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Demuestran la relación entre la ausencia de placer por la música y la anhedonia social

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Las personas que experimentan anhedonia social tienen dificultades para sentir el placer y la recompensa interpersonal derivados de las relaciones sociales. Un grupo de investigación liderado por la Universidad Complutense de Madrid ha demostrado por primera vez la relación entre esta situación y la ausencia de placer por la música, convirtiéndose esta en potencial herramienta para detectar este tipo de anhedonia.
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Las personas que no experimentan placer hacia la música tienden a no disfrutar de otros estímulos y situaciones de la vida cotidiana como las relaciones sociales, según una investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) que convierte a la música en predictora de la anhedonia social.

El trabajo, publicado en Studies in Psychology, demuestra que la falta de sensibilidad musical se relaciona con la anhedonia social: cuanto mayor es la incapacidad de disfrutar con las relaciones sociales, menor es la capacidad para hacerlo con la música, y viceversa.

“Con este estudio se pretende dar a conocer el modo en que la música puede contribuir en el desarrollo emocional durante la vida del ser humano, concretamente durante la etapa evolutiva adolescente, pudiendo desempeñar un papel esencial en la regulación de las reacciones emocionales intrínsecas a la anhedonia”, destaca Jesús Mª Alvarado, investigador principal del grupo Psicología Cognitiva: Medición y Modelización de Procesos de la UCM.

Más música en los centros, mejor integración

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores crearon seis composiciones musicales inéditas para evocar emociones básicas. 153 profesionales de la música y 303 estudiantes evaluaron su nivel de arousal (nivel de activación o excitación) y valencia (placer que evocan los fragmentos musicales), pudiéndose constatar una alta consistencia entre los resultados de ambos grupos.

Posteriormente, mediante un modelo de ecuaciones estructurales, se observó una alta correlación estadísticamente significativa entre las medias latentes de valencia y la Escala de Placer Anticipatorio y Consumatorio (ACIPS) utilizada para medir niveles de anhedonia social.

La anhedonia, explican los investigadores, se observa en trastornos como el del espectro autista o la esquizofrenia. Se trata de un constructo relacionado con la dificultad para procesar adecuadamente estímulos emocionales y procesos de recompensa, considerado un factor desadaptativo caracterizado por la pérdida de placer. La anhedonia social, en concreto, es concebida como la falta de interés o disminución de habilidades para experimentar placer y recompensa interpersonal en las relaciones sociales.

Partiendo de investigaciones previas desde las que se incide en que la música es un estímulo que puede producir tanto placer como el dinero, el sexo o la comida. “Consideramos que las conclusiones derivadas de estas investigaciones pueden aportar bases teóricas sólidas que permitan replantear estrategias de intervención desde algunas disciplinas como la musicoterapia o en ámbitos educativos, comunitarios o de la salud”, añade María García, investigadora de cuya tesis doctoral forma parte esta investigación.

Además, los autores del estudio están convencidos de que “aumentar la escucha de la música y la práctica instrumental en los centros educativos puede ayudar a manejar problemas de aislamiento social que a la postre pueden generar problemas de acoso”.
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Trabajo de referencia | García-Rodríguez, M. et al. “Pleasure in music and its relationship with social anhedonia”. Studies in Psychology.
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¿Cómo cambiará la inteligencia artificial la música que escuchamos?

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El Music Technology Group del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la UPF pone en marcha el proyecto "Retos y Oportunidades en la tecnología musical", con la intención de reflexionar sobre cómo las tecnologías que despuntan hoy influirán en la música de los próximos años.
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Muchas de las acciones cotidianas que realizamos hoy pasan por dispositivos que utilizan algoritmos de inteligencia artificial (IA). Cedimos cada vez más espacio a la tecnología porque nos hace la vida más sencilla y práctica. Pero cuando escuchamos música, quizás no somos tan conscientes de cómo la IA ya se ocupa de buena parte de la producción y creación de las canciones, ni de la tecnología que hay detrás de los softwares para aprender a tocar un instrumento o de los recomendadores que nos seleccionan la música que más nos gusta en Spotify.

En unos años, ¿qué relación tendremos con los dispositivos y aplicaciones con los que consumimos música?, ¿cómo sabremos si la canción que escuchamos ha sido creada por un compositor humano o máquina?, ¿de quién será la autoría de una pieza creada con IA?,¿cómo vamos a controlar la privacidad de los datos personales en los recomendadores musicales?, ¿cómo nos ayudará la tecnología a archivar el contenido musical para que sea accesible en las próximas décadas?

El Music Technology Group (MTG) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) ha puesto en marcha el proyecto llamado: "Retos y Oportunidades en la tecnología musical", con la intención de reflexionar sobre cómo las tecnologías que despuntan hoy influirán en la música de los próximos años. Los procesos de creación, difusión, aprendizaje y escucha de la música se están transformando a ritmos acelerados con la inteligencia artificial, y lo harán aún más con el 5G, el blockchain o el metaverse. Pero todavía no existe una fotografía clara de lo que comportarán estos cambios en el futuro, ni cómo impactarán en la sociedad.

Cultura musical crítica hacia la tecnología

"El proyecto propone un debate abierto para conocer la opinión, necesidades y preocupaciones de expertos musicales y consumidores finales. Se llamará a la participación a profesionales de la industria musical, creadores, oyentes, estudiantes de música, archivistas y personas desarrolladoras de tecnologías musicales", explica Xavier Serra, director del MTG.

La primera fase –durante los meses de septiembre y octubre de este año– consistirá en una recogida de voces a través de entrevistas y grupos de trabajo nline. En una segunda fase, se convocará un taller de debate –hacia noviembre–, con charlas y mesas de discusión, para poner en común los resultados de las entrevistas con más voces. A finales de año, se elaborará un documento público que sirva para orientar al sector musical a avanzar con tecnologías más justas y transparentes.

Además, Serra asegura que "el proyecto no quiere quedarse únicamente a nivel académico, sino que aspira a ser un referente para la ciudadanía, de modo que sirva para tener una mirada crítica respecto a los aspectos más controvertidos de la tecnología aplicados a la música."

Más de 25 años investigando el impacto en la sociedad

El Grupo de Tecnología Musical (MTG) de la Universidad Pompeu Fabra realiza desde 1994 proyectos de investigación que buscan captar el impacto de la tecnología en la sociedad. Tiene una gran influencia en la comunidad científica internacional y en el desarrollo futuro de la IA. Actualmente, cuenta con 50 expertos dedicados a las tecnologías aplicadas a la creación, consumo, educación y conservación musical. El Reactable (instrumento digital interactivo), el Vocaloid (sintetizador de voz por cantar) o el Freesound (plataforma de intercambio de sonido) son algunos de sus proyectos más emblemáticos.

El proyecto "Retos y Oportunidades en la tecnología musical" cuenta también con el apoyo de la iniciativa MusicAIREE (financiada por la Unión Europea en el marco del programa Music Moves Europe) y el Ayuntamiento de Barcelona.
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ETIQUETAS • Sociedad • Música • Emoción • Investigación.....
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La estructura cerebral determina la falta de sensibilidad musical


Un estudio de la Universidad de Barcelona (UB) y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) muestra que las conexiones de la sustancia blanca del cerebro son clave para entender por qué nos gusta o no la música.
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La estructura de la sustancia blanca del cerebro refleja la sensibilidad musical, según un trabajo del Grupo de Investigación en Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Neurociencias de la Universitat de Barcelona (UB) y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (UB-IDIBELL). El trabajo, publicado en el Journal of Neuroscience, muestra que la conectividad de la sustancia blanca, el tejido a través del cual se comunican las distintas áreas del sistema nervioso central, es clave para entender por qué nos gusta o no la música. Además, también confirma que para que las personas sientan placer musical, es necesario que las estructuras cerebrales relacionadas con la recompensa a los estímulos trabajen conjuntamente con las estructuras vinculadas a la percepción.

El investigador de la UB Josep Marco Pallarés lidera este estudio, en el que también han participado Antoni Rodríguez Fornells (UB-IDIBELL-ICREA), Noelia Martínez Molina, de la Universidad de Helsinki (Finlandia), Ernest Mas Herrero y Robert Zatorre, de la Universidad McGill de Montreal (Canadá).

Personas que no sienten placer con la música

Escuchar música se considera como una actividad gratificante en todo el mundo, pero trabajos anteriores de este grupo de investigación han demostrado que existe una gran variabilidad individual al respecto: desde personas que prácticamente no podrían vivir sin la música, hasta personas que no obtienen ningún placer de ella, una condición que se ha llamado anhedonia musical específica. Según Josep MarcoPallarés, "este fenómeno se da en población sana, sin ningún tipo de patología". Así pues, continúa, "las personas con anhedonia musical específica disfrutan de otros estímulos placenteros (como la comida, o las recompensas monetarias), pero no son sensibles a la recompensa musical".

El estudio de la anhedonia musical específica determinó que las diferencias individuales en cuanto a la recompensa musical estaban relacionadas con la conectividad funcional —los patrones de activación neuronal de distintas regiones cerebrales— entre las áreas de percepción auditiva: en concreto, entre la corteza supratemporal y un área clave en el procesamiento de la recompensa, el estriado ventral. Es decir, que la sensibilidad musical dependía del trabajo conjunto de estas dos áreas.

Estudiar la estructura de las conexiones cerebrales

El objetivo de la nueva investigación fue averiguar si la sensibilidad a la música se veía determinada por cómo se conectan las áreas de procesamiento perceptivo y las áreas del circuito de recompensa. El experimento se hizo con 38 voluntarios sanos utilizando la técnica de resonancia magnética por difusión, que permite reconstruir la estructura de la sustancia blanca cerebral, es decir los haces de sustancia blanca que conectan las diversas regiones cerebrales.

La sensibilidad a la música de los participantes se determinó mediante la puntuación obtenida en un cuestionario desarrollado por el mismo grupo de investigación, el Barcelona music reward questionnaire (BMRQ). Después, durante la sesión de resonancia magnética, los participantes tenían que escuchar fragmentos de canciones del género clásico y proporcionar valores de placer en una escala del 1 al 4 en tiempo real. Para controlar la respuesta cerebral ante otros tipos de recompensa, los participantes también debían jugar en una actividad de apuestas monetarias en que podían ganar o perder dinero real. El hecho de que ninguno de los participantes mostrara una puntuación baja en las escalas de recompensa general es una demostración de que las diferencias individuales en el procesamiento de la recompensa estaban restringidas al dominio musical y no afectaban a otros estímulos.

Los resultados del experimento muestran que existe una relación entre los haces de sustancia blanca que conectan el área de percepción musical y la actividad del sistema de recompensa. Según Josep Marco Pallarés, "el estudio demuestra que la sensibilidad hacia la música está relacionada con los haces de sustancia blanca que conectan, por un lado, la corteza supratemporal con la corteza orbitofrontal y, por otra parte, la corteza orbitofrontal con el estriado ventral".

"El hecho de utilizar la corteza orbitofrontal —continúa el investigador— se debe a que no existen haces de sustancia blanca que conecten de forma directa la corteza supratemporal y el estriado ventral, y por tanto, las áreas de procesamiento perceptivo y las áreas del circuito de recompensa deben conectarse a través de otra estructura".

¿Por qué solo existe la anhedonia musical?

Estos resultados resaltan la necesidad de ampliar el foco de estudio para entender el funcionamiento del sistema de recompensa del cerebro. "No podemos limitarnos a estudiar solo la red de recompensa, sino que necesitamos conocer cómo acceden los diferentes estímulos a ese sistema de recompensa. Ello podría ser clave para entender por qué hay anhedonias específicas respecto a un determinado estímulo como la música, pero no respecto al resto de estímulos, como el juego o los alimentos, lo que podría tener aplicaciones en la comprensión de ciertas patologías relacionadas con adicciones específicas o anhedonias específicas hacia un cierto estímulo", concluye Josep Marco Pallarés.
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Referencia | Noelia Martínez-Molina, Ernest Mas-Herrero, Antoni Rodríguez-Fornells, Robert J. Zatorre y Josep Marco-Pallarés. «White matter microstructure reflects individual differences in music reward sensitivity». Journal of Neuroscience, abril de 2019. Doi: https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2020-18.2019
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Sociedad • Educación • Psicología • Neurología • Lenguaje • Comunicación
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Tocar un instrumento musical podría aumentar hasta tres puntos el cociente intelectual de los niños

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El efecto de la música parece ser mayor cuanto menor sea la edad de la persona cuando comienza a tocar el instrumento y cuanto menor sea su estado de desarrollo cognitivo en el momento inicial. Científicos de la Universidad de Granada hallan nuevas evidencias de los beneficios que aporta tocar un instrumento sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico de niños y adolescentes, a través de la revisión y metaanálisis más actualizados hasta la fecha.
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Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han hallado nuevas evidencias de los beneficios que aporta tocar un instrumento sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico de niños y adolescentes, a través de la revisión y metaanálisis más actualizados hasta la fecha. Su trabajo, titulado ‘Please don’t stop the music: A meta-analysis of the cognitive and academic benefits of instrumental musical training in childhood and adolescence’, ha sido publicado en la revista de alto impacto Educational Research Review, una de las más importantes del mundo en el ámbito de las Ciencias de la Educación.

Los investigadores han cuantificado la magnitud de los cambios cognitivos que aporta la práctica musical, revelando que tocar un instrumento puede beneficiar un amplio número de capacidades mentales, como la memoria y la atención. En términos de inteligencia, tocar un instrumento llegaría a aumentar el cociente intelectual de niños y adolescentes hasta 3 puntos. Y aunque la mayoría de personas no se inician en esta actividad en busca de una mejora cognitiva, “un beneficio así debería entenderse como un preciado regalo, que añade más valor a una actividad que ya tiene valor en sí misma”, destacan los autores.

El interés por identificar actividades que potencien las capacidades mentales ha crecido en los últimos años. En nuestras sociedades las personas pueden elegir entre una gran cantidad de opciones de ocio, y la comunidad científica está trabajando para determinar cuáles de ellas podrían tener beneficios en aspectos clave de nuestra cognición, como el rendimiento escolar, la atención o la memoria.

Los investigadores de la UGR Rafael Román Caballero y Juan Lupiáñez Castillo, en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad McMaster (Canadá), han analizado cuantitativamente los resultados de todos los estudios disponibles en la temática, y aportan nuevas evidencias de que practicar música durante la infancia y la adolescencia tendría efectos positivos sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico.

Un debate habitual en este tipo de estudios es si las diferencias que se observan entre las personas que practican música y quienes son causa de implicarse en esta actividad. Por otro lado, las diferencias podrían ser el resultado de un sesgo de selección, es decir, que las personas con condiciones más favorables son las que acceden más a este hobby y la práctica musical no produciría ningún cambio cognitivo, las diferencias serían anteriores al inicio de la actividad. El metaanálisis sugiere la causalidad de este efecto, dado que todos los estudios incluidos siguieron un diseño longitudinal comparando a los grupos de participantes antes y después de aprender a tocar. El resultado se repite en el diseño estándar de oro para probar causalidad, los ensayos controlados aleatorizados.

Más impacto cuanto mayor sea el margen de mejora

El trabajo, además, ofrece otros resultados interesantes. En primer lugar, el efecto de la música parece ser mayor cuanto menor sea la edad de la persona cuando comienza a tocar el instrumento y cuanto menor sea su estado de desarrollo cognitivo en el momento inicial. Así, los cerebros más jóvenes y con mayor margen de mejora son los que podrían beneficiarse más. De hecho, el metaanálisis observó un mayor impacto de la práctica musical en los niños de ambientes más desfavorecidos.

También los autores encuentran que no todas las actividades musicales producen estas mejoras. Esto es algo que se ha observado con otras actividades con potencial cognitivo: “no todo vale”; es decir, no todas las versiones de esa actividad influyen de la misma manera. En el caso de la música, la evidencia con videojuegos musicales (como el famoso juego Guitar Hero) o simplemente con escuchar música o no hacerlo no parece ser tan clara.

“Parece que la capacidad estimuladora de aprender a leer partituras y lenguaje musical, sincronizar movimientos de manos y dedos, coordinarse con otras personas en la interpretación de una obra, y mucho más, son claves para este efecto”, apuntan los autores.
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Trabajo de referencia | Please don’t stop the music: A meta-analysis of the cognitive and academic benefits of instrumental musical training in childhood and adolescence. Rafael Román-Caballero, Miguel A. Vadillo, Laurel J. Trainor, Juan Lupiáñez. Educational Research Review. Volume 35, February 2022, 100436. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1747938X22000057
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ETIQUETAS • Sociedad • Infancia • Educación • Comunicación • Cerebro • Psicología • Música.....
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El ritmo musical tiene raíces evolutivas muy profundas y está presente en algunos animales

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Según un estudio sobre las bases biológicas de la música hecho en modelo murino, publicado en Psychonomic Bulletin & Review, realizado por Alexandre Celma-Miralles, investigador del Centro de Cognición y Cerebro y de la Universidad danesa de Aarhus, y Juan Manuel Toro, profesor de investigación ICREA del DTIC, dentro de un proyecto con la Fundación Bial.
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Los motivos musicales de una canción surgen de la disposición temporal de tonos discretos. Estos tonos normalmente tienen pocos valores de duración y se organizan en grupos estructurados para crear patrones métricos.

"Todos identificamos el ritmo de una canción que conocemos independientemente de si hay cambios en el volumen, el instrumento o la velocidad con que se toca. Esto es así porque el ritmo se organiza a partir de jerarquías métricas fácilmente reconocibles en la música", explica Alexandre Celma-Miralles, investigador del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) y del Centro para la Música en el Cerebro del Departamento de Medicina Clínica de la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

En un estudio, publicado en la revista Psychonomic Bulletin & Review, los autores exploran las raíces evolutivas de la organización rítmica. La investigación orma parte de un proyecto común con la Fundación Bial sobre las bases biológicas de la música.

Los autores del trabajo son Alexandre Celma-Miralles y Juan Manuel Toro, profesor de investigación ICREA del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) y coordinador del Grupo de Investigación Language and Comparative Cognition (LCC) en el CBC de la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

Los animales pueden identificar el ritmo de la canción

En el presente trabajo se muestra que la capacidad de detectar la estructura rítmica de una canción, mientras se ignoran los cambios en la superficie, también está presente en otras especies animales. Para ello, la parte experimental del trabajo consistió en familiarizar cuarenta roedores de la especie Ratus norvegicus con la segunda mitad de la canción "Cumpleaños Feliz". Seguidamente, los investigadores presentaron a los sujetos en experimentación dos versiones nuevas de la misma canción y analizaron la respuesta de las ratas a estos cambios.

"En una versión redujimos todas las notas de la canción a una sola nota, pero mantuvimos la estructura rítmica. En la otra versión, cambiamos la estructura rítmica, pero mantuvimos las notas", afirman los autores del trabajo.

Los investigadores observaron que las ratas identificaron la versión que mantenía el ritmo, pero no la versión que lo cambiaba (independientemente de los cambios en las notas). Esto demuestra que los animales eran sensibles al menos a algunas partes de la estructura rítmica de la melodía y pueden identificar el ritmo de la canción. Los resultados sugieren que los principios de organización rítmica que encontramos en la música pueden encontrarse en otros animales al igual que en humanos y que, por tanto, esta capacidad cognitiva debe tener unas raíces evolutivas muy profundas.
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Trabajo de referencia | Alexandre Celma-Miralles, Juan Manuel Toro (2020), "Non-human animals detect the rhythmic structure of a familiar tune", 14 de mayo, Psychonomic Bulletin & Review, https://doi.org/10.3758/s13423-020-01739-2
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ETIQUETAS • Sociedad, Ecología
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La percepción de la consonancia musical es inherente en los humanos y nos ayuda en el aprendizaje de patrones abstractos


La experiencia de la armonía en música, ausente en animales, parece ser fundamental para beneficiarse de la consonancia, como se desprende de los resultados del estudio los cuales ponen de manifiesto que los seres humanos aprendemos más fácilmente patrones abstractos con la ayuda de acordes consonantes placenteros que con acordes disonantes molestos.
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Conocer cuáles son los componentes inherentes a la especie humana en el procesamiento del lenguaje y de la música, constituye la línea de investigación que está llevando a cabo Juan Manuel Toro, profesor de investigación ICREA del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) y jefe del Grupo de Investigación en Lenguaje y Cognición Comparada (LCC) en el Centro de Cognición y Cerebro de la Universidad Pompeu Fabra, en el marco de la ayuda starting grant que le otorgó el Comité de Investigación Europeo para llevar a cabo el proyecto: "Biological Origins of Linguistic Constraints" (2013).

Juan Manuel Toro, conjuntamente con Paola Crespo Bojorque, miembro del Grupo de Investigación LCC, ha publicado el 14 de abril, en la edición avanzada de la revista Journal of Comparative Psychology, un trabajo en el que ha puesto de manifiesto que los humanos apreciamos la consonancia en el procesamiento de la armonía musical, un aspecto de la música que no pueden hacer otros seres vivos, como se ha evidenciado en modelo murino.

La consonancia musical es una experiencia placentera en humanos

La música es una de las manifestaciones más extendidas en todas las culturas a lo largo de la historia. En música, la armonía trata del estudio de los sonidos que se producen de manera simultánea, es decir, los acordes. En un intervalo armónico, dos sonidos que se escuchan a la vez pueden producir en el oyente dos sensaciones diferentes: consonancia y disonancia. Como explica Toro "un aspecto muy interesante es que los humanos tendemos a percibir como placenteros los acordes consonantes y como desagradables los disonantes".El diseño experimental de la investigación de Toro y Crespo ha consistido en varios experimentos de aprendizaje de patrones abstractos en modelo murino (Rattus norvegicus) en comparación con humanos, con estímulos musicales consonantes o disonantes.

La experiencia de la armonía en música, ausente en animales, parece ser fundamental para beneficiarse de la consonancia, como se desprende de los resultados del estudio los cuales ponen de manifiesto que los seres humanos aprendemos más fácilmente patrones abstractos con la ayuda de acordes consonantes placenteros que con acordes disonantes molestos. Por el contrario, en animales no humanos, se demuestra que la consonancia no tiene ningún efecto en el aprendizaje de patrones abstractos. Ellos aprenden los patrones con la misma facilidad con acordes consonantes y disonantes.
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Referencia | Crespo-Bojorque, P., & Toro, J. M. (2016), “Processing Advantages for Consonance: A Comparison Between Rats (Rattus norvegicus) and Humans (Homo sapiens)”, Journal of Comparative Psychology. Advance online publication. http://dx.doi.org/10.1037/com0000027, 14 de abril.
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Un estudio establece las bases neuronales del procesamiento del lenguaje musical en los seres humanos


La línea de investigación que está llevando a cabo Juan Manuel Toro, investigador ICREA del Centro de Cognición y Cerebro del DTIC e investigador principal del proyecto Biological Origins of Linguistic Constraints, gracias a la ayuda del Consejo Europeo de Investigación. El trabajo se ha publicado este mes de junio en la revista Neuropsychologia.
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Conocer cuáles son los componentes inherentes a la especie humana en el procesamiento del lenguaje y de la música, constituye la línea de investigación que está llevando a cabo Juan Manuel Toro, profesor de investigación ICREA del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) y jefe del Grupo de Investigación en Lenguaje y Cognición Comparada (LCC) en el Centro de Cognición y Cerebro (CBC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), en el marco de la ayuda starting grant que le otorgó el Consejo Europeo de Investigación para llevar a cabo el proyecto: Biological Origins of Linguistic Constraints (2013).

En música, la armonía trata del estudio de los sonidos que se producen de manera simultánea, es decir, los acordes. En un intervalo armónico, dos sonidos que se escuchan a la vez pueden producir en el oyente dos sensaciones diferentes: consonancia y disonancia. Como explica Juan Manuel Toro, investigador principal del proyecto, "un aspecto muy interesante es que los humanos tendemos a percibir como placenteros los acordes consonantes y como desagradables los disonantes”.

En estudios anteriores este mismo investigador puso de manifiesto que, los seres humanos aprendemos más fácilmente patrones abstractos con la ayuda de acordes consonantes placenteros que con acordes disonantes molestos. Por el contrario, en animales no humanos, se demuestra que la consonancia no tiene ningún efecto en el aprendizaje de patrones abstractos y que ellos aprenden los patrones con la misma facilidad con acordes consonantes y disonantes. Un nuevo estudio liderado por Juan Manuel Toro, hecho conjuntamente con Paola Crespo-Bojorque y Júlia Monte-Ordoño, miembros de su equipo, se acaba de publicar este mes de junio en la revista Neuropsychologia y presenta las bases neuronales de esta diferencia en la percepción de patrones abstractos entre humanos y otros seres vivos no humanos.

En este nuevo estudio, el diseño experimental consistió en presentar a músicos altamente entrenados y a oyentes no entrenados intervalos musicales compuestos por un acorde disonante y acordes disonantes interrumpidos por acordes consonantes. Participaron treinta y dos voluntarios, dieciséis de los cuales fueron músicos experimentados con varios años de entrenamiento musical formal en la música tonal occidental y la otra mitad de los participantes fueron no músicos.

Las respuestas neuronales relacionadas con los estímulos presentados (event related potential, ERP) que los autores registraron a través d’electroencefalografía (EEG) mostraron que los cambios en secuencias consonantes son fácilmente detectados, mientras que los cambios en secuencias disonantes no lo son.

Todavía más, añade Paola Crespo, primera autora del trabajo: “hemos visto que los músicos tienen respuestas más rápidas y más fuertes ante los cambios de consonancia y disonancia que las personas no familiarizadas con la música”, con lo cual se concluye a la luz de estos resultados que, el entrenamiento musical prepara al cerebro para detectar mejor estos cambios. De este modo “nuestro resultados muestran las bases neuronales que subyacen en las ventajas del procesamiento de la consonancia sobre la disonancia en los seres humanos”, explican los investigadores.
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Referencia bibliográfica | Paola Crespo-Bojorque, Júlia Monte-Ordoño, Juan M. Toro (2018), Early neural responses underlie advantages for consonance over dissonance, Neuropsychologia.
https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2018.06.005.
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• ETIQUETAS • Psicología • Neurología • Comunicación • Lenguaje •

Reducir el ruido en el hogar

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Los investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), César Asensio e Ignacio Pavón, enumeran en un artículo una serie de directrices para conseguir reducir el ruido en nuestros hogares.
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Lamentablemente, reducir el ruido en tu hogar no depende sólo de ti. Tú puedes adoptar algunas precauciones, y puedes realizar algunas actuaciones para minimizar el ruido, pero, en gran medida, dependes del comportamiento de otros. Por este motivo, enumeramos una serie de directrices, para que, entre todos, consigamos reducir el ruido en nuestros hogares.

Elige un barrio silencioso

Es casi imposible tener un hogar silencioso en un barrio ruidoso. Consulta el mapa de ruido de la ciudad. Evita el aeropuerto, trenes, calles con mucho tráfico o una parada de autobús bajo tu ventana. Consulta si se trata de una zona de marcha en fines de semana o en fiestas. Tus futuros vecinos, la prensa y tu ayuntamiento podrán ayudarte en este sentido.

Si ya vives en un barrio ruidoso, tendrás que organizarte, moverte y hacer llegar a las administraciones tus quejas. Las administraciones muchas veces no son conscientes de tu problema y no lo priorizarán si no les animas.

Fachada silenciosa

Mejor si los dormitorios están en la fachada menos expuesta al ruido de tráfico. A veces, evitar el ruido de tráfico nos puede llevar al ruido de parque infantil o piscina comunitaria. Valóralo, pero ten en cuenta que estas actividades suelen cerrarse por la noche.

Ventanas

La ventana es el elemento crítico que te aísla del ruido exterior, pero, claro, sólo cuando está cerrada. Mejor si hay poco ruido fuera, pero, en todo caso, un acristalamiento doble es bueno para el aislamiento térmico y acústico. Una ventana batiente, mejor que corredera. Cuida también el cajón de la persiana. Una doble ventana, es más incómoda, pero aporta más aislamiento, incluso con persiana.

Realimentación

Cuanto más ruido hagas, más ruido sufrirás.

Si subes mucho el volumen de tu música, tus vecinos subirán el de su tele para no oir tu música. Si no lo haces por respeto, hazlo para prevenir. El uso de auriculares puede ayudar, pero ojo con el volumen.

Enmascarar

Una música suave puede enmascarar otros tipos de sonido más esporádicos y de menor nivel. Puede ayudarte a concentrarte, relajarte.

Sellar puertas y ventanas

Cualquier pequeña abertura supone un debilitamiento del aislamiento. Un buen sellamiento de puertas y ventanas puede ayudar a corregir esta situación, por ejemplo con un burlete.

Etiqueta energética

El etiquetado energético incluye información sobre el ruido que emiten los electrodomésticos. Tenlo en cuenta y elige aquellos aparatos más silenciosos. Lo mismo aplica a los neumáticos de su coche.

Ruido de impactos

Cuidado con el arrastre de mobiliario. Utiliza materiales como el fieltro adhesivo en las superficies de mobiliario en contacto con el suelo. Las alfombras son una buena solución para amortiguar pisadas. Evita dar saltos en casa. Utiliza protectores anti-golpes en el interior de las puertas de armarios y cajones.

La vía amistosa

A veces tu vecino no es consciente de que te está molestando (en su casa no suena tanto, o hay otros sonidos que lo enmascaran). No pasa nada por hablarlo. Conocer el problema es el primer paso en la búsqueda de soluciones.

Justicia y empatía

Si un ruido es inevitable, o si demostramos interés en reducir su duración e intensidad, resultará menos molesto para los que lo soportan.

Respeta horarios nocturnos y las mañanas del fin de semana. Avisar por adelantado a los vecinos también puede ayudar a que el mismo ruido sea menos molesto. Si se va a extender en el tiempo, consulta si molestas, discúlpate y pon de tu parte para solucionarlo.
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ETIQUETAS • Sociedad, Psicología
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Las canciones románticas modifican la temperatura del cuerpo

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Científicos de la Universidad de Granada (España) y la universidad de La Frontera (Chile) determinan mediante técnicas de termografía lo que sucede cuando parejas actuales y recientes escuchan "su canción".
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Científicos de la Universidad de Granada (UGR), en colaboración con la Universidad de La Frontera (Chile), han analizado el impacto emocional que tienen las canciones románticas favoritas de una pareja sobre los miembros de esta, utilizando para ello técnicas de termografía infrarroja.

Los resultados de su investigación apuntan que, cuando una pareja reciente (menos de seis meses de relación) escucha la que consideran “su canción”, se produce un enfriamiento a nivel corporal (activación simpática), sobre todo en la punta de la nariz, ambas mejillas, la frente en el lado izquierdo y derecho y la punta del dedo corazón de la mano dominante.

Sin embargo, en aquellas parejas con altos niveles de unión y satisfacción, más estables, escuchar su canción produce un calentamiento corporal en estas mismas partes, que es mayor cuanto más unidos están.dominante.

Los investigadores, pertenecientes al CIMCYC (Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento), también han determinado las diferencias que se producen en la temperatura de la piel en exparejas cuando escuchan su canción romántica.

“Así, en aquellas personas que añoran a una expareja, escuchar su canción produce enfriamiento o un calentamiento mayor que el que produce su actual canción romántica con su pareja actual.

De este modo, la reacción térmica de la piel a “nuestra canción” se convierte en un buen indicador de la satisfacción de pareja, y nos podría permitir averiguar con un criterio objetivo (la temperatura del cuerpo) si añora a su ex o lo quiere más que a su actual pareja; si la quería de otro modo (más pasional) o si el vínculo ya se apagó (cuando no se producen cambios térmicos)”, explica Emilio Gómez Milán, investigador del Laboratorio de Termografía del CIMCYC.

Para realizar este estudio (que en la actualidad continúa en el CIMCYC), los investigadores de la UGR piden a parejas y a exparejas que escuchen su canción, para medir la temperatura de su cuerpo y registrar los cambios que se producen en ella. También miden mediante cuestionarios la satisfacción de pareja, y cómo de unidos se sienten.

Gómez Milán destaca que la música tiene un fuerte impacto emocional en las personas. “Los sentimientos causados por la música se pueden activar la primera vez que oímos una canción (nos gusta mucho o poco), pero se potencian con la repetición, al oírla muchas veces. Por eso tenemos canciones favoritas”.

Además, las experiencias vitales y los recuerdos emocionales con frecuencia se asocian a una canción: por eso, las parejas suelen tener una canción romántica favorita, a la que llaman “nuestra canción”. La que sonaba cuando se conocieron, o cuando bailaron por primera vez.

¿Cuánto nos gusta una canción?

La termografía emocional empleada por los científicos del Laboratorio de Termografía del CIMCYC mide las emociones que siente una persona por los cambios térmicos de la piel al ver una foto de la persona amada, al dar o recibir un beso o una mirada, al mentir y también al oír música. “Con la termografía infrarroja también podemos medir cuanto nos gusta una canción la primera vez que la escuchamos”, señala Jesús Fernández, otro investigador de la UGR que participa en este estudio.

Así, los científicos también pidieron a los participantes en el marco de este estudio escuchar canciones de diferentes estilos por primera vez, e indicar de 1 a 10 cuanto les gusta. Las canciones 10 (sobresaliente, sus favoritas) les produjeron una fuerte activación del sistema nervioso autonómico, dando lugar a una respuesta de “frío” con vasoconstricción (estrechamiento fisiológico de los vasos sanguíneos por contracción del músculo liso vascular) y piloerección (el efecto ‘piel de gallina’), que se traduce en un descenso térmico de la temperatura en la cara, sobre todo en la nariz y en las manos.

Las canciones Notable (con 7 de media), sin embargo, producen un incremento térmico en cara y manos (“dan calorcito, por activación dominante parasimpática”, señalan los autores), mientras que las canciones neutras o que no nos gustan apenas producen cambios térmicos, o estos son aleatorios.

En los últimos años, este mismo equipo de investigación de la UGR ha aplicado la termografía al campo de la Psicología, determinando, por ejemplo, el conocido como “efecto Pinocho” (según el cual la punta de la nariz varía su temperatura cuando una persona miente), logrando medir objetivamente el duende flamenco de los bailaores o los distintos tipos de amor que existen.
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ETIQUETAS • Psicología, Sociedad
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La percepción musical, ¿nace o se hace?


Tema sobre el cual Juan Manuel Toro (ICREA) y Carlota Pagès Portabella, investigadores del Centro de Cognición y Cerebro, han publicado en la revista Psychophysiology como parte de un proyecto H2020 que están llevando a cabo con la Fundación BIAL para comprender las bases neuronales de la cognición musical.
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Desde una perspectiva general, la armonía en música es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, a consecuencia de la cual se experimenta una sensación de placer. “Cuando escuchamos música, cada sonido que oímos nos ayuda a imaginar qué vendrá a continuación. Si se cumple lo que esperábamos, nos sentimos satisfechos. Pero si no se cumple, puede ser que nos sorprenda agradablemente o que nos parezca molesto”, comenta Carlota Pagès Portabella, investigadora del Grupo de Investigación en Lenguaje y Cognición Comparada (LCC) en el Centro de Cognición y Cerebro (CBC).

Un trabajo de Juan M. Toro director del LCC y profesor de investigación ICREA del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y Carlota Pagès Portabella, publicado en la revista Psychophysiology, ha estudiado la percepción musical humana comparando cómo reacciona el cerebro cuando las secuencias musicales percibidas no terminan como serían de esperar. El estudio forma parte de un proyecto europeo internacional H2020 que el CBC está llevando a cabo con la Fundación BIAL con el objetivo de comprender las bases de la cognición musical.

Los resultados del estudio han revelado que, aunque la percepción musical es universal, el entrenamiento musical modifica la percepción. Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron mediante registros de encefalografía qué ocurría en los cerebros de 28 personas, con formación musical y sin formación, cuando escuchaban melodías con diferentes tipos de finales inesperados.

Una respuesta específica ante cualquier irregularidad

En primer lugar, estos investigadores han puesto de manifiesto que, con independencia de la formación musical que tengan los sujetos en investigación, el cerebro produce ante cualquier irregularidad en las secuencias musicales una respuesta específica denominada negatividad anterior derecha temprana (ERAN, del inglés early right anterior negativity). Además, los autores han observado que las personas sin formación musical no distinguen entre un final simplemente inesperado de uno musicalmente inaceptable. Sin embargo, los participantes con formación musical cuando oyeron un final completamente inaceptable desde el punto de vista armónico, su cerebro experimentó una respuesta más fuerte que cuando se les presentaron finales simplemente inesperados.

Estos resultados demuestran que, mientras la percepción musical es una experiencia bastante universal, el entrenamiento musical modifica la manera en que los seres humanos percibimos la música. El cerebro de los músicos distingue entre diferentes tipos de irregularidades musicales que los oyentes sin entrenamiento no diferencian.
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Trabajo de referencia | Carlota Pagès-Portabella, Juan M. Toro (2019), “Dissonant endings of chord progressions elicit a larger ERAN than ambiguous endings in musicians”, Psychophysiology, 2019;00:e13476. https://doi.org/10.1111/psyp.13476
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¿Qué mecanismos neurológicos se activan cuando bailamos?


La danza activa los circuitos neuronales motores y sensoriales a la vez que la música estimula los centros de recompensa del cerebro. La danza estimula la atención, la memoria, la coordinación y la conciencia espacio-temporal. Bailar es beneficioso para nuestra salud, pero también puede serlo para quien padece una patología neurológica.
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Fue en 1982 cuando la UNESCO estableció el día 29 de abril como el Día Internacional de la Danza, un rasgo propio de la especie humana que no se presenta de igual forma en ningún otro ser vivo. Gracias al avance de las técnicas de neuroimagen, se ha empezado a estudiar cómo el ser humano es capaz de controlar los pasos en un espacio concreto, cómo somos capaces de aprender coreografías complejas o cómo podemos seguir el ritmo.

“Aunque queda mucho por seguir estudiando, las investigaciones que se han hecho al respecto han determinado que la danza, desde el punto de vista neurológico, es un proceso complejo en el que se activan circuitos neuronales motores y sensoriales a la vez que la música estimula los centros de recompensa del cerebro”, explica el Dr. Pablo Irimia, Vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN). “Además se ha determinado que mientras unas áreas del cerebro se encargan de la orientación corporal y nos permiten movernos en el espacio en la dirección adecuada, existen otras que hacen que podamos sincronizar nuestros movimientos con la música”.

En este sentido, diferentes técnicas de neuroimagen han identificado varias regiones del cerebro implicadas en este proceso: en el lóbulo frontal se produce la planificación del movimiento; la corteza premotora y el área motora suplementaria se encargan de nuestra posición espacial y de permitirnos recordar acciones anteriores; la corteza motora primaria envía instrucciones a los músculos; mientras que el cerebelo y los ganglios basales nos mantienen en equilibrio y permiten la sincronización del movimiento.

La danza, también para quien padece una patología neurológica

El movimiento coordinado de las partes del cuerpo y la alineación corporal adecuada favorecen el funcionamiento correcto de los distintos sistemas del organismo, en especial del sistema nervioso que es el encargado, entre otras cosas, de crear los procesos necesarios para producir movimiento.

“Cuando bailamos o hacemos otro tipo de ejercicio físico, estamos trabajando y estimulando diferentes áreas del cerebro. Y en el paciente neurológico algunos estudios han observado un doble beneficio del baile: por un lado el efecto positivo que tiene la realización de ejercicio físico, como en cualquier persona sana, y por otro estimular las áreas del cerebro que facilitan el equilibrio y la coordinación del movimiento”, señala el Dr. Pablo Irimia.

El ejercicio físico que se realiza al bailar podría contribuir a reducir el riesgo de desarrollar enfermedades como hipertensión, diabetes, depresión, obesidad y ayudaría a reducir el estrés. Por lo tanto, el baile podría disminuir el riesgo de diferentes enfermedades neurológicas como el ictus o la demencia tanto de tipo Alzheimer como demencia vascular.

Además, puesto que las alteraciones motoras son uno de los síntomas más importantes y que más afectan a la calidad de vida en muchas de las enfermedades neurológicas, algunos expertos sostienen que la danza puede ayudar en la rehabilitación de patologías como la enfermedad de Parkinson en fases iniciales, y reducir el riesgo de caídas en las personas mayores.
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La música mejora las técnicas de aprendizaje de una segunda lengua


Investigadores de la Universidad de Huelva han analizado los efectos que provoca la utilización de actividades didácticas guiadas por canciones y videoclips en el conocimiento de otro idioma.
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Investigadores del Departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Huelva han demostrado que los estudiantes de una segunda lengua mejoran sus habilidades comunicativas en ese idioma empleando actividades guiadas por la música durante su aprendizaje. Además, el uso de estas herramientas incrementa sus competencias interpersonales y de colaboración con el resto de compañeros, además de reforzar la tolerancia y empatía hacia los demás en situaciones donde una persona necesita expresarse.

En concreto, los expertos se han basado en las experiencias de aprendizaje de idiomas mediadas. Se trata de un decálogo denominado MeLLE que recopila los parámetros que debe presentar la función mediadora en el aula, es decir, qué factores son necesarios para que un alumno adopte este rol y facilite la comunicación entre emisor y receptor. El objetivo es evaluar indicadores como la motivación por parte del alumno, su implicación, la tolerancia y la escucha activa, todas ellas relacionadas con el componente afectivo mientras se aprende un idioma. De este modo, según los investigadores, se reduce la sensación de estrés, bloqueo, miedos que surgen a la hora de hablar en público en otra lengua.

Para ello, se han centrado en aquellas acciones donde la música es el método central de la enseñanza de esta segunda lengua con el fin de verificar si son idóneas durante el periodo de aprendizaje y cómo influye en la mediación. “La diferencia de un traductor y un mediador es que el primero debe transmitir el mensaje literal del emisor al receptor, mientras que el mediador lo facilita. No se espera que sea una traducción exacta”, explica a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Huelva Esther Cores-Bilbao, autora del estudio.

Así, los investigadores han corroborado que este nuevo indicador juega un papel esencial y se evalúan destrezas del alumnado que van más allá de las cuatro habilidades básicas del lenguaje: lingüísticas, escritura, compresión lectora y escucha activa, como recogen en el estudio titulado ‘A Music-Mediated Language Learning Experience: Students’ Awareness of Their Socio-Emotional Skills’, coordinado por la catedrática Carmen Fonseca de la Universidad de Huelva y publicado en la revista Frontiers in Psychology, “Estas experiencias implican un cambio socioemocional en el alumnado, centrándose en los demás, en sus necesidades e intereses, al tratar de ayudarlos a comprender textos, conceptos o facilitar la comunicación con sus compañeros”, asegura la autora del estudio.

Para ello, diseñaron e implementaron un cuestionario denominado Music-MeLLE en un aula de estudiantes adultos y les pidieron que se autoevaluaran sobre diversas cuestiones relacionadas con su capacidad de mediación y su estado anímico. “Un mediador es un ayudante muy necesario para quienes tienen dificultades a la hora de comprender textos, conceptos o para comunicarse en un idioma o cultura extranjera. Es un puente entre los interlocutores y sobre esta figura queríamos enfocar nuestro trabajo, una habilidad que se valorará a partir de ahora mientras se aprende un idioma”, comenta Cores-Bilbao.

Este estudio se centra en el cambio de paradigma encabezado por el Marco Común Europeo para el Volumen Compañero de Idiomas (MCER / CV), ya implantado en las Escuelas Oficiales de Idiomas, y las repercusiones que tendrá para la didáctica de idiomas extranjeros, ya que las tareas cooperativas se vuelven centrales para el aprendizaje de otras lenguas.

Según los expertos, el resultado más evidente se observó en las habilidades de mediación textual, es decir, en la capacidad del alumno para interpretar con palabras lo que ve en imágenes. “No se trata de ser traductores de quienes no tienen tanta soltura con el idioma, sino de facilitar su comprensión y ayudarles a hacerse entender”, explica la experta.

Canciones y videoclips musicales

Para medir los resultados de este análisis, participaron medio centenar de estudiantes adultos que se inscribieron en un curso intensivo de inglés durante el año académico 2018-2019 en una escuela de idiomas. De diferentes nacionalidades -española, letona, turca, francesa, mexicana y eslovaca-, su nivel de competencia en inglés variaba entre el A2 y el C1. Asimismo, su perfil se correspondía con personas multilingües: el 43.2% hablaba dos idiomas, el 31.8% tres y el 25% más de tres.

De este modo, los estudiantes tuvieron que seleccionar un vídeo musical moderno y describir sus elementos audiovisuales y textuales, así como discutir cómo podrían usar las características típicas de canciones y videoclips para transmitir mensajes educativos. Al mismo tiempo, se les pidió que publicaran una entrada en el blog recomendando temas que contengan mensajes positivos o que puedan ayudar a desarrollar la competencia lingüística de los estudiantes de idiomas extranjeros. “La finalidad de estas actividades era medir su grado de mediación y comprobar su capacidad de expresión oral”, matiza Cores-Bilbao.
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Referencia | Esther Cores-Bilbao; Analí Fernández-Corbacho, Francisco H. Machancoses and M. C. Fonseca-Mora: ‘A Music-Mediated Language Learning Experience: Students’ Awareness of Their Socio-Emotional Skills’. Front. Psychol., Octubre de 2019.
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