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Los resultados de un reciente estudio, impulsado por un grupo de investigación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ofrecen un catálogo de recomendaciones para promover la implicación ciudadana y cambio social desde las escuelas.
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Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular
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El objetivo de la investigación, realizada por el grupo de investigación Ciberimaginario de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) con la colaboración de la Northwestern University (Catar), ha sido identificar las fuerzas de cambio para mejorar los mecanismos de intervención en el ámbito educativo en España, orientados a fomentar el compromiso y la participación social de los jóvenes. Los resultados de este estudio, publicado en la revista científica Comunicar, se han materializado en una serie de recomendaciones, dirigidas a técnicos, directivos, formadores de formadores -personas encargadas de formar a otros docentes-, docentes e investigadores, para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.
“La crisis climática y la emergencia medioambiental auguran un futuro de incertidumbre para el planeta. Las directivas europeas y nacionales educativas establecen los marcos de actuación y los compromisos que cada agente debe asumir para alcanzar el nuevo paradigma sostenible basado en la Economía Circular”, señala Alejandro Carbonell, investigador del grupo Ciberimaginario y coautor del estudio.
Durante el proceso de investigación, se realización entrevistas a técnicos y directivos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, así como de las Consejerías educativas de las 17 Comunidades Autónomas. También se establecieron grupos de discusión con formadores de formadores, con el profesorado de distintos niveles educativos (infantil, primaria, secundaria, bachillerato y FP) y con investigadores de universidades españolas.
Una vez analizados los datos, los resultados obtenidos apuntan a tres posibles escenarios futuros: indeseado, de transición y deseado. “Para alcanzar el escenario deseado y evitar el distópico hemos planteado recomendaciones de aplicación práctica en el ámbito educativo”, destaca el investigador de la URJC. Entre estas recomendaciones destacan algunas dirigidas a los centros educativos como motores de cambio social: “El centro debe dialogar con su entorno próximo para generar sinergias de colaboración que permitan vincular la acción educativa con el cambio y la innovación social”, según se recoge en el trabajo publicado. Además, en este documento también se dirigen algunos puntos al profesorado para fomentar su implicación directa: “Los docentes son agentes modelizadores capaces de incentivar los procesos de reducción, reutilización y reciclaje en el aula. Por ese motivo, las acciones realizadas por el profesorado deben incluirse en todos los niveles educativos desde los niveles elementales y primarios, hasta los superiores y de formación profesional”.
Este trabajo forma parte de Proyecto BIOTRES-CM, cofinanciado por la Comunidad de Madrid, el Fondo Social Europeo y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y está disponible en abierto: Recomendaciones para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.
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Trabajo de referencia | Carbonell-Alcocer, A., Romero-Luis, J., Gértrudix-Barrio, M., & Borges-Rey, E. (2022). Educating for a sustainable future through the Circular Economy: Citizen involvement and social change. [Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular: Implicación ciudadana y cambio social]. Comunicar, 73. https://doi.org/10.3916/C73-2022-02
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La “conectividad laboral” es clave para recuperar las economías locales. La investigación contempla los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.
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La “conectividad laboral” (la posibilidad de encontrar trabajos parecidos) es un factor determinante clave de la capacidad de recuperación de las economías locales frente a situaciones de crisis, según un estudio publicado recientemente en Nature Communications por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Sociedad Max Planck y de la Universidad de Pittsburgh. Para llegar a esta conclusión se han basado en investigaciones de modelado de redes y han mapeado el paisaje laboral de las ciudades de Estados Unidos durante crisis económicas.
Conocer los factores que contribuyen a la salud de los mercados laborales resulta interesante porque puede ayudar a promover una recuperación más rápida después de una crisis, como puede ser una recesión económica importante o la pandemia de COVID actual. Los estudios tradicionales conciben al trabajador como alguien ligado a un puesto de trabajo específico de un sector, pero en la vida real a menudo los profesionales terminan trabajando en otros sectores que requieren habilidades similares. En este sentido, los investigadores contemplan los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.
En este contexto, un mercado laboral eficiente depende de muchas cosas, como la diversidad y el número de ofertas de trabajo o las oportunidades de formación que tienen los trabajadores para adquirir nuevas competencias, por ejemplo. En este estudio científico los investigadores han comprobado que incluso ciudades en las que todos estos factores son muy similares responden de manera diferente en relación a la recuperación de crisis económicas. ¿Por qué? “Hemos descubierto que parte de la diferencia proviene del ‘mapa’ de los trabajos, una red que nos dice cómo están relacionados los trabajos dentro de una ciudad de acuerdo con la similitud de las competencias requeridas para realizar esos trabajos”, explica el profesor del departamento de Matemáticas de la UC3M y coautor del estudio, Esteban Moro, actualmente profesor visitante en el Media Lab del MIT.
“Cuando ese mapa es muy limitado, es decir, cuando hay muy pocas posibilidades de buscar otro empleo parecido (lo que nosotros llamamos “conectividad laboral”), las ciudades están peor preparadas para una crisis laboral. En cambio, cuando ese mapa ofrece muchas posibilidades de ir de un trabajo a otro similar, la ciudad está mejor preparada. Y también tiene un efecto sobre el salario de los trabajadores: en una misma ocupación se cobra más en una ciudad que tiene una red más diversa que en otra que sea más limitada”, añade Esteban Moro.
Ecología, redes complejas y conectividad laboral
En ecología y otros dominios donde existen redes complejas, la resiliencia ha estado estrechamente vinculada a la “conectividad” de las redes. En la naturaleza, por ejemplo, los ecosistemas con muchas conexiones han demostrado ser más resistentes a determinados choques (como los cambios en la acidez o en la temperatura) que aquellos con menos conexiones. Inspirados en esta idea y basándose en trabajos previos de modelado de redes, los autores del estudio modelaron las relaciones existentes entre los trabajos en varias ciudades de Estados Unidos. Así como la conectividad en la naturaleza fomenta la resiliencia, predijeron que a las ciudades con trabajos conectados por habilidades y geografía superpuestas les iría mejor frente al impacto económico que aquellas sin tales redes.
Para validar esto, los investigadores examinaron datos de la Oficina de Estadísticas Laborales para todas las áreas metropolitanas de EEUU desde el inicio hasta el final de la Gran Recesión (del 2008 al 2014). Con ello, crearon mapas del panorama laboral para cada área, incluyendo el número de trabajos específicos, su distribución geográfica y el grado en que las habilidades que necesitaban se superponían con otros trabajos en el área. El tamaño de una ciudad determinada, así como su diversidad de empleos, desempeñaron un papel en la resiliencia, y las ciudades más grandes y diversas obtuvieron mejores resultados que las más pequeñas y menos diversas. Sin embargo, al controlar el tamaño y la diversidad, al tener en cuenta la conectividad laboral, se mejoraron significativamente las predicciones de las tasas máximas de desempleo durante la recesión. Es decir, las ciudades donde la conectividad laboral era más alta antes del colapso fueron significativamente más resistentes y se recuperaron más rápido que aquellas con mercados menos conectados.
Incluso en ausencia de crisis temporales como la Gran Recesión o la pandemia de COVID, fenómenos como la automatización pueden cambiar radicalmente el panorama laboral de muchas áreas en los próximos años. ¿Cómo pueden prepararse las ciudades para esta disrupción? Los investigadores de este estudio ampliaron su modelo para predecir cómo se comportarían los mercados laborales al enfrentarse a la pérdida de empleo debido a la automatización. Descubrieron que si bien las ciudades de tamaños similares se verían afectadas de manera similar en las fases iniciales de los choques de automatización, aquellas con redes de trabajo bien conectadas brindarían mejores oportunidades para que los trabajadores desplazados encuentren otros trabajos. Esto proporciona un amortiguador contra el desempleo generalizado y, en algunos casos, incluso conduce a la creación de más puestos de trabajo como consecuencia del impacto inicial de la automatización.
Los hallazgos del estudio sugieren que los responsables de la formulación de políticas deberían considerar la conectividad laboral al planificar el futuro del trabajo en sus regiones, especialmente donde se espera que la automatización reemplace una gran cantidad de puestos de trabajo. Además, el aumento de la conectividad no solo da como resultado un menor desempleo, sino que también contribuye a un aumento de los salarios generales. Estos resultados ofrecen una nueva perspectiva en torno a los debates sobre el futuro del trabajo y pueden ayudar a orientar y complementar las decisiones actuales sobre dónde invertir en la creación de empleo y los programas de formación, según los investigadores.
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Casi la mitad de los jóvenes de la UE considera que adquirir réplicas es una compra inteligente o un acto de protesta. Existen tres tipos de consumidores de copias: el que busca la aceptación social, el "antimarca" y el ignorante. Uno de cada ocho españoles afirma haber sido engañado al comprar falsificaciones.
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Núria Bigas Formatjé | UOC
Imitación, reproducción, plagio, copia o réplica son algunos de los eufemismos que los productos falsificados tienen. Este problema supone al comercio y a los fabricantes de España pérdidas de un 10,6 % del volumen total de sus ventas, lo que se traduce en 6.766 millones de euros anuales, según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). "Tenemos una necesidad de reconocimiento social de proyección de nuestro prestigio y las marcas de lujo son una herramienta para lograrlo", afirma Ana Jiménez-Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Y es que la propiedad intelectual no parece ser un problema social y económico muy importante, sobre todo para los más jóvenes (de 15 a 24 años). Según el estudio Los ciudadanos europeos y la propiedad intelectual: percepción, concienciación y conducta, el 49% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) de esta edad coincide en que la adquisición de falsificaciones es "un acto de protesta" y el 52%, en que es "una compra inteligente". "Consideran que es una acción de protesta porque creen que el precio es un abuso por parte de las empresas, y que el producto no se democratiza, reservándose para una sola parte de público o élite", afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. "Por otro lado, entienden que la falsificación es una compra inteligente porque, si reproduce el modelo original de forma fiel, el consumidor consigue aparentar que el producto es original, habiéndolo adquirido a un precio más económico", añade.
Más jóvenes menos preocupados
La edad aparece como una variable que tener en cuenta: cuanto más jóvenes, más proclives se muestran los ciudadanos de la UE a respaldar tales afirmaciones. "Son quienes menos capacidad de compra tienen, pero en muchas ocasiones también quienes más siguen la moda y las tendencias, y pueden sentirse presionados por la influencia de su círculo social, que puede llevarles a mantener un ritmo determinado de consumo y a tener que aparentar que pueden llevarlo", explica Soler.
Por otro lado, según Soler, las generaciones jóvenes son las que más adoptan una actitud activa contra las desigualdades e injusticias, y la falsificación es uno de los medios que pueden utilizar para "castigar" a las empresas que, en su opinión, fomentan la desigualdad entre personas o cometen esas injusticias. La variable del sexo no aparece como determinante en el consumo de falsificaciones; el consumo de este tipo de productos es muy similar entre hombres y mujeres de esta edad.
En general, conseguir el objeto deseado por mucho menos es un deseo que comparten el 34% de los ciudadanos de la UE, y si además permite ganar reputación social, mejor. "El consumidor entiende que está consiguiendo los dos objetivos, la función básica que es el objeto necesario, junto con la necesidad social y hedónica, que es la proyección social y satisfacción personal que ese objeto le atribuye", detalla Jiménez-Zarco, también investigadora del grupo i2TIC (Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre las TIC). En esta línea, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados reafirma la tesis: este tipo de consumidor experimenta sentimientos de orgullo (del tipo narcisista) ante una compra de producto falsificado y puede llegar a ser un prescriptor de este tipo de productos cuando relata su experiencia.
Tres tipos de consumidores de falsificaciones
Comprar réplicas para adaptarse a un grupo social es una de las razones por las que algunos consumidores se acercan a las falsificaciones. "Los productos cada vez buscan satisfacer un mayor nivel de necesidades (aquellas que responden a requisitos de ámbito social o personal). Por lo tanto, llevar una marca con un prestigio alto, con una reputación de marca exclusiva y socialmente exitosa proyecta una imagen en la persona que la consume que responde a necesidades de carácter social como la aceptación social: yo lo merezco, yo me siento bien si llevo esta marca, la gente creerá que soy una persona exclusiva, que tengo un buen estatus económico o que me muevo en cierto ambiente", puntualiza Jiménez-Zarco.
Por otro lado, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados afirma que, además del consumidor que persigue la aceptación social, hay el "antimarca" y el consumidor que ignora que compra un producto falsificado. Por consumidor antimarca o detractor, entendemos aquel que "considera que lo que puede aportar una marca no solo no está justificado por el precio, sino que además genera un perjuicio: perjuicio social, al crear desigualdad y discriminar a las personas; perjuicio económico, si la persona siente la necesidad de adquirir esa marca, pero debe realizar un gran esfuerzo para hacerlo; perjuicio medioambiental, si el enfoque que la marca le da al producto es lucrativo únicamente, sin importar otros aspectos relevantes, como el cuidado del planeta; perjuicio moral o ético, cuando la marca no genera un valor diferencial realmente, pero lo comunica al público como si lo tuviera", explica Soler.
El consumidor de falsificaciones engañado, cada vez más común en el medio en línea
Finalmente, el perfil con menos conocimiento es el que compra productos falsificados, en ocasiones, no teniendo mucha consciencia de que lo son, ya que el lugar donde los compra resulta lícito. De hecho, uno de cada ocho españoles confiesa haber sido engañado al comprar falsificaciones. "Y ello es debido, efectivamente, a que pueden encontrarse tiendas lícitas que venden productos falsificados, ya que el comercio electrónico se ha convertido en el principal canal para la distribución de estos productos", afirma Soler. Según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2021), el medio en línea concentra el 82% del valor total de las falsificaciones. Entre los países desde donde más se comercializa este tipo de falsificaciones, en primer lugar está China, con más del 75% de las incautaciones de productos falsificados, seguida de Hong Kong, con un 5,7%, Turquía, con un 5,6%, y Singapur, con un 3,3%. En conjunto, el valor de las pérdidas anuales en ventas en España equivale a 146 euros por ciudadano.
En general, el consumidor de falsificaciones no repara en las consecuencias de su conducta sobre los otros, y relativiza y justifica sus acciones y responsabilidades. En esta línea, Jiménez-Zarco afirma que no es consciente ni se plantea el perjuicio económico ni social que está creando. "No piensa ni en la empresa ni el diseño, ni en la propiedad intelectual, solo busca su satisfacción personal. También parte de la premisa de que la marca se está llevando un margen de beneficio brutal y, por lo tanto, considera que puede permitirse el lujo de que ciertos clientes no le compren, y además puede pensar que con su compra le está haciendo publicidad", concluye Jiménez-Zarco.
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Un estudio realizado por Jordi Gumà (UPF) y Bruno Arpino (Universidad de Florencia) analiza cómo la revolución de género afecta al bienestar individual de mujeres y hombres que conviven en pareja en el Estado. El objetivo de la investigación es analizar si la desigual participación en cuanto a la provisión de recursos económicos y la realización de tareas domésticas en el hogar se asocia con diferencias en los niveles de satisfacción vital.
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Durante las últimas décadas, España ha experimentado cambios sociales acelerados en materia de igualdad de género, aunque partía de una situación más atrasada que la mayoría de países europeos, como consecuencia de la dictadura franquista. Este proceso se frena por la recesión económica iniciada en 2008, lo que subraya la importancia que tiene el contexto económico en la evolución de los niveles de desigualdad de género. En el ámbito académico se ha prestado poca atención sobre cómo esta revolución de género se asocia con factores relacionados con el bienestar individual.
Un estudio de Jordi Gumà, investigador del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales y miembro del Grupo de Investigación en Sociodemografía (DEMOSOC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), junto con Bruno Arpino, investigador de la Universidad de Florencia (Italia), explora la asociación entre el nivel de satisfacción subjetivo con la vida y el grado de participación relativa de mujeres y hombres dentro del hogar con respecto a la provisión de recursos económicos y la realización de las tareas domésticas entre la población española adulta que convive en pareja.
A raíz de su investigación, publicada en la Revista Internacional de Sociología, los investigadores (que han separado los análisis de la esfera pública y de la esfera privada para captar los efectos de manera diferenciada) llegan a la conclusión de que el nivel de satisfacción con la vida está marcado en gran parte por la capacidad económica del hogar: "Cuando no se declara tener dificultades económicas, parece que los comportamientos de género en el ámbito del hogar tienen una menor influencia sobre los niveles de satisfacción con la vida por parte de los individuos, sean mujeres u hombres, que en los hogares con problemas económicos", afirman los investigadores.
Asimismo, los resultados ponen de manifiesto que habría una situación de tensión entre el contexto social y los valores heredados (con un desequilibrio entre los valores de género, mucho más igualitarios, y las prácticas finales observadas) que afectaría los niveles de bienestar individuales.
La metodología de la investigación analiza muestras españolas por la Encuesta Social Europea (ESS) de 2004 y 2010 conjuntamente, años en los que se introdujeron las preguntas sobre familia, trabajo y bienestar. Los diferentes análisis las han llevado a cabo de manera independiente según el sexo, para poder identificar posibles diferencias entre mujeres y hombres. La muestra se ha restringido a las personas que declararon convivir en pareja, con edades comprendidas dentro de la franja entre 25 a 59 años.
Los investigadores afirman que la contribución relativa a los ingresos del hogar y la realización de las tareas del hogar "tiene un efecto significativo sobre la satisfacción con la vida en el caso específico de las personas con dificultades económicas". Este efecto muestra que los hogares que declaran tener dificultades económicas tienen un perfil de género mucho más cercano al tradicional. Sin embargo, han encontrado diferencias notables entre hombres y mujeres.
La situación global del hogar determina la satisfacción de las mujeres
En cuanto a las mujeres, los investigadores han determinado que "su satisfacción con la vida está definida, sobre todo, por la situación global del hogar, más allá de su situación particular en cuanto a su contribución relativa a los ingresos y al tiempo relativo dedicado a las tareas domésticas”. Así, es su posicionamiento dentro de lo esfera privada el que marca las diferencias en los valores de satisfacción vital en cuanto a las mujeres en España.
Entre las mujeres que declaran no tener dificultades económicas (llegan a fin de mes de manera suficiente o cómoda), los autores observan una relación positiva entre sus niveles de satisfacción y el tiempo dedicado a las tareas del hogar: cuanto mayor es la su dedicación, mayor es su nivel de satisfacción. Este patrón es exactamente lo contrario en el caso de las mujeres que declaran tener dificultades económicas, entre las que cuanto mayor es su dedicación a las tareas del hogar, menor su satisfacción.
Según los investigadores, una explicación posible es que aquellos hogares con más poder económico tendrían una mayor capacidad de contratar servicios remunerados para realizar las tareas del hogar, por lo que, aunque estas mujeres dedican más tiempo a las tareas del hogar que las sus parejas, el número absoluto de horas destinadas puede ser menor que las que declaran tener dificultades económicas, y tampoco supone que haya paridad con el hombre. De hecho, si nos fijamos en la media de horas dedicadas a las tareas, este valor es significativamente inferior entre las mujeres con más poder económico.
La satisfacción de los hombres con la vida viene marcada por su situación individual
En el caso de los hombres, los autores han detectado diferencias significativas en su nivel de satisfacción en relación con su contribución relativa al presupuesto familiar. En el contexto de hogares con dificultades económicas, los hombres que declaran ser los que más contribuyen al total de los ingresos familiares muestran mayores niveles de satisfacción respecto a los que declaran contribuir menos que sus parejas.
Según los investigadores, "el hecho de ser el proveedor principal de recursos materiales dentro del hogar está asociado con los valores de satisfacción en el grupo de hombres en hogares con dificultades económicas, mientras que entre aquellos hombres que declaran no tener problemas económicos, el hecho de ser los máximos proveedores no parece dar un impulso extra a sus niveles de satisfacción ".
Lo mismo ocurre en el caso de la participación en las tareas del hogar, en que únicamente han observado diferencias significativas de nuevo en los hombres con dificultades económicas, entre los que demuestran que dedicar menos tiempo que sus parejas a las tareas del hogar es una situación asociada a mayores niveles de satisfacción.
Consecuentemente, según los investigadores, al contrario que en el caso femenino, la satisfacción con la vida de los hombres españoles adultos viene determinada, en mayor medida, a partir de su situación individual, más allá de las características del conjunto del hogar. Esto apunta a que, en este grupo concreto de hombres, su posición dentro de la esfera pública sigue marcando su percepción sobre la satisfacción con la vida.
Este artículo se enmarca en el proyecto “Prevention is better than cure when ageing is behind the door: interplay between social determinants of health in Spain" (INTERSOC-HEALTH), del cual Jordi Gumà es investigador principal, financiado por los Fondos FEDER de la UE, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad de España y la Agencia Estatal de Investigación.
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Trabajo de referencia | Gumà, J., Arpino, B. “Satisfacción con la vida según la contribución a la esfera pública y privada en las parejas españolas adultas”. Revista Internacional de Sociología, vol. 79, núm 1 (2021). DOI: https://doi.org/10.3989/ris.2021.79.1.19.045
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Un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y la Universidad McGill de Canadá muestra que las sociedades donde el dinero juega un papel mínimo presentan niveles muy altos de felicidad.
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Bangladesh. Image by Arifur Rahman Tushar from Pixabay
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El crecimiento económico suele considerarse una forma segura de aumentar el bienestar de las personas en los países menos desarrollados. Sin embargo, un estudio reciente dirigido por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y la Universidad McGill de Canadá sugiere que existen buenas razones para cuestionar esta suposición.
La investigación, publicada recientemente en la revista Plos One, analiza cómo las personas califican su bienestar subjetivo en las sociedades donde el dinero juega un papel mínimo y que generalmente no se incluyen en las encuestas globales de felicidad. Según los resultados, la mayoría de sus ciudadanos expresan niveles de felicidad notablemente altos, un hecho especialmente relevante en las comunidades con los niveles más bajos de monetización, donde el dinero juega un papel mínimo para obtener bienes y servicios ya que éstos se obtienen a través de la economía de subsistencia. En estas comunidades, los autores del estudio encontraron que los ciudadanos manifiestan un grado de felicidad comparable al de los países escandinavos, quienes suelen obtener la calificación más alta del mundo. Los resultados sugieren que se pueden lograr niveles altos de bienestar subjetivo con una monetización mínima, desafiando así la percepción de que el crecimiento económico produce un aumento automático de la satisfacción vital entre las poblaciones menos desarrolladas económicamente.
Para analizar cómo la monetización afecta a la sensación de bienestar, los investigadores convivieron con pequeñas comunidades pesqueras con diversos grados de monetización, en las Islas Salomón y en Bangladesh, dos países con ingresos muy bajos. Durante unos meses, con la ayuda de traductores locales, entrevistaron a 678 personas con edades comprendidas entre los 20 y los 50 años (promedio de edad de 37 años), residentes tanto en áreas rurales como urbanas. Las entrevistas fueron diseñadas para obtener información sobre lo que significaba la felicidad para ellos, así como para conocer mejor sus estados de ánimo, su estilo de vida, sus actividades domésticas y relacionadas con la pesca, sus ingresos y el nivel de integración en el mercado.
Los investigadores descubrieron que en las comunidades donde el dinero se usaba más, como en las zonas urbanas de Bangladesh, los residentes expresaban niveles de felicidad más bajos.
“En los sitios menos monetizados, vemos que las cosas que más felices les hacen sentir son pasar el mayor tiempo posible con su familia y estar en contacto con la naturaleza”, explica Sara Miñarro, investigadora del ICTA-UAB y autora principal del estudio. “Sin embargo, a medida que aumenta la monetización, encontramos que los factores sociales y económicos comúnmente reconocidos en los países industrializados juegan un papel más importante. En general, nuestros hallazgos sugieren que la monetización, especialmente en sus primeras etapas, en realidad puede ser perjudicial para la felicidad".
Curiosamente, mientras que investigaciones previas han determinado que la tecnología y el acceso a la información sobre sociedades lejanas con estilos de vida diferentes, al ofrecerles estándares con los que comparar sus vidas, pueden afectar a la evaluación de las personas sobre su propio bienestar, no sucede así en estos países.
"Nuestro estudio apunta a posibles formas de lograr la felicidad que no están relacionadas con los altos ingresos y la riqueza material", explica Eric Galbraith, profesor del Departamento de Ciencias Planetarias y Terrestres de McGill y coautor del estudio. "Esto es importante, porque si replicamos estos resultados en otros lugares e identificamos los factores que contribuyen al bienestar subjetivo, podría ayudarnos a eludir algunos de los costos ambientales asociados con el logro del bienestar social en las naciones menos desarrolladas".
"Este trabajo se suma a la creciente comprensión de que las fuentes importantes de felicidad no están, en principio, relacionadas con la producción económica", agrega Chris Barrington-Leigh, investigador en la McGill’s Bieler School of the Environment. "Cuando las personas se sienten cómodas, seguras y libres para disfrutar de la vida dentro de una comunidad fuerte, son felices, independientemente de si ganan dinero o no".
Cerca del 85% de los participantes del estudio eran hombres, una cifra desequilibrada debido al hecho de que las normas culturales en Bangladesh dificultaban la entrevista de mujeres. En las Islas Salomón, las respuestas de hombres y mujeres no fueron significativamente diferentes, mientras que, en Bangladesh, los autores consideran que será necesaria más investigación para determinar si las normas sociales relacionadas con el género influyen en las asociaciones halladas en el estudio.
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Un estudio revela por primera vez los aspectos que más valoran los usuarios para la compra en línea de alimentos. Una variedad excesiva de productos empuja a los usuarios a abandonar las plataformas de gran consumo.
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Image by Alexas_Fotos from Pixabay
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Anna Sánchez-Juárez, UOC | El auge del comercio electrónico en España es imparable. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de los supermercados en línea queda todavía atrás. Este tipo de comercio representa en el Estado una cuota de mercado del 1,2%, lejos del 6,3% del Reino Unido o del 6,1% de Francia. Una de las principales causas de ello es la aplicación tardía de estrategias de marketing digital adaptadas a los hábitos de consumo de las nuevas generaciones. Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) aporta por primera vez cuáles son los aspectos clave que deben reunir estas plataformas para garantizar una experiencia de consumo satisfactoria y así incentivar la compra. Entre los factores más valorados por los usuarios están una oferta adecuada de variedades de productos y la seguridad que ofrecen estos sitios.
Garantizar una navegación fluida y óptima del consumidor por las webs de los comercios de gran consumo es estratégico para el negocio del sector. "Es importante que, como se dice en la psicología motivacional, el usuario entre en flujo, es decir, esté implicado en la actividad que realiza, perdiendo la noción del tiempo e, incluso, disfrutando de la navegación y del consumo", explica la investigadora del estudio Doris Morales-Solana. Se ha comprobado científicamente que el consumidor que entra en flujo en entornos digitales suele permanecer más tiempo en la web, repite la visita más veces y tiene mayor intención de comprar. Además, suele tener una actitud más favorable hacia la marca, la web y la organización.
En su tesis, Flujo y comportamiento del consumidor en los supermercados en línea, Morales-Solana revela el primer modelo integral de variables que es necesario tener en cuenta para que los usuarios se sientan a gusto cuando transitan por estos comercios electrónicos. Los cuatro factores esenciales que deben tener en cuenta estas plataformas para que los usuarios tengan una experiencia en línea satisfactoria son los siguientes:
1 | Evitar un exceso de variedad de productos
La percepción de la variedad de surtido de productos tiene un efecto sobre la navegación. Una gran variedad puede empujar a los usuarios a abandonar la compra de alimentos en línea. "El consumidor debe percibir que las páginas web por las que navega no contienen una gran variedad de productos (marcas, formatos, sucedáneos, etc.), porque si no, siente que pierde mucho tiempo para realizar una tarea rutinaria y acaba abandonando el carrito de la compra que había comenzado", explica la autora de la investigación. Hay estudios que apuntan que, al cabo de 40 minutos de comprar, el usuario empieza a sentir aburrimiento y cansancio.
La investigación, en este sentido, ha podido confirmar el efecto directo de esta percepción sobre la lealtad del usuario hacia el comercio. "De este modo, cuanto mejor se adapta la variedad del surtido a las necesidades del consumidor, más veces irá este al minorista en línea y repetirá el comportamiento de compra", remarca la experta.
2 | Seguridad en la navegación y la compra
El estudio también constata la importancia de que el usuario se sienta seguro mientras navega y consume en la web. En cuanto al pago de las transacciones, y según datos del Estudio anual eCommerce 2016, de IAB Spain, los clientes digitales prefieren utilizar PayPal (62%) como medio de pago por la seguridad que les ofrece, seguido de las tarjetas de crédito y de débito (29%), por la comodidad que suponen. Además, el 69% de los usuarios valora la confianza en la web como uno de los aspectos más importantes para comprar en línea.
Los datos del estudio de IAB Spain también apuntan que el 49% de los usuarios digitales se informa leyendo blogs y foros en los que otros compradores relatan sus experiencias y su grado de satisfacción, y el 48% lo hace mediante el boca a boca (word of mouth, WOM) con los amigos, método que es determinante para el 14% de los clientes digitales en el momento de elegir un comercio electrónico.
Para Morales, la disposición a comprar en los supermercados en línea está inversamente relacionada con la cantidad de riesgo que se percibe. "Si el usuario percibe riesgo, tiende a inhibirse en la navegación por las emociones negativas que le genera", señala.
3 | Personalización: una plataforma al gusto del consumidor
La capacidad que tiene la plataforma en línea para adaptarse al usuario en cuanto a la apariencia, la funcionalidad y la emisión de la publicidad también es una condición básica para la satisfacción del consumidor. "Es un elemento clave que estas plataformas, por ejemplo, permitan al consumidor estructurar el contenido a partir de sus necesidades y que pueda eliminar de la búsqueda todo lo que no le interese, que pueda guardar una lista de la compra semanal o mensual o que pueda decidir qué productos desea ver", afirma Doris-Morales. "Cuanto más percibe el usuario que la web se adapta a sus necesidades, más probabilidades hay de que experimente flujo y, en consecuencia, disfrute de la actividad y termine comprando productos", añade.
Tal como demuestra un estudio de Accenture Strategy, la personalización bien realizada puede ser muy efectiva. El 44% de los consumidores asegura que es más probable que compre en las compañías que ofrecen experiencias personalizadas y el 34% encuentra valor en los servicios que aprenden de las necesidades del cliente para ofrecer una atención personalizada.
4 | Un buen diseño web para facilitar la concentración del usuario
La concentración o atención focalizada es una condición básica para que el consumidor entre en flujo. "Aspectos como el diseño y la apariencia de las webs ayudan a que la persona, cuando entra en contacto con la tecnología, se sienta más cómoda e inmersa en la experiencia", apunta la investigadora. En concreto, el diseño gráfico, el diseño visual, la presentación de la arquitectura de la información, las posibilidades de interacción y un sistema web que permita consultar la información con la máxima eficiencia, sin que tarden en cargarse los textos y las imágenes, son los principales factores que revierten en los sentimientos del comprador cuando navega por estas plataformas.
Metodología
En primer lugar, se ha realizado un estudio cualitativo de los elementos relacionados con el estado de flujo en el área de los supermercados en línea, dada la ausencia de literatura científica relacionada con este tema; en concreto, se han realizado cinco entrevistas en profundidad a expertos en supermercados en línea. Y en segundo lugar, se ha llevado a cabo una investigación cuantitativa mediante un cuestionario estructurado distribuido por internet a un universo de 7.000 consumidores digitales; la investigación ha contado con una muestra de 651 consumidores con experiencia en compras en supermercados en línea. .
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El nuevo consumidor tendrá menos miedo a la compra en línea, será sensible a las marcas blancas, se alejará de los hipermercados y pagará con tarjeta. La crisis de la COVID-19 ha impulsado el comercio electrónico y el comercio automático, según los expertos.
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Desde papel higiénico en los inicios de la pandemia hasta tinte, pasando por la harina, durante esta crisis el consumidor ha modificado su consumo y también su modo de hacer la compra. Pero ¿cómo será el consumidor de después de la pandemia? "Es evidente que muchos consumidores han tenido que probar el canal en línea como consecuencia de esta crisis, y se han dado cuenta de lo cómodo y seguro que es para ellos. Esta experiencia incrementará la cuota en línea de cada cliente", afirma Juan Carlos Gázquez-Abad, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. De hecho, este mes de abril en España, el canal en línea de gran consumo ha conseguido de promedio un 40% más de compradores que en 2019.
"El confinamiento ha hecho que el segmento de la población que menos compraba por internet, los mayores de 55-60 años, ahora es el que más ha necesitado hacerlo, sobre todo los mayores de 70 años, que son los más vulnerables a la enfermedad y los que, por tanto, más confinados deben estar y sin ayuda de sus familiares", afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. Según datos de Kantar, cada semana se ha ido incrementando el tamaño de las cestas de compra, y han ganado peso todos los perfiles de edad e incluso las categorías de productos frescos, que hasta ahora eran la asignatura pendiente de la compra por internet. "En el sector de la alimentación, la venta en línea de productos frescos no acababa de cuajar. El consumidor prefería comprar este tipo de producto presencialmente, pero el confinamiento la está favoreciendo; si el consumidor comprueba que el producto que recibe en casa cumple sus expectativas, es muy probable que después de la crisis siga haciéndolo así", explica Soler.
Pero, pasada la cuarentena, ¿los consumidores volverán a su rutina o serán fieles a estos nuevos hábitos? "Muy probablemente, este consumidor sénior continuará comprando por internet porque ha perdido el miedo a hacerlo; las personas mayores han superado la inseguridad y la desconfianza que el comercio electrónico les generaba y han podido comprobar la comodidad que representa", responde Soler.
Crece el a-commerce, la compra en línea programada y automática
Pero no solo el comercio electrónico (e-commerce) ha ganado adeptos durante el confinamiento. "La situación de la COVID-19 ha impulsado el comercio electrónico, pero lo mismo está sucediendo con el comercio automatizado (a-commerce), sobre todo por la comodidad que significa para el consumidor", afirma Xavier García, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. El comercio automatizado (a-commerce o automated commerce) es una forma de comprar en la que el cliente programa una determinada compra y automatiza el proceso sin necesidad de participar nuevamente en él. Normalmente se usa para productos recurrentes o que se consumen de forma habitual. "Hay productos de poco valor que necesitamos en nuestro día a día pero que solo nos acordamos de comprar cuando faltan (productos de limpieza, aseo personal, determinados alimentos…). Si llegan a nuestro domicilio sin tener que pedirlos, con la periodicidad adecuada, es un ahorro de tiempo y de problemas", afirma García. El experto añade que, si los grandes operadores de comercio automatizado consiguen afinar sus algoritmos, se implantará en muchos más hogares. "Además, los operadores, al poder prever el volumen de compras de un producto por parte de cada consumidor, pueden ofrecer precios mucho más competitivos", señala.
Pero el consumidor de después de la pandemia no solo comprará por internet: los expertos coinciden en que tendrá una vertiente dual, en línea y presencial. "Se continuará comprando en línea porque hay mucha gente que tiene miedo a ir a las grandes superficies. Posiblemente esto empujará al pequeño comercio de proximidad, que ofrece un producto de calidad y a un buen precio y que no presenta las aglomeraciones de gente que pueden presentar las grandes superficies", explica Ana Isabel Jiménez Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. En esta línea, según datos de Kantar, los supermercados de barrio o regionales y las cadenas con más presencia en barrios —como DIA o Eroski— han ganado cuota en el mercado de gran consumo frente a los grandes hipermercados.
Volverá a la marca blanca y estará más atento a promociones y ofertas
La grave crisis económica que deja esta pandemia implica directamente una pérdida de capacidad económica de los consumidores. "Probablemente apostarán por productos más básicos y baratos y racionalizarán su compra, de forma similar a lo que sucedió en la crisis del 2008", afirma Gázquez-Abad. Para el experto, asistiremos a una nueva reducción de la oferta de muchas cadenas –no tan acentuada como en la crisis anterior- a fin de poder ofrecer una cesta de la compra más barata sin que deje de ser completa. Un consumidor con pérdida de capacidad económica será un cliente más atento a las ofertas y promociones. "Incrementará la sensibilidad al precio del consumidor y, por lo tanto, su sensibilidad a las promociones. Es probable que asistamos a un incremento de la presión promocional en muchas cadenas y marcas", explica Gázquez-Abad.
"En este contexto, muchas de las marcas de distribuidor o marcas blancas se van a ver beneficiadas, ya que una mayor racionalización, fruto de una menor capacidad económica, llevará al consumidor a valorar más aquellas marcas con mejor relación calidad-precio", añade Gázquez-Abad. Aunque vaticina un incremento de las marcas blancas, el experto afirma que será leve, lejos del crecimiento del 10% de cuota de mercado que se produjo entre los años 2007 y 2013, por ejemplo.
"La forma de consumir será más controlada porque las economías domésticas se verán perjudicadas. La tendencia ecológica de los últimos años dependerá del poder adquisitivo de cada familia: el producto ecológico suele ser más caro y, por tanto, puede convertirse en el "lujo" de las economías altas", afirma Soler. Además, la experta añade que, "aunque las marcas blancas han introducido cada vez más el producto ecológico en sus gamas, y dado que la crisis económica que sufrimos ahora disparará el consumo de marcas blancas (como ocurrió en la última crisis), si los precios son asequibles, podría ser que el consumidor consuma marca blanca, pero también producto ecológico", añade la experta.
El consumidor paga con tarjeta por miedo al contagio
Según datos del banco móvil N26, la retirada de efectivo en España cayó un 68% durante el mes de marzo, en el inicio del confinamiento. De hecho, esta es la primera crisis en la que la demanda de efectivo disminuye en lugar de aumentar. Así, el pago con tarjeta será la modalidad preferida de los consumidores, y eso es una buena noticia para los vendedores. "Como consecuencia del miedo al contagio, es casi seguro que el consumidor utilizará menos efectivo para realizar sus compras en supermercados (y, en general, en los comercios minoristas) e incrementará el uso de la tarjeta y de medios de pago móvil", afirma Gázquez-Abad. Además, añade que "eso beneficia también a las tiendas, ya que está demostrado que el uso de tarjeta —en lugar de efectivo— incrementa el nivel de impulsividad de las compras y aumenta el gasto medio por cada ocasión de compra". Este factor puede incrementar el número de acciones promocionales en los puntos de venta para estimular las compras impulsivas y no planificadas.
El consumidor de moda, ¿cambiará?
Y el consumidor de moda, ¿modificará su patrón de consumo en detrimento de la moda rápida (fast fashion) o saldrá a comprar masivamente? "Mucha gente aprovechará la apertura de las tiendas físicas como una forma de salir y disfrutar del desconfinamiento. Aparte de la compra de productos de moda y complementos, el consumidor utiliza la visita a las tiendas como una manera de obtener un valor no funcional sino más bien relacional, hedónico o de distracción", señala Jiménez Zarco.
En esta línea, Neus Soler concluye que aunque la gente haya adoptado ya una conciencia medioambiental, si pasa dificultades económicas hará pasar el interés individual por encima del colectivo o comunitario. De modo que si su economía no les permite comprar un producto ecológico o producido de forma sostenible por ejemplo, por buena voluntad que tenga, no podrá colaborar con el medio ambiente. .
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Más de una veintena de expertos en ecología de la conservación y economía ecológica han revisado diversos trabajos científicos y de política internacional. Adoptar límites al comercio internacional de recursos o reducir y repartir el trabajo son algunas de las propuestas.
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Los investigadores proponen proteger las zonas que aún están libres de carreteras. Fotografía: Pixabay
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El aumento del consumo de recursos y emisiones contaminantes como consecuencia del crecimiento económico no es compatible con la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, la mayoría de políticas internacionales de biodiversidad y sostenibilidad aboga por el crecimiento económico. Estas son las principales conclusiones de un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) elaborado por más de una veintena de expertos. La investigación, firmado por más de 22 investigadores de unos 30 centros de 12 países, aparece publicada en la revista Conservation Letters.
Los científicos recomiendan que la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES por sus siglas en inglés) –un organismo intergubernamental independiente– incorpore en sus informes un escenario que vaya más allá del crecimiento económico, como parte de su labor actual de proyección del futuro de la biodiversidad.
Según los investigadores, hasta ahora los escenarios de cambios de la biodiversidad consideraban que la economía tiene que crecer y buscaban opciones de políticas para minimizar la pérdida de biodiversidad que no comprometiesen el crecimiento económico. En cambio, según este nuevo artículo, es recomendable partir primero de objetivos de conservación y bienestar social y, a continuación, estudiar qué trayectorias económicas podrían cumplirlos.
"Esto puede significar tasas positivas o negativas de crecimiento del Producto Interior Bruto", afirma Iago Otero, investigador del Centre Interdisciplinaire de Recherche sur la Montagne de la Universidad de Lausana (Suiza) y líder del estudio, que añade que cada vez más voces en el IPBES piden “sustituir este indicador económico por nuevos paradigmas de bienestar”.
Tomando como ejemplo los últimos 170 años en los Estados Unidos, el equipo de investigación se pregunta por el sentido de continuar con un crecimiento económico claramente asociado a una pérdida de biodiversidad, pero cuya contribución al progreso social se estancó a finales de los años setenta.
“El estudio pretende contribuir a superar la dependencia del crecimiento económico de los países y a proponer cambios en las prioridades políticas nacionales e internacionales hacia un mayor esfuerzo por la conservación de la biodiversidad y el bienestar humano”, resalta Lluís Brotons, investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
Alternativas para conservar la biodiversidad
El artículo apunta siete propuestas alternativas para garantizar la prosperidad más allá del crecimiento y detener la pérdida de biodiversidad. Se concretan en acciones tanto nacionales como internacionales, por parte de comunidades diversas, ONG, los científicos y las empresas y son las siguientes:
1. Limitar la comercialización de recursos a alcance internacional
Todos los productos contienen una cierta cantidad de recursos y uso de tierras necesarios para su producción. El trabajo propone establecer topes absolutos a esta cantidad en los productos comercializados y asignarlos por países. Se argumenta que un menor comercio internacional reduce la extracción de recursos y la expansión de especies invasoras.
2. Restringir la actividad de las industrias extractivas en áreas de elevada biodiversidad
Instaurar limitaciones claras y eliminar los subsidios a las industrias extractivas insostenibles contribuye a frenar la pérdida y fragmentación de hábitats. Asimismo, se podrían decretar moratorias de extracción en regiones altamente sensibles.
3. Disminuir la expansión de las grandes infraestructuras
Reexaminar con detalle la necesidad de nuevas grandes infraestructuras (aeropuertos, presas, autopistas) y su impacto en ecosistemas y comunidades humanas sensibles. Además, proteger las zonas que aún están libres de carreteras, para detener la rápida pérdida de su biodiversidad y sus culturas en peligro.
4. Reducir y repartir el trabajo
Promover legislación que reduzca la semana laboral y apoyar a las empresas que aplican planes de reparto del trabajo puede reducir la presión ambiental y los impactos sobre la biodiversidad.
5. Fomentar el desarrollo agroecológico y la soberanía alimentaria
Favorecer el apoyo gubernamental a los sistemas agrícolas sostenibles y a los alimentos locales y ecológicos, mediante reglamentos y subsidios y ajustando los sistemas fiscales en consecuencia. Con ello se busca acortar las cadenas de producción, bajo criterios de biodiversidad y sostenibilidad, reducir la presión de la producción agrícola y ganadera e impulsar la diversidad dentro de las especies, entre especies y de paisajes.
6. Priorizar una planificación urbana compacta y el uso compartido de la vivienda
Promover el uso eficiente del suelo mediante soluciones integradas de vivienda colectiva, el control de los alquileres y la limitación del suelo disponible para urbanización y expansión periurbana. Reducir la presión de la urbanización sobre los suelos agrícolas periurbanos.
7. Informar del impacto de la producción sobre la diversidad biológica
Gravar los anuncios de productos que supongan una sobreexplotación de las especies y los suelos. Aumentar la conciencia sobre los efectos de los productos en la diversidad biológica gracias a un mejor etiquetado y campañas de información. Fomentar programas de educación de consumo responsable..
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Referencia bibliográfica | Iago Otero, Katharine N. Farrell, Salvador Pueyo, Giorgos Kallis, Laura Kehoe, Helmut Haberl, Christoph Plutzar , Peter Hobson , Jaime García‐Márquez, Beatriz Rodríguez‐Labajos, Jean‐Louis Martin, Karl‐Heinz Erb, Stefan Schindler, Jonas Nielsen, Teuta Skorin, Josef Settele, Franz Essl, Erik Gómez‐Baggethun, Lluís Brotons, Wolfgang Rabitsch, François Schneider, Guy Pe'er. Biodiversity policy beyond economic growth. Conservation Letters. DOI: 10.1111/conl.12713
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Las reuniones siguen siendo una herramienta fantástica para tomar decisiones en grupo o generar ideas nuevas. Apoyarnos en las opiniones de los demás muchas veces mejora nuestra perspectiva de las cosas. No obstante, para que las reuniones consigan su objetivo deben cumplir algunas normas de diseño y gestión que, en caso de no aplicarse de forma sistemática, pueden provocar que sean una verdadera pérdida de tiempo.
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Perdemos más tiempo que nunca en reuniones. Y, sin embargo, no siempre son imprescindibles. De hecho, cuando esas reuniones están mal organizadas provocan un gasto económico para la empresa: se calcula que las reuniones improductivas hicieron perder a las empresas en 2019 alrededor de 457.000 millones de dólares solo en Estados Unidos y Reino Unido. Son las cifras que ha calculado Doodle, una herramienta de planificación en línea, tras realizar un estudio basado en 19 millones de reuniones y más de 6.500 entrevistas a profesionales.
¿Por qué entonces la fórmula del encuentro con compañeros y jefes sigue siendo una herramienta fundamental en cualquier empresa? En España, según el estudio de WorkMeter, de las más de 9 horas de media que pasamos en el trabajo, el 24% se utiliza para llamadas, trabajos administrativos y reuniones, y estas últimas ocupan una parte importante de nuestro tiempo. Solo en Estados Unidos se celebran al día alrededor de 55 millones de reuniones, según estimaciones de Steven Rosenberg, consultor y autor de La sorprendente ciencia de las reuniones (Editorial Tébar Flores).
La razón de que se siga apostando por las reuniones es que no todas ellas son inútiles. Según los expertos, la mala fama de los encuentros laborales improductivos ha perjudicado a las reuniones que verdaderamente aportan beneficios. "Las reuniones siguen siendo una herramienta fantástica para tomar decisiones en grupo o generar ideas nuevas", señala Manel Fernández Jaria, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). "Apoyarnos en las opiniones de los demás muchas veces mejora nuestra perspectiva de las cosas, el trabajo cooperativo nunca puede ser despreciado para hacer crecer un proyecto. No obstante, para que las reuniones consigan su objetivo deben cumplir algunas normas de diseño y gestión que, en caso de no aplicarse de forma sistemática, pueden provocar que sean una verdadera pérdida de tiempo", explica.
Así, para que una reunión sea eficaz y no haga perder el tiempo a nadie, debe cumplir las siguientes características:
Breve. No hay una cantidad de minutos estándar para una reunión. Todo dependerá del tema que hay que tratar, del número de personas convocadas, del tiempo disponible… Sin embargo, sí hay una regla de oro para aplicar a la duración de cualquier reunión, y es que cuanto más corta, mejor. "La atención es un recurso escaso que debemos utilizar con mucho cariño e inteligencia", señala el profesor Manel Fernández Jaria. "Cuando no somos capaces de generar ideas nuevas o diferentes y centramos los esfuerzos en desmontar los argumentos de los otros, además de cuando no somos capaces de observar cómo podemos mejorar nuestras argumentaciones, puede que estemos demasiado cansados para seguir, o que el ego personal esté gobernando nuestros pensamientos. Seguro que ese es un buen momento para dejar la reunión para otro día", comenta.
Bien organizada. Un estudio publicado en Decision Sciences comparó las reuniones formalmente convocadas con la comunicación informal de mensajes electrónicos y llamadas telefónicas en 73 fábricas industriales de 18 países. La conclusión fue que las reuniones bien organizadas y preparadas fueron mejores herramientas para prevenir problemas que los mensajes electrónicos informales y las llamadas telefónicas. Pero la clave para que todo funcione está en preparar la reunión antes, hacer un buen desarrollo y continuar con un seguimiento después de la reunión. Como explica el profesor de la UOC, antes de la reunión es necesario cerciorarse de que el encuentro es imprescindible porque es el método más eficaz para el objetivo marcado, y de que las personas convocadas son realmente las que deberían reunirse. Después debe definirse un moderador que guíe el encuentro, marcar un objetivo, pedir a los participantes que lleven sus aportaciones preparadas y establecer fecha y lugar.
Durante la reunión hay que "recordar entre todos los valores corporativos, trabajar para establecer acuerdos personalizados con un responsable individual y directo, y acabar con un resumen para recordar los acuerdos tomados", explica Manel Fernández Jaria, que añade que lo ideal después es enviar una comunicación con los acuerdos y hacer un seguimiento de estos.
En el formato adecuado. La sala de reuniones de la compañía puede ser el lugar perfecto para el encuentro… o no. Las llamadas walking meetings, de las que Steve Jobs se declaraba fan incondicional, pueden ser adecuadas dependiendo de las circunstancias. "Caminar juntos ayuda a mejorar la salud con una actividad física accesible a todos. Ir a este tipo de reuniones nos predispone en positivo, son sugerentes y generalmente pueden provocar insights muy interesantes. Además de mejorar la percepción de bienestar en el trabajo, genera complicidades, mejora la comunicación y reduce las distinciones jerárquicas, lo que nos permite ser más auténticos", señala Manel Fernández Jaria. Según el estudio Give your ideas some legs: the positive effect of walking, caminar no solo es saludable, sino que estimula la generación de ideas nuevas, un efecto beneficioso para cualquier reunión.
Cuándo debemos renunciar a una reunión
Aunque las reuniones cumplan su objetivo cuando se han preparado adecuadamente, en ocasiones podemos elegir otras alternativas. "Falta conocer otras herramientas para comunicar y tomar decisiones. Si la única herramienta que conoces es un martillo, todo lo querrás arreglar a martillazos. Pues con las reuniones pasa lo mismo. Existen muchas técnicas para comunicar información, recabar las opiniones de los colaboradores, tomar decisiones consensuadas, etc. Algunas requieren la presencia síncrona de todos los participantes, pero otras no", explica Eva Rimbau Gilabert, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. Entre las tareas que no requieren una reunión, a pesar de que habitualmente se convoquen por su causa, se encuentran las siguientes:
Preguntar por el estado de un proyecto. "Cuando quieras obtener información actualizada del estado de un proyecto, pide informes individuales a los miembros de tu equipo en lugar de celebrar una reunión. Probablemente no necesitan saber en qué están trabajando los demás", apunta Rimbau Gilabert.
Hacer saber a los empleados una noticia. Como explica la profesora de la UOC, no es necesario organizar una reunión para anunciar algo o informar de ello. El correo electrónico sirve perfectamente para este propósito. "Pero no tiene por qué enviarse un texto. Puedes grabar una breve presentación en vídeo y enviarla. Si crees que tu correo pasará desapercibido, puedes enviar mensajes de seguimiento y pedir un acuse de recibo para asegurarte de que todo el mundo reciba la información", afirma.
Recopilar las primeras ideas sobre un proyecto. El brainstorming puede beneficiarse del cara a cara, pero solo funciona cuando se ha podido pensar en el tema de antemano. "Se puede crear un documento colaborativo donde todos los implicados puedan apuntar sus ideas iniciales. Se convocaría la reunión en una segunda fase para ampliar y debatir las ideas generadas", explica Eva Rimbau Gilabert.
Crear un ambiente de equipo (teambuilding). Para la profesora de la UOC, si el objetivo es mejorar el ambiente del equipo, es preferible compartir alguna situación más social y distendida —desde ir a comer juntos hasta participar en una actividad lúdica— que organizar una reunión.
Conocer mejor al equipo. Según el libro de unos investigadores en ciencia política y sociología del trabajo de las universidades de Malmö y Lund (Suecia), las reuniones de trabajo pueden ejercer para los empleados el papel de una terapia de grupo en la que estos expresen sus frustraciones o reciban el reconocimiento de los demás, por lo que pueden servir para conocer bien a los trabajadores. Sin embargo, según Eva Rimbau Gilabert, si lo que se quiere es establecer un clima de confianza, no es necesario agendar reuniones: "Es preferible mantener conversaciones informales en las que los trabajadores puedan comentar si algo les preocupa o les interesa, demostrando que los canales de comunicación con los superiores siempre están abiertos"..
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