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La carga emocional de las palabras no se entiende del mismo modo por todas las personas

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Un estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV) revela que la personalidad, la edad y el género influyen en la manera como procesamos palabras con carga emocional.
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Por qué no todos sentimos lo mismo al leer una misma palabra

¿Por qué una misma palabra puede generar emociones muy distintas según quien la lea? Un estudio liderado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en colaboración con la Universidad Complutense y la Universidad Nebrija de Madrid, aporta nueva luz sobre esta pregunta. Publicado en la revista Scientific Reports, el trabajo muestra que la personalidad, la edad y el género influyen en cómo percibimos palabras que expresan emociones como miedo, tristeza, asco, alegría o ira.

El estudio utilizó la “Tarea de decisión léxica” (Lexical Decision Task), en la que más de 900 participantes debían decidir rápidamente si una cadena de letras era una palabra real o no. Se analizaron 7.500 palabras en español, muchas de ellas con claras connotaciones emocionales. Durante la prueba se registraron los tiempos de reconocimiento y se recopilaron datos de personalidad (siguiendo el modelo de los cinco grandes rasgos: extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad, responsabilidad y estabilidad emocional), además de edad y género de los participantes.

Los resultados mostraron que la “valencia emocional” —el valor afectivo de una palabra— influye en su reconocimiento: palabras positivas como amor se identifican más rápido que las neutras (tecla), mientras que las negativas (pena) tardan más. Sin embargo, la “activación” (la intensidad emocional que provoca la palabra) matiza este efecto: palabras negativas muy intensas como asesinar se reconocen más rápido que otras negativas menos activas, como aburrimiento. En palabras positivas, una activación elevada (euforia) puede incluso ralentizar su procesamiento respecto a las de baja activación (dormir).

Uno de los hallazgos más relevantes es que no todas las personas procesan igual las palabras cargadas de emoción. Por ejemplo, los hombres reconocieron más rápido que las mujeres palabras asociadas al miedo, como bomba o matar, probablemente porque el miedo activa respuestas rápidas ante amenazas. En cambio, en las mujeres este efecto no se observó, posiblemente debido a diferencias en socialización y estrategias de afrontamiento.

La tristeza también mostró patrones distintos: los hombres tardaban más en procesar palabras como desamor o depresión, mientras que las mujeres no presentaban esta dificultad. Esto podría reflejar menor familiaridad con el lenguaje de la tristeza en los hombres.

Respecto al asco, personas con baja amabilidad, baja apertura a la experiencia o alta responsabilidad tardaban más en reconocer palabras como vomitar o pus, lo que sugiere que estas emociones captan más su atención y ralentizan el procesamiento.

En el caso de la alegría, el patrón fue más complejo. Palabras como fiesta se reconocían más rápido en mujeres y jóvenes, mientras que los hombres y personas mayores mostraban más dificultad. Esto podría deberse a que, con la edad, el vocabulario positivo se amplía y aumenta la competencia léxica, haciendo que el reconocimiento sea más costoso. Las diferencias de género podrían reflejar que, según estudios previos, las mujeres experimentan alegría con mayor frecuencia que los hombres.

"Estos resultados muestran que no existe una manera universal de entender las palabras emocionales: cómo las percibimos depende de la historia y características de cada persona", explica Juan Haro, investigador del Departamento de Psicología de la URV. "Esto tiene implicaciones importantes para la psicología, la publicidad, la educación y la comunicación, ya que subraya la necesidad de adaptar los mensajes emocionales al público”, añade Pilar Ferré, también participante en el estudio.
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Trabajo de referencia | Haro, J., Hinojosa, J. A., & Ferré, P. (2025). The influence of individual differences in the processing of words expressing discrete emotions: Data from a large-scale study. Scientific Reports, 15, 25036. https://doi.org/10.1038/s41598-025-10310-9
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ETIQUETAS • Lenguaje • Sociedad • Comunicación.....
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¿Cómo cambiará la inteligencia artificial la música que escuchamos?

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El Music Technology Group del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la UPF pone en marcha el proyecto "Retos y Oportunidades en la tecnología musical", con la intención de reflexionar sobre cómo las tecnologías que despuntan hoy influirán en la música de los próximos años.
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Muchas de las acciones cotidianas que realizamos hoy pasan por dispositivos que utilizan algoritmos de inteligencia artificial (IA). Cedimos cada vez más espacio a la tecnología porque nos hace la vida más sencilla y práctica. Pero cuando escuchamos música, quizás no somos tan conscientes de cómo la IA ya se ocupa de buena parte de la producción y creación de las canciones, ni de la tecnología que hay detrás de los softwares para aprender a tocar un instrumento o de los recomendadores que nos seleccionan la música que más nos gusta en Spotify.

En unos años, ¿qué relación tendremos con los dispositivos y aplicaciones con los que consumimos música?, ¿cómo sabremos si la canción que escuchamos ha sido creada por un compositor humano o máquina?, ¿de quién será la autoría de una pieza creada con IA?,¿cómo vamos a controlar la privacidad de los datos personales en los recomendadores musicales?, ¿cómo nos ayudará la tecnología a archivar el contenido musical para que sea accesible en las próximas décadas?

El Music Technology Group (MTG) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) ha puesto en marcha el proyecto llamado: "Retos y Oportunidades en la tecnología musical", con la intención de reflexionar sobre cómo las tecnologías que despuntan hoy influirán en la música de los próximos años. Los procesos de creación, difusión, aprendizaje y escucha de la música se están transformando a ritmos acelerados con la inteligencia artificial, y lo harán aún más con el 5G, el blockchain o el metaverse. Pero todavía no existe una fotografía clara de lo que comportarán estos cambios en el futuro, ni cómo impactarán en la sociedad.

Cultura musical crítica hacia la tecnología

"El proyecto propone un debate abierto para conocer la opinión, necesidades y preocupaciones de expertos musicales y consumidores finales. Se llamará a la participación a profesionales de la industria musical, creadores, oyentes, estudiantes de música, archivistas y personas desarrolladoras de tecnologías musicales", explica Xavier Serra, director del MTG.

La primera fase –durante los meses de septiembre y octubre de este año– consistirá en una recogida de voces a través de entrevistas y grupos de trabajo nline. En una segunda fase, se convocará un taller de debate –hacia noviembre–, con charlas y mesas de discusión, para poner en común los resultados de las entrevistas con más voces. A finales de año, se elaborará un documento público que sirva para orientar al sector musical a avanzar con tecnologías más justas y transparentes.

Además, Serra asegura que "el proyecto no quiere quedarse únicamente a nivel académico, sino que aspira a ser un referente para la ciudadanía, de modo que sirva para tener una mirada crítica respecto a los aspectos más controvertidos de la tecnología aplicados a la música."

Más de 25 años investigando el impacto en la sociedad

El Grupo de Tecnología Musical (MTG) de la Universidad Pompeu Fabra realiza desde 1994 proyectos de investigación que buscan captar el impacto de la tecnología en la sociedad. Tiene una gran influencia en la comunidad científica internacional y en el desarrollo futuro de la IA. Actualmente, cuenta con 50 expertos dedicados a las tecnologías aplicadas a la creación, consumo, educación y conservación musical. El Reactable (instrumento digital interactivo), el Vocaloid (sintetizador de voz por cantar) o el Freesound (plataforma de intercambio de sonido) son algunos de sus proyectos más emblemáticos.

El proyecto "Retos y Oportunidades en la tecnología musical" cuenta también con el apoyo de la iniciativa MusicAIREE (financiada por la Unión Europea en el marco del programa Music Moves Europe) y el Ayuntamiento de Barcelona.
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ETIQUETAS • Sociedad • Música • Emoción • Investigación.....
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La historia de vida de los perros y las características de sus tutores influyen sobre su agresividad

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Los investigadores de la Universidad de São Paulo, en Brasil, estudiaron de qué manera los factores morfológicos, ambientales y sociales modulan la violencia de estos animales.
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Los perros que pasean diariamente con sus dueños son menos agresivos. Y los canes con mujeres tutoras supuestamente ladran menos ante la presencia de extraños. En tanto, las mascotas caninas más pesadas tienden a ser menos insolentes con sus dueños que las pertenecientes a la categoría ligeros. Los pugs, también llamados carlinos o doguillos, los bulldogs, los shih-tzus y otros animales con sus hocicos achatados pueden ser más agresivos con los humanos que los perros de hocico mediano y largo, como en los casos del golden retriever y del popular mestizo o paria marrón claro.

Fue lo que demostró un estudio a cargo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, con 665 mascotas caninas de distintas razas, incluidos perros mestizos (sin una raza definida). En dicha investigación, publicada en la revista Applied Animal Behaviour Science, se relacionaron factores morfológicos, ambientales y sociales con los perfiles de agresividad de los canes domésticos. El cruzamiento de datos demostró que no solamente cuestiones tales como el peso, la altura y el tamaño del hocico se encuentran asociadas a la mayor o menor incidencia de agresividad, sino también otras relacionadas con las historias de vida de los animales y las características de sus tutores.

De acuerdo con el referido artículo científico, estos resultados confirman la hipótesis de que la conducta de los perros no es algo que queda definido únicamente a través del aprendizaje, ni es tampoco únicamente genética. Se trata del efecto de una interacción constante con todo lo que rodea la vida de los animales. El estudio contó con el apoyo de la FAPESP en el marco de un proyecto sobre el abordaje etológico de la comunicación social entre diversas especies, entre ellas la humana (lea más en: agencia.fapesp.br/37334).

“Estos resultados ponen de relieve algo que estamos estudiando desde hace algún tiempo: el comportamiento emerge de la interacción de los canes con su contexto, es decir, con el ambiente y en función de la convivencia con sus tutores, por ejemplo, además de su morfología, por supuesto. Todos estos factores tienen impacto sobre la forma de interacción de los perros con el ambiente y también sobre la manera en que interactuamos con ellos”, explica Briseida de Resende, docente del Instituto de Psicología (IP-USP) y coautora del artículo.

En el estudio, realizado durante la pandemia de Covid-19, 665 tutores de perros contestaron tres cuestionarios online, que suministraban información sobre las características de los animales, su ambiente, sus tutores y sus conductas agresivas, tales como ladrarles a extraños e incluso atacar. Al cruzar esta información con el grado de agresividad de los canes, los investigadores detectaron algunos patrones interesantes. El desarrollo de los cuestionarios estuvo a cargo de la investigadora del IP-USP Natália Albuquerque y de la profesora Carine Savalli, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). “Únicamente el género del tutor apareció como un factor capaz de predecir la conducta ante extraños: la ausencia de agresividad fue una característica un 73% más frecuente entre los perros de mujeres”, comenta Flávio Ayrosa, autor principal del artículo.

El sexo de los animales también parece tener influjo sobre su grado de agresividad. “Las posibilidades de que un animal sea hostil con su dueño fueron un 40% menores en las hembras que en los machos”, dice el autor. “Pero en la comparación referente al tamaño del hocico encontramos una diferencia más significativa: las posibilidades de que surja una conducta agresiva contra el dueño tienden a ser un 79% mayores entre los perros braquicefálicos [de hocico achatado] que entre los mesocefálicos”, afirma. Por otra parte, cuanto más pesado era el perro, menor era la posibilidad de que fuese agresivo contra su tutor. Al cruzar los datos, los investigadores detectaron que las posibilidades de conductas agresivas disminuyeron un 3% por cada kilo extra de masa corporal.

Pero Ayrosa remarca que los hallazgos asociados al perfil del tutor no constituyen una relación de causa y efecto. “Encontramos una relación, pero no es posible decir qué viene primero. Póngase como ejemplo el factor ‘pasear con los perros’: puede ser que las personas paseasen menos con los perros porque se trataba de animales agresivos, o que los perros se hubieran vuelto más agresivos porque sus tutores no los sacaban a pasear”, afirma. “Características tales como el peso, la altura, la morfología del cráneo, el sexo y la edad influyen sobre la interacción entre los perros y su ambiente. Esto puede hacer que los animales pasen más tiempo en casa, por ejemplo”, completa.

Históricamente, la agresividad de los perros ha sido asociada pura y exclusivamente al tema de la raza. Pero este paradigma ha empezado a cambiar en los últimos diez años, cuando fueron surgiendo los primeros estudios que relacionaban los perfiles conductuales con factores tales como la edad del perro, el sexo, cuestiones metabólicas y diferencias hormonales. En Brasil, la investigación coordinada por el grupo del IP-USP fue la primera en evaluar cuestiones morfológicas y conductuales, entre ellas la agresividad, en animales sin raza definida.

“Solo más recientemente los estudios pasaron la investigar la influencia de factores relacionados con la morfología, las historias de vida de los animales, las características de los tutores y el origen [comprado o adoptado], como en el caso de nuestro estudio”, dice Ayrosa.
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FUENTE • AGENCIA FAPESP / DICYT.....
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Para aprender nuevas palabras a veces es mejor escuchar

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Un estudio científico del BCBL concluye que la repetición en voz alta de nuevos términos no es siempre la mejor técnica de aprendizaje. Los resultados, publicados en la revista Language, Cognition and Neuroscience, pueden ayudar a desarrollar programas de educación más eficientes.
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Cuando alguien escucha por primera vez un concepto o el nombre de una persona, la fórmula más extendida de aprender esta nueva palabra es repetirla en voz alta. Sin embargo, los efectos que esta producción casi simultánea tiene en nuestra capacidad para aprender nuevos términos han resultado ser contradictorios en los estudios realizados hasta ahora.

En este sentido, una nueva investigación llevada a cabo por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) concluye que esta repetición de palabras para adquirir nuevo vocabulario puede tener efectos negativos en el aprendizaje, sobre todo cuando esta se realiza de forma inmediata; mientras que la escucha de esa misma palabra o hacer una pausa entre la recepción y la producción de la palabra puede ser más efectiva para aprenderla.

Para llegar a esta afirmación, los expertos de BCBL han analizado en más de 300 personas voluntarias los mecanismos cognitivos involucrados en el procesamiento del lenguaje, poniendo el foco en cómo somos capaces de reconocer un término recién integrado en nuestro léxico mental.

"En este estudio hemos medido cómo repetir o no repetir en voz alta, de manera inmediata, una nueva palabra puede afectar al aprendizaje; es decir, qué impacto tiene realmente esta técnica de estudio en la integración a nuestro sistema léxico de un concepto que acabamos de escuchar para después poder reconocerlo", subraya Efthymia Kapnoula, investigadora de BCBL al frente del proyecto.

Sesiones de entrenamiento

Los participantes que han ayudado a los investigadores de BCBL a tener los datos necesarios para llevar a cabo este estudio se han sometido a diferentes pruebas y sesiones de entrenamiento para comprobar cuál es la mejor manera de estudiar una palabra inédita.

Así, en una primera fase del proyecto, se emplearon técnicas de eye-tracking para observar en tiempo real si repetir o no una palabra aprendida y oída previamente tenía efectos negativos o positivos en la integración de la misma en el sistema léxico mental.

"En este primer experimento vimos que la repetición tenía un ligero efecto positivo al principio, pero su impacto al final era negativo", añade Kapnoula.

Mientras tanto, en una segunda fase, se emplearon términos más largos en el entrenamiento y se modificaron después algunos de los sonidos, como la "s" por la "f", para testar hasta qué punto los mecanismos cognitivos eran capaces no solo de integrar la palabra, sino también de recalibrar la percepción sonora del habla para reconocer la palabra correcta.

En este segundo entrenamiento además los participantes se dividieron en cuatro grupos diferentes: algunos tan solo tenían que escuchar la palabra para aprenderla, otros tenían que repetirla nada más oírla, otros repetirla dos segundos después de oírla y un último grupo tenía que repetirla hasta cuatro segundos después.

Según los expertos de BCBL, las diferentes fórmulas ayudaron a determinar que el efecto negativo de la repetición de palabras en el estudio se debe al solapamiento en el tiempo entre la producción y la codificación cerebral de la palabra.

"Cuando una persona repite una palabra inmediatamente después de escucharla, dedica unos recursos cognitivos en preparar la producción que no puede emplear para codificar profundamente esa palabra. En contraste, si la producción se retrasa unos segundos, se evita este solapamiento y se puede realizar un aprendizaje y una codificación más profunda", explica la investigadora de BCBL.

Los resultados, publicados en la revista Language, Cognition and Neuroscience, además de aumentar el conocimiento sobre los mecanismos cognitivos implicados en el aprendizaje de palabras, pueden ayudar también a desarrollar programas de educación más eficientes.

"Entender estos mecanismos cognitivos nos puede enseñar cómo usar la repetición más eficientemente en contextos educativos. Por ejemplo, el profesorado puede animar a sus alumnos y alumnas a que repitan una nueva palabra la primera vez que la escuchen, pero después de este primer encuentro los procesos de aprendizaje deberían enfocarse más en la escucha y no en la producción", concluye Kapnoula.

Financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, el proyecto de BCBL podría en un futuro abrir nuevas líneas de investigación para comprobar el impacto que puede tener añadir un mayor período de pausa, hasta un día de descanso por ejemplo, entre la escucha y la producción para un mejor aprendizaje.
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Sobre el BCBL | Basque Center on Cognition, Brain and Language es un centro internacional de investigación interdisciplinar con sede en San Sebastián para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Está impulsado por el Gobierno Vasco con el objetivo de fomentar la ciencia y la investigación en Euskadi. Además, cuenta entre sus socios con Ikerbasque, Innobasque, la Diputación de Gipuzkoa y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
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Cronociudades: ¿es posible una ciudad que cuida a sus habitantes?

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Nuevos modelos de ciudad, en París, Barcelona o Suecia, evitan desplazamientos largos, ruidos o contaminación y buscan más convivencia en los barrios, movilidad sostenible y de proximidad y más espacios para la vida cotidiana.
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Ángela F. Casal | UOC......
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De veinte, quince y hasta de un minuto. Las cronociudades apuestan por que la ciudadanía tenga todos los servicios y necesidades cubiertas en un radio temporal y espacial de pocos minutos, evitando desplazamientos innecesarios, ganando tiempo personal y cuidando el medio ambiente. Pero también buscando cohesión social con los comerciantes o vecinos del barrio y ganando en conciliación familiar y laboral, una idea que no es nueva, pero que ha ganado peso tras el confinamiento, cuando, dicen los expertos, nos hemos parado a pensar en qué casas y ciudades vivimos y en cuáles querríamos vivir.

"No nos fijábamos en los balcones, la orientación del edificio, la ventilación… No apreciábamos esas características y ahora aparece esa preocupación por los espacios en los que nos hemos confinado", explica el profesor colaborador del máster universitario de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universitat Politèccnica de Catalunya (UPC), Miguel Mayorga, que también destaca lo que ocurrió en los primeros paseos y salidas que hicimos frente a la imposibilidad de salir de las ciudades: fue un "redescubrimiento de nuestros entornos próximos". Reflexionamos, apunta, "sobre nuestra calle, nuestros espacios públicos y sobre nuestras actividades cotidianas, como el comercio de proximidad, de ir a comprar a la tienda de la esquina". La pandemia ha puesto en el punto de mira proyectos que llevan años desarrollándose en distintas partes del mundo y también en España y que buscan retomar la vida de barrio.

Tal y como explica el docente en este artículo, existe la ciudad del cuarto de hora de París, reto que está basado en ofrecer todo lo que un ciudadano necesita a 15 minutos de su domicilio, pensando en la escuela, el trabajo, el mercado o el centro de salud como actividades básicas de la vida cotidiana. En Melbourne o en Portland pasan a 20 minutos el radio de acción de la cronociudad, y en Barcelona impulsan las supermanzanas como este ámbito de acción necesario para cada ciudadano. Milán o Nantes son otros de los ejemplos de iniciativas similares y en Suecia aún se acercan más al domicilio de las personas y hablan de las ciudades de un minuto. Uno de los proyectos implica a los vecinos en el diseño del espacio delante de los portales de sus casas, para colocar aparcamientos de bicicletas o patinetes eléctricos, bancos o una zona verde y mejorar así el entorno más inmediato en la salida de su vivienda. "La calidad de vida humana y urbana se mide también en tiempo", defiende Mayorga.

Adaptar cada ciudad

Pero los citados ejemplos no son los únicos, sino que el urbanista enumera casos "muy buenos", como el de Pontevedra o Vitoria, y considera que no debe haber una única tipología. "Hay que saber adaptar los objetivos porque cada realidad es distinta", explica, y advierte de que se necesita el apoyo ciudadano, técnico y político para llevarse a cabo. Pone como ejemplo de fracaso de una idea de este tipo la de Madrid Central, que considera "interesante" y que se disipó tras un cambio de gobierno. "Tenemos que cambiar de hábitos y la forma de pensar en los tres ámbitos", remarca.

Una de las claves, dice, es la educación y, en este caso, centrada en la concepción del entorno. "Sabemos que tenemos fiebre cuando tenemos de 38 grados para arriba, pero no sabemos que un ruido de 65 decibelios para arriba no hace bien a una persona", ejemplifica. Es por ello que expone la idea de que hay "ciudades y calles que enferman", pero también propone que hay otras "que curan". "Hay condiciones físicas que permiten que vivamos mejor y que nos cuidemos a nosotros mismos y a las personas de nuestro entorno", propone. Hasta ahora, relata, el urbanismo ha colocado la industria y el trabajo en un lugar, los equipamientos en otro, la vivienda o los estudios, en otro, y son los ciudadanos los que se desplazan. "En vez de movernos nosotros, ¿por qué no acercamos las actividades?", se pregunta en voz alta. De esta manera se gana tiempo; tiempo, dice, "para disfrutarlo", para conciliar vida laboral y familiar y para descansar. A lo largo de las décadas, repasa el docente, las ciudades se han modificado y, añade, "tendrán que cambiar más" pero no haciendo "borrón y cuenta nueva". "Tenemos que cambiar cosas y nutrirnos del espesor cultural urbanístico que tenemos del pasado", sugiere. Por eso, cree necesario un "urbanismo más ágil y dinámico", que entienda los cambios, pero también que los regule, que se adapte a las personas y deje de ser "estático".

La ciudad que cuida y que cura

Mayorga acuña el término de la ciudad que cura (o care city) como un espacio de oportunidad para mejorar la vida urbana, y centra la mirada en la ciudad, no como un ámbito al que se le contrapone como un lugar agresivo frente a las zonas rurales como lugares de protección y de calma. Pese a que el confinamiento ha provocado una nueva idea de huida hacia la vida en el campo, el profesor considera que la ciudad es "el problema, pero también la solución" solo hay que repensar muchas cosas en su concepción. "Hemos alimentado el urbanismo del progresismo, construcción y zonificación", lamenta, proponiendo que la urbe sea ese mejor lugar donde las propias viviendas "sean mejores", donde en la puerta de casa "en vez de coches haya muchas opciones públicas para moverse, por ejemplo" y que el traslado a cualquier otro punto sea a una "distancia caminable". Y es que una de las transformaciones, según él, necesarias, es la de entender los cambios en los hábitos tecnológicos, en las actividades y el tiempo, que están ligados a los medios de transporte. El transporte público, los dispositivos personales, pero sobre todo caminar, será la movilidad del futuro, dice, negando que peatonalizar una calle sea lo mismo que tener una ciudad caminable. "Si peatonalizo una calle y se vuelve estrictamente comercial, esta y las otras calles a su vez también pierden, en complejidad y vitalidad. En ese sentido no lo estamos haciendo bien. Lo mejor es garantizar una caminabilidad distribuida, para que nos beneficiemos todos", comenta.
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La pandemia y el aislamiento social alteraron la forma de percibir el tiempo

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La pandemia de COVID-19 alteró el modo en que las personas perciben el paso del tiempo, según se señala en un estudio brasileño publicado en la revista Science Advances.
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Karina Toledo | Agência FAPESP

Al final del primer mes de aislamiento social, en mayo de 2020, los participantes en su mayoría (un 65%) informaron sentir que las horas se arrastraban más lentamente, un fenómeno al que los investigadores caracterizan como una “expansión temporal”, que se mostró asociado a la sensación de soledad y a la falta de experiencias positivas durante ese lapso de tiempo.

Para el 75% disminuyó la sensación de “presión temporal”, cuando el reloj parece andar rápido y falta tiempo para dar cuenta de las demandas cotidianas y para el esparcimiento. Los entrevistados en su mayor parte (el 90%) afirmaron estar cumpliendo el aislamiento social en aquel momento.

“Realizamos el seguimiento de los voluntarios durante cinco meses para ver si esa ‘fotografía’ del comienzo de la pandemia cambiaría en el transcurso del tiempo. Observamos que esa sensación de expansión temporal fue disminuyendo con el correr de las semanas. Pero no notamos diferencias significativas con relación a la presión temporal”, le comenta a Agência FAPESP André Cravo, docente de la Universidad Federal del ABC y primer autor del artículo.

La investigación se puso en marcha el día 6 de mayo, cuando 3.855 voluntarios convocados a través de los medios sociales contestaron un cuestionario online con diez preguntas y cumplieron una pequeña tarea cuyo objetivo consistió en evaluar la habilidad de estimar pequeños intervalos temporales: cosas como apretar un botón para indicar que habían pasado 30 o 60 segundos. Luego se les preguntaba a los participantes al respecto de sus rutinas de la semana anterior (si habían cumplido las tareas necesarias y cuánto tiempo le habían dedicado al ocio) y cómo se estaban sintiendo (si estaban contentos o tristes, o si se sentían solos, etc.).

“A todos se los invitó a que regresaran semanalmente para someterse a una nueva evaluación, pero no todos adhirieron. Para el análisis final, tuvimos en cuenta los datos de 900 participantes que contestaron el cuestionario durante al menos cuatro semanas, no necesariamente seguidas”, informa Cravo.

Al aplicar escalas estándar para investigaciones de esta índole, que varían de cero a cien puntos, los científicos analizaban las respuestas y calculaban semanalmente si había un aumento o una disminución en los dos parámetros evaluados: la expansión y la presión temporal.

“Aparte de ese aumento o de esa disminución en las escalas, pretendíamos descubrir qué factores aparecían aparejados a esos cambios. Y en el transcurso de los cinco meses, observamos un patrón parecido: en las semanas en que la persona se sentía más sola y vivenciaba menos afectos positivos, también sentía que el tiempo transcurría más despacio. En tanto, en situaciones con alto nivel de estrés, sentía que el tiempo pasaba más rápido”, informa Cravo.

En la primera evaluación, a los participantes también se les preguntó cómo percibían el paso del tiempo antes de la pandemia. Y al comparar las respuestas con las referentes al primer mes de la cuarentena, fue posible observar un aumento promedio de 20 puntos en la expansión temporal y una disminución de 30 puntos en la presión temporal, según comenta Raymundo Machado, investigador del Instituto del Cerebro del Hospital Israelita Albert Einstein y coautor del artículo. “Pero, por supuesto, existe un sesgo de memoria en esos resultados, pues no se habían efectuado mediciones así antes de la pandemia”, comenta el investigador.

Según los datos descritos en el artículo, los jóvenes fueron los que más sintieron que el tiempo se estancaba al comienzo de la pandemia, el período de mayor adhesión a las medidas de distanciamiento social. A excepción de la edad, los factores demográficos –entre ellos la cantidad de personas dentro de la residencia, la profesión y el género– no tuvieron influencia sobre los resultados.

Para los autores, este puede ser un fecto del perfil de la muestra, compuesta fundamentalmente por personas de la región sudeste de Brasil (el 80,5%), mujeres (el 74,32 %), con alta escolaridad (el 71,78% con educación superior), de clase media alta (el 33,08%) y de trabajadores de los sectores de la educación (19,43%) y la salud (15,36%).

“Esta es una característica que suele ser común en muchos estudios realizados online en Brasil: una mayor participación de mujeres de la región sudeste del país y con alta escolaridad. Es posible que tuviésemos una muestra más representativa de la población brasileña lográsemos ver la influencia de factores demográficos”, sostiene Machado.

El reloj interior

Si bien la pandemia modificó a forma en que los participantes en la investigación sentían el paso del tiempo, parece no haber afectado su habilidad de estimar pequeños lapsos temporales (medida a través de la tarea de pulsar el botón).

“Todos poseemos la habilidad de estimar el tiempo a intervalos cortos. Lo que nosotros hicimos fue tomar los resultados de ese test de estimación del tiempo [cuánto sobrestimaban o subestimaban el lapso propuesto en la tarea] y compararlos con las escalas de percepción. Y observamos que una cosa no se relaciona con la otra”, comenta Machado.

Según Cravo, las evidencias que constan en la literatura científica indican que la sensación de que el tiempo pasa más de prisa o más despacio parece recibir el influjo fundamentalmente de dos factores: la relevancia del tiempo en un determinado contexto y la imprevisibilidad.

“Si se nos hizo tarde para ir al trabajo, por ejemplo [lo que vuelve al tiempo relevante en ese contexto], y debemos esperar que el ómnibus llegue a la parada [algo incierto], tenemos la percepción extrema de que los minutos no pasan. En tanto, cuando estamos viajando y divirtiéndonos, no le damos relevancia al tiempo y este parece pasar volando”, dice.

Tal como lo destaca el investigador, esta percepción suele cambiar cuando nos acordamos de estas mismas situaciones ocurridas en el pasado.

“Cuando recordamos todo lo que hicimos en las vacaciones, parece que ese tiempo duró más. Es lo contrario a lo que sucede cuando estamos en la cola del banco: en ese momento, el tiempo parece que se arrastra, pero cuando nos acordamos de esa situación al cabo de un lapso de tiempo, parece que todo fue muy rápido”, comenta.

En el caso de la pandemia de COVID-19, dice Cravo, sigue siendo un misterio cómo nos acordaremos del paso del tiempo durante la fase en que perduraron las medidas de distanciamiento social. “Diversos marcadores temporales, tales como el carnaval, las fiestas de los santos de junio y los cumpleaños se perdieron durante los últimos dos años. Por ende, esta es una pregunta que permanece sin respuesta aún.”
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Trabajo de referencia | Time experience during social distancing: A longitudinal study during the first months of COVID-19 pandemic in Brazil en el siguiente enlace: www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abj7205.
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FUENTE • Agência FAPESP.....
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Tocar un instrumento musical podría aumentar hasta tres puntos el cociente intelectual de los niños

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El efecto de la música parece ser mayor cuanto menor sea la edad de la persona cuando comienza a tocar el instrumento y cuanto menor sea su estado de desarrollo cognitivo en el momento inicial. Científicos de la Universidad de Granada hallan nuevas evidencias de los beneficios que aporta tocar un instrumento sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico de niños y adolescentes, a través de la revisión y metaanálisis más actualizados hasta la fecha.
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Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han hallado nuevas evidencias de los beneficios que aporta tocar un instrumento sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico de niños y adolescentes, a través de la revisión y metaanálisis más actualizados hasta la fecha. Su trabajo, titulado ‘Please don’t stop the music: A meta-analysis of the cognitive and academic benefits of instrumental musical training in childhood and adolescence’, ha sido publicado en la revista de alto impacto Educational Research Review, una de las más importantes del mundo en el ámbito de las Ciencias de la Educación.

Los investigadores han cuantificado la magnitud de los cambios cognitivos que aporta la práctica musical, revelando que tocar un instrumento puede beneficiar un amplio número de capacidades mentales, como la memoria y la atención. En términos de inteligencia, tocar un instrumento llegaría a aumentar el cociente intelectual de niños y adolescentes hasta 3 puntos. Y aunque la mayoría de personas no se inician en esta actividad en busca de una mejora cognitiva, “un beneficio así debería entenderse como un preciado regalo, que añade más valor a una actividad que ya tiene valor en sí misma”, destacan los autores.

El interés por identificar actividades que potencien las capacidades mentales ha crecido en los últimos años. En nuestras sociedades las personas pueden elegir entre una gran cantidad de opciones de ocio, y la comunidad científica está trabajando para determinar cuáles de ellas podrían tener beneficios en aspectos clave de nuestra cognición, como el rendimiento escolar, la atención o la memoria.

Los investigadores de la UGR Rafael Román Caballero y Juan Lupiáñez Castillo, en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad McMaster (Canadá), han analizado cuantitativamente los resultados de todos los estudios disponibles en la temática, y aportan nuevas evidencias de que practicar música durante la infancia y la adolescencia tendría efectos positivos sobre las capacidades cognitivas y el rendimiento académico.

Un debate habitual en este tipo de estudios es si las diferencias que se observan entre las personas que practican música y quienes son causa de implicarse en esta actividad. Por otro lado, las diferencias podrían ser el resultado de un sesgo de selección, es decir, que las personas con condiciones más favorables son las que acceden más a este hobby y la práctica musical no produciría ningún cambio cognitivo, las diferencias serían anteriores al inicio de la actividad. El metaanálisis sugiere la causalidad de este efecto, dado que todos los estudios incluidos siguieron un diseño longitudinal comparando a los grupos de participantes antes y después de aprender a tocar. El resultado se repite en el diseño estándar de oro para probar causalidad, los ensayos controlados aleatorizados.

Más impacto cuanto mayor sea el margen de mejora

El trabajo, además, ofrece otros resultados interesantes. En primer lugar, el efecto de la música parece ser mayor cuanto menor sea la edad de la persona cuando comienza a tocar el instrumento y cuanto menor sea su estado de desarrollo cognitivo en el momento inicial. Así, los cerebros más jóvenes y con mayor margen de mejora son los que podrían beneficiarse más. De hecho, el metaanálisis observó un mayor impacto de la práctica musical en los niños de ambientes más desfavorecidos.

También los autores encuentran que no todas las actividades musicales producen estas mejoras. Esto es algo que se ha observado con otras actividades con potencial cognitivo: “no todo vale”; es decir, no todas las versiones de esa actividad influyen de la misma manera. En el caso de la música, la evidencia con videojuegos musicales (como el famoso juego Guitar Hero) o simplemente con escuchar música o no hacerlo no parece ser tan clara.

“Parece que la capacidad estimuladora de aprender a leer partituras y lenguaje musical, sincronizar movimientos de manos y dedos, coordinarse con otras personas en la interpretación de una obra, y mucho más, son claves para este efecto”, apuntan los autores.
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Trabajo de referencia | Please don’t stop the music: A meta-analysis of the cognitive and academic benefits of instrumental musical training in childhood and adolescence. Rafael Román-Caballero, Miguel A. Vadillo, Laurel J. Trainor, Juan Lupiáñez. Educational Research Review. Volume 35, February 2022, 100436. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1747938X22000057
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Roboética: ¿se puede garantizar una inteligencia artificial justa?

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Los agentes morales artificiales y la IA explicable, dos sistemas que permiten configurar algoritmos que respeten los derechos humanos.
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Si no se tiene en cuenta la ética, la Inteligencia Artificial puede cometer errores graves. (Foto: Freepik)
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Beatriz González | UOC

Han pasado ya dos décadas desde que el investigador Gianmarco Veruggio acuñara el término roboética en alusión a la ética de la robótica, un campo de la ética aplicada que estudia las implicaciones positivas y negativas de la robótica. El objetivo es evitar el mal uso de los robots y de productos y servicios basados en la inteligencia artificial (IA) contra la humanidad. "Dado que la IA se encuentra cada vez en más y más sectores de nuestras vidas (trabajo, educación, ocio, relaciones sociales, etc.), los efectos que los algoritmos detrás de esas aplicaciones de la IA pueden tener sobre las personas, la sociedad y el mundo entero son cada vez potencialmente mayores", afirma Joan Casas-Roma, investigador del grupo Smartlearn, de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

"Fuck the algorithm"

Un ejemplo es lo ocurrido durante la pandemia de la COVID-19 en el sistema educativo británico, que usó un sistema automatizado para, a través de los datos existentes de los estudiantes, predecir la nota que se estimaba que habrían obtenido en un examen que, debido al confinamiento, no se pudo llevar a cabo. ¿El resultado? La insatisfacción general. Bajo el eslogan "Fuck the algorithm", los estudiantes salieron masivamente a la calle cuando se publicó la predicción del algoritmo, que resultó ser, en opinión de los propios profesores y profesoras, extremadamente inadecuada. Como explica Joan Casas-Roma, en este caso, la decisión de delegar la predicción de la nota por completo a un sistema de IA que solo tenía en cuenta los datos de los estudiantes que había en el sistema, en lugar de contar con la experiencia y el conocimiento de sus docentes, estuvo a punto de poner en riesgo la educación y el futuro educativo de muchos de esos estudiantes. Debido a las protestas masivas, el gobierno británico decidió no usar esa predicción automatizada. Sin embargo, no siempre existe la posibilidad de dar marcha atrás.

"Lamentablemente, se pueden poner muchos ejemplos de cómo, si no se tiene en cuenta la ética, la IA puede cometer errores graves. Algunos de los casos más conocidos están relacionados con la existencia de sesgos e injusticias en técnicas de machine learning o aprendizaje automático", señala el investigador de la UOC, y cita el caso de un sistema automatizado usado en los procesos de selección de una importante compañía multinacional, que resultó tomar decisiones claramente desfavorables hacia las candidatas mujeres debido a que los datos usados para entrenar el sistema ya mostraban una desigualdad de género importante en posiciones similares a las que se ofertaban. Otro caso en el que los datos elegidos para automatizar decisiones resultaron ser problemáticos es el del sistema de recomendación judicial de los EUA que, debido al sesgo racista que había en los datos policiales acerca de crímenes y criminales, mostraba recomendaciones claramente desfavorables hacia personas afroamericanas.

"Quienes tenemos que incorporar los códigos éticos somos las personas que programamos las máquinas y que tomamos decisiones con los datos que estas nos brindan", señala Anna Clua, profesora e investigadora líder del grupo Comunicación para la Transformación de la Esfera Pública (AGORA), adscrito a los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, y añade que "las máquinas no piensan. Hacen". Según Clua, el uso de la IA debe ser ético por definición allá donde se aplique, "ya sea en las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles o en los algoritmos con los que los hospitales criban las urgencias. El reconocimiento de los derechos de las personas, así como el cumplimiento de las leyes (como la de protección de datos), es una condición sine qua non de la utilización de la IA desde todos los campos", afirma.

IA explicable y agentes morales artificiales

La lista de ejemplos con efectos éticamente adversos en sistemas de IA es mucho más larga. Fue una de las razones que llevaron a la Unión Europea a publicar unas directrices éticas para una IA fiable, basada en un conjunto de principios que el diseño ético de los sistemas de IA deben respetar, con recomendaciones acerca de cómo integrar esos principios en el diseño de los sistemas y algoritmos. Y recientemente, el Consejo de la Información de Catalunya publicaba un estudio del que también se han extraído una serie de recomendaciones para el buen uso de los algoritmos en las redacciones de los medios de comunicación. Se trata de recomendaciones en plena sintonía con el código deontológico de la profesión periodística.

No son los únicos pasos que se han dado para intentar que la roboética sea una realidad. De hecho, el campo de la IA ética se ha convertido en un área de investigación importante. De ello se hablará en el seminario web de data science de la UOC, que se celebrará mañana miércoles bajo el título Preguntas frecuentes en la inteligencia artificial. En él, a partir de diferentes casos de estudio, se revisarán los principios éticos para una inteligencia artificial confiable y se reflexionará sobre cómo aplicar la tecnología sin vulnerar los derechos humanos.

Como explica el doctor en Representación del Conocimiento y Razonamiento de la UOC, Casas-Roma, entre las líneas de investigación que están centrando más esfuerzos se encuentra el tratamiento y el procesado de los datos para evitar que un sistema de IA basado en aprendizaje automático extraiga correlaciones sesgadas e injustas, por ejemplo, a través de datos demográficos que no están relacionados con la decisión que la IA debe tomar. "En esta área, los esfuerzos se dirigen a entender cómo se deben recoger, procesar y usar los datos para identificar, prevenir y mitigar la aparición de patrones basados en características que, además de ser irrelevantes desde un punto de vista causal para la decisión que debe tomarse, reproducen decisiones sesgadas e injustas hacia determinados colectivos sociales", indica el investigador de la UOC.

Otra de las líneas que se está explorando en la investigación de la IA ética se basa en integrar formas para poder seguir, entender y valorar las decisiones tomadas por un sistema de IA. Es el campo conocido como IA explicable o explainable AI (XAI), "que busca evitar el efecto 'caja negra' en la que, dados unos datos de entrada concretos, un sistema de IA toma una decisión específica, pero sin que exteriormente un humano pueda entender qué proceso de razonamiento ha llevado al sistema a tomar esa decisión, y no otra diferente. En este sentido, el campo de la XAI busca acercar el razonamiento que sigue un sistema de IA a una forma de razonamiento entendible para un usuario humano".

Además, hay otro campo que se está investigando en el área de la llamada moralidad artificial. Se trata de la posibilidad de crear agentes morales artificiales o artificial moral agents (AMAs). Estos agentes incorporarían, como parte de su código y de los procesos de razonamiento seguidos, "una forma de identificar, interpretar y valorar la dimensión moral de las decisiones que se toman para asegurarse de que dichas decisiones son éticamente aceptables". Se trata de un reto que se enfrenta a cómo representar, computacionalmente, algo tan complejo y contextual como la ética.

"La ética, tal y como la entendemos vivida en una sociedad humana, tiene que ver con unos principios generales, pero también con las particularidades de cada caso, con los derechos humanos y el espacio y el potencial de crecimiento que toda persona debería poder tener, además de tener sus propias variaciones culturales e históricas. Antes de poder integrar un código moral general en una IA, seguramente deberíamos poder capturar y representar toda esa complejidad y contextualidad en un lenguaje tan específico como el lenguaje computacional y matemático. Y ese es, ahora mismo, un reto que tiene más de humano, que de tecnológico", afirma Joan Casas-Roma.

Para hacer frente a ese reto, los expertos consideran imprescindible la implicación de profesionales de todos los ámbitos, ya que los datos están presentes en todos los sectores. "No sirve decir que son competencia única del campo de las ingenierías o las ciencias de datos. El buen uso de la IA compete a los cuadros profesionales de las administraciones públicas y de las empresas privadas de cualquier ámbito, ya se use a gran escala o a pequeña escala", afirma la profesora de la UOC. Pero, además, se necesita también la implicación de los consumidores y de la ciudadanía. "Una mayor conciencia del derecho a la información nos haría más exigentes a la hora de pedir rendición de cuentas a quien no use la IA de manera socialmente responsable", asegura Anna Clua.
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Tener estudios superiores no influye en el envejecimiento del cerebro

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Un estudio del consorcio Lifebrain, coordinado por la Universidad de Oslo con la participación de la Universidad de Barcelona, constata que la educación superior no hace más lento el envejecimiento del cerebro. Esta investigación, que desmiente la creencia ordinaria, se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
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Desde hace tiempo, los investigadores saben que todos los cerebros se encogen con la edad. Una percepción habitual ha sido que la educación era una manera de frenar esa reducción en el tamaño del cerebro. Sin embargo, no hay pruebas que puedan verificar esa idea.

Uno de los participantes en esta investigación, David Bartrés Faz, experto del Instituto de Neurociencias de la Universitat de Barcelona (UBNeuro), explica que "algunos trabajos anteriores habían establecido una relación positiva entre el nivel educativo y el nivel del funcionamiento neurocognitivo, y esa idea era consistente con el hecho de que los individuos con estudios superiores tienen una ventaja inicial sobre las personas con una educación inferior que puede prolongarse durante la vida adulta".

Sin embargo, estas pruebas provienen de investigaciones transversales, que no pueden determinar cómo se producen las asociaciones entre la educación, el cerebro y los posibles cambios cognitivos a lo largo del tiempo en cada individuo.

Los cerebros se encogen al mismo ritmo

Mediante la agrupación de varios conjuntos de datos del cerebro de los que dispone el consorcio Lifebrain, el estudio ha podido hacer un seguimiento de estos cambios en individuos a lo largo de muchos años.

Los investigadores han encontrado que, aunque las personas con un nivel superior de estudios tienen volúmenes cerebrales algo mayores que las personas con menos formación, sus cerebros se reducen al mismo ritmo a lo largo de la vida.

"Este hallazgo sugiere que la educación superior no influye en el envejecimiento cerebral", afirma Lars Nyberg, profesor de la Universidad de Umeå (Suecia), primer autor del estudio y miembro del consorcio Lifebrain.

Los investigadores midieron el envejecimiento del cerebro calculando el volumen de las regiones de la capa cortical y del hipocampo mediante resonancias magnéticas hechas a más de 2.000 participantes en los biobancos de Lifebrain y del Reino Unido. Estas zonas del cerebro tienden a reducirse con el paso del tiempo, como parte de un proceso natural. Los cerebros de los participantes se escanearon hasta tres veces durante un periodo de once años, dentro de lo que se conoce como estudio longitudinal. "Esto es lo que hace que este estudio sea único", destaca Nyberg. "El estudio es una prueba longitudinal a gran escala, con replicación en dos muestras independientes, y es una de las mayores de este tipo".

Los investigadores compararon la tasa de reducción de las áreas cerebrales mencionadas en personas que habían finalizado sus estudios superiores antes de los 30 años y en aquellas que no los tenían. La edad de los participantes era de entre 29 y 91 años. Aunque la tasa de los cambios cerebrales fue similar en los participantes con o sin formación superior, los investigadores constataron que aquellos con un nivel superior de estudios tenían un volumen cortical ligeramente mayor en algunas regiones, pero incluso en dichas áreas la tasa de cambio no estaba relacionada con el tipo de educación.

Anders Fjell, de la Universidad de Oslo y uno de los principales autores del artículo, recuerda que "la investigación no dice que los estudios no sean importantes; la educación superior se asocia a ventajas en la vida, pero no podemos decir si causa esas ventajas". "Si las personas con estudios superiores tienen cerebros mayores —continúa el investigador—, es posible que eso retrase la aparición de demencia u otras afecciones relacionadas con un funcionamiento cognitivo inferior". "La conclusión es que el cerebro de todas las personas acabará encogiéndose, pero la tasa de esa reducción no parece que vaya a estar afectada por los años que uno ha estado estudiando", remata Fjell.
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Trabajo de referencia | Nyberg et al. «Educational attainment does not influence brain aging». Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), mayo de 2021, 118 (18) e2101644118.
DOI: 10.1073/pnas.2101644118
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Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular

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Los resultados de un reciente estudio, impulsado por un grupo de investigación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ofrecen un catálogo de recomendaciones para promover la implicación ciudadana y cambio social desde las escuelas.
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Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular
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El objetivo de la investigación, realizada por el grupo de investigación Ciberimaginario de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) con la colaboración de la Northwestern University (Catar), ha sido identificar las fuerzas de cambio para mejorar los mecanismos de intervención en el ámbito educativo en España, orientados a fomentar el compromiso y la participación social de los jóvenes. Los resultados de este estudio, publicado en la revista científica Comunicar, se han materializado en una serie de recomendaciones, dirigidas a técnicos, directivos, formadores de formadores -personas encargadas de formar a otros docentes-, docentes e investigadores, para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.

“La crisis climática y la emergencia medioambiental auguran un futuro de incertidumbre para el planeta. Las directivas europeas y nacionales educativas establecen los marcos de actuación y los compromisos que cada agente debe asumir para alcanzar el nuevo paradigma sostenible basado en la Economía Circular”, señala Alejandro Carbonell, investigador del grupo Ciberimaginario y coautor del estudio.

Durante el proceso de investigación, se realización entrevistas a técnicos y directivos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, así como de las Consejerías educativas de las 17 Comunidades Autónomas. También se establecieron grupos de discusión con formadores de formadores, con el profesorado de distintos niveles educativos (infantil, primaria, secundaria, bachillerato y FP) y con investigadores de universidades españolas.

Una vez analizados los datos, los resultados obtenidos apuntan a tres posibles escenarios futuros: indeseado, de transición y deseado. “Para alcanzar el escenario deseado y evitar el distópico hemos planteado recomendaciones de aplicación práctica en el ámbito educativo”, destaca el investigador de la URJC. Entre estas recomendaciones destacan algunas dirigidas a los centros educativos como motores de cambio social: “El centro debe dialogar con su entorno próximo para generar sinergias de colaboración que permitan vincular la acción educativa con el cambio y la innovación social”, según se recoge en el trabajo publicado. Además, en este documento también se dirigen algunos puntos al profesorado para fomentar su implicación directa: “Los docentes son agentes modelizadores capaces de incentivar los procesos de reducción, reutilización y reciclaje en el aula. Por ese motivo, las acciones realizadas por el profesorado deben incluirse en todos los niveles educativos desde los niveles elementales y primarios, hasta los superiores y de formación profesional”.

Este trabajo forma parte de Proyecto BIOTRES-CM, cofinanciado por la Comunidad de Madrid, el Fondo Social Europeo y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y está disponible en abierto: Recomendaciones para impulsar la implicación ciudadana y el cambio social en la escuela.
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Trabajo de referencia | Carbonell-Alcocer, A., Romero-Luis, J., Gértrudix-Barrio, M., & Borges-Rey, E. (2022). Educating for a sustainable future through the Circular Economy: Citizen involvement and social change. [Educar para un futuro sostenible a través de la Economía Circular: Implicación ciudadana y cambio social]. Comunicar, 73. https://doi.org/10.3916/C73-2022-02
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