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La carga emocional de las palabras no se entiende del mismo modo por todas las personas

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Un estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV) revela que la personalidad, la edad y el género influyen en la manera como procesamos palabras con carga emocional.
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Por qué no todos sentimos lo mismo al leer una misma palabra

¿Por qué una misma palabra puede generar emociones muy distintas según quien la lea? Un estudio liderado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en colaboración con la Universidad Complutense y la Universidad Nebrija de Madrid, aporta nueva luz sobre esta pregunta. Publicado en la revista Scientific Reports, el trabajo muestra que la personalidad, la edad y el género influyen en cómo percibimos palabras que expresan emociones como miedo, tristeza, asco, alegría o ira.

El estudio utilizó la “Tarea de decisión léxica” (Lexical Decision Task), en la que más de 900 participantes debían decidir rápidamente si una cadena de letras era una palabra real o no. Se analizaron 7.500 palabras en español, muchas de ellas con claras connotaciones emocionales. Durante la prueba se registraron los tiempos de reconocimiento y se recopilaron datos de personalidad (siguiendo el modelo de los cinco grandes rasgos: extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad, responsabilidad y estabilidad emocional), además de edad y género de los participantes.

Los resultados mostraron que la “valencia emocional” —el valor afectivo de una palabra— influye en su reconocimiento: palabras positivas como amor se identifican más rápido que las neutras (tecla), mientras que las negativas (pena) tardan más. Sin embargo, la “activación” (la intensidad emocional que provoca la palabra) matiza este efecto: palabras negativas muy intensas como asesinar se reconocen más rápido que otras negativas menos activas, como aburrimiento. En palabras positivas, una activación elevada (euforia) puede incluso ralentizar su procesamiento respecto a las de baja activación (dormir).

Uno de los hallazgos más relevantes es que no todas las personas procesan igual las palabras cargadas de emoción. Por ejemplo, los hombres reconocieron más rápido que las mujeres palabras asociadas al miedo, como bomba o matar, probablemente porque el miedo activa respuestas rápidas ante amenazas. En cambio, en las mujeres este efecto no se observó, posiblemente debido a diferencias en socialización y estrategias de afrontamiento.

La tristeza también mostró patrones distintos: los hombres tardaban más en procesar palabras como desamor o depresión, mientras que las mujeres no presentaban esta dificultad. Esto podría reflejar menor familiaridad con el lenguaje de la tristeza en los hombres.

Respecto al asco, personas con baja amabilidad, baja apertura a la experiencia o alta responsabilidad tardaban más en reconocer palabras como vomitar o pus, lo que sugiere que estas emociones captan más su atención y ralentizan el procesamiento.

En el caso de la alegría, el patrón fue más complejo. Palabras como fiesta se reconocían más rápido en mujeres y jóvenes, mientras que los hombres y personas mayores mostraban más dificultad. Esto podría deberse a que, con la edad, el vocabulario positivo se amplía y aumenta la competencia léxica, haciendo que el reconocimiento sea más costoso. Las diferencias de género podrían reflejar que, según estudios previos, las mujeres experimentan alegría con mayor frecuencia que los hombres.

"Estos resultados muestran que no existe una manera universal de entender las palabras emocionales: cómo las percibimos depende de la historia y características de cada persona", explica Juan Haro, investigador del Departamento de Psicología de la URV. "Esto tiene implicaciones importantes para la psicología, la publicidad, la educación y la comunicación, ya que subraya la necesidad de adaptar los mensajes emocionales al público”, añade Pilar Ferré, también participante en el estudio.
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Trabajo de referencia | Haro, J., Hinojosa, J. A., & Ferré, P. (2025). The influence of individual differences in the processing of words expressing discrete emotions: Data from a large-scale study. Scientific Reports, 15, 25036. https://doi.org/10.1038/s41598-025-10310-9
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¿Por qué nos creemos las mentiras?

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Creer en las mentiras puede ser más fácil si vienen con beneficios… y de un amigo.
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Un estudio publicado en la revista JNeurosci revela que las personas son más propensas a creer una mentira cuando esta se presenta en un contexto de ganancia, sobre todo si quien la dice es un amigo.

La investigación, liderada por Yingjie Liu en la North China University of Science and Technology, analizó mediante neuroimagen la actividad cerebral de 66 voluntarios durante interacciones cara a cara a través de pantallas. Los científicos observaron que, en escenarios de ganancia, los participantes mostraban mayor credulidad y una intensa actividad en zonas del cerebro vinculadas con la recompensa y la interpretación de intenciones.

El efecto fue aún más marcado entre amigos: sus cerebros se sincronizaban en áreas relacionadas con la recompensa cuando la mentira implicaba beneficios, y en regiones de evaluación del riesgo cuando la situación era de pérdida. Esa “actividad compartida” incluso permitió predecir si alguien sería engañado con éxito.

Según los autores, la combinación de confianza y búsqueda de beneficios puede disminuir nuestra capacidad para detectar engaños, lo que explicaría por qué somos más vulnerables a las mentiras de quienes más queremos.
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FUENTE • Agencia SINC.....
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Para aprender nuevas palabras a veces es mejor escuchar

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Un estudio científico del BCBL concluye que la repetición en voz alta de nuevos términos no es siempre la mejor técnica de aprendizaje. Los resultados, publicados en la revista Language, Cognition and Neuroscience, pueden ayudar a desarrollar programas de educación más eficientes.
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Cuando alguien escucha por primera vez un concepto o el nombre de una persona, la fórmula más extendida de aprender esta nueva palabra es repetirla en voz alta. Sin embargo, los efectos que esta producción casi simultánea tiene en nuestra capacidad para aprender nuevos términos han resultado ser contradictorios en los estudios realizados hasta ahora.

En este sentido, una nueva investigación llevada a cabo por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) concluye que esta repetición de palabras para adquirir nuevo vocabulario puede tener efectos negativos en el aprendizaje, sobre todo cuando esta se realiza de forma inmediata; mientras que la escucha de esa misma palabra o hacer una pausa entre la recepción y la producción de la palabra puede ser más efectiva para aprenderla.

Para llegar a esta afirmación, los expertos de BCBL han analizado en más de 300 personas voluntarias los mecanismos cognitivos involucrados en el procesamiento del lenguaje, poniendo el foco en cómo somos capaces de reconocer un término recién integrado en nuestro léxico mental.

"En este estudio hemos medido cómo repetir o no repetir en voz alta, de manera inmediata, una nueva palabra puede afectar al aprendizaje; es decir, qué impacto tiene realmente esta técnica de estudio en la integración a nuestro sistema léxico de un concepto que acabamos de escuchar para después poder reconocerlo", subraya Efthymia Kapnoula, investigadora de BCBL al frente del proyecto.

Sesiones de entrenamiento

Los participantes que han ayudado a los investigadores de BCBL a tener los datos necesarios para llevar a cabo este estudio se han sometido a diferentes pruebas y sesiones de entrenamiento para comprobar cuál es la mejor manera de estudiar una palabra inédita.

Así, en una primera fase del proyecto, se emplearon técnicas de eye-tracking para observar en tiempo real si repetir o no una palabra aprendida y oída previamente tenía efectos negativos o positivos en la integración de la misma en el sistema léxico mental.

"En este primer experimento vimos que la repetición tenía un ligero efecto positivo al principio, pero su impacto al final era negativo", añade Kapnoula.

Mientras tanto, en una segunda fase, se emplearon términos más largos en el entrenamiento y se modificaron después algunos de los sonidos, como la "s" por la "f", para testar hasta qué punto los mecanismos cognitivos eran capaces no solo de integrar la palabra, sino también de recalibrar la percepción sonora del habla para reconocer la palabra correcta.

En este segundo entrenamiento además los participantes se dividieron en cuatro grupos diferentes: algunos tan solo tenían que escuchar la palabra para aprenderla, otros tenían que repetirla nada más oírla, otros repetirla dos segundos después de oírla y un último grupo tenía que repetirla hasta cuatro segundos después.

Según los expertos de BCBL, las diferentes fórmulas ayudaron a determinar que el efecto negativo de la repetición de palabras en el estudio se debe al solapamiento en el tiempo entre la producción y la codificación cerebral de la palabra.

"Cuando una persona repite una palabra inmediatamente después de escucharla, dedica unos recursos cognitivos en preparar la producción que no puede emplear para codificar profundamente esa palabra. En contraste, si la producción se retrasa unos segundos, se evita este solapamiento y se puede realizar un aprendizaje y una codificación más profunda", explica la investigadora de BCBL.

Los resultados, publicados en la revista Language, Cognition and Neuroscience, además de aumentar el conocimiento sobre los mecanismos cognitivos implicados en el aprendizaje de palabras, pueden ayudar también a desarrollar programas de educación más eficientes.

"Entender estos mecanismos cognitivos nos puede enseñar cómo usar la repetición más eficientemente en contextos educativos. Por ejemplo, el profesorado puede animar a sus alumnos y alumnas a que repitan una nueva palabra la primera vez que la escuchen, pero después de este primer encuentro los procesos de aprendizaje deberían enfocarse más en la escucha y no en la producción", concluye Kapnoula.

Financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, el proyecto de BCBL podría en un futuro abrir nuevas líneas de investigación para comprobar el impacto que puede tener añadir un mayor período de pausa, hasta un día de descanso por ejemplo, entre la escucha y la producción para un mejor aprendizaje.
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Sobre el BCBL | Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno Vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
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¿Por qué resulta más fácil entender una lengua extranjera que hablarla?

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Una investigación del BCBL analiza la diferente ubicación en los hemisferios cerebrales de las funciones del habla, la comprensión auditiva y la lectura. El estudio permitirá profundizar en las posibles consecuencias para la producción lingüística de una enfermedad o accidente que afecte una zona cerebral concreta. Las conclusiones de la investigación, que se ha prolongado durante 7 años, acaban de ser publicadas en la prestigiosa revista The Journal of Neuroscience.
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Si tienes la impresión de que te resulta más fácil llegar a entender una lengua extranjera que hablarla correctamente no te equivocas, es un fenómeno habitual, pero lo que posiblemente desconozcas son las razones que determinan este hecho. Un estudio llevado a cabo por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) revela que la mayor facilidad para la comprensión auditiva y lectora de una lengua foránea respecto al habla tiene relación con la lateralización hemisférica de esas funciones lingüísticas en el cerebro.

Desde mediados del siglo XIX se sabe que algunas funciones cognitivas están lateralizadas, es decir, que se sitúan en uno de los hemisferios cerebrales, sin embargo, el lugar exacto en el que se posiciona cada una de ellas o si se produce flexibilidad entre ambos hemisferios sigue siendo una incógnita en la mayoría de casos.

En este contexto, el BCBL ha llevado a cabo la investigación de neuroimagen “Converging evidence for differential specialisation and plasticity of language systems”, que se ha centrado en el estudio de los cambios de laterización de funciones del cerebro durante la realización de diferentes tareas lingüísticas como la lectura, el habla o la escucha en la lengua nativa de un hablante en comparación con una lengua extranjera que esa persona estuviera aprendiendo.

“Uno de los principales hallazgos de esta investigación es la demostración de que el hemisferio izquierdo es clave para los tres sistemas lingüísticos (habla, lectura, escucha) en la lengua nativa, sin embargo, cuando analizamos el aprendizaje de una lengua extranjera en adultos esta condición (la lateralización de la función en el hemisferio izquierdo) se mantiene en el habla, pero cambia en la lectura y en la comprensión auditiva. Para estas dos últimas tareas hay una mayor flexibilidad, es decir, se reclutan recursos de ambos hemisferios del cerebro. Esto puede explicar por qué es más difícil aprender a hablar un nuevo idioma que entenderlo a un nivel muy alto. Se emplean más recursos cerebrales para la comprensión oral y escrita que para el habla”, asegura la investigadora del BCBL Kshipra Gurunandan.

De acuerdo con el estudio, en las primeras etapas del aprendizaje de lenguas extranjeras, los sistemas del lenguaje activan la misma región cerebral (hemisferio izquierdo), pero, a medida que aumenta la competencia de la nueva lengua adquirida, se observan cambios en la comprensión lectora y auditiva, que no se producen en el habla.

“Los cambios en cuanto a función cerebral mas notables se asociaron con la lectura y, en menor medida en la escucha o comprensión auditiva. Casi no hubo cambios al hablar. Estos cambios fueron más acusados en adolescentes que en adultos, aunque en ambos casos siguiendo el mismo patrón”, precisa por su parte Kepa Paz-Alonso, investigador senior del estudio.

La investigación ha permitido descubrir que el aprendizaje de idiomas en la edad adulta se asocia al concepto de plasticidad cerebral funcional -la capacidad del cerebro de transformarse- en el campo de la comprensión de la lengua, pero no para la producción o habla.

“Estos resultados nos ayudan también a comprender mejor cómo se organiza el lenguaje en el cerebro y cuáles pueden ser las consecuencias sobre los diferentes sistemas lingüísticos de un accidente, un traumatismo o una enfermedad que afecte un área cerebral concreta, así como su posible recuperación”, añade Gurunandan.

El estudio, que ha sido publicado en la prestigiosa revista científica The Journal of Neuroscience, se ha prolongado durante 7 años, desde el diseño inicial a la publicación del trabajo, y ha contado con la participación de 50 voluntarios de entre 17 y 60 años.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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El cerebro, una radio que sintoniza mejor con las emisoras que conoce

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Un nuevo estudio del BCBL concluye que la sincronización entre las regiones auditivas de la corteza cerebral y la señal sonora del habla mejora cuanto más elevada sea la competencia lingüística. Comprender los mecanismos cognitivos involucrados en el procesamiento de un idioma puede ayudar a entender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia.
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Al igual que una radio sintoniza con una emisora para escuchar una frecuencia determinada, nuestro cerebro también es capaz de sincronizarse con las ondas sonoras emitidas por el hablante para extraer la información lingüística. Este mecanismo cerebral, que varía según las palabras, sílabas o frases que empleamos, nos permite interactuar con otras personas y extraer los datos necesarios para comunicarnos. Sin embargo, hasta el momento se desconocía si esta sincronización dependía también del conocimiento del idioma en el que hablábamos.

Para dar respuesta a esta pregunta, el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) puso en marcha un estudio que ha durado cinco años y ha sido publicado este 2021 en la prestigiosa revista neurocientífica Cerebral Cortex. Su objetivo ha sido determinar si la sincronización entre el habla y la actividad cerebral depende del nivel de aprendizaje de un idioma.

“La actividad neuronal en regiones auditivas es capaz de sincronizarse con el habla para extraer la información de la señal, de la misma forma que una radio se sincroniza con las ondas para escuchar la frecuencia que marcamos”, explica Mikel Lizarazu, experto del BCBL que ha trabajado en el proyecto.

Para averiguar si existía una relación entre la sincronización de la señal del habla en nuestro cerebro y el nivel de comprensión del idioma del hablante, el centro vasco reclutó a diferentes participantes bilingües; personas hablantes nativas de castellano que estaban aprendiendo euskera en tres niveles diferentes del Euskaltegi BAI&BY: principiante, intermedio y avanzado. Mediante técnicas de neuroimagen, los responsables de la investigación analizaron cómo varía la sincronización entre habla y cerebro con el aprendizaje de un segundo idioma, en este caso el euskera, escogido por sus semejanzas fonológicas con el castellano.

“Utilizamos la técnica de la magnetoencefalografía (MEG) para registrar la actividad cerebral de los participantes mientras escuchaban hablar en castellano y euskera”, añade Mikel Lizarazu. Estos estímulos orales se grabaron previamente y los participantes los escucharon en la prueba de MEG a través de altavoces. “Las palabras eran de la misma persona, con una competencia alta en ambos idiomas. Esto es importante para que el tono en las dos lenguas sea parecido”, comenta el investigador del BCBL.

Con el apoyo de los algoritmos

Los investigadores consiguieron en total datos cerebrales de 13 participantes por cada nivel de aprendizaje. Mediante algoritmos avanzados, calcularon el nivel de sincronización entre la señal del habla y la actividad cerebral de los estudiantes para cada idioma. Después compararon los valores de sincronización entre los diferentes lenguajes y niveles de comprensión de los estudiantes.

“Observamos que los valores de sincronización en las regiones auditivas eran mayores para el castellano en general. También vimos que la sincronización era más fuerte para los estudiantes de mayor nivel en el caso del euskera, mientras que en el castellano no se apreciaban esas variaciones”, recuerda el experto.

Estas evidencias indicaron a los investigadores que la comprensión de un segundo idioma, en este caso el euskera, está relacionada con el grado de sincronización entre la señal del habla en esa lengua y la actividad cerebral. “Vimos diferencias cuando los participantes escuchaban hablar euskera. Al subir la competencia del idioma, la sincronización del cerebro con el euskera también mejoraba”, precisa el experto.

Por último, averiguaron que las regiones de las áreas temporales, frontales y motoras del cerebro controlaban y modulaban la sincronización al habla en las regiones auditivas. “Cuanto mayor era la conectividad entre estas regiones y la corteza auditiva, mayor era la sincronización entre habla y cerebro en las regiones auditivas”, precisa Mikel Lizarazu.

Conocer cómo funcionan estos mecanismos cerebrales involucrados en el procesamiento y el aprendizaje de un idioma es básico para llegar a comprender las causas neurológicas de distintos trastornos del lenguaje como la dislexia. Por ejemplo, otros estudios del equipo del BCBL han demostrado que en niños y adultos con dislexia la sincronización entre el habla y la actividad cerebral es menor comparada a la de lectores sin este trastorno.

Además, estos conocimientos pueden ayudar a desarrollar tratamientos no invasivos que permitan entrenar el cerebro para mejorar el aprendizaje de una lengua y evitar este tipo de trastornos. Para ello, el BCBL colabora activamente con la clínica vasca Neure, con la idea de trasladar a la sociedad parte del conocimiento generado en estos desarrollos científicos.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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A vueltas con el bilingüismo, ¿supone una protección frente al deterioro cognitivo?

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El BCBL lidera una investigación que busca demostrar si el conocimiento de varias lenguas mejora las funciones ejecutivas del cerebro y puede servir como protección ante el deterioro causado por la edad o las enfermedades neurodegenerativas. La principal novedad de este estudio es un enfoque centrado en múltiples variables, ya que los participantes contarán con distinto nivel formativo y se enfrentarán a tareas visuales y auditivas de diferente grado de dificultad.
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Las funciones ejecutivas del cerebro como la toma de decisiones, la memoria de trabajo o la planificación son vitales para el desarrollo de tareas básicas del día a día, pero empeoran de forma significativa con el paso de los años. Este fenómeno se agudiza en las personas que sufren enfermedades neurodegenerativas. Por eso, identificar los factores que pueden reducir el deterioro de las habilidades cognitivas resulta clave para el conocimiento científico y para la mejora de la calidad de vida de las personas.

El centro de investigación Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) lidera un estudio que busca demostrar si el bilingüismo supone una ventaja para el cerebro y puede servir como protección ante el impacto negativo causado por el envejecimiento o las enfermedades neurodegenerativas.

La principal novedad de esta investigación con respecto a otros estudios previos centrados en el bilingüismo es que parte de un enfoque centrado en el análisis de múltiples variables, es decir, los participantes se enfrentarán a tareas que revistan diferentes grados de dificultad y se someterán a estímulos procedentes tanto de fuentes sonoras como visuales.

Además, las personas que participen en el estudio también tendrán diferentes grados de formación académica y trayectorias profesionales diversas, que incluyan profesiones con diferentes grados de cualificación y dificultad técnica. De esta manera se busca tener en cuenta todas las variables que podrían modificar las funciones cognitivas para elevar la consistencia de los resultados.

“El estudio del bilingüismo en los últimos años ha mostrado dos tendencias aparentemente contradictorias. Por un lado, las investigaciones realizadas entre 2005 y 2015 concluían que el conocimiento de más de una lengua aportaba ventajas cognitivas, mientras que algunos de los estudios posteriores indican que no hay diferencias entre los cerebros bilingües y los monolingües. Nuestra hipótesis es que esas contradicciones pueden deberse a que no se han tenido en cuenta determinadas variables. Nuestra investigación busca esclarecer el escenario incluyendo al estudio factores como la dificultad de las tareas, la naturaleza del estímulo y la formación de los participantes”, precisa el responsable del estudio, Jesús Cespón.

De acuerdo con el experto, el hecho de que en algunas investigaciones no se aprecien diferencias entre monolingües y bilingües puede deberse a que las tareas cognitivas a las que son sometidos los participantes son demasiado sencillas o al hecho de que su nivel cultural sea muy elevado y este bagaje educativo pueda ejercer alguna compensación frente al deterioro cognitivo.

Cespón lo explica con una analogía: “Una persona que juega al fútbol tiene mejores condiciones físicas que una persona sedentaria, pero sus condiciones no tienen porque ser superiores a las de una persona que juega al baloncesto. Si a ambos se les somete a una prueba física probablemente la realicen sin problema. Eso no significa que jugar al fútbol no tenga beneficios sobre el organismo, sino que el fútbol no es la única vía para estar en forma. De la misma manera, si comparamos a personas monolingües con mucha formación con personas bilingües que no estén tan formadas podemos no detectar diferencias, pero eso no significa que el bilingüismo no aporte ventajas, sino que hay otros entrenamientos que también son útiles para el cerebro. Nuestro objetivo es incluir todas las variables para poder determinar si verdaderamente el bilingüismo supone una ventaja cognitiva”.

Con la ayuda de los impulsos eléctricos

Además de la variedad de pruebas y la diversidad en las características de los participantes, otro de los rasgos distintivos de la investigación del BCBL es que usará técnicas de registro de la actividad eléctrica cerebral a través de electroencefalograma (EEG).

“Este sistema proporciona información mucho más sensible que la obtenida a través del análisis de la conducta, gracias a que se trata de mediciones directas de la actividad eléctrica cerebral. El EEG nos hará posible detectar cambios o diferencias que no son apreciables mediante el análisis de las medidas conductuales”, razona el investigador.
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Sobre el BCBL | El Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
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Los gestos rítmicos de los niños predicen el posterior desarrollo de sus habilidades orales

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Revela un estudio publicado el 21 de mayo en Child Development, llevado a cabo por Ingrid Vilà-Giménez y Pilar Prieto (ICREA), miembros del Grupo de Estudios de Prosodia, conjuntamente con investigadoras de las universidades estadounidenses de Chicago y Iowa.
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Un estudio publicado en Child Development muestra que la producción temprana de gestos rítmicos con las manos (es decir, gestos que normalmente se asocian con funciones de énfasis y que no representan el contenido semántico del discurso) por parte de niños durante los 14 a 58 meses de edad en las interacciones naturales con sus cuidadores predice que estos niños y niñas, más tarde en el desarrollo, hacia los 5 años de edad, obtengan mejores resultados en la medida de sus habilidades narrativas orales.

En cambio, en el estudio no se encontraron estos mismos efectos cuando los niños y niñas producían otros tipos de gestos, como los gestos icónicos (gestos que representan visualmente el contenido semántico del discurso, como mover las manos en forma de balón para expresar "balón") y los gestos de volteo de las manos (gestos realizados girando la muñeca de la mano, por ejemplo para expresar con incertidumbre "no lo sé", al tiempo que se levantan los hombros hacia arriba).

El estudio es fruto de una colaboración entre el Grupo de Estudios de Prosodia (GrEP) del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y el Goldin-Meadow Lab de la Universidad de Chicago (Illinois, EE.UU.). Una investigación que han llevado a cabo Ingrid Vilà-Giménez (UPF y UdG) y Pilar Prieto (ICREA, UPF) con las investigadoras Natalie Dowling y Susan Goldin-Meadow (Universidad de Chicago, EE.UU.) y Ö. Ece Demir-Lira (Universidad de Iowa).

Se ha empleado una base de datos longitudinal sobre desarrollo del lenguaje

A través de una metodología longitudinal, el estudio analizó datos en diferentes puntos del desarrollo de los niños. Los datos analizados forman parte de una gran base de datos longitudinal sobre desarrollo del lenguaje de la Universidad de Chicago. Las investigadoras hicieron un análisis del habla y de la producción de tres tipos de gesto de 45 niños, desde los 14 hasta los 58 meses de edad, durante las interacciones con sus cuidadores durante la hora de comer, o bien mientras hacían sesiones de juego u otras actividades como la lectura de libros. Concretamente, se analizó el valor predictivo de los gestos rítmicos, en comparación con los gestos de volteo de las manos y los gestos icónicos. A los 5 años de edad, los mismos niños y niñas participaron en una tarea narrativa en la que tenían que contar una historia sobre unos dibujos animados sin sonido.

Los resultados demostraron que los gestos rítmicos que producen los niños y niñas desde los 14 hasta los 58 meses de edad tienen un papel muy importante en el desarrollo narrativo en etapas posteriores, ya que pueden predecir mejoras en las habilidades orales de los niños al cabo de unos años. Aunque los resultados del estudio no den evidencias empíricas sobre si producir este tipo de gesto rítmico simplemente refleja que el niño/a tiene la habilidad de estructurar el discurso o bien marcar de forma multimodal elementos del discurso que se asocian con una prominencia del habla (es decir, para marcar énfasis), las investigadoras argumentan que este tipo de gesto tiene un papel pragmático muy relevante en el discurso temprano de los niños.

Cabe destacar que estas funciones pragmáticas de los gestos rítmicos tienen que ver con la función de estructurar el discurso narrativo. Por lo tanto, tal como sugieren los resultados del estudio, las autoras resaltan que se puede afirmar que las funciones pragmáticas que tienen los gestos rítmicos en los discursos narrativos iniciales que hacen los niños y niñas pueden ser muy importantes para el desarrollo de su discurso inicial, así como para el desarrollo de sus habilidades narrativas orales en edades posteriores.

Este estudio contribuye de manera relevante a consolidar la evidencia empírica previa que ya han publicado algunas de las mismas investigadoras sobre los beneficios que tiene una intervención corta en la mejora de las habilidades orales de niños y niñas de 5 y 6 años de edad, en la que se les pide que observen o produzcan estos gestos rítmicos (Vilà-Giménez et al., 2019; Vilà-Giménez y Prieto, 2020; véase también Vilà-Giménez y Prieto, 2021). Del mismo modo, otros estudios complementarios también han demostrado el impacto positivo de estos gestos en otras habilidades lingüísticas más complejas de los niños y niñas, como la comprensión de narraciones (Llanes-Coromina et al., 2018).
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Trabajo de referencia | Ingrid Vilà-Giménez, Natalie Dowling, Ö. Ece Demir-Lira, Pilar Prieto, Susan Goldin-Meadow (2021), “The predictive value of non-referential beat gestures: Early use in parent-child interactions predicts narrative abilities at 5 years of age”, Child Development, 21 de mayo, https://doi.org/10.1111/cdev.13583
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El estudio de las aves domesticadas ofrece claves sobre la evolución del lenguaje humano

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El estudio se basa en evidencias de campos tan diversos como la arqueología, la genómica evolutiva, la neurobiología, el comportamiento animal y la investigación clínica sobre trastornos neuropsiquiátricos. A partir de ellas, señala que la reducción de la agresión reactiva, resultado de la evolución y el proceso de autodomesticación de nuestra especie, podría haber llevado a un aumento en la complejidad del habla.
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Capuchino del Japón domesticado / UB
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El lenguaje es una de las capacidades más notables que posee el ser humano. Nos permite expresar significados complejos y transmitir conocimientos de generación en generación. Cómo llegó a desarrollarse esta capacidad es una cuestión importante de la biología humana que investigadores de las universidades de Barcelona, Colonia y Tokio han abordado en un artículo reciente. Publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences, en él participan los expertos del Instituto de Sistemas Complejos de la Universitat de Barcelona (UBICS) Thomas O’Rourke y Pedro Tiago Martins, liderados por el profesor ICREA de investigación Cedric Boeckx. Según el nuevo trabajo, la evolución del lenguaje puede estar relacionada con otra característica notable del Homo sapiens: la tolerancia y la cooperación humana.

El estudio se basa en evidencias de campos tan diversos como la arqueología, la genómica evolutiva, la neurobiología, el comportamiento animal y la investigación clínica sobre trastornos neuropsiquiátricos. A partir de ellas, señala que la reducción de la agresión reactiva, resultado de la evolución y el proceso de autodomesticación de nuestra especie, podría haber llevado a un aumento en la complejidad del habla. Según los autores, probablemente este desarrollo fue provocado por el menor impacto en las redes cerebrales de las hormonas del estrés, neurotransmisores que se activan en las situaciones agresivas y que serían cruciales para aprender a hablar. Para mostrar esta interacción, los investigadores han analizado también las diferencias genómicas, neurobiológicas y del tipo de canto entre el capuchino del Japón domesticado y su pariente salvaje más cercano.

Buscando las claves de la evolución del lenguaje humano en el canto de los pájaros

Un aspecto central del enfoque de los autores sobre la evolución del lenguaje es que se pueden dilucidar los aspectos que lo hacen especial comparándolo con los sistemas de comunicación de otros animales. "Tomemos, por ejemplo, cómo los niños aprenden a hablar y cómo los pájaros aprenden a cantar: a diferencia de la mayoría de los sistemas de comunicación animal, el canto de los pájaros juveniles y el habla de los niños solo se desarrollan adecuadamente en presencia de tutores adultos. Sin el aporte vocal de los adultos, el gran repertorio de sonidos que suelen estar disponibles para los humanos y los pájaros cantores no se desarrolla adecuadamente", explican los investigadores.

Además, a pesar de que el habla y el canto de los pájaros evolucionaron de forma independiente, los autores señalan que ambos sistemas de comunicación están asociados con patrones similares en la conectividad cerebral y se ven afectados negativamente por el estrés: "Las aves sometidas regularmente a estrés durante su desarrollo cantan una canción más estereotipada cuando son adultas, mientras que los niños que padecen problemas crónicos de estrés son más susceptibles a desarrollar tics repetitivos, incluidas las vocalizaciones en el caso del síndrome de Tourette".

En este contexto, Kazuo Okanoya, uno de los autores del artículo, lleva años estudiando el capuchino del Japón (Lonchura striata domestica), un pájaro cantor domesticado que tiene un canto más variado y complejo que su ancestro salvaje (Lonchura striata). En el artículo se muestra cómo, igual que otras especies domesticadas, el capuchino del Japón tiene una respuesta debilitada al estrés y es menos agresivo que su pariente salvaje. De hecho, según los autores, cada vez hay "más evidencias de que múltiples especies domesticadas han alterado los repertorios vocales en comparación con sus contrapartes silvestres".

El impacto de la domesticación en el estrés y la agresividad

Para los investigadores, estas diferencias entre animales domésticos y salvajes son otra de las «piezas centrales en el rompecabezas de la evolución del lenguaje humano», ya que nuestra especie comparte con otros animales domésticos curiosos cambios físicos respecto a las especies salvajes relacionadas más cercanas. Los humanos modernos tienen una cara aplanada, un cráneo redondeado y un tamaño de dientes reducido en comparación con sus parientes arcaicos extintos, los neandertales. Por su parte, los animales domésticos han experimentado cambios comparables en la estructura ósea facial y craneal, a menudo acompañados del desarrollo de otros rasgos como la despigmentación cutánea, las orejas caídas y las colas rizadas. Por último, los seres humanos modernos tienen marcadas reducciones en las medidas de respuesta al estrés y agresión reactiva en comparación con otros simios vivos.

Estas similitudes no se detienen en los rasgos físicos ya que, según los investigadores, los genomas de los humanos modernos y de múltiples especies domesticadas presentan cambios centrados en los mismos genes. En especial, es posible que un número desproporcionado de estos genes regule negativamente la actividad del sistema neurotransmisor del glutamato, que impulsa la respuesta del cerebro a las experiencias estresantes. "El glutamato, el principal neurotransmisor excitador del cerebro, también interactúa con otro neurotransmisor, la dopamina, en el aprendizaje del canto de los pájaros, en las conductas agresivas y en los tics vocales repetitivos del síndrome de Tourette", destacan.

Alteraciones en el equilibrio de las hormonas del estrés en el cuerpo estriado

En el estudio, los autores muestran cómo la actividad del glutamato tiende a promover la liberación de dopamina en el cuerpo estriado, una estructura cerebral evolutivamente antigua que es importante para el aprendizaje basado en recompensas y las actividades motoras: "En los pájaros cantores adultos, el aumento en la liberación de dopamina en esta área estriatal se correlaciona con el aprendizaje de un canto más restringido, que reemplaza las vocalizaciones experimentales típicas de las aves más jóvenes".

"En cuanto a los seres humanos y otros mamíferos —continúan—, la liberación de dopamina en el estriado dorsal impulsa actividades motoras restringidas y repetitivas, como son las vocalizaciones, mientras que los comportamientos más experimentales y exploratorios están respaldados por la actividad dopaminérgica en el estriado ventral".

Según el estudio, muchos de los genes implicados en la activación glutamatérgica que han cambiado en la evolución humana reciente codifican la señalización de receptores que reducen la excitación del cuerpo estriado dorsal. Es decir, que disminuyen la liberación de dopamina en esta zona. Mientras tanto, estos receptores tienden a no reducir, o incluso promover, la liberación de dopamina en las regiones estriatales ventrales.

Los autores del artículo argumentan que estas alteraciones en el equilibrio de las hormonas del estrés en el cuerpo estriado fueron un paso importante en la evolución del aprendizaje vocal en el linaje humano moderno. "Estos resultados sugieren que el sistema del glutamato y sus interacciones con la dopamina están implicados en el proceso en el que los humanos adquirieron su variada y flexible habilidad para hablar. Por tanto, la selección natural contra la agresión reactiva que ha tenido lugar en nuestra especie habría alterado la interacción de estos neurotransmisores, impulsando nuestras habilidades comunicativas. Estos hallazgos abren nuevas vías para la investigación biológica comparativa sobre la capacidad humana del lenguaje", concluyen los investigadores.
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Trabajo de referencia | Thomas O’Rourke, Pedro Tiago Martins, Rie Asano, Ryosuke O. Tachibana, Kazuo Okanoya, Cedric Boeckx. «Capturing the effects of domestication on vocal learning complexity», Trends in Cognitive Science, marzo de 2021. Doi: https://doi.org/10.1016/j.tics.2021.03.007.
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El BCBL mapea la ruta de la lectura desde la infancia hasta la adolescencia

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El centro donostiarra trabaja en el proyecto Dysthal, un estudio pionero enfocado en examinar los mecanismos cerebrales durante el proceso de lectura en menores. Tras una primera fase centrada en la observación de estrategias de lectura, el BCBL pide la colaboración de alrededor de 450 niños y niñas de entre 9 y 16 años, cuyo idioma principal sea euskera.
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La lectura es un hito reciente en la historia de la evolución humana. Lleva con nosotros desde hace alrededor de 5.000 años y, junto a la escritura, requiere de un intenso proceso de aprendizaje. Sin embargo, esos procesos llevados a cabo entre la infancia y la adolescencia todavía presentan muchas incógnitas.

Entender cómo el cerebro y regiones muy distintas del mismo son capaces de interactuar y ser entrenadas en un corto espacio de tiempo para poder juntar letras y sonidos hasta formar palabras y observar cómo se va desarrollando esta capacidad hasta llegar a la edad adulta es todo un desafío, ya que el cerebro no tiene la habilidad innata de leer.

Con el fin de conocer los mecanismos de la lectura y su desarrollo desde la infancia a la adolescencia, en septiembre de 2019 el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián puso en marcha Dysthal, un proyecto pionero en el que hasta la fecha han participado más de 900 niños y niñas bilingües de entre 9 y 16 años (de 4º de primaria a 4º de la ESO) de Donostialdea.

Como explica Abraham Sánchez, investigador en el BCBL especializado en Neuropsicología y Neurociencia Cognitiva, “en la primera fase se ha podido observar cómo leen y qué estrategias de lectura siguen los niños y niñas. Estos resultados, nos han permitido hacer una clasificación de los tipos de lectura y de lectores, y han servido para que tanto los padres como los propios niños tengan un mejor conocimiento de su nivel de lectura”.

La parte fundamental de la investigación arrancará en los próximos meses y consistirá en que los niños realicen una serie de juegos delante de un ordenador y también en la resonancia magnética, una técnica que como apunta Sánchez “no es invasiva, ni entraña ningún tipo de riesgo para la salud”.

A través de esta tecnología investigaremos cómo los circuitos cerebrales sustentan la lectura y sus cambios a lo largo del desarrollo, y también de qué manera las dificultades en la lectura, como por ejemplo la dislexia, podrían ser consecuencia de fallos en los circuitos cerebrales.

Enfoque integral para generar adaptaciones tempranas

Los investigadores del centro donostiarra se centrarán, por una parte, en la observación de la estructura del cerebro de los niños dentro de la resonancia magnética para ver de qué manera se relacionan las medidas de la estructura cerebral con las estrategias de lectura. En otra de las sesiones, los participantes realizarán tareas de lectura dentro de la resonancia magnética, lo que como indican los investigadores de BCBL, “permitirá ver qué regiones cerebrales, tanto corticales como subcorticales, tienen un mayor patrón de activación ante uno u otro proceso o ante una determinada tarea”.

Todo ello con el objetivo de generar modelos que hagan posible caracterizar las diversas estrategias de lectura: desde la lectura típica o más común, hasta la atípica, que es más infrecuente e incluye dificultades como la dislexia, así como distintos tipos de estrategias lectoras, para finalmente, poder identificar patrones que puedan establecer de forma temprana el tipo de lector que uno es y ser capaces así de generar adaptaciones tempranas si fuera necesario.

De esta manera, los resultados obtenidos en las pruebas comportamentales y de resonancia magnética y su posterior análisis proporcionarán una comprensión mucho más profunda de los mecanismos neurobiológicos en los que se sustenta la lectura, así como un enfoque integral multinivel para predecir los tipos específicos de capacidad y discapacidad lectora.

En concreto, los nuevos hallazgos provenientes de esta investigación pueden contribuir al diseño de programas de diagnóstico e intervención. En este sentido, el descubrimiento de biomarcadores tempranos es crucial, ya que el diagnóstico temprano permite una intervención temprana con un mejor pronóstico y evita que los niños y las familias sufran. El proyecto abrirá también nuevas vías para investigar otros trastornos relacionados con el desarrollo, como el trastorno específico del lenguaje.

“Se trata de una de las investigaciones de neuroimagen más completas hasta la fecha, ya que aborda todas sus facetas relevantes desde perspectivas tanto neurobiológicas como cognitivas y utilizando las últimas tecnologías en adquisición y análisis de datos de resonancia magnética”, concluye el experto.

El proyecto Dysthal, que se prolongará al menos durante dos años, cuenta con la financiación de La Caixa, que ha destinado medio millón de euros para su desarrollo. Para más información sobre el estudio, se puede consultar este vídeo.
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Lenguaje, cerebro y pensamiento: qué sabe la neurociencia sobre la capacidad más humana

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La facultad de comunicarnos mediante una lengua es única de los seres humanos, pero no solo de los Homo sapiens; seguramente también la tuvieron los neandertales. Desde hace medio siglo, la neurobiología trata de desentrañar cómo son las operaciones mentales que configuran el mosaico lingüístico.
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Laura Chaparro, Agencia SINC | Para uno de los iconos de la generación del 98, el escritor Miguel de Unamuno (1864-1936), “la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo”. Una idea que compartía otro escritor coetáneo, el austríaco Karl Kraus (1864-1936): “El lenguaje no es aya, sino madre del pensamiento”.

Esta capacidad es típicamente humana, pero posiblemente no haya sido única de nuestra especie. Recientemente, un equipo de investigadores españoles presentaron evidencias de que nuestros ‘primos’ los neandertales también podían hablar. “Los neandertales tenían las mismas capacidades auditivas relacionadas con el lenguaje que nuestra propia especie, lo que supone la primera prueba paleontológica sólida de que también tenían lenguaje”, asegura Mercedes Conde Valverde, autora principal del artículo.

Desde hace siglos, el lenguaje ha sido objeto de reflexión y estudio por parte de filósofos y escritores. Aristóteles en el siglo IV a. C. ya se refería al lenguaje en su tratado Sobre la interpretación. En las últimas décadas y en paralelo al trabajo de los lingüistas y los paleoantropólogos, los neurocientíficos y biolingüistas se han unido al reto de desentrañar sus misterios.

“Los lingüistas llevan más de 50 años de trabajo firme, dando detalles sobre cómo podrían ser las operaciones mentales necesarias para el lenguaje, pero la forma en que se implementan en las neuronas sigue siendo un gran enigma”, afirma a SINC Cedric Boeckx, director del grupo Biología Cognitiva del Lenguaje de la Universidad de Barcelona e investigador ICREA.

Un editorial publicado en la revista Science coincidiendo con un especial sobre lenguaje y cerebro destacaba que las lenguas son distintivamente humanas y que el lenguaje es una cuestión “importante y difícil en neurociencia”. Aunque en el pasado se tratara como una parte separada del cerebro, “mucho trabajo empírico moderno ha demostrado que el lenguaje está integrado y en constante interacción con una increíble variedad de procesos neuronales”, señala el texto que firmó Lera Boroditsky, profesora en el departamento de Ciencia Cognitiva de la Universidad de California (EE UU).

A diferencia de otras áreas de la neurociencia, como la visión o las acciones motoras, con las que los científicos han podido utilizar técnicas invasivas en modelos animales, el estudio del lenguaje carece de estos modelos, lo que dificulta su estudio.

En el epicentro del cerebro

“El lenguaje juega un papel central en el cerebro humano, desde cómo procesamos el color hasta cómo hacemos juicios morales”, recogía el editorial de Science. Así, esta capacidad influye en multitud de tareas sin que nos demos cuenta, desde recuerdos, codificación de olores y notas musicales, orientación, razonamiento, toma de decisiones o incluso expresión de emociones.

Diferentes investigaciones han demostrado que las personas que no pudieron expresarse con ningún lenguaje cuando eran niños (como las personas sordas que no podían comunicarse con otros usando lenguas de signos) presentan patrones de conexiones neuronales muy diferentes de aquellos que sí tuvieron una exposición temprana al lenguaje.

Además, los hablantes de diferentes idiomas desarrollan distintas habilidades cognitivas según la estructura y los patrones de sus lenguas, algo que también incluye a las lenguas de signos. Sus hablantes desarrollan diferentes habilidades de atención visoespacial comparados con quienes usan el lenguaje hablado.

En cuanto al lenguaje escrito, también reestructura el cerebro. “Incluso las propiedades aparentemente superficiales como la dirección de la escritura tienen profundas consecuencias sobre cómo las personas atienden, imaginan y organizan la información”, apunta el editorial.

Chomsky y la mutación repentina

Aunque son muchos los investigadores que están contribuyendo a aclarar los interrogantes de esta capacidad humana, si hay un nombre conocido por buena parte de la población es el de Noam Chomsky (1928). El filósofo, politólogo y también lingüista sostiene que el lenguaje surgió de forma súbita por una mutación genética, algo que ponen en duda diferentes investigaciones.

En un artículo publicado en la revista PLOS Biology el neurobiólogo Boeckx y Pedro Tiago Martins, investigador de su mismo equipo, cuestionan esta hipótesis y mantienen que la capacidad para el lenguaje fue fruto de una evolución gradual.

Durante décadas, Chomsky y otros académicos han propuesto que los humanos modernos estamos genéticamente equipados con el mecanismo de ensamble, una capacidad cognitiva sobre la que se basa nuestra habilidad para representar gramáticas complejas de una manera que solo los humanos sabemos utilizar, a diferencia de otras especies.

Quienes defienden la hipótesis del gen único aseguran que el ensamble, al ser una operación simple, tuvo que ser el resultado de una mutación genética que dotó a un humano del equipamiento biológico necesario para el lenguaje. ¿Por qué? Porque esta capacidad cognitiva no tendría niveles intermedios, es decir, se tiene o no se tiene, y antes de la mutación, a su juicio, no existía pero después sí.

Sin embargo, el estudio de Boeckx y Martins afirma que, aunque el ensamble no se manifieste en fases intermedias, su evolución sí puede haber sido gradual. “Reconocemos la importancia de la contribución de Chomsky. De hecho, sin él el estudio del lenguaje como capacidad biológica probablemente no existiría, pero reconocemos también que es necesario no asumir que todo lo que diga Chomsky sobre cualquier aspecto del lenguaje es cierto o tiene sentido biológicamente”, indica Martins a SINC.

Un mosaico de áreas cerebrales

Como hemos visto, el lenguaje está relacionado con un gran número de funciones cognitivas como la atención, la orientación o la memoria. Por eso mismo, las habilidades lingüísticas no se localizan en un área cerebral concreta sino en muchas de ellas. Tradicionalmente se había atribuido al área de Broca (situada en el lóbulo frontal izquierdo) y al área de Wernicke (en el lóbulo parietal izquierdo) la producción y procesamiento del lenguaje, pero hoy los científicos saben que están involucradas muchas más regiones.

Como explica a SINC Manuel Carreiras, director científico del Basque Center on Cognition Brain and Language (BCBL), el lenguaje es un sistema muy complejo que tiene varios niveles: fonología, sintaxis, léxico y semántica. Para comprender un mensaje, por ejemplo, hacemos multitud de acciones: desciframos significados por medio de operaciones complejas que realizamos a partir de la recepción de una cadena de sonidos, lo segmentamos en fonemas y palabras reconocibles y lo vamos ensamblando en frases hasta lograr descifrar el significado de ese mensaje.

Además, a partir de una idea llegamos a producir una cadena de sonidos, pero antes seleccionamos las palabras que vamos a utilizar y las ordenamos siguiendo unas reglas gramaticales. Después seleccionamos los fonemas y enviamos las órdenes precisas a los músculos del aparato fonador (del que forman parte las cuerdas vocales, la lengua o el paladar) para generar la cadena de sonidos.

“Todas estas funciones cognitivas están sustentadas por circuitos cerebrales que se activan durante la comprensión y la producción del lenguaje. Estos circuitos cerebrales reclutan distintas áreas de materia gris de la corteza cerebral y subcorticales, así como tractos de materia blanca que conectan distintas áreas de materia gris”, describe Carreiras.

Una revisión de estudios publicada en Science ha descrito cómo nuestros cerebros decodifican el lenguaje para extraer un significado casi ilimitado de un conjunto relativamente limitado de palabras. Analizando frases cortas, la investigación concluyó que el lóbulo temporal anterior izquierdo y la corteza media prefrontal estaban relacionadas con la compresión, la producción, el lenguaje hablado y las señas.

“Hay áreas del cerebro que, indudablemente, están relacionadas con el lenguaje pero lo importante es abandonar la idea de que hay un área cerebral que es la responsable”, mantiene Martins.

Gracias a los avances de la neurociencia y de la tecnología, hoy es posible analizar las áreas cerebrales que se activan en determinas tareas lingüísticas por medio de imágenes por resonancia magnética funcionales, pero falta mucho por saber.

“A medida que ampliamos el modelo clásico para incluir más regiones cerebrales implicadas en el lenguaje nos estamos acercando a responder la pregunta “dónde” pero aún estamos lejos de saber “cómo” realiza el cerebro las operaciones mentales necesarias para el lenguaje”, concluye Boeckx.
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Los sonidos de los primates

Aunque el lenguaje sea una capacidad únicamente humana, los científicos estudian las formas de comunicación de otros animales. Los primates no humanos tienen una boca más larga y una faringe más corta que nosotros, puesto que su laringe no ha descendido como la nuestra. Es lo que se conoce como “descenso laríngeo” y que durante décadas se ha considerado como el primer paso para la aparición del habla.

Una revisión de estudios publicada en la revista ScienceAdvances concluye que, contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora, este descenso laríngeo no es exclusivamente humano ni necesario para producir frecuencias durante la vocalización.

“La revisión muestra claramente que, según el contexto social, varios tipos de monos (babuinos, macacos, dianas o lémures) son capaces de modificar la forma de su tracto vocal para producir diferentes cualidades vocales similares a las nuestras”, declara a SINC Louis-Jean Boë, investigador de la Universidad de Grenoble (Francia) y autor principal del estudio.

Este hallazgo implicaría que el descenso laríngeo no es imprescindible para desarrollar el lenguaje, tampoco en los humanos, por lo que, según los autores, sus orígenes se podrían remontar a unos 20 millones de años, en lugar de los 200.000 considerados hasta ahora.
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FUENTE • Agencia SINC
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ETIQUETAS • Neurología, Lenguaje
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¿Hablaban realmente los neandertales?

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La respuesta a esta pregunta ha intrigado a los paleoantropólogos desde hace décadas. Pero gracias a la reconstrucción de las capacidades auditivas de fósiles neandertales, los científicos tienen ahora la prueba de que los humanos modernos no hemos sido los únicos en poder hablar.
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María Martinón-Torres, Agencia SINC | La danza del tigre es una novela prehistórica en la que el paleontólogo finlandés, Björn Kurtén, desarrolla una trama de intriga centrada en la interacción de Homo sapiens y Homo neanderthalensis. Los neandertales son descritos como “los blancos” por su piel clara, optimizada para absorber la radiación ultravioleta, tan escasa en las latitudes del norte en las que llevan viviendo cientos de miles de años.

Los humanos modernos, por el contrario, son retratados como “los negros”, por su origen africano y su piel oscura y, según Kurtén, son percibidos por los neandertales como “altos y elocuentes, con un discurso tan variado y flexible como el de los pájaros”.

Los neandertales sienten fascinación por el habla humana, exquisita y prolija en sonidos articulados que asemejan trinos y gorgoreos. Durante mucho tiempo no nos ha quedado más remedio que acudir a la ficción para poder indagar en cuestiones tan interesantes como el tipo de interacción que tuvieron neandertales y humanos modernos o, precisamente, la más emblemática y también esquiva de las grandes preguntas de la evolución humana: ¿Somos la única especie que puede hablar?

La ciencia ha venido a rescatarnos, y el estudio liderado por Mercedes Conde Valverde, de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de HM Hospitales y la Universidad de Alcalá, sacia nuestra curiosidad con evidencia paleontológica. La pregunta no era sencilla de responder, pues los órganos implicados en la fonación –la laringe, las cuerdas vocales, la lengua o la glotis– no fosilizan.

Sin embargo, los investigadores se han aproximado al estudio del lenguaje a través de la reconstrucción de las capacidades auditivas de una amplia muestra de fósiles neandertales y de sus antecesores de la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos).

Una prueba rigurosa y creativa

Mediante tomografía axial computarizada, una técnica de imagen de gran resolución, los paleoantropólogos han reconstruido las cavidades del oído externo y medio de estos fósiles y, aplicando un modelo biofísico del campo de la ingeniería de las telecomunicaciones, concluyen que los neandertales oían exactamente en el mismo rango de frecuencias que los humanos modernos.

Estas capacidades auditivas están estrechamente relacionadas con la producción del lenguaje, pues las especies están por lo general adaptadas para oír mejor precisamente las frecuencias que son capaces de producir y en las que se comunican. El ancho de banda de los neandertales es igual de amplio que el de los humanos modernos, y mucho más que el de los chimpancés, cuya comunicación se basa en un repertorio de sonidos mucho más pobre.

Cabe así inferir que los neandertales, como los humanos modernos, tenían la capacidad de oír y producir un lenguaje complejo, rico en consonantes y quién sabe si “variado y flexible como el de los pájaros” que imaginaba Kurtén.

Este estudio combina a partes iguales rigor y creatividad, pues los investigadores han encontrado una forma original y novedosa de, literalmente, hacer hablar a los muertos. Mercedes Conde y sus colegas han aportado evidencia científica en favor de una hipótesis que la mayoría de los científicos estábamos dispuestos a aceptar.

Es difícil concebir que una especie inteligente, con un cerebro tan grande o más que el de los humanos modernos, con un comportamiento complejo que incluye la capacidad de ornamentación personal, la disposición para el arte, la destreza en la caza de presas grandes y pequeñas, un historial extraordinario de supervivencia en las circunstancias climáticas más adversas, y la cabeza —y el corazón— para el comportamiento compasivo y las prácticas funerarias, no dispusiera de un sistema de comunicación complejo.

Y que fuera un sistema lo suficientemente rico para compartir con el prójimo los matices necesarios que cubren el amplísimo espectro de estados emocionales —alegría, preocupación, celos, miedo, duda, simpatía, ansiedad, envidia, soledad, compasión, duelo, amor, ilusión— que implica vivir.

Entre el recetario universal de consejos, todos conocemos el manido “Piensa antes de hablar”. Hoy lo podemos ratificar. Los neandertales hicieron las dos cosas: pensar y hablar. Esperemos que en ese orden.
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María Martinón-Torres es directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).
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FUENTE • Agencia SINC
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