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Una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.
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Un estudio internacional liderado por investigadores del IDIBAPS y CIBERSAM, la Universidad de Linköping (Suecia) y del King's College London demuestra y cuantifica que una reducción de las adversidades infantiles podría reducir la incidencia de los trastornos mentales en la edad adulta.
Los trastornos mentales son multifactoriales, esto es, dependen de la combinación de múltiples factores: genéticos, biológicos, psicológicos o ambientales. Aparte de las causas no modificables en las personas que tienen un trastorno, varios estudios han identificado numerosos factores de riesgo modificables involucrados en su aparición, como por ejemplo asociados al estilo de vida o la sociedad. Pero no se sabe cuántos trastornos podrían prevenirse modificando estos factores de riesgo.
“En muchos aspectos, vivimos en una sociedad de bienestar. Pero a pesar de esta aparente bonanza, en torno a una de cada cinco personas tiene actualmente un trastorno mental”, explica Joaquim Raduà. "La pregunta es si habría menos trastornos mentales, si mejoráramos la sociedad y estilo de vida", añade.
Esta cuestión es la que quiere responder al estudio publicado en Molecular Psychiatry. Los autores del estudio buscaron los factores de riesgo ambiental con mayor nivel de evidencia prospectiva para calcular la fracción atribuible poblacional, que mide qué porcentaje de los casos de un trastorno pueden atribuirse a un factor de riesgo concreto.
Los resultados son claros. Reduciendo las adversidades infantiles podrían evitarse uno de cada tres casos de esquizofrenia y reduciendo los abusos infantiles se podrían evitar uno de cada seis casos de depresión. Una reducción del estrés laboral permitiría evitar uno de cada cinco casos de depresión. Y respecto al estilo de vida, el hecho de hacer más ejercicio físico podría evitar uno de cada seis casos de Alzheimer; disminuir los factores de riesgo metabólico, como el exceso de grasas en sangre, podría evitar uno de cada diez casos de depresión; y evitando el sobrepeso antes o durante el embarazo se podría evitar uno de cada quince casos de autismo en los hijos.
Por tanto, reduciendo las adversidades y abusos infantiles, reduciendo el estrés laboral, y mejorando el ejercicio físico, dieta y peso, se podrían evitar una parte muy importante de los trastornos mentales. “Eso significa que podríamos evitar que millones de personas desarrollen trastornos mentales. Pero también significa que muchos trastornos, probablemente la mayoría, seguirían ahí. Por eso es tan importante dedicar más recursos a la investigación en salud mental para crear tratamientos que mejoren de forma más efecitva la calidad de vida de las personas con uno de estos trastornos”, concluyen los autores.
El estudio, publicado en Molecular Psychiatry, lo han coordinado Joaquim Raduà, jefe del grupo Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad (IMARD) del IDIBAPS e investigador del CIBERSAM, Elena Dragioti de la Universidad de Linköping, y Paolo Fusar-Pol, del King's College London. También ha participado Celso Arango, del Hospital Gregorio Marañón y del CIBERSAM.
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El uso prolongado de nicotina podría favorecer ciertos procesos de consolidación de la memoria y el aprendizaje. Sin embargo, cuando este consumo se da bajo efectos del estrés podría llevar a que estos procesos se deterioren.
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El estudio experimental realizado por Carlos Eduardo Novoa Paloma, magíster en Psicología de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), es un aporte ante el potencial que tienen las drogas de abuso para generar adaptaciones del comportamiento de sus consumidores, por ejemplo la respuesta ante el estrés, sensibilidad a diferentes estímulos y situaciones de aprendizaje.
Para su investigación, que adelantó en el Laboratorio de Neurociencias del Departamento de Psicología de la UNAL, experimentó con ratas Wistar, a las que les administró durante 20 días una dosis crónica de nicotina de forma subcutánea, cada día por tres semanas. Después los animales se dejaron en reposo y recibieron cuidados veterinarios básicos, alimento y agua constante.
Después se entrenaron en tareas de aprendizaje espacial, a través del laberinto circular de Barnes. En ese periodo se le hizo seguimiento a un grupo de roedores para saber qué tanto recordaban de la tarea aprendida.
Un segundo grupo se adiestró con estas mismas características, pero antes de la evaluación del recobro de la tarea se sometió a un evento de estrés por restricción de movimiento, y se evidenciaron dificultades para su ejecución.
El investigador explica: “queríamos ver era si la experiencia previa con la nicotina alteraba de alguna manera el aprendizaje en la primera condición o el recobro de la tarea en sí misma, es decir si con la exposición previa al alcaloide mostrarían una sensibilidad diferente a los efectos del estrés”.
Respuesta al estrés
Múltiples sistemas de aprendizaje y memoria interactúan para producir respuestas ajustadas a las exigencias del ambiente. Sin embargo, estas interacciones pueden resultar en patrones de respuesta anormales cuando los eventos que controlan procesos de organización cerebral favorecen a un sistema sobre los demás.
En este sentido, el potencial de las drogas de abuso para generar adaptaciones comportamentales de largo plazo podría radicar en su capacidad para promover procesos de reorganización neural que afecta funciones cerebrales fundamentales (refuerzo y respuesta de estrés) y la sensibilidad individual a diferentes estímulos y a las situaciones de aprendizaje.
“Al evaluar a los animales del segundo grupo y que fueron sometidos a situaciones de estrés, vimos que los que antes se habían sometido a nicotina mostraron una mayor sensibilidad a los efectos de esa situación”, señala el magíster.
Aunque los animales tratados con nicotina en situaciones estándar y de control mostraron una mejoría en los indicadores de recobro de la tarea aprendida, cuando fueron sometidos a situaciones de estrés, esa capacidad se deterioró.
El estudio destaca que dicha conclusión se apoyó con un ensayo en el que se rastreó una proteína a nivel de diferentes estructuras cerebrales; así “observamos que los animales que previamente habían sido tratados con nicotina, y que además habían sido expuestos al estrés, tuvieron un incremento diferencial en una proteína utilizada para medir su actividad cerebral”, concluye el magíster.
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Un estudio en ratones confirma que las hormonas del estrés suprimen el crecimiento del cabello a través de la regulación de las células madre del folículo piloso. Los resultados apuntan cómo se podría revertir este mecanismo.
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Verónica Fuentes, Agencia SINC | La ciencia corrobora lo que ya se sospechaba: el estrés afecta negativamente a nuestro pelo. Investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.) han descubierto en ratones cómo las hormonas del estrés suprimen el crecimiento del cabello a través de la regulación de las células madre del folículo piloso.
Los folículos pilosos, las cavidades en la piel donde crece pelo, alternan las fases de crecimiento y descanso. Estudios anteriores realizados en roedores y seres humanos indicaban que el estrés puede afectar al crecimiento del cabello, pero hasta el momento no se sabía con exactitud cómo se relacionan ambas cosas.
Ahora, el equipo liderado por Ya-Chieh Hsu muestra cómo en ratones la corticosterona (una hormona liberada durante los momentos de tensión, equivalente al cortisol en los humanos) regula la actividad de los folículos pilosos. Los resultados se publican esta semana en la revista Nature.
“Aunque el estrés se ha asociado anecdóticamente con muchas variaciones en los tejidos, incluidos algunos problemas del cabello, no estaba claro si provocaba realmente estos cambios perjudiciales y, lo que es más importante, los mecanismos que subyacen a estas alteraciones siguen siendo poco conocidos”, explica a SINC Hsu.
“El año pasado descubrimos que el estrés agota las células madre de los melanocitos (las células madre que dan a nuestro cabello su color distintivo) a través de cambios en el sistema nervioso, lo que constituye la base del encanecimiento del cabello inducido por el estrés”, añade la experta.
“En el nuevo trabajo hemos identificado un mecanismo completamente diferente por el que el estrés afecta a las células madre del folículo piloso, importantes para regular la regeneración de estos folículos y el crecimiento del cabello”, continúa.
Cuando los niveles de corticosterona son elevados, los folículos pilosos permanecen en una fase de reposo prolongada y no se regeneran. Por el contrario, si se reduce esta hormona, las células madre del folículo piloso se activan y se produce el crecimiento de nuevos cabellos.
“El estrés crónico, a través de la regulación al alza de la corticosterona, inhibe una señal de activación en las células que rodean a las células madre del folículo piloso, que normalmente promueven el crecimiento del cabello”, afirma Hsu. “Aunque el estrés puede ser perjudicial para diferentes células madre de la piel, los mecanismos con los que se desencadenan cambios en los tejidos pueden ser diversos, y aún queda mucho por aprender”.
Lejos de su aplicación en humanos
Según los autores, la corticosterona inhibe la activación de las células madre del folículo piloso al suprimir la producción de una proteína llamada GAS6, que ha demostrado promover la proliferación de dichas células madre en ausencia de corticosterona. Así, el restablecimiento de la expresión de GAS6 podría superar la inhibición inducida por el estrés y favorecer la regeneración del crecimiento del cabello.
“Estos hallazgos sientan las bases para explorar tratamientos contra la caída del cabello causada por el estrés crónico”, indica Rui Yi, investigador de la Universidad Northwestern (EE.UU.). Sin embargo, Yi insiste que es necesario abordar varias cuestiones antes de que los resultados puedan trasladarse a los seres humanos.
Por ejemplo, la corticosterona es el equivalente en los roedores del cortisol humano, pero no se sabe si el cortisol produce en los humanos efectos idénticos a los observados en este trabajo. Además, las fases de crecimiento del cabello difieren entre ratones y humanos, lo que podría influir en la eficacia de los enfoques para revertir la inhibición de las células madre del folículo piloso inducida por el estrés.
“Como cualquier terapia, habrá que dar muchos pasos adicionales de validación y pruebas rigurosas para evaluar tanto la seguridad como la eficacia. Nuestro descubrimiento es solo el primer paso, todavía hay que trabajar más antes de que pueda aplicarse a los humanos”, puntualiza Hsu. “Sin embargo, estos descubrimientos proporcionan una importante vía molecular que hay que seguir explorando”, concluye.
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Trabajo de referencia | Corticosterone inhibits GAS6 to govern hair follicle stem cell quiescence. Nature DOI 10.1038/s41586-021-03417-2
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El trabajo, realizado en gusanos, fue publicado en 'Nature' y genera el interrogante acerca de si ocurriría algo análogo en humanos con estrés postraumático o ataques de pánico.
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El estrés no es solo patrimonio de los seres humanos. Así como las personas pueden sufrirlo por mudanzas, un examen o desempleo, los animales en la naturaleza también están expuestos a situaciones estresantes. Algunas de estas situaciones, como por ejemplo el ataque de un predador, aparecen de manera abrupta y requieren una respuesta rápida, de corta duración y energéticamente muy demandante, como lo es la respuesta de huida o lucha.
A su vez existen demandas ambientales mucho más graduales -cambios en temperatura ambiental, en humedad, estrés oxidativo, ausencia de nutrientes- que requieren estrategias adaptativas más progresivas y persistentes, en las cuales el sistema nervioso central coordina la activación de respuestas protectoras en células específicas del organismo para lograr adaptarse al estrés y sobrevivir. En varios animales, incluidos mamíferos, se ha reportado que la perpetuación de la respuesta de escape disminuye la capacidad de responder a estresantes ambientales, aumenta le prevalencia de enfermedades asociadas a la edad y disminuye duración de la vida. Sin embargo, el mecanismo molecular subyacente era prácticamente desconocido en cualquier animal.
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| Caenorhabditis elegans |
Un grupo de científicos liderados por los doctores en bioquímica del CONICET Diego Rayes y María José De Rosa, caracterizaron por primera vez lo que sucede a nivel molecular durante la persistencia al estrés en un modelo de gusanos, Caenorhabditis elegans. El trabajo, publicado en la revista Nature, deja planteada la intriga sobre la posibilidad de que estos mecanismos moleculares estén, al menos parcialmente, implicados en otros animales, incluidos en humanos.
“En este trabajo reportamos en un organismo completo y con un nivel de detalle molecular por qué es perjudicial para la salud que la respuesta de escape, que está diseñada para ser algo corto, se prolongue”, señala Rayes, que desde hace años trabaja en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB). El trabajo se inscribe en una línea que desarrolla su laboratorio alrededor de cómo el sistema nervioso gobierna procesos autonómicos en células que no pertenecen al sistema nervioso. Para llevarlo adelante, los científicos trabajan con gusanos C. elegans, un invertebrado fácil de manipular genéticamente, sencillo de cultivar en el laboratorio y que tiene muchos de sus procesos moleculares y celulares extrapolables a otros animales, incluidos los mamíferos, lo que lo hace un organismo adecuado para intentar abordar preguntas biológicas fundamentales. Paradójicamente, si bien cada vez más laboratorios en Argentina usan este modelo, su uso es limitado.
Esas raras enfermedades nuevas
Los animales se adaptan al estrés dependiendo de la naturaleza y la duración del estresante: los estresantes agudos desencadenan la respuesta de escape o lucha, una respuesta sistémica rápida que le permite al animal realizar un esfuerzo físico máximo; los estresantes ambientales, que suelen aparecer más gradualmente, en general activan mecanismos neurohumorales que permiten coordinar la percepción del estresante con los mecanismos de comunicación intercelular, o sea, decir qué células deben responder y cuáles no. “Eso permite que la respuesta sea gradual y que no reaccionen células que no es necesario que reaccionen –subraya Rayes-, para que no tengan tanto costo o gasto energético”. Pero, cuando la respuesta de escape se perpetúa, el animal deja de tener posibilidad de responder a nivel celular a otras situaciones estresantes habituales –como los cambios de temperatura, la falta de oxígeno, o el déficit nutricional-, y contrae enfermedades relacionadas con la edad muy temprano, o sufre un deterioro general de la salud.
Este equipo de científicos llevó adelante la caracterización molecular de ese suceso, en el modelo de gusanos C. elegans: “Así como nosotros liberamos adrenalina, en su respuesta de huida o lucha el sistema nervioso de estos gusanos libera tiramina. Y si bien esa tiramina en el gusano es importante para que el animal pueda escapar de un predador, cuando esa liberación se perpetúa impide que las células que tendrían que responder al estrés ambiental respondan. Por esa razón se produce ese efecto que se ve en todos los animales, perjudicial para la salud, y que viven menos”.
Describir el mecanismo que se activa en C. elegans les llevó cuatro años. Para hacerlo, los científicos probaron su comportamiento -en el laboratorio de Bahía Blanca y también en uno en Massachusetts- ante diferentes estímulos estresantes para ver en qué momento y de qué manera liberaba tiramina. Cuando vieron que eso sucedía cuando el animal quería huir –es decir, ante la presencia de un predador-, activaron las señales del peligro cada cinco minutos. Eso hizo que la respuesta al escape se perpetúe.
Allí detectaron que la liberación de tiramina de modo sostenido impedía que el animal resistiera a estímulos ambientales normales, como el calor, el estrés oxidativo o el estrés nutricional. Más aún, los científicos midieron el tiempo de vida de los gusanos sin ningún estímulo ambiental exógeno –ni aumentos de temperatura ni cambios en la presión del oxígeno, por ejemplo- y comprobaron que si el animal libera tiramina frecuentemente vive menos. “Lo que determinamos también es que el sistema nervioso libera tiramina, pero esa tiramina actúa en el intestino del gusano, para producir la liberación de péptidos similares a la insulina y estos a su vez impiden que se activen mecanismos citoprotectores necesarios para lidiar con estres térmico u oxidativo, u otros desafíos ambientales”, agrega Rayes.
El trabajo caracteriza molecularmente la relación entre las moléculas liberadas en la respuesta de escape prolongada -tiramina en invertebrados, adrenalina en vertebrados- y la capacidad de respuesta a estresantes y el tiempo de vida del animal, y toma relevancia sobre todo en un contexto en el que, en los últimos años proliferaron los diagnósticos de ataques de pánico o estrés postraumático en seres humanos. “Veinticinco o treinta años atrás estas enfermedades en los seres humanos estaban subdiagnosticadas. Y alrededor de 2010 empezaron a existir estudios epidemiológicos en los que se observó que en individuos que habían sido diagnosticados con síndrome de estrés postraumático o ataques de pánico, existe mucha más frecuencia de patologías asociadas a la edad, como diabetes, hipertensión, enfermedades neurodegenerativas”, explica el científico.
“Así como vimos ese proceso en C. elegans, sería interesante ver qué sucede en mamíferos o en humanos con estrés postraumático o ataques de pánico. En esos casos, los niveles de adrenalina están extremadamente altos, aun cuando no hay peligro real, y se sabe que esos individuos desarrollan enfermedades relacionadas con la edad mucho más temprano. Entonces, sería interesante estudiar si ese efecto perjudicial para la salud tiene que ver con la afectación de esos mismos mecanismos que descubrimos nosotros en C. elegans. Nosotros en el laboratorio hacemos ciencia básica y nos interesa como funciona los procesos en nuestro organismo modelo. Pero dejamos planteada la intriga a ver si procesos similares a los que nosotros describimos pueden llegar a estar pasando en mamíferos”, concluye Rayes. .
Trabajo de referencia | En el paper participaron las doctoras Maria José De Rosa y Tania Veuthey (primeras Autoras), la becaria Maria Gabriela Blanco, al doctora Natalia Andersen, los doctores Diego Rayes y Dr Mark Alkema (autores de correspondencia) y además Jeremy Florman y Jeff Grant de la Universidad de Massachusetts. DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-019-1524-5 .
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Una investigación de la Universidad Estatal de Florida (EEUU) revela que el insomnio influye de forma negativa en las situaciones estresantes.
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Alrededor del 30% de la población sufre síntomas de insomnio de forma ocasional y un 10% presenta problemas durante el día como fatiga, irritabilidad y falta de concentración. Dos investigadores de la Universidad Estatal de Florida (EE.UU.) han realizado un estudio para profundizar más en este trastorno del sueño y averiguar los mecanismos implicados en situaciones de estrés.
“Una consecuencia de los síntomas de insomnio es un mayor riesgo de sufrir trastornos de ansiedad”, explican los autores en el trabajo, que recoge la revista Behavior Therapy. Los participantes fueron 99 estudiantes universitarios que presentaban distintos niveles de este problema para conciliar y mantener el sueño. La prueba consistía en que los alumnos expusieran oralmente un tema polémico en cinco minutos.
Durante la exposición, los investigadores midieron la conductancia de la piel, un indicador de ansiedad en función de la transmisión de electricidad por el sudor generado. Finalizada la prueba, los participantes respondieron a cuestionarios relacionados con el estado emocional que sintieron durante la actividad y su gestión emocional.
Los resultados mostraron que los estudiantes cuyos niveles de insomnio eran más altos presentaron una peor adaptación en su exposición. De esta forma, el análisis de los datos reveló que sabiendo que una persona padece este trastorno es posible predecir un estado de ansiedad previo a la situación estresante, momento en el que el cuerpo se prepara para la futura amenaza.
Un factor de riesgo
Los síntomas de insomnio también mostraron una relación de falta de regulación del comportamiento y de las emociones, lo que coincide con estudios anteriores.
Aunque los investigadores indican que estos síntomas no predicen acabar padeciendo trastornos de ansiedad, sí sugieren que el insomnio pueda ser un factor de riesgo, al existir reacciones de anticipación en personas diagnosticadas de ansiedad.
“Los resultados sugieren que los síntomas de insomnio pueden afectar de forma negativa a la respuesta emocional y de conducta de las personas frente a factores estresantes relevantes en la ansiedad”, destacan los autores, que piden más investigaciones para comprender mejor el fenómeno..
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Referencia bibliográfica | Short, N.A. & Schmidt, N.B. “A Multimethod Examination of the Effect of Insomnia Symptoms on Anxious Responding to a Social Stressor”, Behavior Therapy (2017), DOI:10.1016/j.beth.2017.11.00
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Varios estudios señalan que las relaciones positivas en el entorno laboral también fomentan la creatividad y la satisfacción de los empleados.
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Cuando suena el despertador bien temprano por la mañana para ir al trabajo, algunos lo desactivan con menos enfado porque saben que, cuando lleguen a la oficina, les espera un puñado de amigos. Su jornada será un poco más agradable, pues trabajarán con gente con quien tienen sintonía. Un estudio de LinkedIn elaborado en 2014 indica que el 46% de los empleados que tienen amigos en el trabajo se sienten más felices, una cifra que sube hasta el 57% en el caso de los trabajadores más jóvenes, entre 18 y 24 años. Los expertos aseguran que si con las personas que forman parte de nuestro entorno laboral nos une también una relación de amistad, esto redunda en beneficio de las tareas que realizamos y resulta positivo para la empresa, aunque, a veces, también se pueden producir algunas disfunciones.
"Cuando hay relaciones más estrechas y positivas entre los trabajadores, también hay más tendencia a colaborar, los equipos son más eficaces y, en general, hay un sentimiento de confort y apoyo que contribuye a construir un buen clima de trabajo", indica Gina Aran, profesora colaboradora del máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Por su parte, Mar Sabadell, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experta en prevención de riesgos laborales, asegura que las relaciones dentro del trabajo son importantes porque contribuyen a una mejor comprensión del puesto de trabajo y permiten compartir información relevante de la organización y de las personas.
Varios estudios han constatado las ventajas que comporta la amistad con los colegas en el trabajo; por ejemplo, ayuda a reducir y gestionar mejor las situaciones de estrés; el trabajador se siente escuchado, comprendido y ayudado por ese colega que es a la vez su amigo. Además, estas relaciones positivas también fomentan la creatividad y hacen que los empleados sean más productivos. "En la medida en que los trabajadores, entre ellos, se proporcionan apoyo social en el puesto de trabajo, la experiencia de trabajo puede ser más gratificante, reduciendo la tensión psicológica y mejorando los niveles de bienestar de la persona", apunta Sabadell. Además de apoyo emocional, esta experta también recalca que los trabajadores reciben apoyo informativo e instrumental de los compañeros con quienes tienen buena sintonía.
Menos rotación
La profesora de los Estudios de Economía y Empresa añade que si bien "el grado de sintonía con los compañeros no es constante", cuando hay un buen clima se mejora la consecución de las tareas y hay una rotación menor de personas en la empresa, que estabiliza y consolida el equipo de trabajo. Por el contrario, si dos amigos se pelean en un determinado momento, esto, de rebote, puede afectar negativamente al trabajo. En este sentido, Aran afirma que dos personas que están peleadas no pueden trabajar conjuntamente de manera eficiente. Cosas como dificultar el trabajo del compañero, no responderle los correos o no hablarle ponen en entredicho el trabajo en equipo.
El apoyo por parte de los colegas y del jefe es habitual en el trabajo. Así lo indica la encuesta europea de condiciones de trabajo de 2015. Según este estudio, el 72% de los trabajadores asegura que recibe apoyo social de sus compañeros, mientras que un 59% asegura que sus superiores le apoyan. Las cifras son más altas en el caso de los empleados jóvenes y descienden en el caso de los operarios de mayor edad, a partir de los cincuenta años. "Más que ser amigos, interesa que los trabajadores se respeten, se comuniquen y colaboren, porque redunda en una mayor productividad", explica Aran. "El apoyo social tiene una influencia directa positiva sobre la salud y el bienestar y, a su vez, reduce o amortigua el estrés", añade Sabadell.
Grupos cerrados y exceso de confianza
Aunque a menudo los lazos de amistad redundan en beneficio del trabajo y de la empresa, a veces también se pueden producir algunos efectos negativos. "En algunos casos, se puede llegar a extremos en que las personas amigas se aíslan como grupo y forman un reino de taifas, que resulta perjudicial para las relaciones y los procesos de trabajo", indica la profesora del máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la UOC. Por su parte, Sabadell afirma que también se pueden producir disfunciones como por ejemplo un "exceso de confianza", el hecho de entregar el trabajo tarde o peor acabado porque un amigo no se quejará. Para las dos expertas, sin embargo, lo más negativo es la falta de apoyo por parte de los demás y del jefe: "Algunos estudios han observado una conexión entre la falta de apoyo social y el malestar musculoesquelético", afirma la profesora Mar Sabadell.
Si las relaciones de amistad entre los compañeros son, en general, positivas; ¿qué pasa cuando el amigo es el jefe? ¿Es compatible tener un amigo que, al mismo tiempo, sea un superior en el trabajo? "Puede pasar que nos encontremos ante un conflicto de inter-roles, es decir, situaciones en las que nuestro comportamiento requiere actuar en roles incompatibles", explica Sabadell. Aran coincide en la dificultad de mantener una relación de amistad saludable con un superior: "Esta relación de amistad es complicada, tanto por la falta de objetividad en momentos concretos, como por el recelo de quienes no son amigos. En caso de existir amistad entre el jefe y el empleado, es imprescindible que desde el primer momento ambos consensuen los roles de cada cual y queden claras sus atribuciones"..
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Un nuevo estudio de ISGlobal subraya el rol de este medio de transporte para mejorar la salud pública y el bienestar en las ciudades.
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Las personas que se desplazan en bicicleta para ir a trabajar o a estudiar tienen menos riesgo de sufrir estrés que las que se mueven mediante otro medio de transporte, según un nuevo estudio de ISGlobal, centro impulsado por la Obra Social ”la Caixa”.
La investigación, publicada en la revista BMJ Open, destaca que las personas que se desplazan en bicicleta al trabajo o al centro de estudios al menos una vez por semana tienen un 20% menos de riesgo de padecer estrés que las que no pedalean nunca. En concreto, las personas que van en bicicleta cuatro días a la semana reducen el riesgo de estrés hasta el 52%, en comparación con las que no pedalean nunca.
En general, las personas utilizan más la bicicleta cuando los desplazamientos son más cortos, y cuando tienen estaciones de bicicletas públicas cerca de sus domicilios y centros de trabajo o estudio. Además, los resultados de la investigación muestran que el riesgo de padecer estrés es menor cuando el entorno urbano es más amigable para ir en bicicleta, por ejemplo cuando existen estaciones públicas cercanas y carriles bici. De esta manera, el estudio concluye que un diseño del entorno urbano que tenga en cuenta la bicicleta puede potenciar el uso de este medio de transporte y reducir el riesgo de estrés.
El estudio, que se enmarca en el proyecto TAPAS, se realizó a partir de cuestionarios telefónicos a cerca de 800 personas adultas y sanas de la ciudad de Barcelona, de entre 18 y 69 años, que estudian o trabajan.
“Se trata del primer estudio que se centra en la relación entre los desplazamientos en bicicleta y el estrés autopercibido”, explica Ione Avila-Palencia, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio. “Tenemos una sociedad bastante estresada y las conclusiones de esta publicación señalan que la bicicleta puede ayudar a reducir los niveles de estrés en la población”, añade la investigadora.
Mark J. Nieuwenhuijsen, director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, destaca que “estos resultados sugieren que los responsables políticos deben promover el uso de la bicicleta y priorizarlo en la planificación urbana y de transportes para reducir los niveles de estrés y mejorar la salud pública y el bienestar”..
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Referencia | Avila-Palencia I, de Nazelle A, Cole-Hunter T, Donaire-Gonzalez D, Jerrett M, Rodriguez DA, Nieuwenhuijsen MJ. The relationship between bicycle commuting and perceived stress: a cross-sectional study. BMJ Open. 2017 Jun 23;7(6):e013542.
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Con la nueva estación hay más ganas de acción y de relación. Esta estación significa el "florecer y el estallar", y las empresas conocen este "efecto primavera" y lo utilizan como excusa para hacer publicidad de productos estacionales, como helados, viajes, cremas solares, antimosquitos e incluso coches.
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"El cambio de estación motiva que tengamos más predisposición para consumir determinados productos", dice Neus Soler. La experta en marketing se refiere a la ropa de nueva temporada y a bebidas refrescantes, porque se empieza a disfrutar de las terrazas. Además, "aumenta el consumo de productos relacionados con el deporte y las dietas", añade Soler.
En el campo emocional, los cambios pueden ser positivos o negativos. "Las personas que están en buen equilibrio psicológico y emocional generan al principio entusiasmo por dejar atrás el frío, los días cortos y la limitación social que comportan las bajas temperaturas", comenta Mireia Cabero. Pero precisamente este cambio de temperatura genera un «cansancio físico y emocional que choca con el entusiasmo», añade la psicóloga. Es la conocida astenia primaveral en la que el estrés, la ansiedad o la falta de vitalidad son los síntomas principales de este trastorno que en los casos más graves puede evolucionar hasta "enfermedades orgánicas, como por ejemplo alteraciones cardíacas, pulmonares o infecciones", explica Cabero.
Pistoletazo de salida para las campañas publicitarias vinculadas al buen tiempo
Con la nueva estación "hay más ganas de acción y de relación", comenta la psicóloga. Esta estación significa el "florecer y el estallar", y las empresas conocen este "efecto primavera" y lo utilizan como excusa para hacer publicidad de productos estacionales, como helados, viajes, cremas solares, antimosquitos… e incluso coches: "está comprobado que en el mes de junio se venden más", comenta la experta en economía, y esto sucede por las ganas de estrenar vehículo en las vacaciones.
Para el sector de la cultura y el ocio, como los conciertos al aire libre (Primavera sound), viajes de crucero y hoteles de la costa que abren sus puertas solo cuando llega el buen tiempo, la llegada de la primavera significa "incrementar las ganancias", dice Soler.
La profesora de Marketing apunta que las campañas publicitarias se mueven de acuerdo con el tiempo. "Las acciones que realizan las empresas se relacionan con la llegada del calor, y durarán mientras duren las altas temperaturas", concluye.
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Los niños de hasta 14 años duermen una media de 9,8 horas diarias, según datos de la última Encuesta nacional de salud (2012), publicada por el Ministerio de Sanidad. La cifra no llega al mínimo que recomienda el propio Ministerio, que es de 10 horas al día. De hecho, según el director del Instituto de Investigaciones del Sueño, Diego García Borreguero, desde 1985 se ha atrasado 30 minutos la hora de ir a dormir de los niños. Esta falta de tiempo de descanso puede tener consecuencias psicológicas y neurológicas entre los más pequeños que afectan sobre todo al rendimiento escolar.
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Elisabet Escriche Rivas | "Dormir es clave para funciones fisiológicas y psicológicas como el crecimiento, el aprendizaje y la consolidación de la memoria. Su importancia en estas funciones está demostrada ya des de bebés", apunta el neurocientífico y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Diego Redolar. La doctora en Psicología del centro GRAT y profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Educación de la Universitat Oberta de Catalunya Amàlia Gordóvil recuerda que se llevó a cabo un experimento con ratones que consistía en no dejarlos descansar. "Todos los animales murieron", deja claro. En este sentido Redolar afirma que si de manera crónica no se duerme bien, el sistema nervioso del niño puede llegar a no funcionar correctamente. El neurocientífico, sin embargo, también matiza que patologías como el insomnio afectan, básicamente, a las personas adultas.
El peligro de entrar en un círculo vicioso
Lo más común entre los niños es que no duerman las horas recomendadas y sufran efectos psicológicos como por ejemplo la falta de concentración: "El cansancio no permite que las funciones cerebrales funcionen de forma óptima, esto puede producir una hipofuncionalidad cerebral, que es muy similar a la que aparece en un estado de somnolencia", explica Gordóvil.
Esta falta de concentración repercute negativamente en el día a día del menor porque no puede hacer frente a las actividades escolares. Si este cansancio se mantiene en el tiempo –apunta la psicóloga‒ el niño puede entrar en un "círculo vicioso": que no se concentre, que no participe en clase, que no esté atento, que saque malas notas... "Todo ello puede llevarlo a la desmotivación", dice Gordóvil.
Otra consecuencia de no dormir suficiente es tener dificultades de memoria generadas por el estrés. "La falta de sueño genera estados de estrés, que vienen dados por no poder hacer frente de una manera óptima a las demandas que nos llegan, sea desde la escuela o el trabajo», explica la psicóloga. Varios estudios apuntan que cuando se entra en ese estado se producen faltas de memoria que pueden repercutir en los estudios y se convierten en «factores de mantenimiento del círculo vicioso".
Además de los efectos psicológicos, sufrir sueño favorece el exceso de peso y/o a sintomatologías neurológicas como el dolor de cabeza. "Esta sintomatología puede producir que el niño no quiera ir al colegio y se esté ante el inicio de un absentismo escolar que, si no se para a tiempo, se puede complicar", matiza Gordóvil. La clave para evitarlo, coinciden los expertos, la tienen los padres, que han de ser los que «pongan límites» y hagan cumplir unos hábitos saludables a los hijos.
Según Redolar, lo más aconsejable es que justo antes de ir a dormir el niño haga una actividad para "sincronizar el funcionamiento del sistema nervioso" y así facilitar el sueño. Una de las actividades que recomienda el experto es la lectura. "Hay que hacerla, pero fuera de la cama y, después, ir a dormir", explica. Otros hábitos que facilitan el sueño según el Ministerio de Sanidad son: seguir la misma rutina tanto durante el día como la noche; controlar que los programas de televisión, los videojuegos y el uso del móvil sean adecuados para la edad que tiene el niño; disponer de un ambiente adecuado para dormir (sin ruido ni luces y con temperatura agradable); evitar largas siestas en horas próximas a la hora de dormir o evitar comidas y bebidas estimulantes como refrescos con gas o chocolate. "Un buen alimento es un vaso de leche caliente porque lleva una sustancia que se llama triptófano, que se ha demostrado que puede modular la calidad y la duración del sueño", concluye Redolar..
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