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¿Abrazar la tradición frente a los peligros?

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Los resultados de esta investigación, liderada por la UCLA (Universidad de California) y en la que participa la Universidad de Sevilla, podrían ser útiles para la comunicación sobre medidas de salud ante próximas pandemias.
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Un estudio realizado en 27 países, liderado desde el departamento de Antropología de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y en el que participa la Universidad de Sevilla, sugiere que durante los primeros años de la pandemia de COVID-19 el tradicionalismo ha estado asociado con el apoyo a conductas de protección más estrictas frente a esta epidemia.

La investigación, publicada recientemente en la revista Nature Scientific Reports, ha revelado que las personas que están más de acuerdo con afirmaciones como “Las tradiciones son el fundamento de una sociedad sana y deben ser respetadas” también tienden a apoyar un patrón más estricto de conductas de protección personal frente a la pandemia.

Ya en investigaciones previas se ha apuntado a una asociación entre un mayor tradicionalismo y una mayor atención a la posibilidad de amenazas externas. En estos estudios, el tradicionalismo psicológico fue medido por los investigadores como una variable agregada a partir de las respuestas de los participantes a una serie de preguntas sobre su valoración de las tradiciones o su negativa a mostrar acuerdo ante afirmaciones del tipo “La gente debería desafiar las tradiciones sociales con el fin de hacer avanzar a la sociedad”. Es decir, se mostraban a favor de la tradición por encima de otros valores.

La desconfianza hacia la ciencia tapaba el efecto

Los recientes resultados del estudio internacional, al apuntar a una asociación entre tradicionalismo y medidas de precaución frente a la pandemia, pueden parecer contraintuitivos. Después de todo, en varios casos muy mediáticos, las comunidades más reacias a la hora de seguir las recomendaciones de salud pública eran precisamente comunidades muy tradicionalistas o conservadoras (como en Estados-Unidos, o algunas comunidades religiosas ultra-ortodoxas). El estudio también evidencia que en ocasiones el tradicionalismo suele ir acompañado de desconfianza hacia la ciencia o bien de una orientación diferente sobre las prioridades económicas y sociales.

Sin embargo, cuando se tienen en cuentan estas dinámicas, reflejadas en los datos de la investigación y comparadas en los 27 países, el efecto del tradicionalismo sobre las conductas de protección se muestra mayor: A idénticas actitudes sobre la ciencia o sobre las prioridades económicas, una persona tradicionalista suele mostrar claramente más apoyo a las medidas de protección frente a amenazas como la COVID. Lo que sucede es que en algunos casos más llamativos la desconfianza ante la ciencia o la actitud ante la economía “tapaban” este efecto.

Investigación fundamental, también aplicada

El profesor del departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, Hugo Viciana, ha llevado a cabo la parte del trabajo realizado desde España.

Hugo Viciana destaca que “los datos que emergen de esta comparativa son fascinantes ya que arrojan luz sobre una dimensión antropológica del ser humano tan relevante como la naturaleza del apego a las tradiciones.”

Además, afirma que las “investigaciones como esta pueden ayudar a diseñar la comunicación de medidas de salud pública al revelar detalles que antes se habían pasado por alto.”
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Trabajo de referencia | Samore, T., Fessler, D.M.T., Sparks, A.M. et al. Greater traditionalism predicts COVID-19 precautionary behaviors across 27 societies. Sci Rep 13, 4969 (2023). https://doi.org/10.1038/s41598-023-29655-0
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ETIQUETAS • Sociedad • Covid-19 • Pandemia • Investigación • Salud.....
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La pandemia ha consolidado el modelo de turismo cerca de casa

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Una investigación de la URV analiza las redes sociales y las búsquedas en Internet y concluye que la COVID-19 hace renacer un término nuevo, staycation, que describe un viejo concepto de comportamiento turístico que ya apareció durante la crisis de 2008.
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Un equipo investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la Universitat Rovira i Virgili (URV) está trabajando en torno a la reaparición del staycation, un fenómeno que apareció por primera vez durante la crisis financiera de 2008 y que volvió a ser de uso común durante la pandemia de la COVID-19. Staycation es un neologismo, una expresión derivada de la combinación de estancia y vacaciones (stay y vacation, en inglés). La definición de este término, que todavía no está bien desarrollado en la literatura científica, impulsó a los investigadores a proponer algunas claves para entenderlo mejor.

"La pandemia provocó un fuerte resurgimiento de las staycations, ya que obligó a muchas personas a pasar sus vacaciones en casa o cerca de casa a causa de las restricciones de movilidad". Esta evidencia explicada por el investigador del Departamento de Gestión de Empresas de la URV, Babajide Muritala, es el punto de partida de su último artículo. El fenómeno del staycation se generalizó por primera vez en 2008, cuando la economía mundial entró en una profunda recesión acompañada de una fuerte subida de los precios del combustible. Esto supuso que la población dispusiera de menos ingresos para gastar en viajes de ocio y turismo y dio lugar a la sustitución de los viajes de ocio internacionales por actividades de turismo nacional.

Durante la primera parte de la pandemia, en 2020, la principal medida preventiva implementada por los gobiernos para frenar la propagación del nuevo virus SARS-CoV-2, antes de que se desarrollaran vacunas y nuevos medicamentos, fueron acciones de intervención no-farmacéutica. Éstas incluían la obligatoriedad de quedarse en casa, confinamientos y restricciones de movilidad. Esto provocó que, en términos de turismo, la población optara por el turismo nacional y las staycations, mientras que el turismo internacional se detuvo casi por completo. Según los principales estudios, en abril de 2020, los viajes internacionales habían caído hasta un 97% en todo el mundo.

En su último estudio, los investigadores proporcionan una imagen completa del crecimiento y la práctica de las staycations durante los dos primeros años de la pandemia, mediante el análisis de datos de redes sociales y búsquedas en Internet. Para realizar este análisis, hicieron una modelización de datos en Twitter mediante la técnica conocida como Asignación Latente de Dirichlet, un método analítico de texto utilizado para extraer los principales temas de un gran cuerpo de texto sin etiquetar. En paralelo, utilizaron datos de Google Trends para identificar patrones globales de búsqueda en Internet sobre las staycations, incluida una comparación de búsquedas relacionadas para los años 2020 y 2021.

Los resultados de su análisis mostraron que, aunque la población optase por destinos cercanos a su lugar de residencia o incluso en su propio municipio, intentaban conseguir una distancia psicológica, eligiendo por ejemplo alojamiento en hoteles. Con esta decisión evitaban la cotidianidad, las rutinas y las tareas habituales del hogar, de forma similar a la sensación de estar en entornos más alejados. Una evidencia que demuestra este fenómeno es la gran cantidad de temas y búsquedas en internet relacionados con hoteles.

Su estudio también ofrece un análisis del concepto staycation, que ha ido creciendo constantemente desde su generalización durante la crisis financiera y que ahora se ha acelerado, y se espera que siga siendo popular en los próximos años. Este término proporciona una visión crítica para las empresas de hostelería y los responsables políticos en materia turística sobre cómo aumentar los ingresos y promover un turismo de proximidad. Los autores, además, ofrecen una serie de recomendaciones al sector, entre las que se encuentran, por ejemplo, que los hoteles ofrezcan y comercialicen paquetes de estancias, especialmente durante la temporada baja, para el turismo internacional. Asimismo, se recomienda a los responsables políticos el suministro de vales de estancia o planes de crédito y la promoción del turismo local y sostenible.

El artículo, publicado en la revista científica Heliyon, ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea a través de las Acciones Marie Skłodowska-Curie y de la URV.
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Trabajo de referencia | Babajide Abubakr Muritala, Ana-Beatriz Hernández-Lara, Maria-Victoria Sánchez-Rebull. COVID-19 staycations and the implications for leisure travel. Heliyon 8 (2022) e10867. DOI 10.1016/j.heliyon.2022.e10867.
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ETIQUETAS • Sociedad • Covid-19 • Salud • Turismo.....
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Tres días sin reuniones aumenta la productividad un 70%

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Estudios recientes aseguran que tener el día lleno de reuniones es sinónimo de bajada de la productividad. Los expertos aconsejan convocar sólo las reuniones necesarias, tenerlas por la mañana, eliminar interrupciones y apagar el móvil.
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El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha publicado un estudio que asegura que, si hubiera tres días sin reuniones a la semana, la productividad de la empresa aumentaría un 73%. Además, esta reducción también tendría un efecto muy positivo en la salud mental de la plantilla, ya que se estima que el estrés podría llegar a reducirse un 57%.

La investigación de esta prestigiosa institución norteamericana no es la única que apunta en esta nueva dirección. Otros muchos trabajos también lo hacen. Entre ellos, un estudio de Harvard que concluye que el 70% de las reuniones impide que los empleados realicen un trabajo productivo. Además, sus autores aseguran que, si bien hubo una disminución del 20% en la duración media de los encuentros laborales durante la pandemia, su número aumentó un 13,5%. Por último, también se ha detectado que los directivos recién ascendidos tienen casi un tercio más de reuniones que los más experimentados.

En esa misma postura se alinea el profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la niversitat Oberta de Catalunya (UOC) Manel Fernández Jaria. Además, el experto señala que la relación entre las reuniones digitales y la disminución del estrés tiene mucho sentido, ya que "en este tipo de encuentros virtuales existe una concentración mayor en el tema que se está tratando, y son menos importantes los aspectos complementarios, como la posición, la ropa, los elementos accesorios, los saludos al inicio, etc.". "El lenguaje no verbal es menos relevante en las reuniones en línea, y eso puede contribuir a reducir los niveles de estrés que provoca la presencialidad", añade.

El experto defiende la virtualidad de las reuniones por varias razones: se concreta mucho más el objetivo, se escucha con mayor atención, se respetan los turnos de palabra y escucha, y se reducen las interrupciones.

Reuniones en pantalla, más efectivas, pero menos creativas

Coincidiendo con las afirmaciones de Fernández Jaria, otro estudio reciente publicado en la revista Nature, aportado por él mismo, revela varios datos muy interesantes. Los investigadores Melanie Brucks, de la Universidad de Columbia, y Jonathan Levav, de la Universidad de Stanford, concluyen que las reuniones en pantalla son muy efectivas para centrar nuestra atención, ya que, al estar pendientes de la pantalla, dejamos de prestar atención a otros estímulos y, en este sentido, la efectividad aumenta.

Sin embargo, parece ser que esta concentración reduce nuestra capacidad de creación y surgimiento de ideas, por lo que los investigadores afirman que las reuniones virtuales son menos productivas en los procesos creativos. En última instancia, esto significa que, según el objetivo del encuentro, puede ser más apropiado un modelo de reunión u otro.

Otro dato revelador del mismo estudio, según el profesor, es que no hay pruebas de que la modalidad en línea afecte a la conexión social, ya que el contacto visual es el que tiene más fuerza en la conexión entre personas.

¿Cómo se deben hacer las reuniones y cuántas se deben hacer?

Más allá de la conveniencia de las reuniones virtuales o presenciales, de su efectividad y de sus efectos específicos, "lo importante es que sean realmente necesarias y que su formato sea el más adecuado para el fin perseguido", afirma Eva Rimbau Gilabert, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC e investigadora del Digital Business Research Group (DigiBiz). "Por ejemplo, existe el mito de que las lluvias de ideas se hacen mejor en reuniones presenciales, cuando, en realidad, las primeras etapas de generación de ideas proporcionan más y mejores propuestas si se hacen de modo asíncrono (sin ningún tipo de reunión). Después sí que es útil reunirse para evaluar, cribar y perfeccionar las ideas seleccionadas", añade la experta.

Además, las reuniones en las que se vaya a tratar información delicada o de alta complejidad, o cuyo fin sea la generación de confianza, "es mejor hacerlas en persona". "En cambio, una reunión de intercambio de información puede hacerse perfectamente en modo virtual", apunta Rimbau.

No a las reuniones sorpresa y otros consejos útiles

Tanto el profesor Fernández Jaria como la profesora Rimbau coinciden en la importancia de presentar el orden del día de cualquier reunión con suficiente antelación.

Además, la experta enumera una serie de medidas que considera conveniente tener en cuenta a la hora de preparar un encuentro entre profesionales:

• Comenzar las reuniones con puntualidad, incluso aunque no estén todos los participantes (no hay que premiar la falta de puntualidad).
• Seguir el orden del día y asegurarse de que hay acuerdos o tareas asignadas en relación con cada punto.
• Ajustar la duración a los objetivos perseguidos. También se debe evitar que sea demasiado larga.
• Mantener el número de asistentes lo más bajo posible. Incluir solamente a las personas cuyo conocimiento sea realmente necesario.
• Promover activamente la participación de todos los asistentes, en especial los que asisten en remoto en una reunión híbrida.
• Evitar las distracciones y la multitarea durante las reuniones.
• Utilizar la tecnología necesaria, especialmente si se combinan asistentes presenciales y virtuales, ya que es importante asegurarse de que estos últimos escuchan y ven todo lo que ocurre y pueden participar sin dificultades.

Los errores más comunes que se cometen en una reunión

Además de organizar reuniones sorpresa, el profesor Fernández Jaria apunta otros errores que se cometen con asiduidad y que todo aquel que convoca un encuentro profesional debería evitar:

• Convocar a muchas personas. Lo ideal es que haya entre tres y cinco participantes.
• Fijar la reunión para el final de la jornada y en lunes. Las primeras horas del día son el mejor momento para el trabajo intenso individual, las reuniones pueden situarse perfectamente al final de la jornada. El lunes es un excelente día para tener tiempo a lo largo de la semana de cumplir con los compromisos.

En todo tipo de reuniones deberemos evitar:

• No respetar los tiempos durante las intervenciones de cada miembro.
• No tener reglas básicas que rijan la reunión.
• No prestar atención por estar manipulando el móvil.
• No tener un orden del día claro. Una agenda adecuada contendría entre tres o cuatro puntos.
• No concretar acuerdos o tareas al final de la reunión.
• No hacer un seguimiento de lo acordado.
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ETIQUETAS • Sociedad • Trabajo.....
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Un estudio arroja nueva luz sobre el origen de la civilización

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La investigación desafía la teoría convencional de que la transición del forrajeo a la agricultura impulsó el desarrollo de sociedades complejas y jerárquicas mediante la creación de excedentes agrícolas, y encuentra que la adopción de los cultivos de cereales es el factor clave.
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Universitat Pompeu Fabra | UPF
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Una investigación de la Universidad de Warwick, la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Universidad de Reichman, la Universidad Pompeu Fabra y la Barcelona School of Economics pone en entredicho la teoría convencional de que la transición del forrajeo a la agricultura impulsó el desarrollo de sociedades complejas y jerarquizadas al crear excedentes agrícolas en zonas de tierra fértil.

En El origen del Estado: ¿Productividad de la tierra o capacidad de apropiación?, publicado en el número de abril del Journal of Political Economy, una de las revistas más antiguas y prestigiosas de economía, los profesores Joram Mayshar, Omer Moav y Luigi Pascali demuestran que la elevada productividad de la tierra no conduce por sí sola al desarrollo de estados que recaudan impuestos.

La adopción de cultivos de cereales es el factor clave para la aparición de la jerarquía

Los autores teorizan que esto se debe a que la naturaleza de los cereales exige que se cosechen y almacenen en lugares accesibles, lo que hace que sean más fáciles de apropiar como impuesto que los cultivos de raíces, que permanecen en el suelo y son menos almacenables. Demuestran un efecto causal del cultivo de cereales en la aparición de la jerarquía utilizando pruebas empíricas extraídas de múltiples conjuntos de datos que abarcan varios milenios, y no encuentran un efecto similar para la productividad de la tierra.

Según el profesor Mayshar, investigador en la Universidad Hebrea de Jerusalén: "La teoría que vincula la productividad de la tierra y los excedentes con la aparición de la jerarquía se ha desarrollado a lo largo de algunos siglos y se ha convertido en algo convencional en miles de libros y artículos. Nosotros demostramos, tanto teórica como empíricamente, que esta teoría es errónea".

Para sustentar el estudio, Mayshar, Moav y Pascali desarrollaron y examinaron un gran número de conjuntos de datos que incluían el nivel de complejidad jerárquica de la sociedad; la distribución geográfica de parientes silvestres de las plantas domesticadas; y la idoneidad de la tierra para diversos cultivos para explorar por qué en algunas regiones, a pesar de miles de años de éxito agrícola, no surgieron estados que funcionaran bien, mientras que en otras surgieron estados que podían gravar con impuestos y proporcionar protección a las vidas y a la propiedad.

El profesor Pascali, investigador del Departamento de Economía y Empresa de la UPF i de la Barcelona School of Economics, explica que "gracias a estos nuevos datos, hemos podido demostrar que las jerarquías complejas, como las jefaturas y los estados complejos, surgieron en zonas en las que los cultivos de cereales, fáciles de gravar y expropiar, eran de facto los únicos disponibles. Paradójicamente, las tierras más productivas, aquellas en las que no sólo los cereales sino también las raíces y los tubérculos estaban disponibles y eran productivos, no experimentaron la misma evolución política".

También emplearon el experimento natural del Intercambio Colombino, el intercambio de cultivos entre el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo a finales del siglo XV que cambió radicalmente la productividad de la tierra y la ventaja productiva de los cereales sobre las raíces y los tubérculos en la mayoría de los países del mundo.

Pascali remarca que "la construcción de estos nuevos conjuntos de datos, la investigación de los estudios de caso y el desarrollo de la teoría y la estrategia empírica nos han llevado casi una década de duro trabajo. Estamos muy satisfechos de que el artículo se publique por fin en una revista con el prestigio de la JPE".

Por su parte, el profesor Moav, investigador en las universidades de Warwick y Reichman, afirma que "tras la transición del forrajeo a la agricultura, surgieron las sociedades jerárquicas y, finalmente, los estados tributarios. Estos estados desempeñaron un papel crucial en el desarrollo económico al proporcionar protección, ley y orden, lo que finalmente permitió la industrialización y el bienestar sin precedentes que se disfruta hoy en día en muchos países."

"La teoría convencional es que esta disparidad se debe a las diferencias en la productividad de la tierra. El argumento convencional es que hay que producir un excedente de alimentos antes de que un Estado pueda gravar las cosechas de los agricultores y, por tanto, que la alta productividad de la tierra desempeña el papel fundamental".

Mayshar añade que "hemos desafiado la teoría convencional de la productividad, sosteniendo que no fue un aumento de la producción de alimentos lo que condujo a jerarquías y estados complejos, sino la transición a la dependencia de los cereales apropiables que facilitan la tributación por parte de la élite emergente. Cuando se hizo posible la apropiación de los cultivos, surgió una élite tributaria que dio lugar al Estado”. "Sólo donde el clima y la geografía favorecían a los cereales, era probable que se desarrollara la jerarquía. Nuestros datos muestran que cuanto mayor es la ventaja productiva de los cereales sobre los tubérculos, mayor es la probabilidad de que surja la jerarquia”. Y remata: "La idoneidad de las raíces y los tubérculos altamente productivos es, de hecho, una maldición de la abundancia, que impidió la aparición de los estados e impidió el desarrollo económico".
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ETIQUETAS • Evolución • Paleontología • Sociedad • Nutrición • Agricultura • Ecología.....
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Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular

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Los resultados de un reciente estudio, impulsado por un grupo de investigación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ofrecen un catálogo de recomendaciones para promover la implicación ciudadana y cambio social desde las escuelas.
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Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular
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El objetivo de la investigación, realizada por el grupo de investigación Ciberimaginario de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) con la colaboración de la Northwestern University (Catar), ha sido identificar las fuerzas de cambio para mejorar los mecanismos de intervención en el ámbito educativo en España, orientados a fomentar el compromiso y la participación social de los jóvenes. Los resultados de este estudio, publicado en la revista científica Comunicar, se han materializado en una serie de recomendaciones, dirigidas a técnicos, directivos, formadores de formadores -personas encargadas de formar a otros docentes-, docentes e investigadores, para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.

“La crisis climática y la emergencia medioambiental auguran un futuro de incertidumbre para el planeta. Las directivas europeas y nacionales educativas establecen los marcos de actuación y los compromisos que cada agente debe asumir para alcanzar el nuevo paradigma sostenible basado en la Economía Circular”, señala Alejandro Carbonell, investigador del grupo Ciberimaginario y coautor del estudio.

Durante el proceso de investigación, se realización entrevistas a técnicos y directivos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, así como de las Consejerías educativas de las 17 Comunidades Autónomas. También se establecieron grupos de discusión con formadores de formadores, con el profesorado de distintos niveles educativos (infantil, primaria, secundaria, bachillerato y FP) y con investigadores de universidades españolas.

Una vez analizados los datos, los resultados obtenidos apuntan a tres posibles escenarios futuros: indeseado, de transición y deseado. “Para alcanzar el escenario deseado y evitar el distópico hemos planteado recomendaciones de aplicación práctica en el ámbito educativo”, destaca el investigador de la URJC. Entre estas recomendaciones destacan algunas dirigidas a los centros educativos como motores de cambio social: “El centro debe dialogar con su entorno próximo para generar sinergias de colaboración que permitan vincular la acción educativa con el cambio y la innovación social”, según se recoge en el trabajo publicado. Además, en este documento también se dirigen algunos puntos al profesorado para fomentar su implicación directa: “Los docentes son agentes modelizadores capaces de incentivar los procesos de reducción, reutilización y reciclaje en el aula. Por ese motivo, las acciones realizadas por el profesorado deben incluirse en todos los niveles educativos desde los niveles elementales y primarios, hasta los superiores y de formación profesional”.

Este trabajo forma parte de Proyecto BIOTRES-CM, cofinanciado por la Comunidad de Madrid, el Fondo Social Europeo y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y está disponible en abierto: Recomendaciones para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.
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Trabajo de referencia | Carbonell-Alcocer, A., Romero-Luis, J., Gértrudix-Barrio, M., & Borges-Rey, E. (2022). Educating for a sustainable future through the Circular Economy: Citizen involvement and social change. [Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular: Implicación ciudadana y cambio social]. Comunicar, 73. https://doi.org/10.3916/C73-2022-02
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ETIQUETAS • Medio Ambiente • Sostenibilidad • Sociedad • Educación • Naturaleza • Economía.....
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Nuevo método para determinar la edad biológica de un individuo

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Un estudio internacional con participación del CSIC sugiere un nuevo método para identificar los cambios biológicos que se producen en las personas y predecir su esperanza de vida. El trabajo revela que pequeños incrementos en la edad biológica respecto a la cronológica a partir de los 65 años suponen un mayor riesgo de muerte prematura.
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Las diferencias del estado de salud entre individuos a edades avanzadas son el resultado de las predisposiciones genéticas y las respuestas fisiológicas al estilo de vida, la alimentación o la calidad del sueño a lo largo de la vida. La edad cronológica es un indicador que refleja los riesgos generales de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, solo es un indicador aproximado del deterioro fisiológico. Una alternativa es atender a la edad biológica, un indicador del cambio biológico acumulado que se refleja en los marcadores de los principales sistemas fisiológicos. Un equipo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) propone dos vías para estimar la edad biológica con mayor poder predictivo que las ya existentes y sintetizan información de medidas de salud como la talla, el peso o la presión arterial. El trabajo, que se publica en la revista PNAS Nexus, muestra que la edad biológica puede predecir la esperanza de vida de una persona.

“Tener una edad biológica superior a la cronológica implica un mayor riesgo de morir a una edad temprana”, explica Alberto Palloni, investigador del CSIC en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Según Palloni, “el cálculo de la edad biológica es relativamente fácil porque se utiliza información que se obtiene de manera rutinaria: talla, peso, presión arterial y medidas bioquímicas de sangre, como glucosa o colesterol. Esto podría ayudar al diagnóstico temprano del deterioro fisiológico y anticipar posibles problemas de salud y otras condiciones de salud subyacentes”.

La investigación propone dos vías de estimación: la estimación dependiente y la estimación no-dependiente. En ambos casos, el deterioro biológico se obtiene a través de un modelo de ecuaciones estructurales (una técnica de análisis estadístico multivariante) y se asocia con información adicional. “En la estimación dependiente el deterioro biológico se asocia con el riesgo de morir, de forma que la edad biológica resultante es un indicador muy preciso de muerte prematura. Esta forma de estimación permite asociar el deterioro biológico no solo con el riesgo de morir sino con otros indicadores de enfermedad futura, por ejemplo, el riesgo de tener una discapacidad o una enfermedad cardiovascular. Por su parte, en la estimación no-dependiente el deterioro biológico se asocia con la edad cronológica para estimar la edad biológica, no depende de información adicional”, apunta el investigador del CSIC.

El impacto de una mayor edad biológica

En el trabajo, en el que, además del CSIC, participan científicos de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y de la Universidad de Wisconsin, se ha empleado la base de datos sobre salud más grande de Estados Unidos, la National Health and Nutrition Examination Survey, que incluye información sobre 9.389 hombres y mujeres de entre 30 y 75 años. Estos individuos fueron entrevistados entre 1988 y 1994 y durante esos años se les tomaron diferentes medidas de salud. Además, se les hizo un seguimiento hasta diciembre de 2015 para saber cuántos de ellos habían fallecido.

“Los datos analizados sugieren que el deterioro fisiológico avanza más rápidamente entre las mujeres, las personas con menor educación y las personas de origen mexicano y afrodescendientes no hispanos en Estados Unidos. Es decir, los individuos más desfavorecidos tienen una edad biológica mayor y, por tanto, un envejecimiento acelerado”, comenta Hiram Beltrán-Sánchez, profesor en el Departamento de Ciencias de la salud comunitaria de UCLA. Entre las mujeres, por ejemplo, el riesgo de morir aumenta 129% por cada año de edad biológica superior a la edad cronológica. En el caso de los hombres, el riesgo es algo menor, alrededor del 124%.

Los resultados, que se han obtenido en el marco del proyecto ERC Advanced Grant ECHO, liderado por el investigador del CSIC, aportan información relevante sobre la esperanza de vida a partir de los 65 años. “Desde de esa edad, cuando la edad biológica supera en un año a la edad cronológica supone una reducción de la esperanza de vida en torno a dos años. Si la edad biológica es cinco años superior, la disminución es aún mayor, llegando a vivir en promedio nueve años menos. Lo sorprendente ha sido comprobar cómo pequeños incrementos en la edad biológica con respecto a la edad cronológica se traducen en un mayor riesgo de morir”, señala Beltrán-Sánchez.

Enfermedades futuras y mortalidad temprana

Los indicadores de edad biológica ya se están empezando a usar en el área clínica. “Aquellos que utilizan información biológica como la que proponemos y los indicadores epigenéticos han sido implementados como medidas alternativas de la edad biológica de las personas. Estos indicadores, que suelen denominarse relojes biológicos, se usan como medidas del posible deterioro fisiológico que ha acumulado el paciente y estarían relacionados con el desarrollo de enfermedades futuras”, apunta Palloni.

Aunque el estudio no incluye indicadores epigenéticos en la estimación de la edad biológica, los autores indican que su método tiene el potencial de poder añadir dicha información y lograr así una mayor precisión de predicción.
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Trabajo de referencia | Hiram Beltrán-Sánchez, Alberto Palloni, Yiyue Huangfub y Mary C. McEniry. Modeling biological age and its link with the aging process. PNAS Nexus. DOI: 10.1093/pnasnexus/pgac135
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ETIQUETAS • Sociedad • Salud • Envejecimiento • Investigación • CSIC.....
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Identifican los factores que mejoran la resiliencia laboral en las ciudades norteamericanas

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La “conectividad laboral” es clave para recuperar las economías locales. La investigación contempla los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.
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Chicago. Photo by Lance Anderson on Unsplash
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La “conectividad laboral” (la posibilidad de encontrar trabajos parecidos) es un factor determinante clave de la capacidad de recuperación de las economías locales frente a situaciones de crisis, según un estudio publicado recientemente en Nature Communications por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Sociedad Max Planck y de la Universidad de Pittsburgh. Para llegar a esta conclusión se han basado en investigaciones de modelado de redes y han mapeado el paisaje laboral de las ciudades de Estados Unidos durante crisis económicas.

Conocer los factores que contribuyen a la salud de los mercados laborales resulta interesante porque puede ayudar a promover una recuperación más rápida después de una crisis, como puede ser una recesión económica importante o la pandemia de COVID actual. Los estudios tradicionales conciben al trabajador como alguien ligado a un puesto de trabajo específico de un sector, pero en la vida real a menudo los profesionales terminan trabajando en otros sectores que requieren habilidades similares. En este sentido, los investigadores contemplan los mercados laborales como algo parecido a los ecosistemas, donde los organismos están vinculados en una compleja red de interacciones.

En este contexto, un mercado laboral eficiente depende de muchas cosas, como la diversidad y el número de ofertas de trabajo o las oportunidades de formación que tienen los trabajadores para adquirir nuevas competencias, por ejemplo. En este estudio científico los investigadores han comprobado que incluso ciudades en las que todos estos factores son muy similares responden de manera diferente en relación a la recuperación de crisis económicas. ¿Por qué? “Hemos descubierto que parte de la diferencia proviene del ‘mapa’ de los trabajos, una red que nos dice cómo están relacionados los trabajos dentro de una ciudad de acuerdo con la similitud de las competencias requeridas para realizar esos trabajos”, explica el profesor del departamento de Matemáticas de la UC3M y coautor del estudio, Esteban Moro, actualmente profesor visitante en el Media Lab del MIT.

“Cuando ese mapa es muy limitado, es decir, cuando hay muy pocas posibilidades de buscar otro empleo parecido (lo que nosotros llamamos “conectividad laboral”), las ciudades están peor preparadas para una crisis laboral. En cambio, cuando ese mapa ofrece muchas posibilidades de ir de un trabajo a otro similar, la ciudad está mejor preparada. Y también tiene un efecto sobre el salario de los trabajadores: en una misma ocupación se cobra más en una ciudad que tiene una red más diversa que en otra que sea más limitada”, añade Esteban Moro.

Ecología, redes complejas y conectividad laboral

En ecología y otros dominios donde existen redes complejas, la resiliencia ha estado estrechamente vinculada a la “conectividad” de las redes. En la naturaleza, por ejemplo, los ecosistemas con muchas conexiones han demostrado ser más resistentes a determinados choques (como los cambios en la acidez o en la temperatura) que aquellos con menos conexiones. Inspirados en esta idea y basándose en trabajos previos de modelado de redes, los autores del estudio modelaron las relaciones existentes entre los trabajos en varias ciudades de Estados Unidos. Así como la conectividad en la naturaleza fomenta la resiliencia, predijeron que a las ciudades con trabajos conectados por habilidades y geografía superpuestas les iría mejor frente al impacto económico que aquellas sin tales redes.

Para validar esto, los investigadores examinaron datos de la Oficina de Estadísticas Laborales para todas las áreas metropolitanas de EEUU desde el inicio hasta el final de la Gran Recesión (del 2008 al 2014). Con ello, crearon mapas del panorama laboral para cada área, incluyendo el número de trabajos específicos, su distribución geográfica y el grado en que las habilidades que necesitaban se superponían con otros trabajos en el área. El tamaño de una ciudad determinada, así como su diversidad de empleos, desempeñaron un papel en la resiliencia, y las ciudades más grandes y diversas obtuvieron mejores resultados que las más pequeñas y menos diversas. Sin embargo, al controlar el tamaño y la diversidad, al tener en cuenta la conectividad laboral, se mejoraron significativamente las predicciones de las tasas máximas de desempleo durante la recesión. Es decir, las ciudades donde la conectividad laboral era más alta antes del colapso fueron significativamente más resistentes y se recuperaron más rápido que aquellas con mercados menos conectados.

Incluso en ausencia de crisis temporales como la Gran Recesión o la pandemia de COVID, fenómenos como la automatización pueden cambiar radicalmente el panorama laboral de muchas áreas en los próximos años. ¿Cómo pueden prepararse las ciudades para esta disrupción? Los investigadores de este estudio ampliaron su modelo para predecir cómo se comportarían los mercados laborales al enfrentarse a la pérdida de empleo debido a la automatización. Descubrieron que si bien las ciudades de tamaños similares se verían afectadas de manera similar en las fases iniciales de los choques de automatización, aquellas con redes de trabajo bien conectadas brindarían mejores oportunidades para que los trabajadores desplazados encuentren otros trabajos. Esto proporciona un amortiguador contra el desempleo generalizado y, en algunos casos, incluso conduce a la creación de más puestos de trabajo como consecuencia del impacto inicial de la automatización.

Los hallazgos del estudio sugieren que los responsables de la formulación de políticas deberían considerar la conectividad laboral al planificar el futuro del trabajo en sus regiones, especialmente donde se espera que la automatización reemplace una gran cantidad de puestos de trabajo. Además, el aumento de la conectividad no solo da como resultado un menor desempleo, sino que también contribuye a un aumento de los salarios generales. Estos resultados ofrecen una nueva perspectiva en torno a los debates sobre el futuro del trabajo y pueden ayudar a orientar y complementar las decisiones actuales sobre dónde invertir en la creación de empleo y los programas de formación, según los investigadores.
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ETIQUETAS • Sociedad, Economía, Trabajo
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El 'efecto acopio', la compra emocional ante el miedo

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El 23% de los españoles afirma haber hecho acopio de alimentos por si acaso desde el inicio de la guerra. Según los expertos, limitar el número de productos aumenta la sensación de pánico e inseguridad en el consumidor y lo incita a un mayor aprovisionamiento.
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Fotografía | ElasticComputeFarm de Pixabay
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Núria Bigas Formatjé | UOC

El consumo de aceite de girasol que tiene un español durante todo un año es de 4 litros; desde el inicio de la guerra en Ucrania, el gasto que están haciendo algunos consumidores es de 5 litros al mes. Esta reacción es lo que los expertos consideran "efecto acopio". "Es la acción que realiza un consumidor al comprar más productos de los que realmente va a consumir en un período corto de tiempo para tenerlos como reserva en sus despensas. Se trata de un comportamiento que normalmente se produce debido a la falsa sensación de desabastecimiento de ciertos productos o por el anuncio de un encarecimiento de la materia prima que le lleva a comprar el producto en este momento y en mayor cantidad, antes de que suba de precio", explica Cristian Castillo, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Crece la incertidumbre, sube la compra emocional, el acopio

La guerra en Ucrania y los posibles problemas económicos y de suministro derivados de este conflicto han hecho que crezca la incertidumbre en los consumidores. Según el observatorio de 40dB de abril de 2022, el 92% de los españoles cree que la guerra entre Rusia y Ucrania afecta negativamente a la economía española y solo un 3% niega que sea así. "En época de crisis económica, o cuando se producen situaciones que generan incertidumbre sobre el tiempo que pueden prolongarse y la posibilidad de que se agraven, el consumidor tiene una sensación de pérdida de seguridad y desarrolla un comportamiento de compra compulsiva (emocional)", explica Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. En esta misma línea, Juan Carlos Gázquez-Abad, también profesor colaborador de estos Estudios, afirma que "efectivamente, por una parte, lo emocional derivado de una situación extrema y complicada hace que los consumidores se vuelvan más sensibles a todo lo relacionado con el entorno e intenten maximizar su sensación de seguridad. Pero, por otra parte, lo racional hace al consumidor intentar reducir los gastos lo máximo posible, incrementar el ahorro y sentir que la situación está 'bajo control'".

Limitar la compra aumenta el pánico y la inseguridad

El efecto acopio explica, en parte, las imágenes de estantes vacíos de algunos productos en muchos supermercados, sobre todo aceite de girasol y leche. Según el barómetro de abril de 40dB, casi el 23% de los españoles afirma haber hecho acopio de alimentos "por si acaso" desde el inicio de la guerra y un 25% no lo ha hecho pero se lo ha planteado. "Una situación como la actual, de incertidumbre económica, en la que la ciudadanía recibe constantemente noticias sobre 'lo que se nos viene encima', o sobre 'el posible desabastecimiento de ciertos productos', provoca una reacción totalmente emocional de protección que impulsa a la compra de más productos de los necesarios… todo bajo la premisa del 'por si acaso'", detalla Castillo, también investigador del grupo Sustainability and Management Research Group.

Para controlar este acopio, algunos grandes almacenes pusieron límite a las compras de ciertos productos y, recientemente, el gobierno ha optado por limitarlas, modificando la Ley de Comercio Minorista y permitiendo el racionamiento "ante circunstancias extraordinarias o de fuerza mayor". "Estas decisiones aumentan la sensación de desabastecimiento en los consumidores y provocan también un aumento del 'pánico' y de la inseguridad sobre lo que va a pasar en el futuro que, a su vez, conducen a un mayor acopio de productos", advierte Gázquez-Abad. Soler añade que otra consecuencia negativa es que el aumento de la demanda favorece que suban los precios. "Cuando el producto escasea y mucha gente quiere conseguirlo, se está más predispuesto a pagar un precio más caro".

La pandemia no ayudó

Ya pasó con el papel higiénico, y es que la pandemia aumentó la compra emocional de este producto en tiempos de inestabilidad. "Cuando las experiencias que hemos vivido anteriormente han dejado un poso de intranquilidad en nosotros (con la pandemia aprendimos que la sensación de estar seguros se puede ver alterada en cualquier momento), ante una nueva situación excepcional o diferente se nos puede disparar enseguida la alarma, haciendo que reaccionemos de una forma exagerada", afirma Soler. En España, esta vez ha sido el aceite de girasol aunque, precisamente, es el principal productor mundial (30% del total mundial y el 41% en la Unión Europea). "Sin ninguna duda, ha sido una compra totalmente irracional, porque su suministro estaba totalmente garantizado. Es difícil explicar la causa de las compras masivas de aceite de girasol, porque fueron totalmente irracionales y, por lo tanto, de difícil explicación", comenta Castillo.

A pesar del miedo, existe una situación de desabastecimiento real provocado principalmente por "la pandemia, la guerra de Ucrania, la huelga de transportistas y el consumo irracional", explica Castillo, que añade que "es cierto que algunos productos pueden tener problemas de suministro puntuales, pero no es motivo de preocupación. Lo que sí es una realidad, es que los precios de los productos pueden continuar subiendo como consecuencia de la situación global". Algunos expertos aseguran que el desabastecimiento puede ser muy grave durante el mes de abril. "Si esta situación continúa como hasta ahora, en la que arrastramos las consecuencias de una huelga de transportistas y consumos irracionales de productos, la respuesta es sí. Efectivamente, podemos encontrarnos ante una situación muy complicada, especialmente para adquirir productos perecederos como la leche, la frutas o la verdura", concluye Castillo.
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¿Cómo son las personas que consumen falsificaciones?

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Casi la mitad de los jóvenes de la UE considera que adquirir réplicas es una compra inteligente o un acto de protesta. Existen tres tipos de consumidores de copias: el que busca la aceptación social, el "antimarca" y el ignorante. Uno de cada ocho españoles afirma haber sido engañado al comprar falsificaciones.
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Fotografía | StockSnap de Pixabay
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Núria Bigas Formatjé | UOC

Imitación, reproducción, plagio, copia o réplica son algunos de los eufemismos que los productos falsificados tienen. Este problema supone al comercio y a los fabricantes de España pérdidas de un 10,6 % del volumen total de sus ventas, lo que se traduce en 6.766 millones de euros anuales, según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). "Tenemos una necesidad de reconocimiento social de proyección de nuestro prestigio y las marcas de lujo son una herramienta para lograrlo", afirma Ana Jiménez-Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Y es que la propiedad intelectual no parece ser un problema social y económico muy importante, sobre todo para los más jóvenes (de 15 a 24 años). Según el estudio Los ciudadanos europeos y la propiedad intelectual: percepción, concienciación y conducta, el 49% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) de esta edad coincide en que la adquisición de falsificaciones es "un acto de protesta" y el 52%, en que es "una compra inteligente". "Consideran que es una acción de protesta porque creen que el precio es un abuso por parte de las empresas, y que el producto no se democratiza, reservándose para una sola parte de público o élite", afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. "Por otro lado, entienden que la falsificación es una compra inteligente porque, si reproduce el modelo original de forma fiel, el consumidor consigue aparentar que el producto es original, habiéndolo adquirido a un precio más económico", añade.

Más jóvenes menos preocupados

La edad aparece como una variable que tener en cuenta: cuanto más jóvenes, más proclives se muestran los ciudadanos de la UE a respaldar tales afirmaciones. "Son quienes menos capacidad de compra tienen, pero en muchas ocasiones también quienes más siguen la moda y las tendencias, y pueden sentirse presionados por la influencia de su círculo social, que puede llevarles a mantener un ritmo determinado de consumo y a tener que aparentar que pueden llevarlo", explica Soler.

Por otro lado, según Soler, las generaciones jóvenes son las que más adoptan una actitud activa contra las desigualdades e injusticias, y la falsificación es uno de los medios que pueden utilizar para "castigar" a las empresas que, en su opinión, fomentan la desigualdad entre personas o cometen esas injusticias. La variable del sexo no aparece como determinante en el consumo de falsificaciones; el consumo de este tipo de productos es muy similar entre hombres y mujeres de esta edad.

En general, conseguir el objeto deseado por mucho menos es un deseo que comparten el 34% de los ciudadanos de la UE, y si además permite ganar reputación social, mejor. "El consumidor entiende que está consiguiendo los dos objetivos, la función básica que es el objeto necesario, junto con la necesidad social y hedónica, que es la proyección social y satisfacción personal que ese objeto le atribuye", detalla Jiménez-Zarco, también investigadora del grupo i2TIC (Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre las TIC). En esta línea, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados reafirma la tesis: este tipo de consumidor experimenta sentimientos de orgullo (del tipo narcisista) ante una compra de producto falsificado y puede llegar a ser un prescriptor de este tipo de productos cuando relata su experiencia.

Tres tipos de consumidores de falsificaciones

Comprar réplicas para adaptarse a un grupo social es una de las razones por las que algunos consumidores se acercan a las falsificaciones. "Los productos cada vez buscan satisfacer un mayor nivel de necesidades (aquellas que responden a requisitos de ámbito social o personal). Por lo tanto, llevar una marca con un prestigio alto, con una reputación de marca exclusiva y socialmente exitosa proyecta una imagen en la persona que la consume que responde a necesidades de carácter social como la aceptación social: yo lo merezco, yo me siento bien si llevo esta marca, la gente creerá que soy una persona exclusiva, que tengo un buen estatus económico o que me muevo en cierto ambiente", puntualiza Jiménez-Zarco.

Por otro lado, el estudio Claves para la búsqueda de un consumidor responsable, ético y consciente: aportaciones de la psicología a la compra de productos falsificados afirma que, además del consumidor que persigue la aceptación social, hay el "antimarca" y el consumidor que ignora que compra un producto falsificado. Por consumidor antimarca o detractor, entendemos aquel que "considera que lo que puede aportar una marca no solo no está justificado por el precio, sino que además genera un perjuicio: perjuicio social, al crear desigualdad y discriminar a las personas; perjuicio económico, si la persona siente la necesidad de adquirir esa marca, pero debe realizar un gran esfuerzo para hacerlo; perjuicio medioambiental, si el enfoque que la marca le da al producto es lucrativo únicamente, sin importar otros aspectos relevantes, como el cuidado del planeta; perjuicio moral o ético, cuando la marca no genera un valor diferencial realmente, pero lo comunica al público como si lo tuviera", explica Soler.

El consumidor de falsificaciones engañado, cada vez más común en el medio en línea

Finalmente, el perfil con menos conocimiento es el que compra productos falsificados, en ocasiones, no teniendo mucha consciencia de que lo son, ya que el lugar donde los compra resulta lícito. De hecho, uno de cada ocho españoles confiesa haber sido engañado al comprar falsificaciones. "Y ello es debido, efectivamente, a que pueden encontrarse tiendas lícitas que venden productos falsificados, ya que el comercio electrónico se ha convertido en el principal canal para la distribución de estos productos", afirma Soler. Según el informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2021), el medio en línea concentra el 82% del valor total de las falsificaciones. Entre los países desde donde más se comercializa este tipo de falsificaciones, en primer lugar está China, con más del 75% de las incautaciones de productos falsificados, seguida de Hong Kong, con un 5,7%, Turquía, con un 5,6%, y Singapur, con un 3,3%. En conjunto, el valor de las pérdidas anuales en ventas en España equivale a 146 euros por ciudadano.

En general, el consumidor de falsificaciones no repara en las consecuencias de su conducta sobre los otros, y relativiza y justifica sus acciones y responsabilidades. En esta línea, Jiménez-Zarco afirma que no es consciente ni se plantea el perjuicio económico ni social que está creando. "No piensa ni en la empresa ni el diseño, ni en la propiedad intelectual, solo busca su satisfacción personal. También parte de la premisa de que la marca se está llevando un margen de beneficio brutal y, por lo tanto, considera que puede permitirse el lujo de que ciertos clientes no le compren, y además puede pensar que con su compra le está haciendo publicidad", concluye Jiménez-Zarco.
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La colonización humana provoca cambios en la vegetación de las islas once veces más intensos que el clima

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Un estudio con participación del CSIC en ‘Science’ detalla el impacto de la llegada del hombre a 27 islas de todo el mundo. Es una de las primeras veces que se cuantifican las consecuencias de la presencia humana sobre un paisaje, en este caso, gracias al estudio de polen de hace 5.000 años.
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En Islandia, la actividad de los primeros pobladores aceleró cambios en la vegetación, intensificó la erosión
y destruyó bosques a favor de los pastos. / Pexels
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Islandia fue colonizada hace unos 1.000 años por los vikingos, un pueblo nórdico navegante con un marcado carácter negociador. Las materias primas y los recursos que ofrecía la remota isla del Atlántico norte despertaron un fuerte interés de los recién llegados, que dieron la vuelta para siempre a la economía de la zona, del norte de Europa y de casi todo el mundo. Pero los vikingos dejaron una huella en el entorno natural que nunca más se borraría, al igual que muchos otros pueblos que han colonizado islas en todo el mundo. En Islandia, si bien la vegetación muestra cambios en el clima previos a la llegada humana, a partir del año 920 la actividad de los primeros pobladores aceleró cambios en la vegetación, intensificó la erosión y destruyó bosques a favor de los pastos. La madera necesaria para construir embarcaciones, la piedra y el metal de una isla tan rica en recursos fueron recursos saqueados durante años.

Ahora una investigación con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicada en la revista Science indica que los cambios en la vida vegetal del ecosistema de una isla producidos por la colonización humana son once veces más intensos que los debidos al clima o a efectos como erupciones volcánicas previas. La investigación, liderada por un equipo internacional integrado por científicos del CSIC, se ha llevado a cabo en 27 islas de todo el mundo. Se trata de una de las primeras veces que se ha cuantificado el impacto humano en un paisaje; en este caso, gracias al análisis de muestras de polen de hace 5.000 años.

La mayoría de islas habitadas del mundo han experimentado al menos dos oleadas de asentamientos diferentes, cada una con cambios característicos y con legados cada vez más complejos. Esto se debe, indica esta investigación, a la “condición irreversible” de los cambios que se han producido, que cada vez son más rápidos. Esta modificación se reproduce además de manera constante, incluso siglos después de la colonización por parte del hombre.

Las islas, laboratorios ideales

El estudio constituye una de las primeras veces que se puede cuantificar el impacto humano en un paisaje, ya que hasta ahora en las masas continentales era difícil separar los efectos del clima y otros impactos ambientales de los provocados por los primeros humanos. El equipo de investigación ha estudiado polen fosilizado de hace 5.000 años, extraído de sedimentos de las 27 islas, que ha permitido entender la composición de la vegetación de cada una y cómo cambió desde las muestras de polen más antiguas hasta a las más recientes.

"Las islas son laboratorios ideales para medir el impacto humano", apunta Sandra Nogué, investigadora de la Universidad de Southhampton (Reino Unido) y primera autora del artículo. "La mayoría fueron colonizadas a lo largo de los últimos 3.000 años, cuando los climas eran similares a los actuales. Saber cuándo se colonizó un territorio aislado facilita estudiar científicamente los cambios de la composición de su ecosistema en años anteriores y posteriores, y aporta una dimensión de su magnitud", recalca.

Por eso ha sido clave conocer que la población de las islas de la Polinesia llegó hace 3.000 años a zonas remotas como Poor Knight (Nueva Zelanda, Océano Pacífico Sur) y también a Fiji (Pacífico Sur); que hace 2.800 que llegaron a Nueva Caledonia (Pacífico), y 370 años que los europeos desembarcaron en Cabo Verde (Atlántico Norte), considerada la primera colonia europea tropical del Atlántico. Y, por ejemplo, a algunas islas del archipiélago de las Canarias (Atlántico) la población europea llegó hace entre 1.800 y 2.000 años, mientras que en las Islas Mauricio (Océano Índico) sólo hace 302 años de la llegada de los colonizadores europeos.

"El medio ambiente de las que fueron colonizadas por poblaciones más modernas, como las Galápagos (Ecuador, Océano Pacífico, habitadas por primera vez en el siglo XVI) o la neozelandesa Poor Knight, recibieron más impacto", explica Nogué. "En cambio, las ocupadas previamente recibieron poblaciones más primitivas, que desarrollaron una vida más ligada al ritmo natural y más sostenible y, por tanto, el territorio fue más resiliente a la colonización". Por ejemplo, el estudio evidencia que las islas a las que llegaron los humanos hace más de 1.500 años, como Fiji y Nueva Caledonia, experimentaron un ritmo de cambio más lento.

"Esta diferencia en el cambio podría significar que las islas pobladas antes fueron más resistentes a la llegada de los humanos. Pero es más probable que las prácticas de uso de la tierra, la tecnología y las especies introducidas por los últimos pobladores fueran más transformadoras que las de los primeros", explica la investigadora.

Si bien no se puede esperar que los ecosistemas recuperen la situación anterior a los asentamientos, el trabajo puede ayudar a "orientar los esfuerzos de restauración y entender la capacidad de respuesta del territorio al cambio", en palabras de otro de los autores del trabajo, el investigador del CSIC Josep Peñuelas, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

De las Fiji a Cabo Verde

Las tendencias se observaron en ubicaciones geográficas y climas tan diversos como los del océano Pacífico sur, el Índico, el Atlántico sur o el océano Ártico, entre otros. Los cambios en los ecosistemas también pueden ser debidos a varios factores naturales, tales como terremotos, erupciones volcánicas, condiciones meteorológicas extremas y cambios en el nivel de mar. Sin embargo, el equipo de investigación ha comprobado que las perturbaciones causadas por el hombre superan todos estos fenómenos y el cambio suele ser irreversible. Por ello, aconsejan que las estrategias de conservación tengan en cuenta el impacto a largo plazo de los humanos y el grado en que los cambios ecológicos actuales difieren de los de la época pre humana.

Los resultados muestran pocos indicios de que los ecosistemas afectados por el hombre se parezcan a las dinámicas presentes antes de su llegada. Por lo tanto, los impactos antropogénicos en las islas son componentes duraderos de estos sistemas que suelen implicar una limpieza inicial (por ejemplo, mediante el uso de fuego), y se ven agravados por la introducción de una serie de especies y la extinción de endémicas, además de perturbaciones continuas.
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Adriana Clivillé / CREAF Comunicación / CSIC Comunicación

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