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El tabaco, el alcohol y el sobrepeso estuvieron detrás de muchas de las 4,45 millones de muertes por cáncer que se produjeron en 2019, según un estudio que publica esta semana la revista The Lancet.
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Casi la mitad de las muertes provocadas por el cáncer en el mundo se deben a factores de riesgo relacionados con el consumo de tabaco y alcohol y con los malos hábitos alimenticios, según concluye un estudio liderado por la Universidad de Washington.
El equipo revisó los datos del estudio de carga global de enfermedades, lesiones y factores de riesgo (GBD, por sus siglas en inglés) y analizó el impacto que tienen 34 factores de riesgo sobre la salud y la mortalidad provocada por 23 tipos de cáncer, los cuales fueron responsables de 4,45 millones de muertes en todo el mundo en 2019, el 44,4% de la cifra total.
Un alto índice de masa corporal, el tabaquismo y el consumo de alcohol figuran entre los principales factores de riego para ambos sexos, aunque afectan más a los hombres debido a factores ambientales, ocupacionales y de comportamiento, destaca este trabajo, cuyos resultados se publican en la revista The Lancet.
mportante desafío para la salud pública
El 50,6% de todas las muertes por cáncer en hombres en 2019 se debieron a los factores de riesgo estudiados, frente al 36,3% de las mujeres. Asimismo, el número global de muertes por cánceres relacionados con factores de riesgo aumentó un 20,4% entre 2010 y 2019 y difirió considerablemente según el nivel del desarrollo de cada país.
“Este estudio muestra que el cáncer sigue siendo un importante desafío para la salud pública y que está creciendo en magnitud en todo el mundo. Fumar sigue siendo el factor de riesgo principal para el cáncer la nivel global”, subraya el coautor de la investigación, Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington.
El experto asegura que sus conclusiones “pueden ayudar a los legisladores e investigadores a identificar factores de riesgo clave sobre los que dirigir sus esfuerzos para reducir la mortalidad y mejorar la salud de pacientes a escala global, nacional y regional”.
Los números detrás del cáncer
Murray recuerda que el 36,9% de todas las muertes atribuibles a factores de riesgo a nivel global, tanto en hombres como en mujeres, estuvo causado por el cáncer de pulmón, de tráquea y de bronquios, relacionados todos ellos con el tabaquismo.
Les siguen para los varones el cáncer de colon (13,3%), de esófago (9,7%) y de estómago (6,6%), mientras que en mujeres sobresalen el cáncer de cuello uterino (17,9%), de colon y recto (15,8%) y el de mama (11%).
El estudio también detectó que, en 2019, el 25,4% de todas las muertes por cáncer y el 26,5% de todas las muertes por cáncer atribuible a factores de riesgo se dieron “de manera desproporcionada” en países de alto índice sociodemográfico, a pesar de que éstos solo representan el 13,1% de la población global.
En este sentido, las cinco regiones con las tasas de mortalidad por factores de riesgo más altas fueron Europa central, con 82 muertes por cada 100.000 habitantes, Asia oriental (69,8/100.000), Norteamérica (66/100.000), sur de Latinoamérica (64,2/100.000) y Europa occidental (63,8/100.000).
Envejecimiento de la población, riesgo metabólico y datos
Según señala Rafael Marcos Gragera, médico epidemiólogo del Instituto Catalán de Oncología (ICO), al SMC España, “los resultados de este estudio coinciden con otros realizados en diferentes áreas geográficas (Francia, Reino Unido, Australia y EEUU) en los que la proporción de las muertes por cáncer debido a factores de riesgo modificables sería aproximadamente del 40%.
Este investigador, que no ha participado en el trabajo, añade que “como resultado importante destaca la desigualdad geográfica en la reducción del impacto de los factores de riesgo en los años de vida perdidos por discapacidad”.
Marcos Gragera destaca que el estudio indica que “el envejecimiento de la población tiene un peso importante en la carga de la enfermedad debida a los factores de riesgo modificables. Por otro lado, el aumento de la carga de cáncer atribuible al riesgo metabólico, especialmente en países de rentas bajas, podría ser el resultado de que estos países están experimentando una transición epidemiológica en la que las mejoras en el estado de desarrollo del país están relacionadas con el aumento de los niveles de obesidad”.
“Uno de los resultados más importantes de este estudio es que, para poder evaluar el impacto de las medidas de control de cáncer, ya sea prevención primaria o secundaria, así como para poder evaluar los progresos en la atención oncológica —nuevos tratamientos—, necesitamos datos de calidad tanto de la incidencia como de la mortalidad, sobre todo, en aquellos países en donde no se disponen de sistemas de información consolidados”, subraya.
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Trabajo de referencia | Bao Tran et al. “The global burden of cancer attributable to risk factors, 2010–19: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2019”. The Lancet (2022)
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Una investigación representa un hito significativo para el tratamiento del trastorno psicótico, que se ve acompañado del riesgo de síndrome metabólico.
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Llevar un estilo de vida saludable es clave para las personas con un trastorno psicótico incipiente. En este sentido, un estudio ha constatado que los hábitos de vida saludables juegan un papel capital para minimizar el riesgo de síndrome metabólico, con una alta prevalencia entre estos pacientes.
“El síndrome metabólico es un conjunto de parámetros que engloban los factores de riesgo de ataque cardíaco más peligrosos”, explican Yolanda Alonso y Lourdes Martorell, investigadoras del proyecto y profesionales del Hospital Universitari Institut Pere Mata de Reus, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV)-BUSCA, del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), y de la Universitat Rovira i Virgili (URV).
Este síndrome se diagnostica teniendo en cuenta un conjunto de parámetros que incluyen los factores de riesgo de infarto más peligrosos y que están asociados a una mayor mortalidad. Estos factores son 5: elevado perímetro de la cintura, elevada presión arterial, elevados niveles en sangre de glucosa y triglicéridos, y niveles bajos de colesterol HDL (el colesterol “bueno”).
El estudio, publicado en Scientific Reports, ha identificado que, en el inicio de los trastornos psicóticos, el perímetro de la cintura y el nivel de triglicéridos son más altos en las personas con un trastorno psicótico incipiente que en las personas sanas. Este trabajo también ha identificado que el sexo, la edad, el índice de masa corporal, la dieta, la actividad física, el consumo de tabaco y de cannabis y la medicación antipsicótica contribuyen a empeorar estos factores de riesgo.
Estudiando los pacientes después de un año de ser atendidos en la Unidad de Intervención Precoz del Hospital Universitari Institut Pere Mata, también se ha encontrado que si bien estas personas presentaban una mejora clínica muy significativa, el perímetro abdominal, los niveles de glucosa y los niveles de colesterol HDL habían empeorado.
Este trabajo demuestra la efectividad de la intervención precoz en la mejora clínica de las personas con un trastorno psicótico, pero también pone en evidencia la necesidad de mejorar su estilo de vida para evitar el empeoramiento de los factores de riesgo metabólico y, así, poder prevenir el riesgo cardiovascular.
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Una investigación pone de manifiesto la importancia de monitorizar la carga de los entrenamientos en relación a cuestiones físicas y psicológicas.
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Una investigación llevada a cabo por la UAB con ciclistas de carretera, publicada en la revista PeerJ, pone de manifiesto la importancia de monitorizar la carga de los entrenamientos con el uso de herramientas como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, para favorecer asimilación y evitar lesiones, y ralaciona la dureza de los entrenamientos con el estado de ánimo al día siguiente del ejercicio.
Para mejorar su estado físico, los deportistas deben aplicar estrés en el cuerpo y, cuando éste se recupera, se adapta y se acomoda para soportar un estrés mayor en el siguiente entrenamiento. Controlar las cantidades de estrés y recuperación adecuadas es esencial para entrenar de forma óptima a los atletas, así como para evitar lesiones y problemas asociados a un exceso de entrenamiento.
Investigadores del Laboratorio de Psicología del Deporte y del Instituto de Investigación del Deporte de la Universitat Autònoma de Barcelona (UA)B han estudiado cómo afecta la intensidad del entrenamiento en carretera de los ciclistas a su estado de ánimo y a su capacidad para adaptarse a las demandas de esfuerzo, valorada a partir de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC).
La investigación, publicada en la revista PeerJ, se ha realizado analizando a lo largo de seis semanas la respuesta de cinco participantes, ciclistas de carretera no profesionales, a medidas de la carga física durante el entrenamiento. Los ciclistas respondían también a cuestionarios sobre su percepción del esfuerzo que habían realizado a lo largo de la salida, al terminar la actividad. Al día siguiente de haber realizado el entrenamiento, por la mañana, se medía la VFC y el estado de ánimo de los deportistas.
Los investigadores argumentan que un cambio en el estado de ánimo y/o en la VFC –medida a partir del parámetro HFnu- de los deportistas el día después de un entrenamiento podría servir como indicador de la intensidad de entrenamiento, indicando si el entrenamiento ha sido adecuado o demasiado intenso para la forma física del deportista. En el estudio se ha observado que cuanto más duro había sido el entrenamiento, menor era el estado de ánimo general al día siguiente, y más reducida era también la VFC. Por el contrario, valores del parámetro HFnu elevados se asociaban con una mejora en el estado de ánimo de los deportistas, lo que puede indicar una relación entre VFC y estado de ánimo.
"El objetivo de la investigación ha sido explorar la relación entre tres aspectos: el entrenamiento, la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el estado de ánimo", explica la investigadora del Departamento de Psicología Básica de la UAB, Carla Alfonso. “Con este estudio pretendemos saber cuándo el deportista debe descansar, porque su sistema está saturado, y cuándo puede llevar a cabo un entrenamiento, ya sea duro o suave, porque su cuerpo está preparado para asimilar la carga de entrenamiento”.
Los resultados obtenidos son un primer paso para “establecer un sistema de monitorización que tenga en cuenta valores tanto de carga interna como externa, junto con el estado de ánimo y la variabilidad cardíaca del deportista, para facilitar la adaptación en el entrenamiento y evitar lesiones relacionadas con un entrenamiento excesivo”, concluye el catedrático del Departamento de Psicología Básica, Evolutiva y de la Educación de la UAB Lluís Capdevila, coautor del estudio.
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La adaptación del tejido a la actividad aeróbica altera el metabolismo de las células madre musculares y colabora en la recuperación de las lesiones.
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Investigadores de la USP (la Universidad de São Paulo, en Brasil) descubrieron que la regeneración de los músculos que promueven los ejercicios físicos aeróbicos está mediada por modificaciones en el consumo de oxígeno de las células satélite, un tipo de células madre del tejido muscular. Este hallazgo puede ayudar en la recuperación de lesiones y en el combate contra la pérdida de masa muscular asociada a la edad.
En trabajos anteriores ya se había demostrado que los ejercicios con sobrecarga, como en el caso de la musculación, tenían la capacidad de inducir un aumento de la cantidad de células satélite. Con todo, en el entrenamiento físico aeróbico, se sabe que el tejido mejora su capacidad, pero no se habían estudiado los mecanismos de reparación asociados a las células satélite.
El grupo de la USP observó que las actividades aeróbicas promueven una deseable expansión de las células satélite y develó importantes alteraciones metabólicas inherentes a este fenómeno. La investigación tuvo lugar durante el posdoctorado de Phablo Sávio Abreu Teixeira, quien contó con el apoyo de una beca de la FAPESP - Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo.
“Verificamos que existe una merma del consumo de oxígeno en las células satélite, a diferencia de lo que sucede en el resto del tejido muscular, donde el ejercicio incrementa la demanda de oxígeno. Es la primera vez que se logra observar de qué manera influyen los ejercicios aeróbicos sobre el metabolismo de las mitocondrias de esas células, y el efecto de ello en la regeneración muscular”, le explica Abreu.
Para entender este mecanismo, el posdoctorando llevó a cabo una serie de experimentos con animales en el Instituto de Química de la USP, bajo la supervisión de la profesora Alicia Kowaltowski, quien se dedica al estudio de las mitocondrias desde la década de 1990. “Descubrimos al menos parte de los mecanismos que llevan a la mejora de la regeneración de los músculos, y este conocimiento constituye el primer paso para que un día se logre interferir en este proceso”, comenta Kowaltowski.
Varias etapas
La investigación se concretó en etapas, con base en experimentos realizados con ratones divididos en dos grupos. A uno de ellos se lo sometió a una batería de ejercicios aeróbicos en la cinta durante un período de cinco semanas, y el otro permaneció sedentario.
Al final del período de entrenamiento, los investigadores realizaron un test para verificar si los animales sometidos a ese programa de ejercicios habían mejorado efectivamente su capacidad aeróbica. Posteriormente lesionaron los tejidos musculares de ambos grupos, una etapa en la que se observó que los músculos ejercitados habían incrementado su capacidad regenerativa.
“Primeramente observamos que los animales entrenados tenían más fibras musculares formadas recientemente, aparte de una menor sedimentación de tejido fibroso y menos señales de inflamación. De este modo, confirmamos que el tejido muscular de los animales ejercitados estaba efectivamente mejor reparado”, comenta Abreu Teixeira.
Tras detectar que los músculos habían mejorado su capacidad de reparación, el siguiente paso consistió en investigar las alteraciones ocurridas en las células satélite aisladas en esos animales ejercitados. Las proteínas que regulan la progresión de las células quiescentes (durmientes) y su activación, para que se concrete la autorrenovación o la diferenciación, aparecían aumentadas en esas células. “Asimismo, mostraron un retraso en la diferenciación, lo que confirmó nuestros hallazgos”, continua Abreu Teixeira.
Tal como explica el investigador, las células satélite se encargan de regenerar y preservar el tejido muscular en los adultos. Para ello permanecen en quiescencia, un estado de latencia que mantiene la homeostasis del tejido. En el transcurso de la vida, las mismas se activarán ante alguna lesión o desgaste, como en el ejercicio físico o en las lesiones que Abreu Teixeira les indujo a los ratones de laboratorio.
A partir de entonces, una parte de ellas se diferencia para formar las células que compondrán el tejido, y otra inicia un proceso de autorrenovación que da origen a nuevas células satélite para que ese ciclo perdure.
“Estas células se activan constantemente; pero, con el paso del tiempo, pueden entrar en fatiga y dejar de autorrenovarse, que es un fenómeno que se observa en las distrofias y cuando existe una pérdida de la masa muscular, como en la caquexia y en la sarcopenia”, comenta Abreu Teixeira. “Si hay más células renovadas, significa que hay más células aptas para regenerar el tejido”, añade.
De este modo, Abreu Teixeira verificó que el ejercicio mantiene la capacidad de regeneración del tejido muscular y contribuye en la recuperación de las lesiones. Por último, el investigador midió el gasto de oxígeno en las células satélite de los roedores sometidos al entrenamiento, en busca de respuestas acerca de qué era lo que llevaba a aquel comportamiento. “Lo sorprendente es que ellas consumen menos oxígeno: es como si se volviesen más económicas”, comenta Abreu Teixeira.
Este descubrimiento contradice la hipótesis inicial de los investigadores, que creían que, dado que los músculos mejoran su capacidad oxidativa con los ejercicios aeróbicos, y que las células satélite permanecen ancladas sobre la superficie del tejido musculoesquelético (de allí su nombre), estas también mejorarían su capacidad aeróbica.
El papel de las mitocondrias
El proceso de respiración celular transcurre en las mitocondrias, estructuras celulares que, hasta hace poco tiempo, se imaginaba que se encargaban únicamente de la producción de energía para el organismo. “En los últimos años hemos descubierto de qué manera están implicadas en diversos procesos”, destaca Kowaltowski.
Para confirmar si el consumo de oxígeno de las mitocondrias realmente era el causante de la autorrenovación de las células satélite, Kowaltowski y Abreu Teixeira realizaron otras dos pruebas: mimetizaron el efecto de la disminución del consumo del oxígeno con medicamentos en cultivos in vitro y, en un segundo momento, les trasplantaron las células ejercitadas a animales sedentarios.
La disminución del consumo de oxígeno en las células estudiadas in vitro mejoró la autorrenovación de las células madre. En el trasplante, no se registraron alteraciones en la cantidad de células reparadas, aunque sí una disminución de la inflamación, un hallazgo que sugería una mejor recuperación muscular.
La idea ahora es investigar los efectos de la merma del consumo de oxígeno mitocondrial y las vías implicadas en la autorrenovación de las células satélite. “En suma, debemos entender por qué al inhibir la respiración celular incrementamos la recuperación muscular”, comenta la científica.
En el futuro, quizá sea posible replicar este fenómeno para tratar la pérdida de masa muscular relacionada con la edad y con problemas tales como el cáncer y el envejecimiento, un proceso que aún es, como se sabe, muchas veces irreversible.
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Un estudio en el que participa la Universidad Politécnica de Madrid pone de manifiesto que realizar actividad física en el tiempo libre se relaciona con niveles más altos de inteligencia emocional y revela diferencias entre hombres y mujeres en las habilidades más beneficiadas.
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La inteligencia emocional es uno de los aspectos más valorados por los profesionales de la psicología a la hora afrontar los problemas y lograr el bienestar mental. Pero, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestra inteligencia emocional? ¿Pueden prácticas tan habituales como el deporte o el ejercicio físico favorecer el desarrollo de esta habilidad? Un estudio en el que han participado la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid pone de manifiesto que la práctica de actividad física en el tiempo libre se relaciona con mayores niveles de inteligencia emocional.
“Es bien conocida la relación de la actividad física y deportiva con beneficios físicos, sociales o psicológicos. La inteligencia emocional es un concepto relativamente novedoso, una habilidad a la que se le atribuyen numerosas ventajas y que se ha relacionado con éxito profesional y mejor salud psicológica, entre otros”, explica Gabriel Rodríguez, investigador del Departamento de Deportes de INEF y uno de los autores de este trabajo en el que también participaron Jorge Acebes, de la Universidad Francisco de Vitoria e Ignacio Díez Vega de la Universidad Europea.
Para comprobar si existe una relación entre la práctica de la actividad física y una mejora de la inteligencia emocional, los investigadores llevaron a cabo diferentes estudios tanto entre estudiantes de grado, como con alumnos que estaban cursando la secundaria en la Comunidad de Madrid, con una muestra de más de 3.000 estudiantes en total. A todos ellos se les pidió que participasen en una encuesta sobre sus hábitos de actividad física y deportivos, que incluía también 24 ítems relacionados con la inteligencia emocional.
Tras analizar los resultados de las encuestas, los investigadores constataron que aquellos estudiantes que realizaban actividad física en su tiempo libre (la que no se realiza en el tiempo de trabajo o estudio ni en los desplazamientos habituales), presentaban mejores resultados en el test de inteligencia emocional que contemplaba variables como la atención, claridad y reparación emocional.
“Las actividades físico deportivas presentan el contexto idóneo para plantear la percepción y expresión de emociones, favorecen la comprensión emocional y recrean situaciones en las que se hace necesario regular las emociones”, explica Gabriel Rodríguez. “Nuestros trabajos demostraron que los estudiantes que hacían más actividad física en el tiempo libre, tenían mayores niveles de atención y reparación emocional”.
Diferencias por sexos
Pese a que esa relación se manifestaba en todos los casos analizados, por sexos, “los hombres que realizaban más actividad física en el tiempo libre mostraban mayores niveles de claridad emocional y reparación emocional, mientras que, en las mujeres, la variable más desarrollada era la atención emocional”, explica el investigador de INEF-UPM.
“El hecho de relacionar las experiencias que se viven durante la práctica de actividad física (sobre todo en la realizada de manera voluntaria en el tiempo libre), con la inteligencia emocional, dota a la actividad física de un nuevo argumento para su práctica. No obstante, son necesarias futuras investigaciones para seguir ahondando en estas relaciones y en los mecanismos que las desarrollan”, concluye Gabriel Rodríguez. .
Trabajo de referencia | Acebes-Sánchez, J., Diez-Vega, I., Esteban-Gonzalo, S. y Rodríguez-Romo, G. (2019). Physical activity and emotional intelligence among undergraduate students: a correlational study. BMC Public Health, 19, 1241. DOI: https://doi.org/10.1186/s12889-019-7576-5. .
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Adquiriendo buenos hábitos nutricionales, disminuyendo el consumo de tóxicos como el tabaco o alcohol, evitar el estrés o aumentar el ejercicio físico son algunos cambios con los que se puede proteger mucho mejor la salud.
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Cada vez son más los estudios que apuntan al estilo de vida como la mejor manera de prevenir y vencer las enfermedades. Un trabajo liderato por Frank Hu, de la Harvard School of Public Health y publicado en BMJ, apunta que mujeres norteamericanas de 50 años que siguen unos hábitos saludables tienen 10 años más de esperanza de vida que las que no lo hacen.
De hecho, 8 de cada 10 enfermedades del futuro estarán relacionadas con el estilo de vida, según explica Ramón Gomis, endocrinólogo y director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Según el doctor Gomis, la prevención de las enfermedades mediante la adopción de hábitos saludables es una de las principales tendencias de la medicina en los próximos años.
"El estilo de vida saludable debe promoverse desde la infancia y fomentar desde la escuela", apunta el doctor Gomis. Pero, ¿cuáles son los hábitos que marcan la diferencia para nuestra salud? El doctor Gomis destaca estos siete aspectos:
1 | La nutrición. "Adquirir buenos hábitos nutricionales consiste en ingerir una proporción de alimentos que nos permita un desarrollo adecuado y la prevención de enfermedades como las cardiovasculares, la obesidad y la diabetes", afirma el profesor Gomis. Las enfermedades del sistema circulatorio son actualmente la primera causa de muerte en España (provocan un 28,3% de las defunciones), seguidas de los tumores. En este sentido, seguir unos hábitos saludables también permitiría evitar la mitad de los cánceres gástricos y un 37% de los de colon.
2 | La actividad física. "Actualmente se lleva una vida demasiado sedentaria y es fundamental modificar este hábito", considera Ramon Gomis. El ejercicio físico no solo ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, sino que también genera resistencias contra el Alzheimer, según el neurocientífico de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Diego Redolar.
3 | La disminución de tóxicos. "Se ha avanzado mucho en la lucha contra el tabaco, pero todavía hay mucho trabajo por hacer", afirma Ramon Gomis. Por otro lado, "es importante reducir el consumo de alcohol, sobre todo entre los jóvenes, y evitar las drogas". Hay que tener en cuenta que "el cerebro de los adolescentes es más vulnerable a los efectos adictivos del alcohol y otras drogas durante el periodo de neurodesarrollo", explica Marina Bosque, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Alcohol de la Sociedad Española de Epidemiología. Además, tal como recuerda Gomis, los tóxicos presentan dos tipos de riesgos de sobre la salud, puesto que además de los efectos en nuestro cuerpo provocan accidentes de tráfico.
4 | El estrés. "Hay que intentar evitarlo, porque el estrés crea muchos problemas vinculados a la depresión, a la ansiedad, y también a enfermedades cardiovasculares y endocrinas", explica Ramón Gomis. El profesor de neurociencia de la UOC Diego Redolar apunta que también puede generar problemas de crecimiento y enfermedades autoinmunes.
5 | El ritmo del sueño. "Nos equivocamos cuando pensamos que no necesitamos dormir. Además, en el caso de los niños los hábitos son muy importantes, y no es buena idea que el fin de semana vayan a dormir mucho más tarde que de costumbre", comenta el profesor Gomis. "Los hábitos se pueden flexibilizar, pero solo hasta un cierto punto", explica. Y añade, «tenemos que aprender a dormir», recordando las palabras del doctor especialista en medicina del sueño Eduard Estivill, que imparte en la UOC el seminario "El sueño como fuente de vida saludable".
6 | La vacunación. "Las vacunas han tenido un impacto muy importante en la mejora de la salud y no podemos bajar la guardia con el hábito de la vacunación", considera Ramón Gomis. "Situaciones como el brote de sarampión en Ucrania del año pasado, con más de 30.000 personas afectadas en Europa, se tienen que evitar", afirma. Además, según el experto, "vacunas más recientes como las del papiloma ayudan a disminuir mucho los casos de cáncer de cuello de útero". La medicina continuará avanzando en este sentido, puesto que "se están desarrollando nanovacunas que pueden ser importantes para enfermedades neurodegenerativas, metabólicas y para el tratamiento del cáncer a través del sistema inmunitario", explica Gomis.
7 | La salud del planeta. Es esencial cuidar del equilibrio de los ecosistemas para proteger nuestra salud, según demuestran los estudios en el ámbito emergente de la salud planetaria. En este sentido, Gomis afirma que «los casos de cáncer se dispararán si el medio ambiente está contaminado», y explica por qué el uso que hacemos de la energía, del agua o el tratamiento de los residuos tiene un impacto en nuestro bienestar físico. "Es imprescindible que aprendamos a cuidar el planeta para mejorar nuestra salud, y que estos hábitos los adquiramos ya desde muy pequeños, en la escuela", concluye. .
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Según un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València, el porcentaje de infracciones es mayor al inicio de la maniobra que al final. El trabajo, que se enmarca dentro del proyecto Safe4Bikes, subvencionado por la Dirección General de Tráfico (DGT), ha analizado 1.292 adelantamientos.
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El 21% de adelantamientos a pelotones ciclistas no respeta la distancia de seguridad. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio desarrollado por el Grupo de Investigación en Ingeniería de Carreteras (GIIC), de la Universitat Politècnica de València (UPV). El trabajo se enmarca dentro del proyecto Safe4Bikes, subvencionado por la Dirección General de Tráfico (DGT).
“Cada vez resulta más frecuente encontrar grupos ciclistas en las carreteras convencionales. Sin embargo, a medida que ha aumentado su presencia en este tipo de vías, también lo ha hecho la siniestralidad de este colectivo. Este estudio pretende contribuir a establecer criterios que permitan mejorar la seguridad vial en carreteras con tráfico ciclista”, apunta el coordinador de este estudio, el catedrático de la UPV Alfredo García.
En su estudio, los investigadores registraron un total de 1.292 adelantamientos, durante 8 jornadas y en 5 carreteras de la provincia de Valencia.
Bicicletas instrumentadas
Para obtener datos de estas maniobras, los investigadores del GIIC-UPV aplicaron una metodología experimental propia, basada en bicicletas de carretera instrumentadas. Estas bicicletas disponen de un velocímetro que permite registrar la velocidad del vehículo que adelanta y la distancia lateral a la que se realiza la maniobra, además de una cámara de video con GPS y un pulsador que registra la percepción de riesgo que tiene el ciclista al ser adelantado. Durante los recorridos, se formaron pelotones de diez ciclistas organizados en configuraciones diversas, como todos en línea o cinco parejas en paralelo, entre otras.
Respecto a la separación lateral a la que se realizan las maniobras, cabe destacar que al inicio del adelantamiento existen más casos en los que no se respetan los 1,5 metros de separación: un 21% al principio de la maniobra, y un 12% al final. Sin embargo, solo en un 8% de los adelantamientos no se respetan los 1,5 metros de separación durante toda la maniobra.
“Se puede concluir que se respeta más la distancia de seguridad al adelantar a pelotones dado que, en una investigación previa de nuestro grupo, desarrollada en 2014, el porcentaje de incumplimientos de la normativa al adelantar a ciclistas en solitario se situaba en un 36%, pero todavía queda mucho por mejorar”, apunta Griselda López, investigadora del GIIC.
Del análisis de los datos, los investigadores concluyen también que en los tramos con arcén estrecho (o sin arcén), más de un 90% de los adelantamientos al grupo ciclista se realizan invadiendo el carril contrario. Además, cuando se adelanta a un pelotón ciclista hay una mayor invasión del carril contrario al inicio de la maniobra (cola del pelotón). Sin embargo, este hecho no implica mayores separaciones laterales en el adelantamiento, pero sí un mayor número de maniobras en seguimiento previo, para esperar y aprovechar zonas sin línea central continua.
Los arcenes coloreados, un peligro... y los que se estrechan también
Por otro lado, de los distintos tramos analizados, el que presenta arcenes coloreados fue en el que se registraron mayores velocidades de adelantamiento y menores separaciones laterales. “Pintar los arcenes no es una medida adecuada para la seguridad de los ciclistas”, concluye Alfredo García.
Para realizar un exhaustivo análisis de la percepción que los ciclistas y conductores tienen de su interacción en las carreteras que comparten, los investigadores desarrollaron dos encuestas on-line, cada una orientada a uno de los colectivos implicados.
Respecto a los arcenes, tanto ciclistas como conductores indican que un estrechamiento del arcén es el factor de mayor riesgo al circular en carretera. Ambos también perciben como factores de alto riesgo la presencia de elementos invasores en el arcén y deterioros en el pavimento o falta de limpieza.
La circulación en paralelo, punto de desencuentro
Entre los principales resultados de las encuestas, la mayoría de ciclistas (72,1%) y conductores (69,3%) consideran que la distancia lateral de 1,5 m es suficiente, si bien hay más de un 22% de conductores y ciclistas que indican que debería ser mayor o variar según las características de la vía.
Sobre la disposición de los grupos ciclistas, el 78,3% de los ciclistas encuestados prefieren circular en paralelo (ya sea por el arcén, o por el arcén y carril); sin embargo, casi el 43% de los conductores que no son ciclistas prefieren la circulación de ciclistas en línea.
Las opiniones de ciclistas y conductores son diferentes al analizar el factor de menor riesgo relacionado con la geometría de la carretera. Para los ciclistas el factor menos peligroso es la baja visibilidad en curvas, mientras que para conductores es el ancho de carril insuficiente, aunque para ellos lo más peligroso se sitúa en las curvas de poca visibilidad.
Respecto al factor humano, el efecto del alcohol o las drogas, tanto al volante como al manillar, es el factor más peligroso para ambos colectivos. .
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La combinación de 5 a 6 hábitos saludables en personas mayores de 60 años se asocia a una reducción a la mitad del riesgo de utilizar excesivamente algunos servicios sanitarios. Así lo aseguran médicos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) en un trabajo que se publica en el American Journal of Preventive Medicine.
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La población de edad avanzada ha ido creciendo en los últimos años y son los que más utilizan servicios sanitarios. Se sabe que los hábitos saludables se asocian a disminuciones en el padecimiento de enfermedades y mortalidad, pero no se ha estudiado el impacto combinado de hábitos saludables en la utilización de servicios sanitarios.
En un trabajo reciente, investigadores de la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), con ayuda del Fondo de Investigación Sanitaria del Instituto de Salud Carlos III y fondos Europeos FEDER/FSE, analizaron el efecto de la combinación de 5 a 6 hábitos saludables en la utilización de varios servicios sanitarios en personas mayores en España.
“Realizar un trabajo como este era potencialmente relevante a priori por varias razones. Primero: la adherencia a los hábitos saludables en las personas mayores es baja. Segundo: mejores estados de salud se han asociado a menores gastos sanitarios. Y tercero: intervenir sobre varios hábitos saludables podría ser más eficaz que sobre hábitos aislados”, afirma José Ramón Banegas, director del trabajo e investigador del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UAM.
Los resultados, publicados en el American Journal of Preventive Medicine, mostraron por primera vez que la combinación de 5 a 6 hábitos saludables en los adultos mayores se asocia –independientemente de otros factores sociodemográficos, estilos de vida y enfermedades crónicas– con una disminución a la mitad del riesgo de polifarmacia, visitas frecuentes al médico de atención primaria y hospitalización.
Estudio de hábitos saludables
Entre los años 2008 y 2010, los investigadores reclutaron una cohorte de 2.519 personas mayores de 60 años, basada en el estudio ENRICA (Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España), representativo de la población mayor española.
Los hábitos saludables estudiados fueron: nunca haber fumado, ser físicamente activo, seguir una dieta mediterránea, dormir 7-8 horas al día, estar sentado menos de 8 horas al día y no vivir solo.
Los participantes fueron seguidos hasta los años 2012-2013 con el objetivo de obtener información sobre la utilización de servicios sanitarios. Los servicios sanitarios por los que se les preguntó fueron: polifarmacia (tomar más de 5 medicamentos al día), visitas frecuentes al médico de atención primaria (1 vez al mes o más), o al especialista (más de 1 vez al año), haber estado hospitalizado al menos 1 vez en el último año.
A excepción de las visitas al especialista, los investigadores observaron una reducción significativa en la utilización de servicios sanitarios con el aumento del número de hábitos saludables.
“Por cada hábito saludable adicional, disminuía un 18% el riesgo de polifarmacia; un 13% el riesgo de acudir frecuentemente a la atención primaria, y un 15% el riesgo de ser hospitalizado al menos una vez al año”, afirma Banegas.
“En otros términos, comparados con los participantes que no cumplían ningún hábito saludable o solo uno, aquellos que cumplían 5 o 6 tuvieron la mitad de riesgo de polifarmacia, de visitas frecuentes a la atención primaria y de hospitalización”, detalla Ana Hernández-Aceituno - primera firmante del trabajo.
De acuerdo con los autores, estos resultados son importantes ya que, por ejemplo, la polifarmacia afecta al 36% de las personas de este estudio y aumenta el riesgo de tomar de manera inadecuada los medicamentos o de tener una menor adherencia al tratamiento.
Asimismo, la disminución de las visitas de atención primaria y las hospitalizaciones asociadas con un estilo de vida saludable podría conducir a una mejor atención debido a la menor carga de trabajo, listas de espera más cortas y una reducción de las complicaciones que conlleva la hospitalización.
Por último, esta información tiene una potencial relevancia clínica y de salud pública en la disminución de los crecientes gastos sanitarios asociados al uso epidémico de los servicios sanitarios en las personas mayores. Por ello, centrar estrategias de salud pública en la promoción de hábitos saludables podría ayudar a reducir los gastos sanitarios evitables o disminuibles asociados a un uso excesivo de los servicios sanitarios. .
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Referencia | Hernández-Aceituno A, Pérez-Tasigchana RF, Guallar-Castillón P, López-García E, Rodríguez-Artalejo F, Banegas JR. Combined Healthy Behaviors and Healthcare Services Use in Older Adults. Am J Prev Med. Doi: 10.1016/j.amepre.2017.06.023.
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Cuando se comparan distintos tipos de entrenamientos, los efectos encontrados se deben no solo a la diferencia de la intensidad empleada sino a la propia metodología del ejercicio.
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Investigadores del departamento de Didáctica de la Educación Física, Plástica y Musical de la Universidad de Cádiz analizan y demuestran que los cambios de intensidad moderada del ejercicio también pueden mejorar la salud. Tras evaluar diferentes enfoques y matices de las metodologías de entrenamiento actuales, han confirmado que no todos los beneficios se deben a la intensidad a la que se desarrollan.
Así, los expertos proponen el entrenamiento a intervalos de esfuerzo moderado frente a una alta intensidad como alternativa para personas con ciertos riesgos o dificultades específicas de salud y a las que se desaconsejan cargas mayores. Este tipo de ejercicios podría servir de estímulo como paso previo a una mayor magnitud, además de favorecer la adaptación del organismo al deporte. Otra ventaja de la intensidad moderada intermitente es la facilidad para alcanzar y controlar la consecución de objetivos de entrenamiento, aunque siempre se recomienda la supervisión de personal especializado en ciencias del deporte.
En el editorial publicado en la revista British Journal of Sports Medicine titulado ‘High-intensity intermittent training versus moderate-intensity intermittent training: is it a matter of intensity or intermittent efforts?’, los expertos realizan una revisión de toda la literatura científica publicada hasta el momento sobre los beneficios que este tipo de ejercicio supone no sólo frente a los clásicos entrenamientos de tipo continuo sino también en similar medida a los atribuidos al de alta intensidad, llamados de HIIT (High Intensity Interval Training).
En él sugieren que el ejercicio de intervalos podría tener un efecto independiente y adicional al de intensidad. Además, confirman el papel beneficioso del entrenamiento intermitente moderado en la obesidad, tanto en los parámetros de salud como en los factores cardiovasculares. Por tanto, concluyen que no todos los beneficios del entrenamiento de intervalos se deben a la carga del trabajo sino al hecho de que la alternancia, también llamada metodología intermitente, tiene sus propios efectos sobre la fisiología humana.
Por ello, plantean la necesidad de más estudios sobre el papel particular del entrenamiento de intervalos de intensidad moderada en la salud y las adaptaciones generadas que permitan conocer los beneficios que pueden ser atribuidos a este tipo de estímulo concreto y ponerlas en práctica de manera aplicada en entrenamientos personalizados.
“Hasta el momento ha sido habitual comparar los entrenamientos de intervalos de alta intensidad con los de tipo continuo dotando de mayores beneficios en los resultados a los primeros. En esos casos, los autores explicaron las diferencias principalmente en función de si el tipo de estímulo es intermitente o continuo, sin tener en cuenta las distintas cargas de trabajo. Es necesario dedicar esfuerzo de investigación a esta nueva vertiente”, indica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Cádiz David Jiménez Pavón, autor principal del estudio.
La intensidad según el fin
La influencia de la carga de trabajo misma no se ha investigado demasiado hasta el momento, según afirma el autor. Concretamente, en uno de los estudios analizados se indica que una actividad de intensidad moderada en personas obesas era igualmente eficiente que las que soportaban mayores esfuerzos. Con ambas aumentaban la oxidación de grasa y las respuestas de lactato de sangre, ácido que se forma cuando el cuerpo descompone carbohidratos para utilizarlos como energía cuando los niveles de oxígeno son bajos. Ese mismo estudio concluye que la función cardiovascular mejora tanto en alta como en moderada, se amplía el consumo máximo de oxígeno y baja el índice de masa corporal y el porcentaje de grasa.
Además, con este tipo de ejercicio disminuye la percepción del esfuerzo subjetiva por la persona que lo realiza, lo que fomenta la adhesión a la práctica del ejercicio.
“Como, en ocasiones, el ejercicio de muy alta intensidad puede disuadir a las personas físicamente inactivas y no aptas, la moderada puede tener una ventaja práctica y llegar a más población”, afirma el investigador.
El entrenamiento de intensidad intermitente ha ganado popularidad en los últimos años por sus efectos superiores al ejercicio aeróbico continuo, tanto los que se aconsejan para personas con distintas dolencias como para atletas de competición. Se trata de la realización de ejercicio físico en el que se alternan un periodo de tiempo determinado con un esfuerzo alto, con otro de carga moderada o baja y un espacio de reposo para volver a repetir el ciclo varias veces.
Este tipo de trabajo se relaciona con la mejora de capacidad aeróbica y al mismo tiempo, mejoras metabólicas como la oxidación de grasas al trabajar con tiempos de esfuerzos en los que la intensidad es mayor, estableciendo pausas de recuperación más cortas.
La editorial publicada forma parte de una de las líneas de investigación en las que trabaja el investigador, financiada por el programa Ramón y Cajal del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad cuya temática global se denomina ‘The epidemiology of promoting health and preventing cardiometabolic diseases through physical activity and exercises prescription’..
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Referencia bibliográfica | David Jiménez-Pavón, Carl J. Lavie: ‘High-intensity intermittent training versus moderate-intensity intermittent training: is it a matter of intensity or intermittent efforts?’. British Journal of Sports Medicine.
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El sedentarismo y la falta de actividad física tiene cada vez más incidencia en la esfera de la salud pública de los países occidentales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que hace hincapié desde hace años en el valor de la actividad física para fomentar la salud y prevenir algunas patologías.
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Suecia, Finlandia y Dinamarca son los países de la Unión Europea donde se practica actividad física o deporte con más regularidad, según un estudio científico publicado en Open Access Library Journal por los expertos Antonio Monleón-Getino, Marta Cubero y Martín Ríos, de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, y Daniel Ríos, profesor del Instituto de Sales, en Viladecans (Barcelona). Las conclusiones subrayan que los habitantes de Portugal, Italia, España y, muy especialmente, Grecia, se sitúan por debajo del valor promedio de Europa en indicadores sobre población y actividad física.
El sedentarismo y la falta de actividad física tiene cada vez más incidencia en la esfera de la salud pública de los países occidentales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que hace hincapié desde hace años en el valor de la actividad física para fomentar la salud y prevenir algunas patologías, la falta de actividad física es el cuarto factor de riesgo en mortalidad mundial, y es la causa principal de más del 21% de los cánceres de pecho y de colon, el 27% de los casos de diabetes y cerca del 30% de la carga de cardiopatías isquémicas.
El nuevo trabajo aborda aspectos generales de la actividad física y no se centra en ningún deporte en particular. En concreto, se basa en el análisis multivariante de datos de cerca de 27.000 personas de 27 países de la Unión Europea, según la información publicada por el Eurobarómetro de la Comisión Europea sobre la práctica de deporte declarada por ciudadanos mayores de quince años.
Para cada país estudiado, los expertos analizan la práctica de ejercicio físico y deporte de sus habitantes, que son clasificados en cuatro categorías: los que no hacen deporte, los que prácticamente nunca, los que lo practican con cierta regularidad y los que lo hacen con regularidad.
La actividad física en Europa: ¿un nuevo mapa de la desigualdad?
"Una vez analizada la regularidad con la que se practica ejercicio o deporte en veintisiete países de la Unión Europea, se ha observado que en los nórdicos —Suecia, Finlandia y Dinamarca— esta práctica es más regular", explica Daniel Ríos, profesor de secundaria en la Instituto de Sales.
Después de Suecia, Finlandia y Dinamarca, los países con mejores indicadores de actividad física de la población son Eslovenia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Reino Unido y Francia. Los niveles más bajos de actividad física, por el contrario, se registraron en Bulgaria y Grecia.
"Como conclusión —apunta Daniel Ríos—, también consideramos que los niveles educativos y económicos de los países están relacionados estrechamente con la práctica de ejercicio físico o deporte de los ciudadanos". En efecto, este trabajo describe cómo la práctica habitual de ejercicio y deporte se asocian con los adultos más implicados en actividades formativas, y con un destacado grado de satisfacción respecto a su estatus económico y su perfil laboral.
En el caso particular de España, "el nivel de práctica de deporte está correlacionado con el estatus socioeconómico, tal como reveló la Encuesta de hábitos deportivos en España de 2015", explica el profesor Antonio Monleón-Getino, del Departamento de Genética, Microbiología y Estadística de la Universidad de Barcelona, y miembro del Grupo de Investigación de Bioestadística y Bioinformática (GRBIO), equipo integrante de la plataforma Bioinformatics Barcelona (BIB). La encuesta, elaborada en el marco del Plan estadístico nacional 2013-2016 por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Consejo Superior de Deporte y el Instituto Nacional de Estadística, tenía por objetivo aportar los indicadores principales sobre los hábitos y prácticas deportivas de los habitantes de todo el Estado.
Una técnica estadística multivariante de gran potencia analítica
El trabajo aplica un método de escalamiento multidimensional (MDS) para representar el conjunto de variables para los veintisiete países europeos estudiados y un país de valor promedio (que sería el promedio de los países que integran la Unión Europea).
Como recuerda el profesor Daniel Ríos, "la técnica multivariante MDS trata de representar en un espacio euclidiano de pocas dimensiones las proximidades o distancias que hay entre un conjunto de objetos, que en este caso son países". Esta técnica combina una gran capacidad para reducir datos con una gran potencia gráfica y representarlas en un espacio de pocas dimensiones (en concreto, dos o tres).
"El MDS es muy interesante porque complementa otras técnicas multivariantes (análisis factorial, análisis clúster, etc.) y permite descifrar complejas colecciones de datos multivariados en que la relación entre las variables está definida en términos de proximidad o distancia estadística. En este artículo, como novedad metodológica, se aplica la conocida como distancia de Bhattacharyya para calcular la separación entre países", detallan los autores.
Tal como explican los expertos, el nuevo trabajo también quiere impulsar futuras investigaciones basadas en la aplicación de métodos multivariantes en la gestión e interpretación de la información estadística. .
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Hacer deporte es bueno para la salud, pero menos si hay mucha contaminación atmosférica. Así concluye un nuevo estudio que revela cómo los beneficios inmediatos en las vías respiratorias de la actividad física se ven reducidos a corto plazo en los casos de mayor exposición a la polución causada por el tráfico.
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Un nuevo estudio realizado por investigadores de ISGlobal, y publicado en la revista Environment International, ha analizado qué efectos tiene para la salud la práctica de ejercicio físico en la ciudad, bajo la exposición a la contaminación atmosférica provocada por el tráfico de coches. La investigación concluye que la exposición a altos niveles antes y durante la actividad podría reducir los beneficios de esta para la salud.
El trabajo, que forma parte del proyecto europeo EXPOsOMICS, ha sido realizado en Barcelona con 30 personas sanas, a las que se ha realizado un seguimiento individual durante cuatro días en diferentes escenarios de exposición a la contaminación atmosférica.
Los resultados muestran que los participantes experimentaron un aumento significativo de la función de las vías respiratorias a corto plazo, que se prolongó durante varias horas después de haber realizado actividad física, incluso en ambientes contaminados.
Sin embargo, la exposición a niveles elevados de contaminación atenuó los beneficios respiratorios derivados del ejercicio. En concreto, las personas experimentaron una disminución a corto plazo en la función de las vías respiratorias altas y bajas, independientemente del nivel de actividad física que habían practicado.
La investigación sugiere que la actividad física reduce los efectos negativos que algunas partículas en suspensión (PM2,5, PM10 y PMcoarse) tienen en las vías respiratorias. Además, el nivel de exposición previo también influyó en la función pulmonar de los participantes.
Necesarios más estudios
Mark Nieuwenhuijsen, coordinador del trabajo y director de la iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, explica que “análisis previos ya habían mostrado que las personas que realizan deporte en la ciudad estaban más expuestas a la contaminación atmosférica, pero había la duda de si la practica en ambientes con alta contaminación era beneficioso o perjudicial para la función pulmonar”.
El estudio realizado muestra que la exposición a varios contaminantes ambientales “sí tiene un impacto en las vías respiratorias, pero es necesario realizar más estudios para confirmar esta asociación”.
Otra investigación, coordinada por ISGlobal y publicado en 2015, ya mostraba que los beneficios de la actividad física sobre nuestra salud son superiores a los perjuicios causados por la contaminación atmosférica..
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Referencia bibliográfica | Matt F, Cole-Hunter T, Donaire-Gonzalez D, Kubesch N, Martinez D, Carrasco-Turigas G, Nieuwenhuijsen M. Acute respiratory response to traffic-related air pollution during physical activity performance. Environ Int 2016; 97: 45-55
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