de los elefantes macho viejos de las poblaciones podría conducir a un aumento de los conflictos entre el hombre y la vida silvestre”, añade Croft.

Para ello, la gestión de la vida silvestre debería basarse en cómo interactúan entre sí estos animales. “Las futuras investigaciones sobre el comportamiento social seguirán mejorando los esfuerzos de conservación de esta especie emblemática”, concluye Lauren Brent, de la Universidad de Exeter.
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Trabajo de referencia | Connie Allen et al. “Reduced older male presence linked to increased rates of aggression to non-conspecific targets in male elephants” Proceedings of the Royal Society B
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FUENTE • Agencia SINC.....
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