El consumo a la carta y por internet en el hogar impulsa el crecimiento de la industria cinematográfica.
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Anna Torres Garrote (UOC) | El consumo de cine en España es del 0,7% desde hace años, según el Marco general de los medios en España 2017 de la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación (AIMC). Está estable, pero no goza de la mejor salud. A pesar de ello, cuenta con una gran aliada: la tecnología. Nuevos conceptos como vídeo a la carta (video on demand, VOD), crossmedia, transmedia, microfinanciación (crowdfunding), experiencias inmersivas, cine en realidad virtual y realidad aumentada son nuevas realidades que nacen con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y que están ayudando a incrementar el consumo de películas y series. En este nuevo marco, el sector demanda nuevos roles profesionales.
Las TIC han sacado el cine de las salas de proyección y lo han invitado a entrar en los hogares, donde se consume a la carta y por internet. Los agentes tradicionales se ven forzados a repensar sus modelos de negocio y sus estrategias de distribución, programación y producción debido al efecto provocado por las nuevas tecnologías, por las nuevas formas de consumir de forma ubicua y en múltiples pantallas, y por las nuevas dinámicas establecidas por actores como Netflix, YouTube, Amazon o Hulu. Se trata de "estrategias disruptivas de distribución, programación o producción que están impactando tanto en el negocio del cine como en el de la televisión y que tienen efectos directos en antiguos y nuevos perfiles profesionales", cuenta Jordi Sánchez Navarro, director de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Unversitat Oberta de Catalunya.
Como se indica en el Libro blanco del audiovisual de Cataluña de 2017, "la rapidez de los cambios que ocurren en el sector audiovisual explica que la demanda de perfiles profesionales por parte de las empresas y de las instituciones se renueve de forma continuada. Este hecho requiere una respuesta del sistema educativo, que debe adaptarse progresivamente a las necesidades de formación emergentes en el mercado".
Nuevas profesiones del sector audiovisual
En un sector en transformación y estrechamente relacionado con el escenario digital, como se indica en el informe Empleos del futuro en el sector audiovisual de la Fundación Atresmedia Corporación y PWC, destacarán aquellas profesiones relacionadas con el análisis de audiencias y los macrodatos (big data) o la agregación de contenidos vinculados a ofertas de vídeo a la carta (VOD), ejes clave de las nuevas ofertas de transmisión libre (OTT) y de la televisión de pago. Se trata de "contenidos que consideramos necesario incorporar para su conocimiento y reflexión en el grado, así como aquellos relacionados con la creación y las nuevas narrativas transmedia y contenidos específicos en torno a la distribución de contenidos audiovisuales para nuevas plataformas VOD y dispositivos en movilidad", explica Judith Clares, directora del grado de Estudios de Cine de la UOC.
El informe detalla que los nuevos empleos se encontrarán en las áreas de contenidos, marketing y transmedia, que destacarán los que estén relacionados con el ámbito digital y el desarrollo multiplataforma, y que serán perfiles especializados.
Buenos tiempos para el cine
Según el informe Entertainment and Media Outlook 2017-2021. España de PWC, "el resurgimiento del sector del cine continuará durante los próximos cinco años. La crisis económica y la piratería llevaron a una caída significativa de los ingresos de taquilla. Los ingresos generados por el segmento cayeron hasta los 519 millones de euros en 2013. Desde entonces, el cine ha mostrado síntomas de recuperación y en 2016 ha llegado a conseguir unos ingresos de 621 millones de euros, y se espera que crezcan hasta alcanzar los 729 millones de euros en 2021, a razón de una tasa de crecimiento acumulada equivalente de 3,2 % en los próximos cinco años. Esto llevará a alcanzar en 2019 la misma situación de ingresos que el sector tenía diez años atrás, en una situación precrisis".
Este crecimiento se alcanzará, en gran medida, por el considerable aumento del consumo de cine digital en el hogar (14%); es muy relevante el 25% de crecimiento que aporta el consumo de vídeo a la carta (VOD), apunta el mismo estudio..
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Un estudio en el que participa la Universidad Complutense de Madrid analiza su imagen en la literatura, el cine y la televisión, tras revisar decenas de obras sobre la vida del científico
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“El cine y la televisión muestran una imagen bastante fiel de Santiago Ramón y Cajal, aunque la película Salto a la gloria (1959) tiene afán de mostrarlo como héroe nacional, omitiendo, por ejemplo, que el Premio Nobel que obtuvo el científico en 1906 fue compartido con el científico italiano Camilo Golgi”, indica Jesús María Carrillo, catedrático en el departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico I de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
En un estudio publicado en la Revista de Neurología, Carrillo y Susana Collado-Vázquez, investigadora del departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física la Universidad Rey Juan Carlos, han analizado decenas de artículos y fuentes documentales para saber cómo se ha representado la figura de Ramón y Cajal (1852-1934) en la literatura, el cine y la televisión.
“La serie Ramón y Cajal: Historia de una voluntad dirigida por José María Forqué y los documentales se ajustan bastante a la realidad”, destaca Collado-Vázquez. De hecho, en la serie, cuyo actor protagonista fue Adolfo Marsillach, se emplearon objetos reales que habían pertenecido al científico. Además, el guion recogía tanto su vida científica y académica como la más humanística y cotidiana.
El estudio señala que a Ramón y Cajal le interesaban la arqueología, la astronomía, el ajedrez, la literatura, la filosofía o el hipnotismo, facetas que no se resaltan en la película Salto a la gloria. “Cajal es mostrado como un genio despistado, con algunas excentricidades y entregado al 100% a sus investigaciones”, afirman los autores.
Como Julio Verne
La investigación también muestra una cara menos conocida del científico como era su afición por la literatura de ficción y su incipiente carrera como escritor de este género.
“Un libro que le impactó de manera especial fue Robinson Crusoe (1719), de Daniel Defoe, por el espíritu de superación, el esfuerzo, la posibilidad de descubrir un paisaje virgen y la lucha de un hombre por vencer a la naturaleza”, señalan los investigadores.
El histólogo escribió novelas y relatos de ciencia ficción, como La vida en el año 6000, aunque muy pocos llegaron a publicarse. Su estilo se asemejaba al empleado por Julio Verne o H. G. Wells, ya que combinaba el rigor científico con elementos fantásticos.
“Algunas de sus obras de ficción científica se perdieron, otras no llegaron a publicarse y las que lo hicieron formaron parte de una edición de escasa tirada, por lo que la labor pedagógica que pretendía el científico quedó reducida a casi nada”, apunta Carrillo.
El estudio también analiza los cómics y libros que se han publicado sobre la figura del científico, dirigidos sobre todo a niños y jóvenes. “Logran acercar su figura y despiertan en ellos la ilusión por el conocimiento. Son una primera aproximación a la figura de este pionero de la neurociencia”, sostiene Collado-Vázquez..
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Referencia bibliográfica | Susana Collado-Vázquez y Jesús M. Carrillo. “Santiago Ramón y Cajal en la literatura, el cine y la televisión”, Revista de Neurología 63 (10), noviembre 2016.
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El Grupo del Proyecto TRACE (Traducción y Censura) de la Universidad de León lo ha podido constatar en libros, películas y todo tipo de obras investigadas.
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Muchas de las películas que fueron traducidas del inglés al español en el franquismo y que se emiten en televisión o ciclos de cine, y la mayor parte de la producción literaria que se encuentra en bibliotecas y librerías de nuestro país, continúan todavía hoy en día tal y como quedaron tras ser examinadas por los censores del régimen de Franco, y convenientemente adaptadas a la moral política y religiosa que en aquellos años se deseaba imponer.
La explicación se encuentra en que, tal y como comenta la profesora de la Universidad de León (ULE) Camino Gutiérrez Lanza, investigadora principal del proyecto TRACE (Traducción y Censura), “salvo los casos más conocidos, o de los autores más prestigiosos, no se han devuelto las obras a su estado original por una cuestión económica, ya que reeditar sale más barato que encargar una nueva traducción”.
Dado el carácter multidisciplinar de la investigación, el grupo cuenta con especialistas en filología, traducción, informática, humanidades digitales e historia contemporánea, y en estos momentos está integrado, además de Camino Gutiérrez Lanza, por Mª Luisa Alvite Díez, Leticia Barrionuevo Almuzara, Elena Bandín Fuertes, Javier Rodríguez González, Teresa Burón Álvarez y Cristina Gómez Castro.
El objetivo del trabajo es comprobar la incidencia de la censura, cuantitativa y cualitativa, en la traducción de diferentes textos narrativos (TRACEn), poéticos (TRACEp), teatrales (TRACEt) y audiovisuales (cine: TRACEc y televisión: TRACEtv), y para ello se están analizando miles de expedientes, de un periodo comprendido entre 1939 y 1985, año en el que todavía seguía funcionando el aparato de censura.
Censura centrada en cuatro grandes apartados
El origen de TRACE hay que buscarlo en 1997, momento en el que se decidió abordar este estudio que acude a una de las fuentes más fiables del acontecer cultural de la época, como son los archivos que se encargaron de registrar la actuación de la censura franquista, en concreto el archivo general de la administración que está en Alcalá de Henares, que es donde se custodian los expedientes.
Cristina Gómez ha analizado libros de ese periodo y explica que, en caso de los muy vendidos o ‘best sellers’, ha ocurrido que “se reeditan y lo hacen con la misma traducción de la época de la censura”, con lo que hay párrafos que pueden estar cortados. “No se trata de partes importantes de la novela, sino de aspectos muy sutiles”, -explica-, y comenta que la actuación de los censores “respondía a cuatro grandes apartados: la moral sexual, la política, la religión y el uso de expresiones o palabras indecorosas”.
Una de las conclusiones generales en la que parecen estar de acuerdo todos los miembros del grupo es que habitualmente, “los traductores se autocensuraban mucho más que los propios censores”, es decir que para cuando llegaba la obra traducida a manos del censor, ya tenía los cambios precisos para que fuera autorizada. “En el caso del cine, -explica Mª Luisa Alvite- era muy grande la cantidad de diálogos que se modificaban en la traducción, para asegurar el visto bueno de los censores”.
El miedo y la represión propios de la dictadura franquista sirvió para alimentar rumores y falsas historias, como la que contaba que en la película ‘Gilda’, del director Charles Vidor, la actriz Rita Hayworth se quitaba algo más que un guante en aquella famosa escena en la que acababa siendo abofeteada por Glenn Ford.
Hubo casos tan rocambolescos como el de la película ‘Mogambo’ de John Ford (1953), en la para evitar el adulterio que intentaba cometer Clark Gable con Grace Kelly, el censor cambió el argumento y convirtió en hermanos a dos personajes que eran marido y mujer. La chapuza fue considerable, porque en la película esa pareja tenía un hijo que hubo que eliminar del texto y de todas las escenas, porque de otra manera en lugar de adulterio habría sido un caso de incesto.
“La Junta Superior de Censura Cinematográfica, se creó en noviembre de 1937, en plena Guerra civil”- explica Javier Rodríguez González- , que recuerda la importancia que el régimen daba al control de la información, “lo que también justifica la puesta en marcha del NODO”, y concluye destacando el importante papel de la iglesia católica, “pendiente de aspectos como la moralidad y las costumbres”.
Base de datos al alcance de todos los investigadores
La incorporación al equipo de Leticia Barrionuevo Almuzara y Teresa Burón Álvarez responde al deseo de perfeccionar la web del grupo, desarrollar nuevas herramientas tecnológicas y facilitar la investigación de fenómenos relacionados con la traducción, mediante una base de datos que, además de los trabajos ya publicados, ponga al alcance del conjunto de investigadores los textos digitalizados, los expedientes, etcétera.
Hay estudios que se han ocupado de temas tan interesantes como los realizados por Elena Bandín sobre la censura franquista en traducciones de obras de Shakespeare, o el titulado: ‘El exorcista: La versión que nunca has leído o cómo la censura exorcizó la traducción al español de un best seller del terror’, obra de Cristina Gómez, o el de Camino Gutiérrez sobre ‘La calificación moral del cine original en inglés estrenado en España en los años cincuenta y sesenta del siglo XX’.
Todos ellos formarán parte de la base de datos que ya está prácticamente terminada, y servirán sin duda para avanzar en la investigación de estos interesantes aspectos sobre la traducción y la censura..
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El recurso a las “historias reales” genera una falsa sensación de transparencia y una reducción del potencial artístico, político y reflexivo de la ficción.
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Producciones audiovisuales para cualquier dispositivo
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La hibridación entre los discursos documental y ficcional ha adoptado en los últimos tiempos formas muy específicas con claras implicaciones políticas y culturales. La continua apelación a los “hechos reales” en la producción audiovisual de ficción va más allá de una mera estrategia para dotar de mayor verosimilitud a la historia que se cuenta. El sistemático recurso a los “hechos” y a las “historias reales” genera una falsa sensación de transparencia y una reducción del potencial artístico, político y reflexivo de la ficción al convertirla en mera “constatadora” de unos hechos desproblematizados y que se dan por descontado (obviamente, detrás de esos supuestos “hechos" se ocultan discursos muy concretos y con sesgos potentes). Ese giro dogmático de la ficción está relacionado con una progresiva restricción y enrarecimiento de los modos de contar y representar disfrazada de diversidad audiovisual que caracteriza el entorno digital multiplataforma. Estas son algunas de las conclusiones de un estudio de la profesora de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) Pilar Carrera que analiza la proliferación de recursos paradocumentales en la ficción audiovisual.
Documental y ficción no son discursos antitéticos (algo que la oposición “ficción” / “no ficción” insinúa) que se diferenciarían por su vínculo con las categorías de “realidad” o “verdad". En realidad, en ambos casos se trata de construcciones narrativas cuya diferencia esencial radica en los modos de recepción que activan o inducen. Es decir, si una película de ficción se presenta como un documental, se interpreta como tal. “La diferencia no está en el contenido referencial sino en la posición del espectador en el proceso de interpretación”, señala Pilar Carrera, que ha sido publicado en la revista Studies in Documentary Film un trabajo sobre “la inscripción documental en la ficción fílmica”. La proliferante “ideología de la transparencia” en el contexto del discurso mediático y audiovisual es, según la investigadora, “uno de los mayores peligros a los que se enfrentan las democracias en la actualidad”. Esto prepara el terreno para una relación dogmática con todo el ámbito discursivo, de tal manera que las denominadas “pruebas factuales”, construcciones discursivas e ideológicas ellas mismas, pueden llegar a convertirse en las únicas aceptadas por el público como piedra de toque de la verdad.
Todo esto se produce a través de un doble movimiento, según este trabajo. Por un lado, asumiendo que el documental debe ser un fiel reflejo de la realidad, cuando en realidad se trata de una narrativa con un enfoque determinado. Y, por otro lado, cuando se extrapola esa supuesta veracidad, tratando de dotar y respaldar con el ‘efecto de verdad’ de la narrativa documental las ficciones que emplean fórmulas documentales como las mencionadas. De esta manera, se busca blindar el discurso frente a toda crítica a través de un supuesto efecto de referencialidad, aludiendo a unos hechos supuestamente objetivos que precederían al discurso, cuando, en realidad, el efecto de verdad que incorporan es fruto de una operación discursiva, y no a la inversa: “El discurso de la ficción trataría de desplegar un realismo basado en hechos que se convertiría en la justificación de cierto status quo, en lugar de defender el potencial crítico y subversivo de la ficción”, indica Pilar Carrera.
Sin embargo, esta forma dogmática de realismo no es la única posible. Constata la autora que siempre ha habido lugar para “un realismo radical, antidogmático que cuestione política y artísticamente las narrativas institucionalizadas dominantes”. De hecho, existen muchos antecedentes de documentales que han profundizado en este tema a través de la escenificación discursiva de los efectos de la verdad y el mito de la ‘realidad objetiva”, como Tierra sin pan (1933) de Luis Buñuel, Noche y niebla (1956) de Alain Resnais; Fata Morgana (1971) de Werner Herzog, Met Dieric Bouts (1975) de André Delvaux, Una historia sucia (1977) de Jean Eustache o Arabescos sobre el tema de Pirosmani (1985) de Sergei Parajanov, entre otros.
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Trabajo de referencia | Carrera, Pilar (2021). "Documentary Inscription in Fiction Films", Studies in Documentary Film, 15:1, 1-19, DOI: 10.1080/17503280.2020.1854072
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Una residente de Prípiat, la ciudad más cercana a la central de Chernóbil, decía después de la explosión: “Este miedo no lo conozco”. El coronavirus se le parece en su invisibilidad y en la incertidumbre. Estos días intento no olvidar que muchos de los aplausos de cada tarde vienen de gente que no hicimos apenas nada para proteger la sanidad.
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Jesús Méndez | Escritor, periodista científico, ex investigador de la epigenética del cáncer y médico de formación. (Fuente: Agencia SINC bajo licencia Creative Commons).
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El coronavirus no es Chernóbil, pero en algunas cosas se le parece. Hay algo extraño en la amenaza invisible, latente, en la sensación de que pueda estar en cualquier lugar [o en ninguno].
¿Y cómo es? Puede que se la hayan enseñado en el cine. ¿Usted la ha visto? ¿Es blanca o cómo? ¿De qué color? Eso le preguntaba un residente de la cercana Prípiat a Svetlana Aleksiévich, eso recoge en su obra Voces de Chernóbil. Se refería a la radiación, claro. En la serie basada en la catástrofe la representan como una especie de lluvia de polvo luminoso. Pero es un recurso visual. Nadie podía verla, olerla. Estaba, pero solo cabía imaginarla.
El niño pregunta por el coronavirus, dice que quiere verlo, que cómo es. Le enseño una fotografía tomada por microscopia electrónica, unas anodinas bolas grises con esa aparente corona alrededor.
—¡No, así no son!—grita indignado. ¡Son más finos y más largos!
El niño piensa irremediablemente en los dibujos de Érase una vez… La vida. Recuerdo un artículo que acabo de terminar sobre la educación de ciencias en la escuela: los niños no son tábulas rasas y no hay que vaciar sus cabezas de ideas erróneas. Van desarrollando sus modelos y lo conveniente es construir sobre ellos, no despojárselos. No tanto por eso sino por abreviar le digo que también, que los hay de muchos tipos.
—¿Los virus no tienen ojos?
Con los primeros casos resulta casi inevitable pensar que esas personas infectadas conviven en lo más íntimo con alguien famoso. Hasta ese extremo llega la influencia de la publicidad.
Los niños van desarrollando sus modelos, como nosotros con la llegada del virus y su extensión. Aprendiendo capa a capa, doctorándonos en la indefinición.
Otra residente de Prípiat: "Este miedo no lo conozco. A quien temo es a los hombres. A la gente armada". La naturaleza de la explosión era demasiado desconocida, sus efectos posiblemente poco evidentes para la gente escasamente informada. Pero a la zona había llegado el ejército, y con él la memoria de todas las guerras vividas.
Aquí el miedo es distinto. No depende de las armas pero sí de los hombres, a quienes el virus necesita. También el miedo acaba desplazándose hacia ellos. Se traduce en distancia social (pero en saludos por los balcones).
—¿Tienen ojos los virus?
El confinamiento infla hasta el extremo la atención selectiva. Reaparece en mi mesa el libro ¿A quién vamos a dejar morir? (Sanidad pública, crisis y la importancia de lo político) del médico Javier Padilla, publicado hace apenas unos meses que ahora parecen años antes de todo esto. El título del libro es un subrayado recursivo y exponencial.
Opto por continuar con el libro de cuentos que había dejado a la mitad unos días antes que ahora parecen meses antes: La historia universal, de la escocesa Ali Smith. Topo de nuevo con la cita inicial, de Clarice Lispector: "Todo en el mundo empezó con un sí. Una molécula le dijo sí a otra molécula y nació la vida. Pero antes de la prehistoria hubo la prehistoria de la prehistoria, y existía el nunca y existía el sí". Creo que entiendo mucho menos de todo lo que encierra y de todo lo que tiene que ver con aquí y ahora, y sin embargo me convenzo de nuevo de que todo está en todo y de que cualquier tema sirve para hablar sobre lo que realmente se quiere hablar.
En los hospitales empieza a hablarse ya de medicina de guerra.
Hace un tiempo, para el capítulo de un libro, pasé un día con Francis Mojica, el investigador que descubrió las secuencias CRISPR. Me contó que escogió estudiar biología por Félix Rodríguez de la Fuente, y después microbiología, porque es más interesante lo que no ves, porque engloba fisiología, bioquímica, genética, ecología y evolución. Añada las capas que quiera sobre economía, política, psicología, costumbres o desigualdad: solo así la visión del virus —lo que implica y destapa— se hará más inevitablemente real.
Si todo está en todo, imagine la tragedia revertida propuesta por David Trueba. Si asumiéramos que el calor dificulta la transmisión del virus —algo que aún no se ha confirmado—, el contagio se extendería por Europa mientras que en África apenas tendría incidencia. Aterradas, las familias europeas escaparían de la enfermedad de manera histérica, camino de la frontera africana. Tratarían de cruzar el mar por el Estrecho, se lanzarían en embarcaciones precarias desde las islas griegas y la costa turca. Adivinen el final de su viaje, la improbable bienvenida y la evidente moraleja: Al llegar a la costa africana, las mismas vallas que ellos levantaron, los mismos controles violentos y las fronteras más inexpugnables invertirían el poder de freno.
Como todo está en todo, nos reíamos de las aplicaciones y drones que controlaban a la población china: ahora ya hay quien las reclama y nos devuelve al precario equilibrio entre libertad y responsabilidad. O, como sucede ante la amenaza terrorista, entre la protección y la privacidad. Como todo está, el ISIS recomienda ahora a sus terroristas que no viajen a Europa.
Como todo está en todo, deseamos que la crisis climática nos preste su ayuda en forma de un calor supuestamente inactivador. Como todo lo está, y como esto pasará, cuando despertemos la misma crisis seguirá aquí.
Si todo está en todo, como decía el escritor Alejandro Rossi: "cualquier acción —pensada a fondo— es un pozo que conduce al centro de la tierra".
Este diálogo de la película Greenberg, con Ben Stiller:
— Ahora mismo intento no hacer nada por un tiempo.
—Eso es valiente a nuestra edad.
A las ocho de la tarde salgo al balcón, oigo los vítores y los aplausos. Quien sale detrás de mí me previene: es más fácil romantizar la cuarentena desde el privilegio, aplaudir como impulso pero también como autocomplacencia. Resulta más difícil y menos intuitivo aplaudir a los abandonados, a los condenados sin capacidad de acción a la inacción. Pienso en las líneas que alguien “Anónimo” publicó en La Marea bajo el título Invocación:
Por las casas demasiado pequeñas para estar mucho tiempo juntas, o mucho tiempo solas
por las casas con violencia, con ruido, sin luz.
Por las personas sin casa.
A la persona que gritó a una vendedora de kleenex en la acera y luego a una mendiga:
¡vete a casa, aquí no puedes estar, ve a tu casa!
que la vida le haga reaccionar (…)
A las que se creen que no están enfermas pues piensan que la salud es una frontera y piensan que una frontera les hace superiores
que la vida les haga reaccionar
y si no lo hace la vida
que lo haga nuestra organización.
Ese texto también pedía por los profesionales sanitarios. Decido que la posible autocomplacencia no exime del aplauso, más aún tras comprobar que a muchos de ellos les está ayudando a continuar, a empujar.
Intento no olvidar que no pocos de esos aplausos vienen de gente que no hicimos apenas nada para proteger la sanidad, que hicieron justo lo contrario de lo que había que hacer para defenderla.
Todo este miedo lo vamos conociendo.
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El aislamiento puede favorecer estados depresivos y un aumento de la sensación de vulnerabilidad y miedo. Está bien mantenerse informado, pero también es necesario saber desconectar de las noticias.
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Anna Sánchez-Juárez, UOC | En España hay más de dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas. De estas, más de 850.000 tienen 80 años o más. El confinamiento por coronavirus puede provocar ansiedad y depresión a la población en general, pero de manera más significativa a personas mayores en hogares unipersonales. "La disminución significativa de las actividades y rutinas cotidianas, una baja estimulación sensorial y una disminución del contacto social pueden alterar su estado anímico", explica la profesora de psicología de la UOC Alba Pérez.
Los expertos alertan de que la situación excepcional por COVID-19 acentúa el aislamiento social de este colectivo. La soledad presenta sus propios riesgos para la salud. «Si la persona que vive sola solía salir y tener contacto social, el aislamiento puede influir negativamente en su estado de ánimo, favoreciendo ciertos estados depresivos», señala la experta en psicología y envejecimiento de la UOC Montserrat Lacalle. "No hay que olvidar –añade– que ser población de riesgo les puede llevar a tener una percepción más negativa de la situación, con un aumento de la sensación de vulnerabilidad y miedo".
Para gestionar el aislamiento y reducir la angustia, Lacalle recomienda a la gente mayor pensar que es una situación puntual que, a pesar de su importancia, pasará. Se trata de procurar mantener la paciencia y ver que es un hecho temporal. "Hay que poner el pensamiento en el mañana. A menudo, cuando la realidad del momento no es agradable, pensar en lo que encontraremos cuando termine nos puede ayudar", señala.
Mantener la comunicación con los familiares y amigos también es clave. "Deben evitar encerrarse en sí mismos y procurar un contacto regular con amigos y familiares ya sea por teléfono o videoconferencia", remarca Pérez. Hay una parte importante de la población mayor, casi el 50% de los mayores de 65 años, que ya se conecta a internet desde su casa y en la mayoría de los casos lo hacen a través de su móvil. En un colectivo para el que WhatsApp es la aplicación preferida, es importante que en situaciones excepcionales como esta se acentúe el uso de esa herramienta como canal de sociabilización.
Para aquellos que navegan por internet, es un buen momento para entrar en contacto con comunidades virtuales para compartir intereses: libros, cine, cocina, fotografía, etc. Y también es una oportunidad para aprender a hacer cosas nuevas a través de la red, por ejemplo, apuntarse a algún curso de pintura o de escritura.
"Un enemigo del aislamiento es la inactividad", advierte Lacalle. Por lo tanto también es clave planificar las tareas a realizar cada día, aunque muchas de ellas puedan ser a nivel doméstico. "Aunque sean actividades menores, el objetivo es evitar la inactividad que puede desembocar en un bajo estado de ánimo", añade. Como también apunta Pérez, se procurará seguir unas rutinas cada día: respetar el horario de levantarse, de irse a dormir, de las comidas, entre otras cuestiones.
Las tareas domésticas, más allá de ayudar a mantener la mente ocupada, también son una forma de ejercicio físico: hacen que las personas se muevan por casa y que circule la sangre. Para contribuir a mantener una salud general, Lacalle recomienda, además, pasear diariamente, en la medida de lo posible, por los diferentes espacios de la casa.
Y sobre todo, evitar la exposición excesiva a información sobre el coronavirus. "Está bien mantenerse informado, pero hay que elegir medios de comunicación contrastados y reservar unos momentos concretos para hacerlo. También es necesario saber desconectar de las noticias", concluye Pérez..
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La fórmula “basado en hechos reales” y similares se utilizan en la ficción audiovisual, entre otras cosas, para cortocircuitar la distancia crítica e interpretativa con la historia que se cuenta, generar una falsa sensación de transparencia discursiva y crear simulacros de factualidad en el espacio retórico y estereotipado de un discurso audiovisual que oculta su dimensión política apelando a los “hechos”.
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“Al utilizar la fórmula ‘basado en hechos reales’, lo que se pretende es que el espectador crea que esa ficción es fiel a la realidad y deje de preguntarse por la lógica que implica el propio relato”, explica la profesora del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), Pilar Carrera, que ha publicado recientemente un libro con ese mismo título “Basado en hechos reales: mitologías mediáticas e imaginario digital” en Cátedra +Media, una nueva colección de la editorial conformada por ensayos breves y de intervención sobre temas de actualidad.
Este tipo de expresiones permiten introducir la retórica y efectos de los discursos documental e informativo en el territorio de la ficción. De hecho, en el caso de los documentales se produce, en términos de sentido, una vuelta de tuerca más, presuponiendo ya, no sólo que la historia que se cuenta está basada en hechos reales, sino que directamente es la realidad: “Esto es, obviamente, una falsa asunción; en un documental hay tanta o más puesta en escena que en la ficción y no se deben confundir los mecanismos retóricos utilizados para generar efectos de verdad con una supuesta verdad prediscursiva”, indica Pilar Carrera.
El relato ficticio que se dice “basado en hechos reales” avala con el efecto de verdad documental (“verdad fáctica”) el discurso sobre valores característico de la ficción, se apunta en el libro. Y todo ello sin asumir las responsabilidades o potenciales sanciones que conlleva la asunción del decir verdadero en términos documentales o informativos: el ‘basado’ o el ‘inspirado’ introducen ese matiz que presupone la posibilidad de inexactitud o un margen para la ‘libre interpretación’ y el ‘error’. Se insinúa, en suma, que algo es verdad y, al mismo tiempo que, de no serlo, no pasa nada, ya que, en último término, se trata de una ficción.
En los últimos tiempos se observa un desplazamiento progresivo de la ficción hacia el espacio retórico del documental, según esta investigadora. Esto va mucho más allá de la clásica utilización de fragmentos de documentales, reportajes, noticiarios periodísticos o fotografías en las películas de ficción para dotarlas de un plus de verosimilitud. “La fórmula ‘basado en hechos reales’ afecta a la recepción de la ficción en su conjunto y a su dimensión política y cultural sin necesidad de recurrir al material de archivo”, señala en el ensayo.
Muchas series están adoptando un look documental, como es el caso de Chernóbil (HBO, 2019), en la que se evidencia la búsqueda de una confusión sistemática entre ficción y documento hasta el punto de que la serie se presenta de la siguiente manera: ‘Basado en una historia real no contada’. “Aún siendo una ficción, Chernóbil se consume, en muchos aspectos, como un documental. Probablemente, cuando la gente la ve cree que está conociendo la verdad sobre lo que ocurrió, cuando, en realidad, estamos ante una historia extremadamente convencional en términos narrativos y con un limitado valor en términos de comprensión histórica”, comenta Pilar Carrera.
Los efectos ideológicos y políticos de este tipo de relato histórico ficticio no deben de subestimarse, según el ensayo, por su capacidad para dar forma al imaginario social. “La ficción, y especialmente la ficción serial, a la que gran parte de la población dedica un tiempo que, directamente, impide o merma sustancialmente el consumo de otro tipo de relatos, es muy poderosa generando adhesión emocional y, como consecuencia, adhesión a la tesis que subyace a la interpretación de los acontecimientos que se acomete y que se pretende disimular apelando a los ‘hechos reales’”, concluye el ensayo.
En el libro “Basado en hechos reales” se analizan otras cuestiones que se enmarcan en lo que la autora denomina “sociedad sin espectáculo”. En este contexto, se abordan temas como la emergencia del fake, la posverdad, las relaciones entre discurso y acción, además de otros aspectos como las relaciones entre fotografía y política, los discursos dominantes sobre Europa o la maternidad. Su objetivo, en última instancia, es poner en escena, desde distintos ángulos y temáticas, la lógica sobre la que se forja el imaginario digital y sus implicaciones para el individuo-ciudadano y el funcionamiento de la democracia.
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Trabajo de referencia | Carrera, Pilar (2020). Basado en hecho reales: mitologías mediáticas e imaginario digital. Ediciones Cátedra, colección +media. Madrid, España. ISBN: 978-84-376-4102-7
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Desde el 14 de marzo nuestras viviendas se han convertido en un refugio ante la pandemia mundial que nos asola. Vivimos desterrados en nuestro hogar. Pero, el cada vez mayor aumento de la exposición de los hogares a través de videollamadas e imágenes en las redes sociales, deja expuesto la clara situación de desigualdad que vive la ciudadanía.
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En esta situación de confinamiento y pandemia, en vías de una desescalada en distintas fases, las viviendas se han convertido en las protagonistas de muchos debates y polémicas. “El foco de la discusión- en opinión de Juana Otxoa-Errarte, presidenta del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (Gipuzkoa), se ha centrado en los cotizados balcones que han permitido a unos pocos disfrutar de un pedacito del exterior sin salir de su casa, pero ¿y si el virus nos hubiera sorprendido durante los meses de invierno? Probablemente, nadie se hubiera acordado de los balcones, y la pobreza energética de las personas que no encienden la calefacción porque el dinero no les llega para pagar la factura, hubiera estado en boca de todos y todas”.
Esta percepción de desigualdad entre la ciudadanía es compartida por Alex Mitxelena, arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad del País Vasco. “El estándar de las casas que conocemos hoy en día se cristalizó hace tan solo cien años. Fue entonces, también a causa de una crisis sanitaria, cuando se acordó que todas las casas, para poder ser consideradas habitables, debían tener una cocina, un baño, un espacio de estar o salón y un número de dormitorios acorde con la cantidad de individuos alojados. Esto quiere decir que, antes de esto, algunas personas vivían en construcciones que ahora no consideraríamos ‘viviendas’. Muchas personas vivían hacinadas en espacios que no tenían un programa funcional que hoy consideramos esencial”.
Sin embargo, en estos cien años la situación ha variado en dos direcciones en opinión del profesor de la UPV/EHU. “Por un lado, se ha considerado este estándar insuficiente y ha ido incrementando las necesidades. Así, se han incrementado los metros cuadrados por cada habitante, se han añadido segundos y terceros baños, etc. Por otro lado, determinados dinámicas continúan hacinando a las personas y haciendo que la mejora de las viviendas sea excesivamente difícil. En los casos más extremos encontramos las viviendas “patera” que son poco mejores a las que existían hace cien años”.
Para Ibai Gandiaga, arquitecto y profesor en la Escuela de Ingeniería de Bilbao (Náutica y Máquinas Navales), en los centros urbanos, los espacios privados de las viviendas tienden a complementarse con los espacios públicos de la ciudad. “La sala de estar se complementa con la plazoleta, la terraza o balcón -o la falta de éste- se complementa con la playa, con el parque o el bulevar, la sala de juegos se complementa con el patio de la urbanización, etc. En las viviendas unifamiliares, sobre todo en zonas con poca presión inmobiliaria, los metros cuadrados de las viviendas son más generosos, y se tiende a generar un microcosmos propio: jardín, terraza, zona de juegos, piscina, huerto, parking de coches, trastero”.
Aspectos a tener en cuenta
“Llevamos años trabajando y viendo los avances de las Smart Solutions: todo lo tenemos que hacer ‘inteligente’ y la ciudad no es una excepción- continúa la presidenta del COAVN-Gipuzkoa. En esa línea, uno de los puntos fundamentales para hacer que nuestras ciudades sean cada vez más sostenibles es apostar por la rehabilitación frente a la nueva construcción. Tenemos unas ciudades y pueblos con edificios envejecidos, que no cumplen las condiciones mínimas de temperatura interior, de ventilación, de iluminación o de accesibilidad. En definitiva: tenemos un gran parque de edificios poco saludables y confortables”.
Para esta arquitecta, ante esta situación, tanto en viviendas de nueva construcción como en las que se rehabilitan, hay aspectos que estaban descuidados. “La estanqueidad es uno de ellos: hay que garantizar que no se produzcan filtraciones ‑principalmente por las ventanas‑ que provoquen corrientes de aire y creen un espacio que no sea confortable. Una vez obtenida la estanqueidad, el siguiente paso será llegar a la correcta ventilación de las viviendas. Es vital controlar la necesaria renovación y la calidad del aire que respiramos para evitar la generación de humedades y garantizar la salud tanto del edificio como de las personas. Para ello, la tecnología puede ser nuestra gran aliada, ya que nos ofrece óptimas soluciones”.
Otro de los aspectos clave en este periodo de encierro ha sido la reorganización de espacios. “Una estancia debería poder convertirse fácilmente en despacho, en sala de juegos infantiles, cine o centro de deporte. Con un simple gesto, tendría que ser capaz de incorporar un espacio exterior al interior. Esta necesidad de flexibilidad la hemos sentido a consecuencia de la pandemia, pero también existe en las diferentes fases de vida de las personas, por lo que las viviendas han estar preparadas para adaptarse y responder a las mismas. Está claro que estas mejoras en los edificios no pueden quedarse ahí. Junto con la rehabilitación debería venir la regeneración de los espacios urbanos, de nuestras calles y de nuestros barrios, y de esta forma se conseguirá una ciudad más cercana, accesible y sostenible”.
Arquitectura post-pandemia
“Cuando superemos este shock -añade el profesor Alex Mitxelena- tendremos que volver a acatar cuestiones como el cambio climático, el problema de la especulación con la vivienda, los desahucios, la soledad no deseada, etc. Pero también tendremos nuevos retos a los que dar respuesta. Podremos pensar, más que nunca, en soluciones colectivas para crear espacios compartidos propios. Como los que se llevan explorando en las viviendas colaborativas. A modo de ejemplo, las personas mayores que están solicitando ayuda para construir viviendas colaborativas lo hacen también para evitar las situaciones dramáticas que están sucediendo estos días en las residencias para mayores. También podremos pensar en soluciones individuales y preparar nuestras casas para pasar más tiempo en ellas, realizar más tareas (como trabajar, hacer deporte y “pasarlo bien”). Tendremos que organizar el espacio que tenemos de forma más flexible y adaptable a las diferentes necesidades. No poder salir de casa también nos está haciendo anhelar estar en el exterior y tener contacto con la naturaleza, con el sol. Es también una forma de mantenernos ‘sanos’ como era necesario hace cien años. Así, tal vez, pondremos en valor de nuevo las terrazas y los balcones que, en algunos contextos, habían quedado infravalorados”. El profesor Ibai Gandiaga a su vez pone en valor el papel de los caseríos. “Tradicionalmente, el caserío es un centro de producción agrícola y ganadera autosuficiente. Y, en la actualidad, antes esta nueva situación, se han convertido en paradigma de esta pretendida autosuficiencia espacial”. .
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Las plataformas de 'video on demand' se rifan las 'sitcoms' clásicas y apuestan por los remakes, las secuelas y los 'spinf-offs'. Friends o The Office son las dos series más vistas en la historia de Netflix. El grupo NBC Universal desembolsó 500 millones de dólares por los derechos de The Office durante cinco años y Warner Media 425 millones para explotar Friends, también durante cinco años.
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En los rankings de las series más descargadas o vistas durante el año siempre se cuela algún "clásico". De hecho, Friends o The Office son las dos series más vistas en la historia de Netflix. Es tal la demanda de este tipo de sitcoms que esta plataforma ya ha comprado por 500 millones de dólares los derechos de emisión mundial para 2021 de Seinfeld, una serie de 1989. ¿La razón? Que acaba de perder Friends (en España sigue estando disponible de momento), dejará de emitir The Office en 2021 y no quiere descuidar esa cuota de audiencia que vuelve a los clásicos una y otra vez.
Así lo cree Elena Neira, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que explica que, probablemente, plataformas como Netflix, HBO o Peacock incluyen este tipo de series en sus catálogos no para atraer a nuevos clientes, sino para retener a los que ya tienen. Desde luego, las cifras astronómicas que se pagan por estas sitcoms desvelan su importancia: el grupo NBC Universal desembolsó 500 millones de dólares por los derechos de The Office durante cinco años y Warner Media 425 millones para explotar Friends, también durante cinco años.
Las sitcoms parecen ser el género predilecto para el rewatch (volver a ver), un término que se está popularizando en el sector audiovisual pero que no es un fenómeno nuevo. "La reemisión de contenido es una estrategia básica sobre la que se ha asentado la programación de la televisión tradicional durante años. Para las televisiones siempre ha sido un elemento muy ventajoso. Es menos costoso que un contenido de estreno, tiene más garantías de concentrar audiencia (normalmente los reruns son de series que cosecharon éxito en su primera vida comercial) y permite o bien rellenar huecos de la parrilla en horarios poco populares, o engrosar las parrillas de las TDT", explica Neira. Esta práctica no solo beneficia a televisiones, plataformas de video o espectadores. "Para los propietarios de derechos también era una vía muy lucrativa, ya que cobraban por cada una de esas reemisiones. Un win-win para todos", añade la profesora de la UOC.
En España está el ejemplo de Verano azul, una de las series que en más ocasiones se ha emitido en la historia de la televisión. Según datos de la Wikipedia, esta serie estrenada en 1981 fue repuesta menos de un año después: a finales de julio de 1982. Después, se ha programado en las pantallas de TVE en 1987, en 1994 (dos veces), en 1995 (dos veces), en 2001 y 2005 (ambas en Canal Nostalgia) y en 2006 (en TVE-50). En 2012 se programó en 13TV; en julio de 2014 La 2 de Televisión Española volvió a emitirla, pero esta vez remasterizada. Por último, en agosto de 2019 La 2 volvió a reponerla.
Una apuesta segura: no hay que elegir y sabemos que nos gustará
"Hacer rewatching nos encanta porque es una apuesta segura, tenemos la certeza de que nos lo pasaremos bien y reafirma nuestra buena opinión sobre el producto. Volvemos a sentir las mismas emociones positivas y además descubrimos nuevos aspectos que habíamos pasado por alto", explica Marta Calderero, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Pero, además, "los estudios que se han llevado a cabo al respecto también indican que hacemos rewatching para reducir la fatiga cognitiva que nos genera tener que decidir entre centenares de opciones. Paradójicamente, aunque hoy en día tenemos miles de alternativas de entretenimiento, muchas veces volvemos a lo familiar para evitar la incertidumbre y el riesgo de equivocarnos al escoger algo nuevo. ¿Acertaré con la elección? ¿Me lo pasaré bien? Cuantas más opciones, más dudas nos pueden surgir y más abrumados nos podemos sentir, por eso a veces preferimos optar por algo que ya conocemos y nos gusta", añade la psicóloga.
De la misma opinión es Elena Neira, que resalta el valor seguro y la comodidad como algunos de los motivos por los que elegimos Friends cuando tenemos a nuestro alcance decenas de series nuevas: "Precisamente por tener tantísimas novedades, volver a series que ya hemos visto permite no enfrentamos al dilema de tener que elegir. Conocemos la trama, nos podemos enganchar a cualquier episodio sin problemas… La quintaesencia de la comodidad".
¿Una pérdida de tiempo o una oportunidad de descubrir nuevos matices?
"A veces nos sentimos mal al hacer rewatching porque nos da la sensación de que estamos perdiendo el tiempo. Para nada es algo malo", añade Marta Calderero. El profesor e investigador Ed O´Breid, de la Universidad de Chicago, descubrió en su estudio Enjoy It Again: Repeat Experiences Are Less Repetitive than People Think que, en general, las personas tienden a infravalorar el disfrute que les aporta una actividad ya experimentada y por eso optan por algo nuevo. Sin embargo, la satisfacción que nos produce repetir una misma acción puede ser en algunos casos incluso superior, según las conclusiones del estudio. "Los datos muestran que la repetición es tanto o más agradable que la alternativa novedosa. Así que, según estos hallazgos, podríamos concluir que el rewatching es una gran propuesta de ocio", explica Calderero.
La psicóloga aconseja repetir una serie, leer un libro, volver a ver una galería, etc., "cuando tenemos poco tiempo y nos apetece relajarnos. Así aprovecharemos todo ese tiempo para disfrutar y desconectar, y evitaremos sentirnos frustrados por perderlo buscando algo nuevo que hacer». Y añade que experimentar algo por segunda vez permite «observarlo más detenidamente, ver matices, observarlo desde otra perspectiva o anticipar el disfrute".
El fenómeno The Mandalorian: volver al lugar conocido… ¡pero de otra manera!
Las secuelas, precuelas, remakes, spin-offs… pueblan las carteleras de los cines y los catálogos de las plataformas de video por suscripción. The Mandalorian, una serie de Disney+ ubicada en el universo de Star Wars, se ha alzado como la segunda serie más vista el pasado año, sólo superada por The Witcher. Según Parrot Analytics, The Mandalorian llegó a superar Juego de tronos, Stranger Things o The Crown.
En este sentido, Elena Neira añade que "todas las compañías que han puesto en marcha sus propias plataformas a finales de este año y las que lo harán a partir de 2020 tienen este elemento común: el anuncio de remakes, reboots, precuelas, spin-offs y secuelas de algunas de sus propiedades más conocidas. Al final, el gancho de lo popular, en un ecosistema cada vez más lleno de servicios y de contenidos, ofrece una ventaja competitiva en términos de visibilidad". .
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Según el nuevo informe de la OMS sobre las películas sin tabaco (Smoke-Free Movies Report – From evidence to action), que va por la tercera edición desde 2009, las películas con escenas de consumo de productos de tabaco han inducido a millones de jóvenes del mundo entero a empezar a fumar.
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La Organización Mundial de la Salud insta a los gobiernos a que las películas con escenas de consumo de tabaco sean objeto de una clasificación, a fin de evitar que los niños y los adolescentes comiencen a fumar cigarrillos y consumir otro tipo de tabaco.
Según el nuevo informe de la OMS sobre las películas sin tabaco (Smoke-Free Movies Report – From evidence to action), que va por la tercera edición desde 2009, las películas con escenas de consumo de productos de tabaco han inducido a millones de jóvenes del mundo entero a empezar a fumar.
“La publicidad del tabaco está sometida a una reglamentación cada vez más estricta, por lo que las películas son uno de los últimos medios en el que millones de adolescentes presencian imágenes relacionadas con el consumo de tabaco sin ningún tipo de restricción”, señala el Dr. Douglas Bettcher, Director del Departamento de Prevención de Enfermedades No Transmisibles de la OMS.
Si se adoptan medidas concretas, en particular si se impone una clasificación a las películas con escenas de consumo de tabaco y se avisa de esas escenas antes del inicio de la película, se podrá evitar que los niños del mundo entero descubran los productos de tabaco y sean víctimas de la adicción, la discapacidad y la muerte asociadas a su consumo.
“Las escenas de consumo de tabaco en las películas pueden ser un potente medio de promoción de los productos de tabaco”, añade el Dr. Bettcher. “En virtud del derecho internacional, las 180 Partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (el CMCT de la OMS) tienen la obligación de prohibir la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco”.
Las películas hacen que millones de jóvenes se enganchen al tabaco
De acuerdo con estudios realizados en los Estados Unidos de América, el 37% de los adolescentes que comienzan a fumar lo hacen incitados por escenas de consumo de tabaco que ven en la pantalla. En 2014, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos calcularon que, tan solo en ese país, esas escenas inducirían a más de seis millones de niños a comenzar a fumar en 2014, de los cuales dos millones morirían a causa de enfermedades provocadas por el tabaco.
En 2014, el 44% de todas las películas de Hollywood contenían escenas de consumo de tabaco, y el 36% de ellas estaban clasificadas para un público joven. Entre 2002 y 2014, casi dos tercios (59%) de las películas con gran éxito de taquilla contenían escenas de consumo de tabaco. También en 2014, el Director General de Sanidad de los Estados Unidos señaló que en el futuro el hecho de clasificar las películas con escenas de consumo de tabaco como películas para adultos reduciría las tasas de consumo entre los jóvenes de los Estados Unidos en casi una quinta parte y evitaría un millón de defunciones de niños y adolescentes de hoy relacionadas con el tabaco.
Muchas películas producidas fuera de los Estados Unidos contienen también escenas de consumo de tabaco. Según los estudios realizados, esas escenas aparecen en películas muy taquilleras de seis países europeos (Alemania, Islandia, Italia, Polonia, Países Bajos y Reino Unido) y dos países de América Latina (Argentina y México). El informe indica que en nueve de cada diez películas de Islandia y la Argentina, incluidas películas para jóvenes, aparecen escenas de consumo de tabaco.
Con arreglo a las directrices recogidas en el artículo 13 del CMCT de la OMS, en el informe de la OMS sobre las películas sin tabaco se recomienda adoptar las siguientes medidas de política:
- Exigir una clasificación por edades para las películas con escenas de consumo de tabaco, a fin de reducir de forma general la exposición de los jóvenes a esas escenas;
- Incluir en los créditos de las películas una declaración según la cual los productores no han recibido nada de nadie a cambio del consumo o la presencia de productos de tabaco en la película;
- Dejar de mostrar marcas de tabaco en las películas;
- Exigir que se muestren avisos contundentes contra el tabaquismo antes de las películas que contengan escenas de consumo de tabaco en todos los canales de distribución (cine, televisión, internet, etc.).
En el informe se recomienda asimismo que las producciones de medios de difusión que promuevan el consumo de tabaco no puedan optar a subvenciones públicas.
El Dr. Armando Peruga, gestor de programas de la Iniciativa Liberarse del Tabaco de la OMS, señala que varios países han tomado medidas para limitar las imágenes de consumo de tabaco en las películas. “China ha ordenado que no se muestren escenas de consumo “excesivo” de tabaco, y la India ha adoptado nuevas normas para las imágenes de consumo de tabaco y la aparición de marcas en las películas y programas de televisión nacionales e importados. Pero todavía se puede y debe hacer más”, añade el Dr. Peruga..
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Investigadores de la Universidad de Granada distinguen entre los rasgos de personalidad que aumentan o disminuyen el grado de vulnerabilidad ante la “nomofobia”, definida como el miedo a estar fuera del contacto con el teléfono móvil y considerada una fobia de la edad moderna.
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Una investigación de la Universidad de Granada (UGR) ha distinguido entre los rasgos de personalidad que aumentan o disminuyen el grado de vulnerabilidad ante la “nomofobia”, definida como el miedo a estar fuera del contacto con el teléfono móvil y considerada una fobia de la edad moderna.
La investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada ha analizado los rasgos de personalidad que acentúan o protegen a cada persona de sufrir este tipo de adicción que se convierte en una enfermedad cuando modifica las rutinas o incapacita para desarrollar una vida normal.
La catedrática del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, Francisca López Torrecillas, explica que la investigación comenzó para profundizar en la nomofobia, una de las adicciones en auge de la edad moderna, y comprobar si existen perfiles o rasgos de la personalidad que influyan en la posibilidad de tenerla.
Esta adicción que genera dependencia del teléfono móvil afecta a hasta siete de cada diez españoles, según algunos estudios, y se mide por el número de horas que se dedican al móvil en sustitución de otras actividades y al miedo o la ansiedad al estar alejado del terminal.
Problemas de sueño y depresión
“El uso prolongado del teléfono provoca además problemas de sueño, depresión, daña las retinas, puede generar tensiones musculares y afecta al comportamiento, como cualquier otra conducta adictiva”, señala López Torrecillas. La posibilidad de sufrir esta fobia depende de los principales rasgos de la personalidad, como los valores, la espiritualidad desde un concepto amplio y no religioso o la autotrascendencia. Para demostrarlo, el equipo coordinado por López Torrecillas ha desarrollado dos pruebas a casi un millar de adultos andaluces, una para evaluar su nivel de nomofobia y otro con 240 ítems sobre temperamento y carácter.
Entre las conclusiones destacan como factores protectores ante la nomofobia los valores, la predisposición a colaborar, y la espiritualidad cercana a las corrientes de crecimiento personal “tolerantes socialmente, empáticas, serviciales y compasivas”.
Frente a este “escudo”, las personas que sufren esta adicción al móvil presentan rasgos relacionados con conductas que buscan la gratificación, “interesadas” o que requieren un refuerzo positivo del resto de la sociedad. “La madurez espiritual, el deseo de sentirse realizado, la capacidad de meditar y el pensamiento no materialista, que se vinculan con altos niveles de satisfacción con la vida, aparecen en el estudio como protectores contra la nomofobia”, concluye López Torrecillas. .
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